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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Mantener la ambigüedad de lo común: los nuevos y disputados sentidos del ejido mexicano en la era neoliberal]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper is about the meanings of the postrevolutionary ejido in contemporary Mexico and the processes of privatization and commodification that have transformed this form of landtenure over the past four decades. The ejido was designed to fulfill a social function being the main asset to which any ejidatario was entitled. A legal neoliberal reform in 1992 overthrew many of the ideological principles of the postrevolutionary regime and allowed the opening of the ejido sector to the market economy. Despite ejido land circulation in a legal real estate market, ejidatarios have established a set of vernacular regulations that emphasize the collective interest over the individual interest and that also limit real estate speculation. This response has widened, within the Mexican ejidos, the gap between the Law, local rules and social practices.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">       <p align="center"><font size="4"><b>Mantener la ambig&uuml;edad de lo com&uacute;n:  los nuevos y disputados sentidos del ejido mexicano en la era neoliberal</b></font></P>      <p align="center"><font size="3"><I><b>Nurturing the Ambiguity of the Commons. The New and Contested Meanings of the Mexican Ejido in the Neoliberal Era</b></I></font></P>      <p align="center">Gabriela Torres-Mazuera     <br> Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (Ciesas), Mexico    <br> <a href="mailto:gato74@gmail.com">gato74@gmail.com</a></P>      <p>Recibido: 8 de octubre del 2014, Aprobado: 9 de abril del 2015</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></P>      <p>Este trabajo trata sobre los nuevos sentidos del ejido posrevolucionario en el M&eacute;xico contempor&aacute;neo y los procesos de privatizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n que lo han transformado en las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. El ejido, como forma de propiedad comunal, fue concebido para cumplir una funci&oacute;n social, ya que constitu&iacute;a el patrimonio principal al que todo ejidatario ten&iacute;a derecho. Una reforma legal de corte neoliberal en 1992 subvirti&oacute; muchos de los principios ideol&oacute;gicos del r&eacute;gimen posrevolucionario y permiti&oacute; la apertura del sector ejidal a la econom&iacute;a de mercado. A pesar de su puesta en circulaci&oacute;n en un mercado inmobiliario legal, la tierra ejidal sigue estando sujeta a un conjunto de regulaciones vern&aacute;culas que enfatizan el inter&eacute;s colectivo sobre el individual y limitan, en lo posible, que esta sea objeto de especulaci&oacute;n. Esta situaci&oacute;n ha ampliado la divergencia entre la ley, las normatividades vern&aacute;culas y las pr&aacute;cticas sociales dentro de los ejidos mexicanos.</p>      <p><B>Palabras clave:</B> privatizaci&oacute;n, ejido, reforma neoliberal, mercantilizaci&oacute;n de la tierra, pluralidad normativa.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Abstract</b></font></P>      <p><I>This paper is about the meanings of the postrevolutionary ejido in contemporary Mexico and the processes of privatization and commodification that have transformed this form of landtenure over the past four decades. The ejido was designed to fulfill a social function being the main asset to which any </I>ejidatario <I>was entitled. A legal neoliberal reform in 1992 overthrew many of the ideological principles of the postrevolutionary regime and allowed the opening of the ejido sector to the market economy. Despite ejido land circulation in a legal real estate market, ejidatarios have established a set of vernacular regulations that emphasize the collective interest over the individual interest and that also limit real estate speculation. This response has widened, within the Mexican ejidos, the gap between the Law, local rules and social practices.</I></P>     <p><B><I>Keywords:</I></B><I> privatization, ejido, neoliberal reform, land commodification, regulation plurality.</I></P>   <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup></p>      <p>Desde los a&ntilde;os noventa, en M&eacute;xico y otros pa&iacute;ses latinoamericanos, se ha escrito un sinn&uacute;mero de trabajos period&iacute;sticos sobre la privatizaci&oacute;n de distintos bienes comunales, en el contexto de un conjunto de reformas legales de corte neoliberal. La mayor&iacute;a de estos escritos, sobre todo desde una perspectiva de econom&iacute;a pol&iacute;tica, constituyen una denuncia al despojo, a manos del capital privado, de grupos catalogados como vulnerables o tradicionales. Generalmente se habla de grupos ind&iacute;genas o de campesinos, en particular cuando se trata de la tierra, los recursos forestales o las aguas. Dicha literatura, que tiene el valor de la denuncia y contribuye al registro sistem&aacute;tico de dichos procesos, explica poco sobre lo que significa, en el plano de las pr&aacute;cticas sociales, el proceso privatizador y proyecta una representaci&oacute;n, en muchos casos maniquea, de los actores en juego (por ejemplo, empresarios vs. campesinos).</p>      <p>Para el caso mexicano, existe una vasta literatura escrita desde una perspectiva antropol&oacute;gica y sociol&oacute;gica, centrada en los impactos de las reformas neoliberales sobre la <I>propiedad social</I>, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente sobre el ejido y la comunidad agraria, ambas formas de tenencia comunitarias por excelencia<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. El ejido posrevolucionario tiene como antecedente el ejido colonial, que era una forma de propiedad p&uacute;blica bajo jurisdicci&oacute;n del ayuntamiento. En el siglo XX este modo de tenencia fue recuperada por los legisladores que redactaron el art&iacute;culo 27 de la Constituci&oacute;n, en el que se les otorga un nuevo sentido a ambos. El ejido se define entonces como una manera de tenencia comunitaria atribuida a un nuevo sujeto jur&iacute;dico: el pueblo o n&uacute;cleo de poblaci&oacute;n<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. El ejido posrevolucionario fue concebido para cumplir una funci&oacute;n social, ya que constitu&iacute;a el patrimonio principal al que todo miembro de la comunidad de ejidatarios ten&iacute;a derecho. Su principio rector &mdash;&quot;la tierra es de quien la trabaja&quot;&mdash; enfatizaba las obligaciones m&aacute;s que los derechos que implicaba la posesi&oacute;n de una parcela y llevaba impl&iacute;cito el perfil socioecon&oacute;mico de aquel que ten&iacute;a derecho a la tierra<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. Tambi&eacute;n establec&iacute;a su car&aacute;cter inalienable, imprescriptible e inembargable. En la legislaci&oacute;n agraria vigente, reformada en 1992 en un contexto de reorientaci&oacute;n neoliberal, dichos principios fueron eliminados; desde hace dos d&eacute;cadas ya no es condici&oacute;n necesaria ser residente permanente de un ejido para lograr tener derecho al acceso a la tierra ejidal; tampoco es requisito trabajarla para conservarla<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. M&aacute;s a&uacute;n, la &quot;nueva&quot; Ley Agraria abri&oacute; la posibilidad de cesi&oacute;n o enajenaci&oacute;n de las parcelas ejidales certificadas a otros ejidatarios o avecindados del mismo n&uacute;cleo de poblaci&oacute;n, lo cual, desde la perspectiva de juristas especialistas en el tema, implica que la propiedad ejidal es ahora &quot;una forma moderada de propiedad privada&quot;<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> (P&eacute;rez Casta&ntilde;eda 2002, 137). Un conjunto de antrop&oacute;logos ha reflexionado sobre las consecuencias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas de la reforma de 1992 al art&iacute;culo 27 de la Constituci&oacute;n &mdash;base jur&iacute;dica de la tenencia ejidal&mdash; en diversos ejidos mexicanos, pero, curiosamente, han prestado poca atenci&oacute;n a los cambios en  las relaciones de propiedad generados por esta<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>. Se ha dado por hecho lo que significan e implican las relaciones de propiedad que conforman un bien comunal, p&uacute;blico o privado, y se ha representado la propiedad ejidal como una forma de propiedad opuesta a la privada (Ba&ntilde;os 1998; Concheiro y Diego 2001, 2003; Goldring 1998, 1999; Ita 2003; Perramond 2008; Stanford 1998; Stephen 1998). El presente art&iacute;culo es una reflexi&oacute;n sobre los nuevos sentidos y usos del ejido posrevolucionario mexicano, desde la perspectiva de los habitantes rurales del sur de Yucat&aacute;n y los procesos de privatizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n que han afectado y transformado esta forma de tenencia de la tierra, antes y despu&eacute;s de la reforma neoliberal.</p>      <p>Por mercantilizaci&oacute;n de la tierra comprendo el proceso por el cual esta se convierte en un bien intercambiable dentro de un mercado inmobiliario. Siguiendo la perspectiva marxista, esto significa el predominio del valor de intercambio sobre el valor de uso de un bien dado que se coloca en un circuito mercantil. Un aspecto clave para comprender la mercantilizaci&oacute;n de la tierra es la dimensi&oacute;n cultural de este proceso. Esto es, la transformaci&oacute;n que implica en t&eacute;rminos de pr&aacute;cticas y significados el que la tierra deje de ser pensada principalmente desde la perspectiva de la territorialidad para convertirse en un <I>objeto </I>intercambiable dentro de un mercado de bienes ra&iacute;ces &mdash;lo que tendr&iacute;a lugar, obviamente, en el contexto de un estado nacional&mdash;. Esta transformaci&oacute;n exige un conjunto de condiciones materiales: la parcelaci&oacute;n o lotificaci&oacute;n de la tierra, que a su vez supone la medici&oacute;n m&aacute;s o menos precisa de esta; su delimitaci&oacute;n f&iacute;sica por medio de mojoneras y otras marcas como bardas y caminos; y su ubicaci&oacute;n exacta y en relaci&oacute;n con otras parcelas. El lote comercializable tambi&eacute;n requiere de un documento (t&iacute;tulo de propiedad) que lo avale y est&eacute; registrado en un sistema de propiedad que le otorgue validez (un catastro). Otro aspecto fundamental para comprender la cosificaci&oacute;n de la tierra es su capitalizaci&oacute;n, es decir, la acumulaci&oacute;n de trabajo sobre un &aacute;rea dada que le imprime valor econ&oacute;mico. As&iacute;, es posible afirmar que la mercantilizaci&oacute;n de la tierra es indisociable del proceso de privatizaci&oacute;n, que puede ser comprendido de tres maneras diferentes para el caso de las tierras ejidales: como una din&aacute;mica que tiende a excluir a personas que hab&iacute;an gozado de derechos de usufructo sobre la tierra y los recursos ejidales, como la concentraci&oacute;n del conjunto de derechos sobre la tierra ejidal en una sola persona y como la reducci&oacute;n de las obligaciones sociales asociadas a los derechos sobre la tierra ejidal.</p>      <p> El argumento de este trabajo se inscribe en la discusi&oacute;n iniciada por un conjunto de antrop&oacute;logos que se preguntan sobre la propiedad en contextos de estados nacionales contempor&aacute;neos y la conciben como algo m&aacute;s que un conjunto de obligaciones y derechos asignados individualmente. Es decir, que consideran no solo la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica de la propiedad sino la sociocultural, a la que entienden como una relaci&oacute;n de poder cristalizada en pr&aacute;cticas de inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n apoyadas en categor&iacute;as de pertenencia. Dicha perspectiva, fundamentada en la observaci&oacute;n etnogr&aacute;fica, es cr&iacute;tica del modelo evolucionista impl&iacute;cito en el paradigma liberal seg&uacute;n el cual la forma m&aacute;s acabada de propiedad es la privada (Hann 1998; Verdery 1999). Desde esta mirada, en cada contexto sociocultural encontramos cierta particularidad en significados y pr&aacute;cticas sociales de lo que puede definirse como <I>propiedad privada</I>, <I>p&uacute;blica</I> o <I>comunitaria</I>. Dichas definiciones no son estables ni compartidas por todos los integrantes de un grupo social y son m&aacute;s bien el objeto de una disputa sem&aacute;ntica y de praxis social. En el mismo sentido, retomamos la propuesta de Benda-Beckmann, Benda-Beckmann y Wiber (2006), quienes, con fines anal&iacute;ticos, distinguen m&uacute;ltiples <I>planos </I>sociales en los que la propiedad, como fen&oacute;meno social, es producida y reproducida. Entre estos se destacan el plano jur&iacute;dico, donde se definen las formas de tenencia de la tierra, y el de las pr&aacute;cticas sociales, que abordar&eacute; m&aacute;s adelante<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>. Como desarrollar&eacute; en lo que sigue, en los ejidos del sur de Yucat&aacute;n han coexistido m&uacute;ltiples pr&aacute;cticas de propiedad no definidas legalmente (extralegales, informales o multiformales) o en contradicci&oacute;n con la legislaci&oacute;n agraria (ilegales), pero con reconocimiento y legitimidad local, as&iacute; como reguladas, en ciertos casos, por una normatividad local o vern&aacute;cula, tambi&eacute;n en constante transformaci&oacute;n.</p>      <p>Desde aqu&iacute;, me aproximo al ejido con un conjunto de nuevas preguntas que me propongo responder en este texto: si el antecedente hist&oacute;rico del ejido posrevolucionario fue una forma de propiedad p&uacute;blica, en la medida en que el ayuntamiento colonial era el que lo administraba y <I>pose&iacute;a</I>, &iquest;qu&eacute; implicaciones en t&eacute;rminos de pr&aacute;cticas sociales y significados conllev&oacute; el reparto agrario y la creaci&oacute;n del ejido posrevolucionario en el M&eacute;xico rural? &iquest;Qu&eacute; tipo de inclusiones y exclusiones sociales en torno a la tierra supuso la dotaci&oacute;n ejidal? &iquest;Qu&eacute; pr&aacute;cticas y significados hacen del ejido contempor&aacute;neo, en un contexto de pol&iacute;tica p&uacute;blica neoliberal, un bien comunitario?</P>      <p>Este trabajo se compone de tres apartados. En la primera parte trazo una breve g&eacute;nesis del ejido como propiedad social que me permite sentar las bases para comprender lo que significa su mercantilizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n. Dicho asunto lo desarrollo en el segundo apartado, donde planteo la necesidad de establecer una distinci&oacute;n entre procesos de privatizaci&oacute;n de facto y de jure. Finalmente, en el &uacute;ltimo apartado exploro la formaci&oacute;n de un mercado de tierras, sus implicaciones desde la perspectiva de las relaciones de propiedad en los ejidos del sur de Yucat&aacute;n y desde la mirada de los habitantes ejidales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="f1"><img src="img/revistas/rcan/v51n1/v51n1a02f1.jpg"></a></center></P>       <p><font size="3"><b>El ejido posrevolucionario: nacionalizaci&oacute;n de los bienes comunales </b></font></p>      <p>En el a&ntilde;o 2010, el 51,4% de la superficie nacional de M&eacute;xico se encontraba bajo la forma de propiedad social en sus dos variantes: tenencia ejidal y comunitaria. Para muchos, este dato se asocia al &eacute;xito de la reforma agraria mexicana en su proyecto restitutivo y redistributivo y, de forma m&aacute;s amplia, al prop&oacute;sito de justicia social y refundaci&oacute;n del patrimonio nacional llevado a cabo por el estado posrevolucionario desde su fundaci&oacute;n, con la Constituci&oacute;n de 1917<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>. Sin embargo, el proceso de dotaci&oacute;n agraria llevado a cabo durante pr&aacute;cticamente ocho d&eacute;cadas tambi&eacute;n puede ser le&iacute;do como la formaci&oacute;n de un nuevo orden geopol&iacute;tico que signific&oacute;, entre otras cosas, la federalizaci&oacute;n o nacionalizaci&oacute;n de un conjunto de bienes comunales que hasta inicios del siglo XX conformaba territorios relativamente aut&oacute;nomos frente al control centralizado del estado. En concreto, signific&oacute; el desmantelamiento de los territorios controlados por las comunidades ind&iacute;genas, jur&iacute;dicamente disueltas por un conjunto de leyes liberales a mediados del siglo XIX, pero que en muchas regiones del pa&iacute;s hab&iacute;an logrado mantenerse como gobiernos de facto, con una territorialidad aut&oacute;noma respecto al control estatal (L&eacute;onard y Vel&aacute;zquez 2009, 396)<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. En otro sentido, el proceso de recomposici&oacute;n territorial que signific&oacute; el reparto agrario no solo implic&oacute; el desmantelamiento de las territorialidades ind&iacute;genas sino tambi&eacute;n de aquellos &oacute;rdenes geopol&iacute;ticos establecidos por las haciendas con jurisdicciones que, sin estatus legal, tambi&eacute;n eran territorios semiaut&oacute;nomos del poder estatal<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. Solo en pocos casos los ejidos significaron la restituci&oacute;n o dotaci&oacute;n de aquellos territorios que alguna vez hab&iacute;an pertenecido a los pueblos de indios y m&aacute;s bien constituyeron la refundaci&oacute;n de nuevas territorialidades, en muchos casos discontinuas y determinadas por los linderos de los predios privados colindantes. Tambi&eacute;n implicaron la fundaci&oacute;n de una nueva forma de propiedad con caracter&iacute;sticas similares al ejido colonial, pero con derechos y obligaciones similares al modelo de peque&ntilde;a propiedad privada liberal<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>      <p>Un ejemplo ilustrativo de esta situaci&oacute;n es el ejido de Man&iacute;, dotado en 1932, cuando el gobernador de Yucat&aacute;n dict&oacute; su fallo concedi&eacute;ndoles a los vecinos maya hablantes de Man&iacute; una superficie total de 1.943 hect&aacute;reas de &quot;monte bajo&quot; cultivable<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>. El ejido de Man&iacute; se conform&oacute; con las 421 hect&aacute;reas que el pueblo, como entidad jur&iacute;dica, hab&iacute;a logrado conservar frente al despojo hist&oacute;rico de hacendados y rancheros establecidos en la regi&oacute;n<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. Estas se sumaron a las tierras que se expropiar&iacute;an a las haciendas de San Pedro, Mopil&aacute;, San Lorenzo Chumucub&eacute;, Santa Teresa, Santa Rita, San Antonio Ekmab&eacute;n y Ticimul, para hacer un total de 2.364,9 hect&aacute;reas, repartidas en 9 pol&iacute;gonos distanciados entre s&iacute; y asignadas a 460 capacitados a quienes legalmente les correspond&iacute;a un promedio de 5 hect&aacute;reas (Registro Agrario Nacional s. f.).</p>      <p>Las tierras dotadas como ejido no significaron la restituci&oacute;n del territorio que alguna vez posey&oacute; el pueblo de Man&iacute;, desde su fundaci&oacute;n en tiempos prehisp&aacute;nicos y durante buena parte de la &eacute;poca colonial. Man&iacute; fue la cabecera de un extenso territorio que en el siglo XVI abarcaba varios municipios del actual estado de Yucat&aacute;n, estaba compuesto por 57 poblados y conformaba una provincia (Gates 1978). No existe una historia escrita que d&eacute; cuenta de la reconfiguraci&oacute;n territorial experimentada por Man&iacute; durante el periodo colonial. Lo &uacute;nico que podemos concluir a partir de la poca informaci&oacute;n disponible es que Man&iacute;, como otros tantos pueblos de indios, perdi&oacute; poblaci&oacute;n a lo largo del siglo XVI debido a epidemias y migraciones. En el siglo XVII, su poblaci&oacute;n se hab&iacute;a reducido a la mitad de la que ten&iacute;a en el siglo precedente (Forrest 1997, 92). La expansi&oacute;n de las haciendas en los siglos XVIII y XIX signific&oacute; la privatizaci&oacute;n, por despojo, de las tierras del poblado. Man&iacute; perdi&oacute; su importancia y dominio en tal medida que en 1825 era parte de una jurisdicci&oacute;n mayor, el partido de Sierra Alta, cuya cabecera estaba en el pueblo de Tekax, localizado a varios kil&oacute;metros al sur de Man&iacute;. En la actualidad, Man&iacute; es un municipio peque&ntilde;o, de tan solo 85 km<Sup>2 </Sup>(algunos municipios vecinos son de m&aacute;s de 1.000 km<Sup>2</Sup>) y donde predomina la propiedad privada frente a la ejidal, que corresponde al 25,9% del total de la superficie municipal.</p>      <p>    <center><a name="f2"><img src="img/revistas/rcan/v51n1/v51n1a02f2.jpg"></a></center></P>      <p>El ejido posrevolucionario como forma de tenencia signific&oacute; tanto el reconocimiento de las demandas de los campesinos liderados por el general Emiliano Zapata, quienes peleaban por la restituci&oacute;n de una forma de propiedad comunitaria de antecedente colonial, como las propuestas de car&aacute;cter individualista representadas por el general Francisco Villa y sus seguidores, quienes abogaban por una forma de peque&ntilde;a propiedad privada y moderna como un derecho constitucional. El resultado fue una forma de tenencia con contradicciones asociadas a su car&aacute;cter ambivalente en tanto forma de propiedad, pero tambi&eacute;n en tanto comunidad pol&iacute;tica. El ejido tuvo en su seno la contradicci&oacute;n de una propuesta de propiedad individual y una perspectiva comunitarista que asociaba el trabajo, la tierra y la pertenencia a una comunidad. Las unidades de dotaci&oacute;n asignadas a cada ejidatario tienen caracter&iacute;sticas similares a la propiedad individual &mdash;derecho a la herencia, derecho a tomar decisiones respecto a esta y exclusi&oacute;n de otros campesinos&mdash;, y hasta 1992 se diferencian de la propiedad privada por tener ciertas restricciones &mdash;inalienabilidad, inembargabilidad e imprescriptibilidad (esta &uacute;ltima se mantiene despu&eacute;s de la reforma de 1992)&mdash; y porque en t&eacute;rminos legales son un usufructo que el ejido como corporaci&oacute;n otorga a los ejidatarios. Esta definici&oacute;n compleja sobre el tipo de propiedad que es el ejido se prest&oacute; a diversas interpretaciones y pr&aacute;cticas de propiedad dentro de los ejidos dotados a lo largo y ancho del pa&iacute;s.</p>      <p>En Man&iacute;, como en todos los ejidos de la regi&oacute;n sur de Yucat&aacute;n, el cultivo de la milpa (asociaci&oacute;n de diversos cultivos en torno al ma&iacute;z criollo como cultivo central) determin&oacute; en buena medida la forma de apropiaci&oacute;n de la tierra en los ejidos dotados entre las d&eacute;cadas del veinte y el sesenta. El sistema rozatumbaquema de la milpa en Yucat&aacute;n, y espec&iacute;ficamente en Man&iacute;, imped&iacute;a poseer una misma superficie de tierra por m&aacute;s de dos o tres a&ntilde;os, ya que para tener buena cosecha era necesario dejar descansar la tierra durante varios a&ntilde;os; de ah&iacute; que nunca fueron asignadas parcelas a los ejidatarios. Esto signific&oacute;, en t&eacute;rminos de propiedad, que el ejido, en su totalidad, fuera considerado por los habitantes de Man&iacute; como de uso com&uacute;n y de acceso abierto a todo campesino milpero, en contraposici&oacute;n a lo estipulado por la legislaci&oacute;n agraria vigente<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La milpa implicaba el continuo desplazamiento de los campesinos milperos que en Man&iacute; se vieron, desde un inicio, limitados por la escasa extensi&oacute;n del ejido dotado. Seg&uacute;n las historias contadas por los ejidatarios de mayor edad, la territorialidad del reci&eacute;n creado ejido de Man&iacute; no fue evidente y hasta la fecha muchos de los ejidatarios desconocen todos los pol&iacute;gonos del ejido. Fue solo con el paso de los a&ntilde;os y debido a diferentes factores, entre los que se encuentran la progresiva conversi&oacute;n de los terrenos nacionales circundantes en propiedad ejidal y la presi&oacute;n demogr&aacute;fica en la regi&oacute;n, que el ejido de Man&iacute; se transform&oacute; en un territorio reconocido por los ejidatarios y habitantes del poblado. Este proceso estuvo acompa&ntilde;ado de otro, que consisti&oacute; en la apropiaci&oacute;n o privatizaci&oacute;n de facto de la tierra ejidal, que surgi&oacute; a ra&iacute;z de las innovaciones productivas, los cr&eacute;ditos rurales y las reformas legales.</p>      <p><font size="3"><b>La privatizaci&oacute;n de facto del uso com&uacute;n ejidal: un proceso subterr&aacute;neo y de larga duraci&oacute;n </b></font></p>      <p>El 6 de enero de 1992, el art&iacute;culo 27 de la Constituci&oacute;n fue reformado. Los cambios promovidos alteraron, en mayor o menor medida, las tramas de relaciones sociales entretejidas en torno a las formas de tenencia ejidal forjadas a nivel local.</p>      <p>Antes de ejemplificar qu&eacute; sucedi&oacute; en Yucat&aacute;n tras dicha reforma, quisiera hacer una aclaraci&oacute;n conceptual. Para fines anal&iacute;ticos, voy a diferenciar dos planos en los que la propiedad, como fen&oacute;meno social, es producida<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>. Uno de ellos es el plano jur&iacute;dico, ah&iacute; donde la propiedad es definida y normalizada por medio de categor&iacute;as que determinan lo que com&uacute;nmente identificamos como <I>formas de tenencia</I>. Estas son modelos normativos materializados en una legislaci&oacute;n para producir cierta realidad social. Tales modelos no dan cuenta de la compleja realidad social y solo enfatizan ciertos aspectos de inter&eacute;s desde la perspectiva estatal para ser normados. Es en este plano donde las nociones de propiedad privada, p&uacute;blica, social o comunal han sido construidas y debatidas. Por otro lado, identifico el plano de la pr&aacute;ctica social o de las pr&aacute;cticas de propiedad. En &eacute;l se despliega la interacci&oacute;n cotidiana entre actores que ejercen ciertos derechos de propiedad y es donde las definiciones legales moldean y son moldeadas, para ser ajustadas a necesidades e intereses concretos. Es tambi&eacute;n el contexto en el que una persona afirma &quot;esto es m&iacute;o&quot;, &quot;es de mi propiedad&quot;, y ejerce ciertos derechos sobre un objeto dado con reconocimiento y legitimidad de su entorno social inmediato. En muchos casos este reconocimiento es acorde a las categor&iacute;as normativas del plano legal, pero en muchos otros no lo es. En los ejidos mexicanos existen pr&aacute;cticas de propiedad no definidas por la ley, a las que podemos catalogar como extralegales, informales o multiformales; algunas de ellas est&aacute;n en contradicci&oacute;n con la legislaci&oacute;n agraria pero cuentan con legitimidad social.</p>      <p>Regresando a los casos de estudio, comienzo por formular una pregunta: &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a definirse el car&aacute;cter <I>comunal</I> o <I>colectivo</I> de la propiedad comunal ejidal, en los ejidos del sur del Yucat&aacute;n del siglo XXI? El uso com&uacute;n ejidal, en los cuatro ejidos donde realic&eacute; trabajo de campo, no significa en la actualidad la existencia de un acceso abierto a todo vecino del ejido; la legalidad del estado y la normatividad local establecen las condiciones de exclusi&oacute;n y acceso a estas tierras. Ambos sistemas normativos implican la exclusi&oacute;n de todas aquellas personas que no pertenecen a la comunidad de ejidatarios. Sin embargo, hay un desfase entre ambos sistemas normativos para definir qui&eacute;n forma parte de dicha comunidad. En el ejido de Man&iacute;, por ejemplo, los milperos no requieren del derecho agrario que la Ley Agraria establece para tener acceso a las tierras de uso com&uacute;n ejidal. No obstante, la costumbre local establece, a diferencia de la ley, la exclusi&oacute;n de las mujeres.</p>      <p>Por otro lado, el uso com&uacute;n tambi&eacute;n puede estar parcelado de facto y asignado individualmente en una alta proporci&oacute;n. En el ejido de Man&iacute;, con la introducci&oacute;n de la citricultura desde los a&ntilde;os setenta del siglo XX, varios pol&iacute;gonos del ejido, legalmente de uso com&uacute;n, han sido completamente divididos y asignados a <I>parceleros </I>que pueden o no ser ejidatarios<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>. Las parcelas donde se cultivan c&iacute;tricos son de uso individual y significan una apropiaci&oacute;n permanente de la tierra capitalizada con trabajo. Otro ejemplo de apropiaci&oacute;n permanente es la que se observa en ejidos ganaderos, como Tzucacab y Huntochac, donde la parcelaci&oacute;n de zonas de uso com&uacute;n, e incluso la divisi&oacute;n con bardas de alambre entre las parcelas, han sido pr&aacute;cticas comunes entre los ejidatarios por m&aacute;s de tres d&eacute;cadas.</p>      <p>La introducci&oacute;n de ciertos cultivos como los c&iacute;tricos y del ganado ha significado una reorganizaci&oacute;n productiva y una privatizaci&oacute;n de facto del uso com&uacute;n ejidal<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>. En el sur de Yucat&aacute;n este proceso se remonta a la d&eacute;cada del setenta, cuando el gobierno promovi&oacute; un conjunto de programas de desarrollo rural como parte de la Revoluci&oacute;n Verde. Fue entonces que se abri&oacute; en la regi&oacute;n una sucursal del banco estatal de cr&eacute;dito rural, Banrural, que extend&iacute;a cr&eacute;ditos al sector ejidal y subsidiaba nuevos cultivos intensivos, as&iacute; como la actividad pecuaria. Los programas de desarrollo rural significaron la reorganizaci&oacute;n del sistema productivo y la creaci&oacute;n de sociedades de producci&oacute;n rural (SPR) conformadas por ejidatarios con derecho a usufructuar una parcela ejidal<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>. Las sociedades se establec&iacute;an en un contrato en el que el ejido, en tanto persona moral, otorgaba en usufructo un &aacute;rea o parcela a una sociedad que tambi&eacute;n era una persona moral, com&uacute;nmente por un periodo de 30 a&ntilde;os. El tama&ntilde;o de la parcela se establec&iacute;a en funci&oacute;n del n&uacute;mero de socios que aportaban a la sociedad su unidad de dotaci&oacute;n. De esta forma, si a un socio ejidatario le correspond&iacute;an 20 hect&aacute;reas, el tama&ntilde;o de la parcela de la sociedad se calculaba multiplicando 20 por el n&uacute;mero de socios.</p>      <p>Las SPR conllevaron una parcelaci&oacute;n de facto de los lotes que compon&iacute;an la parcela usufructuada por la sociedad y una apropiaci&oacute;n permanente, y en algunos casos individualizada, de las tierras ejidales de mayor valor comercial. Este fue el caso de Man&iacute;, donde las sociedades de producci&oacute;n rural recibieron cr&eacute;dito para crear unidades de riego e introducir c&iacute;tricos.</p>      <p>Este proceso de apropiaci&oacute;n individualizada y permanente del uso com&uacute;n en los ejidos del sur de Yucat&aacute;n fue legalizado entre 1992 y 2006 con la reforma al art&iacute;culo 27 y con la implementaci&oacute;n del Programa de Certificaci&oacute;n de Derechos Ejidales y Titulaci&oacute;n de Solares (Procede). Este programa, apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, tuvo como meta principal generar las condiciones b&aacute;sicas para crear un mercado formal de tierras ejidales y, con el tiempo, la individualizaci&oacute;n y el cambio de estas a dominio pleno<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>.</p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="f3"><img src="img/revistas/rcan/v51n1/v51n1a02f3.jpg"></a></center></P>      <p>Para ello, el programa regularizaba la tenencia de la tierra fijando los l&iacute;mites de los ejidos que lo aceptaron<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup> y otorgaba t&iacute;tulos individuales de propiedad ejidal, ya fuera de uso com&uacute;n o de parcelas en aquellos ejidos que hubieran aceptado parcelar<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>. El Procede, adem&aacute;s, supuso la identificaci&oacute;n sistem&aacute;tica de todos los miembros de la comunidad ejidal en un padr&oacute;n de ejidatarios y su inscripci&oacute;n en el Registro Agrario Nacional (RAN)<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>. A esta tarea se a&ntilde;adi&oacute; la regularizaci&oacute;n de otras formas de posesi&oacute;n existentes en los ejidos que implicaron el reconocimiento de los <I>avecindados </I>y <I>posesionarios</I>, a quienes la nueva ley reconoci&oacute; como <I>sujetos agrarios</I> diferentes a los ejidatarios con derecho a la tierra ejidal. Finalmente, el mismo programa promovi&oacute; la elaboraci&oacute;n de un reglamento interno adaptado a las necesidades de cada ejido.</p>      <p>El paquete de opciones ofrecido por el Procede no fue aceptado de manera id&eacute;ntica en todos los ejidos del pa&iacute;s; en cada uno de ellos es posible observar diferentes combinaciones de arreglos sociales con respecto a la parcelaci&oacute;n y membres&iacute;a ejidal. Sin embargo, a grandes rasgos, uno de los resultados inesperados de este programa fue el cierre de la comunidad ejidal y, desde la perspectiva de la privatizaci&oacute;n de las tierras ejidales, un paso m&aacute;s hacia ella, en la medida en que los ejidos como corporaciones con derecho a la tierra se volvieron m&aacute;s excluyentes.</p>      <p>A manera de resumen de este complejo proceso, podemos decir que los ejidatarios del sur de Yucat&aacute;n, durante d&eacute;cadas, se mantuvieron al margen de la ley y aplicaron el principio de acceso abierto a las tierras ejidales para los milperos. Este principio se fue transformando a partir de la d&eacute;cada del setenta, cuando las sociedades de producci&oacute;n rural promovieron la delimitaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n permanente de las tierras m&aacute;s productivas del ejido. La llegada del Procede</B>, en la d&eacute;cada del noventa, consolid&oacute; este largo proceso y, junto con la nueva Ley Agraria, estimul&oacute; una transformaci&oacute;n en la noci&oacute;n de membres&iacute;a ejidal. Desde entonces, el n&uacute;mero de ejidatarios fue fijado, y aunque de acuerdo a la Ley Agraria puede ser ampliado, en la pr&aacute;ctica esto nunca sucede.</p>      <p>Entre las razones esgrimidas por ejidatarios y funcionarios agrarios para no abrir el ejido a m&aacute;s ejidatarios est&aacute; el argumento de que generar&iacute;a una desigualdad entre familias de la comunidad. Las familias grandes con muchos hijos hubieran tenido un mayor porcentaje de tierra sobre el ejido al inscribir a todos sus miembros, mientras que las familias chicas se hubieran visto en desventaja. Otra raz&oacute;n que podemos inferir de la observaci&oacute;n de campo es que, en muchos ejidos, los ejidatarios son el grupo con m&aacute;s poder en el n&uacute;cleo ejidal, justamente por tener el control de los recursos m&aacute;s valiosos. Su l&oacute;gica en estos casos es que la inclusi&oacute;n de nuevos ejidatarios atentar&iacute;a contra ese control. Una &uacute;ltima raz&oacute;n, asociada a la anterior, es la extendida idea, en muchos casos injustificada, de que no hay suficiente tierra ejidal.</p>      <p>En la actualidad, en muchos ejidos del pa&iacute;s, la &uacute;nica forma de tener acceso a la tierra ejidal es a trav&eacute;s de la enajenaci&oacute;n, la renta o el pr&eacute;stamo. Sin embargo, tambi&eacute;n existen resistencias a este proceso. El caso de Man&iacute; es ejemplar a este respecto. En este ejido, el programa Procede se enfrent&oacute; a la oposici&oacute;n de distintos sectores. De acuerdo a testimonios de los ejidatarios entrevistados durante el trabajo de campo, pocos deseaban la entrada del programa. En Man&iacute; existen tres grupos con intereses diferentes frente al ejido: por un lado, los milperos, que son ejidatarios en general, con m&aacute;s edad que el resto, y que en muchos casos defienden el uso com&uacute;n, el acceso abierto y la milpa. Por otro lado, los parceleros, que son ejidatarios, posesionarios o personas sin <I>calidad agraria </I>o derecho legal a la posesi&oacute;n de tierra ejidal, que est&aacute;n en posesi&oacute;n de una o m&aacute;s parcelas en las unidades de riego organizadas como sociedades de producci&oacute;n rural. Por &uacute;ltimo, un peque&ntilde;o grupo de ejidatarios, con o sin ganado, pero con intereses de promover la ganader&iacute;a y la parcelaci&oacute;n del ejido.</p>      <p>Cuando Procede lleg&oacute; a Man&iacute;, en 1999, estos tres grupos manifestaron de diferente forma sus puntos de vista. Los milperos, que son el grupo marginado econ&oacute;mica y pol&iacute;ticamente, se abstuvieron de asistir a las reuniones y de ese modo manifestaron su desacuerdo con el programa. Por su parte, los ejidatarios parceleros y el peque&ntilde;o grupo de ejidatarios ganaderos fueron los que tuvieron m&aacute;s voz en la decisi&oacute;n sobre el tipo de parcelaci&oacute;n que se realizar&iacute;a en el ejido, pero ambos grupos ten&iacute;an intereses diferentes. Los parceleros se opusieron a la parcelaci&oacute;n total del ejido que propon&iacute;an los ejidatarios ganaderos, ya que esta hubiera supuesto el fin de la creaci&oacute;n de nuevas unidades de riego que solo son posibles sobre el uso com&uacute;n ejidal, pero aceptaron la certificaci&oacute;n de las parcelas citr&iacute;colas existentes que tuvieran entre 1 y 3 hect&aacute;reas. El resultado final fue la parcelaci&oacute;n del 33,8% de la superficie de uso com&uacute;n y la legalizaci&oacute;n de 570 parcelas, de las cuales 538 son individuales y 30 son colectivas. La asamblea ejidal tambi&eacute;n reconoci&oacute; a 248 posesionarios (parceleros que no eran ejidatarios), a quienes se otorg&oacute; certificados parcelarios a su nombre sobre los pol&iacute;gonos parcelados. Por otra parte, los derechos sobre las tierras de uso com&uacute;n fueron asignados equitativamente entre los 438 ejidatarios, y se dej&oacute; un porcentaje m&iacute;nimo de estas tierras (el 4,95%) a favor del ejido.</p>      <p>En Yucat&aacute;n, una cuarta parte de los ejidos permitieron la parcelaci&oacute;n de m&aacute;s del 75% de su uso com&uacute;n con el programa Procede<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>. Un ejemplo de ello es el ejido de Tzucacab, cuya asamblea decidi&oacute;, en 1998, parcelar todas las tierras ejidales y asignarlas a los 388 ejidatarios y 18 posesionarios. En este ejido, habitado por 9.544 personas en 2005, &uacute;nicamente 406 (4,2%) estaban en posesi&oacute;n legal de las 8.584 hect&aacute;reas de la tierra ejidal. Desde entonces, el acceso para hacer la milpa o extraer le&ntilde;a, tradicionalmente abierto a todos los habitantes del ejido, comenz&oacute; a ser negociado de forma individual con el ejidatario titular de la parcela a la que se deseaba acceder. Es en este contexto que observamos claramente el proceso de privatizaci&oacute;n de mayor impacto nacional y menos se&ntilde;alado por especialistas: la conversi&oacute;n del ejido, un patrimonio comunitario y familiar por tradici&oacute;n, en mero patrimonio individual.</p>      <p>Este proceso se enfrenta, sin embargo, a ciertos tipos de resistencia para evitar la fijaci&oacute;n total de las relaciones de propiedad. Por ejemplo, en Tzucacab, la asamblea ejidal cre&oacute; parcelas colectivas asignadas a veinte o m&aacute;s ejidatarios, as&iacute; como parcelas no asignadas que pertenecen al ejido. Las primeras reproducen una l&oacute;gica del uso com&uacute;n ejidal a peque&ntilde;a escala, entre un grupo m&aacute;s reducido de personas, en la que la asignaci&oacute;n de la tierra es flexible, en tanto que las parcelas no asignadas permanecen abiertas a los habitantes del ejido sin calidad agraria, para hacer la milpa. Otra de las respuestas en reacci&oacute;n al cierre del ejido ha venido de parte de los habitantes de n&uacute;cleos ejidales que, sin calidad agraria, se sienten despojados por los mismos ejidatarios de un recurso comunitario como es la tierra ejidal. Por ejemplo, en 2014 los residentes del poblado de Chablekal crearon la Uni&oacute;n de Pobladoras y Pobladores del Pueblo de Chablekal por el Derecho a la Tenencia de la Tierra, el Territorio y los Recursos Naturales, y comenzaron a trabajar ciertas &aacute;reas de uso com&uacute;n ejidal que se encontraban en desuso y que no estaban asignadas a ning&uacute;n ejidatario. Su demanda de acceso a la tierra ejidal se apoya en la Declaraci&oacute;n de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Ind&iacute;genas y en el Convenio 169 de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo, en el que se establece que &quot;la tierra, el territorio y los recursos naturales son elementos fundamentales para la supervivencia de cualquier pueblo, fundamentalmente de un pueblo originario como el maya&quot;. Esta acci&oacute;n y esta demanda se justifican bajo el argumento de que &quot;los ejidatarios no son los &uacute;nicos due&ntilde;os de las tierras y el territorio de nuestro pueblo&quot; (&quot;Habitantes de Chablekal&quot; 2014), lo cual va en contra del discurso agrarista de la reforma agraria mexicana que prevaleci&oacute; a lo largo del siglo XX y que rescata el principio de pueblo originario, mucho m&aacute;s incluyente que el de corporaci&oacute;n de ejidatarios.</p>      <p><font size="3"><b>Mercantilizaci&oacute;n de la tierra ejidal y legalizaci&oacute;n del mercado </b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El mercado formal de tierras ejidales en la mayor&iacute;a de los ejidos del pa&iacute;s es peque&ntilde;o y contrasta con el amplio mercado irregular en marcha y en incremento desde d&eacute;cadas antes de la reforma legal de 1992. El conjunto de enmiendas al art&iacute;culo 27, dirigidas a legalizar el mercado de tierras ejidales existente, no ha logrado su objetivo y, contrariamente a lo esperado, ha activado m&uacute;ltiples irregularidades asociadas a los desfases entre lo que establece la ley, lo que marca la costumbre, lo que se inscribe en la pr&aacute;ctica social y aquello que se decide de forma individual.</p>      <p>En Man&iacute;, la compraventa de parcelas en las unidades de riego es una pr&aacute;ctica com&uacute;n y ocurre desde que estas fueron creadas en la d&eacute;cada del setenta, aunque es a finales de los a&ntilde;os noventa cuando se incrementan este tipo de transacciones. Antes y despu&eacute;s del paso de Procede, la venta o cesi&oacute;n de parcelas en las unidades de riego en Man&iacute; se hac&iacute;a &quot;de palabra&quot;, al margen de lo establecido por la Ley Agraria y el Registro Agrario Nacional (RAN), pero de acuerdo a un conjunto de procedimientos vern&aacute;culos que les dan legitimidad social a las transacciones de enajenaci&oacute;n. Antes de explicar en qu&eacute; consisten estos procedimientos, es importante tener en cuenta que la Ley Agraria establece como requisito que tanto el vendedor como el comprador de la tierra sean ejidatarios o avecindados legales del ejido. Para que esto se cumpla, es necesario aparecer como ejidatario o avecindado en RAN. Tambi&eacute;n se exige que quien enajena la tierra ejidal haga p&uacute;blica la cesi&oacute;n para que su c&oacute;nyuge y sus hijos puedan tener el <I>derecho al tanto</I>. Si se cumple el derecho al tanto y la condici&oacute;n de que los involucrados en la transacci&oacute;n de enajenaci&oacute;n posean <I>calidad agraria</I>, es decir, que sean ejidatarios o avecindados, la transacci&oacute;n de enajenaci&oacute;n se considera legal, se hace un contrato y se inscribe en el RAN. Toda transacci&oacute;n que no cumpla con estos requisitos se considera ilegal<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup>.</p>      <p>En Man&iacute;, sin embargo, los requisitos establecidos por la normatividad vern&aacute;cula son diferentes: los usos y costumbres locales establecen que el parcelero &mdash;es decir, aquel en posesi&oacute;n de una parcela pero no forzosamente con calidad agraria&mdash; que desee vender su parcela debe informar a los socios de la unidad, quienes tienen un derecho preferencial en la compra. Solo en el caso de que nadie en la unidad se interese por la parcela en venta, se abre la oferta a &quot;gente externa&quot; a la unidad que, de acuerdo a la norma local, deben ser residentes de Man&iacute; aunque no forzosamente ejidatarios o avecindados. La transacci&oacute;n se realiza con el representante de la unidad como testigo, y es &eacute;l mismo quien expide un documento, en ocasiones avalado por el juez de paz, que da certeza sobre la posesi&oacute;n de la parcela<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>.</p>      <p>Adem&aacute;s del precio a pagar establecido entre el comprador y el vendedor, el nuevo socio debe abonar un 10% de ese valor a la sociedad de la unidad de riego para que su nombre sea anexado en el acta de constituci&oacute;n de esta. Una vez admitido en la unidad, al nuevo socio se le explican las reglas internas y los derechos y obligaciones que tiene. Entre ellos se encuentran la asistencia a la asamblea de la unidad, el pago de multas si no se asiste a ella y la colaboraci&oacute;n con d&iacute;as de trabajo.</p>      <p>En Man&iacute; existe desacuerdo entre los ejidatarios, posesionarios y parceleros entrevistados sobre la legalidad o ilegalidad de la venta de parcelas ejidales (algunas de ellas legalizadas con Procede y otras que son solo parcelas de facto, de reciente creaci&oacute;n, que no cuentan con un certificado parcelario), y sobre la cesi&oacute;n de los derechos agrarios. Algunos de los ejidatarios entrevistados entre 2010 y 2011 expresaron que la venta o cesi&oacute;n de derechos es ilegal; otros, que solo es ilegal cuando la realizan parceleros. Para algunos m&aacute;s, solamente es legal la cesi&oacute;n del derecho a usufructuar una parcela en las tierras parceladas del ejido. Otros explicaron que la tierra que se <I>cede</I> contin&uacute;a siendo del ejido, por lo que la enajenaci&oacute;n solo se refiere a todo lo que se ha invertido en la parcela, como los &aacute;rboles en producci&oacute;n y el sistema de riego. Ninguno de los ejidatarios, posesionarios y parceleros entrevistados se&ntilde;al&oacute; alguna diferencia entre las transacciones de compra y venta realizadas en unidades de riego, cuya parcelaci&oacute;n fue legalizada con Procede, y aquellas llevadas a cabo en nuevas unidades que no han legalizado la parcelaci&oacute;n del uso com&uacute;n cedido en usufructo a la sociedad de producci&oacute;n rural. Tampoco expresaron alguna diferencia entre los ejidatarios, avecindados, posesionarios y parceleros con respecto a las transacciones de enajenaci&oacute;n. De hecho, un excomisario ejidal, el se&ntilde;or Gamaliel Castillo, se&ntilde;al&oacute; que los parceleros tienen ventaja respecto a ciertos tr&aacute;mites asociados a la sucesi&oacute;n que son m&aacute;s sencillos:</P>  <ol>No hay m&aacute;s tr&aacute;mite que la palabra. En cambio, en el caso de los ejidatarios    <br>  hay muchos tr&aacute;mites y es m&aacute;s costoso, pues en caso de que no se     <br> haya dejado el sobre con el sucesor hay que meter testigos. (G. Castillo,     <br> comunicaci&oacute;n personal)     </ol>      <p>M&aacute;s all&aacute; de la divergencia de opiniones, es un hecho que las transacciones de las que tuvimos noticia durante la estancia de campo no ten&iacute;an validez oficial, puesto que ninguna estaba inscrita en el RAN.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde otra perspectiva, existe un acuerdo entre los entrevistados que se evidenci&oacute; durante el trabajo de campo en 2011. Coincid&iacute;an en se&ntilde;alar la necesidad de evitar la concentraci&oacute;n de la tierra parcelada en pocas manos, la entrada de personas externas a Man&iacute; y la especulaci&oacute;n con la tierra ejidal. En los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os, la migraci&oacute;n de habitantes de Man&iacute; a Estados Unidos ha dinamizado el mercado de tierras en las unidades de riego. Quienes desean migrar han vendido sus parcelas para obtener dinero; as&iacute; mismo los migrantes, por lo general a trav&eacute;s de alg&uacute;n familiar que es ejidatario, han adquirido parcelas en las unidades de riego. En la actualidad existen ejidatarios con hijos migrantes y m&aacute;s de cinco parcelas en una o m&aacute;s unidades de riego adquiridas con dinero de remesas.</p>      <p><font size="3"><b>Interpretaciones divergentes sobre la clase de propiedad que es el ejido posrevolucionario neoliberal </b></font></p>      <p>El trabajo de campo y las entrevistas realizadas en cuatro ejidos del sur de Yucat&aacute;n me permitieron percatarme de un conjunto de interpretaciones contradictorias en torno a la Ley Agraria compartidas por las personas entrevistadas, en particular entre los ejidatarios de Man&iacute;. Estas interpretaciones revelan no solo ideas sino m&uacute;ltiples pr&aacute;cticas de propiedad que no se reducen a las establecidas por la ley. Presento dos ejemplos.</p>      <p><font size="3"><b>Sobre qui&eacute;n tiene derecho a la tierra ejidal</b></font></p>      <p>De acuerdo a la mayor&iacute;a de los ejidatarios entrevistados en el sur de Yucat&aacute;n, todo habitante del ejido o vecino es llamado <I>avecindado </I>y, por tanto, se asume que tiene derecho a comprar tierras ejidales. En t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, esta idea es incorrecta, ya que de acuerdo a la Ley Agraria solo dos sujetos agrarios, el ejidatario y el avecindado, gozan de este derecho. Para convertirse en avecindado legal es requisito vivir por lo menos un a&ntilde;o en el ejido y, sobre todo, ser reconocido como tal en una asamblea ejidal donde se levanta un acta que debe ser inscrita en el RAN. Este procedimiento es lento, costoso por los desplazamientos que supone y desconocido por la mayor&iacute;a de los habitantes de los ejidos de la regi&oacute;n de estudio.</p>      <p><font size="3"><b>Sobre la enajenaci&oacute;n de la tierra ejidal en el sur de Yucat&aacute;n</b></font></p>      <p>Durante el trabajo de campo y el di&aacute;logo entablado con los habitantes de los ejidos de estudio y los funcionarios agrarios, me percat&eacute; de lo com&uacute;n que era el uso de distintas palabras para referirse a diversos tipos de transferencia de la tierra ejidal que involucraban un monto de dinero como forma de pago. La mayor&iacute;a de los ejidatarios utilizaban el t&eacute;rmino de <I>cesi&oacute;n de derechos</I>, aunque algunos tambi&eacute;n hablaban de <I>venta y compra </I>de tierras ejidales. Estas diferencias en la manera de nombrar la acci&oacute;n de trasferir un derecho de usufructo me permiten reflexionar sobre el significado que tienen para los ejidatarios las transacciones de enajenaci&oacute;n y sobre los nuevos y viejos sentidos en torno a la propiedad ejidal que coexisten en los ejidos de estudio. Es as&iacute; que he identificado ejidatarios que se definen como meros usufructuarios de las tierras ejidales y hacen &eacute;nfasis en que es el ejido o la asamblea ejidal la &uacute;nica propietaria de dichas tierras. Desde esta perspectiva, los ejidatarios tienen &uacute;nicamente la posibilidad de <I>ceder</I> los derechos sobre trabajo invertido y sobre un espacio que han ocupado temporalmente, para lo cual se otorga una <I>gratificaci&oacute;n</I>.</p>      <p>La noci&oacute;n de gratificaci&oacute;n enfatiza la dimensi&oacute;n social e implica relaciones de vecindad, as&iacute; como una actitud de buena voluntad, y se diferencia de la noci&oacute;n de pago, caracterizada por la existencia de una relaci&oacute;n comercial entre extra&ntilde;os cuyo principal incentivo es la ganancia monetaria. De acuerdo a varios ejidatarios, la gratificaci&oacute;n se otorga por el trabajo invertido en la parcela y no por la parcela misma, idea que tambi&eacute;n remite al principio de funci&oacute;n social de la tierra. Desde este punto de vista, las tierras ejidales no se <I>venden</I>, aunque es posible enajenar el usufructo o el trabajo realizado en las parcelas legales y econ&oacute;micas. Por otro lado, en esta misma l&oacute;gica, las transacciones de enajenaci&oacute;n no involucran un objeto material &mdash;la parcela ejidal&mdash; sino m&aacute;s bien un derecho de acceso y de transmisi&oacute;n de estas. El ejido como entidad comunitaria es el detentador &uacute;ltimo de las tierras ejidales. La nueva legislaci&oacute;n introduce, sin embargo, un conjunto de cambios que van en contra de este principio. Con la llegada de Procede</B>, una nueva interpretaci&oacute;n sobre la enajenaci&oacute;n de las tierras, seg&uacute;n la cual la parcela ejidal es un bien sobre el cual el ejidatario tiene total y perpetua posesi&oacute;n, se ha ido forjando en los ejidos de estudio. Es desde esta perspectiva que se habla de <I>venta de tierras </I>y es en este registro discursivo desde donde la posibilidad de &quot;hacer negocio&quot; o especular con las tierras cobra sentido. Esta mirada surge de ciertas pr&aacute;cticas asociadas a la parcelaci&oacute;n legal de las tierras ejidales. Espec&iacute;ficamente, la privatizaci&oacute;n de los derechos ejidales ha ido acompa&ntilde;ada de una privatizaci&oacute;n en los procedimientos tradicionales y legales de enajenaci&oacute;n. En Man&iacute; ya no es necesaria la aceptaci&oacute;n de la asamblea ejidal o de la unidad de riego para validar una transacci&oacute;n; el trato de enajenaci&oacute;n se est&aacute; convirtiendo en un trato privado entre dos personas, que dejan fuera a la comunidad ejidal. De ah&iacute; que, sin el aval de la comunidad ni del estado, muchas de las transacciones que se realizan hoy en d&iacute;a gocen de poca certeza jur&iacute;dica.</p>      <p><font size="3"><b>Consideraciones finales </b></font></p>      <p>El ejido, entendido como forma de tenencia de la tierra y como relaci&oacute;n de propiedad, ha experimentado, desde su creaci&oacute;n en 1915, cambios sustanciales en cuanto a los significados, regulaciones y pr&aacute;cticas sociales que lo conforman. Como he mostrado en este texto, en el sur de Yucat&aacute;n han coexistido diversas interpretaciones sobre el tipo de propiedad que es el ejido y, m&aacute;s importante a&uacute;n, sobre qui&eacute;n puede o no ser parte de la comunidad de beneficiarios de la propiedad ejidal. En esta regi&oacute;n, el ejido posrevolucionario se mantuvo, en las primeras d&eacute;cadas de implementaci&oacute;n, como una forma de acceso abierto a la tierra para todos aquellos campesinos que practicaban la milpa. Sin embargo, la capitalizaci&oacute;n de la tierra por medio de cr&eacute;ditos deton&oacute; pr&aacute;cticas de apropiaci&oacute;n permanente que trazaron una nueva forma de comprender el ejido, y de ese modo limitaron su car&aacute;cter abierto y fijaron las posibles relaciones de propiedad que se reproduc&iacute;an en el marco de esta forma de tenencia de tierra.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas, un nuevo sentido del ejido, que podr&iacute;amos describir como neoliberal, ha ganado adeptos entre los habitantes ejidales. Desde esta nueva perspectiva, la tierra ejidal es concebida como un recurso escaso, divisible en parcelas y apropiable individualmente. Este cambio de significado que apunta hacia la mercantilizaci&oacute;n de la tierra ejidal tiene, no obstante, sus l&iacute;mites: en los ejidos de estudio la noci&oacute;n de <I>dominio pleno</I>, que supone una definici&oacute;n de la propiedad privada como absoluta y perpetua, contin&uacute;a siendo ajena al sentido com&uacute;n de la mayor&iacute;a de ejidatarios<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>. Tambi&eacute;n resulta inconcebible la idea de un mercado sin regulaci&oacute;n social o, en t&eacute;rminos de los economistas neocl&aacute;sicos, <I>autorregulado</I>. A pesar del cambio constitucional de corte neoliberal que permiti&oacute; la puesta en circulaci&oacute;n de la tierra ejidal en un mercado inmobiliario legal, la tierra ejidal en el Yucat&aacute;n rural contempor&aacute;neo sigue estando sujeta a un conjunto de regulaciones vern&aacute;culas que enfatizan el inter&eacute;s colectivo sobre el individual; que limitan, en lo posible, la especulaci&oacute;n y buscan mantener el car&aacute;cter abierto y ambiguo en las relaciones de propiedad que pueden coexistir >en el marco jur&iacute;dico del ejido.</p>   <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> Este trabajo es parte de una investigaci&oacute;n mayor realizada entre 2010 y 2013 en cuatro ejidos del sur del estado de Yucat&aacute;n, M&eacute;xico, en una regi&oacute;n catalogada como rural e ind&iacute;gena, donde m&aacute;s del 90% de la poblaci&oacute;n es hablante de la lengua maya. Agradezco los valiosos comentarios y cr&iacute;ticas de los dos dictaminadores an&oacute;nimos de la <I>RCA</I> que contribuyeron a mejorar y aclarar las ideas desarrolladas en este texto.    <br> <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> En M&eacute;xico la ley reconoce tres tipos de propiedad: la propiedad privada, la p&uacute;blica y la social. Esta &uacute;ltima recibe ese nombre por diferentes motivos, entre los que destacan las limitaciones de orden p&uacute;blico y social impuestas a esta clase de propiedad, por el r&eacute;gimen jur&iacute;dico tutelar asignado a las formas de tenencia comunal y ejidal que la conforman y porque establece un conjunto de derechos y obligaciones asociados a la comunidad y la familia (P&eacute;rez Casta&ntilde;eda 2002, 38).    <br> <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> El ejido es una forma de tenencia de la tierra, pero es tambi&eacute;n una entidad con personalidad jur&iacute;dica cuya m&aacute;xima autoridad es la asamblea ejidal conformada por todos los ejidatarios.    <br> <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> Este deb&iacute;a ser campesino, sin tierra, jefe de familia y vecino de la localidad donde se realizar&iacute;a la dotaci&oacute;n ejidal o pe&oacute;n de hacienda.    <br> <a name="num5"></a><a href="#nu5"><sup>5</sup></a> Hasta 1992 los vecinos de los n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n ejidal que cumpliesen con el perfil socioecon&oacute;mico de ejidatario ten&iacute;an el derecho de incorporarse como tales cuando exist&iacute;an vacantes, tambi&eacute;n cuando se transformaba la tecnolog&iacute;a de producci&oacute;n agr&iacute;cola para hacer m&aacute;s intensiva la producci&oacute;n, cuando se ampliaba la zona de cultivo sobre &aacute;reas de pastos y montes, o se solicitaba una ampliaci&oacute;n del ejido. En t&eacute;rminos generales, el procedimiento lo realizaban funcionarios de la Secretar&iacute;a de la Reforma Agraria, que cada periodo hac&iacute;an &quot;investigaciones de usufructo&quot; en todos los ejidos del pa&iacute;s para privar del derecho agrario a aquellos que incumpliesen con la obligaci&oacute;n de trabajar la tierra y dar de alta a aquellos que la estuviesen trabajando. En ese sentido, en muchas regiones del pa&iacute;s donde la presi&oacute;n demogr&aacute;fica no era muy fuerte, la tierra ejidal era un recurso relativamente abierto a todo habitante del n&uacute;cleo ejidal que deseaba trabajarla.    <br> <a name="num6"></a><a href="#nu6"><sup>6</sup></a> En 1993 fue puesto en marcha un programa de regularizaci&oacute;n de tierras ejidales. Entre sus objetivos estaba la certificaci&oacute;n de parcelas ejidales en los ejidos que hasta entonces eran de uso com&uacute;n. Ya se hablar&aacute; con m&aacute;s detalle de dicho programa en la segunda secci&oacute;n de este texto.    <br> <a name="num7"></a><a href="#nu7"><sup>7</sup></a> La noci&oacute;n de relaciones de propiedad enfatiza el car&aacute;cter social de la propiedad.  A diferencia de una noci&oacute;n bimodal seg&uacute;n la cual A pertenece a B, la noci&oacute;n de relaci&oacute;n  de propiedad propone que A posee B, en oposici&oacute;n a C (Hallowell 1974, 239 citado en  Cronon 1983, 58). Es as&iacute; que, si nos proponemos estudiar la propiedad como instituci&oacute;n,  debemos analizar los patrones de derechos, obligaciones, privilegios y poderes que determinan el comportamiento individual o grupal en mutua relaci&oacute;n, adem&aacute;s de la custodia, la posesi&oacute;n, el uso, el goce, la disposici&oacute;n, etc. de varias clases de objetos.    <br> <a name="num8"></a><a href="#nu8"><sup>8</sup></a> Siguiendo a Benda-Beckmann, Benda-Beckmann y Wiber (2006), la propiedad como fen&oacute;meno social cobra sentido en una gran variedad de planos sociales o capas de organizaci&oacute;n social que incluyen ideales culturales e ideolog&iacute;as, instituciones legales, relaciones y pr&aacute;cticas sociales. Los m&uacute;ltiples planos donde se produce la propiedad est&aacute;n interrelacionados de diversas formas. Por ejemplo, un conjunto de pr&aacute;cticas sociales crea, mantiene y cambia lo que la propiedad es en el &aacute;mbito de las normatividades vern&aacute;culas o la ley, y a la inversa (15).    <br> <a name="num9"></a><a href="#nu9"><sup>9</sup></a> M&eacute;xico se destaca por ser el pa&iacute;s latinoamericano donde se llev&oacute; a cabo la reforma agraria m&aacute;s amplia y m&aacute;s temprana de la regi&oacute;n. Iniciada en 1915 e institucionalizada en 1917, esta reforma se convirti&oacute; en la principal pol&iacute;tica agraria y en un proyecto de desarrollo nacional, en particular durante los a&ntilde;os treinta y cuarenta. A su t&eacute;rmino, en 1992, 3.889.576 campesinos hab&iacute;an sido beneficiados con la dotaci&oacute;n ejidal y la restituci&oacute;n de bienes comunales, que sumaban un total aproximado de 103 millones de hect&aacute;reas (Secretar&iacute;a de la Reforma Agraria 2006).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num10"></a><a href="#nu10"><sup>10</sup></a> Por ejemplo, Vel&aacute;zquez (2001) describe para la regi&oacute;n de Soteapan, Veracruz, la continuaci&oacute;n de una territorialidad <I>popoluca</I> que hasta principios del siglo XX no reconoc&iacute;a los l&iacute;mites ejidales ni municipales impuestos por la federaci&oacute;n.    <br> <a name="num11"></a><a href="#nu11"><sup>11</sup></a> V&eacute;ase por ejemplo el trabajo de Aboites (1985).    <br> <a name="num12"></a><a href="#nu12"><sup>12</sup></a> Es importante se&ntilde;alar que, para los mismos legisladores que forjaron el art&iacute;culo 27 de la Constituci&oacute;n en 1917, no fue evidente la necesidad de establecer qu&eacute; tipo de propiedad ser&iacute;a el ejido posrevolucionario. A lo largo de la historia de la legislaci&oacute;n agraria podemos observar cambios radicales a este respecto. Si en 1915 Venustiano Carranza concibi&oacute; el ejido como forma de propiedad transitoria que irremediablemente evolucionar&iacute;a hacia la peque&ntilde;a propiedad, idea compartida por los constituyentes de 1917, L&aacute;zaro C&aacute;rdenas lo defini&oacute; en 1934 como una forma de propiedad permanente, plenamente desarrollada y sustancialmente diferente a la privada (Azuela 2009; Mackinlay 1991). Ambas visiones manifiestan diferentes maneras de pensar la propiedad, as&iacute; como de concebir la funci&oacute;n social del ejido.    <br> <a name="num13"></a><a href="#nu13"><sup>13</sup></a> En t&eacute;rminos generales, el procedimiento para obtener dotaci&oacute;n de tierras ejidales era el siguiente: se conformaba un grupo de campesinos (ind&iacute;genas o mestizos) que, por intermediaci&oacute;n del comit&eacute; regional campesino, dirig&iacute;a una solicitud de tierras a la Comisi&oacute;n Agraria Mixta (CAM). Desde all&iacute; se enviaba un perito agrario a levantar un censo y realizar un dictamen sobre la pertinencia o no de la solicitud de tierras. Si el dictamen era favorable, el gobernador del estado emit&iacute;a una resoluci&oacute;n provisional que deb&iacute;a ser ratificada por el presidente de la rep&uacute;blica, quien otorgaba la resoluci&oacute;n definitiva. Para terminar, esta &uacute;ltima era publicada en el <I>Diario Oficial de la Naci&oacute;n</I>.    <br> <a name="num14"></a><a href="#nu14"><sup>14</sup></a> Una ley estatal de 1844 establec&iacute;a que todos los pueblos de Yucat&aacute;n ten&iacute;an derecho a una extensi&oacute;n de cinco leguas a la redonda del centro del poblado. Fue as&iacute; que muchos pueblos lograron conservar una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de sus tierras a pesar de las leyes de desamortizaci&oacute;n (Mac&iacute;as 2013).    <br> <a name="num15"></a><a href="#nu15"><sup>15</sup></a> Para una descripci&oacute;n m&aacute;s detallada sobre el acceso abierto en el contexto ejidal en la regi&oacute;n sur de Yucat&aacute;n, v&eacute;ase Torres-Mazuera (2014); tambi&eacute;n los trabajos de Duch (1995), Hern&aacute;ndez (1996), Rosales (1988), Ter&aacute;n y Rasmussen (&#91;1994&#93; 2009), quienes han mostrado la incompatibilidad entre la t&eacute;cnica de la roza-tumba-quema y la forma de tenencia ejidal.    <br> <a name="num16"></a><a href="#nu16"><sup>16</sup></a> Este marco anal&iacute;tico retoma parte del argumento desarrollado en Benda-Beckmann, Benda-Beckmann y Wiber (2006).    <br> <a name="num17"></a><a href="#nu17"><sup>17</sup></a> El parcelero en Man&iacute; es todo aquel campesino que tiene posesi&oacute;n de una parcela en una unidad de riego.    <br> <a name="num18"></a><a href="#nu18"><sup>18</sup></a> Esta privatizaci&oacute;n es <I>de facto</I>, porque legalmente la extensi&oacute;n parcelada segu&iacute;a siendo de uso com&uacute;n.    <br> <a name="num19"></a><a href="#nu19"><sup>19</sup></a> Las sociedades de producci&oacute;n rural son figuras asociativas reglamentadas por la Ley General de Cr&eacute;dito Rural de 1976. Su antecedente inmediato son las sociedades locales de cr&eacute;dito agr&iacute;cola reglamentadas por la Ley de Cr&eacute;dito Agr&iacute;cola de 1955 y su objetivo principal fue la organizaci&oacute;n de los ejidatarios como receptores de cr&eacute;dito estatal (Cebada 2001).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num20"></a><a href="#nu20"><sup>20</sup></a> El trasfondo ideol&oacute;gico de este proyecto es el supuesto de que el desarrollo econ&oacute;mico y la eficiencia productiva en el campo solo son posibles si existe certidumbre jur&iacute;dica, asociada a t&iacute;tulos de propiedad individuales, que permita la creaci&oacute;n de un mercado de tierra ejidal.    <br> <a name="num21"></a><a href="#nu21"><sup>21</sup></a> Hasta entonces los l&iacute;mites de los ejidos presentaban muchas fallas al haber sido establecidos con m&eacute;todos de medici&oacute;n menos precisos.    <br> <a name="num22"></a><a href="#nu22"><sup>22</sup></a> Aunque desde las primeras dotaciones de ejidos hubo intentos de parcelar las tierras ejidales, esta tarea nunca se llev&oacute; a cabo de forma sistem&aacute;tica. En Yucat&aacute;n la asignaci&oacute;n de parcelas o el uso de tierras comunes nunca fueron formalizados porque en la mayor&iacute;a de los ejidos de la entidad imperaba el uso com&uacute;n.    <br> <a name="num23"></a><a href="#nu23"><sup>23</sup></a> De la misma forma que la imprecisi&oacute;n de los l&iacute;mites ejidales, los padrones ejidales presentaban muchos errores en los nombres de los ejidatarios, que a veces estaban mal escritos, otras, repetidos y siempre, incompletos.    <br> <a name="num24"></a><a href="#nu24"><sup>24</sup></a> Utilizo el corte de 75% para establecer una diferencia entre los ejidos de uso com&uacute;n y aquellos que pr&aacute;cticamente no lo tienen. El Procede exig&iacute;a la creaci&oacute;n de una parcela abierta para el uso de las mujeres residentes del ejido y otra para la construcci&oacute;n y el uso de la escuela local. Es as&iacute; que la mayor&iacute;a de los ejidos estudiados parcelan aunque sea una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de su uso com&uacute;n y solo en 14 de ellos, de un total de 707, por razones particulares que habr&iacute;a que estudiar de manera espec&iacute;fica, se parcel&oacute; todo el ejido.    <br> <a name="num25"></a><a href="#nu25"><sup>25</sup></a> Entrevista con el magistrado supernumerario&nbsp;Luis Rafael Hern&aacute;ndez Palacios Mir&oacute;n, Tribunal Unitario Agrario 34, realizada el 22 de noviembre de 2011.&nbsp;V&eacute;ase tambi&eacute;n el art&iacute;culo 80 de la Ley Agraria,&nbsp;en <a href="http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/13.pdf" target="_blank">http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/13.pdf</a>.    <br> <a name="num26"></a><a href="#nu26"><sup>26</sup></a> El juez de paz funge como autoridad civil a nivel microlocal y se encarga de la resoluci&oacute;n de conflictos en materia civil.    <br> <a name="num27"></a><a href="#nu27"><sup>27</sup></a> La reforma de 1992 al art&iacute;culo 27 introdujo la figura de dominio pleno sobre tierras ejidales. Tras el paso de Procede, la Ley Agraria facult&oacute; a las asambleas ejidales para aceptar la conversi&oacute;n a dominio pleno de aquellas &aacute;reas parceladas legalmente del ejido. Para ello, cada ejidatario con t&iacute;tulo parcelario individual debe hacer el tr&aacute;mite ante el RAN.    <br>   <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>Aboites Aguilar, Luis.</B> 1985. <I>La Revoluci&oacute;n mexicana en Espita, Yucat&aacute;n. Microhistoria de la formaci&oacute;n del estado de la Revoluci&oacute;n.</I> M&eacute;xico D. F.: Maldonado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0486-6525201500010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Azuela, Antonio.</B> 2009. &quot;El problema con las ideas&quot;. En <I>En busca de Molina Enr&iacute;quez. Cien a&ntilde;os de Los grandes problemas nacionales</I>, coordinado por Emilio Kouri, 79-126. M&eacute;xico D. F.: El Colegio de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0486-6525201500010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>______.</B> 2010. &quot;Property in the Post Procede Revolution: Notes on the Crisis of the Constitutional Idea of Property in Contemporary Mexico&quot;. En <I>Texas Law Review </I>89 (7): 1915-2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0486-6525201500010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Baitenmann, Helga.</B> 1998. &quot;The Article 27 Reforms and the Promise of Local Democratization in Central Veracruz&quot;. En <I>The Transformation of Rural Mexico. Reforming the Ejido Sector</I>, editado por Cornelius W. Myhre, 105-124. La Jolla: Center for U. S.Mexican Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0486-6525201500010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Ba&ntilde;os Ram&iacute;rez, Oth&oacute;n.</B> 1998. &quot;Procede: Gateway to Modernization of the Ejido? The Case of Yucat&aacute;n&quot;. En <I>The Future Role of the Ejido in Rural Mexico</I>, editado por Richard Snyder y Gabriel Torres, 32-43. La Jolla: Center for U. S. Mexican Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0486-6525201500010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Benda-Beckmann, Franz, Keebet Benda-Beckmann y Melanie Wiber.</B> 2006. &quot;The Properties of Property&quot;. En <I>Changing Properties of Property</I>, editado por Franz Benda-Beckmann, Keebet Benda-Beckmann y Melanie Wiber, 139. Nueva York; Oxford: Berghahn Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0486-6525201500010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Castellanos, M. Bianet.</B> 2009. &quot;Don Teo's Expulsion: Property Regimes, Moral Economies, and Ejido Reform&quot;. <I>Journal of Latin American and Caribbean Anthropology</I> 14 (2): 144-169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0486-6525201500010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Cebada Contreras, Mar&iacute;a del Carmen. </B>2001. &quot;El cr&eacute;dito rural en la relaci&oacute;n estado-campesinado: del control pol&iacute;tico a la descorporativizaci&oacute;n&quot;. Ponencia presentada en Latin American Studies Association, XXIII International Congress Session. 68 de septiembre de 2001. Washington. Consultado el 15 de junio de 2015.  <a href="http://lasa.international.pitt.edu/Lasa2001/CebadaContrerasMaria.pdf" target="_blank">http://lasa.international.pitt.edu/Lasa2001/CebadaContrerasMaria.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0486-6525201500010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Concheiro B&oacute;jorquez, Luciano y Roberto Diego Quintana, coords.</B> 2001. <I>Una perspectiva campesina del mercado de tierras ejidales: siete estudios de caso. </I>M&eacute;xico D. F.: Casa Juan Pablos Centro Cultural.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0486-6525201500010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>______.</B> 2003. &quot;Estructura y din&aacute;mica del mercado de tierras ejidales de la rep&uacute;blica mexicana&quot;. En <I>Pol&iacute;ticas y regulaciones agrarias. Din&aacute;micas de poder y juegos de actores en torno a la tenencia de la tierra</I>, editado por Eric L&eacute;onard, Andr&eacute; Quesnel y Emilia Vel&aacute;zquez, 157-188. M&eacute;xico D. F.: IRD; Ciesas; Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0486-6525201500010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Cornelius, Wayne y David Myhrn, eds. </B>1998. <I>The Transformation of Rural Mexico. Reforming the Ejido Sector.</I> La Jolla: Center for U. S.Mexican Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0486-6525201500010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Cronon, William.</B> 1983. <I>Changes in the Land. Indians, Colonist and the Ecology of New England.</I> Nueva York: Hill &amp; Wang.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0486-6525201500010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Duch Gary, Jorge.</B> 1995. &quot;Los suelos, la agricultura y la vegetaci&oacute;n en Yucat&aacute;n&quot;. En <I>La milpa en Yucat&aacute;n: un sistema de producci&oacute;n agr&iacute;cola tradicional</I>, t. 1, compilado por Xocolotzin Hern&aacute;ndez, Baltazar Bello y Tacher Levy, 97-107<I>. </I>Texcoco: Colegio de Posgraduados.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0486-6525201500010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Forrest, David W.</B> 1997. &quot;The Landscape of Man&iacute;: Metaphor and the Construction of Community in Yucat&aacute;n&quot;. Tesis de doctorado, Universidad de Florida.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0486-6525201500010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Gates, William.</B> 1978. <I>Yucatan before and after the Conquest</I>. Nueva York: Dover.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0486-6525201500010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Goldring, Luin.</B> 1998. &quot;Having the Cake and Eating it too: Selective Appropriation of Ejido Reform in Michoac&aacute;n&quot;. En <I>The Transformation of Rural Mexico. Reforming the Ejido Sector</I>, editado por Cornelius Wayne y Myhrn David, 145-172<I>.</I> La Jolla: Center for U. S. Mexican Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0486-6525201500010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>______.</B> 1999. &quot;La configuraci&oacute;n cambiante de los derechos de propiedad bajo la reforma del ejido.&quot; En <I>Reformando la reforma agraria mexicana</I>, editado por Laura Randall, 355-379. M&eacute;xico D. F.: Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0486-6525201500010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>&quot;Habitantes de Chablekal toman posesi&oacute;n de tierras&quot;.</B> 2014. <I>Infoliteras</I>, 31 de agosto. <a href="http://www.infilliteras.com/noticia.php?id=22853" target="_blank">http://www.infilliteras.com/noticia.php?id=22853</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0486-6525201500010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Haenn, Nora.</B> 2006. &quot;The Changing and Enduring Ejido: A State and Regional Examination of Mexico's Land Tenure Counterreforms&quot;. <I>Land Use Policy</I> 23: 136-146.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0486-6525201500010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Hann, Chris M.</B> 1998. &quot;Introduction: The Embeddedness of Property&quot;. En <I>Property Relations. Renewing the Anthropological Tradition</I>, editado por Chris M. Hann, 147. Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0486-6525201500010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Hern&aacute;ndez Xolocotzin, Efra&iacute;m.</B> 1996. &quot;Racionalidad tecnol&oacute;gica del sistema de producci&oacute;n agr&iacute;cola de rozatumbaquema en Yucat&aacute;n&quot;. En <I>La modernizaci&oacute;n de la milpa en Yucat&aacute;n: utop&iacute;a o realidad</I>, editado por Zizumbo Villareal, 187-193<I>. </I>M&eacute;rida: Centro de Investigaciones Cient&iacute;ficas de Yucat&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0486-6525201500010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Instituto Nacional de Estad&iacute;stica y Geograf&iacute;a (Inegi).</B> 2010. &quot;Marco geoestad&iacute;stico municipal&quot;, versi&oacute;n 5.0. Consultado el 18 de agosto de 2014. <a href="http://cuentame.inegi.org.mx/mapas/pdf/entidades/div_municipal/yucmpios.pdf" target="_blank">http://cuentame.inegi.org.mx/mapas/pdf/entidades/div_municipal/yucmpios.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0486-6525201500010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Ita, Ana de.</B> 2003. <I>M&eacute;xico: impactos del Procede en los conflictos agrarios y la concentraci&oacute;n de la tierra</I>. M&eacute;xico D. F.: Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0486-6525201500010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>L&eacute;onard, Eric.</B> 2003. &quot;Titularizaci&oacute;n agraria y apropiaci&oacute;n de nuevos espacios econ&oacute;micos por los actores rurales: el Procede en los Tuxtlas, estado de Veracruz&quot;. En <I>Pol&iacute;ticas y regulaciones agrarias. Din&aacute;micas de poder y juegos de actores en torno a la tenencia de la tierra</I>, editado por Eric L&eacute;onard, Emilia Vel&aacute;zquez y Andr&eacute; Quesnel, 395-398. M&eacute;xico D. F.: Ciesas; IRD; Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0486-6525201500010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>L&eacute;onard, Eric y Emilia Vel&aacute;zquez.</B> 2009. &quot;El reparto agrario y el fraccionamiento de los territorios comunitarios en el Sotavento veracruzano: construcci&oacute;n local del estado e impugnaci&oacute;n del proyecto comunal&quot;. En <I>El Istmo mexicano: una regi&oacute;n inasequible. Estado, poderes locales y din&aacute;micas espaciales (siglos XVI-XXI)</I>, editado por Emilia Vel&aacute;zquez, Eric L&eacute;onard, Odile Hoffmann y Marie-France Pr&eacute;vot-Schapira, 399-454. M&eacute;xico D. F.: Ciesas; Publicaciones de la Casa Chata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0486-6525201500010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Mac&iacute;as Zapata, Gabriel Aar&oacute;n.</B> 2013. &quot;Cortar la orilla de la tierra. La desamortizaci&oacute;n y los pueblos de mayas pac&iacute;ficos de Campeche y pac&iacute;ficos de Yucat&aacute;n durante la guerra de castas&quot;. Tesis de Doctorado en Estudios Mesoamericanos, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0486-6525201500010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Mackinlay, Horacio.</B> 1991. &quot;La pol&iacute;tica de reparto agrario en M&eacute;xico (1917-1990) y las reformas al art&iacute;culo 27 constitucional&quot;. En <I>Procesos rurales y urbanos en el M&eacute;xico actual</I>, editado por Alejandra Massolo, 117-167. M&eacute;xico D. F.: Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0486-6525201500010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>P&eacute;rez Casta&ntilde;eda, Juan Carlos.</B> 2002. <I>El nuevo sistema de propiedad agraria en M&eacute;xico</I>. M&eacute;xico D. F.: Textos y Contextos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0486-6525201500010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Perramond, Eric.</B> 2008. &quot;The Rise, Fall, and Reconfiguration of the Mexican Ejido&quot;. <I>The Geographical Review</I> 98 (3): 356-371.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0486-6525201500010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Registro Agrario Nacional (RAN).</B> s. f. Carpeta b&aacute;sica Man&iacute;, exp. 23. Carpeta b&aacute;sica Tzucacab, exp. 2325. Archivo Hist&oacute;rico de Localidades. M&eacute;rida: Instituto Nacional de Estad&iacute;stica y Geograf&iacute;a (Inegi). Consultado el 15 de junio de 2015.  <a href="http://www.inegi.org.mx/geo/contenidos/geoestadistica/consulta_localidades.aspx" target="_blank">http://www.inegi.org.mx/geo/contenidos/geoestadistica/consulta_localidades.aspx</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0486-6525201500010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Rosales, Margarita.</B> 1988. <I>Oxkutzcab, Yucat&aacute;n 1900-1960. Campesinos, cambio agr&iacute;cola y mercado</I>. M&eacute;xico D. F.: INAH; Centro Regional Yucat&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0486-6525201500010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Secretar&iacute;a de la Reforma Agraria.</B> 2006. <I>Informe nacional 1992-2005. </I>M&eacute;xico, Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, Porto Alegre, R&iacute;o Grande del Sur, Brasil, 6 al 10 de marzo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0486-6525201500010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Snyder Richard.</B> 1998. &quot;The Changing Role of the <I>Ejido</I>&quot;. En <I>The Future Role of the </I><I>Ejido in Rural Mexico</I>, editado por Richard Snyder y Gabriel Torres, 145-172. La Jolla: Center for U.S. Mexican Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0486-6525201500010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Stanford, Lois.</B> 1998. &quot;Opportunities under Privatization: Restructuring Commodity System in Michoac&aacute;n&quot;. En <I>The Transformation of Rural Mexico</I>, editado por Wayne Cornelius y David Myhrn, 307-332<I>. Reforming the Ejido Sector.</I> La Jolla: Center for U. S. Mexican Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0486-6525201500010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Stephen Lynn.</B> 1998. &quot;Interpreting Agrarian Reform in Two Oaxacan Ejidos: Differentiation, History and Identities&quot;. En <I>The Transformation of Rural Mexico. Reforming the Ejido Sector</I>, editado por Wayne Cornelius y David Myhrn, 125-144<I>.</I> La Jolla: Center for U. S.Mexican Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0486-6525201500010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Ter&aacute;n, Silvia y Christian H. Rasmussen</B>. (1994) 2009. <I>La milpa de los mayas. La agricultura de los mayas prehisp&aacute;nicos y actuales en el noroeste de Yucat&aacute;n</I>. M&eacute;xico D. F.: UNAM y UNO.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0486-6525201500010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Torres-Mazuera, Gabriela.</B> 2014. &quot;La flexibilidad y rigidez del ejido como forma de tenencia&quot;. <I>Relaciones</I> 35 (139): 257-279.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0486-6525201500010000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Vel&aacute;zquez, Emilia.</B> 2001. &quot;El territorio de los popolucas de Soteapan, Veracruz: transformaciones en la organizaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n del espacio&quot;. <I>Relaciones</I> 22 (87): 15-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0486-6525201500010000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Verdery, Katherine.</B> 1999. &quot;Fuzzy Property: Rights, Power and Identity in Transylvania's Decollectivization&quot;. En <I>Uncertain Transition: Ethnographies of Change in the Postsocialist World</I>, editado por Katherine Verdery y Michael Burawoy, 53-81. Oxford: Rowman &amp; Littlefield.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0486-6525201500010000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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