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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA IMPORTANCIA DE GRAMSCI PARA EL ESTUDIO DE LA RAZA Y LA ETNICIDAD]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p align="center"><font size="2" face="verdana"><b><font size="4">LA IMPORTANCIA DE GRAMSCI PARA EL ESTUDIO DE LA RAZA Y LA ETNICIDAD</font><i><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></i></b></font></p> <font size="2" face="verdana"></font>    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><b>STUART HALL</b><a href="#**" name="s**"><sup>**</sup></a></font></p>     <p align="center"><font size="2" face="verdana"> Traducci&oacute;n de <b>Santiago Giraldo</b>, ICANH</font></p> <font size="2" face="verdana"><hr size="1" /> </font>     <p><font size="3" face="verdana"><b>I.</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">EL OBJETIVO DE  ESTA COLECCI&Oacute;N DE ENSAYOS<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a> ES FACILITAR &quot;UNA EXPLORACI&Oacute;N m&aacute;s sofisticada  del hasta ahora poco elucidado fe n&oacute;meno del racismo y examinar la idoneidad de  las formulaciones te&oacute;ricas, paradigmas y esquemas interpretativos en las  ciencias humanas y sociales (...) con respecto a la intolerancia y el racismo y  en relaci&oacute;n con la complejidad de los problemas que plantean&quot;. Esta indicaci&oacute;n  bastante general me permite situar con m&aacute;s precisi&oacute;n el tipo de contribuci&oacute;n que  hace un estudio sobre el trabajo de Gramsci a una empresa m&aacute;s grande. Desde mi punto  de vista, el trabajo de Gramsci <i>no </i>ofrece una  ciencia social <i>general </i>que pueda ser aplicada  al an&aacute;lisis de los fen&oacute;menos sociales a lo largo de una amplia gama comparativa  de sociedades hist&oacute;ricas. Su contribuci&oacute;n potencial es m&aacute;s limitada. Sigue  siendo, a pesar de esto, muy importante. Su trabajo es, precisamente, del tipo  &quot;sofisticante&quot;. Trabaja, de manera amplia, dentro del paradigma marxista. Sin embargo,  ha revisado, renovado y sofisticado muchos aspectos de este marco te&oacute;rico para  hacerlo m&aacute;s importante a las relaciones sociales contempor&aacute;neas en el siglo  veinte. Por tanto, tiene importancia directa sobre la pregunta acerca de la  &quot;idoneidad&quot; de las teor&iacute;as sociales existentes, ya que es en el &quot;volver m&aacute;s  complejas las teor&iacute;as y problemas existentes&quot; que se puede encontrar su  principal contribuci&oacute;n te&oacute;rica. Estos puntos requieren de mayor claridad antes  de ofrecer un resumen y valoraci&oacute;n sustantivos de la contribuci&oacute;n&nbsp; te&oacute;rica de Gramsci.</p>     <p align="justify">Gramsci no era un  &quot;te&oacute;rico general&quot;. Es m&aacute;s, no ejerci&oacute; como acad&eacute;mico o te&oacute;rico intelectual de  ninguna &iacute;ndole. De principio a fin fue, y sigui&oacute; siendo, un intelectual  pol&iacute;tico y activista socialista en la arena pol&iacute;tica italiana. Sus escritos  &quot;te&oacute;ricos&quot; se derivaron de este compromiso org&aacute;nico con su propia sociedad y su  tiempo y siempre tuvo la intenci&oacute;n de servir, no un prop&oacute;sito acad&eacute;mico  abstracto, sino el objetivo de &quot;informar la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica&quot;. Por tanto, es  esencial no confundir el nivel de aplicaci&oacute;n en el que obran sus conceptos.  Gramsci se ve&iacute;a a s&iacute; mismo, principalmente, como alguien que trabajaba dentro  de los m&aacute;s amplios par&aacute;metros del materialismo hist&oacute;rico, tal como hab&iacute;an sido  esbozados por la tradici&oacute;n acad&eacute;mica marxista definida por el trabajo de Marx y  Engels y, en las primeras d&eacute;cadas del siglo veinte, por figuras como Lenin,  Rosa Luxemburgo, Trotsky, Labriola, Togliatti, etc&eacute;tera -cito estos nombres  para indicar el marco de referencia de Gramsci dentro del pensamiento marxista,  no para precisar su posici&oacute;n en relaci&oacute;n con estas figuras. Establecer esto  &uacute;ltimo es un asunto m&aacute;s complicado-. Esto significa que su contribuci&oacute;n te&oacute;rica  tiene que ser <i>le&iacute;da</i>, siempre,  sabiendo que est&aacute; operando, de manera amplia, sobre terreno marxista. Esto es,  el marxismo proporciona los l&iacute;mites generales dentro de los que operan los  desarrollos, refinamientos, revisiones, avances, pensamientos adicionales,  nuevos conceptos y formulaciones originales de Gramsci. Sin embargo, &eacute;l nunca  fue un &quot;marxista&quot;, en sentido doctrinario, ortodoxo o &quot;religioso&quot;. Entend&iacute;a que  el esquema general de la teor&iacute;a planteada por Marx deb&iacute;a ser desarrollado constantemente  en t&eacute;rminos te&oacute;ricos; aplicado a nuevas condiciones hist&oacute;ricas; relacionado con  nuevos desarrollos en la sociedad que Marx y Engels no hab&iacute;an podido prever;  expandido y cualificado mediante la adici&oacute;n de nuevos conceptos.</p>     <p align="justify">As&iacute;, el trabajo de  Gramsci no representa &quot;un pie de p&aacute;gina&quot; a la ya completa edificaci&oacute;n del  marxismo ortodoxo ni una evocaci&oacute;n ritual de la ortodoxia que termina siendo  circular en el sentido de producir &quot;verdades&quot; que ya son bien conocidas. &Eacute;l  practica un marxismo genuinamente &quot;abierto&quot;, que desarrolla muchas de las ideas  de la teor&iacute;a marxista en la direcci&oacute;n de nuevas preguntas y condiciones. Por  encima de todo, su trabajo pone en acci&oacute;n conceptos que el marxismo cl&aacute;sico no  provee pero sin los cuales la teor&iacute;a marxista <i>no puede </i>explicar de  manera adecuada los fen&oacute;menos sociales complejos que encontramos en el mundo moderno.  Es esencial entender estos puntos si vamos a situar su trabajo contra el  trasfondo de &quot;las formulaciones te&oacute;ricas, paradigmas y esquemas interpretativos  de las ciencias sociales y humanas&quot; existentes.</p>     <p align="justify">La obra de  Gramsci no s&oacute;lo <i>no </i>es una obra  general de ciencias sociales, de la talla de, digamos, la de algunos de los  &quot;padres fundadores&quot; como Max Weber o Emile Durkheim, sino que no aparece en  ning&uacute;n lado de esa manera general y sint&eacute;tica tan reconocible. El cuerpo  principal de sus ideas te&oacute;ricas est&aacute; disperso entre sus ensayos ocasionales y  escritos pol&eacute;micos -fue un periodista pol&iacute;tico activo y prol&iacute;fico- y, claro, en  la gran colecci&oacute;n de <i>Cuadernos </i>escrita por &eacute;l  sin la posibilidad de acceso a bibliotecas u otros libros de referencia, bien  sea durante sus vacaciones forzadas en la prisi&oacute;n en Tur&iacute;n durante la &eacute;poca de  Mussolini, despu&eacute;s de su arresto (1928-1933), o luego de su liberaci&oacute;n, pero cuando ya era un enfermo  terminal en la cl&iacute;nica Formal (1934- 1935). Este cuerpo fragmentado de escritos, incluyendo los <i>Cuadernos </i>(<i>Quaderni del  carcere</i>), se encuentran  casi todos ahora en el Instituto Gramsci en Roma, donde se prepara una edici&oacute;n cr&iacute;tica  definitiva de su obra<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2 </sup></a><a href="#pie3" name="spie3"><sup>(NdelT)</sup></a>. No s&oacute;lo es que  sus escritos est&aacute;n dispersos: con frecuencia son fragmentarios en su forma, les  falta continuidad y no han sido &quot;acabados&quot;. Gramsci escribi&oacute; con frecuencia -como  en los <i>Cuadernos de la c&aacute;rcel</i>- en las  circunstancias m&aacute;s desfavorables: por ejemplo, bajo la vigilancia del censor de  prisi&oacute;n y sin libros que pudiesen refrescar su memoria. Dadas estas  circunstancias, los <i>Cuadernos </i>representan un  logro intelectual impresionante. No obstante, los &quot;costos&quot; de tener que  producirlos de esta manera y nunca poder volver a ellos con tiempo para  reflexionar de manera cr&iacute;tica fueron considerables. Los <i>Cuadernos </i>son lo que son <a href="#pie4" name="spie4"><sup>N del T</sup></a><b></b>: anotaciones cortas o m&aacute;s extensas pero no entretejidas para  formar un discurso sostenido o un texto coherente. Algunos de sus argumentos  m&aacute;s complejos han sido desplazados del texto principal a extensos pies de  p&aacute;gina. Algunos pasajes han sido reformulados, pero con poca orientaci&oacute;n hacia  cu&aacute;l de las versiones existentes era considerada por Gramsci el texto m&aacute;s  &quot;definitivo&quot;.</p>     <p align="justify">Y como si este  aspecto &quot;fragmentario&quot; no nos enfrentara a unas dificultades formidables, su  obra puede parecer fragmentaria en otro sentido, m&aacute;s profundo a&uacute;n.  Constantemente usaba la &quot;teor&iacute;a&quot; para iluminar casos hist&oacute;ricos concretos o  asuntos pol&iacute;ticos; o pensaba grandes conceptos en t&eacute;rminos de su aplicaci&oacute;n a  situaciones concretas y espec&iacute;ficas. En consecuencia, su obra parece ser casi <i>demasiado </i>concreta:  demasiado espec&iacute;fica en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos, demasiado delimitada en sus  referencias, demasiado &quot;descriptiva&quot; en su an&aacute;lisis, demasiado encerrada en un  tiempo y contexto. Sus ideas y formulaciones m&aacute;s esclarecedoras son, por lo  general, de &iacute;ndole coyuntural. Para hacer un uso m&aacute;s general de ellas deben ser  des-enterradas delicadamente de su contexto hist&oacute;rico espec&iacute;fico y concreto, y trasplantadas  a un nuevo suelo con mucha paciencia y cuidado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Algunos cr&iacute;ticos  han asumido que los conceptos de Gramsci obran a este nivel de lo concreto s&oacute;lo  porque no tuvo el tiempo o la disposici&oacute;n para elevarlos a uno m&aacute;s alto de  generalizaci&oacute;n conceptual -el nivel exaltado en el que se supone deben  funcionar las &quot;ideas te&oacute;ricas&quot;-. As&iacute;, Althusser y Poulantzas han propuesto en  distintas &eacute;pocas &quot;teorizar&quot; los insuficientemente teorizados textos de Gramsci.  Esta posici&oacute;n es, a mi modo de ver, err&oacute;nea. Aqu&iacute; es esencial entender, desde  el punto de vista epistemol&oacute;gico, que los conceptos pueden obrar a muy  distintos <i>niveles de  abstracci&oacute;n </i>y es com&uacute;n que  esto sea conscientemente intencional. El punto importante es no &quot;confundir&quot; un  nivel de abstracci&oacute;n con otro. Nos exponemos a cometer un grave error cuando  tratamos de &quot;extrapolar&quot; conceptos dise&ntilde;ados para representar un alto nivel de  abstracci&oacute;n como si autom&aacute;ticamente produjeran los mismos efectos cuando los  trasladamos a otro nivel m&aacute;s concreto y &quot;bajo&quot;. Los conceptos de Gramsci fueron  dise&ntilde;ados de manera bastante expl&iacute;cita para obrar en los niveles bajos de la  especificidad hist&oacute;rica. &iexcl;&Eacute;l no estaba apuntando m&aacute;s &quot;alto&quot; y errando el blanco  te&oacute;rico! En cambio, debemos entender este nivel de descripci&oacute;n  hist&oacute;rico-concreta en t&eacute;rminos de su relaci&oacute;n con el marxismo.</p>     <p align="justify">Como he dicho,  Gramsci continu&oacute; siendo un &quot;marxista&quot; en el sentido en que elabor&oacute; sus ideas  dentro del marco general de la teor&iacute;a desarrollada por Marx; esto es, tomando  como ciertos algunos conceptos como &quot;el modo capitalista de producci&oacute;n&quot;, las &quot;fuerzas  y relaciones de producci&oacute;n&quot;, etc&eacute;tera. Marx plante&oacute; estos conceptos al nivel de  abstracci&oacute;n m&aacute;s general, es decir, nos permiten aprehender y entender los  procesos amplios que organizan y estructuran el modo capitalista de producci&oacute;n  al reducirlo a sus partes m&aacute;s esenciales, y en <i>cualquier </i>fase o momento de  su desarrollo hist&oacute;rico. Los conceptos son de la &quot;&eacute;poca&quot; en su amplitud y  referencia. Sin embargo, Gramsci entend&iacute;a que tan pronto deben ser aplicados a  formaciones sociales hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas, a sociedades en particular en  alguna fase del desarrollo del capitalismo, el te&oacute;rico debe moverse del nivel  del &quot;modo de producci&oacute;n&quot; a uno de aplicaci&oacute;n m&aacute;s bajo, m&aacute;s concreto. Este &quot;movimiento&quot;  no s&oacute;lo requiere una especificidad hist&oacute;rica m&aacute;s detallada, sino, como el mismo  Marx arg&uuml;&iacute;a, el uso de nuevos conceptos y niveles adicionales de determinaci&oacute;n,  adem&aacute;s de los que pertenecen a la simple relaci&oacute;n de explotaci&oacute;n entre capital y  trabajadores, ya que estos &uacute;ltimos s&oacute;lo sirven para especificar &quot;el modo  capitalista&quot; al nivel m&aacute;s alto de referencia. El mismo Marx, en su texto  metodol&oacute;gico m&aacute;s elaborado -la introducci&oacute;n de 1857 a la <i>Grundrisse</i>-, visualiz&oacute; la  &quot;producci&oacute;n de lo concreto en el pensamiento&quot; como algo que ocurre a lo largo  de una sucesi&oacute;n de aproximaciones anal&iacute;ticas, en las que cada una agrega niveles  de determinaci&oacute;n a los conceptos abstractos y esquel&eacute;ticos correspondientes al  nivel de abstracci&oacute;n m&aacute;s alto. Marx arg&uuml;&iacute;a que s&oacute;lo podemos &quot;pensar lo  concreto&quot; por medio de estos niveles sucesivos de abstracci&oacute;n, porque lo  concreto, en realidad, consiste de &quot;muchas determinaciones&quot;, a las que, es  claro, deben aproximarse los niveles de abstracci&oacute;n que usamos para pensar  sobre ellas (sobre estas preguntas de epistemolog&iacute;a marxista, v&eacute;ase mi &quot;Marx&#39;s  notes on method&quot;. <i>Working Papers  in Cultural Studies. </i>6. 1977).</p>     <p align="justify">Por esta raz&oacute;n, a  medida que Gramsci se mueve del terreno general proporcionado por los conceptos  maduros de Marx -como los esboza, por ejemplo, en <i>El capital- </i>a coyunturas  hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas, puede a&uacute;n continuar trabajando &quot;dentro de&quot; su campo de  referencia. Pero cuando se vuelven a discutir en detalle, digamos, la situaci&oacute;n  pol&iacute;tica italiana de la d&eacute;cada de 1930, los cambios en  la complejidad de las democracias de clase en &quot;occidente&quot; despu&eacute;s del  imperialismo y la democracia de masas, las diferencias espec&iacute;ficas entre las  formaciones sociales &quot;orientales&quot; y &quot;occidentales&quot; europeas, el tipo de  pol&iacute;tica capaz de resistir a las fuerzas emergentes del fascismo o las nuevas  formas pol&iacute;ticas puestas en marcha por los desarrollos en el estado capitalista  moderno, &eacute;l entend&iacute;a la necesidad de adaptar, desarrollar y <i>suplementar </i>los conceptos de  Marx con unos nuevos y originales. Primero, porque Marx se concentr&oacute; en  desarrollar sus ideas al nivel de aplicaci&oacute;n m&aacute;s alto -como en <i>El capital- </i>y no a un nivel  hist&oacute;rico m&aacute;s concreto -por ejemplo, en &eacute;l no hay un an&aacute;lisis real de las  estructuras espec&iacute;ficas del estado brit&aacute;nico del siglo diecinueve, aun cuando  tiene numerosas ideas sugestivas-. Segundo, porque las condiciones hist&oacute;ricas  para las que escribi&oacute; Gramsci no eran las mismas para y en las que escribieron Marx  y Engels -Gramsci ten&iacute;a un sentido muy desarrollado de las condiciones  hist&oacute;ricas de la producci&oacute;n te&oacute;rica-. Tercero, porque sinti&oacute; la necesidad de  una nueva conceptualizaci&oacute;n, precisamente a los niveles en que la obra te&oacute;rica  de Marx es m&aacute;s incompleta e imprecisa: los de an&aacute;lisis de las coyunturas  hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas, o los de los aspectos ideol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos -las  dimensiones de an&aacute;lisis de formas sociales m&aacute;s descuidadas en el marxismo  cl&aacute;sico-.</p>     <p align="justify">Estos puntos nos  ayudan no s&oacute;lo a &quot;ubicar&quot; a Gramsci en relaci&oacute;n con la tradici&oacute;n marxista, sino  que hacen expl&iacute;cito el nivel al cual opera su obra de manera positiva y las  transformaciones requeridas por este cambio en la escala de an&aacute;lisis. Su obra  se relaciona de manera m&aacute;s pertinente con la generaci&oacute;n de nuevos conceptos,  ideas y paradigmas concernientes al an&aacute;lisis de los aspectos pol&iacute;ticos e  ideol&oacute;gicos de las formaciones sociales posteriores a 1870, especialmente. No porque <i>alguna </i>vez haya olvidado  o descuidado el elemento cr&iacute;tico de los fundamentos econ&oacute;micos de la sociedad y  sus relaciones. Pero contribuy&oacute; relativamente poco en t&eacute;rminos de formulaciones  originales a <i>este </i>nivel de  an&aacute;lisis. Sin embargo, en las muy descuidadas &aacute;reas del an&aacute;lisis coyuntural, de  la pol&iacute;tica, la ideolog&iacute;a y el estado, el car&aacute;cter de distintos reg&iacute;menes  pol&iacute;ticos, la importancia de cuestiones sobre lo cultural y lo nacional-popular  y el rol de la sociedad civil en cambiar el balance de las relaciones entre las  distintas fuerzas sociales de una sociedad, sobre <i>estos </i>asuntos, Gramsci contribuy&oacute;  mucho. Es uno de los primeros &quot;te&oacute;ricos marxistas&quot; originales sobre las  condiciones hist&oacute;ricas que han llegado a dominar la segunda mitad del siglo  veinte.</p>     <p align="justify">No obstante, en  cuanto al <i>racismo, </i>su contribuci&oacute;n  original no puede ser transferida tal como est&aacute; del contexto existente de su  obra. Gramsci <i>no </i>escribi&oacute; sobre la  raza, la etnicidad o el racismo en sus significados o manifestaciones  contempor&aacute;neas. Tampoco analiz&oacute; en profundidad la experiencia colonial o el imperialismo,  de los que surgieron buena parte de las caracter&iacute;sticas experiencias y  relaciones &quot;racistas&quot; en el mundo moderno. Su preocupaci&oacute;n principal fue su  pa&iacute;s, Italia; y, segundo, los problemas de la construcci&oacute;n del socialismo en  Europa occidental y oriental, que no hubiera ninguna revoluci&oacute;n en las  sociedades capitalistas desarrolladas de &quot;occidente&quot;, la amenaza planteada por  el crecimiento del fascismo en el periodo entre guerras y el rol del partido en  la construcci&oacute;n de la hegemon&iacute;a. De forma superficial, todo esto podr&iacute;a sugerir  que Gramsci pertenece a la distinguida compa&ntilde;&iacute;a identificada por Perry  Anderson, conformada por los &quot;marxistas occidentales&quot;, quienes, debido a sus  preocupaciones por las sociedades m&aacute;s &quot;avanzadas&quot;, tienen cosas poco  importantes para decir acerca de los problemas que surgieron en el mundo  no-europeo, o sobre las relaciones de &quot;desarrollo desigual&quot; entre las naciones  imperiales del &quot;centro&quot; capitalista y las sociedades globalizadas y colonizadas  de la periferia.</p>     <p align="justify">Leer a Gramsci de <i>esta </i>forma ser&iacute;a, en  mi opini&oacute;n, cometer el error de la literalidad -aun cuando, con algunas  consideraciones, esta es la manera como lo lee Anderson-. En verdad, aunque Gramsci  no escribe sobre el racismo ni trata esos problemas espec&iacute;ficamente, sus <i>conceptos </i>pueden ser &uacute;tiles  todav&iacute;a para nosotros en el intento por pensar sobre la idoneidad de los  paradigmas existentes en la teor&iacute;a social para estas &aacute;reas. M&aacute;s a&uacute;n, su  experiencia personal y formaci&oacute;n, al igual que sus intereses intelectuales, en  realidad no estaban tan alejados de estas preguntas como lo podr&iacute;a sugerir una  mirada r&aacute;pida.</p>     <p align="justify">Antonio Gramsci  naci&oacute; en Cerde&ntilde;a en 1891; Cerde&ntilde;a estaba  en una relaci&oacute;n &quot;colonial&quot; con respecto a la Italia continental. Su primer  contacto con ideas radicales y socialistas ocurri&oacute; dentro del contexto del  crecimiento del nacionalismo sardo, reprimido brutalmente por las tropas de la  Italia continental. Aun cuando despu&eacute;s de mudarse a Tur&iacute;n y comprometerse con  los movimientos obreros de esa ciudad abandon&oacute; su &quot;nacionalismo&quot;, nunca dej&oacute; de  lado su preocupaci&oacute;n, algo que adquiri&oacute; desde muy temprano, por los problemas  campesinos y la complicada dial&eacute;ctica de los factores regionales y de clase  (v&eacute;ase G. Nowell Smith y Quentin Hoare. &quot;Introduction&quot; a los <i>Prison notebooks</i>. 1971).</p>     <p align="justify">&Eacute;l era muy  consciente de la gran l&iacute;nea divisoria que separaba el industrializado y moderno  &quot;norte&quot; de Italia del &quot;sur&quot; campesino, subdesarrollado y dependiente.  Contribuy&oacute; mucho en el debate sobre lo que lleg&oacute; a llamarse &quot;el problema del  sur&quot;. Al momento de su llegada a Tur&iacute;n, en 1911, casi con  certeza hab&iacute;a tomado lo que se conoc&iacute;a como una posici&oacute;n &quot;sure&ntilde;a&quot;. Durante su  vida continu&oacute; interesado en las relaciones de dependencia y desigualdad que  relacionaban al &quot;norte&quot; y al &quot;sur&quot;, y en las relaciones complejas entre ciudad  y el campo, campesinado y proletariado, clientelismo y modernismo, estructuras  sociales feudales e industriales. Era consciente del grado al que las  divisiones establecidas por las relaciones de clase eran empeoradas por las  relaciones entrecruzadas de diferencia regional, cultural y nacional; adem&aacute;s de  las diferencias en los ritmos del desarrollo hist&oacute;rico regional o nacional.</p>     <p align="justify">En 1923, cuando Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista  Italiano, propuso <i>Unit&aacute; </i>como t&iacute;tulo del  peri&oacute;dico oficial del partido, dio la siguiente raz&oacute;n; &quot;porque (...) debemos dar  especial importancia a la cuesti&oacute;n sure&ntilde;a&quot;. Antes y despu&eacute;s de la primera  guerra mundial, se introdujo en todos los aspectos de la vida pol&iacute;tica de la  clase obrera de Tur&iacute;n, experiencia que le dio un conocimiento &iacute;ntimo y desde  adentro de uno de los estratos m&aacute;s avanzados del proletariado europeo en las  empresas &quot;industriales&quot;. A lo largo de su carrera, guard&oacute; una relaci&oacute;n activa y  sostenida con respecto a este sector avanzado de la clase obrera moderna,  primero como periodista pol&iacute;tico parte del equipo del semanario del Partido  Socialista, <i>Il </i><i>Grido del Popolo</i>, luego durante  la ola de inestabilidad en Tur&iacute;n -los &quot;a&ntilde;os rojos&quot;-, la ocupaci&oacute;n de f&aacute;bricas y  concejos obreros; finalmente, mientras fue editor de la revista <i>Ordine Nuovo</i>, hasta la  fundaci&oacute;n del Partido Comunista Italiano. Sin embargo, durante todo ese tiempo continu&oacute;  reflexionando sobre las estrategias y formas de acci&oacute;n y organizaci&oacute;n pol&iacute;tica  que podr&iacute;an <i>unir</i>, concretamente, distintos  tipos de luchas. Estaba preocupado con el asunto de qu&eacute; tipo de base com&uacute;n se  podr&iacute;a encontrar en las complejas alianzas de y relaciones entre los distintos  estratos sociales para fundar un estado italiano <i>moderno</i>. En su obra, la  preocupaci&oacute;n por esta cuesti&oacute;n de las especificidades regionales, las alianzas sociales  y los fundamentos sociales del estado se relaciona tambi&eacute;n de manera directa  con lo que hoy d&iacute;a pensar&iacute;amos como las cuestiones &quot;norte/sur&quot;, al igual que  &quot;oriente/occidente&quot;.</p>     <p align="justify">Gramsci utiliz&oacute; la  primera parte de la d&eacute;cada de 1920 en los dif&iacute;ciles  problemas de tratar de conceptuar nuevas formas de &quot;partido&quot; pol&iacute;tico, y el  asunto de diferenciar un camino de desarrollo espec&iacute;fico para las condiciones <i>nacionales </i>italianas,  haciendo oposici&oacute;n al empuje hegem&oacute;nico del Komintern de base sovi&eacute;tica. Todo  esto llev&oacute;, en &uacute;ltimas, a la gran contribuci&oacute;n que hizo el Partido Comunista  Italiano sobre la teorizaci&oacute;n de las condiciones de &quot;especificidad nacional&quot; en  relaci&oacute;n con las notables diferencias en el desarrollo hist&oacute;rico concreto de  distintas sociedades de oriente y occidente. Al final de la d&eacute;cada de 1920, sin embargo, sus preocupaciones se vieron guiadas de manera  general por la amenaza creciente del fascismo, hasta que fue arrestado y  detenido por las fuerzas de Mussolini en 1929 (este y otros  detalles biogr&aacute;ficos se encuentran en la excelente introducci&oacute;n a <i>The prison notebooks</i>, de G. Nowell  Smith y Q. Hoare. 1971).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">As&iacute; que, aun  cuando no escribi&oacute; directamente sobre los problemas del racismo, las materias  predominantes de su obra proveen l&iacute;neas de relaci&oacute;n intelectuales y te&oacute;ricas  profundas a muchas m&aacute;s de estas cuestiones contempor&aacute;neas de lo que sugiere un  vistazo r&aacute;pido a sus textos.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>II.</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">A ESTAS  CONEXIONES M&Aacute;S PROFUNDAS Y A SU IMPACTO FERTILIZADOR sobre la b&uacute;squeda  de teorizaciones m&aacute;s adecuadas en este campo vuelvo ahora. Voy a tratar de  elucidar algunos de estos conceptos centrales en la obra de Gramsci que se&ntilde;alan  en esa direcci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Comienzo con el  asunto que, de alguna forma, para quien estudia su obra cronol&oacute;gicamente, viene  hacia el final de su vida: la cuesti&oacute;n de su ataque riguroso contra todos los  vestigios de &quot;economismo&quot; y &quot;reduccionismo&quot; dentro del marxismo cl&aacute;sico. Por  &quot;economismo&quot; no quiero decir, como espero haber dejado en claro, descuidar el  poderoso papel de las bases econ&oacute;micas de un orden social o las relaciones  econ&oacute;micas dominantes en la formaci&oacute;n y estructuraci&oacute;n del armaz&oacute;n completo de  la vida social. Hablo, m&aacute;s bien, de una aproximaci&oacute;n te&oacute;rica espec&iacute;fica que tiende  a ver en las bases econ&oacute;micas de una sociedad la <i>&uacute;nica </i>estructura  determinante. Esta aproximaci&oacute;n tiende a ver todas las otras dimensiones de la  formaci&oacute;n social como un simple reflejo de &quot;lo econ&oacute;mico&quot; a otro nivel de  articulaci&oacute;n, y algo que no tiene un poder estructurante o determinante en  propiedad. Esta aproximaci&oacute;n, para ponerlo de manera sencilla, reduce todo en  una formaci&oacute;n social a un nivel econ&oacute;mico y conceptualiza todos los otros tipos  de relaciones sociales como &quot;correspondientes&quot;, de manera inmediata y directa,  a lo econ&oacute;mico. Esto colapsa la formulaci&oacute;n un tanto problem&aacute;tica de Marx -lo  econ&oacute;mico como &quot;determinante en &uacute;ltima instancia&quot;- volvi&eacute;ndolo<br />   el principio  reduccionista en el que lo econ&oacute;mico determina, de manera inmediata, en una  primera, intermedia y &uacute;ltima instancia. En este sentido, el &quot;economismo&quot; <i>es </i>un reduccionismo te&oacute;rico:  simplifica la estructura de las formaciones sociales, reduciendo la complejidad  de su articulaci&oacute;n, vertical y horizontal, a una sola l&iacute;nea de determinaci&oacute;n;  simplifica incluso el concepto de determinaci&oacute;n -que en Marx es una idea muy  compleja- volvi&eacute;ndolo una funci&oacute;n mec&aacute;nica. Aplana todas las mediaciones entre  los distintos niveles de la sociedad. En palabras de Althusser, presenta las  formaciones sociales como &quot;una totalidad expresiva simple&quot;, en el que cada  nivel de articulaci&oacute;n corresponde a cualquier otro, y que es transparente de cabo  a rabo, estructuralmente. No titubeo al decir que esto representa una  gigantesca rudimentarizaci&oacute;n y simplificaci&oacute;n de la obra de Marx -el tipo de  simplificaci&oacute;n y reduccionismo que alguna vez lo llev&oacute; a decir, con  desconsuelo, &quot;si eso es el marxismo, entonces yo no soy un marxista&quot;-. Sin  embargo, hay indicios en esa direcci&oacute;n en algunas de las obras de Marx. Se  acerca a la versi&oacute;n ortodoxa del marxismo, la cual qued&oacute; canonizada en los  tiempos de la segunda internacional y que con frecuencia, aun hoy d&iacute;a, se  ofrece como la doctrina pura del &quot;marxismo cl&aacute;sico&quot;. A tal concepci&oacute;n de la  formaci&oacute;n social y de las relaciones entre los distintos niveles de  articulaci&oacute;n, debe estar claro, le queda poco espacio te&oacute;rico para  conceptualizar las dimensiones pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas, y menos a&uacute;n para  conceptuar otros tipos de diferenciaci&oacute;n social tales como las divisiones  sociales y las contradicciones que surgen alrededor de la raza, la etnicidad,  la nacionalidad y el g&eacute;nero.</p>     <p align="justify">Desde el  principio, Gramsci encar&oacute; este tipo de economismo; y en sus a&ntilde;os postreros tuvo  una pol&eacute;mica te&oacute;rica sustancial contra su canonizaci&oacute;n dentro de la tradici&oacute;n  marxista cl&aacute;sica. Dos ejemplos provenientes de distintos hilos conductores en  su obra deben ser suficientes para ilustrar este punto. En su ensayo sobre &quot;El  pr&iacute;ncipe moderno&quot; discute c&oacute;mo iniciar el an&aacute;lisis de una coyuntura hist&oacute;rica  particular. Sustituye la aproximaci&oacute;n reduccionista, que &quot;leer&iacute;a&quot; los  desarrollos pol&iacute;ticos e ideol&oacute;gicos por medio de sus determinaciones  econ&oacute;micas, por un tipo de an&aacute;lisis mucho m&aacute;s complejo y diferenciado, basado  no en una &quot;determinaci&oacute;n unidireccional&quot;, sino en el an&aacute;lisis de &quot;relaciones de  fuerza&quot;, y que busca diferenciar -en vez de colapsar como id&eacute;nticos- los  &quot;distintos momentos o niveles&quot; en el desarrollo de tal coyuntura (<i>Prison  notebooks-Cuadernos de la prisi&oacute;n: </i>180-181, de aqu&iacute; en adelante <i>PN</i>). Especifica su  labor anal&iacute;tica en t&eacute;rminos de lo que &eacute;l llama &quot;el paso decisivo de la  estructura a las esferas de las superestructuras complejas&quot;. De esta manera se  enfrenta decisivamente a cualquier tendencia a reducir la esfera de las  superestructuras pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas a la estructura econ&oacute;mica o &quot;base&quot;.  Entiende esto como el punto cr&iacute;tico en la lucha contra el reduccionismo. &quot;Si  las fuerzas que se encuentran activas en la historia deben analizarse  correctamente y las relaciones entre ellas determinadas, el problema de las  relaciones entre estructura y superestructura es el que debe plantearse de  manera precisa&quot; (<i>PN</i>: 177). El economismo, a&ntilde;ade, es una forma inadecuada, en t&eacute;rminos  te&oacute;ricos, de plantear este conjunto de relaciones cr&iacute;ticas. Tiende, entre otras  cosas, a sustituir un an&aacute;lisis basado en los &quot;intereses inmediatos de clase&quot;  -en la forma de la pregunta &quot;&iquest;qui&eacute;n saca provecho directo de esto?&quot;-, por uno  m&aacute;s completo y estructurado de &quot;las formaciones de clase econ&oacute;micas (...) con  todas sus relaciones inherentes&quot; (<i>PN</i>: 163). Es posible desechar, sugiere, &quot;que las crisis econ&oacute;micas <i>inmediatas </i>producen en s&iacute;  mismas eventos hist&oacute;ricos fundamentales&quot; (el <i>&eacute;nfasis </i>es m&iacute;o).  &iquest;Significa esto acaso que lo econ&oacute;mico no cumple ning&uacute;n papel en el desarrollo  de las crisis hist&oacute;ricas? De ninguna manera. Pero su papel es m&aacute;s bien el de  &quot;crear un terreno m&aacute;s favorable para diseminar ciertos modos de pensamiento y  ciertas formas de plantear y resolver preguntas sobre el desarrollo posterior  de la vida nacional&quot; (<i>PN</i>, 184). En resumen, hasta cuando uno ha mostrado c&oacute;mo se convierten  en realidad &quot;las crisis econ&oacute;micas objetivas&quot;, por medio de las relaciones  cambiantes en el equilibrio de las fuerzas sociales, en crisis del estado y la  sociedad, y germinan en la forma de luchas &eacute;tico-pol&iacute;ticas e ideolog&iacute;as  pol&iacute;ticas formadas, influenciando la concepci&oacute;n del mundo de las masas, no ha  llevado a cabo un an&aacute;lisis en propiedad, basado en el &quot;paso&quot; decisivo e  irreversible entre estructura y superestructura.</p>     <p align="justify">Este tipo de  infalibilidad inmediata que arrastra el reduccionismo econ&oacute;mico, sostiene  Gramsci, &quot;sale muy barato&quot;. No s&oacute;lo no tiene ning&uacute;n significado te&oacute;rico: tiene  m&iacute;nimas implicaciones pol&iacute;ticas o eficacia pr&aacute;ctica. &quot;En general, no produce  m&aacute;s que sermones moralistas e interminables cuestiones de personalidad&quot; (<i>PN</i>: 166). Es una concepci&oacute;n basada en la &quot;f&eacute;rrea convicci&oacute;n sobre la  existencia de leyes objetivas de los desarrollos hist&oacute;ricos similares a las  leyes naturales, en combinaci&oacute;n con la creencia en una teleolog&iacute;a determinada como  la de la religi&oacute;n&quot;. No existe alternativa a este colapso, que, dice Gramsci, ha  sido identificado incorrectamente con el materialismo hist&oacute;rico, excepto, &quot;el  planteamiento concreto del problema de la hegemon&iacute;a&quot;.</p>     <p align="justify">De la direcci&oacute;n  general que toma el argumento en esta cita se puede ver que muchos de los  conceptos clave de Gramsci -hegemon&iacute;a, por ejemplo- y las aproximaciones  caracter&iacute;sticas -la aproximaci&oacute;n por v&iacute;a del an&aacute;lisis de las &quot;relaciones de  fuerzas sociales&quot;, por ejemplo-, eran sobrentendidos conscientemente por &eacute;l  como una barrera contra la tendencia al reduccionismo econ&oacute;mico de algunas  versiones del marxismo. Uni&oacute; a su cr&iacute;tica del &quot;economismo&quot; las tendencias  similares hacia el positivismo, empirismo, &quot;cientifismo&quot; y objetivismo dentro  del marxismo.</p>     <p align="justify">Esto se vuelve  a&uacute;n m&aacute;s claro en &quot;Los problemas del marxismo&quot;, un texto que fue escrito a  manera de cr&iacute;tica del &quot;materialismo vulgar&quot; impl&iacute;cito en <i>Teor&iacute;a del  materialismo hist&oacute;rico: ensayo popular de sociolog&iacute;a marxista, e</i>scrito por  Bujarin. Publicado en Mosc&uacute; en 1921, tuvo m&uacute;ltiples  ediciones y era citado con frecuencia como ejemplo del marxismo &quot;ortodoxo&quot;, aun  cuando Lenin observ&oacute; que Bujarin, desafortunadamente, &quot;no conoc&iacute;a la  dial&eacute;ctica&quot;. En las &quot;Notas cr&iacute;ticas sobre la tentativa de Ensayo popular de  sociolog&iacute;a&quot;, Gramsci ofrece un ataque sostenido a las epistemolog&iacute;as del  economismo, el positivismo y la b&uacute;squeda espuria de garant&iacute;as cient&iacute;ficas.  Estas se basan, arguye, en el falso modelo positivista en el que las leyes de  la sociedad y el desarrollo hist&oacute;rico humano pueden ser modeladas directamente siguiendo  lo que los cient&iacute;ficos sociales pensaban que era la &quot;objetividad&quot; de las leyes  que gobernaban el mundo de las ciencias naturales. Sostiene que t&eacute;rminos como  &quot;regularidad&quot;, &quot;necesidad&quot;, &quot;ley&quot;, y &quot;determinaci&oacute;n&quot;, no deben pensarse como  &quot;una derivaci&oacute;n de las ciencias naturales sino como una elaboraci&oacute;n de aquellos  conceptos nacidos en el terreno de la econom&iacute;a pol&iacute;tica&quot;. As&iacute; pues, &quot;mercado  determinado&quot; en <i>realidad </i>debe significar  una &quot;relaci&oacute;n determinada de fuerzas sociales en una determinada estructura del  aparato productivo&quot;, en el que la relaci&oacute;n est&aacute; garantizada -esto es, se vuelve  permanente- debido a una &quot;superestructura pol&iacute;tica, moral y jur&iacute;dica&quot;. El  cambio en la formulaci&oacute;n de Gramsci, de una formula positivista reducida  anal&iacute;ticamente, a una conceptualizaci&oacute;n m&aacute;s rica y compleja enmarcada dentro de  la ciencia social, es muy claro en esa sustituci&oacute;n. Le da peso a su argumento,  que resume lo siguiente:</p>     <blockquote>       <p align="justify">La declaraci&oacute;n presentada como un postulado esencial del materialismo  hist&oacute;rico, que toda fluctuaci&oacute;n ideol&oacute;gica o pol&iacute;tica puede mostrarse y  desarrollarse como una expresi&oacute;n inmediata de la estructura (por ejemplo, la  base econ&oacute;mica) debe ser contestada desde la teor&iacute;a como infantilismo  primitivo, y combatida en la pr&aacute;ctica con el testimonio aut&eacute;ntico de Marx, el  autor de obras concretas pol&iacute;ticas e hist&oacute;ricas.</p>   </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Este cambio de  direcci&oacute;n, que Gramsci se impuso lograr dentro del terreno del marxismo, fue  logrado conscientemente, y decisivo para su pensamiento posterior. Sin este  punto de divergencia te&oacute;rica, su complicada relaci&oacute;n con la tradici&oacute;n acad&eacute;mica  marxista no puede definirse en propiedad.</p>     <p align="justify">&iquest;Si Gramsci  renunci&oacute; a las simplicidades del reduccionismo, c&oacute;mo fue entonces que emprendi&oacute;  un an&aacute;lisis m&aacute;s adecuado de la formaci&oacute;n social? Aqu&iacute; nos puede ayudar un breve  desv&iacute;o, siempre y cuando nos movamos con cautela. En <i>Reading capital<a href="#+" name="s+"><sup>+</sup></a></i> (Louis Althusser y Etienne Balibar. New Left Books. Londres),  Althusser -quien fue muy influenciado por Gramsci- y sus colegas hacen una  distinci&oacute;n cr&iacute;tica entre &quot;modo de producci&oacute;n&quot;, que se refiere a las formas  b&aacute;sicas de relaciones econ&oacute;micas que caracterizan una sociedad, pero que es una  abstracci&oacute;n anal&iacute;tica, ya que ninguna sociedad puede funcionar s&oacute;lo mediante su  econom&iacute;a; y, por otro lado, lo que ellos llaman una &quot;formaci&oacute;n social&quot;. Al usar  este &uacute;ltimo t&eacute;rmino pretend&iacute;an invocar la idea que las sociedades son por  necesidad totalidades estructuradas de manera compleja, con distintos niveles  de articulaci&oacute;n -las instancias econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas- en distintas  combinaciones; y cada combinaci&oacute;n da pie para el surgimiento de distintas  combinaciones de fuerzas sociales y, por ende, de diversos tipos de desarrollo social.  Los autores de <i>Para leer El  capital </i>tend&iacute;an a dar  como caracter&iacute;stica distintiva de una &quot;formaci&oacute;n social&quot; el hecho que, dentro  de cada una, m&aacute;s de un modo de producci&oacute;n pod&iacute;a estar combinado. Pero, aun cuando  esto sea cierto, y puede tener consecuencias importantes -especialmente en  sociedades poscoloniales, lo que retomaremos m&aacute;s adelante-, no es, desde mi  punto de vista, el punto de diferenciaci&oacute;n m&aacute;s importante entre los dos  t&eacute;rminos. En las &quot;formaciones sociales&quot; uno est&aacute; tratando con sociedades  estructuradas complejamente, compuestas de articulaciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas  e ideol&oacute;gicas en las que los distintos niveles de articulaci&oacute;n ni corresponden  de alguna manera, simple, ni se &quot;reflejan&quot; uno a otro, siendo en cambio, para  usar la oportuna met&aacute;fora de Althusser, &quot;sobre-determinantes&quot; de y para cada cual  (Althusser. 1969. <i>For Marx</i>. Panteon. Nueva  York). Esta estructuraci&oacute;n compleja de los distintos niveles de articulaci&oacute;n, y  no, simplemente, la existencia de m&aacute;s de un modo de producci&oacute;n, es lo que  constituye la diferencia entre el concepto &quot;modo de producci&oacute;n&quot; y la por  necesidad m&aacute;s concreta e hist&oacute;ricamente espec&iacute;fica noci&oacute;n de &quot;formaci&oacute;n  social&quot;.</p>     <p align="justify">Ahora, este  &uacute;ltimo concepto <i>es </i>la concepci&oacute;n a  la que Gramsci se dirig&iacute;a. Eso es lo que &eacute;l quer&iacute;a decir cuando propon&iacute;a que la  relaci&oacute;n entre &quot;estructura&quot; y &quot;superestructura&quot;, o el &quot;paso&quot; de cualquier  movimiento org&aacute;nico hist&oacute;rico a lo largo de toda una formaci&oacute;n social era  central en cualquier tipo de an&aacute;lisis que no fuese reduccionista o economista.  Plantear y resolver <i>esa </i>pregunta  implicaba conducir un an&aacute;lisis bien fundamentado sobre el entendimiento de las  relaciones complejas de sobredeterminaci&oacute;n entre las distintas pr&aacute;cticas  sociales de cualquier formaci&oacute;n social.</p>     <p align="justify"><i>Este </i>es el protocolo  seguido por Gramsci cuando en &quot;El pr&iacute;ncipe moderno&quot; esboza su forma  caracter&iacute;stica de &quot;analizar situaciones&quot;. Los detalles son complejos y no  pueden describirse aqu&iacute; con todas sus sutilezas, pero es importante plantear el  esquema b&aacute;sico, as&iacute; sea s&oacute;lo para compararlos con una aproximaci&oacute;n m&aacute;s  &quot;economista&quot; o reduccionista. &Eacute;l consideraba esto como &quot;una exposici&oacute;n  elemental de la ciencia y el arte de la pol&iacute;tica -entendida como un cuerpo de  reglas pr&aacute;cticas para la investigaci&oacute;n y de observaciones detalladas, &uacute;tiles  para despertar el inter&eacute;s en la realidad efectiva y para estimular ideas m&aacute;s  vigorosas y rigurosas sobre la pol&iacute;tica&quot;- una discusi&oacute;n que, a&ntilde;ade &eacute;l, debe  tener un car&aacute;cter estrat&eacute;gico.</p>     <p align="justify">Primero que todo,  arguye &eacute;l, uno debe entender la estructura fundamental, las relaciones  objetivas dentro de una sociedad o &quot;el grado de desarrollo de las fuerzas  productivas&quot;, ya que estas plantean los l&iacute;mites y condiciones fundamentales al  contorno general del desarrollo hist&oacute;rico. De aqu&iacute; se desprenden algunas de las  principales l&iacute;neas de tendencia que <i>podr&iacute;an </i>ser favorables a esta o aquella l&iacute;nea de desarrollo. El error  del reduccionismo es, entonces, trasladar estas tendencias y constre&ntilde;imientos  de manera <i>inmediata </i>a sus efectos  pol&iacute;ticos e ideol&oacute;gicos absolutamente determinados; o, de manera alternativa,  abstraerlos dentro de alguna &quot;ley f&eacute;rrea de la necesidad&quot;. De hecho, estas s&oacute;lo  estructuran y determinan en el sentido que definen el terreno sobre el cual se  mueven las fuerzas hist&oacute;ricas. Pero no pueden, ni en primera ni &uacute;ltima  instancia, determinar por completo el contenido de las luchas pol&iacute;ticas y  econ&oacute;micas, y mucho menos fijar o garantizar objetivamente los resultados de tales  luchas.</p>     <p align="justify">El siguiente paso  en el an&aacute;lisis es distinguir los movimientos hist&oacute;ricos &quot;org&aacute;nicos&quot;, destinados  a penetrar profundamente en la sociedad y ser m&aacute;s o menos duraderos, de los  &quot;movimientos m&aacute;s ocasionales, inmediatos y casi accidentales&quot;. A este respecto,  Gramsci nos recuerda que una &quot;crisis&quot;, si es org&aacute;nica, puede durar d&eacute;cadas. No  es un fen&oacute;meno est&aacute;tico, sino, por el contrario, uno que est&aacute; marcado por el  movimiento constante, la pol&eacute;mica, la r&eacute;plica, etc&eacute;tera, que representan los  intentos de los distintos lados por sobreponerse a o resolver la crisis y  hacerlo bajo t&eacute;rminos que sean favorables a largo plazo para su hegemon&iacute;a. El  peligro te&oacute;rico, arguye Gramsci, yace en &quot;presentar las causas como  inmediatamente operativas cuando de hecho s&oacute;lo operan de manera indirecta, o en  asegurar que las causas inmediatas son las &uacute;nicas efectivas&quot;. El primero nos  lleva hacia un exceso de economismo; y el segundo hacia un exceso de  ideologismo (Gramsci estaba preocupado, sobre todo, por los momentos de  derrota, por la oscilaci&oacute;n fatal entre estos dos extremos, que en realidad se  reflejan el uno en el otro de manera invertida). Lejos de que exista la  garant&iacute;a &quot;cuasi-normativa&quot; de que alguna ley de la necesidad convertir&aacute;  inevitablemente las causas econ&oacute;micas en efectos pol&iacute;ticos inmediatos, insist&iacute;a  en que el an&aacute;lisis s&oacute;lo es exitoso y &quot;verdadero&quot; <i>si </i>esas causas subyacentes  se vuelven realidad. La sustituci&oacute;n del tiempo condicional por la certeza  positivista es cr&iacute;tica.</p>     <p align="justify">A continuaci&oacute;n,  Gramsci insist&iacute;a en que la duraci&oacute;n y complejidad de las crisis no se pueden  predecir de manera mec&aacute;nica, ya que &eacute;stas se desarrollan sobre largos periodos  hist&oacute;ricos; se mueven entre periodos de relativa &quot;estabilizaci&oacute;n&quot; y periodos de  cambio r&aacute;pido y convulsionado. Por ende, la periodizaci&oacute;n es un aspecto clave  del an&aacute;lisis. Se mueve de manera paralela con la anterior preocupaci&oacute;n por la  especificidad hist&oacute;rica. &quot;Es precisamente el estudio de estos &#39;intervalos&#39; de  frecuencia variable lo que permite reconstruir las relaciones, por un lado,  entre estructura y superestructura y, por otro, entre el desarrollo del  movimiento org&aacute;nico y el coyuntural en la estructura&quot;. Para Gramsci, en este  &quot;an&aacute;lisis&quot; no hay nada mec&aacute;nico ni preceptivo.</p>     <p align="justify">Una vez  establecida la base para un esquema anal&iacute;tico din&aacute;mico e hist&oacute;rico, Gramsci se  vuelve al an&aacute;lisis de los movimientos de las fuerzas hist&oacute;ricas -&quot;las  relaciones de fuerza&quot;-, el terreno de las luchas y desarrollos pol&iacute;ticos y  sociales. Aqu&iacute; introduce una noci&oacute;n cr&iacute;tica, y es que aquello que se busca <i>no </i>es la victoria absoluta  de este sobre el otro, ni la incorporaci&oacute;n plena de un conjunto de fuerzas  dentro de otras. M&aacute;s bien, el an&aacute;lisis es un asunto relacional, esto es, que  debe resolverse <i>relacionalmente, </i>usando la idea  del &quot;equilibrio inestable&quot; o del &quot;proceso continuo de formaci&oacute;n y sucesi&oacute;n de  equilibrios inestables&quot;. La pregunta crucial aqu&iacute; es &quot;las relaciones de fuerzas <i>favorables o desfavorables  a esta o aquella tendencia</i>&quot; (la <i>cursiva </i>es m&iacute;a). Este  &eacute;nfasis en las &quot;relaciones&quot; y en el &quot;equilibrio inestable&quot; nos recuerda que las  fuerzas sociales perdedoras en alg&uacute;n periodo hist&oacute;rico no necesariamente  desaparecen del escenario de lucha, ni que en tales circunstancias la lucha se  suspenda. Por ejemplo, la idea de la victoria &quot;absoluta&quot; y total de la  burgues&iacute;a sobre la clase obrera, o la incorporaci&oacute;n plena de esta dentro del  proyecto burgu&eacute;s son ajenas por completo a la definici&oacute;n de hegemon&iacute;a propuesta  por Gramsci, aun cuando las dos se confunden con frecuencia en los comentarios  acad&eacute;micos. Lo que siempre importa es el equilibrio tendencioso en las  relaciones de fuerza.</p>     <p align="justify">A continuaci&oacute;n,  Gramsci diferencia las &quot;relaciones de fuerza&quot; en cada uno de los momentos. &Eacute;l  no asume la existencia de una <i>evoluci&oacute;n teleol&oacute;gica necesaria </i>entre estos  momentos. Lo primero tiene que ver con la valoraci&oacute;n de las condiciones  objetivas que localizan y posicionan a las distintas fuerzas sociales. Lo  segundo se relaciona con el momento pol&iacute;tico: el &quot;grado de homogeneidad,  autoconciencia y organizaci&oacute;n lograda por las distintas clases sociales&quot; (<i>PN</i>: 181). Lo importante aqu&iacute; es que la as&iacute; llamada &quot;unidad de clase&quot;  nunca se <i>asume a priori</i>. Se entiende que  aun cuando las clases comparten algunas condiciones comunes a su existencia,  tambi&eacute;n est&aacute;n atravesadas por intereses en conflicto y han estado segmentadas y  fragmentadas en el transcurso de su formaci&oacute;n hist&oacute;rica. As&iacute; pues, la &quot;unidad&quot; de  clases es necesariamente compleja y debe ser <i>producida -</i>construida,  creada- como resultado de relaciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas. Nunca  puede ser tomada como algo autom&aacute;tico o como algo &quot;predeterminado&quot;. Junto con  esta historizaci&oacute;n radical de la concepci&oacute;n autom&aacute;tica de clases empotrada en  el coraz&oacute;n del marxismo fundamentalista, elabora a&uacute;n m&aacute;s la distinci&oacute;n  planteada por Marx entre &quot;clase en s&iacute;&quot; y &quot;clase para s&iacute;&quot;. Se da cuenta de las  distintas fases a lo largo de las cuales pueden desarrollarse la conciencia, la  organizaci&oacute;n y la unidad de clase. Est&aacute; el estadio &quot;corporativo econ&oacute;mico&quot;, en  el que los grupos profesionales u ocupacionales reconocen unos intereses comunes  b&aacute;sicos pero son conscientes de que no existen otros tipos de solidaridad de  clase m&aacute;s amplios. Despu&eacute;s est&aacute; el momento de &quot;clase corporativa&quot;, en el que la  solidaridad de intereses de clase se desarrolla, aunque s&oacute;lo en el campo  econ&oacute;mico. Por &uacute;ltimo, est&aacute; el momento de &quot;hegemon&iacute;a&quot;, que trasciende los l&iacute;mites  corporativos de la solidaridad puramente econ&oacute;mica, abarca los intereses de  otros grupos subordinados, y comienza a &quot;propagarse a lo largo de toda la  sociedad&quot;, trayendo consigo la unidad intelectual y moral, al igual que la  econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, y &quot;planteando tambi&eacute;n las preguntas alrededor de las que  ruge de forma encarnizada la lucha (...) creando as&iacute; la hegemon&iacute;a del grupo  social fundamental sobre una serie de grupos subordinados&quot;. Este proceso de  coordinaci&oacute;n de los intereses de un grupo dominante con los de otros grupos y  con la vida del estado como un todo constituye la &quot;hegemon&iacute;a&quot; de un bloque  hist&oacute;rico particular (<i>PN</i>: 182). S&oacute;lo en tales momentos de unidad &quot;popular nacional&quot; la  formaci&oacute;n de lo que el llama la &quot;voluntad colectiva&quot; se vuelve posible.</p>     <p align="justify">Gramsci nos  recuerda, sin embargo, que incluso este grado de unidad org&aacute;nica extraordinaria  no <i>garantiza </i>el resultado de las  luchas espec&iacute;ficas, que se pueden ganar o perder de acuerdo con el resultado de  la cuesti&oacute;n t&aacute;ctica decisiva de las relaciones de fuerza pol&iacute;tico-militares.  Insiste, sin embargo, en que la &quot;pol&iacute;tica debe primar sobre el aspecto militar  y s&oacute;lo la pol&iacute;tica crea la posibilidad de maniobra y movimiento&quot; (<i>PN</i>: 232).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En particular,  debemos observar tres puntos sobre esta formulaci&oacute;n. Primero, la &quot;hegemon&iacute;a&quot; es  un &quot;momento&quot; muy particular, hist&oacute;ricamente espec&iacute;fico y temporal en la vida de  una sociedad. Rara vez se logra este grado de unidad, que permite que una  sociedad se plantee a s&iacute; misma una agenda hist&oacute;rica bastante nueva bajo el  liderazgo de una formaci&oacute;n o constelaci&oacute;n espec&iacute;fica de fuerzas sociales. Es  poco probable que tales periodos de &quot;estabilizaci&oacute;n&quot; persistan para siempre. No  tienen nada de&nbsp; autom&aacute;tico. Se deben  construir positivamente y requieren de un mantenimiento constante mediante  actividades. Las crisis se&ntilde;alan el comienzo de su desintegraci&oacute;n. Segundo,  debemos tomar nota del car&aacute;cter multidimensional y multiescenario de la  hegemon&iacute;a. No puede construirse o sostenerse sobre <i>un </i>frente &uacute;nico -por  ejemplo, el econ&oacute;mico-. Representa un grado de dominio simult&aacute;neo sobre toda  una serie de distintas &quot;posiciones&quot;. Este dominio no es impuesto, simplemente,  o tiene un car&aacute;cter de dominaci&oacute;n. Es resultado de ganar una buena proporci&oacute;n  del consentimiento popular. As&iacute; pues, representa la adopci&oacute;n de unas medidas  rigurosas de autoridad social y moral, no s&oacute;lo sobre sus seguidores inmediatos  sino tambi&eacute;n sobre la sociedad como un todo. Es esta &quot;autoridad&quot;, y el rango y  diversidad de sitios sobre los que se ejerce el &quot;liderazgo&quot;, lo que hace  posible la propagaci&oacute;n, por un tiempo, de una voluntad colectiva intelectual,  moral y pol&iacute;tica por toda la sociedad. Tercero, quienes &quot;lideran&quot; durante un  periodo de hegemon&iacute;a ya no pueden ser descritos en el lenguaje tradicional como  una &quot;clase dirigente&quot;, sino como un bloque hist&oacute;rico. Esto hace una referencia  cr&iacute;tica a la &quot;clase&quot; como un nivel determinante de an&aacute;lisis; pero <i>no </i>pone clases completas  directamente sobre el escenario pol&iacute;tico-ideol&oacute;gico como actores hist&oacute;ricos  unificados. Los &quot;elementos que lideran&quot; en un bloque hist&oacute;rico pueden ser s&oacute;lo  una fracci&oacute;n de la clase econ&oacute;mica dominante -por ejemplo, del capital  financiero y no el industrial, del nacional y no del internacional-. Asociados a  &eacute;l, dentro del &quot;bloque&quot;, habr&aacute; un estrato de las clases subalternas y dominadas  que se han incorporado a causa de concesiones y compromisos espec&iacute;ficos y que  forman parte de esta constelaci&oacute;n social aun cuando asuman un rol subordinado. &quot;Ganarse&quot;  a estos sectores es resultado de la creaci&oacute;n de &quot;alianzas expansivas,  universalizadoras&quot; que cohesionan al bloque hist&oacute;rico bajo un liderazgo  particular. Cada formaci&oacute;n hegem&oacute;nica tendr&aacute; entonces una configuraci&oacute;n y  composici&oacute;n social espec&iacute;fica. Esto es una forma bastante distinta de  conceptualizar lo que muchas veces ha sido llamado, de manera amplia y poco  precisa, la &quot;clase dirigente&quot;.</p>     <p align="justify">Gramsci, es  claro, no fue quien dio origen al t&eacute;rmino <i>hegemon&iacute;a</i>. Lenin lo us&oacute; en  un sentido anal&iacute;tico para referirse al liderazgo que debi&oacute; establecer el  proletariado sobre los campesinos en Rusia durante las luchas por establecer un  estado socialista. Esto por s&iacute; s&oacute;lo es interesante. Una de las preguntas clave  que plantea el estudio de sociedades en desarrollo -las que no han seguido el  camino &quot;cl&aacute;sico&quot; de desarrollo hacia el capitalismo que Marx tom&oacute; como su caso  paradigm&aacute;tico en <i>El capital </i>(por ejemplo, el  caso de Inglaterra)-, es el equilibrio de y las relaciones entre las distintas  clases sociales en la lucha por el desarrollo nacional y econ&oacute;mico; la  insignificancia relativa del proletariado industrial, definido de manera  limitada, en aquellas sociedades caracterizadas por un bajo nivel de desarrollo  industrial; sobre todo, el grado en el que la clase campesina es un elemento  sobresaliente en las luchas que llevan a la fundaci&oacute;n del estado nacional e,  incluso, en algunos casos -China es el caso m&aacute;s destacado, pero Cuba y Vietnam  son ejemplos significativos- la clase revolucionaria <i>l&iacute;der</i>. Fue en este  tipo de contexto en el que Gramsci utiliz&oacute; por primera vez el t&eacute;rmino hegemon&iacute;a.  En &quot;La cuesti&oacute;n meridional&quot;, ensayo de 1920, arguy&oacute; que el  proletariado en Italia s&oacute;lo podr&iacute;a convertirse en la clase &quot;l&iacute;der&quot; en la medida  que pudiese &quot;lograr la creaci&oacute;n de un sistema de alianzas que le permita movilizar  la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n trabajadora contra el capitalismo y el estado  burgu&eacute;s (...) &#91;lo que&#93; significa hasta el punto en que logre ganar el apoyo de  las amplias masas campesinas&quot;.</p>     <p align="justify">De hecho, esta ya  es una formulaci&oacute;n rica y compleja en teor&iacute;a. Implica que la fuerza social o  pol&iacute;tica que se vuelva decisiva en un momento de crisis org&aacute;nica no estar&aacute;  compuesta por una clase &uacute;nica y homog&eacute;nea, sino que tendr&aacute; una composici&oacute;n social  compleja. Segundo, est&aacute; impl&iacute;cito que la base de su unidad tendr&aacute; que ser, no  algo predeterminado, dado por su posici&oacute;n en el modo de producci&oacute;n econ&oacute;mica,  sino un &quot;sistema de alianzas&quot;. Tercero, aun cuando buena parte de la fuerza  pol&iacute;tica y social tiene sus ra&iacute;ces en la divisi&oacute;n fundamental de la sociedad en  clases, la forma real de la lucha pol&iacute;tica tendr&aacute; un car&aacute;cter social <i>m&aacute;s amplio, </i>no simplemente  por la divisi&oacute;n de la sociedad a lo largo de la l&iacute;nea de &quot;clase versus clase&quot;,  sino polariz&aacute;ndola a lo largo del frente antag&oacute;nico m&aacute;s amplio -&quot;la mayor&iacute;a de  la poblaci&oacute;n trabajadora&quot;-: por ejemplo, entre <i>todas </i>las clases  populares puestas de un lado, y todas las que representan los intereses del  capital y el bloque de poder agrupadas alrededor del estado, del otro. De  hecho, en las luchas nacionales y &eacute;tnicas del mundo moderno el escenario de la  lucha se polariza con frecuencia, precisamente, de esta forma compleja y  diferenciada. La dificultad que se debe enfrentar es que en t&eacute;rminos te&oacute;ricos  con frecuencia sigue siendo descrito con t&eacute;rminos que <i>reducen </i>la complejidad de  su verdadera composici&oacute;n social a unos elementos descriptivos m&aacute;s simples de  lucha entre dos, aparentemente, sencillos y homog&eacute;neos bloques de clase. M&aacute;s a&uacute;n,  la nueva conceptualizaci&oacute;n de Gramsci introduce en la agenda preguntas cr&iacute;ticas  estrat&eacute;gicas tales como los t&eacute;rminos en los que una clase social como el  campesinado puede ser captada a favor de la lucha nacional, no sobre la base de  la compulsi&oacute;n sino por medio de &quot;recibir su consentimiento&quot;.</p>     <p align="justify">En sus escritos  posteriores, Gramsci ampli&oacute; a&uacute;n m&aacute;s la concepci&oacute;n de hegemon&iacute;a, traspasando  esta forma de conceptualizarla &uacute;nicamente mediante las &quot;alianzas de clase&quot;.  Primero, &quot;hegemon&iacute;a&quot; se convierte en un t&eacute;rmino general que puede utilizarse en  las estrategias de <i>todas </i>las clases,  aplic&aacute;ndolo anal&iacute;ticamente a la formaci&oacute;n de todos los bloques hist&oacute;ricos  dirigentes y no s&oacute;lo a la estrategia del proletariado. De esta forma, convierte  el concepto en un t&eacute;rmino anal&iacute;tico m&aacute;s general. Su uso en esta forma m&aacute;s  general es obvio. Por ejemplo, la manera en que en Sud&aacute;frica el estado se  sostiene mediante el establecimiento de alianzas entre los intereses de la  clase dirigente blanca y los de la clase obrera blanca en contra de los negros;  o la importancia que tienen en la pol&iacute;tica sudafricana los intentos por  &quot;recibir el consentimiento&quot; de ciertos grupos y clases subalternas -por  ejemplo, con personas de color o los negros &quot;tribales&quot;- en una estrategia por  forjar alianzas contra la masa de negros rurales e industrializados; o el  car&aacute;cter de clase &quot;mezclada&quot; que tienen todas las luchas por la descolonizaci&oacute;n  a favor de la independencia nacional en las sociedades poscoloniales en  desarrollo. El desarrollo de este concepto esclarece mucho estas y bastantes  otras situaciones hist&oacute;ricas concretas.</p>     <p align="justify">El segundo  desarrollo es la diferencia que establece Gramsci entre una clase que &quot;domina&quot;  y una que &quot;lidera&quot;. La dominaci&oacute;n y la coerci&oacute;n pueden mantener la supremac&iacute;a  de una clase sobre la sociedad, pero su &quot;alcance&quot; es limitado. Depende  constantemente de medios coercitivos en vez del consentimiento. Por esta raz&oacute;n  no es capaz de obtener la participaci&oacute;n positiva de distintas partes de la  sociedad en un proyecto hist&oacute;rico de transformaci&oacute;n del estado o renovaci&oacute;n de  la sociedad. Por otra parte, el &quot;liderazgo&quot; tiene tambi&eacute;n aspectos &quot;coercitivos&quot;,  pero est&aacute; &quot;guiado&quot; por el logro del consentimiento, tomar en cuenta los intereses  subordinados y el intento de hacerse popular. Para Gramsci no existe ning&uacute;n  caso puro de coerci&oacute;n/consentimiento, s&oacute;lo distintas combinaciones de las dos  dimensiones. La hegemon&iacute;a no se ejerce apenas sobre los campos econ&oacute;micos y  administrativos, sino que abarca, adem&aacute;s, los dominios cr&iacute;ticos del liderazgo  cultural, moral, &eacute;tico e intelectual. S&oacute;lo bajo estas condiciones un &quot;proyecto&quot;  hist&oacute;rico a largo plazo -por ejemplo, modernizar la sociedad, elevar su  desempe&ntilde;o total o transformar las bases de la pol&iacute;tica nacional- puede ser  puesto de manera efectiva en la agenda hist&oacute;rica. De esto se desprende que Gramsci  expande el concepto de &quot;hegemon&iacute;a&quot; al hacer uso estrat&eacute;gico de una serie de  diferenciaciones: por ejemplo, entre dominaci&oacute;n/liderazgo,  coerci&oacute;n/consentimiento, econ&oacute;mico-corporativo/moral e intelectual.</p>     <p align="justify">Apuntalando esta  expansi&oacute;n encontramos otra diferenciaci&oacute;n basada en una de las tesis hist&oacute;ricas  fundamentales de Gramsci: la diferenciaci&oacute;n entre estado/sociedad civil. En su  ensayo &quot;Estado y sociedad civil&quot;, elabora de distintas maneras esta  diferenciaci&oacute;n. Primero, traza la diferencia entre dos tipos de lucha: la  &quot;guerra de maniobra&quot;, en la que todo se condensa sobre un solo frente y un solo  momento de lucha, y hay un &uacute;nico rompimiento estrat&eacute;gico de las &quot;defensas del  enemigo&quot; que, una vez logrado, permite que las nuevas fuerzas &quot;entren y  obtengan una victoria (estrat&eacute;gica) definitiva&quot;. Y la &quot;guerra de posiciones&quot;,  que debe ser conducida de manera prolongada a lo largo de frentes distintos y  variados, y en la que rara vez existe una &uacute;nica victoria que gana la guerra de  una vez por todas, &quot;en un abrir y cerrar de ojos&quot;, como dice Gramsci (<i>PN</i>: 233). Lo que de verdad cuenta en una guerra de posiciones no son  las &quot;trincheras de avanzada&quot;, para continuar con la met&aacute;fora militar, sino  &quot;todo el sistema organizativo e industrial del territorio que se encuentra en la  retaguardia del ej&eacute;rcito que est&aacute; en campo&quot;, esto es, toda la estructura social,  incluidas las estructuras e instituciones de la sociedad civil. Gramsci  consideraba &quot;1917&quot;, quiz&aacute;, como el  &uacute;ltimo ejemplo de una estrategia exitosa de &quot;guerra de maniobra&quot;: marc&oacute; &quot;un  punto decisivo en la historia del arte y ciencia de la pol&iacute;tica&quot;.</p>     <p align="justify">Esto se uni&oacute; a  una segunda diferenciaci&oacute;n, entre &quot;oriente&quot; y &quot;occidente&quot;. Para &eacute;l, funciona  como met&aacute;fora para diferenciar entre Europa oriental y occidental, y entre el  modelo de la revoluci&oacute;n rusa y las formas de lucha pol&iacute;tica apropiadas para el terreno  bastante m&aacute;s dif&iacute;cil de las democracias liberales industrializadas de  &quot;occidente&quot;. Aqu&iacute;, trata el problema cr&iacute;tico, evadido durante largo tiempo por  muchos estudiosos marxistas, de la falta de correspondencia o similitud entre  las condiciones pol&iacute;ticas en &quot;occidente&quot; y las que hicieron posible 1917 en Rusia, un problema central, ya que, a pesar de estas  diferencias radicales -y el fracaso subsiguiente de las revoluciones proletarias  del tipo cl&aacute;sico &quot;en occidente&quot;-, los marxistas contin&uacute;an obsesionados por el  modelo de revoluci&oacute;n y pol&iacute;tica tipo &quot;Palacio de invierno&quot;. Por ende, Gramsci  establece una distinci&oacute;n anal&iacute;tica crucial entre la Rusia prerrevolucionaria,  con su modernizaci&oacute;n muy dilatada, su aparato estatal y burocracia henchidos,  su sociedad civil relativamente subdesarrollada y el bajo nivel de desarrollo  capitalista; y, por otro lado, &quot;occidente&quot; y sus formas democr&aacute;ticas de masas,  su compleja sociedad civil, la consolidaci&oacute;n del consentimiento en las masas  por medio de la democracia pol&iacute;tica, d&aacute;ndole una base m&aacute;s consensual al estado.</p>     <blockquote>       <p align="justify">En Rusia, el estado lo era todo, la sociedad civil era arcaica y  gelatinosa; en occidente hab&iacute;a una verdadera relaci&oacute;n entre el estado y la  sociedad civil, y cuando este temblaba, la resistente estructura de la sociedad  civil se revelaba al instante. El estado s&oacute;lo era una trinchera externa detr&aacute;s de  la que hab&iacute;a un poderoso sistema de fortalezas y terraplenes: m&aacute;s o menos  numerosas en uno u otro estado (...) lo que precisamente hac&iacute;a necesario el  reconocimiento preciso de cada pa&iacute;s (<i>PN</i>: 237-238).</p>   </blockquote>     <p align="justify">Gramsci no s&oacute;lo  precisa una diferencia en la especificidad hist&oacute;rica: describe una <i>transici&oacute;n </i>hist&oacute;rica. Es  evidente, como deja en claro &quot;Estado y sociedad civil&quot;, que &eacute;l ve que, cada vez  con m&aacute;s frecuencia, la &quot;guerra de posici&oacute;n&quot; remplazar&aacute; la &quot;guerra de maniobra&quot;,  a medida que las condiciones en &quot;occidente&quot; se hacen progresivamente m&aacute;s  caracter&iacute;sticas de la arena pol&iacute;tica moderna en un pa&iacute;s tras otro (aqu&iacute;,  &quot;occidente&quot; deja de ser una identificaci&oacute;n <i>geogr&aacute;fica </i>para convertirse  en un nuevo terreno de la pol&iacute;tica, creado por las formas emergentes del estado  y la sociedad civil, y relaciones nuevas y m&aacute;s complejas entre estos). En estas  sociedades m&aacute;s &quot;avanzadas&quot;, &quot;donde la sociedad civil se ha vuelto una  estructura muy compleja (...) resistente a las incursiones &#39;catastr&oacute;ficas&#39; del  elemento econ&oacute;mico inmediato (...) las superestructuras de la sociedad civil son  como los sistemas de trinchera de la guerra moderna&quot;. Para este nuevo terreno  es apropiada otro tipo de estrategia pol&iacute;tica. &quot;La guerra de maniobra se ve  reducida a una funci&oacute;n m&aacute;s t&aacute;ctica que estrat&eacute;gica&quot;, y uno pasa de un &quot;ataque  frontal&quot; a una &quot;guerra de posiciones&quot; que requiere de la &quot;concentraci&oacute;n sin  precedentes de hegemon&iacute;a&quot; y es &quot;focalizada, dif&iacute;cil y requiere de calidades  excepcionales de paciencia e inventiva&quot; ya que, una vez que se vence, &quot;es  decisiva&quot; (<i>PN</i>: 238-239).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Gramsci basa esta  &quot;transici&oacute;n de una forma de hacer pol&iacute;tica a otra&quot; en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos: la  emergencia de la democracia moderna de masas, el incremento en la complejidad  del rol y organizaci&oacute;n del estado, y una elaboraci&oacute;n sin precedentes en las  estructuras y procesos de la &quot;hegemon&iacute;a civil&quot; suceden en &quot;occidente&quot; despu&eacute;s  de 1870 y se identifican  con la &quot;expansi&oacute;n colonial de Europa&quot;. A lo que apunta aqu&iacute; es, en parte, a la diversificaci&oacute;n  de los antagonismos sociales, la &quot;dispersi&oacute;n&quot; del poder que se da en sociedades  en las que la hegemon&iacute;a se sostiene no s&oacute;lo por medio de la instrumentalidad  impuesta del estado, sino que se basa en las relaciones e instituciones de la sociedad  civil. En tales sociedades, las asociaciones voluntarias y las relaciones e  instituciones de la sociedad civil -la escolarizaci&oacute;n, la familia, las iglesias  y la vida religiosa, las organizaciones culturales, las as&iacute; llamadas relaciones  privadas, las identidades de g&eacute;nero, sexuales y &eacute;tnicas, etc&eacute;tera- se vuelven,  de hecho, &quot;para el arte de la pol&iacute;tica (...) las &#39;trincheras&#39; y fortificaciones  permanentes del frente en la guerra de posici&oacute;n: vuelven en algo apenas &#39;parcial&#39;,  el elemento de movimiento que antes sol&iacute;a ser el &#39;todo&#39; en la guerra&quot; (<i>PN</i><i>: </i>243).</p>     <p align="justify">Lo que subyace a  todo esto es, por ende, un trabajo m&aacute;s profundo de redefinici&oacute;n te&oacute;rica. En  efecto, Gramsci est&aacute; transformando de manera progresiva la definici&oacute;n del  estado, caracter&iacute;stica en algunas versiones del marxismo, en la que este puede  reducirse, esencialmente, al elemento coercitivo de la clase dominante, sellado  con la impronta de un car&aacute;cter de clase exclusivo que s&oacute;lo puede transformarse  al ser &quot;destrozado&quot; de un solo golpe. Poco a poco llega a hacer &eacute;nfasis no s&oacute;lo  en la complejidad de la formaci&oacute;n de la sociedad civil moderna, sino tambi&eacute;n en  el desarrollo paralelo de la complejidad de la formaci&oacute;n del estado moderno. El  estado no puede seguir siendo concebido, simplemente, como un aparato  administrativo y coercitivo: tambi&eacute;n es &quot;educativo y formativo&quot;. Es el punto a  partir del cual, en &uacute;ltimas, la hegemon&iacute;a se ejerce sobre la sociedad como un  todo, aun cuando no es el &uacute;nico sitio en el que se ejerce. Es el punto de  condensaci&oacute;n, no porque todas las formas de dominaci&oacute;n coercitiva moderna se  irradien necesariamente hacia fuera por medio de sus aparatos, sino porque, en su  estructura contradictoria, <i>condensa </i>distintas relaciones y pr&aacute;cticas en un &quot;sistema de gobierno&quot;  definitivo. Es, por esta raz&oacute;n, el sitio para con-formar (por ejemplo, llamar  al orden) o &quot;adaptar la civilizaci&oacute;n y la moralidad de las masas m&aacute;s amplias a  las necesidades del desarrollo continuo de los aparatos econ&oacute;micos de  producci&oacute;n&quot;.</p>     <p align="justify">Por tanto, dice  que cada estado &quot;es &eacute;tico en tanto que una de sus principales funciones es  elevar a la gran masa de la poblaci&oacute;n a un nivel (o tipo) cultural y moral en  particular, que corresponda a las necesidades de las fuerzas productivas para  el desarrollo y, por ende, a los intereses de la clase dominante&quot; (<i>PN</i>: 258). N&oacute;tese aqu&iacute; c&oacute;mo pone en primer plano <i>nuevas </i>dimensiones del  poder y la pol&iacute;tica, nuevas &aacute;reas de antagonismo y lucha: lo &eacute;tico, lo cultural  y lo moral. Tambi&eacute;n c&oacute;mo, en &uacute;ltimas, vuelve a preguntas m&aacute;s &quot;tradicionales&quot;  -&quot;necesidades de las fuerzas productivas para el desarrollo&quot;, &quot;intereses de la  clase dominante&quot;-, pero <i>no </i>de manera  inmediata o reduccionista. S&oacute;lo nos podemos aproximar a ellas <i>indirectamente, </i>mediante una serie  de desplazamientos y &quot;relevos&quot; necesarios: esto es, por la v&iacute;a del irreversible  &quot;paso de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas (...)&quot;.</p>     <p align="justify">Dentro de este esquema,  Gramsci elabora su nueva concepci&oacute;n del estado. El estado moderno ejerce un  liderazgo moral y educativo -&quot;planea, urge, incita, solicita, castiga&quot;-. Es  donde el bloque de fuerzas sociales que lo domina no s&oacute;lo justifica y mantiene su  dominaci&oacute;n sino donde se gana por su liderazgo y autoridad el consentimiento  manifiesto de aquellos a quienes gobierna. As&iacute; pues, cumple un papel crucial en  la construcci&oacute;n de la hegemon&iacute;a. Bajo esta lectura, se convierte no en una <i>cosa </i>que puede ser  aprehendida, derrocada o &quot;destrozada&quot; de un solo golpe, sino en una <i>formaci&oacute;n </i>compleja dentro  de las sociedades modernas, que debe volverse el foco de una serie de  diferentes estrategias y luchas, porque es una arena donde suceden distintas disputas  sociales.</p>     <p align="justify">Ya deber&iacute;a estar  claro c&oacute;mo estas diferenciaciones y desarrollos en el pensamiento de Gramsci  retroalimentan y enriquecen el concepto b&aacute;sico de &quot;hegemon&iacute;a&quot;. Sus  formulaciones sobre el estado y la sociedad civil var&iacute;an de un lugar a otro en  su obra y han causado alguna confusi&oacute;n (Anderson. 1977. &quot;The antinomies of Antonio Gramsci&quot;. <i>New Left Review</i>. 100). Pero existen pocas dudas acerca de la direcci&oacute;n general de su  pensamiento sobre esta cuesti&oacute;n: se dirige al incremento en la complejidad de  las interrelaciones en las sociedades modernas <i>entre </i>el estado y la sociedad  civil. Tomadas en su conjunto, forman un sistema &quot;complejo&quot; que debe ser objeto  de una estrategia con m&uacute;ltiples flancos, desarrollada sobre distintos frentes  de manera simult&aacute;nea. Usar este concepto de estado transforma por completo, por  ejemplo, la mayor&iacute;a de la literatura sobre el as&iacute; llamado &quot;estado poscolonial&quot;,  que usualmente asume un modelo simple, dominante e instrumental del poder  estatal.</p>     <p align="justify">En este contexto,  la distinci&oacute;n establecida por Gramsci entre &quot;oriente/occidente&quot; no debe tomarse  de manera muy literal. Muchas de las as&iacute; llamadas sociedades &quot;en desarrollo&quot;  tienen reg&iacute;menes democr&aacute;ticos complejos (por ejemplo, en t&eacute;rminos de Gramsci  pertenecen a &quot;occidente&quot;). En otras, el estado ha asumido algunas de los roles  y funciones m&aacute;s amplios en cuanto a educaci&oacute;n y &quot;liderazgo&quot; que en las  democracias liberales occidentales industrializadas tiene la sociedad civil. El  punto, pues, no es el aplicar literal o mec&aacute;nicamente la distinci&oacute;n hecha por  Gramsci sino usar sus ideas para esclarecer las complejidades cambiantes de la  relaci&oacute;n estado/sociedad civil en el mundo moderno y el cambio decisivo en el  car&aacute;cter predominante de las luchas pol&iacute;ticas estrat&eacute;gicas -sobre todo, la  inclusi&oacute;n de la sociedad civil al igual que el estado como escenarios integrales  en la lucha- que ha sido el producto de esta transformaci&oacute;n hist&oacute;rica. Una  concepci&oacute;n ampliada del estado, dice &eacute;l en un punto -flexibilizando las  definiciones un tanto-, debe incluir &quot;sociedad pol&iacute;tica + sociedad civil&quot; o &quot;la  hegemon&iacute;a protegida por la armadura de la coerci&oacute;n&quot; (<i>PN</i>: 263). Pone especial atenci&oacute;n en c&oacute;mo estas distinciones se  articulan de distintas maneras en diversas sociedades (por ejemplo, en la  &quot;separaci&oacute;n de poderes&quot; caracter&iacute;stica en los estados democr&aacute;ticos  parlamentarios, en contraste con las esferas colapsadas en los estados fascistas).  En otro lugar insiste sobre las funciones &eacute;ticas y culturales del estado:  &quot;elevar a la gran masa de la poblaci&oacute;n a un nivel cultural y moral particular&quot;;  y las &quot;funciones educativas cr&iacute;ticas de la escuela -&#39;una funci&oacute;n educativa  positiva&#39;- y las cortes -&#39;una funci&oacute;n educativa represiva y negativa&#39;-&quot;.  Enfatizar en estos puntos trae un amplio rango de nuevas instituciones y  escenarios de lucha a la conceptualizaci&oacute;n tradicional del estado y la  pol&iacute;tica. Las constituye como centros espec&iacute;ficos y estrat&eacute;gicos de lucha. El  efecto es que multiplica y ampl&iacute;a los distintos frentes pol&iacute;ticos y diferencia  los diversos tipos de antagonismos sociales. Los diferentes frentes de lucha  son los variados sitios de antagonismo pol&iacute;tico y social y constituyen los objetos  de la pol&iacute;tica moderna, cuando esta se entiende en la forma de &quot;guerra de  posiciones&quot;. Se desaf&iacute;an o derrocan los &eacute;nfasis tradicionales en los que tipos  diferenciados de lucha -por ejemplo alrededor de la educaci&oacute;n, las pol&iacute;ticas  culturales o sexuales, instituciones de la sociedad civil como la familia,  organizaciones sociales tradicionales, instituciones &eacute;tnicas y culturales y  otras entidades similares- se subordinaban y reduc&iacute;an <i>todos </i>a una lucha  industrial que se condensaba alrededor del lugar de trabajo y a la elecci&oacute;n  simple entre hacer pol&iacute;tica sindical e insurreccional o parlamentaria. El  impacto sobre la mism&iacute;sima concepci&oacute;n de lo que es la pol&iacute;tica es casi  electrizante.</p>     <p align="justify">De los muchos  otros aspectos y t&oacute;picos interesantes en la obra de Gramsci que podr&iacute;amos  considerar, escojo, por &uacute;ltimo, su trabajo fundamental sobre ideolog&iacute;a,  cultura, el rol del intelectual y el car&aacute;cter de lo que &eacute;l llama lo  &quot;nacional-popular&quot;. Gramsci adopta algo que, de primera mano, podr&iacute;a parecer  una definici&oacute;n bastante tradicional de ideolog&iacute;a: una &quot;concepci&oacute;n del mundo,  cualquier filosof&iacute;a, que se convierte en un movimiento cultural, una  &#39;religi&oacute;n&#39;, una &#39;fe&#39;, que haya producido una forma de actividad o voluntad  pr&aacute;ctica en la que una filosof&iacute;a est&eacute; contenida como una &#39;premisa&#39; te&oacute;rica  impl&iacute;cita&quot;. &quot;Uno podr&iacute;a decir&quot;, a&ntilde;ade, &quot;ideolog&iacute;a (...) con la condici&oacute;n que la  palabra se use en su mejor sentido, como una concepci&oacute;n del mundo que se  manifiesta impl&iacute;citamente en el arte, la ley, las actividades econ&oacute;micas y en  todas las manifestaciones de la vida individual y colectiva&quot;. A esto le sigue  el intento por formular de manera clara el problema que trata la ideolog&iacute;a en  t&eacute;rminos de su funci&oacute;n social: &quot;El problema es preservar la unidad ideol&oacute;gica  de todo un bloque social que aquella ideolog&iacute;a consolida y unifica&quot; (<i>PN</i>: 328). Esta definici&oacute;n no es tan sencilla como parece, ya que presume  el v&iacute;nculo esencial entre el n&uacute;cleo o premisa filos&oacute;fico que se encuentra en el  centro de cualquier ideolog&iacute;a o concepci&oacute;n del mundo en particular, y la  elaboraci&oacute;n necesaria de esa concepci&oacute;n hacia formas de conciencia pr&aacute;cticas y  populares que afecten a las amplias masas de la sociedad al tomar la forma de  un movimiento cultural, tendencia pol&iacute;tica, fe o religi&oacute;n. Gramsci <i>nunca </i>se preocupa s&oacute;lo  por el n&uacute;cleo filos&oacute;fico de una ideolog&iacute;a; siempre trata con ideolog&iacute;as <i>org&aacute;nicas</i>, org&aacute;nicas  puesto que se dirigen al sentido com&uacute;n, pr&aacute;ctico y cotidiano y &quot;organizan a las  masas humanas y crean el terreno sobre el que se mueven los hombres, adquieren  conciencia de su posici&oacute;n, luchan, etc&eacute;tera&quot;.</p>     <p align="justify">Esta es la base  para la distinci&oacute;n cr&iacute;tica que hace entre &quot;filosof&iacute;a&quot; y &quot;sentido com&uacute;n&quot;. La  ideolog&iacute;a tiene dos &quot;pisos&quot; diferentes. Su coherencia ideol&oacute;gica depende con  frecuencia de su elaboraci&oacute;n filos&oacute;fica especializada. Pero esta coherencia  formal no puede garantizar su efectividad hist&oacute;rica org&aacute;nica. Eso s&oacute;lo se puede  encontrar donde y cuando unas corrientes filos&oacute;ficas entran, modifican y  transforman la conciencia pr&aacute;ctica y cotidiana o el pensamiento popular de las  masas. Esto &uacute;ltimo es lo que &eacute;l llama &quot;sentido com&uacute;n&quot;. El &quot;sentido com&uacute;n&quot; no es  coherente; por lo general es &quot;desarticulado y epis&oacute;dico&quot;, fragmentado y  contradictorio. En &eacute;l se han sedimentado los rastros y &quot;dep&oacute;sitos estratificados&quot;  de sistemas filos&oacute;ficos m&aacute;s coherentes sin dejar un inventario muy claro. Se ve  representado en la forma de la &quot;sabidur&iacute;a o verdad tradicional heredada&quot;, pero,  de hecho, es fundamentalmente producto de la historia, &quot;parte del proceso hist&oacute;rico&quot;.  &iquest;Por qu&eacute; entonces es tan importante el sentido com&uacute;n? Porque sobre este terreno  de concepciones y categor&iacute;as se forma la conciencia pr&aacute;ctica de las masas del  pueblo. Es el terreno ya formado y que se toma &quot;como algo dado&quot; en el que  ideolog&iacute;as y filosof&iacute;as m&aacute;s coherentes deben luchar por el dominio; el terreno  que deben tomar en cuenta, disputar y transformar nuevas concepciones sobre el  mundo si han de dar forma a las concepciones de las masas y de esa manera ser  efectivas hist&oacute;ricamente.</p>     <blockquote>       <p align="justify">Toda corriente filos&oacute;fica deja detr&aacute;s de s&iacute; un sedimento de  &#39;sentido com&uacute;n&#39;; este es el documento de su efectividad hist&oacute;rica. El sentido com&uacute;n  no es r&iacute;gido e inm&oacute;vil, se transforma continuamente, se enriquece de ideas  cient&iacute;ficas y opiniones filos&oacute;ficas que han entrado a la vida cotidiana. El  sentido com&uacute;n crea el folclor del futuro, esto es, como una fase relativamente  r&iacute;gida del conocimiento popular en alg&uacute;n momento y lugar (<i>PN</i>: 362, pie de p&aacute;gina 5).</p>   </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esta preocupaci&oacute;n  por las estructuras del <i>pensamiento popular </i>distingue la manera como Gramsci trata la ideolog&iacute;a. As&iacute; pues, insiste  en que toda persona es un fil&oacute;sofo o intelectual en la medida en que piensa, ya  que todo pensamiento, acci&oacute;n y lenguaje son reflexivos, contienen un hilo  consciente de conducta moral y, de tal manera, tienen una concepci&oacute;n particular  del mundo -aun cuando no todos tienen la funci&oacute;n especializada &quot;del  intelectual&quot;-.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, una clase  siempre tendr&aacute; un entendimiento espont&aacute;neo, v&iacute;vido pero no elaborado  coherentemente e instintivo, de sus condiciones b&aacute;sicas de vida y la naturaleza  de los constre&ntilde;imientos y formas de explotaci&oacute;n a los que con frecuencia est&aacute;  sujeta. Gramsci describi&oacute; esto &uacute;ltimo como su &quot;buen sentido&quot;. Pero renovar y  clarificar estas construcciones del pensamiento popular -&quot;el sentido com&uacute;n&quot;-  siempre requiere de m&aacute;s trabajo sobre la educaci&oacute;n pol&iacute;tica y las pol&iacute;ticas  culturales, para convertirlas en una teor&iacute;a pol&iacute;tica o corriente filos&oacute;fica m&aacute;s  coherente. Esta &quot;elevaci&oacute;n del pensamiento popular&quot; es parte necesaria del  proceso mediante el que se construye una voluntad colectiva y requiere de un  extenso trabajo de organizaci&oacute;n intelectual -parte esencial de cualquier  estrategia pol&iacute;tica hegem&oacute;nica-. Las creencias populares, la cultura de un  pueblo, sostiene Gramsci, no son escenarios de lucha que se puedan cuidar por  s&iacute; solos. Son &quot;fuerzas materiales en s&iacute; mismas&quot; (<i>PN</i>: 165).</p>     <p align="justify">As&iacute; pues, lograr  o afectar la unidad intelectual y &eacute;tica esencial para formar la hegemon&iacute;a  requiere de una lucha cultural e ideol&oacute;gica larga: lucha que toma la forma de  una &quot;lucha entre hegemon&iacute;as pol&iacute;ticas y en direcciones opuestas, primero en el  campo &eacute;tico y luego en el pol&iacute;tico&quot; (<i>PN</i>: 333). Esto tiene ingerencia directa sobre los tipos de luchas  sociales que identificamos con los movimientos nacionales, anticoloniales y  antirracistas. En su uso de estas ideas, la aproximaci&oacute;n de Gramsci nunca es de  un &quot;progresivo&quot; simplista. Por ejemplo, en el caso italiano reconoce la ausencia  de una cultura popular genuina que podr&iacute;a proveer f&aacute;cilmente la base para la  formaci&oacute;n de una voluntad popular colectiva. Buena parte de su trabajo sobre la  cultura, la literatura popular y la religi&oacute;n explora los terrenos y tendencias  con potencial en la vida y sociedad italianas que podr&iacute;an proveer la base para  tales desarrollos. Muestra en el caso italiano, por ejemplo, el alto grado en  el que el catolicismo popular puede y se ha convertido en una &quot;fuerza popular&quot;  genuina. Le atribuye esto, en parte, a la atenci&oacute;n escrupulosa que el  catolicismo presta a la organizaci&oacute;n de las ideas, y, en especial, a asegurar  la relaci&oacute;n entre el pensamiento filos&oacute;fico o doctrina y la vida popular o el  sentido com&uacute;n. Gramsci se reh&uacute;sa a considerar cualquier noci&oacute;n que asevere que  las ideas se mueven y las ideolog&iacute;as se desarrollan espont&aacute;neamente y sin  direcci&oacute;n. Como cualquier otra esfera de la vida civil, la religi&oacute;n requiere de  organizaci&oacute;n: posee sitios espec&iacute;ficos de desarrollo, procesos espec&iacute;ficos de  transformaci&oacute;n, pr&aacute;cticas espec&iacute;ficas de lucha. &quot;La relaci&oacute;n entre el sentido  com&uacute;n y el nivel m&aacute;s alto de la filosof&iacute;a&quot;, asegura, &quot;est&aacute; asegurada por la &#39;pol&iacute;tica&#39;&quot;  (<i>PN</i>: 331). Los actores m&aacute;s importantes en este proceso son, claro, las  instituciones culturales, educativas y religiosas, la familia y las  asociaciones voluntarias; pero tambi&eacute;n los partidos pol&iacute;ticos, que son, as&iacute;  mismo, centros de formaci&oacute;n ideol&oacute;gica y cultural. Los principales agentes son  los intelectuales, quienes tienen una responsabilidad especial sobre la  circulaci&oacute;n y desarrollo de la cultura y se alinean con las disposiciones  existentes de las fuerzas sociales e intelectuales -los intelectuales  &quot;tradicionales&quot;- o con las fuerzas populares emergentes y buscan crear nuevas  corrientes -los intelectuales &quot;org&aacute;nicos&quot;-. Gramsci es elocuente sobre la  funci&oacute;n cr&iacute;tica, en el caso italiano, de los intelectuales tradicionales,  quienes han sido identificados con la empresa clasicista, acad&eacute;mica y de  archivo, y la relativa debilidad del estrato intelectual emergente.</p>     <p align="justify">Su pensamiento al  respecto incluye formas nuevas y radicales de pensar los <i>sujetos </i>de la ideolog&iacute;a,  que en &eacute;pocas contempor&aacute;neas se han vuelto el objeto de una cantidad  considerable de teorizaci&oacute;n. Rechaza por completo la idea de un sujeto  ideol&oacute;gico unificado preexistente -por ejemplo, el proletario con sus pensamientos  revolucionarios &quot;correctos&quot; o los negros con su ya garantizada conciencia  antirracista-. Reconoce la &quot;pluralidad&quot; de formas de ser e identidades de las  que est&aacute; compuesto el as&iacute; llamado &quot;sujeto&quot; pensante y con ideas. Sostiene que  la naturaleza multifac&eacute;tica de la conciencia no es un fen&oacute;meno individual sino  colectivo, una consecuencia de la relaci&oacute;n entre &quot;el ser&quot; y los discursos  ideol&oacute;gicos que componen el terreno cultural de una sociedad. &quot;La personalidad  es, extra&ntilde;amente, compuesta&quot; observa &eacute;l, y contiene &quot;Elementos de la edad de  piedra y principios de una ciencia m&aacute;s avanzada, prejuicios de todas las fases  pasadas de la historia (...) e intuiciones de una filosof&iacute;a futura (...)&quot; (<i>PN</i>: 324). Gramsci llama la atenci&oacute;n sobre la contradicci&oacute;n presente en  la conciencia entre la concepci&oacute;n del mundo que se manifiesta, as&iacute; sea  fugazmente, en la acci&oacute;n, y las concepciones que se afirman verbalmente o en el  pensamiento. Esta concepci&oacute;n compleja, fragmentada y contradictoria de  conciencia es un avance considerable sobre la explicaci&oacute;n basada en la &quot;falsa  conciencia&quot; que utiliza la teorizaci&oacute;n marxista m&aacute;s tradicional, explicaci&oacute;n  que depende del autoenga&ntilde;o y que &eacute;l trata, de manera acertada, como inadecuada.  Su ataque impl&iacute;cito a la concepci&oacute;n tradicional de &quot;lo dado&quot; y el sujeto de  clase ideol&oacute;gicamente unificado -centrales para mucha de la teorizaci&oacute;n marxista  en esta &aacute;rea-, es muy importante para el desmantelamiento efectivo del estado,  comentado antes.</p>     <p align="justify">Al reconocer que  las cuestiones de ideolog&iacute;a son siempre colectivas y sociales, y no  individuales, Gramsci reconoce de manera expl&iacute;cita el car&aacute;cter complejo e  interdiscursivo del campo ideol&oacute;gico. Nunca hay una &quot;ideolog&iacute;a dominante&quot;,  &uacute;nica, unificada y coherente, que arrase con todo. En este sentido, &eacute;l no  estar&iacute;a de acuerdo con lo que Abercrombie et al. (<i>The dominant ideology  thesis</i>. 1980. Allen &amp; Unwin. Boston) llaman &quot;la tesis de la ideolog&iacute;a  dominante&quot;. La suya no es una concepci&oacute;n sobre la incorporaci&oacute;n total de un  grupo dentro de la ideolog&iacute;a de otro, y a mi parecer, incluir a Gramsci en esta  categor&iacute;a de pensadores es muy enga&ntilde;oso. &quot;Muchos sistemas de pensamiento y  corrientes filos&oacute;ficas coexisten&quot;. Por ende, el objeto de an&aacute;lisis no es esa  &uacute;nica corriente de &quot;ideas dominantes&quot; dentro de la que han sido absorbidas toda  cosa y toda persona, sino, m&aacute;s bien, el an&aacute;lisis de la ideolog&iacute;a como un  terreno diferenciado, las diversas corrientes discursivas, sus puntos de  conjunci&oacute;n y ruptura, y las relaciones de poder entre ellos: en suma, un  complejo o conjunto ideol&oacute;gico, o una <i>formaci&oacute;n </i>discursiva. El problema es &quot;c&oacute;mo se difunden estas corrientes  ideol&oacute;gicas y por qu&eacute; se fracturan a lo largo de ciertas l&iacute;neas y en ciertas direcciones  durante el proceso de difusi&oacute;n&quot;.</p>     <p align="justify">Creo que una  deducci&oacute;n clara de esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n es que, para Gramsci, aun cuando  el campo ideol&oacute;gico siempre se relaciona con distintas posiciones sociales y  pol&iacute;ticas, su forma y estructura <i>no </i>reflejan,  corresponden o son un &quot;eco&quot; preciso de la estructura de clases de una sociedad.  Ni tampoco se les puede reducir a su funci&oacute;n o contenido econ&oacute;mico. Las ideas, arguye  &eacute;l, &quot;tienen un centro de formaci&oacute;n, de irradiaci&oacute;n, de diseminaci&oacute;n, de  persuasi&oacute;n (...)&quot; (<i>PN</i><i>: </i>192). Ni tampoco &quot;nacen espont&aacute;neamente&quot; en cada cerebro  individual. No tienen un car&aacute;cter moralista ni psicologista, &quot;sino estructural  y epistemol&oacute;gico&quot;. Se sostienen y transforman en su materialidad dentro de las  instituciones de la sociedad civil y el estado. En consecuencia, las ideolog&iacute;as  no se transforman o cambian mediante la sustituci&oacute;n de una, completa, ya  formada concepci&oacute;n del mundo por otra, sino al &quot;renovar y criticar una  actividad que ya existe&quot;. Gramsci reconoce de manera expl&iacute;cita el car&aacute;cter  multiacentuado y multidiscursivo del campo de la ideolog&iacute;a cuando, por ejemplo,  describe c&oacute;mo una vieja concepci&oacute;n del mundo es desplazada gradualmente por  otra modalidad de pensamiento y su interior es cambiado y transformado:</p>     <blockquote>       <p align="justify">lo que importa es la cr&iacute;tica a la que se somete tal complejo  ideol&oacute;gico (...). Esto hace posible un proceso de diferenciaci&oacute;n y cambio en el peso  relativo que sol&iacute;an tener los elementos de las viejas ideolog&iacute;as (...) lo que  antes era secundario y subordinado (...) se vuelve el n&uacute;cleo de un nuevo complejo  ideol&oacute;gico y te&oacute;rico. El viejo colectivo de disuelve dentro de sus elementos  contradictorios ya que los que estaban subordinados se desarrollan socialmente  (...).</p>   </blockquote>     <p align="justify">Esto es, en  general, una forma m&aacute;s original y propositiva de percibir el proceso real de la  lucha ideol&oacute;gica. Tambi&eacute;n concibe a la cultura como el terreno formado  hist&oacute;ricamente sobre el que deben operar todas las &quot;nuevas&quot; corrientes  filos&oacute;ficas y te&oacute;ricas, y con la que deben negociar los t&eacute;rminos de su  difusi&oacute;n. Llama la atenci&oacute;n sobre el car&aacute;cter dado y determinado de ese terreno,  y la complejidad de los procesos de deconstrucci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n mediante  los que se desmantelan y producen las viejas alineaciones entre elementos  pertenecientes a distintos discursos y entre las fuerzas sociales y las ideas.  Concibe el cambio ideol&oacute;gico no en t&eacute;rminos de sustituci&oacute;n o imposici&oacute;n, sino,  m&aacute;s bien, de la articulaci&oacute;n y desarticulaci&oacute;n de ideas.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>III.</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">QUEDAN A&Uacute;N POR  ESBOZAR ALGUNAS DE LAS FORMAS EN LAS QUE ESTA perspectiva gramsciana tiene potencial  para usarse en la transformaci&oacute;n y reelaboraci&oacute;n de algunas de las ideas,  teor&iacute;as y paradigmas existentes utilizados en el an&aacute;lisis del racismo y otros fen&oacute;menos  sociales relacionados. De nuevo, debo enfatizar en que <i>no </i>es cuesti&oacute;n de  transferir las ideas particulares de Gramsci a estas preguntas. M&aacute;s bien,  implica usar una <i>perspectiva </i>te&oacute;rica particular  para tratar algunos de los problemas centrales de &iacute;ndole te&oacute;rica y anal&iacute;tica  que definen el campo de estudio.</p>     <p align="justify">Primero, subrayar&iacute;a  el &eacute;nfasis en la especificidad hist&oacute;rica. Sin duda, el racismo tiene algunos  rasgos generales. Pero son m&aacute;s significativas a&uacute;n las formas en que la  especificidad hist&oacute;rica de los contextos y ambientes en los que se vuelven  activos esos rasgos los modifica y los transforma. En el an&aacute;lisis de formas  hist&oacute;ricas particulares de racismo har&iacute;amos bien en trabajar a un nivel de  abstracci&oacute;n m&aacute;s concreto e historizado -por ejemplo, no el racismo en general,  sino los racismos-. Incluso dentro del caso limitado que conozco mejor -por  ejemplo, Gran Breta&ntilde;a-, dir&iacute;a que las diferencias entre el racismo brit&aacute;nico en  su &quot;alto&quot; periodo imperial y el que caracteriza a la formaci&oacute;n social brit&aacute;nica  ahora, en un periodo de relativa decadencia econ&oacute;mica, cuando ya no se enfrenta  el asunto en el marco colonial sino como parte de la fuerza de trabajo ind&iacute;gena  y el r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n dentro de la econom&iacute;a dom&eacute;stica, son m&aacute;s grandes y  m&aacute;s significativas que las similitudes. Con frecuencia es poco m&aacute;s que una  postura gestual que nos convence de manera enga&ntilde;osa de que, como el racismo en  todos lados es una pr&aacute;ctica profundamente antihumana y antisocial, por ende en  todos lados es <i>igual</i>, bien sea en sus  formas, sus relaciones con otras estructuras y procesos, o en sus efectos.  Gramsci s&iacute; nos ayuda, considero, a interrumpir de manera decisiva esta  homogeneizaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Segundo, y  relacionado con esto, llamar&iacute;a la atenci&oacute;n sobre el &eacute;nfasis, que surge de la  experiencia hist&oacute;rica de Italia, que hizo que Gramsci le diera un peso considerable  a las caracter&iacute;sticas <i>nacionales </i>como un nivel  importante de determinaci&oacute;n, y a las disparidades regionales. No existe una  &quot;ley del desarrollo&quot; homog&eacute;neo que tenga el mismo impacto en cada aspecto de la  formaci&oacute;n social. Necesitamos entender mejor las tensiones y contradicciones  generadas por las temporalidades y direcciones dispares del desarrollo  hist&oacute;rico. El racismo y las pr&aacute;cticas y estructuras racistas suceden con  frecuencia en algunos, pero no en todos los sectores de la formaci&oacute;n social; su  impacto es profundo pero desigual; y su misma disparidad en t&eacute;rminos de impacto  puede ayudar a profundizar y exacerbar esos antagonismos sectoriales contradictorios.</p>     <p align="justify">Tercero,  subrayar&iacute;a la aproximaci&oacute;n no-reduccionista a las preguntas sobre la interrelaci&oacute;n  entre clase y raza. Este ha demostrado ser uno de los problemas te&oacute;ricos m&aacute;s  complejos y dif&iacute;ciles de tratar, y con frecuencia ha llevado a la adopci&oacute;n de  una u otra posici&oacute;n extremista. O bien uno &quot;privilegia&quot; la relaci&oacute;n de clase subyacente,  haciendo &eacute;nfasis en que todas las fuerzas laborales &eacute;tnica y racialmente  diferenciadas est&aacute;n sujetas a las mismas relaciones de explotaci&oacute;n dentro del  capital; o uno enfatiza en el car&aacute;cter central de las categor&iacute;as y divisiones  &eacute;tnicas y raciales a expensas de la estructura fundamental de clases de la  sociedad. Aunque estos dos extremos parecer&iacute;an estar diametralmente opuestos,  de hecho son inversos, reflejos de cada uno, en el sentido en que <i>ambos </i>se sienten  impelidos a producir un principio determinante &uacute;nico y exclusivo de  articulaci&oacute;n -clase <i>o </i>raza- aun cuando  no se pongan de acuerdo sobre cu&aacute;l debiera tener el signo privilegiado. Me  parece que el hecho de que Gramsci adoptara una aproximaci&oacute;n no-reduccionista  hacia los problemas de clase, unido a su entendimiento sobre la conformaci&oacute;n  profundamente hist&oacute;rica de una formaci&oacute;n social espec&iacute;fica, s&iacute; ayuda a mostrar  el camino hacia una aproximaci&oacute;n no-reduccionista del problema raza/clase.</p>     <p align="justify">Esto se ve  enriquecido por la atenci&oacute;n puesta por &eacute;l en lo que podr&iacute;amos llamar la calidad  culturalmente espec&iacute;fica de las formaciones de clase en cualquier sociedad  espec&iacute;fica en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos. &Eacute;l nunca comete el error de creer que,  porque la ley general del valor tiene la tendencia a homogeneizar las fuerzas laborales  a lo largo de la &eacute;poca capitalista, entonces, por ende, se puede asumir que  esta homogeneizaci&oacute;n s&iacute; existe en cualquier sociedad en particular. En efecto,  creo que toda la aproximaci&oacute;n de Gramsci nos lleva a cuestionar la validez de  esa ley general en su forma tradicional, puesto que, precisamente, es lo que  nos ha animado a descuidar las formas en las que la ley del valor, cumpli&eacute;ndose  a una escala global en oposici&oacute;n a una escala meramente dom&eacute;stica, obra por  medio de y <i>debido </i>al car&aacute;cter culturalmente  espec&iacute;fico de la fuerza laboral, y no por -como nos quisiera hacer creer la  teor&iacute;a cl&aacute;sica- la erosi&oacute;n sistem&aacute;tica de aquellas diferencias como una parte  inevitable de una tendencia hist&oacute;rica mundial en nuestra &eacute;poca. Desde luego, cuando  quiera que nos alejamos del modelo &quot;euroc&eacute;ntrico&quot; del desarrollo capitalista -e  incluso dentro de ese modelo- lo que en verdad encontramos son las m&uacute;ltiples  formas en las que el capital puede preservar, adaptar a su trayectoria  fundamental, aprovechar y explotar estas cualidades particulares de la fuerza laboral,  incorpor&aacute;ndolas a sus reg&iacute;menes. La estructuraci&oacute;n &eacute;tnica y racial de la fuerza  laboral, al igual que su composici&oacute;n en t&eacute;rminos de g&eacute;nero, puede ofrecer una  cortapisa a las tendencias &quot;globales&quot; del desarrollo capitalista racionalmente  concebidas. Y, sin embargo, estas distinciones se han mantenido, y, en efecto,  han sido <i>desarrolladas y  refinadas</i>, en la expansi&oacute;n  del modo capitalista. Han contribuido los medios para generar las formas  diferenciadas de explotaci&oacute;n de los distintos sectores de una fuerza laboral  fracturada. En ese contexto, sus efectos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y sociales han  sido profundos. Podr&iacute;amos avanzar mucho m&aacute;s en el camino para entender c&oacute;mo funciona  el r&eacute;gimen del capital <i>por medio </i>de la diferenciaci&oacute;n y la diferencia, en vez de la similitud y  la identidad, si tom&aacute;semos m&aacute;s en serio esta cuesti&oacute;n de la composici&oacute;n  cultural, social, nacional, &eacute;tnica y de g&eacute;nero de las formas laborales  hist&oacute;ricamente distintas y espec&iacute;ficas. Aun cuando Gramsci no es un te&oacute;rico  general del modo capitalista, s&iacute; nos se&ntilde;ala de manera inalterable en esa  direcci&oacute;n.</p>     <p align="justify">M&aacute;s a&uacute;n, su  an&aacute;lisis tambi&eacute;n se&ntilde;ala hacia la forma en que se pueden <i>combinar </i>distintos modos  de producci&oacute;n dentro de la misma formaci&oacute;n social; lo que no s&oacute;lo lleva a  especificidades y desigualdades regionales, sino a modalidades diferenciadas de  incorporaci&oacute;n de los as&iacute; llamados sectores &quot;atrasados&quot; dentro del r&eacute;gimen  social del capital -por ejemplo, el sur de Italia dentro de la formaci&oacute;n italiana;  el sur &quot;Mediterr&aacute;neo&quot; dentro de los m&aacute;s avanzados sectores de la Europa  industrial del &quot;norte&quot;; las econom&iacute;as &quot;campesinas&quot; perif&eacute;ricas en las  sociedades asi&aacute;ticas y latinoamericanas en su camino hacia el desarrollo  capitalista dependiente; los enclaves &quot;coloniales&quot; dentro del desarrollo de los  reg&iacute;menes capitalistas metropolitanos; hist&oacute;ricamente, las sociedades  esclavistas como un aspecto integral del desarrollo capitalista primitivo de  los poderes metropolitanos; las fuerzas laborales &quot;migrantes&quot; dentro de los  mercados laborales dom&eacute;sticos; los &quot;Bantustanes&quot; dentro de las supuestamente  sofisticadas econom&iacute;as capitalistas, etc&eacute;tera-. En t&eacute;rminos te&oacute;ricos, lo que se  debe notar es la manera persistente en que <i>estas </i>formas espec&iacute;ficas  y diferenciadas de &quot;incorporaci&oacute;n&quot; han sido asociadas consistentemente con la  aparici&oacute;n de rasgos sociales racistas, &eacute;tnicamente segmentados, y otras  caracter&iacute;sticas similares.</p>     <p align="justify">Cuarto, est&aacute; el  asunto del car&aacute;cter no-homog&eacute;neo del &quot;sujeto de clase&quot;. Las aproximaciones que  privilegian la clase, en oposici&oacute;n a la estructuraci&oacute;n racial de las clases  obreras o campesinas, por lo general se basan en la presunci&oacute;n de que, debido a  que el modo de explotaci&oacute;n en relaci&oacute;n con el capital es el mismo entonces el  &quot;sujeto de clase&quot; en cualesquiera de estos modos de explotaci&oacute;n no s&oacute;lo debe  tener unidad econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica. Como dije arriba,  ahora existen buenas razones para cualificar el sentido en el que la operaci&oacute;n  de los modos de explotaci&oacute;n sobre distintos sectores de la fuerza laboral <i>son </i>&quot;iguales&quot;. En  cualquier caso, la aproximaci&oacute;n de Gramsci, que diferencia el proceso  condicionado, los distintos &quot;momentos&quot; y el car&aacute;cter contingente de la  transici&oacute;n de &quot;clase en s&iacute; misma&quot; hacia &quot;clase por s&iacute; misma&quot;, o de los momentos  de desarrollo social &quot;econ&oacute;mico-corporativo&quot; al &quot;hegem&oacute;nico&quot;, s&iacute; problematiza de  manera radical y decisiva las nociones un tanto simples de unidad. Incluso el  momento &quot;hegem&oacute;nico&quot; ya no se conceptualiza como un momento de unidad <i>sencilla, </i>sino como un  proceso de unificaci&oacute;n -que nunca se cumple en su totalidad-, fundado sobre  alianzas estrat&eacute;gicas entre distintos sectores y no sobre una identidad  preasignada. Su car&aacute;cter surge de la presunci&oacute;n fundamental de que no hay una  identidad o correspondencia autom&aacute;tica entre las pr&aacute;cticas econ&oacute;micas,  pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas. Esto explica c&oacute;mo se puede construir la diferencia  &eacute;tnica y racial bajo la forma de un conjunto de antagonismos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos  o ideol&oacute;gicos <i>dentro </i>de una clase que  se encuentra sujeta a m&aacute;s o menos las mismas formas de explotaci&oacute;n con respecto  a la propiedad sobre y la expropiaci&oacute;n de los &quot;medios de producci&oacute;n&quot;. Esto  &uacute;ltimo, que se ha vuelto algo as&iacute; como un talism&aacute;n m&aacute;gico que diferencia la  definici&oacute;n marxista de clase de otros modelos y estratificaciones m&aacute;s  pluralistas, ya ha sobrepasado su utilidad te&oacute;rica a la hora de explicar las  verdaderas y concretas <i>din&aacute;micas </i>hist&oacute;ricas dentro y entre los distintos sectores y segmentos  dentro de las clases.</p>     <p align="justify">Quinto, ya hice  referencia a la ausencia de una supuesta correspondencia entre las dimensiones  econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas en el modelo gramsciano. Pero aqu&iacute;, con el  fin de hacer un &eacute;nfasis espec&iacute;fico, escoger&iacute;a las consecuencias <i>pol&iacute;ticas </i>de esta falta de  correspondencia. Esto tiene el efecto te&oacute;rico de forzarnos a abandonar las  construcciones esquem&aacute;ticas sobre c&oacute;mo <i>deber&iacute;an, </i>de manera ideal y abstracta, funcionar las clases en t&eacute;rminos  pol&iacute;ticos, para acoger el estudio concreto acerca de c&oacute;mo <i>s&iacute; </i>funcionan bajo  condiciones hist&oacute;ricas reales. Con frecuencia, una consecuencia del antiguo  modelo de correspondencia ha sido que el an&aacute;lisis de clases y otras fuerzas  sociales relacionadas <i>como </i>fuerzas  pol&iacute;ticas, y el estudio de la arena pol&iacute;tica como tal, se ha vuelto una actividad  un tanto esquem&aacute;tica, autom&aacute;tica y residual. &iquest;Si, pues claro, existe  &quot;correspondencia&quot;, y adem&aacute;s &quot;prima&quot; lo econ&oacute;mico sobre otros factores determinantes,  para qu&eacute; malgastar el tiempo analizando la arena pol&iacute;tica cuando s&oacute;lo es el  reflejo, desplazado y subordinado, de las determinaciones de lo econ&oacute;mico &quot;en  una &uacute;ltima instancia&quot;? Ciertamente a Gramsci no se le ocurri&oacute;, siquiera por un momento,  considerar tal reduccionismo. &Eacute;l sab&iacute;a que estaba analizando formaciones  estructuralmente complejas y no unas simples y transparentes. Sab&iacute;a que la  pol&iacute;tica tiene sus propias formas, temporalidades y trayectorias &quot;relativamente  aut&oacute;nomas&quot; que deben ser estudiadas por derecho propio, con sus propios conceptos  y poniendo atenci&oacute;n sobre sus efectos reales y retroactivos. M&aacute;s a&uacute;n, Gramsci  ha puesto en juego una serie de conceptos clave que nos ayudan a diferenciar  esta regi&oacute;n, en t&eacute;rminos te&oacute;ricos, en la que conceptos tales como hegemon&iacute;a, bloque  hist&oacute;rico, &quot;partido&quot; en su sentido m&aacute;s amplio, revoluci&oacute;n pasiva, transformismo,  intelectuales tradicionales y org&aacute;nicos, y alianza estrat&eacute;gica, constituyen  s&oacute;lo los comienzos de una gama bien distintiva y original. Queda por demostrar  c&oacute;mo el estudio de la pol&iacute;tica en situaciones racialmente estructuradas o  dominadas puede ser ilustrado de manera positiva mediante la aplicaci&oacute;n  rigurosa de estos conceptos reci&eacute;n formulados.</p>     <p align="justify">Sexto, se podr&iacute;a  usar un argumento similar con respecto al estado. En relaci&oacute;n con las luchas  &eacute;tnicas y raciales, ha sido definido de forma consistente en una manera  exclusivamente coercitiva, dominante y conspiratoria. De nuevo, Gramsci rompe irrevocablemente  con esas tres caracterizaciones. Su diferenciaci&oacute;n entre dominaci&oacute;n/direcci&oacute;n,  unida al rol &quot;educativo&quot; del estado, su car&aacute;cter ideol&oacute;gico, su posici&oacute;n en la  construcci&oacute;n de estrategias hegem&oacute;nicas -sin importar qu&eacute; tan crudas sean en su  formulaci&oacute;n original- puede transformar el estudio del estado en relaci&oacute;n con  las pr&aacute;cticas racistas y el fen&oacute;meno relacionado del &quot;estado poscolonial&quot;. El  uso sutil que hace de la distinci&oacute;n entre estado/sociedad civil -incluso cuando  fluct&uacute;a en su propio trabajo- es una herramienta te&oacute;rica muy flexible, y puede  llevar a los analistas a que pongan atenci&oacute;n de manera m&aacute;s seria sobre aquellas  instituciones y procesos dentro de la as&iacute; llamada &quot;sociedad civil&quot; en  formaciones sociales racialmente estructuradas, de lo que lo han hecho en el  pasado. La escolarizaci&oacute;n, las organizaciones culturales, la vida familiar y  sexual, los patrones y modalidades de asociaci&oacute;n civil, las iglesias y religiones,  las formas comunales u organizativas, las instituciones espec&iacute;ficamente &eacute;tnicas  y muchos otros sitios similares cumplen un rol vital en dar, sostener y  reproducir a distintas sociedades en una forma racialmente estructurada. En cualquier  an&aacute;lisis influenciado por Gramsci dejar&iacute;an de ser relegados a un lugar  superficial en el an&aacute;lisis.</p>     <p align="justify">S&eacute;ptimo, y  continuando con esta misma l&iacute;nea, uno podr&iacute;a notar la centralidad que el  an&aacute;lisis de Gramsci da siempre al factor <i>cultural </i>dentro del desarrollo social. Por cultura me refiero al terreno  concreto y real de las pr&aacute;cticas, representaciones, lenguajes y costumbres de  cualquier sociedad hist&oacute;rica en particular. Tambi&eacute;n a las formas  contradictorias del &quot;sentido com&uacute;n&quot; que se han enraizado en y que han ayudado a  darle forma a la vida popular. Incluir&iacute;a, as&iacute; mismo, todo aquel rango de  cuestiones que Gramsci agrup&oacute; bajo el t&iacute;tulo &quot;lo nacional-popular&quot;. &Eacute;l entiende  que constituyen un aspecto crucial para la construcci&oacute;n de una hegemon&iacute;a  popular. Son algo clave que est&aacute; en juego como objetos de la lucha y pr&aacute;ctica  pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica. Constituyen un recurso nacional para el cambio, al igual  que una barrera potencial para el desarrollo de una nueva voluntad colectiva.  Por ejemplo, Gramsci entend&iacute;a perfectamente c&oacute;mo el catolicismo popular se  hab&iacute;a constituido, en el caso italiano, en una alternativa formidable al  desarrollo de una cultura &quot;nacional- popular&quot; secular y progresiva; c&oacute;mo en  Italia deber&iacute;a ser enfrentado y no simplemente ignorado. Tambi&eacute;n entend&iacute;a, como  muchos otros no pudieron, el rol del fascismo en Italia al &quot;hegemonizar&quot; el  car&aacute;cter atrasado de la cultura nacional-popular y convertirlo en una formaci&oacute;n  nacional reaccionaria con una base y apoyo populares genuinos. Transferido a  otras situaciones comparables, en las que la raza y la etnicidad siempre han  tenido poderosas connotaciones nacionales-populares, el &eacute;nfasis puesto por  Gramsci deber&iacute;a ser muy ilustrativo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por &uacute;ltimo,  citar&iacute;a el trabajo de Gramsci en el campo ideol&oacute;gico. Es claro que aun cuando  el racismo no es un fen&oacute;meno exclusivamente ideol&oacute;gico, s&iacute; tiene unas  dimensiones ideol&oacute;gicas cr&iacute;ticas. Por ende, la relativa crudeza y reduccionismo  de las teor&iacute;as materialistas sobre la ideolog&iacute;a han probado ser un impedimento considerable  para el muy necesario trabajo anal&iacute;tico en esta &aacute;rea. El an&aacute;lisis se ha quedado  corto, en especial, por una concepci&oacute;n homog&eacute;nea y no-contradictoria de la  conciencia y la ideolog&iacute;a, que ha dejado a la mayor&iacute;a de los analistas sin  defensa cuando se les obliga a explicar, digamos, la raz&oacute;n de ser de las ideolog&iacute;as  racistas en la clase obrera o dentro de instituciones relacionadas como los  sindicatos, que en abstracto deber&iacute;an estar dedicadas a apoyar posiciones  antiracistas. Si bien el fen&oacute;meno del &quot;racismo de la clase obrera&quot; no es el <i>&uacute;nico </i>que requiere de una  explicaci&oacute;n, ha probado ser muy resistente al an&aacute;lisis.</p>     <p align="justify">Toda la  aproximaci&oacute;n de Gramsci a la cuesti&oacute;n de la formaci&oacute;n y transformaci&oacute;n del  campo ideol&oacute;gico, a la conciencia popular y sus procesos de formaci&oacute;n,  desestabiliza de manera decisiva este problema. Demuestra que las ideolog&iacute;as  subordinadas son necesaria e inevitablemente contradictorias: &quot;Elementos de la  edad de piedra y principios de una ciencia m&aacute;s avanzada, prejuicios de todas  las fases anteriores de la historia &nbsp;(...)  e intuiciones de una filosof&iacute;a futura (...)&quot;. Demuestra que el supuesto &quot;ser&quot; que  amarra todas estas formaciones ideol&oacute;gicas no es un sujeto unificado sino  contradictorio, y una construcci&oacute;n social. As&iacute; pues, nos ayuda a entender una  de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s comunes y menos explicadas del &quot;racismo&quot;: la &quot;sujeci&oacute;n&quot;  de las v&iacute;ctimas del racismo a las mistificaciones de las ideolog&iacute;as racistas  que los encarcelan y definen. Demuestra c&oacute;mo unos elementos dis&iacute;miles y  frecuentemente contradictorios se pueden entretejer con e integrar en distintos  discursos ideol&oacute;gicos; pero tambi&eacute;n, la naturaleza y valor de la lucha  ideol&oacute;gica que busca transformar las ideas y el &quot;sentido com&uacute;n&quot; de las masas.  Todo esto es de la m&aacute;s profunda importancia para el an&aacute;lisis de las ideolog&iacute;as  racistas y para la importancia, dentro de este, de la lucha ideol&oacute;gica.</p>     <p align="justify">De todas estas  distintas maneras, y sin duda de otras que no he tenido tiempo de desarrollar  aqu&iacute;, Gramsci es, al analizarlo m&aacute;s de cerca, y a <i>pesar de </i>su posici&oacute;n  aparentemente &quot;euroc&eacute;ntrica&quot;, una de las fuentes te&oacute;ricas m&aacute;s fruct&iacute;feras, al  igual que de las menos conocidas y entendidas, de nuevas ideas, paradigmas y  perspectivas en los estudios contempor&aacute;neos sobre fen&oacute;menos sociales  racialmente estructurados.</p> <hr size="1" /> </font>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Notas</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a>  Este art&iacute;culo fue publicado originalmente en <i>The  Journal of Communication Inquiry. </i>1986. 10 (2): 5-27,  University of Iowa, School of Communication Studies. La <i>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a </i>adquiri&oacute; los derechos para su traducci&oacute;n y publicaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#s**" name="**"><sup>**</sup></a> En ese momento, Stuart Hall era profesor del  Open University, de la que se retir&oacute; en 1997. La cursiva en el  manuscrito es del autor (nota del traductor).</p>     <p align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a>. Este ensayo fue escrito para ser le&iacute;do en el  coloquio sobre Perspectivas te&oacute;ricas en el an&aacute;lisis del racismo y la etnicidad,  organizada en 1985 por la divisi&oacute;n de derechos humanos y paz de la  Unesco, Par&iacute;s.</p>     <p align="justify"><a href="#spie2" name="pie2">2</a>. Algunos vol&uacute;menes de esta edici&oacute;n cr&iacute;tica de ocho  vol&uacute;menes que recopila su obra ya han sido publicados, mientras escrib&iacute;a, como <i>Scriti </i>por Einaudi en Tur&iacute;n. En ingl&eacute;s existen numerosas  recopilaciones de su obra, agrupadas bajo distintos encabezados, incluyendo la  excelente edici&oacute;n de G. Nowell Smith y Q. Hoare (International Publications. Nueva  York. 1971). <i>Selections  from the prison notebooks</i>, los dos vol&uacute;menes de <i>Political  writings </i>1910 <i>-</i>1920 <i>, </i>1921 <i>-</i>1926 (International  Publications. Nueva York. 1977,  1978) y la m&aacute;s reciente <i>Selections from  cultural writings </i>(Harvard University Press.  Cambridge. 1985), editado por D. Forgacs y G. Nowell Smith.  Todas las referencias y citas en este ensayo son de las traducciones al ingl&eacute;s  arriba citadas.</p>     <p align="justify"><a href="#spie3" name="pie3">NdelT</a>. Desde la fecha de publicaci&oacute;n de este ensayo,  hace ya m&aacute;s o menos veinte a&ntilde;os, las publicaciones sobre Gramsci y  recopilaciones de su obra en distintos formatos e idiomas han aumentado de  manera exponencial. En espa&ntilde;ol se encuentra disponible <i>Cuadernos de la c&aacute;rcel </i>en edici&oacute;n completa (6 vol&uacute;menes)  a cargo de Valentino Gerratana (Ediciones Era-Universidad Aut&oacute;noma de Puebla. 2001,  2005) y <i>Cartas de la c&aacute;rcel, </i>1926<i>-</i>1937 (Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, Fondazione Istituto Gramsci,  Ediciones Era. 2003) a cargo de Dora Kanoussi.</p>     <p align="justify"><a href="#spie4" name="pie4">N. del T.</a> Hall usa un juego de palabras en el  original para referirse a los cuadernos, ya que Notebooks es, literalmente,  cuaderno de notas o anotaciones, y los describe como tal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#s+" name="+"><sup>+</sup></a> Louis Althusser y Etienne Balibar. 1977. <i>Para leer El capital</i>. Siglo XXI M&eacute;xico (nota del traductor).</p> </font>      ]]></body>
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