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<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Sociales y Económicas- Universidad del Valle]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Narrando el dolor y luchando contra el olvido en Colombia. Recuperación y trámite institucional de las heridas de la guerra]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[<font size="3"Narrating the pain and struggling against oblivion in Colombia. Recovery and institutional handling of the war wounds]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article examines different experiences of recovery and institutional handling of the wounds of the Colombian war. Its objective is to identify how in various joints of the national history, it creates "study commissions of violence" allowing the one hand, the historical reconstruction of the causes, course and consequences of armed conflict, and secondly, bleeding production and narrative memories against forgetting. Throughout the text, we highlight several of these experiences, which take place between 1958 and 2006 in the midst of a "war without transition". Then, we identify the core domains that are involved in the recovery of historical memory in the process of Justice and Peace, in particular the work of the Area Historical Memory]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	<font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 	 	    <p align="center"><font size="4"><b>Narrando el dolor y luchando contra el olvido en Colombia. Recuperaci&oacute;n y tr&aacute;mite institucional de las heridas de la guerra<sup>1</sup></b></font></p> 	 	    <p align="center"><font size="3"><b>Narrating the pain and struggling against oblivion in Colombia. Recovery and institutional handling of the war wounds</b></font></p> 	 	    <p><i>Jefferson Jaramillo Mar&iacute;n</i>    <br> 	Universidad Javeriana, Bogot&aacute;-Colombia    <br> 	<a href="mailto:jefferson.jaramillo@flacso.edu.mx">jefferson.jaramillo@flacso.edu.mx</a></p> 	 	    <p>Recibido: 06.10.09    <br> 	Aprobado: 16.09.10</p> 	 	 	    <p>1. Art&iacute;culo derivado de la investigaci&oacute;n doctoral que el autor adelanta alrededor de las comisiones de estudio sobre la violencia y las pol&iacute;ticas hacia el pasado en Colombia.    </p> 	 	<hr> 	 	    <p><font size="3"><b>Resumen </b></font></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo analiza distintas experiencias de recuperaci&oacute;n y tr&aacute;mite institucional de las heridas de la guerra colombiana. Su objetivo es identificar c&oacute;mo, en algunas coyunturas de la historia nacional, se crean "comisiones de estudio de la violencia" que permiten, de una parte, la reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica de las causas, evoluci&oacute;n y consecuencias del conflicto armado, y de otra, la producci&oacute;n de memorias del desangre y narrativas contra el olvido. A lo largo del texto, destacamos varias de estas experiencias, las cuales tienen lugar entre 1958 y 2006 en medio de una "guerra sin transici&oacute;n". Luego, identificamos las dimensiones centrales que est&aacute;n involucradas en la recuperaci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica en el proceso de Justicia y Paz, en particular, el trabajo del &Aacute;rea de Memoria Hist&oacute;rica.</p> 	 	    <p><b>Palabras clave</b>: Memoria hist&oacute;rica, conflicto armado interno, comisiones de estudio sobre la violencia.</p> 	 	<hr> 	 	    <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p> 	 	    <p>The article examines different experiences of recovery and institutional handling of the wounds of the Colombian war. Its objective is to identify how in various joints of the national history, it creates "study commissions of violence" allowing the one hand, the historical reconstruction of the causes, course and consequences of armed conflict, and secondly, bleeding production and narrative memories against forgetting. Throughout the text, we highlight several of these experiences, which take place between 1958 and 2006 in the midst of a "war without transition". Then, we identify the core domains that are involved in the recovery of historical memory in the process of Justice and Peace, in particular the work of the Area Historical Memory.</p> 	 	    <p><b>Key words</b>: Historical Memory, arm conflict, commissions study on violence.</p>      <hr>          <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>            <p>Varios son los pa&iacute;ses<a href="#n2" name="v2"><sup>2</sup></a> que pretendiendo tramitar las marcas y heridas de la represi&oacute;n, la discriminaci&oacute;n y la guerra, apostaron en el mediano plazo -con altos costos pol&iacute;ticos y no siempre con saldos a favor- por iniciativas de verdad hist&oacute;rica y judicial, por procesos de recuperaci&oacute;n de sus pasados cruentos y por estrategias de reparaci&oacute;n integral para las v&iacute;ctimas (Barahona de Brito, Aguilar y Gonz&aacute;lez, 2002; Dutr&eacute;nit y Varela, 2010). En el papel, Colombia estar&iacute;a avanzando por este mismo camino a trav&eacute;s de Justicia y Paz, experiencia dise&ntilde;ada y ejecutada por el gobierno de Uribe V&eacute;lez (2002-2010) con el objetivo de facilitar la reconciliaci&oacute;n nacional. M&aacute;s all&aacute; de los avances y los logros con respecto a otros casos del continente y del mundo, en cinco a&ntilde;os de funcionamiento &eacute;sta iniciativa gubernamental enfrenta serias dificultades en su concepci&oacute;n filos&oacute;fica, enormes limitaciones operativas en las regiones y cr&iacute;ticas v&aacute;lidas de diversos sectores sociales y pol&iacute;ticos<a href="#n3" name="v3"><sup>3</sup></a>. </p> 	         <p>Sin desconocer lo anterior, &eacute;ste art&iacute;culo se concentra espec&iacute;ficamente en mostrar que en el pa&iacute;s, pese a la "novedad" pol&iacute;tica y jur&iacute;dica de Justicia y Paz, parece existir un "continuo" hist&oacute;rico de procesos, iniciativas y estrategias institucionales de recuperaci&oacute;n, procesamiento  y tramitaci&oacute;n de las heridas de la  guerra, dentro de la guerra misma. A diferencia de otros pa&iacute;ses, estas experiencias caseras han ocurrido en el marco de un conflicto armado, sin un horizonte transicional claro. Es decir, el "desangre" de ayer y de hoy, sigue alimentando la "memoria m&iacute;tica" de los colombianos (P&eacute;caut, 2003). Lo que  es objeto de an&aacute;lisis es, c&oacute;mo en distintas coyunturas de la historia nacional, algunas de estas iniciativas, en su mayor parte "escenarios gubernamentales", contribuyen a organizar lo disperso de nuestro conocimiento sobre la violencia y a historizar ciertas parcelas del pasado y del presente, por ejemplo, al establecer sus causas, explicar su desarrollo y describir sus consecuencias. Pero tambi&eacute;n, mostrar que algunas de ellas, contribuyen a producir memorias del desangre y narrativas contra el olvido, aunque, en algunos casos tambi&eacute;n decretan "oficialmente" ciertos olvidos funcionales frente a la guerra. </p> 	         <p>Esta cuesti&oacute;n es abordada en dos momentos. El primero, describe r&aacute;pidamente un panorama de once comisiones de estudio e investigaci&oacute;n sobre el conflicto y las violencias entre 1958 y 2006. Se especifican sus mandatos, sus alcances, algunos de sus impactos y en varias de ellas, se describe c&oacute;mo se narr&oacute; el pasado y se comprendi&oacute; el presente. Luego, nos concentramos en se&ntilde;alar la artesan&iacute;a, los alcances y la novedad de la experiencia liderada por el &Aacute;rea de Memoria Hist&oacute;rica (MH) de la Comisi&oacute;n Nacional de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n (CNRR). MH es una subcomisi&oacute;n<a href="#n4" name="v4"><sup>4</sup></a> singular respecto a las anteriores, puesto que avanza, en la construcci&oacute;n de relatos literales e hist&oacute;ricos sobre el terror, pero tambi&eacute;n permite profundizar en la construcci&oacute;n de "memorias ejemplares" <a href="#n5" name="v5"><sup>5</sup></a>, en un contexto nacional no exento de tensiones pol&iacute;ticas y sociales por las disputas frente al "sentido del pasado". Lo particular de este tipo de memorias, es permitir la visibilizaci&oacute;n y articulaci&oacute;n de narrativas e iniciativas sociales contra el olvido, los silencios impunes y las estigmatizaciones provocadas por ciertos actores armados y agentes estatales, especialmente en las zonas donde ocurrieron masacres emblem&aacute;ticas. No sobra considerar aqu&iacute;, que estamos ante unas memorias que hablan de nuestra guerra, como una "guerra de masacres" (S&aacute;nchez, 2008).</p>      	    <p><font size="3"><b>1. Las comisiones de estudio e investigaci&oacute;n sobre la violencia en Colombia (1958-2005) </b></font></p> 	         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al menos once experiencias gubernamentales de gesti&oacute;n y tramitaci&oacute;n institucional de las huellas de la guerra pueden documentarse en el pa&iacute;s, entre 1958 y 2006<a href="#n6" name="v6"><sup>6</sup></a>. En estricto sentido, ninguna de ellas se adecuar&iacute;a a los criterios convencionales requeridos para las denominadas comisiones de verdad que han tenido lugar en el  mundo<a href="#n7" name="v7"><sup>7</sup></a>. Tampoco ninguna de estas iniciativas ha sido causa o efecto de una situaci&oacute;n est&aacute;ndar de transici&oacute;n del conflicto al postconflicto o de una salida negociada a la guerra. Su particularidad es que se crean y operan en medio de una "guerra sin transici&oacute;n clara<a href="#n8" name="v8"><sup>8</sup></a>", funcionando como "escenarios gubernamentales" que facilitan, en ciertas coyunturas nacionales cr&iacute;ticas, unas "treguas para el recuerdo", activando memorias del desangre, posibilitando la historizaci&oacute;n parcial de sus causas, evoluci&oacute;n y consecuencias y en algunos casos, contribuyendo a decretar olvidos funcionales a la reconciliaci&oacute;n nacional acorde al momento donde operaron.<a href="#n9" name="v9"><sup>9</sup></a> En un pa&iacute;s sin cierres temporales precisos en el conflicto armado, con violencias recicladas hist&oacute;ricamente, con silencios decretados institucionalmente y memorias sociales fracturadas por el terror, las comisiones b&aacute;sicamente permiten "cartografiar" el dolor, denunciar patrones sistem&aacute;ticos de violaciones de derechos humanos y vehiculizar las denuncias en la escena p&uacute;blica nacional e internacional. Varias de ellas produjeron una serie de relatos explicativos e interpretativos, unos m&aacute;s globales que otros, pero en todo caso, materializados tambi&eacute;n en informes finales que terminaron por exponer las dimensiones e impactos del desangre. Tambi&eacute;n se establecieron, a partir de algunas de ellas, las bases pol&iacute;ticas y sociales para acciones de intervenci&oacute;n estatal sobre las violencias.</p>         <p>En su mayor&iacute;a, las comisiones fueron nombradas por decretos presidenciales<a href="#n10" name="v10"><sup>10</sup></a> y se articularon a mandatos institucionales de varios meses. Algunas tuvieron un alcance nacional y otras fueron s&oacute;lo de cobertura local. Su conformaci&oacute;n  se hizo de forma m&aacute;s o menos plural, aunque con restricciones de participaci&oacute;n de ciertos sectores sociales, con equipos de investigaci&oacute;n integrados en la mayor&iacute;a de los casos, por personalidades notables de la pol&iacute;tica, la vida p&uacute;blica y la academia nacional. Al realizar un balance hist&oacute;rico de las mismas, se deber&iacute;a reconocer que unas comisiones fueron m&aacute;s efectivas que otras en sus recomendaciones, mandatos, alcances pol&iacute;ticos y transcendencia social. Como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, en su momento se les denomin&oacute; de diversas maneras, atendiendo a las diferencias de concepci&oacute;n, o a la naturaleza de sus mandatos, o a las coyunturas en las que operaron. De varias de ellas, los diversos actores involucrados en su gestaci&oacute;n y desarrollo, derivaron unos usos pol&iacute;ticos y con el tiempo se resignificaron sus alcances y logros. Frente al "boom memorial&iacute;stico" propio de nuestros d&iacute;as, quiz&aacute; resulte &uacute;til volver sobre varias de las conclusiones y recomendaciones generadas por ellas, no consideradas debidamente por los legislativos de turno.</p>      	    <p>La primera comisi&oacute;n tiene lugar en el pa&iacute;s en 1958, en los inicios del Frente Nacional, con el gobierno de Alberto Lleras Camargo. Se le denomin&oacute; Comisi&oacute;n Nacional Investigadora de las Causas y Situaciones Presentes de la violencia en el Territorio Nacional y fue nombrada el 21 de mayo de 1958 mediante el decreto 0165 de la Junta Militar<a href="#n11" name="v11"><sup>11</sup></a>. Funcion&oacute; hasta enero de 1959 y recibi&oacute; tambi&eacute;n el nombre de Comisi&oacute;n de Paz o Comisi&oacute;n Investigadora; en su momento se le dot&oacute; de la autoridad necesaria para tener acceso a dependencias oficiales, informes sumarios y expedientes, con el prop&oacute;sito de "analizar fr&iacute;a y objetivamente el fen&oacute;meno de la violencia&hellip; visitar las zonas afectadas, constatar los problemas y necesidades de la gente e informar al gobierno para establecer las bases de una nueva y m&aacute;s racional acci&oacute;n oficial"<a href="#n12" name="v12"><sup>12</sup></a>. Nunca gener&oacute; un informe oficial sobre lo sucedido, a pesar de haber entregado informes parciales al gobierno de Lleras Camargo, durante los cerca de ocho meses que funcion&oacute;<a href="#n13" name="v13"><sup>13</sup></a>. Gran parte de sus hallazgos, fueron consignados en el libro m&aacute;s editado, vendido y discutido en su g&eacute;nero en el pa&iacute;s, La Violencia en Colombia (1962-1963) (Guzm&aacute;n, Fals Borda y Uma&ntilde;a, 2005).</p> 	         <p>Tanto la comisi&oacute;n como los dos tomos del libro, expresaron en su momento las  tensiones derivadas de "una pol&iacute;tica de entendimiento de &eacute;lites" (Rodr&iacute;guez, 2008) para afrontar la recuperaci&oacute;n del pasado, la construcci&oacute;n del presente y la concertaci&oacute;n del futuro nacionales. Cuatro meses despu&eacute;s de creada y como respuesta a las evidencias recogidas por los comisionados que la integraron (partidos Liberal y Conservador, Iglesia Cat&oacute;lica y Ej&eacute;rcito Nacional) y a los "mascarones del trauma" social, econ&oacute;mico y moral<a href="#n14" name="v14"><sup>14</sup></a> generados por la violencia bipartidista, el gobierno organiza la Oficina Nacional de Rehabilitaci&oacute;n que tendr&aacute; como labor "contener los estragos de la violencia en los cinco departamentos en los que se mantuvo el estado de sitio" (Guzm&aacute;n, Fals Borda, Uma&ntilde;a, 2005). A esta oficina se le sum&oacute; la formaci&oacute;n de un Comit&eacute; Ministerial de Orden P&uacute;blico, Tribunales de Conciliaci&oacute;n y amnist&iacute;a condicionada. Terminada la primera comisi&oacute;n en enero del 59, sigui&oacute; en funcionamiento la oficina hasta diciembre de 1960.</p> 	         <p>La comisi&oacute;n del 58, pese a su car&aacute;cter "clasista y olig&aacute;rquico" (Guzm&aacute;n, 2009) en su conformaci&oacute;n (nunca participaron de ellas los campesinos afectados) avanz&oacute; en el conocimiento de las zonas afectas por la violencia, desnudando la magnitud de la guerra bipartidista, pero tambi&eacute;n permitiendo tejer acuerdos "parciales" de pacificaci&oacute;n en algunas de ellas. Por su parte, el libro publicado posteriormente, inaugura la primera lectura emblem&aacute;tica sobre el pasado reciente de la violencia pol&iacute;tica en el pa&iacute;s. Esta lectura es emblem&aacute;tica no porque sea la primera que se haga sobre lo sucedido, de hecho ya exist&iacute;a todo un acumulado literario sobre el tema a trav&eacute;s de la novela de la violencia; lo es porque "inscribe" e "instituye" un "r&eacute;gimen de memoria"<a href="#n15" name="v15"><sup>15</sup></a> a partir de situar otras formas de leer el desangre nacional, m&aacute;s all&aacute; del "acalorado bipartidismo" o de las visiones apolog&eacute;ticas de uno u otro bando, ponderando la importancia del an&aacute;lisis sobre la problem&aacute;tica en t&eacute;rminos de "proceso social", "globalizando su descripci&oacute;n". (S&aacute;nchez, 2009a: 22). </p> 	         <p>Esta experiencia, permitir&iacute;a adem&aacute;s una "peculiar forma de intervenci&oacute;n de los intelectuales en la sociedad", especialmente de la universidad (S&aacute;nchez, 2009b). De hecho, la comisi&oacute;n y la constituci&oacute;n de las ciencias sociales, al menos de la sociolog&iacute;a, van a la par. Adem&aacute;s la Comisi&oacute;n y el libro, al exponer una responsabilidad estructural sobre lo ocurrido, al cartografiar regionalmente el dolor en casi todo el pa&iacute;s y al etnografiar el terror a partir de los 20.000 testimonios recogidos, desencadenan acaloradas reacciones de la prensa, de los poderes civiles, eclesi&aacute;sticos y militares. No obstante, siendo cr&iacute;ticos del proceso, hay que considerar que las acciones de la Comisi&oacute;n estuvieron m&aacute;s encaminadas a la "pacificaci&oacute;n", acordada t&aacute;citamente por las &eacute;lites con una gran dosis de legitimaci&oacute;n de silencios y verdades a medias. Y aunque se revelaron los problemas estructurales del pa&iacute;s, tanto la descripci&oacute;n como  la terap&eacute;utica que impregnaron los dos tomos del libro y el trabajo de la Comisi&oacute;n, lo que persegu&iacute;an de fondo era "devolver a un estado social, lo que estaba en una fase antisocial"<a href="#n16" name="v16"><sup>16</sup></a>. El trabajo en ese sentido, no terminar&iacute;a tocando uno de los meollos centrales de la guerra en el pa&iacute;s, y por ende uno de los nodos centrales que siempre ha costado reconocer a las &eacute;lites del pa&iacute;s, para desactivar el conflicto: la reforma agraria. Es decir, la pacificaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n fueron ante todo estrategias de asistencia y de ingenier&iacute;a social, m&aacute;s que reformas program&aacute;ticas y estructurales.</p> 	         <p>La II Comisi&oacute;n de Estudios sobre la Violencia, se constituye durante el gobierno de Virgilio Barco y es convocada a finales de enero de 1987 por el entonces Ministro de Gobierno, Fernando Cepeda. La investigaci&oacute;n dur&oacute; cuatro meses, en un pa&iacute;s que atravesaba coyunturalmente por un acrecentamiento de la violencia urbana, la expansi&oacute;n del narcotr&aacute;fico, el crecimiento del crimen organizado y la emergencia de la "guerra sucia" con sectores pol&iacute;ticos de oposici&oacute;n como la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica. La "naturaleza" de la violencia pol&iacute;tica hab&iacute;a mutado tambi&eacute;n del a&ntilde;o 58 al 87, una expresi&oacute;n sintom&aacute;tica de ello, era el crecimiento de las guerrillas, que demandaban desde hac&iacute;a ya un buen tiempo, negociaci&oacute;n pol&iacute;tica en lugar de confrontaci&oacute;n armada. De hecho, la Comisi&oacute;n surge en un momento en el que la consigna central de muchos sectores sociales y pol&iacute;ticos es la "paz negociada". La apuesta del gobierno Barco para llevar a cabo ese prop&oacute;sito, es un plan que incluye la triada: "rehabilitaci&oacute;n, normalizaci&oacute;n y reconciliaci&oacute;n". Por su parte, el prop&oacute;sito de la comisi&oacute;n, ser&aacute; ayudar a generar recomendaciones a esa pol&iacute;tica, enfatizando sobre todo en un "tratamiento integral y fundamentalmente pol&iacute;tico al conflicto" (Comisi&oacute;n de Estudios sobre la Violencia, 1987: 165-186). </p> 	         <p>Esta comisi&oacute;n permiti&oacute; la consolidaci&oacute;n de un campo de expertos en violencia<a href="#n17" name="v17"><sup>17</sup></a> y la publicaci&oacute;n del informe Colombia: violencia y democracia que termin&oacute; convertido en la academia colombiana en el primer "gran diagn&oacute;stico" de las "violencias contempor&aacute;neas". La sentencia que teje la arquitectura del trabajo de esta comisi&oacute;n, que es a la vez la clave interpretativa de lo que sucede en el pa&iacute;s en ese momento, es que los colombianos estamos signados por un pasado de "cultura de la violencia"; por unas "espirales de violencia que de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n han venido ascendiendo". Nuestra hip&oacute;tesis, es que a pesar de que el informe se escribe luego de casi 30 a&ntilde;os de haberse llevado a cabo la primera comisi&oacute;n, y a que insiste en que sus apreciaciones versan sobre fen&oacute;menos nuevos como las denominadas "violencias no negociables" o las violencias de la calle "que matan m&aacute;s que las del monte" (Comisi&oacute;n de Estudios sobre la Violencia, 1987: 18), la II comisi&oacute;n amarra nuevamente a lo largo de varias de sus p&aacute;ginas, una de las sentencias del libro cl&aacute;sico del 62, es decir, la violencia es un dispositivo inserto en el "alma nacional". </p>         <p>De todas formas, el trabajo de esta comisi&oacute;n se inscribe m&aacute;s dentro de un "diagn&oacute;stico del presente", a diferencia de la Comisi&oacute;n del 58 y del libro La Violencia en Colombia, que producen una "sociog&eacute;nesis de la guerra" y una "arqueolog&iacute;a del desangre". M&aacute;s que un diagn&oacute;stico regional sobre la violencia en el pa&iacute;s, cosa que si fue notoria en la primera comisi&oacute;n, el informe del 87 fue un "diagn&oacute;stico general de violencias m&uacute;ltiples"<a href="#n18" name="v18"><sup>18</sup></a> con conclusiones y recomendaciones parceladas en unos terrenos, que buscaron incidir sobre los programas de seguridad del gobierno de turno. Especialmente, en un periodo en el que hab&iacute;a una necesidad sentida de informes acad&eacute;micos, no solo anal&iacute;ticos sino tambi&eacute;n propositivos, que avalar&aacute;n decisiones gubernamentales en la destinaci&oacute;n de fondos sobre el tema. Con este trabajo, transitamos b&aacute;sicamente de una "sociolog&iacute;a de la Violencia" mezclada con una gran dosis de terap&eacute;utica social encaminada a la rehabilitaci&oacute;n y la pacificaci&oacute;n, como fue el sentido del trabajo del 58 y del libro La Violencia en Colombia, hacia una "sociolog&iacute;a de las violencias" con una apuesta pol&iacute;tica por una "pedagog&iacute;a de la democracia". Si para los comisionados del a&ntilde;o 58, lo esencial era la "pacificaci&oacute;n del territorio nacional y la rehabilitaci&oacute;n de los afectados" para los comisionados del 87, lo primordial ser&aacute; entonces "buscar los mecanismos para sustituir la cultura de la violencia por una cultura de la paz y la democracia" (Comisi&oacute;n de Estudios sobre la Violencia, 1987: 22). </p> 	         <p>Luego de estas dos grandes experiencias, se suceden durante los a&ntilde;os noventa, iniciativas con menores alcances pol&iacute;ticos y acad&eacute;micos, aunque igualmente significativas por el trabajo realizado, las ense&ntilde;anzas pol&iacute;ticas y sobre todo, la experiencia acometida en las regiones. Su principal impronta no ser&aacute; tanto la "historizaci&oacute;n de la violencia", su "diagn&oacute;stico global" o las "grandes arqueolog&iacute;as del desangre", sino m&aacute;s bien, la descripci&oacute;n de casos, los diagn&oacute;sticos locales, la denuncia de violaciones a los derechos humanos en comunidades sin voz, la construcci&oacute;n de condiciones para el di&aacute;logo con las guerrillas, el esclarecimiento de masacres o la denuncia de olvidos y silencios institucionales frente al terror propiciado por los actores armados o el mismo Estado. Aunque ya no son las enormes "correas transmisoras del pasado" o los grandes "veh&iacute;culos de ofertas de sentidos" sobre el presente o el futuro, como posiblemente lo fueron las dos comisiones anteriores, en ellas se descubre una necesidad tambi&eacute;n por revelar detalles sobre "ciertas parcelas de nuestra guerra", integrar "nuevas voces" institucionales y sociales que hablen sobre lo que ocurre en las regiones y generar acciones m&aacute;s localizadas para su tramitaci&oacute;n y gesti&oacute;n institucional. La labor de estas comisiones ser&aacute; tambi&eacute;n un campo de batalla entre los gobiernos y ciertos sectores sociales. Examinemos r&aacute;pidamente algunas de estas experiencias. </p> 	         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el a&ntilde;o 91 se crear&aacute; la Comisi&oacute;n de Superaci&oacute;n de la Violencia, en cumplimiento de los acuerdos de paz entre el gobierno de Cesar Gaviria, el Ej&eacute;rcito Popular de Liberaci&oacute;n (EPL) y el Movimiento Armado Quint&iacute;n Lame (MAQL). La Comisi&oacute;n se encarga por mandato de las Consejer&iacute;as de Paz y de Derechos Humanos. Su coordinador fue el soci&oacute;logo Alejandro Reyes y la integraron personalidades de reconocida trayectoria acad&eacute;mica y en el campo de los derechos humanos. Al igual que las dos comisiones anteriores tuvo una cobertura nacional y produjo el informe Pacificar la Paz: lo que no ha se ha negociado en los acuerdos de paz. Ahora bien, si a las dos comisiones anteriores les interes&oacute; "radiografiar la violencia", a esta comisi&oacute;n le interesan m&aacute;s las estrategias para consolidar el proceso de paz iniciado con la insurgencia en 1985, y as&iacute; generar condiciones para la reinserci&oacute;n. Resulta significativa esta iniciativa en tanto integra "voces" de diversos actores, m&aacute;s plurales a las dos comisiones anteriores, entre ellas las de excombatientes, Fuerzas Armadas, organismos de seguridad, autoridades civiles, funcionarios p&uacute;blicos, gremios, organizaciones campesinas, Ind&iacute;genas, representantes de ONGs y voceros de la Iglesia Cat&oacute;lica. Lamentablemente, sus conclusiones y recomendaciones en torno a la relaci&oacute;n entre violencia y paz, no ser&aacute;n acogidas por el gobierno de turno. Con dicha experiencia tambi&eacute;n se realizan diagn&oacute;sticos locales sobre la guerra, permitiendo la construcci&oacute;n de una especie de "atlas de la violencia" (S&aacute;nchez, 2009b). Adem&aacute;s, la experiencia permiti&oacute; avanzar en la construcci&oacute;n de una narrativa sobre los "derechos humanos" al punto de provocar la idea de recopilar y centralizar la informaci&oacute;n sobre la tem&aacute;tica en el pa&iacute;s. Uno de sus logros m&aacute;s importantes fue que contribuy&oacute; a ponderar la necesidad de los "di&aacute;logos regionales" para discutir la situaci&oacute;n de violencia en las comunidades (S&aacute;nchez, 2009b). </p>      	    <p>En ese mismo a&ntilde;o se nombra la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos de la Costa Atl&aacute;ntica (1991) por decreto presidencial 1078 de 1991, en cumplimiento de los acuerdos entre el gobierno y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). La comisi&oacute;n fue integrada por los gobernadores, procuradur&iacute;as, delegados de los personeros municipales, la Polic&iacute;a Nacional, las Fuerzas Militares, la Conferencia Episcopal y las organizaciones de derechos humanos. Fue una comisi&oacute;n de car&aacute;cter local, su radio de atenci&oacute;n fue la regi&oacute;n de Montes de Mar&iacute;a. Su trabajo se realiz&oacute; entre 1991 y 1992, suspendi&eacute;ndose actividades por carencia de apoyo institucional y  resurgimiento de violaciones a los derechos humanos. Las labores se reanudaron en 1994. Como parte del acervo de actividades desarrolladas estuvieron los programas, las campa&ntilde;as, los foros de sensibilizaci&oacute;n y los talleres sobre la situaci&oacute;n de derechos humanos. No se tuvo conocimiento de informe final, aunque s&iacute; realiz&oacute; diagn&oacute;sticos locales y tambi&eacute;n gener&oacute; espacios de participaci&oacute;n de las organizaciones sociales y las comunidades encaminados a la promoci&oacute;n y defensa de derechos humanos en la regi&oacute;n (Cfr. Villarraga, s.f).</p>             <p>Durante 1994 se crean dos comisiones m&aacute;s, ambas en el gobierno de Samper Pizano. La primera es la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos, por decreto presidencial 1533 de 1994, en el marco de las negociaciones con la Corriente de Renovaci&oacute;n Socialista (CRS). Participan de ella el Ministerio del Interior, el Consejero presidencial, oficiales de la Fuerza P&uacute;blica, la Procuradur&iacute;a, la Defensor&iacute;a del Pueblo, la Iglesia Cat&oacute;lica, la Cruz Roja Colombiana, ONGs,  delegados de la (CRS), el Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, la CUT, la Fundaci&oacute;n Progresar, Cedavida y la Corporaci&oacute;n Regi&oacute;n. Tuvo una cobertura Nacional y al parecer no gener&oacute; un informe final en el sentido estricto de la palabra. Su labor fue interrumpida por el mismo gobierno en 1995. En la coyuntura de esta comisi&oacute;n, existieron ciertos desacuerdos con organizaciones sociales por decretos que expidi&oacute; el gobierno de Samper Pizano, espec&iacute;ficamente los relacionados con la creaci&oacute;n de las "zonas de orden p&uacute;blico". Pese a que se trunc&oacute; el proceso, la experiencia permiti&oacute; construir un escenario para discutir  pol&iacute;ticas y propuestas en materia de libertades p&uacute;blicas, respeto a las normas del derecho internacional humanitario, reforma penal militar, acuerdos humanitarios y reforma agraria (Cfr. Villarraga, s.f). </p>             <p>La segunda experiencia que se constituy&oacute; ese a&ntilde;o, fue la Comisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n de los Sucesos Violentos de Trujillo (CISVT), por decreto presidencial 2771 de 1994. Esta iniciativa nace por las demandas de reconocimiento agenciadas por algunas organizaciones frente a lo que en la regi&oacute;n de Trujillo (Valle del Cauca) hab&iacute;a ocurrido a finales de los a&ntilde;os ochenta. Uno de los motores de su creaci&oacute;n fue la Comisi&oacute;n Intercongregacional Justicia y Paz (CIJP) que en el a&ntilde;o de 1992 hab&iacute;a investigado y documentado por su cuenta, entre 1988 y 1991, una serie de masacres que tuvieron como saldo 63 personas desaparecidas, mutiladas y asesinadas en la regi&oacute;n. A esto se sumar&aacute;n, las presiones y exigencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo ante el cual la CIJP, junto con AFAVIT - Asociaci&oacute;n de Familiares de V&iacute;ctimas de Trujillo, elev&oacute; el caso  ante la Corte. La CISVT sobre la base del testimonio de un "testigo presencial" llamado Daniel Arcila Cardona, que luego ser&iacute;a desaparecido y asesinado, llegar&aacute; a la conclusi&oacute;n, que entre el 29 de marzo y el 17 de abril de 1990, ocurrieron en la zona 34 asesinatos (Comisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n de los Sucesos Violentos de Trujillo, 1995), aunque dejar&aacute; abierta la posibilidad de reconocimiento futuro de las v&iacute;ctimas documentadas por el (CIJP). Esta comisi&oacute;n tuvo el aval de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y a diferencia de lo que hab&iacute;a hecho el CIJP llamando a los hechos de la zona como "masacre", tipificar&iacute;a lo ocurrido all&iacute;, desde un punto de vista jur&iacute;dico-penal, como los "hechos violentos de Trujillo". </p>             <p>Esta comisi&oacute;n resulta sugerente en varios sentidos. En primer lugar, emerge un reconocimiento del Estado colombiano sobre la participaci&oacute;n de agentes estatales en esos hechos. En segundo lugar, se introduce la figura del "testigo de excepci&oacute;n" como "narrador clave" que permite recuperar un pasado cruento y contribuir a los procesos de judicializaci&oacute;n posteriores de aquellos que participaron en los hechos. En tercer lugar, la forma de nombrar lo ocurrido en la zona y el universo de v&iacute;ctimas reconocidas por el Estado generar&aacute; una impugnaci&oacute;n inmediata de los hechos, cosa que no hab&iacute;a sucedido anteriormente en Colombia en otras comisiones. En cuarto lugar, esta experiencia, a diferencia de las otras anteriormente descritas, ayuda a fortalecer un espacio de "lucha memorial" que involucra a distintas organizaciones, las cuales activan y movilizan recursos para buscar reconocimiento expl&iacute;cito de lo que sucedi&oacute; en la zona y reivindicar as&iacute; las memorias de las v&iacute;ctimas no reconocidas por el Estado. Finalmente, este caso resultar&aacute; un antecedente importante para la tarea de reconstrucci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica que tendr&aacute; que emprender MH en esta zona<a href="#n19" name="v19"><sup>19</sup></a>.</p>      	    <p>Otra iniciativa local de esclarecimiento de hechos de violencia, tendr&aacute;  lugar en 1998. Conocida con el nombre de Comisi&oacute;n para la B&uacute;squeda de la Verdad en los Eventos de Barrancabermeja, fue nombrada por decreto presidencial 1015 de junio 4 de 1998. Su mandato se orient&oacute; a esclarecer hechos sobre la masacre de siete personas y la desaparici&oacute;n de 25 m&aacute;s en la ciudad de Barrancabermeja. Sus resultados se consignaron en un informe final clasificado y los cr&iacute;menes que se "esclarecieron" quedaron en impunidad (Echeverr&iacute;a, 2007). En ese mismo a&ntilde;o tambi&eacute;n se crean dos iniciativas nacionales conocidas con los nombres de Comisiones para Impulsar y acelerar las investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos. Su constituci&oacute;n se hizo por los decretos 2391 y 2429 de 1998 y su funci&oacute;n estuvo orientada a investigar violaciones a los derechos humanos. No hubo coordinaci&oacute;n entre los miembros de ambas comisiones y no se produjo informe final (Echeverr&iacute;a, 2007).</p>             <p>En 2005 ser&aacute; convocada la Comisi&oacute;n de la verdad de los hechos del Palacio de Justicia por iniciativa de la Corte Suprema de Justicia. Su mandato no fue propiciado por el ejecutivo, ni tampoco recibi&oacute; apoyo econ&oacute;mico o log&iacute;stico del mismo. Tuvo b&aacute;sicamente la asesor&iacute;a t&eacute;cnica y metodol&oacute;gica del Centro Internacional para la Justicia Transicional y el apoyo econ&oacute;mico de la Fundaci&oacute;n Ford y la Comisi&oacute;n Europea. El trabajo de los comisionados consisti&oacute; en investigar los hechos del Palacio ocurridos entre el 6 y 7 de noviembre de 1985 durante la toma guerrillera del grupo M-19 (Movimiento 19 de Abril). Esta comisi&oacute;n fue integrada por tres magistrados y no tuvo participaci&oacute;n directa de otros sectores de la sociedad. En su informe final se documenta la  muerte de m&aacute;s de 100 personas entre magistrados de las Altas Cortes del pa&iacute;s, servidores p&uacute;blicos, trabajadores, visitantes ocasionales, miembros de las fuerzas armadas y guerrilleros del M- 19. Un informe preliminar fue entregado en 2006 y uno final en 2009; en ambos se establecieron responsabilidades directas de miembros del grupo guerrillero, de las Fuerzas Armadas y del gobierno de Belisario Betancur. </p>      	    <p>La Comisi&oacute;n es significativa por varias cosas. De una parte, se recuperan y se condensan, tras veinte a&ntilde;os de "silencio oficial", una explicaci&oacute;n de los hechos acontecidos y una narrativa experiencial de lo ocurrido durante esos d&iacute;as, a partir de un acervo documental y testimonial significativo. A trav&eacute;s de m&aacute;s un centenar de entrevistas y reuniones con sobrevivientes, familiares de v&iacute;ctimas y personalidades pol&iacute;ticas, se develan  verdades ya conocidas pero no reconocidas por el gobierno de Betancur: por ejemplo, que hubo personas desaparecidas y torturadas (12 personas). De otra parte, la recuperaci&oacute;n de estos pasados se vale tambi&eacute;n de medios documentales como el v&iacute;deo, no s&oacute;lo de los testigos claves, que permitan aportar informaci&oacute;n directa y confiable de lo que sucedi&oacute; en la escena de los hechos, por ejemplo, de las personas que salieron vivas de Palacio y que luego de ser conducidas por el ej&eacute;rcito desaparecen. Adem&aacute;s, la construcci&oacute;n de esta memoria de los hechos del Palacio lleva consigo una forma intencionada de representar y legitimar los hechos ocurridos all&iacute; como un "holocausto", como un desangre sistem&aacute;tico, que a&uacute;n no acaba de pasar para los sobrevivientes y los familiares de las v&iacute;ctimas. Finalmente, &eacute;ste proceso imputa responsabilidades directas, tanto judiciales como morales, al gobierno de Belisario Betancur, a ciertos agentes militares (uno de los cuales ya fue condenado) y a algunos miembros del M-19, hoy desmovilizados e incorporados en la pol&iacute;tica. Una de las hip&oacute;tesis que teje el informe, y que sigue generando discusi&oacute;n por sus implicaciones pol&iacute;ticas, es la posible recepci&oacute;n por parte de miembros del M_&shy;&shy;19 de dineros provenientes del narcotr&aacute;fico (especialmente del narcotraficante Pablo Escobar) con la finalidad de hacer desaparecer los archivos de procesos de extradici&oacute;n.  Sin embargo, la imputaci&oacute;n m&aacute;s seria que hace esta Comisi&oacute;n es considerar que el objetivo del M_19 era "la realizaci&oacute;n de un juicio al Presidente de la Rep&uacute;blica por el incumplimiento de los acuerdos de tregua suscritos con el Gobierno Nacional en agosto de 1984, sumado a un golpe de opini&oacute;n nacional e internacional" (G&oacute;mez, Herrera y Pinilla, 2009.</p>             <p>Ahora bien, estas iniciativas no son s&oacute;lo una constante hist&oacute;rica en el pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n un recurso b&aacute;sico para el investigador que intente responder a la pregunta &iquest;c&oacute;mo se ha gestionado, interpretado y apropiado hist&oacute;rica, social y pol&iacute;ticamente el pasado, el presente y el futuro de nuestra naci&oacute;n? Alrededor de ella quiz&aacute; surjan otros interrogantes, por ejemplo &iquest;qu&eacute; se recuerda y qu&eacute; se olvida en el pa&iacute;s?, &iquest;cu&aacute;ndo se recuerda  y cu&aacute;ndo se olvida?, &iquest;qui&eacute;nes lo hacen, c&oacute;mo y para qu&eacute;? (Rodr&iacute;guez, 2008). Incluso, en cada una de estas preguntas se podr&iacute;an ponderar las tensas y din&aacute;micas relaciones que operan en el largo plazo, entre historia, memoria y guerra, sobre todo cuando algunos autores son del parecer que la caracter&iacute;stica de la violencia colombiana que termina convertida en los relatos y narraciones como una especie de "potencia an&oacute;nima", es la imposibilidad de producir una "historia global de lo ocurrido" y unas memorias m&aacute;s all&aacute; de lo "m&iacute;tico" (P&eacute;caut, 2003)<a href="#n20" name="v20"><sup>20</sup></a>. Pese a esa imposibilidad, estos escenarios institucionales, que a la larga tambi&eacute;n son "veh&iacute;culos de memoria y de la historia", revelan que es "posible" construir en medio de la guerra, parcelas de memoria e historia. Un estudio m&aacute;s detallado, que desborda las pretensiones de este art&iacute;culo, tendr&aacute; que acometer la tarea de evidenciar en qu&eacute; medida el pasado recuperado a trav&eacute;s de las comisiones, tuvo la funci&oacute;n de esclarecimiento de los hechos para saldar cuentas con unos actores o unos procesos pol&iacute;ticos; o hasta qu&eacute; punto estuvo presente la funci&oacute;n de denuncia pol&iacute;tica o resistencia en relaci&oacute;n con aquello que debi&oacute; ser protegido ante el peligro de desvanecerse, ocultarse o clausurarse por razones e intencionalidades pol&iacute;ticas; o qu&eacute; tanto existi&oacute; desde ellas, la pretensi&oacute;n de situar, en la memoria p&uacute;blica de la naci&oacute;n, un debate duradero sobre nuestro pasado de violencias. Por ahora, en lo que sigue del art&iacute;culo,  trataremos de evidenciar los alcances y significados de una experiencia reciente y singular, respecto a las descritas antes; tal vez, podamos encontrar en ella, en su artesan&iacute;a y retos, respuestas m&aacute;s amplias y finas a algunas de estas inquietudes formuladas. </p>          <p><font size="3"><b>2. La experiencia de Memoria Hist&oacute;rica</b></font></p>      	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Justicia y Paz es el "laboratorio" gubernamental que pretende liderar y ejecutar las pol&iacute;ticas de tramitaci&oacute;n y gesti&oacute;n de un pasado de violencia que abarca, seg&uacute;n la definici&oacute;n oficial, desde 1964 (surgimiento de la insurgencia moderna) hasta 2005 (inicio de la Ley de Justicia y Paz). De entrada, estamos frente a una experiencia y coyuntura pol&iacute;tica singular, respecto a las descritas antes. Por ejemplo, con &eacute;ste proceso, adquieren relevancia y visibilidad las v&iacute;ctimas<a href="#n21" name="v21"><sup>21</sup></a>, al punto de sugerirse que en el marco de &eacute;sta iniciativa, el pa&iacute;s atraviesa por una "nueva  sensibilidad y una obligaci&oacute;n social y &eacute;tica con ellas" (S&aacute;nchez, 2009c). De otra parte, a contrav&iacute;a del reconocimiento  que en su momento hicieron los gobiernos de Lleras Camargo y Virgilio Barco de la magnitud de la guerra y el desangre, con las comisiones que ellos nombraron, el pa&iacute;s estuvo por ocho a&ntilde;os frente a un gobierno que a la par que promovi&oacute; el marco jur&iacute;dico y pol&iacute;tico de Justicia y Paz, insisti&oacute; en el discurso y en la pr&aacute;ctica en la negaci&oacute;n de la existencia del conflicto armado. Con enormes contradicciones a cuestas, Justicia y Paz avanz&oacute; con el relato oficial explicativo de la "amenaza terrorista", pero tambi&eacute;n con la justificaci&oacute;n de la negociaci&oacute;n con unos actores y la exclusi&oacute;n del di&aacute;logo con otros, y, sobre todo, con el imaginario de un Estado libre de responsabilidades directas frente a la guerra<a href="#n22" name="v22"><sup>22</sup></a>. </p>      	    <p>En este escenario, emergen tambi&eacute;n unos "discursos transicionales caseros" articulados a una "nueva consciencia humanitaria global" (Reyes Mate, 2008). En nuestro caso, estos discursos emanan de unos agentes gubernamentales y de los actores desmovilizados en el proceso, que amparados en Justicia y Paz, reclaman de manera pragm&aacute;tica y sospechosa, m&aacute;s reconciliaci&oacute;n que justicia y en algunos casos, m&aacute;s "derecho a olvidar" que "deber de recordar". De otra parte, aparecen por doquier y cada vez con m&aacute;s fuerza pol&iacute;tica "narrativas humanitarias" que, propiciadas por organizaciones de v&iacute;ctimas y colectivos de derechos humanos,  demandan con urgencia pol&iacute;ticas de memoria frente a las pol&iacute;ticas de olvido del sistema colombiano. Por si fuera poco, comienzan a construirse o a ser m&aacute;s visibles, desde diversos &aacute;ngulos, innumerables "relatos del conflicto", ya no s&oacute;lo narrativas oficiales condensadas en informes de gobierno, sino repertorios y tecnolog&iacute;as plurales y performativas sobre el pasado (Uribe, 2009)<a href="#n23" name="v23"><sup>23</sup></a>. A esto se a&ntilde;ade la activaci&oacute;n de unos "mercados de memoria" y unas "luchas memoriales" que colocan en escena las tensiones entre sectores hegem&oacute;nicos y subalternos, por la representaci&oacute;n del pasado, la descripci&oacute;n del presente y la construcci&oacute;n del futuro de la naci&oacute;n. </p>             <p>Ahora bien, dos motores institucionales que sobresalen aqu&iacute;, precisamente porque nunca antes se hab&iacute;an constituido con las comisiones mencionadas, o al menos no en la magnitud y con los mandatos con los que cuentan ahora, son la Comisi&oacute;n Nacional de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n (CNRR) y el &Aacute;rea de Memoria Hist&oacute;rica (MH). La primera, creada por la ley 975, tiene a su cargo durante ocho a&ntilde;os, funciones extremadamente ambiciosas que realizar en una misma coyuntura pol&iacute;tica, por ejemplo, acompa&ntilde;ar los procesos de desmovilizaci&oacute;n de actores armados ilegales, facilitar la reincorporaci&oacute;n de los mismos, atender de manera integral a las v&iacute;ctimas, ejecutar pol&iacute;ticas de justicia y verdad, y generar mecanismos de reparaci&oacute;n simb&oacute;lico-material para ellas. Es de conocimiento p&uacute;blico que el actual dise&ntilde;o institucional de la CNRR, impide que se convierta pronto en una Comisi&oacute;n de la Verdad como tal<a href="#n24" name="v24"><sup>24</sup></a>, con un mandato aut&oacute;nomo y con m&aacute;s efectividad en sus procedimientos de justicia y verdad. Muchos de sus cr&iacute;ticos, la consideran un escenario profundamente ambiguo y dependiente de sus pol&iacute;ticas y decisiones, lo que bloquea sus resultados y pretensiones. Para otros, resulta ser un organismo cuyas acciones operativas en las regiones han terminado desdibujadas y siendo poco eficaces en materia de justicia transicional (Corporaci&oacute;n Viva la Ciudadan&iacute;a, 2008)<a href="#n25" name="v25"><sup>25</sup></a>. </p>             <p>Por su parte, Memoria Hist&oacute;rica<a href="#n26" name="v26"><sup>26</sup></a> lidera por mandato de la CNRR, la "reconstrucci&oacute;n global" del origen y evoluci&oacute;n del conflicto armado interno en los &uacute;ltimos 45 a&ntilde;os; en particular, la memoria de todos aquellos hechos derivados de los actos cometidos por los grupos armados ilegales, tal y como los define el marco jur&iacute;dico de Justicia y Paz<a href="#n27" name="v27"><sup>27</sup></a>. Aunque MH ha buscado mantener cierta autonom&iacute;a acad&eacute;mica, metodol&oacute;gica y operativa de su trabajo respecto de la CNRR, ganando hasta ahora un importante terreno al respecto, lo cierto es que su equipo de investigaci&oacute;n tiene que trabajar, sorteando disputas, tensiones y controversias con sectores acad&eacute;micos, pol&iacute;ticos, organizativos y comunitarios en el pa&iacute;s. Los dos primeros cuestionan la "supuesta" autonom&iacute;a del equipo, as&iacute; como sus estrategias metodol&oacute;gicas y sus intencionalidades pol&iacute;ticas en el levantamiento de la memoria<a href="#n28" name="v28"><sup>28</sup></a>. Los dos &uacute;ltimos sectores, entre los cuales se cuentan las organizaciones de v&iacute;ctimas, los familiares y los sobrevivientes, han exigido a MH "negociar" su entrada, aceptaci&oacute;n, permanencia y continuidad en las zonas donde recabaron informaci&oacute;n para los casos emblem&aacute;ticos o lideraron iniciativas de memoria. Esta negociaci&oacute;n se extiende, tambi&eacute;n a la concertaci&oacute;n de aspectos decisivos que deben contener los informes, la participaci&oacute;n de las comunidades en ellos y las estrategias de divulgaci&oacute;n<a href="#n29" name="v29"><sup>29</sup></a>. </p>      	    <p>La experiencia condensada hasta ahora por MH es decisiva, sin lugar a dudas, para responder &iquest;c&oacute;mo se est&aacute; avanzando en el pa&iacute;s en la construcci&oacute;n de relatos literales e hist&oacute;ricos sobre el terror?, &iquest;c&oacute;mo se  profundiza en el levantamiento de "memorias ejemplares" en contextos de masacre? y, &iquest;c&oacute;mo se colocan en escena unas "pol&iacute;ticas de memoria"? Este &uacute;ltimo aspecto, no contemplado en el art&iacute;culo, ayudar&iacute;a a reconocer que una comisi&oacute;n como &eacute;sta es un "marco de poder representacional"<a href="#n30" name="v30"><sup>30</sup></a> a trav&eacute;s del cual, diversos actores, producen y recrean unas ofertas de significado din&aacute;micas y tensas sobre el pasado y el futuro nacionales. &Eacute;ste marco, termina articul&aacute;ndose a unos usos y a unas resignificaciones culturales. A continuaci&oacute;n, revisaremos con m&aacute;s detalle, algunas de las l&oacute;gicas de trabajo de MH, las dimensiones involucradas en la experiencia y los alcances de su iniciativa, especialmente con los "informes emblem&aacute;ticos" que han publicado. </p> 	         <p>MH es un equipo de trabajo con "acumulados acad&eacute;micos" en la labor de la reconstrucci&oacute;n de la memoria del conflicto. Respecto a las otras iniciativas analizadas arriba, por ejemplo la comisi&oacute;n del 87, encontramos m&aacute;s pluralidad acad&eacute;mica y biogr&aacute;fica en su composici&oacute;n, aunque tambi&eacute;n existen investigadores que se han reciclado de anteriores procesos. Tal es el caso de su actual coordinador, Gonzalo S&aacute;nchez y de &Aacute;lvaro Camacho, coordinador del primer informe emblem&aacute;tico Trujillo: una Tragedia que no cesa; ambos integraron la comisi&oacute;n del 87. Alrededor de ellos, se observa la emergencia de investigadores noveles, que est&aacute;n contribuyendo en la elaboraci&oacute;n de otros informes y, posiblemente, en la consolidaci&oacute;n de "nuevas agendas" de investigaci&oacute;n en los estudios sobre violencia en el pa&iacute;s<a href="#n31" name="v31"><sup>31</sup></a>. Pero es tambi&eacute;n un equipo con una "heterogeneidad en las lecturas del conflicto". Sus trayectorias acad&eacute;micas, sus pasados y presentes pol&iacute;ticos permiten entender que entre sus integrantes existan diferencias conceptuales, quiebres anal&iacute;ticos y posturas de pa&iacute;s diversas, a pesar de participar de una misma experiencia. No deber&iacute;a pasarse por alto y tan a la ligera este peque&ntilde;o indicador de "heterogeneidad" que puede permitirnos entender que MH no es exclusivamente un grupo "compacto" de intelectuales funcionales al establecimiento o "cooptados por el sistema", o un conjunto de "expertos" encapsulados, donde todos al "un&iacute;sono", se encuentran subordinados en sus razones acad&eacute;micas y pol&iacute;ticas a los designios estatales.<a href="#n32" name="v32"><sup>32</sup></a> </p>      	    <p>De otra parte, la metodolog&iacute;a utilizada para la reconstrucci&oacute;n y recuperaci&oacute;n del pasado es singular respecto de otras iniciativas arriba consideradas. La experiencia del 58 utiliz&oacute; t&eacute;cnicas cl&aacute;sicas como el testimonio y la triangulaci&oacute;n de informaci&oacute;n con archivos y fuentes oficiales. La del 87 se vali&oacute; de fuentes oficiales, estad&iacute;sticas incipientes e informaci&oacute;n suministrada por memorandos solicitados intencionalmente a actores claves. Esta nueva experiencia, si bien hace uso de varias de estas t&eacute;cnicas, dise&ntilde;&oacute; un marco y una ruta metodol&oacute;gica de m&aacute;s largo alcance, cuyo pivote b&aacute;sico, no el &uacute;nico, son los denominados "casos emblem&aacute;ticos", capaces "de ilustrar procesos y tendencias de la violencia" entre 1964 y 2005. Con &eacute;ste marco metodol&oacute;gico se persiguen al menos dos cosas. De una parte, explicar las causalidades de la violencia y los discursos y representaciones de las v&iacute;ctimas y los perpetradores. De otra parte, recoger e integrar "memorias aisladas" sobre los hechos sucedidos, las cuales al final se articular&aacute;n a un "relato global interpretativo" bajo la figura de "memorias emblem&aacute;ticas", que condensan informes parciales sobre lo acontecido. Los casos emblem&aacute;ticos, ser&iacute;an en esencia, "lugares de condensaci&oacute;n" de contextos, procesos y subjetividades, que permitir&iacute;an integrar un conocimiento de la guerra, una descripci&oacute;n de los escenarios sociopol&iacute;ticos de las masacres y la integraci&oacute;n de relatos y trayectorias personales, sociales y pol&iacute;ticas de las v&iacute;ctimas (CNRR-Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2009a; 2009c).</p>      	    <p>Adem&aacute;s, en la escogencia de estos casos, se estar&iacute;an ponderando criterios que van desde el "grado de sistematicidad, voracidad y dolor" de ciertos eventos hist&oacute;ricos que han sido significativos en el pa&iacute;s, por ejemplo las masacres, hasta la "voz autorizada" de los especialistas que conocen las zonas; tambi&eacute;n estar&iacute;an, las demandas sociales de las v&iacute;ctimas, o las condenas emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Esto &uacute;ltimo, ser&iacute;a evidente en la selecci&oacute;n de los casos de la Rochela y Trujillo. De todas formas, esta metodolog&iacute;a acarrea algunas cr&iacute;ticas al grupo, especialmente porque se considera que en su af&aacute;n de ser "pol&iacute;ticamente correcto" con el proceso de Justicia y Paz, dej&oacute; afuera una amplia cantidad de casos, teniendo en cuenta el gran espectro de situaciones y sujetos dignos de ser estudiadas. Frente al tema, Gonzalo S&aacute;nchez<a href="#n33" name="v33"><sup>33</sup></a> ha sido enf&aacute;tico al afirmar que "una experiencia tan limitada en tiempo y recursos para abordar todo lo que la guerra tan prolongada de nuestro pa&iacute;s demanda, seleccionar m&aacute;s casos ser&iacute;a sencillamente un "imposible emp&iacute;rico". De todas formas, ello estar&iacute;a revelando que la iniciativa de memoria emprendida por &eacute;ste grupo, se mueve en un terreno enormemente disputado y controvertido (aspecto a todas luces saludable para el proceso y la naci&oacute;n) por diversos sectores sociales, especialmente por organizaciones de v&iacute;ctimas.</p>             <p>Ahora bien, metodol&oacute;gica y pol&iacute;ticamente el equipo de trabajo se enfrenta a una tarea que resulta problem&aacute;tica por el per&iacute;odo de tiempo tan heterog&eacute;neo y nada f&aacute;cil de negociar en el proceso de reconstrucci&oacute;n de la memoria. Mientras en Argentina y Guatemala, s&oacute;lo por colocar dos ejemplos, el asunto fue zanjado por las comisiones all&iacute; creadas, dado que se ten&iacute;an cortes epocales m&aacute;s o menos claros sobre cuando hab&iacute;a comenzado la dictadura o la guerra civil, en nuestro pa&iacute;s el asunto es a otro precio (Cfr. Jaramillo, 2009). El per&iacute;odo que se pretende reconstruir va desde 1964, momento en el que surgen las FARC como movimiento insurgente, hasta 2005, cuando se inicia el proceso de Justicia y Paz. Sin embargo, en esos 46 a&ntilde;os, hay distintos momentos emblem&aacute;ticos del desangre, hay quiebres de &eacute;poca que no son contemplados por ahora en los casos escogidos; por fuera de esos a&ntilde;os tambi&eacute;n hay momentos ejemplares que no han sido considerados. Quiz&aacute; sea importante recordar lo que ha dicho su coordinador al respecto y es que "la temporalidad es la primera batalla de la memoria en Colombia" (Cfr. S&aacute;nchez, 2007). En ese sentido, el tema tiene fuertes implicaciones pol&iacute;ticas desde el &aacute;ngulo que se vea. Alargar y acortar &eacute;sta temporalidad, tiene efectos en la narraci&oacute;n de los hechos, en el universo de v&iacute;ctimas a considerar en los procesos de reparaci&oacute;n, en los alcances de la justicia con los victimarios y en el esclarecimiento de la verdad futura para la naci&oacute;n. En todo caso, es un enorme reto para el equipo establecer en el "relato global" que condense todo el acumulado de casos emblem&aacute;ticos y tem&aacute;ticos<a href="#n34" name="v34"><sup>34</sup></a>, una justificaci&oacute;n amplia y argumentada sobre esta cronologizaci&oacute;n. </p>      	    <p>Por su parte, los informes emblem&aacute;ticos producidos hasta ahora<a href="#n35" name="v35"><sup>35</sup></a> tampoco son un salto al vac&iacute;o en la memoria de la guerra de este pa&iacute;s. Ambos recogen y sintetizan material de discusi&oacute;n que ya se conoc&iacute;a por otras comisiones (como en el caso de Trujillo, Valle) o que se obtuvieron en otras instancias de investigaci&oacute;n (por ejemplo, en El Salado), pero que resultan reveladores por las informaciones in&eacute;ditas que contienen de las v&iacute;ctimas, por la incorporaci&oacute;n de testimonios de los victimarios, por los archivos oficiales consignados (por ejemplo, los expedientes penales) y porque adem&aacute;s revelan c&oacute;mo se invisibilizaron institucionalmente o por parte de los actores armados, las masacres, o se marginalizaron las memorias de las v&iacute;ctimas en los medios de comunicaci&oacute;n o en las agendas pol&iacute;ticas. Al igual que el informe Guatemala: memoria del Silencio (CEH, 1999) s&oacute;lo por traer a la memoria uno de los informes cl&aacute;sicos, estos dos "archivos del dolor"<a href="#n36" name="v36"><sup>36</sup></a> que son Trujillo y El Salado, no se limitan a ser exposiciones oficiales sobre los hechos de crueldad ocurridos en esas zonas, revelan en la escena p&uacute;blica, la magnitud de la "ingenier&iacute;a del terror", el "espect&aacute;culo de horror"  y "la etnograf&iacute;a del dolor" (CNRR &- Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2008; 2009a).</p>      	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, el informe, Trujillo: una tragedia que no cesa (CNRR &- Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2008) avanza, tal y como lo hab&iacute;an exigido hist&oacute;ricamente las organizaciones de v&iacute;ctimas, en el reconocimiento oficial de que en esa zona y en los municipios aleda&ntilde;os (Bol&iacute;var y Riofr&iacute;o) lo ocurrido entre 1986 y 1994 fue resultado de una serie de "masacres" sistem&aacute;ticas, en las que murieron 342 mujeres y hombres entre 25 y 29 a&ntilde;os, en su mayor&iacute;a campesinos, l&iacute;deres pol&iacute;ticos y religiosos. Estas personas fueron torturadas y luego ser&iacute;an asesinadas, mediante un proceso de eliminaci&oacute;n "contrainsurgente" liderado por paramilitares, narcotraficantes y agentes estatales. Por su parte, el informe La Masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra, condensa e integra eventos de violencia masiva perpetrados por los paramilitares en la regi&oacute;n de Montes de Mar&iacute;a entre 1999 y 2001, los cuales se "materializaron en 42 masacres que dejaron 354 v&iacute;ctimas fatales" (CNRR-Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2009a). La investigaci&oacute;n que adelant&oacute; MH en este caso, se concentr&oacute; en particular, en la "masacre" perpetrada por 450  paramilitares, entre el 16 y el 21 de febrero de 2000, en el corregimiento de El Salado del municipio de El Carmen de Bol&iacute;var<a href="#n37" name="v37"><sup>37</sup></a>. El saldo de la misma fueron 60 v&iacute;ctimas, en su mayor&iacute;a trabajadores rurales. Entre las v&iacute;ctimas torturadas y posteriormente asesinadas, estaban 52 hombres y 8 mujeres, y entre ellas hab&iacute;a menores, j&oacute;venes, adultos j&oacute;venes y adultos mayores. El informe registra tambi&eacute;n varias sobrevivientes de violencia sexual, de tortura f&iacute;sica y psicol&oacute;gica, as&iacute; como v&iacute;ctimas de da&ntilde;o en bien ajeno y un n&uacute;mero considerable de v&iacute;ctimas de desplazamiento forzado<a href="#n38" name="v38"><sup>38</sup></a> (CNRR &- Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2009a).</p>      	    <p>En todos ellos, MH coloca de presente una relaci&oacute;n con el pasado de las v&iacute;ctimas, bajo una especie de "imperativo moral del recuerdo" (De Gamboa, 2005:315). Imperativo que conlleva romper el silencio institucional al cual fueron abocadas las comunidades donde se experimentaron las masacres. All&iacute;, la memoria hist&oacute;rica aparece como una "estrategia para vencer el silencio y la rutinizaci&oacute;n"; claro est&aacute;, no es la &uacute;nica, las comunidades tambi&eacute;n construyen otras formas y tienen repertorios diversos<a href="#n39" name="v39"><sup>39</sup></a>. De todas formas, el trabajo de memoria del grupo, ha permitido evidenciar, en la escena p&uacute;blica, que en dichas comunidades existen un conjunto de procesos, pr&aacute;cticas, subjetividades y narrativas ligadas al  dolor, al estigma, a la necesidad de superarlo y a la resistencia al olvido. Lo interesante aqu&iacute; es que aunque el informe es un dep&oacute;sito de narrativas "subjetivas", tambi&eacute;n funciona como dispositivo de historizaci&oacute;n de los relatos, de los producidos por las v&iacute;ctimas, los victimarios, los agentes estatales, los sistemas de justicia. Su historizaci&oacute;n permite evitar ambig&uuml;edades o falta de coherencia en los relatos, pero tambi&eacute;n favorece que las formas de narrar, de olvidar y de silenciar, se conviertan en objeto de an&aacute;lisis para el investigador social. Es posible, adem&aacute;s, considerar a estos informes como espacios de lucha  y legitimaci&oacute;n. En relaci&oacute;n con lo primero, la memoria que ellos contienen nunca es neutral (Jelin, 2002). En cuanto a lo segundo, terminan por "legitimar simb&oacute;licamente las voces y demandas de las v&iacute;ctimas", contribuyendo a la "socializaci&oacute;n del dolor  y a la transmutaci&oacute;n en realidad p&uacute;blica de aquello que es, en primera instancia, privado e incomunicable" (Re&aacute;tegui, 2009: 29). </p>             <p>Los informes producidos facilitan tambi&eacute;n una descripci&oacute;n densa de testimonios y escenas, revelando la necesidad de nombrar "literalmente" el dolor producido. Por ejemplo, dar cuenta que lo ocurrido en Trujillo y El Salado no correspondi&oacute; solamente a "hechos violentos" o "excesos" de los grupos armados ilegales o del Estado, sino que all&iacute; ocurrieron "masacres", "fiestas de sangre" y "derroches de violencia". Admitir que en esos lugares, existi&oacute; participaci&oacute;n directa o indirecta y con nombres espec&iacute;ficos, de miembros de grupos paramilitares, de narcotraficantes y del personal de la fuerza p&uacute;blica colombiana<a href="#n40" name="v40"><sup>40</sup></a> Tambi&eacute;n ha sido importante evidenciar que algunos de los perpetradores de dichas masacres fueron especialistas y profesionales en su oficio. Que tanto en espacios privados como p&uacute;blicos, por ejemplo una "finca"<a href="#n41" name="v41"><sup>41</sup></a> o una "cancha de futbol", a la vista de todos y con el ruido de los equipos de sonido, se aprendieron a legitimar herramientas de tortura y muerte como la "motosierra", o t&eacute;cnicas como el descuartizamiento o los "empalamientos" de cuerpos de mujeres. A esto se agrega la revelaci&oacute;n de las rutas de sangre que en algunos casos se fueron tejiendo durante varios d&iacute;as, como en El Salado, o durante varios a&ntilde;os, como en el caso de Trujillo, sin que las autoridades y los medios de comunicaci&oacute;n hayan evidenciado su verdadera magnitud o contribuido a su freno. </p>      	    <p>Estos informes expresan tambi&eacute;n las diversas maneras c&oacute;mo se pluralizan, se cruzan, se enfrentan y se superponen las distintas memorias y las voces frente  a un mismo acontecimiento. Siguiendo a Jelin (2006) dir&iacute;amos que lo que opera aqu&iacute; es una permanente lucha por la legitimidad de la palabra. En el caso de estos dos informes, MH lo que hace es evidenciar las m&uacute;ltiples interpretaciones de los hechos y las diversas memorias de los actores. Por ejemplo, las "memorias de resistencia y denuncia" de organizaciones como AFAVIT para el caso de Trujillo, o las "identitarias" y "performativas" sostenidas tanto por los sobrevivientes como por las Mujeres Unidas de El Salado. En este espacio tambi&eacute;n caben las "memorias victimizadoras", las de los paramilitares, que como en el caso de El Salado, pretendieron legitimar una versi&oacute;n particular de los hechos, afirmando que lo ocurrido all&iacute; fue parte de un "operativo militar", de "un combate" normal entre grupos armados, o de una "pr&aacute;ctica efectiva y selectiva" de eliminaci&oacute;n de guerrilleros. Las memorias de los "medios de comunicaci&oacute;n" que hicieron eco de las visiones de los perpetradores; o las memorias del ej&eacute;rcito colombiano que pretendieron posicionar inicialmente la narrativa neutral de los combates. </p>      	    <p>Finalmente, un aspecto central de este trabajo de MH que hemos tratado de describir parcialmente en este art&iacute;culo, es que abre una transici&oacute;n desde la descripci&oacute;n de un pasado literal hacia unas memorias ejemplares contra el olvido, hacia unos espacios pedag&oacute;gicos y p&uacute;blicos de tramitaci&oacute;n de lo ocurrido. Con ello se busca dignificar a la v&iacute;ctima, ayudar a la remoci&oacute;n del estigma que pesa sobre ella. Pero tambi&eacute;n se persigue la responsabilizaci&oacute;n hist&oacute;rica del Estado, el establecimiento de responsabilidades judiciales para los victimarios y la recuperaci&oacute;n moral del sobreviviente y de sus familiares frente al silencio al que fueron condenados. Es decir, sin negar la "singularidad" de la experiencia de la masacre, MH intenta transformar la evidencia de ella, en una demanda generalizada y p&uacute;blica, "donde el dolor causado por el recuerdo es superado para que no invada la vida, &#91;extrayendo&#93; lecciones para que el pasado se convierta en principio de acci&oacute;n para el presente y el futuro" (Jelin, 2006: 23). De todas formas somos conscientes que la novedad del proceso, impide a&uacute;n identificar con claridad qu&eacute; tanto los sobrevivientes est&aacute;n convirtiendo estas "etnograf&iacute;as del dolor"  en "memorias ciudadanas". Lo que si sabemos al d&iacute;a de hoy es que est&aacute;n emergiendo o consolid&aacute;ndose unos "mantenedores y motores" de la resistencia y  la denuncia (Cfr. Jelin, 2006; Allier, 2009). En los casos de Trujillo y El Salado son una expresi&oacute;n de ello, las mujeres y los j&oacute;venes. Tambi&eacute;n se est&aacute;n consolidando procesos organizativos locales, y las comunidades est&aacute;n movilizando sus demandas de justicia y verdad a nivel local  e internacional, a partir de los mismos informes.</p>          <p><font size="3"><b>Consideraciones finales</b></font></p>          <p>1. 	En Colombia, por lo que hemos presentado y discutido, existe una constante hist&oacute;rica y es "ceder" en medio del desangre y el terror, unos espacios institucionales de "tregua" para explicar la violencia, narrar el dolor y luchar contra el olvido. Mientras otros pa&iacute;ses han requerido del posconflicto para recuperar su memoria y hacer historia de la represi&oacute;n y el conflicto, nosotros lo hemos hecho hasta ahora, desde nuestra "guerra sin transici&oacute;n". La pregunta obligada aqu&iacute; ser&aacute;, &iquest;qu&eacute; pasar&aacute; con la memoria y la historia de nuestra guerra, en el momento que ocurra realmente una transici&oacute;n?</p>       <p>2. 	Las iniciativas aqu&iacute; abordadas si bien operan como dispositivos sociales y pol&iacute;ticos de administraci&oacute;n y tramitaci&oacute;n de lo ocurrido, su particularidad es que hacen inteligible el terror y el dolor, a trav&eacute;s de una serie de lenguajes, escrituras y pr&aacute;cticas nominativas. Con ellas, los gobiernos y otros sectores sociales, perfilan y calibran una mirada sobre la guerra, realizan un recorte explicativo e interpretativo sobre lo sucedido e instauran o subvierten lecturas emblem&aacute;ticas sobre los pasados.</p>       <p>3. 	Parece tambi&eacute;n que estas iniciativas no son s&oacute;lo escenarios para administrar el relato de lo que aconteci&oacute;, sino escenarios de disputa y tensi&oacute;n pol&iacute;tica sobre lo que ocurri&oacute;, se narr&oacute; y se divulg&oacute;. El car&aacute;cter de la disputa se relaciona tambi&eacute;n con las coyunturas cr&iacute;ticas donde se llevaron a cabo y las apuestas pol&iacute;ticas de ciertos sectores. Hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, el gobierno de Lleras Camargo apost&oacute; a la pacificaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n a trav&eacute;s de la Comisi&oacute;n, pero las &eacute;lites conservadores y la Iglesia disputaron el trabajo de la Comisi&oacute;n y lo consignado en el Libro la Violencia, por considerar que no era momento de historizar la violencia, abrir las heridas y juzgar lo acontecido. Hoy, ciertas organizaciones de v&iacute;ctimas y sectores acad&eacute;micos, disputan con MH la tarea de reconstrucci&oacute;n y recuperaci&oacute;n del pasado, problematizan los dispositivos metodol&oacute;gicos y las apuestas &eacute;tico-pol&iacute;ticas del grupo en el marco de un proceso enrevesado como Justicia y Paz. Pero tambi&eacute;n otros sectores, entre los que me incluyo, consideran que hay una apuesta potente en esta experiencia, que est&aacute; posibilitando "rutas" significativas para luchar contra el olvido y favorecer procesos de reparaci&oacute;n y de justicia. </p>       <p>4. 	Finalmente, no debe olvid&aacute;rsenos que los informes y las comisiones experimentan ciclos y formas de apropiaci&oacute;n y resignificaci&oacute;n muy variables con el tiempo. Al principio son aplaudidos, confrontados, y posiblemente apropiados hist&oacute;ricamente; luego de un tiempo, son relegados a los anaqueles institucionales o al olvido de los pol&iacute;ticos y de las acciones gubernamentales, para m&aacute;s adelante ser reabiertos por los investigadores, las v&iacute;ctimas y los colectivos sociales como herramientas acad&eacute;micas, jur&iacute;dicas o de resistencia. Ninguna de estas experiencias descritas aqu&iacute;, puede escapar a ese designio. </p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b><i>Citas de pie de p&aacute;gina</i></b></font></p>        <p><a href="#v2" name="n2">2</a> Por ejemplo, Argentina, Chile, Guatemala, Irlanda del Norte, Per&uacute;, Sud&aacute;frica, Uruguay, entre otros. </p>         <p><a href="#v3" name="n3">3</a> Es bien reconocido, que los aspectos "m&aacute;s fr&aacute;giles" de la iniciativa, conciernen a la efectiva desmovilizaci&oacute;n de las estructuras paramilitares y, especialmente, al dise&ntilde;o y aplicaci&oacute;n de ciertas pol&iacute;ticas de justicia, verdad y reparaci&oacute;n. Balances al respecto, desde diversos &aacute;ngulos cr&iacute;ticos, anal&iacute;ticos y con distintas valoraciones pol&iacute;ticas, se pueden encontrar en (Orozco, 2009; Pizarro, 2010; Rangel, 2009; D&iacute;az, S&aacute;nchez y Uprimny, 2009).</p>         <p><a href="#v4" name="n4">4</a> Hablamos de "subcomisi&oacute;n" porque Memoria Hist&oacute;rica es un &aacute;rea de trabajo dentro de una gran comisi&oacute;n que es la CNRR, que integra otras subcomisiones de trabajo y con ellas funciones de todo tipo, por ejemplo: la reparaci&oacute;n y atenci&oacute;n a v&iacute;ctimas, la reconciliaci&oacute;n, la desmovilizaci&oacute;n, el desarme y la reinserci&oacute;n de los grupos armados ilegales, la atenci&oacute;n a la problem&aacute;tica de g&eacute;nero y a poblaciones espec&iacute;ficas.</p>         <p><a href="#v5" name="n5">5</a> Retomo aqu&iacute; las nociones de "memoria literal" y "memoria ejemplar" de Todorov (2000). </p>         <p><a href="#v6" name="n6">6</a> &Eacute;ste n&uacute;mero es producto de la investigaci&oacute;n realizada por el autor y no est&aacute; exento de ser ampliado posteriormente. No se tuvieron en cuenta, por ejemplo, comisiones locales creadas en los noventa en Urab&aacute;, Apartad&oacute; y Meta, las cuales surgieron como iniciativas m&aacute;s sociales que institucionales (Villarraga, s.f).  Tampoco se tuvo en cuenta el Tribunal Permanente de los Pueblos que funcion&oacute; en el pa&iacute;s en 1989 (Cfr. Echeverr&iacute;a, 2007). Para ampliar la discusi&oacute;n sobre las comisiones se recomiendan los trabajos de Springer (2002) y Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n (2008).</p>         <p><a href="#v7" name="n7">7</a> Priscilla Hayner (2008) sintetiza en cinco las condiciones &- tipo para las comisiones de la verdad: 1. Clarificaci&oacute;n y reconocimiento de  la verdad; 2. Privilegio de las necesidades e intereses de las v&iacute;ctimas; 3. Contribuci&oacute;n  a la justicia y al rendimiento de cuentas; 4. Esbozo de la responsabilidad institucional y recomendaci&oacute;n de  nuevas reformas; 5. Fomento de la reconciliaci&oacute;n y reducir de tensiones. En la historia nacional la gran mayor&iacute;a de las comisiones, como se podr&aacute; observar, re&uacute;nen uno o varios de estos criterios pero no todos en su conjunto; quiz&aacute; algunas de ellas probablemente puedan ser asimiladas a modalidades de "comisiones extrajudiciales" dado que comparten y siguen algunos par&aacute;metros de las denominadas comisiones de la verdad, sin serlo realmente. Para ampliar la discusi&oacute;n consultar Ceballos (2009) y Grandin (2005). </p>         <p><a href="#v8" name="n8">8</a> Este es un tema no agotado en la discusi&oacute;n. Unos autores son del parecer que s&iacute; hay horizontes transicionales hacia el postconflicto  (Cfr. Pizarro, 2007a; 2007b; 2010). Otros hablan de una transici&oacute;n con "equilibrios tensionantes" entre visiones contextualistas - realistas y visiones universalistas -idealistas alrededor de la justicia, la verdad y la memoria (Orozco, 2009). Algunos les preocupa la "instrumentaci&oacute;n pol&iacute;tica" de los "discursos transicionales" sobre todo para justificar la reconciliaci&oacute;n sobre la justicia, el perd&oacute;n sobre la verdad o el olvido funcional sobre la memoria ejemplar (Cort&eacute;s, 2009).  Otros consideran que lo que sucede en el pa&iacute;s es una clara muestra de "justicia transicional sin transici&oacute;n" (Uprimny y Saf&oacute;n, 2006); tambi&eacute;n los hay que consideran que nuestra historia est&aacute; plagada de "transiciones fallidas" (Gamboa, 2007). </p>         <p><a href="#v9" name="n9">9</a> Paralelos o incluso con anterioridad, han operado y siguen haci&eacute;ndolo en el pa&iacute;s, varias "iniciativas no oficiales" de promoci&oacute;n y defensa de la recuperaci&oacute;n del pasado en funci&oacute;n de procurar justicia y reparaci&oacute;n con las v&iacute;ctimas hist&oacute;ricas del conflicto armado. Para un balance de las mismas, dado que es un tema que escapa a nuestros objetivos, se recomienda (Brice&ntilde;o, Re&aacute;tegui, Rivera y Uprimny, 2009; CNRR, Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2009b).</p>    <a href="#v10" name="n10">10</a> Por ejemplo, la Comisi&oacute;n de la Verdad del Palacio de Justicia fue nombrada por mandato de la Corte Suprema de Justicia no por mandato del ejecutivo.</p>         <p><a href="#v11" name="n11">11</a> Peri&oacute;dico El Espectador, 27 de mayo de 1958. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v12" name="n12">12</a> Pr&oacute;logo de Fals Borda a la edici&oacute;n de La Violencia en Colombia de 1962, en Guzm&aacute;n, Fals Borda y Uma&ntilde;a (2005:29).</p>         <p><a href="#v13" name="n13">13</a> Su mandato inicial fue de sesenta d&iacute;as, pero el gobierno de Lleras lo fue ampliando. </p>         <p><a href="#v14" name="n14">14</a> Revista Semana, Junio 21 &- 27 de 1958. </p>         <p><a href="#v15" name="n15">15</a> Este t&eacute;rmino es tomado de (Crenzel, 2008) y sirve en este caso, para afirmar que el libro y la comisi&oacute;n funcionaron como estrategia pol&iacute;tica y narrativa predominante, a partir de la cual muchos sectores sociales recordaron y representaron el pasado y el presente de la Violencia. </p>         <p><a href="#v16" name="n16">16</a> Palabras de Guzm&aacute;n Campos, en Guzm&aacute;n, Fals Borda y Uma&ntilde;a (2005: 497). </p>         <p><a href="#v17" name="n17">17</a> Si la primera Comisi&oacute;n estuvo integrada por "ilustres personalidades pol&iacute;ticas y literarias", al menos dos de sus miembros  fueron reconocidos en las letras, tal fue el caso de Morales Ben&iacute;tez y de Ram&iacute;rez Moreno, la experiencia del 87 ser&iacute;a integrada por "expertos en violencia". Algunos de sus integrantes como Gonzalo S&aacute;nchez (coordinador), &Aacute;lvaro Guzm&aacute;n Barney, Jaime Arocha, &Aacute;lvaro Camacho, Carlos Eduardo Jaramillo, Carlos Miguel Ort&iacute;z, ten&iacute;an trabajos can&oacute;nicos sobre la violencia, cuya consolidaci&oacute;n se dar&iacute;a antes o despu&eacute;s de conformada esta iniciativa, pero siendo ella un "parte aguas" en sus trayectorias acad&eacute;micas. Otros, como Eduardo Pizarro, llegar&iacute;an a figurar pol&iacute;ticamente en el actual proceso de Justicia y Paz. De todas formas, su car&aacute;cter de "expertos", con el tiempo "objetivados" dentro de un campo de conocimiento como violent&oacute;logos (etiqueta desafortunada para su trabajo, seg&uacute;n lo refiri&oacute; Guzm&aacute;n Barney en entrevista realizada en la ciudad de Cali el 17 de mayo), fue una de las principales razones para ganar en reconocimiento gubernamental y social, legitimidad que se  extiende hasta el d&iacute;a de hoy sobre muchos de ellos. </p>         <p><a href="#v18" name="n18">18</a> El ejercicio taxon&oacute;mico (excesivo para algunos de los cr&iacute;ticos de esta comisi&oacute;n) lleva a los investigadores a identificar diez modalidades de violencia, con sus respectivos actores y l&oacute;gicas. Por ejemplo, las asociadas  al "crimen organizado contra pol&iacute;ticos y periodistas", "al crimen organizado contra personas privadas", "a la violencia de la guerrilla dirigida contra el Estado", "de las guerrillas contra los partidos pol&iacute;ticos", "del Estado contra movimientos sociales", "de particulares no organizados" y "de particulares organizados". Al interior de modalidades espec&iacute;ficas de violencia, como pasa con la violencia urbana se hicieron subclasificaciones (la econ&oacute;mica, la privada, la de cuello blanco, etc). </p>         <p><a href="#v19" name="n19">19</a> Resultado de esa lucha por el "sentido del pasado", distintas organizaciones de la zona, en colaboraci&oacute;n con sectores de la Iglesia Cat&oacute;lica, crean en el a&ntilde;o de 1997 un Comit&eacute; de Evaluaci&oacute;n de los Casos de Trujillo (CECT) para esclarecer de forma "no oficial" lo ocurrido all&iacute;. </p>         <p><a href="#v20" name="n20">20</a> Daniel P&eacute;caut, parece sugerir que la "violencia" como dispositivo discursivo, es una especie de "potencia an&oacute;nima" que acompa&ntilde;a a los colombianos "desde siempre" en sus relatos, y frente a la cual no se sabe a ciencia cierta cu&aacute;ndo alguien habla, si remite a un "lugar", a una "temporalidad dada", a "un sector de la poblaci&oacute;n", o a unos "personajes asesinados o muertos" de manera dram&aacute;tica. Este "pasado m&iacute;tico" no acaba de ser pasado-pasado, est&aacute; presente en muchos relatos fragmentados de nuestra historia como pasado-presente, no tiene un comienzo ni un final definido, y por tal motivo, no es f&aacute;cilmente recuperable bajo un "relato global hist&oacute;rico" (P&eacute;caut, 2003).</p>         <p><a href="#v21" name="n21">21</a> Aunque las v&iacute;ctimas adquieren visibilidad, no podemos desconocer que ellas son uno de los eslabones m&aacute;s d&eacute;biles de Justicia y Paz. En este sentido, como ha dicho un analista, nuestras v&iacute;ctimas "tienen un enorme diferencial de poder, dado que no son los mismos poderes con los que cuentan las v&iacute;ctimas de la guerrilla que aquellos con los que cuentan las v&iacute;ctimas de los paramilitares" (Orozco, 2009: 193). El tema aunque escapa a las pretensiones del art&iacute;culo es importante porque no s&oacute;lo hay diferenciales de poder entre v&iacute;ctimas de un lado y otro, sino tambi&eacute;n un porcentaje elevado de unas "muy d&eacute;biles" vengan de donde vengan. Espec&iacute;ficamente porque a&uacute;n no tienen acceso f&aacute;cil a los procedimientos de justicia por los lugares tan lejanos donde viven, o porque no cuentan con representantes legales oficiosos, o no pueden acceder a las versiones libres por falta de recursos o por temor, o porque no entienden o se niegan aceptar que en las versiones libres algunos temas siguen siendo vedados, por ejemplo la "tierra"; tambi&eacute;n est&aacute;n aquellas que desconocen en su "integralidad" los procesos jur&iacute;dicos o las instancias directas a las que acudir para denunciar o solicitar reparaci&oacute;n, o que incluso son instrumentalizadas por l&iacute;deres inescrupulosos, funcionarios p&uacute;blicos o mercaderes del activismo.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v22" name="n22">22</a> El gobierno de Uribe V&eacute;lez y por ende Justicia y Paz, asumieron que el Estado colombiano no es responsable directo de la guerra, sino s&oacute;lo un actor "solidario" con las v&iacute;ctimas que otros producen. Lo cuestionable es que con ello no s&oacute;lo se suspende la responsabilidad hist&oacute;rica y judicial en los hechos crueles, sino que tambi&eacute;n se sit&uacute;a al Estado como una especie de "arquetipo institucional inc&oacute;lume", en una posici&oacute;n c&oacute;moda de "actor imparcial" de un conflicto que el mismo ayud&oacute; a producir y perpetuar hist&oacute;ricamente.</p>         <p><a href="#v23" name="n23">23</a> Estos repertorios condensan estrategias corporales, visuales, sonoras y auditivas, entre otras. </p>         <p><a href="#v24" name="n24">24</a> La creaci&oacute;n de esta comisi&oacute;n fue sugerida en 2009 al gobierno nacional, por la Corte Suprema de Justicia. Su solicitud iba encaminada a esclarecer los cr&iacute;menes cometidos por los paramilitares que se desmovilizaron al amparo de la Ley de Justicia y Paz. Este llamado se hizo en el marco de un serio cuestionamiento, luego de cuatro a&ntilde;os, a la efectividad de los procesos judiciales amparados en esta Ley. Recientemente, el Alto  Comisionado para la Paz, Frank Pearl,  asegur&oacute; que no se necesita una comisi&oacute;n de la verdad en el pa&iacute;s, puesto que ya existe un &Aacute;rea de Memoria Hist&oacute;rica para ello, y eso ser&iacute;a duplicar funciones de forma innecesaria. Cfr. "No necesitamos una comisi&oacute;n de la verdad". El Espectador, Junio 19 de 2010. En entrevista con varios de los miembros de este grupo, pese a las declaraciones del Alto Comisionado, se hizo la salvedad de las diferencias radicales entre uno y otro escenario. </p>         <p><a href="#v25" name="n25">25</a> Aunque se realizan cr&iacute;ticas v&aacute;lidas sobre la CNRR, tambi&eacute;n hace falta un trabajo m&aacute;s fino de investigaci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de los lugares comunes; uno que involucre aspectos etnogr&aacute;ficos en las regiones donde operan las sedes de la Comisi&oacute;n, para dar cuenta de las l&oacute;gicas de trabajo, de las pr&aacute;cticas  de los equipos de las distintas &aacute;reas, as&iacute; como de los efectos e implicaciones de sus acciones. </p>         <p><a href="#v26" name="n26">26</a> MH lo conforman un grupo de diecisiete investigadores nacionales y un comit&eacute; consultivo de ocho acad&eacute;micos extranjeros. La mayor&iacute;a de sus miembros son investigadores, profesores universitarios, directores de centros de investigaci&oacute;n y consultores independientes. A este grupo se suma un n&uacute;mero importante de asistentes de investigaci&oacute;n que contribuyen en el trabajo de campo a nivel regional, espec&iacute;ficamente en el proceso de recolecci&oacute;n y an&aacute;lisis de informaci&oacute;n.</p>         <p><a href="#v27" name="n27">27</a> Como sujetos de ley de Justicia y Paz se encuentran los denominados "grupos armados ilegales" (GAI), es decir, grupos de autodefensa y guerrilla, directos responsables del "terrorismo" seg&uacute;n el gobierno. El asunto es que el conflicto armado interno que el gobierno de Uribe V&eacute;lez neg&oacute; enf&aacute;ticamente, tiene m&aacute;s actores hist&oacute;ricos: la insurgencia que no se desmoviliz&oacute; y por ahora no piensa hacerlo; agentes estatales; empresarios; grandes terratenientes; narcotraficantes, y miembros de grupos de autodefensa que siguen delinquiendo o que se han rearmado.</p>         <p><a href="#v28" name="n28">28</a> En conversaciones con algunas organizaciones sociales y acad&eacute;micos, se habl&oacute; de que este grupo, pese a lo loable de su tarea, puede correr el riesgo, al menos en esta coyuntura de Justicia y Paz y con el gobierno de Uribe V&eacute;lez,  de "emblematizar la memoria", "volverla un patrimonio de expertos", "ser funcionales al sistema".</p>         <p><a href="#v29" name="n29">29</a> Estos asuntos fueron abordados en conversaciones con algunos miembros de MH. </p>         <p><a href="#v30" name="n30">30</a> La noci&oacute;n de "marco de poder" la apropio de Lechner y G&uuml;ell (2002), los cuales la utilizan para mostrar c&oacute;mo las pol&iacute;ticas de  memoria no s&oacute;lo sirven para administrar el pasado, sino que sus efectos van m&aacute;s all&aacute; de nuestra relaci&oacute;n con los conflictos vividos y ayudan a entrever el futuro nacional, adem&aacute;s est&aacute;n afectadas por los contextos sociopol&iacute;ticos en los que operan.</p>         <p><a href="#v31" name="n31">31</a> Tal es el caso de Andr&eacute;s Su&aacute;rez, que coordin&oacute; el informe El Salado esa guerra no era nuestra; o el caso de Martha Nubia Bello que coordina el informe sobre Bojay&aacute;, que saldr&aacute; para la 3&ordf; semana de memoria en septiembre de este a&ntilde;o. As&iacute; como la primera y segunda comisi&oacute;n ayudaron a la formaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de unas tem&aacute;ticas dentro de un campo de estudios sobre la violencia en el pa&iacute;s, esta nueva experiencia podr&iacute;a generar agendas de an&aacute;lisis potencialmente ricas, por ejemplo, los impactos psicosociales de la guerra, las etnograf&iacute;as del dolor o las dimensiones p&uacute;blicas del terror. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v32" name="n32">32</a> En varias entrevistas con sus miembros he percibido la emergencia de estrategias y posiciones discursivas no necesariamente convergentes frente al conflicto, que revelan en parte el "clima interno" de esta comisi&oacute;n. As&iacute; mismo, quedan al descubierto ciertas l&oacute;gicas comunes de acci&oacute;n, tensiones y rupturas frente a la tarea que han emprendido. Desde luego estas posiciones y estrategias est&aacute;n amarradas a unas "coyunturas cr&iacute;ticas" de la guerra y a unos "discursos institucionales" sobre el presente y el futuro nacionales, agenciados por el gobierno de turno, por los grupos de presi&oacute;n y por las organizaciones de v&iacute;ctimas. </p>         <p><a href="#v33" name="n33">33</a> Conversaci&oacute;n sostenida en Bogot&aacute;, el 8 de julio de 2010. </p>         <p><a href="#v34" name="n34">34</a> Adem&aacute;s de informes sobre masacres emblem&aacute;ticas, tambi&eacute;n el equipo ha trabajado en informes tem&aacute;ticos (memorias en tiempos de guerra) y en la elaboraci&oacute;n de herramientas metodol&oacute;gicas para ayudar a la formaci&oacute;n de gestores de memoria. Otros informes tem&aacute;ticos que est&aacute;n en curso son "despojo de tierras en los departamentos de C&oacute;rdoba y Sucre". Para ampliar, se sugiere visitar http://www.memoriahistorica-cnrr.org.co.</p>         <p><a href="#v35" name="n35">35</a> En camino vienen otros tres casos emblem&aacute;ticos: Bojay&aacute;, la Rochela y Bah&iacute;a Portete.</p>         <p><a href="#v36" name="n36">36</a> La expresi&oacute;n la tomo prestada de Castillejo (2009).</p>         <p><a href="#v37" name="n37">37</a> La masacre fue una ruta de terror que incluy&oacute; el sitio la Loma de las Vacas y la vereda El Balguero en El Salado; tambi&eacute;n los corregimientos de Canutal y Canutalito y las veredas Pativaca, El Cielito y Bajo Grande en el municipio de Ovejas; y la vereda de la Sierra en C&oacute;rdoba (CNRR-Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2009a: 7-38).</p>         <p><a href="#v38" name="n38">38</a> Aproximadamente 4.000 personas, de las cuales 730 regresaron a la zona. La mayor&iacute;a de estas personas se desplazaron para El Carmen de Bol&iacute;var, Sincelejo, Barranquilla y Cartagena. (CNRR-Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2009a).</p>         <p><a href="#v39" name="n39">39</a> Por ejemplo, tanto en Trujillo como en El Salado, se han construido Monumentos a las V&iacute;ctimas. La Asociaci&oacute;n de Familiares V&iacute;ctimas de Trujillo (AFAVIT) se encuentra desde hace alg&uacute;n tiempo construyendo una galer&iacute;a de memoria de sus v&iacute;ctimas y tiene una apuesta enorme en las est&eacute;ticas del dolor. En El Salado se han pintado dragones en las fachadas de las casas y se han realizado murales, bajo el liderazgo de la organizaci&oacute;n Mujeres Unidas de El Salado.</p>         <p><a href="#v40" name="n40">40</a> El ejercicio de nombrar lo innombrable es crucial en estos procesos de memoria, especialmente para ayudar a transitar del "olvido rutinizado" a la visibilizaci&oacute;n del perpetrador. As&iacute;, ha sido importante nombrar a John Henao, alias "H2", delegado de Carlos Casta&ntilde;o, como el coordinador de la masacre de El Salado; tambi&eacute;n a Alias "El Gallo", o Alias "Cadena" como coordinadores de las estructuras paramilitares que posibilitaron la incursi&oacute;n. Para el caso de Trujillo, nombrar a Diego Montoya, alias Don Diego, y Henry Loaiza, alias el Alacr&aacute;n; al Mayor Alirio Urue&ntilde;a, comandante del Puesto de Mando Adelantado (pdma) del Ejercito Nacional quien coordinaba las operaciones ofensivas en la regi&oacute;n y estuvo presente en varios hechos crueles. </p>         <p><a href="#v41" name="n41">41</a> As&iacute; como la "motosierra" es el ejemplo de la  herramienta del terror, la "finca" es el territorio de la planeaci&oacute;n de lo macabro. Por ejemplo, en "Villa Paola", finca de propiedad de "El Alacr&aacute;n" se perpetraron torturas y asesinatos en la regi&oacute;n de Trujillo. En la finca "El Avi&oacute;n", en la jurisdicci&oacute;n del municipio de Sabanas de San &Aacute;ngel en el departamento de Magdalena, los jefes paramilitares Salvatore Mancuso, Rodrigo Tovar y John Henao planearon la masacre de El Salado (CNRR-Grupo de Memoria Hist&oacute;rica, 2008; 2009a).</p>     <hr>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas </b></font></p>      <!-- ref --><p>Allier, E. (2009). "Presentes &- pasados del 68 mexicano. Una historizaci&oacute;n de las memorias p&uacute;blicas del movimiento estudiantil", 1968 &amp;- 2007 en Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a, Volumen 71, No. 2, pp. 287 &amp;- 317.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1657-6357201000020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Barahona de Brito, A.; Aguilar, P.; Gonz&aacute;lez, C., (eds.) (2002). Las pol&iacute;ticas hacia el pasado. Juicios, depuraciones, perd&oacute;n y olvido en las nuevas democracias. Madrid, Istmo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1657-6357201000020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Brice&ntilde;o-Donn, M.; Re&aacute;tegui, F.; Rivera, M. C.; Uprimny, C., (Eds.). (2009). Recordar en conflicto: iniciativas no oficiales de memoria en Colombia, Bogot&aacute;, Centro Internacional para la Justicia Transicional, pp. 17-39.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1657-6357201000020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Castillejo, A. (2009). Los archivos del dolor: ensayos sobre la violencia y el recuerdo en la Sud&aacute;frica contempor&aacute;nea. Bogot&aacute;, Universidad de los Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1657-6357201000020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ceballos, M. (2009). Comisiones de la Verdad. Guatemala, El Salvador, Sud&aacute;frica. Perspectivas para Colombia. Medell&iacute;n, La Carreta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1657-6357201000020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>CNRR, Grupo de Memoria Hist&oacute;rica. (2009a). La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra. Segundo Informe de Memoria Hist&oacute;rica de la Comisi&oacute;n Nacional de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n. Bogot&aacute;: Taurus/Semana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1657-6357201000020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>CNRR, Grupo de Memoria Hist&oacute;rica. (2009b). Memorias en tiempos de guerra. Repertorio de iniciativas. Bogot&aacute;, Online: &lt;<a href="http://memoriahistorica-cnrr.org.co/images/content/memoria_tiempos_guerra.pdf%3e.%20Consultado%20(1/12/2010" target="_blank">http://memoriahistorica-cnrr.org.co/images/content/memoria_tiempos_guerra.pdf&gt;. Consultado (1/12/2010</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1657-6357201000020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>CNRR, Grupo de Memoria Hist&oacute;rica. (2009c). Recordar y narrar el conflicto. Herramientas para reconstruir memoria hist&oacute;rica. Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1657-6357201000020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->. </p>     <!-- ref --><p>CNRR, Grupo de Memoria Hist&oacute;rica. (2008). Trujillo. Una Tragedia que no cesa. Primer Informe de Memoria Hist&oacute;rica de la Comisi&oacute;n Nacional de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n. Bogot&aacute;, Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1657-6357201000020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Comisi&oacute;n de Esclarecimiento Hist&oacute;rico (CEH). (1999). Guatemala: Memoria del Silencio. 12 Tomos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1657-6357201000020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Comisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n de los Sucesos Violentos de Trujillo. 1995. Informe Final. Bogot&aacute;, Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1657-6357201000020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Comisi&oacute;n de Estudios sobre la violencia. (1987). Colombia, Violencia y democracia. Informe presentado al Ministerio de Gobierno, Bogot&aacute;, Universidad Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1657-6357201000020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Corporaci&oacute;n Viva la Ciudadan&iacute;a. (2008). "En busca de verdad, justicia y reparaci&oacute;n Propuestas desde las v&iacute;ctimas. Papeles para la democracia". Online: <a href="http://www.viva.org.co/documentos.htm?x=18812426" target="_blank">http://www.viva.org.co/documentos.htm?x=18812426.</a> (Consultado 9/02/2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1657-6357201000020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cort&eacute;s, F. (2009).  "Entre el perd&oacute;n y la justicia. Reflexiones en torno a los l&iacute;mites y contradicciones de la justicia transicional" en Camila de Gamboa (ed.). Justicia Transicional: Teor&iacute;a y Praxis. Bogot&aacute;, Universidad del Rosario, pp. 85-112.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1657-6357201000020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Crenzel, E. (2008). La Historia Pol&iacute;tica del Nunca M&aacute;s. La memoria de las desapariciones en la argentina. Buenos Aires, Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1657-6357201000020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>D&iacute;az, C; S&aacute;nchez, N. C.; Uprimny, R. (eds.). (2009). Reparar en Colombia: los dilemas en contextos de conflicto, pobreza y exclusi&oacute;n. Bogot&aacute;, Centro Internacional para la Justicia Transicional y De Justicia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1657-6357201000020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Dutr&eacute;nit, S.; Varela, G. (2010). Tramitando el pasado / Violaciones de los derechos humanos y agendas gubernamentales en casos latinoamericanos. M&eacute;xico, Flacso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1657-6357201000020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Echeverr&iacute;a, L. E. (2007). "Las limitaciones que enfrentar&iacute;a la instauraci&oacute;n de una comisi&oacute;n de la verdad, en el proceso de tr&aacute;nsito hacia la paz entre el Estado y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)" Revista Desaf&iacute;os, Bogot&aacute;, No. 16 pp. 279-315.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1657-6357201000020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>De Gamboa, C. (2007). "El caso colombiano: la transici&oacute;n fallida", en Guillermo Hoyos (ed.) Las V&iacute;ctimas frente a la b&uacute;squeda de la verdad y la reparaci&oacute;n en Colombia. Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana, pp. 69-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1657-6357201000020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>De Gamboa, C. (2005). "El deber de recordar un pasado problem&aacute;tico" en Revista de Estudios Socio-Jur&iacute;dicos, Bogot&aacute;, Centro Editorial Universidad del Rosario, No. 7, pp. 303-328.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1657-6357201000020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>G&oacute;mez Gallego, J. A, Herrera Vergara, J. R.; Pinilla, N. (2009). Informe final de la Comisi&oacute;n de la verdad sobre los hechos del Palacio de Justicia. Online: <a href="http://www.verdadpalacio.org.co/Assets/DOCs/INFORME-FINAL-CVPJ.pdf" target="_blank">http://www.verdadpalacio.org.co/Assets/DOCs/INFORME-FINAL-CVPJ.pdf</a>. (Consultado 08/08/2010).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1657-6357201000020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Grandin, G. (2005). "The Instruction of Great Catastrophe: Truth Commissions, National History, and State Formation in Argentina, Chile, and Guatemala," American Historical Review, Vol. 110, No. 1, pp. 46-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1657-6357201000020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guzm&aacute;n, G. (2009). "Reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre el libro "La Violencia en Colombia", en Gonzalo S&aacute;nchez y Ricardo Pe&ntilde;aranda (comp.) Pasado y presente de la violencia en Colombia. Medell&iacute;n, La Carreta (Primera reimpresi&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1657-6357201000020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guzm&aacute;n, G.; Fals Borda, O.; Uma&ntilde;a, E. (2005). La Violencia en Colombia. Tomo I y II. Bogot&aacute;: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1657-6357201000020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Hayner, P. (2008). Verdades innombrables. M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1657-6357201000020001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jaramillo, J. (2009). "Tres procesos "emblem&aacute;ticos" de recuperaci&oacute;n de pasados violentos: Argentina, Guatemala y Colombia", en Revista Virajes, No. 11, pp. 29-59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1657-6357201000020001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jelin, E. (2006): "&iquest;V&iacute;ctimas, familiares o ciudadano/as? Las luchas por la legitimidad de la palabra", en Actas del  II Congreso Internacional de Filosof&iacute;a de la Historia, &laquo;Reescrituras de la memoria social&raquo; Buenos Aires, Colegio Nacional de Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1657-6357201000020001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jelin, E. (2002). Los Trabajos de la memoria. Madrid, Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1657-6357201000020001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Lechner, N. y G&uuml;ell, P. (2002). "La Construcci&oacute;n Social de las memorias colectivas", en Norbert Lechner. Las sombras del ma&ntilde;ana. La dimensi&oacute;n subjetiva de la pol&iacute;tica, Santiago de Chile: Lom.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1657-6357201000020001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Orozco A, I. (2009). Justicia Transicional en tiempos de deber de memoria. Bogot&aacute;, Temis-Universidad de los Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1657-6357201000020001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>P&eacute;caut, D. (2003). "Memoria imposible, historia imposible, olvido imposible" en Violencia y Pol&iacute;tica en Colombia. Elementos de reflexi&oacute;n.  Medell&iacute;n, Hombre Nuevo Editores, pp. 113-133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1657-6357201000020001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pizarro, E. (2010). "Cinco a&ntilde;os de la Ley de Justicia y Paz: Balance de una experiencia in&eacute;dita". UN Peri&oacute;dico, Bogot&aacute;, Junio 13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1657-6357201000020001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pizarro, E. (2007a). "Comisi&oacute;n Nacional de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n (CNRR) Recomendaciones de criterios de reparaci&oacute;n y proporcionalidad restaurativa", en Guillermo Hoyos (ed.) Las V&iacute;ctimas frente a la b&uacute;squeda de la verdad y la reparaci&oacute;n en Colombia. Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana, pp. 231-241.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1657-6357201000020001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pizarro, E. (2007b). "Dilemas de la Comisi&oacute;n Nacional de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n", en M&ocirc; Bleeker, Javier Ciurlizza y Andrea Bola&ntilde;os (eds.). El legado de la verdad: Impacto de la justicia transicional en la construcci&oacute;n de la democracia en Am&eacute;rica Latina. Bogot&aacute;, Departamento Federal de Asuntos Exteriores de la Confederaci&oacute;n Suiza - Centro Internacional para la Justicia Transicional, pp. 176-179.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1657-6357201000020001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n. (2008). Seguimiento a pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en materia de desmovilizaci&oacute;n y reinserci&oacute;n. Derecho a la verdad, memoria hist&oacute;rica y protecci&oacute;n de archivos. Tomo I. Bogot&aacute;: Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n/USAID.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1657-6357201000020001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Rangel, A. (ed.). (2009). Justicia y Paz. &iquest;Cu&aacute;l es el precio que debemos pagar? Bogot&aacute;, Fundaci&oacute;n Seguridad y Democracia/Intermedio Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1657-6357201000020001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Re&aacute;tegui, F. (2009). "Las v&iacute;ctimas recuerdan. Notas sobre la pr&aacute;ctica social de la memoria", en Brice&ntilde;o-Donn, Marcela; Re&aacute;tegui, F&eacute;lix; Rivera, Mar&iacute;a Cristina y Uprimny, Catalina (eds.). Recordar en conflicto: iniciativas no oficiales de memoria en Colombia, Bogot&aacute;, Centro Internacional para la Justicia Transicional; pp. 17-39.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1657-6357201000020001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Reyes Mate, M. (2008). Justicia de las v&iacute;ctimas. Terrorismo, memoria, reconciliaci&oacute;n. Barcelona, Anthropos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S1657-6357201000020001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rodr&iacute;guez, N. (2008). Los Veh&iacute;culos de  la memoria. Discursos morales durante la primera fase de la violencia (1946 -1953). Bogot&aacute;: Universidad de los Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S1657-6357201000020001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>S&aacute;nchez, G. (2009a). "Los estudios sobre la violencia. Balance y perspectivas", en Gonzalo S&aacute;nchez y Ricardo Pe&ntilde;aranda (comp.) Pasado y presente de la violencia en Colombia. Medell&iacute;n, La Carreta (Primera reimpresi&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S1657-6357201000020001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>S&aacute;nchez, G. (2009b). "Presentaci&oacute;n", en Comisi&oacute;n de estudios sobre la violencia. Colombia: violencia y democracia. Medell&iacute;n: La Carreta (Quinta edici&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S1657-6357201000020001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>S&aacute;nchez, G. (2009c). "Introducci&oacute;n", en CNRR-Grupo de Memoria Hist&oacute;rica. La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra. Bogot&aacute;: Taurus/Semana, pp. 15-29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S1657-6357201000020001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&aacute;nchez, G. (2008). "Introducci&oacute;n general", en CNRR, Grupo de Memoria Hist&oacute;rica (2008). Trujillo. Una Tragedia que no cesa. Primer Informe de Memoria Hist&oacute;rica de la Comisi&oacute;n Nacional de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n. Bogot&aacute;, Planeta, pp.13-29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1657-6357201000020001100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&aacute;nchez, G. (2007). "Retos de la verdad y la memoria en medio del conflicto" en M&ocirc; Bleeker, Javier Ciurlizza y Andrea Bola&ntilde;os. Memorias de la conferencia  "El legado de la verdad: Impacto de la justicia transicional en la construcci&oacute;n de la democracia en Am&eacute;rica Latina". Bogot&aacute;, Departamento Federal de Asuntos Exteriores de la Confederaci&oacute;n Suiza - Centro Internacional para la Justicia Transicional, pp. 61-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S1657-6357201000020001100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Springer, N. (2002). Sobre la verdad en los tiempos del miedo: del establecimiento de una comisi&oacute;n de la verdad en Colombia y los desaf&iacute;os para la justicia restaurativa. Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S1657-6357201000020001100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Todorov, T. (2000). Los abusos de la memoria. Barcelona, Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S1657-6357201000020001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Uprimny, R. y Saf&oacute;n, M. P. (2006) &iquest;Justicia Transicional sin transici&oacute;n? Bogot&aacute;, Dejusticia/Fundaci&oacute;n Social.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S1657-6357201000020001100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Uribe, M. V. (2009). "Iniciativas no oficiales: un repertorio de memorias vivas" en Brice&ntilde;o-Donn, Marcela; Re&aacute;tegui, F&eacute;lix; Rivera, Mar&iacute;a Cristina y Uprimny, Catalina (eds.). Recordar en conflicto: iniciativas no oficiales de memoria en Colombia, Bogot&aacute;, Centro Internacional para la Justicia Transicional, pp. 43-69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S1657-6357201000020001100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Villarraga, S, &Aacute;. (s.f). "Posibilidades de una comisi&oacute;n de la verdad". Online: <a href="http://www.indepaz.org.co/.../145_ARTICULO%20&Aacute;LVARO%20VILLARRAGA.doc" target="_blank">www.indepaz.org.co/.../145_ARTICULO%20&Aacute;LVARO%20VILLARRAGA.doc</a>. (Consultado 13/06/2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S1657-6357201000020001100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>   </font>       ]]></body><back>
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