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<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Sociales y Económicas- Universidad del Valle]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Movilizaciones sociales y formas de lucha campesina desarrolladas en el Municipio de Cajibío (Cauca): 1990-2006]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this article is to describe social mobilizations and forms of peasant struggle developed by peasant population in the municipality of Cajibío (Cauca) between 1990 and 2006. We will present an analysis of the most representative types of protest advanced by a population that in different circumstances has decided to move either to the defense of better living conditions or to the respect and recognition of rights considered fundamentals. To this end, we have resorted to the use of documentary sources located in printed and electronic archives in Cajibío, Cali, and Bogotá. We will pay special attention to phenomena related with land occupations and affectations, blocked roads, and forced mass displacement, given its intensity, frequency, and impact on the region.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	<font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 	 	    <p align="center"><font size="4"><b>Movilizaciones sociales y formas de lucha campesina desarrolladas en el Municipio de Cajib&iacute;o (Cauca): 1990-2006<sup>1</sup></a></b></font></p> 	 	    <p align="center"><font size="3"><b>Social mobilizations and forms of peasant struggle in the district of Cajib&iacute;o (Cauca): 1990-2006</b></font></p> 	 	    <p><i>Diego Andr&eacute;s Lugo Vivas</i>    <br>     Universidad ICESI, Cali-Colombia    <br> 	<a href="mailto:diegolugovivas@gmail.com">diegolugovivas@gmail.com</a></p> 	 	    <p>Recibido: 20.04.10    <br> 	Aprobado: 16.09.10</p> 	         <p>1. Este art&iacute;culo se deriva de la tesis de maestr&iacute;a titulada: Tradici&oacute;n agraria, luchas y recomposici&oacute;n de sociedades campesinas. El caso de Cajib&iacute;o (Cauca): 1970-2008. El Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle financi&oacute; gran parte de esta investigaci&oacute;n al vincularme como asistente de docencia entre 2008 y 2009.     <hr> 	     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El presente trabajo tiene como objetivo principal describir las movilizaciones sociales y formas de lucha campesina desarrolladas por la poblaci&oacute;n rural del municipio de Cajib&iacute;o (Cauca) entre 1990 y 2006. Presentaremos un an&aacute;lisis de las modalidades de protesta m&aacute;s representativas, adelantadas por una poblaci&oacute;n que en diferentes circunstancias ha decidido movilizarse bien sea para la defensa de unas mejores condiciones de vida, o bien para el respeto y reconocimiento de unos derechos considerados fundamentales. Para ello, hemos recurrido a un trabajo con fuentes documentales consignadas en archivos (impresos y electr&oacute;nicos) de los siguientes municipios: Cajib&iacute;o, Cali y Bogot&aacute;. Prestaremos especial cuidado a fen&oacute;menos vinculados con ocupaciones y afectaciones de predios, bloqueos a carreteras y &eacute;xodos organizados producto del conflicto armado en la zona, dada su intensidad, frecuencia e impactos regionales.</p>      <p><b>Palabras clave:</b> Cajib&iacute;o, movilizaciones sociales, modalidades de protesta campesina, ocupaciones y afectaciones de predios, bloqueos a carreteras. </p>   <hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>The purpose of this article is to describe social mobilizations and forms of peasant struggle developed by peasant population in the municipality of Cajib&iacute;o (Cauca) between 1990 and 2006. We will present an analysis of the most representative types of protest advanced by a population that in different circumstances has decided to move either to the defense of better living conditions or to the respect and recognition of rights considered fundamentals. To this end, we have resorted to the use of documentary sources located in printed and electronic archives in Cajib&iacute;o, Cali, and Bogot&aacute;. We will pay special attention to phenomena related with land occupations and affectations, blocked roads, and forced mass displacement, given its intensity, frequency, and impact on the region. </p>      <p><b>Key words: </b>Cajib&iacute;o, social mobilizations, forms of peasant struggle, land occupations and affectations, and blocked roads.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      	    <p>La historia del departamento del Cauca ha sido entre otras, una historia de movilizaciones y acciones colectivas planteadas por diferentes sectores sociales ante la b&uacute;squeda de mejores condiciones de vida o de un mayor reconocimiento pol&iacute;tico o cultural. El norte, centro o sur del departamento &-por nombrar s&oacute;lo algunas regiones&- han sido escenario de innumerables manifestaciones colectivas (unas con mayor alcance, impacto y frecuencia que otras), destacando desde las hist&oacute;ricas luchas por la tierra promovidas por el Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca (CRIC) en el centro y norte del departamento durante la d&eacute;cada de los 70 hasta los paros agrarios y bloqueos protagonizados por miles de campesinos durante la d&eacute;cada de los 90 en Rosas, Cajib&iacute;o y Mercaderes (a lado y lado de la Carretera Panamericana).</p> 	         <p>Los l&iacute;mites espaciales y territoriales del Cauca (aunque no deben servir como camisa de fuerza en la definici&oacute;n de un problema) muestran la variedad y complejidad de las acciones desplegadas por diferentes grupos subalternos, pues si se analizan tanto las modalidades de lucha como las motivaciones y antagonistas presentes en tales acciones, se podr&aacute;n vislumbrar cuestiones de naturaleza clasista (vinculadas con las luchas por la tierra en d&eacute;cadas pasadas) o de naturaleza identitaria (tal y como sucede con algunos  movimientos ind&iacute;genas y negros en los albores de la d&eacute;cada actual), sin que esto signifique la desaparici&oacute;n o inexistencia de manifestaciones de otro orden, las que competen por ejemplo, al campo de la violencia armada y al de la protecci&oacute;n de derechos fundamentales de la poblaci&oacute;n civil en zonas de conflicto latente. </p>         <p>Partiendo de este panorama, nos detendremos en la situaci&oacute;n de un municipio estrat&eacute;gico para la regi&oacute;n, describiendo las modalidades de protesta m&aacute;s significativas desarrolladas por la poblaci&oacute;n del municipio de Cajib&iacute;o (Cauca) durante el periodo 1990-2006, teniendo en cuenta los siguientes referentes: </p>    <p>1. 	Cajib&iacute;o hace parte de una zona neur&aacute;lgica en relaci&oacute;n con el desarrollo de movilizaciones agrarias e ind&iacute;genas pues se encuentra a 20 Km. al noroccidente de la capital del departamento del Cauca, Popay&aacute;n. Se comunica con ella por medio de la carretera m&aacute;s importante de la regi&oacute;n, lo que ha permitido (aunque no como &uacute;nico elemento ni como el m&aacute;s importante) que su poblaci&oacute;n se vea involucrada en innumerables acciones campesinas e ind&iacute;genas de car&aacute;cter nacional y regional. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. 	Su cercan&iacute;a a regiones como la Mar&iacute;a y Piendam&oacute; (bastiones de una hist&oacute;rica lucha ind&iacute;gena) y el Macizo colombiano (centro de uno de los movimientos campesinos m&aacute;s fuertes del pa&iacute;s), ha podido influir &-bien sea alentando o inhibiendo&- la sistem&aacute;tica capacidad de movilizaci&oacute;n de su poblaci&oacute;n. </p>    <p>3. 	Este municipio ha protagonizado en diferentes momentos de la historia reciente, manifestaciones que por su variedad en t&eacute;rminos de la poblaci&oacute;n involucrada, modalidades de protesta y motivos de lucha nos hacen pensar en el desarrollo de acciones desarticuladas y dispersas entre s&iacute;. Las invasiones colectivas en el peniplano de la meseta payanesa a finales de la d&eacute;cada de los 90, el taponamiento m&aacute;s grande de la carretera panamericana en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os (registrado en noviembre de 1999) o la desmovilizaci&oacute;n de un grupo de autodefensas campesinas en lo m&aacute;s alto de la cordillera occidental en 2003, son s&oacute;lo algunos de los ejemplos que nos muestran la variedad y complejidad de todo lo que se mueve alrededor de este municipio y que al no hacer parte de un &uacute;nico movimiento campesino, deja una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de dispersi&oacute;n e irregularidad hist&oacute;rica.</p>    <p>4. 	Cajib&iacute;o pese a su cercan&iacute;a con las regiones antes mencionadas no se puede entender como un municipio del todo articulado a ellas. Es cierto que es el municipio m&aacute;s cercano a La Mar&iacute;a (Piendam&oacute;) pero su poblaci&oacute;n ind&iacute;gena no supera el 4% del total municipal (DANE, 2006). As&iacute; mismo el que se encuentre cerca del Macizo Colombiano no es garant&iacute;a de articulaci&oacute;n plena a uno de los tantos movimientos campesinos desarrollados en la zona, especialmente al liderado por el Comit&eacute; de Integraci&oacute;n del Macizo Colombiano (CIMA). As&iacute; mismo, su cercan&iacute;a por el occidente con las regiones mineras de Buenos Aires, Suarez y Timba tampoco es sin&oacute;nimo de empat&iacute;a o de participaci&oacute;n en el desarrollo de manifestaciones rurales lideradas por la poblaci&oacute;n negra en estas localidades.</p>         <p>Lo anterior, nos obliga a preguntarnos cu&aacute;les han sido entonces las caracter&iacute;sticas de las movilizaciones y formas de lucha desarrolladas en este municipio, que por su frecuencia y sistematicidad se han mantenido vigentes hasta la presente &eacute;poca. Para responder tal inquietud, realizaremos una descripci&oacute;n de las modalidades de protesta m&aacute;s significativas en t&eacute;rminos de su frecuencia hist&oacute;rica. Discutiremos as&iacute; mismo, las perspectivas te&oacute;ricas en las cuales se inscribe este trabajo. Continuaremos con unos antecedentes y un estado de la producci&oacute;n nacional para proseguir con una periodizaci&oacute;n hist&oacute;rica y con la descripci&oacute;n de las modalidades de protesta ya se&ntilde;aladas. Cerraremos con unas conclusiones y con la bibliograf&iacute;a primaria y secundaria que da vida a este trabajo.</p>           <p><font size="3"><b>Perspectivas te&oacute;ricas </b></font></p>         <p>Autores como Moore, Landsberger y Wolf se&ntilde;alan que las movilizaciones rurales deben analizarse en funci&oacute;n del sentido de la explotaci&oacute;n con el cual los grupos campesinos conciben su relaci&oacute;n con las clases altas rurales y el Estado (Moore, 1973: 137-139, 335-350, 381; Landsberger, 1972; Wolf, 1972). Para Moore, la explotaci&oacute;n (sin importar su intensidad) mantiene cierto car&aacute;cter objetivo. Los campesinos tienden a construir una noci&oacute;n popular de justicia que descansa sobre una base racional, cotidiana y realista (Moore, 1973: 380, 401-404). Por lo tanto, as&iacute; sea dif&iacute;cil ponderar el grado de tolerabilidad de una relaci&oacute;n explotadora, lo cierto es que la realidad y las experiencias cotidianas permiten establecer aquel nivel m&aacute;ximo de injusticia que les es permitida a las clases altas y aquel grado, que al no ser tolerado, eleva los deseos de rebeli&oacute;n y movilizaci&oacute;n por parte de un sector campesino. </p>         <p>Sin embargo, para tales autores, no todo depende de la forma c&oacute;mo se concibe una relaci&oacute;n de explotaci&oacute;n; es necesario analizar la posici&oacute;n, condiciones hist&oacute;ricas y disponibilidad de recursos de otros actores (Moore, 1973:137-139, 335-350; Landsberger, 1972). Los campesinos que no cuentan con recursos (especialmente tierras) y medios t&aacute;cticos para luchar dependen de alg&uacute;n poder exterior que los motiva a hacerlo. Quienes logran mayor autonom&iacute;a para ello, son aquellos que cuentan con algunos recursos y una libertad m&iacute;nima para desafiar al se&ntilde;or (los campesinos medios, propietarios de tierras parcelarios y todos aquellos que se encuentran bajo un control marginal del exterior). No obstante, la distancia entre el desaf&iacute;o al poder local por un lado y el advenimiento de una revoluci&oacute;n por el otro, es evidente. Por ello, el campesino no logra m&aacute;s que los cambios deseados en la estructura local del campo (Wolf, 1972:399-409). Adem&aacute;s, su incapacidad para movilizarse pol&iacute;ticamente no dejar&aacute; de ser su peor obst&aacute;culo (Wolf, 1972).</p>         <p>En relaci&oacute;n con la historia de las movilizaciones agrarias en Latinoam&eacute;rica podemos se&ntilde;alar algunas de sus caracter&iacute;sticas comunes, entre ellas: primero, las diferentes zonas en las que se han iniciado tales manifestaciones se pueden considerar entre las menos pobres y marginales en t&eacute;rminos de su productividad agr&iacute;cola. Segundo, la organizaci&oacute;n tiende a surgir entre campesinos que mantienen cierta independencia econ&oacute;mica y han logrado cierto bienestar (Huizer, 1981) aunque sigue siendo de vital importancia el papel del campesino cuya situaci&oacute;n econ&oacute;mica es desfavorable (Huizer, 1981:28). Tercero, factores como el papel ejercido por una clase terrateniente o por grupos pol&iacute;tica y militarmente representativos permiten ver no s&oacute;lo c&oacute;mo se promueve o desarrolla una movilizaci&oacute;n sino tambi&eacute;n c&oacute;mo se inhibe. Estrategias de contenci&oacute;n hacia la libertad de asociaci&oacute;n, despidos, desalojos, privilegios hacia ciertos sectores para moderar o suspender los esfuerzos organizativos, entre otros, son algunos de los mecanismos utilizados por ciertos grupos para disminuir el avance una movilizaci&oacute;n social (Feder, 1969:323-326). </p>         <p>Cuarto, gran cantidad de movimientos campesinos en la regi&oacute;n han sido iniciados por l&iacute;deres campesinos y no s&oacute;lo por actores provenientes del exterior, especialmente de las zonas urbanas. Sin embargo, esto no niega la existencia de un intercambio previo en el cual los l&iacute;deres campesinos han mantenido contactos y experiencias urbanas que los capacita para estar al frente de movilizaciones agrarias. Quinto, los intercambios entre la poblaci&oacute;n rural y urbana, que incluye entre otros a, pol&iacute;ticos, acad&eacute;micos, l&iacute;deres campesinos, miembros de instituciones religiosas, abogados, madres comunitarias, tienden a ser sistem&aacute;ticos y reiterados (Huizer, 1981: 24). </p>         <p>Esto nos muestra que hist&oacute;ricamente los campesinos se han remitido al apoyo de aliados externos para contrarrestar la oposici&oacute;n de ciertos grupos, aquellos considerados sus antagonistas. M&aacute;s all&aacute; de establecer si son capaces o no de representarse como clase (pues no es objetivo nuestro concluir sobre este punto), s&iacute; es claro que los grupos campesinos cuando deciden movilizarse lo hacen en funci&oacute;n de un apoyo externo, bien sea por medio de recursos econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos adicionales, de l&iacute;deres preparados en otras regiones o por medio de partidos pol&iacute;ticos o instituciones que sin ser campesinos se muestran cercanos a sus intereses (Landsberger, 1972: 41). </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En a&ntilde;os recientes ha sido importante el tratamiento de las movilizaciones campesinas en Colombia y en Latinoam&eacute;rica, en parte, por los fen&oacute;menos registrados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os relacionados con fuertes movimientos sociales en Bolivia (Prada Alcoreza, 2008: 173-196), ind&iacute;genas en M&eacute;xico (Bartra y Otero, 2008: 401-428; Ortiz, 2008: 129-147), agrario-laborales en Argentina (Giarracca, 2001: 129-151; Giarracca, et. al, 2001: 307-333; Barbosa y Bendini, 2001: 339-362) o de los sin tierra en Brasil (Servolo, 2001: 103-128; Lima, 2008: 61-76; Machado, 2008: 231-257, Man&ccedil;ano, 2008: 335-357) y en parte por las renovadas perspectivas te&oacute;ricas con las cuales se ha venido abordando el problema. </p>         <p>Para el caso colombiano, trabajos alrededor de los nuevos movimientos sociales han centrado su inter&eacute;s en el estudio de ciertos paradigmas &-como lo se&ntilde;alar&iacute;a Gonz&aacute;lez Pi&ntilde;eros&- o propiedades comunes que permiten caracterizar un movimiento social como tal: 1) la solidaridad e identidad colectiva; 2) la capacidad de mantenimiento de la acci&oacute;n y 3) las oportunidades derivadas de los cambios en la estructura de posibilidades y restricciones pol&iacute;ticas (Tarrow, 1997: 27-29). Desde este enfoque, en Colombia se han desarrollado avances importantes en el tratamiento de movimientos identitarios especialmente ind&iacute;genas y negros y de resistencia civil en el marco conflictos armados persistentes. </p>         <p>Manifestaciones que no corresponden tan s&oacute;lo a una secuencia de acciones colectivas sino que &-dada su condici&oacute;n de movimientos&- deben ser entendidas por su estabilidad y mantenimiento una vez constituidas, por la articulaci&oacute;n de sus miembros alrededor de una identidad com&uacute;n, por la existencia de pautas organizativas que le permiten mantener un desaf&iacute;o permanente contra sus oponentes as&iacute; como por el aprovechamiento de cambios en la estructura pol&iacute;tica que adem&aacute;s de alentar la movilizaci&oacute;n colectiva permiten la generaci&oacute;n de nuevas oportunidades tanto para los manifestantes como para sus oponentes (Tarrow, 1997: 28-29; Gonz&aacute;lez Pi&ntilde;eros, 2006:13-48). </p>         <p>Al reconocer que en Cajib&iacute;o no se ha gestado un movimiento capaz de englobar la mayor&iacute;a o totalidad de paradigmas descritos (tal y como puede suceder para el caso de los movimientos ind&iacute;genas y negros del norte de Cauca o del CIMA en el macizo colombiano), y al encontrarnos m&aacute;s con una sucesi&oacute;n de eventos de lucha en el marco de un territorio y una poblaci&oacute;n m&aacute;s o menos definida, recurriremos a las dimensiones de an&aacute;lisis propuestas por Landsberger en sus estudios sobre la naturaleza y l&oacute;gica de las movilizaciones campesinas, siendo tales dimensiones: </p>         <blockquote>    <p>1. "La medida en que existe una conciencia com&uacute;n de compartir el mismo destino.    <br>2. La medida en que la acci&oacute;n tiende a ser colectiva tanto a) por la cantidad de personas que pone en movimiento<a href="#n2" name="v2"><sup>2</sup></a>, como b) por su grado de coordinaci&oacute;n y organizaci&oacute;n (hasta llegar a un tipo complejo de organizaci&oacute;n).    <br>3. La medida en que la acci&oacute;n es "instrumental": proyectada para cubrir una meta fuera de s&iacute; misma; y la medida en que es "expresiva": emprendida debido a la gratificaci&oacute;n inherente a la acci&oacute;n misma" (Landsberger, 1978: 34).</p></blockquote>             <p>Nuestra orientaci&oacute;n te&oacute;rica y metodol&oacute;gica nos lleva a hablar de movilizaciones sociales y formas de lucha campesina, pues evitamos caer en la tentaci&oacute;n de inventar movimientos sociales donde nos los hay o de hablar de repertorios de lucha que no existen (por lo menos para el presente autor). Esta es la raz&oacute;n por la cual nuestro trabajo gira en torno a modalidades de protesta, pues hemos centrado nuestro inter&eacute;s en una dimensi&oacute;n b&aacute;sica y emp&iacute;ricamente corroborable que nos permita adem&aacute;s de ubicar los procesos en sus justas proporciones abordar un fen&oacute;meno de recurrentes acciones colectivas sin que por ello tenga que ser asimilado con un movimiento social. Existe una poblaci&oacute;n que se organiza, que realiza acciones colectivas &-casi todas de hecho&- en las que confronta a uno o varios antagonistas, pero no por ello inscrita en un movimiento mayor. </p>             <p><font size="3"><b>Antecedentes y perspectivas de la producci&oacute;n nacional</b></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las movilizaciones agrarias en Colombia, especialmente aquellas que han derivado en luchas de tipo armado, han sido un reflejo de las transformaciones hist&oacute;ricas y de los fen&oacute;menos sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos m&aacute;s importantes que han afectado al pa&iacute;s y a sus diferentes regiones. A finales de la d&eacute;cada de los 40 del siglo XX y durante la d&eacute;cada los 50, las confrontaciones en el campo mantuvieron una fuerte orientaci&oacute;n pol&iacute;tica que se caracteriz&oacute; por una violencia de origen bipartidista (Gilhod&eacute;s, 1976: 67-83, P&eacute;caut, 1987; S&aacute;nchez y Meertens, 1983: 64-118; S&aacute;nchez, 1989a; S&aacute;nchez, 1989b; Gonz&aacute;lez, et. al. 2005).</p>         <p>Sin embargo, las movilizaciones agrarias en Colombia han involucrado a otro tipo de actores as&iacute; como  diferentes motivos y modalidades de protesta (Zamosc, 1987; Zamosc, 1992; Fajardo, 1994). </p>         <p>La historia de las luchas durante las d&eacute;cadas de los 60 y los 70, muestra por ejemplo el papel de la tierra y de las invasiones colectivas como respuesta campesina a una serie de pol&iacute;ticas de promoci&oacute;n y de contenci&oacute;n agraria, de reforma y de contrarreforma posterior adelantadas por los gobiernos de turno (Zamosc, 1987: 124).</p>         <p>As&iacute; mismo, las manifestaciones que la poblaci&oacute;n campesina ha planteado durante las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas muestran no s&oacute;lo la variedad de contextos dentro de los cuales se han desarrollado sino la diversidad de demandas y de antagonistas que han involucrado (Zamosc, 1992: 55-60; Reyes, 1994: 61-69). De acuerdo con Zamosc, en la d&eacute;cada de los 80, adem&aacute;s de evidenciarse una lucha cl&aacute;sica por la tierra (aunque esta vez con nuevos actores, por ejemplo, pobladores desplazados de capitales regionales y de cinturones de miseria urbanos), las manifestaciones se concentraron en temas como: </p>    <p>1) 	La defensa de la econom&iacute;a campesina en sectores que se ven&iacute;an especializando en la producci&oacute;n de ciertos bienes; 2) La mejora de los precios en los mercado locales y regionales; 3) Reclamos generados por desastres naturales, construcciones de complejos industriales (miner&iacute;a y sector maderero) e hidroel&eacute;ctricos; 4) La exigencia de apoyo estatal para la satisfacci&oacute;n de necesidades b&aacute;sicas en salud, educaci&oacute;n, v&iacute;as de comunicaci&oacute;n y obras de infraestructura y 5) la presencia de grupos armados en zonas rurales as&iacute; como las violaciones de derechos fundamentales, sociales, econ&oacute;micos, culturales y colectivos (Zamosc, 1992: 57; Reyes, 1994: 61).</p>         <p>De esta manera, los campesinos van transformando la naturaleza y alcance de sus protestas, pues &eacute;stas pasan de ser limitadas y bifurcadas a ser m&aacute;s cosmopolitas y aut&oacute;nomas, "en el sentido de ganar en amplitud geogr&aacute;fica, capacidad de definici&oacute;n interna y acci&oacute;n de varios lugares al tiempo" (Prada y Salgado, 2000: 146). De acuerdo con los autores, desde la d&eacute;cada de los 80, los motivos de las protestas y las modalidades de lucha recurrentes (movilizaciones, tomas de entidades, &eacute;xodos organizados e invasiones) evidenciaron nuevas relaciones con el Estado, cambios en el panorama social y geogr&aacute;fico vinculados con al ascenso del narcotr&aacute;fico y de grupos al margen de la ley as&iacute; como demandas por tierra que ven&iacute;an precedidas de experiencias reformistas que hab&iacute;an sido insuficientes (Prada y Salgado, 2000:158-166). </p>         <p>Durante el &uacute;ltimo lustro de la d&eacute;cada de los 1990 y el primero de la d&eacute;cada actual, las movilizaciones campesinas se concentraron en la realizaci&oacute;n de marchas y &eacute;xodos organizados, tomas de lugares p&uacute;blicos, paros regionales y en la creaci&oacute;n organizaciones nacionales. El tipo de demandas presentadas se relacionaban con tierras y servicios p&uacute;blicos (tal y como suced&iacute;a en la d&eacute;cada de los 80), con pol&iacute;ticas agrarias en contextos de liberalizaci&oacute;n y desprotecci&oacute;n econ&oacute;mica, as&iacute; como con la defensa de derechos fundamentales en regiones fuertemente azotadas por la intervenci&oacute;n de actores armados (Prada, 2004:153, 54 &- 62; Archila, 2004: 42). </p>         <p>De esta manera, de un total de 1.022 demandas enunciadas, un 24, 8% hac&iacute;a referencia al cumplimiento o incumplimiento de pol&iacute;ticas agrarias. Un 19,5% alud&iacute;a al mejoramiento de servicios p&uacute;blicos e infraestructura. Un 14,6% se relacionaba con la violaci&oacute;n de derechos constitucionales, con efectos de las acciones de grupos armados y con la ayuda humanitaria a desplazados por la violencia. Finalmente un 9,3% se refer&iacute;a a problemas de tenencia de campesinos sin tierra, de quienes no pose&iacute;an t&iacute;tulos de propiedad y a conflictos en zonas de resguardo ind&iacute;gena (Tobasura y Rinc&oacute;n, 2007: 48).<a href="#n3" name="v3"><sup>3</sup></a></p>         <p><font size="3"><b>Consideraciones metodol&oacute;gicas</b></font></p>         <p>El trabajo de an&aacute;lisis, selecci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de las fuentes documentales primarias, contempl&oacute; una revisi&oacute;n de los siguientes archivos: 1) Archivo Municipal de la Alcald&iacute;a de Cajib&iacute;o; 2) Archivo de la Personer&iacute;a Municipal de Cajib&iacute;o); 3) Archivo de la Secretar&iacute;a de Gobierno y de la Inspecci&oacute;n de Polic&iacute;a Municipal de Cajib&iacute;o; 4) Archivo de la Fiscal&iacute;a Seccional de Cajib&iacute;o; 5) Archivos impresos y electr&oacute;nicos de los diarios: El Tiempo y El Pa&iacute;s; 6) Sistema OnBase &- Archivos Digitales del Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular (CINEP &- Bogot&aacute;); 7) Documentos Corporaci&oacute;n VallenPaz (Cali). </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por ello es importante, "transformar" el material y todos los documentos consignados dentro de un archivo municipal en un corpus o archivo de la investigaci&oacute;n. De este modo, la conformaci&oacute;n de nuestro corpus de la investigaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo en varias etapas. Primero, se realiz&oacute; un trabajo exploratorio en el Archivo Municipal de Cajib&iacute;o mediante el cual se seleccion&oacute; s&oacute;lo la correspondencia recibida por la Alcald&iacute;a entre 1989 y 2006 como material de estudio. En total se revisaron m&aacute;s de 3.300 folios clasificados como correspondencia, de los cuales se seleccionaron m&aacute;s de 200 como parte de  nuestro archivo de investigaci&oacute;n parcial. Tal corpus incluy&oacute; toda la documentaci&oacute;n consignada como demandas, derechos de petici&oacute;n, acciones populares, acciones de cumplimiento y de tutela, querellas y todo documento que significara una exigencia o queja ante cualquier organismo p&uacute;blico de car&aacute;cter municipal. </p>         <p>Por la calidad y cantidad de la informaci&oacute;n se revis&oacute; toda la documentaci&oacute;n proveniente de la Personer&iacute;a Municipal consignada en m&aacute;s de 300 folios (en este caso no hubo un proceso de clasificaci&oacute;n previo como en el archivo municipal, ante el riesgo de dejar por fuera informaci&oacute;n valiosa). Una vez terminada esta fase, se complement&oacute;, contrast&oacute; y corrobor&oacute; el trabajo con informaci&oacute;n obtenida de los dem&aacute;s archivos mencionados. La informaci&oacute;n relacionada con movilizaciones regionales y protestas difundidas p&uacute;blicamente, exigi&oacute; un trabajo con la documentaci&oacute;n impresa y electr&oacute;nica de los diarios El Tiempo y El Pa&iacute;s (ubicada en la hemeroteca central de la Universidad del Valle) y con el archivo central del CINEP en Bogot&aacute;. As&iacute; mismo, toda la documentaci&oacute;n vinculada con las luchas por la tierra requiri&oacute; un trabajo en la Fiscal&iacute;a Seccional y en la Inspecci&oacute;n de Polic&iacute;a municipal. En ambas instituciones se revisaron y seleccionaron los documentos que guardaran relaci&oacute;n con el tema, mediante la aplicaci&oacute;n de un manual de clasificaci&oacute;n elaborado por el autor (las categor&iacute;as que permitieron acotar la b&uacute;squeda fueron construidas con base en nociones de car&aacute;cter jur&iacute;dico penal y civil).</p>  	 	    <p><font size="3"><b>Modalidades de lucha y periodizaci&oacute;n de las coyunturas en Cajib&iacute;o, 1990-2006</b></font></p> 	         <p>En relaci&oacute;n con el cuadro No. 1<a href="#n4" name="v4"><sup>4</sup></a> podemos se&ntilde;alar que las invasiones, usurpaciones de predios y perturbaciones a la posesi&oacute;n o mera tenencia representaron gran parte de las protestas campesinas durante el periodo estudiado. Fueron documentados 94 eventos relacionados con la lucha por la tierra que tomaron la forma de ocupaciones de hecho. Lo anterior signific&oacute; un 63% de las protestas campesinas en un escenario andino en el que precisamente por el predominio de las estructuras minifundistas, las luchas por la tierra se reducen a contextos m&aacute;s locales que regionales (Zamosc, 1987: 135). </p>         <p>El n&uacute;mero de ocupaciones de hecho es alto, por varias razones: 1) metodol&oacute;gicamente se propuso un cambio en el manejo de las fuentes, mediante el cual se consolidaron todas las denuncias penales por ocupaciones ilegales de hecho; 2) por consiguiente se encuentra que no todas las invasiones son fen&oacute;menos colectivos registrados en los distintos medios de comunicaci&oacute;n sino luchas en los planos local y veredal, que tienen como adversarios a terratenientes, pero tambi&eacute;n a medianos campesinos acomodados y a peque&ntilde;os campesinos parceleros. </p>         <p>Aparecen las manifestaciones, los bloqueos a carreteras y &eacute;xodos organizados como modalidades de lucha que reflejan la reivindicaci&oacute;n de nuevas demandas. Las manifestaciones, es decir, las demostraciones colectivas de hecho (obstrucci&oacute;n de construcciones, despido o expulsi&oacute;n de mano de obra extra&ntilde;a, destrucci&oacute;n y deterioro intencional de maquinaria), los cabildos y m&iacute;tines (ambos tomados como asambleas y reuniones en las cuales se consigue listar una serie de denuncias y demandar por ello al Estado o al adversario correspondiente civil y penalmente) se fortalecen en los planos local,  corregimental y veredal, entrando as&iacute; en confrontaci&oacute;n con las fuerzas militares, con prestadores de servicios p&uacute;blicos y con operadores de infraestructura vial. </p>         <p>En cuanto a los continuos bloqueos a carreteras vemos c&oacute;mo estos reflejan por una parte su efectividad durante la d&eacute;cada del 90 en casi todo el Departamento &-especialmente en la zonas central y suroriental, siendo el escenario principal la carretera Panamericana&- y por el otro la consolidaci&oacute;n de diferentes motivos de protesta vinculados con la defensa de la econom&iacute;a campesina, el cumplimiento de pactos anteriores, la inoperancia e ilegitimidad de los gobiernos centrales y el respeto por los derechos fundamentales, tan poco plausible en zonas de conflicto<a href="#n5" name="v5"><sup>5</sup></a>. </p>         <p>Por su parte, los &eacute;xodos organizados &-en menor medida&- las marchas y jornadas de lucha se deben entender como una respuesta directa a la cr&iacute;tica situaci&oacute;n de orden p&uacute;blico evidente en la zona y en la que se expresa un clamor por la aplicaci&oacute;n y cumplimiento de derechos fundamentales, violados desde la d&eacute;cada del 80, con significativa reincidencia posterior gracias a la arremetida militar-paramilitar-guerrillera que dej&oacute; en el Municipio en menci&oacute;n entre 1999 y 2001, decenas de muertos y cientos de desplazados<a href="#n6" name="v6"><sup>6</sup></a>. </p>         <p>En relaci&oacute;n con la periodizaci&oacute;n y las coyunturas de las luchas sociales en la regi&oacute;n, podemos afirmar: entre 1990 y 1995 el n&uacute;mero de eventos relacionados con las protestas campesinas es inferior a diez, cifra que aumenta desde 1996 y que alcanza su cumbre entre el a&ntilde;o 2000 y 2001, cuando llega a 21 y 16 eventos respectivamente. La alteraci&oacute;n del orden p&uacute;blico (no s&oacute;lo en este Municipio sino en muchas regiones del pa&iacute;s) aparece como la mejor evidencia causal, al reflejar lo siguiente: una arremetida rural de las acciones armadas de los grupos guerrilleros desde 1997 que acabar&iacute;a por desplazar de la zona a las mismas fuerzas militares y en especial a la polic&iacute;a. </p>         <p>Lo anterior posibilit&oacute; que las Farc y en menor medida el Eln asumieran un control militar y territorial en  la zona, considerando el n&uacute;mero de veces que fue tomado el pueblo y destruida la estaci&oacute;n de polic&iacute;a (tres entre 1998 y 1999). A esta arremetida se sum&oacute; la llegada de grupos paramilitares entre 1999 y 2000, periodo en el que se registran las peores masacres (guerrilleras y paramilitares), lo que oblig&oacute; a la poblaci&oacute;n civil a desplazarse y a ejercer presi&oacute;n colectiva desde los n&uacute;cleos de recepci&oacute;n locales. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto adem&aacute;s de indicar una p&eacute;rdida de legitimidad y dominio de los medios de coacci&oacute;n f&iacute;sica del Estado, explica la aparici&oacute;n de continuos bloqueos a la carretera Panamericana, por parte de grupos campesinos quienes reclamaban la presencia del Estado como garante en la aplicaci&oacute;n y cumplimiento de Derechos Humanos y como impulsor de pol&iacute;ticas en zonas marginales que requer&iacute;an inversiones en salud, educaci&oacute;n, vivienda, servicios p&uacute;blicos, recreaci&oacute;n y transporte. </p>         <p>La suma de tales condiciones objetivas (presencia de grupos al margen de la ley, poca legitimidad de los distintos gobiernos e incapacidad para monopolizar los medios de control militar y administrativos) y subjetivas (el car&aacute;cter impreso en las luchas que ven&iacute;an dando grupos como el Movimiento C&iacute;vico y Popular de Cajib&iacute;o y Fensuagro), permitieron que las acciones y protestas campesinas, registraran el nivel alcanzado durante este periodo. </p>         <p>Despu&eacute;s del a&ntilde;o 2000, los eventos relacionados con protestas campesinas entraron en franco descenso tal y como sucedi&oacute; en gran parte del pa&iacute;s, a consecuencia de medidas estatales que restring&iacute;an las protestas especialmente en el gobierno de &Aacute;lvaro Uribe (2002-2006) y en parte por la falta de garant&iacute;as que provoc&oacute; la arremetida de los grupos al margen de la ley y que obligaba a la poblaci&oacute;n civil a restringir sus demandas, si deseaba continuar con vida. </p>         <p>Finalmente entre los a&ntilde;os 2004 y 2005, cierto repunte de las protestas campesinas se relacionan con un fen&oacute;meno en especial: la desmovilizaci&oacute;n de las Autodefensas Campesinas de Ortega en diciembre de 2003, cuesti&oacute;n que colocar&iacute;a en el escenario pol&iacute;tico nacional a un grupo de pobladores rurales que durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os se formaron como grupo de reacci&oacute;n guerrillero asentado en lo m&aacute;s alto, alejado e incomunicado de la zona rural del Municipio (los corregimientos de Ortega y Dinde) y que bajo las pol&iacute;ticas de desmovilizaci&oacute;n del primer mandato de &Aacute;lvaro Uribe, deciden hacer una entrega p&uacute;blica de armas y una propuesta de resocializaci&oacute;n que deriv&oacute; en compromisos con los gobiernos central, departamental y municipal para el mejoramiento de la seguridad y de las condiciones de vida de los habitantes de la zona. </p> 	 	 	<a name="cua1">    <p align="center"><img src="img/revistas/soec/n19/n19a14-cua01.jpg"></p></a> 	 	         <p><font size="3"><b>Ocupaciones y afectaciones de tierras</b></font></p> 	         <p>En p&aacute;ginas anteriores (Cuadro No. 1) se&ntilde;al&aacute;bamos que el n&uacute;mero de hechos relacionados con las ocupaciones de tierra era 94. Tal cifra se desprende de las denuncias penales y civiles registradas para tres categor&iacute;as: invasiones de tierra<a href="#n7" name="v7"><sup>7</sup></a>>, usurpaciones de tierra<a href="#n8" name="v8"><sup>8</sup></a> y perturbaciones a la posesi&oacute;n o mera tenencia<a href="#n9" name="v9"><sup>9</sup></a>. No obstante, en el cuadro No. 2 hemos incluido otras adicionales (da&ntilde;os en bien ajeno<a href="#n10" name="v10"><sup>10</sup></a>, lanzamientos por ocupaci&oacute;n de hecho<a href="#n11" name="v11"><sup>11</sup></a> y otros) que pese a ampliar la perspectiva de las luchas por la tierra en la regi&oacute;n, no son tenidas en cuenta para la estimaci&oacute;n global del repertorio de luchas, pues adem&aacute;s de no aludir al concepto t&eacute;cnico de ocupaci&oacute;n de tierras indican sucesos sumamente gregarios, fragmentados y coyunturales que podr&iacute;an sobreestimar &-elevando en casi 100 eventos&- los hallazgos propuestos. </p>         <p>Considerando la cifra ampliada de conflictos por tierra, vemos que estos crecen hasta registrar 185 hechos, aumento que proviene principalmente de los da&ntilde;os en bien ajeno, es decir, de las afectaciones entre vecinos y familiares vinculadas con robos y deterioros de plantas, ganado, obstrucci&oacute;n de servidumbres y de accesos vehiculares y peatonales. Adem&aacute;s de lo anterior, vemos que la reiterada aparici&oacute;n de invasiones, usurpaciones de tierra y perturbaciones a la posesi&oacute;n como mecanismo de movilizaci&oacute;n en defensa de la tierra y de la consecuci&oacute;n de una fuente b&aacute;sica de recursos, pone en tela de juicio la veracidad de la hip&oacute;tesis sobre una disminuci&oacute;n sistem&aacute;tica de los conflictos de tierra como parte de las protestas campesinas.</p> 	 	 	<a name="cua2">    <p align="center"><img src="img/revistas/soec/n19/n19a14-cua02.jpg"></p></a>      	 	    <p>De acuerdo con los datos arrojados en el presente estudio y teniendo en cuenta todas las denuncias preliminares y procesos abiertos, vemos que las v&iacute;as de hecho relacionadas con la lucha por la tierra (como la mayor&iacute;a de eventos que se relacionan con condiciones estructurales como la propiedad predial) se mantienen constantes en el tiempo, aunque no logran ni el volumen ni la fuerza pol&iacute;tica registrada en las invasiones de la d&eacute;cada de los setenta promovidas por la ANUC, FANAL y otros sectores. </p> 	         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los registros indican que en casi todos los corregimientos del Municipio se presenta este fen&oacute;meno aunque tiende a concentrarse en aquellos de tradici&oacute;n latifundista y asentados sobre la meseta payanesa. Si analizamos los rasgos m&aacute;s importantes de las denuncias, los demandados, los demandantes y los tipos de predios involucrados podemos se&ntilde;alar lo siguiente: </p>    <p>1.	La afectaci&oacute;n de predios involucra no s&oacute;lo a terratenientes (como se esperar&iacute;a) sino a medianos propietarios, ciertamente acomodados que anteriormente hemos denominado empresariales y campesinos autosuficientes. </p>    <p>2.	Muchos de estos conflictos se pueden considerar dispersos, es decir, que no guardan relaci&oacute;n unos con otros y que por su naturaleza microlocal se registran entre peque&ntilde;as familias y predios aleda&ntilde;os. </p>    <p>3.	No obstante, otros conflictos &-los m&aacute;s conocidos&- obedecen a luchas frontales contra terratenientes, ya sean empresas privadas o p&uacute;blicas y familias de la zona, en las cuales se llevaron a cabo ocupaciones simult&aacute;neas, escalonadas y masivas. </p>         <p>Todo lo anterior, nos hace pensar que sin desconocer la existencia de nuevas modalidades y motivos de lucha en el campo colombiano, la mayor&iacute;a de aportes (Zamosc, 1992; Prada, 2004; Tobasura, 2005) apuntan a una disminuci&oacute;n gradual del problema de la tierra, sin ponderar un aspecto fundamental: la gran mayor&iacute;a de invasiones, usurpaciones, perturbaciones a la posesi&oacute;n y da&ntilde;os en propiedades ajenas no son p&uacute;blicamente discutidos. Mantienen un nivel de impacto que dif&iacute;cilmente sobrepasa la esfera de lo local, veredal o corregimental, as&iacute; los conflictos sean considerables. </p>         <p>Si tenemos en cuenta esta variable de impacto p&uacute;blico, dif&iacute;cilmente encontraremos informaci&oacute;n relacionada con estos hechos en diarios nacionales, regionales o semanarios, enfoque metodol&oacute;gico abordado en los &uacute;ltimos trabajos que toman como punto de partida las bases de datos del CINEP y de medios de comunicaci&oacute;n impresos de cobertura regional y nacional. Todos los autores consultados remiten gran parte de su informaci&oacute;n al estudio de medios impresos que documentan no s&oacute;lo estos hechos sino todos los relacionados con protestas y luchas campesinas. Su trabajo es de car&aacute;cter nacional, siendo l&oacute;gico que las acciones municipales y veredales, as&iacute; como el impacto que de ellas se desprende sean tratadas marginalmente. </p>         <p>Este punto puede ser discutible pero superable en t&eacute;rminos metodol&oacute;gicos. Sin embargo, si no se realiza un examen detallado de fuentes, se corre el riesgo de desestimar un fen&oacute;meno que si bien no asume las caracter&iacute;sticas de d&eacute;cadas pasadas, no por ello ha dejado de ser importante. Vemos as&iacute; que tan solo una de las invasiones colectivas en este Municipio se document&oacute; en los peri&oacute;dicos indagados. Si se multiplica esta v&iacute;a de an&aacute;lisis a todo el territorio nacional, podemos se&ntilde;alar con cierta seguridad que tales luchas vienen decayendo o tienden a desaparecer. Por lo tanto, es importante poner en cuesti&oacute;n hip&oacute;tesis que apuntan a la disminuci&oacute;n absoluta y porcentual de las luchas por la tierra, cuando las estrategias de informaci&oacute;n no son las m&aacute;s adecuadas para abordar el fen&oacute;meno.</p>         <p>Adem&aacute;s de los datos anteriores, si tenemos en cuenta cuestiones como las pol&iacute;tico-ideol&oacute;gicas y las condiciones prevalentes en la distribuci&oacute;n de la tenencia de la tierra<a href="#n12" name="v12"><sup>12</sup></a>, podemos encontrarnos ante un fen&oacute;meno ya estudiado por Scott (1985: 28-47) y por Zamosc en la sierra ecuatoriana (1990: 139): las formas cotidianas de resistencia campesina. Siguiendo tales aportes, podemos afirmar que las luchas por la tierra en una regi&oacute;n como Cajib&iacute;o, tienden m&aacute;s hacia un asedio fragmentario y en cierta manera encubierto. Aunque si bien, en el caso de la sierra ecuatoriana las confrontaciones fueron dirigidas hacia un grupo concreto: los terratenientes m&aacute;s modernizantes, lo que implic&oacute; cierta conciencia de clase, en nuestro caso los adversarios se pueden extender hacia campesinos acomodados y propietarios de predios autosuficientes, grupos ind&iacute;genas resguardados en sus nuevos territorios y enfrentados no s&oacute;lo por una cuesti&oacute;n de clase sino por una cuesti&oacute;n de subsistencia b&aacute;sica (el cerco campesino que se erige por la llegada de m&aacute;s y m&aacute;s resguardos ind&iacute;genas a corregimientos tan distantes como El T&uacute;nel y El Carmelo, es un buen ejemplo).</p>         <p>Bien sea que hablemos de grandes ocupaciones, o de da&ntilde;os en bien ajeno fragmentarios y coyunturales, las cifras muestran una estabilidad y en algunos a&ntilde;os un repunte significativo. En 1990 se documentaron siete conflictos por tierras, que aumentaron a 11 en 1995, a 15 en el a&ntilde;o 2000 y a 17 en el a&ntilde;o 2003. Primero, porque las v&iacute;as de hecho relacionadas con los da&ntilde;os en bien ajeno, especialmente con las picas de tierra, robos, da&ntilde;os de plantas y ganado, afectaciones a cultivos y cercos, aumentaron en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Segundo, porque la intervenci&oacute;n ideol&oacute;gica de algunos grupos y las precariedades de decenas de familias, se tradujeron en una oleada de invasiones colectivas registradas especialmente entre 1999 y el a&ntilde;o 2000 (aprovechando la delicada situaci&oacute;n de orden y de desorden p&uacute;blico). </p>         <p>As&iacute;, las ocupaciones que m&aacute;s se discuten y de las cuales se tiene mayor conocimiento, son las que se presentan en la finca "El Embrujo" de la Fundaci&oacute;n para el Desarrollo Integral de Cajib&iacute;o (FUNDECA)<a href="#n13" name="v13"><sup>13</sup></a>, en la finca "La Chola" propiedad de la empresa Almidones Nacionales<a href="#n14" name="v14"><sup>14</sup></a>, en la Empresa Nacional de V&iacute;as F&eacute;rreas (FERROV&Iacute;AS)<a href="#n15" name="v15"><sup>15</sup></a> y en la finca "La Mar&iacute;a" propiedad de la Sociedad Pulpapel<a href="#n16" name="v16"><sup>16</sup></a>, durante los a&ntilde;os 1999-2001. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este ciclo de invasiones colectivas que tom&oacute; forma sobre el peniplano de la meseta payanesa (regi&oacute;n nororiental del municipio en las que predominan las semiplanicies) fue activa la participaci&oacute;n de FENSUAGRO como motor ideol&oacute;gico para la movilizaci&oacute;n (especialmente en las invasiones de El Embrujo y La Mar&iacute;a). De igual manera, las condiciones de orden p&uacute;blico del momento jugar&iacute;an papel determinante en la decisi&oacute;n de invadir: El alcalde del municipio fue asesinado, las incursiones de la guerrilla (Farc y Eln) y de grupos paramilitares aumentaron considerablemente as&iacute; como el n&uacute;mero de masacres producto de sus intervenciones, el desalojo y abandono de predios como consecuencia de la inseguridad que se apoderaba de la zona era evidente, lo que deriv&oacute; en un escenario de invasiones sobre FUNDECA (una fundaci&oacute;n en descr&eacute;dito creada en 1983 y liquidada despu&eacute;s de esta invasi&oacute;n) y sobre otras empresas dedicadas al cultivo de almidones y a la producci&oacute;n forestal.</p>         <p>Podemos ver que las ocupaciones y afectaciones de predios en este territorio han sido un fen&oacute;meno importante dada su frecuencia e impacto pol&iacute;tico. No se han reducido al actuar de un &uacute;nico movimiento, pues en diferentes momentos y circunstancias hist&oacute;ricas la poblaci&oacute;n de Cajib&iacute;o ha tomado la decisi&oacute;n de afectar un predio (un fen&oacute;meno que recae m&aacute;s en el &aacute;mbito familiar) o de invadir grandes fincas (cuesti&oacute;n que implica una mayor movilizaci&oacute;n de recursos). Tampoco ha sido la &uacute;nica ni la m&aacute;s efectiva forma de lucha campesina, pues la poblaci&oacute;n se ha movilizado en torno a otra clase de demandas recurriendo a otro tipo de protestas. Como veremos en las pr&oacute;ximas p&aacute;ginas las manifestaciones para exigir soluciones educativas y de salud al Estado central y municipal as&iacute; como los bloqueos a la carretera Panamericana y los &eacute;xodos o desplazamientos forzados producto de los conflictos armados en la regi&oacute;n, han implicado nuevas y m&aacute;s variadas formas de lucha por parte de la poblaci&oacute;n de Cajib&iacute;o. </p>          <p><font size="3"><b>Manifestaciones</b></font></p>         <p>Para nuestro estudio consideraremos como manifestaciones la realizaci&oacute;n de m&iacute;tines (reuniones en las cuales se debaten cuestiones p&uacute;blicas de car&aacute;cter econ&oacute;mico, social o pol&iacute;tico por parte de la comunidad y que implican adem&aacute;s de una exposici&oacute;n de demandas y peticiones, una consecuente intervenci&oacute;n colectiva para el logro de aquellas), cabildos, demostraciones factuales, r&aacute;pidas y coyunturales desarrolladas mediante: 1) una movilizaci&oacute;n colectiva as&iacute; como 2) un uso de la fuerza o de las v&iacute;as de hecho, como formas de expresi&oacute;n. </p>         <p>Las manifestaciones (23 en total) mantuvieron un alcance local y sus motivos se relacionaban con: 1) demandas y peticiones para el mejoramiento de servicios p&uacute;blicos e infraestructura (alumbrado p&uacute;blico, energ&iacute;a, acueducto, basuras, construcci&oacute;n de carreteras, entre otras)<a href="#n17" name="v17"><sup>17</sup></a>; 2) demandas contra la represi&oacute;n, contra el accionar violento y armado de los grupos armados &-fuerzas militares, grupos guerrilleros, paramilitares, privados o de delincuencia com&uacute;n&-<a href="#n18" name="v18"><sup>18</sup></a>; y finalmente, demandas realizadas al sector educativo<a href="#n19" name="v19"><sup>19</sup></a>. </p>         <p>Cronol&oacute;gicamente podemos ver una permanencia en las manifestaciones locales aunque sobresalen dos a&ntilde;os en particular: 1996 y 2005. Los motivos de las protestas en estos y en los a&ntilde;os restantes guardan cierta estabilidad. Por ejemplo, los m&iacute;tines implicaban las denuncias p&uacute;blicas de problemas en la prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos y la decisi&oacute;n colectiva de no pagar ni reconocer ning&uacute;n rubro hasta que el Estado se hiciera presente o resolviera &-por medio de cualquier conducto&- los m&uacute;ltiples problemas registrados (la no prestaci&oacute;n de servicios o en los cobros exagerados de los mismos). Las demostraciones implicaron el impedimento a funcionarios p&uacute;blicos y privados para que no continuaran con la realizaci&oacute;n de obras de infraestructura, carreteras y conductos de electrificaci&oacute;n vali&eacute;ndose para ello de la retenci&oacute;n de equipos, medios de transporte y de las disputas verbales con los encargados de las obras. </p>         <p>En las manifestaciones anteriores as&iacute; como en las vinculadas con el sector educativo, la mayor&iacute;a de demandantes son los miembros de JAC y de las asociaciones de padres de familia. En algunos casos, los maestros, padres de familia y miembros de las JAC adem&aacute;s de la realizaci&oacute;n de reuniones extraordinarias, obligaron al cese indefinido de actividades y el cierre de los establecimientos, hasta que el Estado no atendiera sus denuncias y resolviera la totalidad (o mayor&iacute;a) de sus peticiones. </p>         <p>Finalmente tenemos los m&iacute;tines (denuncias p&uacute;blicas y colectivas ante personer&iacute;a y Secretar&iacute;a de Gobierno) ocasionados por el accionar de las fuerzas militares: ej&eacute;rcito y polic&iacute;a y por los excesos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Se documentaron cuatro  casos en total. La mayor&iacute;a de ellos vinculados con detenciones arbitrarias e injustificadas de campesinos que derivaron en manifestaciones verbales y escritas, por parte de las comunidades, para exigir la liberaci&oacute;n de sus compa&ntilde;eros y la no intromisi&oacute;n (considerada por los habitantes de la zona) arbitraria y excesiva de las fuerzas militares. </p>       <p><font size="3"><b>Bloqueos a carreteras </b></font></p>         <p>Dos de los eventos m&aacute;s importantes en la historia de las movilizaciones sociales en el Cauca se relacionan con los paros c&iacute;vicos de 1991 en Rosas y de 1999 en Cajib&iacute;o-Mercaderes. Durante este periodo, la recurrencia y efectividad de los bloqueos a las carreteras, especialmente a la v&iacute;a Panamericana, quedaron en evidencia como una de las modalidades de lucha que mejor respond&iacute;a a los intereses de una poblaci&oacute;n campesina, pobre y dispersa (Herrera, 2003:123-134).</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ambos paros regionales permitieron no s&oacute;lo el replanteamiento de demandas espec&iacute;ficas, como el incumplimiento de acuerdos anteriores por parte del gobierno central, sino que modificaron el alcance de las protestas, centradas anteriormente en eventos que no trascend&iacute;an el plano municipal. Como veremos m&aacute;s adelante, el tipo de movilizaci&oacute;n planteada en esta clase de bloqueos es importante, porque adem&aacute;s del poder de negociaci&oacute;n alcanzado por los grupos campesinos al recurrir a estas v&iacute;as de hecho, se logra un reconocimiento y una difusi&oacute;n p&uacute;blica nacional e internacional de las precariedades y necesidades b&aacute;sicas de un sector importante de la poblaci&oacute;n caucana.</p>         <p>El Municipio de Cajib&iacute;o, como parte del corredor vial que cruza el centro del Cauca, se vio frecuentemente involucrado en el tema de los bloqueos de carreteras, permitiendo que su poblaci&oacute;n tomara parte activa en taponamientos registrados en: 1991, 1992, 1994, 1995, 1997 y 1999<a href="#n20" name="v20"><sup>20</sup></a>. </p>         <p>La puesta en marcha de bloqueos a carreteras implic&oacute; una serie de ventajas, entre ellas: 1) Sirvi&oacute; como mecanismo de negociaci&oacute;n ante los estamentos gubernamentales de car&aacute;cter central y territorial (municipal y departamental) y 2) pese a las continuas amenazas de retoma y control por parte de la fuerza p&uacute;blica, que implicaban la intenci&oacute;n de un desalojo violento, en la totalidad de los casos documentados no se registr&oacute; ning&uacute;n desalojo inducido por la fuerza p&uacute;blica. Esto, sin embargo, no signific&oacute; que los enfrentamientos entre unos y otros no se registraran, pues era com&uacute;n que por mandato del gobernador de turno, fuerzas especiales del Ej&eacute;rcito y de la Polic&iacute;a, se asentaran sobre lado y lado de la carretera, utilizando la fuerza contra manifestantes o actores que perturbaran el orden en las zonas bloqueadas, cuando se consideraba pertinente. </p>         <p>Los demandas planteadas en estos bloqueos se relacionaban con el mejoramiento de servicios p&uacute;blicos, sociales y de infraestructura; con la defensa y protecci&oacute;n de una econom&iacute;a campesina; con la aplicaci&oacute;n y cumplimiento de derechos constitucionales en zonas de confrontaci&oacute;n armada as&iacute; como con reivindicaciones por la tierra en las que se exig&iacute;a el reconocimiento de propiedades trabajadas y no tituladas o un mayor acceso a la propiedad predial. El antagonista principal ser&iacute;a el Estado Central pues sobre &eacute;l reca&iacute;an la gran mayor&iacute;a de responsabilidades por inversiones y actividades pactadas pero nunca realizadas. Las administraciones departamental y municipal aunque se ve&iacute;an involucradas en las discusiones del momento, perd&iacute;an capacidad de negociaci&oacute;n no s&oacute;lo por ser un actor menos visible (en un escenario de demandas p&uacute;blicas ampliamente difundidas) sino porque lo discutido se sal&iacute;a de su campo de acci&oacute;n. Problemas de tierras se resolv&iacute;an directamente con el Instituto Colombiano de Reforma Agraria &-INCORA&- en Bogot&aacute; al igual que las inversiones en salud  y educaci&oacute;n con los ministerios correspondientes. </p>         <p>Los bloqueos a la carretera Panamericana muestran una frecuencia estable en la d&eacute;cada de los 90, sin embargo, por sus cifras, dimensiones, convocatoria, impactos, protagonistas y estrategias de lucha, el taponamiento de la carretera Panamericana durante 26 d&iacute;as en noviembre de 1999, aparece como uno de los hechos m&aacute;s representativos en la historia de las movilizaciones de la regi&oacute;n. Varios son los elementos que sobresalen al respecto:</p>    <p>1.	Aunque inicialmente se pens&oacute; en un bloqueo de una semana, los hechos pol&iacute;ticos, las presiones internas y externas as&iacute; como los fracasos en las negociaciones entre las comunidades y los distintos niveles gubernamentales (nacional, departamental y municipal), derivaron en un taponamiento que obstruy&oacute; durante casi un mes, el acceso a la ciudad de Popay&aacute;n. Desde el primero hasta el 26 de noviembre, fueron bloqueadas las entradas y salidas de la capital caucana en el Cairo (Cajib&iacute;o), el Puente Gal&iacute;ndez (l&iacute;mites entre El Bordo y Mercaderes) y otras v&iacute;as alternas lo que imposibilit&oacute; todo acceso vehicular desde y hacia la capital del Departamento. </p>    <p>2.	Signific&oacute; la movilizaci&oacute;n de miles de campesinos de los Departamentos de Cauca y Nari&ntilde;o, que por la duraci&oacute;n del bloqueo rotaron su permanencia, haciendo presencia permanente e intermitente en los puntos dispuestos para ello. </p>    <p>3.	En el caso de Cajib&iacute;o (uno de los tres Municipios que m&aacute;s poblaci&oacute;n moviliz&oacute;), cientos de agricultores de todos los corregimientos participaron en el bloqueo y algunos de sus l&iacute;deres lo hicieron en las mesas de negociaci&oacute;n con los distintos actores gubernamentales. </p>    <p>4.	Represent&oacute; un proceso de preparaci&oacute;n log&iacute;stica significativo en el que participaron m&aacute;s de 25 Municipios.</p>    <p>5.	Devino en procesos de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica con todos los niveles de gobierno. Comisiones del ejecutivo central (Andr&eacute;s Pastrana), departamental (C&eacute;sar Negret) y municipal, hicieron parte de las discusiones efectuadas en los sitios de bloqueo, permitiendo una mayor socializaci&oacute;n de las demandas campesinas.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>6.	Permiti&oacute; el logro de objetivos importantes en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos. Las negociaciones de tierras, los recursos para salud, educaci&oacute;n, vivienda e infraestructura, el trabajo y coordinaci&oacute;n pol&iacute;tica de organizaciones sociales y campesinas que lograron mantener el control de una poblaci&oacute;n tan numerosa, as&iacute; como la reflexi&oacute;n p&uacute;blica en torno a sus demandas, se deben considerar logros relevantes de las organizaciones y comunidades movilizadas del suroccidente colombiano<a href="#n21" name="v21"><sup>21</sup></a>. Fueron m&aacute;s de 100.000 millones de pesos pactados en un convenio nacional y millares las personas que se vieron afectadas (de forma positiva o negativa) con la realizaci&oacute;n de este bloqueo. </p>         <p>Los bloqueos de la d&eacute;cada de los 90 sirven no s&oacute;lo como term&oacute;metro de las condiciones de la regi&oacute;n sino como un buen indicador de la movilizaci&oacute;n campesina. Aquellos se convirtieron en una de las estrategias que m&aacute;s recursos econ&oacute;micos, humanos y pol&iacute;ticos moviliz&oacute;. En t&eacute;rminos de una identidad y de una solidaridad, los bloqueos requer&iacute;an adem&aacute;s de un reconocimiento mutuo por parte de los manifestantes, una identidad o por lo menos una representaci&oacute;n como grupo (ya fuera que descansara en un reconocimiento &eacute;tnico-racial, de clase o pol&iacute;tico). Y esto era necesario, pues los bloqueos (especialmente el de 1999) por todas las inversiones y condiciones previas, aparecen como una de las opciones &uacute;ltimas para exigir el cumplimiento de acuerdos previos. La movilizaci&oacute;n y posterior establecimiento de grupos campesinos alrededor de la carretera Panamericana, demandaban una m&iacute;nima conciencia colectiva no s&oacute;lo por las necesidades que como grupo los identificaba, sino por los costos que sus miembros estaban dispuestos a asumir: enfermedades, cese de actividades productivas y abandono temporal de sus fincas.</p>         <p>Pero as&iacute; mismo, la movilizaci&oacute;n de recursos derivada de concentrar a miles de personas lejos de sus fincas y de establecer canales directos (no siempre leg&iacute;timos) de interlocuci&oacute;n con la administraci&oacute;n central, nos hace pensar en la particularidad de este fen&oacute;meno. As&iacute; mismo, su frecuencia y la efectividad en la consecuci&oacute;n de sus objetivos nos pueden dar luces sobre el desarrollo de un movimiento mayor. Por ahora, se&ntilde;alamos que paros como el de 1999, ven&iacute;an respaldados por movimientos institucionalizados como el del CIMA, aunque no se reduc&iacute;an a los intereses de &eacute;l. En a&ntilde;os recientes, el Movimiento de Integraci&oacute;n del Macizo Colombiano ha podido ser caracterizado como eso, como un movimiento. En nuestro caso, convenimos interpretar el fen&oacute;meno de los bloqueo en Cajib&iacute;o como una modalidad de protesta que guarda relaci&oacute;n con otras formas de lucha pero que en el marco global de an&aacute;lisis, caracteriza m&aacute;s que a un movimiento a una poblaci&oacute;n rural<a href="#n22" name="v22"><sup>22</sup></a>.</p>          <p><font size="3"><b>&Eacute;xodos organizados </b></font></p>         <p>Hablar de los &eacute;xodos organizados en el Municipio de Cajib&iacute;o significa relatar parte de una historia enmarcada por la violencia y por la presencia de los actores en conflicto m&aacute;s importantes del pa&iacute;s: grupos guerrilleros, militares y paramilitares. Cada una de estas fuerzas ha hecho presencia como formuladora y ejecutora de un proyecto de ley y orden en el cual se ha visto involucrada la poblaci&oacute;n &-aunque no tan s&oacute;lo como victimaria&-. </p>         <p>La historia de violencia armada y sectaria en Cajib&iacute;o, nos remite hasta la d&eacute;cada del 60, &eacute;poca en la cual aparecen los primeros brotes de accionar guerrillero as&iacute; como las primeras manifestaciones de defensa civil en algunos corregimientos de la regi&oacute;n (la aparici&oacute;n de la Autodefensas Campesinas de Ortega data de esta &eacute;poca). Pero pese a la tradici&oacute;n armada que desde 1960 y 1970 se establece en la zona, especialmente con la llegada de las Farc y el Eln, el Municipio de Cajib&iacute;o no se habr&iacute;a caracterizado p&uacute;blicamente por el desarrollo de manifestaciones colectivas, tales como los &eacute;xodos organizados, pues ni el mecanismo ni las causas que podr&iacute;an producirlos, eran lo suficientemente importantes como para derivar en &eacute;xodos. </p>         <p>Es en el recrudecimiento de los conflictos rurales de las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas donde aparece una manifestaci&oacute;n de tal calibre, en un Municipio que hist&oacute;ricamente ha sido considerado fort&iacute;n para las FARC y en menor medida para el ELN y grupos paramilitares, por ser parte de un corredor estrat&eacute;gico que conduce hacia el oc&eacute;ano Pac&iacute;fico. </p>         <p>Cajib&iacute;o pese a ser una regi&oacute;n con una tradici&oacute;n y predominio guerrillero, no salta a la luz p&uacute;blica nacional sino hasta 1991, &eacute;poca de transici&oacute;n constituyente y de renovaci&oacute;n en el legislativo, en la cual ocurre una masacre que deja como saldo 7 v&iacute;ctimas, en un atentado dirigido contra el ex presidente del Senado de la Rep&uacute;blica, el senador Aurelio Iragorri Hormaza. Es este uno de los primeros eventos, adem&aacute;s adjudicado a la Coordinadora Guerrillera (FARC y ELN) con el cual se empieza a hablar de &eacute;xodos masivos, en un contexto en el cual: </p>     "Miles de campesinos han abandonado sus parcelas por los frecuentes hostigamientos del ELN y las FARC. Asimismo, este a&ntilde;o han sido dinamitadas siete torres de energ&iacute;a de la Corporaci&oacute;n Aut&oacute;noma Regional del Cauca, lo cual ha agravado la crisis en el servicio. Esto gener&oacute;, el pasado 21 de agosto, una protesta campesina que tapon&oacute; la carretera Panamericana durante seis d&iacute;as" (El Tiempo, 9 de octubre de 1991)<a href="#n23" name="v23"><sup>23</sup></a>.         <p>La insurgencia mostraba as&iacute; las condiciones con las cuales pretend&iacute;a efectuar parte de sus luchas. Cajib&iacute;o, se convert&iacute;a en uno de los escenarios preferidos para tal fin, cuesti&oacute;n que se afianza durante los a&ntilde;os siguientes, en los cuales se recrudecen las tomas, voladuras de torres, secuestros y paros armados adelantados. Dicha situaci&oacute;n se convierte en un reflejo del acontecer nacional, que hacia finales de la d&eacute;cada del 90, muestra a grupos guerrilleros fortalecidos militar y econ&oacute;micamente, dominantes en gran parte del territorio nacional y con una poblaci&oacute;n a su mando realmente significativa. </p>         <p>En esta d&eacute;cada, se registran como parte del conflicto armado y en respuesta a las acciones de diversos sectores insurgentes, dos &eacute;xodos organizados derivados de: amenazas por parte del ELN contra fincas de la empresa Smurfit Cart&oacute;n de Colombia y dos tomas guerrilleras en agosto de 1998 (19 casas destruidas) y en agosto 1999 (8 casas destruidas) que provocan por lo menos un desplazamiento documentado por reubicaci&oacute;n de pobladores provenientes de la cabecera municipal<a href="#n24" name="v24"><sup>24</sup></a>.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, el periodo en el cual se incrementan los &eacute;xodos organizados de la poblaci&oacute;n campesina, es el que coincide con la llegada de los grupos paramilitares a la zona, meses despu&eacute;s del bloqueo a la carretera Panamericana en 1999, hecho que adem&aacute;s sirve como detonante para las pretensiones militares de las Autodefensas Unidas de Colombia en funci&oacute;n del control territorial que ven&iacute;an asegurando. Es el periodo en el cual se consolidan las masacres y asesinatos selectivos a campesinos de la regi&oacute;n (aunque no s&oacute;lo por parte de las AUC, como quedar&iacute;a registrado en el corregimiento de Ortega con las incursiones de las Farc) y en el que aumentan sus desplazamientos y &eacute;xodos organizados hacia las cabeceras de Cajib&iacute;o, Piendam&oacute;, Popay&aacute;n y Cali. </p>         <p>As&iacute;, el historial de violencia en la zona se recrudece con 7 masacres registradas entre el 4 de septiembre de 2000 y el 15 de enero de 2001, en las que mueren cerca de 40 personas.  A ra&iacute;z de estos eventos relacionados con masacres y asesinatos selectivos, se registran siete &eacute;xodos masivos de la poblaci&oacute;n civil huyendo por la situaci&oacute;n de orden p&uacute;bico y uno &eacute;xodo m&aacute;s de retorno. Durante el 2000 y 2001 por cuenta de los &eacute;xodos colectivos y particulares, el n&uacute;mero de desplazados se elev&oacute; a m&aacute;s de mil personas provenientes de los corregimientos de Ortega, La Cohetera, Casas Bajas y La Pedregosa. </p>         <p>Las regiones receptoras inclu&iacute;an la cabecera municipal de Cajib&iacute;o as&iacute; como los Municipios de Piendam&oacute;, Morales y el Valle del Cauca. De acuerdo con las fuentes consultadas, la Sala Cultural, las escuelas municipales y el Centro Recreacional de Cajib&iacute;o fueron los n&uacute;cleos de recepci&oacute;n m&aacute;s importantes, albergando entre quinientas y mil personas, entre noviembre de 2000 y marzo de 2001. Aunque en este mismo periodo se registraron retornos colectivos, la gran mayor&iacute;a de los desplazados se mantuvieron en sus zonas de albergue. Tenemos entonces que: </p>      	    <blockquote>    <p>"Aunque no se ten&iacute;a reporte de combates, los campesinos temen volver &#91;hacia finales de noviembre de 2000, D.L.&#93;. Unas 300 personas de las veredas m&aacute;s cercanas al casco urbano de Cajib&iacute;o retornaron a sus fincas, pero la mayor&iacute;a permanece en sus albergues ante el temor a otra masacre. Ni siquiera los patrullajes del batall&oacute;n de contraguerrillas Numancia en el casco urbano de Cajib&iacute;o los han convencido, pues la mayor&iacute;a de las familias considera que no est&aacute;n dadas las condiciones para retornar"<a href="#n25" name="v25"><sup>25</sup></a>.</p></blockquote>                     <p><font size="3"><b>Otras modalidades de lucha</b></font></p>         <p>Tenemos finalmente aquellas modalidades que por su impacto y frecuencia hist&oacute;rica se pueden considerar secundarias o por lo menos irregulares. Se registraron y documentaron 3 tomas de oficina en la alcald&iacute;a de Cajib&iacute;o durante los a&ntilde;os: 1990 (toma del Concejo por m&aacute;s de 100 campesinos, que termin&oacute; en una retoma por parte de las fuerzas militares y la detenci&oacute;n de 23 manifestantes); 2000 (toma de varios sectores sociales pero encabezada por los estudiantes del colegio Carmen de Quintana y seguida por padres de familia) y 2002 (problemas de cobertura y calidad en servicios de salud prestados por una EPS). </p>         <p>Las instalaciones donde se registraron los hechos fueron siempre las mismas: oficinas del ayuntamiento. Los reclamos estuvieron dirigidos a diferentes instancias: el Concejo (a&ntilde;o 1990), la Alcald&iacute;a (a&ntilde;o 2000) y la Personer&iacute;a Municipal (a&ntilde;o 2002). Las exigencias se relacionaban con mejores condiciones educativas (a&ntilde;o 2000), en salud (a&ntilde;o 2002) y con la realizaci&oacute;n de un cabildo abierto para la socializaci&oacute;n de condiciones de vida de la poblaci&oacute;n campesina as&iacute; como la negociaci&oacute;n de acuerdos (por medio de una v&iacute;a de hecho) con el Concejo y la alcald&iacute;a de Cajib&iacute;o (1990).</p>         <p>Por su parte, las marchas, aunque fueron pocas siempre mantuvieron un matiz pol&iacute;tico. La primera de ellas, se realiz&oacute; en 1991 como reacci&oacute;n a la ola de violencia que azotaba al pa&iacute;s en momentos previos a la Asamblea Nacional Constituyente. La segunda se realiz&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s como parte de la conmemoraci&oacute;n de los 500 a&ntilde;os del descubrimiento de Am&eacute;rica, finalizando con la toma de las instalaciones del Coliseo Municipal y exigiendo mejores condiciones de vida y un mayor respaldo de los gobiernos de turno a la poblaci&oacute;n campesina de Cajib&iacute;o. La tercera marcha, registrada en el a&ntilde;o 2002 signific&oacute; un apoyo de la poblaci&oacute;n civil al alcalde de turno, quien se encontraba amenazado y despachando desde la capital caucana (al igual que muchos alcaldes de la regi&oacute;n y del pa&iacute;s). </p>         <p>De los paros c&iacute;vicos y agrarios, se destaca el intento de paro agrario de 2002 relacionado con la negativa del sector panelero de poner en funcionamiento un complejo mecanizado de trapiches en el Municipio de Padilla, situaci&oacute;n que afectaba sus condiciones de trabajo y la generaci&oacute;n de ingresos familiares: </p> 	       ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p>"&#91;Mayo 20 de 2002, D.L.&#93; El Gobierno Nacional y representantes de los paneleros en nueve departamentos del pa&iacute;s se reunir&aacute;n hoy en Popay&aacute;n para estudiar estrategias que eviten el paro nacional de 130.000 productores artesanales... El gremio prepara una protesta, en rechazo a la autorizaci&oacute;n que la Corporaci&oacute;n Aut&oacute;noma Regional del Cauca, CRC, otorg&oacute; para el funcionamiento de un trapiche industrial en Padilla, Cauca".</p></blockquote>           <p>Este paro programado por el sector panelero a nivel nacional, ser&iacute;a liderado por los campesinos del Municipio de Cajib&iacute;o, primeros productores de panela en la regi&oacute;n. Sus demandas se vinculaban con la defensa expresa de una econom&iacute;a campesina, de un sector ciertamente organizado. </p>         <p>Finalmente, en la historia del municipio aparece documentada una &uacute;nica jornada de lucha armada protagonizada por un  grupo de civiles; una reacci&oacute;n violenta registrada el a&ntilde;o 2000 a una entrada igualmente violenta de la columna m&oacute;vil Jacobo Arenas de las FARC, al corregimiento de Ortega. Quienes se opusieron y respondieron a la intromisi&oacute;n armada y no deseada de este grupo guerrillero, fueron los pobladores del corregimiento de Ortega, liderados por un grupo de vieja tradici&oacute;n campesina y que en el a&ntilde;o 2003 se dar&iacute;an a conocer al mundo por su desmovilizaci&oacute;n, entrega de armas y reinserci&oacute;n a la vida civil: la Autodefensa Campesina de Ortega<a href="#n26" name="v26"><sup>26</sup></a>. </p>         <p><font size="3"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>         <p>Como hemos visto a lo largo de este trabajo, el repertorio de luchas en el Municipio ha sido extenso, considerando las diversas modalidades y motivos de protesta que han hecho parte de &eacute;l. </p>         <p>Las afectaciones colectivas planteadas como una salida radical a un problema de escasez y contra adversarios concretos, mantienen cierta regularidad en el tiempo, aunque pierden fuerza e intensidad, involucrando disputas y revanchas ya no de car&aacute;cter clasista sino de car&aacute;cter factual y moment&aacute;neo. As&iacute;, despu&eacute;s de 1994, las invasiones y usurpaciones de tierras, las perturbaciones a la posesi&oacute;n o mera tenencia, los da&ntilde;os en bien ajeno y los incendios se registran ya no contra una gran empresa o familia, sino contra el propietario mediano o peque&ntilde;o, a quien se le trasgreden los mojones, caminos, servidumbres y linderos. De tal recorrido toman distancia las afectaciones prediales sucedidas entre 1999 y el a&ntilde;o 2000. Durante este periodo se reaviva cierta coordinaci&oacute;n ideol&oacute;gica (en cabeza de FENSUAGRO) y se minimiza el riesgo pol&iacute;tico de adelantar invasiones colectivas, pues la situaci&oacute;n de orden p&uacute;blico as&iacute; lo permit&iacute;a.</p>         <p>Por su parte, las manifestaciones, demostraciones y m&iacute;tines relacionados con la defensa de los derechos pol&iacute;ticos, la libertad de l&iacute;deres detenidos injustamente as&iacute; como con la calidad de servicios educativos y p&uacute;blicos de la zona, han sido recurrentes como forma de expresi&oacute;n y de denuncia, en la que se ha identificado como adversario principal al Estado. Modalidades de lucha que se han fortalecido durante ciertos periodos de tiempo para luego desvanecerse tambi&eacute;n hacen parte de la historia del Municipio. Los bloqueos a la carretera Panamericana convertidos en forma de expresi&oacute;n recurrente durante la d&eacute;cada de los 90 y los desplazamientos forzados registrados como respuesta a un tema de incursiones armadas entre 1999 y 2001, son un buen ejemplo de ello. </p>         <p>Para que el fen&oacute;meno de los bloqueos tomara fuerza durante casi diez a&ntilde;os, fueron necesarios varios aspectos: primero, la ubicaci&oacute;n estrat&eacute;gica del Municipio al ser el m&aacute;s cercano a la capital del Departamento; segundo, su conexi&oacute;n directa con dos cordilleras (haciendo parte de la cordillera occidental y del piedemonte de la cordillera central) lo que significaba una mejor movilizaci&oacute;n de recursos f&iacute;sicos y humanos; tercero, la difusi&oacute;n p&uacute;blica y el alcance logrado de las demandas cuando se bloqueaba una carretera internacional; cuarto, la legitimidad derivada de esta clase de manifestaciones, dada la experiencia hist&oacute;rica; y quinto, la dificultad de los gobiernos de turno para desalojar por medio de la fuerza a un grupo de personas (no s&oacute;lo campesinos) que alteraban el orden p&uacute;blico de la regi&oacute;n. </p>         <p>La forma c&oacute;mo se adelant&oacute; esta modalidad de protesta (as&iacute; como los &eacute;xodos organizados), nos muestra que m&aacute;s all&aacute; de una precariedad material y de unas necesidades b&aacute;sicas insatisfechas es la combinaci&oacute;n de una serie de condiciones objetivas y subjetivas lo que refuerza la movilizaci&oacute;n en el campo colombiano. Condiciones relacionadas con la disponibilidad de recursos econ&oacute;micos, humanos y tecnol&oacute;gicos, el apoyo de organizaciones y regiones cercanas, un control militar que inhibe o alienta los deseos de manifestaci&oacute;n social, la estabilidad social e institucional del momento as&iacute; como la situaci&oacute;n general de orden p&uacute;blico, explican &-en parte&- la realizaci&oacute;n y pertinencia hist&oacute;rica de las movilizaciones agrarias.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El que los campesinos en Cajib&iacute;o se organicen desde las diferentes instancias que tienen para ello y que movilicen recursos para la consecuci&oacute;n de m&uacute;ltiples objetivos, nos permite entender su capacidad como actor que interviene en la distribuci&oacute;n y manejo del poder pol&iacute;tico regional. Para que este proceso haya transcurrido de la manera como lo ha hecho, ha sido necesaria una cierta representaci&oacute;n de los campesinos como grupo con intereses similares y un reconocimiento del poder de negociaci&oacute;n institucional (y en algunos casos de resoluci&oacute;n armada de conflictos) que conservan en sus manos. </p> 	           <p><font size="3"><b><i>Citas de pie de p&aacute;gina</i></b></font></p>                 <p><a href="#v2" name="n2"><sup>2.</sup></a> "La esencia del movimiento campesino es una "reacci&oacute;n colectiva" (esto es similar) ante su bajo status. Sin embargo, la acci&oacute;n puede ser similar sin estar coordinada&hellip; Aunque &#91;ciertas actividades&#93; pueden ser un acto altamente individual, se convierten en m&aacute;s colectivo cuando cada grupo familiar est&aacute; influido por la conciencia de que otros tambi&eacute;n est&aacute;n &#91;actuando&#93; (Landsberger, 1978: 36).</p>        <p><a href="#v3" name="n3"><sup>3</sup></a> En relaci&oacute;n con el departamento del Cauca, los trabajos alrededor de acciones colectivas y movimientos sociales especialmente ind&iacute;genas ha sido relevante. La importancia pol&iacute;tica de dichos grupos en la regi&oacute;n, la historia de sus movilizaciones y la forma como han incidido en el panorama pol&iacute;tico y cultural nacional as&iacute; como en las trayectorias de otros grupos subalternos, ha dado pie para una producci&oacute;n intelectual de diverso orden. Por un lado, se encuentran los trabajos que centran su inter&eacute;s en el nacimiento y fortalecimiento de organizaciones y movimientos ind&iacute;genas en el Cauca (Gross, 1991; Bola&ntilde;os, 1997; Caviedes, 2000), en su significado como movimientos capaces de resistir y de responder ante conflictos armados latentes (Bola&ntilde;os, 1997; Hern&aacute;ndez, 2004; Moreno, 2008) o en la naturaleza identitaria que han venido desarrollando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas (Moreno, 2003; Gonz&aacute;lez, 2006). </p>         <p><a href="#v4" name="n4">4.</a> De acuerdo con la propuesta te&oacute;rica y metodol&oacute;gica de Zamosc (1990: 57-58) hemos definido las siguientes modalidades de lucha campesina: 1) ocupaciones de tierras (invasiones, perturbaciones a la posesi&oacute;n y usurpaci&oacute;n de tierras); 2) marchas; 3) tomas de oficina y de lugares p&uacute;blicos; 4) manifestaciones; 5) bloqueos a carreteras; 6) &eacute;xodos organizados y 7) otros. Tambi&eacute;n se han redefinido los motivos de lucha, es decir, aquellos m&oacute;viles de acci&oacute;n que manifiestan p&uacute;blicamente los participantes de las protestas campesinas, siendo estos los siguientes: 1) Lucha por la tierra; 2) defensa de la econom&iacute;a campesina; 3) cubrimiento, mejoramiento o ampliaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos y sociales e infraestructura; 4) aplicaci&oacute;n y cumplimiento de derechos humanos y otros de car&aacute;cter pol&iacute;tico y finalmente 5) otros. </p>       	     <p><a href="#v5" name="n5">5.</a>Cfr. El Tiempo (Bogot&aacute;), 22 de agosto de 1991; El Tiempo (Bogot&aacute;), 9 de octubre de 1991; El Tiempo (Bogot&aacute;), 7 de octubre de 1992; El Tiempo (Bogot&aacute;), 27 de junio de 1994; Correspondencia recibida, 30 de enero de 1997, en: Archivo Personer&iacute;a Municipal; El Tiempo (Bogot&aacute;),  13 de junio de 1997; El Pa&iacute;s (Cali), 12 de febrero de 1999; El Tiempo (Bogot&aacute;) y El Pa&iacute;s (Cali), 1 de noviembre &- 27 de noviembre de 1999.</p>       	     <p><a href="#v6" name="n6">6.</a>En relaci&oacute;n con el n&uacute;mero de desplazados de la zona y con el total de v&iacute;ctimas relacionadas con incursiones armadas se pueden confrontar las siguientes fuentes: Constancias 300-6 (a&ntilde;o 2001); Declaraciones bajo gravedad de juramento  300 &- 4.1, folios 1-240 (a&ntilde;o 2001); Certificados de desplazamiento 300-2 (a&ntilde;o 2002), folios 1-50, en: Archivo Personer&iacute;a Municipal. </p>          <p><a href="#v7" name="n7">7.</a> Invasi&oacute;n de tierras o edificaciones: "El que con el prop&oacute;sito de obtener para s&iacute; o para un tercero provecho il&iacute;cito, invada terreno o edificaci&oacute;n ajenos". V&eacute;ase Art. 263 del C&oacute;digo de Procedimiento Penal.</p>       <p><a href="#v8" name="n8">8.</a>Usurpaci&oacute;n de tierras: "El que para apropiarse en todo o en parte de un bien inmueble, o para derivar provecho de &eacute;l destruye, altera o suprime los mojones o se&ntilde;ales que fijan sus linderos o los cambien de sitio". V&eacute;ase Art. 261del C&oacute;digo de Procedimiento Penal. </p>       	    <p><a href="#v9" name="n9">9.</a>Perturbaci&oacute;n a la posesi&oacute;n o mera tenencia: "El que fuera de los casos previstos en al art&iacute;culo anterior &#91;art&iacute;culo 263, D.L.&#93; y por medio de violencia sobre las personas o las cosas, perturbe la pacifica posesi&oacute;n que otro tenga de bienes inmuebles". V&eacute;ase Art. 264 del C&oacute;digo de Procedimiento Penal.</p>       	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v10" name="n10">10.</a>Da&ntilde;os en bien ajeno: "El que destruya, inutilice, haga desaparecer o de cualquier otro modo da&ntilde;e bien ajeno, mueble o inmueble". V&eacute;ase Art. 265 del C&oacute;digo de Procedimiento Penal. </p>         <p><a href="#v11" name="n11">11.</a> Lanzamiento por ocupaci&oacute;n de hecho: Ley 57 de 1905. Art. 15: "Cuando alguna finca ha sido ocupada de hecho sin que medie contrato de arrendamiento ni consentimiento del arrendador, el jefe de polic&iacute;a&hellip;, proceder&aacute; a verificar el lanzamiento sin dar lugar a recurso alguno ni a diligencia que pueda demorar la desocupaci&oacute;n de la finca". Ib&iacute;d. P&aacute;g. 49.</p>           <p><a href="#v12" name="n12">12.</a>De acuerdo con informaci&oacute;n recogida por el presente autor, los predios rurales de Cajib&iacute;o se distribuyen de la siguiente manera: A&ntilde;o 2008: Microfundios (propiedades menores a una hect&aacute;rea): 26% del total de predios; Minifundios (m&aacute;s de una &- 5 Has.): 41% del total de predios; Fincas autosuficientes (m&aacute;s de cinco &- 20 Has): 27 % del total de predios; Fincas empresariales (m&aacute;s de 20 &- 50 Has.): 5% del total de predios; Fincas multifamiliares (m&aacute;s de 50 Has.): 1% del total de predios. </p>           <p>Aunque la gran propiedad se ha venido desintegrando a lo largo de los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os, existe un proceso de microfundizaci&oacute;n y de api&ntilde;amiento poblacional fuerte en la zona. De esta manera:" Hacia 1973, el 43,24% de los predios registrados en las zonas rurales se consideraban inferiores a las cinco hect&aacute;reas, concentrando en promedio 2,34 hect&aacute;reas por predio. Para el a&ntilde;o 2008, el total porcentual de predios inferiores a las cinco hect&aacute;reas, aquellos que en teor&iacute;a no permiten la autosuficiencia campesina en regiones intensivas, aument&oacute; hasta llegar a un 67,08%. Este aumento vino acompa&ntilde;ado de una disminuci&oacute;n en el promedio de hect&aacute;reas acumuladas por finca, que cay&oacute; de m&aacute;s de dos hect&aacute;reas en 1973 a 1,68 hect&aacute;reas en 2008" (Lugo, 2009: 67-68). </p>           <p><a href="#v13" name="n13">13.</a> Cfr. Archivo Fundeca, en: Archivo Municipal de Cajib&iacute;o; Oficios No. 067 (21 de noviembre de 2001) y No. 068 (22 de noviembre de 2001), en: Unidad Municipal de Asistencia T&eacute;cnica Agropecuaria (UMATA); Comunicaci&oacute;n recibida, 23  de octubre de 2000, 29 de diciembre de 2000, 21 de noviembre de 2001, 29 de agosto de 2002, en: Archivo Municipal de Cajib&iacute;o.</p>       	    <p><a href="#v14" name="n14">14.</a> Cfr. Quejas de la comunidad 300 &- 5, Folios 65-78 (agosto de 2005) en: Archivo Municipal de Cajib&iacute;o; Actas de Conciliaci&oacute;n 300 &- 1.2. (agosto de 2006), en: Archivo Personer&iacute;a Municipal.</p>           <p><a href="#v15" name="n15">15.</a> . Cfr. Procesos de restituci&oacute;n de uso de bien p&uacute;blico &- caso Empresa Nacional de V&iacute;as F&eacute;rreas (FERROV&Iacute;AS), en: Inspecci&oacute;n de Polic&iacute;a de Cajib&iacute;o. </p>           <p><a href="#v16" name="n16">16.</a> Cfr. No. de orden 381 (agosto 22 de 1990) en: Fiscal&iacute;a Seccional de Cajib&iacute;o; Correspondencia recibida (24 de noviembre de 2000), en: Archivo Municipal de Cajib&iacute;o; Libro de registros de perturbaciones a la posesi&oacute;n (abril de 1999) en: Inspecci&oacute;n de Polic&iacute;a de Cajib&iacute;o. </p>       	    <p><a href="#v17" name="n17">17.</a> Cfr. Atenci&oacute;n a derechos de petici&oacute;n 300 &- 3 (12 de octubre de 2004), folio No. 24, en: Archivo Personer&iacute;a Municipal. </p>           <p><a href="#v18" name="n18">18.</a> Cfr. Quejas de la comunidad y contra el patrimonio p&uacute;blico 300 &- 5 (9 de octubre de 1997, 24 de diciembre de 1997) en: Archivo Personer&iacute;a Municipal.</p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v19" name="n19">19.</a> Cfr. Indagaciones preliminares 300 &- 8 (15 de julio de 1996, 24 de septiembre de 1997); Resoluci&oacute;n 055 (12 de agosto de 1998); Quejas de la comunidad y contra el patrimonio p&uacute;blico 300 &- 5 (14 de junio de 2005), folios 46-47, en: Archivo Personer&iacute;a Municipal. </p>           <p><a href="#v20" name="n20">20.</a>  Cfr. El Tiempo (Bogot&aacute;), 22 de agosto de 1991; El Tiempo (Bogot&aacute;), 9 de octubre de 1991; El Tiempo (Bogot&aacute;), 7 de octubre de 1992; El Tiempo (Bogot&aacute;), 27 de junio de 1994; Correspondencia recibida P.M., 30 de enero de 1997; El Tiempo (Bogot&aacute;),  13 de junio de 1997; El Pa&iacute;s (Cali), 12 de febrero de 1999; El Tiempo (Bogot&aacute;) y El Pa&iacute;s (Cali), 1 de noviembre &- 27 de noviembre de 1999.</p>           <p><a href="#v21" name="n21">21.</a> Cfr. Acuerdo entre el gobierno nacional y las comunidades de la primera movilizaci&oacute;n del suroccidente colombiano (25 de noviembre de 1999), en: Archivo Municipal de Cajib&iacute;o; Expediente Nro. 2002174100 del Tribunal Contencioso Administrativo del Cauca (19 de diciembre de 2002), en: Archivo Municipal de Cajib&iacute;o.</p>        <p><a href="#v22" name="n22">22.</a>  El levantamiento del bloqueo a la carretera Panamericana el 26 de noviembre de 1999, significa tambi&eacute;n una cuasi-desaparici&oacute;n de este mecanismo de protesta en la d&eacute;cada siguiente. Durante los 90, se registraron 8 bloqueos protagonizados por campesinos del Municipio de Cajib&iacute;o a la carretera en menci&oacute;n, pero desde el a&ntilde;o 2000 hasta el 2006, s&oacute;lo se registraron marchas e intentos de taponamiento que no lograron desarrollarse con &eacute;xito. Las razones de este fen&oacute;meno son varias: 1. El cumplimiento de algunas de las demandas de los campesinos de Cajib&iacute;o, quienes logran acceder a m&uacute;ltiples recursos gestionados en negociaciones como la de 1999. 2. La &eacute;poca de la represi&oacute;n militar y paramilitar que alcanz&oacute; su cl&iacute;max en el a&ntilde;o 2000. De acuerdo con los archivos consultados, la presencia paramilitar en la zona se acelerar&iacute;a con el bloqueo a la carretera Panamericana en noviembre de 1999 y ser&iacute;a la poblaci&oacute;n beneficiada con los acuerdos de esta movilizaci&oacute;n, la que ver&iacute;a truncada una de sus victorias. 3. La negativa del gobierno central posterior de aceptar cualquier v&iacute;a de hecho que implique tomas o bloqueos a alguna carretera del pa&iacute;s. El presidente &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez en sus dos mandatos (2002-2006; 2006-2010) ha sido claro: no acepta el bloqueo a ninguna carretera del pa&iacute;s y cualquier intento de la poblaci&oacute;n civil que se traduzca en una v&iacute;a de hecho de estas magnitudes, ser&aacute; replegado por la fuerza.</p>       	    <p><a href="#v23" name="n23">23.</a>  Tomado de "Marcha Hoy Contra La Violencia" en: <a href="http://www.eltiempo.com/">www.eltiempo.com</a> - secci&oacute;n Informaci&oacute;n general, 9 de octubre de 1991Cauca &#91;p&aacute;gina consultada en mayo de 2009&#93;. </p>          <p><a href="#v24" name="n24">24.</a>  Cfr. Certificados de desplazamiento 300 &- 2 (2002), en: Archivos Personer&iacute;a Municipal.</p>     <p><a href="#v25" name="n25">25.</a>  Para la fecha de publicaci&oacute;n de este art&iacute;culo no se hab&iacute;an producido las masacres de El Cairo y La Rejoya, eventos que volver&iacute;an a disparar el n&uacute;mero de desplazados, a comienzos del a&ntilde;o 2001. El fragmento citado es tomado de "Campesinos temen regresar" en: Naci&oacute;n - El Tiempo, Bogot&aacute;, 28 de noviembre de 2000. P&aacute;g. 1-4. </p>      <p><a href="#v26" name="n26">26.</a>El proceso de movilizaci&oacute;n armada de la Autodefensa Campesina de Ortega &-que nos remonta hasta la formaci&oacute;n de un grupo de tradici&oacute;n liberal en la d&eacute;cada de los sesenta&- y de desmovilizaci&oacute;n posterior, es imposible de abordar en estas p&aacute;ginas. Nos parece importante por lo menos se&ntilde;alarlo, pues adem&aacute;s de desarrollarse en los l&iacute;mites sociales, temporales y espaciales propuestos, muestra otras din&aacute;micas de movilizaci&oacute;n que involucr&oacute; entre otras, el uso de las armas por parte de una comunidad civil, el contacto con otra clase de grupos armados y la historia de una regi&oacute;n que se caracteriz&oacute; m&aacute;s que por las invasiones de tierra, por los bloqueos a carreteras nacionales o municipales o por la toma de oficinas o lugares p&uacute;blicos, por la formaci&oacute;n de un grupo campesino que dadas ciertas circunstancias y oportunidades hist&oacute;ricas se encontr&oacute; armado y preparado para la defensa militar de un territorio. </p>           <p> Un grupo que ha sostenido relaciones bien particulares de alianza y confrontaci&oacute;n con actores ilegales de tradici&oacute;n liberal (d&eacute;cada del sesenta), comunista (desde la d&eacute;cada de los 70) y paramilitar (a&ntilde;o 2000). Que fue testigo adem&aacute;s, de dos de las masacres m&aacute;s dolorosas ocurridas en el departamento del Cauca en el a&ntilde;o 2000 y de un proceso de desmovilizaci&oacute;n y entrega de armas (similar al protagonizado por los distintos bloques de Autodefensas Unidas de Colombia, aunque sin hacer parte de ellas) tres a&ntilde;os despu&eacute;s. Para m&aacute;s de detalle, v&eacute;ase: (Lugo, 2009: 167-180; M&aacute;rquez, 2005). </p>       <hr></p>         <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>ARCHILA, M. (2004). "Colombia 1975-2000: de crisis en crisis. Contexto" en: 25 a&ntilde;os de luchas sociales en Colombia &#91;2002&#93;, Bogot&aacute;: CINEP, P&aacute;gs.  121-166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1657-6357201000020001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>BARBOSA, J.; BENDINI, M. (2001). "Trabajo, migraciones e identidades en tr&aacute;nsito: los zafreros en la actividad ca&ntilde;era tucumana": en, &iquest;Una nueva ruralidad en Am&eacute;rica Latina?, Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Pp. 339-362.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1657-6357201000020001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>BOLA&Ntilde;OS, I. (1997). Resistencia P&aacute;ez en la legitimaci&oacute;n de su autoridad y su territorio en las estribaciones occidentales de la Cordillera Central, departamento del Cauca &- Tesis de Maestr&iacute;a en Historia Andina, Cali: Universidad del Valle, Pp. 234.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1657-6357201000020001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>BARTRA, A.; OTERO, G. (2008). "Movimientos ind&iacute;genas y campesinos en M&eacute;xico: la lucha por la tierra, la autonom&iacute;a y la democracia", en: Recuperando la tierra. El resurgimiento de movimientos rurales en &Aacute;frica, Asia y Am&eacute;rica Latina, Buenos Aires: CLACSO, Pp. 401-428.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1657-6357201000020001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>CAVIEDES, M. (2000). Antropolog&iacute;a y movimiento ind&iacute;gena, Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, Pp. 170.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1657-6357201000020001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>DANE. (2006). Censo Nacional de Poblaci&oacute;n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1657-6357201000020001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FAJARDO, D. (1994). "La colonizaci&oacute;n de la frontera agraria colombiana" en: El agro y la cuesti&oacute;n social, Bogot&aacute;: Tercer Mundo editores, P&aacute;gs. 42-59&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1657-6357201000020001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FEDER, E. (1969). "sobre la impotencia pol&iacute;tica de los campesinos", en: Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a, Vol.31, No. 2, M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Pp. 323-836.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1657-6357201000020001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>GIARRACCA, N. (2001). "El Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha: protesta agraria y g&eacute;nero durante el &uacute;ltimo lustro en Argentina", en: &iquest;Una nueva ruralidad en Am&eacute;rica Latina?, Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Pp. 129-151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S1657-6357201000020001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>GIARRACCA, N.; BIDASECA, N.; MARIOTTI, D. (2001). "Trabajo, migraciones e identidades en tr&aacute;nsito" en: 2001: en: &iquest;Una nueva ruralidad en Am&eacute;rica Latina?, Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Pp. 307-333.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S1657-6357201000020001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>GILHOD&Eacute;S, P. (1976). Las luchas agrarias en Colombia &#91;1972&#93;, Bogot&aacute;: La Carreta Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S1657-6357201000020001500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>GONZ&Aacute;LEZ, F.; BOL&Iacute;VAR, I.; V&Aacute;ZQUEZ, T. (2005). La Violencia pol&iacute;tica en Colombia. De la naci&oacute;n fragmentada a la construcci&oacute;n de Estado. Bogot&aacute;: Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular (CINEP), 336 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S1657-6357201000020001500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>GONZ&Aacute;LEZ, N. C. (2006). Resistencia ind&iacute;gena. Alternativa en medio del conflicto armado, Cali: Pontificia Universidad Javeriana, Pp. 207.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S1657-6357201000020001500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>GROSS, C. (1991). Colombia ind&iacute;gena. Identidad, cultura y cambio social, Bogot&aacute;: Fondo Editorial CEREC, Pp. 335.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1657-6357201000020001500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>HERRERA, L. &Aacute;. (2003). Regi&oacute;n, desarrollo y acci&oacute;n colectiva. Movimiento de Integraci&oacute;n del Macizo Colombiano, Bogot&aacute;: CINEP, 193 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S1657-6357201000020001500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>HERN&Aacute;NDEZ, J. (2004). "La resistencia civil en caliente: una contribuci&oacute;n a la pacificaci&oacute;n del conflicto en Colombia", en: Revista Sociedad y Econom&iacute;a, Cali: Universidad del Valle, Pp. 25-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S1657-6357201000020001500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>HUIZER, G. (1981). "Movimientos de campesinos y campesinas y su reacci&oacute;n ante la depauperaci&oacute;n: &iquest;La dial&eacute;ctica de la liberaci&oacute;n?, en: Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a, Vol.43, No. 1, M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Pp. 9-61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S1657-6357201000020001500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>HUIZER, G. (1969). "Movimientos campesinos y reforma agraria en Am&eacute;rica Latina. Algunas generalizaciones preliminares, en: Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a, Vol.31, No. 2, M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Pp. 387-416.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S1657-6357201000020001500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>LANDSBERGER, H. (edit.) (1972). Latin America peasant movements, New York: Cornell University Press, 416 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S1657-6357201000020001500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>LANDSBERGER, H. (1978). Rebeli&oacute;n campesina y cambio social, Barcelona: Editorial Cr&iacute;tica, 448. P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S1657-6357201000020001500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>LIMA, C. M. (2008). "Los Sin techo. Una perspectiva te&oacute;rica", en: Luchas contrahegem&oacute;nicas y cambios pol&iacute;ticos recientes en Am&eacute;rica Latina, Buenos Aires: CLACSO, Pp. 61-76.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S1657-6357201000020001500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>LUGO, D. A. (2009). Tradici&oacute;n agraria, luchas y recomposici&oacute;n de sociedades campesinas. El caso de Cajib&iacute;o (Cauca), 1970-2008 &- Tesis de maestr&iacute;a, Cali: Universidad del Valle. 252 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S1657-6357201000020001500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>MACHADO, E. (2008): "MST e neoliberalismo: avancos, limites e contradi&ccedil;&otilde;es da luta pela terra no Brasil", en: Luchas contrahegem&oacute;nicas y cambios pol&iacute;ticos recientes en Am&eacute;rica Latina, Buenos Aires: CLACSO, Pp. 231-257.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S1657-6357201000020001500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>MAN&Ccedil;ANO, B. (2008). "La ocupaci&oacute;n como una forma de acceso a la tierra en Brasil: Una contribuci&oacute;n te&oacute;rica y metodol&oacute;gica", en: Recuperando la tierra. El resurgimiento de movimientos rurales en &Aacute;frica, Asia y Am&eacute;rica Latina, Buenos Aires: CLACSO, Pp. 335-357.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S1657-6357201000020001500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>M&Aacute;RQUEZ, L. (2005). Sistematizaci&oacute;n de la experiencia de apoyo a la convivencia pac&iacute;fica y fortalecimiento del tejido social con las comunidades del Ortega y Dinde &- Cajib&iacute;o, Cauca, Colombia como parte del proyecto: Convivencia Pac&iacute;fica de 400 familias reinsertadas de los corregimientos de Ortega y Dinde, a partir de la atenci&oacute;n psicoafectiva, la implementaci&oacute;n de proyectos productivos y la reconstrucci&oacute;n del tejido social, Municipio Cajib&iacute;o &- Cauca (2004-2005), Cali: Corporaci&oacute;n VallenPaz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S1657-6357201000020001500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>MOORE, B. (1973). Los or&iacute;genes sociales de la dictadura y democracia. El se&ntilde;or y el campesino en la formaci&oacute;n del mundo moderno &#91;1966&#93;, Barcelona: ediciones Pen&iacute;nsula, 484 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S1657-6357201000020001500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>MORENO, R. (2003). Movimientos &eacute;tnicos en el norte del cauca, una aproximaci&oacute;n a sus diferencias y relaciones. Beca de Investigaci&oacute;n CLACSO, sin publicar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S1657-6357201000020001500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>MORENO, R. (2008). "Las organizaciones ind&iacute;genas y campesinas frente al conflicto armado en el norte del Cauca" en: Revista Sociedad y Econom&iacute;a, Cali: Universidad del Valle, Pp. 145-166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S1657-6357201000020001500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>ORTIZ, L. (2008). "Repertorios y herramientas desobedientes. Las contribuciones del zapatismo a la lucha contrahegem&oacute;nica", en: Luchas contrahegem&oacute;nicas y cambios pol&iacute;ticos recientes en Am&eacute;rica Latina, Buenos Aires: CLACSO, Pp. 129-147&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S1657-6357201000020001500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&Eacute;CAUT, D. (1987). Orden y Violencia, Vol. I y II., Bogot&aacute;: Editorial Siglo XXI, 1987, 610 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S1657-6357201000020001500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>PRADA ALCOREZA, R. (2008). "Genealog&iacute;a de la multitud. Seis a&ntilde;os de luchas sociales en Bolivia", en: Luchas contrahegem&oacute;nicas y cambios pol&iacute;ticos recientes en Am&eacute;rica Latina, Buenos Aires: CLACSO, Pp. 173-196.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S1657-6357201000020001500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>PRADA, E. (2004). "Luchas campesinas e ind&iacute;genas" en: 25 a&ntilde;os de luchas sociales en Colombia &#91;2002&#93;, Bogot&aacute;: CINEP, P&aacute;gs.  121-166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S1657-6357201000020001500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>REYES, A. (1994). "Territorios de la violencia en Colombia" en: El agro y la cuesti&oacute;n social, Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, P&aacute;gs. 60-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S1657-6357201000020001500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>SALGADO, C.; PRADA, E. (2000). Campesinado y protesta social en Colombia: 1980-1995, Bogot&aacute;: Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular (CINEP), 309 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S1657-6357201000020001500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ, G.; MEERTENS, D. (1983). Bandoleros, Gamonales y Campesinos. El Caso de la violencia en Colombia, Bogot&aacute;: El &Aacute;ncora Editores, 254 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S1657-6357201000020001500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ, G. (1989a). "Violencia, guerrillas y estructuras agrarias" en: Nueva Historia de Colombia, Bogot&aacute;: Planeta Colombiana Editorial, P&aacute;gs 127-152.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S1657-6357201000020001500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ, G. (1989b). "La Violencia: de Rojas al Frente Nacional" en: Nueva Historia de Colombia, Bogot&aacute;: Planeta Colombiana Editorial, P&aacute;gs. 153-178.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S1657-6357201000020001500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>SCOTT, J. C. (1985). Weapons of the Weak: Everyday Forms of Peasant Resistence, New Haven: Yale University, 246 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S1657-6357201000020001500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>SERVOLO, L. (2001). "Sem terra, Assentados, Agricultores familiares: considera&ccedil;&otilde;es sobre os conflitos sociais e as formas de organiza&ccedil;&atilde;o dos trabalhadores rurais brasileiros", en: &iquest;Una nueva ruralidad en Am&eacute;rica Latina?, Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Pp. 103-128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S1657-6357201000020001500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>TARROW, S. (2004). El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acci&oacute;n colectiva y la pol&iacute;tica, Madrid: Alianza Editorial, Pp. 352.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S1657-6357201000020001500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>TOBASURA, I. (2005). "Las luchas campesinas en Colombia en los albores del siglo XXI: de la frustraci&oacute;n a la esperanza", en: Revista Observatorio Social de Am&eacute;rica Latina (OSAL), a&ntilde;o VI, N&uacute;mero 16 (enero-abril), Buenos Aires: Ed. Clacso. P&aacute;gs. 59-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S1657-6357201000020001500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>TOBASURA, I.; RINC&Oacute;N, L. F. (2007). "La protesta social agraria en Colombia: g&eacute;nesis del movimiento agrario, 1990-2005" en: Revista Luna Azul (edici&oacute;n electr&oacute;nica), No. 24, Manizales: Universidad de Caldas,  P&aacute;gs. 43-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S1657-6357201000020001500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>WOLF, E. (1972). Las luchas campesinas del siglo XX &#91;1969&#93;, (R. Reyes Mazzoni, trad.), M&eacute;xico: Siglo Veintiuno Editores, 438 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S1657-6357201000020001500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>ZAMOSC, L. (1987). La cuesti&oacute;n agraria y el movimiento campesino en Colombia: Luchas de la Asociaci&oacute;n Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) 1967-1981, Bogot&aacute;: CINEP y UNRISD, 437 P&aacute;gs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S1657-6357201000020001500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>ZAMOSC, L. (1990). "Luchas campesinas y reforma agraria: la sierra ecuatoriana y la costa atl&aacute;ntica en perspectiva comparada", en: Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a. Vol. 52, No 2 (abril-junio), M&eacute;xico, P&aacute;gs. 125-180.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S1657-6357201000020001500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>    <!-- ref --><p>ZAMOSC, L. (1992). "Transformaciones agrarias y luchas campesinas en Colombia: Un balance retrospectivo (1950-1990)", en: An&aacute;lisis pol&iacute;tico, Bogot&aacute;: Editorial Universidad Nacional de Colombia, P&aacute;gs. 35-66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S1657-6357201000020001500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>       	    <p><b>Fuentes Primarias</b></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Archivo de la Alcald&iacute;a Municipal de Cajib&iacute;o.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S1657-6357201000020001500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>Archivo de la Personer&iacute;a Municipal &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S1657-6357201000020001500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Archivo de la Secretar&iacute;a de Gobierno e Inspecci&oacute;n de Polic&iacute;a Municipal de Cajib&iacute;o.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S1657-6357201000020001500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>Archivo de la Fiscal&iacute;a Seccional de Cajib&iacute;o.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S1657-6357201000020001500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>Diarios El Tiempo y El Pa&iacute;s, Hemeroteca Universidad del Valle, Cali &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S1657-6357201000020001500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corporaci&oacute;n para el Desarrollo y Paz del Suroccidente Colombiano (VallenPaz), Cali &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S1657-6357201000020001500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Archivos digitales Sistema OnBase Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular (CINEP), Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S1657-6357201000020001500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>El Tiempo (Bogot&aacute;): <a href="http://www.eltiempo.com/" target="_blank">www.eltiempo.com</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S1657-6357201000020001500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>El Pa&iacute;s (Cali): <a href="www.elpa&iacute;s.com.co" target="_blank">www.elpa&iacute;s.com.co</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S1657-6357201000020001500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>El Liberal (Popay&aacute;n): <a href="http://www.elliberal.com.co/" target="_blank">www.elliberal.com.co</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S1657-6357201000020001500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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