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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Teorías y modelos relacionados con calidad de vida en cáncer y enfermería]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Concepción Facultad de Medicina Departamento de Enfermería]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The objective of the present work is to outline the relationship among the models and theories, which states general behaviors and influential actions, toward healthy behaviors, specifically in people with incapacity due to cancer, showing tools for a better survival. The following theories of self care are presented: Uncertainty, Stress, Confrontation, Crisis and the model of Beliefs in Health. The main idea in this work is to visualize the relationship of theories in cancer therapy and nursing presence, with a perspective of improving the quality of life in these patients.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <center>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Teor&iacute;as y modelos relacionados con calidad de vida    en c&aacute;ncer y enfermer&iacute;a</font></b> </p> </center>     <p> </p>     <p><b>Zaider G. Trivi&ntilde;o V.i    <br>   Olivia Sanhueza A.ii</b></p>     <p>i Enfermera mag&iacute;ster en Salud P&uacute;blica; docente Universidad Santiago    de Cali-Colombia; doctoranda en Enfermer&iacute;a, Universidad de Concepci&oacute;n,    Chile. <a href="mailto:ztrivino@usc.edu.co">ztrivino@usc.edu.co</a>    <br>   ii Doctora en Enfermer&iacute;a; profesora asociada, Departamento de Enfermer&iacute;a,    Facultad de Medicina, Universidad de Concepci&oacute;n, Chile. <a href="mailto:osanhue@udec.cl">osanhue@udec.cl</a></p> </font>    <p>&nbsp;</p> <font face="verdana" size="2"> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El objetivo del presente trabajo es plantear la relaci&oacute;n entre los modelos    y las teor&iacute;as que marcan conductas y acciones influyentes en forma general    hacia conductas saludables, espec&iacute;- ficamente en personas con discapacidad    por c&aacute;ncer, mostrando herramientas que posibiliten mejor sobrevivencia.    Se presentan las teor&iacute;as de autocuidado, incertidumbre, estr&eacute;s,    afrontamiento de crisis y el modelo de creencias en salud. La intenci&oacute;n    de este trabajo es visualizar la relaci&oacute;n de las teor&iacute;as en la    terap&eacute;utica del c&aacute;ncer y la presencia de enfermer&iacute;a, con    la perspectiva de mejorar la calidad de vida en estos pacientes.</p>     <p><b>PALABRAS CLAVE</b>: Teor&iacute;as psicosociol&oacute;gicas y enfermer&iacute;a,    c&aacute;ncer, calidad de vida.    <br>       <br> </p> <hr size="1"> <b>ABSTRACT</b>      <p>The objective of the present work is to outline the relationship among the    models and theories, which states general behaviors and influential actions,    toward healthy behaviors, specifically in people with incapacity due to cancer,    showing tools for a better survival. The following theories of self care are    presented: Uncertainty, Stress, Confrontation, Crisis and the model of Beliefs    in Health. The main idea in this work is to visualize the relationship of theories    in cancer therapy and nursing presence, with a perspective of improving the    quality of life in these patients.</p>     <p><b>KEY WORDS</b>: Psycho sociological theories and nursing, cancer, quality    of life.</p> <hr size="1">     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">    <br>   <font size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>anto las personas sanas como aquellas que se encuentran en desequilibrio de    su salud necesitan observar conductas saludables que les permitan afrontar situaciones    de estr&eacute;s, de crisis, de desadaptabilidad a trav&eacute;s de manejos    adecuados de autocuidado y afrontamiento. Actualmente la disciplina de enfermer&iacute;a    reconoce la necesidad de aplicar y desarrollar en su pr&aacute;ctica teor&iacute;as    y modelos cient&iacute;ficamente fundamentados, reconocidos emp&iacute;ricamente    por su adecuada operativizaci&oacute;n en la promoci&oacute;n y la recuperaci&oacute;n    de la salud, en los procesos de manejo y terap&eacute;uticas, tanto en pacientes    sanos como en aquellos que padecen enfermedades cr&oacute;nico-degenerativas,    entre otras, el c&aacute;ncer. En cuanto a la adaptabilidad, se buscan formas    que les permitan aproximarse a una vida con mejor calidad. Este trabajo plantea    la relaci&oacute;n entre los modelos y las teor&iacute;as que marcan conductas    y acciones influyentes de manera general hacia conductas saludables, espec&iacute;ficamente    en personas con discapacidad por c&aacute;ncer, mostrando las herramientas que    utiliza la enfermera, y que posibilitan una mejor sobrevivencia del paciente    oncol&oacute;gico. Se presenta la definici&oacute;n y conceptualizaci&oacute;n    de las teor&iacute;as de autocuidado, incertidumbre, estr&eacute;s, afrontamiento,    de crisis y el modelo de creencias en salud. En seguida se muestra la relaci&oacute;n    entre calidad de vida, las teor&iacute;as expuestas y enfermer&iacute;a, posteriormente    se mencionan algunos instrumentos de medici&oacute;n de calidad de vida de pacientes    con c&aacute;ncer. Finalmente se presentan las conclusiones.</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Teor&iacute;a del autocuidado</font></p>     <p>Dorothea Orem, enfermera creadora de esta teor&iacute;a, la present&oacute;    por primera vez en la d&eacute;cada de los cincuenta y se public&oacute; en    1972. La define como d&eacute;ficit de autocuidado, compuesta por tres teor&iacute;as    relacionadas:</p>     <p>El autocuidado: consiste en la pr&aacute;ctica de actividades que las personas    maduras o que est&aacute;n madurando, inician y llevan a cabo en determinados    periodos de tiempo, por sus propios medios y con el inter&eacute;s de mantener    un funcionamiento vivo y sano, y continuar con el desarrollo personal y el bienestar    (1).</p>     <p>El d&eacute;ficit de autocuidado descrito por Orem se da cuando la relaci&oacute;n    entre las propiedades humanas de necesidad terap&eacute;utica y la capacidad    de autocuidado desarrollada no son operativas o adecuadas para conocer y cubrir    algunos o todos los componentes de la necesidad terap&eacute;utica de autocuidado    existente (1). Aqu&iacute; act&uacute;an los sistemas de enfermer&iacute;a.</p>     <p>Sistemas de enfermer&iacute;a: son las acciones que realiza la enfermera de    acuerdo con las necesidades terap&eacute;uticas de autocuidado de sus pacientes    para proteger y regular el ejercicio o desarrollo de la actividad de autocuidado    de los mismos (1). El autocuidado podr&iacute;a considerarse como la capacidad    de un individuo para realizar todas las actividades necesarias para vivir y    sobrevivir con bienestar. Esta autora considera el concepto &quot;auto&quot;    como la totalidad de un individuo, donde no s&oacute;lo incluye sus necesidades    f&iacute;sicas, sino tambi&eacute;n las necesidades psicol&oacute;gicas y espirituales,    y el concepto &quot;cuidado&quot; como la totalidad de actividades que un    individuo inicia para mantener la vida y desarrollarse de una forma que sea    normal para &eacute;l. As&iacute;, el autocuidado es la pr&aacute;ctica de actividades    que los individuos inician y realizan en su propio beneficio para el mantenimiento    de la salud, la vida y el bienestar. Las capacidades de autocuidado est&aacute;n    directamente influenciadas por la cultura, el grupo social en el que est&aacute;    inserta la persona, el conocimiento de habilidades de autocuidado y el repertorio    para mantenerlas, as&iacute; como por la capacidad para hacer frente a las dificultades    con las que se encuentra a lo largo de su historia (2). En las variadas aplicaciones    pr&aacute;cticas de esta teor&iacute;a, entre las que se destaca el &aacute;rea    de la promoci&oacute;n y el cuidado de la salud, est&aacute; la oncolog&iacute;a,    donde la enfermera realiza actividades educativas para la detecci&oacute;n precoz    del c&aacute;ncer, observando los factores de riesgo, y para mantener el autocuidado    del paciente despu&eacute;s de haberse diagnosticado. Se ha encontrado el efecto    de la consultor&iacute;a en enfermer&iacute;a en ansiedad y, por otro lado,    el efecto del autocuidado de los pacientes que est&aacute;n recibiendo terapia    de irradiaci&oacute;n, y el autocuidado en el manejo paliativo del dolor. Aqu&iacute;    el sistema de enfermer&iacute;a apoya al paciente oncol&oacute;gico, y opera    brindando cuidados a los pacientes cuando &eacute;stos pierden transitoriamente    la capacidad f&iacute;sica, psicol&oacute;gica y espiritual de autocuidarse.    Esta teor&iacute;a de enfermer&iacute;a aporta la ense&ntilde;anza de manejo    de signos y s&iacute;ntomas al paciente oncol&oacute;gico buscando conductas    de independencia y bienestar. La enfermera tendr&aacute; en cuenta la cultura    y habilidad de los pacientes al ense&ntilde;arles y proporcionarles el cuidado.    La independencia del paciente le genera mejor calidad de vida.</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Teor&iacute;a de incertidumbre</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Teor&iacute;a desarrollada por Mishel Merle, quien la define como la inhabilidad    del sujeto para determinar el significado de los eventos relacionados con una    enfermedad, y ocurre en situaciones donde debe tomar decisiones, siendo incapaz    de asignar valores definitivos a objetos y eventos; y de predecir consecuencias    con exactitud debido a la escasez de informaci&oacute;n y conocimiento (3).</p>     <p>La incertidumbre, como un estado cognitivo, aparece cuando un evento no es    adecuadamente estructurado o categorizado debido a que la informaci&oacute;n    del paciente sobre el suceso en cuesti&oacute;n es escasa. Estos eventos que    causan incertidumbre pueden ser la mayor fuente de estr&eacute;s, provocando    reactividad fisiol&oacute;gica y aumentando la emocionalidad del paciente. El    estudio de la incertidumbre representa un &aacute;rea inquisitiva de fen&oacute;menos    conceptuales. El aporte t&eacute;cnico de enfermer&iacute;a junto a disciplinas    relacionadas proveer&aacute; conceptos como cuidado y apoyo, probando la teor&iacute;a    y confirmando su generalizaci&oacute;n en los problemas de la pr&aacute;ctica    cl&iacute;nica de enfermer&iacute;a (4). La teor&iacute;a de incertidumbre tiene    su m&aacute;s fuerte apoyo entre los sujetos que est&aacute;n experimentando    la fase aguda de una enfermedad, o est&aacute;n en una fase cr&oacute;nica con    deterioro lento y progresivo de su cuerpo. Esta teor&iacute;a no ha sido aplicada    en pacientes que viven con una incertidumbre espec&iacute;fica en una enfermedad,    con una fase aguda tratable y con una eventual recurrencia (4). Los estudios    sobre la incertidumbre como fen&oacute;meno o problema psicol&oacute;gico que    influye en los pacientes como productora de s&iacute;ntomas psicol&oacute;gicos    son escasos, la mayor&iacute;a se refiere a estudios efectuados en pacientes    con c&aacute;ncer y solamente uno a enfermedades cr&oacute;nicas en general    realizados en Estados Unidos. Mishel desarroll&oacute; una escala de 29 &iacute;tems,    midiendo en cien pacientes la incertidumbre en relaci&oacute;n con el diagn&oacute;stico,    la sintomatolog&iacute;a, el tratamiento, la relaci&oacute;n con proveedores    de cuidado y el planteamiento para el futuro del paciente (5). En los acontecimientos    de la vida real parece ser que la incertidumbre m&aacute;xima suele ser estresante,    pudiendo tener un efecto inmovilizador sobre procesos anticipatorios de afrontamiento,    y puede provocar tambi&eacute;n confusi&oacute;n mental. La teor&iacute;a de    la incertidumbre es reconocida por la enfermera en su pr&aacute;ctica para discutir    una nueva probabilidad de afrontamiento con los pacientes con c&aacute;ncer,    a fin de tratar de evitar el efecto inmovilizador en el mismo. Dado que la incertidumbre    produce estr&eacute;s, la habilidad de la enfermera podr&iacute;a disminuir    este grado de incertidumbre, en la medida en que provea informaci&oacute;n peri&oacute;dica    y cierta sobre su estado al paciente oncol&oacute;gico y a su familia. Es importante    que la enfermera propicie la manifestaci&oacute;n de emociones del paciente    para identificar situaciones de estr&eacute;s, desadaptabilidad, crisis, temores,    para trabajar en equipo un plan individual con el paciente. El afrontamiento    le permite al paciente oncol&oacute;gico aceptar, manejar y sobreponerse a su    proceso salud/ enfermedad, lo cual puede llegar a constituir avances en su mejor    calidad de vida.</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Teor&iacute;a de afrontamiento, estr&eacute;s y procesos cognitivos</font></p>     <p>Estr&eacute;s. Lazarus y Folkman (6) hicieron su contribuci&oacute;n a la investigaci&oacute;n    de los factores cognitivos implicados en el estr&eacute;s y en la emoci&oacute;n.    A partir de esta premisa comenzaron a tener gran importancia la apreciaci&oacute;n    de los est&iacute;mulos, la naturaleza del estr&eacute;s y los procesos de afrontamiento.    Lazarus sugiri&oacute; que el estr&eacute;s fuera tratado como un concepto organizador,    y utilizado para entender un amplio grupo de fen&oacute;menos de gran importancia    en la adaptaci&oacute;n humana y animal. Para el autor, el individuo enfrenta    el estr&eacute;s a trav&eacute;s del enjuiciamiento funcional de la actividad    ps&iacute;quica, y depende de fuerzas conscientes que se configuran como producto    de una apreciaci&oacute;n intuitiva de las demandas, los recursos y los resultados    predecibles de la interacci&oacute;n con el medio, de acuerdo con modos peculiares    de procesar la informaci&oacute;n y de integrar las experiencias. La teor&iacute;a    de Lazarus dice que el estr&eacute;s psicol&oacute;gico es una relaci&oacute;n    particular entre el individuo y su entorno, evaluado por &eacute;ste como agravando    o desbordando sus recursos, y que pone en peligro su bienestar (6). Esta definici&oacute;n    considera como fundamental la relaci&oacute;n individuo- entorno. As&iacute;,    cuando un individuo ha tenido alguna experiencia con alg&uacute;n agente estresante,    el enfrentarse a una situaci&oacute;n similar sea quiz&aacute; menos estresante    que la primera vez. Ello porque en su conciencia tiene la evaluaci&oacute;n    primaria de la situaci&oacute;n y los procesos de afrontamiento ser&aacute;n    m&aacute;s eficientes, con grandes posibilidades de que no se produzca un trastorno.    La evaluaci&oacute;n cognitiva es el proceso evaluativo que determina el porqu&eacute;    y hasta qu&eacute; punto una relaci&oacute;n o una serie de relaciones entre    el individuo y el entorno es estresante. Esta evaluaci&oacute;n es el proceso    que determina las consecuencias que un acontecimiento dado provocar&aacute;    en el individuo (6). La respuesta emocional y conductual desarrollada por un    sujeto ante un acontecimiento depende de la forma en que &eacute;ste lo analice.</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Factores personales que influyen en la evaluaci&oacute;n cognitiva</font></p>     <p>Al abordar el tema de los factores personales que influyen en la evaluaci&oacute;n    cognitiva es importante tener en cuenta dos caracter&iacute;sticas: los compromisos    y las creencias. Los compromisos son expresiones de aquello que es importante    para la persona y determinan sus decisiones, tambi&eacute;n las alternativas    que el individuo elige para conservar sus ideas y/o conseguir determinados objetivos.    Tiene que ver con algo o con alguien, por lo tanto, depende de una relaci&oacute;n    espec&iacute;fica entre el individuo y el entorno. Las creencias son configuraciones    cognitivas formadas individualmente o compartidas culturalmente, son nociones    preexistenciales de la realidad, que sirven de lente perceptual. En la evaluaci&oacute;n,    las creencias determinan la realidad de como son las cosas en el entorno, y    modelan el entendimiento de su significado. Las creencias existenciales, como    la fe en Dios o en otro orden natural del universo, son creencias generales    que ayudan a la gente a conservar la esperanza y a buscar significado a la vida,    a pesar de sus experiencias dolorosas (7).</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Factores situacionales que influyen en la evaluaci&oacute;n    cognitiva</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al analizar estos factores es importante tener en cuenta tres caracter&iacute;sticas:    la novedad, la predictibilidad y la incertidumbre del acontecimiento. Una situaci&oacute;n    nueva, la novedad, es capaz de provocar amenaza si alg&uacute;n aspecto de ella    se ha relacionado alguna vez con el da&ntilde;o. La predictibilidad de un acontecimiento    ha sido estudiada, pero los hallazgos no han sido adecuados para explicar el    estr&eacute;s psicol&oacute;gico de los seres humanos, en parte porque no considera    las diferencias individuales en la evaluaci&oacute;n y el afrontamiento. En    los acontecimientos de la vida real parece ser que la incertidumbre m&aacute;xima    suele ser estresante, pudiendo tener un efecto inmovilizador sobre procesos    anticipatorios de afrontamiento, y puede provocar tambi&eacute;n confusi&oacute;n    mental.</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Teor&iacute;a de afrontamiento</font></p>     <p>Tal como lo define Lipowsky, el afrontamiento ser&iacute;an las estrategias    que pone en juego el individuo ante un problema para mantener su integridad    f&iacute;sica y psicol&oacute;gica (8). La capacidad de afrontamiento de una    persona depende de su trayectoria personal y de los valores y las creencias    que ha ido incorporando con los a&ntilde;os. Hablar de un proceso de afrontamiento    significa hablar de un cambio en los pensamientos y actos a medida que la interacci&oacute;n    va desarroll&aacute;ndose; por lo tanto, el afrontamiento es un proceso cambiante    en el que el individuo en determinados momentos debe contar principalmente con    estrategias, ya sean defensivas o con otras que sirvan para resolver el problema,    todo a medida que vaya cambiando su relaci&oacute;n con el entorno (9). El afrontamiento    o coping planteado por Lazarus se define como esfuerzos cognitivos y conductuales    constantemente cambiantes que el individuo desarrolla para manejar las demandas    externas y/o internas, las cuales eval&uacute;a como excedentes o desbordantes    de sus propias capacidades de manejo (10).</p>     <p>Modos de afrontamiento. Existen dos tipos. Por un lado el afrontamiento de    problemas, que son estrategias dirigidas a la definici&oacute;n del problema,    a la b&uacute;squeda de soluciones alternativas, y a la consideraci&oacute;n    de tales alternativas con base en su costo, beneficio, elecci&oacute;n y aplicaci&oacute;n.    Implica tambi&eacute;n un objetivo, un proceso anal&iacute;tico dirigido principalmente    al entorno, y tambi&eacute;n las estrategias dirigidas al interior del sujeto.    Por otra parte, el afrontamiento de emoci&oacute;n est&aacute; constituido por    los procesos cognitivos encargados de disminuir el grado de trastorno emocional,    e incluyen estrategias como la evitaci&oacute;n, la atenci&oacute;n selectiva,    las comparaciones positivas y la extracci&oacute;n de valores positivos a los    acontecimientos negativos; otras estrategias est&aacute;n dirigidas a aumentar    el grado de trastorno emocional (algunas personas necesitan sentirse realmente    mal para encontrar consuelo). Utilizamos el afrontamiento para conservar la    esperanza y el optimismo, para negar tanto el hecho como su implicaci&oacute;n,    para no tener que aceptar lo peor, para actuar como si lo ocurrido no nos importara.    Cuando se dice que una persona tiene muchos recursos no s&oacute;lo significa    que dispone de un gran n&uacute;mero de ellos, sino que tambi&eacute;n tiene    habilidad para aplicarlos ante las distintas demandas del entorno. Los recursos    pueden ser f&iacute;sicos, bioqu&iacute;micos, materiales, cognitivos, emocionales,    de actitud, interpersonales y macrosocioculturales. Lazarus describe los recursos    como la salud y la energ&iacute;a (recursos f&iacute;sicos), las creencias positivas    (recursos psicol&oacute;gicos), las t&eacute;cnicas sociales (aptitudes) y de    resoluci&oacute;n de problemas, recursos sociales y materiales (recursos ambientales)    (7).</p>     <p>La salud y la energ&iacute;a facilitan el afrontamiento, es m&aacute;s f&aacute;cil    afrontar una situaci&oacute;n cuando uno se encuentra bien que cuando se encuentra    mal, pero las personas d&eacute;biles y/o enfermas pueden movilizarse lo suficiente    como para afrontar una situaci&oacute;n cuando lo que est&aacute; en juego es    suficientemente importante para ellas. Las creencias positivas, la esperanza,    pueden ser alentadoras por la convicci&oacute;n de que la situaci&oacute;n puede    ser controlable, de que uno tiene la fuerza suficiente para cambiarla, de que    una persona, o un programa resultar&aacute;n eficaces, o bien por el hecho de    tener fe en la justicia, la voluntad de Dios. Las t&eacute;cnicas sociales constituyen    la capacidad de comunicarse y de actuar con los dem&aacute;s en forma adecuada    y efectiva. Este tipo de habilidad facilita la resoluci&oacute;n de problemas,    se coordina con otras personas, aumenta la capacidad de atraer su cooperaci&oacute;n    o apoyo y, en general, aporta al individuo un control m&aacute;s amplio sobre    las interacciones sociales. La enfermera podr&iacute;a apoyar la resoluci&oacute;n    de problemas mediante la utilizaci&oacute;n de habilidades para conseguir informaci&oacute;n,    analizar las situaciones, examinar alternativas, predecir opciones &uacute;tiles    para obtener los resultados deseados y elegir un plan de acci&oacute;n apropiado,    con participaci&oacute;n del paciente. Estas t&eacute;cnicas derivan de otros    recursos, como experiencias previas, almacenamiento de informaci&oacute;n, habilidades    cognitivas para aplicar esa informaci&oacute;n y capacidades de autocontrol.    Los recursos ambientales son el dinero, y los bienes y servicios que pueden    adquirirse con &eacute;l. La esencia del afrontamiento dirigido a plantear alternativas    previo conocimiento del problema, permite a la enfermera utilizar como herramienta    la espiritualidad, la creencia del paciente oncol&oacute;gico en su dios u otras    formas de energ&iacute;a para abordar con mayor propiedad y esperanza sus cuidados    y un cambio de conducta. Otra visi&oacute;n de c&oacute;mo la enfermera relaciona    este afrontamiento en el paciente oncol&oacute;gico es impartiendo educaci&oacute;n    sobre el proceso salud/enfermedad, explicando los aspectos relacionados con    su enfermedad, con el cumplimiento de su terapia y algunos cambios en su estilo    de vida, con informaci&oacute;n veraz sobre los signos y s&iacute;ntomas. La    teor&iacute;a nos indica la importancia de los procesos cognitivos, esto tiene    que ver con el conocimiento de su estado, que le permite disminuir la tensi&oacute;n,    el temor, el estr&eacute;s, permitiendo el afrontamiento eficaz. La enfermera,    entonces, apoya no s&oacute;lo las respuestas biol&oacute;gicas sino tambi&eacute;n    humanas. Disminuir el estr&eacute;s, la tensi&oacute;n y el temor mejora la    condici&oacute;n inmunol&oacute;gica o las defensas del paciente oncol&oacute;gico,    actuando positivamente en su calidad de vida.</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Teor&iacute;a de la crisis</font></p>     <p>Una crisis surge cuando una persona enfrenta un obst&aacute;culo importante    en relaci&oacute;n con los objetivos de vida, y le es imposible superarlo mediante    los m&eacute;todos habituales de soluci&oacute;n de problemas. No todas las    circunstancias adversas provocan una crisis o una enfermedad, pero s&iacute;    desestabilizan a la persona (11). Las crisis se producen como una respuesta    emocional a una situaci&oacute;n peligrosa. Hist&oacute;ricamente esta teor&iacute;a    remite a Freud y sus hip&oacute;tesis originales que establec&iacute;an la relaci&oacute;n    entre situaciones vitales conscientes o inconscientes y una respuesta emocional.    En los a&ntilde;os sesenta Ericsson y su descripci&oacute;n de las crisis del    desarrollo colabor&oacute; con una perspectiva evolutiva y de crecimiento a    la &quot;teor&iacute;a de la crisis&quot;. Lindemann tambi&eacute;n aport&oacute;    a esta teor&iacute;a, pero m&aacute;s desde una perspectiva de atenci&oacute;n    comunitaria, con un especial &eacute;nfasis en la atenci&oacute;n cl&iacute;nica    a personas que hab&iacute;an sufrido una situaci&oacute;n de p&eacute;rdida    traum&aacute;tica de un ser querido. Lindemann, en colaboraci&oacute;n con Kaplan,    desarroll&oacute; esta teor&iacute;a como un marco referencial para el tratamiento    de situaciones de duelo. Una crisis se define como una respuesta a eventos conflictivos,    internos o externos, y experimentada como un estado doloroso. Para defenderse    de esta situaci&oacute;n la persona utiliza mecanismos que le ayudan a aliviar    su molestia y as&iacute; volver a restablecer su equilibrio previo. Estos mecanismos    pueden ser adaptativos o desadaptativos (12). En ambos casos el dolor intenso    puede ser superado, pero en el segundo el dolor puede ser intercambiado por    s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos que en algunas personas pueden cristalizar    en un estilo neur&oacute;tico de conducta que restringe sus habilidades para    funcionar libremente, en el peor de los casos la situaci&oacute;n de crisis    no logra ser estabilizada y puede llevar a la persona a reacciones a&uacute;n    menos adaptativas como el suicidio, el homicidio o ambos.</p>     <p>La teor&iacute;a de la crisis describe tres fases de la respuesta: 1) fase    previa a la crisis. El individuo busca mantener el equilibrio haciendo cambios    f&iacute;sicos y psicosociales en el contexto de los sucesos normales de vida.    El problema no constituye en s&iacute; mismo la crisis, &eacute;sta se produce    como respuesta a aqu&eacute;l. En el contexto del c&aacute;ncer, el grado de    amenaza percibido por el descubrimiento de un tumor en la mama, por ejemplo,    puede desencadenar una crisis si la mujer tiene antecedentes familiares de c&aacute;ncer    de mama. El factor importante es la percepci&oacute;n individual del peligro.    Las expectativas y los temores se derivan de los antecedentes familiares de    c&aacute;ncer. La crisis no surge de la confirmaci&oacute;n del diagn&oacute;stico    sino de la amenaza percibida. 2) La fase de crisis se caracteriza por la desorganizaci&oacute;n;    se hacen intentos para resolver el problema, que puedan resultar o no. En el    ejemplo anterior surgen diferentes posibilidades, la paciente puede responder    tratando de ignorar el crecimiento mamario, pero se ver&aacute; perseguida por    la ansiedad que le produce la evoluci&oacute;n de la enfermedad debido al retraso    en la b&uacute;squeda de atenci&oacute;n. La otra opci&oacute;n es aliviar la    angustia mediante la evaluaci&oacute;n m&eacute;dica inmediata y la participaci&oacute;n    activa en el plan de tratamiento. 3) En la fase posterior a la crisis tambi&eacute;n    surgen varias posibilidades. Este fundamento te&oacute;rico lleva a la enfermera    a posibilitar la manifestaci&oacute;n de emociones al paciente para articularlo    en su plan de intervenci&oacute;n en equipo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> </p>     <p><font size="3">Modelo de creencias en salud</font></p>     <p>Uno de los modelos m&aacute;s utilizados en promoci&oacute;n de la salud y    que incluye un importante componente cognitivoperceptivo es el Modelo de Creencias    de Salud (MCS). El MCS fue originalmente desarrollado en los a&ntilde;os cincuenta    por un grupo de especialistas en psicolog&iacute;a social del Departamento de    Salud P&uacute;blica norteamericano, encabezados por Hochbaum, en su b&uacute;squeda    por una explicaci&oacute;n a la falta de participaci&oacute;n p&uacute;blica    en programas de detecci&oacute;n precoz y prevenci&oacute;n de enfermedades.    Posteriormente se adapta para tratar de explicar una variedad de conductas,    como la respuesta individual ante ciertos s&iacute;ntomas de enfermedad, el    cumplimiento del paciente con los tratamientos y las recomendaciones m&eacute;dicas,    la pr&aacute;ctica de autoex&aacute;menes exploratorios o el uso de tabaco (13).    En su origen, el MCS se basa en otras cl&aacute;sicas y populares teor&iacute;as    del aprendizaje, en particular la conductista, que defiende que todo tipo de    comportamiento puede ser reducido a relaciones est&iacute;mulo-respuesta elementales    y justificado por sus inmediatas consecuencias; y en la cognitiva, que justifica    el comportamiento como el resultado de procesos mentales en los que el sujeto    otorga cierto valor a las consecuencias de su acci&oacute;n y sopesa la probabilidad    de que &eacute;sta produzca el resultado deseado (13). Aunque los defensores    de ambas teor&iacute;as consideran que el reforzamiento es un importante factor    condicionante del comportamiento, los te&oacute;ricos cognitivos lo sit&uacute;an    influenciando las expectativas, o hip&oacute;tesis, en lugar del comportamiento    en s&iacute;.</p>     <p>El MCS es una teor&iacute;a construida en la valoraci&oacute;n subjetiva de    una determinada expectativa. En t&eacute;rminos de salud, el valor ser&aacute;    el deseo de evitar la enfermedad o el padecimiento, y la expectativa ser&aacute;    la creencia en que una acci&oacute;n posible de realizar prevendr&aacute; o    mejorar&aacute; el proceso. Con los a&ntilde;os se han hecho adaptaciones del    modelo para explicar conductas frente a una enfermedad ya diagnosticada, y se    cre&oacute; un paradigma que modela la adopci&oacute;n del rol de la enfermera    y que agrupa diferentes factores motivacionales, subjetivos, elementos habilitantes    o modificantes de la conducta, que influencian las decisiones que debe tomar    el individuo frente a una enfermedad que se le ha diagnosticado y, dependiendo    de estos factores, las personas tendr&aacute;n mayor o menor probabilidad de    tener una conducta en salud esperable, es decir, adherente o no a las prescripciones    que se le dan para tratar su enfermedad (14).</p>     <p>El MCS se basa en tres premisas: 1) la creencia &#8211;o percepci&oacute;n&#8211;    de que un determinado problema es importante o suficientemente grave como para    tenerlo en consideraci&oacute;n; 2) la creencia &#8211;o percepci&oacute;n&#8211;    de que uno es vulnerable a ese problema; 3) la creencia &#8211;o percepci&oacute;n&#8211;    de que la acci&oacute;n a tomar producir&aacute; un beneficio a un costo personal    aceptable. De acuerdo con el MCS, la concurrencia simult&aacute;nea de estos    tres factores favorece la adopci&oacute;n de determinados patrones de conducta,    que ser&iacute;an en nuestro caso conducentes a conservar y mejorar la salud,    evitar situaciones de riesgo y prevenir enfermedades. La aceptaci&oacute;n de    esto implica que es la percepci&oacute;n individual la que determina el comportamiento,    y no el ambiente en el que vive y se desarrolla el individuo (15). En la investigaci&oacute;n    de Sanhueza, los factores del modelo que determinan la conducta de salud son    de dos tipos: la percepci&oacute;n de amenazas sobre la propia salud, y las    creencias de los individuos sobre la posibilidad de reducir esas amenazas. Una    variable que completa el modelo es la presencia de est&iacute;mulos internos    o externos que se constituyen en claves para actuar. Una clave interna puede    ser el s&iacute;ntoma de una enfermedad, mientras que una clave externa puede    ser una campa&ntilde;a acerca de la promoci&oacute;n en salud o las interacciones    sociales con amigos afectados por alguna enfermedad. En el caso de la conducta    autoexaminadora de mama las claves para la acci&oacute;n las dio una mujer que    relata su historia de c&aacute;ncer de mama a las profesoras (16). Esta conducta    amenazadora permiti&oacute; que las mujeres se realizaran su autoexamen de mama,    posibilitando un diagn&oacute;stico temprano y, por lo tanto, mejor calidad    de vida. Adicionalmente, el concepto de autoeficacia es &uacute;til para entender    comportamientos relacionados con el cuidado de la enfermedad cr&oacute;nica    que requiere cambios comportamentales en un largo periodo. De acuerdo con el    modelo, las creencias sobre la importancia o gravedad de un determinado problema,    la vulnerabilidad frente a ese problema y el que la acci&oacute;n que se debe    implementar produzca m&aacute;s beneficios que costos personales, favorecen    la conservaci&oacute;n y el mejoramiento de la salud, la evitaci&oacute;n de    conductas de riesgo, la prevenci&oacute;n de las enfermedades, y lo que en general    puede denominarse la adopci&oacute;n de estilos de vida saludables. De acuerdo    con lo anterior, la enfermera podr&iacute;a apoyarse en la percepci&oacute;n    de amenazas y las creencias en la reducci&oacute;n de las mismas, para que las    personas interioricen que el c&aacute;ncer es grave, que est&aacute;n en gran    riesgo, presentar indicadores de ese riesgo, dar a conocer factores de prevenci&oacute;n    del c&aacute;ncer, reconocer el significado del c&aacute;ncer en los pacientes    para reconocer su motivaci&oacute;n en realizar los esfuerzos, y ubicar recursos    para desarrollar las conductas seguras.</p>     <p> </p>     <p><font size="3">Relaci&oacute;n calidad de vida - teor&iacute;as expuestas y    enfermer&iacute;a</font></p>     <p>Es frecuente hablar de promoci&oacute;n y prevenci&oacute;n para referirse    a estilo de vida saludable, como si fueran una misma cosa. Algunos autores han    expresado la promoci&oacute;n como una din&aacute;mica m&aacute;s ambiciosa    que la prevenci&oacute;n; la promoci&oacute;n apunta hacia la vida, el desarrollo    y la realizaci&oacute;n del ser humano, pertenece m&aacute;s a los &aacute;mbitos    sociales, es un intersectorial con acciones colectivas que posibilita factores    protectores en la construcci&oacute;n de ambientes saludables y, consecuentemente,    mejores estilos de vida. Por calidad de vida se recoge la definici&oacute;n    de Font, quien la entiende como la valoraci&oacute;n subjetiva que el paciente    hace de diferentes aspectos de su vida en relaci&oacute;n con su estado de salud.    Estos diferentes aspectos ser&iacute;an los del funcionamiento f&iacute;sico,    psicol&oacute;gico, social y los s&iacute;ntomas de la enfermedad y efectos    secundarios de los tratamientos (17). La calidad de vida, en un sentido general,    puede definirse como el equilibrio entre estados de bienestar y malestar. Si    la promoci&oacute;n apunta hacia la vida vale la pena reflexionar que en una    discapacidad por c&aacute;ncer, la persona est&aacute; con vida limitada y la    reflexi&oacute;n ser&iacute;a qu&eacute; promoci&oacute;n se debe llevar a cabo    en este tipo de vida para que sea de calidad. En esencia, las teor&iacute;as    mencionadas se relacionan con la calidad de vida en el paciente oncol&oacute;gico,    complement&aacute;ndose para brindar herramientas en el manejo terap&eacute;utico,    multidimensional del paciente oncol&oacute;gico, interactuando en la calidad    de vida como un todo integral, f&iacute;sico, biol&oacute;gico, social y espiritual;    este factor multidimensional en el enfoque hacia la calidad de vida permite    manejar el equilibrio entre sus estados de bienestar y malestar a consecuencia    de los s&iacute;ntomas de la enfermedad. As&iacute;, la persona con c&aacute;ncer    har&aacute; uso de su multidimensionalidad, con factores internos para determinar    el significado de los eventos relacionados con su enfermedad, habilit&aacute;ndose    para decidir, asignar valores definitivos a objetos y eventos, capaz de predecir    consecuencias y factores externos, basadas en recursos que pueden ser f&iacute;sicos,    bioqu&iacute;micos, materiales, cognitivos, emocionales, de actitud, interpersonales    y macrosocioculturales.</p>     <p>Para la enfermera, por su parte, dentro de un equipo multidisciplinario, el    reto es ser cuidadora y facilitadora de dichos recursos para contribuir a esa    mayor calidad de vida del paciente oncol&oacute;gico. La enfermera tambi&eacute;n    relaciona los fundamentos de las teor&iacute;as de afrontamiento, crisis, creencias    y autocuidado para un mejor abordaje en el cambio de conductas y reducci&oacute;n    de emociones negativas del paciente oncol&oacute;gico. Los estilos de vida involucran    la manera como la gente piensa, siente y act&uacute;a, lo cual va m&aacute;s    all&aacute; del conocimiento individual que se tenga, y refleja valores y tradiciones.    Para algunos son el conjunto de h&aacute;bitos, consumos y costumbres insertos    en la vida cotidiana, que a la vez que se transmiten hist&oacute;ricamente,    son susceptibles de ser cambiados por medio de intervenciones ya sean positivas    o negativas a trav&eacute;s de la comunicaci&oacute;n y la educaci&oacute;n    social (18). Respecto a la promoci&oacute;n de la salud el Consejo Internacional    de Enfermeras (CIE) expres&oacute; que las enfermeras pueden preparar, en colaboraci&oacute;n    con otros profesionales, el camino para la salud, ya que ellas trabajan en contextos    diferentes que brindan oportunidades ideales para que con la promoci&oacute;n    de la salud se creen hogares, lugares de trabajo, escuelas y ambientes saludables    (19). Este trabajo considera la necesidad de la promoci&oacute;n de la salud    como un eje expansivo que tambi&eacute;n atraviese el concepto de enfermedad    &#8211;aun en &eacute;sta se debe hacer promoci&oacute;n&#8211;. &Eacute;ste    es un punto que podr&iacute;a llamarse de encuentro inicial hacia la calidad    de vida y su relaci&oacute;n con la vida del paciente con c&aacute;ncer, dado    que &eacute;ste compite con grandes limitaciones. La adaptaci&oacute;n a una    vida con c&aacute;ncer o el mantenimiento de un nivel razonable de calidad de    vida puede considerarse como relativo a la reducci&oacute;n de las emociones    negativas y a la creaci&oacute;n de una situaci&oacute;n vital con fuentes adecuadas    de gratificaci&oacute;n personal y satisfacciones diarias (20).</p>     <p>Las teor&iacute;as expuestas apoyan la pr&aacute;ctica del cuidado en la disciplina    de enfermer&iacute;a desde el referente de los procesos cognitivos, conductuales,    preceptuales y significativos, cambiantes en el individuo en relaci&oacute;n    con su entorno; estos aspectos involucran la dimensi&oacute;n f&iacute;sica,    biol&oacute;gica, emocional y espiritual del individuo. Estas teor&iacute;as,    originadas desde la psicosociolog&iacute;a y la enfermer&iacute;a, aportan al    surgimiento de nuevos modelos y teor&iacute;as que generen el bienestar, el    desarrollo humano, en beneficio de la persona y, por lo tanto, mejoren indicadores    de dicha calidad de vida. Los aspectos psicosociales hacen parte de los cuidados    que brinda la enfermer&iacute;a en c&aacute;ncer, y que surgen de las respuestas    individuales de los pacientes, las familias o las personas que integran el mundo    del paciente y del diagn&oacute;stico confirmado. De acuerdo con lo mencionado,    la calidad de vida incluye m&uacute;ltiples dimensiones: f&iacute;sicas, sociales,    psicol&oacute;gicas y espirituales, que la enfermera tiene en cuenta en su plan    de cuidados. Espec&iacute;ficamente para el paciente con c&aacute;ncer, las    medidas de bienestar son actividades funcionales de manejo del dolor, la fatiga,    el cansancio, el sue&ntilde;o, las n&aacute;useas, los v&oacute;mitos y otros    s&iacute;ntomas como respuestas individuales del paciente. Las medidas de bienestar    social son actividades funcionales de afecto, apariencia y relaci&oacute;n con    sus familiares, amigos, preocupaciones del trabajo, aceptaci&oacute;n y apoyo    familiar, y estar atenta a otros s&iacute;ntomas como respuestas individuales    del paciente. Las medidas de bienestar psicol&oacute;gico se relacionan con    el apoyo en el control de la ansiedad, el estr&eacute;s, la desadaptabilidad,    la cognici&oacute;n y la angustia que generan la enfermedad como respuestas    individuales del paciente. El bienestar espiritual se relaciona con la fe, las    creencias y los significados interiores de cada paciente; s&oacute;lo escuchando    al paciente y observando sus respuestas la enfermera comparte confianza y buena    terap&eacute;utica hacia mejor calidad de vida del paciente oncol&oacute;gico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> </p>     <p><font size="3">Algunos instrumentos de medici&oacute;n de calidad de vida en    pacientes oncol&oacute;gicos</font></p>     <p>En 1948 la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) defini&oacute; la    salud como el completo estado de bienestar f&iacute;sico, mental y social, y    no s&oacute;lo la ausencia de enfermedad; este concepto ha evolucionado hasta    m&eacute;todos objetivos los cuales, mediante cuestionarios o instrumentos,    generan escalas e &iacute;ndices que permiten medir las dimensiones que conforman    el estado de salud. Actualmente la salud de una persona se mide m&aacute;s all&aacute;    de su capacidad f&iacute;sica, teniendo en cuenta el contexto social y su salud    mental. Considerando que las expectativas de salud, el soporte social, la autoestima    y la habilidad para competir con limitaciones y discapacidad, pueden afectar    la calidad de vida, dos personas con el mismo estado de salud tienen diferente    percepci&oacute;n personal de su salud. La consideraci&oacute;n del factor multidimensional    muestra un enfoque hacia la calidad de vida, otro puede ser la efectividad del    tratamiento oncol&oacute;gico. Las mediciones de calidad de vida van aumentando    r&aacute;pidamente, siendo obligatoria en algunos pa&iacute;ses como Canad&aacute;.    Estas mediciones pueden ser &uacute;tiles entre otras razones porque los m&eacute;todos    de valoraci&oacute;n tradicionales no miden los efectos que el c&aacute;ncer    y su tratamiento ejercen en las dimensiones emocionales, espirituales y sociales,    porque la calidad de vida puede estar afectada aunque el paciente est&eacute;    curado, porque la calidad de vida puede mejorar aunque no se produzcan efectos    en la supervivencia, o porque puede ayudar a conocer preferencias de los pacientes.    Se han observado diferentes interpretaciones en evaluaciones de calidad de vida    entre el paciente, la familia y el equipo de salud. Es el paciente quien debe    emitir el juicio perceptivo de su calidad de vida. Se ha evaluado la calidad    de vida en diversos grupos con diferentes padecimientos y con distintos instrumentos    (21).</p>     <p>La opini&oacute;n de muy diversos autores lleva a decir que hay un consenso    en que la calidad de vida es un fen&oacute;meno subjetivo y debe ser el propio    paciente quien la valore. Las percepciones que el paciente tiene de su enfermedad    son muy variables, y diversos factores, adem&aacute;s de los f&iacute;sicos,    entran en juego al medir la calidad de vida. Por ejemplo, dos pacientes pueden    entender de manera muy distinta el mismo alivio del dolor, si uno de ellos considera    que es un signo de esperanza y el otro no. Adem&aacute;s, puede que las valoraciones    de los pacientes sean diferentes de las de los m&eacute;dicos, y tambi&eacute;n    de las de los familiares (17).</p>     <p>Hist&oacute;ricamente, en los ensayos de la Organizaci&oacute;n Europea para    la Investigaci&oacute;n y Tratamiento del C&aacute;ncer (EORTC) y de otros grupos,    ha sido el m&eacute;dico el que ha medido los niveles de funcionamiento f&iacute;sico    y de toxicidad. Actualmente, sin embargo, hay una corriente que cree que debe    ser el paciente quien mida su calidad de vida. La posici&oacute;n desde esta    perspectiva apoya la participaci&oacute;n del paciente en la medici&oacute;n    de su calidad de vida, dado que &eacute;l visualizar&aacute; sus significados    realmente. En cuanto a los instrumentos, tal vez la primera escala desarrollada    con el prop&oacute;- sito de definir en una forma consistente el estado funcional    de los pacientes con padecimientos cr&oacute;nicos fue la de Karnosfky (KPS);    esta escala present&oacute; 10 puntos para pacientes con c&aacute;ncer pero    por ser gen&eacute;rica se aplica a otras enfermedades cr&oacute;nicas; se consider&oacute;    una escala confiable para predecir el estado funcional del paciente. Es simple    y de r&aacute;pida aplicaci&oacute;n, y ha demostrado su excelente reproductibilidad    y validez (21). La calidad de vida es un concepto relativamente nuevo en la    evaluaci&oacute;n de la salud, pero los instrumentos gen&eacute;ricos permiten    evaluar diversos grupos y poblaciones, y los instrumentos espec&iacute;ficos    permiten medir el impacto de un diagn&oacute;stico espec&iacute;fico en condiciones    cr&oacute;- nicas. La Organizaci&oacute;n Europea para la Investigaci&oacute;n    y el Tratamiento del C&aacute;ncer (EORTC) ha trabajado dos generaciones del    cuestionario: el QLQ-C36 y el QLQ-C30. La primera generaci&oacute;n del cuestionario,    el QLQ-C36, constaba de 36 &iacute;tems, que se organizaban en cuatro escalas    funcionales, dos escalas de s&iacute;ntomas y una escala global de salud/calidad    de vida. Unos &iacute;tems adicionales evaluaban otros s&iacute;ntomas comunes    y el impacto financiero. El de Gorgono-Woodgate para abordar la exigencia multidimensional    (esferas econ&oacute;- mica, f&iacute;sica, som&aacute;tica y psicosocial),    que incluye la evaluaci&oacute;n cuantitativa, y se agreg&oacute; la estimaci&oacute;n    subjetiva del paciente sobre el grado de satisfacci&oacute;n alcanzado. El Programa    Nacional de C&aacute;ncer en Cuba utiliza el &iacute;ndice de Karnofski (IK)    para evaluar la condici&oacute;n f&iacute;sica de los enfermos con c&aacute;ncer    paliativo y terminal.</p>     <p> </p>     <p align="center"><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p>Tanto las personas sanas como aquellas que se encuentran en desequilibrio de    su salud, necesitan observar conductas saludables que les permitan afrontar    situaciones de estr&eacute;s, de crisis, de desadaptabilidad a trav&eacute;s    de manejos adecuados de autocuidado, afrontamiento, adaptabilidad, a fin de    aproximarse a una vida m&aacute;s sana y con mejor calidad.</p>     <p>Las teor&iacute;as expuestas en este trabajo apoyan la pr&aacute;ctica del    cuidado en la disciplina de enfermer&iacute;a desde el referente de los procesos    cognitivos, conductuales, preceptuales y significativos, cambiantes en el individuo    en relaci&oacute;n con su entorno; estos aspectos involucran las esferas f&iacute;sica,    biol&oacute;gica, emocional y espiritual del individuo. Estas teor&iacute;as,    originadas desde la psicosociolog&iacute;a y la propia enfermer&iacute;a, son    importantes para el soporte de ellas y de otras, dando origen al surgimiento    de nuevos modelos y teor&iacute;as que generen bienestar y desarrollo humano    en beneficio del hombre y, por lo tanto, mejores indicadores de calidad de vida.</p>     <p>Se considera una excelente aproximaci&oacute;n de calidad de vida, la descrita    por Font, entendida como la valoraci&oacute;n subjetiva que el paciente hace    de diferentes aspectos de su vida en relaci&oacute;n con su estado de salud.    Estos diferentes aspectos ser&iacute;an los del funcionamiento f&iacute;sico,    psicol&oacute;gico y social, y los s&iacute;ntomas de la enfermedad y efectos    secundarios de los tratamientos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La calidad de vida incluye m&uacute;ltiples dimensiones: f&iacute;sicas, sociales,    psicol&oacute;gicas y espirituales, que la enfermera tendr&aacute; en cuenta    en su plan de cuidados; espec&iacute;ficamente para el paciente con c&aacute;ncer,    las medidas de bienestar ser&aacute;n actividades funcionales de manejo del    dolor, la fatiga, el cansancio, sue&ntilde;o, n&aacute;useas, v&oacute;mitos    y otros s&iacute;ntomas como respuestas individuales del paciente. Las medidas    de bienestar social ser&aacute;n actividades funcionales de afecto, apariencia    y relaci&oacute;n con sus familiares, amigos, preocupaciones del trabajo, aceptaci&oacute;n    y apoyo familiar, y estar atenta a otros factores como respuestas individuales    del paciente. Las medidas de bienestar psicol&oacute;gico se relacionan con    el apoyo en el control de la ansiedad, el estr&eacute;s, la desadaptabilidad,    la cognici&oacute;n y la angustia que genera la enfermedad como respuestas individuales    del paciente. El bienestar espiritual se relaciona con la fe, las creencias    y los significados interiores de cada paciente; s&oacute;lo escuchando y observando    sus respuestas se podr&aacute; compartir confianza y buena terap&eacute;utica    hacia mejor calidad de vida del paciente oncol&oacute;gico.</p>     <p>La calidad de vida es un concepto relativamente nuevo en la evaluaci&oacute;n    de la salud; en &eacute;sta los instrumentos gen&eacute;ricos permiten evaluar    diversos grupos y poblaciones, y los instrumentos espec&iacute;ficos permiten    medir el impacto de un diagn&oacute;stico determinado en condiciones cr&oacute;nicas.    La medici&oacute;n de calidad de vida debe incorporar la dimensionalidad f&iacute;sica,    social, psicol&oacute;gica y espiritual.</p>     <p>La opini&oacute;n de diversos autores lleva a decir que hay un consenso en    que la calidad de vida es un fen&oacute;meno subjetivo y debe ser el propio    paciente, quien la valore. Finalmente, una buena calidad de vida habr&aacute;    pasado por una adecuada promoci&oacute;n de la salud, considerada &eacute;sta    en todas sus dimensiones.</p>     <p></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <!-- ref --><p>1. Marriner A, Raile M. Modelos y teor&iacute;as en enfermer&iacute;a. 5&ordf;    ed. Madrid: El Sevier Science; 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1657-5997200500010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Bast&iacute;as E, Sanhueza O. Conductas de autocuidado y manifestaciones    perimenop&aacute;usicas en mujeres de la Comuna de Concepci&oacute;n, Chile.    Ciencia y Enfermer&iacute;a 2004;10(1):41-56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1657-5997200500010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Mishel M. Reconceptualization of the Uncertainty in Illnes Theory. Image:    Journal of Nursing Scolarship 1990;22(4):256-257.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1657-5997200500010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Isla X. Percepci&oacute;n de incertidumbre de los pacientes diab&eacute;ticos,    controlados en el consultorio adosado de especialidades del Hospital Herminia    Mart&iacute;n de Chill&aacute;n, Chile, 1994-1995. Ciencia y Enfermer&iacute;a    1996; 2(1):71-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1657-5997200500010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Mishel M. The measurement of Uncertainty in Illness. Nursing Research 1981;30(5):261.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1657-5997200500010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Lazarus R, Folkman S. Estr&eacute;s y procesos cognitivos. Barcelona: Mart&iacute;nez    Roca; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1657-5997200500010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Kaplan H, Sadock. Tratado de psiquiatr&iacute;a. 2&ordf; ed. Barcelona:    Ediciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas; 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1657-5997200500010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Montoya R. El afrontamiento y la p&eacute;rdida: visiones positivas de la    labor de un cuidador: Nicol&aacute;s Robles Gravi. Index Enferm Digital 2004;    44-45 &#91;en l&iacute;nea&#93;. Con acceso el 04/10/2004. 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Estilo y efectividad del afrontamiento de las esposas de los    pacientes con infarto agudo del miocardio. Ciencia y Enfermer&iacute;a 1998;4(1):45-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1657-5997200500010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Otto SE. Enfermer&iacute;a oncol&oacute;gica. 3&ordf; ed. Barcelona: Harcourt    Brace; 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1657-5997200500010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Mart&iacute;nez GC. Ilustraci&oacute;n Cl&iacute;nica de la T&eacute;cnica    de Intervenci&oacute;n en Crisis. Rev de psiquiatr&iacute;a 1999; 15(3):169-174.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1657-5997200500010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Soto F, Lacaste J, Papenfess R y cols. El modelo de creencias en salud.    Un enfoque te&oacute;rico para la prevenci&oacute;n de Sida. Rev Esp Salud P&uacute;blica    1997;71(4):335-341.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1657-5997200500010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Mendoza S, Figueroa M. Creencias en salud y adherencias en pacientes hipertensos    controlados en centros de salud de la Comuna de Concepci&oacute;n Chile. Ciencia    y Enfermer&iacute;a 1998;4(1):63-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1657-5997200500010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Arrivillaga M, Salazar IC, Correa D. Creencias sobre la salud y su relaci&oacute;n    con las pr&aacute;cticas de riesgo o de protecci&oacute;n en j&oacute;venes    universitarios. Colomb Med 2003;(34):186-195.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1657-5997200500010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Sanhueza O. Efecto de un programa educativo reforzado en la conducta autoexaminadora    de mama de profesoras del liceo de ni&ntilde;as de Concepci&oacute;n. Ciencia    y Enfermer&iacute;a 1995;I(1):53-59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1657-5997200500010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Arrar&aacute;s J, Due&ntilde;as T, Meiri&ntilde;o E, Pruj&aacute; E, Villafranca    J, Valerdi J. La calidad de vida en el paciente oncol&oacute;gico: estudio del    Servicio de Oncol&oacute;gia del Hospital de Navarra en el grupo de calidad    de vida de la EORTC &#91;en l&iacute;nea&#93;. Con acceso en 04/10/2004. Disponible    en: <a href="http://www.cfnavarra.es/salud/anales/textos/%20vol21/n1/revista2a.htm" target="_blank">http://www.cfnavarra.es/salud/anales/textos/    vol21/n1/revista2a.htm</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1657-5997200500010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Espinosa de R. La epidemiolog&iacute;a, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas    saludables. Rev. Facultad de Salud P&uacute;blica. Universidad de Antioquia,    Medell&iacute;n 1995;12(2):63-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1657-5997200500010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Consejo Internacional de Enfermeras. El CIE y la movilizaci&oacute;n de    las enfermeras para la promoci&oacute;n de la salud &#91;en l&iacute;nea&#93;. Con acceso    en 04/10/2004. Disponible en: <a href="http://www.icn.ch">www.icn.ch</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1657-5997200500010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Lugo J, Bacallao J, Rodr&iacute;guez G. Validez de contenido de un cuestionario    para medir calidad de vida en pacientes con c&aacute;ncer de mama. Rev Cubana    Oncol 2000;2(16):100-106.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1657-5997200500010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Velarde E, &Aacute;vila C. Evaluaci&oacute;n de la calidad de vida. Rev.    Salud P&uacute;blica de M&eacute;xico 2002;44(4):349-361.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1657-5997200500010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br> </p> </font>       ]]></body><back>
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