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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PAUL RIVET: HOMBRE POLÍTICO Y FUNDADOR DEL MUSEO DEL HOMBRE]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2"><font size="4">     <center>       <p><b>PAUL RIVET: HOMBRE POL&Iacute;TICO Y FUNDADOR DEL MUSEO DEL HOMBRE</b><font size="2"><a name="top1"></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a></font></p>       <p><b><font face="verdana" size="2">CHRISTINE LAURI&Egrave;RE</font></b></p> </center> </font></font>     <center>       <p><font size="2" face="verdana">LAHIC, PAR&Iacute;S</font></p>       <p><font size="2" face="verdana">Conferencia del 18 de junio de 2008 en el Museo del Hombre, Par&iacute;s</font><font face="verdana" size="2"></font></p> </center>   <font face="verdana" size="2"><hr size="1">     <p>Me siento muy feliz de poder hablar aqu&iacute;, delante de ustedes, de la vida y obra de Paul Rivet en este lugar tan representativo, puesto que fue justamente &eacute;l quien fund&oacute; este museo, revolucionario en su momento. </p>     <p>Desde un punto de vista personal, la publicaci&oacute;n de la biograf&iacute;a de Paul Rivet, a la que consagr&eacute; casi diez a&ntilde;os de mi vida<a name="top2"></a><a href="#back2"><sup>2</sup></a>, ocurre en el momento m&aacute;s oportuno, para rendir homenaje a un hombre que supo, con un valor y una fuerza poco comunes, combatir por sus ideas y poner su energ&iacute;a al servicio del bien p&uacute;blico. De igual manera me parece particularmente significativo estar reunidos para esta serie de conferencias en esta tarde del 18 de junio<a name="top3"></a><a href="#back3"><sup>3</sup></a>, ya que Paul Rivet era un hombre que, a su manera, se negaba a la idea del fracaso; un hombre que rechaz&oacute; los prejuicios y combati&oacute; con ardor las ideas que se hac&iacute;an de Francia los partidarios de P&eacute;tain y de la Revoluci&oacute;n Nacional<a name="top4"></a><a href="#back4"><sup>4</sup></a>. Evidentemente, tampoco es una casualidad que una de las primeras redes de resistencia se haya formado aqu&iacute;, porque la vigilancia era extrema y la figura titular de Paul Rivet les ense&ntilde;&oacute; a todos la necesidad imperiosa de luchar por sus ideas<a name="top5"></a><a href="#back5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p>No obstante, medio siglo despu&eacute;s de su desaparici&oacute;n en marzo de 1958, Rivet ocupa no s&oacute;lo en la memoria y en la historia de la etnolog&iacute;a francesa, sino tambi&eacute;n en la historia misma de Francia, un lugar menor que no hace justicia a su legado antropol&oacute;gico ni a su intensa actividad institucional y pol&iacute;tica. Qued&oacute; lamentablemente encajonado en ciertos lugares comunes que, una vez enunciados, apagan la curiosidad -los m&aacute;s trillados son los de &#39;fundador del Museo del Hombre&#39;o &#39;antrop&oacute;logo f&iacute;sico&#39;; este &uacute;ltimo empleado, adem&aacute;s, err&oacute;neamente-. Rivet es, sin embargo, al lado de Marcel Mauss, la piedra fundacional de la etnolog&iacute;a francesa tal como se constituy&oacute; en los a&ntilde;os 1920 y 1930. Personaje esencial de la institucionalizaci&oacute;n de la etnolog&iacute;a, fue co-secretario general del Instituto de Etnolog&iacute;a de la Universidad de Par&iacute;s a partir de agosto de 1925, profesor de antropolog&iacute;a en el Museo Nacional de Historia Natural desde marzo de 1928 y director del Museo de Etnograf&iacute;a de Trocad&eacute;ro, antes de convertirse en el fundador y director del nuevo Museo del Hombre, en 1937. Han quedado en el olvido la riqueza y la complejidad de su recorrido en cuanto etn&oacute;logo, su figura de abanderado del americanismo franc&eacute;s, particularmente reconocido en Am&eacute;rica latina. Y ni siquiera se le recuerda como la figura emblem&aacute;tica del intelectual de la tercera rep&uacute;blica, de sabio comprometido, activamente implicado en las luchas pol&iacute;ticas contra el fascismo y el racismo, y defensor del respeto, la dignidad y la solidaridad humanas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Fue presidente del Comit&eacute; de vigilancia de los intelectuales antifascistas en marzo de 1934; primer electo del Frente Popular en Par&iacute;s, en mayo de 1935, antes, incluso, de que este movimiento, que agrupaba a las fuerzas de izquierda, se constituyera oficialmente; opositor del p&eacute;tainismo desde 1940; miembro de la red de resistencia del Museo del Hombre; exiliado en Colombia, despu&eacute;s consejero cultural de la Francia combatiente en M&eacute;xico<a name="top6"></a><a href="#back6"><sup>6</sup></a>, nombrado por el general De Gaulle; diputado de 1945 a 1951; vicepresidente de la Liga de los Derechos Humanos, etc&eacute;tera. Esta lista de responsabilidades pol&iacute;ticas y de militancia, que no es exhaustiva, es prueba fehaciente de que Paul Rivet est&aacute; lejos de considerarse un sabio en su &#39;torre de marfil&#39;, temeroso de involucrarse en los asuntos de su ciudad.</p>     <p>Producto de la nueva meritocracia republicana, Rivet se convierte en el ap&oacute;stol de una etnolog&iacute;a conocida como &quot;disciplina de vigilancia&quot;<a name="top7"></a><a href="#back7"><sup>7</sup></a>, una &quot;escuela de optimismo&quot;<a name="top8"></a><a href="#back8"><sup>8</sup></a> investida de una misi&oacute;n social y cultural edificante, orientada a educar al pueblo y a reformar las mentalidades. La fundaci&oacute;n del Museo del Hombre, en 1938, le permiti&oacute; cristalizar sus sue&ntilde;os y poner en escena una ciencia social que tiene mucho que decir de los otros -y, en consecuencia, de nosotros-. Gran pedagogo, animado por una extraordinaria fuerza de convicci&oacute;n que pone al servicio de la defensa de sus ideales y de sus valores human&iacute;sticos, pose&iacute;a un carisma que se extiende m&aacute;s all&aacute; del c&iacute;rculo de los etn&oacute;logos. De hecho, en enero de 1937, el diario <i>Paris-Soir</i> titulaba: &quot;Una cat&aacute;strofe puede acabar con nuestro mundo civilizado (…). &iexcl;Si sobreviven diez hombres, nada est&aacute; perdido! Este grupo de sabios podr&iacute;a volver a crear el mundo moderno (…)&quot;. En esta &quot;balsa de la civilizaci&oacute;n&quot;, al lado de Albert Einstein, de Cushing, del duque de Broglie, de Marconi, se encuentra Paul Rivet, erigido en figura tutelar del conocimiento que el hombre detenta sobre s&iacute; mismo, del saber que la humanidad posee sobre sus or&iacute;genes, su evoluci&oacute;n y su comunidad de destino con todas las civilizaciones y sociedades, en el tiempo y el espacio. </p>     <p>¿C&oacute;mo resumirles en una hora la vida de Paul Rivet? Renuncio a ser exhaustiva e intentar&eacute; darles una peque&ntilde;a idea de su recorrido como hombre de ciencia y militante pol&iacute;tico, entrelazando estos dos aspectos de su vida, que &eacute;l mismo consideraba inseparables. En segundo lugar, quiero hacer &eacute;nfasis en las ideas que defend&iacute;a Rivet sobre el Museo del Hombre. </p>     <p>Nacido el 7 de mayo de 1876, era el segundo de seis hijos de una familia modesta, cat&oacute;lica y conservadora, compuesta por artesanos y funcionarios. Sin embargo, en el futuro se emancipar&aacute; de su entorno en forma radical, para convertirse en un hombre del c&iacute;rculo universitario parisino, ateo y notoriamente comprometido con la izquierda. Durante la tercera rep&uacute;blica, la educaci&oacute;n se convirti&oacute; en herramienta de promoci&oacute;n social y permiti&oacute;, a ciertas franjas de la clase media, acceder a las profesiones intelectuales. Sin renegar nunca de sus or&iacute;genes, de los que se sent&iacute;a orgulloso, orient&oacute; su vida fuera del esquema familiar, afirmando su independencia de esp&iacute;ritu y su singularidad hasta el final. En su juventud, al tiempo que hace parte del ej&eacute;rcito, se opone vigorosamente a sus compa&ntilde;eros de armas y toma partido por el capit&aacute;n Alfred Dreyfus<a name="top9"></a><a href="#back9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p>Paul Rivet no fue etn&oacute;logo de formaci&oacute;n. Fue un m&eacute;dico militar que decidi&oacute; ejercer esta carrera para aliviar las cargas de su familia e independizarse en el menor tiempo posible. Por una serie de circunstancias providenciales, a la edad de veinticinco a&ntilde;os entr&oacute; a formar parte de la Misi&oacute;n geod&eacute;sica del Servicio Geogr&aacute;fico del Ej&eacute;rcito, que viaj&oacute; a Ecuador con el fin de medir el arco meridiano que atraviesa a ese pa&iacute;s. La misi&oacute;n dur&oacute; cinco a&ntilde;os, de 1901 a 1906, y fue decisiva para la vida de Rivet, ya que por medio de ella descubri&oacute; su vocaci&oacute;n de etn&oacute;logo. Adem&aacute;s de sus atribuciones como m&eacute;dico, particip&oacute; como todos los dem&aacute;s militares en las mediciones astron&oacute;micas y geod&eacute;sicas. Tales mediciones se tomaron en los puntos m&aacute;s altos a lo largo de la cordillera de los Andes ecuatorianos, donde las dif&iacute;ciles condiciones clim&aacute;ticas -lluvia, viento, neblina- hac&iacute;an que las jornadas en las estaciones fueran largas y penosas. A Rivet, por otro lado, se le encarg&oacute; el estudio de la historia natural del Ecuador, y para este fin coleccion&oacute; numerosas muestras bot&aacute;nicas, atrap&oacute; insectos y disec&oacute; p&aacute;jaros. Descubri&oacute; muchas variedades de ara&ntilde;as, moscas, batracios, mam&iacute;feros y p&aacute;jaros, que por taxonom&iacute;a llevan el nombre de su descubridor, <i>riveti</i>.</p>     <p> En tanto m&eacute;dico, Rivet entr&oacute; en contacto frecuente con los ind&iacute;genas. Propuso gratuitamente sus servicios a los misioneros cat&oacute;licos y se instal&oacute; en el dispensario con el fin de curar a los pobres que, invariablemente, eran todos ind&iacute;genas y mestizos. Su encuentro con ellos produjo un vuelco total, no s&oacute;lo en su proyecto profesional, sino en su vida entera, y &eacute;l mismo contar&iacute;a m&aacute;s tarde que le produjeron un &quot;choque sentimental&quot;<a name="top10"></a><a href="#back10"><sup>10</sup></a> que durar&iacute;a en &eacute;l hasta la muerte. Se apasion&oacute; por su historia, su civilizaci&oacute;n, sus creencias, costumbres y objetos. Desde el comienzo, para &eacute;l era claro que no se limitar&iacute;a a hacer el relato de viaje pintoresco de sus observaciones y aventuras, sino que producir&iacute;a una obra cient&iacute;fica fruto del conocimiento, que qued&oacute; inscrita desde sus inicios en el vasto campo de la antropolog&iacute;a.</p>     <p>La antropolog&iacute;a de finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte se define como la historia natural del hombre y es, en cierta forma, un gran conglomerado de diversas disciplinas como la antropolog&iacute;a f&iacute;sica, la arqueolog&iacute;a, la etnograf&iacute;a y la ling&uuml;&iacute;stica, de las cuales la disciplina &#39;reina&#39;, la que estaba por encima de todas las dem&aacute;s, es la antropolog&iacute;a f&iacute;sica, pues se esperaba que aportara elementos irrefutables que permitieran diferenciar, clasificar y jerarquizar las diversas razas humanas -en esa &eacute;poca a&uacute;n se cre&iacute;a que exist&iacute;an distintas razas humanas- y se esperaba, igualmente, que la antropometr&iacute;a permitiera probar por qu&eacute; una raza u otra se encontraba en tal o cual etapa de la civilizaci&oacute;n. Teniendo en cuenta la formaci&oacute;n m&eacute;dica de Rivet, se comprende que tuviera una fuerte predisposici&oacute;n al estudio anat&oacute;mico y antropom&eacute;trico de los ind&iacute;genas. A decir verdad, lo que m&aacute;s intrigaba a los sabios en relaci&oacute;n con los ind&iacute;genas era poder tomar como referencia los tipos f&iacute;sicos puros, libres de todo mestizaje, para establecer el verdadero origen de los ind&iacute;genas, saber a qu&eacute; tronco humano pertenec&iacute;an y c&oacute;mo se desarrollaron las migraciones en el continente americano. Rivet tom&oacute; entonces medidas a m&aacute;s de trescientos ind&iacute;genas y se llev&oacute; muchos de los restos &oacute;seos recolectados durante las excavaciones arqueol&oacute;gicas, para tratar de responder el interrogante sobre el origen de la raza ind&iacute;gena. Consagr&oacute;, de hecho, toda su carrera cient&iacute;fica a aclarar este interrogante del misterio de los or&iacute;genes del hombre americano, y escribi&oacute; sobre esta materia un libro en el que presenta la hip&oacute;tesis de un poblamiento tripartida del continente americano: una gran migraci&oacute;n proveniente de Asia, que lleg&oacute; a trav&eacute;s del estrecho de Bering, y que fue la m&aacute;s numerosa; tambi&eacute;n, y en tiempos anteriores, una migraci&oacute;n australiana y otra de Melanesia. </p>     <p>En Ecuador, Rivet lider&oacute; una intensa campa&ntilde;a de expediciones arqueol&oacute;gicas a todo lo largo de la sierra interandina, con el fin de entender mejor el pasado precolombino del pa&iacute;s y determinar las diversas influencias del poblamiento. De hecho, la arqueolog&iacute;a representa, en su recorrido profesional, la interfase entre la antropolog&iacute;a f&iacute;sica y el estudio de la vida material de los pueblos ind&iacute;genas y de su etnograf&iacute;a. Parad&oacute;jicamente, la arqueolog&iacute;a fue el punto de equilibrio que lo llev&oacute; a interesarse en las sociedades ind&iacute;genas vivientes, contempor&aacute;neas.</p>     <p>En los archivos de Paul Rivet se encuentran muchas notas sobre las costumbres de los ind&iacute;genas, sus creencias, numerosos testimonios de informantes sobre la etnograf&iacute;a y la ling&uuml;&iacute;stica. Rivet escribi&oacute; varios art&iacute;culos etnogr&aacute;ficos de las sociedades ind&iacute;genas de algunas regiones, como Riobamba, o la de los ind&iacute;genas colorados, ubicados en el nororiente del Ecuador<a name="top11"></a><a href="#back11"><sup>11</sup></a>. Como otros observadores de los ind&iacute;genas, no dej&oacute; de percibir el contraste existente entre los ind&iacute;genas que habitan la selva amaz&oacute;nica, en una sociedad integrada y con sus costumbres propias, y los que habitan la meseta interandina, reducidos a un estado de esclavitud por parte de los terratenientes. De hecho, en un art&iacute;culo describe perfectamente el sistema de esclavitud y endeudamiento que ligan al ind&iacute;gena con la tierra de su due&ntilde;o. </p>     <p>Debo reconocer que me habr&iacute;a sido imposible comprender hasta qu&eacute; punto lo afect&oacute; el deterioro social y econ&oacute;mico de esas poblaciones miserables, desgarradas, si no hubiera descubierto en los archivos un poema in&eacute;dito que expresa con particular sensibilidad el sentimiento de injusticia y dolor que experimenta Rivet ante el trato inicuo que recib&iacute;an aquellos ind&iacute;genas. Mientras escudri&ntilde;aba en sus archivos, no esperaba encontrar un documento tan importante, ya que este poema no hab&iacute;a sido publicado jam&aacute;s y, hasta donde s&eacute;, &eacute;l no lo mencion&oacute; en ninguno de sus escritos. Es de p&uacute;blico conocimiento, de todos modos, que mucho m&aacute;s tarde, cuando conversaba en su estupenda residencia oficial del Museo del Hombre con sus amigos latinoamericanos sobre la situaci&oacute;n pol&iacute;tica de sus respectivos pa&iacute;ses, insist&iacute;a siempre en la necesidad imperiosa de llevar a cabo una reforma radical del r&eacute;gimen agrario y de entregar la tierra a los ind&iacute;genas y a los campesinos -que con frecuencia son la misma persona- bajo pena de no encontrar jam&aacute;s una soluci&oacute;n a la injusticia social<a name="top12"></a><a href="#back12"><sup>12</sup></a>. No se trata, pues, de una reconstrucci&oacute;n a <i>posteriori</i>, decir que esta convicci&oacute;n se remonta a sus a&ntilde;os vividos en el Ecuador. Le corresponde aqu&iacute; al bi&oacute;grafo, ahora m&aacute;s que nunca en su papel de revelador de las verdades olvidadas, el deber de exhibir a plena luz este poema de tr&aacute;gicos acentos, al un&iacute;sono con su concepci&oacute;n catastr&oacute;fica del <i>fatum</i> ind&iacute;gena cuyo momento no volver&aacute; jam&aacute;s:</p> <ul>Santiago Guaman, vieil indien, a commis    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Une faute fort grave: en qu&ecirc;te de bien-&ecirc;tre    <br> Son boeuf, las de je&ucirc;ner, a brout&eacute; sans permis    <br> Toute une nuit durant l&rsquo;herbe des pr&eacute;s du ma&icirc;tre.    </ul> <ul>Enferm&eacute; quatre jours en un sombre taudis,    <br> Les deux pieds enserr&eacute;s dans un carcan de h&ecirc;tre    <br> Etendu sur le sol froid et boueux, l&rsquo;anc&ecirc;tre    <br> N&rsquo;a pas g&eacute;mi malgr&eacute; ses membres engourdis    </ul> <ul>Contre le mur, sa femme et sa fille accroupies    <br> L&rsquo;attendent. L&rsquo;Indien sort: &agrave; grands pas maladroits,    <br> Il va vers l&rsquo;homme blanc, en lui baisant les doigts    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul> <ul>Il dit: merci patron, et dans son oeil &eacute;teint    <br> Passe, ainsi qu&rsquo;un voile &agrave; l&rsquo;horizon lointain,    <br> La d&eacute;tresse sans pleurs des races asservies<a name="top13"></a><a href="#back13"><sup>13</sup></a>.    </ul>     <p>Durante los cinco a&ntilde;os vividos en Ecuador trabaj&oacute; sin descanso, desplegando siempre su energ&iacute;a con el mismo vigor se desvive por obtener de sus informantes la mayor cantidad posible de datos. Con la certeza de estudiar, a su regreso a Par&iacute;s, todo el material que hab&iacute;a reunido. El balance es impresionante: cientos de medidas antropom&eacute;tricas y decenas de cajas con restos &oacute;seos de ind&iacute;genas, una colecci&oacute;n de al menos mil quinientas piezas arqueol&oacute;gicas, un incontable n&uacute;mero de artefactos, datos etnogr&aacute;ficos y vocabularios de diversas lenguas ind&iacute;genas. Es probable que hasta entonces &eacute;l mismo no hubiera tomado conciencia plenamente, pero tambi&eacute;n es cierto que Rivet es un hombre diferente, y esto hace que piense en la alteridad de un modo distinto, contradiciendo todos los preconceptos que ten&iacute;a antes de partir. Dif&iacute;cilmente cuantificable pero s&iacute; determinante, el trato cotidiano con los amerindios a lo largo de cinco a&ntilde;os lo sensibiliz&oacute; frente a la diferencia, a lo diverso, a otras maneras de vivir su vida como ser humano. De hecho, a pesar de haber establecido una distinci&oacute;n, una jerarqu&iacute;a epistemol&oacute;gica entre lo que &eacute;l mismo llama los ind&iacute;genas salvajes y los civilizados, y aun cuando no le quedara m&aacute;s remedio que aceptar que estaban condenados a desaparecer debido a su situaci&oacute;n sociol&oacute;gica desesperada, &eacute;l no trataba a estos &#39;seres agonizantes&#39;como inferiores, predeterminados desde el nacimiento, y debido a su pertenencia racial, a sufrir antes que vivir. Es en el campo de la antropolog&iacute;a que Paul Rivet va a afirmarse y afirmar sus concepciones, pero es un campo cuyos contornos redise&ntilde;ar&aacute; con fuerza, en una revoluci&oacute;n interior, invirtiendo la jerarqu&iacute;a de las disciplinas y reduciendo las pretensiones de la antropolog&iacute;a f&iacute;sica al asignarle otras misiones, a tal punto que termin&oacute; cambiando el nombre de esta disciplina: de ahora en adelante no hablar&aacute; de antropolog&iacute;a, sino de etnolog&iacute;a. `</p>     <p>De regreso en Francia, en 1906, Paul Rivet se hace r&aacute;pidamente un nombre en el c&iacute;rculo de los antrop&oacute;logos gracias al prestigio obtenido por la misi&oacute;n geod&eacute;sica y al valor e inter&eacute;s que suscitan los materiales tra&iacute;dos de Ecuador. Desvinculado del ej&eacute;rcito, hace parte del equipo cient&iacute;fico de Ernest-Th&eacute;odore Hamy, titular de la c&aacute;tedra de antropolog&iacute;a del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN)<a name="top14"></a><a href="#back14"><sup>14</sup></a>. En 1909, despu&eacute;s que Hamy falleci&oacute;, dej&oacute; el ej&eacute;rcito e ingres&oacute; oficialmente el MNHN de asistente del profesor de la c&aacute;tedra de antropolog&iacute;a, Ren&eacute; Verneau, puesto que ocup&oacute; durante veinte a&ntilde;os. Al comienzo obtuvo el reconocimiento de sus pares, demostrando que dominaba perfectamente la pr&aacute;ctica antropom&eacute;trica y los elementos te&oacute;ricos de esta disciplina; sin embargo, r&aacute;pidamente se dio cuenta de los l&iacute;mites del m&eacute;todo antropom&eacute;trico y resiente con agudeza el fracaso de una antropolog&iacute;a f&iacute;sica obsesionada por la b&uacute;squeda del car&aacute;cter discriminante, para definir y distinguir las diversas razas humanas. En 1910, se desprendi&oacute; decididamente de la antropometr&iacute;a, puesto que sent&iacute;a que esta disciplina no pod&iacute;a vivificar el conocimiento sobre el ser humano. </p>     <p>La ampl&iacute;sima gama de materiales tra&iacute;dos del Ecuador lo llev&oacute; a interesarse en la ling&uuml;&iacute;stica, ya que hab&iacute;a recopilado unos quince vocabularios in&eacute;ditos, cuya publicaci&oacute;n inici&oacute; en 1907. Progresivamente se dedic&oacute; a la revisi&oacute;n sistem&aacute;tica de las clasificaciones ling&uuml;&iacute;sticas que estaban en vigor en Am&eacute;rica del Sur, impresionado con los resultados obtenidos por la ling&uuml;&iacute;stica indo-europea, y con la esperanza de hacer lo mismo en el nuevo mundo. Se convirti&oacute; en uno de los especialistas m&aacute;s eminentes de la ling&uuml;&iacute;stica amerindia<a name="top15"></a><a href="#back15"><sup>15</sup></a>, que lo apasionaba porque pensaba haber encontrado en ella la manera de reconstruir la historia del poblamiento americano, mediante el estudio de situaciones reales de contacto, de intercambio. Gracias a la ling&uuml;&iacute;stica, Rivet dinamiza una antropolog&iacute;a escler&oacute;tica mediante la proposici&oacute;n de nuevas problem&aacute;ticas, m&aacute;s hist&oacute;ricas y etnogr&aacute;ficas que raciales y biol&oacute;gicas. Fue el primer antrop&oacute;logo en Francia que se sumerge tan sistem&aacute;tica y vigorosamente en la ling&uuml;&iacute;stica, percibiendo toda su importancia para el proyecto antropol&oacute;gico. Adopt&oacute; el enfoque <i>difusionista</i>, el &uacute;nico que consideraba apto para profundizar en el horizonte hist&oacute;rico de las sociedades no occidentales, y para poner en evidencia la idea fuerte seg&uacute;n la cual todas las civilizaciones, sin importar la distancia y el tiempo, se deben algo mutuamente y est&aacute;n ligadas las unas a las otras, siendo el intercambio el que las enriquece y las ayuda a evolucionar. </p>     <p>Dentro de esta perspectiva difusionista, Rivet se interes&oacute; cada vez m&aacute;s por la t&eacute;cnica, por el &#39;saber hacer&#39;. Y precisamente gracias a los estudios consagrados a la civilizaci&oacute;n material de los ind&iacute;genas, procedi&oacute; a efectuar una revisi&oacute;n radical de sus concepciones sobre la alteridad y la diferencia. Encontr&oacute; la manera de valorar los conocimientos emp&iacute;ricos y el saber hacer de los ind&iacute;genas, mostrando su contribuci&oacute;n al patrimonio com&uacute;n de la humanidad. Los sucesos relacionados con la segunda guerra mundial no hicieron m&aacute;s que acrecentar esta determinaci&oacute;n a combatir los prejuicios raciales y por volver a situar a estas sociedades en el lugar que les corresponde por derecho propio. Su aguda conciencia de la cosa p&uacute;blica y de los deberes del etn&oacute;logo con su entorno lo llevaron a desarrollar, para una gran audiencia, la idea de igualdad en la inteligencia, en la habilidad t&eacute;cnica y en el genio creativo presente en todos los hombres, sin distinci&oacute;n del nivel de desarrollo de las sociedades impuesta por los criterios euroc&eacute;ntricos. </p>     <p>Rivet se convirti&oacute; en l&iacute;der del americanismo franc&eacute;s y particip&oacute; en la difusi&oacute;n de esta ciencia en el extranjero. Durante medio siglo anim&oacute; la Societ&eacute; des Am&eacute;ricanistes de Par&iacute;s y su <i>Journal</i> que, gracias a &eacute;l, goz&oacute; de gran prestigio cient&iacute;fico internacional. Por cierto, a&uacute;n hoy, Paul Rivet es m&aacute;s conocido en Am&eacute;rica latina que en Francia. El estallido de la primera guerra mundial detuvo repentinamente este impulso dado al americanismo, y Rivet se encontr&oacute; sumido en la tormenta de la guerra, como tantos millones de personas. A los treinta y ocho a&ntilde;os volvi&oacute; a ser reclutado y retom&oacute; su t&iacute;tulo de m&eacute;dico de primera clase. En 1917 fue enviado en misi&oacute;n a trabajar en el frente del Oriente Medio, donde cre&oacute; y organiz&oacute; por completo un hospital de campa&ntilde;a. El gran desaf&iacute;o de los m&eacute;dicos en Oriente no era curar a los heridos por la guerra y por los bombardeos permanentes, sino curarlos de las epidemias de tifo, paludismo, disenter&iacute;a y escorbuto que acababan con los regimientos.</p>     <p>En 1919, el retorno a la vida civil fue dif&iacute;cil. Como en otros sectores de la sociedad, la guerra diezm&oacute; las filas de los soci&oacute;logos y etn&oacute;logos<a name="top16"></a><a href="#back16"><sup>16</sup></a>. El proceso de reconstrucci&oacute;n retras&oacute; la institucionalizaci&oacute;n de la etnolog&iacute;a, que finalmente ingres&oacute; como ciencia a la universidad en 1925, gracias a la creaci&oacute;n del Instituto de Etnolog&iacute;a, bajo la influencia del filosofo Lucien L&eacute;vy-Bruhl. El soci&oacute;logo Marcel Mauss y el antrop&oacute;logo Paul Rivet fueron nombrados secretarios generales del Instituto, pero fue Rivet quien m&aacute;s se ocup&oacute; de su administraci&oacute;n. En 1928, luego de una &uacute;ltima lucha entre los defensores de una antropolog&iacute;a estrictamente anat&oacute;mica y los partidarios de una etnolog&iacute;a centrada en la etnograf&iacute;a y la ling&uuml;&iacute;stica, fue elegido profesor titular de la c&aacute;tedra de antropolog&iacute;a del Museo Nacional de Historia Natural. Entre sus responsabilidades se encontraba tambi&eacute;n la reorganizaci&oacute;n del Museo de Etnograf&iacute;a del Trocad&eacute;ro, de la que estuvo encargado desde 1928, en estrecha colaboraci&oacute;n con George Henri Rivi&egrave;re, el subdirector. Aprovechando la feria Exposici&oacute;n Internacional de 1937, obtuvieron financiaci&oacute;n para crear el Museo del Hombre, museo absolutamente revolucionario para su tiempo y que pretend&iacute;a ser una m&aacute;quina de guerra contra las ideas prevalentes sobre el primitivismo de las poblaciones ex&oacute;ticas, contra su inferioridad, al tiempo que se propon&iacute;a desmontar el racismo y sus prejuicios. Conservador de la civilizaci&oacute;n material, el Museo del Hombre demuestra que la etnolog&iacute;a es una disciplina de vigilancia, una escuela de optimismo que busca, mediante los objetos all&iacute; expuestos, probar la indefectible solidaridad que une a todos los hombres mostrando las aptitudes t&eacute;cnicas comunes que equivalen a un pelda&ntilde;o en el camino de ascenso hacia el progreso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El 14 de junio de 1940, mientras las tropas alemanas invad&iacute;an Par&iacute;s, Paul Rivet pide que el Museo del Hombre se abra a la hora habitual, como un signo revelador de su resistencia al esp&iacute;ritu de fracaso. Hace pegar en la fachada, a la entrada del museo, afiches del c&eacute;lebre poema de Rudyard Kipling titulado &quot;If&quot;, tan cercano a sus afectos, y que ser&aacute; su fuente de inspiraci&oacute;n durante aquel lustro tan dif&iacute;cil. Conoc&iacute;a esos &quot;versos admirables&quot;<a name="top17"></a><a href="#back17"><sup>17</sup></a> desde hace tiempo, desde la &eacute;poca turbulenta del primer conflicto mundial. Comenz&oacute; uno nuevo, cuya duraci&oacute;n y tr&aacute;gicas consecuencias nadie conoc&iacute;a a&uacute;n. Como muchos otros, Paul Rivet no estaba satisfecho con ese simulacro de paz pagado con el precio de la humillaci&oacute;n, de la sumisi&oacute;n, pedido &quot;por la voz del gran vencedor de Verdun&quot;<a name="top18"></a><a href="#back18"><sup>18</sup></a>. </p>     <p>Lejos de conducirlo a una humillante abdicaci&oacute;n, los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os le ense&ntilde;aron y transmitieron el gusto por la lucha pol&iacute;tica, por el combate en pro de sus ideas por la justicia social y contra el fascismo y el racismo en tanto que fermentos de divisi&oacute;n entre los hombres. Presidente del Comit&eacute; de vigilancia de los intelectuales antifascistas (CVIA, por sus siglas en franc&eacute;s) desde marzo de 1934, consejero municipal de Par&iacute;s desde mayo de 1935, incansable compa&ntilde;ero de ruta del equipo del Frente Popular, signatario de numerosas peticiones, ardiente pacifista, partidario de los republicanos espa&ntilde;oles, miembro del Comit&eacute; central de la Liga de derechos del hombre desde 1938, Paul Rivet vivi&oacute; sus compromisos pol&iacute;ticos en oposici&oacute;n a los disc&iacute;pulos de la Revoluci&oacute;n Nacional de Vichy. No se podr&iacute;a hablar de carrera pol&iacute;tica al referirnos a este hombre, pero s&iacute; de una serie l&oacute;gica de compromisos vividos todos profundamente. Intelectual de izquierda, Rivet es un ejemplo entre otros de esta generaci&oacute;n formada en la tercera rep&uacute;blica, de alma patri&oacute;tica, con una alt&iacute;sima idea de Francia, de su deber, de su misi&oacute;n y de su grandeza. De origen modesto, logr&oacute; por sus propios m&eacute;ritos ganarse un lugar envidiable en el cen&aacute;culo de los sabios, y no escatim&oacute; palabras cuando se trataba de hablar del pueblo franc&eacute;s, que para &eacute;l constitu&iacute;a una realidad tangible, tanto como su lucha por la dignidad del hombre, fuese cual fuese su color o su nacionalidad. De la misma manera, cre&iacute;a sinceramente que los cient&iacute;ficos deber&iacute;an ser las puntas de lanza de la sociedad, que tienen una responsabilidad con sus conciudadanos, que deben despertarlos al conocimiento y, en tanto vig&iacute;as atentos de los sucesos pol&iacute;ticos, alertarlos en caso de que el peligro amenace la concordia social.</p>     <p>Durante los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os de su vida sus compromisos pol&iacute;ticos estuvieron indisolublemente ligados a los cient&iacute;ficos, y lo estuvieron hasta el final. Esos a&ntilde;os constituyen tambi&eacute;n el tiempo de la dificultad, en el sentido literal y figurado del t&eacute;rmino: los hechos hist&oacute;ricos ponen a prueba sus convicciones pol&iacute;ticas y su humanismo. Desde 1933 se comprometi&oacute; con otros cient&iacute;ficos franceses a ayudar a los intelectuales alemanes exiliados. Despu&eacute;s de la manifestaci&oacute;n del 6 de febrero de 1934<a name="top19"></a><a href="#back19"><sup>19</sup></a>, se moviliz&oacute; contra el fascismo y se convierte en el presidente del CVIA, cuyos vicepresidentes eran el f&iacute;sico Paul Langevin y el fil&oacute;sofo Alain. Los tres lanzaron el famoso llamado a los trabajadores que pregonaba la unidad de acci&oacute;n entre intelectuales y obreros, firmado por m&aacute;s de ocho mil quinientas personas de las cuales un millar eran intelectuales de la talla de Victor Basch, Julien Benda, Andr&eacute; Breton, Andr&eacute; Gide, Jean Cassou, etc&eacute;tera. Como su perfil cient&iacute;fico y su combate pol&iacute;tico inspiraban gran respeto, los diferentes candidatos de los partidos de izquierda a las elecciones municipales de Par&iacute;s, en marzo de 1935, en el sector de San V&iacute;ctor, decidieron renunciar y le pidieron a Rivet que se enfrentara a su adversario de extrema derecha, Georges Lebecq. La victoria de Rivet les demostr&oacute; a la fuerzas de izquierda que era posible unirse y vencer. Rivet se convirti&oacute; entonces en la figura tutelar de la uni&oacute;n de las fuerzas de izquierda y particip&oacute; en la elaboraci&oacute;n del programa pol&iacute;tico del Frente Popular. </p>     <p>Simult&aacute;neamente, se mantuvo vigilante ante la manipulaci&oacute;n ideol&oacute;gica a la que los nazis quer&iacute;an someter la ciencia. Para combatir la doctrina racial nazi, junto con otros cient&iacute;ficos de izquierda, Rivet fund&oacute; una revista bimensual titulada Races et Racisme, con la cual se propon&iacute;an descifrar para el p&uacute;blico la coartada cient&iacute;fica que serv&iacute;a de justificaci&oacute;n a los exabruptos cometidos por quienes defend&iacute;an una pol&iacute;tica de promoci&oacute;n de la raza aria y la purificaci&oacute;n del pueblo alem&aacute;n de sus elementos impuros, inferiores; al mismo tiempo, quer&iacute;an demostrar la falta de base de los argumentos nazis y su invalidez en el plano cient&iacute;fico. Si bien es cierto que el combate era importante, es inevitable darse cuenta que ellos situaban su combate en el mismo plano que sus adversarios, y no lograron eliminar la noci&oacute;n de raza, a pesar de su inutilidad.</p>     <p>Terminada la guerra entre Alemania y Francia, al final de junio de 1940, Paul Rivet continu&oacute; trabajando en el Museo del Hombre, que no cerr&oacute; en ning&uacute;n momento durante el conflicto, no obstante las dificultades que se presentaron por la movilizaci&oacute;n de todos los hombres que fueron enviados al frente de batalla. Ya desde julio de 1940 le escribi&oacute; al mariscal P&eacute;tain para decirle que no ser&iacute;a jam&aacute;s un verdadero l&iacute;der y que el pueblo franc&eacute;s no estaba con &eacute;l. Desde sus inicios particip&oacute; en la red de resistencia del Museo del Hombre, prestando la vieja imprenta del CVIA, traduciendo discursos de Churchill y de Roosevelt, llevando los folletos. Escap&oacute; <i>in extremis</i> de la Gestapo en febrero de 1941, pero no sus compa&ntilde;eros, que fueron ejecutados un a&ntilde;o m&aacute;s tarde en el monte Val&eacute;rien. Las mujeres fueron deportadas. En un momento de la vida en el que Rivet deb&iacute;a haber gozado de la alegr&iacute;a y la satisfacci&oacute;n propias del deber cumplido, y haber disfrutado del lugar eminente que hab&iacute;a conquistado en el medio antropol&oacute;gico, prefiri&oacute; tomar el camino del exilio, a una edad en la que cualquiera, con m&aacute;s gusto que nunca, pedir&iacute;a la jubilaci&oacute;n. Abandon&oacute; con el dolor del alma su museo, su equipo cient&iacute;fico, su biblioteca. Todos los ideales por los cuales luch&oacute;: el pacifismo, el antifascismo, el antirracismo, fueron pisoteados y pasaron por una terrible prueba. &quot;Si ves destruida la obra de tu vida / y sin decir una palabra te pones a reconstruir (…)&quot;. Paul Rivet no perdi&oacute; el tiempo en lamentaciones: escogi&oacute; el camino de la resistencia y la acci&oacute;n. Comenz&oacute; lejos de su patria, en Colombia, a hacer lo que sab&iacute;a hacer mejor: combatir los prejuicios contra los ind&iacute;genas, organizar estudios etnol&oacute;gicos y formar a las j&oacute;venes generaciones para que partieran a campo.</p>     <p>Encontr&oacute; refugio en Colombia gracias a su amigo el presidente Eduardo Santos (1938-1942), a quien conoc&iacute;a desde los 1930, pues asisti&oacute; a su toma de posesi&oacute;n en agosto de 1938 en Bogot&aacute;, donde permaneci&oacute; dos a&ntilde;os con su esposa Mercedes y fund&oacute; el Instituto Etnol&oacute;gico Nacional, el 21 de junio de 1941, con el deseo de darle un nuevo lugar al ind&iacute;gena en la naci&oacute;n colombiana<a name="top20"></a><a href="#back20"><sup>20</sup></a>. Colombia era una tierra ind&iacute;gena, que enfrentaba muchos problemas pol&iacute;ticos, sociales e ideol&oacute;gicos en la relaci&oacute;n con este segmento de su poblaci&oacute;n. Lo que Rivet afirmaba en el Museo del Hombre, en sus cursos del Instituto de Etnolog&iacute;a de Par&iacute;s y en sus ponencias, lo afirm&oacute; tambi&eacute;n en el Instituto Etnol&oacute;gico Nacional y frente a la audiencia m&aacute;s amplia de las &eacute;lites colombianas, aun cuando en un contexto pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico muy diferente que modifica radicalmente el sentido de su discurso, que se torna subversivo y progresista. El discurso pronunciado con motivo de la inauguraci&oacute;n del Instituto Etnol&oacute;gico Nacional, &quot;La etnolog&iacute;a, ciencia del hombre&quot;, marca un momento fundamental en su historia: suena como un manifiesto de lo que debe ser la antropolog&iacute;a colombiana, su misi&oacute;n cient&iacute;fica para hacer que la naci&oacute;n acepte y admita su componente ind&iacute;gena<a name="top21"></a><a href="#back21"><sup>21</sup></a>. Rivet disfrut&oacute; durante la existencia en la Escuela Normal Superior de un departamento de ciencias sociales floreciente, de un grupo de profesores colombianos y extranjeros de calidad, y de un grupo de alumnos bien formados<a name="top22"></a><a href="#back22"><sup>22</sup></a>. Las expediciones etnogr&aacute;ficas y la publicaci&oacute;n de la <i>Revista del Instituto Etnol&oacute;gico Nacional</i> se financiaban gracias al dinero del Comit&eacute; de la Francia Libre. Paul Rivet form&oacute; as&iacute; la primera generaci&oacute;n de antrop&oacute;logos colombianos, una quincena de hombres y mujeres.</p>     <p>Una vez que Eduardo Santos dej&oacute; la presidencia, la prioridad absoluta que le da Rivet a la etnograf&iacute;a de salvamento lo aleja poco a poco de las preocupaciones de los dirigentes pol&iacute;ticos, quienes deseaban quedarse en la exaltaci&oacute;n de un pasado arqueol&oacute;gico glorioso y de las civilizaciones andinas m&aacute;s desarrolladas. Rivet eleva las sociedades de tierras tropicales bajas al rango de ancestros civilizadores y demuestra la calidad e intensidad de los intercambios que un&iacute;an a las sociedades andinas con las de la selva. En su correspondencia con Jos&eacute; de Recasens, Jos&eacute; Francisco Socarr&aacute;s y Gerardo Reichel-Dolmatoff se observa que los hallazgos arqueol&oacute;gicos se aclamaban mientras que los hallazgos etnogr&aacute;ficos se ignoraban y menospreciaban. Cuando la ideolog&iacute;a indigenista adquiri&oacute; mayor vigor, hasta convertirse incluso en un arma pol&iacute;tica de reivindicaci&oacute;n subversiva, Rivet no se uni&oacute; a este movimiento, arguyendo que estaba a favor de una naci&oacute;n &quot;multicultural&quot;, que deb&iacute;a hacer de su mestizaje una riqueza y que no negara ninguno de sus componentes. Esta posici&oacute;n fue muy mal entendida por los antrop&oacute;logos de tendencia marxista de los 1960-1970, quienes le reprocharon su pasividad y su desinter&eacute;s por la causa del indio, por su marginalidad social en tanto ciudadano<a name="top23"></a><a href="#back23"><sup>23</sup></a>. Se le acus&oacute; de haber dado la espalda a los problemas econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que afrontaban los ind&iacute;genas. Etn&oacute;logo extranjero en Colombia, refugiado, director de una instituci&oacute;n oficial, Rivet no pod&iacute;a comprometerse en un debate nacional. Consideraba al indio en su dimensi&oacute;n cultural y humana pero no sociol&oacute;gica y pol&iacute;tica, aun cuando era un observador muy atento de los acontecimientos y de la situaci&oacute;n ind&iacute;gena.</p>     <p>En junio de 1943 se convirti&oacute; en el consejero cultural de la Francia Libre en M&eacute;xico, y trabaj&oacute; por la difusi&oacute;n de la ciencia y de la cultura francesa, en armon&iacute;a con los valores difundidos por la Francia de De Gaulle. Rivet temi&oacute; durante mucho tiempo no poder regresar a una Francia en paz antes de morir. Habiendo obtenido la autorizaci&oacute;n del gobierno de De Gaulle para volver a Francia, regres&oacute; el 22 de octubre de 1944, a la edad de sesenta y ocho a&ntilde;os. Se acababa el tiempo de prueba de todos sus ideales y esperaba ardientemente que los terribles sucesos que destruyeron al mundo permitieran el advenimiento de una pol&iacute;tica nueva, que posibilitara concebir una sociedad mundial pac&iacute;fica y una manera m&aacute;s global de afrontar los problemas sociales y humanos, lejos de las divisiones de tiempos pasados.</p>     <p>A&uacute;n m&aacute;s que antes de la guerra, despu&eacute;s de 1944 Rivet se convirti&oacute; en un hombre p&uacute;blico, conocido m&aacute;s all&aacute; del c&iacute;rculo de los etn&oacute;logos. Retom&oacute; las funciones cient&iacute;ficas que ten&iacute;a antes de la guerra y adquiri&oacute; mayor autoridad, tanto en el plano nacional como en el internacional. Defendi&oacute;, institucionalmente, el lugar de la etnolog&iacute;a y la difusi&oacute;n del americanismo. Se jubil&oacute; oficialmente en 1949, a la edad de setenta y tres a&ntilde;os; sin embargo, despu&eacute;s de su retiro continu&oacute; muy activo y ocupado. Hasta finales de 1956 presidi&oacute; una gran cantidad de coloquios y congresos internacionales. Viajando enormemente, parte por largos meses al extranjero, invitado a dictar ciclos de conferencias, de manera especial en Am&eacute;rica latina, donde su prestigio crec&iacute;a considerablemente. Se convirti&oacute; en una suerte de &iacute;cono del cient&iacute;fico comprometido, respetado de forma un&aacute;nime por su lucha, y conocido como el &#39;amigo&#39;de Am&eacute;rica latina, que conoce bien. Partidario de una pol&iacute;tica neutral para Europa, se rehus&oacute; a escoger entre el bando de Estados Unidos y de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Numerosas universidades sudamericanas le concedieron el t&iacute;tulo de doctor <i>Honoris causa</i>. </p>     <p>Desde su creaci&oacute;n, Rivet hizo parte de la delegaci&oacute;n francesa ante la Unesco, al lado del historiador Lucien Febvre. Aqu&iacute; particip&oacute; en la puesta en marcha de varias iniciativas de alcance internacional, entre las cuales figura un proyecto centrado en la historia de la evoluci&oacute;n cient&iacute;fica y cultural de la humanidad. Se comprometi&oacute; de manera radical en la lucha contra el racismo y tom&oacute; la palabra sobre este asunto en numerosas reuniones p&uacute;blicas, en Par&iacute;s o en la provincia; en varios peri&oacute;dicos public&oacute; art&iacute;culos contra la ideolog&iacute;a racista. En la primavera de 1947 fue elegido vicepresidente de la Liga de los Derechos del Hombre, cargo en el que se mantuvo durante diez a&ntilde;os. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero m&aacute;s que la etnolog&iacute;a, es la pol&iacute;tica la que lo absorbe. En el verano de 1945, durante el trig&eacute;simo-s&eacute;ptimo congreso nacional de socialistas, cuyo tema esencial era la eventual uni&oacute;n electoral con el Partido Comunista, Rivet tom&oacute; la palabra e intervino pregonando la unidad de acci&oacute;n como en los tiempos del Frente Popular. Hasta el final de su vida sigui&oacute; convencido de que para promover una pol&iacute;tica realmente social se necesitaba la uni&oacute;n de todas las fuerzas de izquierda. Del mismo modo, sin haber sido jam&aacute;s simpatizante del marxismo, no cedi&oacute; ante el anticomunismo de la guerra fr&iacute;a. El 21 de octubre de 1945 y el 2 de junio de 1946 fue elegido diputado socialista de Par&iacute;s, en la primera y la segunda Asambleas Constituyentes, y el 10 de noviembre de 1946 diputado de la primera Asamblea Nacional. En diciembre de ese mismo a&ntilde;o fue elegido vicepresidente de la Comisi&oacute;n de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional. </p>     <p>En marzo de 1946, cuando el gobierno franc&eacute;s reconoci&oacute; la soberan&iacute;a del Estado Libre de Vietnam creado por Ho Chi Minh, Paul Rivet acogi&oacute; con agrado la noticia y se pronunci&oacute; a favor de una Uni&oacute;n Francesa Federal de Gobiernos Aut&oacute;nomos. Afirm&oacute;, adem&aacute;s, la necesidad de mantener una relaci&oacute;n con Ho Chi Minh. De hecho, estrecharon lazos de estima y amistad, y el etn&oacute;logo recibi&oacute; frecuentes visitas del dirigente pol&iacute;tico. Rivet escribi&oacute; en la prensa numerosos art&iacute;culos y an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n indochina, alertando a la opini&oacute;n p&uacute;blica sobre los extrav&iacute;os de la pol&iacute;tica colonial francesa en Indochina y acogiendo &quot;la voluntad del pueblo vietnamita y deplorando la incapacidad de los gobiernos franceses de adaptarse a las nuevas condiciones de colaboraci&oacute;n con los pueblos de ultramar&quot;.</p>     <p>Los desacuerdos con su partido, la SFIO (Secci&oacute;n Francesa de la Internacional Obrera), eran cada vez mayores, sobre todo en cuanto a la cuesti&oacute;n colonial, puesto que el partido no respetaba sus principios socialistas, ni se levantaba, entre otras cosas, contra la pol&iacute;tica de represi&oacute;n y de tortura llevada adelante por el estado franc&eacute;s en Indochina o en Madagascar, pol&iacute;tica &quot;que no deja entrever la m&aacute;s m&iacute;nima perspectiva de paz&quot;<a name="top24"></a><a href="#back24"><sup>24</sup></a>. El 23 de marzo de 1948 dimiti&oacute; del grupo parlamentario socialista, sentando as&iacute; su protesta contra la determinaci&oacute;n de no considerar la propuesta formulada por &eacute;l, junto con otros dos parlamentarios, de levantar las persecuciones contra los diputados malgaches ante el Tribunal de Justicia de Tananarive acusados err&oacute;neamente de ser responsables de la agitaci&oacute;n independentista. Los motines, en efecto, hab&iacute;an tenido lugar un a&ntilde;o antes y hab&iacute;an sido duramente reprimidos.</p>     <p>Consciente de que ya no librar&iacute;a tantos combates pol&iacute;ticos, redact&oacute; su &#39;profesi&oacute;n de fe&#39;sobre el mundo, tal y como lo ve&iacute;a y tal y como quisiera que fuera. Con cierta solemnidad, lo denomin&oacute; su &quot;testamento pol&iacute;tico&quot;, y logr&oacute; que apareciera publicado en la revista de Jean-Paul Sartre, <i>Les Temps Modernes</i>, en mayo de 1950. So&ntilde;aba con una tercera v&iacute;a para Europa, que no estuviera al servicio de la tutela militar estadounidense, ni del <i>diktat</i> sovi&eacute;tico, que fuera realmente neutral y pacifista. As&iacute;, Europa podr&iacute;a trabajar en el acercamiento de los dos bloques, a los que deb&iacute;a su reciente liberaci&oacute;n. De igual manera, puso sobre aviso de la psicosis anticomunista, tan agitada como un trapo rojo para manipular a la opini&oacute;n p&uacute;blica y hacer pasar determinadas medidas pol&iacute;ticas.</p>     <p>Contra todas las previsiones, Rivet no adopt&oacute; una actitud clara sobre el conflicto argelino y se inclin&oacute; en un primer momento hacia la Argelia francesa, influido por Jacques Soustelle<a name="top25"></a><a href="#back25"><sup>25</sup></a>. Esta toma de posici&oacute;n ir&iacute;a a ser el tormento de sus &uacute;ltimos a&ntilde;os. La irrupci&oacute;n del movimiento independentista argelino es su &uacute;ltimo caso de conciencia, el m&aacute;s doloroso, puesto que sab&iacute;a perfectamente que no estaba sosteniendo el mismo discurso que hab&iacute;a pronunciado sobre Indochina o Madagascar, no obstante haber dicho que comprend&iacute;a y aprobaba la voluntad de independencia y de libertad de esos pueblos. &Eacute;l sab&iacute;a &quot;cu&aacute;nto esfuerzo se necesita para dar a todos los pueblos su independencia, y estoy de acuerdo con lo que se ha hecho en este sentido, pero me temo que si vamos demasiado r&aacute;pido, lleguemos a transformar a &Aacute;frica en una serie de &#39;Liberias&#39;&quot;<a name="top26"></a><a href="#back26"><sup>26</sup></a>, explic&oacute;. Como otros hombres socialistas de su generaci&oacute;n, Rivet no puso en ning&uacute;n momento el colonialismo en tela de juicio, pero denunci&oacute; rotundamente sus abusos y recomend&oacute; un colonialismo &quot;humanista&quot;, que se acompa&ntilde;ara de reformas para facilitar la participaci&oacute;n y la representaci&oacute;n democr&aacute;tica de las poblaciones colonizadas. Para liberarse de la carga que pesaba sobre su conciencia, firm&oacute; una moci&oacute;n del sindicato de los educadores en enero de 1957, que se opon&iacute;a firmemente a la pol&iacute;tica de fuerza impuesta por el gobierno en Argelia y exig&iacute;a una negociaci&oacute;n.</p>     <p>Falleci&oacute; un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, el 21 de marzo de 1958, a la edad de ochenta y un a&ntilde;os. Iron&iacute;a del destino, el d&iacute;a de su muerte el diario Lib&eacute;ration, haciendo un paralelo con las pr&oacute;ximas elecciones municipales, consagr&oacute; un art&iacute;culo a la elecci&oacute;n de Paul Rivet en el barrio de San V&iacute;ctor en mayo de 1935, como un retorno simb&oacute;lico a las ra&iacute;ces de su compromiso pol&iacute;tico.</p>     <p align="center">**** </p>     <p>En esta &uacute;ltima parte de mi intervenci&oacute;n y dado que nos encontramos en el Museo del Hombre, me gustar&iacute;a volver sobre la creaci&oacute;n de esta instituci&oacute;n y sobre el asunto de la relaci&oacute;n entre el concepto de la cultura y el objeto etnogr&aacute;fico alimentada por Rivet, y de su aplicaci&oacute;n concreta en el Museo del Hombre.</p>     <p>La etnolog&iacute;a es la &uacute;nica ciencia social que dispone de un museo para traducir sus conocimientos, objetivos, conceptos y misiones. Raramente se ha insistido tanto sobre las misiones de servicio y de educaci&oacute;n p&uacute;blica que debe asumir un museo, <i>a fortiori</i> un museo etnol&oacute;gico. M&aacute;s a&uacute;n que los papeles de preservaci&oacute;n y conservaci&oacute;n, el papel social se afirma como preponderante, en la medida en que Rivet conceb&iacute;a el museo como &quot;un factor esencial de educaci&oacute;n popular&quot;<a name="top27"></a><a href="#back27"><sup>27</sup></a>. Conservador de la cultura material que abre sobre el universo mental propio de cada sociedad, el museo quiere mediante los objetos all&iacute; expuestos probar la indefectible solidaridad que une a todos los hombres y demostrar las aptitudes t&eacute;cnicas que tienen en com&uacute;n; as&iacute;, cargado de un valor enorme, cada uno de esos objetos equivale a un pelda&ntilde;o en el ascenso hacia el progreso. Al objeto se le asigna un &quot;positivismo&quot;: se convierte en la expresi&oacute;n meton&iacute;mica de la sociedad que lo produjo, una pieza irrefutable que debe emplearse para poner fin al injusto proceso llevado a cabo contra las sociedades condenadas, err&oacute;neamente, por su primitivismo, su arca&iacute;smo, su incapacidad para dominar el ambiente natural que las rodea, su ignorancia de la escritura, etc&eacute;tera. Esta definici&oacute;n no escapa a una visi&oacute;n teleol&oacute;gica de la historia, evolucionista por principio porque el hombre debe tener motivos de esperanza y mirar con confianza hacia el futuro. &quot;Escuela de optimismo&quot;, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Rivet, la etnolog&iacute;a, gracias a su museo, representa un contrapunto necesario al materialismo dominante en la sociedad: &quot;A esta labor es a la que me he dedicado, con un alcance social cada vez m&aacute;s evidente puesto que, en efecto, no puede negarse que un estudio profundo del hombre y de las sociedades es una de las herramientas intelectuales m&aacute;s seguras de las cuales disponemos para afrontar los peligros de una civilizaci&oacute;n en la cual lo econ&oacute;mico es todopoderoso&quot;<a name="top28"></a><a href="#back28"><sup>28</sup></a>. As&iacute; mismo, el museo constituye un s&iacute;mbolo de la unidad humana en su diversidad: permite al visitante &quot;impregnarse un poco de ese esp&iacute;ritu de relatividad tan necesario en nuestra &eacute;poca de fanatismos&quot;<a name="top29"></a><a href="#back29"><sup>29</sup></a>.</p>     <p>Para Paul Rivet y Georges Henri Rivi&egrave;re, son cuatro los prop&oacute;sitos que debe asumir el museo etnogr&aacute;fico, y que demuestran la implicaci&oacute;n cultural, social y pol&iacute;tica de una etnolog&iacute;a que quiere educar, combatir los prejuicios raciales mediante el conocimiento, ampliar los horizontes de sus conciudadanos y dar su justo valor a las poblaciones coloniales. He aqu&iacute; los cuatro prop&oacute;sitos:</p> <ul>1) <i>Papel cient&iacute;fico</i>: los dep&oacute;sitos de un museo de etnograf&iacute;a, siempre y cuando est&eacute;n bien organizados y dispuestos, son para los estudiosos una mina inagotable de conocimientos, no s&oacute;lo de car&aacute;cter t&eacute;cnico, sino tambi&eacute;n sociol&oacute;gico. De hecho, es muy extra&ntilde;o que una costumbre no pueda materializarse de alguna manera a trav&eacute;s de uno o varios objetos presentes en un museo etnogr&aacute;fico, y conservarse con todas las explicaciones necesarias. Este material es indispensable para las escuelas de etnolog&iacute;a, y los alumnos van all&iacute; a realizar sus trabajos pr&aacute;cticos.      ]]></body>
<body><![CDATA[</ul> <ul>2) <i>Papel de educaci&oacute;n popular</i>: las galer&iacute;as abiertas al p&uacute;blico exponen los objetos m&aacute;s caracter&iacute;sticos de las diversas civilizaciones; estos objetos no s&oacute;lo deben ir acompa&ntilde;ados de la mayor cantidad de anotaciones, fotograf&iacute;as y mapas, sino que deben distribuirse ejemplares de sus distintas clasificaciones, a fin de presentar todos sus aspectos (clasificaciones topogr&aacute;ficas y met&oacute;dicas). De esta manera el p&uacute;blico, si est&aacute; atento, no solamente recibe lecciones de etnograf&iacute;a propiamente dicha, sino tambi&eacute;n de geograf&iacute;a, sociolog&iacute;a, t&eacute;cnica, etc&eacute;tera.      </ul> <ul>3) <i>Papel art&iacute;stico</i>: ya sea en las galer&iacute;as p&uacute;blicas o en los dep&oacute;sitos que se abran seg&uacute;n la demanda, los artistas y artesanos encontrar&aacute;n en los objetos de arte primitivo, no s&oacute;lo la idea de una multiplicidad de t&eacute;cnicas desconocidas de nuestra civilizaci&oacute;n, sino una gran cantidad de formas y decorados que renovar&aacute;n su inspiraci&oacute;n.      </ul> <ul>4) <i>Papel nacional</i>: los museos etnogr&aacute;ficos son instrumentos incomparables de propaganda colonial (como los museos de Tervuren y de Anvers) y cultural (ver la gran cantidad de museos creados por la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica bajo todos los gobiernos de la antigua Rusia europea y asi&aacute;tica -cristalizaci&oacute;n y exaltaci&oacute;n de las nacionalidades oprimidas en Praga, Varsovia, Helsingfors, antes de la constituci&oacute;n de los estados checoslovaco, polaco, finland&eacute;s, etc&eacute;tera). Para los actuales y los futuros administradores coloniales es un precioso e indispensable centro de documentaci&oacute;n sobre las poblaciones que est&aacute;n llamados a administrar<a name="top30"></a><a href="#back30"><sup>30</sup></a>.      </ul>     <p>Esta definici&oacute;n de las cuatro misiones del museo de etnograf&iacute;a del Trocad&eacute;ro data de 1931, aun cuando no se diferencia demasiado de la que preconizar&aacute; el Museo del Hombre en 1938, excepto por dos cosas: su car&aacute;cter innovador y su marcado acento sobre el concepto de museo-laboratorio. El nombre mismo de Museo del Hombre se amolda perfectamente a la intenci&oacute;n antropol&oacute;gica de Paul Rivet, caracterizada por la interdisciplinariedad del saber. La astucia de este nombre es, precisamente, que no privilegia ninguna disciplina sino que las incluye a todas, afirmando el primado de la unidad en lo biol&oacute;gico y lo social.</p>     <p>El Museo del Hombre es tambi&eacute;n un &quot;museo para el hombre&quot;<a name="top31"></a><a href="#back31"><sup>31</sup></a>, un museo que debe ponerse al alcance del &quot;hombre del com&uacute;n, es decir, de aquel desprovisto de toda cultura, o que tiene una cultura rudimentaria&quot;<a name="top32"></a><a href="#back32"><sup>32</sup></a>. &quot;Para elevarlo hacia el conocimiento&quot;, prosigue Rivet, &quot;es necesario despertar su curiosidad y de este modo facilitarle el acceso. Por ende, es indispensable presentarle las colecciones del museo sin pedanter&iacute;a, evitando todo vocabulario t&eacute;cnico. De hecho, todo puede explicarse, expresarse, comentarse en un lenguaje sencillo, accesible a todos. No existe labor m&aacute;s dif&iacute;cil que esta, pero tampoco existe un objetivo m&aacute;s sublime para un conservador del arte, que dedicarse a trabajar en favor de las personas m&aacute;s humildes que visiten el lugar que &eacute;l preside&quot;<a name="top33"></a><a href="#back33"><sup>33</sup></a>. Por esta raz&oacute;n, el Museo del Hombre se enorgullece de abrir sus puertas en horas de la noche, despu&eacute;s de la jornada de trabajo de los empleados y de los obreros. </p>     <p>Concebido para la gran masa, el Museo del Hombre es tambi&eacute;n un museo-laboratorio, deseoso de ofrecer una amplia gama de servicios cient&iacute;ficos destinados a los trabajadores intelectuales, como se les llamaba en los a&ntilde;os 1930. Siendo al mismo tiempo centro de documentaci&oacute;n cient&iacute;fica, de ense&ntilde;anza y de investigaci&oacute;n, el museo pretende ser tambi&eacute;n el conservador de la civilizaci&oacute;n material. En efecto, en las salas s&oacute;lo se exponen diez o veinte porcentajes de las colecciones, cuidadosamente seleccionadas. Las ocho o nueve restantes se clasifican y ordenan rigurosamente y se guardan en reservas, que no son ya el &quot;Cafarna&uacute;m&quot; de anta&ntilde;o, sino todo lo contrario, &quot;el cerebro del museo&quot;<a name="top34"></a><a href="#back34"><sup>34</sup></a>, que les permite a los estudiantes e investigadores familiarizarse con objetos lujosos o aquellos m&aacute;s modestos, pero igualmente importantes, de la vida cotidiana, que les brindan tanta informaci&oacute;n sobre el contexto social, como este &uacute;ltimo brinda, a su vez, sobre los objetos mismos. </p>     <p>Desde este punto de vista, la creaci&oacute;n de un departamento de tecnolog&iacute;a que encuentra su prolongaci&oacute;n museogr&aacute;fica en una nueva sala de artes y t&eacute;cnicas, organizada por Anatole Lewitzky, Andr&eacute; Schaeffner y Andr&eacute; Leroi-Gourhan, constituye una significativa novedad con la que quiere demostrarse la unidad del esp&iacute;ritu humano por medio de su com&uacute;n habilidad manual y art&iacute;stica, acorde con su entorno natural. Esta innovaci&oacute;n &quot;aparece ante los ojos de los etn&oacute;logos contempor&aacute;neos como extraordinariamente moderna, pues va m&aacute;s all&aacute; de una jerarqu&iacute;a cultural o un simple inventario geogr&aacute;fico, y se interesa por la variaci&oacute;n de las constantes&quot;<a name="top35"></a><a href="#back35"><sup>35</sup></a>. Rivet consideraba que la sala de arte y de tecnolog&iacute;a comparada ten&iacute;a un gran valor formativo para el visitante, y desempe&ntilde;aba, por ende, un papel pedag&oacute;gico fundamental. En una &eacute;poca en la que la maquinaria y la <i>taylorizaci&oacute;n</i> se impon&iacute;an en el mundo industrial moderno, esta sala pone de relieve el valor del trabajo manual y la habilidad del artesano, su inteligencia adaptativa. Para un socialista convencido como Paul Rivet, este era un argumento de peso: para el hombre del pueblo, para el obrero manual que visita el museo, observar muestras de las industrias primitivas puede ser una llave de acceso a una apreciaci&oacute;n m&aacute;s justa de las sociedades err&oacute;neamente consideradas primitivas. Es m&aacute;s, esto le permite identificarse y comprender lo que &eacute;l mismo tiene en com&uacute;n con esos hombres de otros tiempos: la t&eacute;cnica, el saber hacer. &quot;No hay nada m&aacute;s conmovedor que constatar la perfecci&oacute;n de los resultados obtenidos, el producto final de herramientas o de armas, cuando se sabe con qu&eacute; t&eacute;cnicas rudimentarias se fabricaron&quot;<a name="top36"></a><a href="#back36"><sup>36</sup></a>. La consideraci&oacute;n de la larga evoluci&oacute;n humana y de su lenta emancipaci&oacute;n, gracias al progreso t&eacute;cnico, debe llevarnos a entonar un &quot;fabuloso himno de fe y de esperanza&quot;<a name="top37"></a><a href="#back37"><sup>37</sup></a> en honor del trabajo de los seres humanos. </p>     <p>As&iacute; las cosas, Rivet no pod&iacute;a concebir una etnolog&iacute;a que no estuviera comprometida, que no fuera militante, abierta a una mejor comprensi&oacute;n entre pueblos y naciones. El museo es el medio de propaganda ideal para difundir estas ideas, puesto que se inscribe dentro de los asuntos de la urbe y puede intervenir en el orden de las representaciones colectivas. Ya en los a&ntilde;os 1930 intenta restaurar la dignidad de las poblaciones primitivas y coloniales, valorar su patrimonio y lograr en los visitantes un mayor aprecio por ellas. Es tambi&eacute;n la &eacute;poca del fascismo y del racismo que instrumentalizan y desvirt&uacute;an el conocimiento cient&iacute;fico, para oprimir y estigmatizar ciertas categor&iacute;as de personas. Como ciencia del hombre, la etnolog&iacute;a debe ser portadora de un discurso alternativo coherente que se oponga radicalmente a esos excesos. Tras el hundimiento de los valores humanistas en Europa durante la segunda guerra mundial, la etnolog&iacute;a, seg&uacute;n Rivet, debe devolverle al hombre la confianza y la esperanza, debe incitarlo al optimismo y a ver m&aacute;s all&aacute; de las dificultades y los conflictos del momento. Tiene una responsabilidad c&iacute;vica, pues encarna un humanismo nuevo que tiene el deber de mostrar a la humanidad desgarrada el camino de la reconciliaci&oacute;n. En una palabra, el etn&oacute;logo debe re-encantar la realidad. Paul Rivet est&aacute; muy lejos del rol impuesto a los cient&iacute;ficos desde su concepci&oacute;n weberiana; &eacute;l entrelaza constantemente los g&eacute;neros pol&iacute;tico e intelectual, apoy&aacute;ndose en la autoridad que le da su saber etnol&oacute;gico para implicarse en el debate pol&iacute;tico. En efecto, para Rivet el etn&oacute;logo no tiene un derecho de reserva sino un deber de injerencia que debe ejercer constantemente. A la manera de los primeros soci&oacute;logos, a quienes tanto inquietaba la decadencia de una sociedad en la que el advenimiento de la revoluci&oacute;n industrial transformaba por completo el orden imperante, Paul Rivet quer&iacute;a volver a estrechar los lazos entre los seres humanos a escala planetaria, luego de los dramas de la segunda guerra mundial, de la Shoah y de los cataclismos nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Y no exist&iacute;a para &eacute;l un lugar m&aacute;s apropiado que los museos etnol&oacute;gicos para liderar ese combate en pro de la unidad en la diversidad y del respeto de las diferencias.</p>     <p>Para terminar, quisiera volver sobre la cuesti&oacute;n de los lazos entre la concepci&oacute;n de la cultura, el objeto etnogr&aacute;fico alimentado por Rivet y su aplicaci&oacute;n concreta en el marco del Museo del Hombre. No olvidemos que &eacute;l fue un hombre de paradojas: m&eacute;dico militar de formaci&oacute;n, le dio la espalda a la antropometr&iacute;a en aras de su pasi&oacute;n por las lenguas y los artefactos, y de su convicci&oacute;n de que el hombre fabrica su propia cultura, su sociedad, le imprime su sello y al mismo tiempo est&aacute; moldeado por esa sociedad. Yo partir&iacute;a de una paradoja que, en su momento, subray&oacute; Michel Leiris. Esta paradoja est&aacute; grabada con letras capitales en el frontispicio del Museo del Hombre: les recito de memoria los versos de Paul Val&eacute;ry: &quot;Cosas raras o cosas bellas / aqu&iacute; sabiamente reunidas / obligan al ojo a mirar / como jam&aacute;s fueron vistas / cosas todas que est&aacute;n en el mundo&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Muy oportunas para hacer una buena reflexi&oacute;n, estas palabras deber&iacute;an haber sido puestas, m&aacute;s atinadamente, en la fachada del museo del Quai Branly, que es a decir verdad un museo de bellas artes, en primer lugar, y en segundo lugar, un museo etnogr&aacute;fico. Sin embargo, las palabras de Paul Val&eacute;ry han sido equivocadamente asociadas a la filosof&iacute;a del objeto y de la cultura que se exhiben en las salas del Museo del Hombre. Otra paradoja que quiero subrayar de inmediato, antes de volver a lo anterior: durante la inauguraci&oacute;n del Museo del Hombre, en junio de 1938, no se escuch&oacute; una antolog&iacute;a de cantos del mundo entero, sino una obra magna de dos miembros de la vanguardia art&iacute;stica parisina, una <i>Cantata</i>, compuesta por Darius Milhaud con las palabras de Robert Desnos. Tambi&eacute;n esta vez puede decirse que quiz&aacute; se trataba de un gesto m&aacute;s apropiado para un museo de arte moderno occidental que para un museo etnogr&aacute;fico &quot;ex&oacute;tico&quot;. Recurrir, por un lado, a Paul Val&eacute;ry y por el otro, a Milhaud y Desnos, ilustra maravillosamente el talento de fino pol&iacute;tico y la personalidad provocadora de Paul Rivet, y demuestra su capacidad para unir el pol&iacute;tico al intelectual. Con Paul Val&eacute;ry, busc&oacute; y obtuvo el aval de la academia, se gan&oacute; el benepl&aacute;cito de las instituciones -un gesto eminentemente pol&iacute;tico-, mientras que con la Cantata reforz&oacute; los lazos con el mundo del arte moderno parisino, ostensiblemente notorios, puesto que no era insensible al arte. La genialidad del t&iacute;tulo Museo del Hombre pretend&iacute;a, igualmente, borrar las fronteras, como si afirmara: &quot;Nada de lo que es humano me resulta extranjero&quot;.</p>     <p>Y sin embargo, todo en la museograf&iacute;a del Museo del Hombre, en la concepci&oacute;n del objeto -analizado como un objeto testimonial- y de la cultura -entendida aqu&iacute; como cultura material- est&aacute; en las ant&iacute;podas de esas alianzas circunstanciales. Inspirado en los preceptos recalcados por Marcel Mauss y Paul Rivet en sus clases en el Instituto de Etnolog&iacute;a, Michel Leiris, el autor de las <i>Instrucciones sumarias para los coleccionistas de objetos etnogr&aacute;ficos</i>, preven&iacute;a a estos mismos coleccionistas contra &quot;las cosas raras o hermosas&quot;, contra los prejuicios de la pureza del estilo y de la rareza, retomando la f&oacute;rmula provocadora de Marcel Mauss sobre el enorme valor informativo y documental de la lata de conservas, comparada con la &quot;joya m&aacute;s suntuosa o el sello m&aacute;s extra&ntilde;o&quot;. Al exponer los artefactos en un museo se expone tambi&eacute;n su creador puesto que revela su racionalidad, su concepci&oacute;n del mundo y tambi&eacute;n, inevitablemente, la parte de imaginaci&oacute;n que interviene en esa racionalidad. Para Rivet, quien concibe el Museo del Hombre como el guardi&aacute;n de la cultura material de las sociedades no occidentales, exponer esos objetos, esos artefactos, significa estudiar y tratar de comprender c&oacute;mo la cultura se vuelve obra, se fabrica, c&oacute;mo el hombre transforma el mundo y, al hacerlo, c&oacute;mo se transforma a s&iacute; mismo. &Eacute;l tiene una visi&oacute;n compleja de esas sociedades: su historia es larga, fragmentada, hecha de intercambios, puesto que son sociedades abiertas al mundo. Paul Rivet y Georges Henri Rivi&egrave;re desarrollan, en el Museo del Hombre, una concepci&oacute;n ambientalista del objeto, concreci&oacute;n del estado de desarrollo de una cultura en un momento determinado. Ambos se dedican a restituir a esos objetos su valor de uso, pero tambi&eacute;n lo que podr&iacute;a llamarse su valor agregado; es decir, el que el ser humano les aporta al trabajar, al darle forma a la materia prima en campos tan diversos como la metalurgia, la cer&aacute;mica, la plumajer&iacute;a, el tejido, etc&eacute;tera.</p>     <p>Ya el difusionismo de Rivet transmit&iacute;a la noci&oacute;n de deuda -en el sentido en el que todas las sociedades se deben algo mutuamente-, noci&oacute;n que adquiere una importancia capital puesto que implica, <i>de facto</i>, una actitud de solidaridad entre todos los hombres que comercian, se prestan e intercambian conocimientos, herramientas, objetos, t&eacute;cnicas, instrumentos, plantas, rituales, mitos, etc&eacute;tera. Para &eacute;l, el hombre es antes que nada un <i>homo faber</i>, un ser que fabrica, que se realiza en pr&aacute;cticas indisociablemente manuales e intelectuales. Lejos de preocupaciones exclusivamente estetizantes -puesto que no olvida que fabricar un objeto &uacute;til puede ser tambi&eacute;n fabricar un objeto hermoso y &eacute;l es muy sensible a la dimensi&oacute;n est&eacute;tica del objeto-, Rivet pone en pr&aacute;ctica un principio de caridad epistemol&oacute;gica que apunta a valorar nuevamente las creaciones manuales, los procesos de conocimiento puestos en marcha por el actor creador en el acto de fabricaci&oacute;n. En resumen, no duda en convocar &quot;los or&iacute;genes laboriosos&quot;<a name="top38"></a><a href="#back38"><sup>38</sup></a> de los objetos en exposici&oacute;n. Sin embargo, esos objetos en exposici&oacute;n no son excepcionales por su calidad pl&aacute;stica o de forma: son antes que nada y sobre todo objetos de la vida cotidiana, fabricados gracias al ingenio de artesanos desconocidos, de obreros an&oacute;nimos que han contribuido a la emancipaci&oacute;n del hombre gracias a las herramientas y al saber emp&iacute;rico.</p>     <p>Rivet aboga por la escritura de otra historia, una historia que no ha tenido hasta ahora el honor de estar impresa en los libros, que no se focaliza en los hechos relevantes y en la gesti&oacute;n de los grandes de este mundo, sino que privilegia, por el contrario, las contribuciones an&oacute;nimas de los peque&ntilde;os, de los artesanos de la cotidianidad, de aquellos que mejoran la calidad de vida sin hacer ruido, sin estruendo, pero de manera duradera y eficaz, poniendo los medios para dominar su ambiente natural, adaptarse a &eacute;l y explotar sus riquezas. Esta manera de construir la historia resalta la concepci&oacute;n prometeica sobre la tecnolog&iacute;a que anima su defensa: el progreso de uno es el progreso de todos, y hace parte de un patrimonio com&uacute;n. &Eacute;l da valor, por su tecnicidad y sus conocimientos del mundo vegetal, a las sociedades que durante tanto tiempo han sido despreciadas, y le recuerda al hombre blanco, al hombre occidental, la deuda que su sociedad tiene con ellas. </p>     <p>Animado por un ardor pedag&oacute;gico poco com&uacute;n, conciente de la misi&oacute;n de servicio p&uacute;blico que le incumbe, Paul Rivet quer&iacute;a hacer comprender a las masas populares, a los trabajadores manuales que entran en las salas del museo, todo lo que tienen en com&uacute;n con las sociedades salvajes y primitivas: el gesto y la palabra, la t&eacute;cnica y el arte. Con pruebas y objetos de apoyo intent&oacute; demostrar que se ha llevado a cabo un proceso injusto contra esas sociedades condenadas de manera equivocada por su primitivismo, su arca&iacute;smo y su incapacidad para dominar el ambiente natural que las rodea. Si era invocando la raz&oacute;n como &eacute;l intentaba reformar las mentalidades, la aspiraci&oacute;n idealista subyacente es tambi&eacute;n trabajar para dar mayor profundidad a la racionalidad e imaginario occidentales, y llevarnos as&iacute; a relativizar nuestras propias categor&iacute;as de entendimiento y aprehensi&oacute;n de la alteridad. Rivet no conceb&iacute;a la etnolog&iacute;a de otro modo que como una &quot;escuela de optimismo&quot;, cuyo objeto fundamental es mostrar la unidad del hombre en su diversidad y hacer caer los prejuicios: raramente un etn&oacute;logo se implicar&aacute; de tal manera en esta lucha pol&iacute;tica por promover la concordia humana. Y seg&uacute;n &eacute;l, el Museo del Hombre era la herramienta ideal para alcanzar ese fin. </p>     <p>Inevitablemente, sin embargo, al hacer de la etnolog&iacute;a una disciplina de vigilancia, involucrada con los problemas de su tiempo, Paul Rivet construy&oacute; tambi&eacute;n una disciplina dependiente, sujeta a las transformaciones pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas, permeable a los cambios sociales. La prueba es que pocas personas hablan hoy de &eacute;l, que su nombre se menciona rara vez o apenas a manera de referencia. En estas condiciones, ¿qu&eacute; significa el hecho de haber consagrado diez a&ntilde;os de la vida a sacar del olvido a un hombre de quien ya casi nadie habla? ¿Por qu&eacute; se desconoce la obra de Paul Rivet? ¿A qu&eacute; se debe este desconocimiento? Los interrogantes tienen que ver en todo caso con la manera como se escribe, todav&iacute;a hoy, la historia de la etnolog&iacute;a, acudiendo a anatemas y excomuniones, privilegiando ciertas filiaciones supuestamente m&aacute;s nobles desde el punto de vista te&oacute;rico, en detrimento de otras que han tomado las riendas de los problemas de su &eacute;poca, y han donado su tiempo y su energ&iacute;a para darle un mejor lugar institucional a la etnolog&iacute;a. Les confieso que no me arrepiento de estos a&ntilde;os invertidos en la construcci&oacute;n de una nueva historia de la etnolog&iacute;a, m&aacute;s atenta a los hombres que han sabido encarnar con maestr&iacute;a, debo decir, una visi&oacute;n comprometida de esta ciencia.</p> <hr size="1">     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p> </font><font face="verdana" size="2">     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> Traducido por Mar&iacute;a Elisa del Pilar Borda Valderrama, 10 de octubre de 2008.</p>     <p><a name="back2"></a><a href="#top2">2</a> Christine Lauri&egrave;re. 2008. <i>Paul Rivet (1876-1958), le savant et le politique</i>. Editions scientifiques du Mus&eacute;um national d&rsquo;Histoire naturelle, colecci&oacute;n &quot;Archives&quot;. Par&iacute;s</p>     <p><a name="back3"></a><a href="#top3">3</a> El 18 de junio 1940, la BBC de Londres emiti&oacute; un mensaje del general De Gaulle rechazando el armisticio firmado entre el mariscal P&eacute;tain y las autoridades alemanas que implic&oacute; el final de los combates entre alemanes y franceses. De Gaulle invit&oacute; a proseguir la lucha desde las colonias francesas y los pa&iacute;ses aliados, a organizar la resistencia contra el invasor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back4"></a><a href="#top4">4</a> Revoluci&oacute;n Nacional: programa de Philippe P&eacute;tain y Pierre Laval -su vicepresidente colaboracionista pro alem&aacute;n-, y de la extrema derecha anti republicana, para reparar los &quot;errores&quot; de la tercera rep&uacute;blica y del Frente Popular. Su eslogan era: &quot;Trabajo, familia, patria&quot;.</p>     <p><a name="back5"></a><a href="#top5">5</a> V&eacute;anse los testimonios de los miembros de esta red de resistencia, que fue una de las primeras de la zona norte -la zona ocupada- de Francia: Germaine Tillion. 2000 &#91;1958&#93;. &quot;Premi&egrave;re r&eacute;sistance en zone occup&eacute;e&quot;. <i>Esprit</i>. 261, febrero: 106-124; Boris Vild&eacute;. 1997. <i>Journal et lettres de prison 1941-1942</i>. Allia. Par&iacute;s; Agn&egrave;s Humbert. 2004 &#91;1946&#93;. Notre guerre. Tallandier Editions. Par&iacute;s. V&eacute;anse tambi&eacute;n las investigaciones historicas: Martin Blumenson. 1979. <i>Le r&eacute;seau du Mus&eacute;e de l&rsquo;Homme</i>. Seuil. Par&iacute;s; Julien Blanc. 2000. &quot;Le r&eacute;seau du Mus&eacute;e de l&rsquo;Homme&quot;. Esprit. 261, febrero: 89-103; y su introducci&oacute;n a la reedici&oacute;n de Agn&egrave;s Humbert. Notre guerre, <i>op. cit</i>.: 9-80. Sobre las actividades de Paul Rivet en la red del Museo del Hombre, cfr. Christine Lauri&egrave;re. Paul Rivet (1986-1958), <i>le savant et le politique</i>, <i>op. cit</i>.: 519-549.</p>     <p><a name="back6"></a><a href="#top6">6</a> Era una nueva funci&oacute;n en el dispositivo de la diplomacia cultural del Comit&eacute; franc&eacute;s de liberaci&oacute;n nacional (CFLN). Se trat&oacute; de poner en estos puestos de representaci&oacute;n hombres que encarnaran la excelencia del pensamiento franc&eacute;s y de demostrar su importancia por el esp&iacute;ritu de resistencia que debi&oacute; animar a Francia. Paul Rivet fue el primero en ocupar esta funci&oacute;n de propaganda cultural; el segundo fue Henri Seyrig, en Washington.</p>     <p><a name="back7"></a><a href="#top7">7</a> Seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Jean Jamin: &quot;Le savant et le politique: Paul Rivet (1876-1958)&quot;. 1989. <i>Bulletins et M&eacute;moires de la Soci&eacute;t&eacute; d&rsquo;Anthropologie de Paris</i>. I (3-4): 277-294.</p>     <p><a name="back8"></a><a href="#top8">8</a> Seg&uacute;n la expresi&oacute;n misma de Rivet.</p>     <p><a name="back9"></a><a href="#top9">9</a> En 1894, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de la dolorosa y traumatizante derrota de Francia en la guerra de 1870, el capit&aacute;n Alfred Dreyfus fue condenado injustamente bajo la acusaci&oacute;n de haber comunicado secretos militaros a los alemanes. El hecho de ser jud&iacute;o exacerb&oacute; la situaci&oacute;n y aument&oacute; la separaci&oacute;n entre la derecha y la izquierda. El caso Dreyfus fue una de las mayores crisis de la tercera rep&uacute;blica e involucr&oacute; a muchos intelectuales (&Eacute;mile Zola, Marcel Proust, Charles P&eacute;guy, etc&eacute;tera) en el debate pol&iacute;tico p&uacute;blico, dividiendo Francia en dos campos totalmente opuestos. El caso Dreyfus envenen&oacute; el clima pol&iacute;tico durante m&aacute;s de un decenio. El ej&eacute;rcito franc&eacute;s fue en su gran mayor&iacute;a <i>antidreyfusard</i>.</p>     <p><a name="back10"></a><a href="#top10">10</a> Afirmaci&oacute;n de Paul Rivet en un discurso pronunciado en Quito, en 1951, citado en Luis Le&oacute;n. 1977. <i>Paul Rivet. Selecci&oacute;n de estudios cient&iacute;ficos y biogr&aacute;ficos</i>. Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana. Quito: 240.</p>     <p><a name="back11"></a><a href="#top11">11</a> Paul Rivet. 1903. &quot;Etude sur les Indiens de la r&eacute;gion de Riobamba&quot;. <i>Journal de la Soci&eacute;t&eacute; des Am&eacute;ricanistes</i>. I: 58-80; 1905. &quot;Les Indiens Colorado. R&eacute;cit de voyage et &eacute;tude ethnologique&quot;. <i>Journal de la Soci&eacute;t&eacute; des Am&eacute;ricanistes</i>. II (2): 177-208, reeditado en Jos&eacute; Juncadosa (comp.). 1988.<i> Tsachila. Los cl&aacute;sicos de la etnograf&iacute;a sobre los colorados (1905-1950)</i>. Ediciones Abya-Yala. Quito.</p>     <p><a name="back12"></a><a href="#top12">12</a> En particular, v&eacute;ase Gerardo Molina. 1958. &quot;En la muerte de Paul Rivet&quot;. La Calle (Bogot&aacute;), 28 de marzo.</p>     <p><a name="back13"></a><a href="#top13">13</a> El buey del viejo ind&iacute;gena Santiago Guam&aacute;n past&oacute; durante toda la noche en el campo del patr&oacute;n, lo que le vali&oacute; al anciano un duro castigo por parte del hombre blanco. Sin quejarse soport&oacute; las terribles condiciones a las que fue sometido, dentro de una pocilga h&uacute;meda y fangosa, con los pies atados y lacerados, mientras su esposa y su hija lo esperaban afuera, acuclilladas contra un muro. Cuando se cumple el castigo el indio, lejos de manifestar rencor, va donde el patr&oacute;n, le besa las manos y le da las gracias. Pero sus ojos, sin l&aacute;grimas, reflejan el dolor infinito de una raza injustamente esclavizada. (El poema se encuentra en los archivos de Paul Rivet, en la Biblioteca central del Museo Nacional de Historia Natural (Par&iacute;s), 2 AP 1 B1e).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back14"></a><a href="#top14">14</a> Antes de la institucionalizaci&oacute;n de la etnolog&iacute;a francesa en las d&eacute;cadas de 1920-1930, la c&aacute;tedra de antropolog&iacute;a del Museo Nacional de Historia Natural fue uno de los raros puestos (con l&rsquo;Ecole d&rsquo;Anthropologie de Par&iacute;s) donde se ense&ntilde;aba y aprend&iacute;a antropolog&iacute;a y etnograf&iacute;a. V&eacute;ase Claude Blanckaert. 1997. &quot;La cr&eacute;ation de la chaire d&rsquo;anthropologie du Mus&eacute;um dans son contexte institutionnel et intellectuel (1832-1855)&quot;. En Claude Blanckaert, Claudine Cohen y Pietro Corsi (comps.). <i>Le Mus&eacute;um au premier si&egrave;cle de son histoire</i>. Editions du Mus&eacute;um national d&rsquo;Histoire naturelle. Par&iacute;s: 85-124.</p>     <p><a name="back15"></a><a href="#top15">15</a> V&eacute;ase la esplendida serie de cuatro vol&uacute;menes compilada por Jon Landaburu. 1996-1999. <i>Documentos sobre lenguas abor&iacute;genes de Colombia del Archivo de Paul Rivet</i>. Ediciones Uniandes-Centro Colombiano de Estudios de Lenguas Abor&iacute;genes- Colciencias. Bogot&aacute;.</p>     <p><a name="back16"></a><a href="#top16">16</a> Sobre las posiciones de Paul Rivet en pro del internacionalismo cient&iacute;fico y contra la exclusi&oacute;n de los sabios alemanes y austriacos de la Sociedad de los Americanistas, v&eacute;ase Christine Lauri&egrave;re. 2008. &quot;L&rsquo;anthropologie et le politique, les pr&eacute;misses. Les relations entre Franz Boas et Paul Rivet (1919-1942)&quot;. <i>L&rsquo;Homme</i>. 187-188: 69-92.</p>     <p><a name="back17"></a><a href="#top17">17</a> Carta de Paul Rivet al mariscal Philippe P&eacute;tain del 21 de noviembre 1940, reproducida en su integridad en Christine Lauri&egrave;re. <i>Paul Rivet (1876-1958), le savant et le politique</i>, <i>op. cit</i>.: 669-670.</p>     <p><a name="back18"></a><a href="#top18">18</a> Carta de Paul Rivet al mariscal Philippe P&eacute;tain del 14 de julio 1940, reproducida en su integridad en <i>Ib&iacute;dem</i>: 665-666. Verdun es el nombre de un pueblo franc&eacute;s y el nombre de una famosa y mort&iacute;fera guerra de trincheras donde fallecieron decenas de millares de soldados franceses y alemanes.</p>     <p><a name="back19"></a><a href="#top19">19</a> Manifestaci&oacute;n de la ligas de extrema derecha que marcharon sobre la Asamblea Nacional tratando de derrocar el gobierno.</p>     <p><a name="back20"></a><a href="#top20">20</a> He aqu&iacute; algunas referencias bibliogr&aacute;ficas no exhaustivas sobre las actividades cient&iacute;ficas de Rivet en Colombia: Carlos Alberto Uribe. 1996. &quot;Entre el amor y el desamor: Paul Rivet en Colombia&quot;. En Jon Landaburu (comp.). Documentos sobre lenguas abor&iacute;genes del <i>Archivo de Paul Rivet. Vol. I. Lenguas de la amazonia colombiana</i>. Ediciones Uniandes-Centro Colombiano de Estudios de Lenguas Abor&iacute;genes-Colciencias. Bogot&aacute;: 49-74; Roberto Pineda Camacho. 1985. &quot;Paul Rivet y el americanismo&quot;. Texto y Contexto. 5: 7-20; Roberto Pineda Camacho. 1998. &quot;Paul Rivet: un legado que a&uacute;n nos interpela&quot;. En Jon Landaburu (comp.). Documentos sobre lenguas abor&iacute;genes del <i>Archivo de Paul Rivet. Vol. II. Lenguas de la orinoquia y del norte de Colombia</i>. Ediciones Uniandes-Centro Colombiano de Estudios de Lenguas Abor&iacute;genes-Colciencias. Bogot&aacute;: 53-74; Alicia Duss&aacute;n de Reichel. 1984. &quot;Paul Rivet y su &eacute;poca&quot;. <i>Correo de los Andes</i>. 26: 70-76; Christine Lauri&egrave;re. Paul Rivet (1876-1958), <i>le savant et le politique</i>, <i>op. cit</i>.: 551-596.</p>     <p><a name="back21"></a><a href="#top21">21</a> Paul Rivet. 1942. &quot;La etnolog&iacute;a, ciencia del hombre&quot;. <i>Revista del Instituto Etnol&oacute;gico Nacional</i>. I (1): 1-6.</p>     <p><a name="back22"></a><a href="#top22">22</a> Martha Herrera, Carlos Low. 1994. <i>Los intelectuales y el despertar cultural del siglo. El caso de la Escuela Normal Superior: una historia reciente y olvidada</i>. Universidad Pedag&oacute;gica Nacional. Bogot&aacute;.</p>     <p><a name="back23"></a><a href="#top23">23</a> Jaime Arocha, Nina de Friedemann. 1984. <i>Un siglo de investigaci&oacute;n social. Antropolog&iacute;a en Colombia</i>. Etnos. Bogot&aacute;: 261-262.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back24"></a><a href="#top24">24</a> Declaraci&oacute;n de Paul Rivet citada en el diario comunista <i>L&rsquo;Humanit&eacute;</i>, 15 de enero 1949.</p>     <p><a name="back25"></a><a href="#top25">25</a> Jacques Soustelle (1912-1990): etn&oacute;logo franc&eacute;s, especializado en etnograf&iacute;a mexicana, fue el subdirector del Museo del Hombre en 1938. Resistente, partidario del general De Gaulle, una parte muy activa en la propaganda en pro del Comit&eacute; franc&eacute;s de Liberaci&oacute;n Nacional. Al principio de los acontecimientos de la guerra de Argelia (1955-1956), fue nombrado gobernador general de Argelia. Pidi&oacute; el apoyo de su mentor Paul Rivet.</p>     <p><a name="back26"></a><a href="#top26">26</a> Citado en Paolo Duarte. 1960. <i>Paul Rivet por &ecirc;le mesmo</i>. Anhembi. S&atilde;o Paulo: 128-129.</p>     <p><a name="back27"></a><a href="#top27">27</a> Paul Rivet. 1948. &quot;Organisation d&rsquo;un mus&eacute;e ethnologique&quot;. <i>Museum</i>. I (1-2): 68- 70 y 112-113.</p>     <p><a name="back28"></a><a href="#top28">28</a> Paul Rivet. 1935. &quot;Le tricentenaire du Museum national d&rsquo;histoire naturelle&quot;. <i>Marianne</i>, 26 de junio.</p>     <p><a name="back29"></a><a href="#top29">29</a> Georges Henri Rivi&egrave;re. 1937. &quot;En 1937, dans le nouveau Trocad&eacute;ro s&rsquo;ouvrira le Mus&eacute;e de l&rsquo;Homme&quot;. <i>Les Nouvelles litt&eacute;raires</i>.</p>     <p><a name="back30"></a><a href="#top30">30</a> Nota del 14 de diciembre de 1931. Archivos Biblioteca central del Museo Nacional de Historia Natural, 2 AM 1 K74b, expediente de Documentaci&oacute;n Nacional.</p>     <p><a name="back31"></a><a href="#top31">31</a> Georges Henri Rivi&egrave;re. &quot;En 1937, dans le nouveau Trocad&eacute;ro s&rsquo;ouvrira le Mus&eacute;e de l&rsquo;Homme&quot;, <i>op. cit</i>.</p>     <p><a name="back32"></a><a href="#top32">32</a> Paul Rivet. &quot;Organisation d&rsquo;un mus&eacute;e ethnologique&quot;, <i>op. cit</i>.</p>     <p><a name="back33"></a><a href="#top33">33</a> <i>Ib&iacute;dem</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back34"></a><a href="#top34">34</a> Paul Rivet. &quot;Organisation d&rsquo;un mus&eacute;e ethnologique&quot;, <i>op. cit</i>.</p>     <p><a name="back35"></a><a href="#top35">35</a> Declaraciones de Michel Leiris citadas en Annie Dupuis. 1999. &quot;A propos de souvenirs in&eacute;dits de Denise Paulme et Michel Leiris sur la cr&eacute;ation du Mus&eacute;e de l&rsquo;Homme en 1936&quot;. <i>Cahiers d&#39;&eacute;tudes africaines</i>. XXXIX (3-4), 155-156: 524.</p>     <p><a name="back36"></a><a href="#top36">36</a> Paul Rivet. &quot;Les enseignements de l&rsquo;ethnographie&quot;, sin fecha &#91;entre 1928 y 1935&#93;: 3. Fondo del Instituto de Etnolog&iacute;a, archivos Biblioteca central del Museo Nacional de Historia Natural, 2 AM 2 C2.</p>     <p><a name="back37"></a><a href="#top37">37</a> Paul Rivet. 1954. &quot;Mus&eacute;es de l&rsquo;Homme et compr&eacute;hension internationale&quot;. <i>Museum</i>. 7 (2): 84.</p>     <p><a name="back38"></a><a href="#top38">38</a> Denis Hollier. 1991. &quot;La valeur d&rsquo;usage de l&rsquo;impossible&quot;. Prefacio a la reedici&oacute;n de la revista de vanguardia <i>Documents</i>. Jean-Michel Place. Par&iacute;s: XI.</p> </font>      ]]></body>
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