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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana">     <p align="left">RESE&Ntilde;AS</p> </font>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>CANNIBAL TALK: THE MAN-EATING MYTH AND HUMAN SACRIFICE IN THE SOUTH SEAS.</b></font></p> <font size="2" face="verdana"> </font>    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><b>GANANATH OBEYESEKERE</b></font></p>     <p align="center"><font size="2" face="verdana">  University of California Press. Berkeley y Los Angeles. 2005</font></p> <font size="2" face="verdana"><hr size="1" />     <p align="justify">EL CANIBALISMO ES  UNA DE LAS GRANDES OBSESIONES DE OCCIDENTE. Aparte de las  m&uacute;ltiples referencias que es posible encontrar de &eacute;ste en relaci&oacute;n con el Otro,  al <i>primitivo</i>, hoy puede verse  en novelas, cuentos, pel&iacute;culas y hasta en las noticias relacionadas con  cr&iacute;menes atroces vinculados a des&oacute;rdenes mentales y fantas&iacute;as asesinas, que  tambi&eacute;n pueden asociarse al vampirismo. Algunos arque&oacute;logos y antrop&oacute;logos  f&iacute;sicos se esmeran en encontrar sus huellas en sociedades desaparecidas, huesos  humanos con se&ntilde;ales de mordidas o en an&aacute;lisis moleculares; antrop&oacute;logos  materialistas deducen que su pr&aacute;ctica se debe a la falta de acceso a prote&iacute;nas,  mientras que otros niegan su existencia, pues no hay pruebas fehacientes y  registradas con rigor cient&iacute;fico al respecto. Otros antrop&oacute;logos sugieren que  el canibalismo hace parte de la manera como se construyen ontol&oacute;gicamente los  seres dentro de determinadas cosmolog&iacute;as. En fin, si algo parece cierto en  relaci&oacute;n con el canibalismo es que est&aacute; relacionado con la construcci&oacute;n de la  alteridad.</p>     <p align="justify">El libro <i>Cannibal talk:  The man-eating myth and human sacrifice in the South Seas</i>, del antrop&oacute;logo  cingal&eacute;s Gananath Obeyesekere, tiene el objetivo de explicar algunos aspectos  fundamentales sobre el canibalismo. Si bien es cierto que el libro podr&iacute;a  tomarse como la continuaci&oacute;n de su debate con Marshall Sahlins, debate surgido  a partir de los argumentos de Obeyesekere en su libro <i>The apotheosis  of captain Cook: European mythmaking in the Pacific </i>(1992) en relaci&oacute;n con el libro de Sahlins <i>Islands of  history </i>(1987) y cuya respuesta fue <i>How &quot;Natives&quot; think: About captain Cook, for example </i>(1996), Obeyesekere no pretende refutar directamente a Sahlins, sino  explicar las razones por las que los europeos siempre estuvieron obsesionados  por el canibalismo de los nativos.</p>     <p align="justify">A partir de la  deconstrucci&oacute;n y restauraci&oacute;n de las continuidades y quiebras entre la cultura  tradicional o precolonial, en especial de los maor&iacute;, y la llegada de los  blancos, analizadas en diarios y relatos de viaje que describ&iacute;an al canibalismo  como una realidad en los mares del sur, Obeyesekere intenta probar que el canibalismo  puede verse como una proyecci&oacute;n europea del Otro, y como tal, se deriva del  discurso occidental sobre el Otro. Obeyesekere establece una distinci&oacute;n entre  el canibalismo y la antropofagia: el primero es discursivo mientras que la  segunda es una pr&aacute;ctica asociada al sacrificio humano. Al situar al canibalismo  como una pr&aacute;ctica discursiva, el registro etnogr&aacute;fico est&aacute; lleno de fantas&iacute;as  como el endo-canibalismo, que no ser&iacute;a m&aacute;s que un tipo de antropofagia  mortuoria. Esto sugiere que el canibalismo estar&iacute;a enmarcado dentro del <i>salvajismo</i>, una suerte de <i>orientalismo</i>, que construy&oacute;  desde la mirada europea, tanto positiva como negativamente, al <i>salvaje </i>a lo largo y  ancho del planeta. Y ello s&oacute;lo fue posible a partir de las navegaciones y  exploraciones de los nuevos mundos descubiertos por los europeos desde el siglo  quince, as&iacute; como a los propios temores europeos y todo su inventario medieval  de seres monstruosos y fant&aacute;sticos.</p>     <p align="justify">La preocupaci&oacute;n  occidental por el canibalismo estar&iacute;a asociada con las tradiciones mitol&oacute;gicas  europeas, que desde los griegos hacen referencia a comer carne humana o a beber  sangre humana, y cuyas tem&aacute;ticas recurrentes y reconocidas por los viajeros  europeos entre distintas sociedades nativas habr&iacute;an formado unos mitemas  circulantes aplicados indistintamente a los nativos de cualquier parte del  globo terrestre. Esto no significa que los europeos estuvieran alejados de la  posibilidad de comer carne humana, ya que esta pr&aacute;ctica fue validada en los  casos en que marineros y n&aacute;ufragos, bajo condiciones de extrema supervivencia, ten&iacute;an  que echar mano de alguno de sus compa&ntilde;eros de infortunio para proveerse de  alimento. La legitimidad de esta pr&aacute;ctica se opon&iacute;a a esa visi&oacute;n del nativo  como &quot;comedor de hombres&quot; y celebrador de banquetes can&iacute;bales, lo que se  asociaba tambi&eacute;n a festines sat&aacute;nicos. Claro, en esa &eacute;poca nadie iba a  considerar que buena parte de la persecuci&oacute;n que sufrieron los cristianos en  Roma hasta el siglo cuarto obedec&iacute;a a la acusaci&oacute;n de que ellos se reun&iacute;an para  comer carne de ni&ntilde;os.</p>     <p align="justify">Obeyesekere  sugiere que la antropofagia en gran escala fue resultado del contacto, ya que  los nativos crearon contradiscursos sobre el canibalismo porque pensaron que  los europeos eran los can&iacute;bales. Pero, &iquest;por qu&eacute; los ind&iacute;genas pensaron que los  europeos eran can&iacute;bales y se acercaban en ocasiones a ellos para ofrecer alguna  porci&oacute;n de carne humana? Hay varias razones, entre ellas las pr&aacute;cticas de  colgar cabezas de nativos en los postes de los barcos para atemorizarlos, o  quiz&aacute; responder simb&oacute;licamente a la violencia introducida por el contacto,  devorando a los blancos enemigos. De cualquier forma, el sistema sacrificial  aborigen se desacraliz&oacute; y el consumo de carne humana se intensific&oacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin embargo, hay  otras razones que no parecen tan evidentes. En el siglo diecinueve en Europa  era com&uacute;n el comercio de cabezas abor&iacute;genes con fines de investigaciones en  frenolog&iacute;a, para alimentar exposiciones y estantes de museos o, simplemente, por  motivos est&eacute;ticos, para adquirir objetos ex&oacute;ticos curiosos. Es evidente que esa  demanda por cr&aacute;neos debi&oacute; haber incrementado el sacrificio humano en los mares  del sur as&iacute; como las guerras entre grupos, llevando a un proceso de &quot;<i>self-primitivization</i>&quot;, que ocurre  cuando durante los periodos de relaciones de poder desiguales los nativos  adoptan la imagen proyectada sobre s&iacute; mismos por el otro colonial.</p>     <p align="justify">Las &quot;guerras de  mosquetes&quot; designaron las guerras intertribales entre los maor&iacute; por la  introducci&oacute;n de las armas de fuego, que pose&iacute;an un gran valor pr&aacute;ctico y  simb&oacute;lico entre ellos. El acceso a dichas armas se tradujo en la consecuci&oacute;n de  esclavos para pagarlas, e implic&oacute; la introducci&oacute;n de nuevas formas de guerra y  enfermedades. Esto quiere decir que las armas articularon a los maor&iacute; dentro  del orden capitalista mundial y promovieron alianzas, nuevas formas de  expansi&oacute;n predatoria y el surgimiento de caciques empresarios. La  intensificaci&oacute;n de la guerra ligada con el comercio estaba asociada tambi&eacute;n con  pr&aacute;cticas de guerra nativas tradicionales, como cortar la cabeza del jefe muerto  en batalla y el consumo ritual de su cuerpo; as&iacute;, las muertes aumentaron, se  tomaron m&aacute;s cabezas como trofeo -ya no s&oacute;lo de los caciques- y la antropofagia  se volvi&oacute; indiscriminada, al punto de que se form&oacute; un &quot;canibalismo del campo de  batalla&quot; que contrastaba con la instituci&oacute;n del sacrificio maor&iacute;. Esto  seculariz&oacute; la antropofagia sacrificial, sobre todo porque produjo el consumo de  blancos. Al comer europeos hubo un quiebre en el antiguo orden simb&oacute;lico del  sacrificio, en el que las v&iacute;ctimas sacrificiales eran comidas como un acto  sacramental. Ese canibalismo del campo de batalla, dice Obeyesekere, se convirti&oacute;  en una nueva tradici&oacute;n construida sobre los viejos cimientos del sacrificio  maor&iacute; y en el nuevo consumo de blancos; all&iacute;, ocurri&oacute; una expansi&oacute;n y  peyorarizaci&oacute;n de la comunidad consubstancial -entendida como una comunidad  comensal que al comer una sustancia consagrada comparte la misma sustancia o  naturaleza esencial- que llev&oacute; a la p&eacute;rdida de las regulaciones que ordenaban  el sistema sacrificial compartido con otras sociedades polinesias. Los maor&iacute;  usaron su imagen como can&iacute;bales como un escudo protector o como una agresiva &quot;<i>self-primitivization</i>&quot; de cara a las  relaciones desiguales de poder y al surgimiento de la colonizaci&oacute;n en sus  territorios. Por eso, el canibalismo del campo de batalla s&oacute;lo puede ser visto  en su propio contexto hist&oacute;rico y socioecon&oacute;mico, y como resultado de las  nuevas relaciones comerciales con Occidente.</p>     <p align="justify">La b&uacute;squeda de  armas de fuego por parte de los nativos formaba parte de un circuito comercial  con los brit&aacute;nicos, alimentado por esclavos y cabezas trofeo. De esa manera,  los europeos se hicieron copart&iacute;cipes del canibalismo motivado por el  capitalismo emergente. Obeyesekere afirma que la esclavitud est&aacute; relacionada  con la metaf&iacute;sica del salvajismo, donde los te&oacute;logos jesuitas asumieron el  concepto aristot&eacute;lico de la &quot;esclavitud natural&quot;, es decir, la idea de que  algunos grupos de personas deb&iacute;an servir como esclavos para otras; por esto, al  confrontarse con los grupos nativos era evidente su car&aacute;cter servil. Ello permiti&oacute;  equiparar la concepci&oacute;n de salvajismo con un estado natural que inferioriza al  Otro, lo que, adem&aacute;s, se relacion&oacute; con la idea de una poluci&oacute;n sat&aacute;nica  perceptible en las pr&aacute;cticas de canibalismo, sodom&iacute;a, bestialismo y otras  cuestiones consideradas como paganas. De ah&iacute; que el canibalismo existiera para los  europeos en todos los rincones del planeta desde el siglo quince. El  canibalismo como manifestaci&oacute;n fundamental del salvajismo, se opon&iacute;a  dial&eacute;cticamente a la civilizaci&oacute;n, en la cual Dios hab&iacute;a dado como don las  nociones de racionalidad asociada al pensamiento cient&iacute;fico, el progreso y la  sociedad civil. Esto tambi&eacute;n opon&iacute;a el paganismo al cristianismo, y serv&iacute;a para  definir las diferentes identidades. Por esto, en los relatos analizados es  perceptible un proceso de construcci&oacute;n imaginada de s&iacute; mismos de los narradores  occidentales, basados en sus valoraciones y modelos sobre los nativos.</p>     <p align="justify">La creencia que  los nativos com&iacute;an carne humana era un preconcepto que serv&iacute;a para identificar  gen&eacute;ricamente al ind&iacute;gena como can&iacute;bal e imaginarlo como tal en cualquier parte  del mundo. La idea para los europeos era que el Otro pod&iacute;a comerlos. Pero ello  no estaba tan alejado de las creencias cat&oacute;licas sobre la eucarist&iacute;a, que seg&uacute;n  Obeyesekere es una forma de canibalismo, ni de las pr&aacute;cticas de los  colonizadores que exhib&iacute;an las cabezas de los nativos en los postes de los  barcos. Tampoco estaba alejado de otras pr&aacute;cticas familiares en Europa, donde era  com&uacute;n el descuartizamiento de criminales y traidores; dichas pr&aacute;cticas fueron  aplicadas tambi&eacute;n por espa&ntilde;oles y portugueses en sus colonias para tratar a  quienes se rebelaban contra la Corona. Dar una muerte humillante a dichos  individuos ten&iacute;a implicaciones teol&oacute;gicas, ya que el desmembramiento de los cuerpos  imped&iacute;a la resurrecci&oacute;n, pues quebraba la unidad total del cuerpo para el fin  de los tiempos, se imped&iacute;a la sepultura cristiana y el alma de los traidores  era animalizada. Ver replicados estos descuartizamientos en el canibalismo  ind&iacute;gena apunt&oacute; al hecho de que en la imaginaci&oacute;n europea estuvieran fundidos el  canibalismo y el descuartizamiento, par de hechos asociados en todas las  representaciones gr&aacute;ficas hechas por europeos sobre el canibalismo de los  nativos.</p>     <p align="justify">A comienzos del  siglo diecinueve, los actos de violencia en masa en Europa execraban los  cuerpos: hab&iacute;a castramientos, mutilaciones, se arrancaban ojos y lenguas, y  hab&iacute;a decapitaciones. Solamente pensemos en las ejecuciones de la revoluci&oacute;n francesa  un par de a&ntilde;os antes, para corroborar dichas apreciaciones, o en los argumentos  de Nietzsche en la <i>Genealog&iacute;a de la  moral</i>, obra que  muestra toda negaci&oacute;n de la reciprocidad sim&eacute;trica y cuestiona las bases  universales del don de Mauss. No obstante, esas experiencias que vivi&oacute; Europa,  es decir, su propio salvajismo, fueron proyectadas al Otro formando un conjunto  de historias y relatos can&iacute;bales. El espect&aacute;culo de la violencia de masas  europea, la cual equaciona la v&iacute;ctima con el animal, descuartiza el cuerpo,  empala a la v&iacute;ctima, toma chivos expiatorios, danza alrededor de una pira  ardiente, degrada los cuerpos, desmembra y toma partes del cuerpo como trofeo,  evoca las descripciones de los banquetes can&iacute;bales imputados a los nativos. Por  eso, Obeyesekere considera que en los ofrecimientos de carne humana hechos por  los nativos a los europeos podr&iacute;a encontrarse el ofrecimiento ceremonial de una  porci&oacute;n de carne de un grupo de can&iacute;bales a otro.</p>     <p align="justify">Todos los  aspectos presentes en estas pr&aacute;cticas y representaciones occidentales, as&iacute; como  en sus creencias cristianas, traen a colaci&oacute;n mitemas familiares. Con mitemas  Obeyesekere quiere decir temas m&iacute;ticos o fragmentos y piezas de  representaciones culturales, que forman parte de la memoria cultural y est&aacute;n  incorporados en la conciencia p&uacute;blica por medio de historias, folklore y representaciones  period&iacute;sticas. Desde mi perspectiva, el argumento de Obeyesekere es convincente  hasta este punto del libro, pues en el desarrollo de su argumentaci&oacute;n muestra  c&oacute;mo Occidente proyect&oacute; y construy&oacute; a los nativos como can&iacute;bales, algo que a&uacute;n no  sale del sentido com&uacute;n occidental, y hace evidente que, en realidad, el blanco  es el gran can&iacute;bal. Encuentro ecos de esta argumentaci&oacute;n en las situaciones  vividas por los indios en los campamentos caucheros de la casa Arana a inicios  del siglo veinte, donde los indios que actuaban como capataces de los ind&iacute;genas  cautivos fueron obligados a practicar rituales de antropofagia para complacer a  sus patrones y corroborar que de verdad los indios eran can&iacute;bales. De manera  semejante, las acusaciones de canibalismo actuaron durante la conquista  portuguesa y espa&ntilde;ola de Am&eacute;rica para promover las guerras justas, cuyo  desenlace era la esclavitud y la reducci&oacute;n a la vida civilizada.</p>     <p align="justify">Sin embargo, de  aqu&iacute; en adelante Obeyesekere entra en el mundo de las explicaciones  psicol&oacute;gicas y tira por la borda toda su argumentaci&oacute;n. &iquest;No bastaba con  examinar la manera de construir la alteridad? &iquest;Por qu&eacute; deb&iacute;a entrar a explicar  las causas iniciales de los fen&oacute;menos? &iquest;M&aacute;s a&uacute;n si el autor no naci&oacute; en Occidente,  y al tiempo que por ello puede tener otra mirada cuya cr&iacute;tica es evidente en  todo el libro, termina comprando los postulados de la psicolog&iacute;a freudiana? A  la hora de la verdad, ese giro en la explicaci&oacute;n me parece m&aacute;s enigm&aacute;tico que  el propio canibalismo. Seg&uacute;n Obeyesekere, la reproducci&oacute;n de estos mitemas en  formas de violencia colectiva son interpretados como mitemas flotantes en un  campo de ansiedades. Desde la mirada freudiana, las ansiedades son producidas  por el peligro o el miedo, ya sea a agentes externos o internos. De esta forma,  los mitemas flotantes y las ansiedades libre-flotantes est&aacute;n intr&iacute;nsecamente conectadas  y surgen en el campo de la conciencia durante contextos espec&iacute;ficos, en  especial de violencia de masas.</p>     <p align="justify">Dichos mitemas  son transferidos a la acci&oacute;n para reproducir en los otros reacciones mim&eacute;ticas  o imitativas. Dichos fragmentos de memoria flotante dentro del campo de la  conciencia pueden coexistir con profundas motivaciones de cu&ntilde;o freudiano, como  el temor a la castraci&oacute;n, o sea a la mutilaci&oacute;n del propio cuerpo, que  explicar&iacute;a la pr&aacute;ctica de la decapitaci&oacute;n, cuyas bases estar&iacute;an en la violencia  masculina y las ansiedades por el miedo a la castraci&oacute;n. As&iacute; que al transferir  a los nativos dichos temas recurrentes, en un contexto de ansiedad producido  por los nuevos contactos, se cre&oacute; una imaginaci&oacute;n paranoica que convirti&oacute;  pr&aacute;cticas nativas, como el sacrificio, en canibalismo. Ese estado paranoide no  permit&iacute;a distinguir los peligros imaginarios de los reales, transformando a  unos y otros en una realidad ps&iacute;quica. La imaginaci&oacute;n paranoica apareci&oacute; y  reapareci&oacute; todo el tiempo en esos mundos aislados en los que los europeos pon&iacute;an  pie por primera vez. Por ello, las representaciones coloniales sobre la antropofagia  ritual absorbieron el mito europeo del comedor de hombres. De esta manera,  Obeyesekere reduce sus argumentos al temor occidental al Otro.</p>     <p align="justify">Esto es  interesante a las luces de la etnograf&iacute;a amaz&oacute;nica, donde m&aacute;s que temor existe  una exaltaci&oacute;n al Otro, quien es indispensable para la reproducci&oacute;n social.  Curiosamente, dicha relaci&oacute;n est&aacute; formulada en t&eacute;rminos de canibalismo, el cual  va m&aacute;s all&aacute; de pr&aacute;cticas asociadas al sacrificio humano y constituye toda una  teor&iacute;a ind&iacute;gena sobre el cosmos, la alteridad y la ontolog&iacute;a. En realidad, ese  Otro que se consume o se incorpora de distintas maneras en las cosmolog&iacute;as  amaz&oacute;nicas trasciende el materialismo de la mirada de Obeyesekere, quien queda  preso en la necesidad de explicar si existi&oacute; o no el canibalismo. Sin embargo,  el libro tiene un gran m&eacute;rito, pues nos hace preguntar si es al Otro a quien en  realidad debemos temer, o &iquest;m&aacute;s vale temer a nuestras propias ideas y  preconceptos?</p> <hr size="1" />     <p align="right"><b>L</b><b>uis </b><b>C</b><b>ay&oacute;n</b><br />   Estudiante de  doctorado, Universidad de Brasilia<br />   <a href="mailto:luiscayon@hotmail.com" target="_blank">luiscayon@hotmail.com</a></p> </font>     ]]></body>
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