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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Antropología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Instituto Colombiano de Antropología e Historia - ICANH]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[POR OBLIGACIÓN DE CONCIENCIA: LOS MISIONEROS DEL CARMEN DESCALZO EN URABÁ (COLOMBIA), 1918-1941]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad del Valle Facultad de Artes Integradas Grupo de Investigación Arqueodiversidad]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="verdana">RESE&Ntilde;AS </font></p>     <p>       <center>     <font size="4" face="verdana"><b>POR OBLIGACI&Oacute;N DE CONCIENCIA: LOS MISIONEROS DEL CARMEN DESCALZO EN URAB&Aacute; (COLOMBIA), 1918-1941</b>     </font>   </center> </p>     <p>    <center>   <font size="2" face="verdana"><b>A&Iacute;DA CECILIA G&Aacute;LVEZ ABAD&Iacute;A</b>    <br>         <br>     Bogot&aacute;: Icanh, Universidad de Antioquia, Universidad del Rosario 2006, 216 p.</font>   </center> </p> <hr size="1"> <font size="2" face="verdana">    <br> </font><font face="verdana">     <p align="right"><font size="2"><i>For when once people have begun to believe    <br>   that prosperity is the reward of virtue,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   their next calamity is obvious.    <br>   If prosperity is regarded as the reward of virtue    <br>   it will be regarded as the symptom of virtue.    <br>   Man will leave off the heavy task of making    <br>   good men successful.    <br>   He will adopt the easier task of making out    <br>   successful men good.</i>    <br> G. K. Chesterton, Introduction to the <i>Book of Job</i>.</font></p> <font size="2">    <br>     <p>El texto, dice la autora, intenta presentar &quot;en clave antropol&oacute;gica la reinvenci&oacute;n del sufrimiento humano&quot;. Presenta como protagonistas a dos sacerdotes espa&ntilde;oles, carmelitas descalzos, que por obediencia dejaron el convento de clausura para ir al campo abierto de la misi&oacute;n entre infieles. Estos eran indios, negros y colonos caribe&ntilde;os que habitaban la regi&oacute;n de Urab&aacute; en el noroeste de Colombia. Uno de los religiosos, el padre Arteaga, fue jefe de la novel y precaria misi&oacute;n entre los a&ntilde;os 1919 y 1926, trascurridos desde la creaci&oacute;n de la Prefectura Apost&oacute;lica de Urab&aacute; (una di&oacute;cesis en formaci&oacute;n, en tierra de &quot;salvajes&quot;) hasta la muerte del prelado. El otro, el padre Amando, fue un trabajador raso que consumi&oacute; su vida en ese mismo territorio entre 1916 y 1941. La autora lo sigue hasta su muerte, en 1947, cuando era director de novicios carmelitas en Villa de Leyva, Boyac&aacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El cap&iacute;tulo introductorio se dedica, seg&uacute;n la autora, &quot;a reflexionar sobre algunos aspectos que condicionan la actitud de los antrop&oacute;logos frente a la investigaci&oacute;n en religiones&quot;, a lo que agrega un bosquejo sobre los procesos, igualmente religiosos, &quot;de la racionalizaci&oacute;n del mundo sobre la imperfecci&oacute;n de la realidad donde germina el sufrimiento&quot;. Es decir, aborda la llamada teodicea, que vista desde la antropolog&iacute;a podr&iacute;a ser, mejor, sociodicea (Morgan, D. y Wilkinson, L., 2001) o aun antropodicea (Sontag, F., 1981). Aunque otros prefieren hablar, con cierta impropiedad, de &quot;teodiceas secularizadas&quot; (Vidich, A J. y Lyman, S., 1985). Los cap&iacute;tulos II y III est&aacute;n dedicados a presentar y comentar los asuntos institucionales relativos a la Orden del Carmen Descalzo masculino, su vocaci&oacute;n misionera (contemplaci&oacute;n vs. acci&oacute;n) y las tensiones surgidas en el occidente antioque&ntilde;o, a ra&iacute;z de la decisi&oacute;n de la Curia Romana de segregar de la di&oacute;cesis de Santa Fe de Antioquia un n&uacute;mero de parroquias situadas en Urab&aacute; para constituir la Prefectura. La poblaci&oacute;n de Frontino como posible cabeza de la naciente misi&oacute;n (que nunca logr&oacute; serlo) y como sanatorio de los misioneros enfermos (que siempre lo fue) es el foco de la tensi&oacute;n narrativa por ser el motivo principal de la disputa que suscit&oacute; la pretensi&oacute;n. Los cap&iacute;tulos IV y V se dedican a narrar los sufrimientos de los protagonistas, en un texto en que &quot;salta a la vista la variable subjetiva que lo atraviesa, invitando al esclarecimiento de claves biogr&aacute;ficas&quot;. El prefecto Arteaga emer ge como h&eacute;roe p&uacute;blico que utiliza sus padecimientos como palanca ret&oacute;rica para lograr fines geopol&iacute;ticos. En determinados p&aacute;rrafos la tensi&oacute;n entre jerarcas eclesi&aacute;sticos por delimitaciones territoriales y control de recursos materiales aparece en toda su crudeza y mundanidad.</p>     <p>En cambio, el padre Amando es presentado &mdash;a partir de la amplia correspondencia utilizada como fuente&mdash; en una tersa luz de desinter&eacute;s vano a la vez que de privaci&oacute;n contemplativa. La obediencia ante decisiones incomprensibles, la mortificaci&oacute;n corporal, el deseo intenso de retornar a la placidez del claustro y la frustraci&oacute;n constante por la negativa superior a sus s&uacute;plicas por el retorno al claustro, tejen una historia de sufrimiento inaudito. Este no es utilizado por el misionero, s&oacute;lo descrito con p&aacute;rrafos que destilan resignaci&oacute;n convertida al final en sospecha de santidad. Es lo que las gentes pensaron cuando, a la muerte del fraile en 1947, hubo &quot;rapi&ntilde;a fervorosa de su h&aacute;bito&quot;, porque sus restos se convirtieron en reliquias, como en casos insignes del martirologio antiguo.</p>     <p>Por tanto, el padre Amando aparece como santo y el prefecto Arteaga como h&eacute;roe. Reliquias, en el primer caso, y mausoleo funerario, en el segundo, son los recuerdos materiales que de ellos se conservan en Antioquia. En el texto la santidad y el hero&iacute;smo tienen como tema el sufrimiento, tanto el f&iacute;sico como en el espiritual o psicol&oacute;gico. El primero afect&oacute; por igual los cuerpos de los protagonistas, que estuvieron expuestos a las inenarrables exacciones del clima, de las enfermedades end&eacute;micas (en las que sobresalen la malaria, la tuberculosis y la disenter&iacute;a) y de los trabajos f&iacute;sicos en tierras caracterizadas como ind&oacute;mitas. El sufrimiento espiritual, que ser&iacute;a ps&iacute;quico en la interpretaci&oacute;n recortada que la antropolog&iacute;a m&eacute;dica hace del dolor (pain), poco se describe en el texto; el lector lo intuye. Los dos tipos de padecimiento son asumidos &quot;por obligaci&oacute;n de conciencia&quot; en las trayectorias biogr&aacute;ficas. Esta asunci&oacute;n, plasmada en el t&iacute;tulo del libro, da coloraci&oacute;n a su conjunto y florece en los t&eacute;rminos ya dichos de santidad y hero&iacute;smo.</p>     <p>Urab&aacute; aparece a los ojos de los protagonistas como regi&oacute;n salvaje, que inspira &quot;horror&quot;, desglosado por la autora en dos vertientes, la f&iacute;sica de la selva como territorio invivible (para quienes no sean indios, negros y colonos antiguos); y la humana de las gentes locales tenidas por misioneros y antioque&ntilde;os como moralmente degradadas. La autora prefiere no tener en cuenta el &quot;horror&quot; que causaba la segunda vertiente, y quiso abundar en la primera. Aunque confiesa que intent&oacute; presentar &quot;el problema m&aacute;s como proceso que como forma estructurada&quot; y al hacerlo quiso transitar &quot;de la teor&iacute;a a la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica&quot;, el lector encuentra ante todo piezas muy fuertes de materia emp&iacute;rica. Ellas abren perspectivas intrigantes y muy complejas, que invitan a la conceptualizaci&oacute;n y comprensi&oacute;n &quot;en clave antropol&oacute;gica&quot; o, si se prefiere, en t&eacute;rminos de sociodicea. La autora quiso abordar el tema en tales t&eacute;rminos pero la narraci&oacute;n, zurcida con abundantes citas, amarra el documento a reflexiones dispersas de teodicea cristiana, misionera y carmelitana. Esa teodicea se alimenta en los protagonistas de la muy rica ideolog&iacute;a misionera cat&oacute;lica, de la ideolog&iacute;a contemplativa carmelitana descalza, y m&aacute;s en el fondo, de la concepci&oacute;n tard&iacute;o cristiana del sufrimiento como camino de salvaci&oacute;n en este &quot;valle de l&aacute;grimas&quot;. Estas muy ricas fuentes se mencionan sueltas, no se trabajan de modo sistem&aacute;tico a pesar de su honda promesa para una antropolog&iacute;a de la experiencia dolorosa vivida por unos personajes que no eran zutanos y menganos cualesquiera. Eran monjes en una Orden fundada por San Juan de la Cruz, el poeta m&iacute;stico que habl&oacute; con mucha propiedad de &quot;la noche escura del sentido&quot; puesta al servicio de alt&iacute;simos prop&oacute;sitos espirituales. La Orden fue fundada por santos (Teresa y Juan) que brillaron en el Siglo de Oro de la literatura espa&ntilde;ola y fueron part&iacute;cipes de una Contrarreforma que abund&oacute; en discursos muy elaborados de teolog&iacute;a cat&oacute;lica y, desde luego, de teodicea.</p>     <p>La opci&oacute;n de hacer sociodicea pone entre par&eacute;ntesis la teolog&iacute;a y la teodicea, en su exigencia de creencia en un Theos, para someter su racionalidad a estudio. El mismo P. Berger que cita la autora dice en otra obra (Berger, P., 1967, p. 107) que quien hace ciencia social de las religiones se mueve en una especie de ate&iacute;smo metodol&oacute;gico, que otros prefieren denominar agnosticismo (Cox, J. L., 2003). La sociodicea o antropodicea del libro que nos ocupa se queda corta porque, en realidad y con pocas excepciones, los autores de antropolog&iacute;a, sociolog&iacute;a e historia han sido parcos al respecto (Morgan. D. y Wilkinson, L., 2001). Para salir avante, A. C. G&aacute;lvez Abad&iacute;a acude, para desecharla a poco de su menci&oacute;n, a la peque&ntilde;a tradici&oacute;n de narrativas del dolor cr&oacute;nico individual (los llamados &quot;pacientes&quot;) que inici&oacute; A. Kleinman en Harvard, dentro de una antropolog&iacute;a de la salud que no logra zafarse de los contextos cl&iacute;nico-psiqui&aacute;tricos que le dieron origen y que, en consecuencia, la hacen enfocar la experiencia del dolor (pain) cr&oacute;nico en el solo plano individual (Good, M. J., et al., 1994). La reflexi&oacute;n final del libro, de cinco p&aacute;ginas, es un recuento sint&eacute;tico de lo que aportar&iacute;an, como promesa, las dos trayectorias personales a una conceptualizaci&oacute;n o comprensi&oacute;n antropol&oacute;gica del sufrimiento, que queda pendiente.</p>     <p>La limitaci&oacute;n resulta m&aacute;s clara en el caso del padre Amando, porque &eacute;l hace caso omiso de sus males f&iacute;sicos &mdash;tratables o no por los galenos&mdash; dado que sus dolores, su &quot;noche escura&quot;, son de &iacute;ndole que escapa a la medicina, por sofisticada que ella sea. El misionero se mantiene anudado, como un Job moderno, espa&ntilde;ol y carmelita descalzo, a una teodicea que no se sistematiza en el relato antropol&oacute;gico ni menos se somete a meta an&aacute;lisis. El sue&ntilde;o incumplido del sacerdote monje es retornar al claustro no para buscar alivio corporal, pues su biograf&iacute;a est&aacute; signada por la b&uacute;squeda intensa de la mortificaci&oacute;n que manda la regla carmelitana, a pesar de la dispensa que se le otorg&oacute; por estar en tierra de misiones. Busca, en cambio, la paz de la hermandad segunda, que propicia la comunidad monacal, una vez el monje ha abandonado sus grupos primarios familiares y comunitarios de origen. Como se ver&aacute;, esta hermandad conventual, como complemento de la ascesis-misticismo, es un fuerte punto de articulaci&oacute;n con las pertinentes propuestas conceptuales de M. Weber, de las que se hablar&aacute; en seguida. Al dejar de lado, por incapaz, el discurso de la antropolog&iacute;a m&eacute;dica, la &quot;clave antropol&oacute;gica&quot; que propuso la autora se descabala y fenece en una reflexi&oacute;n final que no levanta vuelo. Lo que el texto aporta en los cap&iacute;tulos biogr&aacute;ficos es un bello y rico material de contenido dram&aacute;tico que podr&iacute;a dar pie a excelentes relatos literarios en tanto asombran y conmueven.</p>     <p>Para otear las potencialidades cient&iacute;fico-sociales de este texto, incluso para desarrollarlas desde el &aacute;ngulo de la sociodicea, es preciso mirar la situaci&oacute;n total descrita. Porque la autora con su bello manuscrito emp&iacute;rico nos ubica, obviamente, ante hechos sociales totales. Ese Urab&aacute; &quot;tierra de perdici&oacute;n&quot; suscita un horror de selva (f&iacute;sica y humana) que hace recordar no s&oacute;lo el texto cl&aacute;sico de J. Conrad (<i>Heart of Darkness) </i>sino la adaptaci&oacute;n que del mismo hizo M. Taussig al horror del Putumayo a comienzos del siglo XX (<i>Shamanism, Colonialism and the Wild Man</i>). Aunque la autora quiere olvidar el wild man en Urab&aacute;, correspondiente al lado humano del horror de selva, es imposible que el lector ilustrado la siga en tal intento. Porque el temor humano est&aacute; presente entre l&iacute;neas de inicio a fin del texto. No por la referencia ocasional a los habitantes de la zona &mdash;indios, negros y colonos coste&ntilde;os&mdash; que, acorde con el sentir antropol&oacute;gico, la autora considera deben ser respetados en silencio y no satanizados. Lo est&aacute; por la presencia innegable y avasalladora de la Antioquia grande, no elaborada por la autora. Los &quot;antioque&ntilde;os&quot; y &quot;paisas&quot; (la versi&oacute;n noble y la degradada de este pueblo admirable; Molano, A., 2009) miraron, primero con desd&eacute;n y luego con intenci&oacute;n codiciosa, a la regi&oacute;n anexada al departamento desde 1905. Es claro, por el mismo texto aqu&iacute; comentado, que la misi&oacute;n carmelitana estaba al servicio de este proyecto expansivo, tanto en la versi&oacute;n geopol&iacute;tica de Iglesia Cat&oacute;lica regional como en la pol&iacute;tico-econ&oacute;mica de los empresarios.</p>     <p>La obra de la antrop&oacute;loga C. Steiner (2000), para no ir m&aacute;s lejos, es citada a veces pero su potencialidad sociohist&oacute;rica y cr&iacute;tica no es aprovechada. Un texto escrito a inicios del siglo XXI no pod&iacute;a escapar a esa historia tr&aacute;gica de conquista violenta que se teji&oacute; por d&eacute;cadas y hoy afecta no s&oacute;lo a los habitantes pr&iacute;stinos (indios, negros y colonos coste&ntilde;os) sino a la espl&eacute;ndida biodiversidad que caracteriza el territorio. Mucho se habla hoy de los desastres causados por negocios legales e ilegales que tienen a su servicio una m&aacute;quina de guerra (Reyes, A., 2009) que es instrumento criminal de un proceso que con rigor ha sido denunciado como de horror y muerte (Madariaga, P., 2006; Su&aacute;rez, A. F., 2008). Otros lo han caracterizado como la mejor instancia de lo que ser&iacute;a un &quot;paraestado&quot; (Ortiz, W., 2006, pp. 272-276) o como una confusa mezcla de desarrollo agroempresarial propiciado por el Estado y el paramilitarismo (Tenthoff, M., 2008). Tampoco se puede olvidar que hoy la regi&oacute;n es un hervidero de iglesias protestantes (Pati&ntilde;o, S., 2010; R&iacute;os, A., 2000). Despu&eacute;s de W. Benjamin (y de sus tesis sobre la historia, incluido el tan manoseado Angelus Novus) hay argumentos muy fuertes para no escribir ciencia social sin atender, desde el presente, a la historia del territorio en lo que fue, en lo que es, y en lo que pudo y puede ser (Benjamin, W., 1940). Estos escenarios son vistos &mdash;como ocurre con el &aacute;ngel de P. Klee comentado por W. Benjamin&mdash; desde un presente que tiene a sus espaldas el futuro y se conmueve (horrorizado o admirado, seg&uacute;n el caso) por lo que ha ocurrido en el pasado que tiene ante sus ojos. Por esta ausencia de mirada hist&oacute;rica contextual, ineludible en este caso al menos por lo avasalladora y dram&aacute;tica, el texto tiene ciertos visos de irrealidad novelesca.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, en el riguroso orden te&oacute;rico de las ciencias sociales, la referencia a M. Weber es tambi&eacute;n inevitable. El autor es citado en el texto pero no se aprovecha una pertinente urdimbre conceptual que aunque dispersa en varios de sus escritos sobre las religiones (Bellah, R. N., 1997), para un recuento, s&iacute;ntesis y relaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica) no deja de ser muy sugerente. El libro s&oacute;lo menciona el com&uacute;n t&oacute;pico de la racionalidad religiosa puesta al servicio de fines econ&oacute;micos. M.Weber es uno de los pocos que hace aportes, de fondo y bien estructurados, para una sociodicea que da cuenta de la teodicea de las &quot;religiones axiales&quot; de que habla Eisenstadt, S. N. (1986), entre las que se cuenta las cristianas. Y, de modo coincidente y muy afortunado, tiene propuestas que se ajustan a la situaci&oacute;n compleja planteada por el libro.</p>     <p>Destaco s&oacute;lo dos puntos de articulaci&oacute;n que, en apariencia poco tienen que ver entre s&iacute;, pero que en M. Weber han sido expuestos de manera muy clara y coherente con referencia a otras situaciones. En su idea de fuga del mundo como realizaci&oacute;n de las religiones axiales aparecen dos grandes direcciones para el ascetismo y misticismo resultantes (Weber, M., 1970): aquella en que los agentes racionales buscan otro mundo (trascendencia) y aquella en que se mantienen insertos en el actual a fin de transformarlo (inmanencia). El padre Amando con su mortificaci&oacute;n corporal, expresamente buscada en virtud de los votos monacales que lo alejan del mundo, es ejemplo protot&iacute;pico del ascetismomisticismo trascendente: su mayor dolor subjetivo no fue el corporal sino la denegaci&oacute;n sostenida de un contexto monacal y de fraternidad que le permiti&oacute; caminar por la senda contemplativa de su padre fundador, San Juan de la Cruz. Debi&oacute;, a su pesar, estar en una tierra en donde se practicaba la otra forma de ascetismo (no misticismo) inmanente cuyo mayor representante hist&oacute;rico es el protestantismo puritano. Ya hay escritos que utilizan las tesis weberianas sobre el esp&iacute;ritu del protestantismo puritano para abordar hip&oacute;tesis expl&iacute;citas con referencia al pueblo antioque&ntilde;o (y paisa). Son m&aacute;s coherentes que los mitos sobre or&iacute;genes &eacute;tnicos o raciales (vascos o jud&iacute;os; Twinam, A., 1980) y aunque han sido publicados hace tiempo no han recibido mayor atenci&oacute;n (Fajardo, L. H., 1966, 1973; Mayor, A., 1989; Twinam, A., 1985).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; no se lo haya propuesto la autora, en el libro bajo estudio, este pueblo (antioque&ntilde;o-paisa) es el tercer protagonista del relato. Su participaci&oacute;n no recibe adecuado tratamiento en su relaci&oacute;n de conquista con la &quot;tierra de muerte&quot; que ha sido Urab&aacute; en el siglo XX y comienzos del XXI. Este marco contextual hist&oacute;rico, comprendido a la luz de las propuestas te&oacute;ricas de M. Weber, permitir&iacute;a ubicar mucho mejor el sentido de los dos relatos biogr&aacute;ficos que, como se dijo, est&aacute;n insertos para siempre en una situaci&oacute;n total. Su materia emp&iacute;rica, vista como juego de los tres protagonistas, podr&iacute;a ofrecer un campo muy f&eacute;rtil para intentar ejercicios te&oacute;ricos de sociodicea, que era el prop&oacute;sito antropol&oacute;gico del texto, como se destac&oacute; al inicio de la presente rese&ntilde;a. La opci&oacute;n leg&iacute;tima de hacer una &quot;antropolog&iacute;a de misioneros centrada en sus padecimientos personales&quot; no ser&iacute;a arca&iacute;smo (como teme la autora que algunos postulen) si se hubieran tenido en cuenta de modo decisivo los par&aacute;metros hist&oacute;ricos en que &mdash;de hecho&mdash; se enmarcaron esas dolorosas trayectorias. Y la teor&iacute;a social sobre el sufrimiento humano (sociodicea) hubiera ido m&aacute;s all&aacute; de los limitados planteamientos de la antropolog&iacute;a cl&iacute;nica del dolor, si hubiera proyectado la urdimbre weberiana mencionada arriba sobre el caso tan particular, y tr&aacute;gicamente doloroso, de la conquista de Urab&aacute; por las avanzadas paisas y antioque&ntilde;as. En esta conquista jugaron un papel prominente, aunque truncado, los dos ascetas-m&iacute;sticos venidos desde conventos espa&ntilde;oles. Sin duda, con much&iacute;simo pesar hubieran visto que las cosas como ocurrieron en Urab&aacute; (y en otras regiones de Colombia) apuntar&iacute;an, despu&eacute;s del horror de las masacres y los desplazamientos, a la segunda calamidad que previ&oacute; G. K. Chesterton y hoy amenaza a los colombianos: the easier task of making successful men good.</p> </font></font> <hr size="1"> <font size="2" face="verdana">    <br> </font><font face="verdana">     <p><font size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <p><font size="2">1. BELLAH, R. N. (1997). Max Weber and world-denying love: a look at the historical sociology of religion. <i>American Academy of Religion</i>, 67, 2, 277-304.</font></p>     <p><font size="2">2. BENJAMIN, W. (1973) &#91;1940&#93;. <i>Tesis de filosof&iacute;a de la historia</i>. Madrid: Taurus.</font></p>     <p><font size="2">3. BERGER, P. (1967). <i>The social reality of religion</i>. Hammondsword, Middlesex: Penguin.</font></p>     <p><font size="2">4. CONRAD, J. (1973). <i>Heart of darkness</i>. Hammondsword, Middlesex: Penguin.</font></p>     <p><font size="2">5. COX, J. L. (2003). <i>Religion without God: Methological Agnosticism and the Future of Religious Studies</i>. The Hilbert Lecture, 13 April. Herriot- Watt University. Disponible en: <a href="http://www.thehibberttrust.org.uk/documents/hibbert_lecture_2003.pdf" target="_blank">http://www.thehibberttrust.org.uk/documents/hibbert_lecture_2003.pdf</a>.</font></p>     <p><font size="2">6. GOOD, M. J., et.al. (1994). <i>Pain as human experience: An anthropological perspective</i>. Los &Aacute;ngeles: University of California Press.</font></p>     <p><font size="2">7. EISENSTADT, S. N. (1986). <i>Diversity and origin of axial age civilizations</i>. Albany, NY: State University of New York Press.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2">8. FAJARDO, L. H. (1973). &Eacute;tica puritana y desarrollo: una nota te&oacute;rica y varios casos.<i> Cuadernos de Econom&iacute;a / Latin American Journal of Economics</i>, 10, 30, 41-50.</font></p>     <p><font size="2">9. __________. (1966). <i>La moralidad protestante de los antioque&ntilde;os</i>. Cali: Universidad del Valle.</font></p>     <p><font size="2">10. MADARIAGA, P. (2006). <i>Matan y matan y uno sigue ah&iacute;: Control paramilitar y vida cotidiana en el pueblo de Urab&aacute;</i>. Bogot&aacute;: CESO, Universidad de los Andes.</font></p>     <p><font size="2">11. MAYOR, A. (1989). <i>&Eacute;tica, trabajo y productividad en Antioquia</i>. Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores.</font></p>     <p><font size="2">12. MOLANO, A. (2009). El sue&ntilde;o paisa. <i>El Espectador</i>, octubre 10.</font></p>     <p><font size="2">13. MORGAN, D. Y L. WILKINSON. (2001). The problem of suffering and the sociological task of theodicy. <i>European Journal of Social Theory</i>, 42, 2, 199-204.</font></p>     <p><font size="2">14. ORTIZ, W. (2006). <i>Los paraestados en Colombia</i>. Espa&ntilde;a: Tesis doctoral, Facultad de Sociolog&iacute;a y Ciencias Pol&iacute;ticas. Universidad de Granada.</font></p>     <p><font size="2">15. PATI&Ntilde;O, S. (2010). Comunicaci&oacute;n personal con motivo de asesor&iacute;a para tesis de maestr&iacute;a en antropolog&iacute;a &quot;Religi&oacute;n y malaria en Urab&aacute;&quot;, Universidad de Antioquia. Febrero 12 de 2010.</font></p>     <p><font size="2">16. REYES, A. (2009). <i>Guerreros y campesinos: El despojo de la tierra en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Editorial Norma.</font></p>     <p><font size="2">17. R&Iacute;OS, A. (2000). <i>Identidad y religi&oacute;n en la colonizaci&oacute;n del Urab&aacute; Antioque&ntilde;o</i>. Disponible en: <a href="http://www.humanas.unal.edu.co/colantropos/documentos/rios_religionuraba.pdf" target="_blank">http://www.humanas.unal.edu.co/colantropos/documentos/rios_religionuraba.pdf</a>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2">18. SONTAG, F. (1981). Anthropodicy or theodicy? A discussion with Becker&#39;s The Structure of Evil. <i>Journal of the American Academy of Religion</i>, 59, 2, 267-274</font></p>     <p><font size="2">19. STEINER, C. (2000). <i>Imaginaci&oacute;n y poder: El encuentro del interior con la costa en Urab&aacute;, 1900-1960</i>. Medell&iacute;n: Editorial Universidad de Antioquia.</font></p>     <p><font size="2">20. SU&Aacute;REZ, A. F. (2008). La sevicia en las masacres de la guerra colombiana.<i> An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, 63, 39-57.</font></p>     <p><font size="2">21. TAUSSIG, M. (1987).<i> Shamanism, Colonialism and the Wild Man: A Study in Terror and Healing</i>. Chicago: The University of Chicago Press.</font></p>     <p><font size="2">22. TENTHOFF, M. (2008). <i>Urab&aacute;: Donde el desarrollo alternativo se confunde con intereses econ&oacute;micos y la reinserci&oacute;n del paramilitarismo</i>. Amsterdam: Transnational Institute.</font></p>     <p><font size="2">23. TWINAM, A. (1985). <i>Mineros, comerciantes y labradores: las ra&iacute;ces del esp&iacute;ritu empresarial en Antioquia 1973-1810</i>. Medell&iacute;n: Fondo Rotatorio de Publicaciones FAES.</font></p>     <p><font size="2">24. __________. (1980). From the Jew to the Basque: Ethnic Myths and Antioque&ntilde;o Entrepreneurship. <i>Journal of Interamerican Studies and World Affairs</i>, 12, 1, 81-107.</font></p>     <p><font size="2">25. VIDICH A. J. Y LYMAN, S. (1985). <i>American Sociology: Worldly Rejections and their Directions</i>. New Haven, CT: Yale University Press.</font></p>     <p><font size="2">26. WEBER, M. (1970). Religious rejections of the world and their directions. En C. W. Mills y H. H. Gerth (eds.) <i>From Max Weber</i>. (Pp. 323-359). London: Routledge.</font></p> </font><font face="verdana" size="2"> <hr size="1"> </font><font size="2" face="verdana">    <br> </font><font face="verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font size="2"><b>El&iacute;as Sevilla Casas</b>    <br>   Grupo de Investigaci&oacute;n Arqueodiversidad     <br>   Facultad de Artes Integradas, Universidad del Valle    <br>   <a href="mailto:eliasevilla@gmail.com">eliasevilla@gmail.com</a> </font></p> </font>      ]]></body>
</article>
