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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EDWARD SAID, LA PERIFERIA Y EL HUMANISMO, O TÁCTICAS PARA TRASCENDER EL POSMODERNISMO]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>EDWARD SAID, LA PERIFERIA Y EL  HUMANISMO,</b> <b>O T&Aacute;CTICAS PARA TRASCENDER</b> <b>EL POSMODERNISMO</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><i>&nbsp;</i></p>     <p align="center"><b>J</b><b>OS&Eacute; </b><b>A</b><b>NTONIO </b><b>F</b><b>IGUEROA</b><br />   GORGETOWN UNIVERSITY<br />   <a href="mailto:jaf7@georgetown.edu" target="_blank">jaf7@georgetown.edu</a> </p>     <p align="center">Recibido: 10 de febrero de 2004. Aprobado: 19 de octubre de 2004.</p> <hr size="1" /> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">EL 24 DE  SEPTIEMBRE DE 2003, EDWARD SAID, FUNDADOR DE LOS ESTUDIOS poscoloniales,  falleci&oacute; en la ciudad de Nueva York. Said dej&oacute; un legado intelectual y pol&iacute;tico  sorprendente, marcado por las indelebles huellas de un humanista, cr&iacute;tico literario  y m&uacute;sico: m&aacute;s de una docena de libros y decenas de art&iacute;culos; una historia de  militancia pol&iacute;tica a favor de la causa palestina; una serie de reflexiones  pr&aacute;cticas sobre la independencia cr&iacute;tica del intelectual, nutridas por su  propia distancia con la autoridad palestina.</p>     <p align="justify">En este art&iacute;culo  propongo una indagaci&oacute;n en torno al valor del humanismo en su obra, mediante el  recorrido por ciertas rutas intelectuales que nos llevan a situarlo en las  ant&iacute;podas del posmodernismo. Para esto quisiera mostrar c&oacute;mo en su obra se  encuentra una paradoja intelectual y pol&iacute;tica que podr&iacute;a arrojar frutos insospechados  en el dise&ntilde;o de agendas acad&eacute;micas y pol&iacute;ticas en pa&iacute;ses sometidos a  experiencias coloniales, como sucede con los latinoamericanos. La paradoja a la  que me refiero es a la coexistencia en la obra de Said de elementos te&oacute;ricos y  pol&iacute;ticos fundacionales del posmodernismo junto al humanismo. El humanismo, sabemos,  es el principal blanco de las cr&iacute;ticas posmodernas y el objeto te&oacute;rico y  pol&iacute;tico que los posmodernos se han propuesto destruir. Quisiera explorar desde  ciertos elementos de la obra de Said y de otros autores poscoloniales la  g&eacute;nesis de un debate fruct&iacute;fero que revela la pertinencia de pensar y actuar  desde premisas humanistas en los contextos perif&eacute;ricos. Para esto mostrar&eacute; algunas  de las propuestas de Michel Foucault retomadas por Said y explorar&eacute; el impacto  diferenciado que esta obra tiene en algunos autores que pueden identificarse  como poscoloniales, y har&eacute; referencia luego a la distancia cr&iacute;tica que Said  establece con respecto a Foucault y al posmodernismo<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a>.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>FOUCAULT, LAS PREMISAS POSESTRUCTURALES  DEL LENGUAJE Y <i>ORIENTALISMO</i></b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">EN 1970, MICHEL FOUCAULT DIO SU  LECTURA INAUGURAL EN EL COLL&Egrave;GE de France sobre  el discurso, lectura que constituir&iacute;a un proleg&oacute;meno en la versi&oacute;n en ingl&eacute;s de  la <i>Arqueolog&iacute;a del  saber</i><a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>. Esa lectura establece tambi&eacute;n una  serie de paradigmas que sintetizan ejemplarmente ciertos elementos centrales de  su obra: una breve exploraci&oacute;n de los conceptos emitidos en este texto puede  servir para mostrar algunos de los elementos te&oacute;ricos que m&aacute;s influencia ejercieron  en el pensamiento de Said, y especialmente en <i>Orientalismo, </i>su obra m&aacute;s  conocida<i>.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Uno de los  objetivos centrales del texto de Foucault es proponer una lectura alternativa a  las visiones humanistas y modernas en torno a la noci&oacute;n de autor y  problematizar las relaciones entre autor y obra desde una lectura espec&iacute;fica de  la relaci&oacute;n entre discurso y verdad. Para Foucault, a diferencia del  romanticismo, el autor debe entenderse como una subjetividad sometida a los  l&iacute;mites que imponen los discursos a la obra. En este sentido, para Foucault el  autor no es quien produce la obra, sino que es la obra la que produce al autor.  De otro lado, entiende los discursos como la producci&oacute;n de enunciados  regulados, seleccionados, organizados y redistribuidos de acuerdo con un n&uacute;mero  limitado de procedimientos que reducen sus posibilidades a las expectativas del  poder<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p align="justify">Foucault explora  en la antig&uuml;edad cl&aacute;sica los momentos en los que la noci&oacute;n de verdad empez&oacute; a  distanciarse de sus expresiones rituales y comenz&oacute; a asociarse con el discurso.  Explor&oacute; la relaci&oacute;n de la verdad con los procesos de enunciaci&oacute;n, con los  significantes, con las formas, con los referentes, lo que permiti&oacute; crear un  proceso de institucionalizaci&oacute;n y de creaci&oacute;n de verdades que ser&iacute;an  incorporadas de manera definitiva en la sociedad burguesa moderna.</p>     <p align="justify">En la modernidad  burguesa se vivi&oacute; uno de los procesos de institucionalizaci&oacute;n m&aacute;s notables. En  este sentido, la verdad en t&eacute;rminos de Foucault no es un valor intr&iacute;nseco a los  enunciados, sino el resultado de un proceso de institucionalizaci&oacute;n, que se logr&oacute;  mediante la importancia crucial que adquiere la <i>repetici&oacute;n </i>de los enunciados  como se expresa en los comentarios. Foucault ubica la funci&oacute;n del comentario en  la imperiosa necesidad que existe de establecer nuevas formulaciones y  reformulaciones sobre un texto; estas formulaciones constantes hacen del  comentario una actividad atrapada por el principio de la repetici&oacute;n; es algo  as&iacute; como una novedad que se establece en el canon de lo establecido. En este  sentido, la canonizaci&oacute;n de una obra, que es una de sus m&aacute;ximas expresiones de  institucionalizaci&oacute;n, se logra por medio del proceso de citar y recitar<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a>. La funci&oacute;n del  autor ser&iacute;a dar coherencia a la irregularidad en los procedimientos en los que  se manifiesta el lenguaje; el autor y el comentario controlan el azar de la  lengua mediante la repetici&oacute;n y la imagen uniforme del narrador.</p>     <p align="justify">Por su parte, las  disciplinas, que aparecen como opuestas a los principios del comentario y del  autor, cumplen en los l&iacute;mites extremos la misma funci&oacute;n legitimadora de la  voluntad de saber. Se oponen al principio de individualidad que caracteriza la figura  del autor, ya que imponen un car&aacute;cter grupal a los objetos y a los m&eacute;todos que  conforman un campo, pero se oponen tambi&eacute;n a la noci&oacute;n de autor, ya que  promueven sistemas an&oacute;nimos; sin embargo, para existir, las disciplinas  requieren la formulaci&oacute;n permanente de proposiciones nuevas y son, en sentido estricto,  los campos que m&aacute;s legitiman la voluntad de saber (Foucault, nf, 153). Foucault ha utilizado estos procedimientos -enunciados  sint&eacute;ticamente- en los procesos de institucionalizaci&oacute;n de la verdad que toma  cuerpo en diversos espacios que van desde los manicomios hasta las f&aacute;bricas,  pasando por las universidades, y Edward Said los us&oacute; para su estudio del <i>Orientalismo</i>.</p>     <p align="justify">Said establece  sus definiciones sobre <i>Orientalismo </i>inspirado te&oacute;ricamente en las nociones de discurso propuestas  por Foucault. En este sentido, en una de sus primeras definiciones sobre el <i>Orientalismo </i>dice que este  consiste en una serie de discursos apoyados en unas instituciones, un  vocabulario, ense&ntilde;anzas, im&aacute;genes, doctrinas e, incluso, en burocracias y  estilos coloniales. En la perspectiva de Said, el <i>Orientalismo </i>es una serie de  im&aacute;genes que <i>Occidente </i>ha creado sobre <i>Oriente </i>y que se apoyan  en un conjunto de procesos de institucionalizaci&oacute;n. Es un proceso de  institucionalizaci&oacute;n que se refleja en la serie apote&oacute;sica de informes  consulares, en los informes de viajeros, en la novel&iacute;stica, en los estudios  etnogr&aacute;ficos, en los informes de guerras, en las expediciones militares y  cient&iacute;ficas, en el cuerpo de descripciones coloniales, etc&eacute;tera.</p>     <p align="justify">Said, como  Foucault en su obra en general, intent&oacute; realizar en <i>Orientalismo </i>una inspecci&oacute;n  profunda sobre la relaci&oacute;n entre cultura y mundo, tratando de superar as&iacute; los  l&iacute;mites que encontraba en la reducci&oacute;n que se operaba en ciertas versiones del  marxismo que consideraban la noci&oacute;n de ideolog&iacute;a como mero reflejo de las condiciones  materiales. En este sentido, contribuy&oacute; tambi&eacute;n a profundizar la tarea que  hab&iacute;an impulsado algunos marxistas como Antonio Gramsci y Raymond Williams, as&iacute;  como algunos representantes conspicuos de la escuela de Frankfurt como Benjamin  o el mismo Adorno, para quienes la cultura y sus asociaciones con la ideolog&iacute;a  constitu&iacute;an un campo por s&iacute; mismo y cuya indagaci&oacute;n permitir&iacute;a conocer  secularmente el modelo de existencia del mundo contempor&aacute;neo. La contribuci&oacute;n  clave de Edward Said en esta perspectiva fue la de haber impulsado la empresa  de indagar las relaciones entre cultura moderna y colonialismo.</p>     <p align="justify">Interesado en  rastrear <i>geneal&oacute;gicamente </i>las im&aacute;genes  producidas en el Occidente sobre Oriente, Said se propuso indagar en las  relaciones existentes entre los procesos de institucionalizaci&oacute;n del saber  erudito -que se vincular&iacute;an con una de las expresiones del humanismo moderno-  con el amplio saber fundamentado en las doctrinas raciales y con el ejercicio pr&aacute;ctico  de las l&oacute;gicas coloniales ejercidos sobre ese <i>Oriente. </i>As&iacute;, es  importante tener en cuenta que Said problematiza de manera cuidadosa los  procesos de articulaci&oacute;n que hay entre las im&aacute;genes institucionalizadas sobre  Oriente y el ejercicio pr&aacute;ctico de las l&oacute;gicas coloniales en que se fundamentan  esas im&aacute;genes. Las im&aacute;genes del <i>Orientalismo </i>creadas en largos, sistem&aacute;ticos y sostenidos procesos de  institucionalizaci&oacute;n que ocurren desde al menos el siglo dieciocho son variadas  y heterog&eacute;neas e incluso aparentemente contradictorias, pero finitas y con  importantes puntos de regularidad y convergencia: oscilan entre la sublimidad y  la barbarie, entre el espiritualismo y la rusticidad materialista, entre la  insuperable lejan&iacute;a cultural y la monoton&iacute;a, es decir, entre im&aacute;genes  dicot&oacute;micas pero que coinciden todas en se&ntilde;alar la incapacidad de los <i>orientales  colonizados </i>de ejercer por s&iacute;  mismos la soberan&iacute;a pol&iacute;tica y econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">El <i>Orientalismo </i>como un proceso  disciplinar nos habla de un <i>Oriente Orientalizado, </i>que es en realidad la encarnaci&oacute;n material de los procesos  enunciativos. No hay en <i>Orientalismo </i>algo as&iacute; como un <i>Oriente </i>real fuera de los procesos enunciativos. El Oriente es una  verdad producida por el lenguaje, un lenguaje entendido en t&eacute;rminos de  Nietzsche, el referente crucial de Foucault, y quien define al lenguaje como un  ej&eacute;rcito m&oacute;vil de met&aacute;foras, metonimias y antropomorfismos, como una suma de  relaciones humanas que han sido mejoradas, transpuestas, embellecidas ret&oacute;rica  y po&eacute;ticamente y que luego de un largo tiempo de uso aparecen firmes, can&oacute;nicas  y obligatorias para la gente. En suma, el lenguaje como constructor de verdades  que son ilusiones y que hemos olvidado que lo son (Said, 1979: 203).</p>     <p align="justify">El uso  geneal&oacute;gico del lenguaje presupone entonces que este es capaz de producir  verdades que se naturalizan al olvidar su propia g&eacute;nesis artificial. Esto  permiti&oacute; a Said desplazar el uso de una serie de nociones sobre el lenguaje  desde la cr&iacute;tica a la modernidad en general, como lo hicieron Nietzsche y  Foucault, hacia la experiencia colonial. Uno de los ejes m&aacute;s provocadores de  este desplazamiento se encuentra en las definiciones Orientalismo latente y Orientalismo  manifiesto y en el papel que cumplen los representantes del lenguaje  especializado en estas definiciones.</p>     <p align="justify">Para Said, el  Orientalismo se divide en un Orientalismo latente, al que caracteriza por ser  de una positividad inconsciente e incuestionable, y un Orientalismo manifiesto,  que se expresa en los enunciados expl&iacute;citos que se hacen, entre otros, sobre la  sociedad, el lenguaje, la historia y las literaturas orientales. En esta  dicotom&iacute;a, uno de los resultados m&aacute;s evidentes es el de la continuidad y la estabilidad  de las im&aacute;genes que se produce en el Orientalismo como resultado de la  supremac&iacute;a del Orientalismo latente. Los cambios imperceptibles se pueden dar  en las contradicciones que quiz&aacute; pueda haber entre ciertos enunciados  manifiestos que se hacen sobre oriente. Es posible, entonces, encontrar  im&aacute;genes ambivalentes y quiz&aacute; ciertos desplazamientos entre despotismo y  espiritualismo o entre degeneraci&oacute;n y riqueza espiritual, pero las im&aacute;genes  inconscientes terminan fijando estas ambivalencias en las concepciones de una inferioridad  natural de Oriente respecto a Occidente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El peso de estas  im&aacute;genes es mayor desde el siglo diecinueve, cuando las expresiones  cientificistas del Orientalismo otorgan un peso cada vez mayor a los discursos  pronunciados por los expertos. El lenguaje especializado sanciona con car&aacute;cter  de veracidad irrefutable las im&aacute;genes de Oriente y, a la vez, el proceso de  maduraci&oacute;n de ese lenguaje acompa&ntilde;a la sofisticaci&oacute;n en los procesos de  ingerencia colonial. Nos encontramos entonces con que a medida que avanzan los  siglos diecinueve y veinte, las im&aacute;genes sobre Oriente se modelan cada vez m&aacute;s  desde actitudes instrumentales que, a su vez, se acompa&ntilde;an de las formas  espec&iacute;ficas de la profesionalizaci&oacute;n de los denominados orientalistas.</p>     <p align="justify"><b>Del nihilismo  foucaultiano a premisas universales poscoloniales</b></p>     <p align="justify">ES SABIDO QUE LA  OBRA DE FOUCAULT ES DEFINITIVA  EN LA CONFORMACI&Oacute;N del pensamiento  posmoderno y he hecho referencia a ciertos elementos te&oacute;ricos de Foucault que  influyen notoriamente en <i>Orientalismo</i>. Sin embargo, Said no es un pensador posmoderno; por el  contrario, &eacute;l estableci&oacute; grandes distancias tanto con el posmodernismo en  general como con la obra de Foucault en particular. A continuaci&oacute;n quisiera  presentar algunos contrastes significativos entre los legados de la obra de  Said y el legado de Foucault, intentando mostrar c&oacute;mo la obra de Said puede ser  una fuente interesante para neutralizar el desasosiego y el nihilismo que  aproxima al posmodernismo con corrientes pol&iacute;ticamente conservadoras. Para esto  har&eacute; una serie de referencias al papel de la &eacute;tica, de lo universal y del  humanismo en la obra de Said y, a la vez, a una de las respuestas m&aacute;s  interesantes que se han hecho desde el pensamiento poscolonial al escepticismo pol&iacute;tico  inherente a la obra de Foucault.</p>     <p align="justify">Empiezo haciendo  referencia a algunos de los puntos de convergencia existentes en la obra de  Foucault y el pensamiento posmoderno, y luego presento la posici&oacute;n de Edward  Said ante estos puntos. Uno de los trabajos de Foucault en los que se hace expl&iacute;cita  la nueva perspectiva sobre la pol&iacute;tica aparece en la <i>Microf&iacute;sica del  poder</i>, sobre todo en  la sesi&oacute;n &quot;Los intelectuales y el poder<i>&quot;</i>, que es un  di&aacute;logo entre Foucault y Gilles Deleuze. Esa sesi&oacute;n es muy interesante tambi&eacute;n  porque, a partir de una lectura de este texto que hizo la te&oacute;rica india Gayatri  Spivak se produjo una de las respuestas m&aacute;s interesantes a las posiciones posmodernas  sobre la pol&iacute;tica. El texto mencionado, &quot;Can the subaltern speak?&quot;, de Spivak,  resultar&aacute; especialmente pertinente en esta sesi&oacute;n, ya que se encuentran grandes  coincidencias entre Said y Spivak respecto a las nociones posmodernas de la pol&iacute;tica  establecidas por los pensadores franceses.</p>     <p align="justify">En &quot;Los  intelectuales y el poder&quot;, Foucault y Deleuze se proponen redefinir la pol&iacute;tica  moderna desde un cuestionamiento de las relaciones que presupon&iacute;an tener los intelectuales  de izquierda con las masas en contextos de una alta politizaci&oacute;n de la  sociedad, tal y como ocurr&iacute;a en la d&eacute;cada de 1960. A partir de  esta redefinici&oacute;n, los autores propusieron someter a juicio las relaciones entre  teor&iacute;a y pr&aacute;ctica pol&iacute;tica; este ejercicio buscaba cuestionar las bases de las  nociones de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica y las presunciones de universalidad que  habr&iacute;a en esas formas de representaci&oacute;n. En &uacute;ltimas, Foucault y Deleuze  buscaban cuestionar las bases de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica expresadas por  medio de los partidos pol&iacute;ticos, as&iacute; como las pretensiones que cre&iacute;an tener los  intelectuales de la representaci&oacute;n de las masas. Para esto cuestionaron  radicalmente la relaci&oacute;n entre teor&iacute;a y acci&oacute;n pol&iacute;tica, y las pretensiones de  universalidad inherentes a las formaciones partidistas.</p>     <p align="justify">De acuerdo con  Foucault y Deleuze, las luchas contempor&aacute;neas se caracterizan por ser locales y  fragmentarias. A su vez, las luchas muestran que las pr&aacute;cticas no son  representaciones de las teor&iacute;as, sino que las pr&aacute;cticas y las teor&iacute;as son  acciones: acciones te&oacute;ricas o acciones pr&aacute;cticas. Otro de los criterios  centrales que sostienen es que las luchas contempor&aacute;neas demostrar&iacute;an que las masas  no necesitan de los intelectuales. Mediante una cr&iacute;tica radical a los  estructuralismos vigentes en la d&eacute;cada de 1960, Foucault y  Deleuze elaboraron una ret&oacute;rica muy influida por las nociones de Nietzsche  sobre el lenguaje, que les llev&oacute; a decir que las teor&iacute;as no tienen nada que ver  con los significantes y que su vigencia se da s&oacute;lo por su utilidad; sostienen  incluso que en realidad ninguna teor&iacute;a se refiere a otra teor&iacute;a. Desde su  perspectiva, cada una surge en el contexto de cada lucha parcial, por lo que  resulta totalmente indiferente la pretensi&oacute;n de hablar por los otros o de pretender  la existencia de teor&iacute;as capaces de representar a otros.</p>     <p align="justify">Al contrario de  los supuestos en los que se basan los enfoques que aceptan la vigencia de  formas de representaci&oacute;n pol&iacute;tica, para Foucault y Deleuze las luchas parciales  y fragmentadas de los sectores sociales muestran que cada cual habla de manera  pr&aacute;ctica en los asuntos que le conciernen directamente. Para ellos, no existe  ning&uacute;n centro que aglutine las luchas de los sectores subalternos y la pol&iacute;tica  se define, m&aacute;s bien, por las experiencias emp&iacute;ricas que ocurren en cada  f&aacute;brica, en cada huelga, en fin, en cada lucha parcial adelantada por los  sectores subalternos. Foucault llega a establecer, incluso, que el car&aacute;cter  progresista de las luchas de los sectores subalternos se debe a la propia  parcialidad. En su opini&oacute;n, mientras los subalternos desarrollan luchas  parciales los poderes establecidos se caracterizan por sus pretensiones de  abarcar la totalidad. Las luchas de las mujeres, de los homosexuales, de los  soldados en las barracas, de los prisioneros en las c&aacute;rceles, se  caracterizar&iacute;an por evitar la sustituci&oacute;n de un amo por otro, y esto se  expresar&iacute;a en la negaci&oacute;n misma de las fuerzas que pretenden representarlos por  fuera de su propia acci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Para Foucault y  Deleuze el elemento de emancipaci&oacute;n real de las luchas de los subalternos es el  que se desarrolla por fuera de las representaciones partidistas. Al establecer  una relaci&oacute;n entre la cr&iacute;tica a la representaci&oacute;n partidista y a las formas de  expresi&oacute;n del lenguaje moderno, la visi&oacute;n posmoderna sobre las luchas de los  subalternos expresa el fin del humanismo y de los metarrelatos. Como se sabe,  el fin de los metarrelatos y del humanismo constituye uno de los objetos m&aacute;s  preciosos del posmodernismo.</p>     <p align="justify">Antes de tratar algunos  criterios de Edward Said que permiten reconocer una distancia cr&iacute;tica  considerable de su obra respecto al pensamiento pol&iacute;tico de Michel Foucault,  quisiera hacer una breve referencia al texto de Spivak &quot;&iquest;Can the subaltern  speak?&quot;, en el que esta autora poscolonial, muy pr&oacute;xima a Said, ofrece una  respuesta interesante al texto de los franceses y a las referidas nociones  posmodernas sobre la pol&iacute;tica. El aporte m&aacute;s significativo del art&iacute;culo de  Spivak es su propuesta de llevar el razonamiento de Foucault y Deleuze al campo  de las teor&iacute;as del lenguaje, y a partir de all&iacute; examinar las consecuencias  pol&iacute;ticas que estas teor&iacute;as tienen en contextos neocoloniales. En su art&iacute;culo, ella  muestra c&oacute;mo la imagen de los subalternos de Deleuze y Foucault se construye al  precio de definirlos en un modelo opuesto a los c&oacute;digos ling&uuml;&iacute;sticos heredados  del humanismo y desde una forma de concebir el quehacer pol&iacute;tico por fuera de  las formas de representaci&oacute;n pol&iacute;tica centralizada, institucional o macro- social.  En su argumentaci&oacute;n, Spivak considera la necesidad de re-introducir un an&aacute;lisis  del lenguaje y la representaci&oacute;n. Para ella, Foucault y Deleuze pretenden  romper las diferencias existentes entre las acciones de los trabajadores y las  formas en que estas acciones se representan, a partir de una revalorizaci&oacute;n del <i>positivismo </i>y de la noci&oacute;n de  lo <i>real</i>, entendido como  las <i>acciones puras  ejecutadas por los dominados.</i></p>     <p align="justify">Spivak considera  que en la posici&oacute;n de Foucault y Deleuze se esconde un viejo debate sobre las  distintas percepciones acerca de la representaci&oacute;n y la ret&oacute;rica como  tropolog&iacute;as y como modos de persuasi&oacute;n. Seg&uacute;n ella, Deleuze y Foucault caen en  una especie de esencialismo ut&oacute;pico, porque suponen que en las simples  manifestaciones de los subalternos est&aacute;n expl&iacute;citos su lenguaje y sus intenciones  pol&iacute;ticas. Para Spivak, por el contrario, hay que establecer una diferenciaci&oacute;n  entre los elementos sustantivos -lo que ella denomina los elementos  tropol&oacute;gicos- y los elementos persuasivos del lenguaje. Spivak intenta superar  este esencialismo reconsiderando los elementos abstractos del lenguaje que  inciden en la identidad de clase en el sentido marxista. Recordemos que para Marx,  en el sentido hegeliano, las clases tienen una doble existencia, como clase en  s&iacute; y como clase para s&iacute;. Esta dualidad habla de un momento en que las clases se  representan de un modo descriptivo mientras que en otros momentos los sectores  subalternos lo hacen enfatizando en la necesidad de la transformaci&oacute;n social.  Esto conduce a sostener que la simple expresi&oacute;n descriptiva de un sector social  no es garant&iacute;a autom&aacute;tica de su expresi&oacute;n pol&iacute;tica. Otra forma en la que se  expresar&iacute;a esta dualidad ser&iacute;a en la diferenciaci&oacute;n entre identidad econ&oacute;mica e  identidad pol&iacute;tica. Para Spivak, esta dualidad en sentido marxista contrasta  con la imagen del sujeto &uacute;nico que Foucault y Deleuze definen desde el plano de  la experiencia positiva. Nos encontramos entonces con que la identidad -de  clase, &eacute;tnica, de g&eacute;nero, etc&eacute;tera- no constituye un elemento autom&aacute;tico y  natural, sino que presupone la existencia de un elemento discursivo y  artificial que la lleve a cabo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Finalmente,  Spivak considera que la definici&oacute;n de acci&oacute;n pol&iacute;tica de Foucault y Deleuze  ayuda al mantenimiento de estructuras internacionales asim&eacute;tricas, ya que  coloca en un mismo plano la acci&oacute;n de ciertos estamentos del capitalismo  central que pueden estar habituados al entrenamiento humanista, y la de los desempleados  o los trabajadores agr&iacute;colas del tercer mundo (Spivak, 1988: 272). Esta  perspectiva presupone una visi&oacute;n distinta al nihilismo posmoderno en relaci&oacute;n  con la participaci&oacute;n pol&iacute;tica y la funci&oacute;n de los intelectuales.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>SAID: UNA LECTURA  SECULAR Y HUMANISTA DE FOUCAULT</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">COMO SE VE, EL RECONOCIMIENTO  DEL CAR&Aacute;CTER ARTIFICIAL DE LAS identidades pol&iacute;ticas se relaciona con el manejo de una teor&iacute;a moderna  del lenguaje. Quisiera mostrar c&oacute;mo utiliza Said de la teor&iacute;a de Foucault los  elementos expl&iacute;citamente modernos de su teor&iacute;a del lenguaje y, a la vez, c&oacute;mo  desecha ciertas nociones que conducen a perspectivas esencialistas sobre la  identidad. Para esto quisiera referirme a ciertos pasajes de las obras de Said <i>Representations  of the intellectual </i>(1994), a una entrevista ofrecida a W. J. T Mitchell y aparecida en  la revista <i>Boundary </i>2 del verano de 1998, as&iacute; como al  libro <i>Cultura e  imperialismo </i>(1996) en el que desarrolla su noci&oacute;n de resistencia anticolonial.</p>     <p align="justify">El texto <i>Representations  of the intellectual </i>ofrece una amplia  reflexi&oacute;n sobre el papel que Said adjudica a los intelectuales en la sociedad contempor&aacute;nea,  tomando como ejemplo principal la sociedad estadounidense. El libro, resultado  de su participaci&oacute;n en 1993 en las Lecturas  Reith, organizadas anualmente por la BBC de Londres, es  una amplia reflexi&oacute;n sobre la participaci&oacute;n de los intelectuales en la vida  p&uacute;blica y una cr&iacute;tica expl&iacute;cita a la reclusi&oacute;n de los intelectuales de Estados  Unidos en las universidades. Para Said, el modelo de profesionalizaci&oacute;n que se  da en ese pa&iacute;s, donde se&ntilde;alaba que no hab&iacute;a siquiera un equivalente al programa  de la BBC, incid&iacute;a  directamente en el debilitamiento de la participaci&oacute;n de los intelectuales en  la actividad p&uacute;blica, como voceros independientes de la &eacute;tica y como vigilantes  del poder.</p>     <p align="justify">En uno de los  &uacute;ltimos cap&iacute;tulos del libro, Said hace referencia al papel crucial de Foucault  en la teor&iacute;a contempor&aacute;nea. Para Said, Foucault contribuy&oacute; al establecimiento  de una perspectiva secular del conocimiento y de la autoridad a partir del  cuestionamiento al que someti&oacute; las presunciones de objetividad y de neutralidad  del saber moderno. Sin embargo, reconoce que las consecuencias de las nociones  de acci&oacute;n pol&iacute;tica de Foucault, especialmente las referidas a la p&eacute;rdida de  referentes universales, se ligan al aparecimiento de los fundamentalismos contempor&aacute;neos.  De las contribuciones que toma de Foucault sostiene que la cr&iacute;tica de la objetividad  y de la autoridad es una contribuci&oacute;n importante, ya que se&ntilde;ala c&oacute;mo en el  mundo secular los seres humanos construyen sus verdades. Esta perspectiva le  permiti&oacute; al mismo Said desmontar el aparato conceptual y pol&iacute;tico sobre el que  se fundamenta el colonialismo con base en verdades creadas por la propia l&oacute;gica  colonial. Sin embargo, para Said, el desmantelamiento del proceso de  construcci&oacute;n de verdades no debe conducir a la destrucci&oacute;n de ciertos  universales, lo que lo distancia de dos consecuencias que existen en la  definici&oacute;n foucaultiana de la pol&iacute;tica: del car&aacute;cter supuestamente progresista  que habr&iacute;a en la acci&oacute;n pol&iacute;tica de cualquier movimiento subalterno por su mera  ejecuci&oacute;n; y en la mimesis acr&iacute;tica entre el intelectual y el movimiento en el  que participa al renunciar a la representaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Para Said,  nociones como justicia, libertad o actitudes cr&iacute;ticas ante la desigualdad o los  manejos estereotipados son armas con las que cuenta el intelectual y le sirven  como mecanismos para insertar sus perspectivas en la vida p&uacute;blica (Said, 1994: 12). Otros  elementos que considera fundamentales en un ejercicio intelectual dise&ntilde;ado para  un impacto p&uacute;blico de car&aacute;cter progresista son los relacionados con  perspectivas seculares distantes de la revelaci&oacute;n o la inspiraci&oacute;n; a la vez,  propone una visi&oacute;n del intelectual como alguien que apoye irrestrictamente la  libertad de opini&oacute;n y de expresi&oacute;n. Igualmente, enfatiza en que uno de los  principales ejes de los intelectuales es la lucha que deben establecer  permanentemente contra las tendencias fundamentalistas contempor&aacute;neas,  amparadas en la visi&oacute;n mistificada de valores particulares como los asociados,  entre otros, a sectores raciales, &eacute;tnicos o nacionales.</p>     <p align="justify">Uno de los  comentarios cr&iacute;ticos m&aacute;s recurrentes sobre <i>Orientalismo </i>se&ntilde;alaba que este  libro no tomaba en consideraci&oacute;n los movimientos pol&iacute;ticos desarrollados por  los sectores sometidos en contra de los patrones impulsados por la dominaci&oacute;n  colonial. Como resultado de estas cr&iacute;ticas, Edward Said acometi&oacute; en su obra <i>Cultura e  imperialismo</i>, cuya primera  edici&oacute;n es de 1993, la empresa de  estudiar las formas mediante las cuales los colonizados resisten al proyecto  colonialista. En este libro desarrolla una noci&oacute;n de resistencia radicalmente  distinta a las im&aacute;genes de la cultura como lugar de la originalidad identitaria  de un grupo o como lugar de demostraci&oacute;n de la resistencia anticolonial. Sus  nociones sobre lo cultural y sobre la resistencia buscaban tambi&eacute;n revalidar la  noci&oacute;n de lo universal, entendiendo que las culturas nativas, sometidas a  experiencias coloniales, est&aacute;n atravesadas por la propia experiencia colonial  y, adem&aacute;s, por su car&aacute;cter siempre presente. La cultura nativa que propende a  las luchas de liberaci&oacute;n nacional se dise&ntilde;a en una importante tensi&oacute;n con el  formato de la propia experiencia colonial. A esto Said le denomina la</p>     <blockquote>       <p align="justify">tragedia parcial de la resistencia (en la que) hasta cierto  punto, debe esforzarse por recobrar formas ya establecidas por la cultura del imperio  o, al menos, infiltradas o influidas por &eacute;l. Este es otro ejemplo de lo que he  calificado de territorios superpuestos: la lucha sobre &Aacute;frica a lo largo del  siglo XX, por ejemplo, es  una guerra por territorios establecidos y restablecidos durante generaciones  por exploradores europeos... (Said, 1996: 327).</p> </blockquote>     <p align="justify">Said relee las  luchas anticoloniales de la segunda mitad del siglo veinte como uno de los  legados intelectuales m&aacute;s importantes de la humanidad, ya que muestran el  car&aacute;cter imprescindible de modelos pol&iacute;ticos que trascienden los elementos  defensivos de la simple resistencia cultural. Muestra la presencia crucial de  pensadores ligados a la experiencia colonial o a la subordinaci&oacute;n racial antes de  la segunda mitad del siglo veinte, pero establece que s&oacute;lo en la lucha  anticolonial contempor&aacute;nea se generaron las condiciones del pensamiento y la  acci&oacute;n pol&iacute;tica que pod&iacute;an vincular la teor&iacute;a del mundo perif&eacute;rico a los  destinos globales de la humanidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En este sentido,  figuras como Toussaint L&#39;Overture en Hait&iacute; desde fines del siglo dieciocho,  pensadores como Rabindranath Tagore o soci&oacute;logos negros como W. E. B. du Bois desde  principios del siglo veinte, hab&iacute;an establecido ya una serie de premisas en las  luchas anticoloniales como las advertencias &quot;contra los ataques masivos e  indiscriminados contra la cultura occidental o blanca...&quot; (Said, 1996: 334). Pero estas  propuestas s&oacute;lo alcanzan un grado de coherencia y sistematicidad luego de los fracasos  de los nacionalismos en Argelia, Guinea y Palestina, entre otros lugares. Es a  partir del reconocimiento del fracaso de las proclamas nacionalistas fundamentalistas  y xenof&oacute;bicas impulsadas por las elites nacionalistas y nativas de los pa&iacute;ses  que est&aacute;n viviendo los procesos de descolonizaci&oacute;n, que surgen perspectivas  expl&iacute;citamente universalistas en pensadores perif&eacute;ricos. Es en el contexto de las  luchas anticoloniales del siglo veinte cuando madura el pensamiento de Franz  Fanon, de C. L. R. James, de Amilcar Cabral, de Aime Cesaire, entre otros,  desde las premisas comunes de establecer unas luchas anticoloniales que  involucren una reflexi&oacute;n global sobre el hombre moderno, sobre las expectativas  y demandas propias de una humanidad poscolonial.</p>     <p align="justify">As&iacute;, se&ntilde;ala Said,  mientras los sectores m&aacute;s obscurantistas de los pa&iacute;ses poscoloniales, como Idi  Amin o Sadam Hussein, se apropiaron de las ret&oacute;ricas de los nacionalismos  fundamentalistas, el pensamiento progresista de estos pa&iacute;ses estableci&oacute; una  resistencia nacionalista siempre cr&iacute;tica respecto a s&iacute; misma (Said, 1996: 341).</p>     <p align="justify">Inspirado en  te&oacute;ricos e intelectuales del tercer mundo que hicieron importantes reflexiones  sobre los alcances y los l&iacute;mites de la lucha anticolonial, Said considera, como  Franz Fanon, que la vinculaci&oacute;n de las luchas anticoloniales a expectativas  universales de la humanidad es la superaci&oacute;n de los l&iacute;mites impuestos por el  nacionalismo nativista, que en el caso de &Aacute;frica repiti&oacute; y a veces radicaliz&oacute;  los patrones de exclusi&oacute;n originados en la propia experiencia colonial. Las  im&aacute;genes de un sujeto poscolonial vinculado a las aspiraciones democr&aacute;ticas  alternativas promovidas por los fundamentalismos y por los posmodernismos en un  mundo poscolonial cada vez m&aacute;s conectado, las encuentra tambi&eacute;n en C. R. L.  James, &quot;desde siempre campe&oacute;n del nacionalismo negro, (quien) continuamente  atempera sus proclamas con afirmaciones y exhortaciones a recordar las insuficiencias  de la particularidad &eacute;tnica, del mismo modo que es insuficiente la solidaridad  sin critica&quot; (Said, 1996: 341).</p>     <p align="justify">Con la imagen de  un hombre concreto pero capaz de hablar por encima de los l&iacute;mites raciales,  &eacute;tnicos o nacionalistas, Said evoca la figura de Mustaf&aacute; Said, personaje de <i>Season of  migration to the north </i>de Tayeb Salih, quien har&iacute;a el viaje inverso al del personaje  Kurtz del <i>Coraz&oacute;n de la  obscuridad.</i></p>     <blockquote>       <p align="justify">All&iacute; es como aqu&iacute;, ni mejor ni peor. Pero yo soy de aqu&iacute;, como  lo es la palmera en el prado de nuestra casa, que ha crecido en nuestra casa y  no en la de cualquier otro. No s&eacute; por qu&eacute; ha sucedido esto de que hayan venido  a nuestra tierra &iquest;Significa eso que envenenar&aacute;n nuestro presente y nuestro  futuro? Tarde o temprano abandonar&aacute;n nuestro pa&iacute;s, igual que tantas gentes a lo  largo de la historia han dejado tantos pa&iacute;ses. Los ferrocarriles, los barcos,  los hospitales, las f&aacute;bricas y las escuelas ser&aacute;n nuestras y hablaremos su  lengua sin sentir ni culpa ni gratitud. Otra vez seremos lo que antes fuimos  -gentes corrientes- y si somos mentira, seremos una mentira inventada por  nosotros mismo (en Said, 1996: 329, 330).</p> </blockquote>     <p align="justify">Quiz&aacute;s uno de los  mayores legados del humanismo de Said, de ese humanismo proveniente de las  luchas anticoloniales del siglo veinte, sea el reconocimiento del car&aacute;cter  transitorio de las fijaciones territoriales. A su vez, el reconocimiento de esa  transitoriedad quiz&aacute; permita comprender que los seres humanos -todos, sin  excepci&oacute;n- puedan dudar leg&iacute;timamente de las adscripciones a un territorio o a  una tradici&oacute;n. Quiz&aacute; permita imaginar la legitimaci&oacute;n del car&aacute;cter nom&aacute;dico de  los hombres modernos y desmontar las fronteras territoriales y culturales que fijan  los l&iacute;mites de las migraciones posmodernas.</p> <hr size="1" /> </font>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Notas</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a>. Michel Foucault es una de las fuentes claves de  inspiraci&oacute;n del posmodernismo, aunque &eacute;l mismo no pueda catalogarse como un autor  posmoderno. Para este trabajo considerar&eacute; que un importante segmento de toda su  obra expresa uno de los intentos m&aacute;s notorios de desmontar el humanismo, uno de  los principales <i>metarrelatos </i>de la modernidad burguesa.</p>     <p align="justify"><a href="#spie2" name="pie2">2</a>. Esta es la versi&oacute;n que he utilizado en el  presente trabajo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie3" name="pie3">3</a>. Es importante enfatizar en que el manejo que hace  Foucault del discurso y del lenguaje como encarnaci&oacute;n pr&aacute;ctica y no como campos  formales es lo que lo aproxima al positivismo de Nietzsche y lo que le aleja de  las perspectivas estructurales formalistas herederas de Saussurre.</p>     <p align="justify"><a href="#spie4" name="pie4">4</a>. V&eacute;ase al respecto el trabajo de De Certeau (1988)  en el que indaga en las relaciones entre el citar y el re-citar y la  constituci&oacute;n de formas secularizadas de construcci&oacute;n de patrimonios culturales como  las bibliotecas claves en el dise&ntilde;o de las nacionalidades. V&eacute;ase  tambi&eacute;n al respecto Figueroa, 2000.</p> <hr size="1" /> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <!-- ref --><p align="justify">1. DE CERTEAU, MICHEL. 1988. <i>The practice of every day life</i>. University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0486-6525200500010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">2. FIGUEROA, JOS&Eacute; ANTONIO. 2000. &quot;Iron&iacute;a o fundamentalismo: dilemas contempor&aacute;neos de la  interculturalidad&quot;. En Mar&iacute;a Victoria Uribe, Eduardo Restrepo (eds.). <i>Antropolog&iacute;as  transe&uacute;ntes</i>. ICANH. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0486-6525200500010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p align="justify">3. FOUCAULT, MICHEL. 1972. <i>The archaeology of knowledge and the discourse on language</i>. Pantheon. Nueva  York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0486-6525200500010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">4. ----------. 1977. &quot;Los intelectuales y el poder&quot;. En <i>Microf&iacute;sica del poder</i>. Editorial La  Piqueta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0486-6525200500010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">5. SAID, W. EDWARD. 1990. <i>Orientalismo</i>.  Libertarias/Prodhufi, S.A. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0486-6525200500010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">6. ----------. 1994. <i>Representations of the intellectuals. </i>Pantheon Books. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0486-6525200500010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">7. ----------. 1996. <i>Cultura e  imperialismo. </i>Anagrama.  Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0486-6525200500010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">8. SPIVAK, GAYATRI CHAKRAVORY. 1988. &quot;&iquest;Can the subaltern speak?&quot;. En Cary Nelson y Lawrence Grossberg  (eds.). <i>Marxism and the  interpretation of culture. </i>Macmillan. Londres (reproducido en la <i>Revista  Colombiana de Antropolog&iacute;a</i>. 39. Enero-diciembre  de 2003, pp. 287-364).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0486-6525200500010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p> </font>      ]]></body><back>
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