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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL CUERPO INVESTIGADOR, EL CUERPO INVESTIGADO UNA APROXIMACIÓN FENOMENOLÓGICA A LA EXPERIENCIA DEL PUERPERIO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[RESEARCHER BODY, RESEARCHED BODY. A PHENOMENOLOGICAL APPROACH TO THE PUERPERIUM EXPERIENCE]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The objective of this article is to explore the usefulness of phenomenological descriptions, including the detailed experiences of who conducts the research, as part of a socioanthropological research on the body and sexuality in particular, for the analysis of puerperium and some associated experiences in the contemporary Western world. It attempts to integrate phenomenological methods and postructuralist analytical frameworks. It starts with the idea that the observation of intense vital events such as childbirth and puerperium is a way to acquire knowledge of all those bodily experiences that have repercussions on subjectivity, and considers the body and the subject as an indissoluble unit that can only be understood in this imbrication, as proposed by the notion of embodiment]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><font size="4">    <center><b>EL CUERPO INVESTIGADOR, EL CUERPO INVESTIGADO UNA APROXIMACI&Oacute;N FENOMENOL&Oacute;GICA A LA EXPERIENCIA DEL PUERPERIO </b> </center></font></p>     <p><font size="3">    <center>       <p align="center"><i>RESEARCHER BODY, RESEARCHED BODY.</i><i> A PHENOMENOLOGICAL APPROACH TO THE PUERPERIUM EXPERIENCE</i></p> </center></font></p>      <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b>ANA SABRINA MORA</b>    <br>   LICENCIADA EN ANTROPOLOG&Iacute;A Y ESTUDIANTE DEL  DOCTORADO EN CIENCIAS NATURALES CON ORIENTACI&Oacute;N EN ANTROPOLOG&Iacute;A DE LA     <br>   UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA, ARGENTINA.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   DOCENTE-INVESTIGADORA DE LA UNIVERSIDAD  NACIONAL DE LA PLATA, UNLP.     <br>   BECARIA DEL CONSEJO NACIONAL DE INVESTIGACIONES  CIENT&Iacute;FICAS Y T&Eacute;CNICAS, CONICET.     <br>   <a href="mailto:sabrimora@gmail.com">sabrimora@gmail.com</a>.</p>     <p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: 30 de mayo de 2008. Fecha de aceptaci&oacute;n: 11 de marzo de 2009.</p> <hr size="1">     <p align="center"><b>Resumen</b></p>     <p>El objetivo de este art&iacute;culo es explorar la utilidad de las descripciones fenomenol&oacute;gicas, incluyendo las experiencias de quien realiza la investigaci&oacute;n, como parte de los an&aacute;lisis socioantropol&oacute;gicos sobre el cuerpo y la sexualidad, en especial, para aproximarse al estudio del puerperio y a algunas experiencias que suelen asociarse a &eacute;l en la contemporaneidad occidental. Intenta, adem&aacute;s, integrar la propuesta metodol&oacute;gica de la fenomenolog&iacute;a con los marcos anal&iacute;ticos postestructuralistas. Se parte de la idea de que la observaci&oacute;n de acontecimientos vitales intensos como el parto y el puerperio, es una v&iacute;a de acceso al conocimiento de todas aquellas experiencias que desde el cuerpo repercuten sobre la subjetividad, y considera al cuerpo y al sujeto como una unidad indisoluble, que s&oacute;lo puede comprenderse desde su imbricaci&oacute;n, tal como lo establece la perspectiva del <i>embodiment</i>.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: puerperio, embodiment, fenomenolog&iacute;a.</p> <hr size="1">     <p align="center"><b>Abstract</b></p> </font>     <p><font size="2">T</font><font size="2" face="verdana">he objective of this article is to explore the usefulness of phenomenological descriptions, including the detailed experiences of who conducts the research, as part of a socioanthropological research on the body and sexuality in particular, for the analysis of puerperium and some associated experiences in the contemporary Western world. It attempts to integrate phenomenological methods and postructuralist analytical frameworks. It starts with the idea that the observation of intense vital events such as childbirth and puerperium is a way to acquire knowledge of all those bodily experiences that have repercussions on subjectivity, and considers the body and the subject as an indissoluble unit that can only be understood in this imbrication, as proposed by the notion of embodiment.</font></p> <font face="verdana" size="2">    <p><b>Key words: </b>puerperium, embodiment, phenomenology.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p>En este art&iacute;culo persigo un doble objetivo. por un lado, explorar la utilidad del conocimiento corporeizado y de las descripciones fenomenol&oacute;gicas, como parte de las investigaciones socioantropol&oacute;gicas sobre el cuerpo, y sobre el cuerpo y la sexualidad, en particular. Por otro lado, me aproximo al puerperio y a algunas experiencias que suelen asociarse a &eacute;l, en la contemporaneidad occidental. El an&aacute;lisis de acontecimientos vitales intensos como el parto y el puerperio, es v&iacute;a de acceso al conocimiento de todas aquellas pr&aacute;cticas que a partir del cuerpo repercuten en la subjetividad, pone en cuesti&oacute;n los t&eacute;rminos del dualismo cartesiano y considera al cuerpo y al sujeto como una unidad, en la que sus t&eacute;rminos son indisolubles y s&oacute;lo pueden comprenderse desde su imbricaci&oacute;n. </p>     <p>En este trabajo ensayo con preguntas y respuestas acerca de las posibilidades del cuerpo como productor de conocimiento y de subjetividad. Tomo como base emp&iacute;rica el caso de mi propia experiencia del puerperio y considero que &eacute;sta produce conocimiento; las descripciones fenomenol&oacute;gicas son cruciales para comprender los efectos de la corporeidad sobre la subjetividad. Mi puerperio (como el de tantas mujeres) estuvo compuesto por una serie de acontecimientos, vivencias, percepciones, sensaciones y pr&aacute;cticas que se conectaron, entrecruzaron, encadenaron e hilvanaron entre s&iacute;, en una trama mutable y que a su vez se pusieron en relaci&oacute;n con perspectivas de an&aacute;lisis que proponen pensar el mundo y la vida con, a trav&eacute;s y desde el cuerpo. Comenzar&eacute; por establecer la fundamentaci&oacute;n te&oacute;rico-metodol&oacute;gica del conocimiento corporeizado y de la inclusi&oacute;n de la descripci&oacute;n fenomenol&oacute;gica de las experiencias personales de la investigadora o del investigador en la producci&oacute;n de conocimiento acad&eacute;mico. Luego, explorar&eacute; los caminos transitados por m&iacute; misma durante el puerperio y los senderos abiertos a partir de &eacute;l. Intentar&eacute; contribuir a la integraci&oacute;n de las perspectivas fenomenol&oacute;gicas y postestructuralistas, entendiendo que esta conjunci&oacute;n abre posibilidades fecundas al an&aacute;lisis de los fen&oacute;menos ligados al cuerpo, o m&aacute;s espec&iacute;ficamente, al <i>embodiment</i>.</p>     <p><font size="3"><b>CONOCIMIENTO CORPOREIZADO: LA ETNOGRAF&Iacute;A Y LAS EXPERIENCIAS CORPORALES</b></font></p>     <p>En diversas ocasiones se ha destacado la necesidad de no olvidar el lugar que el investigador ocupa en el contexto de investigaci&oacute;n, como un sujeto social que produce una mirada sobre otros sujetos sociales. Entre los m&aacute;s sobresalientes podemos citar a Pierre Bourdieu quien advierte que &quot;cuando se aborda una pr&aacute;ctica cultural cualquiera, &#91;hay que&#93; interrogarse a s&iacute; mismo como practicante de esa pr&aacute;ctica&quot; (2003: 251-252) y sugiere el proceso de &quot;autosocioan&aacute;lisis&quot; con el fin de &quot;objetivar al sujeto objetivante&quot;, procurando &quot;mirar y analizar los condicionamientos sociales que afectan al proceso de investigaci&oacute;n, tomando como punto especial de la mirada al propio investigador y sus relaciones&quot; (Guti&eacute;rrez, 2005: 229). As&iacute;, se pone al investigador en relaci&oacute;n con sus pares, con las instituciones de su campo, con la realidad que analiza y con los sujetos cuyas pr&aacute;cticas investiga. En el mismo sentido, Martyn Hammersley y Paul Atkinson afirman que examinar el car&aacute;cter reflexivo de la investigaci&oacute;n social implica reconocer que somos parte del mundo social que estudiamos &quot;y esto no es meramente una cuesti&oacute;n metodol&oacute;gica, es un hecho existencial&quot; (1994: 29). </p>     <p>En otros casos, la consideraci&oacute;n de s&iacute; mismo como sujeto socialmente situado que estudia a otros sujetos tambi&eacute;n socialmente situados, es entendida no s&oacute;lo como una cuesti&oacute;n para tener en cuenta en relaci&oacute;n con el control epistemol&oacute;gico del proceso de investigaci&oacute;n, sino que es asimismo una herramienta de producci&oacute;n de conocimiento. Por ejemplo, en <i>Tabu do corpo</i> (2006 &#91;1979&#93;), Jos&eacute; Carlos Rodrigues, pionero de la antropolog&iacute;a del cuerpo en Brasil, afirma que, para el antrop&oacute;logo, la introspecci&oacute;n es un m&eacute;todo v&aacute;lido de producci&oacute;n de conocimiento objetivo, partiendo de que no hay nada en la vida social que no pueda ser convertido en objeto de investigaci&oacute;n, lo que incluye la propia conciencia. Con la premisa de que las experiencias son construidas socialmente y por eso son compartidas por sujetos que tienen un sistema de significaciones y representaciones sociales comunes, es decir, una cultura, se postula aqu&iacute; que la transformaci&oacute;n de s&iacute; mismo(a) en objeto de investigaci&oacute;n, sin dejar de considerar las dificultades del distanciamiento necesario para transformar las propias experiencias en datos antropol&oacute;gicos, es un acercamiento &uacute;til para complementar las investigaciones etnogr&aacute;ficas. Esto es en especial cierto cuando trabajamos sobre pr&aacute;cticas &iacute;ntimas y ancladas en experiencias del cuerpo, que suelen ser, en particular, dif&iacute;ciles de acceder y comprender a cabalidad mediante observaciones y entrevistas. No se trata de abandonar estas t&eacute;cnicas de recolecci&oacute;n de datos, sino de acompa&ntilde;arlas, complementarlas y enriquecerlas con la interrogaci&oacute;n y la exploraci&oacute;n por parte de quien investiga acerca de sus propias experiencias, vivencias y sensaciones, en relaci&oacute;n con pr&aacute;cticas de las que formamos parte, en mayor o menor medida.</p>     <p>En esta misma l&iacute;nea, Renato Rosaldo (1989) ha defendido y ha puesto en pr&aacute;ctica el abordaje autoetnogr&aacute;fico en el que se utiliza la propia experiencia del etn&oacute;grafo en funci&oacute;n de la comprensi&oacute;n de sus objetos de estudio. Para conocer el grupo social investigado y, en especial, para entender sus experiencias, emociones y motivaciones, las impresiones del etn&oacute;grafo constituyen un aporte que no debe desde&ntilde;arse. Al contrario, pueden tomarse como un punto de partida o una fuente de inspiraci&oacute;n. Por esto, propone partir de las vivencias y de la implicaci&oacute;n personal y usar lo interior para entender el afuera, para establecer un di&aacute;logo con el otro, con la emoci&oacute;n como veh&iacute;culo para vincularse con los sujetos a los que estudia como con los lectores a los que dirige su producci&oacute;n cient&iacute;fica. Otro aspecto interesante de esta propuesta radica en el hecho de que puede resolver el problema de la subjetividad y la reflexividad capitaliz&aacute;ndolas de forma positiva sin caer en el exceso de autorreferencialidad que se les critica a otros autores postmodernos. Puede identificarse un paso previo a este tipo de aproximaciones en los enfoques interpretativos que reconocieron la pluralidad de voces confluyentes en la escritura etnogr&aacute;fica y a la gran importancia otorgada a las narraciones, que incluyen los relatos en primera persona del investigador(a), reivindicados hasta el punto de entender que el conocimiento etnogr&aacute;fico no deja de ser una historia m&aacute;s, que participa en el mundo de las narraciones sobre la vida. Todo esto condujo a una valoraci&oacute;n positiva de la subjetividad y las emociones del investigador, que dejan de ser un elemento contaminante para convertirse en un material que aporta y enriquece la investigaci&oacute;n.</p>     <p>Si se entiende la etnograf&iacute;a como una forma de acercarse a un objeto de estudio para realizar una inmersi&oacute;n en un espacio social concreto, con el objetivo de acceder a la perspectiva de los sujetos investigados, con el recurso de una serie de t&eacute;cnicas de recolecci&oacute;n y registro de informaci&oacute;n, y con un marco te&oacute;rico que se construye para poner en cuesti&oacute;n e interpretar los datos, el estudio de lo corporal desde una perspectiva socioantropol&oacute;gica, con t&eacute;cnicas etnogr&aacute;ficas, plantea cuestiones metodol&oacute;gicas espec&iacute;ficas. Debemos tener en cuenta que las t&eacute;cnicas utilizadas en las metodolog&iacute;as cualitativas se ponen en pr&aacute;ctica en contextos en los que el investigador(a) forma parte e influye con su presencia, preguntas y comentarios, e incluso con su presentaci&oacute;n y lenguaje corporal, del mismo modo que los sujetos investigados lo hacen sobre el investigador(a). Debemos ubicarnos como sujetos sociales que producen una mirada sobre otros, considerar que no s&oacute;lo nuestro yo cultural se implica en la investigaci&oacute;n, sino que los objetos de estudio y las formas de abordarlos o interpretarlos se construyen en relaci&oacute;n con nuestro ser-en-el-mundo, y el proceso de investigaci&oacute;n, as&iacute; como el de formaci&oacute;n vinculado, vuelve sobre nuestra existencia y se enlaza con la vida cotidiana.</p>     <p>Cuando se investigan pr&aacute;cticas corporales, se hace m&aacute;s profundo el problema que surge de manera recurrente en el momento de &quot;interpretar lo interpretado&quot; por los actores (Geertz, 1997): el planteamiento de la distancia que existe entre lo que observamos o lo que nos es relatado en las entrevistas y la experiencia pr&aacute;ctica y personal del cuerpo de los sujetos que investigamos. Si bien, en general, la relaci&oacute;n del investigador con su objeto es la de quien est&aacute; excluido del juego real de las pr&aacute;cticas que analiza, las sensaciones y vivencias corporales que pueden ocurrir al poner el cuerpo en la pr&aacute;ctica estudiada, son una fuente de informaci&oacute;n nada desde&ntilde;able y se pueden volver cruciales para comprender las experiencias de quienes s&iacute; forman parte por completo del campo que estudiamos. Con las t&eacute;cnicas de recolecci&oacute;n de informaci&oacute;n con las que contamos como antrop&oacute;logas y antrop&oacute;logos, es m&aacute;s sencillo conocer las pr&aacute;cticas por medio de las observaciones y comprender las representaciones mediante los discursos, que las experiencias del cuerpo. Entonces podemos preguntarnos: &iquest;Las experiencias, representaciones y pr&aacute;cticas ancladas en el cuerpo que nos interesa analizar, pueden ser comprendidas a trav&eacute;s de la mediaci&oacute;n de los discursos que las interpretan durante las entrevistas y las conversaciones? &iquest;Es posible comprenderlas bas&aacute;ndose s&oacute;lo en lo que se dice de ellas? Una vez que concluyamos que adem&aacute;s del trabajo de campo tradicional se necesita la inclusi&oacute;n del conocimiento corporeizado producido desde la experiencia personal, surgen nuevas preguntas: &iquest;Se puede acceder mediante el an&aacute;lisis de la propia experiencia a aquellas sensaciones, experiencias y representaciones que nos son relatadas? &iquest;C&oacute;mo distinguir y vincular aquello que nos pasa al &quot;poner el cuerpo&quot; de aquello que nos es contado? &iquest;C&oacute;mo equilibrar la vivencia personal con los objetivos de la investigaci&oacute;n y la pretensi&oacute;n de objetividad? &iquest;C&oacute;mo pasar todo lo aprendido con el cuerpo al lenguaje acad&eacute;mico antropol&oacute;gico?</p>     <p>Una de las propuestas metodol&oacute;gicas para abordar lo corporal es la &quot;sociolog&iacute;a carnal&quot; (<i>carnal sociology of the body</i>). Dentro de esta perspectiva, Nick Crossley (1995) ha dicho que la sociolog&iacute;a del cuerpo, por lo com&uacute;n, maneja un enfoque que se centra en &quot;lo que se le hace al cuerpo&quot; (<i>what is done to the body</i>) y predomina la observaci&oacute;n desde el punto de vista de su constituci&oacute;n como objeto significativo debido a discursos y como sujeto de pr&aacute;cticas de regulaci&oacute;n o transformaci&oacute;n. Frente a esto, propone sumar un enfoque que se ocupe de la comprensi&oacute;n de &quot;qu&eacute; es lo que el cuerpo hace&quot; (<i>what the body does</i>), para otorgar a este un rol activo en la vida social, y tener en cuenta las bases incorporadas (<i>embodied</i>), es decir, internalizadas en y producidas por el cuerpo, los constituyentes pr&aacute;cticos y simb&oacute;licos de una formaci&oacute;n social, a partir de considerar que el cuerpo no es s&oacute;lo algo sobre lo que se act&uacute;a sino que tambi&eacute;n es productor de acci&oacute;n. Insin&uacute;a tambi&eacute;n que las ciencias sociales no se detengan en el estudio del cuerpo (<i>of the body</i>) sino que avancen hacia la inclusi&oacute;n de estudios desde el cuerpo (<i>from the body</i>). Que el cuerpo no s&oacute;lo sea sujeto de investigaci&oacute;n sino herramienta y sujeto de conocimiento, lo que implica dar centralidad al cuerpo actuante del investigador o la investigadora. El fundamento de esta propuesta podemos encontrarla en la necesidad de reconocer y restituir la dimensi&oacute;n carnal de la existencia, con frecuencia olvidada en las ciencias sociales, y de alejarse de las concepciones dualistas de la existencia. De acuerdo con L&ouml;ic Wacquant, la sociolog&iacute;a carnal &quot;toma en serio, tanto en el plano te&oacute;rico como en el metodol&oacute;gico y ret&oacute;rico, el hecho de que el agente social es, ante todo, un ser de carne, nervio y sentidos (en el doble sentido de sensual y significado), un &#39;ser que sufre&#39;&#91;...&#93; y que participa del universo que lo crea y que, por su parte, contribuye a construir con todas las fibras de su cuerpo y su coraz&oacute;n&quot; (2006: 15). Debemos reconocer tanto la implicaci&oacute;n corporal que todo conocimiento del mundo y de s&iacute; mismo tiene, como la necesidad de incluir aquel producido por nuestras propias experiencias corporales en el proceso de investigaci&oacute;n. En las indagaciones sobre pr&aacute;cticas, representaciones y experiencias centradas en el cuerpo, se hace necesario un paralaje de investigaci&oacute;n en el que el sujeto que investiga ponga su cuerpo en la pr&aacute;ctica que estudia en alg&uacute;n momento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La antropolog&iacute;a del cuerpo ha establecido que esta es una construcci&oacute;n social y cultural y que la vida sociocultural construye pr&aacute;cticas y representaciones diversas del cuerpo. A&uacute;n as&iacute;, esta construcci&oacute;n diversa (y desigual) de los cuerpos se hace sobre un sustrato com&uacute;n: El cuerpo, en tanto materialidad, en tanto encarnaci&oacute;n del sujeto, es el sustrato compartido de la experiencia humana (Citro, 2006). La corporalidad del sujeto, entonces, abarca tanto la dimensi&oacute;n sociocultural (los modos de representaci&oacute;n del cuerpo propio y el de los otros, las pr&aacute;cticas que sobre &eacute;l y con &eacute;l se realizan, las nociones de cuerpo y de persona), como la experiencia del cuerpo, que por supuesto est&aacute; permeada por la dimensi&oacute;n anterior pero que puede no coincidir totalmente con ella. Por ejemplo, en el caso de la modernidad occidental, el modo hegem&oacute;nico de entender al cuerpo est&aacute; signado por el dualismo cartesiano, aunque no todas nuestras experiencias corporales se agotan en esta concepci&oacute;n ideol&oacute;gica. En palabras de Bryan Turner, el cuerpo &quot;es la caracter&iacute;stica m&aacute;s pr&oacute;xima e inmediata de mi yo social, un rasgo necesario de mi situaci&oacute;n social y de mi identidad personal&quot; (1989: 33), y por esto, &quot;percibir el mundo es reflejar las posibles acciones de mi cuerpo sobre aqu&eacute;l. De forma similar, experimento mi cuerpo como m&iacute;o por medio de mi &iacute;ntimo y concreto control sobre &eacute;l&quot; (&Iacute;bid: 82). En el an&aacute;lisis de las experiencias y sus conexiones se ve que desde el cuerpo se produce subjetividad, se producen formas especiales de vincularse con el mundo y con los otros y se produce conocimiento.</p>     <p>Friedrich Nietzsche y Maurice Merleau-Ponty han resaltado la experiencia del cuerpo al redefinir el <i>cogito</i> cartesiano, criticando la noci&oacute;n de sujeto como <i>res cogita</i>, es decir, caracterizado como aquello que piensa, y la visi&oacute;n del cuerpo como <i>res extensa</i> o como mera extensi&oacute;n material, de modo que ambos &quot;construyen representaciones de la corporalidad que rompen con el paradigma cartesiano hegem&oacute;nico en la modernidad y, al producir esta ruptura, postulan elementos que &#91;...&#93; definir&iacute;an la experiencia com&uacute;n de la corporalidad&quot; (Citro, 2006: 47-48). En Nietzsche, la esencia de la experiencia de la corporalidad es el movimiento, en el que el cuerpo se manifiesta con poder de transformar al mundo y a s&iacute; mismo. En el cuerpo residir&iacute;a una voluntad de poder, uno que se ejerce desde el cuerpo y nos mueve a actuar sobre el mundo, cuya fuerza fundamental es la creaci&oacute;n. De este modo, invierte los t&eacute;rminos del racionalismo. Concibe al esp&iacute;ritu como instrumento del cuerpo y al cuerpo como &quot;la raz&oacute;n en grande, la voluntad que obra como &#39;yo&#39;&quot; (1995 &#91;1882&#93;: 54). Merleau-Ponty, por su parte, sostiene que la experiencia de la percepci&oacute;n es un modo de ser fundador del ser, de la existencia. Quien percibe es un sujeto hecho <i>carne</i> con el mundo, un ser-en-el-mundo. La experiencia de la percepci&oacute;n es corporal, prerreflexiva, preobjetiva, basada en la indivisibilidad del v&iacute;nculo del sujeto con el mundo. El concepto de <i>carne</i> hace referencia a &quot;un sintiente sensible que no puede desligarse de su relaci&oacute;n con un mundo&quot; (Citro, 2006: 64) y que toma forma de cuerpo s&oacute;lo cuando es pensado, objetivado, escindido de su condici&oacute;n existencial de <i>carne</i>. El sujeto de la sensaci&oacute;n, seg&uacute;n Merleau-Ponty, &quot;no es ni un pensador que nota una cualidad, ni un medio inerte por ella afectado o modificado&quot; (Citro, 2006: 63), sino &quot;una potencia que co-nace (co-noce) a un cierto medio de existencia o se sincroniza con &eacute;l &#91;...&#93; es una cierta manera de ser del mundo que se nos propone desde un punto del espacio, que nuestro cuerpo recoge y asume si es capaz de hacerlo&quot; (Merleau-Ponty, 1993 &#91;1945&#93;: 228). Al igual que en Nietzsche, los t&eacute;rminos del <i>cogito</i> cartesiano son invertidos. El cuerpo es el que conoce en primer lugar, &quot;este cuerpo que sabe del mundo m&aacute;s que nosotros&quot; (&Iacute;bid: 253). Al proponer una s&iacute;ntesis entre ambos autores, la antrop&oacute;loga argentina Silvia Citro concibe la experiencia del cuerpo incluyendo ambos modos de existencia: &quot;Esa napa primaria de la experiencia perceptiva y pr&aacute;ctica que la fenomenolog&iacute;a ha sabido describir y ese modo activo y transformador que Nietzsche buscaba develar. La corporalidad del ser se hace <i>carne</i> con el mundo, pero tambi&eacute;n, otras veces, se confronta con ese mundo que se le resiste, se moviliza e intenta transformarlo&quot; (2006: 94). Estas experiencias primarias de la corporalidad son las que est&aacute;n en juego en el puerperio, incluyen tanto la posibilidad de conocer y conocernos desde el cuerpo, como en la posibilidad de transformar nuestro mundo y a nosotras mismas.</p>     <p>En las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, el concepto de <i>embodiment</i><a name="top1"></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a> ha tenido una creciente importancia en la antropolog&iacute;a del cuerpo. Ha sido caracterizado por Thomas Csordas (1993) como la condici&oacute;n existencial en la que se asientan la cultura y el sujeto. A esta perspectiva le sigue un enfoque metodol&oacute;gico, la fenomenolog&iacute;a del cuerpo, que se basa en el re conocimiento del embodiment como sustrato existencial de la cul tura y el sujeto (&quot;necesario pa ra ser&quot;), y del cuerpo (en el sentido de cuerpo viviente, es decir, en su dimensi&oacute;n biol&oacute;gica y material) como punto de partida metodol&oacute;gico, m&aacute;s que como objeto de estudio. Las observaciones sobre el <i>embodiment</i>, de este modo, no son s&oacute;lo estudios sobre el cuerpo, sino sobre la cultura y la experiencia, entendidas a partir del ser-en-el-mundo corporeizado (<i>embodied</i>), que buscan sintetizar la inmediatez de la experiencia corporeizada con la multiplicidad de sentidos culturales en que estamos inmersos (Csordas, 1999).</p>     <p>Michael Lambeck (1998) ha afirmado que tanto las experiencias monistas como las dualistas son inherentes a la condici&oacute;n humana. Propone la existencia de un dualismo universal presente en el pensamiento en todas las culturas, entendiendo al dualismo cartesiano como su versi&oacute;n occidental. El dualismo no siempre toma la forma de cuerpo-mente, es decir, cuerpo y mente no son categor&iacute;as universales, pero s&iacute; existe siempre m&aacute;s de una categor&iacute;a (por ejemplo, la tr&iacute;ada cuerpo-mente-esp&iacute;ritu, o la divisi&oacute;n entre cuerpo activo y vegetativo, entre otras posibilidades) para hablar de los dominios que cubren esos dos referentes. Reconocer el dualismo mente-cuerpo no quita que este no pueda ser trascendido en la pr&aacute;ctica y tampoco implica asumir una distinci&oacute;n tajante entre fen&oacute;menos estables que se relacionan de modo definitivo. Al considerar el caso de la oposici&oacute;n que hacemos entre mente y cuerpo, Lambeck entiende que estas no son categor&iacute;as contrarias ni opuestas, sino inconmensurables; es decir, no pueden ser medidas desde un criterio com&uacute;n, no existe entre ellas una posici&oacute;n intermedia, no se excluyen la una a la otra, cada una no es la ausencia de la otra, no son suficientes, cada una por su lado, para describir la experiencia humana; mente y cuerpo est&aacute;n implicados uno en el otro, no hay uno sin el otro. Esta inconmensurabilidad entre mente y cuerpo sugiere que podr&aacute;n ser producidas tanto en ideas monistas como dualistas en relaci&oacute;n con la experiencia humana, pero como esta tiene algo genuinamente dual, entonces los t&eacute;rminos para expresarla son inconmensurables. La mente-cuerpo puede enfocarse a partir del modo en que es representada en la mente o del modo en que es incorporada, vivida en el cuerpo: aun cuando mentalmente podamos distinguir la mente del cuerpo, estos convergen en la pr&aacute;ctica. As&iacute;, &quot;si, desde la perspectiva de la mente, el cuerpo y la mente son inconmensurables, entonces desde la perspectiva del cuerpo, est&aacute;n integralmente relacionadas&quot; (Lambeck, 1998: 112). Los cuerpos sirven como &iacute;conos, &iacute;ndices y s&iacute;mbolos de la sociedad y de los individuos, pero no son s&oacute;lo eso. En todas las pr&aacute;cticas situadas, las personas y por ende las relaciones sociales no est&aacute;n s&oacute;lo significadas sino constituidas de manera activa por los cuerpos. La subjetividad y la sociabilidad imparten significado al cuerpo y hacen que este sea posible; pero tambi&eacute;n es cierto que el cuerpo no es s&oacute;lo su representaci&oacute;n, y que tiene un car&aacute;cter productor de la subjetividad y de la sociabilidad. La cuesti&oacute;n, en suma, no es dar vuelta a los valores de la ecuaci&oacute;n cartesiana o de trascender el dualismo celebrando el cuerpo a expensas de la mente o reducir las categor&iacute;as mente-cuerpo a una sola entidad, sino de ver siempre cada uno a la luz del otro y tener en cuenta las dimensiones productivas de esta relaci&oacute;n de inconmensurabilidad. Al entender el <i>embodiment</i> como la conjunci&oacute;n de la mente y el cuerpo, podemos reconocer que las pr&aacute;cticas corporeizadas (<i>embodied</i>) se llevan a cabo por agentes que pueden producir una objetivaci&oacute;n conceptual sobre esas pr&aacute;cticas. El <i>embodiment</i> siempre deja abierta la posibilidad para la autorreflexi&oacute;n y para comprender las implicaciones de las posibilidades de agencia (capacidad de acci&oacute;n).</p>     <p><font size="3"><b>LA EXPERIENCIA DEL PUERPERIO</b></font></p>     <p>En la actualidad, en nuestra sociedad, la mayor parte de los partos tienen lugar en ambientes m&eacute;dicos mediados por diversas tecnolog&iacute;as. Madeleine Akrich y Bernike Pasveer han estudiado los modos en que las pr&aacute;cticas m&eacute;dicas intervienen en la articulaci&oacute;n entre el cuerpo y el yo en las mujeres durante el trabajo de parto y el nacimiento. En estas experiencias, el cuerpo, corrientemente mudo y controlado, &quot;toma la iniciativa&quot; (2004: 67) y &quot;experimenta por s&iacute; mismo&quot; (&Iacute;bid, 68), y se produce un conflicto entre el &quot;cuerpo-en-trabajo-de-parto&quot; y el yo incorporado (<i>embodied self</i>). El primero, en ese momento escapa a los controles que por lo usual se pueden ejercer desde el segundo. En este conflicto intervienen las pr&aacute;cticas m&eacute;dicas, producen articulaciones que responden a su propia l&oacute;gica, con la consiguiente alienaci&oacute;n del propio parto y del cuerpo. Las publicaciones m&eacute;dicas suelen definir lo que llaman puerperio normal (no hablaremos aqu&iacute; de lo que se considera &quot;puerperio anormal&quot; o &quot;puerperio patol&oacute;gico&quot; desde la pr&aacute;ctica psiqui&aacute;trica y m&eacute;dica, concepciones que transitan la senda de la medicalizaci&oacute;n e incluso la anatomizaci&oacute;n de procesos m&aacute;s complejos) como un per&iacute;odo en el que se producen transformaciones progresivas de orden anat&oacute;mico y funcional, que hacen retroceder de manera paulatina todas las modificaciones (fisiol&oacute;gicas, anat&oacute;micas y endocrinas) producidas durante la gestaci&oacute;n y que tienen como fin restituir las condiciones del estado pregr&aacute;vido, con excepci&oacute;n de la gl&aacute;ndula mamaria que experimenta un gran desarrollo. La visi&oacute;n m&eacute;dica acerca de este per&iacute;odo, sus caracter&iacute;sticas, su desarrollo normal, sus implicaciones y su resoluci&oacute;n, se centra en una serie acotada de sucesos anat&oacute;micos (y, supuestamente, tambi&eacute;n psicol&oacute;gicos, pero como se referir&iacute;an en &uacute;ltima instancia a los cambios hormonales, continuar&iacute;an en el plano de lo org&aacute;nico) que siguen al parto y abarcan un breve intervalo. De forma convencional se extiende desde la finalizaci&oacute;n del parto hasta 45-60 d&iacute;as postparto. Por lo general, se divide en tres o cuatro etapas: la primera es el puerperio inmediato, que comprende las primeras 24 horas e incluye los mecanismos hemost&aacute;ticos uterinos; la segunda, el puerperio mediato o propiamente dicho, abarca del segundo al d&eacute;cimo d&iacute;a e incluye los mecanismos involutivos y el inicio de la lactancia; la tercera, el puerperio tard&iacute;o, se extiende aproximadamente hasta los 45 d&iacute;as luego del parto y finaliza con el retorno de la menstruaci&oacute;n. En ocasiones se denomina a la tercera etapa puerperio alejado, y se agrega una cuarta llamada puerperio tard&iacute;o, que abarcar&iacute;a el per&iacute;odo de lactancia exclusiva hasta los seis meses de vida del beb&eacute;. Desde esta visi&oacute;n, entonces, el puerperio se tratar&iacute;a de una &quot;vuelta a la normalidad&quot; para el cuerpo de la mujer que acaba de parir, en la que se deja atr&aacute;s el cuerpo embarazado. Una muestra de esta concepci&oacute;n podemos encontrarla incluso en la definici&oacute;n de la palabra &quot;puerperio&quot; en la edici&oacute;n 2004 del diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola: &quot;Del lat. puerperium. 1. m. Per&iacute;odo que transcurre desde el parto hasta que la mujer vuelve al estado ordinario anterior a la gestaci&oacute;n. 2. m. Estado delicado de salud de la mujer en este tiempo&quot; (disponible en <a href="http://www.rae.es" target="_blank">www.rae.es</a>).</p>     <p>Esta concepci&oacute;n del puerperio debe entenderse en el marco del creciente proceso de medicalizaci&oacute;n producido desde principios del siglo XX, por medio del cual la maternidad ha sido cooptada y muy influenciada por los discursos del higienismo y de la eugenesia. As&iacute;, obstetras y pediatras se han constituido en interlocutores privilegiados y en intermediarios de la relaci&oacute;n madre-beb&eacute;, en general, desde perspectivas que reproducen las significaciones del sistema sexo-g&eacute;nero vigente (naturalizaci&oacute;n de la funci&oacute;n de las mujeres como reproductoras de la especie y de la sociedad, asociaci&oacute;n directa mujer-madre y &eacute;nfasis en la heteronormatividad), y que transforman al embarazo, el parto y las diversas pr&aacute;cticas del cuidado de los ni&ntilde;os en pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas (por ejemplo: cu&aacute;nto aumentar de peso en el embarazo, c&oacute;mo, con qui&eacute;nes y d&oacute;nde parir, c&oacute;mo amamantar, alimentar, higienizar o hacer dormir a las y los beb&eacute;s de una manera que se considera adecuada y racional).</p>     <p>A su vez, este proceso de medicalizaci&oacute;n de la maternidad forma parte de un proceso a&uacute;n m&aacute;s complejo. La red de somatopoder y de bio-poder que controla y regula los cuerpos individuales y las poblaciones. En palabras de Michel Foucault: &quot;Las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos sin tener incluso que ser sustituidos por la representaci&oacute;n de los sujetos. Si el poder hace blanco en el cuerpo no es porque haya sido con anterioridad interiorizado en la conciencia de las gentes&quot; (1992 &#91;1977b&#93;: 156). Estas redes de relaciones de poder que atraviesan y penetran en los cuerpos tienen una doble forma de ejercicio: La disciplina (o an&aacute;tomopol&iacute;tica del cuerpo humano) y la bio-pol&iacute;tica. La primera de las tecnolog&iacute;as de poder, que se desarroll&oacute; desde el siglo XVII, se centr&oacute; en el cuerpo concebido como m&aacute;quina e involucraba y trataba de asegurar &quot;su educaci&oacute;n, el aumento de sus aptitudes, el arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento paralelo de su utilidad y su docilidad, su integraci&oacute;n en sistemas de control eficaces y econ&oacute;micos&quot; (Foucault, 2002 &#91;1976&#93;: 168), tendiendo a una maximizaci&oacute;n de la capacidad productiva y a la minimizaci&oacute;n de la capacidad de resistencia de los seres humanos, mediante el control de sus cuerpos. La segunda, formada hacia mediados del siglo XVIII, se centr&oacute; en el cuerpo-especie, &quot;en el cuerpo transido por la mec&aacute;nica de lo viviente y que sirve de soporte a los procesos biol&oacute;gicos: la proliferaci&oacute;n, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duraci&oacute;n de la vida y la longevidad, con todas las condiciones que pueden hacerlos variar&quot; (&Iacute;bid), tomando a su cargo estos problemas por medio de una serie de intervenciones y controles reguladores de la poblaci&oacute;n. En la actualidad, de acuerdo con Gilles Deleuze, las sociedades de control sustituyen las disciplinarias. Los mecanismos de control se caracterizan por ser ondulaciones o modulaciones que cambian constantemente y en las que &quot;los individuos han devenido &#39;dividuales&#39;y las masas se han convertido en indicadores, datos, mercados o &#39;bancos&#39;&quot; (1999b: 281); mientras que la disciplina ten&iacute;a una &quot;larga duraci&oacute;n, infinita y discontinua&quot; (&Iacute;bid, 284), el control &quot;se ejerce a corto plazo y mediante una rotaci&oacute;n r&aacute;pida, aunque tambi&eacute;n de forma continua e ilimitada&quot; (&Iacute;bid).</p>     <p>De todos modos, la manera m&eacute;dica hegem&oacute;nica de entender el puerperio no es la &uacute;nica posible. Desde otras miradas, se entiende como el per&iacute;odo transitado entre el nacimiento y casi los dos primeros a&ntilde;os de vida del o la beb&eacute;; es decir, va mucho m&aacute;s all&aacute; del puerperio decretado por la medicina, tanto de forma temporal como cualitativa. M&aacute;s a&uacute;n, estos primeros a&ntilde;os corresponder&iacute;an a la etapa m&aacute;s intensa del puerperio, que en realidad puede extenderse por un per&iacute;odo m&aacute;s largo. Lejos de reducirse a un momento de cambios anat&oacute;micos, fisiol&oacute;gicos y endocrinos, es un per&iacute;odo en el que aparecen fen&oacute;menos particulares y de gran potencia movilizadora, asociados a la experiencia de dejar de ser dos en el cuerpo de una para pasar a ser dos separados(as) pero fusionados(as). De acuerdo con Laura Gutman (2004, 2005), estos fen&oacute;menos son: la fusi&oacute;n emocional mam&aacute;-beb&eacute;, el encuentro con &quot;la propia sombra&quot;, la aparici&oacute;n de &quot;la madre interior que nos habita&quot; y &quot;la uni&oacute;n vida-muerte&quot; o &quot;puerperio-duelo&quot;. Esta autora describe el parto como un inmenso quiebre durante el que se abre tanto el cuerpo como lo que ella llama el &quot;alma&quot; de la madre y provoca que emerja desde las profundidades de su ser &quot;lo desconocido, lo inconciente, la memoria, el pasado y los sentimientos relegados&quot; (2004: 29); esto incluye al beb&eacute; que nosotras mismas fuimos, la madre que tuvimos y que incorporamos, otros acontecimientos de la biograf&iacute;a personal y familiar y situaciones dolorosas que hemos preferido relegar a la &quot;sombra&quot; (t&eacute;rmino que toma de Jacques Lacan). La figura de la d&iacute;ada mam&aacute;-beb&eacute; intenta dar cuenta de la fusi&oacute;n emocional entre ambos, donde cada uno puede sentir y expresar (de distintas maneras) lo que le pasa al otro. Para la autora, la clave para transitar de la mejor manera posible el puerperio es permitir y desarrollar la fusi&oacute;n madre-beb&eacute;; esto posibilitar&iacute;a tanto la resoluci&oacute;n satisfactoria de este proceso como la salida progresiva de la fusi&oacute;n y la exploraci&oacute;n superadora de las cuestiones conflictivas que hubieran emergido. Pero la fusi&oacute;n no se da siempre porque una serie de factores se suelen sumar para desalentarla: la separaci&oacute;n que se hace de la madre y del beb&eacute; tras el parto, el ingreso en la vida de ambos de pr&aacute;cticas y concepciones m&eacute;dicas como los horarios fijos para amamantar, la incorporaci&oacute;n de modelos de crianza y de creencias del tipo de las que desalientan el hecho de tener al beb&eacute; en brazos, las enormes dificultades que implican las relaciones y las tareas cotidianas y las presiones para reintegrarse con rapidez a la vida laboral, entre otros.</p>     <p>Cuando comenc&eacute; a pensar en escribir este trabajo, mi hija ten&iacute;a un poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, continuaba amamant&aacute;ndola y me encontraba sumergida, desde su nacimiento, en un volc&aacute;n de sensaciones a las que no siempre pod&iacute;a dar sentido y que no siempre pod&iacute;a manejar. Me encontraba tambi&eacute;n en los inicios de mis estudios de doctorado, y hasta el momento la vida como nueva madre y como estudiante de postgrado se articulaban con trabajo, a modo de los sucesivos cuadros blancos y negros de un tablero de ajedrez. Esta sensaci&oacute;n de desconexi&oacute;n se manten&iacute;a incluso en los momentos en que estudiaba o escrib&iacute;a con mi hija en brazos. Fue entonces cuando le&iacute; algunos textos de Maurice Merleau-Ponty y de Gilles Deleuze y los senderos bifurcados comenzaron a encontrarse cuando sent&iacute; que algunas de las cosas que ellos dec&iacute;an me serv&iacute;an para entender lo que viv&iacute;a. As&iacute;, decid&iacute; escribir lo que me pasaba, mis sensaciones y vivencias, y agregu&eacute; algunos apuntes de un diario personal que hab&iacute;a llevado intermitentemente durante el embarazo y los tiempos que siguieron al parto. Del an&aacute;lisis de esos escritos surge este trabajo. A pesar de lo complejo que es separar unas de otras, me enfocar&eacute; en las experiencias centradas en los estados del cuerpo y no tanto en aquellas ligadas a estados emocionales y mentales; muchas de estas &uacute;ltimas provienen de experiencias corporales y en esos casos s&iacute; ser&aacute;n consideradas pero, por el momento, dejo de lado muchas de ellas que en general toman sentido en relaci&oacute;n con la biograf&iacute;a personal y con lo vincular. Hablo de sensaciones y no de sentimientos, porque no me remito s&oacute;lo a modos colectivos de ser, ver, decir o pensar sobre la realidad; no hablo de algo que puede ser nombrado por todos los sujetos que comparten una comunidad de sentido, sino de algo que afecta, trastoca, desequilibra, desacomoda el orden subjetivo, aquello que pasa a un nivel microperceptivo y que no siempre es posible nombrar. La experiencia interna del puerperio se basa en sensaciones de este tipo. Por experiencia no me refiero a algo lineal, continuo, sino a una experiencia de discontinuidad, de inestabilidad, en parte ca&oacute;tica, sobre la que no siempre tengo control, que irrumpe y desarticula una manera de ser, de ver, de pensar, de decir, de actuar; una experiencia del orden del suceso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En relaci&oacute;n con la maternidad, se pueden distinguir tres tipos de acontecimientos que marcan profundos cambios en el cuerpo y en la subjetividad:</p>     <p>1. <b>El embarazo</b>. Dentro de las transformaciones vinculadas al embarazo, la experiencia corporeizada (embodied) central es la de tener-ser un cuerpo que es m&iacute;o y que a la vez no lo es, un cuerpo que es sede de otro y que se adecua a la presencia de este otro; es decir, la sensaci&oacute;n de &quot;soy mi cuerpo, que es m&iacute;o, pero a la vez no es m&iacute;o&quot;. Esto incluye la experiencia de un cuerpo que pasa por cambios sobre los que no se tiene control y que responde a las necesidades de otro que crece. Estas alteraciones hacen que durante el embarazo el cuerpo propio (aun en su car&aacute;cter de habitado por otro) adquiera una presencia ineludible e inocultable, de una marcada centralidad en la vida cotidiana, tanto desde vivencias agradables (como el sentir los movimientos del otro que nos habita) como desagradables (como los dolores o los malestares f&iacute;sicos), que en realidad no llegan a ser inc&oacute;modos por completo al saber que son parte de un proceso deseado. Junto con esto, la centralidad del cuerpo se enlaza con la sensaci&oacute;n de estar conectada con algo que en mi caso sent&iacute; como un lado animal del ser, esto es, objeto de procesos que ocurren por el s&oacute;lo hecho de formar parte de una especie. El modo en que se viven estas cuestiones, que puede sintetizarse en la experiencia de un cuerpo propio pero que no es s&oacute;lo m&iacute;o y en la centralidad del cuerpo desde la inclusi&oacute;n de un otro, desde sus transformaciones y desde procesos biol&oacute;gicos (por supuesto, inteligibles y cargados de sentido desde lo cultural), depende del modo en que est&eacute; situada socialmente la mujer que las vive, del lugar que el embarazo ocupa dentro de su biograf&iacute;a, sus proyectos y sus deseos y de la manera en que el embarazo se desarrolla, entre otras variables. El modo en que es experimentado repercutir&aacute; en c&oacute;mo sean vividos el parto y el puerperio.</p>     <p>2. <b>El parto</b>. Es una experiencia que puedo describir como de desgarro y de pasaje, tremendamente intensa. El grado cero del puerperio, que es el parto, es un acontecimiento que puede iniciar nuevas conexiones en la vida de una persona; es un instante en el que se puede sentir que estamos ante el sentido de la existencia, que las fuerzas del universo confluyen en una misma. Gilles Deleuze y F&eacute;lix Guattari, al referirse a la manera en que se construyen los rizomas, han escrito que pueden iniciarse cuando &quot;un rasgo intensivo se pone a actuar por su cuenta, una percepci&oacute;n alucinatoria, una sinestesia, una mutaci&oacute;n perversa, un juego de im&aacute;genes se liberan y la hegemon&iacute;a del significante es puesta en entredicho&quot; (1994a: 20). Esta descripci&oacute;n resuena en algunos puntos en lo que se siente durante un parto sin anest&eacute;sicos. En estado de conciencia alterada (al que contribuye el dolor), muy intenso, tras el cual no es posible ser la misma o verse de la misma manera. El dolor, junto a la sensaci&oacute;n de que por el propio cuerpo ha pasado toda la potencia de la creaci&oacute;n, que culminar&aacute; en la vida de una hija o de un hijo, es un dolor que no es sufrimiento, sino puerta hacia algo nuevo y hacia una sensaci&oacute;n de poder, de ser capaz de hacer cualquier cosa. As&iacute;, el parto inicia un rizoma (Op. cit.), una serie de conexiones con el pasado, con el futuro, con distintas dimensiones del presente, con segmentos de vidas de otros, con diversas vidas que conviven en una misma. El modo en que el parto es vivido y el juego entre la posibilidad de transitarlo, con libertad y los diversos grados de intervenci&oacute;n de las tecnolog&iacute;as m&eacute;dicas, tendr&aacute;n impacto en c&oacute;mo sea experimentado el puerperio.</p>     <p>3.<b> El puerperio</b>. Tras meses de experimentar el cuerpo propio como &quot;m&iacute;o pero no m&iacute;o&quot;, habitado por otro, y tras la experiencia intensa del parto, en el puerperio se vuelve al cuerpo propio, pero sin ser a&uacute;n s&oacute;lo m&iacute;o porque sigue siendo del otro, sobre todo por medio del amamantamiento, fuente y medio para la vida de otro, y porque es de un sujeto que contin&uacute;a sinti&eacute;ndose una con ese otro (de lo que da cuenta el fen&oacute;meno de la fusi&oacute;n mam&aacute;-beb&eacute;). Adem&aacute;s, ese cuerpo propio ya no es el mismo que era antes de ser sede de otro. Esto lleva a sentirse otra, con otro cuerpo que no es el que se ten&iacute;a antes ni durante el embarazo, y que se experimenta de una nueva forma, que no se reconoce, que se siente vac&iacute;o, que duele y que tambi&eacute;n da felicidad en la plenitud de sensaciones como la de amamantar o sentirse deshecha, rota, desmontada, desestructurada, descontrolada. Al pasar de ser dos en el cuerpo de una, a luego ser una que a la vez es dos, viviendo en dos cuerpos, conectados de m&uacute;ltiples maneras, es mucho lo que hay que recomponer de s&iacute; misma, del modo en que me entiendo, del modo en que llevo mi vida. A la vez, la sensaci&oacute;n de la presencia de un &quot;ser animal&quot;, presente desde el embarazo, se profundiza: desnuda, lastimada, suturada, chorreando e inundada de sangre y de leche, se es <i>carne</i>. En los d&iacute;as que siguen al parto, la experiencia de ser <i>carne</i>, y poco m&aacute;s que eso, es muy poderosa.</p>     <p>Durante el puerperio se presenta una posibilidad de opci&oacute;n: negarse, de forma conciente o inconciente, a lo que sucede y esforzarse trabajosa y angustiosamente por &quot;volver a la normalidad&quot;. Es decir, sujetarse a lo que se espera desde el mundo del afuera de la d&iacute;ada y la fusi&oacute;n o dejarse llevar por ella con un esp&iacute;ritu de exploraci&oacute;n y de autoconocimiento, para luego reconstituir y reconfigurar la propia subjetividad. Siempre que fue posible dejarse llevar por la fusi&oacute;n, la experiencia del cuerpo que es estar embarazada, parir, amamantar y cuidar a una beb&eacute; reci&eacute;n nacida, prima sobre toda reflexi&oacute;n conciente. Interpretar el llanto de una beb&eacute; y traducir &quot;tiene hambre&quot; o &quot;tiene gases&quot; o &quot;quiere estar en brazos&quot;, conlleva una experiencia de reflexi&oacute;n, de racionalizaci&oacute;n, mediada por lo aprendido a lo largo de la vida (sobre todo en la experiencia como hija o como hermana, por ejemplo) y por los par&aacute;metros culturales acerca de la maternidad y de la crianza. Pero esta comprensi&oacute;n por traducci&oacute;n de las sensaciones del beb&eacute; no agotan en lo m&aacute;s m&iacute;nimo la experiencia de la fusi&oacute;n. Esta no es traducible racionalmente de forma completa, es una sensaci&oacute;n corporal y emocional, un estado del cuerpo que es a la vez un estado del ser. La fusi&oacute;n es una cuesti&oacute;n vital, una necesidad prerreflexiva, salida de la experiencia de la carne, de la sensaci&oacute;n.</p>     <p>Estas experiencias, muchas de las cuales parten del cuerpo, tienen un impacto en la construcci&oacute;n de la subjetividad. Por un lado, la presencia de una persona que nos necesita para todo abre una disposici&oacute;n hacia otro, una disposici&oacute;n al cuidado de otro y la posibilidad de articular los propios deseos y pr&aacute;cticas en relaci&oacute;n con, y en funci&oacute;n de, deseos y necesidades suyos. Por otro lado, el hecho de haber experimentado lo que el propio cuerpo puede hacer (crear una nueva vida, parirla, amamantarla, sobrevivir al cansancio extremo), genera una sensaci&oacute;n de poder que se ve reflejada en otros &aacute;mbitos de la vida y en el modo como el propio cuerpo es percibido, valorado y experimentado. El propio cuerpo se juzga desde un punto de vista diferente (centralmente, desde lo que el cuerpo es capaz de hacer, desde su potencia), que lleva a valorizarlo, a quererlo, a no verlo ya desde par&aacute;metros est&eacute;ticos. Y tambi&eacute;n, estas experiencias pueden llevar a reconectarse con partes de una misma que se manten&iacute;an relegadas; as&iacute; como durante el parto y el puerperio pueden revivirse situaciones traum&aacute;ticas del pasado, tambi&eacute;n puede realizarse una exploraci&oacute;n de s&iacute; misma que lleva a la b&uacute;squeda de aquello que nos da placer. En mi caso, en pleno puerperio, luego de muchos a&ntilde;os de haberlo abandonado, sin motivo aparente, aunque creo que el motivo fue precisamente la reconexi&oacute;n con el propio cuerpo a la que he hecho referencia y a su revalorizaci&oacute;n desde nuevos criterios, volv&iacute; a tomar clases de danza; luego de haberlo hecho durante siete a&ntilde;os y de no haber bailado por 18, conoc&iacute; a una maestra y hasta el d&iacute;a de hoy aprendo con ella, esta vez, danza contempor&aacute;nea.</p>     <p>Soy conciente de que me refiero a la experiencia de embarazoparto- puerperio de quien ha tenido la posibilidad de elegir si quiere ser madre, en qu&eacute; momento y de qu&eacute; manera. Es una descripci&oacute;n que proviene de mi vida, que no pretende cubrir todos los casos posibles, pero muestra que la maternidad puede ser una experiencia de apertura, de conocimiento y de crecimiento. Desde los feminismos de la diferencia, se rescata la maternidad como una experiencia original de las mujeres, donde estas tienen la posibilidad de realizar una potencia, que, teniendo la posibilidad de optar con libertad no ser madre, puede ser una experiencia de libertad, en cuanto a &quot;la libertad de trascender su propia subjetividad hacia el otro&quot; (Agacinski, 1999: 64), un otro que no es un medio sino un fin. Mientras los feminismos herederos de Simone de Beauvoir abogaban por el derecho a la igualdad de sexos con base en el derecho a la no diferencia, y por lo general ubicaban a la maternidad como una forma de sujeci&oacute;n de las mujeres que implicaba pasividad y que estas deb&iacute;an eludir si quer&iacute;an ser libres, otras feministas giraron hacia la reivindicaci&oacute;n de las diferencias en el contexto de la igualdad y pusieron en discusi&oacute;n la asociaci&oacute;n entre maternidad y ausencia de libertad y de creaci&oacute;n. El problema radica en asociar maternidad con sometimiento a la naturaleza y con sujeci&oacute;n, con pasividad, cuando en realidad bajo ciertas condiciones est&aacute; relacionada con la creaci&oacute;n, con la realizaci&oacute;n de una potencia. Mujer no es sin&oacute;nimo de madre, pero cuando lo es &quot;no se mutila, cumple apasionadamente con una parte de ella misma&quot; (&Iacute;bid: 68). No se trata de ning&uacute;n modo de ver a la maternidad como el destino de las mujeres, ni como lo &uacute;nico que nos hace ser lo que somos, sino de verla como una elecci&oacute;n posible que puede ser, dadas ciertas condiciones, una pr&aacute;ctica de libertad. Es perfectamente comprensible que en determinado momento hist&oacute;rico y cultural haya sido necesario ponerla en cuesti&oacute;n e incluso negarla para poder romper con la asociaci&oacute;n mujer-madre y con la larga cadena de inferiorizaci&oacute;n y de sometimiento que esta asociaci&oacute;n ha implicado. Pero dadas ciertas circunstancias, con la herencia de estos cuestionamientos y sabiendo que podemos elegir libremente no ser madres, el hecho de elegir serlo es en s&iacute; una pr&aacute;ctica de libertad que celebra la igualdad en la diferencia.</p>     <p>En el an&aacute;lisis de las experiencias y sus conexiones es posible ver que desde el cuerpo se produce subjetividad, se generan formas especiales de vincularse con el mundo y con los otros, se produce conocimiento. Las sensaciones y experiencias producidas en esta etapa de la vida, afectan, trastocan, desequilibran, desacomodan el orden subjetivo, desde un nivel microperceptivo. No hay duda de que el cuerpo es producido desde una historia colectiva, desde una biograf&iacute;a personal, familiar y vincular, desde un contexto hist&oacute;rico, desde un grupo social, desde situaciones, relaciones, miradas y controles. Pero el cuerpo no es s&oacute;lo receptor, &eacute;l tambi&eacute;n produce, desde &eacute;l se produce. Con el cuerpo tambi&eacute;n se conoce y a la vez, lo que nos pasa en el cuerpo, incide en la construcci&oacute;n de nuestra subjetividad. Al partir de la perspectiva del <i>embodiment</i>, del hecho de ser un sujeto-cuerpo, podemos hacer el ejercicio anal&iacute;tico de separar estas dimensiones y afirmar que son experiencias que parten del cuerpo y repercuten en el sujeto.</p>     <p>El estado de fusi&oacute;n del puerperio puede ser un estado de resistencia ante el cuerpo digitalizado que Paula Sibilia desmenuza en <i>El hombre postorg&aacute;nico</i>, ya que en varios aspectos se le opone. Es un cuerpo que vive en los ritmos lentos y blandos del beb&eacute;, en lugar de un cuerpo que se rige por circuitos digitales y que se adapta con facilidad a los ritmos de la producci&oacute;n capitalista global. Un cuerpo conectado con otro desde la emocionalidad y no desde la avidez y el control; una subjetividad que vive hilvanada delicadamente al cuerpo biol&oacute;gico, en vez de un cuerpo que se concibe inmaterial y formado por informaci&oacute;n. Nuestro mundo, &quot;que incita a configurar ciertos tipos de cuerpos y subjetividades, y que al mismo tiempo se ocupa de sofocar otras modalidades posibles&quot; (2006: 267-268), no es favorable al mantenimiento y a la protecci&oacute;n del estado de puerperio. Pero este puede vivirse de todos modos y puede crear un nuevo territorio existencial. Puede ser una de las formas en que la vida se torna en objeto pol&iacute;tico, rebel&aacute;ndose &quot;contra las fuerzas que intentan sujetarla, enriqueciendo las subjetividades y ampliando el campo de lo que existe&quot; (&Iacute;bid, 269).</p>     <p>En su estudio sobre la artista pl&aacute;stica brasile&ntilde;a Lygia Clark, Suely Rolnik afirma que la producci&oacute;n de la vida se da en la afirmaci&oacute;n de nuevas formas de existencia. Al hablar sobre la &uacute;ltima obra de la artista pl&aacute;stica brasile&ntilde;a, <i>Objetos relacionais</i> (en la que ella interviene en el cuerpo del o la participante con distintos objetos de diversas texturas, tama&ntilde;os, formas y contenidos, produciendo sensaciones, experiencias, percepciones, im&aacute;genes, que luego se relatan para darle sentido a lo vivido), la caracteriza como una &quot;vivencia del desmontaje de nuestro perfil, de nuestra imagen corporal, para aventurarnos en la procesualidad hirviente de nuestro cuerpo-vibr&aacute;til sin imagen. &#91;...&#93; Estos extra&ntilde;os objetos creados por Lygia Clark tienen el poder de hacernos diferir de nosotros mismos&quot; (1996: 343-344). Para conectarnos con esta vivencia, nos desconectamos de aquello que naturalizamos como familiar y conocido, nuestra realidad de la vida cotidiana, para dejarnos conducir hacia la frontera, hacia un estado en el que podamos vivir nuestro &quot;cuerpo-bicho&quot;. Aquello que en nosotros escucha al &quot;cuerpo-bicho&quot; es un estado vital que puede llamarse &quot;estado de arte&quot;, que se opone a lo que Deleuze ha denominado &quot;estado de cl&iacute;nica&quot;, que es aquello que en nosotros lo silencia. El puerperio como estado vital implica superar el &quot;estado de cl&iacute;nica&quot; con el que se le asocia, es decir, la interiorizaci&oacute;n y la incorporaci&oacute;n que a lo largo de nuestra historia individual y colectiva hemos hecho de la medicalizaci&oacute;n de la maternidad, para permitirnos entrar en un territorio desconocido que nos cuestiona y nos desestructura para volver a construirnos. En esta dimensi&oacute;n experiencial y experimental del puerperio es donde reside su potencia como pr&aacute;ctica de resistencia a partir de &quot;la movilizaci&oacute;n del estado de arte en la subjetividad&quot; (&Iacute;bid, 345). El puerperio es un momento en que sentimos que bailamos al borde del abismo (parafraseando a Nietzsche), y en este borrar y difuminar de las fronteras entre mi cuerpo y el de otra u otro, en esta experiencia fluida de vivir en la frontera entre yo y mi beb&eacute;, entre quien yo era y quien puedo ser, entre la realidad y los ensue&ntilde;os que suelen poblarlo, entre el pasado, el presente y el futuro, reside su m&aacute;xima potencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cierta medida, el cuerpo y la subjetividad del puerperio, en fusi&oacute;n con la o el beb&eacute;, podr&iacute;a ser uno de los distintos modos de lo que Deleuze y Guattari han llamado &quot;cuerpo sin &oacute;rganos&quot;: Un cuerpo que est&aacute; &quot;lleno de alegr&iacute;a, de &eacute;xtasis, de danza&quot; (1994b: 156), &quot;una meseta, que comunica con las otras en un plan de consistencia&quot; (&Iacute;bid, 163), que libera l&iacute;neas de fuga, que es habitada por intensidades que hace pasar, produce y distribuye. El cuerpo sin &oacute;rganos no es un organismo, es s&oacute;lo un estrato del cuerpo sin &oacute;rganos. &quot;El cuerpo es el cuerpo. Est&aacute; solo. Y no tiene necesidad de &oacute;rganos&quot; (&Iacute;bid, 163), por ello &quot;el cuerpo est&aacute; harto de sus &oacute;rganos y quiere deshacerse de ellos, o bien los pierde&quot; (&Iacute;bid, 156). El cuerpo del puerperio, constructor de subjetividad, no es un organismo con determinados &oacute;rganos y funciones que han participado en una gestaci&oacute;n y que luego de un parto vuelven a un &quot;estado normal&quot;, es una zona de intensidad, cubierto, atravesado y rebosado por intensidades. Que el cuerpo no sea el organismo no significa que no pueda estar habitado tambi&eacute;n por &oacute;rganos, una parte del cuerpo puede seguir siendo un &oacute;rgano, pero determinando &quot;una zona de intensidad como una huella o una zona sobre un CsO&quot; (&Iacute;bid, 161). Ciertos &oacute;rganos en alg&uacute;n momento pueden ser sentidos e incluso pueden tomar el centro de la escena, por ejemplo, ante el dolor de las contracciones o el placer de amamantar, pero en estos casos estos &oacute;rganos son tambi&eacute;n intensidades, son sentidos, vibran, con dolor o placer. De acuerdo con Ian Buchanan (1997), la cuesti&oacute;n central en Deleuze y Guattari es la pregunta: &quot;&iquest;Qu&eacute; puede hacer el cuerpo?&quot; Se debe entender el cuerpo sin &oacute;rganos como el l&iacute;mite inalcanzable de lo que este es capaz de hacer, y lo que el cuerpo puede hacer aumenta cuando se incrementan las maneras en que puede ser afectado profundamente.</p>     <p>Seg&uacute;n Michel Foucault, as&iacute; como la normalizaci&oacute;n que se ejerce sobre los cuerpos tiene un impacto en los sujetos, las pr&aacute;cticas de libertad del cuerpo repercuten en la formaci&oacute;n de subjetividades. Entre estas &uacute;ltimas, distingue las ideas de liberaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas de libertad. En las primeras subyace la creencia en &quot;una naturaleza o un fondo humano que se ha visto enmascarado, alienado o aprisionado en y por mecanismos de represi&oacute;n&quot; con lo que &quot;bastar&iacute;a con hacer saltar estos cerrojos represivos&quot; (1996 &#91;1982&#93;: 95), cuando en realidad esa liberaci&oacute;n no podr&iacute;a cumplirse sin la construcci&oacute;n de pr&aacute;cticas de libertad, que definir&aacute;n nuevas formas de existencia. Las segundas van m&aacute;s all&aacute; de la emancipaci&oacute;n de los mecanismos represivos e implican superar y controlar la apertura de un nuevo campo de relaciones de poder. De este modo, la resistencia est&aacute; dada por un enfrentamiento con la forma como se ejerce el poder y conlleva la creaci&oacute;n de nuevos modos de vida por fuera del modo establecido de ejercicio del poder. En la perspectiva foucaultiana la subjetivaci&oacute;n tiene lugar cuando se producen pr&aacute;cticas de resistencia, de subversi&oacute;n, de creaci&oacute;n de nuevos modos de existencia. Desde esta posici&oacute;n, la cuesti&oacute;n no es liberar al parto y al puerperio de la medicina para enmarcarlos en otras relaciones de poder y reg&iacute;menes que le den una nueva definici&oacute;n y construyan parto y puerperio normales y un nuevo sujeto-pu&eacute;rpera, sujeto a esas pr&aacute;cticas de poder-saber y con determinadas reglas de cuidado de s&iacute;. Se trata de abrir territorios para que cada una pueda explorarse y explorar qu&eacute; se abre en nosotras y a qu&eacute; nos enfrentamos en esta nueva situaci&oacute;n; se trata de transformar al parto y al puerperio en una pr&aacute;ctica de libertad. Frente a la producci&oacute;n de sujetos normales y controlados, constituidos en la &iacute;ntima relaci&oacute;n entre los campos del saber y del poder, la construcci&oacute;n de subjetividades como modos de vida, en continuo proceso y cambio, puede ser una pr&aacute;ctica de resistencia.</p>     <p><font size="3"><b>LAS TRAMAS DE LA CIENCIA ALEGRE</b></font></p>     <p>Las dimensiones existenciales que he puesto a dialogar, desde las m&aacute;s carnales hasta las m&aacute;s te&oacute;ricas, fueron parte de la construcci&oacute;n de mi subjetividad e hicieron sentido en ella de manera conjunta. A primera vista podr&iacute;a parecer que la perspectiva del postestructuralismo, representada por Foucault, y la de la fenomenolog&iacute;a representada por Merleau-Ponty, no pueden articularse. Sin embargo, esto es posible si se consideran no como formas de abordar la realidad antag&oacute;nicas sino complementarias (Crossley, 1995, 1996). Por ejemplo, Linda Martin Alcoff, en un llamado a reconsiderar el papel que desempe&ntilde;a la experiencia corporal en la producci&oacute;n del conocimiento, propone retomar a Merleau-Ponty y sumarlo a la perspectiva del feminismo postestructuralista que estima que &quot;la experiencia y la subjetividad son producidas a trav&eacute;s de la interacci&oacute;n de discursos&quot; (1999: 122). Siguiendo a esta autora, &quot;los intentos por explicar la experiencia como solamente constituida por macro-estructuras fallan al no tomar en cuenta, seria o adecuadamente, la experiencia vivida, personal e individual&quot; (&Iacute;bid: 135). Sin negar la inscripci&oacute;n de las estructuras discursivas en los sujetos y sus cuerpos, se debe pensar que la experiencia no se produce s&oacute;lo por la interacci&oacute;n entre los sujetos y los discursos, y que personalmente no experimento mi cuerpo como una construcci&oacute;n de estructuras, sino que muchas veces la experiencia corporeizada excede al lenguaje, aunque luego lo interprete desde &eacute;l; as&iacute;, se pueden entender la experiencia y el discurso como &quot;imperfectamente alineados, con zonas de dislocaci&oacute;n&quot; (&Iacute;bid: 127), y a la experiencia como el lugar donde se desarrolla el discurso, no su resultado. En s&iacute;ntesis, ser&iacute;a productivo completar los informes discursivos de la construcci&oacute;n cultural de la experiencia, con descripciones fenomenol&oacute;gicas de la experiencia corporeizada y de los efectos de la corporeidad sobre la subjetividad en casos espec&iacute;ficos y en ciertos tipos de pr&aacute;cticas.</p>     <p>Al entender que el proceso de conocimiento implica situarse en la frontera entre lo que sabemos (o creemos saber) y lo que ignoramos (o creemos ignorar), la propia vida es un lugar privilegiado para poner a prueba conceptos y pr&aacute;cticas. En <i>Los intelectuales y el poder </i>(1992 &#91;1972&#93;) Gilles Deleuze, en di&aacute;logo con Michel Foucault, propone utilizar los conceptos como cajas de herramientas, como instrumentos que sirvan, que operen, que funcionen. Deleuze ha afirmado que &quot;un concepto sirve para vivir&quot;, no es algo que est&aacute; separado de la experiencia. No s&oacute;lo podemos poner a dialogar conceptos (producidos por las ciencias sociales y por la filosof&iacute;a), sino tambi&eacute;n a estos con los preceptos (creados desde el arte, que consisten en maneras de ver y o&iacute;r, en un conjunto de percepciones y sensaciones que se tornan independientes de quien las siente y que permanecen en quienes las recuperan) y los afectos (entendidos como maneras de sentir, como las sensaciones que impregnan nuestra vida) (Deleuze, 1999a). Esto debe servir para hacer visible lo que nos pasa de forma individual y colectiva, para interrogarnos acerca de nosotros mismos, sobre nuestra formaci&oacute;n y nuestro contexto. La tensi&oacute;n entre nuestro cotidiano, los conceptos, la ciencia y el arte (&aacute;mbitos que son, cada uno por su parte, tambi&eacute;n espacios de tensi&oacute;n y de conflicto), pone a prueba tanto los saberes, su capacidad de operar y de hacer visible una realidad, como los supuestos y las certezas en los que basamos nuestra vida. Concebir los conceptos como cajas de herramientas invita a ponerlos en movimiento, a sacarlos de un campo, usarlos en otro y ver si funcionan, a ensayar c&oacute;mo repercuten en m&iacute;, c&oacute;mo me permiten pensar lo que me pasa, lo que les pasa a otros y otras, lo que pasa en el mundo.</p>     <p>En <i>La gaya ciencia</i>, Friedrich Nietzsche llama a producir una &quot;ciencia alegre&quot; surgida de la experiencia del cuerpo en el mundo, partiendo de que la vida es un medio para el conocimiento. En esta afirmaci&oacute;n de la vida, del valor de lo sensible, nos cuenta: &quot;No soy de los que tienen ideas entre los libros, en contacto con libros; estoy acostumbrado a pensar al aire libre, andando, saltando, escalando, bailando&quot; (1995 &#91;1882&#93;: 249). En <i>El ojo y el esp&iacute;ritu</i>, Maurice Merleau-Ponty invita a que el pensamiento de la ciencia sea un &quot;pensamiento alegre&quot;, situado en y desde el cuerpo, &quot;este cuerpo actual que llamo m&iacute;o&quot; (1977 &#91;1960&#93;: 11), partiendo del mundo sensible, para aprender a &quot;posarse en las cosas mismas y en s&iacute; mismo&quot; (&Iacute;bid, 12). En <i>O Abeced&aacute;rio de Gilles Deleuze</i>, este autor afirma que &quot;alegr&iacute;a es todo lo que consiste en cumplir una potencia&quot;, y propone seguir a Spinoza en la reivindicaci&oacute;n de la alegr&iacute;a como un concepto de resistencia y de vida, como la manera de tener el m&aacute;ximo de nuestra potencia. En este sentido, Deleuze concibe a la alegr&iacute;a como realizaci&oacute;n, cumplimiento o conquista de una potencia de la que me creo capaz, que se puede manifestar en el sentimiento de estar alegre por haber llegado a ser lo que somos; por el contrario, la tristeza se producir&iacute;a cuando me encuentro separado, como resultado de un poder ejercido sobre m&iacute;, de una potencia de la que yo me encontraba capaz, estando cierto o errado. Como vemos, explorar trayectos de la biograf&iacute;a personal, con apoyo en la filosof&iacute;a, no tiene por qu&eacute; implicar limitarse a la raz&oacute;n ni subsumir lo singular a lo abstracto, sobre todo si seleccionamos perspectivas filos&oacute;ficas que rescatan maneras de pensar imbricadas con el mundo, con lo sensible, con la fuerza de lo viviente.</p>     <p>Por todo esto, el puerperio es un momento privilegiado para entender que existe una forma de conocimiento desde el cuerpo, un conocimiento corporeizado, constituido desde acontecimientos, sensaciones y experiencias que no se limitan a una reflexi&oacute;n conciente y que provienen de las experiencias de la carne. Recordemos la asociaci&oacute;n de Merleau-Ponty entre co-nacer y conocer: Una parte de m&iacute; naci&oacute; con mi hija y desde ah&iacute; naci&oacute; otra forma de conocerme y de conocer.</p> <hr size=”1”>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> El concepto de<i> embodiment </i>se ha empleado como incorporaci&oacute;n, corporificaci&oacute;n, encarnaci&oacute;n.</p> <hr size=”1”>     <p><b><font size="3">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. AGACINSKI, SYLVIANE. 1999. <i>Pol&iacute;tica de los sexos</i>. Taurus. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0486-6525200900010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. AKRICH, MADELEINE Y BERNIKE PASVEER. 2004. &quot;Embodiment and disembodiment   in childbirth narratives&quot;. <i>Body &amp; Society</i> 10: 63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0486-6525200900010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. ALCOFF, LINDA. 1999. &quot;Merleau-Ponty y la teor&iacute;a feminista de la experiencia&quot;. <i>Revista Mora</i> N&ordm; 5. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0486-6525200900010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>4. BOURDIEU, PIERRE. 2003. <i>Creencia art&iacute;stica y bienes simb&oacute;licos. Elementos para una sociolog&iacute;a de la cultura</i>. Aurelia Rivera. C&oacute;rdoba y Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0486-6525200900010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>5. BUCHANAN, IAN. 1997. &quot;The problem of the body in Deleuze y Guattari, or, What can a body do?&quot;. <i>Body & Society</i> 3:73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0486-6525200900010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>6. CITRO, SILVIA. 2004. &quot;La construcci&oacute;n de una antropolog&iacute;a del cuerpo: propuestas para un abordaje dial&eacute;ctico&quot;. Ponencia en VII Congreso Argentino de Antropolog&iacute;a Social. C&oacute;rdoba.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0486-6525200900010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>7. --------------. 2006. &quot;Variaciones sobre el cuerpo: Nietzsche, Merleau-Ponty y los cuerpos de la Etnograf&iacute;a&quot;, en Elina Matoso (comp.) <i>El cuerpo in-cierto. Corporeidad, arte y sociedad</i>. Letra Viva. Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0486-6525200900010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>8. CROSSLEY, NICK. 1995. &quot;Merleau-Ponty, the Elusive Body and Carnal Sociology&quot;. <i>Body & Society </i>1: 43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0486-6525200900010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>9. --------------. 1996. &quot;Body-Subject/Body-Power: Agency, inscription and control in Foucault and Merleau-Ponty&quot;. B<i>ody & Society</i> 2: 99.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0486-6525200900010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>10. CSORDAS, THOMAS. 1993. &quot;Somatic modes of attention&quot;. <i>Cultural Anthopology</i> (8) 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0486-6525200900010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>11. CSORDAS, THOMAS. 1999. &quot;Embodiment and cultural phenomenology&quot;. Gail Weiss y Honi Feru Haber (eds.) <i>Perspectives on embodiment</i>. Routledge. Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0486-6525200900010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>12. DELEUZE, GILLES Y F&Eacute;LIX GUATTARI. 1994a. &quot;Introducci&oacute;n: Rizoma&quot;. En <i>Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia</i>. Pre-Textos. Valencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0486-6525200900010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>13. --------------. 1994b. &quot;&iquest;C&oacute;mo hacerse un cuerpo sin &oacute;rganos?&quot;. En <i>Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia</i>. Pre-textos. Valencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0486-6525200900010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>14. DELEUZE, GILLES Y MICHEL FOUCAULT. 1992 &#91;1972&#93;. &quot;Los intelectuales y el poder&quot;. En <i>Microf&iacute;sica del poder</i>. La Piqueta. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0486-6525200900010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>15. DELEUZE, GILLES. 1999a. O abeced&aacute;rio de Gilles Deleuze. Disponible en <a href="http://www.ufrgs.br/faced/tomaz/abc3.htm" target="_blank">http://www.ufrgs.br/faced/tomaz/abc3.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0486-6525200900010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>16.  --------------. 1999b. &quot;Post-scriptum sobre las sociedades de control&quot;. En <i>Conversaciones</i>. Pre-textos. Valencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0486-6525200900010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>17. FOUCAULT, MICHEL. 1992 &#91;1977a&#93;. &quot;Poderes y estrategias&quot;. En <i>Microf&iacute;sica del poder</i>. La Piqueta. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0486-6525200900010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>18. --------------. 1992 &#91;1977b&#93;. &quot;Las relaciones de poder penetran en los cuerpos&quot;. En <i>Microf&iacute;sica del poder</i>. La Piqueta. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0486-6525200900010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>19. --------------. 2002 &#91;1976&#93;. <i>Historia de la sexualidad. 1-La voluntad de saber</i>. Siglo XXI Editores. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0486-6525200900010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>20. GEERTZ, CLIFFORD. 1997. <i>La interpretaci&oacute;n de las culturas</i>. Gedisa. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0486-6525200900010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>21. GUTI&Eacute;RREZ, ALICIA. 2005. &quot;El sentido pr&aacute;ctico: La l&oacute;gica de la pr&aacute;ctica y el proceso de reflexividad en Pierre Bourdieu&quot;. <i>Revista Complutense de Educaci&oacute;n</i> 2 (16). Universidad Complutense de Madrid. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0486-6525200900010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>22. GUTMAN, LAURA. 2004. <i>Puerperios y otras exploraciones del alma femenina</i>. Del Nuevo Extremo. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0486-6525200900010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>23. --------------. 2005. <i>La maternidad y el encuentro con la propia sombra</i>. Del Nuevo Extremo. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0486-6525200900010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>24. HAMMERSLEY, MARTYN Y PAUL ATKINSON. 1994. <i>Etnograf&iacute;a. M&eacute;todos de investigaci&oacute;n</i>. Paid&oacute;s. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0486-6525200900010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>25. LAMBECK, MICHAEL. 1998. &quot;Body and mind in mind, body and mind in body: Some anthropological interventions in a long conversation&quot;. En M. Lambeck, y A. Strathern (eds.) <i>Bodies and persons. Comparative perspectives from Africa and Melanesia</i>. Cambridge University Press. Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0486-6525200900010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>26. MERLEAU-PONTY, MAURICE. 1977 &#91;1960&#93;. <i>El Ojo y el Esp&iacute;ritu</i>. Paid&oacute;s. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0486-6525200900010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>27. MERLEAU-PONTY, MAURICE. 1993 &#91;1945&#93;. <i>Fenomenolog&iacute;a de la percepci&oacute;n</i>. Planeta. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0486-6525200900010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. NIETZSCHE, FRIEDRICH. 1995 &#91;1882&#93;. <i>La Gaya Ciencia</i>. Cof&aacute;s, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0486-6525200900010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>29. RODRIGUES, JOS&Eacute; CARLOS. 2006 &#91;1979&#93;. <i>Tabu do corpo</i>. Editora Fiocruz. R&iacute;o de Janeiro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0486-6525200900010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>30. ROLNIK, SUELY. 1996. &quot;El h&iacute;brido de Lygia Clark&quot;. En Lygia Clark (Cat&aacute;logo de exposici&oacute;n). Fundaci&oacute;n Antoni Tapies. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0486-6525200900010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>31. ROSALDO, RENATO. 1989. <i>Cultura y verdad. Nueva propuesta del an&aacute;lisis social</i>. Grijalbo. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0486-6525200900010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>32. SIBILIA, PAULA. 2006. <i>El hombre postorg&aacute;nico. Cuerpo, subjetividad y tecnolog&iacute;as digitales</i>. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0486-6525200900010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>33. WACQUANT, LO&Iuml;C. 2006 &#91;2000&#93;. <i>Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador</i>. Siglo XXI Editores. Avellaneda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0486-6525200900010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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