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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="Verdana">     <p align="right"><b>Editorial</b></p>      <p>Es nuestro deber, que el sistema de salud entienda las bondades que gana una comunidad cuando previene las enfermedades; mejora su calidad de vida, evita discapacidades físicas y mentales que afecten su capacidad cognitiva, es decir, pueden entender mejor el mundo y por tanto ser independientes. Una comunidad saludable, no tiene que gastar dinero en medicamentos; dinero que necesitan para comprar alimentos, pagar el arriendo, los servicios p&uacute;blicos y la educaci&oacute;n, incluso, Tambien invertir en diversi&oacute;n, porque la diversi&oacute;n es una inversi&oacute;n necesaria. Cuando se pierde la capacidad de reír, es porque ya no recordamos la época m&aacute;s feliz de nuestras vidas, o al menos de la mía, la infancia, cuando nuestra &uacute;nica obligaci&oacute;n era tender la cama y cepillarnos los dientes, y si no reíamos, se preguntaban si est&aacute;bamos enfermos. </p>     <p></p> Es nuestro deber, hacerle entender a la sociedad que la violencia s&oacute;lo conduce al caos, que vivir es un buen negocio en el que todos ganamos. Tenemos que demostrar, por medio de investigaci&oacute;n científica, no de ret&oacute;rica, que una sociedad que pierde absurdamente a sus j&oacute;venes, est&aacute; perdiendo años de vida potenciales, que se reflejan econ&oacute;micamente en ingresos que dejan de llegar a sus familias, las cuales en muchas ocasiones dependían s&oacute;lo de ese ingreso. Asi mismo, no habría forma de determinar el aporte que ellos pudieron haber hecho en su campo. Eso sin contar el dolor de sus deudos; no hay forma de calcular las l&aacute;grimas que este país ha derramado sin cesar arante m&aacute;s de 60 años, por culpa de una violencia que heredamos, no la inventamos nosotros, pero es que uno también tiene el derecho a prescindir de la herencia; esto ultimo implica m&aacute;s esfuerzo, pero créanme, vale la pena intentarlo.     <p>Es nuestro deber, que nuestra juventud comprenda que no tiene que convertirse en padres  antes de tiempo. A&uacute;n no hemos determinado los costos sociales y econ&oacute;micos de esta generaci&oacute;n de adolescentes que asumen embarazos no planeados, que en la mayoría de ocasiones ser&aacute;n mujeres sin apoyo econ&oacute;mico ni emocional de su pareja, y tendr&aacute;n que criar a sus hijos sin la presencia de la figura paterna; adem&aacute;s del problema que en nuestros días genera el abandono infantil. No nos podremos quejar cuando una generaci&oacute;n entera se levante y no nos encuentre en sus hogares, Se preguntar&aacute;n a si mismos, que funci&oacute;n, aparte de la reproductiva, cumplimos los hombres en la sociedad; si seguimos con este nivel de irresponsabilidad, r&aacute;pidamente seremos reemplazados por los bancos de semen. Si algo se hace siempre de la misma rmay no funciona, posiblemente se est&aacute; haciendo mal; debemos revisar afondo los mecanismos de aplicaci&oacute;n de la política nacional de salud sexual y reproductiva, los indicadores nos est&aacute;n diciendo a gritos que estamos fallando.</p>     <p>Es nuestro deber, asegurar que el sistema de salud no genere riesgos en la prestaci&oacute;n de los servicios. Si bien es cierto que no es posible solucionar los problemas de salud de toda la poblaci&oacute;n que acude a las instituciones, si es posible hacerle daño a toda la poblaci&oacute;n que consulta, si no trabajamos en pro de la seguridad de los pacientes; es que no puede ser que los hospitales añadan riesgos a la salud de los individuos que est&aacute;n parcial o totalmente indefensos. Si desde la salud p&uacute;blica no podemos evitar que la poblaci&oacute;n enferme de patologías que potencialmente eran prevenibles, al menos, que durante el período de curaci&oacute;n, podamos ofrecerles a ellos una atenci&oacute;n sanitaria segura, en las que no añadamos enfermedades adquiridas al interior de las mismas instituciones.</p>     <p>No tenemos derecho a mentir, actualmente el país vive una de las peores crisis políticas de todos los tiempos, desgraciadamente protagonizada por nuestra clase dirigente. La diferencia en la actual crisis política con las anteriores, es el gran n&uacute;mero de personas altamente reconocidas del mundo político que se encuentran involucradas. En realidad ésta no es una crisis política, ésta es una crisis de valores, en la que ¡apalabra de las personas no vale nada. Lejos estamos de aquellos tiempos en los cuales los negocios se cerraban con un apret&oacute;n de manos, porque las personas comprometían lo que m&aacute;s valor tenía para ellas: su palabra.</p>     <p>No tenemos derecho a manipular los datos, ni a interpretar incorrectamente y al amaño de quien tenga el poder, las cifras que siempre son objetivas; corremos el riesgo que nos pase lo mismo que al pastor de la f&aacute;bula de Esopo, cuando dijo la verdad nadie le crey&oacute;, y el lobo se le comi&oacute; las ovejas.</p>     <p>No tenemos derecho a desfallecer; el país, la comunidad científica y nuestras familias esperan mucho de nosotros. Vivimos en una sociedad que est&aacute; llena de necesidades en salud y nosotros somos unos privilegiados por el acceso a una educaci&oacute;n de la mejor calidad posible; si desfallecemos y no lo seguimos intentando, ¿a quién podr&aacute; acudir la poblaci&oacute;n? La tarea que tenemos por delante es quijotesca, debemos trabajar en un sistema de salud que est&aacute; regido exclusivamente por intereses econ&oacute;micos, y que durante la primera parte de este tercer milenio, pueda ofrecer calidad de vida a sus asegurados. Seremos contratados para tomar decisiones, debemos hacerlo deforma inteligente, bien informados, siempre pensando en los riesgos y beneficios ds cada acto.</p>     <p>Finalmente, no tenemos derecho a ofrecer servicios de mala calidad, por años el sistema de salud p&uacute;blica ha sido asociado con la beneficencia y la caridad, ya es hora que sea relacionado con la calidad.  Cuando se ofertan servicios de salud con calidad, evitamos que la mayor parte de las personas enfermen, y cuando enferman, logramos que la mayor parte de ellas recuperen su saluden el menor tiempo posible y con el mínimo n&uacute;mero de secuelas. Inicialmente esto parecería ser costoso para el sistema de salud, pero, ¿cu&aacute;nto cuesta no hacerlo? Cuesta lo que actualmente se est&aacute; gastando el sistema. S&oacute;lo por mencionar un ejemplo, si los programas de planificaci&oacute;n familiar fuesen de buena calidad, pensados y diseñados para el p&uacute;blico objeto a quien debe dirigirse, con la continuidad y el seguimiento que deben tener, ¿cu&aacute;nto podría ahorrarse el sistema de salud en la atenci&oacute;n materno-infantil? Posiblemente m&aacute;s de lo que cueste un programa de tal dimensi&oacute;n, sin contar una serie de costos sociales que son difíciles de dimensional:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De forma voluntaria hemos decidido educarnos y trabajar en un &aacute;rea que es la generaci&oacute;n y venta de servicios, no de productos. Algunos directamente en la prestaci&oacute;n, otros en la educaci&oacute;n o en la investigaci&oacute;n, pero todos generando servicios. Cuando hacemos las cosas bien desde el principio y adem&aacute;s tenemos mecanismos de control que permitan asegurar la calidad, no hay necesidad de volver a hacer las cosas, no hay re-procesos. Nuestras madres lo explican m&aacute;s brevemente: lo barato sale caro. Cuando ofrecemos servicios de salud con calidad, los buenos resultados no s&oacute;lo son seguros, adem&aacute;s son r&aacute;pidos.</p>     <p>Tenemos el conocimiento, tenemos la actitud, tenemos las ganas, ¡hag&aacute;moslo!</p>     <p><b>Jaime Eduardo Ordoñez Medina </b></p>     <p><b>Médico, PhD. en Epidemiología,</b></p>     <p><b> Editor invitado</b></p> </font>      ]]></body>
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