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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>LA FUERZA DE  LA DEBILIDAD DIONIS&Iacute;ACA&nbsp;</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b>M</b><b>ICHEL </b><b>M</b><b>AFFESOLI</b><br /> MIEMBRO DEL INSTITUTO UNIVERSITARIO  DE FRANCIA<b>&nbsp;</b></p>     <p align="center">Recibido: 18 de  abril de 2012 Aceptado: 28 de mayo de 2012</p> <hr size="1" />     <p align="justify">Solamente se  comprende lo que sucede si se sabe captar lo inaugural. Es por esto que todo pensamiento  aut&eacute;ntico retoma una especificidad de la existencia humana: se siembra para cosechar  m&aacute;s tarde.</p>     <p align="justify">Es as&iacute; como a  finales de los a&ntilde;os setenta anunci&eacute; el retorno de Dionisios, dios de la org&iacute;a,  insistiendo en el papel, cada vez m&aacute;s importante, que la pasi&oacute;n (<i>orge</i>) iba a tener en  nuestras sociedades. De la misma manera, en relaci&oacute;n con otro sentido de la  palabra (<i>orgos: </i>iniciado), se&ntilde;alaba  el lugar primordial que la iniciaci&oacute;n iba a asumir en el <i>neotribalismo </i>contempor&aacute;neo. &iquest;Qu&eacute;  habr&iacute;a que decir, sino que al contrario de lo que se acostumbra decir hay  energ&iacute;a en la vida social? Pero hay que reconocer, aunque esto les choque a  muchos observadores, que esta energ&iacute;a se expresa a la vez en lo inmediato, en  lo cercano, en lo cotidiano, en la b&uacute;squeda de un hedonismo refinado. En todo  caso, por fuera de las instituciones racionales, terreno predilecto de una  sociolog&iacute;a miope.</p>     <p align="justify">Es as&iacute; como se oye  con frecuencia hablar de hiperconsumo. Una m&aacute;s de las exageraciones utilizadas  para ocultar el hecho de que ya pasamos a otra cosa.</p>     <p align="justify">Para quien no est&eacute;  dopado por el conformismo reinante, es evidente que el desmesurado apetito por  los objetos, la r&aacute;pida obsolescencia de los amores, el frenes&iacute; que genera lo  nuevo, deber&iacute;an incitarnos a darle otro nombre al mariposeo vertiginoso que caracteriza  las maneras de ser posmodernas. Georges Bataille, con su noci&oacute;n de <i>gasto, </i>hab&iacute;a  prof&eacute;ticamente esbozado sus l&iacute;mites. Pero hoy en d&iacute;a, el consumo, la sed  intensa de derroche a todo nivel, se volvi&oacute; una realidad cotidiana que est&aacute; en  las ant&iacute;podas de la mitolog&iacute;a del progreso caracter&iacute;stica de la modernidad.</p>     <p align="justify">Y es justamente con  la invenci&oacute;n de un mito, el mito del Progreso, que tanto Auguste Comte como  Saint-Simon pretend&iacute;an luchar contra el oscurantismo que ellos les atribu&iacute;an en  un principio a los diversos polite&iacute;smos y posteriormente a los monote&iacute;smos  sem&iacute;ticos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Todo esto hace  pensar en la <i>religi&oacute;n  industrial </i>de Saint-Simon, que  -&iquest;lo tenemos suficientemente claro?- deb&iacute;a fortalecer el <i>todo-productivismo  moderno, </i>su gran ideolog&iacute;a  del crecimiento. Y la sociedad de la producci&oacute;n, tal como se implant&oacute; a lo largo  del siglo XIX y a principios del XX, ten&iacute;a que  desembocar necesariamente en esta <i>sociedad de consumo </i>que analiz&oacute; tan apropiadamente Jean Baudrillard, quien ve&iacute;a  precisamente en ella, en uno de sus libros menos conocidos pero particularmente  impactante, <i>el espejo de la  producci&oacute;n</i>.</p>     <p align="justify">Toda mitolog&iacute;a  necesita t&eacute;rminos que funcionen como oscil&oacute;grafos, que le sirvan de cursores.  Estos t&eacute;rminos constituyen una especie de caja de resonancia en la que cada  quien, as&iacute; sea de manera inconsciente, puede reconocerse f&aacute;cilmente. La trilog&iacute;a  Progreso, Producci&oacute;n, Consumo tuvo exactamente esa funci&oacute;n. Esas palabras-clave  hac&iacute;an eco a las preocupaciones populares y son fundadoras de la mitolog&iacute;a  moderna. Pero se volvieron pura salmodia, es decir, t&eacute;rminos que nos contin&uacute;an repitiendo  en los discursos oficiales. Que se <i>recitan </i>religiosamente en  toda ocasi&oacute;n. Que hacen parte de la opini&oacute;n com&uacute;n, de la ret&oacute;rica de rutina.  Pero a los cuales justamente por esa raz&oacute;n ya no se les presta atenci&oacute;n. &iexcl;Ya  desde hace rato se sabe: letan&iacute;a, liturgia, letargo!</p>     <p align="justify">Numerosos son, en  efecto, los &iacute;ndices que contradicen el amodorramiento de la sociedad instituida  y que se oponen a discursos o an&aacute;lisis a prop&oacute;sito para servirles de  legitimaci&oacute;n y de racionalizaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Sucede con  frecuencia que un valor en el ocaso, agonizante, experimente una s&uacute;bita  recuperaci&oacute;n, lo que nos recuerda el legendario canto del cisne que muriendo  transforma su grito ronco en l&aacute;nguida pero in&uacute;til melod&iacute;a. Y es as&iacute; como pueden  entenderse la diversidad de discursitos sobre <i>el valor del trabajo</i>, &iexcl;y otras  lamentaciones sobre la tasa de crecimiento o sobre la famosa capacidad  adquisitiva! Y debido a que nadie les pone atenci&oacute;n, m&aacute;s insistentes se hacen.  &iexcl;Como si en &uacute;ltimas la vida se resumiera en la preocupaci&oacute;n por suscribir un  plan de ahorro para adquirir vivienda! En realidad, la pretendida crisis  econ&oacute;mica (PEC) no tiene otro  origen. Es, ante todo, crisis de civilizaci&oacute;n. Es, apegada a su etimolog&iacute;a (<i>krisis</i>), un juicio que se  le hace a lo que se acaba. &iexcl;Juicio que los valores dionis&iacute;acos lanzan contra la  prevalencia prometeica del <i>todo econ&oacute;mico</i>!</p>     <p align="justify">Flota un olor a  quemado en el aire del tiempo. Y, de diversas maneras, se trata de la sed intensa  de derroche a todo nivel o, lo que es lo mismo, de empe&ntilde;arse en que para ganar  la vida no haya que perderla. He ah&iacute; por qu&eacute; una mitolog&iacute;a del consumo tiende a  ocupar el sitio del mito algo ajado y desgastado de la dupla  producci&oacute;n-consumo.</p>     <p align="justify">Se alcanza el  paroxismo, evidentemente, con las decenas de miles de veh&iacute;culos que son  quemados cada a&ntilde;o dentro del per&iacute;metro urbano de las grandes ciudades  francesas. &iquest;Ser&aacute; necesario precisar que estamos ante un s&iacute;mbolo elocuente? O al  menos muy instructivo si se tiene en cuenta hasta qu&eacute; punto el autom&oacute;vil fue el  signo absoluto de la que se llam&oacute; sociedad de consumo. Objeto costoso, es a la  vez producto de una vida de trabajo y lo que permite, igualmente, ir a ese  trabajo. Es, al mismo tiempo, aquello gracias a lo cual uno puede escapar, real  o fantasm&aacute;ticamente, de la obligaci&oacute;n de trabajar. Finalmente, este  &quot;objeto-signo&quot; es la suma de una inversi&oacute;n libidinal de la que se han ocupado ampliamente  los psicoanalistas.</p>     <p align="justify">&iexcl;Es el objeto el  que arde!</p>     <p align="justify">Anotemos, por otra  parte, que no es el autom&oacute;vil del rico, bien protegido en su garaje vigilado,  el que arde. No, es el que se encuentra en la calle. Al lado de un edificio en  la ciudad, en lo que los medios llaman ahora los &quot;barrios&quot;. Puede en  consecuencia pertenecer este autom&oacute;vil a alguien conocido o de la familia.</p>     <p align="justify">El hecho de <i>consumir </i>por el fuego tal  objeto no es un acto pol&iacute;tico como frecuentemente se lee en los an&aacute;lisis.  Constituye m&aacute;s bien una postura l&uacute;dica. Una antigua estructura antropol&oacute;gica que  sit&uacute;a la destrucci&oacute;n en el coraz&oacute;n mismo de la construcci&oacute;n. Como lo dice el  adagio romano: <i>pars destruens, pars  construens</i>. La construcci&oacute;n  por la destrucci&oacute;n, de alguna manera. Y tengamos en cuenta tambi&eacute;n que hay en  esos incendios curiosas reminiscencias de los festivales estudiantiles:  &iexcl;Berkeley en 1964 o <i>rue </i>Gay-Lussac en 1968!  De ah&iacute; proviene esa opini&oacute;n convencional en la que un <i>petainismo</i><a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a> inconsciente se asocia  a un cretinismo ortodoxo para clamar que hay a la vez que &quot;trabajar m&aacute;s y  olvidar mayo del 68&quot;. Los m&uacute;ltiples mantras a prop&oacute;sito de <i>trabajo, familia,  patria </i>son actualmente  moneda corriente entre la <i>intelligentsia </i>francesa.</p>     <p align="justify">En <i>El combate con el  demonio </i>Stephan Zweig  habla, a prop&oacute;sito de Nietzsche o de H&ouml;lderlin, de un <i>demonismo </i>que anima sus obras  y su vida. &iquest;Ser&iacute;a atrevido decir que, en ciertas &eacute;pocas, tal <i>demonismo </i>permea la sociedad  en su conjunto? &iquest;Que <i>La sombra de  Dionisios </i>se extiende sobre  las meg&aacute;polis posmodernas?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Lo que aparece como  parox&iacute;stico en la literatura se expresa en tonalidad menor en el conjunto de  los objetos de <i>consumo </i>de la vida  cotidiana. En efecto, ya no son pensados ni construidos para durar. Se  inscriben en la ronda de lo que se concibe bajo la &eacute;gida de la precariedad.  Objetos, situaciones, relaciones marcadas con el sello de la obsolescencia  programada. Esta se vive igualmente en el campo de los afectos. Ya no se asocia  amor con &quot;para siempre&quot;. Desgaste, fatiga, costumbre, todo hace que, en general,  las relaciones de amistad o las amorosas no se inscriban ya en la larga duraci&oacute;n.  &iexcl;Y ya sabemos en qu&eacute; estado est&aacute; la instituci&oacute;n conyugal que busca paliar su  fragilidad proponi&eacute;ndoles matrimonio a los homosexuales y a otras orientaciones  sexuales heterodoxas! &iexcl;Hay que encontrarles trabajo a los curas y al resto de  la fauna de repartidores de bendiciones!</p>     <p align="justify">La teor&iacute;a tampoco  es lo que era. Los conceptos hacen agua por todas partes, los dogmas ya no  encuentran clientela. El universalismo solo convence a algunos fan&aacute;ticos de la  Raz&oacute;n, de la Ciencia, del Progreso, o de otras iglesias de la misma laya.</p>     <p align="justify">La moda favorece  las verdades parciales, moment&aacute;neas, o incluso las aproximativas. Pero tal  relativismo, al insistir en el instante, favorece la creaci&oacute;n. Ciertamente, la  energ&iacute;a individual o colectiva ya no es movilizada al servicio de la larga  duraci&oacute;n. Al estar focalizada en el instante, la intensidad con que se vive se  acrecienta.</p>     <p align="justify">Esto es exactamente  lo que expresa la sociedad de <i>consumo</i>. Otra mitolog&iacute;a,  que ya no reposa en la <i>religi&oacute;n industrial </i>de una econom&iacute;a individual y del mundo, sino m&aacute;s bien en el gasto,  la p&eacute;rdida. Una inconsciente inconciencia que sabe, por sabidur&iacute;a ancestral,  que a veces quien <i>pierde, gana</i>. Despu&eacute;s de todo  &iquest;por qu&eacute; no apostarle a la posibilidad de que se encuentren en el consumo, ese  lujo nocturno de la imaginaci&oacute;n, las premisas de una intensa y fecunda  creaci&oacute;n? Es decir de una verdad societal. Ya lo dec&iacute;a Goethe: &quot;Solamente lo  que es fecundo, es verdad&quot;.</p>     <p align="justify">&iexcl;Hacer de la propia  vida una obra de arte! Poner todas las cosas y a todos en la plaza p&uacute;blica hace  parte de esa estetizaci&oacute;n de la existencia en la que lo que importa es ante  todo experimentar pasiones y emociones comunes. Desde este punto de vista, la est&eacute;tica  juega el papel de cemento &eacute;tico. Mientras que en las sociedades tradicionales  el arte era un elemento de la vida de todos los d&iacute;as, progresivamente ha sido  momificado. Marginalizados, separados de lo cotidiano, la creaci&oacute;n, la  creatividad, el juego, la imaginaci&oacute;n, contaminan de nuevo la existencia del  hombre sin cualidades. Nietzsche muri&oacute; loco por haberlo intuido en un momento  inoportuno. Y resulta que de la burgues&iacute;a bohemia a la chusma, del intelectual  esteta al deportista preocupado por su cuerpo, del n&oacute;mada de zonas semiurbanas  al ecologista obsesionado por las legumbres macrobi&oacute;ticas, hay una preocupaci&oacute;n  por la creatividad vivida en el d&iacute;a al d&iacute;a. El arte permea todo lo que hasta  entonces se consideraba anodino.</p>     <p align="justify">Cada &eacute;poca tiene  sus im&aacute;genes y sus propios mitos. Pero ellos lo &uacute;nico que hacen es retomar y  actualizar potencialidades arcaicas que se cre&iacute;an superadas y que de un momento  a otro recuperan una sorprendente juventud.</p>     <p align="justify">Pero esto no es tan  f&aacute;cil de admitir debido a la idea fuertemente arraigada de un Progreso de la  humanidad, de un desarrollo garantizado por una Historia y que tiene un  objetivo remoto que alcanzar. Con sus matices jud&iacute;os, cristianos, musulmanes, la  ideolog&iacute;a <i>semita </i>insisti&oacute; en un  desarrollo hist&oacute;rico con una caracter&iacute;stica esencial: la de ser lineal.  Completamente distinto es el enfoque griego o el de las diversas concepciones  orientales que reposan en el retorno c&iacute;clico de las cosas. De donde procede la  importancia concedida a los tiempos m&iacute;ticos que privilegiaban la experiencia.</p>     <p align="justify">Al respecto,  podemos remitirnos a un ilustrativo pasaje de <i>La ciudad de Dios </i>(XII, 14,1) en el que  San Agust&iacute;n censura con firmeza a los &quot;sabios de este mundo que creyeron deber  introducir una marcha circular del tiempo para renovar la naturaleza&quot;. El mito,  en efecto, remite al renacimiento peri&oacute;dico de toda cosa. C&iacute;rculo, o espiral,  porque las cosas no regresan exactamente al mismo nivel. Es as&iacute; como la  sociedad del trabajo est&aacute; cedi&eacute;ndole el lugar a la de la creaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Que estamos  viviendo una &eacute;poca de grandes cambios es cosa actualmente admitida. De manera  latente o explosiva, el derrumbe de los grandes valores sobre los que reposaba  la solidez de la vida social es una evidencia. Pero ser&aacute; con muchas reticencias  como se aceptar&aacute;n las consecuencias psicol&oacute;gicas y sociales. Tan es as&iacute;, que la  renovaci&oacute;n de ciertos mitos aterra a ciertos intelectuales (pol&iacute;ticos,  cient&iacute;ficos, periodistas) que tienen como funci&oacute;n la gesti&oacute;n de mitos que de  ninguna manera desean considerar saturados.</p>     <p align="justify">En &eacute;poca de  cataclismos, nada ni nadie escapa al efecto de los diversos tsunamis que la  actualidad presenta profusamente. Un ejemplo es el que sumerge el z&oacute;calo  fundador de la modernidad: el trabajo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Para retomar una  conocida expresi&oacute;n del fil&oacute;sofo Immanuel Kant, tenemos ah&iacute;, claramente, el <i>imperativo  categ&oacute;rico </i>mayor. El que  preside la realizaci&oacute;n personal y la del mundo. Es por lo que se elabora la  mitolog&iacute;a del esfuerzo que inaugura la prevalencia del trabajo, del  productivismo y de la econom&iacute;a que es su consecuencia. Pero el hecho mismo de  que este valor sea reciente no nos autoriza a considerarlo como eterno. En efecto,  son numerosos los indicios que emp&iacute;ricamente lo se&ntilde;alan como saturado. Lo que  obliga a observar que pueden existir otras maneras de afectar el entorno social  y natural.</p>     <p align="justify">Pero como ya lo  se&ntilde;al&eacute;, todo lo que acaba entona su canto del cisne: el &uacute;ltimo antes de morir.  Y, as&iacute; no sea m&aacute;s que para abrir un par&eacute;ntesis, es curioso se&ntilde;alar c&oacute;mo la  expresi&oacute;n <i>valor trabajo </i>constituye el  z&oacute;calo imposible de obviar de las diversas cantaletas sociopol&iacute;ticas. Valor  trabajo que, si recordamos bien, era justamente el elemento clave de la suma  teol&oacute;gica de Karl Marx: <i>&iexcl;El capital! </i>&iquest;Revancha del marxismo? En todo caso, seg&uacute;n una intelectualidad en  el colmo del desfase, es con la revalorizaci&oacute;n del trabajo que se va a  revolucionar, conservar, cambiar y reformar la sociedad. &iquest;Y si el problema ya  no estuviera ah&iacute;? &iquest;Si este hechizo no fuera, al fin de cuentas, m&aacute;s que una  corta desaceleraci&oacute;n del ocaso de la modernidad?</p>     <p align="justify">En efecto, de  diversas maneras, en particular para esas j&oacute;venes generaciones que ya son la  sociedad del ma&ntilde;ana, es claro que lo esencial de la existencia no consiste en  perder la vida para ganarla. El imperativo <i>debes </i>cede  progresivamente el lugar al optativo <i>toca</i>. Ciertamente, es  necesario trabajar. Pero esto solamente constituye un elemento entre otros. Un  simple aspecto, no necesariamente el m&aacute;s importante, de las inversiones  personales.</p>     <p align="justify">La mitolog&iacute;a del  bienestar, la del hedonismo latente hace que, simult&aacute;neamente, se pueda ser un  gerente y tener m&uacute;ltiples centros de inter&eacute;s y que cada uno tenga su propia  importancia. <i>Hobbies </i>m&uacute;ltiples,  actividades como aficionado en diversas artes, trabajo en interinidad, <i>turn over </i>de los ejecutivos,  inter&eacute;s por la est&eacute;tica en las oficinas, heliotropismo que valoriza las  regiones de clima temperado, incluso, concedi&eacute;ndoles una revancha a sus  valores, todo vale en el esfuerzo para relativizar los aspectos inc&oacute;modos del  trabajo.</p>     <p align="justify">En consecuencia,  las condiciones de vida, en el tiempo reservado al trabajo, ya se tienen en  cuenta. Resumiendo, lo cualitativo est&aacute; de moda. Todas estas pr&aacute;cticas  cotidianas, poco teorizadas pero ampliamente vividas nos recuerdan que hay  civilizaciones, y no necesariamente las menos importantes, en las que la  creaci&oacute;n tiende a prevalecer.</p> </font>     <p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>PROMETEO LE CEDE EL LUGAR A DIONISIOS</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify">En esta perspectiva  &iquest;qu&eacute; es la creaci&oacute;n si no la capacidad de movilizar par&aacute;metros humanos tales  como lo l&uacute;dico, lo on&iacute;rico, el imaginario colectivo? El Renacimiento fue uno de  esos momentos en los que banqueros, empresarios, artistas y aventureros de todo  tipo pensaban la vida social como un todo. Y actuaban en consecuencia. Es algo  de ese orden que se expresa en los mitos &quot;hol&iacute;sticos&quot; de la posmodernidad  naciente.</p>     <p align="justify"><i>Metrosexuales </i>y todo el espectro  de las clases medias antiglobalizaci&oacute;n, adeptas al decrecimiento y al pacto  ecol&oacute;gico, se esfuerzan, de diversas maneras, por relegar a un segundo plano la  prevalencia del trabajo. En alguna medida gracias a la globalizaci&oacute;n, lo propio  de la mitolog&iacute;a posmoderna es insistir en la sinergia existente entre el placer <i>arcaico </i>del bienestar y el  desarrollo tecnol&oacute;gico. Y cuando se sabe que m&aacute;s de la mitad del tr&aacute;fico en las  redes de Internet est&aacute; relacionado con encuentros amistosos, er&oacute;ticos,  filos&oacute;ficos o religiosos, se entiende claramente en qu&eacute; consiste esa  relativizaci&oacute;n del <i>valor trabajo</i>. Es esta  relativizaci&oacute;n la que pone en evidencia el retorno de la creatividad en la vida  social.</p>     <p align="justify">El campo abierto  por una tal transmutaci&oacute;n de los valores es inmenso. Falta explorarlo. En una  palabra, y es esto lo que va a encontrarse en todos los mitos que hacen  hincapi&eacute; en la vida, la experiencia, la realizaci&oacute;n personal, etc., es que no  hay real competencia sino en funci&oacute;n de una determinada apetencia. Resumiendo:  no se puede movilizar la energ&iacute;a, individual o colectiva, si no se est&aacute; en  sinton&iacute;a con el inconsciente de la &eacute;poca. En este caso, ser&aacute;n prospectivos, es  decir estar&aacute;n en sinton&iacute;a con un futuro cercano, los que sepan apostarles a  esos valores presentes en el imaginario del momento y que un racionalismo estrecho  hab&iacute;a relegado a la prehistoria. El <i>ego cogito, </i>fundamento de la modernidad, est&aacute; progresivamente cedi&eacute;ndole el  lugar a un <i>ego affectus est</i>. Afectado por los  otros, por lo sagrado, por la naturaleza, por los humores (personales,  colectivos). Es esto lo que conviene pensar: la mutaci&oacute;n de una existencia  dominada por el materialismo moderno, es decir ya anticuada, hacia otra manera  de estar-juntos en donde lo inmaterial vuelve a encontrar fuerza y vigor.</p>     <p align="justify">Se trata de valores  inmateriales que est&aacute;n en plena vigencia en la vida pol&iacute;tica, social y  econ&oacute;mica. Y no carece de inter&eacute;s el que las j&oacute;venes generaciones sean las  protagonistas de esta nueva mirada a la naturaleza y a la sociedad. Es por la  misma raz&oacute;n por la que en su actitud algo irreverente, los &quot;creativos&quot;  multiformes son hombres de su tiempo reeditando la eterna juventud del mundo.  Es eso lo que se cristaliza en la figura emblem&aacute;tica de Dionisios, &iexcl;la del <i>puer aeternus</i>!</p> <hr size="1" /> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="3" face="verdana"><b>Nota</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a> Relativo  al mariscal P&eacute;tain, jefe del Estado franc&eacute;s (1940-1944), que colabor&oacute; con los  nazis (nota del traductor).</p> <hr size="1" />     <p align="right">Traducci&oacute;n al  espa&ntilde;ol<br />     <b>J</b><b>aime Gonz&aacute;lez Cabra</b></p> </font>      ]]></body>
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