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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El juego de los carozos en El Cajón (Catamarca, Argentina). Ritual, memoria y antepasados]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Juego de los Carozos in El Cajón (Catamarca, Argentina): Ritual, Memory and Ancestors]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this article I explore how, in El Cajón (Catamarca, Argentina), the juego de los carozos turns into a ritual that organizes the relationships between the living and the dead, and supports the genealogical local memory. The game&#8217;s aim is to identify each dead person inside a wider family network. Throughout the memory and the registration, people from El Cajón distinguish their lineal and collateral relatives, and determines the permitted and forbidden marriage alliances.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>El <i>juego de los carozos</i> en El Caj&oacute;n (Catamarca, Argentina).</b>    <br> Ritual, memoria y antepasados</font></p>      <p align="center"><font size="3"><i>The </i>Juego de los Carozos<i> in El Caj&oacute;n (Catamarca, Argentina): Ritual, Memory and Ancestors</i></font></p>      <p align="center"><b>B&aacute;rbara Mart&iacute;nez</b>    <br> Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas (Conicet), Argentina    <br> <a href="mailto:bmartinez@filo.uba.ar">bmartinez@filo.uba.ar</a></p>     <p align="center">Recibido: 4 de marzo de 2013 Aceptado: 12 de marzo de 2014 </p>  <hr>      <p align="center"><b>Resumen</b></p>      <p align="justify">En este art&iacute;culo exploro c&oacute;mo en El Caj&oacute;n (Catamarca,   Argentina) el juego de los carozos   deviene rito ordenador de las relaciones entre   vivos y muertos y soporte de la memoria   geneal&oacute;gica local. El juego tiene como objetivo   central identificar a cada difunto dentro   de una red familiar m&aacute;s amplia. Mediante el   recuerdo y el registro, la gente de El Caj&oacute;n va   distinguiendo a sus parientes lineales y colaterales,   y determinando las alianzas matrimoniales   posibles y prohibidas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Palabras clave</b>: ritual, antepasados, El Caj&oacute;n, memoria geneal&oacute;gica.</p>   <hr>     <p align="center"><b>Abstract</b></p>      <p align="justify"><i>In this article I explore how, in El Caj&oacute;n (Catamarca,   Argentina), the juego de los carozos turns   into a ritual that organizes the relationships between   the living and the dead, and supports the   genealogical local memory. The game's aim is to   identify each dead person inside a wider family   network. Throughout the memory and the registration,   people from El Caj&oacute;n distinguish their lineal   and collateral relatives, and determines the   permitted and forbidden marriage alliances.</i></p>        <p align="justify"><i><b>Keywords</b>: ritual, ancestors, El Caj&oacute;n, genealogical memory.</i></p>   <hr>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n </b></font></p>      <p align="justify">En el 2008, me encontraba en medio de una indagaci&oacute;n etnogr&aacute;fica cuya finalidad principal era la escritura de mi tesis doctoral, objetivo &uacute;ltimo de un proceso de investigaci&oacute;n que hab&iacute;a comenzado en el 2003. El prop&oacute;sito central era describir e interpretar la forma como los habitantes de la poblaci&oacute;n campesina de El Caj&oacute;n manten&iacute;an v&iacute;nculos con sus muertos. Esta poblaci&oacute;n est&aacute; situada en el valle de El Caj&oacute;n, en el departamento de Santa Mar&iacute;a de la provincia de Catamarca (noroeste argentino). En ese a&ntilde;o, particip&eacute; en las ceremonias que acompa&ntilde;aban la Semana Santa, durante el mes de marzo. Fue este un periodo de duelo, oscuridad y presencia de fuerzas siniestras, como la del <i>maligno</i>, figura emparentada con la idea cristiana del demonio. Analic&eacute; luego los rituales ofrecidos a la Pachamama (Madre Tierra) que se realizan en agosto. Desde la perspectiva local, este es considerado un mes aciago, pues la tierra se encuentra convulsionada y ello afecta la vida de los hombres y de los animales. Por su parte, los del D&iacute;a de Todos los Santos y de las Almas, que tienen lugar durante los dos primeros d&iacute;as de noviembre, son rituales de muerte en los cuales se tornan porosas las fronteras que articulan el mundo de los vivos con el de los muertos. Los lazos rec&iacute;procos entre unos y otros se intensifican: los segundos son mediadores entre Dios, los santos y los humanos.</p>      <p align="justify">En el noroeste argentino, el periodo que va de finales de octubre a los primeros d&iacute;as de noviembre marca el inicio de una temporada lluviosa. Los hombres procuran satisfacer a sus difuntos brind&aacute;ndoles alimentos y rezos. En contraprestaci&oacute;n, esperan que ellos promuevan la fertilidad y la abundancia mediante la lluvia. La gente de El Caj&oacute;n interpreta que, si sus requerimientos no son satisfechos, sobreviene la sequ&iacute;a. Por eso, "hay que darles su comida completa para que vayan contentos" (entrevista con do&ntilde;a Lilia, 2004). La noche de Todos los Santos del 2008 fui invitada a presenciar un <i>juego de los carozos</i> en casa de do&ntilde;a Carlota, una amable anciana con la que sol&iacute;a conversar sobre diversos temas. Al caer la noche, las personas que iban llegando se sentaron formando un c&iacute;rculo. Al centro arrojaban por turnos los <i>carozos</i> (huesos o semillas de durazno), una fruta tambi&eacute;n conocida como melocot&oacute;n. Seg&uacute;n la creencia que fundamenta esa pr&aacute;ctica, la disposici&oacute;n de la semilla al caer determina el n&uacute;mero de oraciones que los presentes deben rezar a sus muertos.</p>      <p align="justify">A trav&eacute;s del juego de carozos, los participantes recitan en forma reiterada el nombre del difunto y su relaci&oacute;n con el jugador, con el fin de recordar a sus parientes lineales y colaterales. Los ancianos se remontan al siglo XIX, para rememorar a sus propios abuelos o bisabuelos. El "juego" permite tambi&eacute;n identificar los candidatos a los matrimonios posibles o prohibidos, lo cual funda las bases sobre las que se regulan las relaciones conyugales (L&eacute;vi-Strauss 1993). Estas pr&aacute;cticas orales se combinan con la escritura para permitir que la memoria geneal&oacute;gica circule entre la comunidad de El Caj&oacute;n (Howard-Malverde 1999).</p>      <p align="justify">A partir de la intervenci&oacute;n en un ritual que es denominado "juego", los muertos de El Caj&oacute;n conforman un soporte para la memoria del grupo. Para ello, me interesa subrayar los aspectos simb&oacute;licos del ritual y, en particular, su rol de mediador con el mundo no humano. Esta perspectiva no es nueva. Ya en 1966, Edmund Leach sugiri&oacute; que el ritual es un elemento capaz de transmitir o perpetuar el conocimiento socialmente adquirido. Al a&ntilde;o siguiente, Victor Turner lo defini&oacute; como una acci&oacute;n estrechamente vinculada a seres sagrados, llevada a cabo en ocasiones no dominadas por la "rutina tecnol&oacute;gica" (1980, 22). Ahora bien, como puntualiza Catherine Bell, la diversidad de los actos rituales que encontramos en las distintas sociedades revela la variedad de consideraciones locales acerca de qu&eacute; es y qu&eacute; no es un ritual. Sin embargo, lo que todos parecen tener en com&uacute;n es la puesta en marcha de procesos de ritualizaci&oacute;n o de acciones tendientes a distinguir las actividades cotidianas de las que no lo son, y la adjudicaci&oacute;n de tal diferencia a una esfera que trasciende el poder de los hombres (Bell 1992, 164).</p>      <p align="justify">En esta investigaci&oacute;n, integro estas perspectivas del ritual con los estudios acerca del contexto mortuorio en diversas sociedades ubicadas en los Andes sudamericanos. En estas, los rituales dedicados a los difuntos constituyen una caracter&iacute;stica central que expresa interrelaciones complejas y cambiantes entre la esfera de los vivos y la de los muertos. En esta l&iacute;nea, se ha explorado la confrontaci&oacute;n entre fuentes etnohist&oacute;ricas e informaci&oacute;n etnogr&aacute;fica sobre las creencias y pr&aacute;cticas (Harris 1983), la acci&oacute;n ritual (De Hoyos 2001; Fern&aacute;ndez Ju&aacute;rez 2006, 2007; Vilca 2009), la inserci&oacute;n del difunto en el ciclo cosmol&oacute;gico (Rubinelli 1995) y el rol de las narraciones sobre los muertos como soporte para la historia y la memoria social (Robin 2008). Son de especial inter&eacute;s las investigaciones que se ocuparon de resaltar las relaciones entre juego y muerte (Carter 1968; Gentile Lafaille 1998; Van Kessel 2001, Ord&oacute;&ntilde;ez Carpio 2004).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En los Andes sudamericanos, t&eacute;cnicas de memoria social oral como el juego de los carozos han sido un recurso utilizado desde tiempos remotos, no obstante los procesos hist&oacute;ricos cambiantes que han generado nuevas formas y contenidos (Abercrombie 2006). En la primera secci&oacute;n de este art&iacute;culo, describir&eacute; sint&eacute;ticamente los acontecimientos del 1.&ordm; y el 2 de noviembre, tiempo socialmente relevante en el que se inserta el ritual. En la segunda secci&oacute;n, me ocupo de ilustrar su din&aacute;mica y de exponer c&oacute;mo los vivientes se vinculan con sus ascendientes fallecidos, situ&aacute;ndolos en relaciones de alianza o filiaci&oacute;n. Finalmente, en la tercera secci&oacute;n, postulo que en El Caj&oacute;n existe una memoria geneal&oacute;gica expresada a trav&eacute;s del juego de los carozos.</p>      <p align="justify">En la localidad de El Caj&oacute;n realic&eacute; trabajo de campo etnogr&aacute;fico entre el 2004 y el 2010. En el primer periodo, hice una descripci&oacute;n general de la sociedad local y de sus articulaciones con las poblaciones vecinas. Estudi&eacute; las distintas etapas del ciclo ritual anual, la cotidianidad y las nociones nativas sobre cuerpo y persona. Finalmente, analic&eacute; el modo en que los mitos y la historia se inscriben en el territorio a trav&eacute;s de las narraciones de la gente. La descripci&oacute;n anal&iacute;tica de estos ejes excede el marco de este trabajo, aunque algunos de ellos aparecen sintetizados en las p&aacute;ginas que siguen. A lo largo del proceso de investigaci&oacute;n, la observaci&oacute;n participante y las entrevistas abiertas y de sesiones m&uacute;ltiples fueron los m&eacute;todos privilegiados para abordar los t&oacute;picos mencionados.</p>      <p><font size="3"><b>El Caj&oacute;n </b></font></p>      <p align="justify"> El Caj&oacute;n es una localidad ubicada en el valle que lleva el mismo nombre, estrechamente vinculada con Santa Mar&iacute;a, centro pol&iacute;tico, administrativo y eclesi&aacute;stico de las localidades que integran el departamento (<a href="#fig1">figura 1</a>). La econom&iacute;a de El Caj&oacute;n se sustenta en la agricultura y la ganader&iacute;a. A finales del siglo XIX e inicios del XX, los pobladores incrementaron su participaci&oacute;n en mercados regionales vendiendo su fuerza de trabajo en ingenios azucareros y minas y, recientemente, como asalariados en cosechas de frutales (Mart&iacute;nez 2013a). Pese a las dificultades geogr&aacute;ficas que han limitado el acceso y las conexiones, la localidad ha estado articulada con otras poblaciones circunvecinas. Son muchas las personas que han migrado y que viven en ciudades como Santa Mar&iacute;a o Buenos Aires, pero que suelen retornar al poblado para participar en festejos del ciclo ritual anual, como la Semana Santa.</p>     <p align="center"><a name="fig1"><img src="img/revistas/rcan/v50n1/v50n1a06f1.jpg"></a></p>       <p align="justify">El lugar no cuenta con un sacerdote estable. El religioso vive en Santa Mar&iacute;a y visita el poblado en dos momentos del a&ntilde;o: durante la Misi&oacute;n Anual, en la que celebra bautizos, comuniones y casamientos, y para la misa del 13 de junio, d&iacute;a de san Antonio, patrono del lugar. La exhortaci&oacute;n a la exogamia es un t&oacute;pico importante en esos encuentros. Muchas veces presenci&eacute; reuniones organizadas por el sacerdote y sus ayudantes en las que le recordaban a la gente de El Caj&oacute;n que deb&iacute;an casarse con mujeres y hombres de lugares alejados. Las pr&aacute;cticas endog&aacute;micas hacen parte de un conjunto de ideas estereotipadas que tiene la gente de la ciudad (en especial, la de Santa Mar&iacute;a) sobre los campesinos como personas que "se casan entre ellos, adolecen de falta de higiene y, sobre todo, viven del pastoreo, la siembra y la recolecci&oacute;n como hace siglos" (Mart&iacute;nez 2011, 127). Sin embargo, su producci&oacute;n agr&iacute;cola y ganadera suele ser muy valorada por los habitantes de los centros urbanos y de la ciudad capital que suele visitar El Caj&oacute;n durante la fiesta del santo patrono. Muchos aprovechan para proveerse de los alimentos que pueden adquirir all&iacute; (Mart&iacute;nez 2013a).</p>     <p><font size="3"><b>El ritual mortuorio</b></font></p>      <p align="justify">Cada una de las etapas del ciclo anual incluye momentos de gran densidad simb&oacute;lica en los que el repertorio de acciones adquiere una dimensi&oacute;n ritual. Ello conduce a una diferenciaci&oacute;n entre el periodo de tiempo centrado en la acci&oacute;n de los vivos y una &eacute;poca del a&ntilde;o en que intervienen intensamente otros seres, como los muertos. Es en este momento que tiene lugar el juego de los carozos. Otras actividades l&uacute;dicas se llevan a cabo durante los velorios (Carter 1968; Ord&oacute;&ntilde;ez Carpio 2004). A diferencia de estas actividades, el juego de los carozos no se realiza cuando muere una persona, sino en el momento preciso del calendario ritual que conmemora a los muertos de cada familia y al conjunto total de difuntos, especialmente aquellos olvidados por sus parientes. Seg&uacute;n la gente de El Caj&oacute;n, las <i>almas</i><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> retornan al poblado al mediod&iacute;a del 1.&ordm; de noviembre, para retirarse al d&iacute;a siguiente. Como dije, el comienzo de la estaci&oacute;n de lluvias coincide con los ritos de muerte de Todos los Santos y el D&iacute;a de las Almas. El tiempo en que la siembra termina y comienza la cosecha requiere de la acci&oacute;n de las fuerzas regeneradoras de los difuntos. Las fronteras l&aacute;biles de este periodo facilitan la comunicaci&oacute;n entre los niveles cosmol&oacute;gicos, lo cual favorece la recepci&oacute;n de las demandas humanas. Pero el aumento en la fluidez del contacto entre vivos y muertos comienza un tiempo antes y finaliza d&iacute;as despu&eacute;s. Si bien ambas fechas son centrales en el calendario ritual, las<i> almas</i> vagan entre los vivos durante una etapa un poco m&aacute;s prolongada<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. En este lapso, es frecuente encontrarse con ellas en los cerros, durante el pastoreo y por la noche, si alguien circula solo fuera de su casa. La gente sabe de su llegada por el aullido de sus perros o los silbidos que se escuchan. Las fuerzas de los difuntos pueden ser devastadoras si no se cumplen las obligaciones rec&iacute;procas entre ellos y los vivos. Sus necesidades son similares a las que ten&iacute;an cuando viv&iacute;an. De ah&iacute; que las personas las reciban como visitas privilegiadas. Los cajonistas se preocupan por las posibles consecuencias de un descuido en las ofrendas que deben dar a los difuntos. Los muertos intervienen en el ciclo productivo y act&uacute;an como mediadores. Vivos, muertos y deidades est&aacute;n, as&iacute;, mutuamente ligados, mediante un pacto de asistencia rec&iacute;proca que incluye oraciones y bienes agradables a las almas, mientras ellas interceden en los procesos que est&aacute;n fuera del dominio humano.</p>      <p align="center"><a name="fig2"><img src="img/revistas/rcan/v50n1/v50n1a06f2.jpg"></a></p>       <p align="justify">En la v&iacute;spera de la llegada de las <i>almas</i>, los vivos marcan con se&ntilde;ales a los animales que son de su propiedad, con el fin de hacerles saber que tienen due&ntilde;o. Una tarde de noviembre del 2008, me encontraba en el corral de don Gonz&aacute;lez observando c&oacute;mo &eacute;l <i>se&ntilde;alaba</i> unas pocas llamas. La se&ntilde;a consist&iacute;a en decorar a los animales con flores de lana para significar la pertenencia. Cuando divisamos en el horizonte los remolinos de viento y tierra que se aproximaban hacia nosotros, do&ntilde;a Juliana, la esposa de don Gonz&aacute;lez, comenz&oacute; a agitar desesperadamente unos pa&ntilde;os. La mujer invoc&oacute; el alma de su madre y otras almas ligadas a la familia y el conjuro surti&oacute; efecto. M&aacute;s tarde, do&ntilde;a Juliana me explic&oacute; que las <i>almas</i> pueden llevar el ganado consigo al mundo de los muertos si creen que este no tiene due&ntilde;o porque no est&aacute; se&ntilde;alado.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La novena inicia el 1.&ordm; de noviembre en la capilla y las casas. En la capilla, un &aacute;mbito p&uacute;blico, los devotos rezan a todos los muertos del poblado y al conjunto universal de las almas. En la casa, las personas se re&uacute;nen alrededor del altar familiar para dedicar a las almas oraciones y una mesa repleta de v&iacute;veres. Esta es una pr&aacute;ctica que ocurre en otras poblaciones de los Andes sudamericanos (Fern&aacute;ndez Ju&aacute;rez 2006). Los preparativos comienzan semanas antes, con la compra de materiales provenientes de la ciudad de Santa Mar&iacute;a para la elaboraci&oacute;n de coronas de flores de papel y de ingredientes para los alimentos. Debido a la relevancia que tienen los muertos, han proliferado especialistas en la confecci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de las ofrendas florales. Esta es una tarea que las personas tambi&eacute;n realizan en el hogar.</p>      <p align="justify">El juego ocurre siempre en casa de alguien. Una familia que lo practica hace part&iacute;cipes a otras personas. La noche en que do&ntilde;a Carlota nos convid&oacute; a participar del ritual en su casa, por ejemplo, me encontraba con don Fuenzalida, chofer de la camioneta que transporta bienes y personas entre Santa Mar&iacute;a y El Caj&oacute;n, quien tambi&eacute;n fue invitado. Adem&aacute;s, estaban los sobrinos de la due&ntilde;a de casa y cinco ocasionales viajeros provenientes de la provincia de C&oacute;rdoba (Argentina), quienes, como plan personal, colectaban ropa y luego la distribu&iacute;an en caser&iacute;os elegidos al azar, adonde iban espec&iacute;ficamente con ese fin. En este caso, se hab&iacute;an enterado de la existencia del poblado a partir de la lectura en Internet de un art&iacute;culo cient&iacute;fico. Estuve con el mismo conjunto de personas en otra partida del juego que se realiz&oacute; en casa de don Reino, yerno de do&ntilde;a Carlota.</p>      <p align="justify">El escenario es, por regla general, la mesa. En ocasiones, la acci&oacute;n se desarrolla contigua a esta, que aparece colmada de alimentos, preparada para el difunto de la familia y dispuesta a veces en otro recinto especial donde se encuentra el altar familiar. Este altar es el eje central cuando se instaura el nuevo hogar, erigido sobre una peque&ntilde;a mesa en un rinc&oacute;n de la casa, e inaugurado a partir de la compra de la estatuilla de un santo por el que la pareja que acaba de unirse guarda especial devoci&oacute;n. Con el paso del tiempo, suelen ir incorpor&aacute;ndose nuevas figurillas y estampas de papel. De este modo, muchas casas tienen a san Bartolom&eacute; como personaje principal de su altar, a quien atribuyen el bienestar y la reproducci&oacute;n de las cabras. San Juan es considerado protector de las ovejas y san Antonio est&aacute; dedicado al cuidado de las llamas. Se trata, pues, del lugar de protecci&oacute;n de la casa, especialmente propicio para la comunicaci&oacute;n con Dios, Cristo y los correspondientes santos.</p>      <p align="justify">Otras partidas l&uacute;dicas se practican en El Caj&oacute;n durante el ciclo ritual o en la vida diaria. La <i>taba</i>, por ejemplo, consiste en arrojar un hueso de vaca (el astr&aacute;galo) y se realiza el 25 de julio, d&iacute;a de Santiago Ap&oacute;stol. Partidas de naipes como el <i>truco </i>son formas de honrar al santo. Quien obtiene la mayor cantidad de puntos utilizando las tres cartas de las que dispone gana las apuestas en dinero y las destina a la adquisici&oacute;n de nuevas ropas para el santo, que est&aacute; a cargo de un s&iacute;ndico. &iquest;Qu&eacute; distingue al juego de los carozos de otros juegos? En &eacute;l no existen apuestas en dinero y puede decirse que nadie resulta vencedor ni vencido. Su meta no es el mero pasatiempo, sino ofrecer una cantidad precisa de oraciones a cada difunto pues es este, en &uacute;ltima instancia y tal como analizaremos, el actor principal, ya que expresa su deseo a trav&eacute;s de la manipulaci&oacute;n de los carozos.</p>      <p><font size="3"><b>El juego de los carozos </b></font></p>      <p align="justify"> Cuando se les consulta a las personas el porqu&eacute; de la elecci&oacute;n de los carozos de durazno, responden que las semillas facilitan la ca&iacute;da en mitades y la correcta interpretaci&oacute;n de cada secuencia. No hay un v&iacute;nculo entre el uso de los carozos de durazno y otros contextos rituales, aunque resulta sugerente que se utilicen cuatro mitades y que las interpretaciones que orientan el rezo a las <i>almas </i>sean siempre las que implican la distribuci&oacute;n en pares. En El Caj&oacute;n hay otros rituales que requieren de cuatro subunidades, como el barrido de las cuatro esquinas de la casa el d&iacute;a previo al 1.&ordm; de agosto y, tambi&eacute;n, cuando fallece una persona. Estos son criterios de cuadripartici&oacute;n, dualismo y dualismo alternante, los cuales han sido documentados en extenso para el territorio geogr&aacute;fico andino (Rivi&egrave;re 1983; Wachtel 2001).</p>      <p align="justify">En este juego, hombres, mujeres y ni&ntilde;os arrojan las mitades de carozos de durazno. Inicia cerca de las ocho de la noche, cuando se oculta por completo el sol a principios del mes de noviembre. Durante su ejecuci&oacute;n, invocan a las <i>almas </i>que vivieron o fallecieron dentro y fuera del poblado de El Caj&oacute;n. La noche es principalmente el dominio de los muertos. Frecuentemente, durante su transcurso es cuando ellos pueden presentarse frente a los vivos y provocarles una enfermedad llamada <i>susto</i>. Esta consiste en la p&eacute;rdida temporal del<i> alma</i>, que moment&aacute;neamente pasa a ser dominio del <i>maligno</i>, y que debe ser integrada por un especialista ritual. De ah&iacute; que las caminatas nocturnas suelan evitarse.</p>      <p align="justify">Para practicar el juego no son necesarios tableros ni casillas, sino apenas una mesa despojada de todo tipo de objetos y con bancos de madera. Las personas se sientan all&iacute; de forma espont&aacute;nea, sin seguir ninguna pauta de ordenamiento espec&iacute;fico (<a href="#fig2">figura 2</a>). Cada difunto que es mencionado tiene un grado de parentesco con el jugador, quien expresa en voz alta el nombre y el tipo de v&iacute;nculo con el antepasado que recuerda.</p>      <p align="justify">La partida moviliza a los miembros de la familia consangu&iacute;nea, sea que habiten o no en el hogar en donde tiene lugar la reuni&oacute;n, y a invitados ocasionales. A su vez, participan las personas incorporadas a la familia por alianzas matrimoniales, quienes integran al esquema la informaci&oacute;n proveniente de sus propios antepasados. La familia due&ntilde;a de la casa donde el juego se realiza nombra una cantidad mayor de antepasados que los invitados y las personas unidas a ellos por alianza matrimonial. Esto sucede dentro de la propia din&aacute;mica de reproducci&oacute;n de cada hogar, de modo que el n&uacute;mero de hermanos, t&iacute;os, etc. puede variar. El juego contin&uacute;a hasta que todas las personas hayan invocado la totalidad de fallecidos que recuerdan. Por eso, cuando un participante ya ha nombrado a todos sus ascendientes fallecidos y le toca un nuevo turno para arrojar las mitades de carozos, puede pedir autorizaci&oacute;n para invocar al familiar muerto de otro asistente. Tambi&eacute;n est&aacute; permitido integrar un difunto con el que se guardaron relaciones de amistad e, incluso, muertos recientes de la realidad contempor&aacute;nea. Por ejemplo, durante la partida que se desarroll&oacute; en casa de do&ntilde;a Carlota en el 2008, don Fuenzalida rez&oacute; por Pedro Pompilio, por entonces presidente del Club Atl&eacute;tico Boca Juniors, quien hab&iacute;a fallecido d&iacute;as antes. Esto condujo a risas generalizadas, porque el clima social no es solemne sino alegre y de cierta camarader&iacute;a.</p>      <p align="justify">Previo al inicio, los participantes pactan qu&eacute; oraciones del ritual cristiano se rezar&aacute;n. Por regla general, se trata del padrenuestro y el avemar&iacute;a. El juego comienza cuando un asistente se ofrece a iniciarlo. El voluntario toma en sus manos cuatro mitades de carozos id&eacute;nticas y las agita entre su manos mientras enuncia la f&oacute;rmula "Para mi abuelo..." y, acto seguido, arroja las mitades de carozos sobre la mesa. Al caer de una manera espec&iacute;fica, estas expresan la voluntad del muerto en lo referido a la cantidad de oraciones que espera se le brinden.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esquematizar&eacute; este proceso. Llamar&eacute; A a quien inicia la partida y, sucesivamente, B, C, D, etc. a quienes la contin&uacute;an. La interpretaci&oacute;n es sencilla: si las mitades de carozos arrojados por A caen en n&uacute;mero impar, es decir, tres <i>antarquitos </i>(con el lado c&oacute;ncavo hacia arriba) y uno <i>volcadito </i>(con el lado c&oacute;ncavo hacia abajo), o bien tres volcaditos y uno antarquito, A reza a su familiar. En cambio, si caen en n&uacute;mero par (ya sea antarquitos o volcaditos), B reza al familiar de A cuyo nombre fue enunciado. Si A obtuvo cuatro antarquitos o cuatro volcaditos, B deber&aacute; rezar dos padrenuestros. B se encuentra ubicado a la derecha de A. De este modo, la direcci&oacute;n de los turnos es hacia el lado derecho y en el sentido contrario a las agujas del reloj<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. Ahora bien, A conserva el turno de tiro y arroja nuevamente los carozos. Si los t&eacute;rminos pares persisten, contin&uacute;a rezando C. El mismo procedimiento sigue con D, E, etc., y se interrumpe cuando A obtenga t&eacute;rminos impares (tambi&eacute;n denominado <i>nones</i> por la gente de El Caj&oacute;n). Entonces, cede el turno de tiro a B, quien inicia el proceso nuevamente. La secuencia sigue en c&iacute;rculos, en patr&oacute;n continuo, durante un lapso de tiempo indefinido. El juego concluye cuando las personas han podido enunciar a todos sus antepasados y rezar por cada uno de ellos (<a href="#fig3">figura 3</a>).</p>      <p align="center"><a name="fig3"><img src="img/revistas/rcan/v50n1/v50n1a06f3.jpg"></a></p>       <p align="justify">Por lo general, las personas pueden recordar hasta tres o cuatro grados de parentesco, pues, siguiendo el esquema del juego que puntualizamos, frecuentemente rememoran los datos de sus bisabuelos. Algunas veces, esta informaci&oacute;n llega a alcanzar los datos de personas que vivieron durante el siglo XIX.</p>      <p align="justify">Este ritual es un mecanismo por el cual los vivos recuerdan a sus muertos. Asimismo, es expresi&oacute;n de la voluntad de las <i>almas </i>en lo referido a la cantidad de oraciones que esperan. De ellas depende la distribuci&oacute;n de las mitades de carozos sobre el espacio donde se arrojan. Tambi&eacute;n a ellas se les atribuyen las lluvias, interpretadas como las l&aacute;grimas de los muertos frente al incumplimiento de las pautas de reciprocidad por parte de los vivos (Alberti y Mayer 1974). Si la flama de las velas que los hombres ofrendan en las tumbas el 2 de noviembre se enciende, el hecho es interpretado como una se&ntilde;al de satisfacci&oacute;n de las <i>almas</i>. Por el contrario, el hecho de que se apaguen expresar&iacute;a su disgusto ante fallas de las personas en cuanto a la reciprocidad debida, como el incumplimiento de las visitas a los cementerios que deben realizar los d&iacute;as lunes. Cuando las fronteras que separan el mundo de los vivos del de los muertos se vuelven m&aacute;s permeables, este tipo de indicios son considerados como el dictamen mediante el cual los muertos expresan su satisfacci&oacute;n (o su disgusto) por el cumplimiento (o incumplimiento) en lo que respecta a los dones en alimentos, bebidas y oraciones recibidos el a&ntilde;o anterior.</p>      <p align="justify">El juego de los carozos no es una ocasi&oacute;n para la competencia o la rivalidad. No se considera relevante reparar en el n&uacute;mero de oraciones que pronunci&oacute; cada participante ni en la cantidad de ascendientes que invoc&oacute;. Tampoco se desarrolla de manera tal que existan ganadores o perdedores. El prop&oacute;sito o finalidad es, m&aacute;s bien, hacer visible ante la sociedad qui&eacute;nes son los candidatos permitidos y prohibidos para establecer alianzas matrimoniales.</p>      <p><font size="3"><b>La memoria sobre los antepasados </b></font></p>      <p align="justify"> Para la gente de El Caj&oacute;n, es importante determinar entre qui&eacute;nes es posible escoger pareja. En otra investigaci&oacute;n (Mart&iacute;nez 2013b), he sugerido que, aunque la endogamia y el adulterio pueden ser tolerados, en El Caj&oacute;n existe una serie de mecanismos (como el rumor) tendientes a controlar los actos individuales con el objeto de vigilar los intercambios sexuales entre parientes. En algunas ocasiones, las inculpaciones de incesto llevan a una ruptura de los lazos sociales entre el acusado y el grupo (Mart&iacute;nez 2013b).</p>      <p align="justify">La endogamia, el adulterio y el incesto son t&oacute;picos frecuentes en las conversaciones de la gente de El Caj&oacute;n, en especial si sus interlocutores son for&aacute;neos. Por ejemplo, una tarde de febrero del 2007, Reino y yo habl&aacute;bamos sentados en la entrada de su casa. &Eacute;l me contaba que hab&iacute;a nacido en Chaupimayo, camino a Ovejer&iacute;a (hacia el norte, siguiendo la direcci&oacute;n del valle de El Caj&oacute;n), y que hab&iacute;a migrado a El Caj&oacute;n para casarse con Teresa, una mujer de all&iacute;. Despu&eacute;s de describir varias vi&ntilde;etas sobre su ni&ntilde;ez, dijo que su yerno Ricardo lleva, al igual que &eacute;l mismo, el apellido Condor&iacute;. Y sentenci&oacute;: "Ricardo es Condor&iacute; pero ha nacido en La Hoyada<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. Los Condor&iacute; de La Hoyada son morochos y petisos. Nosotros somos rubios y m&aacute;s altos. Ellos son otra raza de Condor&iacute;es".</p>      <p align="justify">Este modo en que la gente de El Caj&oacute;n se describe frecuentemente a s&iacute; misma frente a personas de otros sitios podr&iacute;a estar vinculado con dos acciones que mencion&eacute; al inicio. Una refiere a las pol&iacute;ticas de la iglesia local, tendientes a sugerirles que se casen con parejas de otros poblados. La otra, con el modo en que son conceptualizados por la gente de la ciudad, como campesinos "atrasados", carentes de principios b&aacute;sicos, como la elecci&oacute;n de parejas entre personas que no son sus parientes. Pero, aunque es posible proponer hip&oacute;tesis acerca del modo en que estos factores est&aacute;n influyendo, las conclusiones al respecto ser&iacute;an apresuradas. Afirmarlas requerir&iacute;a de una investigaci&oacute;n exhaustiva que, en rigor, estoy realizando en este momento.</p>      <p align="justify">Lo que s&iacute; puedo sostener, sin embargo, es que la gente del lugar ha elaborado una serie de estrategias para enfrentar los prejuicios externos relacionados con los intercambios sexuales no permitidos. Por ejemplo, la documentaci&oacute;n del registro civil puede incluir, de ser necesario, una peque&ntilde;a "modificaci&oacute;n". As&iacute;, los hijos <i>naturales</i><sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> de padres que han pasado un corto tiempo en el lugar y migraron reciben el apellido de ellos. Pero los progenitores masculinos no siempre conocen la inscripci&oacute;n de estos ni&ntilde;os como sus hijos. El proceso de esa anotaci&oacute;n en el Registro Civil se realiza bajo el argumento de que es necesario evitar que los peque&ntilde;os vayan a casarse con sus parientes sin notarlo, una vez hayan crecido y migrado. La "amnesia geneal&oacute;gica" u "olvido consensuado" (Abercrombie 2006, 425) de la relaci&oacute;n de parentesco que une a una pareja es un recurso al que siempre se puede acudir para sostener una familia ya constituida de hecho.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entonces, en este contexto y en relaci&oacute;n con el juego de los carozos, &iquest;cu&aacute;l es el sentido de ordenar a los antepasados en complejas secuencias una vez al a&ntilde;o, a lo largo de un ritual que se extiende durante casi toda la noche? El juego es una clase de memoria geneal&oacute;gica que tiene como objetivo central identificar la posici&oacute;n estructural de cada difunto dentro de la red social, relacion&aacute;ndolo con otros dentro de un sistema de parentesco m&aacute;s amplio. De este modo, todo el grupo que est&aacute; participando puede identificar, a partir de su enunciaci&oacute;n o la del resto de la familia, cu&aacute;les son sus parientes lineales y colaterales y, con ello, sentar las bases sobre las que se regulan las uniones prohibidas (L&eacute;vi-Strauss 1993). Se trata de un canal de transmisi&oacute;n que, frecuentemente, alcanza tres o cuatro grados de parentesco, m&aacute;s all&aacute; del cual el recuerdo comienza a vacilar. No tiene, por supuesto, un objetivo estrictamente de entretenimiento. Por ello es que no se practica en el contexto funerario ni en ning&uacute;n otro momento que no sea el lapso que transcurre entre la noche del l.&deg; de noviembre y la madrugada del 2. Ese es el tiempo ritual en que las <i>almas</i> de cada familia &mdash;es decir, la totalidad de los antepasados muertos de la gente de El Caj&oacute;n&mdash; retornan a visitar a los vivos, y se renuevan as&iacute; los lazos de reciprocidad que los unen.</p>      <p align="justify">Esta forma de recordar a los antepasados, junto con otros casos, como las complejas secuencias rituales dedicadas al rayo que tambi&eacute;n se realizan en el noroeste argentino (Bugallo 2009), son mecanismos de memoria sustentados en dispositivos que no necesariamente apelan a la escritura en papel (Abercrombie 2006). En el contexto de El Caj&oacute;n, la memoria se sostiene en la pr&aacute;ctica ritual, como es el caso del juego de los carozos, pero tambi&eacute;n en un soporte material, como la documentaci&oacute;n del Registro Civil, pues ambos sistemas se complementan (Howard-Malverde 1999).</p>      <p><font size="3"><b>Consideraciones finales </b></font></p>      <p align="justify"> En este art&iacute;culo he descrito la centralidad de un juego para dar cuenta de la forma en que este se vincula con elementos de la organizaci&oacute;n social y la ceremonia religiosa, en un tiempo ritual en el que la totalidad de los difuntos del grupo es reme-morada por el poblado de El Caj&oacute;n. El hecho de que el juego se inserte en este tiempo socialmente significativo es un elemento central para el an&aacute;lisis, porque permite repensar las pr&aacute;cticas l&uacute;dicas como fen&oacute;menos que simbolizan formas de relaci&oacute;n social que afianzan ciertos valores asociados al parentesco.</p>      <p align="justify">Como he referido, esta forma l&uacute;dica asociada al parentesco redefine el horizonte geneal&oacute;gico entre los vivos y los muertos, al desplegar v&iacute;nculos de alianza y filiaci&oacute;n. De este modo, la memoria ordena el conocimiento de los difuntos y puede alcanzar los nombres de los antepasados nacidos en el siglo XIX. Tambi&eacute;n incluye a las personas fallecidas en otros sitios geogr&aacute;ficos. Como mencionamos, esta ilaci&oacute;n, sin embargo, no sigue una secuencia fija en la que, por ejemplo, primero se mencione a los padres, luego a los abuelos, etc. Como resultado, el ritual permite actualizar el conocimiento de los antepasados m&aacute;s remotos que los vivos pueden recordar. Este orden, en el que los vivos mencionan a cada antepasado y su relaci&oacute;n con &eacute;l, permite organizar a las personas en su l&iacute;nea de ascendencia, lo cual pone en evidencia los candidatos adecuados para los intercambios matrimoniales. Aqu&iacute; la participaci&oacute;n de la totalidad de los miembros del grupo familiar, incluidos los ni&ntilde;os, resulta central. Son ellos los que, principalmente, a partir de estas secuencias de enunciaci&oacute;n, conocer&aacute;n a los antepasados fallecidos con los que no convivieron y de los que, tal vez, no est&eacute;n al tanto. As&iacute;, por ejemplo, un infante aprender&aacute; qui&eacute;n es la hermana fallecida de su propio abuelo. A partir de otras secuencias de enunciaci&oacute;n en las que esta misma mujer sea mencionada, ese ni&ntilde;o podr&aacute; identificar a los descendientes de ella, que ser&aacute;n tambi&eacute;n sus parientes.</p>      <p align="justify">Se trata, entonces, de un mecanismo de identificaci&oacute;n que ejercita la memoria geneal&oacute;gica, y esto le confiere un valor que desborda la concepci&oacute;n misma del juego como un acto poco serio, asociado al esparcimiento. Remite a una articulaci&oacute;n entre los vivos y los muertos, a las consecuencias de las vinculaciones entre ambas partes, pero tambi&eacute;n, a pasajes importantes del mundo de los vivos, como los lazos matrimoniales posibles.</p>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>      <p align="justify"><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> El <i>alma</i> forma parte central de la estructura ontol&oacute;gica cajonista. Se trata de una noci&oacute;n ambivalente. Es corporal, porque su ausencia temporal implica que la persona est&aacute; incompleta, no funciona adecuadamente sin ella. Pero, a la par, es extracorp&oacute;rea, debido a que es independiente del cuerpo: puede vagar fuera de &eacute;l antes y despu&eacute;s de la muerte. Se trata de un concepto complejo que no puede ser explicado a partir de ideas como material/inmaterial o interior/exterior, derivadas del dualismo cartesiano (Mart&iacute;nez 2011).</p>      <p align="justify"><sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Adem&aacute;s de Todos los Santos, Semana Santa es otro momento en que aumenta la fluidez de la comunicaci&oacute;n entre los vivos y sus difuntos. Este proceso ha sido estudiado por Fern&aacute;ndez Ju&aacute;rez (1996) en la poblaci&oacute;n aymara que habita en el cant&oacute;n Allajta Grande y en La Paz (Bolivia). Tambi&eacute;n ha sido analizado en mi investigaci&oacute;n doctoral sobre la gente de El Caj&oacute;n (Mart&iacute;nez 2011).</p>      <p align="justify"><sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> En El Caj&oacute;n, el lado derecho est&aacute; relacionado con la fertilidad, la abundancia y la efectividad en las pr&aacute;cticas curativas. A su vez, diversos rituales se realizan en sentido contrario a las agujas del reloj, por ejemplo, las procesiones.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> Esta localidad se sit&uacute;a al sur de El Caj&oacute;n.</p>      <p align="justify"><sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup> Con esta palabra se designa a los ni&ntilde;os cuyas madres no tienen una pareja conocida a la que pueda adscribirse la paternidad del infante.</p>  <hr>     <p align="justify"><font size="3"><b>Referencias </b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify">Abercrombie, Thomas. 2006. <i>Caminos de la memoria y el poder. Etnograf&iacute;a e historia en una comunidad andina</i>. La Paz: IFEA; IEB; ASDI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0486-6525201400010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Alberti, Giorgio y Enrique Mayer. 1974. "Reciprocidad andina: ayer y hoy". En <i>Reciprocidad e intercambio en los Andes peruanos</i>, compilado por Giorgio Alberti y Enrique Mayer, 13-33. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0486-6525201400010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Bell, Catherine. 1992. <i>Ritual. Perspectives and Dimensions</i>. Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0486-6525201400010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Bugallo, Lucila. 2009. "Quipildores: marcas del rayo en el espacio de la puna juje&ntilde;a". <i>Cuadernos de la Universidad Nacional de Jujuy</i> 36: 177-202.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0486-6525201400010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Carter, William. 1968. "Secular Reinforcement in Aymara Death Ritual". <i>American Anthropologist </i>70: 238-263.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0486-6525201400010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">De Hoyos, Mar&iacute;a. 2001. "Saliendo el caj&oacute;n por el r&iacute;o Jord&aacute;n: costumbres funerarias en el valle del Caj&oacute;n". <i>Chungara. Revista de Antropolog&iacute;a Chilena </i>33 (2): 249-252.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0486-6525201400010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Fern&aacute;ndez Ju&aacute;rez, Gerardo. 1996. "El mundo 'abierto': agosto y Semana Santa en las celebraciones rituales aymaras". <i>Revista Espa&ntilde;ola de Antropolog&iacute;a Americana</i> 26: 205-229.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0486-6525201400010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">&mdash;. 2006. "<i>Apxatas</i> de difuntos en el altiplano aymara de Bolivia". <i>Revista Espa&ntilde;ola de Antropolog&iacute;a Americana</i> 36 (1): 165-182.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0486-6525201400010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">&mdash;. 2007. "Un difunto en el altar: los 'ni&ntilde;os difuntos' y su relevancia ceremonial en los Andes". En <i>Etnograf&iacute;as de la muerte y las culturas en Am&eacute;rica Latina</i>, coordinado por Juan Antonio Flores Martos y Luisa Abad Gonz&aacute;lez, 183-208. Cuenca: Universidad de Castilla, La Mancha.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0486-6525201400010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Gentile Lafaille, Margarita. 1998. "La <i>pichca</i>: or&aacute;culo y juego de fortuna (su persistencia en el espacio y tiempo andinos)". <i>Bulletin de l'Institut Fran&ccedil;ais d'&Eacute;tudes Andines</i> 27 (1): 75-131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0486-6525201400010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Harris, Olivia. 1983. "Los muertos y los diablos entre los laymi de Bolivia". <i>Chungara. Revista de Antropolog&iacute;a Chilena</i> 11: 135-152.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0486-6525201400010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Howard-Malverde, Rosaleen. 1999. "Pautas te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas para el estudio de la historia oral andina contempor&aacute;nea". En <i>Tradici&oacute;n oral andina y amaz&oacute;nica</i>, compilado por Juan Carlos Godenzzi Alegre, 339-385. Cuzco: CERABC; Proeib Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0486-6525201400010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Leach, Edmund. 1966. "Ritualization in Man". <i>Philosophical Transactions of the Royal Society of London B</i> 251 (772): 403-408.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0486-6525201400010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">L&eacute;vi-Strauss, Claude. 1993. <i>Las estructuras elementales del parentesco. </i>Vols. I y II. Barcelona: Planeta-DeAgostini.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0486-6525201400010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Mart&iacute;nez, B&aacute;rbara. 2011. "R&iacute;os de agua, r&iacute;os de leche y r&iacute;os de sangre. Traves&iacute;as cosmol&oacute;gicas del alma cajonista". Tesis doctoral no publicada, Departamento de Antropolog&iacute;a, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad de Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0486-6525201400010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">&mdash;. 2013a. "Imaginarios, interrelaci&oacute;n y transformaci&oacute;n social: El Caj&oacute;n entre la 'modernidad' y el 'proteccionismo'". <i>Estudios sobre las Culturas Contempor&aacute;neas</i> 19 (38): 73-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0486-6525201400010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">&mdash;. 2013b. "Taxonom&iacute;as de la muerte: suicidio, incesto y reciprocidad en El Caj&oacute;n (Catamarca, Argentina)". <i>Nouveau Monde Mondes Nouveaux</i>. Consultado el 22 de diciembre de 2013. <a href="http://nuevomundo.revues.org/65771" target="_blank">http://nuevomundo.revues.org/65771</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0486-6525201400010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Ord&oacute;&ntilde;ez Carpio, Santiago. 2004. "El juego del huayru o pishca. Una aproximaci&oacute;n a la reestructuraci&oacute;n del cambio y la muerte en los Andes". Tesis de maestr&iacute;a, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Ecuador; Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolom&eacute; de las Casas, Quito. 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"Quadripartition et id&eacute;ologie dans les communaut&eacute;s aymaras de Carangas (Bolivie)". <i>Bulletin de l'Institut Fran&ccedil;ais d'&Eacute;tudes Andines </i>12 (3-4): 41-62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0486-6525201400010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Robin Azevedo, Val&eacute;rie. 2008. <i>Miroirs de l&acute;autre vie. Pratiques rituelles et discours sur les morts dans les Andes de Cuzco (P&eacute;rou)</i>. 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"Reflexiones acerca del hombre que enfrenta su muerte". <i>Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy</i> 5: 229-251.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0486-6525201400010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Turner, Victor. 1980. <i>La selva de los s&iacute;mbolos</i>. Madrid: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0486-6525201400010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Van Kessel, Juan. 2001. "El ritual mortuorio de los aymara de Tarapac&aacute; como vivencia y crianza de la vida". <i>Chungara. Revista de Antropolog&iacute;a Chilena </i>33 (2): 221-234.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0486-6525201400010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Vilca, Mario. 2009. "Los ojos cerrados a la espera del sol maduro. La celebraci&oacute;n de las almas en Llamer&iacute;as, puna de Jujuy". <i>Estudios de Filosof&iacute;a Pr&aacute;ctica e Historia de las Ideas </i>11 (1): 45-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0486-6525201400010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Wachtel, Nathan. 2001. <i>El regreso de los antepasados. Los indios urus de Bolivia, del siglo XX al XVI</i>. <i>Ensayo de historia regresiva. </i>M&eacute;xico D. 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