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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">       <p align="center"><font size="4"><b>Usos y abusos de la bibliometr&iacute;a</b></font><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup></P>      <p align="center">YURI JACK G&Oacute;MEZ-MORALES     <br> Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia    <br> <a href="mailto:yjgomezm@unal.edu.co">yjgomezm@unal.edu.co</a></P>      <p>Hace seis meses el profesor Jon Elster nos visit&oacute; en Bogot&aacute; para presentarnos sus ideas en torno a lo que &eacute;l consideraba como nuevos oscurantismos  en las ciencias sociales<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Para Elster y para el grupo de cinco distinguidos acad&eacute;micos que lo escoltaban<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, toda la teor&iacute;a social producida en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, desde Foucault hasta Latour, desde la genealog&iacute;a hasta el constructivismo, eran, en resumen, basura. <I>Bullshit</I> fue, para ser m&aacute;s precisos, la expresi&oacute;n utilizada por estos refinados acad&eacute;micos. Toda la diatriba de Elster derivaba en realidad de las consecuencias que los sistemas de incentivos a la productividad y la presi&oacute;n por escalar en los <I>rankings</I> internacionales vienen ejerciendo sobre el sistema universitario europeo. Aunque no he estudiado la manera como estos incentivos funcionan en Europa, para m&iacute; era claro que lo que los colegas de la reuni&oacute;n de marras percib&iacute;an como problem&aacute;tico era el hecho de la proliferaci&oacute;n de art&iacute;culos en ciencias sociales y humanas, y la consiguiente inducci&oacute;n de una estructura de oportunidades desigual en la que los cient&iacute;ficos de las ciencias b&aacute;sicas no encuentran las mismas posibilidades que antes. Este escenario result&oacute; muy sugestivo para pensar en lo que ocurre aqu&iacute; en Colombia que, por comparaci&oacute;n, resulta ser una especie de mundo al rev&eacute;s.</p>      <p>Lo que Elster y sus colegas llaman <I>oscurantismos </I>resultan ser, a mi modo de ver, un conjunto de consecuencias perversas derivadas de pasar por alto las dificultades metodol&oacute;gicas no resueltas de la bibliometr&iacute;a, en procura de estructurar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en ciencia y tecnolog&iacute;a de corte neoliberal, como las que hemos presenciado desde finales de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta en Am&eacute;rica Latina. Estas pol&iacute;ticas comprometen seriamente la funci&oacute;n social de la universidad, y especialmente la de la universidad p&uacute;blica, como lo analizar&eacute; en este texto.</p>      <p>Regresando a los colegas europeos, lo que result&oacute; molesto no fueron tanto los t&eacute;rminos escatol&oacute;gicos que emplearon para plantear el problema sino, sobre todo, la intenci&oacute;n profil&aacute;ctica subyacente, a mi juicio, en varias de las intervenciones. Una intenci&oacute;n que recuerda el programa del positivismo l&oacute;gico, que propuso como &uacute;nico objetivo v&aacute;lido para la filosof&iacute;a el de constituirse como la herramienta que permit&iacute;a distinguir entre las buenas proposiciones, aquellas bien formadas, con sentido y significado, y las malas proposiciones, las que tienen sentido pero no significado o, peor a&uacute;n, aquellas que no tienen ni sentido ni significado, como la famos&iacute;sima &quot;la nada nadea&quot;, del metaf&iacute;sico alem&aacute;n Martin Heidegger. Este es un ejemplo que por generaciones ha hecho las delicias de positivistas duros y blandos, que comparten el mismo credo de limpieza y pureza de la ciencia, y la firme creencia en su capacidad para distinguir, al menos, a aquellos argumentos, estilos, obras, escuelas, campos e incluso colegas que no gozan de estos preciados atributos, que no hacen ciencia, que ni siquiera hacen mala ciencia, sino que solo producen desperdicio, basura, <I>bullshit</I>.</p>      <p>En la cada vez m&aacute;s aguda crisis institucional en la que se sume la educaci&oacute;n superior p&uacute;blica en Colombia, por poner la discusi&oacute;n en un contexto espec&iacute;fico, una perspectiva como esta no hace m&aacute;s que auspiciar una guerra de las ciencias, que busca hacer de nuestras instituciones meros polit&eacute;cnicos en los que solo la buena ciencia tendr&aacute; un espacio. Al final, en ese escenario posible, ni siquiera un seminario sobre los nuevos oscurantismos podr&iacute;a tener lugar porque seguramente ser&iacute;a catalogado como mala ciencia o como pseudociencia. Y es que justamente la tradici&oacute;n bibliom&eacute;trica estuvo asociada en sus or&iacute;genes a una de las instituciones que muchos caracterizar&iacute;an como oscurantista. Me refiero a la Iglesia cat&oacute;lica romana, que dise&ntilde;&oacute; una de las primeras herramientas de control bibliogr&aacute;fico, el <I>Index librorum prohibitorum </I>(que entre 1564 y 1948 alcanz&oacute; las cuarenta ediciones), o <I>&Iacute;ndice de los libros prohibidos</I>, una herramienta que permit&iacute;a identificar obras her&eacute;ticas, autores her&eacute;ticos y, en sus versiones m&aacute;s sofisticadas de mediados del siglo XVII, incluso p&aacute;rrafos her&eacute;ticos en el material que circulaba por todos los talleres de impresi&oacute;n de una Europa &aacute;vida de conocimiento nuevo, de una nueva prosa, de nuevas formas literarias, de una nueva subjetividad que hoy asociamos con esa gran revoluci&oacute;n cultural que fue el Renacimiento. Junto a este proyecto oscurantista, la historia del control bibliogr&aacute;fico destaca tambi&eacute;n otro proyecto importante y que, al igual que el &iacute;ndice, contin&uacute;a vigente en nuestros d&iacute;as. Se trata de un proyecto ut&oacute;pico, sin duda, pero al mismo tiempo incluyente y quiz&aacute;s hasta democr&aacute;tico; inaugur&oacute; todo un &quot;g&eacute;nero&quot; y le granje&oacute; al pol&iacute;mata Mat&iacute;as Gesner el t&iacute;tulo de padre o precursor del control bibliogr&aacute;fico. Su utop&iacute;a consist&iacute;a en hacer el registro de todos los textos impresos en Europa, un proyecto al que denomin&oacute; <I>Bibliotheca universalis </I>(1545), y que fue publicado en cuatro vol&uacute;menes entre 1545 y 1549.</p>      <p>Esta tensi&oacute;n entre exhaustividad y selectividad ha acompa&ntilde;ado no solamente al desarrollo del control bibliogr&aacute;fico sino que tambi&eacute;n subsiste como un problema t&eacute;cnico hoy, y pocas veces suele ser reconocido por los usuarios contempor&aacute;neos de herramientas como el Science Citation Index, por ejemplo. Los servicios informativos del ISI Web of Knowledge se debaten en esta tensi&oacute;n: desde una perspectiva ingenieril, el proyecto de poder hacer el cubrimiento de todas las revistas especializadas que se publican sigue siendo ut&oacute;pico. El Directorio Ulrich, uno de los m&aacute;s comprehensivos que se puede conseguir hoy, sigue en la l&iacute;nea de Gesner e incluye un poco m&aacute;s de trescientos mil registros de publicaciones seriadas de todo tipo: desde <I>Cosmopolitan </I>hasta <I>Scientometrics</I>, desde <I>Cromos</I> hasta <I>Scientific American</I>. Ciertamente, para los servicios informativos del ISI, <I>Cosmopolitan</I> o <I>Cromos</I> son publicaciones por fuera de su <I>scope</I>, o alcance, y en esa medida justifican su exclusi&oacute;n. Pero justificar que solo ocho mil de las trescientas mil revistas que registra Ulrich sean seleccionadas por el ISI requiere m&aacute;s que este criterio del <I>scope</I>, pues muchas de esas revistas son tambi&eacute;n, o claman serlo, publicaciones especializadas que siguen altos est&aacute;ndares editoriales. De hecho, en el reciente Congreso Iberoamericano de Indicadores de Ciencia y Tecnolog&iacute;a conocimos un trabajo muy interesante en el que se suger&iacute;a que no hay una relaci&oacute;n directa entre estar indexado en servicios como el ISI y tener altos est&aacute;ndares editoriales (Chavarro 2013).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como sea, Garfield (1955) sugiri&oacute; que quiz&aacute;s bastar&iacute;a con un peque&ntilde;o n&uacute;cleo de revistas para tener al menos un panorama de lo m&aacute;s significativo de un campo y operativiz&oacute; la significatividad en t&eacute;rminos de citaciones: &quot;cuantas m&aacute;s citas tenga un <I>art&iacute;culo </I>dado, m&aacute;s significativo ser&aacute; para el campo&quot; (109). De la misma forma en que Lotka (1926) y Bradford (1934) hab&iacute;an propuesto respectivamente las leyes que por eponimia llevan hoy sus nombres, aquellas que supuestamente describen la manera como la productividad en un &aacute;rea de conocimiento se distribuye entre las revistas, o entre los autores, siguiendo una suerte de proporci&oacute;n en la que el 70% de la producci&oacute;n es realizada por el 30% de los autores, Garfield se dio a la tarea de sustentar que la ciencia significativa se distribuye en un peque&ntilde;o n&uacute;mero de revistas: ocho mil seg&uacute;n los datos actuales<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.</p>      <p>La citaci&oacute;n como medida de significancia es una de las cajas negras<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> (Latour 1987) sobre las cuales se ha instaurado hoy la pr&aacute;ctica bibliom&eacute;trica. No obstante, esta caja negra ha sido cuestionada muchas veces y por diferentes razones. De hecho, algunos de los primeros trabajos en <I>Science and Technology Studies </I>(STS) estuvieron cr&iacute;ticamente orientados a exponer los problemas conceptuales de la bibliometr&iacute;a: MacRoberts y MacRoberts (1982) mostraron, justamente, que la manera como fue construida la ley de Lotka (1926) afecta significativamente la naturaleza de la distribuci&oacute;n; Gilbert y Woolgar (1974) realizaron la m&aacute;s temprana cr&iacute;tica a la ley del crecimiento exponencial de la ciencia de Price (1951, 1964); Edge (1980), en una demoledora cr&iacute;tica, explica por qu&eacute; &eacute;l no es un cocitacionista; incluso la propia cr&iacute;tica internalista de Cronin (1981)<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> deja claro que la citaci&oacute;n como recurso metodol&oacute;gico carece de una teor&iacute;a que la sustente.</p>      <p>Ahora bien, si en el Reino Unido de los a&ntilde;os setenta la cr&iacute;tica a la bibliometr&iacute;a r&aacute;pidamente se transform&oacute; en una nueva apreciaci&oacute;n de la citaci&oacute;n, ya no como medida de significancia sino como recurso ret&oacute;rico en la argumentaci&oacute;n cient&iacute;fica, en los Estados Unidos, donde el funcionalismo ten&iacute;a su basti&oacute;n, la cr&iacute;tica gravit&oacute; en torno a los usos de la citaci&oacute;n con fines de evaluaci&oacute;n del personal cient&iacute;fico y de la asignaci&oacute;n de recursos. Las p&aacute;ginas editoriales de <I>Science </I>y muchos art&iacute;culos de fondo en <I>The American Sociologist </I>son testimonio de esto<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>.</p>      <p>En Am&eacute;rica Latina, sin embargo, la discusi&oacute;n lleg&oacute; de manera tard&iacute;a, a finales de la d&eacute;cada de los ochenta, a trav&eacute;s de otros conductos y en otros t&eacute;rminos, como cabe esperar cuando se entiende que el conocimiento, o que todo conocimiento, es situado.</p>      <p>Durante la segunda mitad del siglo XX, buena parte de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica en Am&eacute;rica Latina se realiz&oacute; con dinero prestado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estos pr&eacute;stamos para el desarrollo tienen condiciones y mecanismos de seguimiento y evaluaci&oacute;n. Pues bien, como parte de los compromisos con la banca multilateral, a finales de la d&eacute;cada de los ochenta se inici&oacute; el proceso de evaluaci&oacute;n de la segunda fase de los pr&eacute;stamos BID para ciencia y tecnolog&iacute;a.</p>      <p>Los consultores contratados para la realizaci&oacute;n de esta evaluaci&oacute;n siguieron una tradici&oacute;n inaugurada por Dereck de Solla Price, en su cl&aacute;sico de 1965 <I>Big Science, Little Science</I>, seg&uacute;n el cual ciencia es igual a ciencia publicada, y ciencia publicada es igual a ciencia de revistas. Los consultores extendieron esta cadena de traducciones al proponer que la medida por excelencia del impacto del pr&eacute;stamo BID sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnolog&iacute;a colombiana era el n&uacute;mero de art&iacute;culos internacionales. Por art&iacute;culo internacional entend&iacute;an art&iacute;culos publicados en alguna de las ocho mil revistas cubiertas por los servicios informativos del ISI (McLauchlan de Arregui 1988). Esta manera de concebir la ciencia nacional resultaba problem&aacute;tica, pues implicaba un desconocimiento, una invisibilizaci&oacute;n de sus componentes locales y regionales. Me refiero, por supuesto, a la ciencia publicada en los medios locales y regionales de circulaci&oacute;n.</p>      <p>Muy r&aacute;pidamente, este informe y esta manera de evaluar la ciencia dieron lugar a un debate sobre la falta de representatividad de los servicios informativos del ISI para evaluar la ciencia latinoamericana. Ese debate dej&oacute; al descubierto que la selecci&oacute;n de ocho mil revistas tiene sesgos asociados a la proveniencia geogr&aacute;fica y al idioma de dichas publicaciones. Los colegas de ciencias de la informaci&oacute;n en M&eacute;xico y Espa&ntilde;a fueron particularmente activos en realizar esta campa&ntilde;a. Este debate tuvo su punto m&aacute;s alto en las p&aacute;ginas de <I>Scientific American</I>, que inaugura su primera edici&oacute;n en espa&ntilde;ol con el art&iacute;culo que lleva el intrigante t&iacute;tulo de &quot;La ciencia perdida del Tercer Mundo&quot; (Gibbs 1995). Con un estilo period&iacute;stico, Gibbs conduce al lector a trav&eacute;s de diferentes puntos de vista recogidos entre cient&iacute;ficos, editores y expertos bibli&oacute;metras sobre los problemas asociados a la edici&oacute;n cient&iacute;fica en el Tercer Mundo. El art&iacute;culo ofrece el mapa centro/periferia de la ciencia mundial, la cartograf&iacute;a de las naciones que son m&aacute;s representativas en la literatura cient&iacute;fica de corriente principal (<I>mainstream</I>) y de las que son pr&aacute;cticamente invisibles pese a tener comunidades cient&iacute;ficas de tama&ntilde;o considerable y una actividad de investigaci&oacute;n significativa, como pueden ser las de M&eacute;xico, Brasil o India. No tengo espacio para presentar los argumentos expresados por los actores entrevistados (G&oacute;mez Morales 2005), pero s&iacute; quiero llamar la atenci&oacute;n sobre la asimetr&iacute;a en la forma como se explica la invisibilidad de la ciencia perif&eacute;rica. Dicha invisibilidad tiene, para los actores, una explicaci&oacute;n social, sea porque se trata de ciencia hecha a la antigua, porque es mala ciencia, es decir, ciencia oscurantista, por un asunto de atraso cultural, o por problemas con la inmadura estructura editorial en Am&eacute;rica Latina, entre otros factores. Pero en cambio, la calidad de la ciencia de corriente principal (<I>mainstream</I>) es incuestionable, autoevidente y por tanto no requiere ninguna explicaci&oacute;n. No es mi intenci&oacute;n presentar un caso de ricos contra pobres o de &quot;&iexcl;abajo el imperialismo yanqui!&quot;. No. El argumento ha sido previa y sofisticadamente elaborado en el campo STS, particularmente por el programa fuerte del relativismo emp&iacute;rico formulado por David Bloor a mediados de los setenta (Bloor 1994); si el error tiene una explicaci&oacute;n social, la verdad tambi&eacute;n necesita una. Eso es hacer sociolog&iacute;a sim&eacute;trica. Hacer bibliometr&iacute;a sim&eacute;trica significar&iacute;a entonces buscar una explicaci&oacute;n social para la alta visibilidad y la significancia de la ciencia <I>mainstream</I><sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>.</p>      <p>Cuando el BID entra en juego, lo sabemos bien en Am&eacute;rica Latina, se ponen tambi&eacute;n en juego un conjunto de reformas estructurales. En efecto, para mediados de la d&eacute;cada de los noventa, y como consecuencia de las reformas neoliberales en el subcontinente, se impon&iacute;an dos agendas de pol&iacute;tica p&uacute;blica. La primera, que ya hemos mencionado, aunque no por su nombre, es la agenda de internacionalizaci&oacute;n de la ciencia (nacional), que puso un acento muy importante en la promoci&oacute;n de la publicaci&oacute;n internacional. La segunda es la agenda de aseguramiento de la calidad de la educaci&oacute;n superior, que movilizaba la idea de universidad de calidad como sin&oacute;nimo de universidad de investigaci&oacute;n. El modelo arquet&iacute;pico de universidad de investigaci&oacute;n que propone esta agenda es el modelo de universidad norteamericana de &eacute;lite. Este proceso de creciente competencia por el mercado de la educaci&oacute;n superior y de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en la era del conocimiento ha sido caracterizado como de hegemon&iacute;a por Marginson y Ordorika (2010) en la reciente reuni&oacute;n de rectores de universidades latinoamericanas de 2015<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>. En Colombia, estas dos agendas fueron articuladas en el marco del sistema nacional de acreditaci&oacute;n de instituciones de educaci&oacute;n superior, y a trav&eacute;s del sistema nacional de ciencia y tecnolog&iacute;a. Ambos sistemas fueron creados o reconfigurados a principios de la d&eacute;cada de los noventa.</p>      <p>Lo que me interesa rescatar de todo este arreglo institucional, que se crea como parte de una estrategia regional impulsada por organismos multilaterales, es la historia de un desarrollo legislativo, el Decreto 1279 de 2002, en el cual se contempla un conjunto de incentivos directos para los investigadores. Al final del d&iacute;a, el &uacute;ltimo eslab&oacute;n de la cadena global, el agente efectivo de las reformas neoliberales es el profesor/investigador universitario.</p>      <p>En efecto, el sistema de incentivos trajo un conjunto de consecuencias perversas. En primer lugar, la agenda de internacionalizaci&oacute;n ha llevado a incurrir en un conjunto de costos institucionales que han sido documentados, en sus aspectos formales, en t&eacute;rminos de isomorfismo estructural (Shenhav 1987; Shenhav y Kamens 1991); es decir, en t&eacute;rminos de la adquisici&oacute;n de patrones de consumo y producci&oacute;n de informaci&oacute;n id&eacute;nticos a los de los cient&iacute;ficos <I>mainstream. </I>Las implicaciones cognitivas de esta transformaci&oacute;n han comenzado a ser documentadas a partir de la idea de la integraci&oacute;n subordinada (Kreimer 2013)<I>. </I>Se trata de un rasgo importante de la ciencia que se produce en la periferia. Como resultado directo de la modalidad de relaci&oacute;n con los cient&iacute;ficos <I>mainstream</I>, los grupos m&aacute;s integrados tienden a desarrollar actividades rutinarias: controles, pruebas, test de conocimientos que han sido bien establecidos por los equipos que asumen la coordinaci&oacute;n de las redes internacionales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una consecuencia significativa de esta pr&aacute;ctica cient&iacute;fica hipernormal en la periferia es que la definici&oacute;n de las agendas de investigaci&oacute;n se hace a menudo en el seno de los grupos centrales, y luego es adoptada por los equipos sat&eacute;lites como una condici&oacute;n necesaria para una integraci&oacute;n de tipo complementaria; es una divisi&oacute;n del trabajo &quot;natural&quot;. Hay varios casos como estos documentados; uno de ellos es el de la investigaci&oacute;n sobre la enfermedad de Chagas, un padecimiento end&eacute;mico en Am&eacute;rica Latina, donde hay cuarenta millones de infectados<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. El resultado de este trabajo ha sido un conjunto de <I>papers </I>exitosos<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>, escritos en coautor&iacute;a internacional por cient&iacute;ficos brasileros y argentinos, altamente citados en <I>journals </I>tambi&eacute;n internacionales, pero que no ha producido ni un solo medicamento porque en realidad la agenda de investigaci&oacute;n sobre secuenciaci&oacute;n gen&eacute;tica del par&aacute;sito que produce la enfermedad ten&iacute;a otros prop&oacute;sitos en mente. Las publicaciones sobre f&iacute;sica del plasma de investigadores argentinos o la publicaci&oacute;n multitudinaria de los colombianos asociados al instituto CERN son otros ejemplos de este tipo de resultado perverso<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>. Ninguno de estos grupos ha producido otra cosa que <I>papers </I>en coautor&iacute;a internacional con un alto n&uacute;mero de citaciones en t&eacute;rminos de las bases de datos internacionales. Entonces, cuando la pol&iacute;tica p&uacute;blica se felicita y sigue promoviendo la publicaci&oacute;n en colaboraci&oacute;n internacional sin tomar en cuenta los efectos perversos que esto puede producir en pa&iacute;ses cuya inversi&oacute;n en ciencia y tecnolog&iacute;a es baja y donde cada d&oacute;lar nos cuesta mucho sacrificio en otras pol&iacute;ticas sociales, puede hablarse de un gobierno y una pol&iacute;tica oscurantistas.</p>      <p>Otro efecto perverso es que lo que construimos como proyecto colectivo contrahegem&oacute;nico en Am&eacute;rica Latina, al calor del debate sobre la falta de representatividad de los servicios informativos del ISI o de Scopus, se pone en peligro con una pol&iacute;tica de incentivos que hace &eacute;nfasis en la publicaci&oacute;n internacional. En efecto, a lo largo y ancho de nuestro subcontinente y como resultado del mencionado debate sobre la ciencia perdida del Tercer Mundo, los organismos de ciencia y tecnolog&iacute;a adoptaron por un tiempo una pol&iacute;tica de fomento a la publicaci&oacute;n local, orientada hacia el mejoramiento de las pr&aacute;cticas editoriales de las revistas nacionales. Esa fue sin duda una medida necesaria que arroj&oacute; interesantes resultados, pues ten&iacute;a como objetivo, a la par que la mera internacionalizaci&oacute;n de la producci&oacute;n, la de los medios de circulaci&oacute;n locales de la producci&oacute;n cient&iacute;fica, esto es, las revistas nacionales. As&iacute; mismo, durante el segundo quinquenio de los a&ntilde;os noventa, se pusieron en marcha importantes iniciativas regionales para construir servicios de informaci&oacute;n cient&iacute;fica alternativos. Fue en el marco de las guerras por los mercados de la informaci&oacute;n cient&iacute;fica, entre los carteles editoriales de Thomson Corporation y Elsevier Publishers, que vimos surgir iniciativas como Publindex, en el contexto nacional, Latindex y Scielo, y m&aacute;s recientemente Redalyc, en el contexto regional. El sistema de incentivos perversos, que promueve la publicaci&oacute;n orientada internacionalmente, y saluda y fomenta procesos de integraci&oacute;n subordinada con los centros cient&iacute;ficos, pone en peligro los logros alcanzados por estos servicios. Scielo, por ejemplo, fue recientemente adquirido por Thomson Corporation, que es la casa editora del ISI, y mientras tanto Scopus viene adelantando una agresiva campa&ntilde;a de <I>marketing </I>con cada uno de los editores, en la que ha negociado los derechos sobre sus publicaciones. Por su parte, las revistas locales se van quedando sin cient&iacute;ficos que quieran escribir en ellas porque, para ellos, como resultado de la penetraci&oacute;n del proyecto hegem&oacute;nico de universidad, lo que da prestigio es la publicaci&oacute;n internacional indexada y la coautor&iacute;a internacional. De esta manera se reconfigura la identidad de las comunidades cient&iacute;ficas locales, no solo desde el punto de vista cognitivo, como ya lo mencion&eacute; a prop&oacute;sito de la integraci&oacute;n subordinada, sino tambi&eacute;n en t&eacute;rminos culturales.</p>      <p>Finalmente, sobre este &uacute;ltimo asunto, son justamente estos cient&iacute;ficos de &eacute;lite, internacionalizados, los que perciben la mayor cantidad de recompensas dentro del sistema de ciencia y tecnolog&iacute;a, y dentro del sistema universitario. Esta asociaci&oacute;n entre los incentivos monetarios directos a los investigadores para que publiquen y el capital social necesario para publicar internacionalmente es lo que ha comenzado a transfigurarlos a ellos y a sus grupos en una suerte de buscadores de rentas, lo cual produce una enorme inequidad en la distribuci&oacute;n de recursos por &aacute;reas, pues no todas tienen las mismas posibilidades de integraci&oacute;n subordinada. Esto genera una din&aacute;mica perversa entre modestos profesores, que no pertenecen a la &eacute;lite y que reportan pocos hallazgos, enfrentados a ambiciosos cient&iacute;ficos que buscan maximizar sus beneficios a costa incluso de su funci&oacute;n, o de una parte importante de ella: la de ser docentes universitarios. Estos cient&iacute;ficos de &eacute;lite ya no quieren ense&ntilde;ar, ya no quieren formar en valores ciudadanos en el aula de clase y en valores democr&aacute;ticos en foros. Para la universidad hegem&oacute;nica que se quiere construir, este tipo de funciones no cuentan. Por eso, entre otras cosas, es que salimos tan abajo en los <I>rankings</I> internacionales, pero este es otro asunto.</p>      <p><font size="3"><b>Coda: la <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I> y el an&aacute;lisis bibliom&eacute;trico</b></font></p>      <p>Ahora bien, para ilustrar con alg&uacute;n detalle las consecuencias perversas de ese mundo al rev&eacute;s que experimentan las ciencias sociales y humanas en Am&eacute;rica Latina, vamos a aprovechar el interesante di&aacute;logo sostenido con los antrop&oacute;logos invitados a la conmemoraci&oacute;n de los sesenta a&ntilde;os de la <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I> (<I>RCA</I>)<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>.</p>      <p>En primer lugar, quiero hacer un reconocimiento al esfuerzo del equipo editorial por recuperar la memoria de la <I>RCA</I>, vista a trav&eacute;s de sus sesenta a&ntilde;os de publicaci&oacute;n. Estos levantamientos bibliogr&aacute;ficos son claves, particularmente en el contexto local, donde la estructura editorial apenas ha concluido un primer tr&aacute;nsito entre la edici&oacute;n <I>amateur</I> y la edici&oacute;n profesional. Como lo mencion&eacute; en el Primer Coloquio de Estudios Sociales de la Ciencia, realizado el pasado abril en Bogot&aacute;, una bibliometr&iacute;a hist&oacute;rica cr&iacute;tica es b&aacute;sica y fundamental a la hora de escribir la historia de las disciplinas cient&iacute;ficas en el pa&iacute;s. As&iacute;, por ejemplo, la emergencia de la antropolog&iacute;a social como tendencia predominante en la <I>RCA </I>(19531971) es una hip&oacute;tesis que una bibliometr&iacute;a hist&oacute;rica cr&iacute;tica podr&iacute;a y tendr&iacute;a que especificar mediante el an&aacute;lisis, no solo de la estructura de la producci&oacute;n, sino de su din&aacute;mica temporal y de la literatura que nutri&oacute; este proceso. Los datos de enfoque regional de los art&iacute;culos de la <I>RCA</I>, por su parte, necesariamente le plantean al historiador la pregunta que hace el arque&oacute;logo Wilhelm Londo&ntilde;o por las razones para que Magdalena, Cauca y Cundinamarca predominen como focos de atenci&oacute;n de la antropolog&iacute;a durante el periodo. Como mencion&eacute; atr&aacute;s, originalmente la bibliometr&iacute;a fue una metodolog&iacute;a dise&ntilde;ada para entender los procesos de institucionalizaci&oacute;n de las ciencias y, en este sentido, constitu&iacute;a una herramienta heur&iacute;stica. El dato bibliom&eacute;trico que elabor&oacute; Carlos Meza nos propone este cruce interesante y hace surgir las siguientes preguntas: &iquest;por qu&eacute; la antropolog&iacute;a social y por qu&eacute; en esas localidades particulares se concentr&oacute; el foco de atenci&oacute;n de la disciplina?, &iquest;est&aacute;n relacionados el foco de atenci&oacute;n y las regiones?, &iquest;qu&eacute; aspectos institucionales ayudan a explicar la existencia o inexistencia de esa relaci&oacute;n?, &iquest;qu&eacute; papel jug&oacute; el ICANH en esta configuraci&oacute;n?, &iquest;c&oacute;mo explicar que, pese a su desarrollo relativo, el proceso de institucionalizaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a en el Magdalena no se consolid&oacute;, como lo afirma Wilhelm Londo&ntilde;o?, &iquest;qu&eacute; nos sugieren los datos a prop&oacute;sito de los programas de formaci&oacute;n &mdash;por ejemplo, en el caso de la Universidad del Magdalena&mdash;, de la agenda de investigaci&oacute;n de dichos programas y del papel del ICANH como orientador de la antropolog&iacute;a nacional? El punto es que, en cualquier caso, la evidencia bibliom&eacute;trica es algo que cualquier interpretaci&oacute;n del desarrollo de la disciplina tiene que explicar.</p>      <p>La importancia de estos levantamientos bibliom&eacute;tricos para la historia social de la ciencia nacional es que pueden ofrecer a las instituciones que adelantan investigaci&oacute;n, en este caso el ICANH, una plataforma como la del Sistema de Informaci&oacute;n Bibliogr&aacute;fica y Bibliom&eacute;trica (SIByB), construida a partir de un software de acceso abierto que puede operarse <I>on-line</I> y tiene capacidad para ocho operadores simult&aacute;neos<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. Esta plataforma permite la construcci&oacute;n autom&aacute;tica de reportes, tanto de producci&oacute;n como de citaci&oacute;n, gracias a las consultas preconstruidas con las que cuenta actualmente el sistema.</p>      <p>Entre los varios temas presentados por el antrop&oacute;logo Jairo Tocancip&aacute; durante sus diferentes intervenciones, hubo uno que resulta particularmente interesante: la caracterizaci&oacute;n de la <I>RCA </I>como archivo. En efecto, en sus or&iacute;genes, las publicaciones seriadas funcionaron como archivo y en ese sentido la <I>RCA</I> es quiz&aacute;s, por su antig&uuml;edad, uno de los m&aacute;s importantes para la historia de la disciplina antropol&oacute;gica en el pa&iacute;s. Este valor lo ilustra muy bien Hernando Pulido, participante tambi&eacute;n del conversatorio, cuando historiza los or&iacute;genes de la afrocolombianidad en el trabajo de la antrop&oacute;loga Nina S&aacute;nchez de Friedemann, quien a su vez realiz&oacute;, para el efecto, un balance de la <I>RCA</I> en el marco del tr&aacute;mite por el que pas&oacute; el Proyecto de Ley 329 en el Congreso de Colombia, que dio origen a la Ley 70 de 1993. Este trabajo, destaca el colega Pulido, critic&oacute; el desinter&eacute;s acad&eacute;mico y human&iacute;stico de la antropolog&iacute;a colombiana hacia el estudio de la gente negra en la producci&oacute;n de la <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I>, entre 1953 y 1992. Ese desinter&eacute;s era palpable en el desconocimiento demogr&aacute;fico, socioecon&oacute;mico, hist&oacute;rico y cultural que enfrentaba el entonces Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a, como actor clave dentro de la comisi&oacute;n que elabor&oacute; la mencionada ley, y de cara a las cuestiones pol&iacute;ticas inmediatas que estaban en juego durante el desarrollo del art&iacute;culo transitorio 55 de la Constituci&oacute;n de 1991. Ser&iacute;a interesante ver la manera en que las aseveraciones de Friedemann se documentan bibliom&eacute;tricamente.</p>      <p>Sorprendentemente, Jairo Tocancip&aacute; afirma que el uso que se hace de este valioso archivo es poco. Las razones pueden ser de muy diverso tipo, algunas tan simples y triviales como las dificultades de acceso f&iacute;sico a la colecci&oacute;n; los costos de convertir a formatos electr&oacute;nicos una producci&oacute;n considerable, as&iacute; como los asociados al dise&ntilde;o de herramientas para la accesibilidad de tales archivos; la elaboraci&oacute;n de &iacute;ndices tem&aacute;ticos, por autor, por a&ntilde;o, etc. Pero, independientemente de estos aspectos de accesibilidad y de formato, que de ser ciertos deber&iacute;an solucionarse a la mayor brevedad, hay otras posibles causas para la falta de uso de este importante archivo y, en ese sentido, la afirmaci&oacute;n de Tocancip&aacute; seg&uacute;n la cual la antropolog&iacute;a nacional tiene una orientaci&oacute;n colonial es tan sugerente como inquietante. As&iacute;, por ejemplo, este autor afirma que, en materia de m&eacute;todo, pr&aacute;cticamente todo lo que se publica en Colombia no es producci&oacute;n nacional sino traducci&oacute;n. Bibliom&eacute;tricamente ser&iacute;a muy interesante poder sustentar esta afirmaci&oacute;n contra datos de citaci&oacute;n y relacionarlos con la estructura de la producci&oacute;n que present&oacute; el editor Meza y que comentamos hace un momento.</p>      <p>En otra de sus intervenciones, el profesor Tocancip&aacute; abord&oacute; el tema de los procesos de acreditaci&oacute;n de revistas nacionales en un conjunto de observaciones que, de manera sint&eacute;tica y tratando de ser fiel a lo dicho, resumo a continuaci&oacute;n. La pol&iacute;tica de indexaci&oacute;n propuesta por Colciencias impone unos criterios que afectan el contenido y terminan generando obst&aacute;culos estructurales a procesos integradores de la antropolog&iacute;a nacional. Esta pol&iacute;tica tiene unos criterios ambivalentes y poco claros, como por ejemplo medir la competitividad a partir de la citaci&oacute;n, y otros dif&iacute;ciles de entender, como las razones por las cuales solo algunas de las nueve revistas colombianas est&aacute;n escalafonadas, mientras que otras no. Finalmente, el profesor Tocancip&aacute; sostiene que la pol&iacute;tica nacional de indexaci&oacute;n es el resultado de la incapacidad para generar un <I>ranking</I> alternativo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este es un paquete complejo de afirmaciones que necesitan comentarios individuales y quisiera comenzar por la &uacute;ltima, con la cual estoy en total desacuerdo, pues la interpretaci&oacute;n de la pol&iacute;tica nacional de indexaci&oacute;n como resultado de una incapacidad para generar una estratificaci&oacute;n alternativa es equivocada <I>in toto</I>. Todo lo contrario: el &eacute;xito relativo del <I>ranking </I>local y alternativo, esto es, Publindex, es quiz&aacute;s la causa de que ahora lo quieran desmontar; pero, dicho as&iacute;, el problema se aplana demasiado. En otra contribuci&oacute;n (G&oacute;mez Morales 2005) mostr&eacute; c&oacute;mo, justamente despu&eacute;s de un largo proceso de desarrollo normativo e institucional, Publindex, el sistema de acreditaci&oacute;n y homologaci&oacute;n que se construy&oacute; en el &uacute;ltimo quinquenio de los noventa y se consolid&oacute; a finales del primer quinquenio de este siglo, logr&oacute; generar posibilidades v&aacute;lidas de publicaci&oacute;n localmente disponibles para las comunidades nacionales y regionales &mdash;es decir, Am&eacute;rica Latina&mdash;.</p>      <p>Pero a&uacute;n m&aacute;s, frente a la situaci&oacute;n previamente existente (1992-2002), regida por el Decreto 1444 de 1992, en el que se valora la publicaci&oacute;n internacional con el doble de puntos que la nacional solo por el hecho de ser <I>internacional</I>.</p>      <p>Al respecto, dec&iacute;a, la nueva legislaci&oacute;n, por medio del Decreto 1279 de 2002, reconoce la publicaci&oacute;n nacional en &quot;igualdad&quot; de condiciones frente a la internacional a condici&oacute;n de que se someta a un conjunto de criterios, formales en su mayor&iacute;a, que buscan establecer la calidad de las publicaciones seriadas, sean ellas nacionales (indexaci&oacute;n) o internacionales (homologaci&oacute;n). Publindex fue el dispositivo mediante el cual el Decreto 1279 logr&oacute; su implementaci&oacute;n pr&aacute;ctica, y es ese decreto el que ahora se encuentra en la mira de los reformadores oscurantistas, con el argumento expl&iacute;cito de que la calidad de la publicaci&oacute;n nacional no es comparable a la de la publicaci&oacute;n internacional. En la pr&aacute;ctica, esta nueva definici&oacute;n de calidad en realidad sirve de veh&iacute;culo para otro recorte presupuestal a la educaci&oacute;n superior p&uacute;blica.</p>      <p>En tal contexto, cobra sentido otra de las afirmaciones del profesor Tocancip&aacute; en torno a la citaci&oacute;n como medida de la calidad. Durante los veinte a&ntilde;os transcurridos entre la propuesta del modelo de evaluaci&oacute;n de revistas (G&oacute;mez-Morales, Anduckia y Rinc&oacute;n 1998) y los recientes documentos de pol&iacute;tica de Colciencias, en la pr&aacute;ctica, el sistema Publindex se desmont&oacute; al no ser considerado como el <I>nov&iacute;simo</I> modelo de evaluaci&oacute;n de grupos. La idea predominante en materia de valoraci&oacute;n de la actividad cient&iacute;fica estaba asociada a la productividad cient&iacute;fica; el foco de atenci&oacute;n de la evaluaci&oacute;n estaba puesto sobre los art&iacute;culos, los productos. Hoy en cambio, como resultado de otros procesos de cualificaci&oacute;n de la publicaci&oacute;n nacional, pero tambi&eacute;n de aquellos enmarcados en las guerras por los mercados de la informaci&oacute;n que ahora se libran en Am&eacute;rica Latina, entre los carteles de Thomson Corporation y Elsevier Publishers, el nuevo foco de atenci&oacute;n de la evaluaci&oacute;n es la citaci&oacute;n. Pero es aqu&iacute; donde de la pregunta del profesor o el cuestionamiento de la citaci&oacute;n tiene sentido, pues los pol&iacute;ticos de la ciencia y la tecnolog&iacute;a acr&iacute;ticamente consideran la caja negra de la citaci&oacute;n como una genuina e incontrovertible medida del impacto de una publicaci&oacute;n y, ultimadamente, como una prueba de su calidad. Esta transformaci&oacute;n en el foco de atenci&oacute;n de la evaluaci&oacute;n tiene dos problemas: uno te&oacute;rico, que m&aacute;s bien poco les importa a los pol&iacute;ticos pero que las comunidades deber&iacute;an saber, y es que la citaci&oacute;n, o mejor, el an&aacute;lisis de citaciones, fue en sus or&iacute;genes una metodolog&iacute;a para la documentaci&oacute;n cient&iacute;fica que se sosten&iacute;a en la idea de que esa operaci&oacute;n ret&oacute;rica que un autor realiza cuando hace una referencia a otro escrito dentro del propio tiene, cognitivamente, un valor muy grande, pues establece una relaci&oacute;n entre textos que comparten una idea en com&uacute;n; esta es m&aacute;s o menos la definici&oacute;n cl&aacute;sica de Garfield (1955). Pero pasar de esta idea metodol&oacute;gica a su operacionalizaci&oacute;n, como simple suma de citas, y sobre esta base afirmar que cuantas m&aacute;s citas gana un texto tanto mayor es su calidad cient&iacute;fica, es otra cosa.</p>      <p>Durante las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os setenta y ochenta del siglo pasado, como ya lo mencion&eacute;, no fueron pocos los debates en relaci&oacute;n con esta interpretaci&oacute;n y con su uso pragm&aacute;tico en procesos de evaluaci&oacute;n de personal cient&iacute;fico. Este no es el espacio para contar esta historia &mdash;a eso le dediqu&eacute; todo un cap&iacute;tulo en mi disertaci&oacute;n doctoral&mdash;. Sobre lo que quiero llamar la atenci&oacute;n es que este debate dej&oacute; en claro que la citaci&oacute;n entendida como medida del impacto o de la calidad no es una propuesta sustentada te&oacute;ricamente; no hay una teor&iacute;a de citaciones que avale esa interpretaci&oacute;n (Cronin 1981; Edge 1980) y el hecho de que exista la medida no quiere decir que signifique lo que los pol&iacute;ticos de la ciencia alegan. A lo sumo, la medida nos habla del consumo, pero es claro que no necesariamente porque algo se consuma es bueno. Con este punto ya nos adentramos en temas de la econom&iacute;a pol&iacute;tica del conocimiento en la &eacute;poca de la producci&oacute;n industrial de la ciencia o <I>ciencia modo 2</I> (Gibbons<I> et al. </I>1994).</p>      <p>Este tema tambi&eacute;n lo intuye bien el profesor Tocancip&aacute; cuando se pregunta por las consecuencias de fondo que conlleva seguir a ciegas las indicaciones de forma de Colciencias para las revistas. Pero antes de entrar en este &uacute;ltimo punto, quiero desarrollar la segunda consecuencia que se deriva de asumir colonial y acr&iacute;ticamente el concepto de citaci&oacute;n como medida de calidad. El problema tiene que ver con las herramientas utilizadas para realizar esta medici&oacute;n; y aqu&iacute; son varias las cosas que hay para decir, por ejemplo, que en cierto punto al Sistema Nacional de Ciencia y Tecnonolog&iacute;a, y a Colciencias en particular, no le interes&oacute; m&aacute;s desarrollar Publindex para que desplegara todo su potencial, no solamente como mecanismo de evaluaci&oacute;n, como se lo pens&oacute; en 1996, sino como sistema de informaci&oacute;n sobre la ciencia nacional, como se plane&oacute; que fuera mientras estuvo en el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnolog&iacute;a (OCyT). Entonces, el sistema de informaci&oacute;n nacional no se desarroll&oacute;, los sistemas regionales que prometieron cumplir con su tarea no estuvieron a la altura del reto y hoy, tristemente, le vendieron el alma al diablo. Tomaron el bien com&uacute;n que era la producci&oacute;n nacional y la informaci&oacute;n sobre su consumo y se lo vendieron, en una operaci&oacute;n privatizadora, al cartel gringo de la informaci&oacute;n, con el argumento de que eso aumentar&iacute;a la visibilidad internacional de la ciencia colombiana, cosa que dudo que vaya a suceder; me refiero, claro, al servicio Scielo.</p>      <p>As&iacute;, no logramos ni construir localmente ni integrarnos regionalmente al proceso de construcci&oacute;n de un <I>mercado regional</I> de la informaci&oacute;n; y, por otra parte, ante esta falencia informativa, los pol&iacute;ticos colombianos tomaron la decisi&oacute;n de adoptar de manera acr&iacute;tica e ingenua las herramientas de an&aacute;lisis de citaci&oacute;n ofrecidas por el mercado internacional, que es un mercado cartelizado. Me refiero a los servicios informativos de Thomson Corporation y de Elsevier Publishers, con sus &iacute;ndices de citaciones (Science, Social Science y Art and Humanities), y al servicio Scopus. Sin embargo, estas no son necesariamente las herramientas m&aacute;s id&oacute;neas para medir la ciencia nacional. Este es un debate que ya hicimos, pero como no tenemos memoria &mdash;y tenemos p&eacute;simos archivos&mdash; repetimos la historia y nos devolvimos veinte a&ntilde;os. En efecto, a finales de los noventa, la revista <I>Scientific American</I> inauguraba su versi&oacute;n en espa&ntilde;ol con el art&iacute;culo sobre &quot;La ciencia perdida del Tercer Mundo&quot; (Gibbs 1995), en el que, entre varias otras cosas, se discut&iacute;a hasta qu&eacute; punto estas herramientas del por entonces Instituto para la Informaci&oacute;n Cient&iacute;fica (ISI), es decir, los ind&iacute;ces de citaciones para las ciencias, las artes y las humanidades, eran id&oacute;neas para construir una representaci&oacute;n adecuada de la ciencia del &quot;Tercer Mundo&quot;. Este fue el origen de las iniciativas regionales de construir sistemas de informaci&oacute;n local y regional (Scielo, Latindex y Redalyc), que pudieran compensar la debilidad de aquellos sistemas pretendidamente globales, y de las iniciativas orientadas hacia el fortalecimiento de la publicaci&oacute;n nacional en toda Am&eacute;rica Latina. Pero olvidamos muy r&aacute;pido en Colombia.</p>      <p>Hoy la pregunta sigue vigente: si aceptamos que la medida de citaciones, con todo y sus vac&iacute;os te&oacute;ricos, puede darnos una idea del consumo de la publicaci&oacute;n nacional, aunque no necesariamente del impacto, entonces &iquest;los servicios de la Thomson o de Elsevier son id&oacute;neos? &iquest;Representan de manera adecuada la situaci&oacute;n de la publicaci&oacute;n y el consumo a nivel nacional y regional? Yo no lo creo, pero los pol&iacute;ticos de la ciencia s&iacute; y por eso est&aacute;n desmontando a Publindex. Entonces, yo pregunto, y aqu&iacute; retomo algunos de los puntos que Wilhelm Londo&ntilde;o plante&oacute;, pero extiendo la pregunta no solo a los colegas antrop&oacute;logos, sino tambi&eacute;n a los soci&oacute;logos, psic&oacute;logos, trabajadores sociales y arque&oacute;logos: &iquest;cu&aacute;nto publican en revistas internacionales de alto impacto?, es m&aacute;s, &iquest;qu&eacute; tanto de lo que publican est&aacute; en formato de art&iacute;culo? &iquest;Acaso no tenemos cierto gusto que es, al mismo tiempo, una necesidad cognitiva de publicar m&aacute;s bien libros o de realizar esfuerzos colectivos escribiendo cap&iacute;tulos en libros editados, o de hacer radio o televisi&oacute;n cultural o comunitaria, o de hacer prensa y opini&oacute;n? Pero, &iquest;cu&aacute;l es el valor de eso hoy en los modelos de medici&oacute;n de los pol&iacute;ticos de la ciencia? &iexcl;Ninguno! Claro, existe una minor&iacute;a, una &eacute;lite cient&iacute;fica que accede a estos circuitos internacionales de la producci&oacute;n cient&iacute;fica, pero est&aacute;n por evaluarse las consecuencias de asumir un patr&oacute;n subordinado de publicaci&oacute;n promovido por pol&iacute;ticos de la ciencia y por administradores universitarios oscurantistas (Kreimer 2013) para definir la agenda nacional de investigaci&oacute;n.</p>    <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> Este texto fue originalmente leido en el II Conversatorio Conmemorativo de la <I>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</I>, que se llev&oacute; a cabo en Bogot&aacute;, el 24 de octubre de 2014, en el auditorio Paul Rivet del Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, con la participaci&oacute;n de los antrop&oacute;logos Carlos Andr&eacute;s Meza, Wilhelm Londo&ntilde;o, Jairo Tocancip&aacute;-Falla, Hernando Pulido y Leonor Herrera.    <br> <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> Este encuentro se llev&oacute; a cabo en la Universidad Nacional de Colombia, espec&iacute;ficamente en el Auditorio Virginia Guti&eacute;rrez de Pineda, durante el 11 y el 12 de diciembre de 2013. Es posible consultar informaci&oacute;n en <a href="http://www.investigacion.unal.edu.co/seminario2013/" target="_blank">http://www.investigacion.unal.edu.co/seminario2013/</a>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> Pascal Engel, de la Universidad de Ginebra; Gloria Origgi, de la Universidad de Columbia; Gerry Mackie, de la Universidad de California; Olav Gjelsvik, de la Universidad de Oslo; y Doris Sommer, de Harvard.    <br> <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> M&aacute;s sobre este punto puede consultarse en mi trabajo sobre la &eacute;poca heroica de la bibliometr&iacute;a, es decir, la bibliometr&iacute;a antes de Price, Garfield y el ISI, <I>i.e.</I>, antes de la bibliometr&iacute;a (G&oacute;mez-Morales 2007).    <br> <a name="num5"></a><a href="#nu5"><sup>5</sup></a> En 1987, Bruno Latour public&oacute; su cl&aacute;sico trabajo <I>Science in Action</I>, donde acu&ntilde;a la noci&oacute;n de <I>caja negra</I> &mdash;aplicada al an&aacute;lisis social de la ciencia y la tecnolog&iacute;a&mdash; para referirse a aquellos conocimientos o desarrollos t&eacute;cnicos que han alcanzado un grado de naturalizaci&oacute;n generalizado para una sociedad o cultura. Parad&oacute;jicamente, cuanto m&aacute;s se agrandan y difunden los sectores de la ciencia y de la tecnolog&iacute;a que alcanzan el &eacute;xito de esta naturalizaci&oacute;n, tanto m&aacute;s opacos y oscuros se vuelven. La tarea de una sociolog&iacute;a del conocimiento es entonces &quot;abrir&quot; estas cajas negras, hacerlas visibles y mostrar la red sociot&eacute;cnica que las sostiene.    <br> <a name="num6"></a><a href="#nu6"><sup>6</sup></a> Referenciar literatura seg&uacute;n Cronin es apelar a una autoridad descorporeizada y, dado que es virtualmente imposible saber o conocer las motivaciones de un autor para realizar cada una de sus citaciones, es entonces dif&iacute;cil de creer que una teor&iacute;a de la citaci&oacute;n completamente satisfactoria &mdash;una teor&iacute;a del comportamiento citacional&mdash; pueda ser desplegada. En relaci&oacute;n con la pr&aacute;cticas de referenciaci&oacute;n de la literatura, Cronin concluye que &quot;si los autores pudieran ser educados sobre el papel informacional de las citaciones y de esta manera ser motivados hacia una mayor restricci&oacute;n y selectividad en sus h&aacute;bitos de referenciaci&oacute;n, ser&iacute;a entonces posible arribar a una mayor consistencia en la pr&aacute;ctica general de la referenciaci&oacute;n&quot; (Cronin 1981, 20).    <br> <a name="num7"></a><a href="#nu7"><sup>7</sup></a> No mucho despu&eacute;s, la discusi&oacute;n sobre la evaluaci&oacute;n pondr&iacute;a de presente tambi&eacute;n los temas de inequidad en relaci&oacute;n con el g&eacute;nero. Los trabajos de Sandra Harding (1986) y Evelyn Keller (1985), a comienzos de la d&eacute;cada del ochenta, dan cuenta de estos problemas Focalizando el asunto bibliom&eacute;trico, Margaret Rossiter (1993) y los mismos Jonathan Cole y Harriet Zuckerman (1984) reflexionaron tambi&eacute;n sobre el g&eacute;nero en relaci&oacute;n con el reconocimiento y la productividad, respectivamente.    <br> <a name="num8"></a><a href="#nu8"><sup>8</sup></a> De hecho, Garfield (1955) ya se planteaba la cuesti&oacute;n de la representatividad. Aunque no en t&eacute;rminos cuantitativos, como parece discurrir la pol&eacute;mica, sino en t&eacute;rminos cualitativos y como problema t&eacute;cnico. Para el Garfield de 1955, la cuesti&oacute;n del tama&ntilde;o del universo de revistas a ser cubiertas en su <I>&iacute;ndice para la ciencia</I> era una cuesti&oacute;n que se dirim&iacute;a en t&eacute;rminos de decisi&oacute;n e inter&eacute;s: escoger el art&iacute;culo a analizar y las revistas que son citadas en sus referencias. Para el Garfield de 1972, la relevancia de un reducido n&uacute;mero de revistas es algo que puede &quot;demostrarse&quot; emp&iacute;ricamente a partir de los an&aacute;lisis realizados con sus bases de datos, particularmente del SCI, que a su vez se funda sobre el trabajo de su &quot;ej&eacute;rcito de indizaci&oacute;n&quot;, la comunidad cient&iacute;fica &quot;internacional&quot;. Su estudio de 1972 pretende hacer una generalizaci&oacute;n de la ley de Bradford, que lo lleva a afirmar que el n&uacute;cleo de revistas de corriente principal est&aacute; conformado por no m&aacute;s de mil t&iacute;tulos. Es en este momento cuando la idea de una ciencia de corriente principal comienza a consolidarse. A lo largo de las siguientes d&eacute;cadas, la hegemon&iacute;a de los servicios informativos del ISI se afianza y refuerza esta idea de la corriente principal y de las revistas que le sirven de veh&iacute;culo.    <br> <a name="num9"></a><a href="#nu9"><sup>9</sup></a> Se trata del IV Encuentro de Redes Universitarias y Consejos de Rectores en Am&eacute;rica Latina y el Caribe Unesco-IESALC, llevado a cabo en Buenos Aires, Argentina, el 5 y 6 de mayo de 2011.    <br> <a name="num10"></a><a href="#nu10"><sup>10</sup></a> V&eacute;ase tambi&eacute;n mi trabajo sobre la psicolog&iacute;a (G&oacute;mez-Morales 2012).    <br> <a name="num11"></a><a href="#nu11"><sup>11</sup></a> Mas de ochocientos, de acuerdo con el autor (Kreimer 2013, 450).    <br> <a name="num12"></a><a href="#nu12"><sup>12</sup></a> Con base en la distorsi&oacute;n que producen pr&aacute;cticas de publicaci&oacute;n isom&oacute;rficas y multitudinarias como las del CERN, la anterior directora del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnolog&iacute;a e Innovaci&oacute;n de Colombia (Colciencias) afirm&oacute; que un cient&iacute;fico colombiano deber&iacute;a publicar al a&ntilde;o, en promedio, diez art&iacute;culos indexados en revistas internacionales de la m&aacute;s alta calidad (&quot;El promedio&quot; 2013).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num13"></a><a href="#nu13"><sup>13</sup></a> Ver la informaci&oacute;n sobre este evento en la primera nota a pie de p&aacute;gina de este texto.    <br> <a name="num14"></a><a href="#nu14"><sup>14</sup></a> El Grupo de Estudios Sociales de la Ciencia de la Universidad Nacional de Colombia realiza este tipo de trabajos hist&oacute;rico-cr&iacute;ticos con perspectiva bibliom&eacute;trica. Para ver m&aacute;s informaci&oacute;n al respecto, consultar <a href="http://www.humanas.unal.edu.co/bibliometria/" target="_blank">http://www.humanas.unal.edu.co/bibliometria/</a> .    <br>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p><b>Bloor, David.</B> 1994. &quot;El programa fuerte en la sociolog&iacute;a del conocimiento&quot;. En <I>La explicaci&oacute;n social del conocimiento</I>, editado por Le&oacute;n Oliv&eacute;, 91-117. M&eacute;xico D. F.: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0486-6525201500010001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Bradford, Samuel Clement.</B> 1934. &quot;Sources of Information on Specific Subjects&quot;. <I>Engineering</I> 137: 85-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0486-6525201500010001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Chavarro, Diego.</B> 2013. &quot;&iquest;Son los sistemas de indexaci&oacute;n y resumen un indicador de la buena calidad editorial de las revistas acad&eacute;micas?&quot;. Ponencia presentada en el IX Congreso Iberoamericano de Indicadores de Ciencia y Tecnolog&iacute;a &quot;Balance de los indicadores en Iberoam&eacute;rica. Panorama actual y mirada al futuro&quot;. 9 al 11 de octubre, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0486-6525201500010001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Cole, Jonathan y Harriet Zuckerman. </B>1984. &quot;The Productivity Puzzle: Persistence and Change in Patterns of Publication of Men and Women Scientists&quot;. <I>Advances in Motivation and Achievement</I> 2: 217-258.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0486-6525201500010001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Cronin, Blaise.</B> 1981. &quot;The Need for a Theory of Citing&quot;. <I>Journal of Documentation</I> 37: 16-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0486-6525201500010001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Edge, David.</B> 1980. &quot;Why I Am not a CoCitationist&quot;. En <I>Essays of an Information Scientist (1977-1978)</I>, 240-246. Filadelfia: ISI Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0486-6525201500010001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Garfield, Eugene.</B> 1955. &quot;Citation Index for Science&quot;. <I>Science</I> 122 (3159): 108-111.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0486-6525201500010001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Gesner, Conrad.</B> 1545-1549. <I>Bibliotheca universalis, sive catalogus omnium scriptorum, in tribus linguis, Latina, Graeca, &amp; Hebraica: extantium &amp; non extantium, veterum &amp; recentiorum, doctorum &amp; indoctorum, publicatorum &amp; in bibliothecis latentium</I>. Zurich: Christoph Froschauer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0486-6525201500010001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P><B>Gibbons, Michael, Camile Limoges, Helga Nowotny, Simon Schwartzman, Scott Trow y Martin Peter</B>. 1994. <I>The New Production of Knowledge: The Dynamics of Science and Research in Contemporary Societies</I>. Londres: Sage Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0486-6525201500010001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Gibbs, Wayt W.</B> 1995. &quot;Lost Science in the Third World&quot;. <I>Scientific American</I> 273 (2): 76-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0486-6525201500010001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Gilbert, G. Nigel y Stephen William Woolgar.</B> 1974. &quot;The Quantitative Study of Science: An Examination of the Literature&quot;. <I>Science Studies</I> 4 (3): 279-294.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0486-6525201500010001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>G&oacute;mez-Morales, Yuri Jack.</B> 2005. &quot;Pol&iacute;tica cient&iacute;fica colombiana y bibliometr&iacute;a: usos&quot;. <I>N&oacute;madas</I> 22: 241-254.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0486-6525201500010001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>______.</B> 2007. &quot;Revisiting the 'Heroic' Age: From Externalism to Internalism in Serial History of Science&quot;. Ponencia presentada en la 11th International Conference of the International Society for Scientometrics and Informetrics. 25-27 de junio, Madrid, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0486-6525201500010001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>G&oacute;mez Morales, Yuri Jack, Juan Anduckia y Nadeyda Rinc&oacute;n.</B> 1998. &quot;Publicaciones seriadas cientificas colombianas&quot;. <I>Interciencia</I> 23 (4): 208-217.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0486-6525201500010001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>G&oacute;mez-Morales, Yuri Jack, Bruno Jaraba Barrios, Javier Guerrero y Willson L&oacute;pez-L&oacute;pez.</B> 2012. &quot;Entre internacionalizaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de comunidades acad&eacute;micas locales: sobre la <I>Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a</I>&quot;. <I>Revista Colombiana de Psicologia</I> 21 (1): 97-110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0486-6525201500010001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Harding, Sandra.</B> 1986. <I>The Science Question in Feminism</I>. Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0486-6525201500010001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Keller, Evelin Fox.</B> 1985. <I>Reflections on Gender and Science</I>. New Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0486-6525201500010001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Kreimer, Pablo.</B> 2013. &quot;Internacionalizaci&oacute;n y tensiones para un uso social&quot;. En <I>Proyecto ensamblado en Colombia: ensamblando estado</I>, editado por Olga Restrepo Forero, 437-452. Bogot&aacute;: Centro de Estudios Sociales; Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0486-6525201500010001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Latour, Bruno.</B> 1987. <I>Science in Action. How to Follow Scientists and Engineers through Society</I>. Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0486-6525201500010001300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Lotka, Alfred.</B> 1926. &quot;The Frequency Distribution of Scientific Productivity&quot;. <I>Journal of the Washington Academy of Sciences</I> 16 (12): 317-323.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0486-6525201500010001300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>MacRoberts, Michael y Barbara MacRoberts.</B> 1982. &quot;A ReEvaluation of Lotka's Law of Scientific Productivity&quot;. <I>Social Studies of Science</I> 12 (3): 443-450.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0486-6525201500010001300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Marginson, Simon e Imanol Ordorika. </B>2010. <I>Hegemon&iacute;a en la era del conocimiento: competencia global en la educaci&oacute;n superior y la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica</I>. M&eacute;xico D. F.: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0486-6525201500010001300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>McLauchlan de Arregui, Patricia.</B> 1988. <I>Indicadores comparativos de los resultados de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica en Am&eacute;rica Latina</I>. Documentos de Trabajo. Lima: Grade.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0486-6525201500010001300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Price, Derek J. de Solla.</B> 1951. &quot;Quantitative Measures of the Development of Science&quot;. <I>Archives Internationales d</I>'<I>Histoire des Sciences</I> 14: 85-93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0486-6525201500010001300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>______.</B> 1964. &quot;The Science of Science&quot;. In <I>The Science of Science. Society in the Technological Age</I>, editado por Maurice Goldsmith y Alan Mackay, 195-208. Londres: Souvenir Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0486-6525201500010001300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>&quot;El promedio de publicaci&oacute;n de un cient&iacute;fico es 10 art&iacute;culos por a&ntilde;o&quot;.</B> 2013. <I>El Espectador</I>, 25 de octubre. <a href="http://www.elespectador.com" target="_blank">http://www.elespectador.com</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0486-6525201500010001300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Rossiter, Margaret.</B> 1993. &quot;The Matthew/ Matilda Effect in Science&quot;. <I>Social Studies of Science</I> 23 (2): 325-341.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0486-6525201500010001300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><B>Shenhav, Yehouda.</B> 1987. &quot;Science in LDCs: Connectedness versus Universalism&quot;. <I>Science and Technology Studies</I> 5: 34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0486-6525201500010001300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><B>Shenhav, Yehouda y David H. Kamens. </B>1991. &quot;The 'Costs' of Institutional Isomorphism: Science in NonWestern Countries&quot;. <I>Social Studies of Science</I> 21: 527-545.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0486-6525201500010001300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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