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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Antropología]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA MÚSICA DE LA COSTA ATLÁNTICA COLOMBIANA TRANSCULTURALIDAD E IDENTIDADES EN MÉXICO Y LATINOAMÉRICA]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,EL COLEGIO DE MÉXICO DOCTORADO EN CIENCIAS SOCIALES ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[THIS PAPER ADDRESSES THE TRANSNATIONALIZATION OF VALLENATO AND CUMBIA music between Mexico and Colombia, highlighting how it has served as tool for the construction of identity. It was first used as such by a small number of peasants living on Colombia's Atlantic coast, then as part of the construction of the Departamento del Cesar, and in the end has become identified as Colombian Music. This process is compared to the same phenomenon ocurring in Mexico, specifically the city of Monterrey in Nuevo León.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>LA M&Uacute;SICA DE LA  COSTA ATL&Aacute;NTICA COLOMBIANA</b> <b>TRANSCULTURALIDAD E IDENTIDADES</b> <b>EN M&Eacute;XICO Y LATINOAM&Eacute;RICA</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><b><i>&nbsp;</i></b></p>     <p align="center"><b>D</b><b>AR&Iacute;O </b><b>B</b><b>LANCO </b><b>A</b><b>RBOLEDA</b><br />   ESTUDIANTE DE  DOCTORADO EN CIENCIAS SOCIALES,<br />   EL COLEGIO DE M&Eacute;XICO<br />   <a href="mailto:dblanco@comex.mx" target="_blank">dblanco@comex.mx</a> </p>     <p align="center">Recibido: 25 de junio de 2003. Aprobado: 18 de febrero de 2004.</p> <hr size="1" />     <p align="center"><b>Resumen</b></p>     <p align="justify">ESTE TRABAJO  TRATA LA MANERA EN QUE SE DA LA TRANSNACIONALIZACI&Oacute;N DEL VALLENATO y la cumbia entre  Colombia y M&eacute;xico, enfatizando c&oacute;mo esta m&uacute;sica ha servido a manera de  herramienta en la construcci&oacute;n de procesos identificatorios; primero, por parte  de un reducido grupo de campesinos&nbsp; en la  costa atl&aacute;ntica; luego, en la construcci&oacute;n del departamento del Cesar, para  terminar siendo la <i>m&uacute;sica  colombiana</i>; en contraste  con este mismo fen&oacute;meno en M&eacute;xico, particularmente en la ciudad de  Monterrey-Nuevo Le&oacute;n.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: m&uacute;sica  colombiana, vallenato, cumbia, procesos identitarios, Colombia, M&eacute;xico.</p> <hr size="1" />     <p align="center"><b>Abstract</b></p>     <p align="justify">THIS PAPER ADDRESSES THE TRANSNATIONALIZATION  OF VALLENATO AND CUMBIA music between  Mexico and Colombia, highlighting how it has served as tool for the  construction of identity. It was first used as such by a small number of  peasants living on Colombia&#39;s Atlantic coast, then as part of the construction  of the Departamento del Cesar, and in the  end has become identified as Colombian Music. This process is compared to the same  phenomenon ocurring in Mexico, specifically the city of Monterrey in Nuevo Le&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words</b>: Colombian  music, vallenato, cumbia, identity, Colombia, M&eacute;xico.</p> <hr size="1" />     <p align="right"><i>Aqu&iacute; nos tienes  de nuevo, humildemente en tu bonito festival, con la firme idea de ganar el  primer puesto para que en tierra azteca tengan su cacique Upar. Con la firme idea  de ganar el primer puesto para que en tierra azteca tengan su cacique Upar. A  santo Ecce Homo siempre le vivo pidiendo me d&eacute; su licencia para mi meta lograr.  Y si yo lo logro te juro Guadalupana que volviendo a mi tierra yo te lo voy a  brindar. Y si yo lo logro te juro Guadalupana que volviendo a mi tierra yo te  lo voy a brindar. &iexcl;Ayy&iexcl; yo no soy, yo no soy del Magdalena, de La Guajira ni  tampoco del Cesar.Yo soy de una tierra donde la influencia extranjera &iexcl;hombre!  poquito a poco con el folclor fue a acabar por eso le digo a toditos los  vallenatos que si quieren su tierra cuiden su festival</i><a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a><i>.</i></p>     <p align="right">L&oacute;pez, 2002.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>LA M&Uacute;SICA DE ACORDE&Oacute;N EN COLOMBIA</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">SON HARTO  CONOCIDAS LAS ACCIONES DE VIOLENCIA PERPETRADAS A diario por las  diferentes facciones que se enfrentan en el conflicto armado colombiano. En mi  opini&oacute;n, este conflicto, que desde hace varias d&eacute;cadas desangra al pa&iacute;s, ha  llegado hasta semejante punto debido, entre otros muchos factores, a la  incapacidad de los habitantes de verse como una unidad y trazar prop&oacute;sitos comunes.  Hasta la fecha, Colombia es m&aacute;s una conformaci&oacute;n de diversas regiones que una  unidad homog&eacute;nea; est&aacute; integrada por diversas zonas socioculturales que no han  encontrado un punto de uni&oacute;n; no se ha podido concebir como pa&iacute;s, y desde la  independencia de Espa&ntilde;a se libran sangrientas guerras civiles, sin encontrar  una tregua.</p>     <p align="justify">Los dirigentes  pol&iacute;ticos, los l&iacute;deres y los medios de comunicaci&oacute;n masiva que han entendido esta  carencia han buscado un elemento de cohesi&oacute;n cultural. En la actualidad, esta b&uacute;squeda  de uni&oacute;n se realiza por intermedio de diversos instrumentos, entre los que se  destacan el deporte, la m&uacute;sica, las telenovelas y los reinados de belleza. De  esta manera, por los medios de comunicaci&oacute;n masiva se intenta unificar al pa&iacute;s  utilizando estos espect&aacute;culos como herramientas. En el caso que nos ocupa, el  vallenato se comercializa como la m&uacute;sica colombiana, se escucha a lo largo y  ancho del pa&iacute;s e, incluso, la diplomacia lo usa como el sonido de Colombia para  el mundo. Se busca, desesperadamente, un elemento de uni&oacute;n para los  connacionales, que les permita entenderse como semejantes y no como  antagonistas. La manipulaci&oacute;n del poder simb&oacute;lico que posee esta m&uacute;sica se  encamina hacia esa direcci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Este conflicto en  su generalidad no es exclusivo de Colombia; as&iacute;, por ejemplo, Ara&uacute;jo (2000: 115) trabaja esta  misma problem&aacute;tica, pero en el caso de Brasil, pregunt&aacute;ndose c&oacute;mo se ha utilizado  la m&uacute;sica en la representaci&oacute;n de identidades sociales. Brasil es una naci&oacute;n  con una gran diversidad y grandes iniquidades, con diferentes modelos  culturales y jerarqu&iacute;as sociales, por lo cual es necesaria la b&uacute;squeda continua  de unidad nacional; dentro de esta, la m&uacute;sica negra y el baile han desempe&ntilde;ado  un papel prominente, al igual que en Colombia. </p>     <p align="justify">Durante 2002, el Ministerio de Cultura hizo la gran encuesta nacional de  cultura, con un universo de mil personas de veintiocho municipios del pa&iacute;s. La <i>sorpresa </i>fue que existe  una hegemon&iacute;a cultural de la costa atl&aacute;ntica, aun cuando, hist&oacute;ricamente, la  zona central andina ha ocupado ese lugar. Las actividades art&iacute;sticas o  culturales consideradas m&aacute;s importantes fueron, en orden: el reinado nacional  de la belleza, el carnaval de Barranquilla y el festival de la leyenda  vallenata. Los personajes m&aacute;s admirados son: Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Shakira y  Carlos Vives. Y la manifestaci&oacute;n cultural que hace sentir m&aacute;s patriotas a los colombianos,  que sirve de mejor manera como aglutinante nacional, result&oacute; ser el vallenato,  con un tercer lugar para el bambuco del interior andino. Otros datos  destacados: trece de los veintinueve personajes m&aacute;s admirados son m&uacute;sicos;  escuchar m&uacute;sica es la principal actividad cultural pasiva del pa&iacute;s; la <i>danza </i>la primera  actividad que se viene a la cabeza cuando se piensa en la palabra <i>cultura</i>; y la m&uacute;sica es  la principal herencia cultural que se desea dejar a los hijos. La radio es  considerada el principal motor de la cultura, por encima de la prensa o la  televisi&oacute;n (Bejarano, 2002). A partir de  esta muestra se dice que los colombianos se aferran a la cultura como prueba de  vida, como mecanismo de salvaci&oacute;n, de convivencia, de entendimiento, y se  piensa en ella como garant&iacute;a de un futuro (<i>El Tiempo</i>, 2002).</p>     <p align="justify">Esta encuesta  confirma la idea expuesta antes, de que por medio de la m&uacute;sica se busca, se  intenta, unificar el pa&iacute;s y lograr que la poblaci&oacute;n se sienta parte del  &quot;artefacto cultural de la comunidad pol&iacute;tica colombiana imaginada&quot;  (parafraseando a Anderson, 1983 &#91;1991&#93;: 21); ya que,  precisamente, esta idea de comunidad imaginada es la que no est&aacute; operando  dentro del concepto de colombianidad. Los estudios sobre este fen&oacute;meno deben  se&ntilde;alar la importancia del papel de la m&uacute;sica dentro del imaginario de cohesi&oacute;n  nacional y la preeminencia que debe tener al pensarse en pol&iacute;ticas que busquen  detener la fragmentaci&oacute;n social y encontrar la soluci&oacute;n pac&iacute;fica de las  diferencias.</p>     <p align="justify">El vallenato en  su expansi&oacute;n nacionalizadora ha sido sometido a un proceso de <i>blanqueamiento</i>, ya que esta  m&uacute;sica, con claras influencias <i>afro</i>, debe mimetizar  las mismas con el fin de ser m&aacute;s aceptada. Esta es una m&uacute;sica que en su corta  historia ha sido utilizada por diversos grupos sociales como herramienta identitaria,  en diversas geograf&iacute;as y temporalidades. Ha debido transformarse, cambiar parte  de sus elementos constitutivos en el proceso de eugenesia cultural al que se ve  sometida, con el fin de ser aceptada en nuevos nichos sociales y desarrollarse  en los mismos, despu&eacute;s de ser resignificada de acuerdo con los par&aacute;metros de la  cultura receptora.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La m&uacute;sica  vallenata es un producto masificado por las disqueras del pa&iacute;s y en la  actualidad tiene una gran presencia en los medios de comunicaci&oacute;n masiva. En  ella se conjugan la m&uacute;sica con la poes&iacute;a popular, con una fuerte influencia de  la oralidad, de la que recibe su fuerza; posee una amplia aceptaci&oacute;n popular en  toda la costa atl&aacute;ntica rural y pueblerina, y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os su aceptaci&oacute;n  se ha ampliado, superando las fronteras de la costa atl&aacute;ntica e, inclusive, los  l&iacute;mites nacionales.</p>     <p align="justify">El vallenato  actual es un producto comercial que se ve regulado por las leyes del mercado y  queda expuesto al juicio valorativo de sus consumidores. Debido a esto cambia  sus par&aacute;metros constantemente, de acuerdo, en primera instancia, con las  exigencias comerciales impuestas por las disqueras y estaciones de radio.</p>     <p align="justify">En el interior  del pa&iacute;s la m&uacute;sica de acorde&oacute;n se rechaz&oacute; durante mucho tiempo, por considerar  que proced&iacute;a de <i>negros</i>, pertenecientes  a una clase social baja. Hoy en d&iacute;a, esa m&uacute;sica, que no ten&iacute;a la posibilidad de  emerger de su grupo productor incluso en la costa atl&aacute;ntica, es la que el  mercado discogr&aacute;fico, el imperio comercial, ha instituido como la <i>m&uacute;sica  colombiana</i><a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>. En este proceso  se encuentran intereses pol&iacute;ticos regionales y nacionales, y eso nos lleva a  que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el vallenato se haya extendido por todo el pa&iacute;s y  haya cruzado las fronteras, erigi&eacute;ndose como la m&uacute;sica colombiana m&aacute;s  representativa.</p>     <p align="justify">La m&uacute;sica de  acorde&oacute;n posee, desde sus inicios, m&uacute;ltiples variantes regionales y diversas  historias en torno a s&iacute; misma. Esto es claro en los <i>aires</i>, ya que algunos  var&iacute;an seg&uacute;n la zona de procedencia. En este art&iacute;culo<a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a> me concentrar&eacute; en el  proceso de regionalizaci&oacute;n y de nacionalizaci&oacute;n, por medio del ejemplo de dos  m&uacute;sicos pertenecientes a las elites y que s&oacute;lo reflejan parte de la historia  del g&eacute;nero. Sin embargo, es necesario aclarar que aun cuando estos dos artistas  muestran puntos clave de expansi&oacute;n dentro de la masa receptora, en especial de  aceptaci&oacute;n y consumo por parte de las clases sociales medias y altas,  paralelamente otros m&uacute;sicos, de raigambre y estilo popular, fueron los  encargados de expandir esta m&uacute;sica por toda la geograf&iacute;a, llegando incluso a  pa&iacute;ses fronterizos como Venezuela y Ecuador, y han sido escuchados masivamente  s&oacute;lo por las clases populares. Este proceso puede seguirse por medio de figuras  como Alejo Dur&aacute;n, Alfredo Guti&eacute;rrez, el Binomio de Oro o Diomedes D&iacute;az, entre  otros.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>EL VALLENATO DE RAFAEL ESCALONA</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">RAFAEL ESCALONA ES UN  PERSONAJE MUY IMPORTANTE DENTRO DE LA historia de Colombia, y de esto da prueba Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez  cuando en honor a &eacute;l dijo que: &quot;<i>Cien a&ntilde;os de soledad </i>no era m&aacute;s que un vallenato de 350 p&aacute;ginas&quot;. Es uno  de los compositores m&aacute;s prol&iacute;ficos y el primero en cambiar los patrones  est&eacute;ticos de la m&uacute;sica de acorde&oacute;n para convertirla en vallenato; fue pieza  fundamental en el proceso de su aceptaci&oacute;n por parte de las clases altas de la  costa atl&aacute;ntica y en sus primeras incursiones hacia el altiplano. Tom&oacute; una  m&uacute;sica de <i>negros </i>y clases bajas y  logr&oacute; introducirla en los salones de baile de toda la costa atl&aacute;ntica. S&oacute;lo a  alguien como &eacute;l, que proven&iacute;a de una familia acomodada de Valledupar y que  hac&iacute;a parte de la elite, le fue posible la primera gran transformaci&oacute;n de la  m&uacute;sica de acorde&oacute;n, introduci&eacute;ndole nuevas tem&aacute;ticas a las canciones, pero a grado  tal que sus cultores y receptores no sintieran que se hab&iacute;a pervertido su <i>esencia misma</i><a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>. Sin alejarse  demasiado de la esencia de este g&eacute;nero musical, Escalona logr&oacute; componer  canciones que no hablaban de la ardua labor campesina, como hasta entonces, sino  que introdujo h&aacute;bilmente en sus canciones a las grandes personalidades de la  regi&oacute;n. Estas historias interesaban sobre todo a las elites, porque eran sus  protagonistas. Tambi&eacute;n mantiene la costumbre de sus predecesores, los <i>juglares</i>, de no inventar  nada en sus canciones: &eacute;l cuenta lo que observa y lo hace con gracia y  espontaneidad.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s de no  tocar el acorde&oacute;n y de provenir de una familia acomodada, Escalona tiene una  tercera caracter&iacute;stica que lo diferencia de los m&uacute;sicos de su generaci&oacute;n: no  canta, s&oacute;lo compone para que otros canten. Como puede verse, es una figura diferente  dentro de los par&aacute;metros de la m&uacute;sica de acorde&oacute;n <i>tradicional</i>. Transform&oacute; los  c&aacute;nones -abriendo el camino para los cambios radicales y la transformaci&oacute;n de  esta m&uacute;sica en el vallenato, que surgir&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s- hasta llegar al  vallenato que escuchamos en la actualidad. &Eacute;l se hizo famoso nacionalmente de  forma diferente que los dem&aacute;s m&uacute;sicos de acorde&oacute;n, de una manera que no va de  la mano de lo <i>tradicional</i>, ya que sus  cantos se dieron a conocer primero en la voz de Guillermo Buitrago y luego con  Bovea y sus vallenatos, pero no acompa&ntilde;ados de acorde&oacute;n, caja y guacharaca, la  instrumentaci&oacute;n tradicional, como era de esperarse, sino de guitarra y maracas,  instrumentos menos estigmatizados (Restrepo, 1991: 75). </p>     <p align="justify">Escalona logr&oacute; lo  que era imposible hasta su aparici&oacute;n: la presencia regional, en todos los  niveles sociales, de un fen&oacute;meno local de minor&iacute;as relegadas y desde&ntilde;adas. Cre&oacute;  una nueva est&eacute;tica dentro de la m&uacute;sica de acorde&oacute;n, siendo parte primordial en  la creaci&oacute;n del <i>vallenato</i><a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a>, entendido como  la apropiaci&oacute;n musical por parte de las elites de Valledupar de un folclor que  pertenec&iacute;a a toda la costa atl&aacute;ntica, y que actualmente consume la sociedad  colombiana. Influye en un personaje tan importante para la cultura nacional  como Garc&iacute;a M&aacute;rquez, y su m&uacute;sica es pieza fundamental dentro del segundo gran  paso expansivo de este g&eacute;nero.</p>     <p align="justify">Rafael Escalona  representa el primer gran paso en la evoluci&oacute;n de la m&uacute;sica de acorde&oacute;n; le  brinda una nueva est&eacute;tica, la de un bachiller <i>blanco </i>perteneciente a  una de las familias m&aacute;s prestantes de la regi&oacute;n. Sin la aparici&oacute;n de una figura  de sus condiciones, el vallenato como lo conocemos ser&iacute;a impensable.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>EL VALLENATO DE CARLOS VIVES</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">CARLOS VIVES ES EL  SEGUNDO GRAN INNOVADOR Y TRANSGRESOR DE LOS par&aacute;metros vallenatos establecidos. Es un artista que se  tropieza con el &eacute;xito dentro de esta m&uacute;sica, sin buscarlo ni quererlo. Es un  actor y cantante muy lejano a la m&uacute;sica popular colombiana, que trabajaba con  el <i>pop </i>y el <i>rock</i>, hasta cuando fue  llamado al papel protag&oacute;nico de una serie televisiva sobre Escalona, en la que  deb&iacute;a cantar las composiciones del maestro. Fue all&iacute; donde su carrera se uni&oacute;  definitivamente a este g&eacute;nero musical.</p>     <p align="justify">Esto hecho le dio  un giro radical a su vida y cambi&oacute;, al mismo tiempo, la recepci&oacute;n en el mercado  en relaci&oacute;n con la m&uacute;sica vallenata en el pa&iacute;s. Vives se convirti&oacute; en vendedor  de millones de discos, y por primera vez en la historia gente de toda la  geograf&iacute;a colombiana y de todas las clases sociales se encontr&oacute; escuchando y  bailando vallenatos. Desde ese entonces se dedic&oacute; a cantar, en nuevas  versiones, la m&uacute;sica de acorde&oacute;n tradicional, la de los grandes juglares, y a  hacer canciones propias con grandes innovaciones pero buscando siempre que se  encontraran ligadas a las ra&iacute;ces musicales colombianas.</p>     <p align="justify">En el discurso de  Vives y en las estrategias comerciales utilizadas para promocionar y vender sus  producciones m&aacute;s recientes es posible observar como &eacute;l va entrando a los  par&aacute;metros del recientemente creado g&eacute;nero de las m&uacute;sicas del mundo: <i>world music</i>. All&iacute;, en un  doble desplazamiento, se privilegia el regreso a lo primitivo, en una especie  de labor de <i>etnolog&iacute;a de  rescate</i>, que busca  preservar los &uacute;ltimos resquicios de lo ex&oacute;tico, suscitando una idealizaci&oacute;n del <i>mundo perif&eacute;rico </i>por medio de su  m&uacute;sica, para difundirlo luego de manera global. Es un rescate de lo regional, de  minor&iacute;as &eacute;tnicas, para comercializarlo globalmente pero sobre todo en el <i>mundo hegem&oacute;nico</i>: Europa, Jap&oacute;n y  Estados Unidos. En este caso, lo ex&oacute;tico es representado por la <i>provincia </i>-t&eacute;rmino que se  contrapone al de ciudad- que se refiere a las zonas rurales, con mayor <i>atraso </i>y donde los  procesos modernizadores han sido implementados con mayor inconsistencia. El  discurso de Vives y sus composiciones se remiten a esta provincia -en la costa  atl&aacute;ntica colombiana-, t&eacute;rmino que denota tambi&eacute;n a su grupo de m&uacute;sicos. M&aacute;s adelante  &eacute;l comenz&oacute; a referirse a esta provincia como <i>la tierra del olvido</i><a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a><i>, </i>frase que resume parte  del proceso simb&oacute;lico de las m&uacute;sicas del mundo<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify">Trajo consigo un  fen&oacute;meno s&oacute;lo comparable con el de Escalona, dadas las proporciones. Con Vives  se dio el segundo gran paso en el proceso expansivo del vallenato. &Eacute;l hizo con toda  la naci&oacute;n lo que Escalona con la costa atl&aacute;ntica. Se dio, definitivamente, el  salto de la aceptaci&oacute;n regional a su nacionalizaci&oacute;n. Antes, otros cantantes y  grupos -de <i>performatividad </i>claramente  popular- hab&iacute;an logrado que el vallenato se escuchara en gran parte del  territorio nacional, e incluso en otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, pero al igual que  le ocurr&iacute;a a la m&uacute;sica de acorde&oacute;n antes de Escalona, que era m&uacute;sica de clases  bajas de la costa, el vallenato era la de las clases bajas del pa&iacute;s:  vigilantes, taxistas, empleadas del servicio dom&eacute;stico constitu&iacute;an el estereotipo  de sus fan&aacute;ticos. Vives tom&oacute; el vallenato y lo transform&oacute; de nuevo en dos v&iacute;as  contrapuestas: por un lado, lo <i>moderniz&oacute;</i>, introduci&eacute;ndole instrumentos y ritmos ligados al <i>rock </i>y al <i>pop</i>; por otro, lo <i>tradicionaliz&oacute;</i>, incorporando de  nuevo la gaita ind&iacute;gena, que hab&iacute;a sido remplazada a principios del siglo  veinte por el acorde&oacute;n. Le dio una nueva imagen al vallenato y logr&oacute; que todos  los estratos sociales del pa&iacute;s lo aceptaran. Por esto, debe resaltarse el  paralelismo del fen&oacute;meno de Vives en lo nacional con el de Escalona en lo  regional. No es ninguna coincidencia que el primero iniciara su vertiginoso ascenso,  precisamente, con la m&uacute;sica del maestro Escalona, ya que, como &eacute;l, no pertenece  al grupo de los m&uacute;sicos de acorde&oacute;n tradicionales: es <i>blanco</i>, estrella de la  televisi&oacute;n, elegido varias veces el hombre m&aacute;s atractivo de Colombia, ex esposo  de una actriz muy importante, ex <i>rockero </i>que mantiene su imagen de pelo largo, camiseta y <i>jeans</i>. Utiliza esa  imagen para lograr la aceptaci&oacute;n de un grupo que jam&aacute;s hab&iacute;a sido atra&iacute;do por el  vallenato: los j&oacute;venes de clase media y alta. Con la m&uacute;sica del maestro  Escalona, y catapultado por una serie televisiva, logr&oacute; la aceptaci&oacute;n dentro de  las clases privilegiadas de todo el pa&iacute;s en las diferentes generaciones.</p>     <p align="justify">Ochoa (1998: 111, 112) plantea que el caso de Carlos Vives es un fen&oacute;meno cl&aacute;sico de <i>cross-over</i>, que es posible  encontrar dentro de los g&eacute;neros musicales que tienen elementos afroamericanos. Una  de las caracter&iacute;sticas de este fen&oacute;meno es el tr&aacute;nsito de un g&eacute;nero musical  afroamericano a la aceptaci&oacute;n masiva y el auge nacional, cuando es liderado por  un m&uacute;sico blanco. Ejemplos del <i>cross-over </i>pueden encontrarse en la historia del <i>blues </i>y del <i>rock</i>. Seg&uacute;n esta  interpretaci&oacute;n, Vives logr&oacute; una <i>des-africanizaci&oacute;n </i>del g&eacute;nero musical mediante su imagen, aceptable dentro de las  clases medias y altas. El &eacute;xito no depende s&oacute;lo de sus fusiones musicales, sino  tambi&eacute;n de minimizar las ra&iacute;ces populares y africanas del g&eacute;nero al mismo  tiempo que resalta otras como las ind&iacute;genas, m&aacute;s aceptadas y, por ende, con un  perfil m&aacute;s comercial. De esta manera, <i>blanquea </i>el vallenato y lo hace aceptable a un pa&iacute;s al que a&uacute;n le cuesta  aceptarse desde su pluralidad y sus tradiciones populares. Representa el  segundo gran paso en la expansi&oacute;n de la m&uacute;sica vallenata, y gracias a &eacute;l se  acepta <i>totalmente </i>tanto en lo vertical,  atravesando de arriba abajo las clases sociales, como en lo horizontal,  ampliando incre&iacute;blemente la masa receptora. De igual manera, internacionaliza a  gran escala el vallenato y pasa a ser reconocido como la <i>m&uacute;sica  colombiana </i>en las m&aacute;s  diversas regiones del planeta.</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de su  &eacute;xito <i>Cl&aacute;sicos de la  provincia </i>comenz&oacute; a  trabajar con la disquera <i>major </i>EMI, y se desplaz&oacute; a  Miami, ciudad centro de la industria del entretenimiento para Latinoam&eacute;rica. All&iacute;,  Vives se asoci&oacute; con el productor Emilio Esteffan, y como fruto de esto sus  discos fueron nominados una y otra vez para los premios Grammy y lograron ser  un &eacute;xito en ventas en toda Latinoam&eacute;rica. De esta forma, &eacute;l abri&oacute; la puerta del  mercado internacional de la m&uacute;sica a otros artistas j&oacute;venes colombianos, como  Shakira, Juanes o Andr&eacute;s Cabas, que hoy en d&iacute;a han alcanzado tambi&eacute;n  reconocimiento internacional.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>EL FESTIVAL DE LA LEYENDA VALLENATA</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">EL FESTIVAL DE LA  LEYENDA VALLENATA FUE CREADO EN 1968 POR UN grupo reducido de  personalidades de Valledupar, que se apropiaron de un folclor de dimensiones  regionales, instaur&aacute;ndolo y confiri&eacute;ndole concepto de identidad a una regi&oacute;n  nueva necesitada de esta construcci&oacute;n identitaria. Separarse del antiguo <i>Magdalena grande </i>obligaba al nuevo  departamento del Cesar y a su primer gobernador, Alfonso L&oacute;pez Michelsen, a  buscar un elemento que los uniera como departamento y los diferenciara de la  antigua divisi&oacute;n pol&iacute;tica a la que estaban adscritos.</p>     <p align="justify">El festival  vallenato ha evolucionado como evento. Sus primeras versiones eran libres y se  trataba de ver a los participantes en acci&oacute;n. Poco a poco se fue organizando,  con reglamentos y especificaciones t&eacute;cnicas. En la actualidad dista mucho de  ser un evento <i>folcl&oacute;rico</i>: cada vez est&aacute;  m&aacute;s influido y determinado por las leyes de la industria discogr&aacute;fica y por el  mercado.</p>     <p align="justify">Los organizadores  del festival de la leyenda vallenata tienen una idea asociada hist&oacute;ricamente al  folclor: &eacute;ste debe conservarse y guardarse sin permitir cambios de ninguna  naturaleza, ya que debe deber ser protegido, como patrimonio regional-nacional,  y resguardado de la influencia <i>maligna </i>del exterior, al igual que de la comercializaci&oacute;n. En consecuencia,  en su reglamento obligan a utilizar los instrumentos <i>tradicionales</i>, es decir, no  permiten el uso de guacharacas met&aacute;licas y cajas con parche sint&eacute;tico, utilizadas  mayoritariamente hoy en d&iacute;a por fines pr&aacute;cticos, sonoros y econ&oacute;micos. Por otra  parte, obligan a los participantes a tocar los cuatro aires vallenatos  -merengue, paseo, puya y son-, impuestos por ellos como los <i>tradicionales</i>, usando su  sitial de poder para reforzar el dominio que buscan sobre las dem&aacute;s expresiones  del g&eacute;nero que se dan fuera de Valledupar. Finalmente, lo que logran establecer  es un evento de m&uacute;sica de acorde&oacute;n que busca emular la que se tocaba en su  regi&oacute;n a mediados del siglo veinte, y aun cuando presumen de ser la catapulta  para el mantenimiento y el desarrollo del g&eacute;nero, el vallenato que promueven desde  el festival s&oacute;lo existe durante &eacute;ste, ya que la influencia de las nuevas  generaciones, de la industria musical y la ampliaci&oacute;n del g&eacute;nero lo han  transformado radicalmente, como era de esperarse, ya que paralelo al discurso  folclorista encontramos un evento <i>mass </i>medi&aacute;tico,  comercial en todo sentido, que refuerza las nuevas corrientes y tendencias  vallenatas dictaminadas por la industria discogr&aacute;fica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es consistente  con las tensiones sufridas por m&uacute;sica local, de parte del mercado global, que  un festival que promulga el mantenimiento del folclor lo m&aacute;s puro posible,  reciba, sin embargo, participantes de otros pa&iacute;ses, como M&eacute;xico. Durante los  &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, m&uacute;sicos de all&iacute;, regio-vallenatos, han participado en varias  categor&iacute;as, como mejor acordeonero y canci&oacute;n in&eacute;dita.</p>     <p align="justify">Como folclor, la  m&uacute;sica de acorde&oacute;n hac&iacute;a parte de toda la regi&oacute;n de la costa atl&aacute;ntica, pero  con la necesidad que ten&iacute;an las elites de Valledupar de crear un elemento  cultural propio que la diferenciara de las dem&aacute;s regiones se fue dibujando una  nueva historia para apropi&aacute;rsela y desplazarla. Estos elementos distorsionan el  origen de la m&uacute;sica, para ser <i>montada </i>en un epicentro nuevo y definitivo. Es as&iacute; como, con su  festival, Valledupar comenz&oacute; a ser el nuevo due&ntilde;o del g&eacute;nero musical. Como  plantea Mart&iacute;n Barbero, (1998: 279): &quot;...la apropiaci&oacute;n y relaboraci&oacute;n musical se liga o responde  a movimientos de constituci&oacute;n de nuevas identidades sociales&quot;. En torno al  vallenato se da identidad cultural y un elemento cohesionador a toda la cultura  del Valle de Upar, constri&ntilde;endo y parcializando sus or&iacute;genes, haci&eacute;ndole creer  al pa&iacute;s y a sus propios habitantes que son los due&ntilde;os y creadores del  vallenato.</p>     <p align="justify">Una prueba clara  de este movimiento estrat&eacute;gico de apropiaci&oacute;n es el hecho que Valledupar le  haya dado su propio gentilicio como nombre a esta m&uacute;sica. La llamaron vallenato  es decir <i>nato del valle  -de Upar-</i>, cuando es  evidente que &eacute;sta es nata de toda la costa atl&aacute;ntica. Otras regiones de la  costa se reh&uacute;san a usar este nombre y la llaman <i>m&uacute;sica de  acorde&oacute;n</i>, como manera de  protestar en contra de la apropiaci&oacute;n y hegemoneizaci&oacute;n del folclor por parte  de las elites de Valledupar.</p>     <p align="justify">Una de las  personas m&aacute;s importantes dentro del proceso de desarraigo zonal de este folclor,  para su restablecimiento posterior en Valledupar y reinvenci&oacute;n de la historia  del mismo, que le da un car&aacute;cter m&iacute;tico, fue Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez y su novela <i>Cien a&ntilde;os de  soledad</i>, que se ha  convertido en el paradigma de la cultura colombiana y gracias a la cual se le  da una nueva historia a la m&uacute;sica de acorde&oacute;n. Es importante resaltar c&oacute;mo el  primer gobernador del Cesar hac&iacute;a &eacute;nfasis en la pertenencia de Garc&iacute;a M&aacute;rquez a  Valledupar, donde el Nobel logr&oacute; su inspiraci&oacute;n, de donde toma las historias y  las recrea en su particular estilo literario. L&oacute;pez Michelsen (1999: 2) plantea que en  Escalona y en ninguna otra persona debe buscarse la fuente de donde bebe Garc&iacute;a  M&aacute;rquez para crear su m&aacute;s importante obra, precisamente en Escalona, pieza  fundamental en la creaci&oacute;n del festival de la leyenda vallenata.</p>     <p align="justify">Conjugados estos  tres grandes personajes, el Cesar se consolida pol&iacute;ticamente como departamento,  se adopta un cohesionador cultural como lo es la m&uacute;sica y a este <i>montaje </i>pol&iacute;tico-musical  se le da un fundamento donde asentarse y echar ra&iacute;ces, por medio de la  literatura garciamarquiana, en la que alcanza un h&aacute;lito m&iacute;tico ancestral,  inexistente hasta entonces. S&oacute;lo tres d&eacute;cadas despu&eacute;s de la &eacute;poca de &eacute;xito  musical de Rafael Escalona, de la creaci&oacute;n del festival de L&oacute;pez Michelsen y de <i>Cien a&ntilde;os de  soledad </i>-n&oacute;tese la  coincidencia de las fechas-, el pa&iacute;s entero cree que la m&uacute;sica de acorde&oacute;n es  de Valledupar, que el Cesar es una regi&oacute;n culturalmente distinta al resto del pa&iacute;s  y que todo esto viene de una historia remota.</p>     <p align="justify">Ahora bien, el  &eacute;xito rotundo de la creaci&oacute;n de estos tres hombres en particular, y de la elite  valduparense en general, no lleg&oacute; s&oacute;lo hasta darle fuerza y cohesi&oacute;n cultural a  una regi&oacute;n como el Cesar. Actualmente, la m&uacute;sica de Colombia es el vallenato.  Es la que m&aacute;s se oye, la que m&aacute;s se vende, la que tiene m&aacute;s difusi&oacute;n comercial  y de medios audiovisuales: &quot;...pero el punto es que la m&uacute;sica vallenata -de  origen regional particular- es aceptada un representante leg&iacute;timo del  sentimiento nacional&quot; (Wade, 1997: 24, 25). Finalmente, lo  que ellos lograron fue &quot;estabilizar una expresi&oacute;n musical de base popular como  forma de conquistar un lenguaje que concilie el pa&iacute;s en la horizontalidad del  territorio y en la verticalidad de las clases sociales&quot; (Barbero, 1998: 234). Esta labor es  admirable y de esfuerzos colosales, si se tiene en cuenta la divisi&oacute;n cultural  y pol&iacute;tica que mostraba Colombia antes de estos hechos: &quot;Colombia pod&iacute;a  llamarse antes de 1940 m&aacute;s un pa&iacute;s de  pa&iacute;ses que una naci&oacute;n&quot; (Barbero, 1998: 225).</p>     <p align="justify">Es innegable la  audacia y la inteligencia demostrada por los art&iacute;fices de esta <i>novela-pol&iacute;tica-cantada, </i>que en s&oacute;lo  treinta a&ntilde;os se convirti&oacute; en una verdad irrefutable para toda Colombia. El festival  de la leyenda vallenata, en s&iacute; mismo, funge como un gran evento ritual en el  que se valida y renueva peri&oacute;dicamente esta construcci&oacute;n y hegemon&iacute;a cultural y  simb&oacute;lica.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>M&Uacute;SICA Y POL&Iacute;TICA</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">ES IMPORTANTE  RESALTAR TAMBI&Eacute;N QUE DENTRO DEL PROCESO DE NACIONALIZACI&Oacute;N -principalmente  de aceptaci&oacute;n del vallenato en el interior del pa&iacute;s y el desplazamiento  posterior del bambuco como la m&uacute;sica colombiana- tiene gran influencia y  relaci&oacute;n la pugna por el poder pol&iacute;tico de los dos partidos m&aacute;s importantes, y  los &uacute;nicos que han regido la naci&oacute;n desde la independencia de Espa&ntilde;a. Por una  parte encontramos al vallenato asociado al Partido Liberal colombiano, partido  con el que lleg&oacute; al poder Alfonso L&oacute;pez Michelsen (1974-1978) -su fort&iacute;n  electoral estaba en las zonas de provincia, principalmente en la costa atl&aacute;ntica-  que por la &eacute;poca de expansi&oacute;n vallenata al interior adquir&iacute;a mayor poder y  representatividad. Por otra, vemos que, al mismo tiempo, el Partido Conservador  se ve&iacute;a desplazado de esa posici&oacute;n privilegiada, en la que llevaba, hasta ese  momento, una hegemon&iacute;a hist&oacute;rica. No es coincidencia que la mayor&iacute;a de los electores  y la zona de m&aacute;s influencia de este partido fuera el <i>interior </i>del pa&iacute;s, la  llamada zona andina, que tradicionalmente ha sido representada por el bambuco,  m&uacute;sica llamada simplemente <i>m&uacute;sica colombiana</i>.</p>     <p align="justify">Como puede  observarse, el desplazamiento de un tipo de m&uacute;sica por otro en el rubro de <i>m&uacute;sica de  Colombia </i>se encuentra  relacionado por completo con la pugna de los partidos pol&iacute;ticos por la hegemon&iacute;a  del pa&iacute;s. Cuando estos dos g&eacute;neros musicales se enfrentan por la  representatividad total de la geograf&iacute;a nacional no lo est&aacute;n haciendo,  simplemente, dos tipos de m&uacute;sica: el acento del desencuentro est&aacute; en otro lugar  muy lejano a los instrumentos, ritmos y melod&iacute;as. El enfrentamiento real se da  entre dos ideolog&iacute;as, entre diferentes maneras de concebir la vida, la  religi&oacute;n, la sexualidad, el espacio p&uacute;blico y privado, las est&eacute;ticas. El  conflicto es entre diferentes concepciones y apropiaciones de lo social y lo  cultural, que en este caso se ven representados de manera simplificada por los  partidos pol&iacute;ticos. Al revisar, en general, la cultura representada por el  vallenato estaba conformada por los grupos sociales que en lo pol&iacute;tico se ve&iacute;an  aglutinados por el liberalismo. De forma similar, el bambuco represent&oacute;,  durante casi dos siglos (Mi&ntilde;ana, 1997: 8) a los grupos sociales del interior, que eran el caudal  electoral del Partido Conservador. Mientras la elite del interior -l&iacute;deres de  ese partido- mantuvo su hegemon&iacute;a sobre el resto del pa&iacute;s, &eacute;sta mantuvo su  propia est&eacute;tica musical idealizada, el bambuco, como representativa de la  naci&oacute;n. Hacia la segunda mitad del siglo veinte, el liberalismo tom&oacute; fuerza y  logr&oacute; romper la hegemon&iacute;a conservadora: en ese momento, el vallenato logr&oacute;  entrar a la regi&oacute;n andina y, poco a poco, desplaz&oacute; al bambuco de la posici&oacute;n de <i>leg&iacute;timo  representante del sentir nacional</i>.</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3" face="verdana"><b>LA M&Uacute;SICA COLOMBIANA EN MONTERREY, N. L.</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <blockquote>       <p align="justify">En mi opini&oacute;n, creo que es una m&uacute;sica que lleg&oacute; para quedarse totalmente,  es un ritmo de vida que cada quien, por ejemplo mi forma de vivir yo siento que  aparte de la Biblia y la educaci&oacute;n de mis padres a m&iacute; me hizo el vallenato  (Rodr&iacute;guez, 2002).</p>       <p align="justify">Porque no s&eacute; si has escuchado los programas de radio, ahorita ya  con tres programas de radio que pasan veinticuatro horas m&uacute;sica colombiana, un  programa de televisi&oacute;n que pasa videos, cada quince d&iacute;as vienen grupos  colombianos. La &uacute;ltima generaci&oacute;n, los ni&ntilde;os que ahorita tienen, que acaban de  nacer o que tienen cuatro-cinco a&ntilde;os, ya saben que pa&#39; tocar vallenato tienen  que comprarse un Corona III, ya saben que el vallenato se toca con los dos teclados al mismo  tiempo, ya saben que se toca con caja, guacharaca y acorde&oacute;n. O sea, que tienen  informaci&oacute;n que yo no tuve cuando empec&eacute; a escuchar m&uacute;sica colombiana. Esos chavitos  dentro de diez a&ntilde;os van a ser lo que dijo Consuelo (Ara&uacute;jo Noguera), que en paz  descanse, cuando vino aqu&iacute;, en ninguna parte del mundo est&aacute; pasando lo que pasa  aqu&iacute; en Monterrey ni siquiera en Colombia (L&oacute;pez, 2002).</p>       <p align="justify">Porque ellos tocan el vallenato y si lo tocan es porque les  gusta, desde ah&iacute; que es la diferencia con el <i>ska </i>y el <i>rock</i>, porque la mayor parte aqu&iacute;, la mayor parte de las colonias hay  grupos musicales y curioso es que cuando nacen hijos les ponen Israel, Rafael,  Diomedes. Mi hijo menor se llama Calixto Diomedes, &iquest;c&oacute;mo ves?, di si no  llevamos esa m&uacute;sica adentro. Aqu&iacute; ser <i>colombiano </i>no significa haber nacido en Colombia sino una manera de vivir,  una manera de apreciar una m&uacute;sica, m&aacute;s que diferencias hay que hablar de  coincidencias y si t&uacute; visitaras a las bandas en sus barrios es como si de  repente entraras no s&eacute; como a una especie de parque tem&aacute;tico, a un museo al  aire libre donde est&aacute;s viendo cantidad de cosas y sobre todo est&aacute;s conociendo  un mundo donde los j&oacute;venes tienen corazones con forma de acorde&oacute;n (Encinas, 2002).</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>El arribo a la  nueva geograf&iacute;a-cultural</b></p>     <p align="justify">LA M&Uacute;SICA DE LA  COSTA ATL&Aacute;NTICA COLOMBIANA, PRIMERO EL PORRO pero sobre todo  la cumbia, lleg&oacute; a M&eacute;xico hace unos cincuenta a&ntilde;os (P&eacute;rez, 1995: 3), adapt&aacute;ndose y  siendo acogida r&aacute;pidamente en este nuevo territorio. Mediante procesos como el  de reificaci&oacute;n, adaptaci&oacute;n y creaci&oacute;n fue transformada, en primera instancia,  en las <i>cumbias  tropicales</i>, en el centro y  costas del pa&iacute;s, y despu&eacute;s en la llamada <i>cumbia norte&ntilde;a</i>, en la regi&oacute;n hom&oacute;nima. De igual manera, en la actualidad, la  m&uacute;sica del norte de M&eacute;xico y sureste de Estados Unidos como la tejana, <i>tex-mex, </i>y parte de la  llamada onda grupera poseen bases en la cumbia.</p>     <p align="justify">La cumbia, el  porro, el vallenato y otros ritmos de la costa atl&aacute;ntica llegaron hacia la  mitad del siglo veinte por medio de discos y de m&uacute;sicos que hac&iacute;an giras en  M&eacute;xico. Fueron escuchadas con relativo &eacute;xito durante un tiempo y desaparecieron  luego, a excepci&oacute;n de la cumbia, que s&iacute; tuvo arraigo en la mayor&iacute;a del pa&iacute;s. La  cumbia se estableci&oacute; definitivamente en M&eacute;xico hacia finales de los a&ntilde;os 1960, interpretada por orquestas como la de Mike Laure y Rigo Tovar.  Ellos, en su repertorio, muy exitoso y consumido, utilizaban la m&uacute;sica de  origen colombiano pero transform&aacute;ndola: las orquestas tropicales mexicanas  mimetizaban el ritmo caribe&ntilde;o colombiano y lo transformaban en lo que ellos, o  la industria discogr&aacute;fica mexicana, cre&iacute;an que era un sonido m&aacute;s <i>adecuado </i>para el p&uacute;blico  de estas latitudes, aun cuando sin dar cr&eacute;dito a sus compositores originales,  de manera tal que el p&uacute;blico cre&iacute;a que eran composiciones originales.</p>     <p align="justify">El vallenato,  contrariamente a la cumbia, s&oacute;lo logr&oacute; establecerse en el norte del pa&iacute;s, en  Monterrey y algunas zonas cercanas; esta zona es la <i>tierra del  acorde&oacute;n </i>en M&eacute;xico. Esto,  sumado a la empat&iacute;a que generan las letras de las canciones vallenatas, explica  parcialmente su adopci&oacute;n en estas latitudes. El fen&oacute;meno de la m&uacute;sica <i>colombiana</i><a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a> de Monterrey se  desarrolla pr&aacute;cticamente en contra de los medios de comunicaci&oacute;n masiva -que lo  ignoraron de manera sistem&aacute;tica- y de los canales de comercializaci&oacute;n de las  disqueras, ya que s&oacute;lo hasta fechas recientes &eacute;sta se ha difundido y  comercializado. Parte de la explicaci&oacute;n del arraigo de la m&uacute;sica la encontramos  en una gira de Los corraleros del Majagual, agrupaci&oacute;n de la costa caribe  colombiana que estuvo varada por bastante tiempo en esta zona, de frontera con  Estados Unidos, por problemas de documentaci&oacute;n. Esta estancia prolongada del  grupo influy&oacute; en la percepci&oacute;n y el gusto musical en la regi&oacute;n. Hasta la  actualidad, los discos de ese grupo son consumidos &aacute;vidamente, y los  protagonistas de este fen&oacute;meno concuerdan en se&ntilde;alar a Alfredo Guti&eacute;rrez -l&iacute;der  de la agrupaci&oacute;n- como la piedra angular en el inicio del gusto por la m&uacute;sica  colombiana en esta latitud.</p>     <p align="justify"><b>El mantenimiento  del fen&oacute;meno y la creaci&oacute;n del gusto </b><b><i>colombiano</i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">POSTERIORMENTE, LOS PERSONAJES  CENTRALES EN LA ADOPCI&Oacute;N Y PERMANENCIA de este fen&oacute;meno fueron los <i>sonideros</i><a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a>, quienes durante  d&eacute;cadas se encargaron de viajar a la Ciudad de M&eacute;xico, Estados Unidos y  Colombia tras grabaciones de grupos colombianos de la costa atl&aacute;ntica. Ellos  ten&iacute;an un gran mercado debido a la escasez y altos costos de los grupos  tropicales en aquellos a&ntilde;os. Poco a poco, los archivos musicales de estos  personajes singulares se fueron especializando en las versiones tropicales  colombianas, provenientes todas de la costa atl&aacute;ntica<a href="#pie9" name="spie9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p align="justify">Esta colecci&oacute;n ha  crecido con los a&ntilde;os y paralelamente se ha desarrollado una cultura musical <i>colombiana </i>dentro de  Monterrey, de bases profundas y relativamente firmes. Los <i>sonideros </i>eran los &uacute;nicos  capaces de conseguir y pagar los discos colombianos que eran simb&oacute;licamente muy  apreciados -por tanto escasos y costosos-. As&iacute; se mantuvo el consumo  restringido hasta la aparici&oacute;n del casete en la d&eacute;cada de 1980 -tecnolog&iacute;a que permiti&oacute; la duplicaci&oacute;n de la m&uacute;sica-. Al ver  disminuido su trabajo, se abocaron a grabar su acervo en este medio y a  venderlo al p&uacute;blico en general, &aacute;vido de esta m&uacute;sica que no se consegu&iacute;a en el  mercado formal. En la actualidad, aun cuando ya se establecieron importadores  legales, y las propias disqueras colombianas, el consumo sigue siendo  predominantemente <i>pirata</i>, debido a los  altos costos de los discos originales y al arraigo de una cultura de consumo informal,  dirigida por los <i>sonideros</i>, con mezclas  especiales, compilaciones e hibridaciones, como los discos <i>rebajados</i><a href="#pie10" name="spie10"><sup>10</sup></a> de amplio consumo  entre los <i>colombianos</i>.</p>     <p align="justify"><b>La apropiaci&oacute;n  musical y la creaci&oacute;n de un fen&oacute;meno sincr&eacute;tico</b></p>     <p align="justify">LA PRODUCCI&Oacute;N DE  M&Uacute;SICA <i>COLOMBIANA </i>EN MONTERREY SE ENCUENTRA  liderada,  principalmente, por Celso Pi&ntilde;a, La tropa vallenata y La tropa colombiana. Celso  Pi&ntilde;a, pionero en estas lides, fue el primero en tocar con su grupo esta m&uacute;sica  -antes s&oacute;lo se escuchaban los discos- y se ha caracterizado por &quot;emular cuanto  pueda el estilo colombiano&quot;. Esta caracter&iacute;stica lo hab&iacute;a confinado a mantenerse  en un bajo perfil, de restringida circulaci&oacute;n, viendo c&oacute;mo grupos posteriores a  &eacute;l, como Los vallenatos de la cumbia, lograban entrar en los circuitos  internacionales de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la m&uacute;sica, llegando  principalmente al Cono Sur y a Estados Unidos (Olvera, 2002: 8). Su disco <i>Barrio bravo </i>lo catapult&oacute; al  mercado internacional y le dio su merecido lugar dentro de la escena musical.  Esta producci&oacute;n, que conmemora su vig&eacute;simo aniversario de carrera art&iacute;stica,  intenta introducir a Pi&ntilde;a al mercado de las m&uacute;sicas globales. Se busca un  sonido m&aacute;s <i>global</i>, que pueda ser  consumido en m&uacute;ltiples latitudes, por diferentes grupos sociales y  generacionales. Debido a esto, las ra&iacute;ces &eacute;tnicas y populares de la m&uacute;sica se  esconden, mezcl&aacute;ndola con diferentes ritmos de mayor aceptaci&oacute;n y de m&aacute;s f&aacute;cil  comercializaci&oacute;n. Es claro que su gran &eacute;xito se debi&oacute; a que dej&oacute; de lado, por  primera vez, su <i>tradicionalismo  colombiano</i>, haciendo  mezclas con otros g&eacute;neros y con artistas de gran aceptaci&oacute;n entre los j&oacute;venes  de clase media y alta de todo M&eacute;xico, logrando mimetizar el sonido y darle una  nueva imagen. Con este disco, Pi&ntilde;a logr&oacute; la nominaci&oacute;n al Grammy y se  convirti&oacute;, de la noche a la ma&ntilde;ana, en una estrella musical de orden  internacional, cuando antes de <i>Barrio bravo </i>apenas era escuchado por grupos populares de Monterrey.</p>     <p align="justify">A finales de la  d&eacute;cada de 1980, el fen&oacute;meno <i>colombiano </i>hizo su aparici&oacute;n  en m&uacute;ltiples grupos de adolescentes de sectores populares, que se organizaron  en grupos juveniles, autodenominados de <i>colombianos </i>que, de igual manera, llaman <i>colombia </i>a su elecci&oacute;n musical,  transformando as&iacute; el gentilicio en sustantivo. Estos grupos de <i>colombianos </i>han formado y son  seguidores de agrupaciones locales mexicanas que producen un vallenato mexicano  renovado, como La tropa vallenata, La ronda Bogot&aacute;, Los vallenatos de la cumbia,  Grupo M-19 colombiano, entre  muchas otras.</p>     <p align="justify">Los consumidores  y productores de la <i>colombiana </i>pertenec&iacute;an sobre  todo a los grupos populares y marginales de la ciudad -desempleados y, en el  mejor de los casos, en la m&aacute;s baja escala de la actividad productiva-, por lo  que otros grupos sociales los identifican, junto con su m&uacute;sica, como  pandilleros, drogadictos y, en general, delincuentes. El epicentro del gusto por  esta m&uacute;sica se encuentra en la Loma Larga, un cerro cercano al centro de  Monterrey, que abarca alrededor de veinte barrios y principalmente a la colonia  Independencia, de donde surgen los <i>sonideros</i>. A lo largo de la historia esta zona ha recibido migrantes del  interior de la rep&uacute;blica, que poseen una cultura campesina y encuentran en la  m&uacute;sica <i>colombiana </i>muchos elementos  comunes a ellos.</p>     <p align="justify">El surgimiento de  estos primeros m&uacute;sicos <i>colombianos </i>coincidi&oacute; con la aparici&oacute;n de una nueva propuesta identitaria,  &#39;el ser <i>colombia&#39;. </i>Se puede ver c&oacute;mo  la primera generaci&oacute;n de grupos juveniles dej&oacute; de lado al <i>rock </i>-la propuesta  identitaria juvenil por antonomasia- y adopt&oacute; a estos grupos como sus &iacute;dolos  (Cruz, 1996). Junto a los  grupos <i>profesionales </i>existen otros que  tocan por el simple gusto de reunirse y producir m&uacute;sica; estos amenizan cantinas,  bailes y celebraciones menores. Tocan tambi&eacute;n en los camiones de transporte  p&uacute;blico de la ciudad, recogiendo algo de dinero o, simplemente, hacen m&uacute;sica en  las esquinas.</p>     <p align="justify">Las razones dadas  para la validaci&oacute;n del consumo de este g&eacute;nero en Monterrey van desde la gran  variedad musical y de tem&aacute;ticas que ofrece, la invitaci&oacute;n al baile que hacen  sus ritmos, la facilidad de su ejecuci&oacute;n y en la consecuci&oacute;n de sus  instrumentos -algunos, como el acorde&oacute;n, se encuentran muy arraigados y los  otros pueden fabricarse artesanalmente a bajo costo-, hasta la fuerza simb&oacute;lica  de sus letras, ya que cuentan historias principalmente campiranas que remiten a  un pasado rural, de simpleza rom&aacute;ntica muy apreciada por los <i>colombias </i>de Monterrey. El  vallenato tiene una fuerte similitud estructural con el corrido mexicano, dada  la preeminencia de la oralidad y de la funci&oacute;n de contar historias, historias  que permiten la construcci&oacute;n de subjetividades, que dan una carta de navegaci&oacute;n  a las personas para entenderse, reconocerse y actuar. Esta correlaci&oacute;n  corrido-vallenato no debe perderse de vista al intentar entender el por qu&eacute; de  la elecci&oacute;n de la m&uacute;sica colombiana en estas latitudes.</p>     <p align="justify">Es importante  recordar que dentro del vallenato en Colombia existen varias vertientes,  algunas m&aacute;s populares, otras de mayor aceptaci&oacute;n por las clases medias y altas  -como el de Carlos Vives-. El tipo de vallenato que llega y se arraiga en  Monterrey es el popular, aquel con mayor apego al estilo <i>tradicional</i>, menor estilizaci&oacute;n  y tem&aacute;ticas campiranas m&aacute;s cercanas a sus propias vivencias, lo que lo hace  f&aacute;cilmente traducible a sus propios par&aacute;metros culturales.</p>     <p align="justify"><b>La entrada del  mercado y el establecimiento del contacto transnacional</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">DESPU&Eacute;S DE  TREINTA A&Ntilde;OS, LOS CIRCUITOS  COMERCIALES DE LA M&Uacute;SICA en Monterrey  tuvieron que reconocer el gran mercado que ven&iacute;an desaprovechando con este  g&eacute;nero. De esta manera, en la actualidad en cualquier tienda de m&uacute;sica se  pueden encontrar discos nacionales e importados de cumbia y vallenato, aun  cuando m&aacute;s costosos que los de cualquier otro g&eacute;nero.</p>     <p align="justify">Los medios de  comunicaci&oacute;n masiva de Monterrey han visto con desprecio el fen&oacute;meno regio-<i>colombiano</i>, ignor&aacute;ndolo  sistem&aacute;ticamente, y aun cuando el mismo tiene gran audiencia han hecho una  labor de invisibilizaci&oacute;n, como si al ignorarlo y bloquearlo pudieran  desaparecerlo -al menos medi&aacute;ticamente-, dej&aacute;ndolo sin voz ni instrumentos de  difusi&oacute;n. Las &uacute;nicas excepciones a esta generalidad se encuentran en la  caricaturizaci&oacute;n y la mofa, que buscan minar y erosionar su poder simb&oacute;lico como  elecci&oacute;n identitaria v&aacute;lida y contestataria.</p>     <p align="justify">A partir del  reconocimiento del grave descuido -consecuencia del descubrimiento del amplio  potencial comercial de esta parcela del mercado- se inici&oacute; una nueva etapa en  la que se brindan ampliamente los productos que consume este sector, olvidado por  d&eacute;cadas. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han creado tres estaciones radiales exclusivas  del g&eacute;nero, y en muchas emisoras m&aacute;s se comienza a programar por segmentos. En  el mercado formal y en el informal es posible encontrar una amplia  comercializaci&oacute;n de todos los productos relacionados con la misma, desde discos  hasta videos, camisetas, sombreros de vueltas o instrumentos. Se traen m&uacute;sicos  de Colombia para realizar conciertos, en sitios de alto estatus y costos  elevados, donde los sectores sociales privilegiados pueden aparecer sin  incomodidades y sin necesidad de mezclarse con los dem&aacute;s grupos sociales.</p>     <p align="justify">Desde la segunda  mitad de los a&ntilde;os 1990 apareci&oacute; en  Monterrey la primera estaci&oacute;n radial comercial con programaci&oacute;n netamente <i>colombiana</i>: la XEH. Al percatarse  del tremendo &eacute;xito de la misma surgieron, en 1999, dos estaciones  radiales nuevas con las mismas caracter&iacute;sticas: Radio 13 y La Guacharaca -esta &uacute;ltima renombrada recientemente el Bombazo  vallenato-.</p>     <p align="justify">El fen&oacute;meno  regio-<i>colombiano </i>se ha extendido  hacia Saltillo, Laredo, Monclova, Le&oacute;n y San Luis Potos&iacute;, y en general a la zona  norte de M&eacute;xico, ampliando su masa receptora. En estos sitios se vive la misma  situaci&oacute;n y se escuchan los mismos m&uacute;sicos que en Monterrey quince a&ntilde;os atr&aacute;s.</p>     <p align="justify">En Monterrey est&aacute;  en su apogeo un debate el que se encuentran dos bandos: por un lado, los  defensores del producto musical transformado, amalgamado, adaptado a la  realidad sociocultural de la regi&oacute;n, la <i>colombiana</i>, consumida principalmente por los grupos populares y los grupos  juveniles -<i>colombias-</i>. Por otro, un  grupo de elite que promueve la entrada de esta m&uacute;sica en nuevos grupos sociales  para que sea escuchada por todo Monterrey. Este grupo est&aacute; compuesto por  profesionales, empresarios, m&uacute;sicos, locutores radiales, trabajadores sociales-  culturales y algunos colombianos radicados en la ciudad. Ellos han tenido la  oportunidad de adquirir un amplio conocimiento del g&eacute;nero vallenato v&iacute;a  internet, libros, videos, discos y, principalmente, mediante viajes al festival  de la leyenda vallenata en Valledupar. De esta manera han organizado dos  versiones propias del festival vallenato en Monterrey, con el apoyo de las  directivas del festival de Valledupar, que ha enviado en varias oportunidades a  los reyes vallenatos colombianos a hacer presentaciones y conciertos.</p>     <p align="justify">De 1960 a 2000 muy pocas  personas de Monterrey hab&iacute;an viajado al festival, pero en &eacute;pocas recientes,  cada a&ntilde;o el n&uacute;mero aumenta, ya que para estos <i>colombianos </i>ir a Valledupar  es como llegar a la <i>tierra prometida </i>y en no pocos  casos venden sus pocas pertenencias o se endeudan para cumplir con este sue&ntilde;o.  En consecuencia, en 2005 se organiz&oacute;  formalmente una excursi&oacute;n para ir al festival de la leyenda vallenata y viaj&oacute;  un gran n&uacute;mero de aficionados. As&iacute; mismo han enviado en dos ocasiones un grupo vallenato  regio a concursar a Valledupar, en la categor&iacute;a de mejor acordeonero, han  concursado muchas veces en canci&oacute;n in&eacute;dita y se han hecho planes y arreglos con  las directivas del festival de la leyenda vallenata para asegurar la  participaci&oacute;n en los festivales venideros y para seguir organizando festivales  y presentaciones musicales en Monterrey.</p>     <p align="justify">Desde 2000 hasta 2005 encontramos que  la m&uacute;sica colombiana se ha expandido dentro de todos los grupos sociales de  Monterrey. En la actualidad, la m&uacute;sica vallenata ha alcanzado los grupos  sociales medios y altos, y se escucha en los bares y discotecas m&aacute;s exclusivos  de la ciudad, algo inimaginable hace pocos a&ntilde;os. El estigma que ten&iacute;a esta  m&uacute;sica desaparece lentamente, de la misma forma que desapareci&oacute; de Colombia en  la d&eacute;cada de 1990. Todo parece  indicar que en unos a&ntilde;os la m&uacute;sica vallenata podr&iacute;a ser la m&aacute;s escuchada y la  m&aacute;s exitosa con el apoyo total de los medios de comunicaci&oacute;n masiva.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>LA M&Uacute;SICA CARIBE&Ntilde;A COLOMBIANA COMO UN FEN&Oacute;MENO TRANSCULTURAL</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">COMO OTROS  PRODUCTOS CULTURALES, EN LA ACTUALIDAD  LA M&Uacute;SICA SE ve expuesta a  desplazamientos vertiginosos entre los &aacute;mbitos local y transnacional,  catalizada por la modernidad y la globalizaci&oacute;n. Las corrientes principales  dentro de estos estudios, como la etnomusicolog&iacute;a, los trabajos sobre las  m&uacute;sicas del mundo (<i>world music) </i>o de m&uacute;sica <i>pop</i><a href="#pie11" name="spie11"><sup>11</sup></a> hablan de  expresiones musicales que, en general, implican una asimetr&iacute;a entre el origen y  las zonas adonde se desplazan. La m&uacute;sica de la costa atl&aacute;ntica colombiana  muestra una transnacionalizaci&oacute;n, pero desde lo popular, entre grupos sociales  de escasos recursos. Se diferencia de la <i>world music </i>o la etnomusicolog&iacute;a, ya que &eacute;stas son generadas en contextos <i>tribales</i>, <i>&eacute;tnicos</i>, del Sur, es  decir, de la Otredad. El <i>material recolectado </i>como objeto de museo debe ser <i>curado </i>para ser  exhibido, adem&aacute;s de transformado, mimetizado y eugenizado, con el fin de ser  consumido en el Norte, en un ejercicio simb&oacute;lico de <i>etnolog&iacute;a de  rescate</i>. Ejemplos de  esto los encontramos en la m&uacute;sica <i>tribal</i>, <i>&eacute;tnica</i>, distribuida por  todo el mundo mediante la categor&iacute;a -aglutinadora de una inmensa diversidad,  hoy en d&iacute;a eminentemente comercial- <i>world music</i><a href="#pie12" name="spie12"><sup>12</sup></a><i>. </i>Estas  caracter&iacute;sticas se hallan igualmente en g&eacute;neros como el <i>reggae</i>, el <i>ska</i>, la salsa, el son,  el tango, etc&eacute;tera. La m&uacute;sica colombiana se diferencia tambi&eacute;n del otro  fen&oacute;meno ampliamente estudiado por los acad&eacute;micos, la m&uacute;sica <i>pop, </i>ya que estos son  g&eacute;neros musicales creados y desarrollados en el mundo hegem&oacute;nico y que, desde  ese centro, apoyados por la industria musical, se distribuyen hacia las  periferias. Otros ejemplos de este fen&oacute;meno los encontrar&iacute;amos en el <i>rock</i>, el <i>punk</i>, el <i>metal</i>, el <i>rap</i>, el <i>hip-hop</i>, entre otros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En este sentido,  la m&uacute;sica caribe&ntilde;a colombiana puede verse como un fen&oacute;meno de intercambio  cultural-simb&oacute;lico Sur-Sur. Vemos c&oacute;mo una m&uacute;sica del Sur llega al Sur, y se  establece, por lo menos en un caso, sin mayor ayuda de la poderosa industria musical  y de todos los agregados a &eacute;sta en el ejercicio de la comercializaci&oacute;n y el consumo.  Externamente a la industria comercial musical logra el mantenimiento de un  g&eacute;nero por medio de circuitos subterr&aacute;neos durante a&ntilde;os. Luego, por intermedio de  estos circuitos, logra expandirse hacia Estados Unidos pero se mantiene dentro  de los grupos migrantes provenientes del Sur, mostrando c&oacute;mo, hasta fechas  recientes, esta m&uacute;sica ha sido escuchada y bailada por las clases populares  latinoamericanas, incluso recientemente en el Cono Sur con la cumbia <i>villera</i><a href="#pie13" name="spie13"><sup>13</sup></a> -al igual que en  Monterrey- entre grupos de j&oacute;venes marginales.</p>     <p align="justify">Dentro de este  campo disciplinario los casos trabajados se refieren principalmente a  desplazamientos Norte-Sur o viceversa, por lo general en condiciones severas de  desigualdad, presente, como en todos los campos, tambi&eacute;n en la cultura y sus  bienes como la m&uacute;sica. La m&uacute;sica de la costa atl&aacute;ntica colombiana brinda la  oportunidad de comprender las din&aacute;micas y l&oacute;gica de un desplazamiento Sur-Sur,  entre clases sociales de base, en la producci&oacute;n, recepci&oacute;n, consumo y  adaptaci&oacute;n musical.</p>     <p align="justify">La m&uacute;sica  caribe&ntilde;a colombiana es un caso at&iacute;pico dentro del estado del arte sobre la transnacionalizaci&oacute;n  de los productos culturales, y puede brindar valiosos aportes a la teor&iacute;a general  sobre globalizaci&oacute;n, transnacionalizaci&oacute;n y transculturalidad, alej&aacute;ndonos y  brind&aacute;ndonos elementos para contrapesar la posici&oacute;n neocolonialista con que se  ha manejado este campo y su teor&iacute;a.</p>     <p align="justify">En la actualidad,  dicha m&uacute;sica se ve expuesta a un proceso de rearticulaci&oacute;n que genera m&uacute;ltiples  interlocuciones y tensiones entre la producida por sus primeros cultores, la  que pide, produce y moldea el mercado global, y la que hacen los grupos sociales  que la adaptan a nuevas geograf&iacute;as adonde llega gracias al mercado global y las  migraciones. En este proceso de expansi&oacute;n del g&eacute;nero se establece un di&aacute;logo,  al mismo tiempo que se miden fuerzas. Esto hace que los par&aacute;metros se  transformen aqu&iacute; y all&aacute;, dependiendo de las tensiones y la aceptaci&oacute;n de un  p&uacute;blico cada vez m&aacute;s amplio, lo que genera pugnas, reapropiaciones y acuerdos.  Este es un proceso de transferencia y desplazamiento que va desde lo local  hasta lo transnacional, pasando por referencias regionales y nacionales, para,  una vez superadas, realizar una rearticulaci&oacute;n que vuelve al ejercicio  identificatorio en el &aacute;mbito local. Dentro de la m&uacute;sica coste&ntilde;a colombiana  -entre otras m&uacute;sicas transnacionales- es posible imaginar este desplazamiento  como un periplo en el que el constructo cultural parte de su localidad natal  para irse expandiendo hasta traspasar las fronteras. Una vez fuera de ellas se  establece de manera ubicua en diversos pa&iacute;ses, pero no en todo su territorio,  sino en localidades peque&ntilde;as, semejantes a las de donde parti&oacute;, donde sufre un  proceso de resignificaci&oacute;n y de reterritorializaci&oacute;n. Parafraseando a Ram&oacute;n Pelinski,  quien trabaja el tango n&oacute;made, el vallenato y la cumbia al salir de Colombia y  migrar hacia nuevas ciudades se convierten en interculturales. En el transcurso  de su desterritorializaci&oacute;n se ven obligados a seleccionar rasgos estil&iacute;sticos,  a transformarse al interactuar con las est&eacute;ticas musicales sobre las que se  reterritorializan, haci&eacute;ndose inteligibles para &eacute;stas. El vallenato y la cumbia  logran mutaciones musicales en la cultura receptora, adem&aacute;s de simbolizar este  proceso de transformaci&oacute;n sociocultural, dando como resultado una expresi&oacute;n  musical mestiza (2000: 33), sincretizada y con capacidad identificatoria. Al ser  resignificados son traducidos, adem&aacute;s de amalgamarse con la tradici&oacute;n musical y  cultural existente.</p>     <p align="justify">Se trata de un  di&aacute;logo continuo entre lo global y lo local, encontr&aacute;ndose numerosas  mediaciones en el interludio. Este fen&oacute;meno se ha expandido fuera de su  territorio, pero debe compartir este nuevo espacio de significaci&oacute;n con otras  expresiones culturales globalizadas, sumadas a las expresiones culturales del  lugar de recepci&oacute;n, dando como resultado un nuevo producto cultural denominado  por sus int&eacute;rpretes y p&uacute;blico como <i>la colombiana.</i></p>     <p align="justify">Es importante  saber que entre numerosas elecciones musicales posibles, en una zona de gran riqueza  y fuerza musical -cuna de la m&uacute;sica regional e industria relacionada m&aacute;s  vigorosa de M&eacute;xico- se escoge e implementa un producto trans-fronterizo que se  encontraba, parcialmente, por fuera de los circuitos comerciales, de los medios  de comunicaci&oacute;n masiva, perteneciente a un pa&iacute;s lejano, desconocido, y que poco  a poco se va erigiendo en un imaginario predominante y un referente simb&oacute;lico poderoso  que sirve de referente, que determina y representa su subjetividad, se  convierte en una poderosa herramienta identitaria.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>CONCLUSIONES</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">LA M&Uacute;SICA DE LA  COSTA ATL&Aacute;NTICA COLOMBIANA, ESPEC&Iacute;FICAMENTE  EL vallenato y la  cumbia, ha hecho un largo periplo, otorgando identidad a los grupos m&aacute;s  diversos. Desde un origen local particular, pasando a ser m&uacute;sica regional, luego  nacional y terminar siendo exportada a m&uacute;ltiples regiones del planeta.  Particularmente en M&eacute;xico, en la ciudad de Monterrey, encuentra un nicho f&eacute;rtil  para su adopci&oacute;n y desarrollo posterior, cerrando de esta manera el c&iacute;rculo, ya  que sale del &aacute;mbito local para terminar de la misma manera e iniciar un nuevo  ciclo.</p>     <p align="justify">Esta m&uacute;sica fue  desarrollada originalmente por grupos de ascendencia afro, campesinos,  iletrados, parte del fondo de la escala social de la costa atl&aacute;ntica  colombiana. La m&uacute;sica coste&ntilde;a comienza, poco a poco, a ampliar su masa  receptora hasta llegar a convertirse en la de las clases populares en su regi&oacute;n  de origen. Posteriormente, liderada por m&uacute;sicos blancos y orquestas bajo la  influencia estadounidense de <i>grand band</i>, tiene su primera transformaci&oacute;n radical, que le permite romper  la resistencia de las clases sociales dominantes en su regi&oacute;n, convirti&eacute;ndose en  la m&uacute;sica que le otorga identidad a toda esta regi&oacute;n. El vallenato en Colombia  continu&oacute; siendo una m&uacute;sica nacional, pero de clases populares, hasta la llegada  de su segunda gran transformaci&oacute;n, liderada por otro m&uacute;sico blanco bajo la  influencia <i>rockera</i>, quien realiza  fusiones con ritmos menos estigmatizados y, por ende, de mayor  comercializaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Hacia mediados  del siglo veinte, cuando aparece la m&uacute;sica de la costa atl&aacute;ntica en M&eacute;xico,  encontramos que primero lleg&oacute; la cumbia y luego el vallenato a la capital de la  rep&uacute;blica. La cumbia logr&oacute; su adopci&oacute;n r&aacute;pidamente, y desde el D. F. se expandi&oacute;  exponencialmente, siendo bailada por toda la geograf&iacute;a nacional, llegando incluso  por el norte de M&eacute;xico hasta el suroeste de Estados Unidos. El vallenato, por  su parte, no tuvo el mismo &eacute;xito que la cumbia en todo M&eacute;xico y s&oacute;lo encontr&oacute;  amplia aceptaci&oacute;n en la ciudad de Monterrey. All&iacute; se cre&oacute; un novedoso producto  musical denominado regio-<i>colombiano</i>, que llega a dar identidad a los grupos sociales m&aacute;s bajos de  la ciudad. En la actualidad, el regio-<i>colombiano </i>cumple esta funci&oacute;n identitaria con numerosos grupos de <i>chavos banda</i>, que se  encuentran en condiciones de marginalidad social, y se ampl&iacute;a hacia otros  sectores sociales m&aacute;s favorecidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La m&uacute;sica  caribe&ntilde;a colombiana muestra dos procesos de transnacionalizaci&oacute;n, contradictorios  y contrapuestos, aun cuando hablo de un fen&oacute;meno con el mismo origen. Por un  lado se observa la m&uacute;sica coste&ntilde;a transformada y eugenizada por la poderosa industria  musical y el mercadeo, con el fin de otorgarle un perfil m&aacute;s comercial. Esta  m&uacute;sica se comercializa desde Estados Unidos (Miami), siendo redistribuida por las  disqueras <i>majors </i>en ese pa&iacute;s y  Latinoam&eacute;rica. En este caso es importante notar que la distribuci&oacute;n se dirige,  principalmente, a los grupos sociales medios y altos, en contraste con el caso  de Monterrey, adonde llega la m&uacute;sica m&aacute;s popular.</p>     <p align="justify">Se encuentra as&iacute;  una m&uacute;sica eugenizada, transformada, bajo los par&aacute;metros comerciales y  difundida globalmente por los medios de comunicaci&oacute;n masiva. Esta es la m&uacute;sica  que pudo romper las fronteras regionales y sociales en Colombia, permitiendo a  la naci&oacute;n entenderse por primera vez como un pa&iacute;s unificado y haciendo literal  el t&iacute;tulo de <i>la m&uacute;sica  colombiana</i>. Esta m&uacute;sica se  difunde sobre todo en Latinoam&eacute;rica, Europa y Estados Unidos, pero para lograr  esto debe perder muchas de sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s aut&oacute;ctonas y originales,  desdibuj&aacute;ndose su esencia local. En este sentido, encontramos que lo local y lo  global se mantienen en una interacci&oacute;n y retroalimentaci&oacute;n continua. Lo local  le brinda sangre y vida a lo global, y lo global le otorga a lo local difusi&oacute;n  a espacios y geograf&iacute;as sin restricciones ni fronteras. Sin embargo, para  lograr este nivel de difusi&oacute;n lo local debe perder parte de su esencia.</p>     <p align="justify">En la otra cara  de la moneda encontramos en su origen una m&uacute;sica local, campesina, con  ascendencia afro, que habla en sus l&iacute;ricas de animales, de la naturaleza y del  trabajo rural. Esta m&uacute;sica, que en su pa&iacute;s de origen se encontraba confinada y  estigmatizada otorg&aacute;ndole identidad &uacute;nicamente a sus cultores en la costa  atl&aacute;ntica, es tomada por las primeras compa&ntilde;&iacute;as disqueras del pa&iacute;s y logra  difundirse por medio de las grabaciones y la radio por toda Latinoam&eacute;rica. Se  establece en las zonas m&aacute;s populares de las ciudades y es adoptada como propia;  con los a&ntilde;os se crean versiones nacionales h&iacute;bridas. Una m&uacute;sica local, que no  puede superar las fronteras internas de su naci&oacute;n, logra dar identidad en  Latinoam&eacute;rica a sectores populares de las ciudades como es el caso de la <i>colombiana </i>de Monterrey, y  la cumbia <i>villera </i>de la Argentina.  Esta m&uacute;sica le otorga un modelo de subjetividad a los grupos populares de las  ciudades, en general migrantes internos, estigmatizados, y que encuentran en  ella, adem&aacute;s del manejo de su cuerpo mediante el baile, una herramienta poderosa  de protesta social.</p>     <p align="justify">En el caso de los <i>colombianos </i>de Monterrey, es  de resaltar que s&oacute;lo tuvieron relaci&oacute;n con los medios de comunicaci&oacute;n masiva  por conducto de las disqueras locales de Colombia, que no ten&iacute;an  comercializaci&oacute;n efectiva fuera del pa&iacute;s. Debido a esto es tan singular e  importante el fen&oacute;meno <i>colombiano </i>de Monterrey, ya que lucharon por mantener su elecci&oacute;n musical  sin el apoyo de los medios y en contra de la sociedad regia que los estigmatizaba.  Ellos construyeron sus propios canales subterr&aacute;neos de consecuci&oacute;n,  mantenimiento y creaci&oacute;n de un gusto musical y durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os  mantuvieron vivo el fen&oacute;meno. Es un desplazamiento musical desde una periferia  local del Sur a otra periferia local del Sur, distanciadas por miles de  kil&oacute;metros, sin la intervenci&oacute;n de la comercializaci&oacute;n internacional y los  medios de comunicaci&oacute;n masiva.</p> <hr size="1" /> </font>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Notas</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a> Este art&iacute;culo est&aacute; formado, parcialmente, por  material de mi tesis de licenciatura y de la de maestr&iacute;a. La primera, titulada  &quot;Creaciones, din&aacute;micas y contradicciones del vallenato: construcci&oacute;n de  regionalidad y nacionalidad a partir de la m&uacute;sica popular colombiana&quot;,  presentada en la Universidad de los Andes (Bogot&aacute;), 2000;  la segunda: &quot;La relaci&oacute;n m&uacute;sica e identidad. El movimiento regiocolombiano,  sincretismo en M&eacute;xico de la m&uacute;sica de la costa atl&aacute;ntica colombiana&quot;,  Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Iztapalapa (M&eacute;xico, D. F.), 2003.</p>     <p align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a>. Canci&oacute;n vallenata compuesta por un conjunto  regio-<i>colombiano </i>para participar en el festival de la leyenda  vallenata realizado en la ciudad de Valledupar (departamento de Cesar,  Colombia). Es un claro ejemplo del sincretismo vivido por medio de este g&eacute;nero  musical. Este festival es el m&aacute;s importante de m&uacute;sica vallenata, y en los  &uacute;ltimos a&ntilde;os ha contado con la participado de int&eacute;rpretes<br />   mexicanos. El cacique Upar era el l&iacute;der ind&iacute;gena  de la regi&oacute;n, de donde se toma el nombre para el Valle de Upar. Ecce Homo, el  santo patr&oacute;n de la ciudad, cuenta con gran devoci&oacute;n debido a sus milagros.</p>     <p align="justify"><a href="#spie2" name="pie2">2</a>. Mientras el vallenato ha funcionado internamente  como herramienta de cohesi&oacute;n nacional, la cumbia ha cumplido la funci&oacute;n de <i>representarnos </i>en el extranjero, a manera de embajadora  cultural.</p>     <p align="justify"><a href="#spie3" name="pie3">3</a>. Dentro de los par&aacute;metros de las expresiones  musicales existe <i>consenso </i>acerca de qu&eacute; puede ser cambiado y hasta qu&eacute;  punto, sin que se traspase el l&iacute;mite del propio g&eacute;nero musical y se pase a  hablar de uno nuevo. Este consenso s&oacute;lo puede ser establecido por el mismo <i>campus, </i>en el sentido de Bourdieu, compuesto por los productores,  cr&iacute;ticos y consumidores del g&eacute;nero.</p>     <p align="justify"><a href="#spie4" name="pie4">4</a>. M&aacute;s adelante, en el apartado sobre el festival de  la leyenda vallenata, se explicar&aacute; c&oacute;mo el <i>vallenato </i>es una construcci&oacute;n de las elites de Valledupar,  hecha a partir de la expropiaci&oacute;n de la m&uacute;sica de acorde&oacute;n de toda la regi&oacute;n,  renombr&aacute;ndola y design&aacute;ndola con su propio gentilicio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie5" name="pie5">5</a>. Vives comenz&oacute; su carrera como cantante vallenato  hacia 1989-1990 con los discos <i>Escalona </i>I y II; posteriormente, en 1993, obtuvo su mayor &eacute;xito con <i>Cl&aacute;sicos de la  provincia</i>, el disco m&aacute;s vendido en la  historia de Colombia hasta ese momento. Luego viene <i>La tierra del olvido</i>, en el que comenz&oacute; a cantar sus propias  canciones (1995), seguido por <i>Tengo fe </i>(1997), en el que hizo un nuevo desplazamiento hacia  un concepto de m&uacute;sica m&aacute;s adulta, sin mayor &eacute;xito. Esto lo oblig&oacute; a regresar al  anterior concepto, m&aacute;s relacionado con m&uacute;sicas del mundo, en <i>El amor de mi tierra </i>(1999) y <i>D&eacute;jame entrar </i>(2001).</p>     <p align="justify"><a href="#spie6" name="pie6">6</a>. &quot;Las m&uacute;sicas del mundo crean su experiencia de  autenticidad a trav&eacute;s de medios simb&oacute;licos cuya diferenciaci&oacute;n depende  vitalmente de una construcci&oacute;n en la cual se borren las diferencias originales  (...). En este escenario las fuerzas y los procesos de producci&oacute;n cultural se  dispersan y se rompen sus referencias a cualquier tiempo y lugar, aun si  precisamente son la tradici&oacute;n local y la autenticidad el principal producto que  est&aacute; vendiendo la industria del entretenimiento global&quot; (Erlmann, citado por  Ochoa, 1998: 177).</p>     <p align="justify"><a href="#spie7" name="pie7">7</a>. Utilizo los t&eacute;rminos <i>colombiano </i>y <i>colombia</i>,  en <i>cursivas</i>, para referirme al producto musical y al  fen&oacute;meno h&iacute;brido propio de Monterrey.</p>     <p align="justify"><a href="#spie8" name="pie8">8</a>. Los <i>sonideros </i>alquilan  su m&uacute;sica, el equipo de sonido y la amplificaci&oacute;n. Son contratados para  amenizar fiestas de barrio, como las de quince a&ntilde;os y los matrimonios.</p>     <p align="justify"><a href="#spie9" name="pie9">9</a>. Las ciudades puerto de esta zona fueron la  vanguardia del movimiento modernizador colombiano y, en consecuencia, las  primeras disqueras del pa&iacute;s aparecieron precisamente all&iacute;.</p>     <p align="justify"><a href="#spie10" name="pie10">10</a>. <i>Las rebajadas </i>consisten en grabar las canciones con menos revoluciones. De  esta manera, la m&uacute;sica se escucha m&aacute;s lenta -como si a una grabadora se le  estuvieran acabando las pilas-. Esta variaci&oacute;n regia a la m&uacute;sica colombiana  tiene gran aceptaci&oacute;n entre los seguidores del g&eacute;nero, ya que sostienen que as&iacute;  se disfruta m&aacute;s la m&uacute;sica, entienden con m&aacute;s facilidad la letra y se amainan  los r&aacute;pidos ritmos coste&ntilde;os.</p>     <p align="justify"><a href="#spie11" name="pie11">11</a>. Se  utiliza el t&eacute;rmino en ingl&eacute;s, proveniente del fen&oacute;meno urbano estadounidense de  posguerra (<i>Pop culture</i>), ya que el t&eacute;rmino en espa&ntilde;ol (cultura popular)  posee otras connotaciones muy diferentes y en Latinoam&eacute;rica, incluso, algunas  caracter&iacute;sticas premodernas.</p>     <p align="justify"><a href="#spie12" name="pie12">12</a>. Para profundizar sobre este asunto, v&eacute;ase Feld, 2001.</p>     <p align="justify"><a href="#spie13" name="pie13">13</a>. La cumbia <i>villera </i>proviene de las villas miseria ubicadas en las periferias de  Buenos Aires. Es importante resaltar la similitud de las cumbias <i>colombianas </i>de Monterrey con las <i>villeras</i>. Esta m&uacute;sica lleg&oacute; y se estableci&oacute; desde hace  muchos a&ntilde;os en las zonas marginales de la Argentina, y en tiempos recientes la  gente de las villas estableci&oacute;, por medio de esta m&uacute;sica, un nuevo tipo de  oposici&oacute;n al sistema neoliberal y a las condiciones de pobreza que sufre. Al  mismo tiempo, esta versi&oacute;n sincr&eacute;tica de la cumbia se ha constituido en el  elemento identitario primario para estos grupos populares. En las letras de las <i>villeras </i>se encuentran apolog&iacute;as a los Pibes Chorros,  adolescentes que roban en los barrios ricos y llevan sus ganancias a las villas  -al mejor estilo de Robin Hood-. Al mismo tiempo, en las letras de las cumbias <i>villeras </i>se oyen referencias continuas a drogas, sexo y  violencia, y por este medio sus compositores, int&eacute;rpretes y oyentes han  encontrado una poderosa herramienta de protesta social y pol&iacute;tica. As&iacute;, en las  letras se establecen continuas iron&iacute;as y burlas en contra de la polic&iacute;a, el  gobierno y el estado argentino, hasta el punto de que el gobierno decidi&oacute;  prohibirlas, generando tal descontento que se vio obligado a dar marcha atr&aacute;s y  pedir disculpas.</p> <hr size="1" /> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">1. ANDERSON, BENEDICT. 1993. <i>Comunidades  imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo. </i>Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.  M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0486-6525200500010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">2. ARA&Uacute;JO NOGUERA, CONSUELO. 1973. <i>Vallenatolog&iacute;a:  or&iacute;genes y fundamentos de la m&uacute;sica vallenata. </i>Ediciones Tercer  Mundo. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0486-6525200500010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">3. ----------. 1994. <i>Lexic&oacute;n del  Valle de Upar. </i>Instituto Caro y  Cuervo. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0486-6525200500010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">4. ARA&Uacute;JO, SAMUEL. 2000. &quot;Brazilian identities and musical performances&quot;. <i>Diogenes. </i>48 (191).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0486-6525200500010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">5. ATEHORT&Uacute;A GIL, CARLOS ALBERTO. 1997. &quot;La cosa fue as&iacute;&quot;. <i>Revista del </i><i>XXX </i><i>Festival de la  Leyenda Vallenata. </i>Editora  Guadalupe. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0486-6525200500010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">6. &Aacute;VILA, HUGO. 1993. &quot;Vallenato para todos&quot;. <i>Nueva Frontera. </i>959, noviembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0486-6525200500010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">7. BAQUERO BRACHO, HERN&Aacute;N. 1994. <i>El vallenato en  el tiempo y las voces de siempre. </i>Editorial Antillas. Barranquilla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0486-6525200500010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">8. BARBERO, JES&Uacute;S. 1997. &quot;De la telenovela al vallenato<i>&quot;. A  Contratiempo</i>. 9. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0486-6525200500010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><i>.</i></p>     <!-- ref --><p align="justify">9. ----------. 1998. <i>De los medios a  las mediaciones. </i>Convenio Andr&eacute;s Bello.  Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0486-6525200500010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">10. ----------. 1985. <i>Transnacionalizaci&oacute;n  tecnol&oacute;gica y resistencia cultural. </i>UAM. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0486-6525200500010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">11. BEJARANO GONZ&Aacute;LEZ, BERNARDO. 2002. &quot;Para los colombianos, los eventos culturales m&aacute;s importantes  son de la Costa Caribe&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. Secci&oacute;n Cultura. 11 de julio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0486-6525200500010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">12. BEN-AMOS, DAN Y GOLDSTEIN KENNETH (eds.). 1975. <i>Folklor; performance and communications</i>. Mouton. The Hague.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0486-6525200500010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">13. BERGER, PETER Y LUCKMAN, THOMAS. 1968. <i>La construcci&oacute;n  social de la realidad. </i>Amorrortu. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0486-6525200500010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">14. BLANCO, ARBOLEDA, DAR&Iacute;O. 2004. &quot;La m&uacute;sica de la costa atl&aacute;ntica colombiana, hija adoptiva de  Monterrey, Nuevo Le&oacute;n&quot;. <i>Revista Culturas Populares. </i>5. Conarte,  Direcci&oacute;n de Culturas Populares. Monterrey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0486-6525200500010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">15. BRUGES CARMONA, ANTONIO. 1940. &quot;El merengue, danza t&iacute;pica del Magdalena&quot;. <i>El Tiempo. </i>Bogot&aacute;. 21 de enero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0486-6525200500010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">16. ----------. 1950. &quot;Noticia de los &uacute;ltimos juglares&quot;. <i>El Tiempo. </i>Bogot&aacute;. 19 de marzo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0486-6525200500010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">17. BURNETT, ROBERT. 1996. <i>The global jukebox. The international music industry. </i>Routledge. Londres/Nueva  York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0486-6525200500010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">18. CEDILLO, JUAN ALBERTO. 2002. &quot;El m&uacute;sico, que tiene 20 a&ntilde;os tocando cumbias  y vallenatos en su tierra natal, a&uacute;n no conoce Colombia&quot;. <a href="http://www.eluniversal.com" target="_blank">http://www.eluniversal.com/zona/2002/09/01/musica2a.shtml</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0486-6525200500010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. CRUZ, ARTURO. 2001. &quot;Desde Monterrey...pura cumbia colombiana&quot;. <i>La Jornada. </i>M&eacute;xico, D. F. 26 de abril. <i>La Jornada de Enmedio</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0486-6525200500010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">20. CRUZ, GREGORIO. 1996. &quot;Informales y semiprofesionales&quot;. Olvera, Torres, Cruz y  Jaime. La Colombia de Monterrey. Monterrey (reporte de investigaci&oacute;n no  publicado).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0486-6525200500010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">21. &quot;El festival  vallenato es una realidad nacional, Consuelo Ara&uacute;jo, La Cacica, principal  art&iacute;fice&quot;. <i>Revista Cesar </i>20 <i>a&ntilde;os. </i>Publicado por la Gobernaci&oacute;n  del Cesar, mayo de 1987. Barranquilla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0486-6525200500010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">22. <i>EL TIEMPO</i>. 2002. &quot;El imperialismo cultural coste&ntilde;o&quot;. Bogot&aacute;. Editorial. 17 de julio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0486-6525200500010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">23. ENCINAS, JOS&Eacute; LORENZO. 2002. Entrevista personal. Monterrey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0486-6525200500010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">24. ----------. 1994. <i>Bandas  juveniles, perspectivas te&oacute;ricas. </i>Editorial Trillas. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0486-6525200500010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">25. ----------. 1998. &quot;Triunfan colombianos en tierra norte&ntilde;a. El Binomio de Oro  logra reunir poco m&aacute;s de 40 mil  regiomontanos, que bailan, brincan y cantan los &eacute;xitos de este conjunto&quot;. <i>El Norte. </i>Monterrey. Secci&oacute;n  Metro. 26 de octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0486-6525200500010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">26. ----------. 1998. &quot;Del Binomio pa&#39; la raza&quot;. <i>El Norte. </i>Monterrey. Secci&oacute;n  Metro. 27 de octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0486-6525200500010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">27. ----------. 1999. &quot;Invaden vallenatos tierra grupera. En la Expo Guadalupe se  realizar&aacute; el primer Festival mundial del vallenato&quot;. <i>El Norte. </i>Monterrey.  Secci&oacute;n Metro. 11 de febrero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0486-6525200500010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">28. ----------. 2002. &quot;Vallenato en Villaseca, asisten cerca de 2 mil 500 personas ente  j&oacute;venes y familias a la presentaci&oacute;n de cinco agrupaciones vallenatas, en medio  de las fiestas de Linares&quot;. <i>El Norte. </i>Monterrey. Secci&oacute;n Metro. 8 de agosto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0486-6525200500010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">29. FINNEGAN, RUTH. 1998. &quot;Por qu&eacute; estudiar la m&uacute;sica, reflexiones de una antrop&oacute;loga  desde el campo&quot;. <i>Antropolog&iacute;a.  Revista de pensamiento y estudios etnogr&aacute;ficos</i>. 15-16. Marzo-octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0486-6525200500010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">30. GARC&Iacute;A M&Aacute;RQUEZ, GABRIEL. 1982. <i>Textos coste&ntilde;os</i>. Editorial  Bruguera. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0486-6525200500010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">31. ----------. 1983. &quot;Valledupar: la parranda del siglo&quot;. <i>El Espectador. </i>Bogot&aacute;. 19 de junio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0486-6525200500010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">32. GILARD, JACQUES. 1993. &quot;&iquest;Crescencio o don Toba?&quot;. <i>Huellas. </i>37. Abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0486-6525200500010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">33. GOSSAIN, JUAN. 1993. &quot;&iexcl;Ay hombre!&quot;. <i>Semana</i>. 605. diciembre 7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0486-6525200500010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">34. GRIMSON, ALEJANDRO. 2000. &quot;Interculturalidad y comunicaci&oacute;n&quot;. <i>Enciclopedia  latinoamericana de sociolog&iacute;a y comunicaci&oacute;n. </i>Editorial Norma.  Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0486-6525200500010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">35. GUERRERO, ANTONIO. 1999. &quot;De los gruperos a los cholombianos&quot;. <i>J&oacute;venes. Revista  de estudios sobre juventud. </i>9. Cuarta &eacute;poca,  a&ntilde;o 3. Julio-diciembre.  M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0486-6525200500010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">36. GUTI&Eacute;RREZ, TOM&Aacute;S DAR&Iacute;O. 1992. <i>Cultura  vallenata, origen teor&iacute;a y pruebas. </i>Plaza y Jan&eacute;s. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0486-6525200500010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">37. HALL, STUART. 1995. &quot;The question of cultural identity&quot;. En Hall Stuart, Held David,  Hubert Don, Kenneth Thompson (eds.). <i>Modernity an introduction to modern societies</i>. Polity Press. Cambridge, U.K.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0486-6525200500010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">38. HERN&Aacute;NDEZ, PABLO. 1998. &quot;Nezahualpolvo, Una historia a trav&eacute;s de la m&uacute;sica&quot;. <i>J&oacute;venes. Revista  de estudios sobre juventud. </i>6. Cuarta &eacute;poca,  a&ntilde;o 2. Enero-marzo.  M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0486-6525200500010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">39. JIM&Eacute;NEZ, ARTURO. 2003. &quot;El vallenato, tema de pieza dramat&uacute;rgica; Alicia dorada (<i>sic</i>) en Monterrey,  de Orlando Cajamarca&quot;. <i>La Jornada. </i>M&eacute;xico. Secci&oacute;n  Cultura. 4 de enero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0486-6525200500010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">40. JIM&Eacute;NEZ, ROQUE. 1992. <i>Breve historia  de la m&uacute;sica popular Coste&ntilde;a. </i>Editorial Antillas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0486-6525200500010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">41. <i>J&Oacute;VENES. REVISTA DE  ESTUDIOS SOBRE J&Oacute;VENES </i>(sin autor). 1996. &quot;Los caminos de la vida&quot;. Secci&oacute;n M&uacute;sica. Cuarta &eacute;poca, a&ntilde;o 1 (1). Julio-septiembre.  M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0486-6525200500010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">42. LARA, MAR&Iacute;A EILETI&Iacute;A. s. f. &quot;La  m&uacute;sica popular en el norte de M&eacute;xico en tiempos de globalizaci&oacute;n&quot;. Departamento de historia-INAH-Sonora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0486-6525200500010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">43. LIST, GEORGE. 1983. <i>Music and poetry in a colombian village. A tricultural heritage</i>. Indiana University Press. Bloomington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0486-6525200500010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">44. LLERENA VILLALOBOS, RITO. s. f. <i>Memoria cultural  en el vallenato. </i>Universidad de  Antioquia. Medell&iacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0486-6525200500010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">45. LE&Oacute;N ZARAGOZA, GABRIEL. 2001. &quot;Los acordeones de El Flaco y Celso cimbraron el Z&oacute;calo  capitalino&quot;. <i>La Jornada</i>. Secci&oacute;n  Espect&aacute;culos. 18 de noviembre.  M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0486-6525200500010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">46. L&Oacute;PEZ MICHELSEN, ALFONSO. 1973. Carta pr&oacute;logo a <i>Vallenatolog&iacute;a. </i>Ediciones Tercer Mundo<i>. </i>Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0486-6525200500010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">47. ----------. 1997. &quot;Cien a&ntilde;os de vallenato&quot;. <i>El Tiempo. </i>Bogot&aacute;. 17 de agosto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0486-6525200500010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">48. ----------. 1997. &quot;Entrevista a Viva FM de Caracol&quot;. <i>Revista del </i><i>XXX </i><i>Festival de la  Leyenda Vallenata. </i>Editora  Guadalupe. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0486-6525200500010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">49. -----. 1999. &quot;Rescate de nuestra imagen&quot;. <i>El Tiempo. </i>Lecturas Dominicales.  Bogot&aacute;. 24 de octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0486-6525200500010000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">50. L&Oacute;PEZ, LUIS MANUEL. 2002. Entrevista personal. Monterrey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0486-6525200500010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">51. MAALOUF, AMIN. 1997. &quot;Mi identidad, mis pertenencias&quot;. <i>Identidades asesinas. </i>Madrid. Alianza  Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0486-6525200500010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">52. MART&Iacute;NEZ POLO, LILIANA. 1999. &quot;La leyenda vallenata invade M&eacute;xico&quot;. <i>El Tiempo. </i>Bogot&aacute;. 18 de julio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0486-6525200500010000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">53. ----------. 2004. &quot;La cumbia norte&ntilde;a en Colombia. &iquest;Un fen&oacute;meno a la fuerza?&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. Secci&oacute;n  Cultura. 2 de marzo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0486-6525200500010000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">54. MCCLARY, SUSAN. 1997. &quot;M&uacute;sica y cultura de j&oacute;venes. La misma historia de siempre&quot;. <i>A Contratiempo</i>. 9. Nueva &eacute;poca. Ministerio de Cultura. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0486-6525200500010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">55. MENDOZA SIERRA, LUIS. 1999. &quot;Qui&eacute;n, c&oacute;mo y por qu&eacute; inventaron el festival vallenato, la  verdad verdadera&quot;. <i>Revista  Expectativa</i>. 119. Abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0486-6525200500010000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">56. MI&Ntilde;ANA, CARLOS. 1997. &quot;Los caminos del bambuco en el siglo XIX&quot;. <i>A Contratiempo</i>. 9. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0486-6525200500010000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">57. MONSIV&Aacute;IS, CARLOS. 2001. &quot;Vallenato y cumbia se nacionalizan mexicanos&quot;. <i>La Jornada. </i>M&eacute;xico. 26 de abril. <i>La Jornada de Enmedio</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0486-6525200500010000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">58. MORENO RIVAS, YOLANDA. &#91;1979&#93; 1989. <i>Historia de la  m&uacute;sica popular mexicana. </i>Alianza Editores, CNCA. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0486-6525200500010000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">59. MORIN, EDGAR. 2000. &quot;Vaqueros y gruperos en el rodeo Santa Fe&quot;. <i>J&oacute;venes. Revista  de estudios sobre juventud. </i>Nueva &eacute;poca. Abril-junio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0486-6525200500010000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">60. OCHOA, ANA MAR&Iacute;A. 1998. &quot;El multiculturalismo en la globalizaci&oacute;n de las m&uacute;sicas  regionales colombianas&quot;. En Jes&uacute;s Mart&iacute;n Barbero y Fabio L&oacute;pez de la Roche  (eds.). <i>Cultura, medios  y sociedad. </i>CES/ Universidad  Nacional. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0486-6525200500010000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">61. ----------. 1998. &quot;El desplazamiento de los espacios de la autenticidad: una  mirada desde la m&uacute;sica&quot;. <i>Antropolog&iacute;a. Revista de pensamiento y estudios etnogr&aacute;ficos. </i>15-16. Marzo-octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0486-6525200500010000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">62. OLVERA, JOS&Eacute; JUAN, BENITO TORRES, GREGORIO CRUZ, C&Eacute;SAR JAIME RODR&Iacute;GUEZ. 1996. &quot;La Colombia de Monterrey. Descripci&oacute;n de algunos elementos de  la cultura colombiana en la frontera norte&quot;. Reporte de investigaci&oacute;n no  publicado. Monterrey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0486-6525200500010000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">63. OLVERA, JOS&Eacute; JUAN. 1998. &quot;Colombianos en Monterrey. G&eacute;nesis y pr&aacute;cticas de un gusto  musical y su papel en la construcci&oacute;n de una identidad&quot;. Tesis de maestr&iacute;a.  Universidad Aut&oacute;noma de Nuevo Le&oacute;n, facultad de filosof&iacute;a y letras, Monterrey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0486-6525200500010000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">64. ----------. s. f.  &quot;Al norte del coraz&oacute;n. Evoluciones e hibridaciones musicales en el noreste  mexicano y sureste de los Estados Unidos con sabor a cumbia&quot;. Ponencia  presentada en el III Congreso latinoamericano  de la Asociaci&oacute;n Internacional para el Estudio de la M&uacute;sica Popular&quot;. <a href="http://www.hist.puc.cl/historia/iaspmla.html" target="_blank">http://www.hist.puc.cl/historia/iaspmla.html</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0486-6525200500010000600064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">65. ----------. 2002. &quot;Continuidad y cambio en la m&uacute;sica <i>colombiana </i>en Monterrey&quot;.  Ponencia presentada en el IV Congreso latinoamericano  de la Asociaci&oacute;n Internacional para el Estudio de la M&uacute;sica Popular. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0486-6525200500010000600065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">66. PANTOJA, JORGE. 1998. &quot;La m&uacute;sica siempre mueve multitudes. En busca de pistas para  la historia de la m&uacute;sica popular&quot;. <i>J&oacute;venes. Revista de estudios sobre juventud. </i>6. Cuarta &eacute;poca. M&eacute;xico. Enero-marzo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0486-6525200500010000600066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">67. PELINSKI, RAM&Oacute;N. 2000. &quot;El tango n&oacute;made&quot;. En Ram&oacute;n Pelinski (comp.). <i>El tango n&oacute;made.  Ensayos sobre la di&aacute;spora del tango. </i>Ediciones Corregidor. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0486-6525200500010000600067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">68. PE&Ntilde;A, MANUEL. 1985. <i>The Texas-Mexican conjunto: History of a workingclass music. </i>University of  Texas Press. Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0486-6525200500010000600068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">69. PERDOMO ESCOBAR, JOS&Eacute; IGNACIO. 1945. <i>Historia de la  m&uacute;sica en Colombia. </i>Biblioteca  Popular de Cultura Colombiana. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0486-6525200500010000600069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">70. P&Eacute;REZ, ALEJANDRO (ed.). 1995. <i>Historia de la  m&uacute;sica popular mexicana. Los tropicales a&ntilde;os </i>40<i>. </i>Segunda serie.  Fasc&iacute;culo 4. Promexa. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0486-6525200500010000600070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">71. PULGAR&Iacute;N, CARLOS A. 1998. &quot;No soy mito ni leyenda, soy simplemente Escalona&quot;. <i>El Tiempo. </i>Edici&oacute;n Caribe. 9 de julio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0486-6525200500010000600071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">72. QUINTERO ALMEN&Aacute;REZ, ALBA. 2000. &quot;Valledupar y Monterrey unidas por el vallenato&quot;. <i>El Heraldo</i>. Barranquilla.  Secci&oacute;n Regional. 8 de enero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0486-6525200500010000600072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">73. QUIROZ, OTERO. 1983. <i>Vallenato hombre  y canto. </i>Icaro Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0486-6525200500010000600073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">74. RIBEIRO, GUSTAVO. 1996. <i>Globalizaci&oacute;n y  transnacionalizaci&oacute;n. Perspectivas antropol&oacute;gicas y latinoamericanas. </i>Departamento de Antropolog&iacute;a,  Universidad de Brasilia. Brasilia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0486-6525200500010000600074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">75. RODR&Iacute;GUEZ, ROMEO. 2002. Entrevista personal. Monterrey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0486-6525200500010000600075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">76. SAMPER PIZANO, DANIEL. 1993. &quot;&iexcl;Con sentimiento!&quot;. <i>Cambio </i>16 <i>Colombia</i>. 25. Noviembre 29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0486-6525200500010000600076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">77. ----------. 1997. &quot;El vallenato coge ritmo&quot;. <i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;. 20 de abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0486-6525200500010000600077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">78. ----------. 1998. &quot;Rafael Escalona Mart&iacute;nez&quot;. <i>El Tiempo. </i>Bogot&aacute;. Lecturas  Dominicales. 2 de agosto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0486-6525200500010000600078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">79. SANTOS CALDER&Oacute;N, ENRIQUE. 1993. &quot;El vallenato vive en Vives&quot;. <i>El Tiempo. </i>Bogot&aacute;. 2 de septiembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0486-6525200500010000600079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">80. ----------. 1992. &quot;Guayabo por Valledupar&quot;. <i>Semana. </i>Bogot&aacute;. 26 de abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0486-6525200500010000600080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">81. STANFORD, THOMAS. 2002. <i>La m&uacute;sica,  puntos de vista de un etnomusic&oacute;logo. </i>Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0486-6525200500010000600081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">82. STURMAN, JANET. 2003. &quot;Technology and identity in Colombian popular music-techno-macondismo  in Carlos Vives&#39;s approach to vallenato&quot;. En R. T. Lysloff, L. C. Gay, J. R. Wesleyan (eds.). <i>Music and Technoculture. </i>University  Press. Middletown.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0486-6525200500010000600082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">83. THOMPSON, JOHN. 1990. <i>Ideology and modern culture. Critical social theory in the era of mass  communication. </i>Polity Press.  Cambridge, U.K.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0486-6525200500010000600083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">84. VILA, PABLO. 2000. &quot;M&uacute;sica e identidad. La capacidad interpeladora y narrativa de  los sonidos, las letras y las actuaciones musicales&quot;. En Piccini, Rosas,  Schmilchuk (coords.). <i>Recepci&oacute;n  art&iacute;stica y consumo cultural. </i>INBA/Ediciones Casa  Juan Pablos. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000277&pid=S0486-6525200500010000600084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">85. VIVES, CARLOS. 1993. Entrevistado en: &quot;Vives: la nueva leyenda vallenata&quot;. <i>Credencial. </i>84. Noviembre. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000279&pid=S0486-6525200500010000600085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">86. WADE, PETER. 1997. &quot;Entre la homogeneidad y la diversidad: la identidad nacional  y la m&uacute;sica coste&ntilde;a en Colombia&quot;. En M. V. Uribe y E. Restrepo (eds.). <i>Antropolog&iacute;a en  la modernidad: identidades, etnicidades y movimientos sociales en Colombia. </i>Instituto Colombiano  de Antropolog&iacute;a. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000281&pid=S0486-6525200500010000600086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">87. YUDICE, GEORGE. 1999. &quot;La industria de la m&uacute;sica en la integraci&oacute;n de Am&eacute;rica  Latina-Estados Unidos&quot;. En N&eacute;stor Canclini Garc&iacute;a (coord.). <i>Las industrias  culturales en la integraci&oacute;n Latinoamericana. </i>Grijalbo. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000283&pid=S0486-6525200500010000600087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">88. ZAMARRIPA, ROBERTO. 2001. &quot;Rey de vallenato en el D. F. Celso Pi&ntilde;a hace bailar  a los cientos de j&oacute;venes roqueros que acuden a verlo la noche del mi&eacute;rcoles en  el sal&oacute;n 21&quot;. <i>Reforma</i>. M&eacute;xico, D. F. 31 de agosto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000285&pid=S0486-6525200500010000600088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">89. ZAPATA OLIVELLA, DELIA. 1962. &quot;La cumbia, s&iacute;ntesis musical de la naci&oacute;n colombiana. Rese&ntilde;a  hist&oacute;rica y coreogr&aacute;fica&quot;. <i>Revista Colombiana de Folclor</i>. III (7). Segunda &eacute;poca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000287&pid=S0486-6525200500010000600089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">90. ZAPATA OLIVELLA, MANUEL. 1952. &quot;Danzas y folklore&quot;. <i>El Tiempo. </i>Bogot&aacute;, 26 de octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000289&pid=S0486-6525200500010000600090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">91. ----------. 1996. &quot;Vallenato: folclore, psicolog&iacute;a y romance&quot;. <i>Romanceros. </i>1. Diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000291&pid=S0486-6525200500010000600091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
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