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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Configuración social de la Hacienda Coconuco, 1770-1850]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Social configuration of the Hacienda of the Hacienda Coconuco, 1770-1850]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper presents a description of actors and social groups that were part of the Hacienda Coconuco between 1770 and 1850. They are characterized according to their functions and the relations with the landlord of the hacienda. This study was based on a work of documentary analysis of writing sources, especially the family correspondence of the Arboleda and Mosquera collected in the Mosquera Fund of the Archivo Central del Cauca (ACC).]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[           <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 	 	    <p align="center"><font size="4"><b>Configuraci&oacute;n social de la Hacienda Coconuco, 1770-1850<sup>1</sup></b></font></p>      	    <p align="center"><font size="3"><b>Social configuration of the Hacienda of the Hacienda Coconuco, 1770-1850 </b></font></p>              <p><i>Catalina Ahumada Escobar</i>    <br>     Universidad del Valle, Cali-Colombia    <br>     <a href="mailto:catalinaae@yahoo.com">catalinaae@yahoo.com</a></p>      	    <p>Recibido: 09.03.10    <br> 	Aprobado: 16.09.10</p>             <p>1. Este art&iacute;culo es el resultado del trabajo de grado "Hacienda Coconuco. Aspectos Sociales y Culturales 1770-1850", para optar el t&iacute;tulo de Magister en Sociolog&iacute;a, Universidad del Valle. Facultad de Ciencias Sociales y Econ&oacute;micas. Departamento de Sociolog&iacute;a, 2010. </p>     <hr> 	 	    <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Este art&iacute;culo presenta una descripci&oacute;n de los individuos y grupos sociales que hicieron parte de la hacienda Coconuco entre 1770 y 1850, caracterizados de acuerdo a sus funciones y a las formas de relaci&oacute;n establecidas con el hacendado, aspectos que dan cuenta de una organizaci&oacute;n social en un tiempo y espacio determinados. Este estudio se fundament&oacute; en un trabajo de an&aacute;lisis documental, particularmente de la correspondencia familiar de los Arboleda y Mosquera coleccionada en el Fondo Mosquera del Archivo Central del Cauca (ACC).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000013&pid=S1657-6357201000020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <p><b>Palabras clave: </b>Hacienda, sistema social, esclavitud, relaciones laborales.</p> 	 	<hr> 	 	    <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p> 	 	    <p>This paper presents a description of actors and social groups that were part of the Hacienda Coconuco between 1770 and 1850. They are characterized according to their functions and the relations with the landlord of the hacienda. This study was based on a work of documentary analysis of writing sources, especially the family correspondence of the Arboleda and Mosquera collected in the Mosquera Fund of the Archivo Central del Cauca (ACC).</p> 	 	    <p><b>Key words:</b> Hacienda, social system, slavery, labour relations. </p> 	 	<hr> 	 	     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p> 	  	     <p>La Hacienda Coconuco localizada en la periferia de la ciudad de Popay&aacute;n, fue adquirida en el a&ntilde;o de 1770 por el prestigioso capit&aacute;n Francisco Antonio de Arboleda y Vergara, y continu&oacute; entre algunos miembros de la familia Arboleda y Mosquera que, emparentadas entre s&iacute; por lazos familiares, lograron mantenerla como parte de su patrimonio. As&iacute;, desde 1770, se da inicio al ingreso de esclavos negros y otros trabajadores que conformaron una determinada organizaci&oacute;n social y productiva, que finaliza en el a&ntilde;o de 1850 cuando se suspende el uso de mano de obra esclava y se advierten varios cambios en la sociedad; aspectos que generaron la transformaci&oacute;n de la Hacienda Coconuco en una nueva figura social.</p> 	  	     <p>La organizaci&oacute;n social de la hacienda Coconuco entre 1770 y 1850, presenta individuos y grupos sociales inscritos en un sistema de relaciones e interdependencias establecido en un proceso de larga duraci&oacute;n, y los podemos identificar como figuras sociales condicionadas, en la mayor&iacute;a de los casos, "con ciertos deberes y derechos dirigidos con la orientaci&oacute;n y control de unos individuos hacia otros" (Anrup, 1990:23). De esta manera, se conformaron grupos sociales que se distinguieron entre s&iacute;, pero que compartieron ciertos aspectos del sistema de representaciones del que hicieron parte. </p> 	 	     <p>Se trat&oacute; de un entramado social din&aacute;mico, cuyo desarrollo dependi&oacute; tanto de la transformaci&oacute;n de la estructura social como del ritmo de evoluci&oacute;n que cada integrante present&oacute; en el sistema social. Norbert Elias argumenta, que aunque la vida de los individuos transcurra m&aacute;s r&aacute;pido que el desarrollo social de la sociedad que conforman, estos no pueden ser entendidos fuera del entramado social en el cual est&aacute;n sujetos, pues "en realidad, son procesos que, sin duda alguna, pueden distinguirse, pero no separarse" (El&iacute;as, 1996:33). </p> 	  	     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los principales grupos sociales de la hacienda est&aacute;n representados en las figuras del hacendado, el mayordomo, los esclavos, los ind&iacute;genas y otros trabajadores, que en este estudio se caracterizar&aacute;n de acuerdo a sus funciones y a las formas de relaci&oacute;n establecidas con el hacendado. Esta configuraci&oacute;n social se presenta como un sistema de relaciones abierto, ya que los grupos sociales establecieron comunicaciones con otros espacios y sectores sociales que revelaron una red de intercambios que se desarroll&oacute; en conexi&oacute;n con los centros urbanos, las minas y otras haciendas pr&oacute;ximas del sistema de propiedades de la familia terrateniente, comerciante y minera. </p>             <p> <font size="3"><b>1. El hacendado</b></font></p>    <p>El due&ntilde;o y propietario de la hacienda adquiri&oacute; la facultad de dirigir, gobernar y disponer de las tierras y de la mano de obra, lo que constituy&oacute; el disfrute de un poder de mando sobre las dem&aacute;s figuras y grupos sociales<a href="#n2" name="v2"><sup>2</sup></a> El poder de mando trascendi&oacute; tambi&eacute;n a los dem&aacute;s integrantes del grupo familiar, dado que el hacendado no puede entenderse fuera del entramado familiar del que formaba parte, que en este caso, estuvo representada por los Arboledas y Mosquera, propietarios de la Hacienda Coconuco en estos a&ntilde;os.</p>             <p>En esta din&aacute;mica es importante detenernos un momento sobre la relaci&oacute;n establecida entre la presencia del hacendado y las formas de representaci&oacute;n ante su ausencia. Fen&oacute;meno que muestra un aspecto particular del poder ostentado por el hacendado y delegado a sus familiares.</p>      	    <p>Desde el a&ntilde;o 1827, cuando Tom&aacute;s Cipriano asumi&oacute; la dirigencia de la hacienda, adelant&oacute; el proyecto de la tener&iacute;a y la transformaci&oacute;n del espacio f&iacute;sico. En este proceso, su hermano Manuel Mar&iacute;a sigui&oacute; a cabalidad todas sus &oacute;rdenes, ya que el entonces prestigioso General se encontraba fuera de la ciudad. Manuel Mar&iacute;a se traslad&oacute; en varias ocasiones a Coconuco, encarg&aacute;ndose de dirigir y controlar las funciones de los trabajadores para que en sus actividades mostraran el mejor empe&ntilde;o. Sin embargo, era una labor que requer&iacute;a un gran esfuerzo: tanto para motivarlos como para contar con los recursos necesarios para su sostenimiento. </p>         <p>Por motivo de otras ocupaciones, Manuel Mar&iacute;a Mosquera estuvo a cargo de la hacienda hasta 1830. De esta manera, Tom&aacute;s Cipriano recurri&oacute; a Manuel Jos&eacute;, otro de sus hermanos, para que cuidara y administrara la propiedad, aunque aquella solicitud no era de su total agrado. A causa de algunas desavenencias con el mayordomo, Manuel Jos&eacute; asumi&oacute; su autoridad y apoderamiento para despedirlo, suceso que lo facultaba para elegir a otro personaje para que cumpliera la misma funci&oacute;n, pero quiz&aacute; Manuel Jos&eacute; prefer&iacute;a dedicarse a otros quehaceres que posiblemente le daban mayor satisfacci&oacute;n, que de asumir el papel de hacendado. </p>         <p>Ante este panorama de desorganizaci&oacute;n e incompetencia para lograr una efectiva administraci&oacute;n de la hacienda, se hac&iacute;a evidente la importancia de la presencia directa del hacendado, como lo advert&iacute;a su esposa Mariana Arboleda, en 1833: "Manuel Jos&eacute; ir&aacute; en estos d&iacute;as a entregarle la hacienda a Marcelino Paz que es quien va entrar de mayordomo, pero hasta que t&uacute; vengas no se podr&aacute; arreglar nada, (&hellip;), de lo contrario ni los indios, ni los negros se apuran para nada."<a href="#n3" name="v3"><sup>3</sup></a>Situaci&oacute;n que en parte fue remediada en 1833, cuando Tom&aacute;s Cipriano decidi&oacute; regresar y encargase de sus propiedades despu&eacute;s de tres a&ntilde;os de ausencia. </p>         <p>Si bien los familiares delegados por el hacendado fueron sus hermanos hombres, la presencia de su esposa Mariana comenz&oacute; a asumir un papel importante en su representaci&oacute;n. Pues seg&uacute;n ella, "desde que entr&oacute; otro mayordomo, mi hermano Manuel Jos&eacute; determin&oacute; que no me metiera en nada".<a href="#n4" name="v4"><sup>4</sup></a> Pero a&uacute;n temerosa de aquella oposici&oacute;n, le comunicaba a Tom&aacute;s Cipriano que Marcelino Paz no se pod&iacute;a hacer cargo de la hacienda y que a falta de mayordomo, </p>     <blockquote>"yo ir&eacute; para llevar los asuntos mientras se puedan dar otras providencias y si fuera necesario que yo me est&eacute; all&aacute; hasta que t&uacute; vengas. Lo har&eacute; con mucho gusto por ver si se puede componer esa hacienda y conservar los jardines que me dicen se han descuidado con ellos, que los peones est&aacute;n entre la granja, pero todav&iacute;a hay remedio y creo que cuando tu vengas lo encontrar&aacute;s lo mejor que se pueda"<a href="#n5" name="v5"><sup>5</sup></a></blockquote>             <p>El empe&ntilde;o de Mariana de gobernar la hacienda, mientras Tom&aacute;s Cipriano estaba ausente, sigui&oacute; en pie, como lo muestran las innumerables cartas remitidas desde Coconuco donde explica todos los detalles que casi a diario resultaban sobre las semillas, las siembras, las cosechas, el rodeo del ganado, el conteo de las ovejas y la venta de los productos, como le dec&iacute;a, "pues quiero cumplir con todas tus &oacute;rdenes y cuando tu vengas encuentres alguna cosa adelantada. (&hellip;) as&iacute; es que ayer lo pas&eacute; yo sola racionando los peones, d&aacute;ndoles la herramienta y apuntando cada trabajo por separado, y seguir&eacute; haci&eacute;ndolo as&iacute;"<a href="#n6" name="v6"><sup>6</sup></a>. A pesar de todo, la facultad de Mariana para realizar cualquier actividad por su propia cuenta era limitada, pero se trataba de un asunto que ella iba aprendiendo a controlar, pues a medida que pasaba el tiempo asum&iacute;a su autoridad frente a la ausencia del hacendado quien deb&iacute;a conformarse sobre sus disposiciones debido a la distancia.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta tarea administrativa fue desempe&ntilde;ada por Mariana durante varios a&ntilde;os, y m&aacute;s tarde fue emprendida por su hijo An&iacute;bal, que despu&eacute;s de regresar de sus estudios en Europa, inici&oacute; un proceso de aprendizaje sobre el manejo de Coconuco y de las dem&aacute;s propiedades. Es as&iacute;, que la presencia del hacendado, para el funcionamiento de la hacienda Coconuco, resultaba elemental a la hora de dictaminar, inspeccionar y llevar a cabo las labores necesarias en la producci&oacute;n y las diversas tareas, que en los tiempos de su ausencia, deb&iacute;a apoderar a un representante que asumiera el compromiso para hacer cumplir sus disposiciones en su nombre. Labor que no solo fue desempe&ntilde;ada por los familiares hombres, sino que tambi&eacute;n fue llevada a cabo, en este caso, por la se&ntilde;ora de la hacienda. </p>         <p>Por otra parte, en la relaci&oacute;n establecida entre el hacendado y los subordinados se puede observar la constituci&oacute;n de una singular percepci&oacute;n y designaci&oacute;n. Entre el hacendado y el mayordomo, por ejemplo, se estableci&oacute; una figuraci&oacute;n hacia &eacute;l como el se&ntilde;or y patr&oacute;n, a quien le deb&iacute;a rendir las cuentas sobre su labor, el manejo de los criados, los indios y el cuidado de las tierras. Se debe anotar sin embargo, que esta forma de designaci&oacute;n no fue propia de todos los mayordomos, pues cuando el escoc&eacute;s David Christie asumi&oacute; la mayordom&iacute;a, su manera de dirigirse hacia Tom&aacute;s Cipriano estaba m&aacute;s relacionada con el cargo militar que &eacute;l ostentaba. </p>         <p>En el caso de los esclavos negros que, eran un recurso m&aacute;s de la propiedad, se estableci&oacute; una relaci&oacute;n de completa dependencia hacia el hacendado que se manifest&oacute; de forma precisa en las palabras de amo, padre y se&ntilde;or; formas referenciales asociadas con pr&aacute;cticas de sometimiento, que adem&aacute;s eran transferidas a todos los miembros de la familia hacendaria. Si bien la figura del amo era parte integral de la vida de los esclavos en las haciendas, en las minas, o en los centros urbanos; esta relaci&oacute;n de subordinaci&oacute;n continu&oacute; en algunos casos a&uacute;n cuando algunos de ellos fueron reconocidos como libres. Como lo expone Juan de Mosquera en marzo de 1840: </p>         <blockquote>"Mi siempre respetado amo de mi mayor atenci&oacute;n y respeto: en esta ocasi&oacute;n le escribo esta a U. por saludarlo en uni&oacute;n de mi se&ntilde;ora, los ni&ntilde;os mis amitos; y al mismo tiempo a mi amo el Sr. Arzobispo. (...). Muy Sr. m&iacute;o en atenci&oacute;n; el permiso que me dio para mantener mis animales en sus tierras, los he mantenido all&iacute; hasta hoy y ahora nos dicen que mi amo D. Vicente ordena que todos los libres hemos de pagar terraje, por lo que espero de U. me diga si siempre mantengo mis animales en sus tierras con la licencia que U. me dio, o si he de pagar terraje para pagarle al mayordomo. Quedo de U. siempre su humilde esclavo – Juan de Mosquera"<a href="#n7" name="v7"><sup>7</sup></a>     </blockquote>         <p>Los calificativos de se&ntilde;or y patr&oacute;n fueron figuras que identificaron al due&ntilde;o y propietario de la hacienda y que fueron extendidas a la sociedad en general. Se puede indicar adem&aacute;s, que se trata de designaciones usadas en otros sistemas hacendarios de jurisdicciones m&aacute;s lejanas, como lo advierte Anrup en el caso de las haciendas del Per&uacute;, donde las figuras de padre y patr&oacute;n muestran determinados v&iacute;nculos sociales de dependencia en un contexto particular. De este fen&oacute;meno plantea el autor que "la relaci&oacute;n de dependencia tiene una naturaleza rec&iacute;proca: si un se&ntilde;or tiene su siervo, el siervo tiene su se&ntilde;or" (Anrup, 1990:73), motivo por el cual con frecuencia se ha calificado dicha relaci&oacute;n como feudal. </p>     <p> <font size="3"><b>3. El Mayordomo</b></font></p>     <p>El mayordomo estaba a cargo del manejo y administraci&oacute;n de la hacienda. Su funci&oacute;n principal era la de velar por el buen funcionamiento productivo, lo que requer&iacute;a un determinado conocimiento sobre al aprovechamiento de la tierra y el manejo de la mano de obra bajo su mando. Por la prestaci&oacute;n de sus servicios el hacendado acordaba otorgarle un partido que correspond&iacute;a a tomar una parte de las utilidades, representada en una fracci&oacute;n de los productos o  en dinero, y en algunas ocasiones, en el consentimiento de mantener sus animales y cultivos en los terrenos de la hacienda.</p>     <p>Varios individuos ocuparon la posici&oacute;n de mayordomo entre 1770 y 1850. Su entrada y salida depend&iacute;a de su desempe&ntilde;o en las diferentes actividades, ya que deb&iacute;a seguir a cabalidad las &oacute;rdenes de su patr&oacute;n, o de lo contrario, era seguro su reemplazo. De esta forma, cada individuo que asum&iacute;a la figura de mayordomo en Coconuco deb&iacute;a estar subordinado a los preceptos del hacendado. Como lo expresaba en&eacute;rgicamente Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera en 1822, "Que ning&uacute;n sirviente se le debe atajar cuando quiera salir; y se han de mantener subordinados o no tenerlos"<a href="#n8" name="v8"><sup>8</sup></a>. </p>     <p>Se trataba de un sometimiento voluntario, pues el aspirante pod&iacute;a asentir un acuerdo o retirar la prestaci&oacute;n de sus servicios seg&uacute;n el convenio pactado. Sin embargo, se debe anotar, que cada individuo presentaba diferentes formas y grados de sujeci&oacute;n. Por ejemplo, Jos&eacute; del Saltos, mayordomo de la hacienda en 1825, le comunicaba a Tom&aacute;s Cipriano sus ganas de regresar a su tierra pero se sent&iacute;a obligado a cumplir con sus labores por haberle otorgado su palabra: </p>     <blockquote>"Muy venerado patr&oacute;n y Sr. de todo mi respeto, despu&eacute;s de ponerme a las disposiciones de Smd.  Y a los de mi patrona he tenido la ocasi&oacute;n de escribir estas cortas letras participando de todo lo que pasa en esta hacienda. (...) y lo mismo saluda mi vieja y se pone a las disposici&oacute;n de todos, y lo mesmo yo como fiel esclavo aunque estoy desesperado p irme pa mi tierra o mi muerte est&aacute; cerca el haber dado palabra a U. Sr. como U. estoy aguantando"<a href="#n9" name="v9"><sup>9</sup></a>.    </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otro caso diferente se observa en la actitud del mayordomo de apellido Luque en 1838, que, seg&uacute;n la percepci&oacute;n de Mariana Arboleda, poco a poco le iba dando muestras de que no estaba interesado en continuar en esta labor, debido a la distancia que estaba adquiriendo y la renuencia a seguir las indicaciones: </p>         <blockquote>"Luque desde que se vino de Coconuco no me ha dicho nada ni una palabra acerca de la hacienda ni yo tampoco le digo nada porque demasiadas pruebas me ha dado para entender que no quiere hacer nada, pues en un mes que estuve en Paletara miro con tanta indiferencia las cosas que ni lo que le recomend&eacute; lo hizo, y para ir hacer su negocio es mejor que no venga, que yo tambi&eacute;n puedo cumplir con todo"<a href="#n10" name="v10"><sup>10</sup></a>.     </blockquote>         <p>El mayordomo de Coconuco se obligaba a reunir ciertas competencias para la organizaci&oacute;n de huertas y solares para la producci&oacute;n de: ma&iacute;z, trigo, papas, arracachas, habas, alverjas, fr&iacute;joles, cebada, cebollas, alcachofa, repollo, lentejas, linaza, alfalfa, esp&aacute;rragos, or&eacute;gano, perejil y tomates, adem&aacute;s de cultivar algunas frutas como peras y duraznos. Igualmente, deb&iacute;a mostrar sus capacidades en la cr&iacute;a de animales y la elaboraci&oacute;n de los productos derivados: la leche, los huevos, los quesos, la lana, la carne y los cueros. Adem&aacute;s de ello, deb&iacute;a enfrentar varias situaciones cuando a veces las habilidades agropecuarias eran ineficaces para contrarrestar los desastres producidos por los veranos intensos, las lluvias incesantes o las plagas incontrolables.</p>         <p>Por otra parte, el dominio de los subordinados era una tarea compleja que demandaba la apropiaci&oacute;n de un cierto car&aacute;cter para mandar y obrar. Lo que precisamente le faltaba a Manuel Antonio Agredo en 1823, ya que seg&uacute;n Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera: "El mayordomo de todos modos manifiesta que le falta mucho de car&aacute;cter, has hecho bien en tolerarlo por su humillaci&oacute;n; pero que le sirva esto para manejarse con otra exactitud y mejor desempe&ntilde;o"<a href="#n11" name="v11"><sup>11</sup></a>. A pesar de que Agredo fue reemplazado por Jos&eacute; del Saltos, este personaje, al parecer, tampoco presentaba  aquella exigencia, pues seg&uacute;n Manuel Mar&iacute;a Mosquera, la hacienda  estaba muy deca&iacute;da en 1827, "con el descuido casi absoluto de Saltos, (&hellip;) y el ning&uacute;n respeto que aquel se hace tener de negros e ind&iacute;genas"<a href="#n12" name="v12"><sup>12</sup></a> Este hecho que fue percibido tambi&eacute;n en los siguientes a&ntilde;os, se&ntilde;ala que se trataba de una cualidad que requer&iacute;a de mucho esfuerzo, ya que estaba relacionada con la apropiaci&oacute;n de un cierto poder delegado por el hacendado, pero que en ocasiones se logr&oacute; de forma muy ligera.</p>         <p>Entre este conjunto de conocimientos, las habilidades para leer, escribir y sobre todo, contar, constituyeron un requisito indispensable para ejercer esta labor, competencias que sin lugar a dudas, diferenciaron al mayordomo de las dem&aacute;s figuras sociales. Estas destrezas mostraban la posibilidad de tener, por una parte, una comunicaci&oacute;n directa con el hacendado, y por otra, llevar los apuntes y cuentas de la producci&oacute;n. As&iacute;, aunque un individuo conociera los oficios agropecuarios, era necesaria dicha condici&oacute;n. Es esa la raz&oacute;n por la cual, Jorge, no era apto para administrar la hacienda, no s&oacute;lo porque su posici&oacute;n de esclavo se lo impidiera, sino, especialmente, porque no sab&iacute;a escribir. </p>         <p>En pocas palabras, el mayordomo deb&iacute;a reunir los conocimientos precisos para el dominio del sistema administrativo a partir de la apropiaci&oacute;n de ciertas competencias cognitivas y personales, guiadas principalmente por la experiencia. Estas aptitudes y actitudes que lo categorizaban en una condici&oacute;n social diferente como representaci&oacute;n directa del poder del hacendado.</p>            <p> <font size="3"><b>4. Los esclavos</b></font></p>         <p>El grupo de esclavos negros estaba conformado por hombres y mujeres de diversas edades. El n&uacute;mero promedio de esclavos podr&iacute;a estar fijado entre treinta y cuarenta, organizados en n&uacute;cleos familiares (esposo, esposa e hijos), de acuerdo con el registro llevado en los apuntes de la hacienda. </p>         <p>Entre las tierras, semovientes y aperos que constitu&iacute;an la hacienda en 1770, se encontraba el negro esclavo Francisco que recib&iacute;a en raciones  3 &frac12; almudes de ma&iacute;z cuatro veces al mes<a href="#n13" name="v13"><sup>13</sup></a>.Varios a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1810, el n&uacute;mero de esclavos aument&oacute; a treinta y ocho, organizados en ocho n&uacute;cleos familiares y un hombre soltero. La procedencia de esta cuadrilla de esclavos no se conoce con seguridad, pero, probablemente fueron trasladados de las minas pertenecientes a la familia Arboleda o tambi&eacute;n, posiblemente, de las dem&aacute;s haciendas con el &aacute;nimo de poblar este espacio con negros aclimatados, como algunas veces se consideraba.</p>         <p>En el a&ntilde;o 1823 se registr&oacute; un n&uacute;mero de treinta y cuatro esclavos, organizados en siete n&uacute;cleos familiares y dos esclavas negras que al parecer no presentaban un v&iacute;nculo de consanguineidad con los dem&aacute;s. En este listado se aprecia, adem&aacute;s, la continuidad de algunos de ellos desde 1810, constituyendo nuevos lazos matrimoniales y de descendencia al interior del espacio social de la hacienda. Un caso lo present&oacute; Jos&eacute; Mar&iacute;a Tapia hijo del matrimonio entre los esclavos Juli&aacute;n Tapia y Teresa Bonilla. Jos&eacute; Mar&iacute;a Tapia se cas&oacute; con la esclava negra Mar&iacute;a Antonia con quien tuvo tres hijos, todos ellos nacidos y residentes de la hacienda Coconuco en 1823. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El sistema formado por los v&iacute;nculos familiares entre los esclavos se vuelve mucho m&aacute;s complejo cuando se trata de identificar sus relaciones con los dem&aacute;s integrantes esclavos. Por ejemplo, Luciana estaba registrada como esposa de Pablo de Jes&uacute;s en 1810. Ella ten&iacute;a fuera de este matrimonio dos hijos: Nicol&aacute;s y Mar&iacute;a Visitaci&oacute;n, y de su matrimonio con el esclavo Pablo tuvo tres hijos m&aacute;s: Andr&eacute;s, Pedro y Mar&iacute;a Manuela. En 1823, Luciana figuraba como viuda y varios de sus hijos ya estaban casados y viv&iacute;an en la hacienda. As&iacute;, en los registros aparece su hija Visitaci&oacute;n como esposa de Manuel Mar&iacute;a Lucum&iacute; con quien tuvo tres hijos. De esta forma la esclava Luciana conviv&iacute;a en la hacienda con un n&uacute;mero de familiares m&aacute;s extenso. </p>         <p>En los siguientes a&ntilde;os se mantiene la presencia de siete u ocho n&uacute;cleos familiares. Pues a pesar de la poca posibilidad de seguir con certeza los rastros de los esclavos debido al poco uso de los apellidos, se puede advertir la permanencia de algunos nombres representativos desde 1823 hasta 1843. Se distinguen as&iacute; los nombres de Andr&eacute;s, Miguel, Juan Andr&eacute;s, Manuel Mar&iacute;a, Rafael, Domingo y Pastor, quienes conformaban en 1843, siete n&uacute;cleos familiares compuestos por sus esposas e hijos. No obstante, Mariana Arboleda y el hacendado, motivados por los considerables robos y abusos cometidos durante su ausencia entre 1840 y 1843, deciden dejar en la hacienda a los esclavos Pastor y Rafael con sus respectivas familias y enviar a los dem&aacute;s a la mina de Teta. En reemplazo de los que se fueron, se trasladaron dos matrimonios de la mina hacia la hacienda. </p>         <p>Las funciones de este grupo social comprend&iacute;an desde la realizaci&oacute;n de mandados de diverso tipo: llevar y traer la correspondencia, ir en busca de un m&eacute;dico, llevar las bestias a Popay&aacute;n, transportar productos y materiales como "un espejo grande que deben venir a espaldas"<a href="#n14" name="v14"><sup>14</sup></a>, hasta cualquier tipo de encargo requerido por el hacendado, su familia o el mayordomo, como autoridades directas de sus servicios. Entre todas estas comisiones, los esclavos negros cumpl&iacute;an especialmente la funci&oacute;n de informar sobre la producci&oacute;n y comunicar los asuntos de convivencia. </p>         <p>Por otra parte, este grupo social estuvo encargado de todas las actividades de producci&oacute;n agr&iacute;cola y ganadera. Dentro de este conjunto de labores, se requer&iacute;a de forma individual la especializaci&oacute;n en algunas de ellas. La actividad que demand&oacute; mayor experticia fue la labor de la tener&iacute;a, producci&oacute;n que se intent&oacute; desarrollar con esmero desde 1827. De esta forma algunos esclavos fueron destinados como aprendices del tratamiento y elaboraci&oacute;n de cueros a cargo de un especialista en la materia tra&iacute;do generalmente fuera de la localidad.</p>         <p>En general todas las actividades desarrolladas en la hacienda por parte de los negros esclavos requer&iacute;an de aprendizaje y especializaci&oacute;n, y en algunos casos generaban distinci&oacute;n entre actividades destinadas para las mujeres como la limpieza de los trigos, la elaboraci&oacute;n de la harina, la cosecha de papas y el desgrano del ma&iacute;z; y algunas actividades destinadas para los hombres que requer&iacute;an mayor fuerza y dureza, como arriar el ganado arisco que pastaba libremente por los terrenos de la propiedad. </p>         <p>Exist&iacute;an otro tipo de actividades que si bien eran desempe&ntilde;adas por hombres esclavos, pod&iacute;an tambi&eacute;n ser llevadas a cabo por algunas de las mujeres cuando era necesario. Por ejemplo, el negro Rafael era el encargado de la producci&oacute;n de ladrillos en el galp&oacute;n de la hacienda. Sin embargo, Rafael huy&oacute; durante el mes de marzo de 1837, al parecer motivado porque Luque, el mayordomo, "le dio unos azotes"<a href="#n15" name="v15"><sup>15</sup></a>. Con la premura de realizar ladrillos, Mariana Arboleda decidi&oacute; emprender su elaboraci&oacute;n con las negras esclavas. Situaci&oacute;n, que seg&uacute;n Mariana, serv&iacute;a en parte, como lecci&oacute;n para rebajarle el orgullo al esclavo, como ella misma se lo anotaba a Tom&aacute;s Cipriano: "se sigue trabajando en el galp&oacute;n, hay dos mil ochocientos ladrillos, y voy a hacer lo posible para meter una orneada para que t&uacute; encuentres ladrillo quemado, y que el canalla de Rafael vea que no hace falta y rebajarle el orgullo"<a href="#n16" name="v16"><sup>16</sup></a>. Al final, el esclavo Rafael fue regresado a la hacienda y continu&oacute; con sus labores en el galp&oacute;n<a href="#n17" name="v17"><sup>17</sup></a></p>         <p>Las negras esclavas, por otra parte, cumpl&iacute;an con otros requerimientos especiales como el de cuidar la maternidad de la se&ntilde;ora y lactar a los reci&eacute;n nacidos cuando era preciso. Lo que implicaba en algunas ocasiones que las negras, en su funci&oacute;n de amas, deb&iacute;an trasladarse a los lugares donde estaba la familia hacendaria. La negra Ignacia de esta forma estuvo presta a viajar desde Popay&aacute;n a Iscuand&eacute; donde se encontraba Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, su esposa Mariana y su hija reci&eacute;n nacida llamada Amalia<a href="#n18" name="v18"><sup>18</sup></a>. </p>         <p>&iquest;Pero qu&eacute; pas&oacute; con los esclavos de la hacienda?</p>         <p>En 1850, a&ntilde;o en que se hac&iacute;an eminentes las pol&iacute;ticas de manumisi&oacute;n y abolici&oacute;n de la esclavitud, el hacendado Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera decidi&oacute; tomar destino para los esclavos localizados en sus propiedades. Los esclavos de las minas entraron r&aacute;pidamente en la din&aacute;mica de la comercializaci&oacute;n y los esclavos de hacienda Coconuco fueron reservados como mano de obra para la construcci&oacute;n del Ferrocarril de Panam&aacute;<a href="#n19" name="v19"><sup>19</sup></a>. </p>         <p>En Febrero de 1850, Vicente Arboleda anunciaba el evento cuando le comentaba a Tom&aacute;s Cipriano algunos efectos de las ideas de libertad en los esclavos, revelando la idea real de conducirlos a Panam&aacute;: </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>"Por el correo de ayer he recibido carta del S. Tom&aacute;s Ayala, que es el que tengo de minero, diciendo que los negros est&aacute;n alebrestados con las ideas de libertad, y hoy le escribo dici&eacute;ndoles cu&aacute;l es la verdadera libertad para ella explicando a Ayala lo que tu prometes para que los negros se animen a ir a Panam&aacute;, y no crean las maldades que riegan los rojos"<a href="#n20" name="v20"><sup>20</sup></a>. </blockquote>         <p>De hecho, la noticia tambi&eacute;n se anunciaba en El Paname&ntilde;o, dec&iacute;a que el General Mosquera hab&iacute;a ubicado en Popay&aacute;n un n&uacute;mero importante de esclavos para que trabajaran en la obra, seg&uacute;n comunicaba: "es de no poco inter&eacute;s la contrataci&oacute;n de esclavos de que se encarg&oacute; el General Mosquera, de los cuales se har&aacute; uso en n&uacute;mero de 300, caso que llegue a ser necesario estos brazos." (Cleves, 2005:25). </p>     <p>Durante el mes de marzo, el mayordomo de la hacienda Coconuco, Manuel Mar&iacute;a Mu&ntilde;oz, confirmaba esta noticia al escribirle al hacendado: "Mi respetado Jeneral, tenga la bondad de que si siempre me lleva para Panam&aacute; decirme para tratar de arreglar mis cositas e ir con mis padres"<a href="#n21" name="v21"><sup>21</sup></a>. Contestaci&oacute;n, que al parecer, lleg&oacute; muy pronto. As&iacute;, el 1 de marzo, el mayordomo le expresaba nuevamente: "Y deseo nos desocupemos aqu&iacute; pronto para yo seguir aonde mis padres a poner en su conocimiento la marcha de Panam&aacute; que por servirle a mi general lo hago gustoso"<a href="#n22" name="v22"><sup>22</sup></a>. </p>     <p>La importancia de estos mensajes radica en que el mayordomo cumplir&iacute;a una misi&oacute;n particular, y era seguramente, la de llevar consigo a los esclavos de la hacienda con destino a Panam&aacute;. De hecho el &uacute;ltimo mensaje que se tiene del mayordomo y de los esclavos, es una carta remitida el 9 de octubre de 1850, desde Pasoblanco, en la que el mayordomo angustiado le comunica al hacendado sobre las dificultades del camino, la dif&iacute;cil situaci&oacute;n de los criados enfermos y la precariedad de los recursos para atenderlos. Realidad que estaba causando algunos fallecimientos antes de llegar a su destino: </p>     <blockquote>"Participo a U. que los criados, est&aacute;n todos apestados, esento tres piezas que son los que asisten a los enfermos, ayer se muri&oacute; Andrea mujer del capit&aacute;n, m&aacute;s como aqu&iacute; no hay recursos ningunos para la curaci&oacute;n de este accidente, he resuelto mandar un moso que lo es Jos&eacute; Silio Garrido, para que inmediatamente que este llegue a Panam&aacute;, mande U. con &eacute;l todos los remedios que crea necesarios, para curar las birguelas, va acompa&ntilde;ando U. a los remedios buenas instrucciones del modo como se han de aplicar los remedios"<a href="#n23" name="v23"><sup>23</sup></a>.    </blockquote>     <p>De esta forma, la presencia de esclavos negros en la hacienda Coconuco es interrumpida en el a&ntilde;o de 1850, pues a partir de la fecha no hay indicios que algunos de ellos se hayan quedado en la hacienda, lo que hace suponer que fueron destinados a trabajar, en su condici&oacute;n de esclavos, en el Ferrocarril de Panam&aacute;, que por sus condiciones ambientales y recursos precarios, caus&oacute; el deceso de varios de ellos (Poveda, 2004:7).</p>          <p> <font size="3"><b>5. Los ind&iacute;genas</b></font></p>    <p>La mano de obra ind&iacute;gena fue fundamental para las labores de la hacienda. En un comienzo, los ind&iacute;genas prestaron sus servicios por medio de la instituci&oacute;n de la encomienda, que legalmente termin&oacute; en 1821, y luego dichas relaciones continuaron bajo otras formas de sujeci&oacute;n y de subordinaci&oacute;n. El grupo de ind&iacute;genas se localiz&oacute; principalmente en el pueblo de Coconuco, fundado en 1745, y ubicado geogr&aacute;ficamente en los linderos de la hacienda. </p>          <p>Los ind&iacute;genas cumplieron diversas funciones en la producci&oacute;n, distinguidos, sobre todo, como la mano de obra principal en las siembras y las cosechas. De hecho, la exclusividad de los ind&iacute;genas en algunas labores, implicaba la necesidad de requerir de sus servicios cuando los esclavos no mostraban dicha cualidad. Entre el grupo de ind&iacute;genas se present&oacute; una divisi&oacute;n del trabajo a partir de la especializaci&oacute;n; fueron frecuentes los servicios de los indios arrieros, muleros y cargueros, pero la especialidad de mayor asistencia fue la de los indios ovejeros, quienes estuvieron a cargo del reba&ntilde;o de aproximadamente 1500 ovejas propiedad de la hacienda. </p>          <p>Los indios prestaron tambi&eacute;n el servicio de comunicaci&oacute;n: desde llevar y traer correspondencia hasta transportar cualquier tipo de encargo. Como lo describe detenidamente Mariana Arboleda en 1837: </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>"Hoy mando a los indios llev&aacute;ndote los encargos que se componen de un poco de pan, unos mojicones, viscochos, pan de yuca, pan de cuajada, quesadillas, papitas, rosqueticos tatis, unos huevitos de manjar blanco y unos confites y un poco de dulce en caldo, es todo lo que he podido hacer a la carrera. Yo celebrar&eacute; que tu quedes contento, y que el cura quede satisfecho que en tan corto tiempo no me ha sido posible hacer otra cosa y por despachar temprano a los indios"<a href="#n24" name="v24"><sup>24</sup></a>.     </blockquote>         <p>Entre otras labores, los ind&iacute;genas acudieron a la composici&oacute;n de las casas y la construcci&oacute;n de las cercas. Para estas actividades que ordinariamente las realizaron los indios, sin embargo, en muchas ocasiones, se utiliz&oacute; tambi&eacute;n el servicio de las indias en la hacienda, aunque no era lo habitual. De hecho, Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera se opuso rotundamente a que las indias asistieran a la propiedad. Pero algunas veces, Mariana Arboleda consideraba necesario admitir este tipo de mano de obra, como lo comunicaba en 1838: </p>         <blockquote>"Ya hoy tambi&eacute;n se est&aacute;n sembrando las alverjas cada clase por separado que yo misma he estado apart&aacute;ndolas con las criadas pero para sembrarlas he puesto tres indias pues las criadas no son m&aacute;s que cuatro y hoy las mand&eacute; a coger las papas bogotanas y aunque tu mandas que no se metan indias a los trabajos siempre me veo en la necesidad mandar algunas a los trabajos precisos porque las criadas no alcanzan por ahora"<a href="#n25" name="v25"><sup>25</sup></a>. </blockquote>         <p>Estas tareas por parte de las indias en la hacienda parecen haber sido continuadas en los siguientes a&ntilde;os en situaciones y labores particulares. Por ejemplo, en 1843, Mariana Arboleda reiteraba el uso del servicio de las indias en la cosecha de las papas, seg&uacute;n dec&iacute;a: "en tres d&iacute;as he cojido ochenta cargas de papas con 8 indias y si hubieran estado solas habr&iacute;an gastado quiz&aacute;s dos semanas"<a href="#n26" name="v26"><sup>26</sup></a>.</p>    <p>Es importante observar, que las labores de la hacienda se realizaban, en algunos casos, a partir de la uni&oacute;n de la mano de obra de los indios y los criados para una misma actividad. Lo que sugiere el establecimiento de relaciones sociales a partir de la pr&aacute;ctica de una misma labor productiva. As&iacute;, Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera ordenaba en 1824: "y deben concurrir todos los indios con los negros a la composici&oacute;n"<a href="#n27" name="v27"><sup>27</sup></a>.</p>         <p>Si bien el trabajo de los esclavos era de car&aacute;cter obligatorio, los servicios laborales de los ind&iacute;genas no lo eran, dado que los ind&iacute;genas con alguna libertad decid&iacute;an establecer acuerdos laborales con el hacendado. En este sentido, los hacendados deb&iacute;an realizar grandes esfuerzos para que los indios fueran a trabajar. La primera tarea de los encargados, era la de ir al pueblo en busca de indios para que se comprometieran a realizar algunas labores. Una de las explicaciones de aquella intransigencia correspond&iacute;a a que los ind&iacute;genas prefer&iacute;an laborar en sus propias sementeras y no en las de la hacienda, pues el tiempo dedicado en las tierras del hacendado implicaba el atraso de sus propias parcelas. </p>         <p>Los d&iacute;as de fiesta fueron otro motivo importante de resistencia. En marzo de 1837, la se&ntilde;ora de la hacienda aseveraba al respecto: "Los indios no han salido a los trabajos, ni saldr&aacute;n hasta despu&eacute;s de la pascua porque pidieron que los dejaran hacer las sementeras y despu&eacute;s tomar&iacute;an un inter&eacute;s para los trabajos de la hacienda"<a href="#n28" name="v28"><sup>28</sup></a>. Y unos meses despu&eacute;s, insist&iacute;a: "hasta ahora no hemos conseguido que estos malos indios salgan a trabajar con empe&ntilde;o pues con las fiestas de todo el a&ntilde;o lo pasan en veberones y nada hacen de provecho"<a href="#n29" name="v29"><sup>29</sup></a>. </p>         <p>Ahora bien, una vez que se lograba acordar con los ind&iacute;genas para que realizaran algunas actividades, la siguiente tarea era la de comprometerlos a que fueran temprano y cumplieran su horario en las labores correspondientes, pues desde la perspectiva de los propietarios eran lentos y perezosos. De esta manera, el hacendado deb&iacute;a valerse de intermediarios para lograr que efectivamente se cometieran dichos servicios. El primer intermediario fue el cura, que con sus sermones y amonestaciones motivaba a los indios para que ejercieran las labores en las tierras del hacendado. Tambi&eacute;n se encontraban el gobernador y el alcalde, que como agentes institucionales, obligaban a los indios para que salieran a trabajar. Sin embargo, a veces ni siquiera el esfuerzo de los intermediarios conquistaba el empe&ntilde;o de los ind&iacute;genas, motivo por el cual el hacendado era consciente de que su presencia y la asistencia directa de las labores era necesaria, si se quer&iacute;a llevar con prontitud las actividades, que en ocasiones no sal&iacute;an muy bien. </p>         <p>El pago de los ind&iacute;genas se realizaba por medio del sistema de rayas, una forma de registro que se figuraba con el trazo de una raya que era un d&iacute;a de trabajo. Sin duda alguna, el libro de cuentas era el principal mecanismo por medio del cual se establec&iacute;an las relaciones entre el hacendado y los ind&iacute;genas, ya que precisamente era la manera como el hacendado se informaba sobre las diferentes labores que los ind&iacute;genas realizaban o de los implementos o pr&eacute;stamos que le adeudaban<a href="#n30" name="v30"><sup>30</sup></a>. De hecho, los ind&iacute;genas representaban no solamente, y de forma significativa, la mano de obra clave en las labores agropecuarias, pues este grupo social tambi&eacute;n constitu&iacute;a, de forma voluntaria o involuntaria, un importante grupo consumidor a partir de la compra de los productos o suplementos comercializados por el hacendado. Lo que indica, en cierto grado, la sujeci&oacute;n de los ind&iacute;genas en una relaci&oacute;n comercial y de endeudamiento que permiti&oacute; la obligaci&oacute;n y retenci&oacute;n de los ind&iacute;genas en las labores de la hacienda. </p>            <p> <font size="3"><b>6. Los otros trabajadores</b></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre los servidores de la hacienda existi&oacute; un grupo de individuos que cumplieron ciertas funciones espec&iacute;ficas durante algunas temporadas. Servicios que fueron pagados de acuerdo al convenio establecido previamente con el hacendado o sus encargados.</p>         <p>Una de las figuras m&aacute;s representativas entre este grupo de servidores, fue la del cura adscrito a la vice-parroquia de Coconuco y el cura adscrito a la parroquia de Purac&eacute;<a href="#n31" name="v31"><sup>31</sup></a>. Estos individuos establecieron una relaci&oacute;n cercana con los hacendados, quienes mantuvieron una correspondencia de respeto, cordialidad y servicio. El cura generalmente frecuent&oacute; la hacienda y en algunas ocasiones permaneci&oacute; all&iacute; por determinados d&iacute;as. Su ocasional estad&iacute;a obedeci&oacute;, principalmente, a llevar a cabo pr&aacute;cticas religiosas a los pobladores. Por otra parte, y como se observ&oacute; l&iacute;neas atr&aacute;s, el capell&aacute;n se esforzaba por motivar y estimular el cumplimiento de los servicios de todos los trabajadores. La retribuci&oacute;n del hacendado por la prestaci&oacute;n de estos servicios se realizaba en el pago de dinero, en la entrega de productos seg&uacute;n el diezmo estipulado, y en la realizaci&oacute;n de algunas obras y edificaciones al servicio de la iglesia.</p>         <p>En 1827 ingresaron otras figuras que prestaron sus servicios en la hacienda. Se debe recordar que para esta fecha, el hacendado Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera decidi&oacute; ampliar la producci&oacute;n de cueros para desarrollar el proyecto de la tener&iacute;a. De esta manera, se alistaron una serie de trabajadores procedentes de diferentes localidades, pero especialmente algunos extranjeros especialistas en el oficio. </p>         <p>El 8 de agosto de 1827, se realiz&oacute; el contrato de trabajo con el estadounidense Irza Collins, con el prop&oacute;sito de ense&ntilde;ar el oficio de la tener&iacute;a y de dirigir la producci&oacute;n por un tiempo de dieciocho meses<a href="#n32" name="v32"><sup>32</sup></a>. La realizaci&oacute;n de contratos laborales en la hacienda se&ntilde;ala el comienzo de un proceso de transformaci&oacute;n de las relaciones entre el hacendado y los nuevos trabajadores, con el &aacute;nimo de proyectar la hacienda hacia la producci&oacute;n de cueros. Es evidente en este contexto, la importante inversi&oacute;n no s&oacute;lo de mano y de herramientas, sino tambi&eacute;n el esfuerzo realizado por el potentado para lograr la efectiva instrucci&oacute;n y especializaci&oacute;n. </p>         <p>Con la llegada del se&ntilde;or Collins, ingresaron tambi&eacute;n m&aacute;s extranjeros como Barton y Joubert a desempe&ntilde;ar la misma funci&oacute;n y junto con ellos, asistieron otros trabajadores provenientes de Popay&aacute;n. A los &uacute;ltimos se les design&oacute; generalmente con el nombre de oficiales, para referirse a quienes ejecutaban oficios manuales o artesanales (Mayor, 2003:16). De esta manera acudieron a la hacienda los alba&ntilde;iles Tamtan, Escalona, Torres y Gironza, el carpintero Le&oacute;n; y otros trabajadores como Reynoso, Pe&ntilde;a, Jirones, Sosa, Guaycochea, y Lorza. El acuerdo de pago se realizaba en dinero y suplementos por las tareas cometidas. Estos convenios se diferenciaban entre s&iacute;, seg&uacute;n la experiencia de los trabajadores y su distinci&oacute;n en el gremio, ante lo cual, se distingu&iacute;an entre ellos los maestros y los aprendices. </p>         <p>La asistencia de trabajadores ces&oacute; en el a&ntilde;o de 1828, cuando ya no hay indicios de la continuidad del proyecto de la tener&iacute;a. Al parecer, porque la venta de cueros no fue la esperada, lo que gener&oacute; la dilaci&oacute;n de la empresa. No obstante, otro movimiento importante de trabajadores se advierte en 1838, cuando el hacendado decide reconstruir la casa de Coconuco y construir una casa en el terreno de Paletara. De esta forma, asistieron los alba&ntilde;iles para que pintaran y arreglaran las paredes, y los carpinteros para la construcci&oacute;n de las puertas y las ventanas<a href="#n33" name="v33"><sup>33</sup></a>.</p>         <p>Despu&eacute;s de estas obras no hay se&ntilde;ales que indiquen el ingreso de trabajadores a la hacienda hasta 1850, debido en parte a los prolongados viajes de los hacendados fuera de Popay&aacute;n, quienes residieron en Bogot&aacute; por varios a&ntilde;os, dejando la hacienda en manos de algunos familiares, tiempo durante el cual, no se registr&oacute; ninguna novedad.</p>         <p>&nbsp;</p>            <p> <font size="3"><b>Consideraciones finales</b></font></p>    <p>La configuraci&oacute;n social de la Hacienda Coconuco entre 1770 y 1850, presenta individuos y grupos sociales relacionados entre s&iacute; por una misma l&oacute;gica productiva. Se trata de un sistema de relaciones abierto, donde los grupos sociales establecieron comunicaciones con otros espacios y sectores sociales que revelaron una red de relaciones m&aacute;s amplia que se desarroll&oacute; en conexi&oacute;n con los centros urbanos, las minas y otras haciendas. La jerarquizaci&oacute;n social en esta organizaci&oacute;n estaba soportada por relaciones de poder constituidas entre los dominadores -en figura del hacendado y su familia- y los subordinados, representados en las figuras del mayordomo, los esclavos, los ind&iacute;genas y otros trabajadores. Sin embargo, cada figura o grupo social present&oacute; diferentes relaciones de dependencia y reciprocidad. Fen&oacute;meno que da cuenta del uso de mano de obra a partir de diversas formas de sujeci&oacute;n y servicio.</p>            ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El due&ntilde;o y propietario de la hacienda ostent&oacute; la facultad de dirigir, gobernar y disponer de las tierras y la mano de obra. Lo que constituy&oacute; el disfrute de la autoridad y poder de mando sobre las dem&aacute;s figuras y grupos sociales, facultad que trascendi&oacute; a los dem&aacute;s integrantes del grupo familiar. Un aspecto caracter&iacute;stico del hacendado sobresali&oacute; en su ausentismo, lo que gener&oacute; en muchas ocasiones el legado de su dirigencia y representaci&oacute;n a sus familiares. En este sentido, la presencia de la mujer y se&ntilde;ora de la hacienda jug&oacute; un papel primordial en el rol como administradora y encargada de la propiedad.</p>            <p>El mayordomo estuvo a cargo de administrar y velar por el buen funcionamiento de la hacienda y represent&oacute; la extensi&oacute;n de la autoridad y los designios del hacendado. El individuo que asumi&oacute; dicha posici&oacute;n deb&iacute;a mostrar competencias no s&oacute;lo para la producci&oacute;n sino tambi&eacute;n el ejercicio del dominio de la mano de obra bajo su tutela. El administrador acordaba de forma voluntaria un convenio para recibir un partido a cambio de sus servicios, representado en productos de la hacienda y en algunas ocasiones en dinero. Es importante anotar la diversa procedencia de los mayordomos que sirvieron en Coconuco, ya que fueron tanto vecinos de la regi&oacute;n como extranjeros. Lo que gener&oacute; adem&aacute;s la construcci&oacute;n de diferentes tipos de relaciones sociales.</p>            <p>Los esclavos fueron un grupo de hombres y mujeres de diversa edad organizados en n&uacute;cleos familiares. Su n&uacute;mero oscilaba entre 30 y 40 esclavos que formaron entre 7 y 9 n&uacute;cleos familiares. La mayor parte de los integrantes de este grupo social presentaron lazos de consanguineidad, lo que gener&oacute; el establecimiento de relaciones complejas de parentesco. Dependientes en todas sus formas del hacendado, cumplieron diversos oficios productivos y de servicio, situaci&oacute;n que ocasion&oacute; su traslado constante entre el centro urbano de Popay&aacute;n, las haciendas o minas, y en algunas ocasiones, hasta lugares m&aacute;s distantes. El uso de los esclavos en la hacienda Coconuco termin&oacute; en 1850, a&ntilde;o en que por orden del hacendado fueron conducidos para servir como obra de mano para la construcci&oacute;n del ferrocarril de Panam&aacute;. </p>            <p>El grupo de ind&iacute;genas, localizado en el pueblo de Coconuco, constituy&oacute; una mano de obra significativa para algunas funciones productivas a partir de la especializaci&oacute;n de sus funciones. Los ind&iacute;genas pod&iacute;an pactar con cierta libertad acuerdos de servicio por medio del sistema de rayas que simboliz&oacute; el registro de los d&iacute;as trabajados. De esta forma, el trazo de una raya correspond&iacute;a a un d&iacute;a trabajado y su equivalente era pagado en dinero, productos o en algunos suplementos comercializados por el hacendado. Aspecto que se&ntilde;ala la sujeci&oacute;n de los ind&iacute;genas en una relaci&oacute;n comercial y de endeudamiento, lo que hizo posible la obligaci&oacute;n y retenci&oacute;n de este grupo social en las labores de la hacienda. </p>            <p>Otro grupo de individuos que se diferenci&oacute; de los esclavos e ind&iacute;genas tambi&eacute;n prest&oacute; distintos tipos de servicios en la hacienda. Uno de ellos fue representado en el cura que asisti&oacute; regularmente a la propiedad para la celebraci&oacute;n de pr&aacute;cticas religiosas. Adem&aacute;s se desempe&ntilde;&oacute; como mediador para que los indios, esclavos y dem&aacute;s trabajadores sirvieran fervorosamente en las tierras del hacendado. Por otra parte, a partir de 1827, se origin&oacute; un inusual movimiento de trabajadores, con el fin de optimizar la producci&oacute;n y realizar algunas mejoras en la propiedad. As&iacute;, ingresaron a la hacienda un grupo de extranjeros especialistas en el campo de la tener&iacute;a y otros oficiales que ejecutaron diversas actividades con alguna especialidad. Con el hacendado acordaron realizar algunas tareas por medio de la celebraci&oacute;n de contratos laborales estipulados en tiempo y en oficios concretos. Este fen&oacute;meno se&ntilde;ala el inicio de un nuevo proceso de transformaci&oacute;n y cambio de relaciones entre el hacendado y los nuevos trabajadores, con el &aacute;nimo de proyectar la hacienda hacia nuevas formas de organizaci&oacute;n productiva.</p>              <p><font size="3"><b><i>Citas de pie de p&aacute;gina</i></b></font></p> 	    <p>          <p><a href="#v2" name="n2">2.</a> Seg&uacute;n Weber el poder es entendido como "la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relaci&oacute;n social, a&uacute;n contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad", y la dominaci&oacute;n debe entenderse como "la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas" (Weber, 2005:43).</p> 	     <!-- ref --><p><a href="#v3" name="n3">3.</a> ACC. Fondo Mosquera.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1657-6357201000020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Enero 4 de 1833.</p> 	     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v4" name="n4">4.</a>ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Abril 28 de 1832.</p> 	     <p><a href="#v5" name="n5">5.</a>ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Julio 28 de 1832.</p> 	     <p><a href="#v6" name="n6">6.</a>ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Enero 29 de 1838.</p> 	    <br>      <p><a href="#v7" name="n7">7.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Juan de Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Marzo 5 de 1840.</p> 	    <p><a href="#v8" name="n8">8.</a>ACC. Fondo Mosquera. Carta de Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Junio 12 de 1822.</p> 	    <p><a href="#v9" name="n9">9.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Jos&eacute; del Saltos a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Octubre 20 de 1825.</p> 	    <p><a href="#v10" name="n10">10.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Mayo 8 de 1838.</p> 	    <p><a href="#v11" name="n11">11.</a>ACC. Fondo Mosquera. Carta de Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Junio 13 de 1823.</p> 	    <p><a href="#v12" name="n12">12.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Manuel Mar&iacute;a Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Febrero 4 de 1827.</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v13" name="n13">13.</a> ACC. Colonia-Civil. 1770- Sig.5269. Cuaderno en donde se assientan los frutos de las dos Haciendas Coconuco y Poblaz&oacute;n desde 17 de julio de 1770, q. juro a Dios Nstro. Sr. Y una se&ntilde;al de +, ser ciertas y verdaderas las partidas de cargo y descargo en &eacute;l contenidas. </p> 	    <p><a href="#v14" name="n14">14.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Agosto 22 de 1827.</p> 	    <p><a href="#v15" name="n15">15.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Abril 18  de 1837.</p> 	    <p><a href="#v16" name="n16">16.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Abril 18 de 1837.</p> 	    <p><a href="#v17" name="n17">17.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Marzo 4 de 1838.</p> 	    <p><a href="#v18" name="n18">18.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Septiembre 5 de 1825.</p> 	    <p><a href="#v19" name="n19">19.</a> Proyecto que tom&oacute; impulso en el a&ntilde;o de 1848 y que dio inici&oacute; a sus labores a comienzos de 1850, a partir del contrato celebrado entre Pedro Alc&aacute;ntara Herr&aacute;n, embajador de la Nueva Granada ante el gobierno de EEUU y  yerno de Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, y la empresa estadounidense Panam&aacute; Rail Road Company. (Poveda, 2004:1-12).</p> 	    <p><a href="#v20" name="n20">20.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Vicente Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Febrero 5 de 1850.</p> 	    <p><a href="#v21" name="n21">21.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de  Manuel Mar&iacute;a Mu&ntilde;oz a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Febrero 23 de 1850.</p> 	    <p><a href="#v22" name="n22">22.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Manuel Mar&iacute;a Mu&ntilde;oz a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Marzo 1 de 1850.</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v23" name="n23">23.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Manuel Mar&iacute;a Mu&ntilde;oz a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Octubre 9 de 1850.</p> 	    <p><a href="#v24" name="n24">24.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Septiembre 29 de 1837.</p> 	    <p><a href="#v25" name="n25">25.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Febrero 12 de 1838.</p> 	    <p><a href="#v26" name="n26">26.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Agosto 14 de 1843.</p> 	    <p><a href="#v27" name="n27">27.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Noviembre de 1824.</p> 	    <p><a href="#v28" name="n28">28.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Marzo 13 de 1837.</p> 	    <p><a href="#v29" name="n29">29.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Mayo 22 de 1837.</p> 	    <p><a href="#v30" name="n30">30.</a> Pablo D&aacute;valos advierte el libro de rayas como una forma de dominaci&oacute;n simb&oacute;lica, en el caso de la prestaci&oacute;n de los servicios de los ind&iacute;genas en las haciendas del Ecuador. "La hacienda codifica relaciones de poder con contenidos altamente simb&oacute;licos, (&hellip;). La decodificaci&oacute;n del "libro de rayas" se constituye en la representaci&oacute;n gr&aacute;fica de un campo de luchas por el acceso al conocimiento y a la decodificaci&oacute;n del poder" (D&aacute;valos, 2005:337-357). </p> 	    <p><a href="#v31" name="n31">31.</a> Vice-parroquia es el nombre que se le dio al territorio jurisdiccional de un p&aacute;rroco y su iglesia. (Herrera, 2002:87).</p> 	    <p><a href="#v32" name="n32">32.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carpeta #19, 1827. D3709. Contrato celebrado entre los infrasquitos Tom&aacute;s C. y Irza Collins de profesi&oacute;n curtidora.</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v33" name="n33">33.</a> ACC. Fondo Mosquera. Carta de Manuel Mar&iacute;a Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera. Abril 2 de 1838.</p> 	<hr></p>         <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>         <p>FUENTES PRIMARIAS</p>    <p>Archivo Central del Cauca - ACC</p>    <p>Fondo Mosquera</p>         <p class="SUBTITUL">Fuentes Secundarias</p>    <!-- ref --><p>ANRUP, R. (1990). El taita y el toro. En torno a la configuraci&oacute;n patriarcal del r&eacute;gimen hacendario cuzque&ntilde;o. Departamento de Historia, Universidad de Gotemburgo. Instituto de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Estocolmo, Suecia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1657-6357201000020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>CLEVES MART&Iacute;NEZ, C. E. (2005). "Sobre los trabajadores de la construcci&oacute;n del ferrocarril de Panam&aacute; 1850-1855", Departamento de Historia. Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1657-6357201000020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>D&Aacute;VALOS, P. (2005). "Movimiento ind&iacute;gena ecuatoriano: construcci&oacute;n pol&iacute;tica y epist&eacute;mico", en: Cultura, pol&iacute;tica y sociedad Perspectivas latinoamericanas. Daniel Mato. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires, Argentina, p. 337-357.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1657-6357201000020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>ELIAS, N. (1996). La sociedad Cortesana. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1657-6357201000020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>MAYOR MORA, A. (2003). Cabezas duras y dedos inteligentes. Estilo de vida y cultura t&eacute;cnica de los artesanos colombianos del siglo XIX. Hombre Nuevo Editores, Medell&iacute;n, Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1657-6357201000020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>HERRERA &Aacute;NGEL, M. (2002). Ordenar para controlar. Ordenamiento especial y control pol&iacute;tico en las llanuras del Caribe y en los Andes Centrales Neogranadinos. Siglo XVIII. Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia. Academia Colombiana de Historia. Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1657-6357201000020001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>POVEDA RAMOS, G. (2004). "La construcci&oacute;n del Ferrocarril de Panam&aacute;", Dyna, noviembre, a&ntilde;o/vol. 71, n&uacute;mero 143 Universidad Nacional de Colombia Medell&iacute;n, Colombia, p. 1-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1657-6357201000020001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>WEBER, M. (2005). Econom&iacute;a y Sociedad, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1657-6357201000020001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <p>&nbsp;</p>        </font> 	     ]]></body><back>
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