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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>Usos y sentidos contempor&aacute;neos de lo p&uacute;blico </b></font></P>      <p>La aproximaci&oacute;n a los sentidos contempor&aacute;neos de lo p&uacute;blico en el <I>dossier </I>central de la <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I> refleja el inter&eacute;s de algunos investigadores por identificar los rumbos de lo pol&iacute;tico en el giro neoliberal del estado<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. Al mismo tiempo, el <I>dossier </I>interroga la posibilidad de establecer una n&iacute;tida distinci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado, y cuestiona el sentido de lo p&uacute;blico como espacio asociado de manera privilegiada a los &aacute;mbitos del estado<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. En este sentido, las perspectivas ofrecidas por los art&iacute;culos objetan las apuestas sobre lo p&uacute;blico heredadas del periodo entre los a&ntilde;os cincuenta y setenta, en las que el estado se conceb&iacute;a como &quot;el tutor y garante de la organizaci&oacute;n corporativa de la sociedad&quot; (Rabotnikof y Aibar 2012, 55), y nos confrontan con el desvanecimiento de la carga moral que alguna vez asociamos con la defensa de lo p&uacute;blico.</p>      <P>Para repensar las concepciones de lo p&uacute;blico, los autores en este volumen nos remiten a una serie de transformaciones asociadas a la ola de liberalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y los mercados globales, a la ampliaci&oacute;n de las esferas de gobierno de las poblaciones por medio de la regulaci&oacute;n de &aacute;mbitos considerados hasta ahora privados, o a la ampliaci&oacute;n de la esfera p&uacute;blica y el aumento de control econ&oacute;mico y pol&iacute;tico sobre esta. Sus contribuciones identifican transformaciones en los sentidos y los usos contempor&aacute;neos de lo p&uacute;blico, especialmente a partir del an&aacute;lisis de experiencias contempor&aacute;neas en las que el estado y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, el bien com&uacute;n, los p&uacute;blicos y el espacio p&uacute;blico se enfrentan al avance de la privatizaci&oacute;n, bien sea por medio de la participaci&oacute;n de intermediarios &mdash;nacionales o internacionales&mdash;, quienes asumen funciones de gobierno que hasta hace poco eran de manejo exclusivo del estado, o de la modificaci&oacute;n de reglamentaciones pol&iacute;ticas a trav&eacute;s del creciente poder de instituciones supranacionales.</p>      <P>En este contexto, como lo sugiere Hibou (2013), la soberan&iacute;a de los estados se reconfigura ampliando la frontera entre lo legal y lo ilegal, lo p&uacute;blico y lo privado, lo econ&oacute;mico y lo pol&iacute;tico. En el proceso, la supuesta autoridad y capacidad de gobierno que detentan los estados, tanto de los pa&iacute;ses en desarrollo como de los pa&iacute;ses noratl&aacute;nticos, se sustenta cada vez m&aacute;s en el papel que pueden asumir para dirimir conflictos en los m&aacute;rgenes de ambig&uuml;edad que ellos mismos han contribuido a construir &mdash;tal como lo establece Hibou en este n&uacute;mero&mdash;.</p>      <P>Por otra parte, pensar en los cambiantes sentidos de lo p&uacute;blico es un llamado de atenci&oacute;n sobre la centralidad que la definici&oacute;n de una esfera p&uacute;blica, entendida como un conjunto de intereses y proyectos cuya visibilidad y discusi&oacute;n son consideradas importantes en la agenda medi&aacute;tica y la cotidianidad ciudadana, tiene en la definici&oacute;n de lo pol&iacute;tico. Por tal motivo, los debates sobre la formaci&oacute;n de una esfera p&uacute;blica moderna, que han sido fundamentales para pensar en los l&iacute;mites de las democracias existentes (Fraser 1997), en la formaci&oacute;n de las subjetividades pol&iacute;ticas (Cody 2011) e incluso en la producci&oacute;n de <I>contrap&uacute;blicos</I>, que ponen en cuesti&oacute;n la necesidad de derechos diferenciales (Warner 2002), se han retomado ampliamente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os para analizar las transformaciones que vivimos, en un contexto dominado por una racionalidad neoliberal que ha puesto en jaque la posibilidad del proyecto democr&aacute;tico existente.</p>      <P>En su ensayo &quot;Estado, gobierno y sociedad&quot;, Norberto Bobbio se refer&iacute;a a la relaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado como la gran dicotom&iacute;a en la historia del pensamiento pol&iacute;tico, cuyo uso constante resid&iacute;a, en gran parte, en su utilidad para</P> <ol>dividir un universo en dos esferas, conjuntamente exhaustivas, en el     <br> sentido de que todos los elementos de ese universo quedan incluidos     <br> en ellas sin excluir a ninguno, y rec&iacute;procamente exclusivas, en el sentido    <br>  de que un ente comprometido en la primera no puede ser al mismo     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> tiempo comprendido en la segunda. (&#91;1981&#93; 1997, 11-12)     </ol>      <P>De aqu&iacute; que los dos t&eacute;rminos de la dicotom&iacute;a pudieran definirse de manera interdependiente, si bien uno de ellos tiene prelaci&oacute;n o relativa supremac&iacute;a, al menos en el campo del derecho, para definir al otro. En este caso, lo privado encontraba su definici&oacute;n como <I>lo no p&uacute;blico</I> y el derecho privado se somet&iacute;a al derecho p&uacute;blico en la medida en que este no pod&iacute;a ser modificado &quot;por pactos entre terceros&quot; (Bobbio &#91;1981&#93; 1997, 14).</p>      <P>Hoy, este sentido de exhaustividad que detentaba la dicotom&iacute;a p&uacute;blico/ privado, as&iacute; como el predominio de lo p&uacute;blico para definir lo privado, parecieran estar en entredicho. Los intereses y la participaci&oacute;n de agentes privados que se posicionan y visibilizan de manera prominente en el &aacute;mbito que antes se delimitaba como p&uacute;blico han generado una contienda entre juicios de valor que alimenta el debate pol&iacute;tico.</p>      <P>En consecuencia, el an&aacute;lisis de los cambios hist&oacute;ricos que experimenta esta dicotom&iacute;a y su aparente inestabilidad actual por la aparici&oacute;n de un tercer espacio de articulaciones p&uacute;blico-privadas demanda nuevas aproximaciones. Nora Rabotnikof (2008) ha propuesto pensar lo p&uacute;blico en el entrecruce de tres tensiones: lo visible y lo no visible, lo accesible y lo no accesible, y la utilidad com&uacute;n y la individual. Por supuesto, se trata de una forma esquem&aacute;tica, pero eficaz, de acercarse al complejo campo de relaciones entre lo p&uacute;blico y lo privado, conceptos que solemos definir por oposici&oacute;n, como lo se&ntilde;ala Bobbio (1997), pero que en realidad se interdeterminan e incluso se fusionan de muchas maneras. Lo interesante de la f&oacute;rmula de Rabotnikof es que despliega con claridad una familia de categor&iacute;as para analizar la cuesti&oacute;n de lo p&uacute;blico con los matices necesarios. Por ejemplo, el estado suele encarnar lo p&uacute;blico como lo com&uacute;n, pero no como lo abierto ni lo manifiesto; de hecho, en muchos casos el estado es caracterizado como inaccesible y opaco. Tal vez a esta identificaci&oacute;n entre el estado y lo cerrado corresponda el paulatino acercamiento de lo p&uacute;blico a lo social, una idea que ayuda a pensar la transici&oacute;n del estado liberal de derecho al estado social de derecho y la <I>sociedad civil</I> (Rabotnikof 2008).</p>      <P>A partir de aqu&iacute;, la red de posibles acercamientos al problema de lo p&uacute;blico se ampl&iacute;a. Pero no se trata solamente de los sentidos de lo p&uacute;blico; se trata tambi&eacute;n, y especialmente, de sus usos. O dicho de otro modo: las definiciones y redefiniciones contempor&aacute;neas de lo p&uacute;blico son importantes precisamente porque son usadas en contextos espec&iacute;ficos y para intereses concretos.</p>      <P>Es por esto que los art&iacute;culos aqu&iacute; recogidos exploran los sentidos de lo p&uacute;blico en escenarios diversos. En algunos de ellos se tratan directamente din&aacute;micas de privatizaci&oacute;n de predios urbanos y rurales por v&iacute;as contrastadas de la reconfiguraci&oacute;n de los estados en el giro neoliberal; en otros, en cambio, la transformaci&oacute;n del sentido de lo p&uacute;blico se refiere a procesos que han hecho surgir nuevas voces y nuevas propuestas para su interpretaci&oacute;n, como es el caso de los int&eacute;rpretes de m&uacute;sicas populares y su relaci&oacute;n con un p&uacute;blico que se constituye como sujeto pol&iacute;tico, o el de las trabajadoras sexuales y sus intervenciones en debates p&uacute;blicos para oponerse a los intentos por constre&ntilde;ir su campo de desempe&ntilde;o laboral, sus cuerpos y su derecho a decidir por ambos. En suma, la pregunta por los sentidos de lo p&uacute;blico abre tan diversas posibilidades anal&iacute;ticas que parece necesaria, antes que nada, una reflexi&oacute;n sobre la propia polisemia del t&eacute;rmino.</p>      <p><font size="3"><b>La polisemia o multivocidad del t&eacute;rmino </b></font></p>      <P>Como hemos anotado arriba, Rabotnikof, entre otros autores, ha se&ntilde;alado que la sem&aacute;ntica de <I>lo p&uacute;blico </I>presenta una multivocidad que adjetiva, a la vez que sustancia, significados alusivos a lo com&uacute;n, lo visible y lo abierto, lo que puede llevarnos a considerar que la conceptualizaci&oacute;n del t&eacute;rmino es d&eacute;bil (Rabotnikof y Aibar 2012). En este sentido, los art&iacute;culos del <I>dossier</I> plantean que, si bien la polisemia de lo p&uacute;blico genera problemas al momento de precisar el espacio social al que se refiere, tambi&eacute;n es imprescindible para significar algo que de otro modo no ser&iacute;a posible nombrar. Algo similar sucede con conceptos como <I>identidad </I>y <I>frontera</I>, cuyos amplios campos sem&aacute;nticos merecieron la atenci&oacute;n de las disciplinas sociales en d&eacute;cadas pasadas y cuyos ecos a&uacute;n resuenan<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. Su ambig&uuml;edad, que no ri&ntilde;e con su utilidad, los ubica en esa suerte de conceptos que, al decir de Derrida (citado en Hall 2003), son imprescindibles para pensar aunque tengamos que utilizarlos bajo borr&oacute;n, bajo tachadura.</p>     <P>Podemos, en todo caso, diferenciar campos sem&aacute;nticos con los que se asocia el concepto de lo p&uacute;blico. Sergio de Zubir&iacute;a (2005, 237) ha sugerido que, adem&aacute;s de su identificaci&oacute;n con el estado, lo p&uacute;blico puede designar, o bien una comunidad pol&iacute;tica o civil, una disposici&oacute;n a la pluralidad, una condici&oacute;n de accesibilidad universal y un acuerdo de voluntades sobre los intereses comunes, o bien una representaci&oacute;n de los colectivos sociales admitida por ellos mismos. Estas asociaciones son producto de variaciones hist&oacute;ricas que han respondido a usos concretos de lo p&uacute;blico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En la misma direcci&oacute;n que De Zubir&iacute;a, Francisco Ortega (en este n&uacute;mero) postula una genealog&iacute;a de lo p&uacute;blico en Colombia basada en su investigaci&oacute;n sobre el republicanismo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII. Ortega distingue cuatro categor&iacute;as centrales en la producci&oacute;n hist&oacute;rica de lo p&uacute;blico: rep&uacute;blica, plebe, publicidad y poblaci&oacute;n. Estas cuatro categor&iacute;as anal&iacute;ticas no solo designan momentos hist&oacute;ricos, sino tambi&eacute;n discursos transversales que conviven contempor&aacute;neamente: la rep&uacute;blica, que expresa el ideal de una comunidad pol&iacute;tica justa y libre, orientada hacia el bien com&uacute;n; la poblaci&oacute;n, que funciona como un dispositivo disciplinario orientado a censar, medir y controlar; la publicidad, que idealmente expresa la voluntad general y es instrumento de ilustraci&oacute;n; y, finalmente, el pueblo o &quot;la plebe&quot;, que es el agente pol&iacute;tico y el sujeto de soberan&iacute;a por excelencia. Esta matriz pone de relieve el car&aacute;cter coyuntural de la definici&oacute;n de lo p&uacute;blico, toda vez que est&aacute; determinada por las posibilidades pol&iacute;ticas y conceptuales hist&oacute;ricamente emergentes. En este sentido, Ortega plantea la necesidad de cuestionar algunas nociones popularizadas de lo p&uacute;blico, como su supuesta relaci&oacute;n inseparable con un estado protector, que salvaguarda los valores colectivos y rechaza los intereses privados, particularmente econ&oacute;micos.</p>      <P>Estas perspectivas evidencian que lo p&uacute;blico es susceptible de ser usado pol&iacute;ticamente como una categor&iacute;a administrativa que, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, beneficia intereses privados y resulta funcional a formas regulatorias y estatales del orden pol&iacute;tico neoliberal. Es justamente esta la idea que desarrolla B&eacute;atrice Hibou en su contribuci&oacute;n central a la secci&oacute;n &quot;Cuestiones de m&eacute;todo&quot;, en este n&uacute;mero. La magnificaci&oacute;n de la amenaza que la corrupci&oacute;n y el crimen organizado representan para la democracia mundial, y la ineficacia de los estados para controlarla, se han convertido hoy en excusa privilegiada para fortalecer la dominaci&oacute;n pol&iacute;tica de los estados. Seg&uacute;n Hibou, la renovaci&oacute;n de la intervenci&oacute;n estatal se presenta hoy de manera simult&aacute;nea con la denuncia de la criminalidad asociada con el lavado de dinero, las migraciones ilegales, el contrabando, el tr&aacute;fico de drogas y una serie de actividades que, representadas como amenaza externa, promueven la reificaci&oacute;n de la ley y del estado en aras de la seguridad ciudadana. Las din&aacute;micas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas en las que se inscriben los casos m&aacute;s prominentes del <I>delito econ&oacute;mico</I> en el mundo mediterr&aacute;neo, analizadas por Hibou, evidencian c&oacute;mo los actores asociados con el crimen organizado &mdash;como el contrabandista, el mafioso e incluso el terrorista&mdash; y los intermediarios designados por el estado para su control act&uacute;an en una compleja red de definiciones y negociaciones sobre lo il&iacute;cito, lo ilegal y lo tolerable, cuando sus actividades ya hacen parte de las econom&iacute;as y los ordenamientos de los estados neoliberales.</p>      <P>La l&iacute;nea de an&aacute;lisis sugerida por Hibou nos interesa porque llama a la reflexi&oacute;n sobre los cambios de sentido de lo p&uacute;blico y su relaci&oacute;n con lo privado como reflejo de un mundo pol&iacute;tico y cultural en transformaci&oacute;n constante, que busca adecuarse a la m&aacute;s reciente ola de neoliberalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y los mercados mundiales. Sin embargo, las alternativas anal&iacute;ticas sobre lo p&uacute;blico son, como hemos subrayado, mucho m&aacute;s amplias.</p>      <P>Para conjurar el relativismo que puede conllevar la polisemia de lo p&uacute;blico, y la propia variedad de las tipolog&iacute;as que intentan describirla, nuestra propuesta consiste en distinguir tres planos sem&aacute;nticos: en primer lugar, los p&uacute;blicos, es decir, los sujetos y colectivos que agencian los usos y sentidos de lo p&uacute;blico; en segundo lugar, los espacios y tiempos p&uacute;blicos, o la construcci&oacute;n de territorios, escenarios y temporalidades, institucionales o no, para el desarrollo de la vida colectiva; y en tercer lugar, las pol&iacute;ticas y formas de administraci&oacute;n de lo p&uacute;blico, o la expresi&oacute;n y ejecuci&oacute;n de medidas normativas y tecnolog&iacute;as de gobierno que procuran modelar conductas y garantizar recursos para la consecuci&oacute;n del bienestar social y la gesti&oacute;n de lo social. En cualquiera de estos tres planos se hacen presentes las tensiones del proyecto democr&aacute;tico y liberal moderno en su actual reconfiguraci&oacute;n. En todo caso, son las transformaciones de la producci&oacute;n de p&uacute;blicos, espacios p&uacute;blicos y formas de gobierno en el giro neoliberal las que nos interesan de manera particular.</p>      <P>Enunciar <I>lo p&uacute;blico </I>para sustantivar o adjetivar pr&aacute;cticas, procesos o bienes requiere, por lo tanto, de una precisi&oacute;n que es, por lo menos, compleja y dif&iacute;cil de establecer. Pero es posible se&ntilde;alar algunas constantes en la producci&oacute;n m&aacute;s contempor&aacute;nea de p&uacute;blicos, espacios p&uacute;blicos y formas de gobierno. A continuaci&oacute;n, desarrollaremos dos de estas constantes: por un lado, la reconfiguraci&oacute;n de lo estatal en las actuales formas institucionales de lo p&uacute;blico; por otro, la articulaci&oacute;n de los ideales democr&aacute;ticos modernos &mdash;incluyendo la esfera p&uacute;blica ilustrada&mdash; en el giro neoliberal. Finalmente, presentamos algunas notas sobre los antecedentes de este <I>dossier</I>, deudor de varios debates organizados en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os por el Grupo de Estudios sobre Usos y Sentidos de lo P&uacute;blico.</p>      <p><font size="3"><b>Lo p&uacute;blico y lo estatal </b></font></p>     <P>Hay un renovado inter&eacute;s por la cuesti&oacute;n de lo p&uacute;blico en la actual agenda acad&eacute;mica de las ciencias sociales. Este inter&eacute;s puede explicarse, en parte, por las transformaciones que han sobrevenido a los procesos de privatizaci&oacute;n de servicios, bienes y recursos, otrora controlados por el estado, que han protagonizado debates globales en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La propiedad, y en particular el sentido de propiedad privada de los medios de producci&oacute;n, es uno de estos conceptos clave en la configuraci&oacute;n ideol&oacute;gica del liberalismo que se est&aacute; transformando. En la medida en que las leyes que definen y sostienen la propiedad en el sistema pol&iacute;tico neoliberal actual son piezas indispensables para la imposici&oacute;n del nuevo orden del mercado y de las finanzas, el impulso a la expansi&oacute;n de reg&iacute;menes de delimitaci&oacute;n de propietarios en todos los &aacute;mbitos de la econom&iacute;a est&aacute; a la orden del d&iacute;a.</p>      <P>De ah&iacute; la pertinencia del art&iacute;culo de Gabriela Torres (en este n&uacute;mero), sobre los cambios legislativos que en M&eacute;xico viabilizaron la privatizaci&oacute;n y la mercantilizaci&oacute;n de las tierras ejidales. El caso analizado interroga la manera como se construye el sentido de lo p&uacute;blico en regiones del territorio nacional, bajo jurisdicciones en las que se supone que la propiedad inalienable de las tierras no alberga intereses ni procesos de privatizaci&oacute;n. Torres demuestra que las apropiaciones privadas o individuales y la defensa de lo comunal como p&uacute;blico no son incompatibles. Como se&ntilde;ala su art&iacute;culo, la derogaci&oacute;n del art&iacute;culo 27, que alud&iacute;a a la propiedad comunal de los ejidos en la Constituci&oacute;n pol&iacute;tica mexicana, sac&oacute; a la luz pr&aacute;cticas diversas de privatizaci&oacute;n de facto, ocultas tras los principios de la propiedad colectiva. No obstante, estas pr&aacute;cticas han venido acompa&ntilde;adas de un &eacute;nfasis en el acceso abierto y en el inter&eacute;s colectivo sobre el individual, por parte de comunidades de ejidatarios, para limitar la especulaci&oacute;n. El resultado sugiere una salida ingeniosa a la tensi&oacute;n que se presenta entre los principios que orientan los conceptos de propiedad y comunidad ejidal, as&iacute; como para resolver las contradicciones entre libertad e igualdad en la base de aquellos.</p>      <P>Por otra parte, como lo plantea Hibou (2013), los cambios en los modos de intervenci&oacute;n del estado en la econom&iacute;a, reflejados en los procesos que llamamos <I>globalizaci&oacute;n</I>, <I>mundializaci&oacute;n </I>o <I>internacionalizaci&oacute;n</I>, han hecho surgir esferas p&uacute;blicas globales que han incrementado el poder de direccionamiento de instituciones transnacionales, de manera que han delegado la autoridad del estado en agentes e instituciones privadas. Desde la crisis del estado de bienestar en la Europa continental, expresada en la privatizaci&oacute;n de servicios de seguridad social como las pensiones (Naczyk 2012), hasta las luchas sociales contra la privatizaci&oacute;n de los recursos h&iacute;dricos en Bolivia (Sanz 2006; Spronk 2007), pasando por la participaci&oacute;n de agentes estatales corruptos en procesos de privatizaci&oacute;n en el norte de &Aacute;frica (Hibou 2013), se evidencia el ascenso de agentes privados. Estos debilitan progresivamente la soberan&iacute;a del estado sobre la econom&iacute;a nacional y generan, al decir de Hibou, la metamorfosis que viven hoy los estados y la modificaci&oacute;n de sus estructuras productivas. Es decir, el estado tiene hoy nuevas modalidades de intervenci&oacute;n y de influencia que es necesario examinar para identificar nuevos usos y significados de lo p&uacute;blico.</p>      <P>Un caso interesante que conecta pol&iacute;ticas p&uacute;blicas globales y nacionales, intereses econ&oacute;micos, gobierno de los cuerpos y derechos fundamentales es el que analiza Jos&eacute; Miguel Nieto (en este n&uacute;mero) sobre las transformaciones recientes de la administraci&oacute;n estatal de la prostituci&oacute;n en Colombia. El supuesto avance liberal, en su publicidad y en su conceptualizaci&oacute;n como trabajo sexual, tambi&eacute;n representa un avance en la regulaci&oacute;n de las cadenas econ&oacute;micas detr&aacute;s de esta actividad. Por la v&iacute;a de la categor&iacute;a de trabajo, los cuerpos de las prostitutas entran en el andamiaje de m&uacute;ltiples regulaciones, resistidas por el surgimiento de esferas p&uacute;blicas internacionales que defienden su autonom&iacute;a. En este caso vale la pena preguntarse c&oacute;mo puede definirse lo p&uacute;blico y c&oacute;mo puede entenderse el papel del estado en la regulaci&oacute;n de actividades semejantes.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Sabemos que estado y p&uacute;blico no son reducibles, pero el l&iacute;mite que los diferencia tampoco es claro. Reflexionar sobre la frontera entre el estado, como espacio de formaci&oacute;n y defensa de lo p&uacute;blico, y la econom&iacute;a, como &aacute;mbito privado que se rige por principios de inter&eacute;s individual, es una tarea que debemos acometer para debatir las nuevas formas de ciudadan&iacute;a que de all&iacute; se derivan. Fijar el l&iacute;mite entre lo p&uacute;blico, lo estatal y lo privado nos remite a procesos pol&iacute;ticos por medio de los cuales se produce la incierta, si bien poderosa, distinci&oacute;n entre estado y sociedad (Mitchell 1999). Seg&uacute;n Mitchell, es necesario examinar la separaci&oacute;n paralela que se construye entre estado y econom&iacute;a, y que aparece con renovada fuerza en la ret&oacute;rica liberal dominante. En el siglo XXI, la relaci&oacute;n entre el estado y lo p&uacute;blico que se manifiesta por la v&iacute;a de las privatizaciones se presenta como el m&eacute;todo m&aacute;s significativo de articulaci&oacute;n del poder y la dominaci&oacute;n del estado (Hibou 2013), de modo que si bien el l&iacute;mite entre estado y econom&iacute;a representa una distinci&oacute;n elusiva, la relaci&oacute;n del estado con intereses privados, siempre ocultos detr&aacute;s de lo que se construye como inter&eacute;s p&uacute;blico, se ha hecho cada vez m&aacute;s evidente.</p>      <P>En el caso colombiano, las recientes tensiones por los proyectos de reforma de la educaci&oacute;n superior han demostrado sobradamente que el punto m&aacute;s pol&eacute;mico de estas agendas es el de la privatizaci&oacute;n de servicios o infraestructuras. De hecho, es la dimensi&oacute;n del problema que se difunde m&aacute;s r&aacute;pidamente &mdash;y usualmente de manera m&aacute;s confusa&mdash; entre la opini&oacute;n p&uacute;blica. Varios balances sobre la privatizaci&oacute;n sectorial en Latinoam&eacute;rica en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han enfatizado el aumento de la eficiencia y el perfeccionamiento del sistema de incentivos en los sectores intervenidos, pero la percepci&oacute;n negativa entre la opini&oacute;n p&uacute;blica no cede (Chong y Lora 2007). Armando Montenegro (2015) ha sugerido que los subsidios estatales a la oferta de servicios p&uacute;blicos (como la construcci&oacute;n de infraestructuras) suelen ser m&aacute;s populares, pero son los subsidios a la demanda (el uso de infraestructuras del sector privado) los que han probado ser m&aacute;s eficientes en t&eacute;rminos econ&oacute;micos.</p>      <P>La privatizaci&oacute;n de servicios de salud y educaci&oacute;n toca fibras sensibles entre la opini&oacute;n p&uacute;blica, precisamente porque el debate va m&aacute;s all&aacute; de la racionalidad econ&oacute;mica. O, m&aacute;s precisamente, m&aacute;s all&aacute; de la perspectiva macroecon&oacute;mica. La noci&oacute;n del inter&eacute;s p&uacute;blico suele trascender el principio general de la <I>eficiencia</I> para preguntarse tambi&eacute;n por los m&uacute;ltiples efectos localizados que afectan a los grupos sociales, por ejemplo, en el mundo del trabajo. La tercerizaci&oacute;n y la subcontrataci&oacute;n tienden a se&ntilde;alarse como efectos indeseados de las privatizaciones o de los modelos de econom&iacute;a mixta, m&aacute;s all&aacute; de la eficiencia general de los sectores intervenidos.</p>      <P>Lina Buchely (en este n&uacute;mero) se refiere a un caso en el que este problema est&aacute; presente. Buchely reflexiona sobre la tensi&oacute;n que se expresa en las pol&iacute;ticas estatales relacionadas con la atenci&oacute;n a la infancia y la familia, asociadas con pr&aacute;cticas semiestatales como la subcontrataci&oacute;n. Por medio de contratos de intermediaci&oacute;n o prestaci&oacute;n de servicios, el estado integra a mujeres que se han organizado para apoyar a madres de familia y trabajadoras mediante labores de cuidado de ni&ntilde;os. La ambig&uuml;edad de lo semiestatal permite que las mismas mujeres y sus pr&aacute;cticas de cuidado sean vistas como desligadas del &aacute;mbito de lo estatal y, en ese sentido, que sean localizadas en un espacio privado. Sin embargo, como muestra Buchely, las l&iacute;neas de separaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico estatal y lo privado se derrumban una vez que se ubica a las madres comunitarias en una funci&oacute;n estatal sin reconocer salarialmente el estatus de su funci&oacute;n p&uacute;blica. Terminan estas mujeres siendo funcionales para la construcci&oacute;n de una idea del estado como un ente separado de la sociedad, que permanece aparte y se auto-dirige.</p>      <P>La popular definici&oacute;n de Max Weber (1963) del estado, como una organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica que reclama un monopolio sobre el uso leg&iacute;timo de la violencia dentro de un territorio delimitado, se convierte en este caso en una caracterizaci&oacute;n residual que no explica c&oacute;mo se delinean los contornos actuales de una estructura organizativa como la que surge con las madres comunitarias. En Colombia, en particular, se requiere examinar los m&eacute;todos de organizaci&oacute;n, arreglo y representaci&oacute;n del estado que operan dentro de pr&aacute;cticas sociales que este no gobierna y que, sin embargo, crean el efecto de una estructura estatal que se mantiene aparentemente conectada a esas pr&aacute;cticas. Esta aproximaci&oacute;n nos permitir&iacute;a identificar los relatos de construcci&oacute;n de lo p&uacute;blico asociados directamente a esa imagen de la presencia del estado que les da coherencia, unidad y autonom&iacute;a, pero que en la pr&aacute;ctica no son consistentes.</p>      <p><font size="3"><b>Lo p&uacute;blico y los ideales de democracia </b></font></p>     <P>La transici&oacute;n pol&iacute;tica de la democracia basada en la soberan&iacute;a popular a la pol&iacute;tica democr&aacute;tica moldeada por las tecnolog&iacute;as de gobierno neoliberal, que en el curso del siglo XX experimentamos a nivel mundial, nos confronta con el hecho de una participaci&oacute;n cada vez m&aacute;s limitada y desigual en las nociones predicadas por la ciudadan&iacute;a universal. El principio b&aacute;sico de los derechos, enmarcado por los ideales de libertad e igualdad, ha cedido hoy a una forma de ciudadan&iacute;a restringida, mediada por una pol&iacute;tica democr&aacute;tica regida por una gubernamentalizaci&oacute;n (Foucault 1991) en la que las mayor&iacute;as &mdash;los ilegales, sin derechos garantizados, &eacute;tnicamente m&uacute;ltiples e h&iacute;bridos, por fuera del imaginario universalista de la sociedad civil&mdash; participan de lo pol&iacute;tico, no como sociedad civil, sino como sociedad pol&iacute;tica (Chatterjee 2011). Surge entonces la distinci&oacute;n entre ciudadanos y poblaciones, entre lo nacional homog&eacute;neo y lo social heterog&eacute;neo; es decir, entre los sujetos de las pol&iacute;ticas de la gubernamentalidad que ponen de relieve el deslizamiento de lo p&uacute;blico-estatal a lo p&uacute;blico-social (Rabotnikof 2008), precisamente como en los casos examinados por Nieto y por Buchely (en este n&uacute;mero). La agencia pol&iacute;tica de los no part&iacute;cipes del imaginario universalista de la sociedad civil se torna clave, por lo tanto, para identificar el lugar que ellos ocupan en las redes que los conectan con los espacios de construcci&oacute;n de lo p&uacute;blico. Bien sea que se trate de proyectos econ&oacute;micos, o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas por medio de las cuales buscan la satisfacci&oacute;n de necesidades concretas en los marcos que les ofrece el estado, lo que enuncian quienes no participan del imaginario universalista en las circunstancias actuales de neoliberalismo de estado es c&oacute;mo quieren ser gobernados (Chatterjee 2011).</p>      <P>Introducir la importancia del proyecto de construcci&oacute;n de ciudadan&iacute;a en la definici&oacute;n de lo p&uacute;blico es un asunto mayor, pues nos invita a reflexionar sobre c&oacute;mo se configuran hoy las democracias y c&oacute;mo toma lugar una cultura pol&iacute;tica que forma ciudadanos condescendientes con la diseminaci&oacute;n de los valores del mercado y poco equipados para imponer l&iacute;mites a la autoridad. La reflexi&oacute;n sobre lo p&uacute;blico resulta &uacute;til para pensar un problema com&uacute;n a toda la investigaci&oacute;n social sobre la vida pol&iacute;tica y la sociedad civil: el hecho de que en esta era neoliberal nos movamos hacia una democracia a la que le hace falta democratizaci&oacute;n, virtudes liberales &mdash;como la presencia de una cultura c&iacute;vica caracterizada por actitudes de confianza, tolerancia y respeto mutuo que faciliten la revitalizaci&oacute;n de la democracia&mdash; y una precisi&oacute;n sobre qu&eacute; se quiere significar cuando hablamos de democracia y democratizaci&oacute;n.</p>      <P>Vale la pena considerar que la democracia tiene varias acepciones. Puede referirse a los modos de hacer efectivos los reclamos comunes por un mundo m&aacute;s igualitario y justo, o a un modo de gobernar poblaciones que limita reclamos por una igualdad y una justicia m&aacute;s amplias. De acuerdo con esto, las luchas democr&aacute;ticas se han convertido en una batalla sobre la distribuci&oacute;n de temas problema y sobre los intentos por establecer como asuntos de preocupaci&oacute;n p&uacute;blica cuestiones que algunos reclaman como privadas (el nivel de salarios pagados por los empleadores, por ejemplo), como pertenecientes a la naturaleza (la devastaci&oacute;n de recursos naturales y la composici&oacute;n de los gases de la atm&oacute;sfera, entre otros) o como regidas por leyes del mercado (la especulaci&oacute;n financiera, por ejemplo), y que en &uacute;ltima instancia nos orientan hacia el campo hoy dominado por la econom&iacute;a (Mitchell 1999, 2011).</p>      <P>En este espacio de redefinici&oacute;n de los proyectos democr&aacute;ticos se sit&uacute;a el art&iacute;culo de Ana Silva (en este n&uacute;mero), que presenta la historia de una organizaci&oacute;n barrial comunitaria enfrentada a una serie de transformaciones urbanas impulsadas por poderosos agentes econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos en Tandil, Argentina. Silva subraya la interesante articulaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n vecinal con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de patrimonializaci&oacute;n que resultan funcionales para la defensa de los intereses de esta. En el contexto de tales negociaciones y conflictos, hay una disputa por el sentido de la noci&oacute;n de <I>espacio p&uacute;blico</I>, por las formas de propiedad colectiva y por el proyecto mismo de la participaci&oacute;n democr&aacute;tica en la planeaci&oacute;n urbana.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Estos ideales democr&aacute;ticos, a su vez, han estado ligados a la imagen liberal de una esfera p&uacute;blica de deliberaci&oacute;n. Como han se&ntilde;alado varios autores (Lofland 1998; Warner 2002), esta esfera p&uacute;blica tiene la condici&oacute;n del anonimato de sus integrantes, o en todo caso de un conocimiento &uacute;nicamente categ&oacute;rico del otro. Estas condiciones son claves para que sea posible una <I>comunidad de extra&ntilde;os </I>(Warner 2002) cohesionada por intereses mutuos. De all&iacute; se desprende normalmente el debate sobre la horizontalidad de las relaciones en la esfera p&uacute;blica y es tambi&eacute;n all&iacute; donde se han desarrollado las principales cr&iacute;ticas a su concepci&oacute;n liberal.</p>      <P>Nancy Fraser (1997) afirma que esta noci&oacute;n de la esfera p&uacute;blica fue una construcci&oacute;n burguesa de la que se excluy&oacute;, por ejemplo, a las clases trabajadoras y a las mujeres, bajo el presupuesto de su incompetencia para la deliberaci&oacute;n ilustrada. Fraser llega incluso a preguntarse si la idea de la esfera p&uacute;blica es &quot;un instrumento de dominaci&oacute;n o un ideal ut&oacute;pico&quot; (1997, 107). La pregunta es pertinente, teniendo en cuenta el supuesto fundamental de la horizontalidad de las relaciones, seg&uacute;n el cual los interlocutores pueden &mdash;y deben&mdash; poner entre par&eacute;ntesis sus diferencias de posici&oacute;n y deliberar como si fueran socialmente iguales; para Fraser, este supuesto implica otro m&aacute;s complejo: &quot;que la igualdad social no es una condici&oacute;n necesaria para la democracia pol&iacute;tica&quot; (1997, 107). La esfera p&uacute;blica ilustrada se construye entonces como un espacio en el que se suspenden &mdash;pero por supuesto no se eliminan&mdash; las condiciones objetivas de desigualdad social. Esto significa una ventaja para los actores dominantes, que imponen sutilmente un discurso y una l&oacute;gica de discusi&oacute;n, as&iacute; como su propia definici&oacute;n del bien com&uacute;n y de lo p&uacute;blico.</p>      <P>Sin embargo, a estas cr&iacute;ticas de la concepci&oacute;n liberal de la esfera p&uacute;blica habr&iacute;a que contrastarlas todav&iacute;a con los avances de una concepci&oacute;n neoliberal en la que los intercambios han sido acelerados por las nuevas tecnolog&iacute;as y los mercados, de manera que los espacios de deliberaci&oacute;n se limitan a&uacute;n m&aacute;s, al tiempo que opera una transformaci&oacute;n de lo pol&iacute;tico como la que hemos descrito unas p&aacute;ginas atr&aacute;s.</p>      <P>Y es respecto a esta intersecci&oacute;n entre la esfera p&uacute;blica y el proyecto democr&aacute;tico que resulta especialmente iluminadora la contribuci&oacute;n de Rihan Yeh (en este n&uacute;mero), en la que, a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de los llamados narcocorridos mexicanos, se pregunta por la representaci&oacute;n de sus oyentes como <I>el pueblo</I>. Para Yeh, la circulaci&oacute;n de los narcocorridos y de otras muchas expresiones de la cultura popular hace parte tambi&eacute;n de la esfera p&uacute;blica, en el sentido en que all&iacute; se conforman identidades sociales, imaginarios colectivos, expectativas y representaciones comunes. Yeh nos muestra c&oacute;mo se configura un espacio abierto de deliberaci&oacute;n en las formas de producci&oacute;n y circulaci&oacute;n de los narcocorridos, lejos de ser una simple industria cultural de difusi&oacute;n unidireccional. Adem&aacute;s, este caso nos lleva de regreso a las preguntas sobre los l&iacute;mites difusos entre lo p&uacute;blico y lo privado en las fronteras de la legalidad: los narcocorridos confrontan el orden estatal y hasta lo consideran ileg&iacute;timo, y apelan al <I>pueblo</I> como constituyente leg&iacute;timo de la ley.</p>      <P>As&iacute;, tanto en la formaci&oacute;n de los p&uacute;blicos en la circulaci&oacute;n de discursos como los de los narcocorridos, como en la negociaci&oacute;n y el conflicto sobre el desarrollo urbano en tensi&oacute;n con procesos de patrimonializaci&oacute;n, se vislumbran problemas comunes sobre las definiciones practicadas de democracia y sobre la intersecci&oacute;n de esferas p&uacute;blicas de diversas escalas en el proyecto democr&aacute;tico. Este es sin duda otro espacio de debate sobre los usos y sentidos contempor&aacute;neos de lo p&uacute;blico que hemos querido enfatizar en este <I>dossier</I>. A prop&oacute;sito de estas decisiones, quisi&eacute;ramos finalmente rese&ntilde;ar algunos antecedentes.</p>      <p><font size="3"><b>Antecedentes del <I>dossie</I></b></font></p>     <P>Sobre los intereses que hoy convoca este <I>dossier</I>, iniciamos en 2012 una exploraci&oacute;n entre redes de investigadores interesados en temas similares. Tras un primer encuentro en el que se consideraron diversos enfoques del problema de lo p&uacute;blico, propusimos crear, desde el Grupo de Antropolog&iacute;a Social del ICANH, un grupo de estudio sobre los usos y sentidos contempor&aacute;neos de lo p&uacute;blico. Este grupo de estudio se ha ido consolidando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y se ha sumado a su organizaci&oacute;n el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente, cuenta con la colaboraci&oacute;n constante de m&aacute;s de diez investigadores del ICANH, la Universidad Nacional y la Universidad Javeriana.</p>      <P>En dos encuentros ampliados del grupo de estudio, en 2013 y 2014, hemos avanzado en la agrupaci&oacute;n de problemas y escenarios de investigaci&oacute;n bajo cinco categor&iacute;as que hemos encontrado de gran utilidad en el proceso de selecci&oacute;n y edici&oacute;n de los art&iacute;culos que aparecen en este n&uacute;mero de la <I>RCA</I>. Se trata de las geograf&iacute;as de lo p&uacute;blico, la esfera y la opini&oacute;n p&uacute;blica, el estado entre lo p&uacute;blico y lo privado, las privatizaciones sectoriales y, finalmente, el patrimonio y la propiedad.</p>      <P>La &uacute;ltima de estas categor&iacute;as merece un comentario especial, pues la pregunta por lo p&uacute;blico germin&oacute; durante una investigaci&oacute;n en la que corroboramos el avance de diversas pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y de mecanismos institucionales que promueven l&oacute;gicas privadas y de mercado en el campo de las pol&iacute;ticas culturales, en particular en aquellas referidas a los diversos patrimonios culturales<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. En la &uacute;ltima d&eacute;cada, este campo, hasta hace poco considerado de relevancia menor en el marco de las pol&iacute;ticas de estado, gan&oacute; visibilidad e importancia gracias al empuje que sus producciones encontraron en el mercado y en las articulaciones econ&oacute;micas, que hicieron converger una amplia gama de productores, gestores y empresarios alrededor de un espacio p&uacute;blico mediado por las orientaciones de pol&iacute;tica nacional y transnacional, as&iacute; como de tendencias de consumo nacionales y globales. La investigaci&oacute;n evidenci&oacute; la manera como productores artesanales, artistas y creadores, al igual que consumidores de ferias, festivales, carnavales y turismo cultural, resultaban estrat&eacute;gicos para impulsar econom&iacute;as regionales que interconectaban emprendimientos de diferentes escalas por medio del turismo y otras industrias culturales. En el caso particular de los productores, observamos c&oacute;mo las condiciones aut&oacute;nomas de producci&oacute;n de quienes participaban en esta econom&iacute;a resultaban estrat&eacute;gicas en el modelo neoliberal que promueve la ideolog&iacute;a del emprendimiento y la libre empresa. En el caso de los mercados, comprobamos el dinamismo que estos sectores productivos encuentran en la ampliaci&oacute;n de consumos de &iacute;ndole cultural de diverso tipo, bien sea en el marco de la promoci&oacute;n de lo diverso o en el del entretenimiento y, principalmente, en la industria del turismo. En este sentido, la investigaci&oacute;n constat&oacute; las m&uacute;ltiples formas por medio de las cuales se ha ampliado el campo de la intermediaci&oacute;n y de la apropiaci&oacute;n privada en escenarios y productos culturales.</p>      <P>A la vez, en un contexto m&aacute;s amplio de articulaciones, esta investigaci&oacute;n nos ofreci&oacute; tambi&eacute;n un lente privilegiado para examinar c&oacute;mo ciertas pol&iacute;ticas y las instituciones p&uacute;blicas encargadas de la administraci&oacute;n de bienes patrimoniales trasladaban sus responsabilidades a empresas privadas, a agencias de cooperaci&oacute;n o a la ciudadan&iacute;a y a los colectivos que les demandan servicios estatales o p&uacute;blicos en este campo. Es decir, el giro privatizador de las pol&iacute;ticas culturales tambi&eacute;n estaba presente, y con mayor fuerza, en espacios p&uacute;blicos inscritos en categor&iacute;as de patrimonio ambiental, arqueol&oacute;gico e hist&oacute;rico, tales como parques naturales, parques arqueol&oacute;gicos y centros hist&oacute;ricos urbanos, y transformaba dr&aacute;sticamente la manera como se conceb&iacute;a el inter&eacute;s com&uacute;n en torno a ellos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Fue con el fin de ahondar en el an&aacute;lisis de estas articulaciones de los intereses que se identificaban con lo p&uacute;blico y lo privado que convocamos la organizaci&oacute;n de los conversatorios arriba citados, en los que participaron acad&eacute;micos nacionales e internacionales, interesados en el an&aacute;lisis de escenarios expuestos a procesos de privatizaci&oacute;n o de debilitamiento de lo p&uacute;blico asociados a lo estatal. Contribuciones que reflexionaban sobre las m&uacute;ltiples acepciones de lo p&uacute;blico, tales como p&uacute;blicos, esfera p&uacute;blica, espacio p&uacute;blico y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, pero tambi&eacute;n sobre las din&aacute;micas sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas de privatizaci&oacute;n que se proyectaban en espacios inscritos en el r&eacute;gimen de lo p&uacute;blico com&uacute;n, como parques naturales y arqueol&oacute;gicos, centros hist&oacute;ricos, tierras rurales, producciones culturales populares o servicios de salud y educaci&oacute;n, tuvieron representaci&oacute;n en las mesas de an&aacute;lisis.</p>      <P>La estructura final de los paneles distingui&oacute; tres campos de inter&eacute;s. El primero, <I>patrimonio, propiedad y espacio p&uacute;blico</I>, se concentr&oacute; en los temas sugeridos por las conclusiones de la investigaci&oacute;n ya citada. El segundo, <I>procesos de privatizaci&oacute;n en salud y educaci&oacute;n</I>, estaba pensado para conocer mejor los debates ya consolidados, y por lo tanto sofisticados, pero tal vez autorreferenciales, que se dan en estos campos reconocidos como baluartes del sector p&uacute;blico; el tercero, <I>responsabilidad social empresarial</I>, constituy&oacute; una apuesta por examinar, desde las ciencias sociales, una importante zona gris de las relaciones econ&oacute;micas entre lo p&uacute;blico y lo privado. Adicionalmente, se decidi&oacute; abrir el debate con una reflexi&oacute;n sobre la constituci&oacute;n hist&oacute;rica del sentido de lo p&uacute;blico.</p>      <P>La diversidad de los escenarios de lo p&uacute;blico es elocuente sobre la importancia de pensar las tensiones entre lo p&uacute;blico y lo privado, y tambi&eacute;n sobre sus posibles formas mixtas, especialmente cuando estas parecieran poner en riesgo conquistas hist&oacute;ricas en relaci&oacute;n con la administraci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos, el uso de espacios p&uacute;blicos y la participaci&oacute;n en la esfera p&uacute;blica. Lo que estas tendencias identificadas en los conversatorios evidenciaron no fue simplemente la actualizaci&oacute;n de unas formas estandarizadas de privatizaci&oacute;n, sino la complejidad de la propia definici&oacute;n contempor&aacute;nea de lo p&uacute;blico y lo privado.</p>      <P>El inter&eacute;s en contrastar casos de an&aacute;lisis y en precisar esa flexibilidad de la definici&oacute;n de lo p&uacute;blico para caracterizarla con mayor exactitud se convirti&oacute; en el supuesto que nos llev&oacute; a proponer un <I>dossier</I> sobre el tema a los editores de la <I>RCA</I>. Se hizo entonces la convocatoria para invitar a la reflexi&oacute;n en torno a tales definiciones, as&iacute; como sobre los procesos que determinan la privatizaci&oacute;n y la producci&oacute;n de lo p&uacute;blico. M&aacute;s all&aacute;, la motivaci&oacute;n &uacute;ltima del <I>dossier</I> de este volumen es invitar a pensar en la necesidad de renovar las estrategias de producci&oacute;n de lo p&uacute;blico, de identificar nuevas formas de producir lo p&uacute;blico para impulsarlas y fortalecerlas. Es importante considerar, por ejemplo, las posibilidades de las nuevas formas de financiaci&oacute;n mixta &mdash;como la llamada <I>responsabilidad social empresarial</I>&mdash; que, aunque han sido criticadas, y con raz&oacute;n, por su uso como argucia tributaria o como herramienta propagand&iacute;stica, no dejan de sugerir la existencia de interesantes conexiones entre intereses p&uacute;blicos y privados.</p>      <P>La preparaci&oacute;n del <I>dossier</I> pas&oacute; por varios estadios y, en distintos momentos, se plane&oacute; la participaci&oacute;n de panelistas o comentaristas que, por diversas razones, no hicieron parte del programa final. En un primer momento, por ejemplo, se plante&oacute; un panel de discusi&oacute;n sobre medios de comunicaci&oacute;n que, despu&eacute;s de varios intentos de configuraci&oacute;n, se revel&oacute; muy amplio y tal vez alejado de las preguntas iniciales del proyecto, m&aacute;s asociadas a problemas de propiedad y derechos que a escenarios de difusi&oacute;n o expresi&oacute;n. En todo caso, el objetivo es enriquecer el debate intentando integrar todas las acepciones de lo p&uacute;blico, de manera que es posible que, en otro momento, se incorpore el debate sobre los medios.</p>      <P>Queremos agradecer muy especialmente a todos los participantes en estos conversatorios, as&iacute; como a quienes presentaron sus textos a consideraci&oacute;n para este <I>dossier</I>. Estamos seguros de que el grupo de estudios sobre Usos y Sentidos Contempor&aacute;neos de lo P&uacute;blico seguir&aacute; debatiendo, haciendo propuestas y transform&aacute;ndose en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Finalmente, queremos se&ntilde;alar la enorme deuda que tenemos con Carlos Andr&eacute;s Meza, editor de la <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I>, quien ha sido un apoyo invaluable en el proceso de elaboraci&oacute;n de este <I>dossier</I>.</p>      <p align="right"><B>Margarita Chaves (ICANH)    <br> Mauricio Montenegro (Universidad Central) </B>    <br> Editores invitados dossier <I>Usos y sentidos </I>    <br> <I>contempor&aacute;neos de lo p&uacute;blico </I></P>   <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> Siguiendo a Brown (2005), la racionalidad pol&iacute;tica que aqu&iacute; denominamos neoliberal no solo organiza las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas para garantizar la m&iacute;nima interferencia del estado ante los principios de la libertad de mercado y competencia; conlleva tambi&eacute;n disposiciones sociales y de regulaci&oacute;n pol&iacute;tica con alcances m&aacute;s all&aacute; del mercado. Si bien reconoce que el mercado, como principio organizador y regulador del estado, requiere de la intervenci&oacute;n de la ley y de las instituciones pol&iacute;ticas, al mismo tiempo socava la relativa autonom&iacute;a de ambas instituciones en la esfera p&uacute;blica. Pone as&iacute; en tensi&oacute;n la econom&iacute;a pol&iacute;tica capitalista y el sistema pol&iacute;tico de la democracia liberal.    <br> <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> Aunque la palabra <I>estado </I>com&uacute;nmente se escribe con may&uacute;scula, hay toda una l&iacute;nea de estudios sobre el estado, de ciencia pol&iacute;tica, sociolog&iacute;a y antropolog&iacute;a principalmente, que ha propuesto abandonar esa pr&aacute;ctica por considerar que hace parte de las estrategias por las cuales se reproduce la creencia en su existencia sustancial, en que es una entidad real, aut&oacute;noma de las interacciones cotidianas entre sujetos. Lo mismo sucede con la palabra <I>gobierno, </I>que escribimos con inicial min&uacute;scula como signo de un cambio de mirada sobre esta noci&oacute;n; as&iacute; indicamos que la tratamos de forma diferente.    <br> <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> V&eacute;ase, por ejemplo, el n&uacute;mero de la revista <I>Universitas Human&iacute;stica</I>, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana (2015), dedicado a la ya profusa reflexi&oacute;n sobre el concepto de frontera y etnicidad, o los numerosos vol&uacute;menes que se publicaron en la d&eacute;cada pasada sobre identidad.    <br> <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> Nos referimos al proyecto &quot;Mercado, consumo y patrimonializaci&oacute;n. Agentes sociales y expansi&oacute;n de las industrias culturales en Colombia&quot;, que lider&oacute; el Grupo de Antropolog&iacute;a Social del ICANH y cuyos resultados fueron compilados en el volumen <I>El valor del patrimo</I><I>nio. Mercado, pol&iacute;ticas culturales y agentes sociales</I> (Chaves, Montenegro y Zambrano 2014).    <br>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p><b>Bobbio, Norberto.</B> (1981) 1997. <I>Estado, gobierno y sociedad. Por una teor&iacute;a general de la pol&iacute;tica</I>. Bogot&aacute;: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0486-6525201500010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>______.</B> (1985) 1999. <I>Liberalismo y democracia</I>. Bogot&aacute;: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0486-6525201500010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Briones, Claudia y Carlos del Cairo, eds. </B>2005. &quot;Diferencias, fronteras, etnicidades&quot;. N&uacute;mero especial de <I>Universitas Human&iacute;stica </I>80 (80).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0486-6525201500010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Brown, Wendy.</B> 2005. &quot;Neoliberalism and the End of Liberal Democracy&quot;. En <I>Edgework. Critical Essays on Knowledge and Politics</I>, 37-59. Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0486-6525201500010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Chatterjee, Partha.</B> 2011. &quot;Delhi Lecture: La pol&iacute;tica de los gobernados&quot;. <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I> 47 (2): 199-231.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0486-6525201500010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Chaves, Margarita, Mauricio Montenegro y Marta Zambrano, comps.</B> 2014. <I>El valor del patrimonio. Mercado, pol&iacute;ticas culturales y agenciamientos sociales</I>. Bogot&aacute;: ICANH.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0486-6525201500010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Chong, Alberto y Eduardo Lora.</B> 2007. &quot;&iquest;Valieron la pena las privatizaciones?&quot;. <I>Nueva Sociedad</I> 207: 80-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0486-6525201500010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Cody, Francis.</B> 2011. &quot;Publics and Politics&quot;. <I>Annual Review of Anthropology</I> 40: 37-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0486-6525201500010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Comaroff Jean y Jonh Comaroff.</B> 2006. &quot;Law and Disorder in the Postcolony&quot;. En <I>Law and Disorder in the Postcolony</I>, editado por Jean Comaroff y John L. Comaroff, 1-56. Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0486-6525201500010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>De Zubir&iacute;a, Sergio.</B> 2005. &quot;La vida p&uacute;blica: arquetipo de nuestra actualidad&quot;. En <I>Hacer visible lo visible: lo privado y lo p&uacute;blico</I>, compilado por Ignacio Abello, 233-260. Bogot&aacute;: Uniandes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0486-6525201500010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Foucault, Michel.</B> 1991.&quot;Governmentality&quot;. En <I>The Foucault Effect: Studies in Governmentality</I>, editado por Graham Burchell, Colin Gordon y Peter Miller, 87-104. Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0486-6525201500010000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Fraser, Nancy.</B> 1997. <I>Iustitia interrupta. Reflexiones cr&iacute;ticas desde la posici&oacute;n &quot;postsocialista&quot;</I>. Bogot&aacute;: Siglo del Hombre Editores; Uniandes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0486-6525201500010000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Hall, Stuart.</B> (1996) 2003. &quot;Introducci&oacute;n: &iquest;Qui&eacute;n necesita 'identidad'?&quot;. En <I>Cuestiones de identidad cultural</I>, compilado por Stuart Hall y Paul du Gay, 13-39<I>. </I>Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0486-6525201500010000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Hibou, B&eacute;atrice.</B> (1999) 2013. <I>De la privatizaci&oacute;n de las econom&iacute;as a la privatizaci&oacute;n de los estados. An&aacute;lisis de la formaci&oacute;n continua del estado</I>. M&eacute;xico D. F.: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0486-6525201500010000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Lofland, Lyn.</B> 1998. <I>The Public Realm. Exploring the City's Quintessential Social Territory</I>. New Jersey: Transaction Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0486-6525201500010000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Mitchell, Timothy.</B> 2011. <I>Carbon Democracy. Political Power in the Age of Oil. </I>Londres: Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0486-6525201500010000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>______.</B> 1999. &quot;State, Economy, and the State Effect&quot;. En <I>State/Culture. State Formation after the Cultural Turn</I>, editado por George Steinmetz, 76-97. Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0486-6525201500010000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Montenegro, Armando.</B> 2015. &quot;Dos preguntas&quot;. <I>El Espectador</I>, 4 de abril. <a href="http://www.elespectador.com/opinion/dospreguntas" target="_blank">http://www.elespectador.com/opinion/dospreguntas</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0486-6525201500010000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Naczyk, Marek.</B> 2012. &quot;Agents of Privatization? Business Groups and the Rise of Pension Funds in Continental Europe&quot;. <I>Socio-Economic Review</I> 11 (3): 441-469.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0486-6525201500010000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Rabotnikof, Nora.</B> 2008. &quot;Lo p&uacute;blico hoy: lugares, l&oacute;gicas y expectativas&quot;. <I>Iconos. Revista de Ciencias Sociales </I>32: 37-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0486-6525201500010000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Rabotnikof, Nora y Julio Aibar.</B> 2012. &quot;El lugar de lo p&uacute;blico en lo nacional popular. &iquest;Una nueva experimentaci&oacute;n democr&aacute;tica?&quot;. <I>Nueva Sociedad </I>240: 54-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0486-6525201500010000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Sanz, Camilo.</B> 2006. &quot;Una fallida privatizaci&oacute;n del agua en Bolivia: el estado, la corrupci&oacute;n y el efecto neoliberal&quot;. <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I> 42: 317-346.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0486-6525201500010000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Spronk, Susan.</B> 2007. &quot;Roots of Resistance to Urban Water Privatization in Bolivia: The New Working Class, the Crisis of Neoliberalism, and Public Services&quot;. <I>International Labor and Working Class History</I> 71 (1): 8-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0486-6525201500010000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Warner, Michael.</B> 2002. <I>Publics and Counterpublics</I>. Cambridge: Zone Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0486-6525201500010000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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