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</front><body><![CDATA[ <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA"> </FONT>     <p align="center"><font size="2" face="VERDANA"><b><font size="4">DELHI LECTURE</font></b><font size="4"><a href="#pie1" name="spie1"><sup><font size="2">1</font></sup></a> <b>LA POL&Iacute;TICA DE  LOS GOBERNADOS</b></font></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="VERDANA"><b>PARTHA CHATTERJEE</b>    <br>   DEPARTAMENTO  DE ANTROPOLOG&Iacute;A    <br>   UNIVERSIDAD DE  COLUMBIA</font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <p align="center"><u>Nota introductoria  y traducci&oacute;n del ingl&eacute;s</u></p>     <p align="center">    <br>   MARGARITA CHAVES Y JUAN FELIPE HOYOS,    <br>   GRUPO DE ANTROPOLOG&Iacute;A SOCIAL DEL ICANH</p> <hr align="JUSTIFY" size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"   >En  su Delhi Lecture, el polit&oacute;logo y antrop&oacute;logo indio Partha Chatterjee expone  las ideas m&aacute;s provocativas de su libro <i>The  Politics of the Governed </i>(2004), a prop&oacute;sito de la  tensi&oacute;n entre el proyecto de ciudadan&iacute;a universal y las demandas de  reconocimiento y atenci&oacute;n diferencial de las poblaciones, de acuerdo con sus  pertenencias &eacute;tnicas y sociales. Pese a que parte de este libro fue llevado al  castellano en la compilaci&oacute;n titulada <i>La  naci&oacute;n en tiempo heterog&eacute;neo </i>(2008)<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>, traducimos esta  conferencia porque introduce novedosos puntos de vista sobre la participaci&oacute;n  pol&iacute;tica de las poblaciones gobernadas en sociedades de ciudadan&iacute;as precarias,  que permiten reflexionar sobre los avances en materia de reconocimiento multicultural  alcanzados por la nueva Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia a veinte a&ntilde;os de su  promulgaci&oacute;n.</P >     <P align="justify"   >Partha Chatterjee naci&oacute; en India, y all&iacute; es profesor de Antropolog&iacute;a y Ciencias Pol&iacute;ticas en las universidades de Calcuta y Jadavpur; tambi&eacute;n es profesor de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos. Es miembro fundador del grupo de Estudios Subalternos, y fue su editor en los a&ntilde;os 1993 y 2000. Sus investigaciones giran alrededor de las formas de conciencia pol&iacute;tica y participaci&oacute;n subalternas en los procesos de formaci&oacute;n de la naci&oacute;n india, con un inter&eacute;s especial en el campesinado y las mujeres. Ha llevado a cabo una relectura de la historiograf&iacute;a tradicional sobre la naci&oacute;n, la ciudadan&iacute;a y los saberes que han intervenido en la producci&oacute;n de las identidades de la India colonial y poscolonial. Adem&aacute;s de su producci&oacute;n acad&eacute;mica, Chatterjee tambi&eacute;n es conocido por sus aportes al teatro indio como autor y actor, por su actividad como compositor de piezas musicales y por algunas apariciones en el cine. </P >     <P align="justify"   >Continuando una larga discusi&oacute;n  con Benedict Anderson<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>, en su ponencia Chatterjee  afirma que la naci&oacute;n, la ciudadan&iacute;a y, m&aacute;s en general, la modernidad, no se desenvuelven  en una temporalidad ni en torno a un imaginario homog&eacute;neos que coexistir&iacute;an  diferenciados con otras temporalidades e imaginarios premodernos. Al contrario,  para Chatterjee la modernidad se desenvuelve en tiempos e imaginarios  heterog&eacute;neos, que implican que la diferencia cultural y, si es el caso, la  ancestralidad de las poblaciones &eacute;tnicas que la encarnan no son la exterioridad  de la modernidad sino otro de sus productos. Sin embargo, anota el autor, el  que la diferencia cultural sea consustancial a la modernidad no niega que &quot;buena  parte de la gente en el mundo&quot; participe de forma desigual en los grandes relatos  del estado-naci&oacute;n<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a>, sobre todo los referidos a la  ciudadan&iacute;a universal. M&aacute;s bien, la realizaci&oacute;n de esta ciudadan&iacute;a es una forma de  vida restringida a unos pocos, mientras que &quot;buena parte de la gente en el  mundo&quot; -como se refiere Chatterjee a los subalternos- participa de lo pol&iacute;tico  no como sociedad civil sino como <i>sociedad pol&iacute;tica, </i>es decir, como parte de la red  de relaciones entre personas mediada por su agencia en cuanto sujetos de  pol&iacute;ticas de la gubernamentalidad<a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a>.  En otras palabras, la sociedad pol&iacute;tica, seg&uacute;n Chatterjee, recupera en su  centro la creatividad de los subalternos, frente a quienes les prometen su &quot;bienestar&quot;  sin garantizar el goce efectivo de derechos civiles y pol&iacute;ticos. &nbsp;</P >     <P align="justify"   >La celebraci&oacute;n de los veinte a&ntilde;os de la reforma constitucional en nuestro pa&iacute;s ha suscitado reflexiones y debates sobre los logros y las promesas incumplidas de la Carta Magna. Respecto de estas &uacute;ltimas, la articulaci&oacute;n de diversos procesos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos internacionales y nacionales aparece como la causa del estancamiento de la realizaci&oacute;n del nuevo consenso social que la Constituci&oacute;n pretend&iacute;a fundar. Entre tales procesos se destacan, por un lado, el auge de una econom&iacute;a global jalonada por el neoliberalismo y, por el otro, la persistencia del conflicto armado interno colombiano. Sin duda, estas dos fuerzas han determinado el detrimento de la garant&iacute;a efectiva de los derechos y de la implementaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de atenci&oacute;n a los grupos hist&oacute;ricamente marginados de la protecci&oacute;n del estado. Para nadie es una novedad que la hegemon&iacute;a neoliberal redujo tanto los recursos p&uacute;blicos como los espacios pol&iacute;ticos que promet&iacute;an garantizar el acceso de las clases y los grupos sociales marginados -y no solo de los grupos &eacute;tnicos- a los derechos ciudadanos. Derechos b&aacute;sicos como la salud y la educaci&oacute;n, convertidos ahora en mercanc&iacute;as que deben ser adquiridas en el mercado, siguen distantes de las mayor&iacute;as. El recrudecimiento y la diversificaci&oacute;n de los escenarios de la guerra plantean, por su parte, la necesidad de desviar recursos p&uacute;blicos para sostener la guerra y, adem&aacute;s, para atender a esos mismos sectores sociales marginados, que adem&aacute;s de derechos b&aacute;sicos requieren garant&iacute;as m&iacute;nimas para su supervivencia en medio del conflicto. </P >     <P align="justify"   >En este sentido, no podemos  dejar de se&ntilde;alar que uno de los efectos de la Constituci&oacute;n de 1991 fue el de establecer lineamientos b&aacute;sicos para el  desarrollo del enfoque diferencial que clasifica poblaciones para decidir a  cu&aacute;les se les otorgan derechos y para focalizar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Por  ello, los an&aacute;lisis de los alcances de la Constituci&oacute;n deben estar atentos a las  nuevas articulaciones de pol&iacute;ticas gubernamentales y no gubernamentales, nacionales  e internacionales, que empujan esquemas de gubernamentalidad transnacionales.  Este es el caso de las agendas globales para el desarrollo y la superaci&oacute;n de  la pobreza, como la pol&iacute;tica de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas (ONU) y sus objetivos del milenio<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a>, o de las pol&iacute;ticas para afrontar  los efectos del conflicto armado en el escenario nacional, como en el caso de  las sentencias y autos de la Corte Constitucional que declararon el &quot;estado de  cosas inconstitucional respecto del desplazamiento forzado&quot;, y demandaron del  ejecutivo la atenci&oacute;n inmediata y diferencial de los grupos m&aacute;s vulnerados, entre  ellos, una vez m&aacute;s, los grupos marcados por la diferencia &eacute;tnica, de g&eacute;nero,  generaci&oacute;n y discapacidad<a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a>. &nbsp;</P >     <p align="justify">La propuesta de Chatterjee de repensar  la agencia pol&iacute;tica de poblaciones marginales -ilegales, sin derechos  garantizados, &eacute;tnicamente m&uacute;ltiples y, en &uacute;ltimas, no part&iacute;cipes del imaginario  universalista de la sociedad civil- es sugestiva para analizar el lugar que  ellas tienen en la articulaci&oacute;n de las redes que las conectan con los espacios  de la formulaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Su an&aacute;lisis en los  contextos contempor&aacute;neos de la gubernamentalidad revela relaciones inestables  entre poblaciones y funcionarios, p&uacute;blicos y privados, encargados de la  ejecuci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas alejadas del ejercicio de la ciudadan&iacute;a, pero  efectivas para satisfacer las demandas concretas de estas poblaciones. En las  optimistas palabras del autor, de este modo los subalternos &quot;est&aacute;n decidiendo  la forma en que quieren ser gobernados&quot;. &nbsp;</p>     <P align="justify"   ><I>La pol&iacute;tica de los gobernados</I> invita a poner en perspectiva los logros de los grupos sociales ante los reconocimientos que son producto de la Constituci&oacute;n de 1991, no tanto en t&eacute;rminos de si han sido suficientes, o conceptual y jur&iacute;dicamente bien concebidos, sino en la forma en que han sido ejecutados por parte del estado y en que han respondido sus sujetos. </P >     <p align="center">&nbsp;</p> </FONT>    <p align="center"><font size="3" face="VERDANA"><b>DELHI LECTURE</b> <b>LA POL&Iacute;TICA DE  LOS GOBERNADOS</b></font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">    <p align="center"><b>PARTHA CHATTERJEE</b></p> </FONT>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="3" face="VERDANA"><b>I</b></font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P   align="justify" >Mi tema es la pol&iacute;tica popular. Cuando digo <I>popular,</I> no necesariamente presumo una forma institucional o proceso pol&iacute;tico particular. Sugiero, m&aacute;s bien, que gran parte de la pol&iacute;tica que describo est&aacute; condicionada por las funciones y actividades de los sistemas gubernamentales modernos que han entrado a formar parte de las funciones que se espera que estos cumplan en todas partes. Argumentar&eacute; que estas expectativas y actividades han producido ciertas relaciones entre los gobiernos y las poblaciones. La pol&iacute;tica popular que voy a describir crece y toma forma en esas relaciones. </P >     <P   align="justify" >Los conceptos familiares de la teor&iacute;a social que necesitar&eacute; revisar en esta conferencia son los de sociedad civil y estado, ciudadan&iacute;a y derechos, afiliaciones universales e identidades particulares. Puesto que examinar&eacute; la pol&iacute;tica popular, tambi&eacute;n debo considerar la cuesti&oacute;n de la democracia. Muchos de estos conceptos no resultar&aacute;n familiares despu&eacute;s de que ponga mis lentes y los persuada de mirar a trav&eacute;s de ellos. La sociedad civil, por ejemplo, aparecer&aacute; como la asociaci&oacute;n de grupos de &eacute;lite modernos, encerrada y aislada de la vida popular m&aacute;s amplia de las comunidades, amurallada en enclaves de libertad c&iacute;vica y racionalidad normativa. La ciudadan&iacute;a tomar&aacute; dos formas diferentes -la formal y la efectiva-. Y, a diferencia de la vieja manera en que conocimos hablar de los soberanos y los s&uacute;bditos, desde los griegos a Maquiavelo y de este a Marx, los invito a pensar en aquellos que gobiernan y los gobernados. La gobernanza, esa nueva palabra de moda en los estudios pol&iacute;ticos, es, como lo voy a sugerir, el cuerpo de conocimientos y el conjunto de t&eacute;cnicas utilizadas por aquellos que gobiernan o en nombre de ellos. La democracia hoy, insistir&eacute;, no es el gobierno de, por y para el pueblo. Antes bien, debe ser visto como la pol&iacute;tica de los gobernados. </P >     <P   align="justify" >Aclarar&eacute; y explicar&eacute; mis argumentos conceptuales m&aacute;s adelante en esta conferencia. Para introducir mi discusi&oacute;n sobre la pol&iacute;tica popular, perm&iacute;tanme comenzar present&aacute;ndoles un conflicto que se encuentra en el coraz&oacute;n de la pol&iacute;tica moderna en la mayor parte del mundo. Es la oposici&oacute;n entre el ideal universal del nacionalismo c&iacute;vico, basado en las libertades individuales y la igualdad de derechos independientemente de distinciones de religi&oacute;n, raza, idioma o cultura, y las demandas particulares de la identidad cultural que reclaman el tratamiento diferenciado de determinados grupos por motivos de vulnerabilidad, atraso o injusticia hist&oacute;rica, entre muchos otros motivos. La oposici&oacute;n, argumentar&eacute;, es sintom&aacute;tica de la transici&oacute;n que ocurri&oacute; en la pol&iacute;tica moderna en el curso del siglo XX desde una concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica basada en la idea de la soberan&iacute;a popular, a una en la cual la pol&iacute;tica democr&aacute;tica es moldeada por la gubernamentalidad. </P >     <P   align="justify" >El ideal universal del nacionalismo c&iacute;vico fue capturado correctamente por Benedict Anderson cuando afirm&oacute;, en su ya cl&aacute;sico libro <I>Imagined Communities,</I> que la naci&oacute;n vive en un tiempo homog&eacute;neo vac&iacute;o (1983, 1993). En este libro &eacute;l segu&iacute;a, de hecho, la corriente dominante del pensamiento hist&oacute;rico moderno, que imagina el espacio social de la modernidad distribuido en el tiempo homog&eacute;neo vac&iacute;o. Un marxista podr&iacute;a llamar a este el tiempo del capitalismo. Anderson adopta expl&iacute;citamente la formulaci&oacute;n de Walter Benjamin y la usa para mostrar con un efecto brillante las posibilidades materiales de las grandes sociabilidades an&oacute;nimas que han sido formadas por la experiencia simult&aacute;nea de la lectura diaria de la prensa, o por seguir la vida privada de los personajes populares de la ficci&oacute;n o, &eacute;l podr&iacute;a haber a&ntilde;adido, por apoyar al equipo nacional de f&uacute;tbol o de <I>cricket</I>. Es la misma simultaneidad experimentada en un tiempo homog&eacute;neo vac&iacute;o la que nos permite hablar de la realidad de las categor&iacute;as de la econom&iacute;a pol&iacute;tica, como precios, salarios, mercados, y as&iacute; sucesivamente. El tiempo vac&iacute;o homog&eacute;neo es el tiempo del capitalismo. Dentro de su dominio, el capital no permite ninguna resistencia a su libre circulaci&oacute;n. Cuando encuentra un obst&aacute;culo, se piensa que ha encontrado otro tiempo -precapitalista, que pertenece a la era premoderna-. Estas resistencias al capitalismo (o a la modernidad) son por lo tanto entendidas como resultado del pasado de la humanidad, algo que la gente deber&iacute;a haber dejado atr&aacute;s pero que por alguna raz&oacute;n no lo ha hecho. Sin embargo, al imaginar el capitalismo (o la modernidad) como un atributo del tiempo mismo, esta visi&oacute;n tiene &eacute;xito no solo en etiquetar las resistencias a &eacute;l como arcaicas y atrasadas, sino en garantizar al mismo tiempo el triunfo final del capitalismo y la modernidad, independientemente de lo que algunos puedan creer y de sus esperanzas, porque despu&eacute;s de todo, como todos lo sabemos, el tiempo no se detiene. </P >     <P   align="justify" >En su reciente libro <I>The Spectre of Comparisons, </I>Anderson (1998) ha seguido el an&aacute;lisis iniciado en <I>Imagined Communities</I> y hace una diferenciaci&oacute;n entre el nacionalismo y la pol&iacute;tica de la etnicidad. Para ello identifica dos tipos de series producidas por los imaginarios modernos de la comunidad. Una es la serialidad abierta<a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a> de los universales cotidianos del pensamiento social moderno: naciones, ciudadanos, revolucionarios, bur&oacute;cratas, trabajadores, intelectuales, y as&iacute; sucesivamente. La otra es la serialidad cerrada<a href="#pie9" name="spie9"><sup>9</sup></a> de la gubernamentalidad: los totales finitos de clases enumerables de la poblaci&oacute;n, producidos por los censos y los sistemas electorales modernos. Las serialidades abiertas suelen ser imaginadas y narradas por medio de los instrumentos cl&aacute;sicos del capitalismo impreso, principalmente el peri&oacute;dico y la novela. Estos ofrecen la oportunidad para que las personas se imaginen a s&iacute; mismas como miembros de solidaridades cara a cara m&aacute;s amplias, de elegir actuar en nombre de aquellas solidaridades y de trascender por un acto de imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica los l&iacute;mites impuestos por las pr&aacute;cticas tradicionales. Las serialidades cerradas, por el contrario, pueden operar solamente con n&uacute;meros enteros. Esto implica que para cada categor&iacute;a de clasificaci&oacute;n, cualquier individuo puede contar solamente como uno o cero, nunca como una fracci&oacute;n, lo cual a su vez significa que todas las afiliaciones parciales o mezcladas en una categor&iacute;a quedan por fuera. Uno solamente puede ser negro o no negro, musulm&aacute;n o no musulm&aacute;n, tribal o no tribal, nunca ser apenas parcialmente o contextualmente de ese modo. Las series cerradas, sugiere Anderson, son constrictivas y quiz&aacute;s inherentemente conflictivas. Ellas producen las herramientas de la pol&iacute;tica &eacute;tnica. </P >     <P   align="justify" >Anderson utiliza esta distinci&oacute;n entre serialidades cerradas y abiertas para construir su argumentaci&oacute;n acerca de la bondad residual del nacionalismo y la maldad inherente de las pol&iacute;ticas de la etnicidad. Est&aacute; interesado en preservar lo que es genuinamente &eacute;tico y noble en el pensamiento cr&iacute;tico universalista caracter&iacute;stico de la Ilustraci&oacute;n. Anderson, en la tradici&oacute;n de buena parte del pensamiento historiogr&aacute;fico progresista del siglo XX, ve la pol&iacute;tica del universalismo como algo que pertenece al car&aacute;cter mismo de la modernidad. </P >     <P   align="justify" >Estoy en desacuerdo. Creo que este punto de vista de la modernidad, o incluso del capitalismo, es errado porque es unilateral. Se fija solamente en una dimensi&oacute;n del espacio-tiempo de la vida moderna. La gente solo puede imaginarse a s&iacute; misma en el tiempo vac&iacute;o homog&eacute;neo; no vive en &eacute;l. El tiempo vac&iacute;o homog&eacute;neo es el tiempo ut&oacute;pico del capitalismo. Linealmente conecta el pasado, el presente y el futuro, y crea la posibilidad para todas esas imaginaciones historicistas de la identidad, la nacionalidad, el progreso, etc. con las que Anderson, junto con muchos otros, nos han familiarizado. Pero el tiempo vac&iacute;o homog&eacute;neo no se encuentra ubicado en ninguna parte, en un espacio real -es ut&oacute;pico-. El tiempo-espacio real de la vida moderna es heterog&eacute;neo, desigualmente denso. Aqu&iacute;, incluso los trabajadores industriales no internalizan del todo la disciplina del trabajo del capitalismo, y curiosamente, incluso cuando lo hacen, no lo hacen de la misma manera. La pol&iacute;tica aqu&iacute; no significa lo mismo para todas las personas. Hacer caso omiso de esto, en mi opini&oacute;n, es descartar lo real por lo ut&oacute;pico. </P >     <P   align="justify" >Es posible citar muchos ejemplos desde el mundo poscolonial que sugieren la presencia de un tiempo denso y heterog&eacute;neo. En aquellos lugares, uno puede ver a capitalistas industriales que postergan el cierre de un negocio porque no han consultado con sus respectivos astr&oacute;logos, o trabajadores industriales que no tocan una nueva m&aacute;quina hasta que haya sido consagrada con los correspondientes ritos religiosos, o votantes que se prenden fuego a s&iacute; mismos para hacer el duelo tras la derrota de su l&iacute;der favorito, o ministros que abiertamente se jactan de haber obtenido m&aacute;s puestos de trabajo para la gente de su propio clan y haber mantenido a los de otros fuera. Llamar a esto la presencia simult&aacute;nea de tiempos diversos -el tiempo de la modernidad y los tiempos de lo premoderno- es solo ratificar el utopismo de la modernidad occidental. Muchos trabajos etnogr&aacute;ficos recientes han demostrado que estos &quot;otros&quot; tiempos no son meras supervivencias de un pasado premoderno: son productos nuevos del encuentro con la modernidad misma. Por consiguiente, hay que llamarlos el tiempo heterog&eacute;neo de la modernidad. </P > </FONT>     <P   align="center" ><font size="3" face="VERDANA"><b>2 </b></font></P > <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >La forma moderna de la naci&oacute;n es a la vez universal y particular. La dimensi&oacute;n universal est&aacute; representada, en primer lugar, por la idea del pueblo como el <I>locus</I> original de la soberan&iacute;a en el estado moderno, y en segundo lugar, por la idea de que todos los seres humanos son portadores de derechos. Si esto fuera una verdad universal, &iquest;c&oacute;mo se llev&oacute; a efecto? Por medio de la consagraci&oacute;n de los derechos espec&iacute;ficos de <I>ciudadanos</I> en un estado constituido por un pueblo en particular, a saber, una naci&oacute;n. As&iacute;, la naci&oacute;n-estado se convirti&oacute; en la forma particular y normal del estado moderno. El marco b&aacute;sico de los derechos en el estado moderno fue definido por las ideas emparejadas de libertad e igualdad. Pero la libertad y la igualdad con frecuencia tiran en direcciones opuestas. Las dos, por lo tanto, tienen que estar mediadas, como lo ha se&ntilde;alado atinadamente &Eacute;tienne Balibar (1994), por dos conceptos m&aacute;s: los de propiedad y comunidad. Con el de propiedad se intent&oacute; resolver las contradicciones entre libertad e igualdad en el plano de la relaci&oacute;n del individuo con otros individuos. Con el de comunidad se intent&oacute; resolver las contradicciones a nivel de la fraternidad como un todo. Con la dimensi&oacute;n de la propiedad, las resoluciones pod&iacute;an ser m&aacute;s o menos liberales; con la dimensi&oacute;n de la comunidad, pod&iacute;an ser m&aacute;s o menos comunitaristas. Pero se esperaba que fuera en el interior de la forma espec&iacute;fica del estado-naci&oacute;n soberano y homog&eacute;neo donde los ideales universales de la ciudadan&iacute;a moderna se realizaran. </P >     <p align="justify">Usando  un atajo te&oacute;rico, podr&iacute;amos decir que la propiedad y la comunidad definieron  los par&aacute;metros conceptuales dentro de los cuales el discurso pol&iacute;tico del  capitalismo, que proclamaba la libertad y la igualdad, pudo prosperar. Las  ideas de libertad e igualdad que les dieron forma a los derechos universales  del ciudadano fueron cruciales no solo en la lucha contra los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos  absolutistas, sino tambi&eacute;n para socavar las pr&aacute;cticas precapitalistas que  restring&iacute;an la movilidad individual y privilegiaban los l&iacute;mites tradicionales  definidos por nacimiento y estatus. Pero ellas tambi&eacute;n fueron cruciales, como  el joven Karl Marx se&ntilde;al&oacute;, en separar el dominio abstracto del derecho del  dominio real de la vida en la sociedad civil<a href="#pie10" name="spie10"><sup>10</sup></a>.  En la teor&iacute;a jur&iacute;dico-pol&iacute;tica los derechos del ciudadano no eran restringidos por  motivos de raza, religi&oacute;n, etnicidad o clase (a principios del siglo XX, los mismos derechos estar&iacute;an  incluso disponibles para las mujeres), pero esto no signific&oacute; la abolici&oacute;n de  las distinciones reales entre hombres (y mujeres) en la sociedad civil. Por el contrario,  el universalismo de la teor&iacute;a de los derechos presupon&iacute;a y posibilitaba un  nuevo ordenamiento de las relaciones de poder en la sociedad basado  precisamente en esas distinciones de clase, raza, religi&oacute;n, g&eacute;nero, etc. Al  mismo tiempo, la promesa emancipatoria celebrada por el ideal de los derechos  universales de igualdad tambi&eacute;n actu&oacute; como una fuente constante de cr&iacute;tica  te&oacute;rica a la sociedad civil propiamente dicha. Esa promesa, en los &uacute;ltimos dos  siglos, ha impulsado numerosas luchas en todo el mundo para cambiar las desiguales  e injustas relaciones sociales que se originan en las diferencias de raza,  religi&oacute;n, casta, clase o g&eacute;nero. </p>     <P   align="justify" >Los marxistas, en general, han cre&iacute;do que el dominio del capitalismo sobre la comunidad tradicional fue se&ntilde;al inevitable del progreso hist&oacute;rico. Ciertamente, hay un profundo sentido de ambig&uuml;edad en este juicio. Si la comunidad era la forma social de unidad del trabajo con los medios de producci&oacute;n, entonces la destrucci&oacute;n de la unidad causada por la llamada acumulaci&oacute;n primitiva del capital produjo a un trabajador nuevo que no era libre solamente para vender su trabajo como una mercanc&iacute;a, sino libre de todo gravamen de bienes, excepto su fuerza de trabajo. </P >     <P   align="justify" >Marx escribi&oacute; con amarga iron&iacute;a acerca de esta &quot;doble libertad&quot; del trabajador asalariado libre de los lazos de la comunidad precapitalista<a href="#pie11" name="spie11"><sup>11</sup></a>. Pero, a pesar del persistente escepticismo y de la iron&iacute;a, los marxistas del siglo XX, en general, les dieron la bienvenida al debilitamiento de la propiedad precapitalista y a la creaci&oacute;n de grandes unidades pol&iacute;ticas homog&eacute;neas, como los estados-naci&oacute;n. Cuando el capitalismo se ve&iacute;a ejecutando la tarea hist&oacute;rica de la transici&oacute;n a formas m&aacute;s desarrolladas y modernas de producci&oacute;n social, recibi&oacute; la aprobaci&oacute;n, si bien a rega&ntilde;adientes y ambivalente, de la teor&iacute;a hist&oacute;rica marxista. </P >     <P   align="justify" >Cuando se habla de igualdad, libertad, propiedad y comunidad en relaci&oacute;n con el estado moderno, en realidad estamos hablando de la historia pol&iacute;tica del capitalismo. El debate en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica angloestadounidense entre liberales y comunitaristas me parece que ha confirmado el rol crucial en la historia pol&iacute;tica de los dos conceptos mediadores de la propiedad y la comunidad, en determinar el rango de posibilidades institucionales dentro del &aacute;mbito constituido por la libertad y la igualdad. Los comunitaristas no pod&iacute;an rechazar el valor de la libertad personal, puesto que si hac&iacute;an demasiado hincapi&eacute; en las reivindicaciones de la identidad comunal estaban abiertos a la acusaci&oacute;n de negar el derecho individual b&aacute;sico de las personas para elegir, poseer, usar e intercambiar mercanc&iacute;as a su voluntad. Por otra parte, los liberales tampoco negaron que la identificaci&oacute;n con la comunidad pudiera ser una fuente importante de significado moral para las vidas individuales. Su preocupaci&oacute;n era que, al socavar el sistema liberal de derechos y la pol&iacute;tica liberal de neutralidad en las cuestiones del bien com&uacute;n, los comunitaristas estaban abriendo la puerta a una intolerancia de las mayor&iacute;as, la perpetuaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas conservadoras y una insistencia potencialmente tir&aacute;nica en el conformismo. Pocos niegan el hecho emp&iacute;rico de que la mayor&iacute;a de los individuos, incluso en las democracias liberales avanzadas, conducen sus vidas dentro de una red heredada de lazos sociales que podr&iacute;an ser descritos como comunidad. Pero hab&iacute;a un fuerte sentimiento de que no todas las comunidades eran dignas de aprobaci&oacute;n en la vida pol&iacute;tica moderna. En particular, los lazos que parec&iacute;an enfatizar lo heredado, lo primordial, lo parroquial o lo tradicional eran vistos por la mayor&iacute;a de los te&oacute;ricos como pr&aacute;cticas conservadoras e intolerantes y, por lo tanto, contrarias a los valores de la ciudadan&iacute;a moderna. La comunidad pol&iacute;tica que parec&iacute;a lograr el mayor grado de aprobaci&oacute;n era la naci&oacute;n moderna que garantizaba la igualdad y la libertad a todos los ciudadanos, independientemente de las diferencias biol&oacute;gicas o culturales<a href="#pie12" name="spie12"><sup>12</sup></a>. </P >     <P   align="justify" >Esta zona del discurso pol&iacute;tico leg&iacute;timo, definida por los par&aacute;metros de la propiedad y de la comunidad, est&aacute; enfatizada a&uacute;n m&aacute;s por la nueva doctrina filos&oacute;fica que se llama a s&iacute; misma republicanismo y que pretende sustituir el debate liberalcomunitarista. Siguiendo las investigaciones hist&oacute;ricas de John Pocock, esta doctrina ha avanzado de manera m&aacute;s elocuente en las obras de Quentin Skinner (1997) y Philip Pettit (1997). En lugar de la comprensi&oacute;n liberal habitual de la libertad como libertad negativa, es decir, como la libertad del individuo de la intervenci&oacute;n &#91;del estado&#93;<a href="#pie13" name="spie13"><sup>13</sup></a>, el objetivo del republicanismo es invocar el momento de la lucha contra el absolutismo y reclamar que la libertad es la libertad de la dominaci&oacute;n. Este objetivo instar&iacute;a a los amantes de la libertad a luchar -a diferencia de lo que los liberales defender&iacute;an- en contra de todas las formas de dominaci&oacute;n, aun cuando estas fueran benignas y normalmente no implicaran una intervenci&oacute;n. Tambi&eacute;n permitir&iacute;a a los amantes de la libertad  apoyar formas de injerencia que no se equipararan a la dominaci&oacute;n. Por lo tanto, el republicano estar&iacute;a a favor de las medidas gubernamentales que aseguraran una mayor igualdad y permitieran  alcanzar los valores morales de la comunidad, siempre y cuando no implicaran un poder arbitrario de dominaci&oacute;n. De esta manera, los te&oacute;ricos del republicanismo se&ntilde;alan tanto la falta de atractivo de un r&eacute;gimen liberal de no interferencia limitado de manera estrecha, como los peligros del populismo comunitario rampante que podr&iacute;an evitarse. Las estructuras de propiedad no se ver&iacute;an amenazadas, mientras que la comunidad en sus formas potables y palatables podr&iacute;a florecer. </P >     <P   align="justify" >No quiero aqu&iacute; entrar en la cuesti&oacute;n de si la demanda republicana conduce de hecho a conclusiones que son sustancialmente diferentes de las de la teor&iacute;a liberal del gobierno. En cambio, me gustar&iacute;a centrar nuestra atenci&oacute;n en los supuestos institucionales que la doctrina del republicanismo comparte con la del liberalismo. Ya sean individualistas, comunitaristas o republicanos, todos coinciden en que las instituciones pol&iacute;ticas deseadas no pueden llegar a trabajar eficazmente con solo traerlas a la existencia por medio de la legislaci&oacute;n. Deben, como Philip Pettit lo dice de manera graciosa, &quot;ganar un lugar en los h&aacute;bitos de los corazones de la gente&quot; (1997, 241). Deben, en otras palabras, anidar en una red de normas de la sociedad civil que prevalece de manera independiente del estado y que es consistente con sus leyes. Solo una sociedad civil tal proporcionar&iacute;a, para usar una vieja fraseolog&iacute;a, la base social para la democracia capitalista. Este fue el gran tema de pr&aacute;cticamente todas las teor&iacute;as sociol&oacute;gicas en Europa durante el siglo XIX. En el siglo XX, cuando se plante&oacute; la posibilidad de la transici&oacute;n capitalista en el mundo no occidental, el mismo presupuesto sent&oacute; las bases para la teor&iacute;a de la modernizaci&oacute;n, bien fuera en su versi&oacute;n marxista o weberiana. El argumento, para decirlo de manera simple, era que sin una transformaci&oacute;n de las instituciones y las pr&aacute;cticas de la sociedad civil, llevada a cabo desde arriba o desde abajo, era imposible crear o mantener la libertad y la igualdad en el &aacute;mbito pol&iacute;tico. Para tener comunidades pol&iacute;ticas modernas y libres, primero hay que contar con personas que sean ciudadanos, no s&uacute;bditos. Para muchos, esta manera de ver las cosas proporcionaba la base &eacute;tica de un proyecto de modernizaci&oacute;n del mundo no occidental: transformar sujetos, que hasta el momento no estaban familiarizados con las posibilidades de igualdad y libertad, en ciudadanos modernos. </P > </FONT>     <P   align="center" ><font size="3" face="VERDANA"><b>3 </b></font></P > <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P   align="justify" >Sin embargo, mientras que las discusiones filos&oacute;ficas sobre los derechos de los ciudadanos en el estado moderno giraban en torno a los conceptos de libertad y de comunidad, el surgimiento de las democracias de masas en los pa&iacute;ses industriales avanzados de Occidente en el siglo XX produjo una distinci&oacute;n totalmente nueva. Esta es una distinci&oacute;n entre ciudadanos y poblaciones. Los ciudadanos habitan en el dominio de la teor&iacute;a; las poblaciones, en el dominio de la pol&iacute;tica. A diferencia del concepto de ciudadano, el concepto de poblaci&oacute;n es totalmente descriptivo y emp&iacute;rico, no lleva un peso normativo. Las poblaciones son identificables, clasificables y descriptibles seg&uacute;n criterios emp&iacute;ricos o comportamentales y son susceptibles de que se les apliquen t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas tales como censos y encuestas por muestreo. A diferencia del concepto de ciudadano, que conlleva la connotaci&oacute;n &eacute;tica de la participaci&oacute;n en la soberan&iacute;a del estado, el concepto de poblaci&oacute;n pone a disposici&oacute;n de los funcionarios del gobierno un conjunto de instrumentos racionalmente manipulables para llegar a una gran proporci&oacute;n de los habitantes de un pa&iacute;s como objetivos de sus &quot;pol&iacute;ticas&quot; -pol&iacute;tica econ&oacute;mica, pol&iacute;tica administrativa, la ley e incluso la movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica-. En efecto, como Michel Foucault ha se&ntilde;alado, una de las principales caracter&iacute;sticas del r&eacute;gimen contempor&aacute;neo de poder es una cierta &quot;gubernamentalizaci&oacute;n del estado&quot;<a href="#pie14" name="spie14"><sup>14</sup></a>. Este r&eacute;gimen garantiza la legitimidad no por medio de la participaci&oacute;n de los ciudadanos en los asuntos del estado, sino por pretender brindar bienestar a la poblaci&oacute;n. Su modo de razonamiento no es deliberativo y abierto, sino m&aacute;s bien una noci&oacute;n instrumental de costos y beneficios. Su aparato no es la asamblea republicana, sino una elaborada red de vigilancia a trav&eacute;s de la cual se recoge informaci&oacute;n sobre cada uno de los aspectos de la vida de la poblaci&oacute;n que debe ser cuidada. No es de extra&ntilde;ar que en el curso del siglo XX las ideas de la ciudadan&iacute;a participativa, que fueron una parte tan importante de la noci&oacute;n de pol&iacute;tica de la Ilustraci&oacute;n, hayan sido r&aacute;pidamente abandonadas ante el avance triunfal de las tecnolog&iacute;as gubernamentales que han prometido entregar mayor bienestar a m&aacute;s personas a un costo menor. De hecho, se podr&iacute;a decir que la verdadera historia pol&iacute;tica del capitalismo desde hace mucho tiempo desbord&oacute; los l&iacute;mites normativos de la teor&iacute;a pol&iacute;tica liberal para salir y conquistar el mundo a trav&eacute;s de sus tecnolog&iacute;as de gobierno. Gran parte de la carga emocional de la cr&iacute;tica comunitaria o republicana de la vida pol&iacute;tica occidental contempor&aacute;nea parece fluir de la conciencia de que los asuntos de gobierno han sido vaciados de todo compromiso serio con la pol&iacute;tica. Esto aparece de manera m&aacute;s obvia en la ca&iacute;da gradual de la participaci&oacute;n electoral en todas las democracias occidentales y en el p&aacute;nico reciente de los c&iacute;rculos de izquierda liberal en Europa ante el inesperado &eacute;xito de los populistas de derecha. </P >     <P   align="justify" >&iquest;Qu&eacute; efecto tuvo la enumeraci&oacute;n y clasificaci&oacute;n de los grupos de poblaci&oacute;n para los prop&oacute;sitos de las pol&iacute;ticas de administraci&oacute;n de bienestar en los procesos democr&aacute;ticos en los pa&iacute;ses capitalistas avanzados? Muchos escritores que trabajan en campos muy diversos han arrojado luz sobre esta cuesti&oacute;n durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, desde el fil&oacute;sofo Ian Hacking (1990) hasta la historiadora de la literatura Mary Poovey (1995). M&aacute;s relevante para nosotros es el relato de soci&oacute;logos brit&aacute;nicos como Nikolas Rose, Peter Miller o Thomas Osborne acerca del funcionamiento real de la gubernamentalidad en Gran Breta&ntilde;a y los Estados Unidos<a href="#pie15" name="spie15"><sup>15</sup></a>. Ellos han examinado el surgimiento de lo que se ha denominado &quot;el gobierno desde el punto de vista social&quot;, espec&iacute;ficamente en las &aacute;reas del empleo, la educaci&oacute;n y la salud, en los siglos XIX y XX. Hallaron, por ejemplo, el surgimiento de los sistemas de seguridad social para minimizar el impacto incierto de la econom&iacute;a en los diversos grupos e individuos. La constituci&oacute;n de la familia como tema de numerosos discursos pedag&oacute;gicos, m&eacute;dicos, econ&oacute;micos y &eacute;ticos devino en un t&oacute;pico de la gubernamentalidad. Hubo una proliferaci&oacute;n de censos y encuestas demogr&aacute;ficas que hicieron del trabajo de la gubernamentalidad un asunto confiable en t&eacute;rminos num&eacute;ricos, y que condujeron a la vez a patentar la idea de la representaci&oacute;n de los casos en proporciones num&eacute;ricas. El manejo de la migraci&oacute;n, el crimen, la guerra y la enfermedad hizo de la identidad personal un problema de seguridad y, por lo tanto, sujeto al registro y a la verificaci&oacute;n constante. (La cuesti&oacute;n, repentinamente, ha tomado gran preponderancia en los Estados Unidos y Gran Breta&ntilde;a a ra&iacute;z del reciente p&aacute;nico al terrorismo; sin embargo, ambos pa&iacute;ses han tenido durante d&eacute;cadas una pl&eacute;tora de agencias, estatales y no estatales, que registran, verifican y validan detalles biol&oacute;gicos, sociales y culturales de la identidad personal). Todo esto hizo del gobierno una cuesti&oacute;n menos de pol&iacute;tica y m&aacute;s de administraci&oacute;n, un asunto de expertos antes que de representantes pol&iacute;ticos. M&aacute;s a&uacute;n, mientras que la fraternidad pol&iacute;tica de los ciudadanos tuvo que afirmarse constantemente como una e indivisible, no hubo una sola entidad de los gobernados. Siempre hab&iacute;a una multiplicidad de grupos de poblaci&oacute;n que eran objeto de la gubernamentalidad -m&uacute;ltiples objetivos con m&uacute;ltiples caracter&iacute;sticas que requer&iacute;an m&uacute;ltiples t&eacute;cnicas de administraci&oacute;n-. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >Podr&iacute;amos entonces decir, en pocas palabras, que donde quiera que la idea cl&aacute;sica de la soberan&iacute;a popular, expresada en los hechos jur&iacute;dico-pol&iacute;ticos de la ciudadan&iacute;a igualitaria, produjo la construcci&oacute;n homog&eacute;nea de la naci&oacute;n, las actividades de la gubernamentalidad requirieron m&uacute;ltiples, transversales y cambiantes clasificaciones de la poblaci&oacute;n como objetivos de m&uacute;ltiples pol&iacute;ticas, que dieron lugar a una construcci&oacute;n necesariamente heterog&eacute;nea de lo social. Aqu&iacute;, entonces, tenemos la antinomia entre el majestuoso imaginario pol&iacute;tico de la soberan&iacute;a popular y la realidad mundana de la gubernamentalidad administrativa: es la antinomia entre lo nacional homog&eacute;neo y lo social heterog&eacute;neo. Yo podr&iacute;a anotar de paso que cuando T. H. Marshall hizo su cl&aacute;sica recapitulaci&oacute;n de la historia de la expansi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en 1949, desde los derechos c&iacute;vicos a los pol&iacute;ticos, y de estos a los sociales, fue culpable de la que ahora puede ser considerada una confusi&oacute;n categorial. Acogiendo con benepl&aacute;cito el progreso del estado de bienestar en Gran Breta&ntilde;a, Marshall pens&oacute; que estaba presenciando el avance de la soberan&iacute;a popular y de la igualdad de los ciudadanos. En realidad se trataba de la proliferaci&oacute;n sin precedentes de una gubernamentalidad que conduc&iacute;a a la aparici&oacute;n de una intrincada heterogeneidad social (Marshall 1949/1992, 3-51). Pero en el trazado cronol&oacute;gico de su historia, Marshall no estaba equivocado. La historia de la ciudadan&iacute;a en el Occidente moderno se mueve de la instituci&oacute;n de los derechos c&iacute;vicos en la sociedad civil a los derechos pol&iacute;ticos en los estados-naci&oacute;n completamente desarrollados. Solo entonces se puede entrar en la fase relativamente reciente en la que &quot;el gobierno desde el punto de vista social&quot; parece tomar el relevo. En los pa&iacute;ses de Asia y &Aacute;frica, sin embargo, la secuencia cronol&oacute;gica es bastante diferente. All&iacute;, la carrera del estado moderno ha sido comprimida. Las tecnolog&iacute;as de la gubernamentalidad con frecuencia anteceden al estado-naci&oacute;n, sobre todo cuando ha habido una experiencia relativamente larga de dominaci&oacute;n colonial europea. En el sur de Asia, por ejemplo, la clasificaci&oacute;n, descripci&oacute;n y enumeraci&oacute;n de grupos de poblaci&oacute;n como los objetos de la pol&iacute;tica relativa a la ocupaci&oacute;n de tierras, los impuestos, el reclutamiento para el ej&eacute;rcito, la prevenci&oacute;n del crimen, la salud p&uacute;blica, el manejo de las hambrunas y las sequ&iacute;as, la regulaci&oacute;n de los lugares religiosos, la moral p&uacute;blica, la educaci&oacute;n, y una serie de funciones de gobierno, tienen una historia de por lo menos un siglo y medio antes de que los estados-naci&oacute;n independientes de India, Pakist&aacute;n y Ceil&aacute;n hubieran nacido. El estado colonial era lo que Nicholas Dirks ha llamado un <I>estado etnogr&aacute;fico</I> (2001). Las poblaciones ten&iacute;an la condici&oacute;n de s&uacute;bditos, no de ciudadanos. Obviamente, el gobierno colonial no reconoc&iacute;a la soberan&iacute;a popular. </P >     <P   align="justify" >Ese fue un concepto que encendi&oacute; la imaginaci&oacute;n de los revolucionarios nacionalistas. Las ideas de la ciudadan&iacute;a republicana a menudo acompa&ntilde;aron los movimientos de liberaci&oacute;n nacional. Pero, sin excepci&oacute;n -y esto es crucial para nuestra historia acerca de la pol&iacute;tica en la mayor parte del mundo-, fueron sobrepasados por el estado desarrollista, que prometi&oacute; acabar con la pobreza y el atraso mediante la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas apropiadas de crecimiento econ&oacute;mico y reforma social. Con diversos grados de &eacute;xito, y en algunos casos con desastrosos fracasos, los estados poscoloniales desplegaron las &uacute;ltimas tecnolog&iacute;as de gobierno para promover el bienestar de sus poblaciones, a menudo inducidos y apoyados por organizaciones internacionales y no gubernamentales. Al adoptar estas estrategias t&eacute;cnicas de modernizaci&oacute;n y desarrollo, los m&aacute;s viejos conceptos etnogr&aacute;ficos con frecuencia entraron en el campo del conocimiento sobre las poblaciones -como categor&iacute;as convenientemente descriptivas para la clasificaci&oacute;n de grupos de personas en objetivos adecuados para las pol&iacute;ticas administrativas, legales, econ&oacute;micas o electorales-. En muchos casos, los criterios de clasificaci&oacute;n utilizados por los reg&iacute;menes gubernamentales coloniales continuaron hasta la era poscolonial y les dieron forma tanto a las demandas pol&iacute;ticas como a las pol&iacute;ticas de desarrollo. As&iacute;, la casta y la religi&oacute;n en la India, los grupos &eacute;tnicos en el sudeste asi&aacute;tico y las tribus en &Aacute;frica siguen siendo criterios dominantes para identificar comunidades entre las poblaciones que son objetos de las pol&iacute;ticas. </P >     <P   align="justify" >He descrito entonces dos conjuntos de conexiones conceptuales. Uno es la l&iacute;nea que conecta a la sociedad civil con el estado-naci&oacute;n, basada en la soberan&iacute;a popular y en la concesi&oacute;n de igualdad de derechos para los ciudadanos. El otro conjunto es la l&iacute;nea que conecta a las poblaciones con agencias gubernamentales que persiguen m&uacute;ltiples pol&iacute;ticas de seguridad y bienestar. La primera l&iacute;nea apunta hacia el dominio de la pol&iacute;tica descrito con gran detalle en la teor&iacute;a pol&iacute;tica democr&aacute;tica en los &uacute;ltimos dos siglos. &iquest;Apunta la segunda l&iacute;nea a un dominio diferente de la pol&iacute;tica? Creo que s&iacute;. Para distinguirlo de las formas cl&aacute;sicas de asociaci&oacute;n de la sociedad civil, lo denomino <I>sociedad pol&iacute;tica</I>. </P >     <P   align="justify" >En una serie de art&iacute;culos recientes he tratado de esbozar este campo conceptual en el contexto de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica en la India (Chatterjee 1998a, 1998b, 2000a). He preferido retener la vieja idea de la sociedad civil como sociedad burguesa, en el sentido que le dan Hegel y Marx, y utilizarla en el contexto indio como una arena de las instituciones y pr&aacute;cticas habitadas por un sector relativamente peque&ntilde;o de la gente cuyas ubicaciones sociales pueden ser identificadas con un alto grado de precisi&oacute;n en el contexto real. En t&eacute;rminos de la estructura formal del estado que proponen la Constituci&oacute;n y las leyes, toda la sociedad es sociedad civil; cada uno de los individuos es un ciudadano con iguales derechos y por lo tanto debe ser considerado como un miembro de la sociedad civil. En el proceso pol&iacute;tico los &oacute;rganos del estado interact&uacute;an con los miembros de la sociedad civil a t&iacute;tulo individual o como miembros de asociaciones. En realidad, las cosas no funcionan de esta manera. La mayor&iacute;a de los habitantes de la India son solo tenuemente, e incluso, ambigua y contextualmente, portadores de derechos ciudadanos en el sentido imaginado por la Constituci&oacute;n. No son, por consiguiente, propiamente miembros de la sociedad civil y no son considerados como tales por las instituciones del estado. Pero esto no quiere decir que ellos est&eacute;n por fuera del alcance del estado o incluso excluidos del &aacute;mbito de la pol&iacute;tica. Como poblaciones ubicadas dentro de la jurisdicci&oacute;n territorial del estado, ellos tienen que ser a la vez atendidos y controlados por diversas agencias gubernamentales. Estas actividades ponen a estas poblaciones en una cierta relaci&oacute;n <I>pol&iacute;tica</I> con el estado. Pero esta relaci&oacute;n no siempre se ajusta a la prevista en la representaci&oacute;n constitucional entre el estado y los miembros de la sociedad civil. Sin embargo, esa relaci&oacute;n pol&iacute;tica puede haber adquirido, en determinados contextos hist&oacute;ricamente definidos, un car&aacute;cter sistem&aacute;tico ampliamente reconocido, y quiz&aacute;s ciertas normas &eacute;ticas convencionalmente aceptadas, incluso si est&aacute;n sujetas a diversos grados de disputa. &iquest;C&oacute;mo vamos a empezar a entender estos procesos? </P >     <P   align="justify" >Frente a problemas similares, algunos analistas han privilegiado la utilizaci&oacute;n creciente de la idea de sociedad civil para incluir pr&aacute;cticamente a todas las instituciones sociales existentes que se encuentran fuera del dominio estricto del estado<a href="#pie16" name="spie16"><sup>16</sup></a>. Esta pr&aacute;ctica se ha vuelto end&eacute;mica en la ret&oacute;rica reciente de las instituciones financieras internacionales, las agencias de cooperaci&oacute;n y las organizaciones no gubernamentales. Entre estas, la propagaci&oacute;n de una ideolog&iacute;a neoliberal ha favorecido la consagraci&oacute;n de las organizaciones no estatales como la flor preciosa de los esfuerzos asociativos de miembros libres de la sociedad civil. He preferido resistir inescrupulosamente a estos gestos te&oacute;ricos caritativos, sobre todo porque me parece importante no perder de vista el proyecto vital y continuamente activo que a&uacute;n les da forma a muchas de las instituciones estatales en pa&iacute;ses como India para transformar a las autoridades y las pr&aacute;cticas sociales tradicionales en formas modulares de la sociedad civil burguesa. La sociedad civil como un <I>ideal</I> contin&uacute;a dinamizando un proyecto pol&iacute;tico intervencionista. Sin embargo, como una <I>forma realmente existente </I>es demogr&aacute;ficamente limitada. Ambos hechos deben ser tenidos en cuenta cuando se considera la relaci&oacute;n entre modernidad y democracia en pa&iacute;ses como la India. </P >     <P   align="justify" >Algunos de ustedes recordar&aacute;n un marco utilizado en la fase temprana del proyecto de estudios subalternos, en el que habl&aacute;bamos acerca de la divisi&oacute;n del &aacute;mbito de la pol&iacute;tica entre el dominio de una &eacute;lite organizada y el dominio de subalternos desorganizados (Guha 1982). La idea de la divisi&oacute;n, por supuesto, estaba orientada a marcar una fisura en la arena de la pol&iacute;tica nacionalista en las tres d&eacute;cadas anteriores a la independencia, durante las cuales las masas indias, especialmente el campesinado, se vieron envueltas en movimientos pol&iacute;ticos organizados, y sin embargo permanecieron distanciadas de las formas evolucionadas del estado poscolonial. Decir que hubo una divisi&oacute;n en el dominio de la pol&iacute;tica era rechazar la noci&oacute;n, com&uacute;n a las historiograf&iacute;as liberal y marxista, de que los campesinos viv&iacute;an en alguna etapa &quot;prepol&iacute;tica&quot; de la acci&oacute;n colectiva. Era como decir que los campesinos en sus acciones colectivas tambi&eacute;n eran pol&iacute;ticos, excepto que eran pol&iacute;ticos de una manera diferente a la de la &eacute;lite. Teniendo en cuenta aquellas experiencias tempranas de la imbricaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de &eacute;lite y subalterna en el contexto de los movimientos anticoloniales, el proceso democr&aacute;tico de la India ha recorrido un largo camino hasta traer bajo su influencia la vida de las clases subalternas. Para comprender estas formas relativamente recientes del enmara&ntilde;amiento de la pol&iacute;tica de &eacute;lite y subalterna, propongo la idea de una<I> sociedad pol&iacute;tica</I>. </P > </FONT>     <P   align="center" ><font size="3" face="VERDANA"><b>4 </b></font></P > <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P   align="justify" >Para ilustrar lo que quiero decir con sociedad pol&iacute;tica y c&oacute;mo funciona, voy a describir brevemente los resultados de algunos estudios etnogr&aacute;ficos sobre Bengala Occidental, con los que he estado directa o indirectamente involucrado, para mostrar el surgimiento de una pol&iacute;tica que emerge de las pol&iacute;ticas desarrollistas de gobierno orientadas a grupos espec&iacute;ficos de la poblaci&oacute;n. Muchos de estos grupos, organizados en asociaciones, transgreden las l&iacute;neas estrictas de la legalidad al luchar por vivir y trabajar. Pueden vivir en asentamientos que constituyen invasiones ilegales, hacen uso il&iacute;cito de las instalaciones de agua o electricidad, o viajan sin tiquetes en el transporte p&uacute;blico. Al lidiar con ellos, las autoridades no pueden tratarlos en pie de igualdad con otras asociaciones c&iacute;vicas que ejercen actividades sociales m&aacute;s leg&iacute;timas. Sin embargo, las agencias estatales y las organizaciones no gubernamentales no pueden ignorarlos, ya que est&aacute;n entre las miles de asociaciones similares que representan a grupos de la poblaci&oacute;n cuya subsistencia o habitaci&oacute;n incluyen la violaci&oacute;n de la ley. Estas agencias, por lo tanto, tratan con estas asociaciones no como cuerpos de ciudadanos, sino como instrumentos convenientes para la administraci&oacute;n de la asistencia social a grupos de poblaci&oacute;n marginales y desfavorecidos. </P >     <P   align="justify" >Estos grupos, por su parte, aceptan que sus actividades son a menudo ilegales y contrarias a un buen comportamiento c&iacute;vico, pero piden a cambio vivienda y condiciones de vida como una cuesti&oacute;n de derechos. Por ejemplo, muestran su disposici&oacute;n a abandonar la ocupaci&oacute;n si se les garantizan alternativas adecuadas para el reasentamiento. Las agencias del estado reconocen que estos grupos de poblaci&oacute;n demandan del gobierno programas de bienestar, pero esos reclamos no podr&iacute;an considerarse como derechos justiciables, ya que el estado no tiene los medios para entregar esos beneficios a toda la poblaci&oacute;n del pa&iacute;s. Tratar esos reclamos como derechos solamente invitar&iacute;a a ir m&aacute;s all&aacute; en la violaci&oacute;n de la propiedad p&uacute;blica y de las leyes civiles. </P >     <P   align="justify" >&iquest;Qu&eacute; ocurre entonces si una negociaci&oacute;n de este tipo de reclamos sucede en un terreno pol&iacute;tico en el que, por una parte, los organismos gubernamentales tienen una obligaci&oacute;n p&uacute;blica de velar por los pobres y los desfavorecidos y, por la otra, grupos particulares de la poblaci&oacute;n reciben atenci&oacute;n de esas agencias de acuerdo con los c&aacute;lculos de la conveniencia pol&iacute;tica? Los grupos de la sociedad pol&iacute;tica tienen que escoger su camino a trav&eacute;s de este terreno incierto haciendo una gran variedad de conexiones fuera de s&iacute; mismos -con otros grupos en situaciones similares, con grupos m&aacute;s privilegiados e influyentes, con funcionarios del gobierno, talvez con l&iacute;deres y partidos pol&iacute;ticos-. Con frecuencia hacen uso instrumental del hecho de que pueden votar en las elecciones, de tal modo que el &aacute;mbito de la ciudadan&iacute;a, hasta cierto punto, se superpone con el de la gubernamentalidad. Pero el uso instrumental del voto &uacute;nicamente es posible en un campo de pol&iacute;tica estrat&eacute;gica. Esta es la materia de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica que se lleva a cabo sobre el terreno en la India, y que involucra lo que parece ser un constante cambio de compromiso entre los valores normativos de la modernidad y la afirmaci&oacute;n moral de las demandas populares. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >La sociedad civil, entonces, limitada a una peque&ntilde;a porci&oacute;n de ciudadanos culturalmente equipados, representa en pa&iacute;ses como la India la cumbre de la modernidad, al igual que el modelo constitucional del estado. Pero en la pr&aacute;ctica, los organismos gubernamentales deben descender de la cumbre al terreno de la sociedad pol&iacute;tica, con el fin de renovar su legitimidad como proveedores de bienestar y all&iacute; confrontar todo lo que sea la configuraci&oacute;n actual de las demandas pol&iacute;ticamente movilizadas. En el proceso, ser responsable de escuchar las quejas de los protagonistas de la sociedad civil y del estado de derecho hace que la modernidad se enfrente a un rival inesperado que toma la forma de la democracia. </P >     <P   align="justify" >Perm&iacute;tanme ilustrar este punto.  Mi primer caso es un grupo de ocupantes ilegales asentados a lo largo de una  l&iacute;nea de tren suburbana en el sur de Calcuta, estudiado por Asok Sen entre 1991 y 1992. El asentamiento hab&iacute;a  surgido desde la d&eacute;cada de 1940 y se compon&iacute;a de migrantes  del sur de Bengala y de Pakist&aacute;n oriental. No hab&iacute;a v&iacute;nculos preexistentes de  parentesco, casta o localidad que los hubieran reunido. Los primeros pobladores  construyeron casuchas que alquilaban, a pesar de que estaban en terrenos  ferroviarios ocupados ilegalmente. Hasta la d&eacute;cada de 1960, los ocupantes fueron  liderados por un hombre que pose&iacute;a m&aacute;s de doscientos de estos ranchos -conocido  como el zamindar de la colonia del ferrocarril-. &Eacute;l y algunos otros l&iacute;deres locales  desarrollaron conexiones con el Partido Comunista, que por entonces estaba  organizando la lucha de los refugiados de Pakist&aacute;n oriental, para que se les  permitiera establecerse permanentemente en las colonias de refugiados regadas  por los suburbios de Calcuta. Durante los a&ntilde;os sesenta, y especialmente durante  la Emergencia de 1975-1976<a href="#pie17" name="spie17"><sup>17</sup></a>, hubo intentos de las  autoridades ferroviarias para desalojar a los invasores. Los intentos fueron  frustrados por una combinaci&oacute;n de resistencia f&iacute;sica y la intervenci&oacute;n de  destacados l&iacute;deres comunistas.</P >     <P   align="justify" >Desde inicios de la d&eacute;cada de 1980, sin embargo, se desarroll&oacute; una nueva organizaci&oacute;n en la colonia del ferrocarril, que tom&oacute; la forma de una asociaci&oacute;n de bienestar social. Comenz&oacute; con un centro m&eacute;dico y una biblioteca. Los miembros de la asociaci&oacute;n se acercaron con regularidad a los funcionarios locales municipales, a los l&iacute;deres pol&iacute;ticos del partido, a los agentes de la estaci&oacute;n local de polic&iacute;a y a prominentes residentes de clase media de los bloques de apartamentos vecinos, con el fin de recaudar fondos para la asociaci&oacute;n e involucrarlos en sus actividades. El Sistema Integrado de Desarrollo Infantil (DAI) abri&oacute; una unidad de cuidado de ni&ntilde;os en las oficinas de la asociaci&oacute;n. Desde finales de 1980, la colonia obtuvo una conexi&oacute;n de electricidad legal a trav&eacute;s de seis medidores comunales instalados por la asociaci&oacute;n, y a partir de 1996 los residentes cuentan con conexiones individuales de electricidad. La autoridad municipal tambi&eacute;n los provee de agua y servicios sanitarios, todo esto, por supuesto, en terrenos p&uacute;blicos ocupados de forma ilegal y a menos de un metro de distancia de las l&iacute;neas de ferrocarril. </P >     <P   align="justify" >Cuando los miembros principales de la asociaci&oacute;n hablan sobre la colonia y sus luchas, no mencionan, sin embargo, los intereses comunes de los miembros de una asociaci&oacute;n. M&aacute;s bien, describen la comunidad en los t&eacute;rminos m&aacute;s convincentes de un parentesco com&uacute;n. &quot;Todos somos una sola familia&quot;, dijo un l&iacute;der. &quot;No hacemos distinci&oacute;n entre los refugiados de Bengala del este y los de las aldeas de Bengala Occidental. No tenemos otro lugar para construir nuestras casas. Hemos ocupado colectivamente estas tierras desde hace muchos a&ntilde;os. Esta es la base de la reivindicaci&oacute;n de nuestros propios hogares&quot;. No hay ning&uacute;n principio biol&oacute;gico o incluso afinidad cultural que defina a esta familia. M&aacute;s bien, es una ocupaci&oacute;n colectiva de un pedazo de tierra -un territorio claramente definido en el tiempo y el espacio y que est&aacute; bajo amenaza-. Es notable c&oacute;mo los residentes definen claramente los l&iacute;mites de la llamada familia por los l&iacute;mites territoriales de la &quot;colonia&quot;. Un dirigente explic&oacute;: &quot;El otro lado del puente es otro vecindario. Esa zona debe dejarse a los hombres de ese barrio. No cruzamos los l&iacute;mites&quot;. Esos l&iacute;mites son a menudo cruciales en la determinaci&oacute;n de los reclamos sobre qui&eacute;n puede convertirse en miembro de la asociaci&oacute;n, qui&eacute;n debe contribuir a las festividades colectivas o qui&eacute;n puede exigir puestos de trabajo como servicio dom&eacute;stico o guardia de seguridad en los bloques de apartamentos de clase media del vecindario. </P >     <P   align="justify" >Esta asociaci&oacute;n de bienestar no es una asociaci&oacute;n de la sociedad civil. Brota de una violaci&oacute;n colectiva de las leyes de la propiedad y de las regulaciones c&iacute;vicas. El estado no puede reconocer que tenga la misma legitimidad que otras asociaciones c&iacute;vicas que persiguen objetivos m&aacute;s leg&iacute;timos. Los ocupantes ilegales, por su parte, admiten que la ocupaci&oacute;n de terrenos p&uacute;blicos es ilegal y contraria a la vida c&iacute;vica correcta, pero reclaman vivienda y condiciones de vida como una cuesti&oacute;n de derecho y usan su asociaci&oacute;n como el principal instrumento colectivo para realizar dichas reclamaciones. En una de sus peticiones a las autoridades ferroviarias, la asociaci&oacute;n escribi&oacute;: &quot;Entre nosotros hay antiguos refugiados de Pakist&aacute;n oriental y campesinos sin tierra del sur de Bengala. Despu&eacute;s de haber perdido todo -medios de subsistencia, tierra e incluso nuestras casas- tuvimos que venir a Calcuta para ganarnos la vida y buscar refugio... Somos principalmente jornaleros y empleadas dom&eacute;sticas que vivimos por debajo del umbral de pobreza&quot;. Los refugiados, los sin tierra, jornaleros, colonos, por debajo del umbral de la pobreza, todas son categor&iacute;as demogr&aacute;ficas de la gubernamentalidad. Este es el terreno en el cual ellos definen tanto su identidad como sus reclamos. </P >     <P   align="justify" >Estos reclamos son irreductiblemente pol&iacute;ticos. Solo es posible hacerlos en un terreno pol&iacute;tico, donde las reglas pueden ser torcidas o distorsionadas, y no en el terreno de la ley establecida o del procedimiento administrativo. El &eacute;xito de estas demandas depende enteramente de la capacidad de los grupos de poblaci&oacute;n para movilizar el apoyo e influir en la implementaci&oacute;n de la pol&iacute;tica gubernamental a su favor. Pero este &eacute;xito es necesariamente temporal y contextual. El equilibrio estrat&eacute;gico de las fuerzas pol&iacute;ticas podr&iacute;a cambiar y las reglas ya no podr&iacute;an ser torcidas como en el pasado. Como he dicho antes, la gubernamentalidad siempre opera en un campo heterog&eacute;neo, sobre m&uacute;ltiples grupos de poblaci&oacute;n y con m&uacute;ltiples estrategias. Aqu&iacute; no hay un ejercicio igual y uniforme de los derechos de la ciudadan&iacute;a. As&iacute;, es muy posible que se d&eacute; un cambio lo suficientemente amplio en el equilibrio de la pol&iacute;tica estrat&eacute;gica como para que estos ocupantes ilegales sean desalojados al d&iacute;a siguiente. De hecho, en los &uacute;ltimos meses, un grupo de ciudadanos emprendi&oacute; con &eacute;xito un litigio de inter&eacute;s p&uacute;blico ante el Tribunal Superior de Calcuta para exigir el desalojo de la colonia del ferrocarril, ya que estaba contaminando las aguas del lago Rabindra Sarobar, al sur de Calcuta. Una parte sustancial de los ocupantes tuvieron, mientras tanto, que cambiar su lealtad del Frente de Izquierda al Congreso de Trinamul. A principios de marzo, se las arreglaron para vencer f&iacute;sicamente de nuevo a la polic&iacute;a enviada por el gobierno para ejecutar la orden de la corte. Ahora, esperanzados contra toda esperanza, esperan que su l&iacute;der del partido sea nombrado nuevamente como ministro del ferrocarril en Delhi; as&iacute; podr&iacute;an conseguir la rehabilitaci&oacute;n antes de ser desalojados por la fuerza. Tal es la l&oacute;gica endeble de la pol&iacute;tica estrat&eacute;gica en la sociedad pol&iacute;tica. </P >     <P   align="justify" >No todo grupo de poblaci&oacute;n es capaz de operar con &eacute;xito en la sociedad pol&iacute;tica. Un ejemplo de esto proviene de un estudio sobre la industria de encuadernaci&oacute;n de libros en el &aacute;rea de la College Street de Calcuta, realizado por Asok Sen en 1990. Hay muchos y diferentes tipos de talleres y trabajadores de encuadernaci&oacute;n, que conviven en su mayor&iacute;a en los l&iacute;mites extremos de la viabilidad y frecuentemente en competencia entre ellos. La gran mayor&iacute;a de los talleres son de tama&ntilde;o mediano o peque&ntilde;o, sus due&ntilde;os tambi&eacute;n son trabajadores y en ellos no suele haber m&aacute;s de dos o tres empleados. El ingreso promedio de los trabajadores masculinos calificados en 1990 era alrededor de 500 rupias al mes, y el de las mujeres trabajadoras no calificadas, alrededor de 400 rupias. Tambi&eacute;n hay ni&ntilde;os empleados como &quot;muchachos&quot; (sin distinci&oacute;n de g&eacute;nero, todos ellos son &quot;ni&ntilde;os&quot; aqu&iacute;), que son ayudantes en todo tipo de oficios, desde servir el t&eacute; hasta cargar y descargar pilas de libros. Ellos pueden ganar alrededor de 150 rupias al mes si se les paga en efectivo, porque con frecuencia lo &uacute;nico que consiguen es comida, ropa y un lugar donde dormir. Estos ingresos son muy bajos para los est&aacute;ndares del empleo industrial en la India, pero esta es una industria no organizada que reposa en lo m&aacute;s profundo de lo que se conoce como el sector informal. </P >     <P   align="justify" >Hubo intentos concertados, en las d&eacute;cadas de los setenta y de los ochenta, de sindicalizaci&oacute;n de los trabajadores de la encuadernaci&oacute;n, y hubo negociaciones con los propietarios para conseguir mejores salarios. Los activistas del Partido Comunista lideraron este proceso, sobre todo despu&eacute;s de que su partido encabez&oacute; el gobierno en 1977. En 1990 hubo una huelga de los encuadernadores de Daftaripara que dur&oacute; tres d&iacute;as. La forma de la huelga y sus resultados son instructivos. Los trabajadores exig&iacute;an un aumento salarial de 100 rupias al mes. Pero el 90% de los encuadernadores eran talleres cuyos propietarios eran los propios trabajadores. Todo el mundo sab&iacute;a que la mayor&iacute;a de los propietarios nunca ser&iacute;a capaz de pagar un salario mayor. Durante la huelga, toda la industria de Daftaripara -los propietarios y trabajadores juntos- intent&oacute; presionar a las editoriales para que pagaran mejor por los trabajos de encuadernaci&oacute;n. Las editoriales m&aacute;s grandes amenazaron con emplear otros talleres de la ciudad, o incluso de fuera del estado. Al final, cuando un pu&ntilde;ado de grandes talleres de encuadernaci&oacute;n en Daftaripara acord&oacute; incrementar los salarios en 75 rupias al mes, los huelguistas declararon una gran victoria y pusieron fin a la agitaci&oacute;n. Despu&eacute;s de la huelga, las actividades sindicales en Daftaripara decrecieron una vez m&aacute;s. </P >     <P   align="justify" >A diferencia de lo que vimos en la colonia del ferrocarril, en Daftaripara hay muy poco sentido de una identidad colectiva entre los encuadernadores. Aqu&iacute; hay cuatro mil personas en el mismo negocio en un peque&ntilde;o vecindario. La mayor&iacute;a de los hombres duermen en sus talleres en la noche y vuelven a su casa en sus pueblos los fines de semana y d&iacute;as festivos. Los trabajadores de Daftaripara votan generalmente por los partidos de izquierda, pero ellos saben acerca de la pol&iacute;tica por sus conexiones rurales, no porque sus vidas como trabajadores los conduzcan a ella. En cambio, hablan de los lazos de lealtad entre el propietario y el trabajador, de actos de bondad mutua, del cuidado paternal. No hay compromiso aqu&iacute; con los aparatos de la gubernamentalidad. Los encuadernadores de Daftaripara no han hecho su camino hacia la sociedad pol&iacute;tica. Su ejemplo demuestra una vez m&aacute;s las dificultades de la organizaci&oacute;n de clase en el llamado sector informal del trabajo, en el que el capitalismo y el modo de producci&oacute;n simple de mercanc&iacute;as se entrelazan en una mara&ntilde;a que los refuerza mutuamente. A pesar de los esfuerzos sinceros de muchos activistas, las estrategias leninistas de organizaci&oacute;n de la clase obrera han fracasado aqu&iacute;. Mientras, los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de la izquierda giran su atenci&oacute;n hacia otros lugares, como la sociedad pol&iacute;tica de las zonas rurales de Bengala, donde han tenido mayor &eacute;xito. </P >     <P   align="justify" >Hay muchos ejemplos que podr&iacute;a mencionar sobre las negociaciones estrat&eacute;gicas en la sociedad pol&iacute;tica rural en Bengala Occidental. Perm&iacute;tanme enfocarme en tres casos de reasentamiento que estudi&eacute; hace dos a&ntilde;os (Chatterjee 2000b). </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >El primer caso se refiere a una mina de carb&oacute;n en el pueblo de Raniganj, donde el aire circula pesado con el humo y por la noche se puede ver, a distancia, el fuego ardiendo en el campo. Grandes &aacute;reas habitadas, incluidas las zonas urbanas densamente pobladas, son propensas a los incendios y hundimientos de la superficie a causa de d&eacute;cadas de miner&iacute;a indiscriminada. A ra&iacute;z de varios desastres menores y no tan menores, los esfuerzos se han dirigido a estabilizar la superficie y a prevenir los incendios. Sin embargo, los m&eacute;todos son t&eacute;cnicamente dif&iacute;ciles, lentos y extremadamente costosos. La alternativa consiste en reubicar a la poblaci&oacute;n en lugares m&aacute;s seguros. Tras un debate prolongado y cierta agitaci&oacute;n local, el gobierno de la India decidi&oacute; en 1996 que m&aacute;s de 34.000 viviendas en 151 localidades se encontraban en &aacute;reas cr&iacute;ticamente inestables. El costo del reasentamiento de cerca de 300.000 personas ser&iacute;a de 20.000 millones de rupias. La decisi&oacute;n fue comenzar el reasentamiento de inmediato, sin esperar a que los mecanismos institucionales estuvieran funcionando. </P >     <P   align="justify" >Al parecer, el trabajo de reasentamiento estaba todav&iacute;a en progreso, pero nadie en la zona me pudo mostrar signos visibles de ello y la mayor&iacute;a no parec&iacute;a saber nada al respecto. La gente ten&iacute;a una vaga sensaci&oacute;n de la posibilidad de un desastre a gran escala, pero ah&iacute; hab&iacute;an vivido con este peligro por d&eacute;cadas y no parec&iacute;an estar muy preocupados. El reasentamiento no estaba ligado all&iacute; con un proyecto de desarrollo nuevo o con nuevas oportunidades econ&oacute;micas. Si el gobierno y los organismos del sector p&uacute;blico entend&iacute;an que el reasentamiento deb&iacute;a llevarse a cabo como un medio de prevenir una cat&aacute;strofe repentina y masiva, no hab&iacute;a urgencia en este sentido entre la poblaci&oacute;n. Tampoco parec&iacute;a haber ninguna evidencia de un movimiento &quot;voluntario&quot; para el reasentamiento. Aqu&iacute;, la sociedad pol&iacute;tica no se hab&iacute;a movilizado para beneficio de la gente. </P >     <P   align="justify" >Mi segundo caso se refiere al puerto y nueva ciudad industrial de Haldia, al otro lado del r&iacute;o de Calcuta. El reasentamiento de Haldia se llev&oacute; a cabo en dos fases, con dos proyectos muy diferentes. El contraste entre las dos experiencias es instructivo. </P >     <P   align="justify" >En primer lugar, la tierra fue adquirida para la construcci&oacute;n del puerto de Haldia desde 1963 hasta 1984. El proceso de adquisici&oacute;n y reasentamiento fue largo y lento, y estuvo marcado por numerosas dificultades, incluidas muchas disputas que terminaron en los tribunales. A comienzos de la d&eacute;cada de los noventa, con el r&aacute;pido aumento de los precios de la tierra despu&eacute;s de la urbanizaci&oacute;n de Haldia, hubo una avalancha de solicitudes de parcelas de reasentamiento, algunas de personas (o de sus hijos e hijas) que hab&iacute;an sido desplazadas veinticinco a&ntilde;os atr&aacute;s. A partir de 2002, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de que sus tierras fueran expropiadas, m&aacute;s de 1.400 de las 2.600 familias originales que calificaban para ser reasentadas a&uacute;n permanec&iacute;an all&iacute;. </P >     <P   align="justify" >La siguiente fase de la adquisici&oacute;n de tierras lleg&oacute; con la nueva industrializaci&oacute;n de Haldia, entre 1988 y 1991, y dio lugar a una considerable agitaci&oacute;n organizada que exig&iacute;a el reasentamiento. En 1995 se decidi&oacute; que los casos de rehabilitaci&oacute;n pod&iacute;an ser negociados con base en las recomendaciones del Comit&eacute; Consultivo de Rehabilitaci&oacute;n. El comit&eacute; estar&iacute;a integrado por dos administradores, dos oficiales de adquisici&oacute;n de tierras y cuatro pol&iacute;ticos representantes del gobierno central y de los partidos de oposici&oacute;n. Todo el procesamiento de las solicitudes de reasentamiento, las audiencias de los casos, las adjudicaciones y el manejo de las disputas ser&iacute;an realizados por este comit&eacute;. </P >     <P   align="justify" >La impresi&oacute;n general entre los administradores, los l&iacute;deres pol&iacute;ticos y las personas afectadas era que iba a ser un procedimiento exitoso. La idea era que, en las circunstancias locales imperantes, la tarea de formular normas espec&iacute;ficas, adecuar las parcelas e identificar los casos genuinos que merec&iacute;an la rehabilitaci&oacute;n deb&iacute;a hacerse sobre la base de un acuerdo fundamentado y realista entre los representantes pol&iacute;ticos. Puesto que el acuerdo involucrar&iacute;a tanto al partido de gobierno como al de la oposici&oacute;n, se podr&iacute;a asumir que este representar&iacute;a un consenso local efectivo. Una vez que se alcanz&oacute; un acuerdo a este nivel, la tarea de la administraci&oacute;n era simplemente llevar a cabo las decisiones. </P >     <P   align="justify" >El supuesto importante aqu&iacute; es, obviamente, que los partidos pol&iacute;ticos cubren efectivamente toda la gama de intereses y opiniones. Dada la naturaleza altamente politizada, organizada y polarizada de la sociedad rural en la mayor parte de Bengala Occidental hoy en d&iacute;a, esto no resulta una suposici&oacute;n injustificada. Si hab&iacute;a en la zona una tercera fuerza pol&iacute;tica organizada que tambi&eacute;n representaba un conjunto distinto de voces, tendr&iacute;a que haberse acomodado dentro de ese comit&eacute; para ser efectiva. </P >     <P   align="justify" >El comit&eacute; decidi&oacute;, por ejemplo, que las familias con un mayor n&uacute;mero de dependientes conseguir&iacute;an parcelas m&aacute;s grandes, que nadie pod&iacute;a obtener dinero en efectivo en lugar de las parcelas de rehabilitaci&oacute;n, que los que pose&iacute;an casas en otro lugar no calificar&iacute;an, que los que hab&iacute;an construido estructuras en sus hogares antes de que las tierras se adquieran tampoco reunir&iacute;an los requisitos, etc. Todos estos asuntos se decidieron sobre la base de las investigaciones locales, y la sensaci&oacute;n era que si los dos partidos pol&iacute;ticos estaban representados, no hab&iacute;a manera de que los criterios de calificaci&oacute;n pudieran ser mal aplicados. Mirando a trav&eacute;s de las decisiones tomadas por el comit&eacute;, incluso encontr&eacute; casos en los que se revirtieron sus decisiones anteriores a la luz de nuevos datos puestos en su conocimiento por los representantes pol&iacute;ticos, y un caso en el que a una mujer se le dio una parcela de rehabilitaci&oacute;n por razones humanitarias, a pesar de que no cumpl&iacute;a con las normas estipuladas. </P >     <P   align="justify" >Mi tercer caso de reasentamiento viene de Rajarhat, en el noreste de Calcuta, donde una nueva ciudad est&aacute; surgiendo. En el curso de pocos a&ntilde;os, se ha transformando de una zona rural agr&iacute;cola en una prolongaci&oacute;n de la ciudad de Calcuta. Como resultado, los precios del suelo en la zona se han disparado. Tan pronto como se difundi&oacute; la noticia del proyecto Nueva Ciudad, los promotores inmobiliarios y los especuladores de tierras se abalanzaron sobre los peque&ntilde;os propietarios y trataron de comprarles antes de que el proceso de adquisici&oacute;n de tierras comenzara. Aparte de la r&aacute;pida alza de precios de la tierra, otro problema es que los valores de venta en las zonas urbanas y semiurbanas son habitualmente avaluados a menor precio en el registro catastral, con el fin de evitar los impuestos. La decisi&oacute;n oficial fue la de fomentar el reasentamiento voluntario ofreciendo precios de mercado. Pero si los precios de mercado iban a estar determinados por los registros legales de la venta de tierras en el &aacute;rea, nadie ser&iacute;a inducido a desprenderse de sus tierras de forma voluntaria. </P >     <P align="justify"   >Se tom&oacute; la decisi&oacute;n de adquirir la tierra a precios &quot;negociados&quot;. El Comit&eacute; para la Obtenci&oacute;n de Tierras se cre&oacute; para negociar un precio aceptable con las personas afectadas. Como era de esperar, el Comit&eacute; incluy&oacute; representantes locales del gobierno, as&iacute; como de los partidos pol&iacute;ticos de oposici&oacute;n. El resultado, seg&uacute;n se dice, fue una adquisici&oacute;n pr&aacute;cticamente sin problemas, con pocos casos decididos en los tribunales. A los propietarios se les pagaba la indemnizaci&oacute;n en los tres meses siguientes (ya que no existe un procedimiento oficial de fijaci&oacute;n de precios), lo cual fue un logro en todos los sentidos. El costo de adquisici&oacute;n fue sin duda m&aacute;s elevado de lo que hubiera sido si se hubiera utilizado el procedimiento legal normal, pero entonces el proyecto se hubiera retrasado. Y como el objetivo del proyecto era desarrollar nuevo suelo urbano para la venta, el sobrecosto ser&iacute;a absorbido en los precios cobrados a quienes recibieran las tierras adecuadas. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"   >Esta es la sociedad pol&iacute;tica en una relaci&oacute;n activa con los procedimientos de la gubernamentalidad, la cual ha encontrado un lugar en la cultura pol&iacute;tica general. Aqu&iacute;, la gente no desconoce sus posibles compensaciones<a href="#pie18" name="spie18"><sup>18</sup></a> ni ignora los medios para hacerse escuchar. Antes bien, ha reconocido formalmente a representantes pol&iacute;ticos que puede utilizar para mediar a nombre suyo. Sin embargo, el procedimiento solamente funciona si todos tienen un inter&eacute;s en el &eacute;xito del proyecto particular; de lo contrario, algunos mediadores arruinar&aacute;n el consenso. Adem&aacute;s, esta f&oacute;rmula solo funcionar&aacute; si la autoridad gubernamental sigue las recomendaciones de los representantes pol&iacute;ticos pero se mantiene por fuera del &aacute;mbito de la pol&iacute;tica electoral. Es decir, el organismo gubernamental y el cuerpo pol&iacute;tico deben mantenerse separados, pero en una relaci&oacute;n en la que el &uacute;ltimo puede influir sobre el primero. La distinci&oacute;n entre lo gubernamental y lo pol&iacute;tico debe mantenerse clara. </P >     <P align="justify"   >Las decisiones registradas por las autoridades gubernamentales ocultaron las negociaciones que debieron haber tenido lugar en la sociedad pol&iacute;tica. No se nos inform&oacute; sobre los criterios espec&iacute;ficos que los representantes pol&iacute;ticos finalmente acordaron para elaborar la lista de beneficiarios. Es muy posible que las negociaciones sobre el terreno no respetaran los principios de la racionalidad burocr&aacute;tica o incluso las disposiciones legales. En Rajarhat, sabemos, por otras fuentes, que el consenso local incluy&oacute; la comprensi&oacute;n de que una parte de la indemnizaci&oacute;n que deb&iacute;a pagarse a los propietarios de la tierra se distribuir&iacute;a a los arrendatarios y trabajadores que perdieron sus medios de subsistencia. Este consenso estuvo completamente por fuera del &aacute;mbito de lo que la autoridad gubernamental deb&iacute;a reconocer, o incluso conocer, pero lo presupuso al aceptar las recomendaciones de los representantes pol&iacute;ticos. </P >     <P align="justify"   >Hay que recordar tambi&eacute;n que el consenso local entre representantes pol&iacute;ticos rivales muy seguramente iba a reflejar los intereses y valores dominantes localmente. Ser&iacute;a eficaz garantizar las demandas de aquellos que eran capaces de encontrar el apoyo pol&iacute;tico organizado, pero se pod&iacute;an pasar por alto e incluso suprimir las exigencias de los intereses locales marginales. Pero no olvidemos que tambi&eacute;n es probable que el consenso pol&iacute;tico local hubiera sido socialmente conservador y pudiera ser particularmente insensible a, por ejemplo, las cuestiones de g&eacute;nero o a los problemas de las minor&iacute;as. Como he mencionado antes, la sociedad pol&iacute;tica activar&iacute;a en los pasillos y corredores del poder lo miserable, violento y feo de la vida popular. Pero si uno valora verdaderamente la libertad y la igualdad que promete la democracia, entonces no puede apresarlas dentro de la fortaleza as&eacute;ptica de la sociedad civil. </P >     <P   align="justify" >En esta conferencia no he hablado del lado oscuro de la sociedad pol&iacute;tica, no porque no sea consciente de su existencia, sino porque no puedo pretender comprender plenamente c&oacute;mo la delincuencia o la violencia est&aacute;n ligadas a las formas en que diferentes grupos de poblaci&oacute;n socialmente desaventajados deben luchar para reclamar la atenci&oacute;n del gobierno. Creo que he dicho lo suficiente acerca de la sociedad pol&iacute;tica como para sugerir que en el campo de la pr&aacute;ctica democr&aacute;tica popular el crimen y la violencia no son categor&iacute;as legales fijas, en blanco-ynegro, y que en cambio podr&iacute;an dar lugar a un amplio margen de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica. Es un hecho, por ejemplo, que en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os ha habido un claro estallido p&uacute;blico y pol&iacute;tico de la violencia de castas en la India, justo en un periodo que ha visto la m&aacute;s r&aacute;pida expansi&oacute;n de la afirmaci&oacute;n democr&aacute;tica entre estas castas hasta ahora oprimidas. Tambi&eacute;n tenemos numerosos ejemplos en los que movimientos violentos de grupos minoritarios regionales, tribales o de otro tipo, despojados de condiciones m&iacute;nimas de vida, se han visto seguidos por una r&aacute;pida y generosa inclusi&oacute;n en el &aacute;mbito de la gubernamentalidad. &iquest;Encontramos en este caso un uso estrat&eacute;gico de la ilegalidad y la violencia? Un estudio reciente sobre esta cuesti&oacute;n es el de Thomas Blom Hansen sobre los Shiv Sena en Bombay, al que los remito por el momento (Hansen 2001, 221-254). </P >     <P   align="justify" >Ahora debo concluir. Perm&iacute;tanme hacerlo record&aacute;ndonos el momento fundacional de la teor&iacute;a pol&iacute;tica de la democracia en la antigua Grecia. Siglos antes de que la sociedad civil o el liberalismo fueran inventados, Arist&oacute;teles lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que no todas las personas estaban en condiciones de formar parte de la clase gobernante, porque no todas ten&iacute;an la sabidur&iacute;a pr&aacute;ctica o la virtud &eacute;tica necesarias. Pero su sagaz mente emp&iacute;rica no descart&oacute; la posibilidad de que en algunas sociedades, para algunos tipos de personas, y bajo ciertas condiciones, la democracia podr&iacute;a ser una buena forma de gobierno. La teor&iacute;a pol&iacute;tica de hoy no acepta los criterios de Arist&oacute;teles sobre la constituci&oacute;n ideal, aunque nuestras pr&aacute;cticas gubernamentales actuales todav&iacute;a se basan en la premisa de que no todos pueden gobernar. Lo que he tratado de demostrar es que, en paralelo con la promesa abstracta de la soberan&iacute;a popular, la gente en la mayor parte del mundo est&aacute; ideando nuevas formas en las que pueden elegir c&oacute;mo deben ser gobernados. Muchas de las formas de la sociedad pol&iacute;tica que he descrito, sospecho, no coinciden con la aprobaci&oacute;n de Arist&oacute;teles, porque este considerar&iacute;a que les permitir&iacute;an a los l&iacute;deres populares prevalecer sobre la ley. Podr&iacute;amos, sin embargo, ser capaces de persuadirlo de que de esta manera las personas est&aacute;n aprendiendo y obligando a sus gobernantes a aprender la forma en que ellos preferir&iacute;an ser gobernados. Que el sabio griego pudiera estar de acuerdo, es una buena justificaci&oacute;n &eacute;tica para la democracia. </P > <hr align="JUSTIFY" size="1"> </FONT>     <p align="justify"><b><font size="3" face="VERDANA">Notas</font></b></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <p align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a> La Delhi Lecture fue la conferencia inaugural   que  present&oacute; Partha Chatterjee en la Universidad   de  Columbia.</p>     <p align="justify"><a href="#spie2" name="pie2">2</a> Esta compilaci&oacute;n de art&iacute;culos del mismo autor   fue  dirigida por el cr&iacute;tico literario peruano V&iacute;ctor   Vich,  y recoge los cap&iacute;tulos m&aacute;s significativos de   <i>The Politics  of the Governed, </i>junto con otros art&iacute;culos   destacados  de su producci&oacute;n acad&eacute;mica.</p>     <p align="justify"><a href="#spie3" name="pie3">3</a> Que comenz&oacute; con el art&iacute;culo de Chatterjee   titulado  &quot;Whose Imagined Community?&quot; (1991),   traducido  como el cap&iacute;tulo 3 del  libro <i>La naci&oacute;n</i>   <i>en tiempo heterog&eacute;neo </i>(Chatterjee 2008, 89-106).</p>     <p align="justify"><a href="#spie4" name="pie4">4</a> Aunque la palabra <i>estado </i>com&uacute;nmente se   escribe  con may&uacute;scula, hay toda una l&iacute;nea de   estudios  sobre el estado, de ciencia pol&iacute;tica,   sociolog&iacute;a  y antropolog&iacute;a principalmente, que   ha  propuesto abandonar esa pr&aacute;ctica por considerar   que  hace parte de las estrategias por las   cuales  se reproduce la creencia en su existencia   sustancial,  en que es una entidad real, aut&oacute;noma   de  las interacciones cotidianas entre sujetos. Lo   mismo  sucede con la palabra <i>gobierno, </i>que   escribimos  con inicial min&uacute;scula como signo   de  un cambio de mirada sobre esta noci&oacute;n; as&iacute;   indicamos  que la tratamos de forma diferente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie5" name="pie5">5</a> Foucault analiz&oacute; el surgimiento, entre los siglos   XVI y XVIII, de la gubernamentalidad como una forma   de  gobierno que hace ya no de la soberan&iacute;a   territorial  sino de las poblaciones el objeto privilegiado   de  administraci&oacute;n, poblaciones que son   construidas  con el recurso a saberes especializados   y  son controladas por medio de dispositivos   de  seguridad. Los saberes llamados a construir   las  poblaciones son, entre otros, la estad&iacute;stica,   la  medicina, la etnograf&iacute;a (Foucault 1991, 1999).   Otros  autores, como Rose (1997),  han analizado   la  forma que ha tomado la gubernamentalidad   en las  democracias liberales contempor&aacute;neas.</p>     <p align="justify"><a href="#spie6" name="pie6">6</a> Se puede consultar el discurso oficial sobre   esos  objetivos del milenio en la p&aacute;gina <a href="http://www.un-ngls.org" target="_blank">www.un-ngls.org</a> </p>     <p align="justify"><a href="#spie7" name="pie7">7</a> Desde el a&ntilde;o 2003 la Corte hab&iacute;a se&ntilde;alado la   necesidad  de que la poblaci&oacute;n desplazada fuera   atendida  por medio de &quot;acciones afirmativas y   en  enfoques diferenciales sensibles al g&eacute;nero, a   la  generaci&oacute;n, a la etnia, a la discapacidad y a la   opci&oacute;n  sexual&quot; (Sentencia T- 602 de  2003).  Pero   solo  hasta el a&ntilde;o 2008,  con el Auto 092 para   mujeres  y el 251 para  ni&ntilde;os v&iacute;ctimas del conflicto   armado,  y en el 2009,  con los autos 004,  005 y  006   dirigidos  a poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, afrocolombiana   y  discapacitada v&iacute;ctima del desplazamiento, el   enfoque  diferencial dej&oacute; de ser lineamiento   metodol&oacute;gico  de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y se elev&oacute; a   obligaci&oacute;n  constitucional del estado, con efectos   legales  sobre los responsables de su aplicaci&oacute;n   en caso de  incumplimiento.</p>     <p align="justify"><a href="#spie8" name="pie8">8</a> <i>Unbound seriality, </i>en el original. El concepto de   serialidad  fue introducido por Jean-Paul Sartre,   en  su libro <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n dial&eacute;ctica, </i>para   analizar  el car&aacute;cter colectivo de las acciones   individuales  en el mundo moderno, al discutir la   noci&oacute;n  de clase social. As&iacute; lo explica Troncoso:   &quot;Sartre  llama serialidad a la condici&oacute;n de coexistencia   y  soledad de una multiplicidad de seres   humanos  que, por su indiferenciaci&oacute;n, resultan   perfectamente  intercambiables entre s&iacute;; esto es,   en  la condici&oacute;n serial cada uno es id&eacute;ntico a los   dem&aacute;s,  pero no en tanto conciencia, libertad,   sino  en calidad de &#39;cosa&#39;. Un claro ejemplo   proporcionado  por Sartre -y ampliamente   citado-  es el de la fila que un conjunto de   personas  hace esperando el autob&uacute;s, situaci&oacute;n   en  que esas personas constituyen una pluralidad   de  soledades pero no un grupo propiamente   tal&quot;  (Troncoso 2004,  310).  Ese concepto ha sido   retomado  por otros fil&oacute;sofos, te&oacute;ricos sociales   y  psic&oacute;logos sociales para discutir la din&aacute;mica   de  la formaci&oacute;n de grupos humanos y los   procesos  de abstracci&oacute;n de estos en categor&iacute;as   pensables  y administrables, como es el caso de   Anderson.  Para una discusi&oacute;n del concepto en   otros  usos actuales, ver Johanssen (2004) (nota   de  los traductores).</p>     <p align="justify"><a href="#spie9" name="pie9">9</a> En el original, <i>bound  seriality </i>(nota de los   traductores).</p>     <p align="justify"><a href="#spie10" name="pie10">10</a> Especialmente en <i>Sobre  la cuesti&oacute;n jud&iacute;a </i>(Marx   1843/2004).  Edici&oacute;n inglesa en Marx y Engels   (1975, 146-174).</p>     <p align="justify"><a href="#spie11" name="pie11">11</a> Al respecto, v&eacute;ase Marx (1954). Traducci&oacute;n al   espa&ntilde;ol en  Marx (2000).</p>     <p align="justify"><a href="#spie12" name="pie12">12</a> Dos compilaciones que dan cuenta de estos   argumentos  son Sandel (1984)  y Avineri y De-   Shalit (1992).</p>     <p align="justify"><a href="#spie13" name="pie13">13</a> Adici&oacute;n de los traductores.</p>     <p align="justify"><a href="#spie14" name="pie14">14</a> V&eacute;ase, en particular, Foucault (1991, 1999).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#spie15" name="pie15">15</a> V&eacute;ase en particular: Rose (1999), Miller y Rose   (1995) y Osborne (1998).</p>     <p align="justify"><a href="#spie16" name="pie16">16</a> Para conocer algunos argumentos en esta   direcci&oacute;n,  v&eacute;ase Cohen y Arato (1992).</p>     <p align="justify"><a href="#spie17" name="pie17">17</a> Se conoce como Emergencia India el periodo   de  veinti&uacute;n meses comprendido entre el 25 de   junio  de 1975 y  el 21 de  marzo de 1977,  cuando   el  presidente Fakhruddin Ali Ahmed, siguiendo el   consejo  de la primera ministra, Indira Gandhi,   declar&oacute;  el estado de emergencia que le otorg&oacute;   poder  efectivo para gobernar por decreto,   suspender  las elecciones y las libertades civiles.   Es  considerado uno de los periodos m&aacute;s controversiales   en  la historia india posterior a la   independencia  (nota de los traductores).</p>     <p align="justify"><a href="#spie18" name="pie18">18</a> <i>Entitlement, </i>en el original (nota de los traductores).</p> <hr align="JUSTIFY" size="1"> </FONT>     <p align="justify"><FONT SIZE="3" FACE="VERDANA" align="justify"><b>REFERENCIAS </b></FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">1. ANDERSON, BENEDICT. 1983. <i>Imagined Communities: Reflections on the Origin  and Spread of Nationalism.</i> Londres: Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0486-6525201100020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">2. ANDERSON, BENEDICT. 1993. <i>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la  difusi&oacute;n del nacionalismo.</i> M&eacute;xico, D. F.: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0486-6525201100020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">3. ANDERSON, BENEDICT. 1998.<i> The Spectre of Comparisons.</i> Nueva  York: Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0486-6525201100020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">4. AVINERI, SHLOMO  Y AVNER DE-SHALIT, eds., 1992. <i>Communitarianism and  Individualism.</i> Oxford: Oxford University  Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0486-6525201100020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">5. BALIBAR, &Eacute;TIENNE. 1994. <i>Masses, Classes, Ideas: Studies on Politics and  Philosophy Before and After Marx</i>. Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0486-6525201100020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">6. CHATTERJEE, PARTHA. 1991. &quot;Whose Imagined Community?&quot;. <i>Millennium </i>20 (3): 521-525.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0486-6525201100020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">7. CHATTERJEE, PARTHA. 1998a. &quot;Community in the East&quot;. <i>Economic and Political  Weekly </i>33 (6):  7-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0486-6525201100020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">8. CHATTERJEE, PARTHA. 1998b. &quot;The Wages of Freedom&quot;. En <i>The Wages of Freedom:  Fifty Years of the Indian Nation-state,</i> editado por Partha Chatterjee, 1-22.  Delhi: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0486-6525201100020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">9. CHATTERJEE, PARTHA. 1998c. &quot;Beyond the Nation? Or Within?&quot;. <i>Social Text </i>56, 16.3 (oto&ntilde;o): 57-69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0486-6525201100020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">10. CHATTERJEE, PARTHA. 2000a. &quot;Two Poets and Death: On Civil and Political  Society in the Non-Christian World&quot;. En <i>Questions of Modernity, </i>editado  por T. Mitchell, 35-48. Minneapolis: University of Minessota Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0486-6525201100020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">11. CHATTERJEE, PARTHA. 2000b. &quot;Recent Strategies of Resettlement and  Rehabilitation in West Bengal&quot;. Ponencia presentada en el Taller sobre Desarrollo  Social en Bengala Occidental, Center for Studies in Social Sciences, Calcuta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0486-6525201100020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">12. CHATTERJEE, PARTHA. 2004. <i>The Politics of the Governed. Reflections on  Politics in Most of the World. </i>Nueva York: Columbia  University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0486-6525201100020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">13. CHATTERJEE, PARTHA. 2008. <i>La naci&oacute;n en tiempo heterog&eacute;neo y otros estudios subalternos,</i> compilado por V&iacute;ctor Vich. Buenos Aires: Siglo XXI y Consejo Latinoamericano de  Ciencias Sociales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0486-6525201100020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">14. COHEN, JEAN L. Y ANDREW ARATO. 1992. <i>Civil Society and Political Theory. </i>Cambridge,  Massachusetts: MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0486-6525201100020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">15. DIRKS, NICHOLAS. 2001. <i>Castes of Mind: Colonialism and the Making of  Modern India. </i>Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0486-6525201100020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">16. FOUCAULT, MICHEL. 1991. &quot;Governmentality&quot;. En <i>The Foucault Effect:  Studies in Governmentality, </i>editado por Graham Burchell, Colin Gordon y  Peter Miller, 87-104. Chicago:  University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0486-6525201100020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">17. FOUCAULT, MICHEL. 1999. &quot;La &#39;gubernamentalidad&#39;&quot;. En <i>Est&eacute;tica, &eacute;tica y hermen&eacute;utica,</i> vol. 3 de <i>Obras esenciales, </i>175-197. Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0486-6525201100020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">18. GUHA, RANAJIT, ed., 1982. <i>Subaltern Studies. Writings on South Asian History  and Society, </i>vol. 1.  Delhi: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0486-6525201100020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">19. HACKING, IAN. 1990. <i>The Taming of Chance. </i>Cambridge: Cambridge  University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0486-6525201100020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">20. HANSEN, THOMAS BLOM. 2001. &quot;Governance and State Mythologies in Mumbay&quot;. En <i>States  of Imagination. Ethnographic Explorations of the Postcolonial State,</i> editado por T. B. Hansen y F. Stepputat, 221-254.  Durham: Duke University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0486-6525201100020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">21. JOHANNESEN, J&Oslash;RGEN  M. 2004. &quot;Operational Ethnicity. Serial Practice and  Materiality&quot;. En <i>Material Culture and Other Things: Post-disciplinary  Studies in th</i>e 21st <i>Century,</i> editado  por F. Fahlander y T. Oestigaard, 161-184. Gothenburg: University of Gothenburg.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0486-6525201100020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">22. MARSHALL, THOMAS HUMPREY. 1949/1992.  &quot;Citizenship and Social Class&quot;. En <i>Citizenship and Social Class, </i>editado  por T. Bottomore y T. Marshall, 3-51. Londres: Pluto Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0486-6525201100020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">23. MARX, KARL. 1954. &quot;The So-called Primitive Accumulation&quot;. En <i>Capital, </i>vol. 1, 667-724. Mosc&uacute;: Progress.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0486-6525201100020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">24. MARX, KARL Y FRIEDRICH ENGELS. 1975. <i>Collected Works, </i>vol. 3. Mosc&uacute;: Progress.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0486-6525201100020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">25. MARX, KARL. 2000. <i>El  capital: cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica.</i> M&eacute;xico, D. 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MILLER, PETER Y NIKOLAS ROSE. 1995. &quot;Production, Identity and Democracy&quot;. <i>Theory and Society </i>24: 427-467.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0486-6525201100020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">28. OSBORNE, THOMAS. 1998. <i>Aspects of Enlightenment: Social Theory and  the Ethics of Truth. </i>Londres: UCL Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0486-6525201100020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">29. PETTIT, PHILIP. 1997. <i>Republicanism: A Theory of Freedom and  Government. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0486-6525201100020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">30. POOVEY, MARY. 1995. <i>Making a Social Body. </i>Chicago: University of  Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0486-6525201100020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">31. POOVEY, MARY. 1998. <i>A History of the Modern Fact. Problems of  Knowledge in the Sciences of Wealth and Society. </i>Chicago: University of  Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0486-6525201100020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">32. ROSE, NIKOLAS. 1999. <i>Powers of Freedom: Reframing Political Thought. </i>Cambridge:  Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0486-6525201100020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">33. ROSE, NIKOLAS. 1997. &quot;El  gobierno en las democracias liberales &#39;avanzadas&#39;: del liberalismo al  neoliberalismo&quot;. <i>Archipi&eacute;lago </i>29: 25-40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0486-6525201100020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">34. SANDEL, MICHAEL, ed. 1984. <i>Liberalism and Its Critics. </i>Nueva York: New  York University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0486-6525201100020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">35. SKINNER, QUENTIN. 1997. <i>Liberty before Liberalism. </i>Cambridge:  Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0486-6525201100020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>     <!-- ref --><p align="justify"><FONT SIZE="2" FACE="VERDANA" align="justify">36. TRONCOSO BARR&Iacute;A, CLAUDIO. 2004. &quot;Violencia e intersubjetividad en Sartre&quot;. <i>Philosophica </i>27: 301-316.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0486-6525201100020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </FONT></p>      ]]></body><back>
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