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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p align="center"><font size="2" face="verdana"><b><font size="4">&iquest;PUEDE HABLAR EL SUBALTERNO?</font></b><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> <font size="2" face="verdana">    <p align="center"><b>G</b><b>AYATRI </b><b>C</b><b>HAKRAVORTY </b><b>S</b><b>PIVAK</b></p>     <p align="center">NOTA INTRODUCTORIA,    <br> <i>por <b>Santiago Giraldo</b></i><a href="#**" name="s**"><sup>**</sup></a></p> <hr size="1">     <p align="justify">ESTA BREVE INTRODUCCI&Oacute;N AL TEXTO DE SPIVAK TIENE EL OBJETIVO DE aclarar algunos   puntos que pueden facilitar la lectura de &quot;&iquest;Puede hablar el subalterno?&quot;.</p>     <p align="justify">Gayatri Spivak   naci&oacute; en Calcuta, Bengal occidental, el 24 de febrero de 1942, en el seno de   una familia &quot;de clase media metropolitana&quot; (Spivak, 1990) y hace parte de la   primera generaci&oacute;n de intelectuales indios del periodo pos-independencia. Hoy   en d&iacute;a es profesora de la Fundaci&oacute;n Avalon en Humanidades en la Universidad de Columbia,   Estados Unidos, aunque ha sido profesora tambi&eacute;n en Francia, Alemania, Arabia   Saudita e India, adem&aacute;s de ser una activista pol&iacute;tica feminista y de participar   en varios movimientos sociales.</p>     <p align="justify">Su carrera   acad&eacute;mica ha estado marcada por una proclividad a traspasar las barreras   disciplinarias, por lo que es ampliamente citada por acad&eacute;micos pertenecientes   a una variedad de disciplinas. Sin embargo, considera que no es lo   &quot;suficientemente erudita para ser interdisciplinaria, pero puedo romper reglas&quot;   (Spivak, 1999) y sostiene que su posici&oacute;n suele ser &quot;una de reacci&oacute;n. Soy   vista por los marxistas como demasiado codificada, por las feministas como demasiado   identificada con lo masculino y por los te&oacute;ricos ind&iacute;genas como demasiado   comprometida con la teor&iacute;a occidental. Estoy inquietamente complacida por esto&quot;   (Spivak, 1990). Hizo sus estudios de pregrado en la Universidad de Calcuta (1959) y su doctorado en la Universidad de Cornell, produciendo una   disertaci&oacute;n sobre la obra de Yeats bajo la direcci&oacute;n del cr&iacute;tico literario y te&oacute;rico   de la deconstrucci&oacute;n Paul de Man.</p>     <p align="justify">Desde su   traducci&oacute;n al ingl&eacute;s de <i>De la gramatolog&iacute;a </i>de Jacques Derrida (1974) en la que escribi&oacute; el prefacio introduciendo la obra de   Derrida al mundo acad&eacute;mico angl&oacute;fono, su prosa ha sido calificada como   &quot;ilegible&quot;, &quot;incomprensible&quot;, &quot;densa&quot; y &quot;opaca&quot;, resaltando en todo caso su   brillantez te&oacute;rica y rigor anal&iacute;tico. Su trabajo posterior ha estado enmarcado   dentro de la cr&iacute;tica literaria posestructuralista, empleando de manera   deconstructiva el feminismo, el marxismo, y el poscolonialismo, incluyendo su   trabajo dentro del Subaltern Studies Group (Grupo de estudios subalternos) y   varias traducciones de poes&iacute;a y literatura bengal&iacute; al ingl&eacute;s. Puede decirse que   su ensayo de 1985, &quot;&iquest;Puede hablar el subalterno?&quot; es un cl&aacute;sico dentro de la   teor&iacute;a social contempor&aacute;nea.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La pregunta y su   consiguiente respuesta no deben ser tomadas de manera literal, ya que el   argumento en general apunta al silenciamiento estructural del subalterno dentro   de la narrativa hist&oacute;rica capitalista. Es claro que el subalterno &quot;habla&quot;   f&iacute;sicamente; sin embargo, su &quot;habla&quot; no adquiere estatus dial&oacute;gico –en el   sentido en que lo plantea Bakhtin–, esto es, el subalterno no es un sujeto que   ocupa una posici&oacute;n discursiva desde la que puede hablar o responder. Como   indica Spivak, es el espacio en blanco entre las palabras, aunque el que se le   silencie no significa que no exista. En su ensayo, Spivak critica y elogia al mismo   tiempo el proyecto del Grupo de estudios subalternos de la India, creado por un   grupo de historiadores indios en la d&eacute;cada de 1980<a href="#pie***" name="spie***"><sup>***</sup></a>.</p>     <p align="justify">Fuertemente   influenciados por el trabajo del historiador E. P. Thompson, el Grupo de estudios subalternos surge en respuesta   a lo que ellos consideran como la preponderancia de una historiograf&iacute;a   nacionalista en la que las luchas de los pobres y despose&iacute;dos son vistas como   una extensi&oacute;n de la agenda propuesta por la elite nacionalista y subordinadas a   una propuesta nacional espec&iacute;fica que surge a partir de Gandhi. En este sentido   adoptan el concepto de &quot;subalterno&quot; propuesto por Gramsci, volvi&eacute;ndolo un   sujeto hist&oacute;rico que responde tambi&eacute;n a las categor&iacute;as de g&eacute;nero y etnicidad –a   diferencia de &quot;clase&quot;–, adoptando, adem&aacute;s, las propuestas anal&iacute;ticas posmodernas   y posestructurales en su historiograf&iacute;a. El &quot;subalterno&quot; como tal es visto como   poseedor de una pol&iacute;tica de oposici&oacute;n aut&eacute;ntica que no depende de y se   diferencia de manera radical del movimiento nacionalista. Para este grupo,   &quot;subalterno&quot; se refiere espec&iacute;ficamente a los grupos oprimidos y sin voz; el   proletariado, las mujeres, los campesinos, aquellos que pertenecen a grupos   tribales. Y es sobre este punto en especial que Spivak monta una parte de su   cr&iacute;tica al deconstruir &quot;subalterno&quot; como categor&iacute;a monol&iacute;tica en la que se   presume una identidad y conciencia unitaria del sujeto.</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, otro   aspecto importante es su cr&iacute;tica al trabajo de los intelectuales poscoloniales   –y los intelectuales y acad&eacute;micos en general–, en el que terminan   reproduci&eacute;ndose los esquemas de dominaci&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y cultural   neo-coloniales. Debe tenerse en cuenta que &quot;poscolonial&quot; hace referencia a una   &eacute;poca hist&oacute;rica que comienza con la &quot;descolonizaci&oacute;n&quot; de la India en 1947, y a&uacute;n no termina, <i>y </i>a una orientaci&oacute;n cr&iacute;tica hacia el pasado (Bhabha y Comaroff, 1998 &#91;2002&#93;). La cr&iacute;tica de Spivak resalta los peligros del trabajo   intelectual que act&uacute;a, consciente o inconscientemente, a favor de la dominaci&oacute;n   del subalterno, manteni&eacute;ndolo en silencio sin darle un espacio o una posici&oacute;n   desde la que pueda &quot;hablar&quot;. De esto se desprende que el intelectual no debe   –ni puede–, en su opini&oacute;n, hablar &quot;por&quot; el subalterno, ya que esto implica   proteger y reforzar la &quot;subalternidad&quot; y la opresi&oacute;n sobre ellos. Claro ejemplo   de este problema ha sido la relaci&oacute;n problem&aacute;tica entre la antropolog&iacute;a y los   estados y gobiernos coloniales, y el trabajo de antrop&oacute;logos a favor de   entidades como la CIA (cf. Asad, 1973) o el de las   historias universales en las que &quot;Europa&quot; ocupa el papel protag&oacute;nico como &uacute;nico   sujeto v&aacute;lido para la historia (cf. Chakrabarty, 1992).</p>     <p align="justify">Como indica   Ortner (1995: 183) su proyecto est&aacute; enmarcado de manera general en el an&aacute;lisis   del problema de la relaci&oacute;n de la persona individual o sujeto, y la dominaci&oacute;n,   especialmente en lo que tiene que ver con la conciencia, la subjetividad, la   intencionalidad y la identidad que emergen de esta relaci&oacute;n. Como parte de una   corriente anal&iacute;tica posestructuralista, uno de sus objetivos centrales es   des-centrar el sujeto, resaltando c&oacute;mo la idea del individuo –usualmente   masculino– dotado de libre albedr&iacute;o es una construcci&oacute;n ideol&oacute;gica que responde   a una situaci&oacute;n cultural, pol&iacute;tica, hist&oacute;rica y social espec&iacute;fica que no es   aplicable en todos los tiempos, todas las sociedades y todos los lugares (Ibid: 185). Es por esta raz&oacute;n que la pregunta de Spivak en &quot;&iquest;Puede hablar   el subalterno?&quot; sigue teniendo tanta vigencia hoy d&iacute;a como hace diecis&eacute;is a&ntilde;os   cuando fue publicado por primera vez, en ingl&eacute;s ya que nos fuerza a repensar   nuestras presuposiciones anal&iacute;ticas y nuestra posici&oacute;n pol&iacute;tica como   intelectuales y acad&eacute;micos.</p> <hr size="1"> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A ADICIONAL DE GAYATRI CHAKRAVORTY SPIVAK</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">GUHA, RANAJIT Y SPIVAK, GAYATRI CHAKRAVORTY (eds.). 1988. <i>Selected Subaltern studies</i>. Oxford   University Press.</p>     <p align="justify">SPIVAK, GAYATRI CHAKRAVORTY. 2003. <i>Death of a discipline</i>. Columbia University   Press. Nueva York.</p>     <p align="justify">–––––––––. 1999. <i>A critique of postcolonial reason. Toward a history of the   vanishing present</i>. Harvard University Press. Cambridge, Mass.</p>     <p align="justify">–––––––––. 1993. <i>Outside in the teaching machine</i>. Routledge. Nueva York.</p>     <p align="justify">–––––––––. 1992. <i>Thinking academic freedom in gendered postcoloniality</i>. University of Cape Town. Cape Town.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">–––––––––. 1988. <i>In other worlds, essays in cultural politics</i>. Routledge. Nueva York. c1987.</p>     <p align="justify">SPIVAK, GAYATRI CHAKRAVORTY, DONNA LANDRY, GERALD M. MACLEAN. 1996. <i>The Spivak reader, selected works of Gayatri Chakravorty Spivak</i>. Routledge. Nueva York.</p>     <p align="justify">SPIVAK, GAYATRI CHAKRAVORTY, SARAH HARASYM. 1990. <i>The post-colonial critic, interviews, strategies, dialogues</i>. Routledge. Nueva York.</p>     <p align="justify">DERRIDA, JACQUES. 1976. <i>Of Grammatology. </i>Traducci&oacute;n de   Gayatri Chakravorty Spivak. Johns Hopkins University Press. Baltimore. 1997.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A CITADA</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">ASAD, TALAL. 1973. &quot;Introduction&quot;. <i>Anthropology   &amp; the Colonial Encounter</i>. Humanity Books. Amherst.</p>     <p align="justify">BHABHA, HOMI Y JOHN COMAROFF. 1998. &quot;Speaking of Postcoloniality, in the Continuous Present: a   Conversation&quot;. En <i>Relocating Postcolonialism</i>. David T.   Goldberg y Ato Quayson. Blackwell. Malden y Oxford. 2002.</p>     <p align="justify">CHAKRABARTY, DIPESH. 1992. &quot;Postcoloniality and the Artifice of History: Who Speaks for   &#39;Indian Pasts&#39;&quot;. <i>Representations. </i>37. Winter. Special Issue: Imperial Fantasies and Postcolonial   Histories.</p>     <p align="justify">ORTNER, SHERRY B. 1995. &quot;Resistance and the Problem of Ethnographic Refusal&quot;. <i>Comparative Studies in Society and History. </i>37 (1).</p>     <p align="justify">RODR&Iacute;GUEZ, ILEANA (ed.). 2001. <i>The Latin American Subaltern Studies Reader</i>. Duke University Press. Durham y Londres.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">***</p>     <p align="justify">EL T&Iacute;TULO   ORIGINAL DE ESTE ENSAYO ERA &quot;PODER, DESEO, INTER&Eacute;S&quot;<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a>. EN efecto, cualquier poder que puedan tener estas meditaciones ha   sido ganado por medio de la negaci&oacute;n pol&iacute;ticamente interesada de empujar hasta   el l&iacute;mite las presuposiciones fundamentales de mis deseos, hasta el punto hasta   donde est&aacute;n a mi alcance. Esta f&oacute;rmula vulgar de tres golpes, aplicada igualmente   al discurso m&aacute;s comprometido y al m&aacute;s ir&oacute;nico, sigue lo que Althusser (1971: 66) de manera apropiada ha llamado &quot;filosof&iacute;as de la negaci&oacute;n&quot;. He   invocado mi posicionalidad de esta manera inc&oacute;moda para as&iacute; acentuar el hecho   que el cuestionar el lugar del investigador es un acto de piedad sin sentido en   muchas de las cr&iacute;ticas recientes al sujeto soberano. As&iacute;, aunque tratar&eacute; de hacer   obvia la precariedad de mi posici&oacute;n a lo largo del texto, s&eacute; que tales gestos   nunca son suficientes.</p>     <p align="justify">Este texto se   mover&aacute;, a lo largo de una ruta necesariamente dilatada, de una cr&iacute;tica a los   actuales esfuerzos en Occidente de problematizar al sujeto hacia la pregunta de   c&oacute;mo es representado en el discurso occidental el sujeto del tercer mundo. A lo   largo del camino tendr&eacute; la oportunidad de sugerir que un descentramiento a&uacute;n   m&aacute;s radical del sujeto est&aacute;, de hecho, impl&iacute;cito en Marx y Derrida. Y   recurrir&eacute;, quiz&aacute; de manera sorprendente, al argumento que la producci&oacute;n   intelectual occidental es, de muchas formas, c&oacute;mplice de los intereses   econ&oacute;micos internacionales occidentales. Al final, ofrecer&eacute; un an&aacute;lisis   alternativo de las relaciones entre los discursos de Occidente y la posibilidad   de hablar de (o por) la mujer subalterna. Usar&eacute; ejemplos espec&iacute;ficos del caso   de la India, discutiendo detalladamente el estatus extraordinariamente   parad&oacute;jico de la abolici&oacute;n brit&aacute;nica del sacrificio de la viuda.</p> </font>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>I</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">PARTE DE LA   CR&Iacute;TICA M&Aacute;S RADICAL QUE PROVIENE HOY DE OCCIDENTE es el resultado de un deseo interesado en conservar al sujeto de   Occidente, o al Occidente como Sujeto. La teor&iacute;a de &quot;sujetos- efectos&quot;   pluralizados da la ilusi&oacute;n de socavar la soberan&iacute;a subjetiva mientras con   frecuencia provee una cubierta para este sujeto de conocimiento. Aunque la   historia de Europa como Sujeto es narrativizada por la ley, la econom&iacute;a   pol&iacute;tica y la ideolog&iacute;a de Occidente, este Sujeto encubierto pretende &quot;no tener   determinaciones geopol&iacute;ticas&quot;. Y as&iacute;, la muy publicitada cr&iacute;tica del sujeto   soberano inaugura en efecto un Sujeto. Argumentar&eacute; esta conclusi&oacute;n considerando   un texto de dos grandes practicantes de la cr&iacute;tica: &quot;Intelectuales y poder:   conversaci&oacute;n entre Michel Foucault y Gilles Deleuze&quot;<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">He escogido este   intercambio amigable entre dos fil&oacute;sofos activistas de la historia porque   deshace la oposici&oacute;n entre producci&oacute;n te&oacute;rica autoritaria y la pr&aacute;ctica   desprevenida de la conversaci&oacute;n, permitiendo vislumbrar el rumbo de la   ideolog&iacute;a. Los participantes de esta conversaci&oacute;n enfatizan las contribuciones m&aacute;s   importantes de la teor&iacute;a posestructuralista francesa: primero, que las redes de   poder/deseo/inter&eacute;s son tan heterog&eacute;neas, que su reducci&oacute;n a una narrativa coherente   es contraproducente –se necesita una cr&iacute;tica persistente–; y segundo, que los   intelectuales deben tratar de dejar al descubierto y conocer el discurso del   Otro de la sociedad. No obstante, los dos ignoran sistem&aacute;ticamente la cuesti&oacute;n   de la ideolog&iacute;a y su propia implicaci&oacute;n en la historia intelectual y econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">Aunque uno de   sus presupuestos principales es la cr&iacute;tica del sujeto soberano, la conversaci&oacute;n   entre Foucault y Deleuze est&aacute; enmarcada por dos sujetos-en-revoluci&oacute;n   monol&iacute;ticos y an&oacute;nimos: &quot;Un mao&iacute;sta&quot; (FD: 205) y &quot;la lucha obrera&quot; (FD: 217). Los intelectuales, sin embargo, son nombrados y   diferenciados; adem&aacute;s, un mao&iacute;smo chino no es operativo en ninguna parte. El   mao&iacute;smo aqu&iacute; simplemente crea un aura de especificidad narrativa, la que ser&iacute;a   una trivialidad ret&oacute;rica inofensiva si no fuera por la apropiaci&oacute;n inocente del   nombre propio &quot;mao&iacute;smo&quot; por parte del exc&eacute;ntrico fen&oacute;meno del &quot;mao&iacute;smo&quot;   intelectual franc&eacute;s y la consecutiva creaci&oacute;n sintom&aacute;tica de una imagen   transparente de &quot;Asia&quot; por parte de la &quot;Nueva Filosof&iacute;a&quot;<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p align="justify">La referencia de   Deleuze sobre la lucha obrera es igualmente problem&aacute;tica; es, obviamente, una   genuflexi&oacute;n: &quot;Somos incapaces de tocar (el poder) en cualquier punto de su   aplicaci&oacute;n sin encontrarnos nosotros mismos confrontados por esta masa difusa,   as&iacute; que somos llevados necesariamente... al deseo de hacerla explotar   completamente. Cada ataque o defensa parcial de car&aacute;cter revolucionario est&aacute;   ligado de esta forma a la lucha obrera&quot; (FD: 217). La aparente trivialidad se&ntilde;ala una negaci&oacute;n. El enunciado   ignora la divisi&oacute;n internacional del trabajo, un gesto que marca frecuentemente   la teor&iacute;a pol&iacute;tica posestructuralista<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a>. La invocaci&oacute;n de <i>la </i>lucha de los trabajadores es funesta en su propia inocencia; es   incapaz de tratar con el capitalismo global: el sujeto-producci&oacute;n del obrero y   el desempleado dentro de las ideolog&iacute;as del estado-naci&oacute;n en su centro; con la   creciente disminuci&oacute;n de la clase trabajadora en la periferia a partir de la   realizaci&oacute;n de excedentes y de la domesticaci&oacute;n &quot;humanista&quot; en el consumismo; y   con la presencia a gran escala de trabajo paracapitalista as&iacute; como tambi&eacute;n el heterog&eacute;neo   estatus estructural de la agricultura en la periferia. Ignora tambi&eacute;n la   divisi&oacute;n internacional del trabajo; creando una imagen transparente –a menos   que el sujeto sea ostensiblemente el &quot;tercer mundo&quot;– de &quot;Asia&quot; –y en ocasiones de   &quot;&Aacute;frica&quot;–; restableciendo el sujeto legal del capital socializado –estos son   problemas comunes para muchas teor&iacute;as tanto posestructuralistas como   estructuralistas–. &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;an ser aprobadas tales oclusiones   precisamente en aquellos intelectuales que son nuestros mejores profetas de la   heterogeneidad y del Otro?</p>     <p align="justify">El v&iacute;nculo con   la lucha obrera est&aacute; localizado en el deseo de hacer volar el poder en   cualquier punto de su aplicaci&oacute;n. Este punto est&aacute; basado aparentemente sobre   una valoraci&oacute;n simple de <i>cualquier </i>deseo destructivo de <i>cualquier </i>poder. Walter Benjamin (1983: 12) comenta sobre la pol&iacute;tica comparable de Baudelaire por medio   de citas de Marx:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Marx contin&uacute;a su     descripci&oacute;n de los <i>conspirateurs de proffesion </i>como sigue: &quot;... No tienen otro objetivo sino el derrocamiento inmediato       del gobierno existente, y desprecian profundamente las iluminaciones m&aacute;s       te&oacute;ricas de los trabajadores en lo que se refiere a sus intereses de clase. De       esta manera su ira –no proletaria sino plebeya– hacia los <i>habits noirs </i>(chaquetas         negras), la gente m&aacute;s o menos educada que representa &#91;<i>vertreten</i>&#93; ese lado del           movimiento de quienes nunca pueden llegar a ser enteramente independientes, como           ellos tampoco pueden llegar a serlo de los representantes oficiales &#91;<i>Repräsentanten</i>&#93; del partido&quot;.             Las perspicacias pol&iacute;ticas de Baudelaire fundamentalmente no van m&aacute;s all&aacute; de             las comprensiones de estos conspiradores profesionales... &Eacute;l tal vez podr&iacute;a             haber hecho propia la frase de Flaubert, &#39;De pol&iacute;tica lo &uacute;nico que entiendo es             una cosa: la revuelta&#39;.</p> </blockquote>     <p align="justify">El v&iacute;nculo con   la lucha obrera est&aacute; localizado, simplemente, en el deseo. En otra parte,   Deleuze y Guattari han tratado una definici&oacute;n alternativa de deseo revisando la   ofrecida por el psicoan&aacute;lisis:</p>     <blockquote>       <p align="justify">El deseo no     carece de nada; no carece de su objeto. Es, m&aacute;s bien, el sujeto carente de     deseo, o el deseo que carece de un sujeto fijo; no hay sujeto fijo excepto por     la represi&oacute;n. El deseo y su objeto son una unidad: es la m&aacute;quina, como una     m&aacute;quina de una m&aacute;quina. El deseo es m&aacute;quina, el objeto de deseo adicionalmente     es una m&aacute;quina conectada, as&iacute; que el producto es cambiado desde el proceso de producci&oacute;n     y algo lo pasa a s&iacute; mismo de productor a producto y da un residuo al vagabundo,     sujeto n&oacute;mada.</p> </blockquote>     <p align="justify">Esta definici&oacute;n   no altera la especificidad del sujeto que desea –o sujeto-efecto residuo–   adhiri&eacute;ndose a instancias espec&iacute;ficas del deseo o a la producci&oacute;n de la m&aacute;quina   deseante. Mas a&uacute;n, cuando la conexi&oacute;n entre el deseo y el sujeto es tomada como   irrelevante o meramente invertida, el sujeto-efecto que emerge subrepticiamente   es m&aacute;s parecido al sujeto ideol&oacute;gico generalizado del te&oacute;rico. Este puede ser   el sujeto legal del capital socializado, ni trabajo ni administraci&oacute;n,   manteniendo un pasaporte &quot;fuerte&quot;, usando un circulante &quot;fuerte&quot; o &quot;duro&quot;, con   acceso supuestamente incuestionable al debido proceso. Ciertamente no es el sujeto   que desea como Otro.</p>     <p align="justify">La falla de   Deleuze y Guattari al considerar las relaciones entre deseo, poder y   subjetividad los hace incapaces de articular una teor&iacute;a de los intereses. En   este contexto, su indiferencia por la ideolog&iacute;a –una teor&iacute;a de lo que es   necesario para una comprensi&oacute;n de los intereses– es notable pero consistente.   El compromiso de Foucault hacia la especulaci&oacute;n &quot;geneal&oacute;gica&quot; lo previene de   ubicar, en &quot;grandes nombres como Marx y Freud, vertientes en algunas corrientes   continuas de la historia intelectual&quot;<a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a>. Este compromiso ha creado una resistencia desafortunada en el   trabajo de Foucault a la &quot;mera&quot; ideolog&iacute;a cr&iacute;tica. Las especulaciones   occidentales sobre la reproducci&oacute;n ideol&oacute;gica de las relaciones sociales   pertenecen a esa corriente principal, y es dentro de esta tradici&oacute;n que   Althusser escribe: &quot;La reproducci&oacute;n de la fuerza de trabajo no requiere   &uacute;nicamente una reproducci&oacute;n de sus habilidades, sino tambi&eacute;n y al mismo tiempo,   una reproducci&oacute;n de su sumisi&oacute;n a la ideolog&iacute;a dominante por parte de los   trabajadores, y una reproducci&oacute;n de la habilidad para manipular la ideolog&iacute;a   dominante por parte de los agentes de explotaci&oacute;n y represi&oacute;n, as&iacute; que ellos,   tambi&eacute;n, aportar&aacute;n al dominio de la clase dirigente &#39;en y por palabras&#39;&quot; &#91;<i>par la parole</i>&#93; (1971: 132-133).</p>     <p align="justify">Cuando Foucault   considera la heterogeneidad persistente del poder no ignora la inmensa   heterogeneidad institucional que Althusser trata de esquematizar aqu&iacute;.   Igualmente, al hablar de alianzas y sistemas de signos, el estado y las   m&aacute;quinas-de-guerra (<i>mille plateaux</i>), Deleuze y   Guattari est&aacute;n abriendo ese mismo campo. Foucault no puede, sin embargo,   admitir que una teor&iacute;a desarrollada de la ideolog&iacute;a reconozca su propia   producci&oacute;n material en la institucionalidad, as&iacute; como tambi&eacute;n en los &quot;instrumentos   efectivos para la formaci&oacute;n y acumulaci&oacute;n del conocimiento&quot; (PK: 102). Ya que estos fil&oacute;sofos se vieron obligados a rechazar todo   argumento denominando el concepto de ideolog&iacute;a como <i>&uacute;nicamente </i>esquem&aacute;tico antes que   textual, est&aacute;n igualmente obligados a producir una oposici&oacute;n mec&aacute;nicamente esquem&aacute;tica   entre inter&eacute;s y deseo. De esta manera se alinean ellos mismos con los   soci&oacute;logos burgueses que llenan el lugar de la ideolog&iacute;a con un &quot;inconsciente&quot;   continuista o una &quot;cultura&quot; parasubjetiva. La relaci&oacute;n mec&aacute;nica entre deseo e   inter&eacute;s es clara en frases tales como: &quot;Nunca deseamos contra nuestros   intereses, porque el inter&eacute;s siempre se sigue y se encuentra a s&iacute; mismo donde   el deseo lo ha puesto&quot; (FD: 215). Un deseo indiferenciado es el agente, y el poder se desliza   en la creaci&oacute;n de efectos de deseo: &quot;el poder... produce efectos positivos en   el deseo –y tambi&eacute;n en el conocimiento&quot; (PK: 59).</p>     <p align="justify">Esta matriz   parasubjetiva, entramada con heterogeneidad, anuncia al Sujeto innombrado, al   menos para aquellos trabajadores intelectuales influenciados por la nueva   hegemon&iacute;a del deseo. La carrera por &quot;la &uacute;ltima instancia&quot; es ahora entre la   econom&iacute;a y el poder. Ya que el deseo es t&aacute;citamente definido sobre un modelo   ortodoxo, est&aacute; opuesto unitariamente a &quot;ser enga&ntilde;ado&quot;. La ideolog&iacute;a como falsa   conciencia –ser enga&ntilde;ado– ha sido cuestionada por Althusser. Incluso Reich   suger&iacute;a nociones de voluntad colectiva antes que una dicotom&iacute;a de decepci&oacute;n y   deseo desenga&ntilde;ado: &quot;Debemos aceptar el grito de Reich: no, las masas no fueron   enga&ntilde;adas; en un momento particular realmente desearon un r&eacute;gimen fascista&quot; (FD: 215).</p>     <p align="justify">Estos fil&oacute;sofos   no admiten la idea de la contradicci&oacute;n constitutiva –que es donde se separan de   buen grado de la compa&ntilde;&iacute;a de la izquierda–. En nombre del deseo reintroducen el   sujeto indivisible en el discurso del poder. Foucault a menudo parece fusionar   &quot;individuo&quot; y &quot;sujeto&quot;<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a>; y el impacto sobre sus propias met&aacute;foras es tal vez   intensificado en sus seguidores. Debido al poder de la palabra &quot;poder&quot;,   Foucault admite usar &quot;la met&aacute;fora del punto que progresivamente irradia sus   alrededores&quot;. Tales deslices se convierten en la regla m&aacute;s que en la excepci&oacute;n,   en manos menos cuidadosas. Y ese punto radiante, que anima un discurso   eficazmente helioc&eacute;ntrico, llena el espacio vac&iacute;o del agente con el sol hist&oacute;rico   de la teor&iacute;a, el Sujeto de Europa<a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a>.</p>     <p align="justify">Foucault   articula otro corolario de la negaci&oacute;n del rol de la ideolog&iacute;a en la   reproducci&oacute;n de las relaciones sociales de producci&oacute;n: una valoraci&oacute;n   incuestionable del oprimido como sujeto, el &quot;<i>ser </i>objeto&quot;, como Deleuze subraya admirablemente, &quot;establecer   condiciones donde los prisioneros ser&iacute;an capaces de hablar por s&iacute; mismos&quot;.   Foucault a&ntilde;ade que &quot;las masas <i>saben </i>perfectamente bien, claramente&quot; –una vez m&aacute;s la tem&aacute;tica del ser   desenga&ntilde;ado– &quot;saben mejor que &#91;el intelectual&#93; y ciertamente lo dicen muy bien&quot;   (FD: 206, 207).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&iquest;Qu&eacute; le sucede a   la cr&iacute;tica del sujeto soberano en estos pronunciamientos? Llegamos a los   l&iacute;mites de este realismo representacionalista con Deleuze: &quot;La realidad es lo   que de verdad sucede en una f&aacute;brica, en una escuela, en las barracas, en una prisi&oacute;n,   en una estaci&oacute;n de polic&iacute;a&quot; (FD: 212). Esta exclusi&oacute;n de la necesidad de la dif&iacute;cil tarea de hacer   producci&oacute;n ideol&oacute;gica contrahegem&oacute;nica no ha sido saludable. Ha ayudado al   empirismo positivista –el principio justificante del neocolonialismo capitalista   avanzado– a definir su propia arena como &quot;experiencia concreta&quot;, &quot;lo que ocurre   realmente&quot;. Por supuesto, la experiencia concreta que es la garante de la   apelaci&oacute;n pol&iacute;tica de prisioneros, soldados y escolares es revelada por medio   de la experiencia concreta del intelectual, que diagnostica la episteme<a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a>. Ni Deleuze ni Foucault parecen conscientes de que el   intelectual dentro del capital socializado, esgrimiendo la experiencia   concreta, pueda ayudar a consolidar la divisi&oacute;n internacional del trabajo.</p>     <p align="justify">La contradicci&oacute;n   no es reconocida dentro de una posici&oacute;n que valora la experiencia concreta del oprimido,   mientras que siendo tan acr&iacute;ticos sobre el rol hist&oacute;rico de los intelectuales,   es mantenida por medio de un desliz verbal. De esta manera Deleuze hace este   pronunciamiento notable: &quot;Una teor&iacute;a es como una caja de herramientas. Nada que   hacer con el significante&quot; (FD: 208). Considerando que el verbalismo del mundo te&oacute;rico y su acceso   a cualquier mundo definido contra s&iacute; como &quot;pr&aacute;ctico&quot; es irreducible, tal   declaraci&oacute;n s&oacute;lo ayuda al intelectual ansioso de probar que el trabajo   intelectual es tal como el trabajo manual. El desliz verbal ocurre cuando los significantes   son dejados de lado cuid&aacute;ndose a s&iacute; mismos. El significante &quot;representaci&oacute;n&quot; es   un caso claro. En el mismo tono descalificante que rompe el lazo entre la   teor&iacute;a y el significante, Deleuze declara, &quot;No hay m&aacute;s representaci&oacute;n; no hay   nada sino acci&oacute;n&quot; (...) &quot;acci&oacute;n de la teor&iacute;a y acci&oacute;n de la pr&aacute;ctica que   relaciona a cada una con la otra como relevos y forman sistemas de redes&quot; (FD: 206-207). Sin embargo, aqu&iacute; se est&aacute; estableciendo un punto importante:   la producci&oacute;n de teor&iacute;a es tambi&eacute;n una pr&aacute;ctica; la oposici&oacute;n entre teor&iacute;a   &quot;pura&quot; abstracta y pr&aacute;ctica &quot;aplicada&quot; concreta es demasiado f&aacute;cil y r&aacute;pida<a href="#pie9" name="spie9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p align="justify">Si este es, de   hecho, el argumento de Deleuze, su articulaci&oacute;n de este es problem&aacute;tica. Dos   significados de representaci&oacute;n est&aacute;n operando al mismo tiempo: representaci&oacute;n   como &quot;hablar en favor de&quot;, como en la pol&iacute;tica, y representaci&oacute;n como &quot;re-presentaci&oacute;n&quot;,   como en arte o en filosof&iacute;a. Dado que la teor&iacute;a es as&iacute; mismo s&oacute;lo &quot;acci&oacute;n&quot;, el   te&oacute;rico no representa (&quot;habla en favor de&quot;) al grupo oprimido. Por supuesto, el   sujeto no es visto como una conciencia representativa –un re-presentar la realidad   adecuadamente–. Estos dos significados de representaci&oacute;n –dentro de la   formaci&oacute;n estatal y de la ley, por un lado, y en sujeto-predicaci&oacute;n, por otro–   est&aacute;n relacionados pero son irreductiblemente discontinuos. Encubrir la   discontinuidad con una analog&iacute;a que es presentada como una prueba refleja otra   vez un parad&oacute;jico sujeto-privilegiado<a href="#pie10" name="spie10"><sup>10</sup></a>. <i>Puesto que </i>&quot;la persona que habla y   act&uacute;a... es siempre una multiplicidad&quot;, ning&uacute;n &quot;teorizante intelectual... &#91;o&#93;   partido o... uni&oacute;n&quot; puede representar &quot;a aquellos quienes act&uacute;an y luchan&quot; (FD: 206). &iquest;Son mudos quienes act&uacute;an y <i>luchan</i>, en oposici&oacute;n a quienes act&uacute;an y <i>hablan </i>(FD: 206)? Estos problemas inmensos est&aacute;n sepultados en las diferencias entre   las &quot;mismas&quot; palabras: <i>conciousness </i>y <i>conscience </i>–ambas <i>conscience </i>en franc&eacute;s y <i>conciencia </i>en espa&ntilde;ol–, representaci&oacute;n   y re-presentaci&oacute;n. La cr&iacute;tica de la constituci&oacute;n ideol&oacute;gica del sujeto dentro   de las formaciones estatales y los sistemas de econom&iacute;a pol&iacute;tica puede borrarse   ahora, de la misma manera que la pr&aacute;ctica te&oacute;rica activa de la &quot;transformaci&oacute;n   de la conciencia&quot;. Queda revelada entonces la banalidad de las listas   producidas por intelectuales de izquierda nombrando subalternos pol&iacute;ticamente   astutos que se conocen a s&iacute; mismos; represent&aacute;ndolos, los intelectuales se   representan a s&iacute; mismos como transparentes.</p>     <p align="justify">Si tal cr&iacute;tica y   tal proyecto no han de ser abandonados, las distinciones cambiantes entre   representaci&oacute;n en la econom&iacute;a pol&iacute;tica y estatal, por un lado, y dentro de la   teor&iacute;a del Sujeto, por el otro, no deben ser erradicadas. Consideremos el   desempe&ntilde;o de <i>vertreten </i>(&quot;representar&quot; en el primer   significado) y <i>darstellen </i>(&quot;representar&quot; en el segundo   significado) en un pasaje famoso del <i>Dieciocho de     Brumario de Luis Bonaparte</i>, donde Marx se refiere a   &quot;clase&quot; como un concepto descriptivo y transformador de una manera un poco m&aacute;s   compleja que lo que permitir&iacute;a la distinci&oacute;n de Althusser entre instinto de   clase y posici&oacute;n de clase.</p>     <p align="justify">La argumentaci&oacute;n   de Marx es que la definici&oacute;n descriptiva de clase puede ser diferencial –su   separaci&oacute;n y diferencia de todas las otras clases–: &quot;en cuanto millones de   familias viven bajo condiciones econ&oacute;micas de existencia que separan su modo de   vida, sus intereses, y su formaci&oacute;n de aquellas de otras clases y las ubican en   confrontaci&oacute;n antag&oacute;nica &#91;<i>feindlich gegen&uuml;berstellen</i>&#93;, ellas forman una clase&quot; (Marx: 1974: 239). No hay tal cosa como un &quot;instinto de clase&quot; trabajando aqu&iacute;.   De hecho, la colectividad de la existencia dom&eacute;stica, la cual puede ser   considerada la arena del &quot;instinto&quot; es discontinua con, aunque operada por, el   aislamiento diferencial de clases. En este contexto, uno mucho m&aacute;s pertinente   para la Francia de la d&eacute;cada de 1970 que lo que puede ser para la periferia internacional, la   formaci&oacute;n de una clase es <i>artificial </i>y econ&oacute;mica, y el organismo econ&oacute;mico o <i>inter&eacute;s </i>es impersonal porque es   sistem&aacute;tico y heterog&eacute;neo. Este organismo o inter&eacute;s est&aacute; ligado a la cr&iacute;tica hegeliana   del sujeto individual, ya que marca el lugar vac&iacute;o del sujeto en ese proceso   sin sujeto que es la historia y la econom&iacute;a pol&iacute;tica. Aqu&iacute; el capitalista es   definido como el portador consciente &#91;<i>Träger</i>&#93; del ilimitado movimiento de capital (Marx, 1977: 254). Mi punto es que Marx no trabaja para crear un sujeto indivisible   donde deseo e inter&eacute;s coinciden. La conciencia de clase no opera con ese fin.   Tanto en el &aacute;rea econ&oacute;mica –capitalista– como en la pol&iacute;tica –agente   hist&oacute;rico-mundial–, Marx est&aacute; obligado a construir modelos de un sujeto   dividido y dislocado cuyas partes no son continuas o coherentes unas con otras.   Un pasaje c&eacute;lebre tal como la descripci&oacute;n del capital como el monstruo faustiano   trae esto a colaci&oacute;n l&uacute;cidamente (Marx, 1977: 302).</p>     <p align="justify">El siguiente   pasaje, continuando la cita del <i>Dieciocho de     Brumario</i>, trabaja tambi&eacute;n sobre el principio estructural de un sujeto de   clase disperso y dislocado: la conciencia –colectiva ausente– de clase del   peque&ntilde;o propietario campesino encuentra su &quot;portador&quot; en un &quot;representante&quot;,   quien aparenta trabajar en inter&eacute;s de otros. Aqu&iacute; la palabra &quot;representante&#39;&quot;   no es &quot;<i>darstellen</i>&quot;; esto agudiza el contraste   que Foucault y Deleuze dejan de lado, el contraste, supongamos, entre un   apoderado y un retrato. Hay, claro, una relaci&oacute;n entre ellos, una que ha   recibido una exacerbaci&oacute;n pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica en la tradici&oacute;n europea al menos   desde que el poeta y el sofista, el actor y el orador han sido vistos como   nocivos. Bajo la apariencia de una descripci&oacute;n posmarxista de la escena del   poder, encontramos de esta manera un debate mucho m&aacute;s antiguo: entre   representaci&oacute;n o ret&oacute;rica como tropolog&iacute;a y como persuasi&oacute;n. La <i>darstellen </i>pertenece a la primera   constelaci&oacute;n, la <i>vertreten </i>–con sugestiones m&aacute;s fuertes   de sustituci&oacute;n– a la segunda. De nuevo, ambas est&aacute;n relacionadas, pero   operarlas conjuntamente, en especial con el prop&oacute;sito de decir que m&aacute;s all&aacute; de   ambas es donde los sujetos oprimidos hablan, act&uacute;an y conocen <i>por s&iacute; mismos</i>, conduce hacia   una pol&iacute;tica ut&oacute;pica y esencialista.</p>     <p align="justify">Aqu&iacute; hay un   pasaje de Marx, usando &quot;<i>vertreten</i>&quot; donde el ingl&eacute;s usa &quot;representar&quot;, discutiendo un &quot;sujeto&quot;   social cuya conciencia y <i>Vertretung </i>–usado como sustituci&oacute;n y como representaci&oacute;n– son dislocados e   incoherentes: los peque&ntilde;os propietarios campesinos</p>     <blockquote>       <p align="justify">no pueden     representarse ellos mismos; deben ser representados. Su representante debe     aparecer simult&aacute;neamente como su se&ntilde;or, como una autoridad sobre ellos, y como     irrestricto poder gubernamental que los protege de las otras clases y que les     env&iacute;a el sol y la lluvia desde lo alto. La influencia pol&iacute;tica &#91;en lugar del     inter&eacute;s de clase, toda vez que no hay un sujeto de clase unificado&#93; de los     peque&ntilde;os propietarios campesinos por consiguiente encuentra su &uacute;ltima expresi&oacute;n     &#91;la consecuencia de una cadena de sustituciones –<i>Vertretungen– </i>es fuerte aqu&iacute;&#93;       en la fuerza ejecutiva &#91;<i>Exekutivegewalt </i>–personal inferior en alem&aacute;n–&#93; subordinando la sociedad a s&iacute;       misma.</p> </blockquote>     <p align="justify">Tal modelo de   oblicuidad social –brechas necesarias entre la fuente de la &quot;influencia&quot; (en   este caso los peque&ntilde;os propietarios campesinos), el &quot;representante&quot; (Luis   Napole&oacute;n), y el fen&oacute;meno hist&oacute;rico-pol&iacute;tico (control ejecutivo)– no solo   implica una cr&iacute;tica del sujeto como agente <i>individual </i>sino una cr&iacute;tica incluso de la subjetividad de una agencia <i>colectiva</i>. La m&aacute;quina de la historia   necesariamente dislocada se mueve porque &quot;la identidad de los intereses&quot; de   esos propietarios &quot;falla al producir un sentimiento de comunidad, de lazos   nacionales, o de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica&quot;. El caso de representaci&oacute;n como <i>Vertretung </i>–en la constelaci&oacute;n de la   ret&oacute;rica-como-persuasi&oacute;n– se comporta como un <i>Darstellung </i>–o ret&oacute;rica como-tropo–, tomando su lugar en la brecha entre la   formaci&oacute;n de una clase (descriptiva) y la noformaci&oacute;n de una clase   (transformativa): &quot;En cuanto millones de familias viven bajo condiciones   econ&oacute;micas de existencia que separan su modo de vida... <i>ellas forman una clase</i>. En cuanto... la   identidad de sus intereses falla en producir un sentimiento de comunidad... <i>ellas no forman una clase</i>&quot;. La complicidad   entre <i>Vertreten </i>y <i>Darstellen</i>, su identidad-en-diferencia   como su lugar de pr&aacute;ctica –puesto que esta complicidad es precisamente lo que   los marxistas deben exponer, como lo hace Marx en <i>El Dieciocho de Brumario– </i>solo   puede ser apreciada si no es desdibujada por un artificio de la palabra.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ser&iacute;a meramente   tendencioso argumentar que esto textualiza mucho a Marx, haci&eacute;ndolo inaccesible   al &quot;hombre&quot; com&uacute;n, quien, v&iacute;ctima del sentido com&uacute;n, est&aacute; tan profundamente   arraigado en una herencia positivista que el &eacute;nfasis irreductible de Marx en el   trabajo de lo negativo, en la necesidad de des-fetichizar lo concreto, le es   arrebatado persistentemente por un adversario m&aacute;s fuerte, la incierta   &quot;tradici&oacute;n hist&oacute;rica&quot;<a href="#pie11" name="spie11"><sup>11</sup></a>. He estado tratando de se&ntilde;alar que el &quot;hombre&quot; no com&uacute;n, el   fil&oacute;sofo contempor&aacute;neo de la pr&aacute;ctica, a veces exhibe el mismo positivismo.</p>     <p align="justify">La gravedad del   problema es evidente si uno est&aacute; de acuerdo en que el desarrollo de una   &quot;conciencia&quot; transformativa de clase a partir de una &quot;posici&oacute;n&quot; descriptiva de   clase no es en Marx una tarea que empe&ntilde;e el nivel b&aacute;sico de conciencia. La   conciencia de clase permanece con el sentimiento de comunidad que pertenece a   lazos pol&iacute;ticos y organizaciones pol&iacute;ticas, no a esos otros sentimientos de   comunidad cuyo modelo estructural es la familia. Aunque <i>no </i>identificada con la naturaleza, la familia aqu&iacute; est&aacute; constelada   en lo que Marx llama &quot;intercambio natural&quot;, lo cual es, filos&oacute;ficamente   hablando, un &quot;asidero&quot; para el valor de uso<a href="#pie12" name="spie12"><sup>12</sup></a>. El &quot;intercambio natural&quot; contrasta con el &quot;trato con la   sociedad&quot;, donde la palabra &quot;trato&quot; (<i>Verkehr</i>) es la palabra usual de Marx para &quot;comercio&quot;. Este &quot;trato&quot;   mantiene el lugar del intercambio dirigi&eacute;ndolo a la producci&oacute;n de valores   excedentes, y es en el &aacute;rea de este intercambio que el sentimiento de comunidad   dirigido a la agencia de clase debe ser desarrollado. La agencia plena de clase   –si hubiera tal cosa– no es una transformaci&oacute;n ideol&oacute;gica al nivel b&aacute;sico de la   conciencia, una identidad deseante de los agentes y su inter&eacute;s –la identidad   cuya ausencia angustia a Foucault y Deleuze–. Es un <i>reemplazo </i>contestatario tanto como una <i>apropiaci&oacute;n </i>–un <i>suplemento– </i>de algo que es &quot;artificial&quot;   para comenzar –&quot;condiciones econ&oacute;micas de existencia que separan su modo de   vida&quot;–. Las formulaciones de Marx muestran un cauto respeto por la naciente   cr&iacute;tica de la agencia subjetiva individual y colectiva. Los proyectos de   conciencia de clase y de transformaci&oacute;n de la conciencia son asuntos   discontinuos para &eacute;l. Inversamente, invocaciones contempor&aacute;neas de la &quot;econom&iacute;a   libidinal&quot; y el deseo como los intereses determinantes, combinados con la   pr&aacute;ctica pol&iacute;tica de los oprimidos – bajo capital socializado– &quot;hablando por   ellos mismos&quot;, restablecen la categor&iacute;a del sujeto soberano dentro de la teor&iacute;a   que parece cuestionarla m&aacute;s.</p>     <p align="justify">Sin duda la   exclusi&oacute;n de la familia, a pesar de una familia perteneciente a una formaci&oacute;n   de clase espec&iacute;fica, es parte del marco masculino dentro del cual se enmarca el   nacimiento del marxismo<a href="#pie13" name="spie13"><sup>13</sup></a>. Hist&oacute;ricamente y al igual que en la pol&iacute;tica global de hoy, el   papel de la familia en las relaciones sociales patriarcales es tan heterog&eacute;neo   y controvertido que simplemente reemplazando a la familia en esta problem&aacute;tica   no se va a romper ese marco. Ni lo har&aacute; la soluci&oacute;n situada en la inclusi&oacute;n   positivista de una colectividad monol&iacute;tica de &quot;mujeres&quot; en la lista de los oprimidos   cuya inquebrantable subjetividad les permite hablar por ellas mismas contra un   igualmente monol&iacute;tico &quot;mismo sistema&quot;.</p>     <p align="justify">En el contexto   del tipo de desarrollo de una &quot;conciencia&quot; de segundo nivel, estrat&eacute;gica y   artificial, Marx usa el concepto del patron&iacute;mico, siempre dentro del concepto   m&aacute;s amplio de representaci&oacute;n como <i>Vertretung</i>: &quot;los peque&ntilde;os propietarios campesinos son por consiguiente   incapaces de hacer v&aacute;lido su inter&eacute;s de clase a nombre propio &#91;<i>im eigenen Namen</i>&#93;, tanto como   por medio de un parlamento o de una convenci&oacute;n&quot;. La ausencia del nombre propio   colectivo, artificial y no familiar, es suplida por el &uacute;nico nombre propio que   la &quot;tradici&oacute;n hist&oacute;rica&quot; puede ofrecer –el patron&iacute;mico mis mo– el Nombre del   Padre: &quot;la tradici&oacute;n hist&oacute;rica produjo que los campesinos franceses creyeran   que un milagro podr&iacute;a ocurrir, que un hombre <i>llamado </i>Napole&oacute;n restaurar&iacute;a toda su gloria. Y un individuo apareci&oacute;&quot;   –el intraducible &#39;<i>es fand sich</i>&#39; (&iquest;se encontr&oacute; un individuo   all&iacute;?) demuele todas las cuestiones de agencia o la conexi&oacute;n de los agentes con   su inter&eacute;s– &quot;quien se proclam&oacute; a s&iacute; mismo para ser ese hombre&quot; –esta pretensi&oacute;n   es por contraste, su &uacute;nica agencia propia– &quot;porque portaba &#91;<i>trägt, </i>la palabra usada para la   relaci&oacute;n del capitalista con el capital&#93; el C&oacute;digo napole&oacute;nico, el cual mandaba   que &quot;investigar la paternidad es prohibido&quot;. Mientras aqu&iacute; Marx parecer&iacute;a estar   trabajando dentro de una metaf&oacute;rica patriarcal, uno deber&iacute;a notar la sutileza   textual del pasaje. Es la Ley del Padre –el C&oacute;digo napole&oacute;nico– la que   parad&oacute;jicamente proh&iacute;be la b&uacute;squeda el padre natural. De este modo, es conforme   a la estricta observancia de la Ley hist&oacute;rica del Padre que la formada pero inmadura   fe de la clase en el padre natural es contradicha.</p>     <p align="justify">Si me he   demorado tanto en este pasaje de Marx es porque aclara las din&aacute;micas internas   de la <i>Vertretung</i>, o representaci&oacute;n en el   contexto pol&iacute;tico. Representaci&oacute;n en el contexto econ&oacute;mico es <i>Darstellung</i>, el concepto filos&oacute;fico de   representaci&oacute;n como escenificaci&oacute;n o, en efecto, significaci&oacute;n, lo cual se   relaciona con el sujeto dividido de una forma indirecta. El pasaje m&aacute;s obvio es   bien conocido: &quot;En la relaci&oacute;n de intercambio &#91;<i>Austauschverhältnis</i>&#93; de mercanc&iacute;as   su valor de cambio se nos muestra totalmente independiente de su valor de uso.   Pero si sustraemos su valor de uso del producto del trabajo, obtenemos su   valor, como si fuera determinado &#91;<i>bestimmt</i>&#93;. El elemento com&uacute;n que se representa a s&iacute; mismo &#91;<i>sich darstellt</i>&#93; en la relaci&oacute;n   de intercambio, o el valor de cambio de la mercanc&iacute;a, es de tal manera su   valor&quot; (Marx, 1977: 128).</p>     <p align="justify">De acuerdo con   Marx, bajo el capitalismo, el valor, como producido por trabajo necesario y   excedente, es computado como la representaci&oacute;n/signo del trabajo objetivado –el   cual se diferencia rigurosamente de la actividad humana–. Inversamente, en   ausencia de una teor&iacute;a de la explotaci&oacute;n como la extracci&oacute;n –producci&oacute;n–, apropiaci&oacute;n   y realizaci&oacute;n del valor –excedente– <i>como representaci&oacute;n     de la fuerza de trabajo</i>, la explotaci&oacute;n capitalista   debe ser vista como una variedad de dominaci&oacute;n –la mec&aacute;nica del poder como   tal–. &quot;El empuje del marxismo&quot;, sugiere Deleuze, &quot;fue determinar el problema   &#91;que el poder es m&aacute;s difuso que la estructura de explotaci&oacute;n y la formaci&oacute;n   estatal&#93; esencialmente en t&eacute;rminos de intereses –el poder est&aacute; sustentado por   una clase dominante definida por sus intereses–&quot; (FD: 214).</p>     <p align="justify">Uno no puede   objetar este sumario minimalista del proyecto de Marx, tal como uno no puede   ignorar que, en partes del <i>Anti-Edipo</i>, Deleuze y Guattari construyen su caso sobre una brillante   aunque &quot;po&eacute;tica&quot; comprensi&oacute;n de la <i>teor&iacute;a </i>de Marx de la forma del dinero. Sin embargo, debemos consolidar   nuestra cr&iacute;tica en el siguiente sentido: la relaci&oacute;n entre capitalismo global   –explotaci&oacute;n en lo econ&oacute;mico– y las alianzas de los estados-naci&oacute;n –dominaci&oacute;n en   lo geopol&iacute;tico– es tan macrol&oacute;gica que no puede derivarse de ella la textura   microl&oacute;gica del poder. Para moverse hacia tal explicaci&oacute;n uno debe moverse   hacia las teor&iacute;as de la ideolog&iacute;a –de formaciones del sujeto que microl&oacute;gica y   a menudo err&aacute;ticamente operan los intereses que solidifican las macrologias–.   Tales teor&iacute;as no pueden facilitar el pasar por alto la categor&iacute;a de la   representaci&oacute;n en sus dos sentidos. Ellas deben notar c&oacute;mo la escenificaci&oacute;n del   mundo en representaci&oacute;n –su escena de escritura, su <i>Darstellung</i>– disimula la escogencia y   la necesidad de &quot;h&eacute;roes&quot;, de delegados paternales, agentes de poder – <i>Vertretung–</i>.</p>     <p align="justify">Mi perspectiva   es que la pr&aacute;ctica radical deber&iacute;a atender a esta doble sesi&oacute;n de   representaciones m&aacute;s que reintroducir al sujeto individual mediante conceptos   totalizantes de poder y deseo. Mi punto de vista tambi&eacute;n es que, al mantener el   &aacute;rea de ejercicio de clase en un segundo nivel de abstracci&oacute;n, Marx estaba en   efecto manteniendo abierta la cr&iacute;tica –kantiana y– hegeliana del sujeto   individual como agente<a href="#pie14" name="spie14"><sup>14</sup></a>. Esta visi&oacute;n no me obliga a ignorar que, por definir   impl&iacute;citamente la familia y la lengua materna como el nivel b&aacute;sico donde   cultura y convenci&oacute;n parecen como la propia forma de la naturaleza de organizar   &quot;su&quot; propia subversi&oacute;n, Marx mismo practica un antiguo subterfugio (Marx, 1973: 162-163). En el contexto del clamor posestructuralista por una cr&iacute;tica   pr&aacute;ctica, esto parece m&aacute;s recuperable que la restauraci&oacute;n clandestina del   esencialismo subjetivo.</p>     <p align="justify">La reducci&oacute;n de   Marx a una figura benevolente pero vetusta sirve m&aacute;s frecuentemente al inter&eacute;s   de lanzar una nueva teor&iacute;a de la interpretaci&oacute;n. En la conversaci&oacute;n entre   Foucault y Deleuze, el tema parece ser que no hay representaci&oacute;n, ni   significante –&iquest;es presumible que el significante haya sido ya despachado? &iquest;No   hay, entonces, un signo/estructura operando la experiencia, y de ese modo puede   uno mandar la semi&oacute;tica a descansar?–; la teor&iacute;a es un relevo de la pr&aacute;ctica   –mandando as&iacute; los problemas de teor&iacute;a pr&aacute;ctica a descansar– y los oprimidos   pueden conocer y hablar por s&iacute; mismos. Esto reintroduce al sujeto constitutivo   en al menos dos niveles: el Sujeto de deseo y poder como una presuposici&oacute;n metodol&oacute;gica;   y el yo-pr&oacute;ximo, si no auto-id&eacute;ntico, sujeto de los oprimidos. A&uacute;n m&aacute;s, los   intelectuales, quienes no son ninguno de estos S/sujetos, se vuelven   transparentes en la competencia de relevos, ellos simplemente se informan sobre   el sujeto no representado y analizan –sin analizar– los trabajos del –Sujeto innombrado   irreductiblemente presupuesto por– el poder y el deseo. La &quot;transparencia&quot;   producida marca el lugar de &quot;inter&eacute;s&quot;; se mantiene por la negaci&oacute;n vehemente:   &quot;Ahora este rol de &aacute;rbitro, juez y testigo universal es uno que me <i>reh&uacute;so absolutamente </i>a adoptar&quot;. Una   responsabilidad del cr&iacute;tico puede ser leer y escribir a fin de que la   imposibilidad de tales negativas interesadas individualistas de los privilegios   institucionales de poder otorgados al sujeto se tomen seriamente. El rechazo   del signo-sistema bloquea el camino para el desarrollo de una teor&iacute;a de la   ideolog&iacute;a. Aqu&iacute;, tambi&eacute;n, se escucha el tono peculiar de la negaci&oacute;n. A la sugerencia   de Jacques-Alain Miller de que &quot;la instituci&oacute;n es discursiva en s&iacute; misma&quot;,   Foucault responde, &quot;S&iacute;, si usted quiere, pero no tiene mucha importancia para   mi noci&oacute;n del aparato el ser capaz de decir que este es discursivo y ese no lo   es... dado que mi problema no es ling&uuml;&iacute;stico&quot; (PK: 198). &iquest;Por qu&eacute; esta fusi&oacute;n de lenguaje y discurso por parte del   maestro del an&aacute;lisis del discurso?</p>     <p align="justify">La cr&iacute;tica de   Edward Said al poder en Foucault como una categor&iacute;a cautivante y mistificante   que le permite &quot;obliterar el rol de las clases, el rol de la econom&iacute;a, el rol   de la insurgencia y la rebeli&oacute;n&quot;, es m&aacute;s pertinente aqu&iacute; (Said, 1983: 243). Yo a&ntilde;ado al an&aacute;lisis de Said la noci&oacute;n de sujeto subrepticio   de poder y deseo marcado por la transparencia del intelectual. Curiosamente, Paul   Bov&eacute; le echa en cara a Said el enfatizar la importancia del intelectual, toda   vez que el proyecto de Foucault es un desaf&iacute;o al rol destacado de los   intelectuales tanto hegem&oacute;nicos como opositores (Bov&eacute;, 1983: 44). Yo he sugerido que este &quot;desaf&iacute;o&quot; es enga&ntilde;oso precisamente   porque ignora lo que Said enfatiza –la responsabilidad institucional de la   cr&iacute;tica–.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Este S/sujeto,   zurcido conjuntamente a una transparencia mediante negaciones, pertenece al   lado de los explotadores de la divisi&oacute;n internacional del trabajo. Es imposible   para los intelectuales franceses contempor&aacute;neos imaginar la clase de Poder y   Deseo que habitar&iacute;a el sujeto innombrado del Otro de Europa. No es s&oacute;lo que   todo lo que leen, cr&iacute;tico o acr&iacute;tico, est&eacute; atrapado dentro del debate de la   producci&oacute;n del Otro, apoyando o criticando la constituci&oacute;n del Sujeto como   Europa. Es tambi&eacute;n que, en la constituci&oacute;n de tal Otro de Europa, se ha tenido   mucho cuidado en obliterar los ingredientes textuales con los que tal sujeto   pudiera categorizar, pudiera ocupar –&iquest;invertir?– su itinerario –no s&oacute;lo   mediante producci&oacute;n cient&iacute;fica e ideol&oacute;gica, sino tambi&eacute;n por medio de la   instituci&oacute;n de la ley–. No importa cu&aacute;n reduccionista pueda verse un an&aacute;lisis econ&oacute;mico,   los intelectuales franceses se arriesgan a olvidar que esta iniciativa   sobredeterminada era del inter&eacute;s de una situaci&oacute;n econ&oacute;mica din&aacute;mica que   requiri&oacute; que los intereses, motivos –deseos– y poder –de conocimiento– fueran   despiadadamente dislocados. Invocar ahora esa dislocaci&oacute;n como un descubrimiento   radical que deber&iacute;a hacernos diagnosticar la econom&iacute;a –condiciones de   existencia que separan nuestras &quot;clases&quot; descriptivamente– como una pieza   vetusta de maquinaria anal&iacute;tica, puede bien ser el continuar el trabajo de esa   dislocaci&oacute;n e involuntariamente ayudar a asegurar &quot;un nuevo balance de   relaciones hegem&oacute;nicas&quot; (Carby et al., 1982: 48). Regresar&eacute; en breve sobre este argumento. De cara a la   posibilidad de que el intelectual sea c&oacute;mplice en la persistente constituci&oacute;n   del Otro como la sombra del Yo, una posibilidad de pr&aacute;ctica pol&iacute;tica para el   intelectual ser&iacute;a poner la econom&iacute;a &quot;bajo borr&oacute;n&quot;, para ver el factor econ&oacute;mico   tan irreductible como se reinscribe en el texto social, e incluso a&uacute;n como es   borrado, sin embargo de manera imperfecta, cuando se clama que es el   determinante final o el significado trascendental<a href="#pie15" name="spie15"><sup>15</sup></a>.</p> </font>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>II</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">EL M&Aacute;S CLARO   EJEMPLO DISPONIBLE DE TAL VIOLENCIA EPIST&Eacute;MICA ES el remotamente orquestado, extendido, y heterog&eacute;neo proyecto de   constituir el sujeto colonial como Otro. Este proyecto es tambi&eacute;n la   obliteraci&oacute;n asim&eacute;trica de la huella de ese Otro en su precaria Subje-tividad.   Es bien sabido que Foucault localiza la violencia epist&eacute;mica, una completa   revisi&oacute;n de la episteme, en la redefinici&oacute;n de la salud mental a finales del   siglo dieciocho (v&eacute;ase Foucault, 1965: 251, 262, 269). &iquest;Pero qu&eacute; si esa redefinici&oacute;n particular era &uacute;nicamente una   parte de la narrativa de la historia en Europa al igual que en las colonias?   &iquest;Qu&eacute; si los dos proyectos de revisi&oacute;n epist&eacute;mica trabajaban como partes   dislocadas y desconocidas de una vasta m&aacute;quina operada a dos manos? Tal vez no   es m&aacute;s que pedir que el subtexto de la narrativa palimps&eacute;stica del imperialismo   sea reconocido como &quot;conocimiento subyugado&quot;, un conjunto total de   conocimientos que han sido descalificados como inadecuados para su tarea o   insuficientemente elaborados: conocimientos ingenuos, localizados en la parte   baja de la jerarqu&iacute;a, por debajo del nivel requerido de cognici&oacute;n o   cientificidad (PK: 82).</p>     <p align="justify">Esto no es   describir &quot;la forma en que realmente fueron las cosas&quot; o privilegiar la   narrativa de la historia como imperialismo como la mejor versi&oacute;n de la historia<a href="#pie16" name="spie16"><sup>16</sup></a>. Es, m&aacute;s bien, ofrecer una relaci&oacute;n de c&oacute;mo una explicaci&oacute;n y   una narrativa de la realidad fueron establecidas como las normativas. Sobre   esto, consideremos brevemente los apuntalamientos de la codificaci&oacute;n brit&aacute;nica   de la ley hind&uacute;.</p>     <p align="justify">Primero, unas   cuantas aclaraciones: en los Estados Unidos el tercermundismo circulante   actualmente en las disciplinas humanistas es a menudo abiertamente &eacute;tnico. Yo nac&iacute;   en la India y recib&iacute; all&iacute; mi educaci&oacute;n primaria, secundaria y universitaria,   incluidos dos a&ntilde;os de trabajo de grado. De modo que mi ejemplo indio puede ser   visto como una nost&aacute;lgica investigaci&oacute;n de las ra&iacute;ces perdidas de mi propia   identidad. Aunque incluso yo s&eacute; que uno no puede adentrarse libremente en la   maleza de las &quot;motivaciones&quot;, mantendr&iacute;a que mi proyecto principal es hacer   destacar la variedad positivista-idealista de tal nostalgia. Recurro al   material indio porque, en ausencia de un entrenamiento disciplinario avanzado,   ese accidente de nacimiento y educaci&oacute;n me ha provisto con un <i>sentido </i>del trasfondo hist&oacute;rico,   cierta competencia en los lenguajes pertinentes que son herramientas &uacute;tiles   para un <i>bricoleur</i>, especialmente cuando se   est&aacute; armado con el escepticismo marxista de la experiencia concreta como   &aacute;rbitro final y con una cr&iacute;tica a las formaciones disciplinarias. A pesar de   que el caso hind&uacute; no puede ser tomado como representativo de todos los pa&iacute;ses,   naciones y culturas y del parecido que se le pueda invocar con el Otro de Europa   como Yo.</p>     <p align="justify">Aqu&iacute;, entonces,   est&aacute; un resumen esquem&aacute;tico de la violencia epist&eacute;mica de la codificaci&oacute;n de la   ley hind&uacute;. Si esto clarifica la noci&oacute;n de violencia epist&eacute;mica, mi discusi&oacute;n   final sobre el sacrificio de viudas puede ganar un significado adicional.</p>     <p align="justify">Al final del   siglo dieciocho, la ley hind&uacute;, al grado que puede ser descrita como un sistema   unitario, operaba en t&eacute;rminos de cuatro textos que &quot;escenificaban&quot; una episteme   de cuatro partes definida por el uso de la memoria del sujeto: <i>sruti </i>(lo escuchado), <i>smriti </i>(lo recordado), <i>sastra </i>(lo-aprendido-de-otro) y <i>vyavahara </i>(lo realizado-a-cambio). Los or&iacute;genes de lo que hab&iacute;a sido   escuchado y lo que era recordado no eran necesariamente continuos o id&eacute;nticos.   Cada invocaci&oacute;n de <i>sruti </i>recitaba t&eacute;cnicamente –o reabr&iacute;a– el evento de &quot;escucha&quot; o la   revelaci&oacute;n originaria. Los siguientes dos textos –lo aprendido y lo realizado– eran   vistos como dial&eacute;cticamente continuos. Los te&oacute;ricos y practicantes legales no   estaban seguros en ning&uacute;n caso dado de si esta estructura describ&iacute;a el cuerpo   de la ley o cuatro formas de resolver una disputa. La legitimaci&oacute;n de la   estructura polimorfa del funcionamiento legal, &quot;internamente&quot; no coherente y abierto   a ambos extremos, por medio de una visi&oacute;n binaria, es la narrativa de   codificaci&oacute;n que ofrezco como un ejemplo de violencia epist&eacute;mica.</p>     <p align="justify">La narrativa de   la estabilizaci&oacute;n y codificaci&oacute;n de la ley hind&uacute; es menos conocida que la   historia de la educaci&oacute;n en la India, as&iacute; que bien puedo empezar por aqu&iacute;<a href="#pie17" name="spie17"><sup>17</sup></a>. Consideremos las frecuentemente citadas l&iacute;neas program&aacute;ticas   de la infame &quot;Minute on Indian Education&quot; de Macaulay (1835):</p>     <blockquote>       <p align="justify">Debemos al     presente hacer nuestro mejor esfuerzo para formar una clase que pueda ser     int&eacute;rprete entre nosotros y los millones a quienes gobernamos; una clase de     personas, indios de sangre y color, pero ingleses en gusto, en opiniones, en     moral, y en intelecto. A esa clase podemos dejarle refinar los dialectos     vern&aacute;culos del pa&iacute;s, para enriquecer estos dialectos con t&eacute;rminos de ciencia     prestados de la nomenclatura occidental, y para suministrarles por grados     veh&iacute;culos adecuados para conducir el conocimiento a la gran masa de poblaci&oacute;n (Macaulay, 1979: 359).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La educaci&oacute;n de   sujetos coloniales complementa su producci&oacute;n dentro de la ley. Un efecto de   establecer una versi&oacute;n del sistema brit&aacute;nico fue el desarrollo de una dif&iacute;cil   separaci&oacute;n entre formaci&oacute;n disciplinaria en estudios s&aacute;nscritos y la nativa, ahora   alternativa, tradici&oacute;n de la &quot;alta cultura&quot; s&aacute;nscrita. Dentro de la anterior,   las explicaciones culturales generadas por estudiosos autorizados   correspondieron a la violencia epist&eacute;mica del proyecto legal.</p>     <p align="justify">Ubico aqu&iacute; la   fundaci&oacute;n de la Sociedad Asi&aacute;tica de Bengala en 1784, el Instituto Indio en Oxford en 1883, y el trabajo anal&iacute;tico y taxon&oacute;mico de eruditos como Arthur   Macdonell y Arthur Berriedale Keith, quienes fueron administradores coloniales   y organizadores de la materia del s&aacute;nscrito. A partir de sus confiados planes   utilitarios- hegem&oacute;nicos para alumnos y estudiosos de s&aacute;nscrito, es imposible para   cualquiera adivinar la represi&oacute;n agresiva del s&aacute;nscrito en el encuadramiento   educacional general o la creciente &quot;feudalizaci&oacute;n&quot; del uso pr&aacute;ctico del   s&aacute;nscrito en la vida diaria de la India brahm&aacute;nica-hegem&oacute;nica<a href="#pie18" name="spie18"><sup>18</sup></a>. Una versi&oacute;n de la historia fue gradualmente establecida en la   que se mostraba a los brahmanes como si tuvieran las mismas intenciones que   –as&iacute; se provey&oacute; la legitimaci&oacute;n para– la codificaci&oacute;n brit&aacute;nica: &quot;Con el fin de   preservar intacta la sociedad hind&uacute; &#91;los&#93; sucesores &#91;de los brahmanes   originales&#93; han reducido todo a escritos y los han hecho m&aacute;s y m&aacute;s r&iacute;gidos. Y   eso es lo que ha preservado la sociedad hind&uacute; a pesar de una sucesi&oacute;n de   insurrecciones pol&iacute;ticas e invasiones extranjeras&quot; (Mahamahopadhyaya, 1925: VIII). Este es el veredicto de Mahamahopadhyaya Haraprasad   Shastri, bien informado sanscritista indio, un representante brillante de la   elite ind&iacute;gena de producci&oacute;n colonial, a quien se le pidi&oacute; escribir varios   cap&iacute;tulos de una &quot;Historia de Bengala&quot; proyectada por el secretario privado del   gobernador general de Bengala en 1916 (Sena, 1925: 6). Para se&ntilde;alar la asimetr&iacute;a en la relaci&oacute;n entre autoridad y   explicaci&oacute;n –dependiendo de la raza-clase de la autoridad–, compar&eacute;moslo a este   comentario de 1928 de Edward Thompson, intelectual ingl&eacute;s: &quot;El hinduismo fue lo que   parec&iacute;a ser... fue una alta civilizaci&oacute;n que gan&oacute; &#91;contra ella&#93; con Akbar y con   los ingleses&quot; (1928: 130, 147). Y a&ntilde;&aacute;dase a esto, de la carta de un erudito soldado ingl&eacute;s en   la d&eacute;cada de 1890: &quot;El estudio del s&aacute;nscrito, &quot;el lenguaje de los dioses&quot;, me ha   ofrecido intenso regocijo durante los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os de mi vida en la   India, pero no me ha llevado, estoy agradecido de decirlo, <i>como a algunos</i>, a renunciar a   una fuerte creencia en nuestra propia gran religi&oacute;n&quot;<a href="#pie19" name="spie19"><sup>19</sup></a>.</p>     <p align="justify">Estas   autoridades son lo mejor de lo mejor de las fuentes para la entrada de los   intelectuales franceses no especialistas en la civilizaci&oacute;n del Otro<a href="#pie20" name="spie20"><sup>20</sup></a>. Sin embargo, no me estoy refiriendo a los intelectuales y   estudiosos de producci&oacute;n poscolonial, como Shastri, cuando digo que el Otro   como Sujeto es inaccesible para Foucault y Deleuze. Estoy pensando en la   generalidad de los no especialistas, la poblaci&oacute;n no acad&eacute;mica a trav&eacute;s del espectro   de clase, para quienes la episteme opera su silenciosa funci&oacute;n programadora.   &iquest;Sin considerar el mapa de la explotaci&oacute;n, sobre cual matriz de &quot;opresi&oacute;n&quot;   podr&iacute;an ellos ubicar esta abigarrada multitud?</p>     <p align="justify">Vamos a pasar   ahora a considerar las m&aacute;rgenes –uno tambi&eacute;n podr&iacute;a decir el centro silente,   silenciado– del circuito marcado por esta violencia epist&eacute;mica, hombres y mujeres   entre el campesinado iletrado, las tribus, y los m&aacute;s bajos estratos del   subproletariado urbano. De acuerdo con Foucault y Deleuze –en el primer mundo,   bajo la estandarizaci&oacute;n y reglamentaci&oacute;n del capital socializado, sin embargo   ellos no parecen reconocer esto– los oprimidos, si se les da la oportunidad –el   problema de la representaci&oacute;n no puede ser bordeado aqu&iacute;–, y en camino de   solidarizarse por medio de alianzas pol&iacute;ticas –una tem&aacute;tica marxista opera   aqu&iacute;–, <i>pueden hablar y conocer sus condiciones</i>. Ahora debemos confrontar la siguiente cuesti&oacute;n: al otro lado   de la divisi&oacute;n internacional del trabajo a partir del capital socializado,   dentro y fuera del circuito de la violencia epist&eacute;mica de la ley y la educaci&oacute;n   imperialistas complementando un adelantado texto econ&oacute;mico, <i>&iquest;puede hablar el subalterno</i>?</p>     <p align="justify">El trabajo de   Antonio Gramsci sobre las &quot;clases subalternas&quot; extiende el argumento   posici&oacute;n-clase/conciencia-clase aislado en el <i>Dieciocho     de Brumario</i>. Tal vez porque Gramsci critica la posici&oacute;n vanguardista del   intelectual leninista, se preocupa por el papel del intelectual en el   movimiento cultural y pol&iacute;tico del subalterno dentro de la hegemon&iacute;a. Este paso   debe ser dado para determinar la producci&oacute;n de la historia como narrativa –de   la verdad–. En textos como &quot;La cuesti&oacute;n sure&ntilde;a&quot;, Gramsci considera el movimiento   de la econom&iacute;a hist&oacute;rico-pol&iacute;tica en Italia que puede ser visto como una   alegor&iacute;a de la lectura tomada de o prefigurada por una divisi&oacute;n internacional   del trabajo<a href="#pie21" name="spie21"><sup>21</sup></a>. A pesar de eso, el relato del desarrollo de las etapas del   subalterno es arrojado de la coyuntura cuando se opera su macrolog&iacute;a cultural,   no obstante remotamente, por la interferencia epist&eacute;mica en las definiciones legales   y disciplinarias que escoltan al proyecto imperialista. Cuando pase, al final   de este ensayo, a la cuesti&oacute;n de la mujer como subalterna, sugerir&eacute; la   posibilidad que la existencia de la colectividad en s&iacute; misma es   persistentemente excluida mediante la manipulaci&oacute;n de la agencia femenina.</p>     <p align="justify">La primera parte   de mi propuesta –que el desarrollo por fases del subalterno se ve complicado   por el proyecto imperialista– es confrontada por un colectivo de intelectuales que   pueden ser llamados el grupo de &quot;Estudios subalternos&quot;<a href="#pie22" name="spie22"><sup>22</sup></a>. Ellos <i>tienen </i>que preguntar, &iquest;puede hablar el subalterno? Estamos aqu&iacute; dentro   de la propia disciplina de la historia de Foucault y con personas que reconocen   su influencia. Su proyecto es repensar la historiograf&iacute;a colonial india desde la   perspectiva de la cadena discontinua de insurgencias campesinas durante la   ocupaci&oacute;n colonial. Este es en efecto el problema de &quot;el permiso para narrar&quot; discutido   por Said (1984). Como sostiene Ranajit Guha,</p>     <blockquote>       <p align="justify">La     historiograf&iacute;a del colonialismo indio ha sido dominada por largo tiempo por el     elitismo –elitismo colonialista y elitismo burgu&eacute;s-nacionalista–... compar&#91;tiendo&#93;     el prejuicio que ha hecho de la naci&oacute;n india y del desarrollo de la conciencia     –nacionalismo– que confirm&oacute; que este proceso era exclusiva o predominantemente     logros de la elites. En las historiograf&iacute;as colonialistas y neocolonialistas     estos logros son acreditados a los gobernantes coloniales brit&aacute;nicos, los     administradores, las pol&iacute;ticas, las instituciones y la cultura; en los escritos     nacionalistas y neo-nacionalistas a las personalidades de las elites indias,     sus instituciones, actividades e ideas (Guha, 1982: 1).</p> </blockquote>     <p align="justify">Ciertas   variedades de la elite india son, en el mejor de los casos, informantes nativos   para los intelectuales del primer mundo interesados en la voz del Otro. No   obstante, uno debe insistir que el <i>sujeto </i>colonizado subalterno es irremediablemente heterog&eacute;neo.</p>     <p align="justify">Contra la <i>elite india </i>podemos proponer lo que Guha   llama &quot;la <i>pol&iacute;tica </i>del pueblo&quot;, tanto al   exterior –&quot;Este era un dominio <i>aut&oacute;nomo</i>, que ni era originado por la pol&iacute;tica de la elite ni depend&iacute;a de   esta para su existencia&quot;– como al interior –&quot;segu&iacute;a operando vigorosamente a   pesar &#91;del colonialismo&#93;, ajust&aacute;ndose a s&iacute; misma a las condiciones   prevalecientes bajo el Raj y en muchos aspectos desarrollando variantes   enteramente nuevas tanto en forma como en contenido&quot;– del circuito de   producci&oacute;n colonial (Guha, 1982: 4). No puedo apoyar enteramente esta insistencia en determinar el   vigor y la plena autonom&iacute;a, pues las exigencias historiogr&aacute;ficas pr&aacute;cticas no   permitir&aacute;n tales apoyos al privilegio de la conciencia subalterna. Contra la   posible acusaci&oacute;n de que su aproximaci&oacute;n es esencialista, Guha construye una   definici&oacute;n del pueblo –el lugar de esa esencia– que puede ser &uacute;nicamente una   identidad-en-diferencia. &Eacute;l propone una red de estratificaci&oacute;n din&aacute;mica   describiendo la producci&oacute;n social colonial en general. Incluso el tercer grupo   de la lista, el grupo amortiguador, como lo fue, entre el pueblo y los grandes   grupos macroestructurales dominantes, se define a s&iacute; mismo como un lugar de   intermediaci&oacute;n, que Derrida (1981) ha descrito   como un &quot;<i>antre</i>&quot;:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Elite</p>     <p align="justify">1. Grupos   dominantes extranjeros.</p>     <p align="justify">2. Grupos   dominantes ind&iacute;genas en toda la India.</p>     <p align="justify">3. Grupos   dominantes ind&iacute;genas regionales y locales.</p>     <p align="justify">4. Los t&eacute;rminos   &quot;pueblo&quot; y &quot;clases subalternas&quot; han sido usados como sin&oacute;nimos a lo largo de   este trabajo. Los grupos sociales y elementos incluidos en esta categor&iacute;a   representan <i>la diferencia demogr&aacute;fica entre la totalidad de la poblaci&oacute;n     india y todos aquellos a quienes hemos descrito como la &quot;elite&quot;.</i></p>     <p align="justify">Consideremos el   tercer punto de la lista –el <i>antre </i>de indeterminaci&oacute;n situacional que estos cuidadosos   historiadores presuponen en tanto afrontan la pregunta–, &iquest;Puede hablar el   subalterno?</p>     <blockquote>       <p align="justify"><i>Tomado     como una totalidad y en lo abstracto </i>esta...       categor&iacute;a... era <i>heterog&eacute;nea </i>en su composici&oacute;n y, gracias al car&aacute;cter asim&eacute;trico de la econom&iacute;a         regional y los desarrollos sociales, <i>difer&iacute;a           de un &aacute;rea a otra</i>. La misma clase o elemento             que era dominante en un &aacute;rea... pod&iacute;a estar entre los dominados en otra. Esto             pod&iacute;a y creaba ambig&uuml;edades y contradicciones en actitudes y alianzas,             especialmente entre los estratos m&aacute;s bajos de la poblaci&oacute;n rural, propietarios             de tierra empobrecidos, campesinos ricos y campesinos medio-altos todos los cuales             pertenec&iacute;an, <i>idealmente hablando</i>, a la               categor&iacute;a de &quot;pueblo&quot; o &quot;clases subalternas&quot; (Guha, 1982: 8. Todas las <i>cursivas, </i>excepto las del primer bloque, son del autor).</p> </blockquote>     <p align="justify">&quot;El trabajo de   investigaci&oacute;n&quot; proyectado aqu&iacute; es &quot;indagar, identificar y medir el grado   natural <i>espec&iacute;fico </i>de <i>desviaci&oacute;n </i>de &#91;los&#93; elementos   &#91;constituyentes del punto 3&#93; a partir de lo   ideal y situarlos hist&oacute;ricamente&quot;. &quot;Investigar, identificar y medir lo <i>espec&iacute;fico</i>&#39;&quot; un programa que   dif&iacute;cilmente puede ser m&aacute;s esencialista y taxon&oacute;mico. Sin embargo, opera un   curioso imperativo metodol&oacute;gico. He sostenido que en la conversaci&oacute;n entre   Foucault y Deleuze un vocabulario posrepresentacionalista esconde una agenda   esencialista. En los estudios subalternos, por causa de la violencia de una   inscripci&oacute;n epist&eacute;mica imperialista, social y disciplinaria, un proyecto   entendido en t&eacute;rminos esencialistas debe traficar en una pr&aacute;ctica textual   radical de diferencias. El objeto de la investigaci&oacute;n del grupo, en este caso   no del pueblo como tal sino de la zona amortiguadora flotante de la   elite-subalterna regional es una <i>desviaci&oacute;n </i>de un <i>ideal </i>–el pueblo o subalterno– definida en s&iacute; misma como una   diferencia de la elite. Es hacia esa estructura que se orienta la   investigaci&oacute;n, un problema m&aacute;s bien diferente de la transparencia   auto-diagnosticada del intelectual radical del primer mundo. &iquest;Qu&eacute; taxonom&iacute;a   puede fijar tal espacio? Tanto si lo perciben ellos mismos como si no –de hecho   Guha ve su definici&oacute;n de &quot;el pueblo&quot; dentro de la dial&eacute;ctica del amo y el   esclavo– sus textos articulan la dif&iacute;cil tarea de reescribir sus propias   condiciones de imposibilidad como las condiciones de su posibilidad.</p>     <p align="justify">&quot;En los <i>niveles regional y local </i>&#91;los grupos   dominantes indios&#93;... si pertenecen al estrato social jer&aacute;rquicamente inferior al   de los dominantes de todos los grupos de la India <i>siguen actuando por los intereses de los &uacute;ltimos y no de     conformidad con los intereses correspondientes verdaderamente a su propio ser social&quot;</i>. Cuando estos escritores hablan, en su lenguaje esencializante,   de una brecha entre inter&eacute;s y acci&oacute;n en el grupo intermedio, sus conclusiones   est&aacute;n m&aacute;s cerca de Marx que de la ingenuidad auto-consciente del pronunciamiento   de Deleuze sobre el tema. Guha, como Marx, habla del inter&eacute;s en t&eacute;rminos de lo   social m&aacute;s que del ser libidinal. El imaginario del Nombredel- Padre en <i>El Dieciocho de Brumario </i>puede ayudar a   enfatizar que la acci&oacute;n de clase o grupo, &quot;verdaderamente correspondiente al   propio ser&quot; es tan artificial o social como el patron&iacute;mico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Terminamos   entonces con el grupo intermedio se&ntilde;alado en el punto 3. Para el &quot;verdadero&quot; grupo subalterno, cuya identidad es su   diferencia, no hay sujeto subalterno irrepresentable que pueda conocer y hablar   por s&iacute; mismo; la soluci&oacute;n del intelectual no es abstenerse de la   representaci&oacute;n. El problema es que el itinerario del sujeto no ha sido trazado   como para ofrecer un objeto de seducci&oacute;n al intelectual representante. En el   levemente arcaico lenguaje del grupo indio, la cuesti&oacute;n se torna, &iquest;c&oacute;mo podemos   tocar la conciencia del pueblo, aun si investigamos su pol&iacute;tica? &iquest;Con qu&eacute; voz   de la conciencia puede hablar el subalterno? Su proyecto, despu&eacute;s de todo, es   reescribir el desarrollo de la conciencia de la naci&oacute;n india. La planeada   discontinuidad del imperialismo diferencia rigurosamente este proyecto, a pesar   de lo anticuado de su articulaci&oacute;n, a partir de &quot;hacer visible los mecanismos   m&eacute;dicos y jur&iacute;dicos que rodean la historia &#91;de Pierre Rivi&egrave;re&#93;&quot;. Foucault est&aacute;   en lo cierto al sugerir que &quot;hacer visible lo nunca visto puede significar   tambi&eacute;n un cambio de nivel, dirigi&eacute;ndolo a uno a un estrato de material que   hasta ahora no hab&iacute;a sido pertinente para la historia y que no hab&iacute;a sido reconocido   como poseedor de alg&uacute;n valor moral, est&eacute;tico o hist&oacute;rico&quot;. Es el transcurso   entre hacer visible el mecanismo y hacer vocal lo individual, evitando por   igual &quot;cualquier clase de an&aacute;lisis de &#91;el sujeto&#93; tanto psicol&oacute;gico,   psicoanal&iacute;tico o ling&uuml;&iacute;stico&quot;, que es consistentemente problem&aacute;tico (PK: 49-50).</p>     <p align="justify">La cr&iacute;tica de   Ajit K. Chaudhury, un bengal&iacute; occidental marxista, de la b&uacute;squeda de Guha de   una conciencia subalterna puede ser vista como un momento del proceso de   producci&oacute;n que incluye al subalterno. La percepci&oacute;n de Chaudhury de que la   visi&oacute;n marxista de la transformaci&oacute;n de la conciencia involucra el <i>conocimiento </i>de las   relaciones sociales me parece astuta, en principio. No obstante, la herencia de   la ideolog&iacute;a positivista que se ha apropiado el marxismo ortodoxo lo obliga a   a&ntilde;adir este anexo: &quot;Esto no minimiza la importancia de la comprensi&oacute;n de la   conciencia de los campesinos o la conciencia de los <i>trabajadores en su forma pura</i>. Esto   enriquece nuestro conocimiento del campesino y del trabajador y posiblemente   ilumine c&oacute;mo un modo particular toma formas diferentes en distintas regiones, <i>lo cual es considerado un problema de segundo orden de     importancia en el marxismo cl&aacute;sico</i>&quot; (Chaudhury, 1984: 10. La <i>cursiva </i>es m&iacute;a).</p>     <p align="justify">Esta variedad de   marxismo &quot;internacionalista&quot;, el cual cree en una forma pura, recuperable de   conciencia s&oacute;lo para descartarla, cerrando lo que queda en Marx de momentos de   desconcierto productivo, puede ser directamente el objeto del rechazo del   marxismo por Foucault y Deleuze y la fuente de la motivaci&oacute;n cr&iacute;tica del Grupo   de estudios subalternos. Los tres est&aacute;n unidos en la suposici&oacute;n de que <i>hay </i>una forma pura de conciencia. En la escena francesa hay una   baraja de significantes: &quot;el inconsciente&quot; o &quot;el sujeto-en-opresi&oacute;n&quot; que llena   clandestinamente el espacio de la &quot;forma pura de conciencia&quot;. En el marxismo   intelectual &quot;internacionalista&quot; ortodoxo, tanto en el primer mundo como en el   tercero, la forma pura de la conciencia permanece como un fundamento idealista   que, descartado como un problema de segundo orden, frecuentemente se gana la   reputaci&oacute;n de ser racista y sexista. En el Grupo de estudios subalternos   necesita desarrollo de acuerdo con los t&eacute;rminos no reconocidos de su propia   articulaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Para tal   articulaci&oacute;n, un desarrollo de la teor&iacute;a de la ideolog&iacute;a puede ser &uacute;til una vez   m&aacute;s. En una cr&iacute;tica tal como la de Chaudhury, la asociaci&oacute;n de &quot;conciencia&quot; con   &quot;conocimiento&quot; omite el t&eacute;rmino medio crucial de &quot;producci&oacute;n ideol&oacute;gica&quot;:</p>     <blockquote>       <p align="justify">La conciencia,     de acuerdo con Lenin, est&aacute; asociada con un conocimiento de las interrelaciones     entre diferentes clases y grupos; por ejemplo, un conocimiento de los     materiales que constituyen la sociedad... Estas definiciones adquieren un     significado s&oacute;lo en la problem&aacute;tica dentro de un objeto de conocimiento     definido –para entender un cambio en la historia, o espec&iacute;ficamente el cambio     de un modo a otro–, <i>manteniendo la       especificidad de un modo particular fuera de foco </i>(Chaudhury, 1984: 10).</p> </blockquote>     <p align="justify">Pierre Macherey   provee la siguiente f&oacute;rmula para la interpretaci&oacute;n de la ideolog&iacute;a:</p>     <blockquote>       <p align="justify">Lo que es     importante en un trabajo es lo que no se dice. Esto no es lo mismo que la     indiferente noci&oacute;n de &quot;lo que se reh&uacute;sa a decir&quot;, aunque podr&iacute;a ser interesante     en s&iacute; mismo: un m&eacute;todo puede ser construido sobre esto con la tarea <i>de medir silencios</i>, tanto los       conocidos como los no conocidos. Pero m&aacute;s que esto, lo que el trabajo no puede       decir es importante, porque all&iacute; la elaboraci&oacute;n de la declaraci&oacute;n es llevada a       cabo en una suerte de jornada al silencio (Macherey, 1978: 87).</p> </blockquote>     <p align="justify">Las ideas de   Macherey pueden ser desarrolladas en direcciones que a &eacute;l no le gustar&iacute;a   seguir. Aun cuando &eacute;l escribe, ostensiblemente, sobre la literalidad de la   literatura de origen europeo, articula un m&eacute;todo aplicable al texto social del   imperialismo que se mueve parcialmente en contra de su propio argumento. Aunque   la noci&oacute;n de &quot;lo que se reh&uacute;sa a decir&quot; puede ser indiferente para un trabajo   literario, algo que una ideolog&iacute;a colectiva reh&uacute;sa puede ser diagnosticado por   la pr&aacute;ctica legal codificante del imperialismo. Esto abrir&iacute;a el campo para una   reinscripci&oacute;n ideol&oacute;gica pol&iacute;tico-econ&oacute;mica y multidisciplinaria del terreno. Puesto   que esta es una &quot;mundializaci&oacute;n del mundo&quot; en un segundo nivel de abstracci&oacute;n,   un concepto de rehusar es plausible aqu&iacute;. El trabajo de archivo,   historiogr&aacute;fico, cr&iacute;tico-disciplinario e inevitablemente, intervencionista,   involucrado aqu&iacute; es ciertamente una tarea de &quot;medir silencios&quot;. Esto puede ser   una descripci&oacute;n de &quot;investigar, identificar y medir... la <i>desviaci&oacute;n</i>&quot; de un ideal que es   irreductiblemente diferencial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Cuando pasamos a   la cuesti&oacute;n concomitante de la conciencia del subalterno la noci&oacute;n de lo que el   trabajo <i>no puede </i>decir se vuelve importante.   En la semiosis del texto social, las elaboraciones de insurgencia permanecen en   el lugar de &quot;la declaraci&oacute;n&quot;. El emisor –&quot;el campesino&quot;– est&aacute; marcado solamente   como algo que se&ntilde;ala hacia una conciencia irrecuperable. En tanto al receptor, debemos   preguntarnos, &iquest;qui&eacute;n es el &quot;receptor real&quot; de una &quot;insurgencia&quot;? El historiador,   transformando la &quot;insurgencia&quot; en un &quot;texto para el conocimiento&quot;, es   &uacute;nicamente un &quot;receptor&quot; de alg&uacute;n acto social pretendidamente colectivo. Sin   posibilidad de nostalgia por ese origen perdido, el historiador debe suspender   –hasta donde sea posible– el clamor de su propia conciencia –o concienciaefecto   en tanto es operada por el entrenamiento disciplinario–, para que la   elaboraci&oacute;n de la insurgencia, empacada con una conciencia- insurgente, no   quede congelada como un &quot;objeto de investigaci&oacute;n&quot; o, peor todav&iacute;a, como un   modelo para la imitaci&oacute;n. &quot;El sujeto&quot; implicado por los textos de insurgencia   puede servir s&oacute;lo como una contraposibilidad para las sanciones narrativas conferidas   al sujeto colonial en los grupos dominantes. Los intelectuales poscoloniales   aprenden que su privilegio es su menoscabo. En esto son un paradigma entre los   intelectuales.</p>     <p align="justify">Es bien sabido   que la noci&oacute;n de lo femenino –m&aacute;s que el subalterno del imperialismo– ha sido   usada de forma similar en la cr&iacute;tica deconstructiva y dentro de ciertas   variedades de cr&iacute;tica feminista<a href="#pie23" name="spie23"><sup>23</sup></a>. En el caso anterior, un figura de &quot;mujer&quot; est&aacute; en cuesti&oacute;n, una   cuya m&iacute;nima predicaci&oacute;n como indeterminada est&aacute; ya disponible para la tradici&oacute;n   faloc&eacute;ntrica. La historiograf&iacute;a subalterna construye preguntas de m&eacute;todo que la   prevendr&iacute;an del uso de tal truco. Para la &quot;figura&quot; de la mujer, la relaci&oacute;n entre   mujer y silencio puede ser tramada por las mujeres mismas; las diferencias de   raza y clase son incorporadas en tal cargo. La historiograf&iacute;a subalterna debe   confrontar la imposibilidad de tales gestos. La estrecha violencia epist&eacute;mica   del imperialismo nos da una alegor&iacute;a imperfecta de la violencia general que es   la posibilidad de una episteme<a href="#pie24" name="spie24"><sup>24</sup></a>.</p>     <p align="justify">Dentro del   itinerario suprimido del sujeto subalterno, la pista de la diferencia sexual   est&aacute; doblemente suprimida. La cuesti&oacute;n no es la de la participaci&oacute;n femenina en   la insurgencia, o las reglas b&aacute;sicas de la divisi&oacute;n sexual del trabajo para   cada caso de los cuales hay &quot;evidencia&quot;. Es m&aacute;s que ambos en tanto objeto de la   historiograf&iacute;a colonialista y como sujeto de insurgencia, la construcci&oacute;n   ideol&oacute;gica del g&eacute;nero mantiene lo masculino dominante. Si en el contexto de la   producci&oacute;n colonial el subalterno no tiene historia y no puede hablar, el   subalterno como femenino est&aacute; a&uacute;n m&aacute;s profundamente en tinieblas.</p>     <p align="justify">La divisi&oacute;n   internacional del trabajo contempor&aacute;nea es un desplazamiento del campo dividido   del imperialismo territorial del siglo diecinueve. Puesto de manera sencilla,   es un grupo de pa&iacute;ses, generalmente del primer mundo, que est&aacute;n en la posici&oacute;n   de inversi&oacute;n de capital; otro grupo, generalmente tercermundista, provee el   campo para la inversi&oacute;n, ambos por medio de los compradores capitalistas   nativos y mediante su malamente protegida y cambiante fuerza de trabajo. En inter&eacute;s   de mantener la circulaci&oacute;n y el crecimiento del capital industrial –y de la   tarea concomitante de administraci&oacute;n dentro del imperialismo territorial del siglo   veinte–, el transporte, la ley y los sistemas estandarizados de educaci&oacute;n   fueron desarrollados –lo mismo que las industrias locales fueron destruidas, la   distribuci&oacute;n de la tierra reconfigurada y la materia prima transferida al pa&iacute;s   colonizador–. Con la as&iacute; llamada descolonizaci&oacute;n, el crecimiento del capital   multinacional, y el alivio de la carga administrativa, el &quot;desarrollo&quot; no   involucra ahora la legislaci&oacute;n al por mayor ni el establecimiento de <i>sistemas </i>educativos de una forma   comparable. Esto impide el crecimiento del consumismo en los pa&iacute;ses   compradores. Con las telecomunicaciones modernas y la emergencia de econom&iacute;as   capitalistas avanzadas en los dos extremos de Asia, conservar la divisi&oacute;n   internacional del trabajo sirve para mantener el suministro de trabajo barato   en los pa&iacute;ses compradores.</p>     <p align="justify">El trabajo   humano no es, por supuesto, intr&iacute;nsecamente &quot;barato&quot; o &quot;caro&quot;. Una ausencia de   leyes laborales –o una ejecuci&oacute;n discriminatoria de estas–, un estado   totalitario –a menudo obligado por el desarrollo y modernizaci&oacute;n en la   periferia–, y unos requisitos m&iacute;nimos de subsistencia por parte del trabajador lo   garantizar&aacute;n. Para mantener intacto este crucial art&iacute;culo, el proletariado   urbano en los pa&iacute;ses compradores no debe ser sistem&aacute;ticamente entrenado en la   ideolog&iacute;a del consumismo –desfilando como la filosof&iacute;a de una sociedad sin   clases– que, contra toda probabilidad, prepara el terreno para la resistencia por   medio de las coaliciones pol&iacute;ticas que menciona Foucault (FD: 216). Esta separaci&oacute;n de la ideolog&iacute;a del consumismo es exacerbada crecientemente   por la proliferaci&oacute;n del fen&oacute;meno de la subcontrataci&oacute;n internacional. &quot;Bajo   esta estrategia, los fabricantes establecidos en pa&iacute;ses subdesarrollados   subcontratan la mayor&iacute;a de las etapas intensivas de la producci&oacute;n, por ejemplo,   costura o ensamblaje, a pa&iacute;ses del tercer mundo donde el trabajo es barato. Una   vez ensamblados, la multinacional re-importa los bienes –bajo generosas   exenciones tarifarias– a los pa&iacute;ses desarrollados <i>en vez de venderlos en el mercado local</i>&quot;. Aqu&iacute; casi se rompe la conexi&oacute;n con el adiestramiento en   consumo. &quot;Mientras que la recesi&oacute;n global ha desacelerado marcadamente el   comercio y las inversiones en el mundo entero desde 1979, la subcontrataci&oacute;n internacional ha experimentado un boom... En   estos casos, las multinacionales est&aacute;n exentas de resistir trabajadores militantes,   levantamientos revolucionarios e incluso depresiones econ&oacute;micas&quot;<a href="#pie25" name="spie25"><sup>25</sup></a>.</p>     <p align="justify">La movilidad de   clase es cada vez m&aacute;s let&aacute;rgica en los teatros compradores. No es sorprendente   que algunos miembros de los grupos <i>nativos     dominantes </i>en los pa&iacute;ses compradores, miembros de la burgues&iacute;a local,   encuentren atractivo el lenguaje de las alianzas pol&iacute;ticas. La identificaci&oacute;n   con formas de resistencia plausible en pa&iacute;ses capitalistas avanzados concuerda   con aquel sesgo elitista en la historiograf&iacute;a burguesa descrita por Ranajit Guha.</p>     <p align="justify">La creencia en   la factibilidad de las alianzas pol&iacute;ticas globales es generalizada entre las   mujeres de los grupos sociales dominantes interesados en el &quot;feminismo   internacional&quot; en los pa&iacute;ses compradores. En el otro extremo de la escala,   aquellos m&aacute;s separados de cualquier posibilidad de alianza entre &quot;mujeres, prisioneros,   soldados reclutas, pacientes de hospital y homosexuales&quot; (FD: 216), est&aacute;n las mujeres del subproletariado urbano. En su caso, la   negaci&oacute;n y la salvaguardia del consumismo y la estructura de explotaci&oacute;n est&aacute;n   ajustadas a las relaciones sociales patriarcales. Al otro lado de la divisi&oacute;n   internacional del trabajo, el sujeto de explotaci&oacute;n no puede conocer ni hablar   el texto de la explotaci&oacute;n femenina incluso si el absurdo de hacerle un espacio   a la mujer para que pueda hablar por parte del intelectual que-no-representa es   alcanzado.</p>     <p align="justify">Aunque a&uacute;n esto   no abarca al Otro heterog&eacute;neo. Por fuera –aunque ni as&iacute; completamente– del   circuito de la divisi&oacute;n <i>internacional </i>del trabajo, hay personas cuyas conciencias no podemos asir si   cerramos nuestra benevolencia construyendo otro homog&eacute;neo referido s&oacute;lo a   nuestro propio lugar en la silla del Mismo o del Yo. Aqu&iacute; hay granjeros de   subsistencia, trabajadores campesinos desorganizados, tribus y las comunidades   de trabajadores nulos en las calles o en el campo. Confrontarlos no es representarlos   (<i>vertreten</i>) sino aprender a   representarnos (<i>darstellen</i>) a nosotros mismos. Este   argumento nos llevar&iacute;a a una cr&iacute;tica de una antropolog&iacute;a disciplinaria y las relaciones   entre pedagog&iacute;a elemental y formaci&oacute;n disciplinaria. Eso cuestionar&iacute;a la   demanda impl&iacute;cita, hecha por intelectuales que optan por un sujeto de opresi&oacute;n   &quot;naturalmente elocuente&quot;, de que un sujeto tal aparezca a trav&eacute;s de la historia   como una narrativa de un reducido modo-de-producci&oacute;n.</p>     <p align="justify">El que Deleuze y   Foucault ignoren la violencia epist&eacute;mica del imperialismo y la divisi&oacute;n   internacional del trabajo importar&iacute;a menos si ellos no tocaran, de cerca, temas   del tercer mundo. Pero en Francia es imposible ignorar el problema de los <i>tiers monde</i>, los habitantes de las   antiguas colonias francesas africanas. Deleuze limita su consideraci&oacute;n del   tercer mundo a estas viejas elites nativas locales y regionales quienes son,   idealmente, subalternos. En este contexto, las referencias al mantenimiento del   ej&eacute;rcito de trabajo excedente caen en un sentimentalismo &eacute;tnico-revertido.   Puesto que est&aacute; hablando de la herencia del imperialismo territorial del siglo   diecinueve, su referencia es al estado-naci&oacute;n m&aacute;s que al centro globalizante:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El capitalismo     franc&eacute;s necesita mucho un significante flotante del desempleo. En esta     perspectiva empezamos a ver la unidad de las formas de represi&oacute;n: restricciones     sobre la inmigraci&oacute;n, una vez que se reconoce que los trabajos m&aacute;s duros y     desagradecidos son para los trabajadores inmigrantes; represi&oacute;n en las     f&aacute;bricas, porque los franceses deben readquirir el &quot;gusto&quot; por el trabajo cada     vez m&aacute;s duro; la lucha contra la juventud y la represi&oacute;n del sistema educativo     (FD: 211-212).</p> </blockquote>     <p align="justify">Este es un   an&aacute;lisis aceptable. A pesar de eso muestra otra vez que el tercer mundo puede   entrar al programa de resistencia de una pol&iacute;tica de alianzas dirigida contra   una &quot;represi&oacute;n <i>unificada</i>&quot; s&oacute;lo cuando se le confina   a grupos del tercer mundo que son directamente accesibles al primer mundo<a href="#pie26" name="spie26"><sup>26</sup></a>. Esta benevolente apropiaci&oacute;n primer mundista y reinscripci&oacute;n   del tercer mundo como Otro es la caracter&iacute;stica fundacional de muchos   tercermundismos en las ciencias humanas de Estados Unidos hoy en d&iacute;a.</p>     <p align="justify">Foucault   contin&uacute;a la cr&iacute;tica del marxismo invocando la discontinuidad geogr&aacute;fica. La   marca real de la &quot;discontinuidad geogr&aacute;fica –geopol&iacute;tica–&quot; es la divisi&oacute;n   internacional del trabajo. Pero Foucault usa el t&eacute;rmino para distinguir entre   explotaci&oacute;n –extracci&oacute;n y apropiaci&oacute;n de plusval&iacute;a; l&eacute;ase, el campo de an&aacute;lisis   marxista– y dominaci&oacute;n –estudios de &quot;poder&quot;– y para sugerir que el m&aacute;s grande   potencial de la &uacute;ltima est&aacute; basado en una pol&iacute;tica de alianzas. &Eacute;l no puede   admitir que un acceso tan monista y unificado a una concepci&oacute;n de &quot;poder&quot;   –presuponiendo metodol&oacute;gicamente un Sujeto-de-poder– se hace posible por un   cierto nivel de explotaci&oacute;n, porque su visi&oacute;n de discontinuidad geogr&aacute;fica es   geopol&iacute;ticamente espec&iacute;fica para el primer mundo:</p>     <blockquote>       <p align="justify">Esta     discontinuidad geogr&aacute;fica de la cual usted habla puede significar tal vez lo     siguiente: tan pronto como luchamos contra la <i>explotaci&oacute;n</i>, el       proletariado no s&oacute;lo lidera la lucha sino que define sus blancos, sus m&eacute;todos,       sus lugares y sus instrumentos; y aliarse uno mismo con el proletariado es consolidarse       con sus posiciones, su ideolog&iacute;a, es retomar los motivos para su combate. Esto       significa una inmersi&oacute;n total &#91;en el proyecto marxista&#93;. Pero si es contra el <i>poder </i>que se lucha, entonces todos         aquellos quienes lo reconocen como intolerable pueden empezar la lucha donde         quiera que se encuentren y en los t&eacute;rminos de su actividad –o pasividad–. Al         meterse en esta lucha <i>que es su propia lucha</i>, cuyos objetivos comprenden claramente y cuyos m&eacute;todos pueden           determinar, entran en el proceso revolucionario. Como aliados del proletariado,           de seguro, porque el poder es ejercido en la forma en que se hace para mantener           la explotaci&oacute;n del capitalismo. Ellos servir&iacute;an genuinamente a la causa del           proletariado luchando en estos lugares donde se encuentran oprimidos. Mujeres,           prisioneros, soldados reclutas, pacientes de hospital y homosexuales han           empezado ahora una lucha espec&iacute;fica contra la forma particular del poder, las coacciones           y controles, que son ejercidos sobre ellos (FD: 216).</p> </blockquote>     <p align="justify">Este es un   programa admirable de resistencia localizada. Donde es posible, este modelo de   resistencia no es una alternativa a, pero puede complementar, las luchas   macrol&oacute;gicas a lo largo de las l&iacute;neas &quot;marxistas&quot;. Pero si su situaci&oacute;n es   universalizada, acomoda un privilegio no reconocido del sujeto. Sin una teor&iacute;a de   la ideolog&iacute;a, puede conducir a utopismos peligrosos.</p>     <p align="justify">Foucault es un   pensador brillante del poder-entre-l&iacute;neas, pero la conciencia de la   reinscripci&oacute;n topogr&aacute;fica del imperialismo no informa sus presuposiciones. Es   cooptado por la versi&oacute;n restringida del Occidente producida por esa   reinscripci&oacute;n y as&iacute; ayuda a consolidar sus efectos. N&oacute;tese la omisi&oacute;n sobre el   hecho, en el siguiente pasaje, de que el nuevo mecanismo de poder en los siglos   diecisiete y dieciocho –la extracci&oacute;n de plusval&iacute;a valor sin coerci&oacute;n   extraecon&oacute;mica es su descripci&oacute;n marxista– est&aacute; asegurado <i>por medio </i>del imperialismo territorial   –la Tierra y sus productos– &quot;en alg&uacute;n otro sitio&quot;. La representaci&oacute;n de la   soberan&iacute;a es crucial en estos teatros:</p>     <blockquote>       <p align="justify">En los siglos XVII y XVIII, tenemos la producci&oacute;n de     un importante fen&oacute;meno, la emergencia, o m&aacute;s bien la invenci&oacute;n, de un nuevo mecanismo     de poder pose&iacute;do de procedimientos t&eacute;cnicos altamente espec&iacute;ficos... lo cual es     tambi&eacute;n, creo yo, absolutamente incompatible con las relaciones de soberan&iacute;a.     Este nuevo mecanismo de poder es m&aacute;s dependiente sobre los cuerpos y lo que     ellos hacen que sobre la Tierra y sus productos (PK: 104).</p> </blockquote>     <p align="justify">Por causa de un   punto ciego relativo a la primera ola de &quot;discontinuidad geogr&aacute;fica&quot;, Foucault   puede mantenerse insensible a su segunda ola en las d&eacute;cadas medias de nuestro   siglo, identific&aacute;ndola simplemente &quot;con el colapso del fascismo y el declive del   estalinismo&quot; (PK: 87). Aqu&iacute; est&aacute; el punto de vista alternativo de Mike Davis: &quot;Fue   m&aacute;s la l&oacute;gica de la violencia contrarrevolucionaria lo que cre&oacute; las condiciones   para la pac&iacute;fica interdependencia econ&oacute;mica de un castigado imperialismo   Atl&aacute;ntico bajo el liderazgo americano... Fue la integraci&oacute;n militar   multinacional bajo el eslogan de la seguridad colectiva contra la URSS la que precedi&oacute; y precipit&oacute; la interpenetraci&oacute;n de las mayores   econom&iacute;as capitalistas, haciendo posible la nueva era de liberalismo comercial   que floreci&oacute; entre 1958 y 1973&quot; (Davis, 1984: 9).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es dentro de la   emergencia de este &quot;nuevo mecanismo de poder&quot; que debemos leer la fijaci&oacute;n en   las escenas nacionales, la resistencia a la econom&iacute;a, y el &eacute;nfasis sobre   conceptos como poder y deseo que privilegia la microlog&iacute;a. Davis contin&uacute;a:   &quot;Esta centralizaci&oacute;n cuasi-absolutista del poder estrat&eacute;gico militar por los   Estados Unidos fue lo que permiti&oacute; una subordinaci&oacute;n iluminada y flexible para   sus principales s&aacute;trapas. En particular, demostr&oacute; ser altamente acomodaticia   para las pretensiones imperialistas residuales de franceses y brit&aacute;nicos... con   cada uno manteniendo una estridente movilizaci&oacute;n ideol&oacute;gica contra el comunismo   todo el tiempo&quot;. Mientras se tomaban precauciones contra nociones unitarias   tales como &quot;Francia&quot;, se debe decir que nociones unitarias tales como &quot;<i>la </i>lucha obrera&quot;, o pronunciamientos unitarios como &quot;igual que el   poder la resistencia es m&uacute;ltiple y puede ser integrada en estrategias globales&quot;   (PK: 142), parecen interpretables por medio de la narrativa de Davis. No   estoy sugiriendo, como lo hace Paul Bov&eacute;, que &quot;para un pueblo desplazado y sin   hogar &#91;los palestinos&#93; asaltado militar y culturalmente... una pregunta &#91;tal   como la de Foucault que dice que el participar en la pol&iacute;tica… es tratar de   conocer con la honestidad m&aacute;s grande posible si la revoluci&oacute;n es deseable&#93; es   un lujo tonto de la riqueza de Occidente&quot; (Bov&eacute;, 1983: 51). Yo sugiero, m&aacute;s bien, que comprar una versi&oacute;n auto-contenida   de Occidente es ignorar su producci&oacute;n por parte del proyecto imperialista.</p>     <p align="justify">A veces parece   como si el muy brillante an&aacute;lisis de Foucault de los siglos de imperialismo   europeo produjera una versi&oacute;n miniatura de ese fen&oacute;meno heterog&eacute;neo: el manejo   del espacio –pero por doctores; desarrollo de administraciones– pero en asilos;   consideraciones de la periferia –pero en t&eacute;rminos de locura, prisioneros y ni&ntilde;os–.   La cl&iacute;nica, el asilo, la prisi&oacute;n, la universidad –todo parece ser una   pantalla-alegor&iacute;a que oscurece la lectura de las narrativas m&aacute;s amplias del   imperialismo. (Uno podr&iacute;a abrir una discusi&oacute;n similar del feroz motivo de &quot;desterritorializaci&oacute;n&quot;   en Deleuze y Guattari). &quot;Uno puede perfectamente bien no hablar sobre algo porque   no conoce sobre ese algo&quot;, podr&iacute;a murmurar Foucault (PK: 66). A pesar de eso ya hemos hablado de la ignorancia sancionada que   cada cr&iacute;tico del imperialismo debe trazar.</p> </font>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>III</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">AL NIVEL GENERAL   EN EL QUE LOS ACAD&Eacute;MICOS Y ESTUDIANTES DE ESTADOS Unidos toman la &quot;influencia&quot; de Francia, uno encuentra la   siguiente comprensi&oacute;n: Foucault trata con la historia real, con pol&iacute;tica real y   problemas sociales reales; Derrida es inaccesible, esot&eacute;rico y textualista. El   lector probablemente est&aacute; bien familiarizado con esta idea. &quot;Que el trabajo   personal (de Derrida)&quot;, escribe Terry Eagleton, &quot;ha sido bastante ahist&oacute;rico,   pol&iacute;ticamente evasivo y no se puede negar que en la pr&aacute;ctica, inconsciente del   lenguaje como &quot;discurso&quot; &#91;lenguaje en funci&oacute;n&#93;&quot; (Eagleton, 1983: 205). Eagleton contin&uacute;a recomendando el estudio de Foucault sobre   las &quot;pr&aacute;cticas discursivas&quot;. Perry Anderson construye una historia parecida:   &quot;Con Derrida, la auto-cancelaci&oacute;n del estructuralismo latente en el recurso a   la m&uacute;sica o a la locura en L&eacute;vi- Strauss o Foucault es consumado. Sin ning&uacute;n   compromiso con la exploraci&oacute;n de las realidades sociales, Derrida tuvo poco   remordimiento al deshacer las construcciones de estos dos, conden&aacute;ndolos a   ambos de una &quot;nostalgia de los or&iacute;genes&quot; –rousseauniana o pre-socr&aacute;tica,   respectivamente– y preguntando qu&eacute; derecho tiene cualquiera de los dos para   asumir, en sus propias premisas, la validez de sus discursos&quot; (Anderson, 1983: 53).</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo   est&aacute; comprometido con la noci&oacute;n de que, tanto en defensa de Derrida como no,   una nostalgia por los or&iacute;genes perdidos puede estar en detrimento de la   exploraci&oacute;n de las realidades sociales dentro de la cr&iacute;tica del imperialismo.   Ciertamente, la brillantez de la mala lectura de Anderson no lo previene de ver   precisamente el problema que yo enfatizo en Foucault: &quot;Foucault puls&oacute; la nota   caracter&iacute;sticamente prof&eacute;tica cuando declar&oacute; en 1966: &#39;El hombre est&aacute; en proceso de sucumbir mientras que el ser del   lenguaje contin&uacute;a fulgurando con m&aacute;s brillo a&uacute;n sobre nuestro horizonte&#39;. &iquest;Pero   qui&eacute;nes son los &quot;nosotros&quot; que perciben o poseen tal horizonte?&quot;. Anderson no   ve la usurpaci&oacute;n del Sujeto no reconocido de Occidente en el &uacute;ltimo Foucault,   un Sujeto que preside por desaprobaci&oacute;n. &Eacute;l ve la actitud de Foucault de la   forma usual, como la desaparici&oacute;n del Sujeto conocedor como tal; y adem&aacute;s ve en   Derrida el desarrollo final de esa tendencia: &#39;&quot;En la oquedad del pronombre   &#91;nosotros&#93; yace la apor&iacute;a del programa&quot; (Anderson, 1983: 52). Consideremos, finalmente, el aforismo pla&ntilde;idero de Said, el   cual delata un profundo malentendido de la noci&oacute;n de &quot;textualidad&quot;: &quot;La cr&iacute;tica   de Derrida nos mueve <i>hacia el interior </i>del texto, la de   Foucault <i>en </i>y <i>hacia afuera </i>de &eacute;l&quot; (Said, 1983: 183).</p>     <p align="justify">He tratado de   argumentar que la preocupaci&oacute;n sustantiva por la pol&iacute;tica de los oprimidos que   a menudo cuenta para la apelaci&oacute;n de Foucault puede esconder el privilegiar al   intelectual y el sujeto &quot;concreto&quot; de opresi&oacute;n que, de hecho, acrecientan la   apelaci&oacute;n. Inversamente, aunque no es mi intenci&oacute;n contradecir el punto de   vista espec&iacute;fico de Derrida promovido por estos influyentes escritores,   discutir&eacute; unos pocos aspectos del trabajo de Derrida que guardan una utilidad a   largo plazo para la gente fuera del primer mundo. Esto no es una apolog&iacute;a.   Derrida es dif&iacute;cil de leer, su objeto real de investigaci&oacute;n es la filosof&iacute;a   cl&aacute;sica. No obstante es menos peligroso cuando lo entendemos que el intelectual   del primer mundo disfraza de no-representante ausente que permite que los   oprimidos hablen por s&iacute; mismos.</p>     <p align="justify">Considerar&eacute; un   cap&iacute;tulo que Derrida compuso hace veinte a&ntilde;os: &quot;De la gramatolog&iacute;a como una   ciencia positiva&quot; (OG: 74- 93). En este cap&iacute;tulo Derrida confronta el asunto de si la &quot;deconstrucci&oacute;n&quot;   puede conducir a una pr&aacute;ctica adecuada, sea cr&iacute;tica o pol&iacute;tica. La cuesti&oacute;n es   c&oacute;mo impedirle al Sujeto etnoc&eacute;ntrico que se establezca a s&iacute; mismo al definir   selectivamente un Otro. Este no es un programa para el Sujeto como tal; es, m&aacute;s   bien, un programa para el benevolente intelectual <i>occidental</i>. Para aquellos de nosotros   que sentimos que el &quot;sujeto&quot; tiene una historia y que la tarea del sujeto de   conocimiento del primer mundo en nuestro momento hist&oacute;rico es resistir y   criticar el &quot;reconocimiento&quot; del tercer mundo por medio de la &quot;asimilaci&oacute;n&quot;,   esta especificidad es crucial. Con el fin de adelantar una cr&iacute;tica m&aacute;s f&aacute;ctica   que pat&eacute;tica del impulso etnoc&eacute;ntrico del intelectual europeo, Derrida admite   que no puede hacer las &quot;primeras&quot; preguntas que deben ser respondidas para   establecer las bases de su argumento. &Eacute;l no declara que la gramatolog&iacute;a puede   &quot;sobreponerse&quot; –frase de Frank Lentricchia– al mero empirismo; pues, como el   empirismo, no puede hacer las primeras preguntas. Derrida alinea de esa manera   el conocimiento &quot;gramatol&oacute;gico&quot; <i>con los mismos     problemas </i>de la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica. &quot;Deconstrucci&oacute;n&quot; no es, por tanto,   una nueva palabra para &quot;desmistificaci&oacute;n ideol&oacute;gica&quot;. Igual que &quot;la   investigaci&oacute;n emp&iacute;rica... que se refugia en el campo del conocimiento   gramatol&oacute;gico&quot; obliga a operar por medio de &quot;ejemplos&quot; (OG: 75).</p>     <p align="justify">Los ejemplos que   Derrida plantea –para mostrar los l&iacute;mites de la gramatolog&iacute;a como ciencia   positiva– vienen de la auto-justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica apropiada de un proyecto imperialista.   En el siglo diecisiete europeo, escribe &eacute;l, hubo tres clases de prejuicios   operando en historias de la escritura los cuales constitu&iacute;an &quot;un s&iacute;ntoma de la   crisis de la conciencia europea&quot; (OG: 75): el &quot;prejuicio teol&oacute;gico&quot;, el &quot;prejuicio chino&quot; y el   &quot;prejuicio jerogl&iacute;fico&quot;. El primero puede ser indexado como: Dios hizo una   escritura primitiva o natural: el hebreo o el griego. El segundo: el chino es   un <i>plano </i>perfecto para la escritura filos&oacute;fica, pero es s&oacute;lo un plano. La   verdadera escritura filos&oacute;fica es &quot;independiente con respecto a la historia&quot; (OG: p.79) y someter&aacute; a los chinos a una escritura f&aacute;cil-de-aprender que   reemplazar&aacute; al chino actual. El tercero: que la escritura egipcia es muy   sublime para ser descifrada. El primer prejuicio preserva la &quot;actualidad&quot; del   hebreo o el griego, los dos &uacute;ltimos –el &quot;racional&quot; y el &quot;m&iacute;stico&quot;   respectivamente– operan en colusi&oacute;n para sostener al primero, donde el centro   del logos es visto como el Dios judeocristiano –la apropiaci&oacute;n del Otro   hel&eacute;nico por medio de la asimilaci&oacute;n es una historia m&aacute;s temprana– un &quot;prejuicio&quot;   todav&iacute;a sustentado en los esfuerzos de darle a la cartograf&iacute;a del mito   judeocristiano el estatus de historia geopol&iacute;tica:</p>     <blockquote>       <p align="justify">El concepto de     la escritura china funcionaba como una especie de <i>alucinaci&oacute;n europea</i>. ...Este       funcionamiento obedec&iacute;a a una rigurosa necesidad... no se inquietaba por el       conocimiento de la escritura china... la cual estaba disponible entonces... Un       &quot;<i>prejuicio jeroglifista</i>&quot; hab&iacute;a         producido el mismo efecto de <i>ceguera interesada</i>. Lejos de proceder... del desprecio etnoc&eacute;ntrico, la ocultaci&oacute;n           toma la forma de una admiraci&oacute;n hiperb&oacute;lica. No hemos terminado de demostrar la           necesidad de este patr&oacute;n. Nuestro siglo no est&aacute; libre de el; cada vez que el           etnocentrismo es precipitado y ostentosamente echado atr&aacute;s, alg&uacute;n esfuerzo se           esconde silenciosamente detr&aacute;s de todos los espectaculares efectos de <i>consolidar un inte</i>r<i>ior </i>y dibujar desde &eacute;l alg&uacute;n             beneficio dom&eacute;stico (OG: 80; Derrida pone en <i>cursiva </i>s&oacute;lo &quot;<i>prejuicio jeroglifista</i>&quot;).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Derrida procede   a ofrecer dos posibilidades caracter&iacute;sticas para solucionar el problema del   Sujeto europeo, el cual pretende producir un Otro que consolidar&iacute;a un interior,   su propio estatus de sujeto. Lo que sigue es una relaci&oacute;n de la complicidad entre   la escritura, la apertura de la sociedad dom&eacute;stica y civil, y las estructuras   del deseo, poder y capitalizaci&oacute;n. Derrida revela entonces la vulnerabilidad de   su propio deseo de conservar algo que es, parad&oacute;jicamente, a la vez inefable y   no trascendental. Al criticar la producci&oacute;n del sujeto colonial, este lugar   inefable, no trascendental –&quot;hist&oacute;rico&quot;– es provisto de carga afectiva por el   sujeto subalterno.</p>     <p align="justify">Derrida cierra   el cap&iacute;tulo mostrando otra vez que el proyecto de la gramatolog&iacute;a est&aacute; obligado   a desarrollarse <i>al interior </i>el discurso de la presencia.   No es solo una cr&iacute;tica de la presencia sino un reconocimiento del itinerario   del discurso de la presencia en la <i>propia </i>cr&iacute;tica, precisamente una vigilancia contra un demasiado grande   clamor por transparencia. La palabra &quot;escritura&quot; como nombre del objeto y   modelo de la gramatolog&iacute;a es una pr&aacute;ctica &quot;s&oacute;lo al interior de la clausura <i>hist&oacute;rica</i>, es decir al interior de   los l&iacute;mites de la ciencia y de la filosof&iacute;a&quot; (OG: 93).</p>     <p align="justify">Derrida hace   aqu&iacute; elecciones nietzscheanas, filos&oacute;ficas y psicoanal&iacute;ticas, m&aacute;s que   espec&iacute;ficamente pol&iacute;ticas, para sugerir una cr&iacute;tica al etnocentrismo europeo en   la constituci&oacute;n del Otro. Como intelectual poscolonial, no me preocupa que &eacute;l   no me <i>dirija </i>–como los europeos parecen   hacerlo inevitablemente– a un camino que tal cr&iacute;tica hace necesario. Para m&iacute; es   m&aacute;s importante que, como fil&oacute;sofo europeo, &eacute;l articula la tendencia del Sujeto   europeo a constituir al Otro como marginal al etnocentrismo y localiza <i>ese </i>como el problema de todos los empe&ntilde;os logoc&eacute;ntricos y por   consiguiente tambi&eacute;n todos los gramatol&oacute;gicos –pues la tesis principal del   cap&iacute;tulo es la complicidad entre los dos–. <i>No </i>un problema general, sino un problema <i>europeo</i>. Es desde el contexto de   este etnocentrismo que trata tan desesperadamente de degradar al Sujeto de   pensamiento o conocimiento para decir que &quot;<i>pensamiento </i>es... la parte en blanco del texto&quot; (OG: 93); aquello que sea pensamiento, aunque en blanco, sigue estando <i>en el texto </i>y debe ser confiado al Otro   de la historia. Ese espacio en blanco inaccesible circunscrito por un texto interpretable   es lo que a la cr&iacute;tica poscolonial del imperialismo le gustar&iacute;a ver   desarrollado dentro del vallado europeo como <i>el </i>lugar de la producci&oacute;n de la teor&iacute;a. Los cr&iacute;ticos poscoloniales   y los intelectuales pueden tratar de desplazar su propia producci&oacute;n s&oacute;lo   presuponiendo ese espacio en blanco <i>inscrito en el texto</i>. Crear el pensamiento o el sujeto pensante transparente o invisible   parece, por contraste, esconder el implacable reconocimiento del Otro por   asimilaci&oacute;n. Es en inter&eacute;s de tales precauciones que Derrida no apela a   &quot;permitir al otro(s) hablar por s&iacute; mismo&quot; sino que m&aacute;s bien acude a un   &quot;recurso&quot; o &quot;llama&quot; al &quot;cuasi-otro&quot; –<i>tout-autre </i>como opuesto al otro auto-consolidante–, a &quot;volver <i>delirante </i>esa voz interior que es la   voz del otro en nosotros&quot;<a href="#pie27" name="spie27"><sup>27</sup></a>.</p>     <p align="justify">Derrida llama al   etnocentrismo de la escritura de la ciencia europea en el siglo diecisiete y   principios del dieciocho un s&iacute;ntoma de la crisis general de la conciencia   europea. Este es, por supuesto, parte de un s&iacute;ntoma m&aacute;s grande, o tal vez la   crisis misma, el lento vuelco del feudalismo al capitalismo por medio de las   primeras olas de imperialismo capitalista. El itinerario de reconocimiento   mediante la asimilaci&oacute;n del Otro puede ser trazado de manera m&aacute;s interesante, me   parece, en la constituci&oacute;n imperialista del sujeto colonial que en repetidas   incursiones en el psicoan&aacute;lisis o de la &quot;figura&quot; de la mujer, aunque la   importancia de estas dos intervenciones <i>dentro </i>de la deconstrucci&oacute;n no pueda ser minimizada. Derrida no se ha movido   –o tal vez no puede moverse– dentro de ese terreno.</p>     <p align="justify">Cualesquiera que   sean las razones para esta ausencia espec&iacute;fica, lo que yo encuentro &uacute;til es el   trabajo sostenido y desarrollado sobre las <i>mec&aacute;nicas </i>de la constituci&oacute;n del Otro; podemos usarlas como una ventaja   intervencionista y anal&iacute;ticamente m&aacute;s grande que las invocaciones de la <i>autenticidad </i>del Otro. A este   nivel, lo que contin&uacute;a siendo &uacute;til de Foucault son las mec&aacute;nicas de   disciplinamiento e institucionalizaci&oacute;n, la constituci&oacute;n, como tal, del   colonizador. Foucault no las relaciona con ninguna versi&oacute;n, temprana o tard&iacute;a,   proto- o pos-, del imperialismo. Ellas son de gran utilidad para los   intelectuales preocupados por la decadencia de Occidente. Su seducci&oacute;n para   ellos, y horror para nosotros, es lo que quiz&aacute; permita la complicidad del   sujeto que investiga –hombre o mujer profesional– para disfrazarse a s&iacute; mismo   de transparencia.</p> </font>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>IV</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">&iquest;PUEDE HABLAR EL SUBALTERNO? &iquest;QU&Eacute; DEBE HACER LA ELITE PARA TENER cuidado   de la continua construcci&oacute;n del subalterno? La cuesti&oacute;n de &quot;la mujer&quot; parece   m&aacute;s problem&aacute;tica en este contexto. Claramente, si usted es pobre, negra y mujer   est&aacute; metida en el problema en tres formas. Si, no obstante, esta formulaci&oacute;n es   trasladada desde el contexto del primer mundo al contexto poscolonial –que no   es id&eacute;ntico al del tercer mundo–, la descripci&oacute;n &quot;negra&quot; o &quot;de color&quot; pierde   significado persuasivo. La estratificaci&oacute;n necesaria de la   constituci&oacute;n-del-sujeto colonial en la primera fase del imperialismo   capitalista vuelve in&uacute;til el &quot;color&quot; como significante emancipatorio.   Confrontada por la feroz benevolencia estandarizante del radicalismo de la   mayor parte de cient&iacute;ficos-humanos norteamericanos y europeo-occidentales –reconocimiento   por asimilaci&oacute;n–, la progresiva aunque heterog&eacute;nea retirada del consumismo en   la periferia compradora, y la exclusi&oacute;n de los m&aacute;rgenes incluso de la   articulaci&oacute;n centro perif&eacute;rica –el &quot;subalterno verdadero y diferencial&quot;–, la   analog&iacute;a de conciencia de clase m&aacute;s que de conciencia de raza en esta &aacute;rea   parece hist&oacute;rica, disciplinaria y pr&aacute;cticamente prohibida por la derecha y la   izquierda al mismo tiempo. No es s&oacute;lo cuesti&oacute;n de un <i>doble </i>desplazamiento, como no es simplemente el problema de encontrar   una analog&iacute;a psicoanal&iacute;tica que pueda acomodar a la mujer del tercer mundo con   el primero.</p>     <p align="justify">Las advertencias   que he expresado son v&aacute;lidas s&oacute;lo si hablamos de la conciencia de la mujer o,   m&aacute;s aceptable, sujeto, subalterno. Denunciar, o mejor a&uacute;n, participar en, el   trabajo antisexista entre mujeres de color o mujeres bajo opresi&oacute;n de clase en   el primer o en el tercer mundo es innegablemente lo que est&aacute; en la agenda.   Debemos acoger tambi&eacute;n toda la recuperaci&oacute;n de informaci&oacute;n en estas &aacute;reas   silenciadas que est&aacute; teniendo lugar en la antropolog&iacute;a, la ciencia pol&iacute;tica, la   historia y la sociolog&iacute;a. Aunque la presunci&oacute;n y la construcci&oacute;n de una   conciencia o sujeto sustente tal trabajo y lo har&aacute;, a largo plazo, coherente   con el trabajo de constituci&oacute;n-del-sujeto imperialista mezclando violencia   epist&eacute;mica con el avance del conocimiento y la civilizaci&oacute;n. Y la mujer   subalterna continuar&aacute; siendo tan muda como siempre<a href="#pie28" name="spie28"><sup>28</sup></a>.</p>     <p align="justify">En un campo tan   cargado, no es f&aacute;cil hacer la pregunta de la conciencia de la mujer subalterna;   de este modo es a&uacute;n m&aacute;s necesario permanecer en la radicalidad pragm&aacute;tica de   que tal cuesti&oacute;n no es un elefante blanco idealista. Si bien no todos los   proyectos feministas o antisexistas pueden ser reducidos a esto, ignorarlo es   un gesto de desconocimiento pol&iacute;tico que tiene una larga historia y colabora   con el radicalismo masculino que vuelve al lugar del investigador transparente.   En busca de aprender a hablar –m&aacute;s que escuchar a o hablar por– al sujeto   hist&oacute;ricamente enmudecido de la mujer subalterna, el intelectual poscolonial <i>sistem&aacute;ticamente </i>&quot;desaprende&quot; el privilegio   femenino. Este desaprendizaje sistem&aacute;tico implica aprender a criticar el   discurso poscolonial con las mejores herramientas que este pueda proveer y no   simplemente sustituyendo la figura perdida del colonizado. De este modo, el   cuestionar la incuestionada mudez de la mujer subalterna incluso dentro del   proyecto antiimperialista de los estudios subalternos no es, como Jonathan   Culler sugiere, &quot;producir diferencia difiriendo&quot; o &quot;apelar... a una identidad   sexual definida como esencial y privilegiar las experiencias asociadas con esa identidad&quot;   (Culler, 1982: 48).</p>     <p align="justify">La versi&oacute;n de   Culler del proyecto feminista es posible dentro de lo que Elizabeth   Fox-Genovese ha llamado &quot;la contribuci&oacute;n de las revoluciones burguesas-dem&oacute;cratas   al individualismo social y pol&iacute;tico de la mujer&quot; (Fox-Genovese, 1982: 21). Muchas de nosotras estuvimos obligadas a entender el proyecto   feminista como Culler lo describe ahora cuando est&aacute;bamos agitando la opini&oacute;n   p&uacute;blica como acad&eacute;micas de Estados Unidos<a href="#pie29" name="spie29"><sup>29</sup></a>. Fue ciertamente una etapa necesaria en mi propia educaci&oacute;n en   &quot;desaprendizaje&quot; y ha consolidado la creencia de que la corriente principal del   proyecto del feminismo occidental contin&uacute;a y desplaza la batalla sobre el derecho   al individualismo tanto entre mujeres como entre hombres en situaci&oacute;n de   movilidad ascendente de clase. Uno sospecha que el debate entre feminismo   norteamericano y &quot;teor&iacute;a&quot; europea –como es representada generalmente la teor&iacute;a   por mujeres de Estados Unidos o Inglaterra– ocupa un rinc&oacute;n significativo de   ese mismo terreno. Yo simpatizo generalmente con el llamado a hacer m&aacute;s   &quot;te&oacute;rico&quot; el feminismo norteamericano. Parece, sin embargo, que el problema del   sujeto enmudecido de la mujer subalterna, aunque no resuelto por una b&uacute;squeda   &quot;esencialista&quot; de los or&iacute;genes perdidos, tampoco puede ser despachado por la   exigencia de m&aacute;s teor&iacute;a en cualquier extremo de anglo-Am&eacute;rica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ese llamamiento   es hecho frecuentemente en nombre de una cr&iacute;tica al &quot;positivismo&quot;, el cual es   visto aqu&iacute; igual que el &quot;esencialismo&quot;. Aun Hegel, el inaugurador moderno del   &quot;trabajo de lo negativo&quot;, no fue extra&ntilde;o a la noci&oacute;n de las esencias. Para   Marx, la curiosa persistencia del esencialismo en la dial&eacute;ctica fue un problema   profundo y productivo. As&iacute;, la rigurosa oposici&oacute;n binaria entre   positivismo/esencialismo –l&eacute;ase Estados Unidos– y &quot;teor&iacute;a&quot; –l&eacute;ase, francesa o   franco-germana por conducto angloamericano– puede ser espuria. Aparte de   reprimir la ambigua complicidad entre esencialismo y cr&iacute;ticas del positivismo   –reconocida por Derrida en <i>Of grammatology as a     positive science</i>–, tambi&eacute;n yerra al implicar que el positivismo no es una   teor&iacute;a. Este movimiento permite la emergencia de un nombre propio, una esencia   positiva, la Teor&iacute;a. Una vez m&aacute;s, la posici&oacute;n del investigador permanece   incuestionada. Y si este debate territorial gira hacia el tercer mundo no se   discierne ning&uacute;n cambio en la cuesti&oacute;n del m&eacute;todo. Este debate no puede tener   en cuenta que, en el caso de la mujer como subalterna, no se pueden recolectar   ingredientes para la constituci&oacute;n del itinerario del rastro de un sujeto   sexuado para ubicar la posibilidad de diseminaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Aun as&iacute;,   generalmente simpatizo con el lineamiento feminista que critica al positivismo   y la desfetichizaci&oacute;n de lo concreto. Tambi&eacute;n estoy lejos de ser reacia al   aprendizaje del trabajo de los te&oacute;ricos occidentales; sin embargo, he aprendido   a insistir en marcar su postura como sujetos investigadores. Dadas estas condiciones,   y como una cr&iacute;tica literaria, confrontaba t&aacute;cticamente el inmenso problema de   la conciencia de la mujer como subalterna. Reinventaba el problema en una   oraci&oacute;n y la transformaba en el objeto de una simple semiosis. &iquest;Qu&eacute; significa esta   oraci&oacute;n? La analog&iacute;a aqu&iacute; es entre la victimizaci&oacute;n ideol&oacute;gica de un Freud y la   postura del intelectual poscolonial como sujeto investigador.</p>     <p align="justify">Como Sarah   Kofman ha mostrado, la profunda ambig&uuml;edad del uso que hace Freud de las   mujeres como v&iacute;ctima propiciatoria es una reacci&oacute;n-formaci&oacute;n de un deseo   inicial y continuo de dar a la hist&eacute;rica una voz, de transformarla en el <i>sujeto </i>de la histeria (Kofman, 1980). La formaci&oacute;n ideol&oacute;gica masculino-imperialista que le dio la   forma de la &quot;seducci&oacute;n de la hija&quot; a ese deseo es parte de la misma formaci&oacute;n   que construye a la monol&iacute;tica &quot;mujer del tercer mundo&quot;. Como intelectual   poscolonial estoy igualmente influenciada por esa formaci&oacute;n. Parte de nuestro   proyecto de &quot;desaprendizaje&quot; es articular esa formaci&oacute;n ideol&oacute;gica –<i>midiendo </i>silencios si fuese   necesario– dentro del <i>objeto </i>de investigaci&oacute;n. De este   modo, cuando enfrentemos las preguntas, &iquest;puede hablar el subalterno?, y &iquest;puede   hablar el subalterno –como mujer–?, nuestros esfuerzos para darle al subalterno   una voz en la historia estar&aacute;n doblemente abiertos a los peligros generados por   el discurso de Freud. Como un producto de estas consideraciones he propuesto   conjuntamente la frase &quot;Los hombres blancos est&aacute;n salvando a las mujeres caf&eacute;s<a href="#pie30" name="spie30"><sup>30</sup></a> de los hombres caf&eacute;s&quot; en un esp&iacute;ritu no dis&iacute;mil del que es   encontrado en las investigaciones de Freud con la frase &quot;Un ni&ntilde;o est&aacute; siendo   golpeado&quot; (Freud, 1955, vol. 17).</p>     <p align="justify">El uso de Freud   aqu&iacute; no implica una analog&iacute;a isomorfa entre formaci&oacute;n- de-sujeto y la conducta   de colectivos sociales, una pr&aacute;ctica frecuente, a menudo acompa&ntilde;ada por una referencia   a Reich, en la conversaci&oacute;n entre Deleuze y Foucault. De esta manera no estoy   sugiriendo que &quot;Los hombres blancos est&aacute;n salvando a las mujeres caf&eacute;s de los   hombres caf&eacute;s&quot; sea una frase que est&eacute; indicando una fantas&iacute;a <i>colectiva </i>sintom&aacute;tica de un itinerario <i>colectivo </i>de represi&oacute;n sadomasoquista   en una empresa imperialista <i>colectiva</i>. Hay una simetr&iacute;a satisfactoria en tal alegor&iacute;a, pero invitar&iacute;a   al lector a considerarlo m&aacute;s bien un problema de &quot;psicoan&aacute;lisis salvaje&quot; que   una soluci&oacute;n final (Freud, 1955, vol. 11). Tal como la insistencia de Freud en hacer de la mujer una   v&iacute;ctima propiciatoria en &quot;Un ni&ntilde;o est&aacute; siendo golpeado&quot; evidencia sus intereses   pol&iacute;ticos, aunque imperfectamente, as&iacute; mismo mi insistencia sobre la   producci&oacute;n-del-sujeto imperialista como ocasi&oacute;n para esta frase manifiesta mi   pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">A&uacute;n m&aacute;s, estoy   tratando de tomar prestada el aura metodol&oacute;gica general de la estrategia de   Freud hacia la frase que &eacute;l interpret&oacute; <i>como una frase </i>fuera de los muchos relatos sustantivos similares que sus   pacientes le dieron. Esto no significa que ofrecer&eacute; un caso de   transferencia-en-an&aacute;lisis como un modelo isomorfo para la transacci&oacute;n entre el   lector y el texto –mi frase–. La analog&iacute;a entre transferencia y cr&iacute;tica   literaria o historiograf&iacute;a no es m&aacute;s que una productiva catacresis. Decir que   el sujeto es un texto no autoriza el pronunciamiento inverso: el texto verbal es   un sujeto.</p>     <p align="justify">Estoy fascinada,   m&aacute;s que todo, por como Freud predica una <i>historia </i>de represi&oacute;n que produce la frase final. Es una historia con un   doble origen, uno escondido en la amnesia del infante, el otro alojado en   nuestro pasado arcaico, asumiendo por implicaci&oacute;n un espacio preoriginario   donde lo humano y lo animal no estaban diferenciados todav&iacute;a (Freud, 1955, vol. 17). Somos conducidos a imponer un hom&oacute;logo de esta estrategia   freudiana sobre la narrativa marxista para explicar el disimulo ideol&oacute;gico de   la econom&iacute;a pol&iacute;tica imperialista y perfilar una historia de represi&oacute;n que   produce una frase como la que he esbozado. Esta historia tambi&eacute;n tiene un doble   origen, uno oculto en las manipulaciones tras la abolici&oacute;n brit&aacute;nica del   sacrificio de viudas en 1829<a href="#pie31" name="spie31"><sup>31</sup></a>, el otro alojado en el pasado cl&aacute;sico y v&eacute;dico de la India   hind&uacute;, el <i>Rig- Veda </i>y el <i>Dharmas&acirc;stra</i>. No dudo que hay tambi&eacute;n un   espacio preoriginario indiferenciado que sustenta esta historia.</p>     <p align="justify">La frase que he   construido es una entre los muchos desplazamientos que describen la relaci&oacute;n   entre hombres blancos y caf&eacute;s –a veces incluye a mujeres blancas y caf&eacute;s–. Toma   su lugar entre algunas frases de &quot;admiraci&oacute;n hiperb&oacute;lica&quot; o de culpa piadosa que   Derrida menciona sobre la conexi&oacute;n con el &quot;prejuicio jeroglifista&quot;. La relaci&oacute;n   entre el sujeto imperialista y el sujeto de imperialismo es por lo menos   ambigua.</p>     <p align="justify">La viuda hind&uacute;   asciende a la pira del esposo muerto y se inmola a s&iacute; misma sobre ella. Este es   el sacrificio de la viuda. (La transcripci&oacute;n convencional de la palabra   s&aacute;nscrita para viuda podr&iacute;a ser <i>sati</i>. Los brit&aacute;nicos coloniales tempranos la transcribieron como <i>suttee</i>). El rito no era practicado universalmente y no ten&iacute;a una   fijaci&oacute;n de casta o de clase. La abolici&oacute;n de este rito por los brit&aacute;nicos ha   sido entendida como un caso de &quot;Hombres blancos salvando mujeres caf&eacute;s de   hombres caf&eacute;s&quot;. Las mujeres blancas –desde los registros misioneros brit&aacute;nicos   del siglo diecinueve hasta Mary Daly– no han producido una interpretaci&oacute;n alternativa.   Contra esto est&aacute; el argumento indio nativo, una parodia de la nostalgia por los   or&iacute;genes perdidos: &quot;Las mujeres realmente deseaban morir&quot;.</p>     <p align="justify">Las dos frases hacen   un largo trabajo para legitimarse mutuamente. Uno nunca encuentra el testimonio   de la voz-conciencia de las mujeres. Tal testimonio no ser&iacute;a   ideolog&iacute;a-trascendente o &quot;plenamente&quot; subjetiva, por supuesto, pero habr&iacute;a   constituido los ingredientes para la producci&oacute;n de una contrafrase. Mientras uno   va revisando los nombres grotescamente mal transcritos de estas mujeres, las   viudas sacrificadas, en los informes de polic&iacute;a incluidos en los registros de   la Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Orientales, uno no puede poner en conjunto una &quot;voz&quot;.   Lo m&aacute;s que uno puede sentir es la inmensa heterogeneidad atravesando tal   relaci&oacute;n esquel&eacute;tica e ignorante –las castas, por ejemplo, son descritas   regularmente como tribus–. Enfrentada a las frases dial&eacute;cticamente entrelazadas   que son construibles tales como &quot;Hombres blancos est&aacute;n salvando mujeres caf&eacute;s   de hombres caf&eacute;s&quot; y &quot;Las mujeres deseaban morir&quot;, la mujer intelectual   poscolonial hace una pregunta de simple semiosis, &iquest;qu&eacute; significa esto?, y   empieza a trazar una historia.</p>     <p align="justify">Al marcar el   momento en el que una sociedad no s&oacute;lo civil sino una buena sociedad nace de la   confusi&oacute;n dom&eacute;stica, se invoca con frecuencia eventos singulares que infringen   el c&oacute;digo de la ley para impartir su esp&iacute;ritu. La protecci&oacute;n de las mujeres por   los hombres a menudo provee tal evento. Si recordamos que los brit&aacute;nicos se   jactaban de su absoluta equidad y de su no interferencia con la costumbre/ley   nativa, una invocaci&oacute;n de esta transgresi&oacute;n sancionada del c&oacute;digo por el bien   del esp&iacute;ritu puede ser le&iacute;da en el comentario de J. D. M. Derrett: &quot;La primera legislaci&oacute;n   sobre la ley hind&uacute; fue llevada a cabo sin la aprobaci&oacute;n de un solo hind&uacute;&quot;. La   legislaci&oacute;n no es nombrada aqu&iacute;. La siguiente frase, donde la medida es   nombrada, es igualmente interesante si se consideran las implicaciones de la   supervivencia de una &quot;buena&quot; sociedad establecida colonialmente despu&eacute;s de la   descolonizaci&oacute;n: &quot;La recurrencia del <i>sati </i>en la India independiente es probablemente un reavivamiento   oscurantista el cual no puede sobrevivir por mucho tiempo incluso en la parte m&aacute;s   atrasada del pa&iacute;s&quot; (Derret, 1957: 68).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Tanto si esta   afirmaci&oacute;n es correcta como si no, lo que me interesa es que la protecci&oacute;n de   la mujer –hoy la mujer del tercer mundo– se convierte en un significante para   el establecimiento de una <i>buena </i>sociedad que debe, en tales momentos inaugurales, transgredir la   mera legalidad, o la equidad de la pol&iacute;tica legal. En este caso en particular,   el proceso tambi&eacute;n permiti&oacute; la redefinici&oacute;n como crimen de lo que hab&iacute;a sido   tolerado, conocido o adulado como ritual. En otras palabras, este art&iacute;culo en   la ley hind&uacute; salt&oacute; la frontera entre el dominio privado y el p&uacute;blico.</p>     <p align="justify">A pesar de que   la <i>narrativa hist&oacute;rica </i>de Foucault,   enfoc&aacute;ndose solamente en Europa occidental, ve solamente una tolerancia por el   criminal precediendo el desarrollo de la criminolog&iacute;a a finales del siglo   dieciocho (PK: 41), su <i>descripci&oacute;n te&oacute;rica </i>de la &quot;episteme&quot;   es pertinente aqu&iacute;: &quot;La episteme es el &quot;mecanismo pol&iacute;tico&quot; que hace posible   separar no lo verdadero de lo falso, sino de lo que no puede ser caracterizado   como cient&iacute;fico&quot; (PK: 197) –el ritual como opuesto al crimen, el uno resuelto por la   superstici&oacute;n, el otro por la ciencia legal–.</p>     <p align="justify">El salto del <i>suttee </i>de lo privado a lo p&uacute;blico   tiene una relaci&oacute;n clara y compleja con la conversi&oacute;n de una presencia   brit&aacute;nica mercantil y comercial a una presencia territorial y administrativa; puede   ser rastreada en la correspondencia entre estaciones de polic&iacute;a, las m&aacute;s bajas   y las m&aacute;s altas cortes, las cortes de directores, la corte del pr&iacute;ncipe regente   y gente por el estilo. Es interesante notar que, desde el punto de vista del   &quot;sujeto colonial&quot; nativo, tambi&eacute;n emergente de la transici&oacute;n   feudalismo-capitalismo, <i>sati </i>es un significante con carga social inversa: &quot;Los grupos se   volv&iacute;an psicol&oacute;gicamente marginales por su exposici&oacute;n al impacto occidental...   hab&iacute;an llegado a demostrar bajo presi&oacute;n, a otros tan bien como a ellos mismos,   su pureza ritual y lealtad por la alta cultura tradicional. Para muchos de   ellos el <i>sati </i>se convert&iacute;a en una importante prueba de conformidad a normas antiguas   en un tiempo en que estas normas se hab&iacute;an vuelto inestables&quot; (Nandy, 1975: 68).</p>     <p align="justify">Si este es el   primer origen hist&oacute;rico de mi frase, est&aacute; evidentemente perdido en la historia   de la humanidad como trabajo, la historia de la expansi&oacute;n del capitalismo, la   lenta liberaci&oacute;n de la fuerza de trabajo como mercanc&iacute;a, esa narrativa de los   modos de producci&oacute;n, la transici&oacute;n del feudalismo a trav&eacute;s del mercantilismo hacia   el capitalismo. A pesar de eso, la precaria normativa de esta narrativa es   apoyada por el substituto supuestamente inmutable del modo de producci&oacute;n   &quot;asi&aacute;tico&quot;, el cual interviene para mantener cuando quiera que se pueda volver   evidente que la historia de la l&oacute;gica del capital es la historia de Occidente,   que el imperialismo establece la universalidad de la narrativa del modo de   producci&oacute;n, que ignorar al subalterno hoy es, por fuerza, continuar el proyecto   imperialista. El origen de mi frase est&aacute; por lo tanto perdido en la baraja   entre otros discursos m&aacute;s poderosos. Dado que la abolici&oacute;n del <i>sati </i>fue admirable en s&iacute; misma, &iquest;es todav&iacute;a posible preguntarse si   una percepci&oacute;n del origen de mi frase puede contener posibilidades   intervencionistas?</p>     <p align="justify">La imagen del   imperialismo como el fundador de una buena sociedad est&aacute; marcada por la   adopci&oacute;n de la mujer como objeto de protecci&oacute;n de su propia especie. &iquest;C&oacute;mo se   deber&iacute;a examinar el disimulo de la estrategia patriarcal, que por lo visto le   otorga a la mujer libre elecci&oacute;n como <i>sujeto</i>? En otras palabras, &iquest;c&oacute;mo se hace para pasar de lo &quot;brit&aacute;nico&quot;   al &quot;hinduismo&quot;? Incluso el intento muestra que el imperialismo no es lo mismo   que cromatismo, o mero prejuicio contra la gente de color. Para abordar esta cuesti&oacute;n,   me ocupar&eacute; brevemente del <i>Dharmas&acirc;stra </i>–las escrituras sagradas de soporte– y el <i>Rig-Veda </i>–doctrina de la alabanza–. Ellas   representan el origen arcaico en mi homolog&iacute;a de Freud. Por supuesto, mi   tratamiento no es exhaustivo. Mis lecturas son, m&aacute;s que todo, un examen   interesado e inexperto, de una mujer poscolonial, sobre la fabricaci&oacute;n de la   represi&oacute;n, una contranarrativa construida de la conciencia de la mujer, del ser   de la mujer, de ese modo del ser bueno de la mujer, del deseo de la mujer   buena, y as&iacute;, del deseo de la mujer. Parad&oacute;jicamente, al mismo tiempo atestiguamos   el lugar variable de la mujer como significante en la inscripci&oacute;n del individuo   social.</p>     <p align="justify">Los dos momentos   que me interesan del <i>Dharmas&acirc;stra </i>son el discurso   sobre suicidios aprobados y la naturaleza de los ritos de la muerte<a href="#pie32" name="spie32"><sup>32</sup></a>. Enmarcada en estos dos discursos, la autoinmolaci&oacute;n de viudas   parece una excepci&oacute;n a la regla. La doctrina general de las escrituras es que   el suicidio es reprensible. Se da cabida, sin embargo, a ciertas formas de   suicidio las cuales, como representaci&oacute;n formulista, pierden la identidad del   fen&oacute;meno que es el suicidio. La primera categor&iacute;a de suicidios aprobados surge   del <i>tatvajn&acirc;na</i>, o el conocimiento de la   verdad. Aqu&iacute; el sujeto conocedor abarca la insubstancialidad o mera   fenomenalidad –que puede ser la misma cosa que la no fenomenalidad– de su   identidad. En cierto momento, el <i>tat tva </i>fue interpretado como &quot;ese usted&quot;, pero incluso sin ese, <i>tatva </i>es aquello o su naturaleza verdadera, su esencia. As&iacute; mismo,   este ser ilustrado en verdad conoce el &quot;aquello&quot; de su identidad. Su demolici&oacute;n   de esa identidad no es <i>&acirc;tmagh&acirc;ta </i>–un asesinato del yo–. La paradoja de conocer los l&iacute;mites del   conocimiento es que la aseveraci&oacute;n m&aacute;s fuerte de la capacidad de acci&oacute;n, negar   esa capacidad, no puede ser un ejemplo por s&iacute; misma. Curiosamente, el auto-<i>sacrificio </i>de los dioses es aprobado   por la ecolog&iacute;a natural, &uacute;til para la labor de la econom&iacute;a de la naturaleza y   el universo, m&aacute;s que para el autoconocimiento. En esta etapa <i>l&oacute;gicamente </i>anterior, habitada por   dioses m&aacute;s que por seres humanos, de esta cadena particular de desplazamientos,   suicidio y sacrificio (<i>&acirc;tmagh&acirc;ta </i>y <i>&acirc;tmad&acirc;na</i>) parecen tan poco distintas   como una aprobaci&oacute;n &quot;interior&quot; (autoconocimiento) y una &quot;exterior&quot; (ecolog&iacute;a).</p>     <p align="justify">Este espacio   filos&oacute;fico, sin embargo, no admite a la autoinmolaci&oacute;n de la mujer. A ella la   vemos d&oacute;nde se hace espacio para suicidios aprobados que no pueden reclamar   conocimiento- verdadero como un estado que es, de todos modos, f&aacute;cilmente verificable   y pertenece al &aacute;rea del <i>sruti </i>(lo que es o&iacute;do) en vez de <i>smirti </i>(lo que es recordado). Esta excepci&oacute;n a la regla general sobre   el suicidio anula la identidad fenomenal de la autoinmolaci&oacute;n si se ejecuta en   ciertos lugares m&aacute;s que si se ejecuta en un cierto estado de ilustraci&oacute;n. De   este modo, pasamos de una aprobaci&oacute;n interior –conocimiento-verdadero– a una exterior   –lugar de peregrinaje–. Es posible para una mujer ejecutar <i>este </i>tipo de (no) suicidio<a href="#pie33" name="spie33"><sup>33</sup></a>.</p>     <p align="justify">Incluso este no   es el lugar <i>correcto </i>para que la mujer anule el nombre   propio del suicidio mediante la destrucci&oacute;n del propio yo. Para ella sola es   aprobada la autoinmolaci&oacute;n sobre la pira del esposo muerto. (Los pocos ejemplos   masculinos citados en la antig&uuml;edad hind&uacute; de autoinmolaci&oacute;n sobre la pira de   alguien m&aacute;s, en tanto pruebas de entusiasmo y devoci&oacute;n a un amo o superior,   revelan la estructura de dominaci&oacute;n dentro del rito). Este suicidio que no es   suicidio puede ser le&iacute;do como un simulacro tanto de conocimiento-verdadero como   de devoci&oacute;n de lugar. Si es lo primero, es como si el conocimiento <i>en un sujeto </i>de su propia   insubstancialidad y pura fenomenalidad fuera dramatizado a fin de que el esposo   muerto se convirtiera en ejemplo exteriorizado y lugar del sujeto extinguido y   la viuda se convirtiera en el (no) agente que &quot;lo act&uacute;a&quot;. Si es lo segundo, es como   si la metonimia para todos los lugares sagrados fuera ahora la ardiente cama de   madera, construida por un elaborado ritual, donde el sujeto de la mujer,   legalmente desplazado de ella misma, es consumido. Es en t&eacute;rminos de esta   profunda ideolog&iacute;a del lugar desplazado del sujeto femenino que la paradoja de libre   elecci&oacute;n entra en juego. Para el sujeto masculino, es la dicha del suicidio;   una dicha que anular&aacute; m&aacute;s que establecer su estatus como tal, que ser&aacute;   advertida. Para el sujeto femenino, una autoinmolaci&oacute;n aprobada, incluso si   hace a un lado el efecto de &quot;ca&iacute;da&quot; (<i>p&acirc;taka</i>) asociada a un suicidio no aprobado, conduce a alabanza por el   acto de elegir sobre otro registro. Por la inexorable producci&oacute;n ideol&oacute;gica del   sujeto sexuado, tal muerte puede ser entendida por el sujeto femenino como un   significante <i>excepcional </i>de su propio deseo,   excediendo la regla general de conducta de una viuda.</p>     <p align="justify">En ciertos   periodos y &aacute;reas esta regla excepcional se convirti&oacute;en la regla general de una   forma espec&iacute;fica de clase. Ashis Nandy conecta su marcado predominio en el   siglo dieciocho y principios del diecinueve en Bengala con factores que van del   control de la poblaci&oacute;n a la misoginia comunal (Nandy, 1975). Ciertamente su predominio all&iacute; en los siglos previos se debi&oacute;   a que en Bengala, a diferencia del resto de la India, las viudas pod&iacute;an heredar   propiedades. De este modo, lo que los brit&aacute;nicos ven como pobres mujeres hechas   v&iacute;ctimas yendo al matadero es de hecho un campo de batalla ideol&oacute;gico. Como P.   V. Kane, el gran historiador del <i>Dharmas&acirc;stra</i>, ha observado correctamente. &quot;En Bengala &#91;el hecho de que&#93; la   viuda de un miembro sin hijos a&uacute;n, de una familia hind&uacute; colectiva tuviera   derecho a pr&aacute;cticamente los mismos derechos sobre la propiedad de la familia colectiva   que su difunto esposo habr&iacute;a tenido... debe haber inducido con frecuencia a los   miembros sobrevivientes a desembarazarse de la viuda recurriendo en la hora m&aacute;s   angustiosa a su devoci&oacute;n y amor por su esposo&quot; (HD, II. 2: 635).</p>     <p align="justify">Incluso hombres   ben&eacute;volos y brillantes fueron y son simpatizantes del &quot;valor&quot; de la libre   elecci&oacute;n de la mujer en esta materia. Ellos aceptan de este modo la producci&oacute;n   del sujeto subalterno sexuado: &quot;La India moderna no justifica la pr&aacute;ctica del <i>sati</i>, pero es una mentalidad deformada la que reprende a los indios   modernos de expresar admiraci&oacute;n y reverencia por el fresco y decidido valor de   las mujeres indias que se convert&iacute;an en <i>satis </i>o que ejecutaban el <i>jahuar </i>para valorar sus ideales de conducta femenina&quot; (HD, II. 2: 636). Lo que Jean-Fran&ccedil;ois Lyotard ha llamado <i>le diff&eacute;rend</i>, la inaccesibilidad de, o   intraducibilidad de, un modo de discurso en disputa con otro es v&iacute;vidamente ilustrado   aqu&iacute; (Lyotard, 1984). As&iacute; como el discurso de lo que los brit&aacute;nicos perciben como   un ritual pagano es transformado<a href="#pie34" name="spie34"><sup>34</sup></a> –pero no traducido, habr&iacute;a dicho Lyotard– en lo que los   brit&aacute;nicos perciben como crimen, un diagn&oacute;stico del libre albedr&iacute;o femenino es   sustituido por otro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por supuesto, la   autoinmolaci&oacute;n de viudas no era una prescripci&oacute;n ritual <i>invariable</i>. Si, a pesar de todo, la   viuda decide propasar el c&oacute;digo del ritual, retroceder es una transgresi&oacute;n para   la que es prescrita un tipo particular de penitencia<a href="#pie35" name="spie35"><sup>35</sup></a>. Con el oficial de polic&iacute;a brit&aacute;nico local supervisando la   inmolaci&oacute;n, ser disuadida despu&eacute;s de haber tomado la decisi&oacute;n era, por   contraste, una marca de verdadero libre albedr&iacute;o, una elecci&oacute;n de libertad. La   ambig&uuml;edad de la posici&oacute;n de la elite colonial ind&iacute;gena se manifiesta en la   romantizaci&oacute;n nacionalista de la pureza, la fuerza y el amor de estas mujeres   auto-sacrificadas. Los dos retratos t&iacute;picos son el himno de Rabindranath Tagore   a las &quot;autorenunciantes abuelas paternas de Bengala&quot; y el elogio del <i>suttee </i>de Ananda Coomaraswamy como   &quot;esta &uacute;ltima prueba de perfecta unidad de cuerpo y alma&quot; (citado en Sena, 1925, vol, 2: 913-914).</p>     <p align="justify">Obviamente no   estoy apoyando el matar viudas. Estoy sugiriendo que, dentro de las dos   versiones en pugna de libertad, la constituci&oacute;n del sujeto femenino en vida es   el lugar del <i>diff&eacute;rend</i>. En el caso de la autoinmolaci&oacute;n   de la viuda, el ritual no est&aacute; siendo redefinido como superstici&oacute;n sino como <i>crimen</i>. La gravedad del <i>sati </i>era la de estar ideol&oacute;gicamente cargado como &quot;recompensa&quot;, tal y   como la gravedad del imperialismo era el estar ideol&oacute;gicamente cargado como   &quot;misi&oacute;n social&quot;. La comprensi&oacute;n de Thompson sobre el <i>sati </i>como &quot;castigo&quot; est&aacute; lejos de lo se&ntilde;alado:</p>     <blockquote>       <p align="justify">Puede parecer     injusto e il&oacute;gico que los mongoles, quienes empalaban libremente y desollaban     vivas a sus v&iacute;ctimas, o los nacionales de Europa, cuyos pa&iacute;ses tienen tan     feroces c&oacute;digos penales y que hab&iacute;an conocido, escasamente un siglo antes de     que el <i>suttee </i>impresionara la       conciencia de los ingleses, org&iacute;as de quema de brujas y persecuci&oacute;n religiosa,       se hubieran sentido como lo hicieron acerca del <i>suttee</i>. Pero las diferencias         vistas por &eacute;stos ser&iacute;an que las v&iacute;ctimas de sus crueldades eran torturadas por         una ley que las ve&iacute;a como transgresores, mientras que las v&iacute;ctimas del <i>suttee </i>no eran           castigadas por una transgresi&oacute;n sino por la debilidad f&iacute;sica que las hab&iacute;a           puesto a merced del hombre. El rito parec&iacute;a probar una depravaci&oacute;n y una arrogancia           tales que ninguna otra ofensa hab&iacute;a tra&iacute;do a la luz (Thompson, 1928: 132).</p> </blockquote>     <p align="justify">A lo largo de la   mitad y al final del siglo dieciocho, en el esp&iacute;ritu de la codificaci&oacute;n de la   ley, los brit&aacute;nicos en la India colaboraron y consultaron con brahmanes   eruditos para juzgar si el <i>suttee </i>era legal bajo su versi&oacute;n homogeneizada de la ley hind&uacute;. La   colaboraci&oacute;n fue a menudo idiosincr&aacute;sica, como en el caso del significado de   ser disuadida. A veces, como en la prohibici&oacute;n <i>S&acirc;strica </i>contra la inmolaci&oacute;n de   viudas con hijos peque&ntilde;os, la colaboraci&oacute;n brit&aacute;nica parece confusa<a href="#pie36" name="spie36"><sup>36</sup></a>. Al comienzo del siglo diecinueve, las autoridades brit&aacute;nicas,   y especialmente los brit&aacute;nicos en Inglaterra, sugirieron repetidamente que la   colaboraci&oacute;n hac&iacute;a parecer como si los brit&aacute;nicos excusaran esta pr&aacute;ctica.   Cuando la ley fue escrita finalmente, la historia del largo periodo de   colaboraci&oacute;n fue borrada, y el lenguaje celebr&oacute; al hind&uacute; noble que estaba en   contra del hind&uacute; malo, a quien se le atribu&iacute;an atrocidades salvajes:</p>     <blockquote>       <p align="justify">La pr&aacute;ctica del <i>Suttee</i>... es repugnante para el     sentimiento de la naturaleza humana... En muchas instancias, actos de atrocidad     han sido perpetrados, los cuales han sido estremecedores para los hind&uacute;es mismos...     Motivado por estas consideraciones el Gobernador General en el Concejo, sin     pretender apartarse de uno de los primeros y m&aacute;s importantes principios del     sistema de gobierno brit&aacute;nico en la India de que todas las clases del pueblo     est&eacute;n seguras en la observancia de sus costumbres religiosas, con la condici&oacute;n     de que el sistema pueda ser adherido sin violar los dictados supremos de la     justicia y la humanidad, ha estimado establecer las siguientes normas (HD, II, 2: 624-625).</p> </blockquote>     <p align="justify">Por supuesto no   fue comprendido que esta era una ideolog&iacute;a alternativa de la aprobaci&oacute;n   clasificada del suicidio como excepci&oacute;n, m&aacute;s que su inscripci&oacute;n como pecado.   Tal vez el <i>sati </i>debi&oacute; haber sido le&iacute;do como martirio, con el difunto esposo   ocupando el lugar del Uno trascendental; o como guerra, con el esposo ocupando el   lugar del soberano o del estado, por cuya causa una ideolog&iacute;a intoxicante de   auto-sacrificio puede ser implementada. En realidad, fue categorizada como   asesinato, infanticidio y el abandono letal de los m&aacute;s viejos. El dudoso lugar   del libre albedr&iacute;o del sujeto sexuado constituido como mujer fue exitosamente   borrado. No hay itinerario que podamos trazar de nuevo aqu&iacute;. Puesto que los otros   suicidios aprobados no implicaban la escena de esta constituci&oacute;n, no formaban   parte ni del campo de batalla ideol&oacute;gico de origen arcaico –la tradici&oacute;n del <i>Dramas– </i>ni de la escena de la   reinscripci&oacute;n del ritual como crimen –la abolici&oacute;n brit&aacute;nica–. La &uacute;nica transformaci&oacute;n   relacionada fue la reinscripci&oacute;n de Mahatma Gandhi de la noci&oacute;n de <i>saty&acirc;graha</i>, o huelga de hambre como   resistencia. Pero este no es el lugar para discutir los detalles de ese mar de cambios.   Simplemente invitar&iacute;a al lector a comparar las auras del sacrificio de viudas y   la resistencia gandhiana. La ra&iacute;z en la primera parte de <i>saty&acirc;graha </i>y de <i>sati </i>es la misma.</p>     <p align="justify">Desde el   principio de la era pur&aacute;nica (400 d. C.   aproximadamente) los brahmanes cultos debat&iacute;an el buen uso doctrinal del <i>sati </i>como suicidios aprobados en lugares sagrados en general. (Este   debate contin&uacute;a en forma acad&eacute;mica). A veces el origen de casta con respecto a   la pr&aacute;ctica estaba en cuesti&oacute;n. La ley general para viudas, que ellas debieran   observar, <i>brahmacarya</i>, fue, sin embargo, a duras   penas debatida. No es suficiente traducir <i>brahmacarya </i>como &quot;celibato&quot;. Debe reconocerse que, de las cuatro edades del   ser en la psicobiograf&iacute;a <i>regulativa </i>hind&uacute; –o brahm&aacute;nica–, <i>brahmacarya </i>es la pr&aacute;ctica social anterior a la inscripci&oacute;n de parentesco   del matrimonio. En el hombre –viudo o casado–se grad&uacute;a del <i>v&acirc;naprastha </i>(vida en el bosque) y pasa al   celibato maduro y renunciaci&oacute;n de <i>samny&acirc;sa </i>(dejar a un lado)<a href="#pie37" name="spie37"><sup>37</sup></a>. La mujer como esposa es indispensable para <i>g&acirc;rhasthya</i>, o domesticidad y puede   acompa&ntilde;ar a su esposo en la vida en el bosque. Ella no tiene acceso –de acuerdo   con la aprobaci&oacute;n brahm&aacute;nica– al celibato final del ascetismo, o <i>samny&acirc;sa</i>. La mujer como viuda, por   la ley general de la doctrina sagrada, debe retroceder a una anterioridad   transformada en estaticidad. Los males institucionales que acompa&ntilde;an esta ley   son bien conocidos; estoy considerando su efecto asim&eacute;trico sobre la formaci&oacute;n ideol&oacute;gica   del sujeto sexuado. Es m&aacute;s significativo, entonces, que no hubiera debate sobre   este destino no-excepcional de las viudas –entre los hind&uacute;es o entre los   hind&uacute;es y los brit&aacute;nicos– que aquello de la prescripci&oacute;n <i>excepcional </i>de la autoinmolaci&oacute;n fuera   condenado activamente<a href="#pie38" name="spie38"><sup>38</sup></a>. La posibilidad de recuperar aqu&iacute; un sujeto subalterno   –sexualmente– se pierde y est&aacute; decidido una vez m&aacute;s.</p>     <p align="justify">Esta asimetr&iacute;a   legalmente programada en el estatus del sujeto que define efectivamente a la   mujer como objeto de <i>un </i>esposo, opera obviamente a favor del sujeto-estatus legalmente   sim&eacute;trico del hombre. Consecuentemente, la autoinmolaci&oacute;n de la viuda convierte   el caso extremo en ley general m&aacute;s que en una excepci&oacute;n de esta. No es   sorprendente, entonces, leer sobre recompensas celestiales para el <i>sati</i>, donde la cualidad de ser el objeto de un &uacute;nico poseedor es   enfatizada por medio de la rivalidad con otras mujeres, ext&aacute;ticas bailarinas   celestiales &eacute;stas, parangones de belleza femenina y placer masculino quienes   cantan en su alabanza: &quot;En el para&iacute;so ella, devota &uacute;nica a su marido, y alabada   por grupos de <i>apsar&acirc;s </i>&#91;bailarinas celestiales&#93;,   juega con su marido mientras que gobiernen catorce Indras&quot; (HD, II. 2: 631).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La profunda   iron&iacute;a de ubicar el libre albedr&iacute;o de la mujer en la autoinmolaci&oacute;n es revelada   una vez m&aacute;s en un verso que acompa&ntilde;a al anterior: &quot;Mientras que la mujer &#91;como   esposa: <i>stri</i>&#93; no arda ella misma sobre el fuego de la muerte de su esposo,   ella nunca es liberada &#91;<i>mucyate</i>&#93; de su cuerpo femenino &#91;<i>strisar&icirc;r</i>, por ejemplo, en el ciclo de nacimientos&#93;&quot;. Incluso en tanto   opera la liberaci&oacute;n general m&aacute;s sutil de la capacidad de acci&oacute;n individual, el   suicidio aprobado peculiar para la mujer traza su fuerza ideol&oacute;gica <i>identificando </i>la agencia   individual con la supraindividual: m&aacute;tate t&uacute; misma en la pira de tu esposo   ahora, y podr&aacute;s matar tu cuerpo femenino en el ciclo entero de nacimientos.</p>     <p align="justify">En un giro   adicional de la paradoja, este &eacute;nfasis sobre el libre albedr&iacute;o establece el   infortunio peculiar de tener un cuerpo femenino. La palabra para el yo que es   realmente quemado es la palabra est&aacute;ndar para esp&iacute;ritu en el m&aacute;s noble sentido   (<i>atman</i>), mientras que el verbo &quot;liberar&quot;, por medio de la ra&iacute;z para   salvaci&oacute;n en el m&aacute;s noble sentido (<i>muc</i>&#1048774;<i>moska</i>) est&aacute; en el pasivo (<i>mocyate</i>), y la palabra para aquello que es anulado en el ciclo de nacimiento   es la palabra usual para cuerpo. El mensaje ideol&oacute;gico se escribe a s&iacute; mismo en   la benevolente admiraci&oacute;n de los historiadores masculinos del siglo veinte: &quot;El <i>Jahuar </i>&#91;autoinmolaci&oacute;n en grupo de   viudas de guerra Rajput aristocr&aacute;ticas o de inminentes viudas de guerra&#93;   practicado por las damas Rajput de Chitor y otros lugares para salvarse ellas   mismas de indecibles atrocidades a manos de los musulmanes victoriosos es bien   conocido para necesitar cualquier otra explicaci&oacute;n&quot; (HD, II, 2: 629). </p>     <p align="justify">Aunque <i>jahuar </i>no es, estrictamente   hablando, un acto de <i>sati</i>, y aunque no deseo hablar a favor de la violencia sexual aceptada   de los ej&eacute;rcitos masculinos conquistadores, &quot;musulmanes&quot; o cualquier otro, la   autoinmolaci&oacute;n femenina ante esta posibilidad es una legitimaci&oacute;n de la   violaci&oacute;n como &quot;natural&quot; y funciona, a largo plazo, a favor de la exclusiva   posesi&oacute;n genital de la mujer. La violaci&oacute;n en grupo perpetrada por los   conquistadores es una celebraci&oacute;n meton&iacute;mica de la adquisici&oacute;n territorial. Tal   como la ley general para las viudas no fue cuestionada, as&iacute; este acto de   hero&iacute;smo femenino persiste entre las historias patri&oacute;ticas contadas a los   ni&ntilde;os, operando as&iacute; sobre el nivel m&aacute;s natural de reproducci&oacute;n ideol&oacute;gica. Esto   tambi&eacute;n cumple un tremendo papel, precisamente como significante   sobredeterminado, actuando en el comunalismo hind&uacute;. Simult&aacute;neamente, la cuesti&oacute;n   m&aacute;s amplia del sujeto sexuado es ocultada poniendo en primer plano la violencia   del <i>sati</i>. La tarea de recuperar un sujeto –sexualmente– subalterno se   pierde en una textualidad institucional en su origen arcaico.</p>     <p align="justify">Como mencion&eacute;   arriba, cuando el estatus de sujeto legal como propietario pod&iacute;a ser   temporalmente otorgado al sobreviviente <i>femenino</i>, la autoinmolaci&oacute;n de viudas fue rigurosamente forzada. Raghunandana,   el &uacute;ltimo legalista de los siglos quince-diecis&eacute;is, cuya interpretaci&oacute;n le   presta supuestamente la m&aacute;s grande autoridad a tal ejecuci&oacute;n, toma como su   texto un curioso pasaje del <i>Rig-Veda</i>, el m&aacute;s antiguo de los textos sagrados hind&uacute;es, el primero de   los <i>Srutis</i>. Haciendo esto est&aacute; siguiendo una tradici&oacute;n centenaria,   conmemorando una mala interpretaci&oacute;n peculiar y transparente en el preciso   lugar de aprobaci&oacute;n. Aqu&iacute; est&aacute; el verso bosquejando ciertos pasos dentro de los   ritos para los muertos. Incluso para una lectura sencilla es claro que &quot;no est&aacute;   dirigido a viudas del todo, sino a las esposas de la casa del hombre muerto,   cuyos maridos estaban vivos&quot;. &iquest;Por qu&eacute; entonces fue tomado como una   interpretaci&oacute;n importante? Esta, no marcada transposici&oacute;n del marido muerto por   el vivo, est&aacute; en un orden diferente de misterio en el origen arcaico de los   casos que hemos estado discutiendo: &quot;Dejen que aquellas cuyos esposos son   dignos y que viven entren a la casa con mantequilla clarificada en sus ojos.   Dejen que aquellas esposas pasen primero a la casa, sin l&aacute;grimas, lozanas y   bien adornadas&quot; (HD, II, 2: 634). Pero esta crucial transposici&oacute;n no es el &uacute;nico error aqu&iacute;. La   autoridad se aloja en un pasaje discutido y en una lectura alterna. En la segunda   l&iacute;nea, traducida aqu&iacute; &quot;Dejen que aquellas esposas pasen primero a la casa&quot;, la   palabra para primero es <i>agr&eacute;</i>. Algunos la han le&iacute;do como <i>agn&eacute;</i>, &quot;Oh Fuego&quot;. Como Kane aclara, no obstante, &quot;incluso sin este   cambio Apararka y otros conf&iacute;an para la pr&aacute;ctica del <i>sati </i>en este verso&quot; (HD, IV, 2: 199). Aqu&iacute; est&aacute; otra pantalla alrededor de un origen de la historia   del sujeto femenino subalterno. Es una onirocr&iacute;tica hist&oacute;rica que uno deber&iacute;a   realizar a una declaraci&oacute;n como: &quot;&iquest;Debe admitirse por consiguiente que bien los MSS son corruptos o que Raghunandana cometi&oacute; un error inocente&quot; (HD, II, 2: 634)? Deber&iacute;a mencionarse que el resto del poema es bien acerca de   la ley general de <i>brahmacarya</i>- en-estaticidad para   viudas, con respecto a la cual <i>sati </i>es una excepci&oacute;n, o bien acerca del <i>niyoga </i>– &quot;se&ntilde;alar a un hermano o alg&uacute;n   pariente cercano para ocupar el lugar del esposo fallecido cas&aacute;ndose con su   viuda&quot;<a href="#pie39" name="spie39"><sup>39</sup></a>.</p>     <p align="justify">Si P. V. Kane es   la autoridad sobre la historia del <i>Dharmas&acirc;stra</i>, el texto de Mulla <i>Principios de     la ley hind&uacute; </i>es la gu&iacute;a pr&aacute;ctica. Es parte del texto hist&oacute;rico de lo que   Freud llam&oacute; &quot;l&oacute;gica del hervidor&quot; que estamos desenredando aqu&iacute;, a lo que aduce   el trabajo de Mulla, de manera tan definitiva, que el verso del <i>Rig- Veda </i>bajo consideraci&oacute;n era   prueba de que &quot;las segundas nupcias de las viudas y el divorcio eran reconocidos   en algunos de los antiguos textos&quot; (Mulla, 1982: 184).</p>     <p align="justify">Uno no puede   sino preguntarse acerca del papel de la palabra <i>yon&icirc;. </i>En contexto, con el adverbio de lugar <i>agr&eacute; </i>(enfrente), la palabra significa &quot;lugar para vivir&quot;. Pero eso no   desvanece su sentido primario de &quot;genital&quot; –tal vez todav&iacute;a no espec&iacute;ficamente genital <i>femenino–</i>. &iquest;C&oacute;mo podemos tomar como   autoridad para la elecci&oacute;n de la autoinmolaci&oacute;n de una viuda un pasaje que   celebra la entrada de esposas adornadas a un lugar para vivir invocado en esta ocasi&oacute;n   por su nombre-<i>yon&icirc;</i>, a tal grado que el icono extracontextual es casi una entrada   en la producci&oacute;n c&iacute;vica o nacimiento? Parad&oacute;jicamente, la relaci&oacute;n imaginaria   de vagina y fuego presta una clase de fuerza a la autoridad atribuida<a href="#pie40" name="spie40"><sup>40</sup></a>. Esta paradoja es reforzada por la modificaci&oacute;n de Raghunandana   del verso para leer, &quot;D&eacute;jenlas primero ascender la morada <i>fluida </i>&#91;u origen, con, por   supuesto, el nombre-<i>yon&icirc; </i>–un <i>rôhantu jalayônimagn&eacute;</i>&#93;, Oh fuego &#91;o   de fuego&#93;&quot;. &iquest;Por qu&eacute; se deber&iacute;a aceptar que esto &quot;probablemente significa&quot; &quot;el   fuego puede ser para ellas tan fresco como el agua&quot; (HD, II, 2: 634)? El fluido genital de fuego, una fraseolog&iacute;a corrupta, puede   representar una indeterminaci&oacute;n sexual proporcionando un simulacro para la   indeterminaci&oacute;n intelectual de <i>tattvajn&acirc;na </i>–conocimiento verdadero–.</p>     <p align="justify">He escrito   arriba acerca de la contranarrativa construida de la conciencia de la mujer, y   as&iacute;, del ser mujer, y as&iacute;, el que la mujer sea buena, y as&iacute;, el deseo de la   mujer buena, y as&iacute;, del deseo de la mujer. Este deslizamiento puede ser visto   en la fractura inscrita en la propia palabra <i>sati</i>, la forma femenina de <i>sat</i>. El <i>sat </i>trasciende cualquier noci&oacute;n espec&iacute;fica de g&eacute;nero de masculinidad   y asciende no s&oacute;lo a universalidad humana sino tambi&eacute;n a la espiritual. Es el participio   presente del verbo &quot;ser&quot; y como tal no s&oacute;lo significa ser sino la Verdad, lo   Bueno, lo Justo. Esta es su esencia en los textos sagrados, esp&iacute;ritu universal.   Incluso como prefijo indica apropiado, feliz, adecuado. Es lo suficientemente noble   para haber entrado al discurso m&aacute;s privilegiado de la filosof&iacute;a occidental   moderna: la meditaci&oacute;n de Heidegger sobre el Ser (Heidegger, 1961: 58). <i>Sati</i>, el femenino de esta palabra, significa simplemente &quot;buena   esposa&quot;.</p>     <p align="justify">Este es el   momento para anunciar que <i>sati </i>o <i>suttee </i>como nombre propio del rito   de autoinmolaci&oacute;n de viudas conmemora un error gram&aacute;tico de parte de los   brit&aacute;nicos, casi igual que la nomenclatura &quot;indio americano&quot; conmemora un error   f&aacute;ctico de Col&oacute;n. La palabra en los distintos lenguajes de la India es &quot;la quema   de la <i>sati</i>&quot; o de la buena esposa, quien de ese modo escapa la estaticidad   regresiva de la viuda en <i>brahmacarya</i>. Esto ejemplifica las sobredeterminaciones de la situaci&oacute;n de   raza, clase, g&eacute;nero. Esto tal vez puede ser comprendido aun cuando se la   aplana: hombres blancos, buscando salvar mujeres caf&eacute;s de hombres caf&eacute;s,   imponen sobre estas mujeres una constricci&oacute;n ideol&oacute;gica m&aacute;s grande   identificando absolutamente, <i>dentro de la     pr&aacute;ctica discursiva</i>, buena esposa con autoinmolaci&oacute;n en la pira del esposo. Sobre   el costado de esta forma de constituir el <i>objeto</i>, la abolici&oacute;n –o remoci&oacute;n– de lo que pod&iacute;a proveer la ocasi&oacute;n   para establecer una buena sociedad, distinguida de la meramente civil, es la   manipulaci&oacute;n hind&uacute; de la constituci&oacute;n del <i>sujeto </i>femenino que he tratado de discutir.</p>     <p align="justify">(Ya he   mencionado el <i>Suttee </i>de Edward Thompson,   publicado en 1928. No puedo hacer justicia aqu&iacute; a este espec&iacute;men perfecto de   verdadera justificaci&oacute;n del imperialismo como misi&oacute;n civilizadora. En ninguna   parte de su libro, escrito por alguien que declaradamente &quot;ama a la India&quot;, hay   alg&uacute;n cuestionamiento de la &quot;beneficiosa crueldad&quot; de los brit&aacute;nicos en la   India motivados por el expansionismo territorial o por el manejo del capital   industrial (Thompson, 1928: 37). El problema con su libro es, ciertamente, un problema de   representaci&oacute;n, la construcci&oacute;n de una &quot;India&quot; continua y homog&eacute;nea en t&eacute;rminos   de cabezas de estado y administradores brit&aacute;nicos, desde la perspectiva de &quot;un   hombre de buen sentido&quot; que ser&iacute;a la transparente voz razonable de la   humanidad. &quot;India&quot; puede ser representada en otro sentido, por sus amos   imperiales. La raz&oacute;n para referirse aqu&iacute; al <i>suttee </i>es el astuto aprovechamiento de Thompson de la palabra <i>sati </i>como &quot;fiel&quot; en la primera frase de su libro, una traducci&oacute;n inexacta   que es, sin embargo, un permiso ingl&eacute;s para la inserci&oacute;n del sujeto femenino en   el discurso del siglo veinte)<a href="#pie41" name="spie41"><sup>41</sup></a>.</p>     <p align="justify">Consid&eacute;rese la   alabanza de Thompson de la apreciaci&oacute;n del general Charles Hervey del problema   del <i>sati</i>:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify">Hervey tiene un     pasaje en el que manifiesta la piedad de un sistema que buscaba s&oacute;lo la     hermosura y la constancia en la mujer. &Eacute;l obtuvo los nombres de <i>satis </i>que hab&iacute;an muerto en las       piras de los Rajaes de Bikanir; ellas ten&iacute;an nombres como &quot;Reina Radiante, Rayo       de Sol, Delicia de Amor, Guirnalda, Virtud Encontrada, Eco, Ojo Suave, Comodidad,       Rayo de Luna, Despecho de Amor, Coraz&oacute;n Amado, Juego de Ojos, Nacida entre los       &Aacute;rboles, Sonrisa, Capullo de Amor, Buen Augurio, Vestida de Niebla, o Brote de       Nube&quot; –el &uacute;ltimo es el nombre de una favorita–.</p> </blockquote>     <p align="justify">Imponiendo, una   vez m&aacute;s, las demandas t&iacute;picas de la clase alta victoriana sobre &quot;su mujer&quot; –su   frase preferida–, Thompson se apropia de la mujer hind&uacute; como suya para salvarla   del &quot;sistema&quot;. Bikaner queda en Rajast&aacute;n; y cualquier discusi&oacute;n sobre quema de   viudas de Rajast&aacute;n, especialmente dentro de la clase dirigente, estaba   &iacute;ntimamente ligada a la construcci&oacute;n positiva o negativa del comunalismo hind&uacute;   –o ario–.</p>     <p align="justify">Una mirada a los   nombres pat&eacute;ticamente mal escritos de las <i>satis </i>de los artesanos, campesinos, prestamistas, cl&eacute;rigos y grupos sociales   comparables en Bengala, donde las <i>satis </i>fueron m&aacute;s comunes, no habr&iacute;a producido tal cosecha –el adjetivo   preferido de Thompson para los bengal&iacute;es es &quot;imb&eacute;ciles&quot;–. O talvez s&iacute;. No hay   pasatiempo m&aacute;s peligroso que cambiar nombres propios a nominales comunes,   traduci&eacute;ndolos y us&aacute;ndolos como evidencia sociol&oacute;gica. Yo trat&eacute; de reconstruir   los nombres de esa lista y empec&eacute; a sentir la arrogancia de Hervey-Thompson.   Por ejemplo, &iquest;qu&eacute; pudo haber sido &quot;Comodidad&quot;? &iquest;Era <i>Shanti</i>? Los lectores recordar&aacute;n la &uacute;ltima l&iacute;nea de <i>La tierra bald&iacute;a </i>de T. S. Eliot.   All&iacute; la palabra soporta la marca de una clase de estereotipo de la India –la   grandeza de los ecum&eacute;nicos <i>Upanishads</i>. &iquest;O era <i>swasti</i>? Los lectores se acordar&aacute;n de la <i>swastica</i>, la marca ritual brahm&aacute;nica   de la comodidad dom&eacute;stica –como en &quot;Dios bendiga nuestro hogar&quot;– estereotipada   en una parodia criminal de hegemon&iacute;a aria. Entre estas dos apropiaciones,   &iquest;d&oacute;nde est&aacute; nuestra bella y constante viuda ardiente? El aura de los nombres le   debe m&aacute;s a escritores como Edward Fitzgerald, el &quot;traductor&quot; de los <i>Rubayyat </i>de Omar Khayyam quien ayud&oacute;   a construir una cierta imagen de la mujer oriental por medio de la supuesta   &quot;objetividad&quot; de la traducci&oacute;n, m&aacute;s que por la exactitud sociol&oacute;gica –el <i>Orientalismo </i>de Said, 1978, sigue siendo aqu&iacute; el texto autorizado–. De acuerdo con este   tipo de consideraci&oacute;n, la traducci&oacute;n de los nombres propios de un conjunto   aleatorio de fil&oacute;sofos franceses contempor&aacute;neos o de directores de prestigiosas   corporaciones del sur de Estados Unidos dar&iacute;a evidencia de una feroz inversi&oacute;n   en una teocracia arcang&eacute;lica y hagioc&eacute;ntrica. Tales trucos de la pluma pueden   ser perpetuados tambi&eacute;n sobre los &quot;sustantivos comunes&quot;, pero el nombre propio   es m&aacute;s susceptible al truco. Y es el truco brit&aacute;nico con el <i>sati </i>lo que estamos discutiendo. Despu&eacute;s de tal domesticaci&oacute;n del   sujeto, Thompson puede escribir, bajo el encabezamiento &quot;La sicolog&iacute;a del &#39;<i>Sati</i>&quot;: &quot;He pretendido tratar de examinar esto; pero lo cierto es que   ya no me genera perplejidad&quot; (Thompson, 1928: 137).</p>     <p align="justify">Entre   patriarcado e imperialismo, constituci&oacute;n del sujeto y formaci&oacute;n del objeto,   desaparece la figura de la mujer, no dentro de una nada pr&iacute;stina, sino dentro   de un violento ir y venir que es la figuraci&oacute;n desplazada de la &quot;mujer del   tercer mundo&quot; atrapada entre la tradici&oacute;n y la modernizaci&oacute;n. Estas   consideraciones revisar&iacute;an cada detalle de los juicios que parecen v&aacute;lidos para   una historia de la sexualidad en Occidente: &quot;Tal ser&iacute;a la caracter&iacute;stica de la   represi&oacute;n, la que la distinguir&iacute;a de las prohibiciones sostenidas por la ley   penal simple: la represi&oacute;n funciona bien como una sentencia a desaparecer, pero   tambi&eacute;n como un mandato al silencio, afirmaci&oacute;n de no-existencia; y consecuentemente   establece que de todo esto no hay nada que decir, que ver o conocer&quot; (Foucault, 1980: 4). El caso del <i>suttee </i>como ejemplo de la mujer-en-el-imperialismo podr&iacute;a desafiar y   reconstruir esta oposici&oacute;n entre sujeto –ley– y objeto de conocimiento –represi&oacute;n–   y marcar el lugar de la &quot;desaparici&oacute;n&quot; con algo m&aacute;s que el silencio y la   no-existencia, una violenta apor&iacute;a entre el estatus del sujeto y del objeto.</p>     <p align="justify">Sati como nombre   propio de mujer es de uso muy extendido hoy en la India. Llamar a una ni&ntilde;a &quot;una   buena esposa&quot; tiene su propia iron&iacute;a prof&eacute;tica, y la iron&iacute;a se hace m&aacute;s grande   porque este sentido de sustantivo com&uacute;n no es el operador primario en el nombre   propio<a href="#pie42" name="spie42"><sup>42</sup></a>. Tras el nombramiento de la ni&ntilde;a est&aacute; <i>el </i>Sati de la mitolog&iacute;a hind&uacute;, Durga en su manifestaci&oacute;n como buena   esposa<a href="#pie43" name="spie43"><sup>43</sup></a>. En una parte de la historia, Sati –ya es llamada as&iacute;– llega a   la corte de su padre sin ser invitada, en ausencia, incluso, de una invitaci&oacute;n   para su divino esposo Siva. Su padre empieza a ultrajar a Siva y Sati muere de   dolor. Siva llega furioso y baila sobre el universo con el cuerpo de Sati sobre   su hombro. Vishnu descuartiza el cuerpo y las partes son esparcidas sobre la   tierra. Alrededor de cada parte como reliquia hay un gran lugar de   peregrinaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Figuras como la   diosa Atenea –&quot;hijas del padre auto-declaradamente no contaminadas por el   &uacute;tero&quot;– son &uacute;tiles para establecer el autoenvilecimiento ideol&oacute;gico de las   mujeres, lo cual debe ser diferenciado de una actitud deconstructiva hacia el sujeto   esencialista. La historia de la m&iacute;tica Sati, invirtiendo cada narratema del   rito, realiza una funci&oacute;n similar: el esposo viviente venga la muerte de la   esposa, una transacci&oacute;n entre grandes dioses masculinos ejecuta la destrucci&oacute;n   del cuerpo femenino y lo inscribe as&iacute; a la tierra como una geograf&iacute;a sagrada.   Ver esto como una prueba de feminismo del hinduismo cl&aacute;sico o de una cultura   india centrada en diosas y por lo tanto feminista es una posici&oacute;n tan   ideol&oacute;gicamente contaminada de nativismo o etnocentrismo inverso como fue imperialista   borrar la imagen de la luminosa luchadora Madre Durga y revestir el nombre   propio Sati sin otro significado distinto que el del ardiente ritual de la indefensa   viuda como ofrenda de sacrificio que puede entonces ser salvada. No hay espacio   desde el cual pueda hablar el sujeto subalterno sexuado.</p>     <p align="justify">Si los oprimidos   por el capital socializado no necesariamente tienen acceso sin mediaci&oacute;n a la   resistencia &quot;correcta&quot;, &iquest;puede la ideolog&iacute;a del <i>sati</i>, viniendo de la historia de la periferia, ser absorbido<a href="#pie44" name="spie44"><sup>44</sup></a> dentro de alg&uacute;n modelo de pr&aacute;ctica intervencionista? Puesto que   este ensayo opera sobre la noci&oacute;n de que todas aquellas nostalgias bien   definidas por los or&iacute;genes perdidos son sospechosas, especialmente como base   para la producci&oacute;n ideol&oacute;gica contrahegem&oacute;nica, debo proceder por la v&iacute;a del   ejemplo<a href="#pie45" name="spie45"><sup>45</sup></a>.</p>     <p align="justify">(El ejemplo que   ofrezco aqu&iacute; no es una s&uacute;plica por alguna violenta hermandad india de   autodestrucci&oacute;n. La definici&oacute;n de la India brit&aacute;nica como hind&uacute; en la ley hind&uacute;   es una de las marcas de la guerra ideol&oacute;gica de los brit&aacute;nicos contra los   gobernantes Mughales isl&aacute;micos en la India; una escaramuza significante en esa   guerra todav&iacute;a sin terminar fue la divisi&oacute;n del subcontinente. Adem&aacute;s, desde mi   punto de vista, los ejemplos individuales de esta clase fallan tr&aacute;gicamente   como <i>modelos </i>de pr&aacute;ctica   intervencionista, puesto que cuestiono la producci&oacute;n de tales modelos. Por otro   lado, como objetos de an&aacute;lisis de discurso para el intelectual no   autorenunciante, pueden iluminar una secci&oacute;n del texto social, no obstante en   una forma fortuita).</p>     <p align="justify">Una joven de   diecis&eacute;is o diecisiete a&ntilde;os, Bhuvaneswari Bhaduri, se colg&oacute; en el modesto   apartamento de su padre en el norte de Calcuta en 1926. El suicidio era un rompecabezas puesto que, como Bhuvaneswari   estaba menstruando en ese momento, claramente no era un caso de embarazo   il&iacute;cito. Cerca de una d&eacute;cada despu&eacute;s, se descubri&oacute; que ella era miembro de uno   de los muchos grupos implicados en la lucha armada por la independencia de la   India. Finalmente se le hab&iacute;a confiado un asesinato pol&iacute;tico. Incapaz de afrontar   la tarea y sin embargo consciente de la necesidad pr&aacute;ctica de lo que se le   hab&iacute;a confiado, ella se mat&oacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Bhuvaneswari   sab&iacute;a que su muerte ser&iacute;a diagnosticada como el resultado de una pasi&oacute;n   ileg&iacute;tima. Por lo tanto hab&iacute;a esperado la llegada de la menstruaci&oacute;n. Mientras   esperaba, Bhuvaneswari, la <i>brahmac&acirc;rini </i>que estaba sin duda buscando un papel de buena esposa, tal vez   reescribi&oacute; el texto social del suicidio <i>sati </i>de una forma intervencionista. (Una explicaci&oacute;n tentativa de su inexplicable   acto habr&iacute;a sido una posible melancol&iacute;a favorecida por las continuas burlas de   su cu&ntilde;ado sobre que ella era demasiado vieja para no estar casada todav&iacute;a).   Ella generaliz&oacute; el motivo aprobado para el suicidio femenino qued&aacute;ndose con el</p>     <p align="justify">inmenso problema   de desplazar –no simplemente negar– en la inscripci&oacute;n fisiol&oacute;gica de su cuerpo,   su confinamiento dentro de la pasi&oacute;n leg&iacute;tima por un solo hombre. En el   contexto inmediato, su acto se convirti&oacute; en un absurdo, un caso de delirio m&aacute;s   que de sanidad. El gesto de desplazamiento –esperando la menstruaci&oacute;n– es en   principio una inversi&oacute;n de la prohibici&oacute;n contra el derecho de las viudas   menstruantes de inmolarse ellas mismas; la viuda impura deb&iacute;a esperar,   p&uacute;blicamente, hasta el ba&ntilde;o purificador del cuarto d&iacute;a, cuando ella ya no est&aacute;   menstruando, para reclamar su dudoso privilegio.</p>     <p align="justify">En esta lectura,   el suicidio de Bhuvaneswari Bhaduri es una reescritura no enf&aacute;tica, <i>ad hoc</i>, subalterna del texto social del <i>sati </i>tanto como el recuento hegem&oacute;nico de la resplandeciente, luchadora   y familiar Durga. Las emergentes posibilidades discrepantes de esa relaci&oacute;n   hegem&oacute;nica de la madre luchadora est&aacute;n bien documentadas y son popularmente   bien recordadas por medio del discurso de los l&iacute;deres masculinos participantes en   el movimiento independentista. El subalterno como femenino no puede ser   escuchado o le&iacute;do.</p>     <p align="justify">S&eacute; de la vida y   muerte de Bhuvaneswari por medio de conexiones familiares. Antes de   investigarlas m&aacute;s profundamente, le ped&iacute; a una mujer bengal&iacute;, fil&oacute;sofa y   sanscritista cuya principal producci&oacute;n intelectual es casi id&eacute;ntica a la m&iacute;a,   que empezara el proceso. Dos r&eacute;plicas: 1) &iquest;Por qu&eacute;, si sus dos hermanas, Saileswari y R&acirc;seswari,   llevaron vidas tan plenas y maravillosas, usted est&aacute; interesada en la   desventurada Bhuvaneswari? 2) Le pregunt&eacute; a sus   sobrinas. Parece que fue un caso de amor il&iacute;cito.</p>     <p align="justify">He tratado de   usar y de ir m&aacute;s all&aacute; de la deconstrucci&oacute;n derrideana, la cual no celebro como   feminismo como tal. Sin embargo, en el contexto de la problem&aacute;tica que he   se&ntilde;alado, encuentro su morfolog&iacute;a mucho m&aacute;s concienzuda y &uacute;til que el   apremiante, compromiso sustantivo con temas m&aacute;s &quot;pol&iacute;ticos&quot; de Foucault y de   Deleuze –la m&aacute;s reciente invitaci&oacute;n a &quot;hacerse mujer&quot;– que puede hacer la   influencia de ellos m&aacute;s peligrosa para la academia de Estados Unidos como   entusiasta radical. Derrida marca la cr&iacute;tica radical con el peligro de   apropiarse del otro por asimilaci&oacute;n. &Eacute;l lee la catacresis en el origen. &Eacute;l   reclama una reescritura del ut&oacute;pico impulso estructural como &quot;reproducir delirante   esa voz interior que es la voz del otro en nosotros&quot;. Debo reconocer aqu&iacute; la   utilidad a largo plazo en Jacques Derrida que ya no encuentro en los autores de <i>La historia de la sexualidad </i>y <i>Mil mesetas</i><a href="#pie46" name="spie46"><sup>46</sup></a><i>.</i></p>     <p align="justify">El subalterno no   puede hablar. No hay virtud en las listas globales de lavander&iacute;a con &quot;mujer&quot;   como un art&iacute;culo piadoso. La representaci&oacute;n no se ha marchitado. La intelectual   femenina como intelectual tiene una tarea circunscrita que no debe rechazar con   una r&uacute;brica.</p> <hr size="1"> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>Notas</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a> Este   art&iacute;culo fue publicado originalmente en Cary Nelson y Larry Grossberg (eds.). <i>Marxism and the interpretation of Culture</i>.   University of Illinois Press. Chicago. 1988.   Adem&aacute;s, en el libro, <i>A critique of poscolonial reason. Toward a history of vanishing present</i>.   Harvard University Press. Cambridge. Existe otra traducci&oacute;n al castellano   publicada en <i>Orbis Tertius. </i>VI. 1998: 175-235 (Argentina). Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s de Antonio D&iacute;az G.,   estudiante de antropolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia. Revisada por Santiago Giraldo y Mar&iacute;a Teresa Salcedo, investigadores del ICANH</p>     <p align="justify"><a href="#s**" name="**"><sup>**</sup></a> Instituto   Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia.</p>     <p align="justify"><a href="#spie***" name="pie***">***</a>. Ranajit   Guha, Partha Chatterjee, Gayatri Spivak y Dipesh Chakrabarty son algunos de los   miembros m&aacute;s conocidos de este grupo, el cual influenci&oacute; la creaci&oacute;n del Grupo   latinoamericano de estudios subalternos conformado, entre muchos otros, por   Florencia Mallon, Ileana Rodr&iacute;guez, Jos&eacute; Rabasa y John Beverley (v&eacute;ase   Rodr&iacute;guez, 2001).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a><a></a>. <a class=msocomanchor id="_anchor_1" onMouseOver="msoCommentShow('_anchor_1','_com_1')" onmouseout="msoCommentHide('_com_1')" href="#_msocom_1" language=JavaScript name="_msoanchor_1">&#91;D1&#93;</a>&nbsp;. Estoy   agradecida con Khachig Tololyan por su detallada primera lectura a este ensayo.</p>     <p align="justify"><a href="#spie2" name="pie2">2</a>. Michel   Foucault. <i>Language, Counter- Memory, Practice: Selected essays and     interviews</i>. Traducci&oacute;n de Donald F. Bouchard y Sherry Simon. Cornell   University Press. Ithaca, N.Y. 1977: 205-17 (de aqu&iacute; en adelante citado como FD).   He modificado la versi&oacute;n inglesa de estas y otras traducciones, donde lo   demanda la fidelidad al original. &nbsp;</p>     <p align="justify">Es importante observar   que la &quot;influencia&quot; m&aacute;s importante de los intelectuales de Europa occidental   sobre profesores y estudiantes de Estados Unidos se da m&aacute;s por medio de   colecciones de ensayos que mediante libros extensos traducidos. Y, en estas   colecciones, es comprensible que los trabajos de inter&eacute;s actual sean los que   m&aacute;s circulan -es el caso de &quot;Structure, sign and play&quot; de Derrida-. En   consecuencia, desde la perspectiva de la producci&oacute;n te&oacute;rica y de la   reproducci&oacute;n ideol&oacute;gica, la conversaci&oacute;n considerada no ha sido necesariamente   sustituida.</p>     <p align="justify"><a href="#spie3" name="pie3">3</a>. Aqu&iacute;   hay una referencia impl&iacute;cita a la ola de mao&iacute;smo pos-1968 en   Francia. V&eacute;ase Michel Foucault. &quot;On popular Justice: a discussion with   Maoists&quot;. En <i>Power/ Knowledge: Selected interviews and other writings </i>1972 <i>-</i>77 . Traducci&oacute;n de Colin Gordon et al<i>. </i>Panteon. Nueva York 134 (de   aqu&iacute; en adelante citado como PK). La   explicaci&oacute;n de la referencia fortalece mi punto dejando expuestas las mec&aacute;nicas   de apropiaci&oacute;n. El estatus de China en esta discusi&oacute;n es ejemplar. Si Foucault   se aclara a s&iacute; mismo persistentemente diciendo: &quot;No s&eacute; nada sobre China&quot;, su   interlocutor muestra hacia China lo que Derrida llama &quot;el prejuicio chino&quot;.</p>     <p align="justify"><a href="#spie4" name="pie4">4</a> Esto   es parte de un s&iacute;ntoma mucho m&aacute;s amplio, como lo discute Eric Wolf, 1982.</p>     <p align="justify"><a href="#spie5" name="pie5">5</a>. El   intercambio con Jacques-Alain Miller en PK (&quot;The   Confession of the Flesh&quot;) es revelador en este aspecto.</p>     <p align="justify"><a href="#spie6" name="pie6">6</a>. Para   un ejemplo entre muchos, v&eacute;ase PK: 98.</p>     <p align="justify"><a href="#spie7" name="pie7">7</a>. No   es sorprendente, entonces, que el trabajo de Foucault, temprano y avanzado, sea   apoyado por una noci&oacute;n muy simple de represi&oacute;n. Aqu&iacute; el antagonista es Freud,   no Marx. &quot;Tengo la impresi&oacute;n de que &#91;la noci&oacute;n de represi&oacute;n&#93; es totalmente   inadecuada para el an&aacute;lisis de los mecanismos y efectos de poder que es tan   penetrantemente usado hoy para categorizar&quot; (PK: 92). La delicadeza y sutileza de la sugerencia de Freud -que bajo   represi&oacute;n la descomunal identidad de los afectos es indeterminada porque algo   desagradable puede ser deseado como placer, de este modo se reinscribe   radicalmente la relaci&oacute;n entre deseo e &quot;inter&eacute;s&quot;- se ve aqu&iacute; totalmente   desvalorizada. Para una elaboraci&oacute;n de esta noci&oacute;n de represi&oacute;n, v&eacute;ase Jacques   Derrida. 1988. <i>Of Grammatology</i>. Traducci&oacute;n de   Gayatri Chakravorty Spivak. Johns Hopkins University Press. Baltimore, MD: 88 (de aqu&iacute; en adelante citado como OG);   y Derrida. 1977. <i>Limited inc.: abc. </i>Traducci&oacute;n de Samuel   Weber. <i>Glyph</i>. 2: 215.</p>     <p align="justify"><a href="#spie8" name="pie8">8</a>. La   visi&oacute;n de Althusser sobre esta situaci&oacute;n particular puede ser muy esquem&aacute;tica,   pero sin embargo se ve m&aacute;s cauto en su programa que el argumento estudiado. &quot;El <i>instinto </i>de clase&quot;, escribe Althusser, &quot;es   subjetivo y espont&aacute;neo. La <i>posici&oacute;n </i>de   clase es objetiva y racional. Para llegar a las posiciones de clase   proletarias, el instinto de clase de los proletarios s&oacute;lo necesita ser <i>educado</i>; el instinto de clase del peque&ntilde;o burgu&eacute;s<i>, y consecuentemente de los intelectuales</i>,   tiene, por el contrario, que ser <i>revolucionalizado</i>&quot;   (Op<i>. </i>cit.: 13).</p>     <p align="justify"><a href="#spie9" name="pie9">9</a>. La   explicaci&oacute;n posterior de Foucault (PK: 145) sobre este enunciado deleuziano est&aacute; m&aacute;s cerca de la noci&oacute;n de   Derrida de que la teor&iacute;a no puede ser una taxonom&iacute;a exhaustiva y est&aacute; siempre   formada por la pr&aacute;ctica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie10" name="pie10">10</a>. Cf.   Las nociones de representaci&oacute;n sorprendentemente acr&iacute;ticas recreadas en PK: 141, 188. Mis comentarios en la conclusi&oacute;n de este p&aacute;rrafo, criticando   las representaciones de grupos subalternos de los intelectuales, deben ser   distinguidos rigurosamente de una coalici&oacute;n pol&iacute;tica que tiene en cuenta su   encuadre dentro del capital socializado y une a la gente no porque ellos sean   oprimidos sino porque son explotados. Este modelo trabaja mejor dentro de una   democracia parlamentaria, donde la representaci&oacute;n no s&oacute;lo no es proscrita sino   que es elaboradamente escenificada.</p>     <p align="justify"><a href="#spie11" name="pie11">11</a>. V&eacute;ase   la excelente definici&oacute;n corta y la discusi&oacute;n de sentido com&uacute;n en Errol Lawrence 1982. &quot;Just plain common sense: the &quot;roots&quot; of racism&quot;. En Hazel V.   Carby. <i>The Empire Strikes Back: Race and racism in </i>70<i>s Britain</i>. Hutchinson. Londres: 48.</p>     <p align="justify"><a href="#spie12" name="pie12">12</a>. El   &quot;valor de uso&quot; en Marx puede ser mostrado como una &quot;ficci&oacute;n te&oacute;rica&quot; -tanto de   un oximoron potencial como de &quot;intercambio natural&quot;-. He tratado de desarrollar   esto en &quot;Scattered speculations on the question of value&quot;, un manuscrito puesto   a consideraci&oacute;n de <i>Diacritics</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#spie13" name="pie13">13</a>. El   &quot;Linguistic circle of Geneva&quot; de Derrida, especialmente pp 143 y   siguientes, puede ofrecer un m&eacute;todo para evaluar el irreductible lugar de la   familia en la morfolog&iacute;a de la formaci&oacute;n de clase de Marx. En <i>Margins of Philosophy</i>. Traducci&oacute;n de Allan   Bass. University of Chicago Press. Chicago. 1982.</p>     <p align="justify"><a href="#spie14" name="pie14">14</a>. Soy   consciente de que la relaci&oacute;n entre marxismo y neokantismo est&aacute; pol&iacute;ticamente   cargada. Yo misma no veo c&oacute;mo puede establecerse una l&iacute;nea entre los propios   textos de Marx y la &eacute;tica kantiana del momento. Me parece, sin embargo, que el   cuestionamiento de Marx del individuo como agente de la historia deber&iacute;a ser   le&iacute;do en el contexto de la desintegraci&oacute;n del sujeto individual inaugurada por   la cr&iacute;tica de Kant a Descartes.</p>     <p align="justify"><a href="#spie15" name="pie15">15</a>. Este   argumento es desarrollado m&aacute;s adelante en Spivak, &quot;Scattered speculations&quot;. Una   vez m&aacute;s, el <i>Anti-Oedipus </i>no ignora el texto econ&oacute;mico,   aunque el tratamiento fue tal vez muy aleg&oacute;rico. A este respecto, el movimiento   de esquizo- a rizo-an&aacute;lisis en <i>Mille Plateaux</i>.   Seuil. Par&iacute;s. 1980, no ha sido saludable.</p>     <p align="justify"><a href="#spie16" name="pie16">16</a>. Aunque   considero que <i>Political Unconscious: Narrative as a socially simbolic act</i>,   de Fredric Jameson, Cornell University Press. Nueva York. 1981,   es un texto de gran peso cr&iacute;tico, o tal vez <i>porque </i>yo   lo pienso, me gustar&iacute;a que mi programa aqu&iacute; se distinguiera de una restauraci&oacute;n   de las reliquias de una narrativa privilegiada: &quot;Es en la detecci&oacute;n de las   huellas de esas narrativas ininterrumpidas, en el reabrir a la superficie del   texto la realidad reprimida y enterrada de esta historia fundamental, que la   doctrina de una pol&iacute;tica inconsciente encuentra su funci&oacute;n y su necesidad&quot; (p. 20).</p>     <p align="justify"><a href="#spie17" name="pie17">17</a>. Entre   muchos libros disponibles, cito el de Bruse Tiebout McCully 1940. <i>English Education and the Origin of Indian Nationalism</i>.   Columbia University Press. Nueva York.</p>     <p align="justify"><a href="#spie18" name="pie18">18</a>. Keith,   uno de los compiladores del <i>Vedic Index</i>,   autor de <i>Sanskrit Drama in its Origin, Development, Theory and Practice</i>,   y culto editor del <i>Krsanayajurveda </i>para la Harvard   University Press, fue tambi&eacute;n el editor de cuatro vol&uacute;menes de <i>Selected Speeches and Documents of British Colonial Policy </i>(1763 a 1937), de <i>International Affairs </i>(1918 a 1937), y de <i>British Dominions </i>(1918 a 1931). Escribi&oacute; libros sobre la soberan&iacute;a de los dominios brit&aacute;nicos   y sobre la teor&iacute;a de la sucesi&oacute;n estatal, con especial referencia a la ley   inglesa y colonial.</p>     <p align="justify"><a href="#spie19" name="pie19">19</a>. Carta   escrita a mano -de G. A. Jacob a un corresponsal no nombrado- adherida a la   cubierta interior de la Sterling Memorial Library (Yale University) copia del   coronel G. A. Jacob (ed.). 1888. <i>Mahanarayana-Upanishad of the Atharva-Veda with the Dipika of Narayana</i>.   The Government Central Books Departament. Bombay, la <i>cursiva </i>es m&iacute;a. La oscura invocaci&oacute;n de   los peligros de este aprendizaje por medio de an&oacute;nimos aberrantes consolida la   asimetr&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie20" name="pie20">20</a>. He   discutido este tema con m&aacute;s detalle en referencia a la obra de Julia Kristeva. 1977. <i>About Chinese Women</i>. Traducci&oacute;n de Anita   Barrows. Marion Boyards. Londres, en &quot;French feminism in an international   frame&quot;, <i>Yale French Studies</i>. 62. 1981.</p>     <p align="justify"><a href="#spie21" name="pie21">21</a>. Antonio   Gramsci. 1978. &quot;Some aspects of the southern question&quot;. <i>Selections from Political Writing</i>: 1921-1926. Traducci&oacute;n de Quintin Hoare. International Publishers. Nueva   York. Estoy usando &quot;alegor&iacute;a de lectura&quot; en el sentido desarrollado por Paul De   Man. 1979. <i>Allegories of Reading: Figural language in Rousseau, Nietzsche,     Rilke and Proust</i>. Yale University Press. New Haven. </p>     <p align="justify"><a href="#spie22" name="pie22">22</a>. Sus   publicaciones son: Guha (ed.) 1982, 1983 y 1983a.</p>     <p align="justify"><a href="#spie23" name="pie23">23</a>. He   discutido este tema en &quot;Displacement and the discourse of woman&quot;. En Mark   Krupnick (ed.). 1983. <i>Displacement: Derrida and after</i>.   Indiana University Press. Bloomington, y en &quot;Love me, love my ombre, elle:   Derrida&#39;s &#39;La carte postale&#39;&quot;. <i>Diacritics</i>. 14 (4). 1984: 19-36.</p>     <p align="justify"><a href="#spie24" name="pie24">24</a>. Esta   violencia en sentido general que es la posibilidad de una episteme es lo que   Derrida llama &quot;escritura&quot; en sentido general. La relaci&oacute;n entre escritura y el   sentido general y la escritura y el sentido estrecho -se marca sobre una   superficie- no puede ser articulada limpiamente. La tarea de la gramatolog&iacute;a   -deconstrucci&oacute;n- es proveer una anotaci&oacute;n sobre esta relaci&oacute;n cambiante. En   cierta forma, entonces, la cr&iacute;tica del imperialismo es deconstrucci&oacute;n como tal.</p>     <p align="justify"><a href="#spie25" name="pie25">25</a>. &quot;Contracting   poverty&quot;. <i>Multinational Monitor</i>. 4, 8. Agosto de 1983: 8.   Este reporte fue una colaboraci&oacute;n entre John Cavanagh y Joy Hackel, quienes trabajan   en el International Corporations Project en el Institute for Policy Studies   -las <i>cursivas </i>son m&iacute;as-.</p>     <p align="justify"><a href="#spie26" name="pie26">26</a>. Las   mec&aacute;nicas de la invenci&oacute;n del tercer mundo como significante son susceptibles   del tipo de an&aacute;lisis dirigido a la constituci&oacute;n de raza como un significante en   Carby et al<i>. </i>Op<i>. </i>cit.</p>     <p align="justify"><a href="#spie27" name="pie27">27</a>. Jacques   Derrida. &quot;Of an apocalyptic tone recently adapted in philosophy&quot;. Traducci&oacute;n de   John P. Leavy, Jr. <i>Semia</i>: 71.</p>     <p align="justify"><a href="#spie28" name="pie28">28</a>. Incluso   en esos excelentes textos de reportaje y an&aacute;lisis como lo es el de Gail Omvedt 1980. <i>We Will Smash This Prison! Indian women in struggle</i>.   Zed Press. Londres, la presunci&oacute;n de que un grupo de mujeres <i>maharashtias </i>en una situaci&oacute;n proletaria   urbana, reaccionando a una mujer blanca radical que hab&iacute;a &quot;compartido su suerte   con el destino indio&quot;, es representativo de &quot;las mujeres indias&quot; o toca la   cuesti&oacute;n de &quot;la conciencia femenina en la India&quot; no es inofensivo cuando se   ocupa de una formaci&oacute;n social del primer mundo donde la proliferaci&oacute;n de   comunicaci&oacute;n en un lenguaje internacionalmente hegem&oacute;nico hace alternativos   relatos y testimonios instant&aacute;neamente accesibles a&uacute;n para estudiantes   universitarias no graduadas. </p>     <p align="justify">La observaci&oacute;n de   Norma Chinchilla, hecha en el panel sobre Feminismos del tercer mundo:   diferencias de forma y contenido (UCLA, 8 de marzo de 1983), acerca de que el   trabajo antisexista en el contexto indio no es genuinamente antisexista sino   antifeudal, es otro caso para se&ntilde;alar. Esto permite que las definiciones de   sexismo emerjan s&oacute;lo despu&eacute;s de que una sociedad ha entrado en el modo   capitalista de producci&oacute;n, haciendo as&iacute; capitalismo y patriarcado   convenientemente continuos. Tambi&eacute;n invoca las molestas cuestiones del rol del   &quot;modo de producci&oacute;n &#39;asi&aacute;tico&quot;&#39; en apoyo al poder explicativo de la   narrativizaci&oacute;n normativa de la historia por medio de la relaci&oacute;n de los modos   de producci&oacute;n, en la no obstante sofisticada manera en que la historia es <a>interpretada</a>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El curioso papel del   nombre propio &quot;Asia&quot; en este asunto no queda confinado a la prueba o refutaci&oacute;n   de la existencia emp&iacute;rica del modo actual -un problema que se vuelve objeto de   un manejo intenso dentro del comunismo internacional- sino permanece crucial   incluso en trabajos de tal sutileza te&oacute;rica e importancia como los de Barry   Hindess y Paul Hist. <i>Pre-Capitalists Modes of Production</i>. 1975. Routledge. Londres, y el de Fredric Jameson. <i>Political Unconscious</i>. Especialmente en el   de Jameson, donde la morfolog&iacute;a de los modos de producci&oacute;n es salvada de toda   sospecha de determinismo hist&oacute;rico y anclada a la teor&iacute;a postestructuralista   del sujeto, el modo &quot;asi&aacute;tico&quot; de producci&oacute;n, en su apariencia de &quot;despotismo   oriental&quot; como la formaci&oacute;n concomitante del estado, sigue sirviendo. Tambi&eacute;n   cumple un papel significante en el modo de producci&oacute;n narrativa transformado en   el <i>Anti-Oedipus </i>de Deleuze y Guattari, en el   debate sovi&eacute;tico, en el lejano cambio de sitio, efectivamente, desde estos   proyectos te&oacute;ricos contempor&aacute;neos, la suficiencia doctrinal del modo &quot;asi&aacute;tico&quot;   de producci&oacute;n fue m&aacute;s frecuentemente puesto en duda por sus varias versiones y   nomenclaturas de feudal, esclavista y comunal como modos de producci&oacute;n. El   debate es presentado en detalle en Stephen F. Dunn. 1982. <i>The Fall and Rise of the Asiatic Mode of Production</i>.   Routledge. Londres. Ser&iacute;a interesante relacionar esto con el &quot;momento&quot; de   represi&oacute;n imperialista en la mayor&iacute;a de los debates sobre la transici&oacute;n del   feudalismo al capitalismo que tan largamente ha ejercitado la izquierda   occidental. Lo que es importante aqu&iacute; es que una observaci&oacute;n como la de   Chinchilla representa una jerarquizaci&oacute;n ampliamente difundida dentro del <i>feminismo </i>del tercer mundo -m&aacute;s que en el   marxismo occidental-, lo cual la sit&uacute;a dentro del tr&aacute;fico existente desde hace   mucho con el concepto-met&aacute;fora imperialista de &quot;Asia&quot;.</p>     <p align="justify">Debo a&ntilde;adir que   todav&iacute;a no he le&iacute;do de Madhu Kishwar y Ruth Vanita (eds<i>.). </i>1984. <i>In Search of Answers: Indian women&#39;s voices from Manushi</i>.   Zed Press. Londres.</p>     <p align="justify"><a href="#spie29" name="pie29">29</a>. He   tratado de desarrollar esta idea en una forma un poco autobiogr&aacute;fica en   &quot;Finding feminists readings: Dante - Yeats&quot;. En Ira Konisberg (ed.). 1981. <i>American Criticism in the Postructuralist Age</i>.   University of Michigan Press. Ann Arbor.</p>     <p align="justify"><a href="#spie30" name="pie30">30</a>. Spivak   hace referencia aqu&iacute; al color de piel de los hombres y mujeres de la India, lo   cual tiene m&uacute;ltiples connotaciones en el contexto colonial y poscolonial de la   India y el imperio brit&aacute;nico. N del t.</p>     <p align="justify"><a href="#spie31" name="pie31">31</a>. Para   una brillante relaci&oacute;n de c&oacute;mo la &quot;realidad&quot; del sacrificio de viudas fue   constituida o &quot;textualizada&quot; durante el periodo colonial, v&eacute;ase Lata Mani. &quot;The   production of colonial discourse: sati in early nineteenthcentury Bengal&quot;.   Tesis de maestr&iacute;a, University of California at Santa Cruz. 1983.   Me benefici&eacute; de la discusi&oacute;n con la se&ntilde;orita Mani al principio de este   proyecto.</p>     <p align="justify"><a href="#spie32" name="pie32">32</a>. La   siguiente relaci&oacute;n se apoya fuertemente sobre la obra de Pandurang Varman Kane. 1963. <i>History of Dharmasastra</i>. Bhandarkar Oriental   Research Institute. Poona (de aqu&iacute; en adelante citado como HD,   con volumen, n&uacute;mero de la parte y de las p&aacute;ginas). </p>     <p align="justify"><a href="#spie33" name="pie33">33</a>. Upendra   Thakur. 1963. The <i>History of Suicide in India: An introduction</i>.   Munshi Ram Manohan Lal. Nueva Delhi: 9,   tiene una lista de &uacute;tiles fuentes primarias s&aacute;nscritas sobre lugares sagrados.   Este libro <i>laboriosamente decente </i>deja traslucir todos   los signos de la esquizofrenia del sujeto colonial, tal como el nacionalismo   burgu&eacute;s, el comunalismo patriarcal y una &quot;sensatez iluminada&quot;.</p>     <p align="justify"><a href="#spie34" name="pie34">34</a>. <i>Sublated </i>en el original, probablemente   haciendo referencia al <i>aufheben </i>de Hegel: los significados   opuestos de &quot;destruir&quot; y &quot;preservar&quot;. La uni&oacute;n con un opuesto. N. del t.</p>     <p align="justify"><a href="#spie35" name="pie35">35</a>. HD,   II, 2: 633. Hay sugerencias de que este &quot;castigo prescrito&quot; fue muy   excedido por la pr&aacute;ctica social. En el siguiente pasaje, publicado en 1938,   n&oacute;tense los supuestos patr&iacute;sticos sobre la libertad de la mujer trabajando en   t&eacute;rminos como &quot;valor&quot; y &quot;fuerza de car&aacute;cter&quot;. Puede suponerse que la completa   objetivaci&oacute;n de la viuda concubina era el castigo justo por la abdicaci&oacute;n del   derecho al valor, significando sujeto de estatus. &quot;Algunas viudas, sin embargo,   no ten&iacute;an el coraje para pasar la llameante prueba; ni ten&iacute;an la suficiente   fuerza mental y de car&aacute;cter para vivir el alto ideal asc&eacute;tico prescrito para   ellas &#91;<i>brahmacarya</i>&#93;. Es triste registrar que ellas   debieron llevar la vida de una concubina o <i>avarudda     stri </i>&#91;esposa encarcelada&#93;&quot;. A. S. Altekar. 1938. <i>The Position of Women in Hindu Civilization: From prehistoric       times to present day</i>. Motilal Banarsidass. Nueva Delhi: 156.</p>     <p align="justify"><a href="#spie36" name="pie36">36</a>. Aqu&iacute;,   tanto como para el debate brahm&aacute;n sobre el <i>sati</i>,   v&eacute;ase Mani. Op. cit.: 71f.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie37" name="pie37">37</a>. Estamos   hablando aqu&iacute; de las normas reguladoras del brahmanismo, m&aacute;s que de &quot;como eran   las cosas&quot;. V&eacute;ase Robert Lingat. 1973. <i>The Classical Law of India</i>. Traducci&oacute;n de   J. D. M. Derret. University of California Press. Berkeley: 46.</p>     <p align="justify"><a href="#spie38" name="pie38">38</a>. Tanto   la rudimentaria posibilidad de la viuda de volver a casarse en la India antigua   como la instituci&oacute;n legal del nuevo casamiento de la viuda en 1856 son   transacciones entre hombres. Las segundas nupcias de una viuda son una gran   excepci&oacute;n, tal vez porque dejan inexplorado el programa de formaci&oacute;n del   sujeto. En toda la &quot;doctrina&quot; de las segundas nupcias de una viuda, son el   padre y el esposo quienes son aplaudidos por su valor reformista y desinter&eacute;s.</p>     <p align="justify"><a href="#spie39" name="pie39">39</a>. Sir   Monier Monier-Williams. 1899. <i>Sanskrit-English Dictionary</i>. Clarendon   Press. Oxford: 552. Los historiadores a menudo son impacientes si los modernistas   parecen tratar de importar juicios &quot;feministas&quot; a antiguos patriarcados. La   cuesti&oacute;n real es, por supuesto, &iquest;por qu&eacute; las estructuras de dominaci&oacute;n   patriarcal deben ser registradas incuestionablemente? Las aprobaciones   hist&oacute;ricas para la acci&oacute;n colectiva frente a la justicia social s&oacute;lo pueden ser   desarrolladas si la gente por fuera de la disciplina cuestiona los est&aacute;ndares   de &quot;objetividad&quot; preservada como tal por la tradici&oacute;n hegem&oacute;nica. No parece inapropiado   observar que un instrumento tan &quot;objetivo&quot; como un diccionario pueda usar la   expresi&oacute;n explicativa profundamente sexista y pros&eacute;lita: &quot;plantear el problema   del esposo muerto&quot;.</p>     <p align="justify"><a href="#spie40" name="pie40">40</a>. Estoy   agradecida a la profesora Alison Finley del Trinity College (Hartford, CT) por   discutir el pasaje conmigo. La profesora Finley es una experta en el <i>Rig-Veda</i>. Me apresuro a se&ntilde;alar que ella   encontrar&iacute;a mis lecturas como irresponsablemente &quot;cr&iacute;ticasliterarias&quot; como los   antiguos historiadores las encontrar&iacute;an &quot;modernistas&quot; (v&eacute;ase, Sunderlal T.   Desai. 1982).</p>     <p align="justify"><a href="#spie41" name="pie41">41</a>. <i>Ibid</i>.: 15. Para el estatus del nombre propio como &quot;marca&quot;, v&eacute;ase Derrida,   &quot;Taking Chances&quot;.</p>     <p align="justify"><a href="#spie42" name="pie42">42</a>. El   hecho de que la palabra tambi&eacute;n fue usada como forma de se&ntilde;alar a una mujer de   buena cuna -&quot;una dama&quot;- complica el asunto.</p>     <p align="justify"><a href="#spie43" name="pie43">43</a>. Deber&iacute;a   recordarse que esta relaci&oacute;n no agota sus muchas manifestaciones dentro del   pante&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#spie44" name="pie44">44</a>. <i>Sublated </i>en el original. N. del t.</p>     <p align="justify"><a href="#spie45" name="pie45">45</a>. Una   posici&oacute;n contra la nostalgia como base de la producci&oacute;n ideol&oacute;gica   contrahegem&oacute;nica no justifica su uso negativo. Dentro de la complejidad de la   econom&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea podr&iacute;a ser, por ejemplo, altamente cuestionable   propugnar por que el actual crimen de la clase trabajadora india de quemar a   las novias que llevan dotes insuficientes y disfrazar subsecuentemente el   asesinato como suicidio es tanto un <i>uso </i>o   un <i>abuso </i>de la tradici&oacute;n del suicidio <i>sati</i>.   Lo m&aacute;ximo que se puede afirmar es que ese es un desplazamiento en una cadena de   semiosis con el sujeto femenino como significante, lo cual nos har&iacute;a retroceder   a la narrativa que hemos estado desenmara&ntilde;ando. Claramente, uno debe trabajar   para detener el crimen de quema de novias <i>en     cualquier forma</i>. Si, sin embargo, ese trabajo es cumplido por una nostalgia no   examinada o su opuesto, se ayudar&iacute;a activamente a la sustituci&oacute;n de lo &eacute;tnico o   de la pura genitalidad como significante en el lugar del sujeto femenino.</p>     <p align="justify"><a href="#spie46" name="pie46">46</a>. No   hab&iacute;a le&iacute;do &quot;Power and subjectivity in Foucault&quot; de Peter Dews. 1984. <i>New Left Review</i>. 144,   hasta cuando termin&eacute; este ensayo. He examinado su libro sobre el mismo tema   &#91;Peter Dews. <i>The Logics of Disintegration</i>: <i>Post-structuralist thought and the claims of critical heory</i>. 1987. Verso. Londres&#93;. Hay muchos puntos en com&uacute;n entre su cr&iacute;tica y   la m&iacute;a. No obstante, hasta donde puedo decir a partir del breve ensayo, &eacute;l   escribe desde una perspectiva acr&iacute;tica de la teor&iacute;a cr&iacute;tica y de la norma   intersubjetiva que puede cambiar del todo muy f&aacute;cilmente &quot;individuo&quot; o &quot;sujeto&quot;   en su enclave de &quot;sujeto epist&eacute;mico&quot;. La lectura de Dews de la conexi&oacute;n entre   la &quot;tradici&oacute;n marxista&quot; y el &quot;sujeto aut&oacute;nomo&quot; no es la m&iacute;a. Adem&aacute;s, su   relaci&oacute;n del &quot;<i>impasse </i>del posestructuralismo en su   segunda fase como un todo&quot; est&aacute; viciada por no considerar a Derrida, quien ha   estado contra el privilegiamiento del lenguaje desde su trabajo m&aacute;s temprano,   la &quot;Introducci&oacute;n&quot; en <i>The Origin of Geometry </i>de Edmund Husserl,   traducci&oacute;n de John Leavy, Nicholas Hays, Stony Brook, NY, 1978.   Lo que aparta su excelente an&aacute;lisis de mi problem&aacute;tica es, por supuesto, que el   Sujeto dentro del cual ubica el trabajo de Foucault es el Sujeto de la   tradici&oacute;n europea (pp. 87-94).</p> <hr size="1"> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <!-- ref --><p align="justify">1. ALTHUSSER, LOUIS. 1971. <i>Lenin and Philosophy and Other Essays. </i>Trans. Ben Brewster. Monthly Review Press. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0486-6525200300010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">2. ANDERSON, PERRY. 1983. <i>In the Tracks of Historical Materialism</i>. Verso. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0486-6525200300010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">3. BENJAMIN, WALTER. 1983. <i>Charles Baudelaire: A lyric poet in the era of high capitalism</i>. Traducci&oacute;n de Harry Zohn. Verso. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0486-6525200300010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p align="justify">4. BOV&Eacute;, PAUL. 1983. &quot;Intellectuals at war: Michel Foucault and the analysis of   power&quot;. <i>Sub-Stance</i>. 36-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0486-6525200300010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">5. CARBY, HAZEL V<i>. </i>et al. 1982<i>. The Empire Strikes Back: Race and racism in </i>70<i>s Britain</i>. Hutchinson. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0486-6525200300010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="verdana">6. CHAUDHURY, AJIT K. 1984. &quot;New wave social science&quot;. <i>Frontier</i>. 16-24. 28 de enero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0486-6525200300010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> <font size="2" face="verdana">     <!-- ref --><p align="justify">7. CULLER, JONATHAN. 1982. <i>On deconstruction: Theory and criticism after structuralism</i>. Cornell University Press. Ithaca, NY.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0486-6525200300010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="verdana">8. DAVIS, MIKE, 1984. &quot;The political economy of the late-imperial America&quot;. <i>New Left Review</i>. 143. Enero-febrero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0486-6525200300010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> <font size="2" face="verdana">     <!-- ref --><p align="justify">9. DELEUZE, GILLES Y FELIX GUATTARI. 1977. <i>Anti-Oedipus: Capitalism and schizophrenia</i>. Traducci&oacute;n de Richard Hurley et al<i>. </i>Viking Press. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0486-6525200300010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">10. DERRET, J. D. M. 1957. <i>Hindu Law Past and Present: Being an account of the controversy   which preceded the enactment of the Hindu code, and the text of the code as was   enacted, and some comments thereon</i>. A. Mukherjee   &amp; Co. Calcuta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0486-6525200300010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">11. DERRIDA, JACQUES. 1981. &quot;The Double Session&quot;. En <i>Dissemination</i>. Traducci&oacute;n de Barbara Johnson. University of Chicago Press.   Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0486-6525200300010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">12. EAGLETON, TERRY. 1983. <i>Literary Theory: An introduction</i>. University of Minnesota Press. Minneapolis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0486-6525200300010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">13. FOUCAULT, MICHEL. 1965. <i>Madness and Civilization: A history of insanity in the age of   reason</i>. Traducci&oacute;n de Richard Howard. Pantheon Books. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0486-6525200300010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">14. –––––––––. 1977. <i>Language, Counter-Memory, Practice: Selected essays and   interviews</i>. Traducci&oacute;n de Donald F. Bouchard y Sherry Simon. Cornell   University Press. Ithaca, N. Y.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0486-6525200300010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">15. –––––––––. 1980. <i>The History of Sexuality</i>. Vol. 1. Traducci&oacute;n de Robert Hurley. Vintage Books. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0486-6525200300010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">16. FOX-GENOVESE, ELIZABETH. 1982. &quot;Placing women&#39;s history in history&quot;. <i>New Left Review</i>. 133. Mayo-junio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0486-6525200300010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">17. FREUD, SIGMUND. 1955. &quot;&#39;A child is being beaten&#39;: a contribution to the study of the   origin of sexual perversions&quot;. <i>The Standard     Edition of the Complete Psycological Works of Sigmund Freud</i>. Traducci&oacute;n de James Strachey et al. Hogarth Press. Londres.   Vol. 17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0486-6525200300010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">18. –––––––––. 1955. &quot;Wild psycho-analysis&quot;. <i>The Standard   Edition of the Complete Psycological Works of Sigmund Freud</i>. Traducci&oacute;n de James Strachey et al. Hogarth Press. Londres.   Vol. 11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0486-6525200300010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">19. GUHA, RANAJIT (ed.). 1982. <i>Subaltern Studies I: Writing on South Asian history and society. </i>Oxford University Press. Nueva Delhi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0486-6525200300010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">20. –––––––––.   (ed.). 1983. <i>Subaltern Studies II: Writing on South Asian history and     society. </i>Oxford University Press. Nueva Delhi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0486-6525200300010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">21. –––––––––. 1983a. <i>Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India. </i>Oxford University Press. Nueva Delhi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0486-6525200300010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">22. HEIDEGGER, MARTIN. 1961. <i>An Introduction to Metaphysics</i>.   Traducci&oacute;n de Ralph Manheim. Doubleday Anchor. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0486-6525200300010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">23. LYOTARD, JEAN-FRAN&Ccedil;OIS. 1984. <i>Le Diff&eacute;rend</i>. Minuit. Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000308&pid=S0486-6525200300010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">24. MACAULAY, THOMAS BABINGTON. 1979. <i>Speeches by Lord Macaulay: With his minute on Indian education</i>. Editado por G. M. Young. Oxford University Press. AMS edition.   Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000310&pid=S0486-6525200300010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">25. MACHEREY, PIERRE. 1978. <i>A Theory of Literary Production</i>. Traducci&oacute;n de Geoffrey Wall. Routledge. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000312&pid=S0486-6525200300010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">26. MAHAMAHOPADHYAYA HARAPRASAD SHASTRI. 1925. <i>A Descriptive Catalogue of Sanskrit Manuscripts in the   Government Collection under the Care of the Asiatic Society of Bengal</i>. Society of Bengal. Calcuta. Vol. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000314&pid=S0486-6525200300010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">27. MARX, KARL. 1973. <i>Grundrisse: Foundations of the critique of political economy</i>. Traducci&oacute;n de Martin Nicolaus. Viking Press. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000316&pid=S0486-6525200300010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">28. –––––––––. 1974. <i>Surveys from Exile</i>. Traducci&oacute;n de   David Fernbach. Vintage Books. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000318&pid=S0486-6525200300010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">29. –––––––––. 1977. <i>Capital: A critique of political economy. </i>Vol. 1. Traducci&oacute;n de Ben Fowkes. Vintage Books. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000320&pid=S0486-6525200300010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">30. MULLA, SUNDERLAL T. DESAI. 1982. <i>Principles of Hindu law</i>. N.M. Tripathi.   Bombay.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000322&pid=S0486-6525200300010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">31. NANDY, ASHIS. 1975. &quot;Sati: a nineteenth-century tale of women, violence and   protest&quot;. En V. C. Joshi (ed.). <i>Rammohun Roy and     the Process of Modernization in India</i>. Vikas   Publishing House. Nueva Delhi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000324&pid=S0486-6525200300010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">32. SAID, EDWARD W. 1983. <i>The World, The Text, The Critic</i>. Harvard University Press. Cambridge, MA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000326&pid=S0486-6525200300010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">33. –––––––––. 1984. &quot;Permission to narrate&quot;. <i>London   Review of Books</i>. 16 de febrero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000328&pid=S0486-6525200300010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">34. SENA, DINESACHANDRA. 1925. <i>Brhat Banga</i>. Calcutta University Press.   Calcuta. Vol. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000330&pid=S0486-6525200300010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">35. THOMPSON, EDWARD. 1928. <i>Suttee: A historical and philosophical enquiry into the Hindu   rite of widow burning</i>. George Allen &amp; Unwin. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000332&pid=S0486-6525200300010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p style=' text-align:justify; line-height:normal;text-autospace:none'>36. WOLF, ERIC. 1982. <i>Europe and the People Without History</i>. University of California Press. Berkeley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000334&pid=S0486-6525200300010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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