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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Antropología]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[INTERVENCIONES ETNOGRÁFICAS A PROPÓSITO DEL SUJETO DESPLAZADO: ESTRATEGIAS PARA (DES)MOVILIZAR UNA POLÍTICA DE LA REPRESENTACIÓN]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[THIS ARTICLE TRACES THE EFFECTS THAT THE PRODUCTION OF THE DISPLACED SUBJECT has had in the people that have been named as such, in Colombia since the beginning of 1990. Using ethnographic examples, it questions the consequences of objectification and stigmatization that sets in when there are discussions in the country about the displaced, their problems and solutions, as well as their expectations for the future. I not only start from the basis that they themselves, generate answers in front of those effects, but I see the article as being part of the efforts to open up spaces so the "displaced" themselves can enter as epistemic subjects to determine their own individual and collective life projects.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>INTERVENCIONES  ETNOGR&Aacute;FICAS A PROP&Oacute;SITO DEL SUJETO</b> <b>DESPLAZADO: ESTRATEGIAS PARA (DES)MOVILIZAR</b> <b>UNA POL&Iacute;TICA DE  LA REPRESENTACI&Oacute;N</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><b>&nbsp;</b></p>     <p align="center"><b>J</b><b>UAN </b><b>R</b><b>ICARDO </b><b>A</b><b>PARICIO</b><br />   ESTUDIANTE DE  DOCTORADO EN ANTROPOLOG&Iacute;A,<br />   UNIVERSIDAD DE CAROLINA DEL NORTE, CHAPEL HILL<br />   <a href="mailto:aparicio@email.unc.edu" target="_blank">aparicio@email.unc.edu</a> </p>     <p align="center">Recibido: 5 de noviembre de 2004. Aprobado: 17 de noviembre de 2005.</p> <hr size="1" />     <p align="center"><b>Resumen</b></p>     <p align="justify">ESTE ART&Iacute;CULO  RASTREA LOS EFECTOS QUE HA TENIDO EN COLOMBIA LA  PRODUCCI&Oacute;N DEL sujeto desplazado  desde inicios de la d&eacute;cada de 1990, sobre quienes han sido nombrados como tal.  Por medio de ejemplos etnogr&aacute;ficos cuestiona los efectos de la objetivaci&oacute;n y  estigmatizaci&oacute;n que se asientan cuando se habla de desplazados en el pa&iacute;s, de  sus problemas y soluciones, as&iacute; como de sus expectativas para un futuro. No  s&oacute;lo parto de la base de c&oacute;mo ya los mismos generan respuestas frente a estos  efectos, sino que percibo el art&iacute;culo como part&iacute;cipe de las luchas para abrir  espacios para que los mismos &quot;desplazados&quot; entren como sujetos  epist&eacute;micos a determinar sus proyectos de vida individuales y colectivos.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: desplazados,  representaci&oacute;n, intervenci&oacute;n etnogr&aacute;fica, gobermentalidad.</p> <hr size="1" />     <p align="center"><b>Abstract</b></p>     <p align="justify">THIS ARTICLE TRACES THE EFFECTS THAT THE PRODUCTION OF THE DISPLACED  SUBJECT has had in the people that have been named as such, in Colombia since the  beginning of 1990. Using ethnographic examples, it questions the consequences of  objectification and stigmatization that sets in when there are discussions in  the country about the displaced, their problems and solutions, as well as their  expectations for the future. I not only start from the basis that they  themselves, generate answers in front of those effects, but I see the article  as being part of the efforts to open up spaces so the &quot;displaced&quot; themselves  can enter as epistemic subjects to determine their own individual and  collective life projects.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words</b>: Displaced, representation, ethnographic intervention, governmentality.</p> <hr size="1" /> </font>     <p><font size="3" face="verdana"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="right"><i>Es desplazado toda persona que se ha visto forzada a migrar  dentro del territorio nacional, abandonando su localidad de residencia o actividades  econ&oacute;micas habituales, porque su vida, su integridad f&iacute;sica, su seguridad o  libertades personales han sido vulnerados o se encuentran amenazados, con  ocasi&oacute;n de cualquiera de las siguientes situaciones: conflicto armado interno,  disturbios y tensiones</i><br /> <i>interior, violencia generalizada, violaciones masivas de los derechos  humanos, infracciones a los derechos humanitarios u otras circunstancias  emanadas de las situaciones anteriores que puedan alterar o alteren  dr&aacute;sticamente el orden p&uacute;blico.</i></p>     <p align="right">Documento Conpes 2804, 1995: 4.</p>     <p align="justify">CON ESTA  DEFINICI&Oacute;N DE 1995, EL CONSEJO NACIONAL DE POL&Iacute;TICA Econ&oacute;mica y  Social (Conpes) acogi&oacute; la dada en 1994 por la Consulta permanente  para el desplazamiento interno en las Am&eacute;ricas, para introducir a este nuevo  sujeto, el <i>desplazado</i>, dentro de los  lineamientos del plan de desarrollo <i>El salto social</i>, del gobierno del presidente Ernesto Samper Pizano (1994-1998). Entre el 10 y el 18 de junio 1994, por invitaci&oacute;n del gobierno de Colombia, Francis Deng, representante  del secretario general de las Naciones Unidas sobre desplazamiento interno,  visit&oacute; el pa&iacute;s y elabor&oacute; un reporte con conclusiones y recomendaciones, que  present&oacute; a la Comisi&oacute;n de derechos humanos de las Naciones Unidas (Deng, E/CN/4/1995/50/ Add.1). En 1995, la Conferencia Episcopal Colombiana public&oacute; el trabajo <i>Derechos  humanos: desplazamiento por la violencia</i>, que, despu&eacute;s de hacer el seguimiento estad&iacute;stico a los datos  sobre los desplazamientos forzosos en los diez &uacute;ltimos a&ntilde;os, &quot;permiti&oacute;  identificar el problema y convertirlo en un objeto de reflexi&oacute;n en s&iacute; mismo&quot;  (Secretariado Nacional de Pastoral Social, 2001: 19). En a&ntilde;os sucesivos, con la promulgaci&oacute;n de instrumentos  jur&iacute;dicos nacionales e internacionales, como el decreto 976 de 1997, la ley 387 de 1997 y los Principios  rectores del desplazamiento interno de 1999, un fen&oacute;meno no  del todo desconocido en el pa&iacute;s empez&oacute; a ser un objeto de conocimiento e  intervenci&oacute;n en el espacio p&uacute;blico de Colombia. Muy pronto, nuevos actores  distintos al gobierno, como las organizaciones no gubernamentales (ONG), los  acad&eacute;micos, los medios de comunicaci&oacute;n masiva, los organismos internacionales, las  organizaciones de base y los <i>desplazados </i>mismos, entre otros, surgieron para testificar, evidenciar y <i>producir </i>a este nuevo  objeto en la historia de la violencia del pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">Al hablar de  producci&oacute;n de un nuevo objeto no pretendo afirmar que el fen&oacute;meno que se  intenta denominar bajo esta categor&iacute;a haya sido inventado por estos actores.  Considero que siempre ser&aacute; peor, m&aacute;s grande y m&aacute;s complejo de lo que pueda  esperar cualquier persona. La cat&aacute;strofe humanitaria que han tenido que sufrir  las millones de personas que han sido denominadas con este t&eacute;rmino escapa a las  mejores intenciones de entenderla, cuantificarla o visualizarla. No es mi  intenci&oacute;n pensar que el conocimiento que aporto pueda dar un testimonio m&aacute;s  acertado que sirva para comprender mejor el desplazamiento forzoso en medio del  conflicto interno que vive Colombia. Con este escrito<a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a> s&oacute;lo intento rastrear los efectos de la producci&oacute;n de este nuevo  objeto y su aplicaci&oacute;n en nodos estrat&eacute;gicos como el de la pol&iacute;tica p&uacute;blica,  sobre la multitud de cuerpos que son o han sido nombrados como <i>desplazados</i>.</p>     <p align="justify">Este deseo se  inspir&oacute;, en gran parte, en conversaciones que tuve con desplazados a prop&oacute;sito  de un proyecto museogr&aacute;fico alrededor del desplazamiento forzoso desarrollado  en el Museo Nacional de Colombia y expuesto en sus salas y en bibliotecas  p&uacute;blicas y otros escenarios de la ciudad de Bogot&aacute; (Museo Nacional de Colombia,  divisi&oacute;n de arqueolog&iacute;a y etnograf&iacute;a/ICANH, 2003). Durante 2003 y parte de 2004, junto con otros investigadores y bajo la direcci&oacute;n de la  divisi&oacute;n de arqueolog&iacute;a y etnograf&iacute;a del Museo, que para ese entonces llevaba a  cabo un proyecto museogr&aacute;fico y etnogr&aacute;fico sobre la problem&aacute;tica del  desplazamiento en Bogot&aacute;, visitamos la sede de dos instituciones: la unidad de  atenci&oacute;n integral a la poblaci&oacute;n desplazada (UAID), un centro de informaci&oacute;n y de  registro para la poblaci&oacute;n desplazada en Bogot&aacute;; y el Minuto de Dios, ubicada  en Ciudad Bol&iacute;var -una de las localidades que m&aacute;s desplazados de la violencia  recibe en la capital-, encargada sobre todo de ofrecer paquetes de ayuda  humanitaria a desplazados registrados en la Red de Solidaridad Social. Durante  varios meses visitamos esas instituciones, hicimos talleres y sostuvimos  conversaciones espont&aacute;neas con desplazados, mientras esperaban afuera de las  oficinas, y entrevistamos tambi&eacute;n a los funcionarios.</p>     <p align="justify">Mediante estas  visitas logramos acordar con el Minuto de Dios que nosotros hici&eacute;ramos buena  parte de las visitas peri&oacute;dicas que sus funcionarios deben hacer a los  desplazados luego de darles la ayuda humanitaria. Esto nos permiti&oacute; ir a los  lugares de residencia, donde adem&aacute;s de llenar los formularios requeridos, intercambiamos  opiniones acerca de distintas problem&aacute;ticas sobre el desplazamiento forzoso en  Colombia, que se presentar&aacute;n en el art&iacute;culo. Logramos tambi&eacute;n consolidar un  grupo de desplazados que hizo parte de la construcci&oacute;n de una exposici&oacute;n  museogr&aacute;fica colectiva titulada &quot;Yolanda: fragmentos de destierro y desarraigo&quot;.  Como se dijo, la exposici&oacute;n estuvo en el Museo Nacional de Colombia y en otros  espacios, como bibliotecas p&uacute;blicas de la ciudad. Con el tiempo se convirti&oacute;,  en s&iacute; misma, en un lugar de encuentro para iniciar di&aacute;logos y otros talleres, y  conversaciones con desplazados y con el p&uacute;blico asistente sobre algunas de las  problem&aacute;ticas aqu&iacute; discutidas.</p>     <p align="justify">En su conjunto,  las conversaciones que tuve durante ese tiempo, y otras que sostengo sobre la  problem&aacute;tica del desplazamiento en Colombia y en el mundo, la revisi&oacute;n de  investigaciones publicadas y no publicadas, de documentos oficiales y de  numerosos art&iacute;culos de prensa, me han llevado a concentrarme en dos frentes de  trabajo acad&eacute;mico. Primero, en las diferentes maneras en que se piensa el  desplazado en Colombia, es decir, en las t&eacute;cnicas diversas y heterog&eacute;neas,  siempre relacionadas con operaciones de poder, que convierten y formalizan a  este sinn&uacute;mero de personas que llegan a la ciudad huyendo de la violencia en el  sujeto o, m&aacute;s bien, y de acuerdo con Foucault (1976), en un objeto  de conocimiento e intervenci&oacute;n: el desplazado. De esas t&eacute;cnicas me ocupar&eacute; m&aacute;s  adelante. Segundo, en movilizar una pol&iacute;tica intelectual desde la academia que,  consciente y alerta de c&oacute;mo su misma producci&oacute;n participa tambi&eacute;n de la <i>subalternizaci&oacute;n </i>de sus objetos de  estudio, lo hace con el deseo de que tal conocimiento pueda abrir fisuras en  las operaciones de poder que se concretan en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas del estado,  para interrumpir los efectos que tienen esas pr&aacute;cticas sobre las personas que  llegan a las ciudades huyendo de la violencia. En &uacute;ltima instancia, que permita  abrir el espacio o que, simplemente, ofrezca herramientas para que los mismas  personas que son o han sido nombrados como desplazados aparezcan como sujetos  epist&eacute;micos<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a> para interrumpir  las operaciones de poder.</p>     <p align="justify">En la primera  parte, pongo de presente las apuestas pol&iacute;ticas que hay detr&aacute;s de las intervenciones  acad&eacute;micas en el campo del desplazamiento forzoso en Colombia. Al llamar la  atenci&oacute;n acerca de las verdades que sobre los desplazados se elaboran en  diferentes &aacute;mbitos, y los efectos de poder que tienen en los miles de mujeres y  hombres de diferentes generaciones que llegan huyendo de la violencia a las  ciudades del pa&iacute;s, propongo un marco te&oacute;rico para vislumbrar una dimensi&oacute;n en la  que sea posible pensar c&oacute;mo estas personas siguen construyendo sus proyectos de  vida individuales y colectivos, aun dentro de los discursos elaborados por las  operaciones de poder que construyen a este sujeto/objeto <i>desplazado</i>. Cuestiono  algunas de las pr&aacute;cticas generalizantes/homogeneizantes de las intervenciones  sobre estos sujetos, contraponiendo algunos testimonios producto de la  etnograf&iacute;a desarrollada a prop&oacute;sito del proyecto del Museo, para dar cuenta de  la heterogeneidad de deseos y expectativas que subyacen a dicha multitud. A  partir de esos mismos testimonios, finalizo con ejemplos que me permiten entrever  las distintas estrategias de resistencia utilizadas por estas personas dentro y  fuera de los lineamientos las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas sobre el desplazamiento  forzoso en Colombia.</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>DE INTERVENCIONES</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">AL CARACTERIZAR  ESTE ART&Iacute;CULO COMO INTERVENCI&Oacute;N EN EL ESCENARIO de la representaci&oacute;n del objeto  desplazado, quiero enfatizar en la doble estrategia que atraviesa el mismo y la  apuesta pol&iacute;tica, que agrupa, a mi modo de ver, algunas pr&aacute;cticas cr&iacute;ticas intelectuales  de distinta procedencia, acad&eacute;mica y no acad&eacute;mica. Considero esta apuesta como  pol&iacute;tica en el sentido en que Lawrence Grossberg asume la faceta  intervencionista de los estudios culturales en su art&iacute;culo &quot;Cultural studies:  What's in a name?&quot; (1997: 253):</p>     <blockquote>       <p align="justify">Los estudios culturales son intervencionistas en el sentido en  que intentan utilizar los mejores recursos intelectuales disponibles para comprender  mejor las relaciones de poder (como el estado de juego o balance en un campo de  fuerzas) en un contexto particular, creyendo que tal conocimiento permitir&aacute;  mejor a las personas cambiar el contexto y, por tanto, las relaciones de poder  (traducci&oacute;n del autor).</p> </blockquote>     <p align="justify">En este orden de  ideas, intento enfatizar en que el desplazado como objeto de conocimiento e  intervenci&oacute;n mundial surge en la d&eacute;cada de 1990 como una  construcci&oacute;n pol&iacute;tica producida en y por relaciones particulares de poder, con  efectos concretos para esas personas perseguidas por la violencia en el pa&iacute;s.  Esta estrategia no pretende ser reveladora ni esperanzadora. Por un lado, buena  parte de lo expuesto lo enunciaron quienes intercambiaron opiniones conmigo  durante los talleres y conversaciones espont&aacute;neas. Este mismo prop&oacute;sito ha sido  utilizado, desde otro nivel, por acad&eacute;micos como Liisa Malkii (1995: 377) en su estudio  sobre los refugiados en Tanzania. En dicho estudio, ella explor&oacute; las formas que  toman las intervenciones humanitarias que se enfocan en los refugiados como  objeto de conocimiento, de asistencia y de manejo, y rastre&oacute; sus efectos en  distintos niveles. No obstante, se sabe que los reg&iacute;menes sobre el refugiado o  el desplazado interno son producto de una relaci&oacute;n de fuerzas en la que algunos  nodos, articulados a la nueva econom&iacute;a global, a pol&iacute;ticas de contenci&oacute;n promovidas  en los niveles locales y globales, a la radicalizaci&oacute;n de los partidos  derechistas en distintas partes del mundo y al endurecimiento de las pol&iacute;ticas  migratorias a escala mundial, entre otras, parecen adquirir hegemon&iacute;a global  (Castles, 2003; Lui, 2004). Y, tambi&eacute;n, que dentro dentro de una concepci&oacute;n del poder que  enfatiza siempre en su naturaleza relacional es posible entender que si en  efecto existe una relaci&oacute;n de poder que se materializa mediante estas  operaciones, es porque depende de diversos puntos de resistencia que cumplen el  papel de adversarios, blanco, soporte o palanca de esas relaciones (Foucault, 1978:95). Hacer una  cartograf&iacute;a de esos puntos de resistencia es uno de los prop&oacute;sitos de este  art&iacute;culo.</p>     <p align="justify"><b>Rastreando los  efectos de verdad de este nuevo objeto: el estado y los datos</b></p>     <p align="justify">PARTO ENTONCES DE  CONSIDERAR QUE EXISTE UN CONJUNTO DE REPRESENTACIONES y verdades sobre  este objeto, el desplazado, que en Colombia surge a mediados de la d&eacute;cada de 1990, cuando el estado lo institucionaliza al ponerlo bajo la tutela  de la Red de Solidaridad Social (hoy, Agencia presidencial para la acci&oacute;n  social y la cooperaci&oacute;n internacional). Atravesado por pol&iacute;ticas de distintas  escalas -locales, nacionales e internacionales-, su institucionalizaci&oacute;n logra  denotar significados particulares sobre esos cientos de miles de personas. En  este sentido, en sus estudios sobre migraci&oacute;n forzosa, S&oslash;rensen (2003) muestra que en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas globales es com&uacute;n  concebir al desplazamiento como un fen&oacute;meno temporal, y a la poblaci&oacute;n  desplazada con una predisposici&oacute;n natural al retorno. Para ella, tales maneras  de pensar el desplazado y el desplazamiento han legitimado y autorizado formas  particulares de intervenci&oacute;n. Al analizar las verdades que se construyen en el  caso colombiano sobre el desplazado, mi prop&oacute;sito no es proponer que ellos no  son eso o son m&aacute;s que eso, que sea cierto o no que quieran retornar a su lugar  de origen, que su situaci&oacute;n sea temporal o permanente, ni detenerme en el  an&aacute;lisis de las posibilidades ni en la configuraci&oacute;n de dicho r&eacute;gimen  discursivo. Es analizar estas representaciones en s&iacute; mismas, y, sobre todo, en  relaci&oacute;n con los efectos de verdad que se desprenden de ellas (Foucault, 1992).</p>     <p align="justify">Para dar un  ejemplo: en el documento Conpes citado es posible encontrar, adem&aacute;s de la idea  de la temporalidad de la que hablaba S&oslash;rensen, seg&uacute;n la cual el desplazado  tiene derecho a recibir asistencia por tres meses<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>, prorrogables  excepcionalmente por otros tres, otra idea un poco m&aacute;s perversa que empieza a  figurar en las pol&iacute;ticas estatales de atenci&oacute;n, tal como se plasmaron en  documentos iniciales: que el desplazamiento forzado sea el resultado de un  desastre natural. No de otra manera se entiende que la financiaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n  del programa de asistencia especial de emergencia para el desplazamiento est&eacute; a  cargo del Sistema nacional de prevenci&oacute;n y atenci&oacute;n de desastres. A&uacute;n m&aacute;s: una  investigaci&oacute;n del Secretariado Nacional de Pastoral Social (2001) sobre el desplazamiento forzoso en Colombia identific&oacute; una  situaci&oacute;n similar en relaci&oacute;n con el decreto 976 de 1997, que antecedi&oacute; a la promulgaci&oacute;n de la ley 387 del mismo a&ntilde;o. En ese decreto se asimila al desplazado con el  damnificado, y se coloca bajo la protecci&oacute;n del Fondo nacional de calamidades.  La investigaci&oacute;n cita el siguiente fragmento de dicho decreto: &quot;enti&eacute;ndase de  manera similar, a desastres y calamidades, el fen&oacute;meno social del  desplazamiento masivo de la poblaci&oacute;n civil&quot; (Secretariado Nacional de Pastoral  Social, 2001: 29), y concluye que los instrumentos legales que anteceden a la ley  del desplazamiento asimilaban de manera directa los &quot;&eacute;xodos forzados&quot; con los  desastres naturales, con el efecto de pensar al desplazado como v&iacute;ctima de la  violencia natural. De este modo se invisibilizaba su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y se  conceb&iacute;a el retorno al lugar de origen como una consecuencia de la atenci&oacute;n humanitaria.</p>     <p align="justify">Otro de los  niveles en los que opera la dimensi&oacute;n macropol&iacute;tica de este tipo de verdades  imbricadas en relaciones de poder es el del fetichismo de los datos, es decir,  el asunto de cu&aacute;ntos son los desplazados en Colombia. Un buen ejemplo en este  caso lo constituy&oacute; la depuraci&oacute;n del sistema &uacute;nico de registro (SUR)<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>, para generar  &quot;cifras (<i>sic</i>) reconocidas de  poblaci&oacute;n desplazada en Colombia que permitieran hacer un balance sobre las  pol&iacute;ticas nacionales de atenci&oacute;n a los desplazados&quot;. Seg&uacute;n <i>El Tiempo</i>, peri&oacute;dico que  public&oacute; la noticia, la poblaci&oacute;n desplazada contabilizada por dicho sistema fue  de tan solo 800 mil personas<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a>, dato que a  todas vistas buscaba acallar las cifras de la Consultor&iacute;a para los Derechos  Humanos y el Desplazamiento (Codhes), instituci&oacute;n de la sociedad civil que  desde 1985 ha sido una de  las que ha seguido m&aacute;s de cerca el desplazamiento en Colombia, y seg&uacute;n la cual  el n&uacute;mero de desplazados en 2003 se estimaba en  m&aacute;s de tres millones. Podr&iacute;a pensarse, incluso, como lo propusieron tambi&eacute;n  otros peri&oacute;dicos, que la tasa nacional de desplazamiento forzoso en los &uacute;ltimos  a&ntilde;os se redujo en cerca de 50% -de 351 mil a 175 mil casos  reportados entre y enero y septiembre de 2003-. Lo anterior  sin tener en cuenta que en 2004 los desplazados  por la fumigaci&oacute;n de cultivos de uso il&iacute;cito no fueron acreditados como tales  -en un pa&iacute;s donde &eacute;sta ha aumentado considerablemente-, que existan  inconsistencias, temores o rechazo a registrarse en las instituciones, por  distintas razones, o que haya una estrategia de guerra que ya no se basa en  desplazar a la gente sino en confinarla en lugares espec&iacute;ficos y controlados en  varias regiones del pa&iacute;s, tal como se&ntilde;ala Codhes (2004).</p>     <p align="justify">En buena medida,  en los &uacute;ltimos a&ntilde;os gran parte del debate sobre el desplazamiento en Colombia  ha estado relacionado con los datos, lo que recuerda el juego pol&iacute;tico profundo  y complejo que hay detr&aacute;s de las estad&iacute;sticas (Codhes, 2004a; Piffano, 2004). Scott (1998) ha dicho que los censos, las estad&iacute;sticas y, en general, el  ejercicio de hacer inteligible una complejidad de situaciones cualesquiera  mediante su reducci&oacute;n cuantitativa y abstracta cumplen un rol fundamental  dentro del estado moderno. El conocimiento sobre estos datos fue, precisamente,  lo que llev&oacute; a que la Corte Constitucional considerara este fen&oacute;meno una de las  peores crisis humanitarias del hemisferio<a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a>. Las  discrepancias sobre los datos contin&uacute;an a trav&eacute;s de los a&ntilde;os: mientras el gobierno  nacional reportaba en 2004 la disminuci&oacute;n de  37% del desplazamiento  forzoso con respecto a 2003<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a>, informaci&oacute;n que  hizo parte, incluso, del discurso pronunciado por el presidente &Aacute;lvaro Uribe (2002-) en la Asamblea general de las Naciones Unidas, Codhes  sosten&iacute;a que, en realidad, los desplazados hab&iacute;an aumentado 38,5%<a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a>. Por lo dem&aacute;s,  en 2005 las cifras del  Alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (Acnur) sobre el  desplazamiento forzoso en Colombia ya no situaban al pa&iacute;s en el tercer lugar en  cuanto a desplazados internos en el mundo, como hace unos a&ntilde;os, sino en el  primero, con cerca de dos millones<a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ahora bien, si se  compara la certeza con la que funcionarios de alto nivel, como el presidente de  la rep&uacute;blica o el director de la Red de Solidaridad Social, defienden estos  datos con lo que se observa en las oficinas donde los desplazados presentan su  declaraci&oacute;n para ser inscritos en el SUR, es posible  encontrar una situaci&oacute;n interesante, tanto para nuestro caso en particular como  para quien est&eacute; interesado en pensar, escuchar y leer etnogr&aacute;ficamente al  estado. Siguiendo la forma como Gupta (1995) y otros  (Abrams, 1988; Arextaga, 2000; Ferguson y Gupta, 2005)<a href="#pie9" name="spie9"><sup>9</sup></a> se han aproximado  al estado considero, luego de visitar esas oficinas, que esos discursos y los  aparatos institucionales que intervienen sobre estas personas distan de ser  coherentes y eficientes. En las numerosas ocasiones que visit&eacute; los lugares de  atenci&oacute;n al desplazado, constat&eacute; la precariedad del aparato estatal para clasificar  y ordenar, en formularios llenados a mano que se traspapelan con frecuencia, as&iacute;  como para almacenar, distribuir y canalizar los paquetes de ayuda humanitaria  dispuestos para ellos. Mi intenci&oacute;n no es sostener que debe contarse o llevarse  mejor el registro estad&iacute;stico de esta problem&aacute;tica, sino enfatizar, una vez  m&aacute;s, c&oacute;mo se piensa, lee y escucha al estado desde distintos cuerpos y lugares tales  como el de los mismos desplazados y desde esas oficinas perif&eacute;ricas,  respectivamente.</p>     <p align="justify">De acuerdo con  esos autores, planteo que lo que Arextaga (2000) denomina &quot;la  realidad ficcional del estado&quot; -distanciado del ciudadano, y en apariencia  eficaz y capaz de monitorear y concentrar informaci&oacute;n como en el caso que nos  concierne- es posible, precisamente, por los efectos que producen sus distintos  tipos de pr&aacute;cticas. Por las frecuentes visitas que hice a esas oficinas de  registro, es dif&iacute;cil pensar estos aparatos y el discurso sobre el desplazado  como mecanismos coherentes de arriba abajo, eficaces para centralizar y  recolectar informaci&oacute;n que lleve a determinar los datos oficiales as&iacute; como para  gobernar a la poblaci&oacute;n desplazada. Lo que se observa all&iacute; no puede ser m&aacute;s lejano:  colas largas, tr&aacute;mites innumerables, burocracias locales, hacinamiento,  desorden y p&eacute;rdida de la informaci&oacute;n, esperas prolongadas, negligencia, entre  otras, como pruebas de la falta de eficiencia y coherencia de esos aparatos  para intervenir sobre estas personas. Ese es el estado para estas personas:  fragmentado, incoherente, negligente y poco eficaz en su actuar, en contraste  con ese otro estado racional que conoce los datos reales sobre el  desplazamiento forzoso en el pa&iacute;s. Incluso, al hablar de la pol&iacute;tica p&uacute;blica,  investigadores como Vidal (2002) no dudan en  se&ntilde;alar que no existe en s&iacute;; lo que existe, para ese autor, es un conjunto de  pol&iacute;ticas que constituyen n&uacute;cleos relativamente independientes, con l&oacute;gicas  propias, que en algunos momentos coinciden y en otros se contradicen por  completo (Vidal, 2002: 183).</p>     <p align="justify"><b>Mi intervenci&oacute;n etnogr&aacute;fica</b></p>     <p align="justify">NO OBSTANTE, PROPONGO PENSAR  QUE ESTOS PROCESOS DE CONSTRUCCI&Oacute;N del desplazado, aun cuando discontinuos, fragmentados e  incoherentes, pero capaces de elaborar datos tan contundentes sobre el  desplazamiento forzoso en Colombia, no son fijos y est&aacute;n amenazados  permanentemente por lo que los sujetos representados por estos discursos hacen  de los mismos. En este sentido, anunciar al sujeto -desplazado- es anticipar a  uno que ya est&aacute; constituido, sin que esto implique afirmar que el sujeto est&eacute;  determinado, tal como lo plante&oacute; Butler (2001) para el sujeto  mujer. Aqu&iacute;, como ejemplifica Chaves (2003) para el bajo  Putumayo con el caso de los cabildos multietnicos y las identidades depuradas  que luchan contra y dentro de las definiciones estatales de la etnicidad,  subrayo y enfatizo c&oacute;mo, en algunos casos, estas determinaciones configuradas  desde las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas son tan solo un primer momento de lo que luego son  luchas culturales verdaderas y muy activas de los grupos as&iacute; marcados, por  reconceptulizar, resistir y acomodarse a estas categorias impuestas por el  estado.</p>     <p align="justify">La  conceptualizaci&oacute;n de Hall (1992) acerca de la  identidad me sirve para tener una perspectiva que conjuga el an&aacute;lisis mediante el  cual ciertos sujetos se producen a trav&eacute;s de una rejilla de inteligibilidad pero  tambi&eacute;n por lo que esos sujetos &quot;hacen de su historia&quot;, aun cuando no bajo las  condiciones elegidas por ellos, como lo plante&oacute; Marx (1978). El mismo Hall (1992: 12) dir&iacute;a que buena parte del an&aacute;lisis del primer Foucault con respecto  al sujeto privilegi&oacute; el poder monol&iacute;tico de los discursos, con el efecto de  descuidar c&oacute;mo se negocian y resisten internamente, m&aacute;s all&aacute; de la idea de  cuerpos d&oacute;ciles y sin poder de decision sobre sus proyectos de vida  individuales y colectivos. Foucault mismo (1992: 49), en sus &uacute;ltimas &eacute;pocas, sostuvo que quiz&aacute;s insisti&oacute; demasiado  en la dominaci&oacute;n y el poder, y que entonces estaba m&aacute;s interesado en la  interacci&oacute;n entre uno mismo y los dem&aacute;s, as&iacute; como en las tecnolog&iacute;as de la  dominaci&oacute;n individual. En esa misma l&iacute;nea, sigo el camino metodol&oacute;gico  propuesto por McRobbie (1996: 36) en su estudio sobre las representaciones de la sexualidad, la  raza y la juventud en Londres en la d&eacute;cada de 1990: de c&oacute;mo estos discursos  -de la sexualidad, de la juventud y de los desplazados, en nuestro caso-  necesitan adquirir carne y ser explorados dentro del paisaje de las relaciones  sociales cotidianas.</p>     <p align="justify">En esta dimensi&oacute;n  encuentro ejemplos de lo que hacen esas personas en su cotidianidad con esos  discursos; como intento mostrar, se los apropian y dirigen hacia otras  direcciones no previstas por las operaciones de poder. As&iacute;, por ejemplo, existe  un proceso por medio del cual el sujeto desplazado puede convertirse en un  punto para la reconstrucci&oacute;n de una unidad entre la heterogeneidad de historias  personales que alberga esta condici&oacute;n, tal como plante&oacute; Hall (1998: 59) con el sujeto  negro en Jamaica a finales de los a&ntilde;os 1960 y 1970, en donde las personas reconocieron y aceptaron su herencia  negra-esclava-africana. Malkii (1995) explica  tambi&eacute;n, en el caso de los refugiados hutu en Tanzania, de qu&eacute; manera las  personas se han apropiado de esa categor&iacute;a -el refugiado- como una dimensi&oacute;n  positiva de su identidad colectiva en el exilio. En Colombia existen  testimonios que hablan de un reconocimiento positivo de este sujeto, como puede  inferirse de las palabras de algunos l&iacute;deres de la difundida y prolongada toma  al edificio de la Cruz Roja en Bogot&aacute;, en 1999, autodenominada  &quot;la toma del milenio&quot;, con quienes intercambi&eacute; opiniones mientras observaban la  exposici&oacute;n museogr&aacute;fica del Museo Nacional de Colombia, en mayo de 2003.</p>     <p align="justify">Uno de ellos hizo  referencia a c&oacute;mo el t&eacute;rmino desplazado no denota un estigma para &eacute;l, sino que  expres&oacute; estar orgulloso de tal r&oacute;tulo, pues hace referencia al esp&iacute;ritu  permanente de lucha y de renovaci&oacute;n constante que, seg&uacute;n &eacute;l mismo, se evidenci&oacute;  con la toma citada. Al analizar el caso de los cocaleros del Putumayo durante  las marchas de 1996, Ram&iacute;rez (2001) hab&iacute;a planteado el surgimiento de identidades politizadas  entre personas que sufren la estigmatizaci&oacute;n y el abandono del estado. Ella  insiste en el surgimiento de esas identidades cuando un grupo emerge como tal  porque otro lo excluye y le pone una etiqueta, y los rotulados se identifican  como miembros de ese grupo sobre la base de su condici&oacute;n de desamparo. En el  caso que nos concierne, esta identificaci&oacute;n fue muy reveladora cuando en el trayecto  al Museo varios l&iacute;deres corrieron para aparecer en una c&aacute;mara de City TV, un canal de  Bogot&aacute; que entrevistaba a los transe&uacute;ntes. Fue revelador en tanto ese deseo  manifiesto de visibilizarse va en contrav&iacute;a de todo un r&eacute;gimen de  representaci&oacute;n que los hace invisibles y an&oacute;nimos.</p>     <p align="justify">As&iacute;, frente al  desdibujamiento de la persona, que se diluye entre el r&eacute;gimen de representaci&oacute;n  del dato o de la poblaci&oacute;n desplazada, los testimonios que presento, tomados de  la etnograf&iacute;a coyuntural y situacional, buscan ubicar a las biograf&iacute;as de estas  personas como aquello de lo que se debe (deseo) hablar cuando se habla de  desplazados. O, al menos, para recordarle a este r&eacute;gimen de representaci&oacute;n la  heterogeneidad de deseos, intereses y expectativas que constituye este bloque  nombrado como los desplazados y que escapa de su deseo de gobernarlo. En s&iacute;,  tal como describe Salcedo (2005), mediante las  distintas estrategias de sobrevivencia de los desplazados -asociaciones, redes  de ayuda, puestos de comida y organizaciones-, los grupos sociales y culturales  subalternos subvierten una y otra vez el orden social de las ciudades, as&iacute; como  su condici&oacute;n de marginaci&oacute;n (v&eacute;ase Bello y Mosquera, 1999). Las conversaciones que mantuve durante ese tiempo se&ntilde;alan  este camino: desafiando, afirmando, ignorando, debatiendo y confrontando  siempre las representaciones de la pol&iacute;tica p&uacute;blica y las pr&aacute;cticas que se desprenden  de ellas.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>DE REPRESENTACIONES Y PR&Aacute;CTICAS</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">ALGUNOS SE&Ntilde;ALAN  UNA DE LAS PR&Aacute;CTICAS GENERALIZADORAS QUE EXISTE en una pol&iacute;tica p&uacute;blica, la del  retorno, como una de las posibilidades que anhelan muchos desplazados; no  obstante, algunos de los que entrevist&eacute;, a pesar que estableci&eacute;ramos como hip&oacute;tesis  la finalizaci&oacute;n del conflicto armado y plenas garant&iacute;as para su retorno, ni  siquiera contemplan la posibilidad de regresar a su lugar de origen. De acuerdo  con la pol&iacute;tica p&uacute;blica, el retorno es voluntario y se llevar&aacute; a cabo de  acuerdo con las previsiones en materia de proteccion, consolidaci&oacute;n y  estabilizaci&oacute;n econ&oacute;mica contempladas en la ley 387 de 1997 (Red de Solidaridad Social, 2001: 32). Uno de los objetivos del &quot;Desarrollo y consolidaci&oacute;n de los  programas de restablecimiento de la poblaci&oacute;n desplazada&quot; -parte de las  estrategias de atenci&oacute;n al desplazamiento interno de la Red de Solidaridad  Social- es &quot;generar, con las propias comunidades y familias desplazadas, y en  colaboraci&oacute;n con las agencias y entidades p&uacute;blicas y privadas, condiciones para  el retorno voluntario a sus lugares de origen&quot; (Red de Solidaridad Social, 2001: 32).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin embargo, al  contrastar esos ordenamientos de la pol&iacute;tica p&uacute;blica con la cotidianidad de los  desplazados con quienes me entrevist&eacute;, adem&aacute;s de hallar estrategias de  supervivencia en el nuevo entorno, no anticipadas y alejadas de esa pol&iacute;tica,  encontr&eacute; resignaci&oacute;n en cuanto a que no habr&aacute; condiciones para el retorno  voluntario<a href="#pie10" name="spie10"><sup>10</sup></a>. Hay una diferencia considerable entre  los lineamientos de la pol&iacute;tica p&uacute;blica y lo que sucede en la pr&aacute;ctica, algo  que es no es nuevo dentro de una concepci&oacute;n del estado que, precisamente, se  enfoca en sus capilaridades.</p>     <p align="justify">Un ind&iacute;gena  proveniente del departamento de Putumayo, al sur del pa&iacute;s, lo manifest&oacute; cuando afirm&oacute;  que en Bogot&aacute; los ni&ntilde;os ten&iacute;an el colegio a unos minutos, mientras que en la  selva deb&iacute;an caminar m&aacute;s de una hora para llegar. Dijo tambi&eacute;n que no pensaba  regresar porque no ten&iacute;a sentido volver a un lugar donde no hab&iacute;a nadie y s&oacute;lo  hab&iacute;a desolaci&oacute;n y no-futuro. El testimonio del ind&iacute;gena, quien vive en la  ciudad de vender dulces en los buses, se&ntilde;ala de nuevo lo contrario: piensa  quedarse en la ciudad y no en regresar a su lugar de origen. Es significativo  que sea un ind&iacute;gena quien diga estas palabras, en tanto investigadores  relacionados con la problem&aacute;tica del desplazamiento forzoso en Colombia los  caracterizan, junto con los afrocolombianos, los gitanos, los raizales y los  campesinos, como &quot;culturas territoriales&quot;, que &quot;(...) est&aacute;n estrechamente ligadas  a lugares que se entrelazan para conformar un territorio, que han consolidado  fuertes referentes comunes y que cuentan con un conjunto organizado e  identificable de &quot;significados&quot; y, por ende, comparten universos de sentido  (cosmovisiones) similares&quot; (Su&aacute;rez, s. f.).</p>     <p align="justify">Atrae mucho  pensar que tales apreciaciones se desprenden de modelos de pensamiento  modernos, seg&uacute;n los cuales la identidad est&aacute; atada al territorio de origen.  Malkki (1992) ha llamado la  atenci&oacute;n sobre la metaf&iacute;sica sedentaria de buena parte de las representaciones  sobre los refugiados, por ejemplo, la de los medios de comunicaci&oacute;n masiva, en  los que se les concibe sin identidad, por estar fuera de su territorio  nacional. No quiero insinuar que tales concepciones sean equivocadas, es decir,  que la identidad no tenga v&iacute;nculo alguno con el territorio de origen, pues es  claro que, como dice Escobar:</p>     <blockquote>       <p align="justify">el lugar todav&iacute;a sigue siendo importante en la vida de muchas personas,  quiz&aacute; la mayor&iacute;a, si entendemos por el lugar la experiencia de una locaci&oacute;n con  alguna medida de territorialidad (sin embargo, inestable), alg&uacute;n sentido de  fronteras (no obstante, permeables) y en conexi&oacute;n con la vida cotidiana, aun si  la identidad se construye, est&aacute; atravesada por el poder y nunca fija (2001: 140. Traducci&oacute;n del  autor).</p> </blockquote>     <p align="justify">S&oacute;lo se&ntilde;alo que  la p&eacute;rdida del lugar es una experiencia dram&aacute;tica para estas personas, pero que  no significa que hayan perdido su identidad o su lugar en el mundo. Lo que se  constata es, precisamente, la existencia de habilidades para hacer &quot;lugar&quot; (Escobar,  2001) en el nuevo  entorno, sin romper por completo los lazos con lo que se tuvo que abandonar,  tal como se infiere de la respuesta de un desplazado del Huila cuando le  pregunt&eacute; por qu&eacute; guardaba tantos discos de rancheras: respondi&oacute; que los escuchaba  para no olvidar su tierra. O el caso del ind&iacute;gena desplazado del Putumayo, que  para no olvidar la selva conservaba un viejo loro que deambulaba por su casa  -humilde- en Ciudad Bol&iacute;var. En este y en otros casos, lo que encontr&eacute;, y el  t&eacute;rmino es de James Clifford (1997: 257) para referirse a las comunidades diasp&oacute;ricas, lejos de las  lecturas de p&eacute;rdida y de desarraigo, es un sentido permanente de &quot;renovaci&oacute;n&quot;.</p>     <p align="justify">No quiero decir  tampoco que ese sentido de &quot;renovaci&oacute;n&quot; est&aacute; presente en todos. As&iacute;, por  ejemplo, un ind&iacute;gena desplazado proveniente del municipio de Chaparral  (departamento de Tolima) dijo que cuando los ind&iacute;genas o los campesinos llegan  a Bogot&aacute; &quot;es como si se sacara un mico de la selva y lo soltaran en la ciudad&quot;.  Hizo referencia tambi&eacute;n a que el desplazamiento de ind&iacute;genas y campesinos puede  entenderse como si se sacara un pez del agua y luego se botara &quot;al calor&quot;,  donde no pod&iacute;a sobrevivir por no tener el agua (&quot;el territorio&quot;, v&eacute;ase m&aacute;s  arriba) como medio vital a su alrededor. Es diciente, sin embargo, que &eacute;l  mismo, aun cuando en la entrevista mencion&oacute; que anhelaba regresar a su lugar de  origen, representado como un &quot;para&iacute;so&quot;, coment&oacute; en seguida que no hab&iacute;a  garant&iacute;as para hacerlo, por lo que para su futuro s&oacute;lo esperaba o el  reasentamiento en otro lugar del campo distinto al de origen o asentarse  permanentemente en la ciudad. Encontr&eacute; tambi&eacute;n deseos de varios desplazados por  salir de pa&iacute;s, se&ntilde;alando Canad&aacute; como principal destino.</p>     <p align="justify">Mi inter&eacute;s no es  dar mayor fuerza a una de las dos opciones, regresar o quedarse en la ciudad;  lo que me propongo al presentar esta caracterizaci&oacute;n es dar cuenta de c&oacute;mo hay  toda una gama de representaciones -la de las &quot;culturas territoriales&quot; es un  ejemplo- alrededor de quienes huyen de la violencia en Colombia;  representaciones que pierden su consistencia, muchas veces, si se contrastan a  los testimonios de los sujetos del discurso. Lo preocupante es que bajo la de  las &quot;culturas territoriales&quot; se est&aacute; orientando buena parte de la pol&iacute;tica  p&uacute;blica en relaci&oacute;n con desplazamiento forzoso en Colombia. Parece entonces  que, seg&uacute;n esa pol&iacute;tica, &quot;el retorno&quot; al territorio, independientemente de la voluntariedad  o la percepci&oacute;n que tengan esos habitantes sobre sus regiones, sobre la ciudad  a la que llegan o sobre las posibilidades reales del retorno seguro a su lugar  de origen, se convierte en la soluci&oacute;n natural que todo el contingente de  desplazados debe seguir, independientemente de sus deseos, temores o  percepciones (Fern&aacute;ndez y Vidal, 2003). En la  pr&aacute;ctica, como lo ha manifestado la Oficina del Alto Comisionado de las  Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en su informe de 18 de marzo de 2005 presentado a la  Corte Constitucional:</p>     <blockquote>       <p align="justify">la garant&iacute;a del respeto del principio de voluntariedad queda en entredicho.  Para hablar de voluntariedad tiene que existir la posibilidad de escoger entre  diferentes alternativas. En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, las opciones se reducen a  regresar con el apoyo institucional o permanecer en el lugar de llegada con el  l&iacute;mite temporal de tres meses de asistencia humanitaria (Corte Constitucional,  Auto 178 2005).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otra  representaci&oacute;n muy com&uacute;n en relaci&oacute;n con el desplazado se manifiesta mediante  el estigma que dicen sentir los marca cuando los denominan como tales. En  varias ocasiones mencionaron los t&eacute;rminos guerrillero, bandolero, cuatrero u  oportunistas, entre otros, como r&oacute;tulos que les ponen los habitantes de la  ciudad. Explicaron que delante de sus vecinos o frente a sus posibles patrones  prefieren no identificarse como desplazados, por las asociaciones que  establecen entre el desplazado y la violencia, la criminalidad, la mendicidad,  los bandos del conflicto armado, etc&eacute;tera. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n que muchos de  los comentarios que hicieron sobre de la exposici&oacute;n en el Museo Nacional ten&iacute;an  que ver con las percepciones de los habitantes de la ciudad sobre ellos, que  les restaban oportunidades para conseguir empleo o entablar amistades en el  nuevo entorno. La exposici&oacute;n, consideraban, contribuir&iacute;a a revertir tales  representaciones entre los habitantes de la ciudad.</p>     <p align="justify">No todos los  desplazados tienen esa percepci&oacute;n sobre los habitantes de la ciudad. As&iacute;, por  ejemplo, una entrevista con varias personas desplazadas y un l&iacute;der barrial de  Ciudad Bol&iacute;var, no desplazado, fue muy diciente al respecto: en sus palabras  hizo referencia a que &eacute;l era tambi&eacute;n desplazado de esa otra violencia que ha marginado  a buena parte de la poblaci&oacute;n colombiana a las franjas de la pobreza en el  pa&iacute;s. Ver c&oacute;mo dialogaban sobre las asociaciones barriales a las que se  hallaban vinculados, buscando mejorar la situaci&oacute;n de los nuevos desplazados,  fue un buen ejemplo de tres fen&oacute;menos: primero, de c&oacute;mo las representaciones de  los desplazados sobre los habitantes de la ciudad pierden tambi&eacute;n su consistencia  cuando se comparan con la etnograf&iacute;a que se presenta en este art&iacute;culo. Segundo,  y siguiendo a Salcedo (2005), de c&oacute;mo las  ciudades -Bogota en este caso-<a href="#pie11" name="spie11"><sup>11</sup></a>, se convierten  en lugares propios para reconstruir la vida y alejarse de persecuciones letales<a href="#pie12" name="spie12"><sup>12</sup></a>. Tercero, de  procesos de articulaci&oacute;n entre desplazados y no-desplazados que optan por  formas econ&oacute;micas alternativas de cooperaci&oacute;n, para sobrevivir a la marginaci&oacute;n  estructural que viven.</p>     <p align="justify">Lejos de este  caso, esperanzador, hay numerosos ejemplos en los que el r&eacute;gimen de  representaci&oacute;n del desplazado se materializa con unas consecuencias desastrosas.  En las conversaciones hubo testimonios de habitantes de la ciudad a quienes les  echaban los perros para que no se acercaran a propiedades. La marginaci&oacute;n  espacial y laboral a la que en muchas ocasiones son sometidos en la ciudad es  otro ejemplo de estos discursos. Castillejo (2000: 188) trae a colaci&oacute;n otro ejemplo, relacionado con el  reasentamiento propuesto para un grupo de desplazados en el municipio de La  Mesa (departamento de Cundinamarca) en 1996. La noticia fue  publicada en el peri&oacute;dico <i>El Tiempo </i>el 8 de enero de 1997, y seg&uacute;n la misma la gobernadora del departamento asociaba los  desplazados con guerrilleros, por lo que se les cerraron las puertas en los  nuevos lugares de asentamiento:</p>     <blockquote>       <p align="justify">Entonces regresaron a Bogot&aacute; y el gobierno les consigui&oacute; un  albergue en La Mesa, al cual nunca llegaron, pues seg&uacute;n ellos (los  desplazados), la gobernadora dijo que no recib&iacute;a reinsertados de la guerrilla.  En Duitama los concejales y el alcalde aseguraron que en com&uacute;n acuerdo con el  gobernador tampoco los pod&iacute;an recibir (los corchetes son m&iacute;os).</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>El r&eacute;gimen  humanitario, el r&eacute;gimen de los derechos humanos y la </b><b><i>gobermentabilidad</i></b></p>     <p align="justify">EXISTE OTRA  REPRESENTACI&Oacute;N SOBRE LOS DESPLAZADOS TAN PREOCUPANTE como las  anteriores. Contraria a ellas, no tiene una connotaci&oacute;n expl&iacute;citamente  negativa, quiz&aacute; por su car&aacute;cter humanitario. Hablo del r&eacute;gimen humanitario, que  convierte la rutina diaria de los desplazados en la ciudad en un ir y venir constante  de oficina en oficina y de funcionario en funcionario, tras la asistencia  humanitaria ofrecida por el estado. Es com&uacute;n que carguen consigo una carpeta  bajo el brazo, en la que guardan, con mucho cuidado, todos los documentos  oficiales, los derechos de petici&oacute;n, las tutelas, la carta de salud, los  documentos que prueban que son desplazados. Parece que su existencia estuviera  cifrada en esas carpetas llenas de ese tipo de documentos. Mientras hablaba con  ellos, en las afueras de las oficinas o en sus lugares de residencia, fue usual  que me las mostraran para probar que no estaban diciendo mentiras y que eran  verdaderos desplazados, o para demostrar la negligencia del estado frente a su  obligaci&oacute;n de proveerles asistencia, seg&uacute;n decretos, sentencias y leyes que  guardaban all&iacute;. Durante la entrevista que mantuve con uno de ellos en su lugar  de residencia, le pregunt&eacute; qu&eacute; pasar&iacute;a si perdiera la carpeta. La respuesta fue  el silencio y una risa nerviosa. Sin embargo, resulta parad&oacute;jico, como muestro  adelante, que parte de sus herramientas de resistencia colectiva e individual  frente al estado sean estas carpetas y los documentos que llevan adentro.</p>     <p align="justify">A grandes rasgos,  se trata de pr&aacute;cticas que ubican y condicionan a estas personas en la posici&oacute;n  de simples receptores de ayuda humanitaria, eso s&iacute;, siempre y cuando el estado  tenga la disposici&oacute;n y destinaci&oacute;n presupuestal<a href="#pie13" name="spie13"><sup>13</sup></a> (Codhes, 2003). Comparto la opini&oacute;n de Castillejo (2000) cuando dice que bajo el lema del discurso humanitario estas  pr&aacute;cticas <i>des-humanizan </i>a las personas, les  quitan su capacidad de poder sobre sus propios proyectos de vida individuales y  colectivos, en tanto han sido absorbidas a tal punto por el mismo sistema que  ya ni siquiera pueden contradecirlo, refutarlo o criticarlo. Ese es el precio  que deben pagar por entrar al sistema. Se trata entonces de una operaci&oacute;n del  poder que funciona en una dimensi&oacute;n macropol&iacute;tica para gobernar a la poblaci&oacute;n  desplazada mediante la unificaci&oacute;n de un proceso que tiene varias etapas y  deben seguir todos, independientemente de biograf&iacute;as, deseos o temores. Se  trata, en definitiva, de operaciones de <i>gobermentalidad</i><a href="#pie14" name="spie14"><sup>14</sup></a> que traen consigo  violencias materiales y simb&oacute;licas as&iacute; como las que expongo en seguida.</p>     <p align="justify">Las palabras de  una mujer desplazada del departamento de Meta -al oriente del pa&iacute;s- tal vez  logran expresar mejor la violencia simb&oacute;lica y la desesperanza que traen  consigo estas pr&aacute;cticas humanitarias de <i>gobermentalidad</i>:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No s&eacute; si es por el mismo problema, que cada uno est&aacute; buscando lo  suyo y no haya como hacerle, y por tanta hambre y miseria en que vive mi  pueblo, que cuando lo de los regalos de Navidad fue una tragedia. Fue algo que  en lugar de dar alegr&iacute;a a la gente le dio tristeza, porque de pronto los  regalos no eran los que se esperaban, en la mayor parte de los casos eran cosas  que ni siquiera uno necesita. Fue tan poquito lo que dieron a la gente, que en  lugar de darle alegr&iacute;a le dio tristeza, porque aguantando hambre, sed, sol,  porque nos quemamos hasta lo que no ten&iacute;amos, para aparecernos con eso. A la gente  m&aacute;s bien lo que le dio fue rabia. Porque, por ejemplo, a la mayor y a m&iacute; nos  llegaron un par de zapatos pero talla cuarenta y, &iquest;qui&eacute;n se los iba a poner?,  un poco de pitos que en realidad no ten&iacute;an raz&oacute;n de ser. Pero algunos estuvieron  de buenas y les salieron unas chaquetas; a otros no les salieron sino unos  limpiones y no m&aacute;s. Entonces la gente dec&iacute;a, fue m&aacute;s la plata que gastamos en  los buses, trayendo la gente o vini&eacute;ndose uno que lo que realmente se dio. Eso,  &iquest;a qu&eacute; se debe? No es que uno no agradezca lo que le dieron, es que las  necesidades del pueblo son mucho m&aacute;s grandes, mucho m&aacute;s. La gente hubiera  preferido de pronto que en s&iacute;, que a cada uno le hubieran dado un mercado, una  libra de arroz &#91;...&#93; bueno algo as&iacute;. No, con lo que pas&oacute;. Para m&iacute; realmente fue  algo terrible, si t&uacute; hubieras estado, fue terrible, fue tremendo.</p> </blockquote>     <p align="justify">En este  testimonio se observan los efectos de estas operaciones humanitarias, que  terminan <i>objetificando </i>a las personas como  simples receptoras de cualquier tipo de ayuda o donaci&oacute;n externa. En este caso,  la donaci&oacute;n de unos zapatos de talla m&aacute;s grande termina siendo in&uacute;til e  inservible, y les recuerda, atrevi&eacute;ndome a poner estas palabras, su condici&oacute;n  de miseria y de humillaci&oacute;n. Su grado de humanidad es llevado al m&iacute;nimo  posible, haci&eacute;ndola depender de ayudas humanitarias que ni le son &uacute;tiles ni  puede rechazar. En su conjunto, este tipo de pr&aacute;cticas, cuestionadas por  distintos investigadores y por los desplazados, como en este caso, son  responsables del enfoque asistencial y coyuntural de la pol&iacute;tica p&uacute;blica actual  sobre el desplazamiento forzoso en Colombia (Castillejo, 2000; Fern&aacute;ndez y Vidal, 2003; Su&aacute;rez, s. f.;  Vidal, 2002). Debo  mencionar, adem&aacute;s, que este debate sobre el nexo entre <i>atenci&oacute;n </i>y <i>protecci&oacute;n</i>, entendiendo por <i>protecci&oacute;n </i>a las acciones  que se requieren para asegurar el respeto por la seguridad f&iacute;sica y los  derechos humanos de la poblaci&oacute;n afectada, ha sido uno de los m&aacute;s fuertes en  las discusiones entre organismos internacionales, ONG, acad&eacute;micos que  trabajan sobre el r&eacute;gimen humanitario y el de derechos humanos (con respecto a  los <i>refugiados </i>y <i>desplazados</i>, v&eacute;ase, por  ejemplo, Steiner, Gibney y Loescher, 2003).</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n muchos  entrevistados, el proceso <i>humanitario </i>empieza cuando a la persona se le reconoce, oficialmente, como <i>desplazada</i>. Esto supone que  alguien les dijo que deb&iacute;an ir a presentar una <i>declaraci&oacute;n </i>ante la Red de  Solidaridad Social u otra instituci&oacute;n relacionada, sea la Cruz Roja o las  unidades de atenci&oacute;n integral a la poblaci&oacute;n desplazada. Luego de hacer su <i>declaraci&oacute;n</i>, en un plazo  m&aacute;ximo de quince d&iacute;as quienes son aceptados deben tener una <i>carta de salud</i>, que los  legitima como aut&eacute;nticos desplazados ante las autoridades competentes<a href="#pie15" name="spie15"><sup>15</sup></a>. Durante las  semanas siguientes a la entrevista existe la figura de atenci&oacute;n de urgencia,  que deben brindar las oficinas de atenci&oacute;n al desplazado, independientemente de  la decisi&oacute;n que se tomo en relaci&oacute;n con cada cual. Cuando las instituciones del  estado los certifican como desplazados sigue el segundo momento, el de la  asistencia humanitaria, la ayuda entregada por esas instituciones durante un  lapso de tres meses. Esta &uacute;ltima ayuda humanitaria consiste en tres mercados,  una provisi&oacute;n de aseo y otra de vivienda, consistente en colchones, utensilios  de cocina, etc&eacute;tera. Despu&eacute;s no hay m&aacute;s ayuda asistencial y el estado s&oacute;lo  contempla la financiaci&oacute;n de proyectos productivos -con la condici&oacute;n de que se  desarrollen en lugares diferentes a las ciudades-, la capacitaci&oacute;n  -independiente por completo de la posibilidad de un empleo-, o el apoyo para el  retorno al lugar de origen.</p>     <p align="justify">Es importante  mencionar que, en la pr&aacute;ctica, los lapsos de quince d&iacute;as y tres meses para la  atenci&oacute;n de emergencia o de asistencia humanitaria, respectivamente, pueden  durar m&aacute;s de un a&ntilde;o. Y que la poblaci&oacute;n beneficiada por tales ayudas  humanitarias es muy poca, tal como se&ntilde;ala la Defensor&iacute;a del Pueblo, la cual  encontr&oacute; que entre 2001 y el 8 de febrero de 2004 de los 170.262 hogares inscritos  en el SUR s&oacute;lo 16.545 (9,71%) recibieron ayuda  humanitaria de emergencia y provisi&oacute;n de aseo (Corte Constitucional. Auto 178, 2005). As&iacute; lo  ilustra, por ejemplo, el caso de un desplazado del sur del departamento de  Tolima, entrevistado en el curso de esta investigaci&oacute;n, quien est&aacute; en Bogot&aacute; en  silla de ruedas debido a un accidente que tuvo en su lugar de origen, y debi&oacute;  ir, durante casi un a&ntilde;o, de oficina en oficina, de reclamo en reclamo, para  conseguir las colchonetas y los mercados de su ayuda humanitaria. Como ha  indicado Defensor&iacute;a del Pueblo, es claro que los periodos establecidos por la  ley 387 de 1997 son cortos frente a la dif&iacute;cil situaci&oacute;n y la falta de celeridad  de los tr&aacute;mites para acceder a los programas ofrecidos por el estado (Defensor&iacute;a  del Pueblo, 2001: 60). No digo que este sea el caso de todos los desplazados, pues  tuve conversaciones con varios que estaban agradecidos con la Red de  Solidaridad por las ayudas recibidas. As&iacute;, por ejemplo, durante una entrevista  con dos personas de la tercera edad, desplazadas del departamento de Caldas, mostraron  las dos o tres colchonetas que les hab&iacute;an donado como la prueba de que el  estado les hab&iacute;a cumplido.</p>     <p align="justify">Mi prop&oacute;sito con  estos testimonios es cuestionar el conjunto de pr&aacute;cticas sociales que  convierten y construyen a los desplazados en simples cuerpos d&oacute;ciles,  pendientes de la ayuda estatal, brindada como ayuda de emergencia, o en  personas interesadas por los recursos y oportunistas ante las posibilidades de  atenci&oacute;n del estado, que aparece entonces como principal benefactor y v&iacute;ctima  de los enga&ntilde;os de estas personas. Son testimonios que hacen alusi&oacute;n,  precisamente, al vaiv&eacute;n al cual los someten las instituciones y su promesa de  ayuda humanitaria. No quiero plantear que estas ayudas sean una mala idea o algo  por el estilo, sino enfatizar, una vez m&aacute;s, en los efectos de esta <i>gobermentalidad</i>, que opera <i>objetificando </i>a un sujeto  desplazado abstracto, que no tiene cuerpo ni nombre, y que s&oacute;lo existe en  formularios, inventarios, comprobantes de entrega, firmas que dan constancia de  haber recibido las ayudas, etc&eacute;tera. Adem&aacute;s, es importante resaltar, con  Ferguson (1994), que este tipo  de intervenciones t&eacute;cnicas y apol&iacute;ticas es el caracter&iacute;stico de las agencias  del desarrollo.</p>     <p align="justify">El <i>desplazado </i>se ha convertido,  siguiendo a Foucault (1976), no en una  persona de carne y hueso que huye de la violencia, sino en un objeto inscrito,  clasificado, verificado y, adem&aacute;s, despolitizado, silenciado, blanco de  m&uacute;ltiples procedimientos que siguen quienes tienen el poder, desde los  responsables de su desplazamiento forzoso en su lugar de origen hasta los  encargados de los lineamientos de la pol&iacute;tica p&uacute;blica. Y, m&aacute;s revelador a&uacute;n, que  le quita responsabilidades al estado sobre una problem&aacute;tica que de manera  directa o indirecta se relaciona con su actuaci&oacute;n -u omisi&oacute;n-<a href="#pie16" name="spie16"><sup>16</sup></a>, como el caso de  las masacres anunciadas, los desplazamientos intempestivos, las operaciones  militares tales como las del Plan patriota o, incluso, la entrada masiva y  violenta del capital a ciertas regiones del pa&iacute;s como la costa pac&iacute;fica (Escobar,  2004).</p>     <p align="justify">Frente a este escenario, el fallo de la Corte  Constitucional a la megatutela que responde a m&aacute;s de &quot;108 expedientes interpuestos por 1.150 n&uacute;cleos  familiares, todos pertenecientes a la poblaci&oacute;n desplazada, con un promedio de 4 personas por n&uacute;cleo, y compuestas principalmente por mujeres cabezas de  familia, personas de la tercera edad y menores, as&iacute; como algunos ind&iacute;genas&quot;  (Sentencia T-025 de 2004)<a href="#pie17" name="spie17"><sup>17</sup></a> y  que obligaba al gobierno nacional a tener una pol&iacute;tica p&uacute;blica clara y efectiva  y a cumplir, antes del 31 de marzo de 2004,  con lo dispuesto en la ley 387 de 1997, es una se&ntilde;al entre muchas m&aacute;s de la activa construcci&oacute;n de proyectos  de vida individuales y colectivas de estas mismas personas, para recordarle al  estado la responsabilidad que tiene con su condici&oacute;n de marginalidad y  desprotecci&oacute;n<a href="#pie18" name="spie18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p align="justify">Aunque la  pol&iacute;tica p&uacute;blica sobre el desplazamiento forzoso en Colombia puede tener su  cuota de humanismo para mejorar las condiciones de las familias desplazadas por  la violencia, muchos de sus componentes, como la disponibilidad y la asignaci&oacute;n  presupuestal de recursos o el poco protagonismo de los desplazados en la  definici&oacute;n de la misma, son obst&aacute;culos para su aplicaci&oacute;n. Como dice Francis  Deng en su informe, desde 1994 el gobierno  colombiano ha tenido una cifra r&eacute;cord en cuanto a la ratificaci&oacute;n de tratados  internacionales relacionados con el desplazamiento interno y los derechos humanos  en general. Cuando estuvo en Colombia, en 1994, el presidente  de la rep&uacute;blica y sus ministros, as&iacute; como unos funcionarios &quot;j&oacute;venes,  tecn&oacute;cratas, progresivos, abiertos y c&aacute;ndidos&quot; le ofrecieron los mejores  servicios durante su estad&iacute;a, lo que para el ahora ex representante del  secretario general de las Naciones Unidas sobre desplazamiento interno ratifica  el compromiso formal y diplom&aacute;tico del gobierno colombiano durante todos estos a&ntilde;os  con las instituciones internacionales relacionadas con el problema del  desplazamiento (E/CN.4/1995.50/Add.1.).</p>     <p align="justify">Entre los  lineamientos de la pol&iacute;tica p&uacute;blica de 2001 y 2002 de la Red de Solidaridad Social para la atenci&oacute;n a los  desplazados, se encuentran, por ejemplo, alusiones a la necesidad de fortalecer  el capital humano y social de la poblaci&oacute;n desplazada y a la generaci&oacute;n de  alternativas productivas que le garanticen sus propias formas de subsistencia  (Red de Solidaridad Social, 2001: 32). Como parte de esa estrategia se menciona un programa institucional,  tan emblem&aacute;tico que en 2003 todav&iacute;a exist&iacute;a: los  proyectos productivos, consistentes en la creaci&oacute;n de asociaciones de  desplazados a las que se otorga un capital semilla para que desarrollen  proyectos productivos viables en t&eacute;rminos mercantiles. Sin embargo, muchos  entrevistados critican el programa por diferentes razones: unos no ve&iacute;an con  buenos ojos el hecho de tener que asociarse con desconocidos para iniciar un proyecto  productivo; otros dec&iacute;an no tener los conocimientos para elaborar una  propuesta; y algunos m&aacute;s no se atrev&iacute;an a regresar al campo para desarrollar su  proyecto. En general, todas coincid&iacute;an en se&ntilde;alar que esta iniciativa estaba  destinada a fracasar por ese tipo de dificultades. Llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo dicho  sistema, a pesar de convertirse en la salida para muchas familias desarraigas,  seg&uacute;n las mismas, no ten&iacute;a en consideraci&oacute;n sus opiniones o situaci&oacute;n actual.</p>     <p align="justify">Varias  investigaciones han llamado la atenci&oacute;n sobre la necesidad urgente de hacer m&aacute;s  horizontal y flexible la pol&iacute;tica p&uacute;blica concerniente al desplazamiento  forzoso en Colombia (Acnur, 2002). En los  documentos iniciales que nombraban al desplazado en la d&eacute;cada de 1990, se habla de la necesidad de establecer una mesa conjunta con  las organizaciones de desplazados, para dar asesor&iacute;a en el dise&ntilde;o y la  implementaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Incluso dentro de los principios  rectores de los desplazamientos internos se recomienda hacer &quot;esfuerzos para  asegurar la plena participaci&oacute;n de los desplazados internos en la planificaci&oacute;n  y gesti&oacute;n de su ingreso o de su reasentamiento y reintegraci&oacute;n&quot;  (Acnur/Defensor&iacute;a del Pueblo, 1999: 29). No obstante, frente a estas iniciativas y luego de constatar  c&oacute;mo la pol&iacute;tica p&uacute;blica tiene una buena dosis de humanismo al hablar de  retorno voluntario y de estabilizaci&oacute;n socioecon&oacute;mica -contempladas en la ley-,  y al contraste que se percibe en los testimonios de los desplazados, es  necesario ser cr&iacute;ticos en relaci&oacute;n con estos llamados a la participaci&oacute;n que,  adem&aacute;s, ha sido, tambi&eacute;n, uno de los conceptos de las intervenciones de las agencias  de desarrollo (Ferguson, 1992).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En cuanto al  llamado estatal a la participaci&oacute;n, no s&oacute;lo conviene estar de acuerdo con la  Corte Constitucional cuando dice que hay &quot;un estado de cosas inconstitucional&quot;  en la atenci&oacute;n al desplazado, sino que deben cuestionarse las causas  subyacentes y profundas -siempre pol&iacute;ticas- que hay detr&aacute;s de la falta de atenci&oacute;n  por parte del estado a los desplazados, y el apoyo a la pol&iacute;tica de seguridad  democr&aacute;tica del gobierno del presidente Uribe<a href="#pie19" name="spie19"><sup>19</sup></a>. En este  sentido, son llamativos los sucesivos Autos de la Corte Constitucional -por  ejemplo, el 178/05- al gobierno para obligarlo a cumplir con su sentencia, en los  que sostiene que, meses despu&eacute;s de la fecha prevista y a pesar de los  esfuerzos, todav&iacute;a no hay un &quot;avance en el estado de cosas constitucional&quot;.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>DE RESISTENCIAS Y AUTONOM&Iacute;AS</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">AHORA BIEN, TAL COMO SE DIJO, ES CLARO QUE  VARIAS DE LAS OPERACIONES de <i>gobermentalidad </i>descritas son, en  algunos casos, s&oacute;lo el primer momento de lo que luego son luchas culturales. As&iacute;,  aun cuando varias de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas incluyen connotaciones del  desplazado como alguien pasivo, temporal y que debe regresar a su lugar de origen,  no implican que est&eacute; determinado por las mismas (Butler, 2001). Por el contrario: aunque en este art&iacute;culo tal vez he dado  gran importancia al estado, es claro que esas luchas culturales no s&oacute;lo pasan  por la relaci&oacute;n estado-desplazado, a pesar de que muchas veces estas personas sostengan  su lucha dentro de los mismos espacios de participaci&oacute;n abiertos por el estado<a href="#pie20" name="spie20"><sup>20</sup></a>. Es claro que  algunos los conocen tan bien como para asesorar a otros desplazados en relaci&oacute;n  con tutelas, derechos de petici&oacute;n, etc&eacute;tera. En el trabajo de campo vi, con  mucha frecuencia, cartas dirigidas a instituciones como la Red de Solidaridad  Social, la Cruz Roja, la Contralor&iacute;a General de la Rep&uacute;blica, la Corte  Constitucional o, incluso, a la Presidencia de la Rep&uacute;blica. La carpeta que  comparti&oacute; conmigo un desplazado en una entrevista -y que conten&iacute;a quince folios  o m&aacute;s de cartas dirigidas a instituciones, derechos de petici&oacute;n, testimonios  juramentados frente a las autoridades estatales y al presidente de la  rep&uacute;blica- me hizo pensar sobre si esos bloques, estado y desplazado, est&aacute;n  separados o si en realidad viven en una constante continuidad.</p>     <p align="justify">Sin duda, existen  otras luchas culturales que se distancian de la actividad dentro de los par&aacute;metros  de la pol&iacute;tica p&uacute;blica, aunque todav&iacute;a limitadas en sus alcances o en sus  oportunidades para transformar &quot;el orden de las cosas&quot; (Bourdieu, 1999) y la condici&oacute;n de marginalidad en la que viven cotidianamente.  Como ha analizado Oslender (2004) en el caso del  Choc&oacute;, las comunidades, sin la presencia del estado, han desarrollado sus  propios mecanismos de resistencia al desplazamiento forzoso, mediante sistemas  tempranos informales de alarma o redes de solidaridad entre familiares y  amistades donde buscar refugio en medio de la guerra. El caso de las  comunidades de paz de San Jos&eacute; de Apartad&oacute;, que en su proceso organizativo y de  resistencia colectiva se deslig&oacute; del estado y declar&oacute; su neutralidad frente a  todos los actores armados del conflicto, es llamativo al respecto (Uribe, 2004; v&eacute;ase tambi&eacute;n Hern&aacute;ndez y Laegrid, 2001). Es bueno recordar que este proceso colectivo aut&oacute;nomo ha sido  objeto tambi&eacute;n de incursiones de grupos armados, como la ocurrida el 21 de febrero de 2005, en la que uno  de sus l&iacute;deres fue asesinado, junto con varios de sus familiares<a href="#pie21" name="spie21"><sup>21</sup></a>.</p>     <p align="justify">Para esta  discusi&oacute;n es importante mencionar lo anotado por Vidal (2002), quien ha llamado la atenci&oacute;n sobre c&oacute;mo resulta com&uacute;n que en  las instituciones y en la pol&iacute;tica p&uacute;blica se establezcan diferencias entre  desplazados buenos y malos. Los buenos ser&iacute;an los que act&uacute;an dentro de los  l&iacute;mites establecidos por la pol&iacute;tica p&uacute;blica, con sus mismos instrumentos,  mecanismos, etc&eacute;tera, y los malos los que en vista del desespero por la  negligencia estatal deciden llevar a cabo acciones de hecho, como la toma de instituciones  o embajadas. Ahora bien, es claro que moverse dentro de los l&iacute;mites de la  pol&iacute;tica p&uacute;blica no implica, necesariamente, estar <i>comprado </i>por la misma,  pues, como he tratado de mostrar, lo interesante es saber qu&eacute; hacen las  personas con esos instrumentos en su cotidianidad, dejando de lado la garant&iacute;a pol&iacute;tica  o quiza de simple sobrevivencia que haya en esa articulaci&oacute;n (Hall, 1997).</p>     <p align="justify">Con esas  advertencias, entreveo que este tipo de luchas es por entrar como sujetos  epist&eacute;micos a determinar su propio futuro. As&iacute;, por ejemplo, un proyecto  elaborado por varios l&iacute;deres de asociaciones de desplazados, presentado a las  instancias respectivas, buscaba ofrecer a las instituciones la posibilidad de contar  con un grupo de asesores permanentes, conformado por desplazados por la  violencia, con el prop&oacute;sito de que las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas al respecto fueran  m&aacute;s efectivas y coherentes. En el proyecto se encuentran frases que dicen que  ellos no se quieren graduar como desplazados; buscaban entonces, mediante un  proceso de autogesti&oacute;n coordinada con las instituciones respectivas, ser  incluidos como los principales dolientes en la elaboraci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de  la pol&iacute;tica p&uacute;blica sobre desplazados en la ciudad de Bogot&aacute;.</p>     <p align="justify">Otro ejemplo al  respecto es el de las madres cabezas de hogar: en algunas entrevistas  manifestaron c&oacute;mo la experiencia como cabezas de familia les hab&iacute;a dado, en sus  propias palabras, un esp&iacute;ritu de lucha y sobrevivencia para no desfallecer durante  el desarraigo y la llegada a la ciudad en compa&ntilde;&iacute;a de sus hijos, en condiciones  de extrema dificultad. Durante el Seminario internacional de pol&iacute;ticas  culturales urbanas, realizado en Bogot&aacute; en marzo de 2003, una de ellas dijo a los invitados extranjeros que, mientras se  celebraba el evento, en la ciudad hab&iacute;a un fen&oacute;meno de inmensas proporciones:  el drama del sinn&uacute;mero de familias desplazadas, a las que denomin&oacute; como &quot;su pueblo&quot;,  que llegan a la ciudad de Bogot&aacute; huyendo de la violencia. Lo &uacute;ltimo que supe de  ella es que trabajaba empacando dulces en una f&aacute;brica en el sur de Bogot&aacute;. En  testimonios recopilados por Sa&ntilde;udo (2003), para mujeres  empoderadas pol&iacute;ticamente en sus regiones de origen el desplazamiento signific&oacute;  que en su lugar de llegada debieron recluirse una vez m&aacute;s, a su pesar, en la  esfera dom&eacute;stica.</p>     <p align="justify">Debo mencionar  que un candidato al Concejo de Bogot&aacute; a nombre de los desplazados, no obstante  la intensa campa&ntilde;a de movilizaci&oacute;n en las mayores zonas receptoras de  desplazados de la ciudad, no sali&oacute; elegido. Es posible que estas iniciativas  hayan sido precisamente eso, iniciativas, pero no hay duda que tambi&eacute;n existe  algo m&aacute;s. Son buenos ejemplos que, a mi modo de ver, junto con el de la  megatutela mencionada, permiten entrever una lucha por ese &quot;derecho a tener  derechos&quot; (Dagnino, 2001) presente en  estas iniciativas, en medio de un sistema que relega a esta poblaci&oacute;n a ser  receptora pasiva de ayudas.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>CONCLUSIONES</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">EN 1982, EN UNA ENTREVISTA  A MICHEL FOUCAULT (1990A: 143) Y RESPONDIENDO a una pregunta  acerca de c&oacute;mo considerar&iacute;a su obra, &eacute;l dijo que su papel, insistiendo en que  tal palabra (su papel) era demasiado enf&aacute;tica, consist&iacute;a en ense&ntilde;ar a la gente que  es mucho m&aacute;s libre de lo que siente, que la gente acepta como verdad, como  evidencia, algunos asertos construidos durante cierto momento de la historia, y  que esa pretendida evidencia puede ser criticada y destruida. Esto es,  precisamente, lo que he pretendido, y las palabras del pensador franc&eacute;s son la  mejor gu&iacute;a para una pr&aacute;ctica acad&eacute;mica/pol&iacute;tica que busque desnaturalizar estas  verdades, as&iacute; como sus efectos sobre la poblaci&oacute;n desplazada en diferentes  espacios, siendo el de la academia tan s&oacute;lo uno m&aacute;s, y seguramente no el m&aacute;s  efectivo. Esta intenci&oacute;n es la que me lleva a presentar ejemplos etnogr&aacute;ficos  para debatir y cuestionar esas verdades, elaboradas a su vez por operaciones de  poder que se mueven en distintas escalas -regionales, nacionales y globales- y  que son responsables de intervenir sobre objetos, a su vez, objetos de  distintos procedimientos, y ya no sobre personas de carne y hueso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La intervenci&oacute;n  etnogr&aacute;fica que aqu&iacute; sugiero busca cuestionar la consistencia de esas verdades  en dos sentidos. Primero, se trata de una intervenci&oacute;n que busca vislumbrar y  mantener la heterogeneidad de perspectivas que existen entre los mismos desplazados  en torno a su situaci&oacute;n y sobre las expectativas que tienen para a un futuro,  as&iacute; como frente a la pol&iacute;tica p&uacute;blica sobre el desplazamiento forzoso en  Colombia. Busca contraponer a la idea de la poblaci&oacute;n desplazada, gobernada por  las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y toda una serie de instancias paralelas, pr&aacute;cticas de  resistencia y de sobrevivencia que no se dejan disciplinar por esta <i>gobernamentalidad</i>. Segundo, busca  entender c&oacute;mo, por qu&eacute; y en qu&eacute; condiciones algunas de las personas con las que  se discuti&oacute; integran los discursos de la pol&iacute;tica p&uacute;blica en su cotidianidad.  No pretende la representaci&oacute;n banal que busca empaquetar y clausurar &quot;la  experiencia del desplazado&quot;. Simple, o tenazmente quiz&aacute;, le recuerda a este  r&eacute;gimen y a las pr&aacute;cticas que se desprenden del mismo c&oacute;mo los mismos sujetos  del discurso construyen su propio devenir en diversas direcciones, al margen y  muchas veces contrarias a la voluntad de poder, a pesar de los determinismos y sufrimientos  inmersos en este proceso de subjetivaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En este sentido,  desde el punto de vista metodol&oacute;gico se apela a un contexualismo radical, como  propondr&iacute;a Grossberg (1997), integrando  art&iacute;culos de prensa, documentos acad&eacute;micos, documentos de pol&iacute;tica p&uacute;blica, de ONG y, sobre todo,  entrevistas con los desplazados, con el prop&oacute;sito de debatir estas verdades. No  lo hago por tener la autoridad etnogr&aacute;fica de &quot;haber estado ah&iacute;&quot; y conocer de  &quot;primera mano&quot; lo que est&aacute; pasando; sino porque intento poner un obst&aacute;culo a la  objetivaci&oacute;n y estigmatizaci&oacute;n que se asienta insidiosamente cuando se habla de  desplazados en Colombia, de sus problemas y posibles soluciones, as&iacute; como de  sus deseos y expectativas. En t&eacute;rminos estrat&eacute;gicos, concibo que este art&iacute;culo,  as&iacute; como otro tipo de acciones desde otros escenarios, aporta elementos y  participa de las luchas necesarias no s&oacute;lo para subvertir estas verdades sino,  sobre todo, para abrir espacios para que los desplazados mismos, como ya lo  est&aacute;n haciendo, entren como sujetos epist&eacute;micos a determinar su futuro.</p> <hr size="1" /> </font>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Notas</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a> Este art&iacute;culo es producto de reflexiones que se  iniciaron a prop&oacute;sito del proyecto Museos cotidianos: espacios de reflexi&oacute;n  sobre desplazamiento, identidad y convivencia, adelantado por la divisi&oacute;n de  arqueolog&iacute;a y etnograf&iacute;a del Museo Nacional de Colombia y el Instituto  Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia (ICANH). Agradezco, entonces, por  compartir discusiones y experiencias, a las personas desplazadas, an&oacute;nimas, que  sobreviven en medio de la ciudad, o que quiz&aacute; regresaron a su hogar en medio de  todos los temores, con quienes discut&iacute; sobre la exposici&oacute;n y sobre su condici&oacute;n  misma. A ellas mi m&aacute;s sentido agradecimiento y mi compromiso futuro con su  problem&aacute;tica. Debo agradecer especialmente a Margarita Reyes, por su  iniciativa, dedicaci&oacute;n y compromiso por adelantar este proyecto, a pesar de las  dificultades; y, sobre todo, por invitarme a hacer parte del mismo. A Juliana  Postarini, por su compa&ntilde;&iacute;a y por las discusiones que tuvimos en el terreno. A  mi contacto en la Corte Constitucional, un agradecimiento por enviarme las  sentencias y los autos. A Catalina Cort&eacute;s, Juan Carlos Orrantia, Mar&iacute;a  Clemencia Ram&iacute;rez y Eduardo Restrepo, por sus comentarios sobre versiones  anteriores del art&iacute;culo. A los evaluadores, por sus sugerencias y comentarios.  Como es l&oacute;gico, a pesar de todas estas ayudas, la responsabilidad conceptual y  metodol&oacute;gica es del autor.</p>     <p align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a>. Cuando hablo de &quot;sujetos epist&eacute;micos&quot;  sigo a Walter Mignolo (2005) en su discusi&oacute;n sobre el sujeto descolonial  introducido por el giro epist&eacute;mico hist&oacute;rico, geo y corpopol&iacute;tico, que se  traduce en que a quienes les fueron negados la raz&oacute;n y la historia las toman  por sus propias manos. Estos, seg&uacute;n Mignolo, empiezan a participar no s&oacute;lo como  actores pol&iacute;ticos, sino, m&aacute;s significativo a&uacute;n, como epist&eacute;micos.</p>     <p align="justify"><a href="#spie2" name="pie2">2</a>. En 1995, la asistencia del estado  consist&iacute;a en alimentaci&oacute;n, implementos de aseo personal, manejo de  abastecimientos, utensilios de cocina, atenci&oacute;n m&eacute;dica y psicol&oacute;gica,  transporte de emergencia y alojamiento transitorio.</p>     <p align="justify"><a href="#spie3" name="pie3">3</a>. El sistema &uacute;nico de registro (SUR) es un mecanismo contemplado en el art&iacute;culo 32 de  la ley 387 de 1997. Su objetivo es conformar  el registro &uacute;nico de poblaci&oacute;n desplazada (RUPD), que busca determinar la  demanda efectiva de atenci&oacute;n (Codhes, 2003).</p>     <p align="justify"><a href="#spie4" name="pie4">4</a>. &quot;Cu&aacute;ntos son&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 23 de mayo de 2003.</p>     <p align="justify"><a href="#spie5" name="pie5">5</a>. Ib&iacute;dem.</p>     <p align="justify"><a href="#spie6" name="pie6">6</a>. &quot;Gobierno reporta disminuci&oacute;n de 37 por  ciento en el desplazamiento forzado durante el 2004&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 12 de febrero de 2004.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie7" name="pie7">7</a>. &quot;ONG y gobierno se contradicen en  cifras sobre desplazamiento forzado durante 2004&quot;. <i>El Tiempo</i>. 12 de febrero de 2005.</p>     <p align="justify"><a href="#spie8" name="pie8">8</a>. V&eacute;ase, <a href="http://www.unhcr.org" target="_blank">www.unhcr.org</a> </p>     <p align="justify"><a href="#spie9" name="pie9">9</a>. Para el caso colombiano, v&eacute;anse Bol&iacute;var, 2005;  Ochoa, 2003.</p>     <p align="justify"><a href="#spie10" name="pie10">10</a>. Efectivamente, como lo sostiene la Corte  Constitucional, &quot;esta preocupaci&oacute;n se ha concretado en los procesos de  retorno de Morales (Bol&iacute;var), San Francisco (Antioquia), Tambo (Cauca),  Micoahumado, municipio de Morales (Bol&iacute;var), Tame, Caimanero, Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s  y Piedra Candela (Arauca), Betoyes y Bojay&aacute; (Choc&oacute;), y Santa Teresa, del  municipio del L&iacute;bano (Tolima), en donde han ocurrido asesinatos de l&iacute;deres, as&iacute;  como masacres, se han detectado campos minados, o la ocurrencia de nuevos  desplazamientos&quot; (Corte Constitucional. Auto 178 de  2005).</p>     <p align="justify"><a href="#spie11" name="pie11">11</a>. &quot;La monta&ntilde;a que acogi&oacute; a 36 familias.  El &uacute;ltimo refugio de los desplazados&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 31 de julio de 2004.</p>     <p align="justify"><a href="#spie12" name="pie12">12</a>. V&eacute;ase Gual, Li&ntilde;an y Mart&iacute;nez (2005)  para el caso de otras ciudades, como, por ejemplo, Santa Marta.</p>     <p align="justify"><a href="#spie13" name="pie13">13</a>. En algunos casos, estas ayudas las proveen  instituciones internacionales como la Acnur o la Organizaci&oacute;n Internacional  para las Migraciones (OIM).</p>     <p align="justify"><a href="#spie14" name="pie14">14</a>. Este t&eacute;rmino, que aparece en varias partes de la  obra de Foucault y principalmente en su art&iacute;culo &quot;Govermentality&quot; (2000),  ha sido tan utilizado que puede considerarse una tradici&oacute;n intelectual, para  referirse generalmente a &quot;(...) la conducta de la conducta -esto es, a todas  las maneras de pensar y actuar m&aacute;s o menos calculadas y sistem&aacute;ticas que buscan  moldear, regular o manejar el comportamiento de otros, sean los trabajadores de  las f&aacute;bricas, los internos en las prisiones, los pacientes en el hospital  mental, los habitantes de un territorio o los miembros de una poblaci&oacute;n&quot;  (traducido de Inda (2005: 1). V&eacute;ase Inda (2005) para una compilaci&oacute;n  reciente de art&iacute;culos antropol&oacute;gicos que utilizan o se relacionan con dicha  concepci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#spie15" name="pie15">15</a>. En Bogot&aacute;, de acuerdo con informaci&oacute;n de una  funcionaria de una unidad de atenci&oacute;n, de cada diez declaraciones s&oacute;lo se  aceptan tres. Con quienes son rechazados no se sabe qu&eacute; pasa. Existe, adem&aacute;s,  el subregistro: as&iacute;, por ejemplo, el de quienes no hacen sus declaraciones por  miedo o por desconocimiento. Seg&uacute;n Codhes, es de 30%, y seg&uacute;n la Red de  Solidaridad Social de 10% (<i>El Tiempo</i>.  Bogot&aacute;. 23 de mayo de 2003).</p>     <p align="justify"><a href="#spie16" name="pie16">16</a>. V&eacute;ase, por ejemplo, &quot;M&aacute;s de 1.500 habitantes  del Caquet&aacute; se han desplazado por puesta en marcha del 'Plan Patriota'&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 6 de mayo de 2004.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie17" name="pie17">17</a>. En dicha sentencia, la Corte declara que la  situaci&oacute;n en que viven los desplazados representa un &quot;estado de cosas  inconstitucional&quot;. Al tener en cuenta las denuncias hechas por este grupo  de personas, y al revisar los marcos legales existentes hasta ese momento para  proteger a la poblaci&oacute;n desplazada, identifica dos problemas estructurales de  la pol&iacute;tica p&uacute;blica actual de atenci&oacute;n a la misma: la asignaci&oacute;n insuficiente  de recursos, que ha estado lejos de los requeridos para obeceder los mandatos  legales; y las falencias de la capacidad institucional del estado para  responder oportuna y eficazmente a las necesidades de los desplazados  (Sentencia T-025 de 2004).</p>     <p align="justify"><a href="#spie18" name="pie18">18</a>. &quot;Corte/Conceden tutela a m&aacute;s de cuatro mil  personas&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. Domingo 7 de febrero de 2004.</p>     <p align="justify"><a href="#spie19" name="pie19">19</a>. Es importante mencionar que como producto de la  megatutela mencionada, el gobierno del presidente &Aacute;lvaro Uribe, mediante el  documento Conpes 3400 de diciembre de 2005, orden&oacute; el aumento  presupuestal para la atenci&oacute;n a la poblaci&oacute;n desplazada, sin duda alguna,  bastante superior al de las pasadas administraciones presidenciales en su  conjunto. Se trata de una inversi&oacute;n presupuestada de 4,7 billones  de pesos para 2005, que contrasta con los 1,3 billones  de pesos invertidos durante el periodo 1995-2004.  No le resto importancia a este anuncio, pero tampoco quiero celebrarlo por dos  razones: primero, porque es todav&iacute;a un plan de inversi&oacute;n. Pero m&aacute;s a&uacute;n, lo que  he querido demostrar es que parte de los efectos que ha tenido la pol&iacute;tica  p&uacute;blica no se desprenden necesariamente de la escasez o abundancia de recursos.  Se trata, m&aacute;s bien, de una configuraci&oacute;n que se reproduce precisamente por la  construcci&oacute;n de un objeto de conocimiento e intervenci&oacute;n, por la asignaci&oacute;n de  unos expertos encargado/as de dise&ntilde;arla, y, sobre todo, por la l&oacute;gica detr&aacute;s de  estas intervenciones que no s&oacute;lo despolitiza la naturaleza del desplazamiento  forzoso, sino que entierra la experiencia de los desplazados, quienes quedan  atrapados en la matrices institucionales (Escobar, 1995).</p>     <p align="justify"><a href="#spie20" name="pie20">20</a>. V&eacute;ase, por ejemplo, &quot;Desplazados de la  hacienda Bellacruz (Cesar) lograron sus t&iacute;tulos en su nuevo hogar de  Ibagu&eacute;&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 4 de mayo de 2004.</p>     <p align="justify"><a href="#spie21" name="pie21">21</a>. V&eacute;anse los siguientes art&iacute;culos de prensa  alrededor de esta tragedia: &quot;'Hoy estamos hablando, ma&ntilde;ana podemos estar  muertos', presagi&oacute; l&iacute;der de Apartad&oacute; asesinado&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 19 de marzo de 2005;  &quot;San Jos&eacute; de Apartad&oacute; cumple ocho a&ntilde;os de haber sido declarada comunidad  de paz&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 21 de marzo de 2005.</p> <hr size="1" /> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <!-- ref --><p align="justify">1. ACNUR/DEFENSOR&Iacute;A DEL PUEBLO. 1999. <i>Principios  rectores de los desplazamientos internos</i>. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0486-6525200500010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">2. ACNUR. 2002. <i>Balance de la pol&iacute;tica  de atenci&oacute;n a desplazamiento forzado en Colombia </i>1999<i>-</i>2002. Bogota.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0486-6525200500010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">3. ABRAMS, PHILIP. 1988 &quot;Notes on the difficulty of studying the State&quot;. <i>The Journal of Historical Sociology</i>. 1 (1).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0486-6525200500010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">5. AREXTAGA, BEGO&Ntilde;A. 2000. &quot;A fictional reality: Paramilitary death squads and the construction of  state terror in Spain&quot;. En Jeffrey Sluka (ed.). <i>Death squad: The anthropology of state terror</i>. University of Pennsylvania Press. Philadelphia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0486-6525200500010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">6. BELLO, MARTHA Y CLAUDIA MOSQUERA. 1999. &quot;Desplazados,  migrantes y excluidos: actores de las din&aacute;micas urbanas&quot;. En Fernando Cubides y  Camilo Dom&iacute;nguez (eds.). <i>Desplazados, migraciones internas y reestructuraciones  territoriales</i>. Centro de  Estudios Sociales. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0486-6525200500010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">7. BOL&Iacute;VAR, INGRID JOHANNA. 2005. &quot;Formaci&oacute;n del estado local, repertorios pol&iacute;ticos y cultura  p&uacute;blica. Un an&aacute;lisis de las marchas del sur de Bol&iacute;var en 2000-2002&quot;. Ponencia  presentada en el panel Transformaciones del estado, poderes locales y cultura  pol&iacute;tica en Colombia. XI Congreso de  antropolog&iacute;a en Colombia. Santa Fe de Antioquia, 24-26 de agosto de 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0486-6525200500010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">8. BOURDIEU, PIERRE (dir.). 1999. <i>La miseria del  mundo</i>. Fondo de  Cultura Econ&oacute;mica. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0486-6525200500010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">9. BUTLER, JUDITH. 2001. &quot;Fundamentos contingentes: el feminismo y la cuesti&oacute;n del  posmodernismo&quot;. Traducci&oacute;n Mois&eacute;s Silva. <i>Revista de estudios de g&eacute;nero. La ventana</i>. 13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0486-6525200500010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">10. CASTILLEJO, ALEJANDRO. 2000. <i>La po&eacute;tica de lo  otro. Antropolog&iacute;a de la guerra, la soledad y el exilio interno en Colombia</i>. Ministerio de Cultura/ICANH/Colciencias. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0486-6525200500010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">11. CASTLES, STEPHEN. 2003. &quot;The international politics of forced migration&quot;. <i>Development. Migration: Citizenship, identity and rights</i>. 46 (3).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0486-6525200500010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">12. CHAVES, MARGARITA. 2003. &quot;Cabildos multi&eacute;tnicos e identidades depuradas&quot;. En Clara In&eacute;s  Garc&iacute;a (comp.). <i>Fronteras,  territorios y met&aacute;foras</i>. Instituto de Estudios Regionales, Universidad de Antioquia. Medell&iacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0486-6525200500010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">13. CLIFFORD, JAMES. 1997. <i>Routes. Travel and translation in the late twentieth century</i>. Harvard  University Press. Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0486-6525200500010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="verdana">14. CODHES. 2004. &quot;Desplazados y confinados en Colombia&quot;. Manuscrito. <a href="http://www.codhes.org.co/dsemanal.php?informe=5&amp;report=5" target="_blank">http://www.codhes.org.co/dsemanal.php?informe=5&amp;_report=5</a>. Marzo 13/2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0486-6525200500010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> <font size="2" face="verdana">    <!-- ref --><p align="justify">15. ----------. 2004a. &quot;&iquest;Qui&eacute;n manipula la cifra del desplazamiento?&quot;. 4 de septiembre de 2004. Website: <a href="http://www.codhes.org.co" target="_blank">www.codhes.org.co</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0486-6525200500010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. ----------. 2003. &quot;Reestablecimiento y soluciones integrales. Pronunciamiento de  Codhes ante la Corte Constitucional, Bogot&aacute;, 19 de agosto de 2003&quot;. Manuscrito. Website: <a href="http://www.reliefweb.int/library/documents/2003/codhes-col-30aug.pdf" target="_blank">http://www.reliefweb.int/library/documents/2003/codhes-col-30aug.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0486-6525200500010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">17. ----------. 1999. <i>Desplazados:  huellas de nunca borrar. Casos de Bogot&aacute; y Soacha</i>. Arquidi&oacute;cesis  de Bogot&aacute;/Codhes. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0486-6525200500010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">18. CORTE CONSTITUCIONAL. &quot;Sentencia T-025 de 2004&quot;. Magistrado  ponente: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa. Sala tercera de revisi&oacute;n de la Corte Constitucional.  Bogot&aacute;. 22 de enero de 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0486-6525200500010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">19. ----------. &quot;Auto  178/05&quot;. Referencia: sentencia T-025 de 2004. &Oacute;rdenes contenidas en los ordinales segundo, cuarto, quinto,  octavo y noveno de la parte resolutiva de la sentencia T-025 de 2004, impartidas para  superar el estado de cosas inconstitucional en materia de desplazamiento  forzado interno. Magistrado ponente: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa. Bogot&aacute;. 29 de agosto de 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0486-6525200500010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">20. DEFENSOR&Iacute;A DEL PUEBLO. 2001. &quot;El desplazamiento forzado por la violencia en Colombia&quot;. <i>En Atenci&oacute;n a  los desplazados. Experiencias institucionales en Colombia</i>. Pontificia  Universidad Javeriana, facultad de ciencias jur&iacute;dicas, departamento de  filosof&iacute;a del derecho. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0486-6525200500010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">21. DENG, FRANCIS. &quot;Report of the Representative of the Secretary-General, Mr. Francis  Deng, submitted pursuant to Commission on Human Rights Resolution 1993/95. Addendum:  Profiles in displacement: Colombia&quot;. E/CN.4/1995.50/Add.1, 3 October 1994. Comisi&oacute;n de Derechos  Humanos. Sesi&oacute;n cincuenta y una. Consejo Econ&oacute;mico y Social. Naciones Unidas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0486-6525200500010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">22. CONPES. DOCUMENTO 2804 1995. &quot;Programa nacional de atenci&oacute;n integral a la poblaci&oacute;n desplazada  por la violencia&quot;. Ministerio del Interior- DNP UJS-Degai-Consejer&iacute;a  Presidencial para los Derechos Humanos. Bogot&aacute;, 13 de septiembre de 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0486-6525200500010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">23. CONPES. DOCUMENTO 3400 2005. &quot;Metas y priorizaci&oacute;n de recursos presupuestales para atender a  la poblaci&oacute;n desplazada de la violencia en Colombia. DNP. Bogot&aacute;, 28 de noviembre 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0486-6525200500010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">24. ESCOBAR, ARTURO. 2004. &quot;Desplazamiento, desarrollo y modernidad en el Pac&iacute;fico  colombiano&quot;. En E. Restrepo y A. Rojas. <i>Conflicto e (in)visibilidad. Retos en los estudios de la gente  negra en Colombia</i>. Editorial  Universidad del Cauca. Popay&aacute;n. Colecci&oacute;n Pol&iacute;ticas de la alteridad.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0486-6525200500010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">25. ----------. 2001. &quot;Culture sits in places: Reflections  on globalism and subaltern strategies of localization&quot;. <i>Political Geography</i>. 20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0486-6525200500010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">26. ----------. 1995. <i>Encountering development. The making and unmaking of the Third World</i>. Princeton University Press. Princeton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0486-6525200500010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">27. FERGUSON, JAMES. 1994. <i>The anti-politics machine. &quot;Development&quot;, depolitization, and  bureaucratic power in Lesotho</i>. University of Minnesota Press.  Minessota, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0486-6525200500010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">28. FERGUSON, JAMES Y AKHIL GUPTA. 2005. &quot;Spatializing states&quot;. Toward and ethnography of neoliberal  govermentality&quot;. En Jonathan Xavier Inda (ed.). <i>Anthropologies of modernity. Foucault, govermentality and life politics</i>. Blackwell Publishers. Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0486-6525200500010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">29. FERN&Aacute;NDEZ, AMELIA Y VIDAL, ROBERTO. 2003. &quot;Colombia: The end of displacement or the end of attention&quot;. <i>Forced Migration Review</i>. 17. <a href="http://www.fmreview.org/FMRpdfs/FMR17/fmr17full.pdf" target="_blank">www.fmreview.org/FMRpdfs/FMR17/fmr17full.pdf</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0486-6525200500010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. FOUCAULT, MICHEL. 1976. <i>Vigilar y  castigar</i>. Siglo Veintiuno  Editores. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0486-6525200500010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">31. ----------. 2000. &quot;Govermentality&quot; En James D. Faubion  (ed.). The essential works of Foucault, 1954-1984. Vol. 3 Power. New Press. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0486-6525200500010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">32. ----------. 1998. &quot;El sujeto y el poder&quot;. <i>Texto y Contexto</i>. 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0486-6525200500010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">33. ----------. 1992. &quot;Primera lecci&oacute;n. 7 de enero de 1976&quot;. <i>Genealog&iacute;a del  racismo</i>. La Piqueta,  Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0486-6525200500010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">34. ----------. 1990. &quot;Tecnolog&iacute;as del yo&quot;. <i>Tecnolog&iacute;as del yo. Y otros textos afines</i>&quot;. Ediciones Paid&oacute;s-Universidad  Aut&oacute;noma de Barcelona. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0486-6525200500010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">35. ----------. 1990a. &quot;Verdad, individuo y poder&quot;. <i>Tecnolog&iacute;as del  yo</i>. <i>Y otros textos  afines</i>&quot;. Ediciones  Paid&oacute;s-Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0486-6525200500010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">36. ----------. 1978. <i>History of  Sexuality. An Introduction</i>. Volume I. Vintage. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0486-6525200500010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">37. GROSSBERG, LAWRENCE. 1997. &quot;Cultural studies: What's in a name?&quot;. En Lawrence Grossberg. <i>Bringing it all back home</i>. Duke  University Press. Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0486-6525200500010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">38. GUAL, LUZ ELVIRA, MILENA LI&Ntilde;AN Y JORCELIS MART&Iacute;NEZ. 2005. &quot;Timayui: lugar receptor y de supervivencia de los desplazados  por la violencia en la ciudad de Santa Marta Colombia&quot;. Tesis de pregrado.  Departamento de antropolog&iacute;a. Universidad del Magdalena, Santa Marta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0486-6525200500010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">39. GUPTA, AKHIL. 1995. &quot;Blurred boundaries: The discourse of corruption, the culture of  politics, and the imagined state&quot;. <i>American Ethnologist</i>. 22 (2).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0486-6525200500010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">40. HALL, STUART. 1998. &quot;Significado, representaci&oacute;n e ideolog&iacute;a: Althusser y los  debates posestructuralistas&quot;. En J. Curran, D. Morley y V. Walkerdine (eds.). <i>Estudios  culturales y comunicaci&oacute;n</i>. Paid&oacute;s. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0486-6525200500010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">41. ----------. 1997. &quot;The local and the global:  Globalization and ethnicity&quot;. En A. King (ed.). <i>Culture, globalization and the world system. Contemporary conditions for  the representation of identity. </i>University of  Minnesota Press. Minneapolis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0486-6525200500010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">42. ----------. 1992. &quot;Introduction: Who needs &acute;identity&acute;?&quot;.  En S. Hall y P. Dug Gay (eds.). <i>Questions of  Cultural Identity</i>. Sage Publications. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0486-6525200500010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">43. HERN&Aacute;NDEZ DELGADO, ESPERANZA Y LAEGRID, TURID. 2001. &quot;Colombia: Creating peace amid violence. The church, NGO's and the displaced&quot;. En M. Vincent y B. S&oslash;rensen (eds.). <i>Caught between borders: Response strategies of the internally displaced</i>. Pluto Press in association with Norwegian Refugee Council. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0486-6525200500010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">44. INDA, JONATHAN XAVIER (ed.). 2005. <i>Anthropologies of modernity. Foucault, Govermentality and life politics</i>. Blackwell Publishers. Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0486-6525200500010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">45. LUI, ROBYN. 2004. &quot;The international government of refugees&quot;. En W. Larner y W. Walters. <i>Global govermentality. Governing international spaces. </i>Routledge. Londres, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0486-6525200500010000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">46. MALKKI, LISA. 1992. &quot;National Geographic: The rooting of peoples and the territorialization  of national identity among scholars and refugees&quot;. <i>Cultural Anthropology</i>. 7 (1).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0486-6525200500010000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">47. ----------. 1995. <i>Purity and exile: Violence, memory and national cosmology among Hutu  refugees in Tanzania</i>. University of Chicago Press. Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0486-6525200500010000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">48. MARX, KARL. 1978. &quot;The German Ideology: Part I&quot;. En Robert C. Tucker (ed.). <i>The Marx-Engels Reader</i>. Segunda edici&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0486-6525200500010000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">49. MCROBBIE, ANGELA. 1996. &quot;Different, youthful, subjectivities&quot;. En I. Chambers y L. Curtis (eds.). <i>The postcolonial question</i>. Routledge. Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0486-6525200500010000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">50. MIGNOLO, WALTER. 2005. &quot;On subaltern and other agencies&quot;. Ponencia presentada en el seminario The Subaltern and the  Popular Workshop. Santa Barbara. 8 y 9 de marzo de 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0486-6525200500010000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">51. MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA, DIVISI&Oacute;N DE  ARQUEOLOG&Iacute;A Y ETNOGRAF&Iacute;A/ ICANH. 2003. &quot;Museos cotidianos: espacios de reflexi&oacute;n sobre desplazamiento,  identidad y convivencia&quot;. Manuscrito. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0486-6525200500010000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">52. OCHOA, ANA MAR&Iacute;A. 2003. <i>Entre los deseos  y los derechos. Un ensayo cr&iacute;tico sobre pol&iacute;ticas culturales</i>. ICANH. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0486-6525200500010000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">53. OSLENDER, ULRICH. 2004. &quot;Geograf&iacute;as del terror y desplazamiento forzado en el Pac&iacute;fico  colombiano: conceptualizando respuestas y buscando soluciones&quot;. En E. Restrepo  y A. Rojas. <i>Conflicto e  (in)visibilidad. Retos en los estudios de la gente negra en Colombia</i>. Editorial Universidad  del Cauca. Popay&aacute;n. Colecci&oacute;n pol&iacute;ticas de la alteridad.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0486-6525200500010000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">54. PIFFANO, GERM&Aacute;N. 2004. &quot;Desplazamiento forzado interno en Colombia: el falso debate  de las cifras&quot;. Ponencia presentada en el seminario Construcci&oacute;n de cifras e  indicadores sobre desplazamiento forzado en Colombia. Codhes. 22 de septiembre de 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0486-6525200500010000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">55. RAM&Iacute;REZ, MAR&Iacute;A CLEMENCIA. 2001. &quot;Los movimientos c&iacute;vicos como movimientos sociales en el  Putumayo: el poder visible de la sociedad civil y la construcci&oacute;n de una nueva  ciudadan&iacute;a&quot;. En M. Archila y M. Pardo (eds.). <i>Movimientos sociales, estado y  democracia en Colombia</i>. CES, Universidad  Nacional de Colombia/ICANH. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0486-6525200500010000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">56. RED DE SOLIDARIDAD SOCIAL. 2001. &quot;Plan estrat&eacute;gico para el manejo del desplazamiento interno  forzado por el conflicto armado&quot;. En <i>Atenci&oacute;n a los desplazados. Experiencias institucionales en Colombia</i>. Pontificia  Universidad Javeriana, facultad de ciencias jur&iacute;dicas, departamento de  filosof&iacute;a del derecho. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0486-6525200500010000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">57. SALCEDO, ANDR&Eacute;S. 2005. &quot;Etnicidad y ficci&oacute;n en las metr&oacute;polis del nuevo milenio&quot;. En  Jaime Jaramillo Jim&eacute;nez (comp.). <i>Cultura, identidades y saberes fronterizos. Memorias del  Congreso internacional. Nuevos paradigmas transdisciplinarios en las ciencias  humanas</i>. Facultad de  ciencias humanas. Colecci&oacute;n CES.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0486-6525200500010000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">58. SA&Ntilde;UDO, MAR&Iacute;A FERNANDA. 2003. &quot;Reinventando la vida: rupturas y continuidades en los  proyectos de vida de mujeres desplazadas por la violencia&quot;. Tesis de maestr&iacute;a.  Maestr&iacute;a en desarrollo rural. Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de estudios ambientales y rurales. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0486-6525200500010000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">59. SCOTT, JAMES. 1998. <i>Seeing like a state: How certain schemes to improve the human condition  have failed</i>. Yale University  Press. New Haven.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0486-6525200500010000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">60. SECRETARIADO NACIONAL DE PASTORAL SOCIAL. 2001. <i>Desplazamiento  forzado en Antioquia. Aproximaciones te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas al desplazamiento  de poblaci&oacute;n en Colombia</i>. Conferencia Episcopal de Colombia. Secci&oacute;n de movilidad  humana/Universidad de Antioquia. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0486-6525200500010000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">61. SORENSEN, BIRGITTE REFSLUND. 2003. &quot;Anthropological contributions to forced migration studies: critical  analysis and ethnography&quot;. Ponencia presentada en Resarching internal  displacement: State of the art. Conferencia internacional sobre desplazados internos. 7-8 de febrero. Trondheim,  Noruega. Website: <a href="http://www.idp.ntnu.no/Conference/" target="_blank">www.idp.ntnu.no/Conference/</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0486-6525200500010000500060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">62. STEINER NICKLAUS, MARK GIBNEY Y GIL LOESCHER (eds.). 2003. <i>Problems of protection. The UNHCR, refugees and human rights</i>. Routledge. Nueva  York y Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0486-6525200500010000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">63. SU&Aacute;REZ, HARVEY DANILO. S. F. &quot;Aplazados y  desplazados. Violencia, guerra y desplazamiento: el trasfondo cultural del  destierro y la exclusi&oacute;n&quot;. Documento Codhes. Manuscrito. Website: <a href="http://www.codhes.org.co/hechos/Aplazados%20y%20desplazados%20H.%20Su%E1rez.doc" target="_blank">http://www.codhes.org.co/hechos/Aplazados%20y%20desplazados%20H.%20Su%E1rez.doc</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0486-6525200500010000500062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">64. URIBE, MAR&Iacute;A TERESA. 2004. &quot;Emancipaci&oacute;n social en un contexto de guerra prolongada. El  caso de la Comunidad de Paz de San Jos&eacute; de Apartad&oacute;&quot;. En B. de Sousa Santos y  M. Garc&iacute;a Villegas (eds.). <i>Emancipaci&oacute;n social y violencia en Colombia</i>. Grupo Editorial  Norma. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0486-6525200500010000500063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">65. VIDAL, ROBERTO. 2002. &quot;Comentarios al 'Balance de la pol&iacute;tica de atenci&oacute;n a  desplazamiento forzado en Colombia 1999-2002'&quot;. En Acnur (comp.). <i>Balance de la pol&iacute;tica de atenci&oacute;n a desplazamiento forzado en  Colombia </i>1999<i>-</i>2002. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0486-6525200500010000500064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p> </font>     ]]></body>
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