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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Burbujas en los precios de los activos financieros]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The empiric evidence has demonstrated the existence of bubbles in the prices of the financial assets; this means that the assets are dealt with a lower or higher value than the fundamental one. Given the previous, this article intends to solve the following questions: What reasons are given by the literature to explain the existence of bubbles in the prices of the financial assets?, which are the implications of the existence of bubbles for the public policy?, what investigations topics are related with this theme? In order to answer these questions a review has been developed, mainly, of articles published in academic journals. The reviewed articles discuss the themes related to the bubbles in the price of the financial assets.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Hipótesis de los mercados eficientes]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Burbujas en los precios de los activos financieros<a href="#nota*"><sup>*</sup></a></b></font></p>      <p><b>Alexander Guzm&aacute;n V&aacute;squez</b><sup><a href="#aff1">1</a></sup>,<b> Mar&iacute;a Andrea Trujillo D&aacute;vila</b><sup><a href="#aff2">2</a></sup> </p>     <p><a name="aff1">1</a> <a href="mailto:ale-guzm@uniandes.edu.co">ale-guzm@uniandes.edu.co</a> Mag&iacute;ster en Administraci&oacute;n, administrador de empresas. Estudiante de Doctorado en Administraci&oacute;n, Facultad de Administraci&oacute;n, Universidad de los Andes. Bogot&aacute; (Colombia). Correspondencia: Universidad de los Andes, Bogot&aacute; (Colombia).</p>     <p><a name="aff2">2</a>    <a href="mailto:maria.trujilloda@urosario.edu.co">maria.trujilloda@urosario.edu.co</a> Mag&iacute;ster en Administraci&oacute;n, ingeniera sanitaria. Estudiante de Doctorado en Administraci&oacute;n, Facultad de Administraci&oacute;n, Universidad de los Andes. Bogot&aacute; (Colombia). Profesora e investigadora, Facultad de Administraci&oacute;n, Universidad del Rosario. Correspondencia: Universidad de los Andes, Bogot&aacute; (Colombia).</p> <hr/>          <p><b>Resumen</b></p>     <p> La evidencia emp&iacute;rica ha demostrado la existencia de burbujas en los precios de los activos financieros, es decir que los activos se transan a precios superiores o inferiores al valor fundamental. Dado lo anterior, se pretende dar respuesta a los siguientes interrogantes: &iquest;qu&eacute; razones proporciona la literatura para la existencia de las burbujas en los precios de los activos financieros?, &iquest;cu&aacute;les son las implicaciones de la existencia de las burbujas para la pol&iacute;tica p&uacute;blica?, &iquest;qu&eacute; t&oacute;picos de investigaci&oacute;n est&aacute;n relacionados con el tema? Para dar respuesta a estos interrogantes se realiza una revisi&oacute;n principalmente a los art&iacute;culos publicados en journals acad&eacute;micos en lo rela- cionado con las burbujas en los precios de los activos financieros. </p>     <p><b>Palabras claves</b>: Hip&oacute;tesis de los mercados eficientes, burbujas especulativas, finanzas conductistas.      </p> <hr/>     <p><b>Abstract</b></p>     <p> The empiric evidence has demonstrated the existence of bubbles in the prices of the financial assets; this means that the assets are dealt with a lower or higher value than the fundamental one. Given the previous, this article intends to solve the following questions: What reasons are given by the literature to explain the existence of bubbles in the prices of the financial assets?, which are the implications of the existence of bubbles for the public policy?, what investigations topics are related with this theme? In order to answer these questions a review has been developed, mainly, of articles published in academic journals. The reviewed articles discuss the themes related to the bubbles in the price of the financial assets.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words</b>: Efficient Markets Hypothesis, speculative bubbles, behavioral finance.</p>      <p><b>Fecha de recepci&oacute;n</b>: Noviembre de 2007 <br/><b>Fecha de aceptaci&oacute;n</b>: Marzo de 2008 <hr/>                       <p><font size="3"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>En su cl&aacute;sico trabajo sobre la Hip&oacute;tesis de Eficiencia de los Mercados (EMH- por sus siglas en ingl&eacute;s) Fama (1970) defini&oacute; un mercado financiero eficiente como aquel en el que los precios de los activos financieros siempre reflejan por completo la informaci&oacute;n disponible (Shleifer, 2000:1). Con base en esta hip&oacute;tesis, los mercados valoran adecuadamente los activos financieros, por lo que un activo no podr&iacute;a transarse en el mercado por largos per&iacute;odos de tiempo a precios inferiores o superiores a los determinados por los fundamentales relacionados con el mismo. Sin embargo, los hechos observados en el mercado financiero en el &aacute;mbito internacional han desafiado esta hip&oacute;tesis. Lo anterior ha motivado el surgimiento de explicaciones te&oacute;ricas alternativas que contradicen los supuestos de la EMH. Dentro de esta corriente se encuentran las finanza conductista o behavioral finance. Algunos acad&eacute;micos afirman que las finanzas conductistas fueron puestas en escena por Kahneman y Tversky (1979), quienes hicieron una cr&iacute;tica a la teor&iacute;a de la utilidad esperada como un modelo descriptivo de la toma de decisiones bajo riesgo. Las finanzas conductistas han establecido la existencia de influencias sistem&aacute;ticas sobre las decisiones de inversi&oacute;n, adem&aacute;s de patrones de comportamiento que las afectan, alej&aacute;ndolas de las que podr&iacute;an esperarse bajo el actuar racional de los individuos en el mercado. Uno de estos patrones es el exceso de confianza que experimenta el inversionista en relaci&oacute;n con sus habilidades. Bajo situaciones de exceso de confianza, el trader reacciona de manera precipitada ante informaci&oacute;n privada, no valora la informaci&oacute;n p&uacute;blica, act&uacute;a de manera m&aacute;s agresiva en la medida en que obtiene ganancias en el mercado, subestima el riesgo e incrementa la volatilidad de los precios de los activos en el mercado (Chuang y Lee, 2006). Este incremento en la volatilidad de los precios en el mercado puede originar lo que se conoce como &quot;burbujas especulativas&quot;.</p>      <p>El marco te&oacute;rico proporcionado por las finanzas conductistas -behavioral finance- ha permitido abordar el estudio de las burbujas especulativas y justificar su existencia. Una burbuja especulativa usualmente es definida como la diferencia entre el valor del mercado de un activo financiero y el valor fundamental del mismo, entendiendo por este &uacute;ltimo el valor presente de los flujos de caja descontados (Gilles y LeRoy, 1992). Seg&uacute;n los supuestos de la EMH, las burbujas especulativas no deber&iacute;an existir. Sin         embargo, el seguimiento a los mercados financieros ha permitido establecer per&iacute;odos en los cuales los activos financieros se encuentran sobrevalorados o subvalorados, comparando el precio de transacci&oacute;n con el precio obtenido al descontar los flujos de caja futuros que se espera genere el activo.</p>      <p>Dado lo anterior, este trabajo pretende dar respuesta al siguiente interrogante: &iquest;qu&eacute; razones proporciona la literatura para la existencia de las burbujas en los precios de los activos financieros, cu&aacute;les son las implicaciones de las mismas para la pol&iacute;tica p&uacute;blica y qu&eacute; t&oacute;picos de investigaci&oacute;n est&aacute;n relacionados con el tema? Para dar respuesta a este interrogante, este trabajo se enfoca principalmente en la revisi&oacute;n de art&iacute;culos publicados en journals acad&eacute;micos en lo relacionado con el tema.</p>      <p>Este estudio ha sido estructurado de la siguiente manera: en la primera sesi&oacute;n se aborda brevemente la Hip&oacute;tesis de Eficiencia de los Mercados, y resalta c&oacute;mo su dominio acad&eacute;mico se ha debilitado con el paso del tiempo; en la segunda sesi&oacute;n se exploran diferentes razones proporcionadas por los acad&eacute;micos en relaci&oacute;n con la existencia de burbujas especulativas sobre precios de los activos financieros; en la tercera sesi&oacute;n se presentan argumentos respecto a la relaci&oacute;n existente entre las burbujas y la pol&iacute;tica p&uacute;blica, y en la cuarta sesi&oacute;n se exponen algunos t&oacute;picos que se han investigado en relaci&oacute;n con el tema y que pueden alentar investigaciones futuras.</p>      <p><font size="3"><b>2. Hip&oacute;tesis de Eficiencia de los Mercados</b></font></p>      <p>Como se mencion&oacute; en la introducci&oacute;n de este art&iacute;culo, la Hip&oacute;tesis de Eficiencia de los Mercados -EMH- afirma que los mercados son eficientes, y que por lo tanto los precios de los activos financieros siempre reflejan por completo la informaci&oacute;n disponible. Una revisi&oacute;n de la literatura en relaci&oacute;n con el tema realizada por Fama en 1970 afirma que &quot;para los prop&oacute;sitos de la mayor&iacute;a de inversionistas, el modelo de mercados eficientes parece ser una primera buena aproximaci&oacute;n a la realidad&quot; (1970: 416).</p>      <p>A partir del trabajo de Fama (1970), la Hip&oacute;tesis de Eficiencia de los Mercados (EMH) ha sido subdividida en formas de eficiencia d&eacute;bil, semifuerte y fuerte (Fama, 1970; Findlay y Williams, 2000). Bajo eficiencia d&eacute;bil, el conjunto de informaci&oacute;n est&aacute; limitado a la informaci&oacute;n de precios pasados         de la acci&oacute;n. La implicaci&oacute;n consiste en que cualquier informaci&oacute;n referente a movimientos futuros del precio, contenida en los movimientos pasados del precio, ya est&aacute; presente en el precio actual de la acci&oacute;n. &quot;El an&aacute;lisis t&eacute;cnico de las acciones del mercado, por lo tanto, constituye una p&eacute;rdida de tiempo&quot; (Findlay y Williams, 2000: 182). Bajo eficiencia semifuerte, toda la informaci&oacute;n p&uacute;blica disponible se encuentra en los precios de las acciones. &quot;En este caso, el an&aacute;lisis fundamental no es &uacute;til. Desde una perspectiva filos&oacute;fica, por lo menos en relaci&oacute;n con informaci&oacute;n p&uacute;blica, cualquier b&uacute;squeda por un segundo valor para comparar con el precio de mercado, para determinar si una acci&oacute;n se encuentra sobre o subvalorada, es inadecuada&quot; (2000: 182). Bajo eficiencia fuerte, toda la informaci&oacute;n es considerada, incluida la informaci&oacute;n privada. Si esta condici&oacute;n se cumple, incluso los gerentes, empleados o accionistas de una empresa no pueden realizar transacciones para obtener utilidades en el mercado. Pocos economistas aceptan esta tesis (2000: 183).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La mayor&iacute;a de trabajos emp&iacute;ricos realizados buscando soportar en la pr&aacute;ctica la existencia de la EMH se han enfocado en corroborar la existencia de por lo menos eficiencia d&eacute;bil o semifuerte. Findlay y Williams (2000) critican los estudios realizados con resultados a favor de la EMH afirmando que debido a los errores metodol&oacute;gicos cometidos en los mismos, en realidad no se ha ofrecido ninguna prueba. Seg&uacute;n estos autores, el afirmar la existencia de mercados eficientes ha llevado a algunos actores de mercado a tener p&eacute;rdidas financieras.</p>      <p>Numerosos estudios han buscado refutar la validez de la EMH. Uno de los supuestos de &eacute;sta consiste en que todos los inversionistas conf&iacute;an en la integridad del mecanismo de precios, por lo que asumen que los precios de mercado son correctos. Sin embargo, la gran mayor&iacute;a de actores de mercado consideran que los precios no son correctos. Al respecto, O&#39;Keefe y Soloman (1985) estudiaron las creencias de gerentes de empresas norteamericanas en relaci&oacute;n con la EMH, y encontraron que los gerentes de la muestra analizada en su estudio no cre&iacute;an en la eficiencia de los mercados. Adem&aacute;s, en su art&iacute;culo mencionan la existencia de estudios similares que han llegado a corroborar que los actores de mercado no creen en la integridad del mecanismo de precios.</p>        <p>Para Shiller (2002), el problema b&aacute;sico con la EMH radica en que constituye tan solo una verdad a medias. El presentar la eficiencia de mercado como un concepto a inversionistas aficionados y estudiantes resulta &uacute;til en la medida en que permite evitar la creencia seg&uacute;n la cual es f&aacute;cil acumular riqueza a trav&eacute;s de transacciones en mercados especulativos. Las oportunidades de inversi&oacute;n para obtener utilidades representativas intraday o de m&aacute;ximo un mes de duraci&oacute;n no est&aacute;n presentes en el mercado con regularidad. Lo anterior puede significar que los mercados son eficientes en el corto plazo. Sin embargo, los mercados no son eficientes en el largo plazo. De hecho, los datos para intervalos de tiempo representativos indican que el mercado accionario es todo, menos eficiente (Shiller, 2002:23).</p>      <p>Como resultado de todo lo anterior, el dominio de la EMH durante la d&eacute;cada de los setenta empez&oacute; a debilitarse en la d&eacute;cada de los noventa. Reportes de anomal&iacute;as que no encajaban dentro de esta teor&iacute;a y estudios posteriores que sugirieron que los precios de las acciones eran demasiado vol&aacute;tiles de acuerdo con el modelo de valor presente de los dividendos futuros descontados, representaron un apoyo importante a esta tendencia. Una raz&oacute;n adicional la constituy&oacute; el surgimiento de las finanzas conductistas -behavioral finance- con su descubrimiento de sesgos sistem&aacute;ticos en el juicio humano lo cual suscit&oacute; a dudas sobre el enfoque estrictamente racional asumido para la toma de decisiones (Downe, O&#39;Connor, Shapiro y Reid, 2004: 108). La EMH no asume que todos los inversionistas son racionales, pero sostiene que el mercado es racional. Adem&aacute;s, no considera que los mercados puedan prever el futuro, pero acepta que pueden hacer pron&oacute;sticos insesgados del mismo. En contraste, las finanzas conductistas consideran que en algunas circunstancias, los mercados financieros son ineficientes desde el punto de vista de la informaci&oacute;n que proporcionan y utilizan (Ritter, 2003).</p>      <p>Las finanzas conductistas o behavioral finance resultan de la aplicaci&oacute;n de la psicolog&iacute;a al comportamiento financiero -al comportamiento de los practitioners (Shefrin, 2002:3). La causa que defienden las finanzas conductistas, como desaf&iacute;o al paradigma del inversionista racional, recibi&oacute; un gran est&iacute;mulo con el Premio Nobel en Econom&iacute;a de 2002 otorgado a Danel Kahneman. Junto con Amos Tversky, Kahneman integr&oacute; la psicolog&iacute;a y la econom&iacute;a, y en el proceso proporcion&oacute; los fundamentos te&oacute;ricos de las      finanzas conductistas (Naughton, 2002: 110). Su trabajo se enfoc&oacute; en la toma de decisiones bajo incertidumbre, y demostr&oacute; que las decisiones humanas se desv&iacute;an sistem&aacute;ticamente de aquellas pronosticadas por el supuesto de la econom&iacute;a tradicional de toma de decisiones racionales.</p>      <p>Para Ritter (2003), las finanzas conductistas est&aacute;n conformadas por dos grandes bloques de construcci&oacute;n te&oacute;rica: la psicolog&iacute;a cognoscitiva y los l&iacute;mites del arbitraje. El primer bloque te&oacute;rico se refiere a c&oacute;mo piensan las personas. Existe gran cantidad de literatura que documenta que las personas cometen errores sistem&aacute;ticos debido a la manera en que piensan: son demasiados seguras respecto a sus capacidades y los an&aacute;lisis que realizan, o dan un peso importante a la experiencia reciente. Sus preferencias igualmente causan distorsiones en las decisiones que toman. Por otra parte, el estudio de los l&iacute;mites del arbitraje busca determinar en cu&aacute;les circunstancias este &uacute;ltimo es efectivo y en cu&aacute;les no lo es (Ritter, 2003:2).</p>      <p>Seg&uacute;n Ritter, los psic&oacute;logos cognoscitivos han documentado varios patrones en relaci&oacute;n con el comportamiento de las personas. El primero de ellos es la heur&iacute;stica, o las reglas emp&iacute;ricas, las cuales hacen el proceso de toma de decisiones m&aacute;s sencillo, pero llevan a errores cuando el contexto cambia; el segundo es el exceso de confianza. Las personas se sienten extremadamente seguras de sus habilidades y toman decisiones incorrectas; el tercero es la representatividad, a trav&eacute;s del cual las personas tienden a otorgar demasiado valor a la experiencia reciente. La propensi&oacute;n a actuar de manera conservadora, el modo como son presentadas las cosas por las contrapartes en un negocio y la forma en que se realiza el raciocinio mentalmente, son otros patrones de pensamiento que afectan el comportamiento de las personas.</p>      <p>El marco te&oacute;rico construido alrededor de las finanzas conductistas ha permitido encontrar explicaciones te&oacute;ricas a la existencia de burbujas en el mercado. A continuaci&oacute;n se abordan algunas de estas explicaciones, tratando de encontrar respuestas a la pregunta &iquest;por qu&eacute; existen las burbujas financieras?</p>          <p><font size="3"><b>3. &iquest;Por qu&eacute; existen las burbujas financieras?</b></font></p>      <p>En su texto &quot;A random walk down Wall Street&quot; Malkiel (2003) esboza dos teor&iacute;as b&aacute;sicas que describen c&oacute;mo se asigna valor a los activos financieros. La primera, llamada la teor&iacute;a &#39;basada en la firma&#39;, intenta definir el valor intr&iacute;nseco para una acci&oacute;n a trav&eacute;s de un an&aacute;lisis del balance general, las expectativas de dividendos futuros y los prospectos de crecimiento de la firma; la segunda, en ocasiones llamada la teor&iacute;a del &#39;castillo en el aire&#39; o del &#39;tonto m&aacute;s grande&#39;, dice que un activo vale lo que otro inversionista quiera pagar por &eacute;l. Dentro de este marco ha habido numerosos intentos por explicar por qu&eacute; emergen las burbujas sobre precios de activos financieros (Cox y Hobson, 2005: 478).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una explicaci&oacute;n al respecto la proporciona Lux (1995), quien a trav&eacute;s del comportamiento de manada -herd behaviour- busca justificar los hallazgos emp&iacute;ricos sobre la existencia de volatilidad de los precios que no puede ser explicada por fundamentales. Lux argumenta la formaci&oacute;n de expectativas por aquellos que no est&aacute;n informados sobre los fundamentales, principalmente sobre el comportamiento y las expectativas de los dem&aacute;s. As&iacute; se genera un mutuo contagio mim&eacute;tico entre los especuladores. El contagio de opini&oacute;n y comportamiento -comportamiento de manada- puede llevar a la existencia de burbujas positivas o negativas (1995: 882).</p>      <p>Para Lux, los especuladores no son simples seguidores ciegos de la multitud. &Eacute;stos reaccionan r&aacute;pidamente buscando no perder oportunidades rentables, pero tambi&eacute;n buscan informaci&oacute;n en el mercado sobre si el optimismo o pesimismo generalizado tiene bases s&oacute;lidas. La consecuencia consiste en que cuando los posibles compradores en un mercado alcista se reducen y el incremento del precio se reduce, se presenta una erosi&oacute;n gradual de la confianza sobre la validez de las creencias alcistas. Esto termina en un colapso del mercado, y el juego se repite con signos contrarios.</p>      <p>Existen varias explicaciones para el comportamiento de manada de los traders especulativos: Primero, pueden ser vistos actuando de manera irracional si se alejan del comportamiento colectivo; segundo, el contagio puede ser interpretado como un intento de construir sobre lo que los otros hacen; y tercero, las consideraciones de reputaci&oacute;n pueden llevar incluso    a los inversionistas &#39;inteligentes&#39; a seguir a la multitud (Lux, 1995: 893). Scharfstein y Stein (1990) mostraron que aun cuando los actores del mercado tengan un mejor conocimiento del posible comportamiento del precio de un activo, el comportamiento de manada asumido por los mismos puede ser racional. La raz&oacute;n de ello tiene que ver con el hecho de que seguir el comportamiento de la manada puede ser preferible bajo consideraciones relacionadas con la reputaci&oacute;n de los gerentes.</p>      <p>Otra explicaci&oacute;n respecto a la presencia de burbujas sobre precios de los activos financieros toma como argumento central el exceso de confianza. Scheinkman y Xiong (2003) ven las burbujas y el volumen de transacciones como un resultado de las transacciones especulativas entre agentes con creencias heterog&eacute;neas. Estas emergen de la presencia de agentes demasiado seguros. Dejando de lado la posibilidad de ventas en corto, el propietario de un activo tiene una opci&oacute;n de venderlo a otro que tiene creencias m&aacute;s optimistas. Los agentes valoran esta opci&oacute;n y, consecuentemente, pagan precios que exceden su propia valoraci&oacute;n de los dividendos futuros porque creen que en el futuro encontraran un comprador dispuesto a pagar aun m&aacute;s de lo que ellos pagaron.</p>      <p>Continuando con el trabajo de Scheinkman y Xiong (2003), Hong, Scheinkman y Xiong (2006) reafirman que el exceso de confianza -la creencia del agente seg&uacute;n la cual su informaci&oacute;n es m&aacute;s acertada de lo que es en realidad- es la fuente del desacuerdo en las creencias de los actores de mercado. Aunque existen otras formas de justificar las creencias heterog&eacute;neas, la mayor&iacute;a de literatura en psicolog&iacute;a indica que el exceso de confianza es un aspecto dominante en el comportamiento del ser humano. Adicionalmente, el supuesto en relaci&oacute;n con la restricci&oacute;n de las venta en corto para los inversionistas es plausible, debido a que la mayor&iacute;a de inversionistas institucionales no realizan este tipo de transacciones. Mencionan adem&aacute;s la existencia de dos efectos que originan las burbujas: el efecto optimismo, originado por las creencias heterog&eacute;neas iniciales, y el efecto opci&oacute;n de reventa, puesto que el exceso pagado sobre el valor fundamental del activo en el presente se justifica por la creencia de encontrar un comprador dispuesto a pagar m&aacute;s en el futuro.</p>      <p>Desde una perspectiva sociol&oacute;gica, algunos autores tambi&eacute;n han ofrecido explicaciones de las razones por las cuales se crean las burbujas sobre      precios de los activos financieros. Trabajos recientes en sociolog&iacute;a se han enfocado en estudiar c&oacute;mo los contextos modifican las acciones de los agentes econ&oacute;micos. Granovetter (1985) fue el primer autor en plantear que la acci&oacute;n econ&oacute;mica est&aacute; imbricada -embedded- en la estructura de las relaciones sociales en la sociedad industrial. El concepto de imbricamiento es tomado por Granovetter de la escuela substantivista en la antropolog&iacute;a, relacionada con Karl Polanyi (1957). La identificaci&oacute;n de roles, reglas y relaciones interpersonales en los mercados financieros ha contribuido a un nuevo entendimiento de las estructuras sociales en los mismos. Bas&aacute;ndose en este marco conceptual, Abolafia y Kilduff (1988) caracterizan el mercado financiero como una constelaci&oacute;n de actores, diferenciados en sus funciones, dominios y poder. Los actores de los mercados financieros incluyen hedgers, administradores de portafolio, especuladores, corredores de bolsa y reguladores de mercado, los cuales se caracterizan por ser agresivamente interesados pero profundamente limitados por las estructuras institucionales en las cuales operan (1988: 178). Estos autores enfatizan en que la estructura limita la acci&oacute;n, y a su vez, la acci&oacute;n configura la estructura institucional.</p>      <p>Abolafia y Kilduff (1988) consideran que la definici&oacute;n econ&oacute;mica de una burbuja especulativa como la desviaci&oacute;n de una acci&oacute;n de su valor intr&iacute;nseco ha llevado a remover el fen&oacute;meno de su contexto social y organizacional. En contraste, enfatizan que la burbuja especulativa es un proceso de conflicto entre varias coaliciones tratando de influenciar el alza y ca&iacute;da del precio de un activo. Este conflicto es llevado a cabo en un contexto de reglas, roles y estructuras de control rutinizadas. El &eacute;nfasis en la organizaci&oacute;n social de las burbujas especulativas toma distancia de la atenci&oacute;n al comportamiento irracional de las masas que caracteriza a otros modelos que estudian las burbujas especulativas. Mientras que esos modelos enfatizan en c&oacute;mo los movimientos de precios influencian a las personas, Abolafia y Kilduff (1988) se concentran en las acciones con prop&oacute;sito de coaliciones poderosas. Las burbujas especulativas son abordadas por ellos como procesos gobernados por acciones estrat&eacute;gicas, atribuciones e intervenciones regulatorias de varias coaliciones en conflicto.</p>      <p>Debido a que en la primera secci&oacute;n de este art&iacute;culo se desarrollaron los planteamientos referentes a la Hip&oacute;tesis de Eficiencia de los Mercados      -EMH-, es bueno relacionar dichos planteamientos con la existencia de burbujas especulativas. La hip&oacute;tesis de los mercados eficientes implica la ausencia de burbujas<a href="#nota1"><sup>1</sup></a> (Fama, 1965). Los proponentes de esta corriente de pensamiento regularmente admiten la existencia de traders racionalmente limitados en el mercado. Sin embargo, argumentan la existencia de suficientes &aacute;rbitros bien informados que garantizan la correcci&oacute;n de cualquier mala valoraci&oacute;n inducida por traders comportamentales. Abreu y Brunnermeier (2003) desarrollaron un modelo que desaf&iacute;a la perspectiva de los mercados eficientes. En particular, argumentan que las burbujas pueden sobrevivir a pesar de la presencia de &aacute;rbitros racionales que est&aacute;n colectivamente bien informados y bien financiados (2003:173). Estos planteamientos te&oacute;ricos destacan los l&iacute;mites del arbitraje estudiados bajo las finanzas conductistas -behavioral finance-.</p>      <p>Abreu y Brunnermeier (2003) suponen que los &aacute;rbitros racionales entienden que eventualmente el mercado va a colapsar, pero entre tanto desean aprovechar la burbuja mientras &eacute;sta contin&uacute;e creciendo para generar altos retornos. Idealmente, desean abandonar la burbuja justo antes del colapso. Sin embargo, la coordinaci&oacute;n con el mercado o &quot;market timing&quot; es una tarea dif&iacute;cil. La dispersi&oacute;n de estrategias de salida, y la subsiguiente falta de sincronizaci&oacute;n, es precisamente lo que permite que la burbuja crezca, a pesar de la certeza en relaci&oacute;n con el estallido de &eacute;sta tan pronto como una cantidad suficiente de traders liquiden sus posiciones.</p>      <p>El enfoque de estos autores enfatiza en dos elementos: dispersi&oacute;n de opini&oacute;n entre los &aacute;rbitros racionales y la necesidad de coordinaci&oacute;n. As&iacute;, su modelo tiene elementos de cooperaci&oacute;n y competencia. Por un lado, es necesario que por lo menos una parte de los &aacute;rbitros liquiden sus posiciones para que la burbuja estalle; &eacute;ste es el aspecto cooperativo o de coordinaci&oacute;n; por otro lado, los &aacute;rbitros est&aacute;n compitiendo desde que tan solo una fracci&oacute;n de ellos puede salir del mercado antes del colapso         (Abreu y Brunnermeier, 2003: 174). En el equilibrio del modelo, una alta proporci&oacute;n de los &aacute;rbitros racionales permanece en el mercado hasta la probabilidad subjetiva relacionada con que la burbuja estalle en la siguiente fecha de transacci&oacute;n. Los &aacute;rbitros que salen del mercado justo antes del colapso obtienen la utilidad m&aacute;s alta; los que dejan el mercado muy temprano obtienen una peque&ntilde;a utilidad, debido a lo cual se privan de la alta tasa de apreciaci&oacute;n de la burbuja. Los &aacute;rbitros que se quedan en el mercado demasiado tiempo pierden todas las ganancias de capital que resultan de la apreciaci&oacute;n de la burbuja.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otra postura en relaci&oacute;n con los l&iacute;mites del arbitraje es la presentada por de Long, Shleifer, Summers y Waldmann (1990a). Estos autores afirman que los &aacute;rbitros son aversos al riesgo. Adem&aacute;s reconocen como un riesgo importante para los &aacute;rbitros, el riesgo relacionado con que las creencias de los noise traders -aquellos que toman decisiones sin el uso de informaci&oacute;n fundamental sobre los activos- no se reviertan a su media por un largo per&iacute;odo de tiempo, y que entretanto se hagan m&aacute;s extremas. Si los noise traders son pesimistas respecto a un activo y han llevado su precio a bajos niveles, un &aacute;rbitro, comprando este activo, debe reconocer que en el futuro cercano los noise traders pueden volverse aun m&aacute;s pesimistas y seguir llevando el precio a niveles m&aacute;s bajos. Si el &aacute;rbitro debe liquidar antes de que el precio se recupere, sufrir&aacute; una p&eacute;rdida. El miedo a esta p&eacute;rdida limitar&aacute; su posici&oacute;n original de arbitraje. A la inversa, un &aacute;rbitro que vende un activo en corto tiempo cuando los noise traders han presionado su precio al alza, debe recordar que &eacute;stos estar&aacute;n aun m&aacute;s al alza en el futuro y debe tomar una decisi&oacute;n que tenga en cuenta el riesgo de un precio aun m&aacute;s alto cuando debe comprar de nuevo la acci&oacute;n. Por lo tanto, los &aacute;rbitros no logran eliminar el efecto del ruido sobre los precios del mercado, porque el ruido en s&iacute; mismo crea riesgo (de Long et al., 1990a: 705).</p>      <p>Este mismo grupo de autores ha argumentado la existencia de burbujas sobre los precios de los activos financieros, no s&oacute;lo a pesar de actores racionales en el mercado, sino como consecuencia de los mismos. Para De Long, Shleifer, Summers y Waldmann (1990b), en presencia de traders de reacci&oacute;n positiva<a href="#nota2"><sup>2</sup></a> -positive feedback investors-, la especulaci&oacute;n racional puede     desestabilizar los precios, en lugar de estabilizarlos. Cuando los especuladores racionales reciben buenas noticias y transan sobre las mismas, reconocen que el incremento del precio inicial estimular&aacute; las compras por parte de traders de reacci&oacute;n positiva en el futuro. Anticip&aacute;ndose a estas compras, especuladores racionales informados comprar&aacute;n m&aacute;s en el presente, y as&iacute; llevar&aacute;n los precios a niveles superiores a los justificados por las noticias. Al d&iacute;a siguiente, los traders de reacci&oacute;n positiva comprar&aacute;n en respuesta al incremento del precio del d&iacute;a anterior y mantendr&aacute;n los precios a altos niveles a pesar de las ventas realizadas por los especuladores racionales. El punto clave aqu&iacute; consiste en que, aunque parte del incremento del precio es racional, parte es resultado de la anticipaci&oacute;n de especuladores racionales y la respuesta de traders de reacci&oacute;n positiva. Las transacciones de especuladores racionales desestabiliza el precio porque incentiva las compras de traders de reacci&oacute;n positiva (De Long et al., 1990b: 380).</p>      <p>En esta secci&oacute;n de este trabajo se han explorado diferentes razones que desde el punto de vista te&oacute;rico han justificado la existencia de burbujas. El comportamiento de manada de los actores de mercado (Lux, 1995), el exceso de confianza (Scheinkman y Xiong, 2003; Hong, Scheinkman y Xiong, 2006), el conflicto entre varias coaliciones tratando de influenciar el alza y ca&iacute;da del precio de un activo (Abolafia y Kilduff, 1988), la dispersi&oacute;n de opini&oacute;n entre los &aacute;rbitros racionales (Abreu y Brunnermeier, 2003), el riesgo generado por los noise traders y la aversi&oacute;n al mismo por parte de los &aacute;rbitros racionales (De Long et al., 1990a) y el actuar de especuladores racionales informados en presencia de positive feedback investors (De Long et al., 1990b), constituyen los argumentos explorados en este art&iacute;culo. La multiplicidad de enfoques y justificaciones ofrecidas permiten concluir que este campo de estudio carece de consenso y ofrece diversas oportunidades de investigaci&oacute;n.</p>      <p>Debido a los efectos que genera la presencia de burbujas en la econom&iacute;a, como las grandes p&eacute;rdidas que deben asumir algunas contrapartes del       mercado, existe un debate en relaci&oacute;n con la necesidad de intervenci&oacute;n por parte de los organismos gubernamentales para evitar, controlar y/o explotar estas burbujas. En la siguiente secci&oacute;n se presentan algunos argumentos en relaci&oacute;n con el mencionado debate.</p>      <p><font size="3"><b>4. Pol&iacute;tica p&uacute;blica y burbujas financieras</b></font></p>      <p>Roubini (2006) presenta un cuestionamiento propio del debate en relaci&oacute;n con las burbujas y la pol&iacute;tica monetaria. &iquest;Debe responder la pol&iacute;tica monetaria ante los precios y las burbujas de precios de los activos? Este asunto es altamente controversial, desde el punto de vista de investigaci&oacute;n y, m&aacute;s importante, desde la perspectiva de pol&iacute;tica p&uacute;blica. La evidencia indica que las burbujas de precios ocurren con cierta periodicidad y llevan a distorsiones econ&oacute;micas, as&iacute; como a inestabilidad financiera. Varios autores argumentan que una &oacute;ptima pol&iacute;tica monetaria requiere que las autoridades reaccionen a tales burbujas y a los efectos de las mismas sobre el crecimiento econ&oacute;mico, el gasto p&uacute;blico agregado y la inflaci&oacute;n; otros consideran que la pol&iacute;tica monetaria no debe ocuparse con estos asuntos (Roubini, 2006: 87).</p>      <p>Roubini (2006) argumenta que la pol&iacute;tica monetaria debe reaccionar ante las burbujas y tratar de &#39;pincharlas&#39; o &#39;reventarlas&#39;. Las burbujas que crecen excesivamente causan distorsiones, con consecuencias nocivas en t&eacute;rminos reales y financieros. Seg&uacute;n este autor, la pol&iacute;tica monetaria debe tratar las burbujas de manera preventiva, en lugar de buscar solucionar los problemas que deja el estallido de las mismas. Afirma que la mayor&iacute;a de modelos anal&iacute;ticos sugieren que una pol&iacute;tica monetaria &oacute;ptima debe reaccionar ante las burbujas m&aacute;s all&aacute; de la reacci&oacute;n por la desviaci&oacute;n causada respecto a los objetivos de crecimiento e inflaci&oacute;n; que la incertidumbre frente a la existencia de una burbuja no elimina la responsabilidad de actuar al respecto, simplemente reduce el grado de respuesta; y que la incertidumbre en relaci&oacute;n con los efectos da&ntilde;inos sobre la econom&iacute;a de una burbuja no es un buen argumento para no actuar al respecto, debido a la gran cantidad de evidencia en relaci&oacute;n con el costo de las secuelas de las mismas. Roubini tambi&eacute;n manifiesta su desacuerdo en relaci&oacute;n con el argumento seg&uacute;n el cual la reacci&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria implica una respuesta intensa en t&eacute;rminos de tasa de inter&eacute;s y, por ende, de recesi&oacute;n.</p>      <p>Seg&uacute;n Roubini, en la pr&aacute;ctica se ha demostrado que una respuesta moderada de la tasa de inter&eacute;s puede tener impacto sobre las burbujas y reducir sus distorsiones (2006: 104-105).</p>      <p>Desde un punto de vista totalmente contrario al de Roubini, Posen (2006) argumenta que los bancos centrales no deben tratar de pinchar, reventar, prevenir o incluso apretar las burbujas que identifican en la econom&iacute;a sobre los precios de los activos -excepto en la medida en que los movimientos en los precios del activo afecten directamente la inflaci&oacute;n o el resultado de pron&oacute;sticos que son est&aacute;ndares de su mandato (2006: 629).</p>      <p>Para Posen (2006), la raz&oacute;n por la cual los bancos centrales no deben reaccionar ante burbujas en los precios de los activos es simple: El intento de usar instrumentos de pol&iacute;tica monetaria en contra de las burbujas seguramente ser&aacute; fallido debido a que la conexi&oacute;n entre los mercados de activos y las condiciones monetarias es m&aacute;s delgada de lo que muchos aseveran. Adem&aacute;s, las burbujas causan menos da&ntilde;o en la econom&iacute;a que el usualmente asumido. Por lo tanto, desviar la pol&iacute;tica monetaria para afrontar estos problemas es poco productivo, m&aacute;s aun cuando f&aacute;cilmente la pol&iacute;tica monetaria puede rectificar los problemas que se presentan cuando se revienta una burbuja.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Bell y Quiggin (2006), al igual que Posen, afirman que la pol&iacute;tica monetaria no debe reaccionar en contra de las burbujas en precios de los activos financieros. Seg&uacute;n estos investigadores, la discusi&oacute;n en relaci&oacute;n con la necesidad de intervenci&oacute;n por parte de la pol&iacute;tica monetaria refleja la existencia de contradicciones entre los hechos bajo consideraci&oacute;n y las premisas que soportan los marcos institucionales. Al igual que Carmichael y Esho (2001), consideran que el marco actual de pol&iacute;tica monetaria en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses est&aacute; basado en la EMH, o por lo menos en el argumento seg&uacute;n el cual la asignaci&oacute;n de los activos financieros es llevada a cabo de mejor manera por los mercados que por los reguladores. En la medida en que se viola la EMH, los precios de los activos de los mercados financieros se desv&iacute;an de sus referentes fundamentales. Adem&aacute;s, en un marco de pol&iacute;tica monetaria en el que la determinaci&oacute;n de los precios de los activos se deja al mercado, es inevitable una excesiva volatilidad, as&iacute; como la ocurrencia de burbujas. Con pocas excepciones, ninguna respuesta        de pol&iacute;tica monetaria que busque controlar las burbujas es consistente con el marco institucional actual. Es necesario aceptar la volatilidad de precios, incluyendo la ocurrencia de burbujas o reconsiderar por entero el marco de pol&iacute;tica monetaria (Bell y Quiggin, 2006: 645).</p>      <p>Algunos autores argumentan igualmente la necesidad de no intervenir las burbujas, pero desde una perspectiva muy diferente: No enfocados en los objetivos de la pol&iacute;tica monetaria o sus limitaciones sino en las caracter&iacute;sticas y beneficios de las burbujas. Para Potts (2004), las burbujas son buenas porque promueven variedad y experimentaci&oacute;n en un sistema econ&oacute;mico. El proceso de la burbuja facilita el tipo de cambio estructural que requiere el crecimiento econ&oacute;mico. Los sistemas econ&oacute;micos, cuando son abiertos y competitivos, necesitan burbujas para crecer. Las burbujas permiten la concentraci&oacute;n de capital y atenci&oacute;n de los emprendedores sobre una clase de activo y sus prospectos futuros. En una burbuja, el costo de experimentaci&oacute;n es bajo, el proceso de cambio estructural se acelera, el acceso a financiaci&oacute;n se facilita, el costo del fracaso se reduce y el consumo se incrementa. Todo lo anterior permite que la econom&iacute;a se vigorice alrededor de la burbuja (2004: 18). En pocas palabras, &quot;una manera de ver las burbujas es a trav&eacute;s de sus efectos perjudiciales, como el castigo por la irracionalidad, el miedo y la avaricia. Otra manera de verlas es como oportunidades creativas proporcionadas por una confluencia de optimismo, liquidez y atenci&oacute;n&quot; (Potts, 2004: 19).</p>      <p>Finalmente, en esta discusi&oacute;n se presentan algunas posiciones menos radicalizadas. Barlevy (2007) afirma que existen razones por las cuales los hacedores de pol&iacute;ticas deben proceder con precauci&oacute;n si intentan combatir burbujas de precios de activos financieros. Por una parte, es claro que las burbujas pueden ser vistas como rarezas que en condiciones ideales no deber&iacute;an existir. M&aacute;s precisamente, si el mercado es racional y los traders operan eficientemente, la existencia de las burbujas puede ser claramente inaceptable. Y con base en este pensamiento, existen pocas razones para pensar que los hacedores de pol&iacute;ticas no deban tomar acci&oacute;n cuando las mismas ocurren. Sin embargo, se debe ser cuidadoso en no confiarse demasiado en la intuici&oacute;n y pensar que siempre es deseable que los activos reflejen el precio seg&uacute;n los fundamentales (2007: 57). Si la burbuja emerge por una ineficiencia subyacente en la econom&iacute;a, es posible que sirva para         mitigar la ineficiencia que permiti&oacute; su surgimiento. En este caso, reventar la burbuja puede exacerbar la ineficiencia y hacer que la sociedad como un todo desmejore (2007: 53). Por lo tanto, es necesario evaluar en qu&eacute; ocasiones tomar acciones de pol&iacute;tica monetaria en contra de la burbuja y en qu&eacute; ocasiones no hacerlo.</p>      <p>Luego de haber revisado diferentes posiciones te&oacute;ricas en relaci&oacute;n con la EMH y las finanzas conductistas, haber discutido razones por las cuales surgen las burbujas en los mercados financieros, y haber presentado argumentos respecto a la relaci&oacute;n entre las burbujas y la pol&iacute;tica p&uacute;blica, en la siguiente secci&oacute;n se har&aacute; una revisi&oacute;n a los diferentes t&oacute;picos investigados en relaci&oacute;n con el objeto de este art&iacute;culo.</p>      <p><font size="3"><b>5. Investigaci&oacute;n</b></font></p>      <p>La investigaci&oacute;n desarrollada en relaci&oacute;n con las burbujas sobre los precios de activos financieros ha sido amplia, tanto de corte emp&iacute;rico como de tipo experimental. Basta s&oacute;lo mencionar el trabajo de Porter y Smith (2003), en el cual analizan los resultados de setenta y dos experimentos de laboratorio para hacer evidente que los experimentos realizados en el campo no son pocos. Esta situaci&oacute;n es similar en relaci&oacute;n con los estudios emp&iacute;ricos. A continuaci&oacute;n se presentan algunas de estas investigaciones y los hallazgos encontrados, buscando generar inquietudes que permitan realizar estudios futuros.</p>      <p>Dentro de los experimentos de laboratorio, algunos han buscado contestar a la pregunta &iquest;son las burbujas el resultado de las acciones de traders inexpertos? Seg&uacute;n Dufwenberg, Lindqvist y Moore (2005), en los mercados de laboratorio, los valores fundamentales pueden ser inducidos y comparados con los precios reales. En esta l&iacute;nea de trabajo, empezando con el trabajo cl&aacute;sico de Smith, Suchanek y Williams (1988), los experimentos de laboratorio han mostrado que las burbujas tienden a ocurrir con traders inexpertos y no con traders expertos que han participado varias veces en el mismo mercado. Por ejemplo, Duffy y &Uuml;nver (2006) desarrollaron un modelo similar al de Smith, Suchanek y Williams, y encontraron los mismos resultados respecto a la relaci&oacute;n entre los traders inexpertos y las burbujas. La diferencia de su experimento radica en que utilizaron una poblaci&oacute;n de agentes adaptativos artificiales, y no seres humanos remunerados.</p>      <p>Sin embargo, Dufwenberg, Lindqvist y Moore (2005) afirman que en el mundo real no es claro si este resultado aplica, puesto que los mercados incluyen las dos clases de traders. Quiz&aacute;s hay razones para pensar que la mayor&iacute;a de transacciones reflejan decisiones de traders expertos, pero posiblemente existe el suficiente n&uacute;mero de traders inexpertos para generar las burbujas (2005:1731). No obstante, el experimento de laboratorio desarrollado por Dufwenberg, Lindqvist y Moore demostr&oacute; que incluso con una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de traders expertos las burbujas eran eliminadas, o por lo menos, sustancialmente abatidas. Estos resultados causan dudas sobre la verosimilitud de la hip&oacute;tesis que afirma que las burbujas de mercado reflejan decisiones de traders inexpertos.</p>      <p>En los experimentos de laboratorio tambi&eacute;n se ha buscado responder al siguiente interrogante: &iquest;son las burbujas el resultado de la especulaci&oacute;n por falta de informaci&oacute;n? Lei, Noussair y Plott (2001) realizaron un experimento buscando estudiar el papel que desempe&ntilde;a la especulaci&oacute;n en la formaci&oacute;n de burbujas en un mercado de laboratorio. La intenci&oacute;n era contrastar el planteamiento de Smith, Suchanek y Williams (1988). Seg&uacute;n ellos, la incertidumbre de los agentes respecto al comportamiento racional de los dem&aacute;s participantes del mercado, los lleva a suponer que el precio de los activos puede alejarse del valor fundamental y a asumir un comportamiento especulativo en b&uacute;squeda de oportunidades de ganancias futuras, lo cual genera las burbujas. Para cumplir con su objetivo, Lei, Noussair y Plott dise&ntilde;aron un experimento en el cual no fuese posible la especulaci&oacute;n. Encontraron que las burbujas emergen a pesar de la ausencia de especulaci&oacute;n. Esto los llev&oacute; a afirmar que el comportamiento de los agentes en s&iacute; mismo exhibe elementos de irracionalidad, lo cual genera las burbujas sobre los precios de los activos.</p>      <p>Es importante resaltar que los experimentos desarrollados en los laboratorios presentan ciertas desventajas. Miller (2002) afirma que los mercados usados en los experimentos de laboratorio son incompletos debido a que carecen de un conjunto completo de mercados de futuros o forwards, debido a lo cual se priva a los traders de la informaci&oacute;n prove&iacute;da por los precios en esos mercados. Los resultados experimentales preliminares sugieren que la adici&oacute;n de un mercado de forwards puede en ocasiones mitigar la formaci&oacute;n de burbujas, por lo que se sugiere investigaci&oacute;n extensa en esta       direcci&oacute;n. Las burbujas fuera del laboratorio usualmente se encuentran en mercados en los que los mercados de futuros y forwards est&aacute;n restringidos legalmente o limitados de otra manera (2002: 44).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los estudios emp&iacute;ricos desarrollados en relaci&oacute;n con la determinaci&oacute;n de la existencia de burbujas es necesario destacar el estudio de Brooks y Katsaris (2003). Estos investigadores buscaban probar la existencia de una burbuja especulativa en la Bolsa de Valores de Londres. Para determinar la existencia de una burbuja tradicionalmente se han aplicado tres pruebas en los estudios emp&iacute;ricos. La primera de ellas es la prueba de la existencia de un bubble premium. El retorno fundamental de un activo puede dividirse en la tasa libre de riesgo, la prima de riesgo que compensa al inversionista por el riesgo asumido y una alteraci&oacute;n aleatoria. Un bubble premium es el exceso de retorno que el inversionista demanda por encima del retorno fundamental en presencia de una burbuja (Brooks y Katsaris, 2003: 327). Algunos estudios emp&iacute;ricos han buscado determinar la existencia de la burbuja a trav&eacute;s de la existencia de un bubble premium (Hardouvelis, 1988; Rappoport y White, 1993).</p>      <p>De acuerdo con Brooks y Katsaris, el consenso en la literatura considera que la prueba de la existencia de un bubble premium afronta serios problemas y no es una prueba adecuada para verificar la existencia de burbujas. Un m&eacute;todo diferente consiste en examinar la varianza de la acci&oacute;n en el mercado, puesto que si una burbuja especulativa est&aacute; presente, la varianza del precio de la acci&oacute;n va a ser mayor que la varianza de su precio fundamental (Hart y Kreps, 1986). A esta prueba se le denomina &quot;prueba de excesos de volatilidad&quot;. Finalmente, la tercera es la prueba de no - estacionariedad y cointegraci&oacute;n. Esta prueba fue propuesta por Diba y Grossman (1988a y 1988b), quienes demostraron que si el precio de una acci&oacute;n depende exclusivamente de los dividendos futuros, si no hay burbujas racionales especulativas, y si los dividendos son estacionarios en su media, entonces los precios ser&aacute;n estacionarios. Sin embargo, incluso si los dividendos y los precios son no estacionarios, y si est&aacute;n cointegrados, entonces la hip&oacute;tesis de la no existencia de una burbuja no puede ser rechazada (Brooks y Katsaris, 2003: 330).</p>      <p>De las tres pruebas mencionadas, Brooks y Katsaris (2003) aplicaron la prueba de excesos de volatilidad y la prueba de no - estacionariedad y         cointegraci&oacute;n, y encontraron una burbuja especulativa en la Bolsa de Valores de Londres durante la d&eacute;cada de los noventa.</p>      <p>Seg&uacute;n Capelle-Blancard y Raymond (2004), comprobar la existencia de burbujas especulativas en los mercados financieros no es una tarea f&aacute;cil. Las pruebas mencionadas anteriormente presentan debilidades para detectar burbujas de manera peri&oacute;dica. Para mejorar la detecci&oacute;n de burbujas que explotan peri&oacute;dicamente, Taylor y Peel (1998) propusieron corregir las pruebas tradicionales de cointegraci&oacute;n por la asimetr&iacute;a y exceso de curtosis impl&iacute;citos en las burbujas. Siguiendo estas sugerencias metodol&oacute;gicas, Capelle-Blancard y Raymond aplicaron esta prueba de cointegraci&oacute;n corregida para detectar burbujas especulativas en los mercados accionarios de Francia, Alemania, Jap&oacute;n, el Reino Unido y Estados Unidos entre 1973 y 2002. &quot;Las pruebas de cointegraci&oacute;n, corregidas por la asimetr&iacute;a y exceso de curtosis confirmaron la desconexi&oacute;n entre los precios de las acciones y los dividendos en el periodo entre 1973 y 2002 para Francia, Alemania, Jap&oacute;n, el Reino Unido y Estados Unidos&quot; (Capelle-Blancard y Raymond, 2004: 65). Esta investigaci&oacute;n no permite descartar la hip&oacute;tesis de existencia de burbujas en los principales mercados accionarios.</p>      <p>Sarno y Taylor (2003) utilizaron la misma metodolog&iacute;a sugerida por Taylor y Peel (1998) en una investigaci&oacute;n emp&iacute;rica sobre las burbujas en precios de los activos en los mercados financieros de los pa&iacute;ses emergentes de Am&eacute;rica Latina. Los pa&iacute;ses incluidos en la muestra fueron Argentina, Brasil, Chile, Colombia, M&eacute;xico y Venezuela. Estos investigadores encontraron evidencia significativa de burbujas explosivas en todos los mercados examinados. Las burbujas sobre los precios de los activos financieros son potencial y particularmente peligrosas en el caso de pa&iacute;ses emergentes que reciben grandes flujos de capital, especialmente para los pa&iacute;ses con estructuras financieras y bancarias menos desarrolladas (Sarno y Taylor, 2003: 641).</p>       <p>Otros estudios emp&iacute;ricos que resultan interesantes por sus hallazgos o metodolog&iacute;a se mencionan brevemente a continuaci&oacute;n. Johansen y Sornette (2001) identificaron veintiuna burbujas importantes seguidas de grandes crisis o correcciones severas en los mercados accionarios de Am&eacute;rica Latina y Asia. Seg&uacute;n estos investigadores, los grandes movimientos de reducci&oacute;n       de precios en estos mercados no son m&aacute;s que el resultado de la explosi&oacute;n de una burbuja precedente, los cuales llevan al mercado hacia su equilibrio. Por otra parte, Mokhtar, Nassir y Hassan (2006) critican las pruebas utilizadas para la detecci&oacute;n de burbujas, y buscando detectar burbujas especulativas en el mercado accionario de Malasia, utilizaron la prueba de dependencia de duraci&oacute;n -duration dependence test-, desarrollada por McQueen y Thorley (1994). Su estudio revel&oacute; la existencia de burbujas especulativas entre 1994 y 2003 en el mercado accionario de Malasia.</p>      <p>En esta secci&oacute;n se han citado dos tipos de investigaciones realizadas en relaci&oacute;n con la existencia de burbujas en el mercado. El primero de ellos relacionado con los m&uacute;ltiples experimentos de laboratorio, a trav&eacute;s de los cuales se simula el comportamiento de los agentes en un mercado ficticio, buscando determinar las causas por las cuales aparecen las burbujas; el segundo tipo de investigaciones resulta de estudios emp&iacute;ricos realizados para determinar si en algunos mercados financieros se han presentado burbujas financieras. Estos ejemplos de trabajos investigativos constituyen una fuente de ideas para futuras investigaciones en relaci&oacute;n con el comportamiento de los agentes, la eficiencia de los mercados financieros, la detecci&oacute;n de burbujas y la pertinencia de la pol&iacute;tica p&uacute;blica para evitar sus efectos en la econom&iacute;a.</p>      <p><font size="3"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>      <p>De acuerdo con Shiller (2003), la academia en finanzas ha recorrido un largo camino desde los d&iacute;as en los cuales la teor&iacute;a de los mercados eficientes era ampliamente considerada como cierta, m&aacute;s all&aacute; de cualquier duda. Los excesos de volatilidad en los precios de los activos evidenciados en la d&eacute;cada de los ochenta llevaron a cuestionar la validez de la EMH. Las finanzas conductistas -esto es, las finanzas desde una perspectiva cient&iacute;fica social, incluyendo la psicolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a- representan uno de los programas de investigaci&oacute;n m&aacute;s activos, dedicado a explicar el comportamiento asumido por los actores de mercado que se desv&iacute;a de lo esperado bajo la EMH.</p>      <p>La Efficient Markets Hypothesis inicialmente no reconoc&iacute;a la existencia de las burbujas sobre los activos financieros. Sin embargo, debido a la innegable prueba proporcionada por la evidencia emp&iacute;rica, los intelectuales agrupados       en esta esta corriente han argumentado que pueden existir en per&iacute;odos cortos de tiempo con una correcci&oacute;n inmediata por parte de &aacute;rbitros racionales suficientemente informados. Adem&aacute;s, han argumentado la existencia de burbujas especulativas racionales, bajo las cuales la probabilidad de un alto retorno crece para compensar la creciente probabilidad de p&eacute;rdida. Sin embargo, las finanzas conductistas afirman la existencia de l&iacute;mites para la labor ejecutada por los &aacute;rbitros racionales en relaci&oacute;n con la correcci&oacute;n de los precios, y han justificado la existencia de las burbujas no s&oacute;lo a pesar de sino debido a la existencia de estos &aacute;rbitros racionales. Adem&aacute;s, se han efectuado explicaciones netamente psicol&oacute;gicas para el comportamiento &#39;irracional&#39; de los actores de mercado. La existencia de burbujas irracionales, dentro de las cuales el precio del activo est&aacute; inversamente relacionado con su valor fundamental, apoya los planteamientos de las finanzas conductistas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La existencia de las burbujas en los mercados financieros ha animado discusiones sobre la necesidad de intervenci&oacute;n de los organismos p&uacute;blicos antes o despu&eacute;s del estallido de &eacute;stas. Algunos argumentan que la pol&iacute;tica monetaria debe ser preventiva y tomar acciones para evitar los efectos perjudiciales que generan las mismas. Sin embargo, en una posici&oacute;n absolutamente contraria, otros intelectuales han argumentado la necesidad de no intervenci&oacute;n, por la falta de herramientas adecuadas, los beneficios que pueden ocasionar estas burbujas o simplemente por garantizar la libertad a los mercados financieros.</p>      <p>Estas posiciones contrarias y radicalizadas ponen en evidencia el gran potencial de investigaci&oacute;n que ofrece este campo de estudio. La conjunci&oacute;n de diferentes disciplinas, como las finanzas, la econom&iacute;a, la psicolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a, garantiza riqueza en las discusiones y nuevos enfoques para el estudio del fen&oacute;meno. Existe un gran desaf&iacute;o para los investigadores respecto al dise&ntilde;o de los experimentos de laboratorio, las pruebas utilizadas en la detecci&oacute;n de las burbujas, y la aplicaci&oacute;n de los conocimientos en psicolog&iacute;a y sociolog&iacute;a para entender el comportamiento de los actores de mercado. En todo caso, entender mejor las burbujas sobre los activos financieros permitir&aacute; descubrir maneras apropiadas para afrontar los desaf&iacute;os de los mercados financieros y dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas adecuadas para el desarrollo de los mismos.</p>     <hr/>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>      <p><a name="nota1">1</a> Debido a la innegable presencia de burbujas en el mercado, algunos autores, buscando defender la EMH, han asegurado que algunas burbujas pueden ser racionales. Para Mokhtar, Nassir y Hassan (2006), una burbuja es racional s&oacute;lo si la probabilidad de un alto retorno crece para compensar la creciente probabilidad de p&eacute;rdida (2006:105); por otra parte, Stanley (1997) considera que una burbuja es irracional cuando el precio del activo est&aacute; inversamente relacionado con su valor fundamental.</p>     <p><a name="nota2">2</a>  Los traders de reacci&oacute;n positiva son aquellos que compran activos financieros cuando los precios suben y venden cuando los precios caen. Esto puede suceder en los mercados financieros por varias razones: puede resultar por &oacute;rdenes de stop-loss, que efectivamente determinan venta en respuesta al decline de los precios, o por la tendencia a perseguir oportunidades rentables cuando los precios suben (De Long et al., 1990b: 379).</p>      <p><a name="nota*">*</a>Agradecemos a los profesores del seminario de Finanzas Corporativas del Doctorado en Administracin&oacute; de la Universidad de los Andes, Dr. Carlos Pombo y Dr. Eric Rodr&iacute;guez, por sus valiosos aportes y seguimiento en la elaboraci&oacute;n de este art&iacute;culo, como trabajo final del seminario en menci&oacute;n.</p> <hr/>  Referencias      <!-- ref --><p>Abreu, D. &amp; Brunnermeier, M. (2003). Bubbles and Crashes. Econometrica, 71 (1), 173.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1657-6276200800010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Abolafia, M. &amp; Kilduff, M. (1988). Enacting Market Crisis: The Social Construction of a Speculative Bubble. Administrative Science Quarterly, 33 (2), 177.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1657-6276200800010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barlevy, G. (2007). Economic theory and asset bubbles. Economic Perspectives, 31 (3): 44-59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1657-6276200800010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bell, S. &amp; Quiggin, J. (2006). Asset Price Instability and Policy Responses: The Legacy of Liberalization. Journal of Economic Issues, 40 (3), 629-649.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1657-6276200800010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brooks, C. &amp; Katsaris, A. (2003). Rational Speculative Bubbles: An Empirical Investigation of the London Stock Exchange. Bulletin of Economic Research, 55 (4), 319-346.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1657-6276200800010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Capelle-Blancard, G. &amp; Raymond, H. (2004). Empirical evidence on periodically collapsing stock price bubbles. Applied Economics Letters, 11 (1), 61-69.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1657-6276200800010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carmichael, J. &amp; Esho, N. (2001). Asset Price Bubbles and Prudential Regulation. Australian Prudential Regulation Authority, Melbourne.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1657-6276200800010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chuang, W. &amp; Lee, B. (2006). An empirical evaluation of the overconfidence hypothesis. Journal of Banking &amp; Finance, 30 (9), 2489-2515.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1657-6276200800010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cox, A. &amp; Hobson, D. (2005). Local martingales, bubbles and option prices. Finance &amp; Stochastics, 9 (4), 477-492.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1657-6276200800010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Long, J., Shleifer, A., Summers, L. &amp; Waldmann, R. (1990a). Noise trader risk in financial markets. Journal of Political Economy, 98 (4), 703.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1657-6276200800010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Long, J., Shleifer, A., Summers, L. &amp; Waldmann, R (1990b). Positive Feedback Investment Strategies and Destabilizing Rational Speculation. Journal of Finance, 45 (2), 379-395.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1657-6276200800010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Diba, B. &amp; Grossman, H. (1988a). Explosive Rational Bubbles in Stock Prices?. American Economic Review, 78 (3), 520.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1657-6276200800010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Diba, B. &amp; Grossman, H. (1988b). The Theory of Rational Bubbles in Stock Prices. Economic Journal, 98 (392), 746-754.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1657-6276200800010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Downe, E., O&#39;Connor, M., Shapiro, S. &amp; Reid, S. (2004). Can Long-Term Historical Data Help Investors Time the Market?. American Business Review, 22 (2), 108-116.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1657-6276200800010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Duffy, J. &amp; &Uuml;nver, M. (2006). Asset price bubbles and crashes with near-zerointelligence traders. Economic Theory, 27 (3), 537-563.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1657-6276200800010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dufwenberg, M., Lindqvist, T. &amp; Moore, E. (2005). Bubbles and Experience: An Experiment. American Economic Review, 95 (5), 1731-1737.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1657-6276200800010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fama, E. (1965). The Behavior of Stock-Market Prices. Journal of Business, 38 (1), 34-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1657-6276200800010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fama, E. (1970). Efficient Capital Markets: A Review of Theory And Empirical Work. Journal of Finance, 25 (2), 383-417.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1657-6276200800010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Findlay, M. y Williams, E. (2000). A fresh look at the efficient market hypothesis: how the intellectual history of finance encouraged a real &#39;fraud-on-the-market&#39;. Journal of Post Keynesian Economics, 23 (2), 181.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1657-6276200800010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gilles, C. &amp; LeRoy, S. (1992). Bubbles and charges. International Economic Review, 33 (2), 323.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1657-6276200800010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Granovetter, M. (1985). Economic action and social structure: The problem of embeddedness. 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Journal of Political Economy, 94 (5), 927-952.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1657-6276200800010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hong, Scheinkman &amp; Xiong (2006). Asset Float and Speculative Bubbles. Journal of Finance, 61 (3), 1073-1117.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1657-6276200800010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Johansen, A. &amp; Sornette, D. (2001). Bubbles and Anti-Bubbles in Latin-American, Asian and Western Stock Markets: An Empirical Study. International Journal of Theoretical &amp; Applied Finance, 4 (6), 853.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1657-6276200800010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kahneman, D. &amp; Tversky, A. (1979). Prospect Theory: An Analysis of Decision Under Risk. Econometrica, 47 (2), 263-291.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1657-6276200800010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lei, V., Noussair, C. &amp; Plott, C. (2001). Nonspeculative Bubbles in Experimental Asset Markets: Lack of Common Knowledge of Rationality vs. Actual Irrationality. Econometrica, 69 (4), 831-859.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1657-6276200800010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lux, T. (1995). Herd behaviour, bubbles and crashes. Economic Journal, 105 (431), 881-896.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1657-6276200800010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Malkiel, B.G. (2003). A random walk down Wall Street. NewYork: Norton.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1657-6276200800010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>McQueen, G. &amp; Thorley, S. (1994). Bubbles, stock returns, and duration dependence. Journal of Financial and Qualitative Analysis, 29, 196-197.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1657-6276200800010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Miller, R. (2002). Can Markets Learn to Avoid Bubbles? Journal of Psychology &amp; Financial Markets, 3 (1), 44-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1657-6276200800010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mokhtar, S., Nassir, A. &amp; Hassan, T. (2006). Detecting Rational Speculative Bubbles in the Malaysian Stock Market. International Research Journal of Finance &amp; Economics, 6, 102-115.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1657-6276200800010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Naughton, T. (2002). The winner is ...behavioural finance? Journal of Financial Services Marketing, 110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1657-6276200800010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>O&#39;Keefe, T. &amp; Soloman, S. (1985). Do Managers Believe the Efficient Market Hypothesis? Additional Evidence. Accounting &amp; Business Research, 15 (58), 67-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1657-6276200800010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Polanyi, K., Arensberg, C. &amp; Pearson, H. (1957). Trade and Market in the Early Empires. New York: Free Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1657-6276200800010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Porter, D. &amp; Smith, V. (2003). Stock Market Bubbles in the Laboratory. Journal of Behavioral Finance, 4 (1), 7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1657-6276200800010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Posen, A. (2006). Why Central Banks Should Not Burst Bubbles. International Finance, 9 (1), 109-124.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1657-6276200800010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Potts, J. (2004). Liberty Bubbles. Policy, 20 (3), 15-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1657-6276200800010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rappoport, P. &amp; White, E. (1993). Was there a bubble in the 1929 stock market? The Journal of Economic History, 53 (3), 549-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1657-6276200800010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ritter, J. (2003). Behavioral finance. Pacific-Basin Finance Journal, 11 (4), 429.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1657-6276200800010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Roubini, N. (2006). Why Central Banks Should Burst Bubbles. 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(1988). &quot;Bubbles, Crashes, and Endogenous Expectations in Experimental Spot Asset Markets.&quot; Econometrica, 56 (5), 1119-1151.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1657-6276200800010000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stanley, T. (1997). Bubbles, inertia, and experience in experimental asset markets. Journal of Socio-Economics, 26 (6), 611.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1657-6276200800010000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Taylor, M. &amp; Peel, D. (1998). Periodically collapsing stock price bubbles: a robust test. Economics Letters, 61, 221-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1657-6276200800010000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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