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<journal-title><![CDATA[Revista Gerencia y Políticas de Salud]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Análisis de las principales estrategias de racionalización de los recursos sanitarios en las reformas sanitarias actuales]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The common factors in most of the health care reforms held from the nineties are the searching of mechanisms to face the scare of resources, the achievement of an equitable and sustainable financing, the goal of a more efficient sanitary production and an effective way for distribution of resources in the sanitary systems. All those factors constitute news challenges for the actual sanitary policies. Theoretical foundations of the main sanitary resources rationalization strategies and the ethical dilemmas that they cause in health sector will be analyzed here, especially the establishment of share costs, definition of what to give priority in the selection for clinical or public health interventions, the role of experts and community in the process of priority definitions and the tensions when trying to balance the targets to equity, efficiency and economical sustainability of the health services.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>An&aacute;lisis de las principales     estrategias de racionalizaci&oacute;n   de los recursos sanitarios en las reformas sanitarias actuales<sup><a href="#*" name="s*">*</a></sup></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Mar&iacute;a del Pilar Guzm&aacute;n Urrea**</b></p>     <p>** Mar&iacute;a del Pilar Guzm&aacute;n Urrea. Docente-investigadora del Departamento de Humanidades de la Universidad El Bosque. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mapiguzman@tutopia.com"·>mapiguzman@tutopia.com</a></p>     <p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: 18-07-07 Fecha de aceptaci&oacute;n: 22-10-07</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>   El denominador com&uacute;n en la mayor&iacute;a de las reformas sanitarias llevadas a cabo desde los a&ntilde;os   noventa es la b&uacute;squeda de mecanismos para hacer frente a la escasez de recursos, el logro de   una financiaci&oacute;n equitativa y sostenible, la meta de una producci&oacute;n sanitaria m&aacute;s eficiente y la   distribuci&oacute;n de recursos de manera efectiva en los sistemas sanitarios, aspectos que constituyen nuevos desaf&iacute;os de las pol&iacute;ticas sanitarias actuales.</p>     <p>   En este art&iacute;culo se analizar&aacute;n los fundamentos te&oacute;ricos de dichos mecanismos y los dilemas &eacute;ticos que la racionalizaci&oacute;n genera en el sector de la salud, especialmente en lo relacionado con los costos compartidos, los criterios para establecer a qu&eacute; y a qui&eacute;nes darle prioridad, la definici&oacute;n del papel de los expertos y de la comunidad en este proceso de determinaci&oacute;n de prioridades y las tensiones que se pueden presentar cuando se intenta balancear las metas de equidad, eficiencia y financiaci&oacute;n sostenible de los servicios de salud.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Palabras clave:</b> prioridades en salud, asignaci&oacute;n de recursos, equidad en salud, salud p&uacute;blica,   pol&iacute;tica de salud, sistemas de salud.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>   The common factors in most of the health care reforms held from the nineties are the searching   of mechanisms to face the scare of resources, the achievement of an equitable and sustainable   financing, the goal of a more efficient sanitary production and an effective way for distribution   of resources in the sanitary systems. All those factors constitute news challenges for the actual   sanitary policies.</p>     <p>   Theoretical foundations of the main sanitary resources rationalization strategies and the ethical   dilemmas that they cause in health sector will be analyzed here, especially the establishment   of share costs, definition of what to give priority in the selection for clinical or public health   interventions, the role of experts and community in the process of priority definitions and the   tensions when trying to balance the targets to equity, efficiency and economical sustainability   of the health services.</p>     <p>   <b>Key words:</b> Health Priorities, Resource Allocation, Equity in Health, Public Health, Health   Policy, Health Systems.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><font size="3" face="verdana"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>   Desde finales de los a&ntilde;os ochenta y principios   de los noventa en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses   occidentales se viene experimentando una   serie de transformaciones en los diversos   tipos de sistemas sanitarios, con miras a   reducir los gastos en este sector y a mejorar   la eficiencia en la provisi&oacute;n de sus servicios.   Para enfrentar la escasez de recursos y   contener los crecientes costos sanitarios,   en el debate actual surgen dos tendencias,,   a menudo complementarias: por un lado,   se plantea que para dar respuesta a las   necesidades sanitarias se puede proceder   aumentando la financiaci&oacute;n de este sector   a trav&eacute;s del traslado de recursos de otros   sectores al sanitario, incrementando las   partidas de acuerdo con el crecimiento del   PIB, o haciendo uso de las comparaciones   internacionales, para ver el nivel de recursos   que otros pa&iacute;ses econ&oacute;micamente similares   dedican a la asistencia sanitaria. Por otro   lado, los pa&iacute;ses pueden controlar el gasto   sanitario mediante estrategias de reforma   que influyan tanto sobre la demanda como   sobre la oferta de servicios. Las que inciden   del lado de la demanda incluyen: acuerdos   de costos compartidos con los pacientes,   establecimiento de prioridades para racionalizar   el acceso a los servicios, incentivos para   estimular el gasto privado en salud (como   por ejemplo, la disminuci&oacute;n del impuesto a   la renta para aquellos que usen los servicios   privados), conceder el derecho de buscar opciones   externas a los sistemas colectivamente   financiados (sistema oficial) y sacar servicios del paquete asistencial p&uacute;blico.</p>     <p>   Los costos tambi&eacute;n pueden ser controlados   con la intervenci&oacute;n en la oferta de los servicios   de salud. Un amplio rango de estrategias de   las reformas actuales puede ser incluido en   esta categor&iacute;a; este rango abarca la introducci&oacute;n   de la competencia entre proveedores   p&uacute;blicos, la fijaci&oacute;n de topes cerrados al   gasto de los proveedores o establecimiento   de presupuestos globales, la reducci&oacute;n de la   oferta de m&eacute;dicos y de camas hospitalarias, el   control de costos del recurso humano (a trav&eacute;s   de la disminuci&oacute;n de los salarios o el cambio   en los m&eacute;todos de remuneraci&oacute;n profesional),   la introducci&oacute;n de patrones de prestaci&oacute;n m&aacute;s   efectivos, tales como: control de costos de los   productos farmac&eacute;uticos, regulaci&oacute;n del uso   de las tecnolog&iacute;as biom&eacute;dicas, auditor&iacute;as en el uso de los recursos que los m&eacute;dicos autorizan,   protocolos y gu&iacute;as diagn&oacute;sticas en las cuales se   especifican los procedimientos, exploraciones y pruebas cl&iacute;nicas para cada patolog&iacute;a, etc.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En este art&iacute;culo se explicar&aacute;n las estrategias   relacionadas con la demanda y la oferta, a   partir de la idea de que el nivel apropiado   de financiamiento, asignaci&oacute;n y distribuci&oacute;n   de los recursos sanitarios no es un problema   cuya respuesta se base en f&oacute;rmulas t&eacute;cnicas   precisas, sino que depende del valor que se le   conceda a la salud y a la asistencia sanitaria,   tanto en s&iacute; misma como en relaci&oacute;n con otras &aacute;reas del gasto p&uacute;blico.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>1. Estrategias para hacer frente a la escasez de recursos</b></font></p>      <p>   Dos de los mecanismos m&aacute;s generalizados   para enfrentar el problema de la escasez de   recursos son la coparticipaci&oacute;n financiera del   usuario y el establecimiento de diferentes prioridades en la atenci&oacute;n sanitaria.</p>     <p>   La idea de compartir costos hace referencia   a cualquier pago directo que los usuarios de   los servicios hacen a los proveedores; a esta   estrategia se le atribuyen funciones tanto   distributivas como financieras. En lo que   concierne a la distribuci&oacute;n de recursos, la   introducci&oacute;n de los costos compartidos busca   que el consumidor elimine la utilizaci&oacute;n   innecesaria de los servicios o de la cantidad   solicitada. En cuanto a los aspectos financieros,   estos mecanismos han sido introducidos   con la perspectiva de diversificar las fuentes de   ingresos y la disminuci&oacute;n del gasto p&uacute;blico sanitario   a trav&eacute;s del aumento del gasto privado   individual. Los principales mecanismos para   compartir costos con el paciente son las cuotas   moderadoras (cantidad fija que el beneficiario   deber&aacute; pagar por cada servicio utilizado) y los   copagos (porcentaje del cargo total por un servicio que el beneficiario debe pagar).</p>     <p>   A estos mecanismos se asocian otras formas   a trav&eacute;s de las cuales se busca que los usuarios   saquen dinero de su propio bolsillo para   pagarle a los proveedores. Entre estas est&aacute;n   las exclusiones de la cobertura (servicios que   no est&aacute;n cubiertos en el paquete b&aacute;sico de   prestaciones), la facturaci&oacute;n extra (recargos   efectuados por el proveedor que est&aacute;n por encima   de los niveles m&aacute;ximos establecidos por   las aseguradoras) y los precios de referencia   farmac&eacute;uticos (lista de precios de f&aacute;rmacos que la aseguradora establece).</p>     <p>   El fundamento conceptual de esta estrategia   de compartir costos se basa en el planteamiento   de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica seg&uacute;n el cual cuando   los servicios son sufragados en su totalidad por   los seguros, la demanda de asistencia excede   los niveles socialmente deseables. El t&eacute;rmino &ldquo;demanda excesiva&rdquo; en sentido econ&oacute;mico significa una utilizaci&oacute;n con un costo marginal mayor al beneficio social marginal derivado de consumirlo; en otras palabras, los recursos utilizados para prestar la unidad adicional de servicio (como, por ejemplo una visita al m&eacute;dico) podr&iacute;an haber rendido un mayor beneficio a la sociedad de hab&eacute;rselos utilizado para otro prop&oacute;sito. Desde esta perspectiva, se establece un nivel de consumo socialmente &oacute;ptimo, en el cual el costo marginal de producir los servicios se iguala al beneficio marginal de consumirlos; esta demanda excesiva en los servicios sanitarios o &ldquo;sobreconsumo&rdquo; en el caso de los seguros privados de salud es lo que se conoce como &ldquo;riesgo moral&rdquo;.</p>     <p>   El problema de esta argumentaci&oacute;n est&aacute; en   que no tiene en cuenta la asimetr&iacute;a de la informaci&oacute;n   en el mercado sanitario que hace   a los pacientes o consumidores dependan de   sus agentes proveedores en cuanto a la informaci&oacute;n   que afecta su demanda de servicios.   Adem&aacute;s, la incorporaci&oacute;n de mecanismos   para compartir costos con los usuarios   puede encontrar l&iacute;mites de car&aacute;cter distributivo,   pues su introducci&oacute;n puede resultar regresiva en t&eacute;rminos de la renta de grupos   particulares, generando un &ldquo;subconsumo&rdquo;   por parte de los grupos que m&aacute;s necesitan   de la atenci&oacute;n sanitaria y contradiciendo los   principios de justicia social contenidos en   la universalizaci&oacute;n y en el libre acceso a los servicios. Seg&uacute;n la OMS [1: 113]:</p>     <p>   El uso del copago tiene el efecto de racionar el   uso de una intervenci&oacute;n determinada, pero no   racionaliza su demanda por los consumidores.   Cuando la gente, en especial los pobres, tienen   que hacer copagos, reducen la cantidad de   servicios solicitados (hasta llegar al extremo de   no solicitar ning&uacute;n servicio); pero no se vuelven   necesariamente m&aacute;s racionales para distinguir   cu&aacute;ndo pedir servicios o qu&eacute; servicios pueden   pedir. En consecuencia si los cargos al usuario   se aplican indiscriminadamente, tambi&eacute;n se   reducir&aacute; la demanda indiscriminadamente, lo que perjudicar&aacute; a los pobres en particular.</p>     <p>   Tal como se plantea en este informe, los   servicios gratuitos no se traducen autom&aacute;ticamente   en &ldquo;sobre-utilizaci&oacute;n&rdquo; injustificada   de los servicios, pues hay que tener en cuenta   que: &ldquo;Los servicios que no implican un costo   directo en realidad no son forzosamente   gratuitos ni asequibles, en particular para los   pobres, debido a los otros costos asociados en   la procura de atenci&oacute;n de salud, tales como:   el costo de los medicamentos, los pagos bajo   cuerda, el transporte y las horas de trabajo perdidas&rdquo; [1: 113-114].</p>     <p>   Efectivamente, el potencial para desplazar la   carga financiera hacia los individuos puede   afectar de manera notoria a los hogares de   m&aacute;s bajos ingresos y esto tambi&eacute;n causa   inequidad en el consumo de los servicios   sanitarios al reducir el uso de los mismos   (especialmente en las personas con enfermedades   cr&oacute;nicas o de alto costo) y al   aplazar la b&uacute;squeda de tratamiento, lo cual   puede empeorar el estado de salud de los enfermos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Respecto de los efectos de la estrategia de   compartir costos, sobre la disminuci&oacute;n del   gasto sanitario total, las evidencias sugieren   que no hay un impacto importante en dicha   disminuci&oacute;n y que las medidas relacionadas   con la oferta tienen una mayor repercusi&oacute;n   en ese rubro. Seg&uacute;n Rasell [2: 1165] el caso   de Estados Unidos lo ilustra muy bien, all&iacute;,   seg&uacute;n las estad&iacute;sticas hay tasas inferiores de   contacto con los m&eacute;dicos, cifras m&aacute;s bajas de   d&iacute;as-cama per c&aacute;pita de la poblaci&oacute;n, tiene   los desembolsos derivados de compartir   costos con el usuario m&aacute;s altos; pero, a su   vez, tiene los costos en relaci&oacute;n con su PIB   m&aacute;s altos (comparado con otros pa&iacute;ses como   Alemania, Canad&aacute;, Francia, Jap&oacute;n y el Reino   Unido). Por el contrario, en estos otros   pa&iacute;ses en donde los costos compartidos son   m&aacute;s bajos y las tasas de utilizaci&oacute;n m&aacute;s altas,   los costos globales son inferiores. En otras   palabras, compartir costos reduce la utilizaci&oacute;n   desencadenada por el consumidor, pero   dichas reducciones carecen de efectividad a la hora de contener los costos.</p>     <p>   Adem&aacute;s, compartir costos como estrategia   para disminuir la demanda s&oacute;lo funciona en   el primer contacto que el paciente tiene con   los servicios sanitarios, pues luego (en los   servicios de derivaci&oacute;n o de especialistas) el   que determina su utilizaci&oacute;n es el m&eacute;dico,   quien podr&aacute; aumentar el uso de los servicios   diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticos, ante la reducci&oacute;n   de la utilizaci&oacute;n iniciada por el consumidor,   con el fin de mantener sus ingresos, especialmente   en sistemas en los cuales se les paga por servicio prestado.</p>     <p>   <b>1.1. El establecimiento de prioridades en la atenci&oacute;n sanitaria</b></p>     <p>   El establecimiento de prioridades en la   asistencia sanitaria, particularmente en las   circunstancias en las cuales la demanda   asistencial excede los recursos disponibles, involucra los procesos de macro-asignaci&oacute;n   y micro-asignaci&oacute;n de los recursos   sanitarios. La macro-asignaci&oacute;n de recursos   hace referencia a los recursos que desde el   Estado se asignar&aacute;n al sector de la salud y   que compiten con las demandas de otros   sectores y las decisiones en la asignaci&oacute;n del   presupuesto entre diversas &aacute;reas geogr&aacute;ficas   y entre los diferentes servicios asistenciales y   de prevenci&oacute;n o promoci&oacute;n de la salud. La   micro-asignaci&oacute;n de recursos se refiere a la   forma como se definir&aacute; a qui&eacute;n atender, de qu&eacute;, cu&aacute;ndo y durante cu&aacute;nto tiempo.</p>     <p>   Teniendo en cuenta que en dichos procesos   se est&aacute; determinando el tipo de servicios a los   cuales tendr&aacute;n acceso los ciudadanos y el tipo   de pacientes que clasificar&aacute;n para acceder a   esos servicios, el debate actual en torno a este   tema se ha vuelto m&aacute;s significativo, especialmente   por la disminuci&oacute;n del gasto p&uacute;blico   registrada en la mayor&iacute;a de los sistemas sanitarios   de los pa&iacute;ses occidentales, por efecto de la crisis misma del Estado del Bienestar.</p>     <p>   Dos de los aspectos m&aacute;s discutidos en el proceso   de toma de decisiones para establecer   prioridades son: por un lado, definir c&oacute;mo se   decide, es decir el tipo de metodolog&iacute;a que se   usar&aacute; para determinar el esquema de prioridades   que sea socialmente v&aacute;lido, la cual est&aacute;   determinada por la teor&iacute;a de la justicia de la   que se parta para delimitar los principios que   deben regular la distribuci&oacute;n de los recursos   sanitarios y los criterios que permitan evaluar   a qu&eacute; darle prioridad y a qui&eacute;nes. Por otro   lado, definir qui&eacute;n decide, para poder delimitar   el papel de los expertos en este proceso y el   grado de participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en las   decisiones sobre qu&eacute; escoger. La problem&aacute;tica   en torno a la forma como se resuelven estas preguntas se tratar&aacute; en seguida.</p>     <p>   a) Las teor&iacute;as de justicia y la definici&oacute;n de prioridades</p>     <p>   La determinaci&oacute;n de los alcances y los l&iacute;mites   de lo que en justicia es exigible depende de la   forma como se define y especifica el derecho   a la atenci&oacute;n sanitaria y el establecimiento de   criterios para la distribuci&oacute;n de los recursos   sanitarios. Dicho derecho, seg&uacute;n se ver&aacute; a   continuaci&oacute;n, toma varios significados<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup> en esta discusi&oacute;n.</p>     <p>   Desde la perspectiva libertariana, se concibe   como un derecho negativo en tanto las personas   tienen la libertad para elegir lo que   quieren y pueden comprar en el mercado de   la atenci&oacute;n sanitaria y no es el Estado el que   debe velar por garantizarlo y promoverlo.   Dicho derecho est&aacute; regido por el principio   de justicia conmutativa (cada uno recibe   seg&uacute;n sus aportes), con lo cual se legitima   la segmentaci&oacute;n de la atenci&oacute;n sanitaria y la   caridad como forma de atender los problemas de salud de la poblaci&oacute;n.</p>     <p>   La teor&iacute;a de la justicia de los igualitaristas   liberales considera la necesidad de que   las instituciones sociales contrarresten la   ausencia de oportunidades causada por el   hecho de enfermar, ya que la discapacidad o   la enfermedad crean profundas desventajas   para las personas que las padecen y reducen   su capacidad de vivir adecuadamente. La   igualdad de acceso al sistema sanitario ser&aacute; la   premisa para lograr un sistema sanitario justo;   en algunas versiones de esta misma corriente   se entiende como la igualdad de acceso por   igual necesidad [4] en otras versiones como   igualdad de uso [5] intentando superar los   factores como la dificultad de tener informaci&oacute;n   sobre la atenci&oacute;n sanitaria, las barreras   sociol&oacute;gicas y culturales, la ubicaci&oacute;n geogr&aacute;-   fica, etc. que pueden impedir el verdadero uso de los servicios sanitarios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En este mismo marco del igualitarismo,   algunas versiones condicionan el derecho a la atenci&oacute;n sanitaria a la responsabilidad individual   en el origen de las enfermedades [6],   es decir, reconociendo las compensaciones   que el sistema sanitario debe proporcionar   a los individuos pero &uacute;nicamente por los   riesgos inesperados y no por aquellos que se   corren a causa de las opciones en el estilo de   vida. Las dificultades de este enfoque est&aacute;n   relacionadas con la forma de determinar   con razonable certeza los comportamientos   individuales que dan origen a las enfermedades   y separarlos de los factores sociales o   hereditarios de los que no son responsables los individuos.</p>     <p>   Otra importante versi&oacute;n del igualitarismo la   proporciona la teor&iacute;a de Amartya Sen [7],   especialmente porque su enfoque centrado   en las capacidades permite aquilatar las di-   ficultades que tienen algunas personas para   convertir recursos en bienestar, puesto que   indaga en qu&eacute; y por qu&eacute; una persona no ha   logrado lo mismo que otra, o lo que en la   sociedad se considera como normal. As&iacute;, a   la hora de distribuir recursos y de establecer   prioridades, las dificultades que las personas   tienen para acceder a los servicios sanitarios,   tales como la edad, el nivel de estudios, la   posici&oacute;n geogr&aacute;fica, las barreras socio-culturales,   etc. se consideran muy importantes   para evaluar el acceso efectivo a la atenci&oacute;n   sanitaria (igualdad de uso y no solo igualdad   de acceso). Adem&aacute;s, se plantea que la salud   es esencial para el bienestar de las personas   y que las libertades y posibilidades que cada   uno es capaz de ejercer dependen de sus   logros en salud; de este modo la salud y la supervivencia   son fundamentales para entender   no solo la calidad de vida, sino tambi&eacute;n para   que cada quien ejerza sus libertades. Desde   esta perspectiva a la equidad en salud se le   reconoce su car&aacute;cter multidimensional, pues   va m&aacute;s all&aacute; de las demandas relacionadas con   la prestaci&oacute;n y la distribuci&oacute;n en la atenci&oacute;n   sanitaria e incluye influencias muy distintas   relacionadas con las predisposiciones gen&eacute;ticas,   los ingresos individuales, los h&aacute;bitos   alimentarios y los estilos de vida, as&iacute; como el   entorno epidemiol&oacute;gico y las condiciones de   trabajo [7: 304]. La equidad en salud tambi&eacute;n   necesita que las consideraciones sobre la salud   se integren en los temas m&aacute;s amplios de la   justicia social y de la equidad global, teniendo   en cuenta la forma como fluyen los recursos y   las diferencias en los alcances y el impacto de los diferentes &ldquo;acuerdos sociales&rdquo;.</p>     <p>   Desde la teor&iacute;a utilitarista el derecho a la   atenci&oacute;n sanitaria define el valor de las pol&iacute;ticas   sanitarias y de las intervenciones cl&iacute;nicas,   exclusivamente en t&eacute;rminos de las consecuencias   medibles o de sus &ldquo;resultados&rdquo;.   Desde esta perspectiva, la justicia distributiva   en la atenci&oacute;n sanitaria siempre debe regirse   por la relaci&oacute;n costo-beneficio, de tal modo   que nunca haya obligaci&oacute;n de hacer en   justicia algo que no sea econ&oacute;micamente &oacute;ptimo. Los dos criterios m&aacute;s empleados actualmente para medir la maximizaci&oacute;n de los recursos sanitarios son el QALY (a&ntilde;os de vida ajustados con calidad) y el DALY (a&ntilde;os de vida ajustados en funci&oacute;n de la discapacidad). A estos indicadores se les cuestiona, principalmente, la discriminaci&oacute;n que realizan por razones ajenas a la voluntad de los individuos como edad, raza, sexo, condici&oacute;n econ&oacute;mica, social o cultural, e incluso el tipo de enfermedad, ya que se preocupan fundamentalmente por cuantificar globalmente los a&ntilde;os de vida ajustados con calidad para maximizar las unidades de salud o disminuir la carga global de enfermedad y no por las personas y sus necesidades individuales [8: 137- 143, 9: 223-224].</p>     <p>   Las teor&iacute;as comunitaristas como la de   Michael Walzer [10] hacen un aporte muy   interesante a la discusi&oacute;n de la justicia distributiva   en el &aacute;mbito de la sanidad, pues   consideran que cada bien o cada conjunto   de bienes constituye una esfera de distribuci&oacute;n   y cada una de estas esferas tiene unos criterios y pautas apropiados. Esto implica,   por un lado, reflexionar sobre el &ldquo;significado   social de la atenci&oacute;n sanitaria&rdquo;, el cual est&aacute;   culturalmente inscrito y por lo tanto es din&aacute;mico   y sometido a constante interpretaci&oacute;n;   por otro lado, aceptar que no hay ning&uacute;n   principio &uacute;nico de justicia distributiva que   gobierne todos los bienes sociales, sino que   m&aacute;s bien existe una serie de principios construidos   que constituyen diferentes &ldquo;esferas de la justicia&rdquo;.</p>     <p>   El problema surge cuando se intentan aplicar   los criterios de una esfera a otra o cuando   aparece un bien que sea &ldquo;predominante&rdquo; o   que &ldquo;tiranice&rdquo; a los dem&aacute;s, menospreciando   la especificidad de los principios inherentes   a cada esfera de distribuci&oacute;n [10: 23].   Desde la perspectiva de Walzer la forma de   alcanzar la justicia es vigilar continuamente   las barreras que separan los bienes, evitando   que se intercambien bienes que tienen   distintos significados y por consiguiente   distintos principios de distribuci&oacute;n justa.   De esta manera, la preocupaci&oacute;n porque   las personas enfermas reciban atenci&oacute;n, por   el riesgo financiero que se puede generar al   enfermar o por la doble vulnerabilidad en la   que se encuentran las personas enfermas y   pobres es fundamental a la hora de de definir   los criterios de distribuci&oacute;n en la esfera de   la atenci&oacute;n sanitaria, aunque no funcione lo mismo para la esfera del mercado.</p>     <p>   En este sentido, es importante aclarar que si   bien es importante redefinir qu&eacute; es lo que se   espera de un sistema sanitario y reinterpretar   el significado del derecho a la asistencia sanitaria,   con el fin de afrontar el problema de   los recursos escasos y el hecho ineludible de   establecer prioridades, la atenci&oacute;n sanitaria   tiene un car&aacute;cter cualitativamente diferente   a cualquier mercanc&iacute;a, pues debe estar al   servicio de la dignidad humana y sus criterios   de distribuci&oacute;n deben estar por encima del af&aacute;n de lucro.</p>     <p>   b) El proceso de definici&oacute;n de prioridades: &iquest;qui&eacute;n decide?</p>     <p>   Otro de los aspectos importantes que debe   tenerse en cuenta en esta discusi&oacute;n es el   de qui&eacute;n toma las decisiones en el proceso   de establecimiento de prioridades. Los   defensores de las medidas que se apoyan   en el juicio de los expertos (QALY, DALY)   argumentan que &eacute;stos respetan la soberan&iacute;a   de los consumidores y derivan valores de las   experiencias expresadas por los mismos (que   de manera expl&iacute;cita o impl&iacute;cita se reflejan   en las encuestas); por lo tanto, los costos,   los riesgos y los beneficios son evaluados en   relaci&oacute;n con los valores de la poblaci&oacute;n; adem&aacute;s,   sostienen que esos m&eacute;todos posibilitan   que los gobiernos puedan regular los riesgos   y distribuir efectivamente los recursos sobre bases m&aacute;s sistem&aacute;ticas y t&eacute;cnicas.</p>     <p>   Sin embargo, es importante anotar que   todas las t&eacute;cnicas anal&iacute;ticas para establecer   prioridades son &uacute;tiles, siempre y cuando   reconozcan sus t&eacute;rminos y sus l&iacute;mites, sobre   todo los fijados por el respeto a la autonom&iacute;a   y la justicia, pues hay que tener en cuenta   no s&oacute;lo los costos econ&oacute;micos, sino tambi&eacute;n   los costos sociales en este proceso de toma   de decisiones. Dicho proceso se plantea en   cada pa&iacute;s de manera particular, de acuerdo   con sus necesidades sanitarias, sus niveles de   gasto y las expectativas de la sociedad; por   ello debe ser en cada contexto social donde   se propongan las soluciones a este problema   del establecimiento de prioridades en la atenci&oacute;n sanitaria.</p>     <p>   Es necesario reconocer los juicios de valor   que impregnan todo el proceso de identificaci&oacute;n   y estimaci&oacute;n de los riesgos y considerar   tambi&eacute;n los m&eacute;todos que incorporan la   participaci&oacute;n de la comunidad en su an&aacute;lisis,   para as&iacute; dar cuenta de los principios   que la sociedad en su conjunto valora en un   sistema sanitario, ya que puede haber otras interpretaciones de la beneficencia u otros   principios morales que lleguen a conclusiones diferentes a las de los expertos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El problema principal de estas t&eacute;cnicas anal&iacute;ticas   es que tienden a otorgar una excesiva   importancia a los valores cuantificables,   mientras los aspectos no cuantificables son   poco valorados (como el alivio del dolor y el   sufrimiento, o el significado simb&oacute;lico que las   acciones y las pol&iacute;ticas tienen para la poblaci&oacute;n;   por ejemplo, los casos de salvar vidas   identificadas o llegar a una muerte digna).   Adem&aacute;s, hay una gran preocupaci&oacute;n por la   posibilidad de que los c&aacute;lculos a gran escala   en la planificaci&oacute;n pol&iacute;tica y social olviden   el principio de inviolabilidad individual,   m&aacute;s a&uacute;n cuando el lenguaje econ&oacute;mico est&aacute;   transformando los principios morales que   tradicionalmente han predominado en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente.</p>     <p>   Teniendo en cuenta que en muchos casos las   decisiones sobre el establecimiento de prioridades   conllevan elecciones tr&aacute;gicas, sobre   las cuales la sociedad tendr&aacute; que definir sus   l&iacute;mites morales, estas decisiones deben responder   a deliberaciones democr&aacute;ticamente   informadas, en las cuales participen todos los   actores involucrados. Los debates p&uacute;blicos   en torno a estos temas son muy importantes,   ya que la &ldquo;condici&oacute;n p&uacute;blica&rdquo; tal como es   concebida por Rawls [11] est&aacute; en el centro de la concepci&oacute;n de justicia.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>2. El logro de una financiaci&oacute;n equitativa y sostenible</b></font></p>      <p>   La necesidad de encontrar un balance entre   la equidad, el acceso universal y la financiaci&oacute;n   sostenible de los servicios de salud   constituye un gran desaf&iacute;o en la d&eacute;cada de   los noventa, especialmente en los pa&iacute;ses en   los cuales se ha buscado experimentar con la   aplicaci&oacute;n de incentivos de mercado en sus   sistemas sanitarios a trav&eacute;s de la competencia   entre aseguradoras y la introducci&oacute;n de la libre   elecci&oacute;n por parte de los usuarios; ello ha   generado el gran interrogante de si es posible   basar el financiamiento sanitario en la competencia   y al mismo tiempo mantener un alto   nivel de solidaridad social. La solidaridad en   un sistema sanitario est&aacute; determinada por   su car&aacute;cter mancomunado, es decir, por la   posibilidad de que el riesgo de tener que pagar   la atenci&oacute;n sanitaria lo compartan todos   los miembros de una sociedad y no lo corra   cada uno de manera individual. Obviamente,   un sistema de salud en el que los individuos   tienen que pagar de su propio bolsillo una   parte sustancial del costo de los servicios en   el momento de buscar tratamiento har&aacute; que   el acceso se restrinja a quienes puedan pagarlo   y probablemente excluir&aacute; a los miembros   m&aacute;s pobres de la sociedad y a las personas   con un alto riesgo de tener que solicitar los   servicios m&eacute;dicos, tales como los ancianos y   los pacientes con enfermedades de alto costo o enfermedades cr&oacute;nicas.</p>     <p>   Seg&uacute;n Wagstaff y Van Doorslaer [12: 44-45],   los esquemas de financiaci&oacute;n sanitaria realizada   a trav&eacute;s de los impuestos y sin competencia   del mercado son los m&aacute;s progresivos desde   el punto de vista de la solidaridad (aunque   es importante examinar si los impuestos   son de tipo directo o indirecto, pues si hay   mayor &eacute;nfasis en los impuestos indirectos   el financiamiento de la atenci&oacute;n sanitaria,   puede llegar a ser regresivo). Los sistemas   de seguro social subvencionados a trav&eacute;s de   recargos obligatorios a patrones, empleados,   trabajadores aut&oacute;nomos y pensionados, en su   mayor&iacute;a financian la asistencia sanitaria de   modo m&aacute;s regresivo, puesto que las normas   que rigen la inclusi&oacute;n o exclusi&oacute;n del seguro   dependen de la capacidad para cotizar, y ser&aacute;n   m&aacute;s regresivo si los grupos de alta renta no   son forzados a entrar en el sistema (o se les   permite salir del sistema), puesto que de esta   manera este se quedar&aacute; sin sus aportes y ser&aacute; menos viable financieramente. Los pa&iacute;ses con   sistema privado de aseguramiento, como Suiza   o Estados Unidos, donde la mayor&iacute;a de la   poblaci&oacute;n no tiene cubrimiento a trav&eacute;s de un   seguro p&uacute;blico, son a&uacute;n m&aacute;s regresivos desde   el punto de vista del financiamiento que los   sistemas de seguridad social, pues los seguros   privados ajustan sus primas de acuerdo con el   riesgo, as&iacute; las personas con menos ingresos y   mayor riesgo de enfermar se ven m&aacute;s afectadas a la hora de financiar su salud.</p>     <p>   No obstante, es importante aclarar que si   bien en algunos sistemas de salud hay cierto   tipo de financiaci&oacute;n predominante, ning&uacute;n   sistema es &ldquo;puro&rdquo;, ya que en la pr&aacute;ctica los   que tienen financiaci&oacute;n basada en impuestos   tambi&eacute;n suelen incluir elementos de seguridad   social y los basados en esto &uacute;ltimo   muchas veces tienen un gran componente de   financiaci&oacute;n mediante impuestos. Adem&aacute;s,   casi todos incluyen financiaci&oacute;n privada   como las p&oacute;lizas de seguro contratadas voluntariamente   y los desembolsos directos o de bolsillo [13: 131].</p>     <p>   En la actualidad, los sistemas de salud en   todo el mundo intentan repartir el riesgo a   trav&eacute;s de los subsidios cruzados de los j&oacute;venes   y sanos a los ancianos y enfermos, de las   personas con mayor capacidad de pago a las   de menores ingresos, entre los miembros   del mismo fondo com&uacute;n o bien por medio   de subsidios gubernamentales otorgados a   un sistema con uno o varios fondos comunes.   Los subsidios cruzados pueden existir   tambi&eacute;n entre miembros de fondos comunes   diferentes, por medio de mecanismos expl&iacute;citos   de nivelaci&oacute;n de riesgos y de ingresos,   tales como los que se utilizan en Argentina,   Colombia y los Pa&iacute;ses Bajos. Dichos mecanismos   tambi&eacute;n se aplican cuando existen   grandes diferencias en el riesgo y en los   ingresos entre regiones de un mismo pa&iacute;s [1:   115]. Estrategias como los mecanismos de   ajuste del riesgo y la inscripci&oacute;n obligatoria   por parte de las aseguradoras para que no   nieguen el acceso a ning&uacute;n solicitante, surgen   principalmente en los pa&iacute;ses en los cuales   se han implementado pol&iacute;ticas basadas en   el modelo de &ldquo;competencia administrada&rdquo;   para evitar la posible selecci&oacute;n de riesgos   en los pacientes y redistribuir los ingresos   de los sistemas de seguro entre las aseguradoras   competidoras. El objetivo es que ni   la renta, el sexo o la edad del asegurado, ni   su n&uacute;mero de hijos, tengan impacto alguno   sobre la capacidad de los fondos de competir   con los dem&aacute;s, pues en el libre juego de las   fuerzas del mercado, las compa&ntilde;&iacute;as aseguradoras   intentan identificar a las personas con   menos riesgos de enfermar, para as&iacute; ofrecer   primas m&aacute;s bajas y no correr el riesgo de ser expulsadas del mercado.</p>     <p>   A pesar de las limitaciones impuestas a   las compa&ntilde;&iacute;as aseguradoras para evitar la   selecci&oacute;n de riesgos, ellas, haciendo uso de   las libertades que otorga la competencia,   desarrollan estrategias de marketing y negociaciones   con los proveedores para captar el   aseguramiento de las personas con menores   riesgos de enfermar y mayores ingresos.   Adem&aacute;s, las barreras geogr&aacute;ficas, socio-culturales   y de la informaci&oacute;n con las que se enfrentan   los pacientes son usadas por muchas   de estas compa&ntilde;&iacute;as para elegir a sus clientes,   independientemente de que las legislaciones   impidan negar el acceso a alg&uacute;n solicitante.   Esto demuestra la tensi&oacute;n existente en los   sistemas sanitarios que est&aacute;n haciendo uso de   la competencia y los incentivos del mercado   (en su financiamiento y en su provisi&oacute;n o incluso   s&oacute;lo en esta &uacute;ltima) y el mantenimiento de la solidaridad y la equidad.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>3. La meta de una producci&oacute;n sanitaria m&aacute;s eficiente</b></font></p>      <p>   Las reformas sanitarias de los a&ntilde;os noventa   han puesto especial &eacute;nfasis en mejorar la eficiencia de las instituciones proveedoras   de los servicios sanitarios, para lo cual se han   desarrollado programas de calidad asistencial,   se han introducido directrices cl&iacute;nicas y   se ha aumentado la gesti&oacute;n descentralizada   de los proveedores. Estas estrategias que   han llevado a la reestructuraci&oacute;n de los hospitales   y la reivindicaci&oacute;n de los programas   de atenci&oacute;n primaria. Dichas estrategias ser&aacute;n analizadas brevemente a continuaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>3.1. La b&uacute;squeda de mejoras en la calidad asistencial</b></p>     <p>   La calidad en la asistencia sanitaria involucra   diversas dimensiones relacionadas con la   asistencia efectiva y apropiada (capacidad   de la ciencia y la tecnolog&iacute;a de la atenci&oacute;n   m&eacute;dica para lograr mejoras en la salud,   cuando es utilizada bajo las circunstancias   m&aacute;s favorables), la eficiencia en el uso de los   recursos (capacidad de disminuir costos sin   disminuir las mejoras obtenibles en salud),   la satisfacci&oacute;n del paciente (conformidad con   los deseos y expectativas de los pacientes),   la legitimidad (conformidad con las preferencias   sociales expresadas en principios &eacute;ticos, valores, normas, costumbre, leyes y regulaciones), la equidad (conformidad a un principio que determina lo qu&eacute; es justo y razonable en la distribuci&oacute;n sanitaria y de sus beneficios sociales) y los resultados finales sobre la salud [14: 2-3]. Estas dimensiones est&aacute;n claramente interconectadas; as&iacute;, por ejemplo, una asistencia apropiada y efectiva dar&aacute; como resultado mayor satisfacci&oacute;n del paciente y mejores resultados de salud.</p>     <p>   La calidad puede medirse y evaluarse a   trav&eacute;s de la conocida triada propuesta por   Donabedian [15] en t&eacute;rminos de estructura,   proceso y resultado. La palabra &ldquo;estructura&rdquo;   hace referencia a las condiciones bajo las   cuales se provee la atenci&oacute;n m&eacute;dica; estas   incluyen: recursos materiales (instalaciones y   equipamiento), recursos humanos (n&uacute;mero,   variedad y calificaci&oacute;n del personal profesional)   y caracter&iacute;sticas de la organizaci&oacute;n   (estructura del equipo m&eacute;dico, presencia de   actividades de ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n,   tipo de supervisi&oacute;n y formas de pago de la   atenci&oacute;n m&eacute;dica). El &ldquo;proceso&rdquo; tiene que   ver con qu&eacute; se le hace al paciente, cu&aacute;l es   el intervalo entre diagn&oacute;stico, tratamiento,   seguimiento y rehabilitaci&oacute;n, si se usa una   medicaci&oacute;n o unas intervenciones id&oacute;neas.   El &ldquo;resultado&rdquo; es la medida que determina   si el objetivo pretendido se alcanz&oacute; con el   tratamiento; incluye los cambios en: el estado   de salud, los conocimientos adquiridos por los   pacientes o la familia que pueden influenciar   la salud futura, las conductas de los pacientes   o la familia que pueden influir en su salud   futura y la satisfacci&oacute;n de los pacientes con la atenci&oacute;n prestada.</p>     <p>   Cualquier sistema sanitario que intente   evaluar la calidad de sus servicios debe   tener en cuenta estos tres elementos, pues   generalmente se eval&uacute;an la estructura y el   proceso, pero no los resultados. La dificultad   existente para evaluar los resultados est&aacute; en   aclarar si un resultado deficiente se debi&oacute; al   tratamiento o no; por eso, generalmente se   busca evaluar el proceso, sobre la base de   que en investigaciones previas se ha establecido   la correlaci&oacute;n entre tratamientos y resultados.</p>     <p>   Por ello, la llamada &ldquo;medicina de los resultados&rdquo;   o la &ldquo;medicina basada en la evidencia&rdquo;,   pretende una revisi&oacute;n sistem&aacute;tica de las evidencias   disponibles respecto del tratamiento   de ciertas enfermedades, para establecer qu&eacute;   tratamientos funcionan y cu&aacute;les no, para qu&eacute;   personas funciona y en qu&eacute; circunstancias;   su objetivo fundamental es que se presten   tratamientos m&aacute;s efectivos y eficientes. La   principal caracter&iacute;stica de la medicina basada   en la evidencia es la afirmaci&oacute;n de que a   pesar de las variaciones de los posibles tratamientos para una determinada enfermedad,   relacionadas con el predominio de la misma   en un determinado lugar, las preferencias   terap&eacute;uticas establecidas culturalmente, los   patrones estructurales y financieros de cada   sistema sanitario y la incertidumbre cl&iacute;nica   siempre existente en todos los tratamientos,   se pueden establecer unos par&aacute;metros b&aacute;sicos   que permiten definir la efectividad de los   tratamientos seg&uacute;n las evidencias arrojadas por las investigaciones [16: 15].</p>     <p>   Sin embargo, como lo explica Donabedian   [17] en los servicios m&eacute;dicos actuales existe   una evidente incapacidad para percatarse   de la relaci&oacute;n entre el dise&ntilde;o del sistema, el   desempe&ntilde;o de este y sus resultados; mientras   esto ocurra ser&aacute; dif&iacute;cil identificar las causas   del fracaso en la calidad en la atenci&oacute;n   sanitaria y llegar a acciones apropiadas que   modifiquen la estructura y el proceso. Agrega,   adem&aacute;s, la importancia de la dimensi&oacute;n &eacute;tica de los trabajadores de la salud para que se pueda hablar de una buena calidad en la atenci&oacute;n sanitaria, la cual se ha visto seriamente afectada por la creciente comercializaci&oacute;n de la atenci&oacute;n m&eacute;dica.</p>     <p>   En todo el proceso de garant&iacute;a de la calidad   de la asistencia m&eacute;dica es fundamental el   papel de los m&eacute;dicos y en general de todos   los profesionales sanitarios, pues deben ser   ellos los responsables de identificar los criterios   de calidad, establecer los est&aacute;ndares   y llevar a cabo los cambios. Su participaci&oacute;n   activa permite que la evaluaci&oacute;n de la calidad   no se centre &uacute;nicamente en la medici&oacute;n de   la estructura, sino que tambi&eacute;n se tengan en   cuenta el proceso y los resultados. As&iacute;, por   ejemplo, los programas de acreditaci&oacute;n de   los hospitales, inicialmente desarrollados   en Estados Unidos y extendidos a muchos   pa&iacute;ses en las actuales reformas, eval&uacute;an   fundamentalmente aspectos relacionados   con las instalaciones, la calidad del personal,   la tecnolog&iacute;a usada y los est&aacute;ndares hoteleros;   todo ello hace referencia &uacute;nicamente a   la estructura de la prestaci&oacute;n, pero se deja   de lado la evaluaci&oacute;n de proceso y de sus resultados.</p>     <p>   Una de las formas de vincular la evaluaci&oacute;n   de la tecnolog&iacute;a y la garant&iacute;a de calidad ha   sido la elaboraci&oacute;n de directrices cl&iacute;nicas.   Estas se definen como &ldquo;recomendaciones   formuladas con el prop&oacute;sito de influenciar   las decisiones acerca de las intervenciones   sanitarias&rdquo;, las cuales est&aacute;n elaboradas con   base en los resultados de las investigaciones   (medicina basada en la evidencia) y complementadas   con la opini&oacute;n de expertos, con   la intenci&oacute;n de definir la manera m&aacute;s adecuada   de gestionar las patolog&iacute;as concretas.   Desarrollan dichas directrices agencias del   gobierno, organizaciones de m&eacute;dicos, compa&ntilde;&iacute;as   de seguros y otros; en algunos casos   se aplican de manera obligatoria, ligadas a   recompensas o penalizaciones financieras (medicina gestionada).</p>     <p>   El problema de estas directrices es que si   bien intentan reunir informaci&oacute;n sobre la   calidad de la asistencia y las preferencias   de los pacientes, casi nunca llegan a complementarlas   y generalmente predomina   el punto de vista de los expertos en detrimento   de la participaci&oacute;n de los pacientes   y de las experiencias locales. Adem&aacute;s, estas   herramientas resultan limitadas cuando los   padecimientos de los enfermos no se ajustan   a la informaci&oacute;n previamente establecida   (por ejemplo, cuando factores psicol&oacute;gicos o   de salud mental alteran los s&iacute;ntomas cl&iacute;nicos propios de una enfermedad).</p>     <p>   Por otro lado, los juicios sobre qu&eacute; servicios   incluir y cu&aacute;les excluir no s&oacute;lo tienen un car&aacute;cter   cient&iacute;fico, sino que tambi&eacute;n pueden estar   influidos por intereses financieros; de esta   manera, puede haber ciertos servicios que   claramente son ben&eacute;ficos para los pacientes,   pero son costosos, y otros que no producen resultados &oacute;ptimos para los pacientes, pero ahorran significativos recursos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Ahora bien, aunque es fundamental reconocer   la necesidad de armonizar el manejo   cl&iacute;nico con los aspectos administrativos y fi-   nancieros, no obstante es importante recalcar   que se deben diferenciar bien los medios de   los fines, ya que el mejoramiento en los niveles   administrativo y financiero debe pensarse   como un medio que tiene como fin principal   el logro de la salud del paciente y no como   un fin en s&iacute; mismo. Debe reconocerse que la   b&uacute;squeda de la eficiencia puede ser un buen   medio para el mejoramiento del control de   costos y de la calidad de los servicios, pero el   problema es que en las actuales reformas de   salud se ha convertido en un fin en s&iacute; mismo,   que incluso est&aacute; por encima de otros valores fundamentales como la equidad.</p>     <p>   <b>3.2. El replanteamiento de las estructuras hospitalarias</b></p>     <p>   La reestructuraci&oacute;n que se est&aacute; planteando   en el interior de los hospitales tiene que ver   con la percepci&oacute;n cada vez mayor de que   hay alternativas asistenciales con mayor   costo-efectividad que las hoy prestadas en   estas instituciones. Sus transformaciones   involucran nuevas tendencias en la provisi&oacute;n   hospitalaria, como la generalizaci&oacute;n de   los procesos de sustituci&oacute;n2 en los patrones   terap&eacute;uticos, procedimentales y organizativos,   y nuevas estrategias de actuaci&oacute;n   cl&iacute;nica tales como: mejorar la adecuaci&oacute;n   de las admisiones, el uso de t&eacute;cnicas de acceso   m&iacute;nimo, acelerar la dada de alta de los   pacientes y aplicar t&eacute;cnicas de revisi&oacute;n de   la utilizaci&oacute;n. Igualmente, en las reformas   se vislumbran cambios importantes en la   forma de reembolsar a los hospitales y nuevas   pol&iacute;ticas para financiarlos. Todas estas   transformaciones implican un cambio en la   visi&oacute;n del papel de la asistencia sanitaria, en   su tama&ntilde;o total y en sus relaciones con las   dem&aacute;s modalidades asistenciales (atenci&oacute;n   primaria, comunitaria y domiciliaria), que son importantes de analizar.</p>     <p>   Como Stoeckle [18: 13] lo se&ntilde;ala, hay una   reconsideraci&oacute;n de la misi&oacute;n y de la organizaci&oacute;n   de los hospitales, pues &eacute;stos est&aacute;n   disminuyendo su tama&ntilde;o y se busca una   mayor integraci&oacute;n con la atenci&oacute;n b&aacute;sica   comunitaria. Al mismo tiempo, la investigaci&oacute;n   acad&eacute;mica ha estado generando un   cuerpo de evidencia principalmente hacia   dos observaciones generales: la primera, que   un amplio rango de determinantes sociales   como la pobreza, la dieta pobre, el ambiente   contaminado, la falta de ejercicio, etc.   contribuyen al origen de la enfermedad; la   segunda, est&aacute; relacionada con el inter&eacute;s en   el aspecto preventivo de la pol&iacute;tica de salud, por la necesidad de contener costos.</p>     <p>   Respecto de las nuevas tendencias de provisi&oacute;n   hospitalaria, el desarrollo tecnol&oacute;gico y   de los medicamentos, los cuales han permitido   aplicar procedimientos diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticos   en otros sitios y el est&iacute;mulo a los programas   de &ldquo;autocuidado&rdquo; y atenci&oacute;n primaria   en salud, han contribuido al surgimiento de   los procesos de sustituci&oacute;n. El objetivo fundamental   de estos procesos es conseguir mejores   resultados en lo financiero, pero tambi&eacute;n en   lo cl&iacute;nico, con los pacientes, a trav&eacute;s de una   reorganizaci&oacute;n de las intervenciones m&eacute;dicas,   bien sea trasladando la asistencia del hospital   a la asistencia domiciliaria (en tratamientos   como trasfusiones sangu&iacute;neas, di&aacute;lisis renal,   fisioterapia, seguimiento a los embarazos   de alto riesgo, programas de autocuidado)   o desplazando actividades de los hospitales de alta complejidad a los de niveles menos   complejos, como por ejemplo, los servicios de   cardiolog&iacute;a. Este tipo de sustituci&oacute;n se hace   m&aacute;s frecuente conforme la tecnolog&iacute;a gana   en movilidad (caso de la electrocardiograf&iacute;a   y las actividades de laboratorio port&aacute;til). La   estrategia de la sustituci&oacute;n no s&oacute;lo se da por   el traslado de lugar y de tecnolog&iacute;as, sino por   un cambio en la calificaci&oacute;n del personal,   por ejemplo, usar enfermeras de consulta en   lugar de m&eacute;dicos generales o el asesoramiento   por parte de los profesionales farmac&eacute;uticos   sobre los f&aacute;rmacos seleccionados para su venta sin receta.</p>     <p>   Otro cambio importante en la transformaci&oacute;n   de las instituciones hospitalarias ha sido   la forma de pago a los hospitales. Con miras   a mejorar los mecanismos de contenci&oacute;n de   costos, reforzar la calidad de los servicios y   reducir las listas de espera, se ha introducido   el sistema de pagos prospectivos globales.   El rasgo m&aacute;s importante del sistema de   pago prospectivo es que determina por   adelantado, para un periodo definido, los   l&iacute;mites del gasto. En los sistemas basados   en impuestos este m&eacute;todo se usaba sobre   la base hist&oacute;rica de ajustes por los incremento   de sueldos, precios y la calidad del   servicio; sin embargo, con la introducci&oacute;n   de mecanismos de mercado ahora se busca   estimular la conducta eficiente por parte de   los proveedores. En los sistemas de seguro   social basados en contratos, por el contrario,   se reembolsaba a los hospitales a un precio   diario que cubr&iacute;a la totalidad de los gastos   corrientes, lo cual incitaba a prolongar las   estancias en el hospital con el objeto de aumentar   los ingresos de los m&eacute;dicos. Ahora,   como parte de las reformas sanitarias se ha   generalizado la forma de &ldquo;presupuesto prospectivo   global ajustada por actividad&rdquo;, cuyo   objetivo principal es desplegar los recursos   a aquellos hospitales que se considere que trabajan eficientemente [13: 253].</p>     <p>   Tambi&eacute;n se han introducido los llamados &ldquo;grupos relacionados de diagn&oacute;stico&rdquo;, con el prop&oacute;sito de aplicar una medida estandarizada, ajustando los pagos seg&uacute;n la actividad hospitalaria. Estas listas de &ldquo;grupos relacionados de diagn&oacute;stico&rdquo; (su sigla en ingl&eacute;s es DRG) se usan para reemplazar los m&eacute;todos de pago por acto y financiar los hospitales sobre la base de volumen y calidad de los servicios realmente prestados.</p>     <p>   Cabe resaltar que, a pesar de los esfuerzos   emprendidos para transformar de manera   profunda la estructura actual de los hospitales   a trav&eacute;s de los mecanismos anteriormente   nombrados, con mucha frecuencia muchos   de los planteamientos realizados por los   administradores o economistas de la salud   no son discutidos con los directores de los   centros hospitalarios, el personal sanitario   en general y mucho menos con los usuarios   de dichos centros; por ello, estos no colaboran   de manera importante en los cambios   planteados. Tampoco se ha debatido a&uacute;n la   utilidad de otros modelos de organizaci&oacute;n   hospitalaria, que por ejemplo exploren los   costos y beneficios de los m&eacute;todos de curaci&oacute;n   de las medicinas alternativas, algunos   de los cuales son m&aacute;s cercanos a los conocimientos   y las culturas locales, y que podr&iacute;an   complementar los diagn&oacute;sticos y tratamientos   de la medicina institucional y facilitar una   mejora en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente.</p>     <p>   <b>3.3. La renovaci&oacute;n del papel de la   atenci&oacute;n primaria en salud y de las   pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica</b></p>     <p>   Seg&uacute;n Dougherty [14: 210-211] en las actuales   pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n de enfermedades   y de promoci&oacute;n de la salud se pueden   distinguir dos enfoques, cuyos presupuestos   te&oacute;ricos y alcances pr&aacute;cticos son bastante   diferentes: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>a) El enfoque que intenta articular el comportamiento   individual al estatus de salud: cuenta   con una cantidad importante de informaci&oacute;n   que intenta demostrar las relaciones   entre las elecciones, los h&aacute;bitos y los estilos   de vida para prevenir las enfermedades,   especialmente en lo relacionado con fumar,   el consumo de alcohol, la vida sedentaria,   la comida que se consume, la promiscuidad   sexual, las consecuencias de no usar   el cintur&oacute;n de seguridad, etc. De acuerdo   con esta perspectiva, los individuos est&aacute;n   moralmente obligados a evitar o minimizar   los da&ntilde;os a s&iacute; mismos y a otros, pues una   pobre salud o una muerte prematura generalmente   hacen da&ntilde;o a la familia, reducen   la efectividad en el trabajo y en otras &aacute;reas   de la contribuci&oacute;n social e incrementan los   costos de la atenci&oacute;n sanitaria. Desde el   punto de vista &eacute;tico, se considera que las   personas tienen dignidad (entre otras consideraciones),   por su capacidad de tomar   decisiones y ser responsables frente a las   libres escogencias que realicen, es decir,   por la autonom&iacute;a y la autodeterminaci&oacute;n   de cada persona en la definici&oacute;n de su forma de vida [19].</p>     <p>   Las razones que dan fuerza a este tipo   de argumentaci&oacute;n pueden ser muy importantes &iquest;No deber&iacute;a ser una persona responsable de lo que le ocurre? &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;an asumir otros la responsabilidad de influir sobre su vida? &iquest;En qui&eacute;n con- fiar mejor que en nosotros mismos para velar por nuestros intereses y nuestros problemas? Analizando cuidadosamente las posibles respuestas a estas preguntas, todos estar&iacute;amos de acuerdo con la reivindicaci&oacute;n que desde esta perspectiva se hace de la libertad que tenemos los seres humanos para definir nuestra forma de vida y para transformar nuestro entorno en aras de lograr nuestros ideales y objetivos, la cual lleva impl&iacute;cita una asociaci&oacute;n entre el concepto de libertad y el de responsabilidad.</p>     <p>   No obstante, el problema fundamental   de este enfoque es que no concibe que la   relaci&oacute;n entre libertad y responsabilidad   requiere de una doble v&iacute;a: la libertad   exige responsabilidad y viceversa. Sin   la libertad fundamental y la capacidad   para hacer una cosa, una persona no   puede ser responsable de hacerla; pero   el hecho de tener libertad y capacidad   para hacer una cosa, impone a la persona   la obligaci&oacute;n de considerar si la hace o   no, y eso implica una responsabilidad   individual. En este sentido, la libertad   es tanto necesaria como suficiente para   asumir esa responsabilidad; pero es poco   razonable y muy limitado confiar de   manera exclusiva en la responsabilidad   individual, sin tener en cuenta (como lo   plantean los igualitaristas liberales) si   existen y se disfrutan de manera real, de   las libertades fundamentales para ejercer nuestras responsabilidades.</p>     <p>   Parte del atractivo de identificar los   comportamientos individuales como &ldquo;la   causa&rdquo;, de las enfermedades, est&aacute; en   que no se cuestiona para nada el &ldquo;statu   quo&rdquo;; por ello, es m&aacute;s f&aacute;cil culpabilizar   a la v&iacute;ctima. La estrategia individual resulta   m&aacute;s barata que emprender cambios   en la estructura de la sociedad, en los   modelos de desarrollo adoptados, en la   redistribuci&oacute;n de la renta y del ingreso, en   la promoci&oacute;n de los derechos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, sociales y culturales, etc.</p>     <p>   b) El enfoque de la responsabilidad social:   cuestiona la asignaci&oacute;n de responsabilidades   a los individuos que sufrieron   deterioro de su salud y muerte prematura   debido a los comportamientos que van   m&aacute;s all&aacute; del control individual. Se argumenta   que existen m&uacute;ltiples aspectos   determinantes que moldean la vida de   los individuos, tales como los factores   relacionados con la herencia gen&eacute;tica,   los factores ambientales que rodean el desarrollo de los ni&ntilde;os y perfilan su personalidad,   el estatus socio-econ&oacute;mico,   la identificaci&oacute;n &eacute;tnica y cultural que estructura   la visi&oacute;n del mundo, el grado de   educaci&oacute;n, las condiciones de estabilidad en las relaciones, etc.</p>     <p>   La responsabilidad entonces no est&aacute;   propiamente cargada a los individuos   sino a las pol&iacute;ticas, la econom&iacute;a, los sistemas   culturales que crean el contexto   social de sus vidas, las cuales inciden en   los juicios y las acciones de las personas;   por ello, desde este enfoque se critica de   manera expl&iacute;cita las nociones rom&aacute;nticas   de &ldquo;auto-superaci&oacute;n&rdquo;, defendidas desde   la perspectiva del control individual.   Desde el punto de vista &eacute;tico, en esta   perspectiva, lo que le brinda a la vida   la noci&oacute;n de dignidad humana es una   actitud benevolente respecto de los problemas   de los otros, pues se requiere de   la comprensi&oacute;n y la solidaridad para con   aquellos atrapados en condiciones que   limitan el desarrollo humano, as&iacute; como   un acuerdo para llevar a cabo acciones   sociales que promuevan cambios en una   direcci&oacute;n positiva. Por ejemplo, si se analiza   la capacidad real que pueden tener   muchas mujeres con embarazos de alto   riesgo para adoptar medidas preventivas   como disminuir las horas de trabajo, ello   depender&aacute; de las pol&iacute;ticas que tenga una   naci&oacute;n para proteger a estas mujeres.   Muchos trabajos mal pagos, incluido el   no pago de las amas de casa y del cuidado   de los ni&ntilde;os, inevitablemente involucran   altas cargas, y la limitaci&oacute;n de la actividad   f&iacute;sica no es una decisi&oacute;n que todas las   mujeres puedan tomar por s&iacute; mismas [14: 215].</p>     <p>   Las estrategias para desarrollar las pol&iacute;ticas   de prevenci&oacute;n de las enfermedades   y promoci&oacute;n de la salud, desde este enfoque,   estar&aacute;n orientadas por el trabajo   intersectorial, en el cual se concibe que   la b&uacute;squeda de la salud de la poblaci&oacute;n   no se agota en el acceso que esta tiene a   los servicios de atenci&oacute;n sanitaria, sino   tambi&eacute;n en los relacionado con educaci&oacute;n,   vivienda, empleo, etc.; es decir, en   aspectos que involucran las condiciones   sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales   que determinan la calidad de vida de   las personas. Esta perspectiva coincide   con los planteamientos que reivindican   la APS, como la posibilidad de lograr   unos servicios m&eacute;dicos m&aacute;s integrados a   las comunidades. Estos deben: a) ir m&aacute;s   all&aacute; de la gesti&oacute;n epis&oacute;dica de la enfermedad,   consultando las necesidades y los   problemas de salud de los individuos, la   familia y la comunidad; b) fomentar el   trabajo multidisciplinario, de modo que   los distintos profesionales de la APS   trabajen juntos para lograr una asistencia   coordinada o &ldquo;sin fronteras&rdquo; entre   los servicios cl&iacute;nicos especializados, de   bienestar social y de salud p&uacute;blica; c) una   funci&oacute;n educativa para los cuidadores, pacientes y profesionales [20: 1077].</p>     <p>   En las pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n y promoci&oacute;n   que se esbozan en las reformas   sanitarias de los a&ntilde;os noventa hay una   fuerte tendencia a que predomine el   primer enfoque, apoyado en la teor&iacute;a   de los estilos vida, la cual busca que los   esfuerzos educativos en salud estimulen   comportamientos que reduzcan el riesgo   y mejoren la salud de los individuos.   Dichos esfuerzos son importantes; no   obstante, como lo plantea el enfoque de   la responsabilidad social, es necesario   que dicha educaci&oacute;n sanitaria tenga en   cuenta una visi&oacute;n intersectorial, que asuma   las causas sociales de la enfermedad   e intervenga sobre ellas. Esta segunda   perspectiva, adem&aacute;s, pone de presente   la importancia de evaluar las barreras   que los ciudadanos pueden tener para   acceder a los programas de prevenci&oacute;n y   promoci&oacute;n y la consideraci&oacute;n de las personas no como simples veh&iacute;culos pasivos   de las pol&iacute;ticas, sino como interlocutores   v&aacute;lidos en todo el proceso de toma de decisiones en salud.</p>     <p>   En este sentido, la Declaraci&oacute;n de Montevideo,   firmada por todos los gobiernos   de las Am&eacute;ricas en septiembre de 2005,   plantea de manera expl&iacute;cita la necesidad   desarrollar los sistemas de salud con base   en la APS ya que esta es la estrategia   m&aacute;s adecuada para: alcanzar el derecho   universal a la salud con la mayor equidad   y solidaridad, dar respuesta a las necesidades   de salud de la poblaci&oacute;n, orientarse   hacia la calidad, la responsabilidad, la   rendici&oacute;n de cuentas de los gobiernos y   la justicia social, as&iacute; como para dar cumplimiento   a las metas de la sostenibilidad,   la participaci&oacute;n y la intersectorialidad   [21: 77]. A pesar de que en lo esencial se   expresa lo mismo que en la Declaraci&oacute;n   de Alma- Ata (1978), la nueva definici&oacute;n   se enfoca hacia todos los nuevos actores   de los sistemas de salud (p&uacute;blicos,   privados y organizaciones sin &aacute;nimo de   lucro); adem&aacute;s de subrayar los valores   de la equidad y la solidaridad incorpora   otros principios como la sostenibilidad y la orientaci&oacute;n hacia la calidad.</p>     <p>   Se intenta superar las barreras que impidieron   la puesta en pr&aacute;ctica de la APS, tales   como: la segmentaci&oacute;n de los sistemas   de salud, la poca coordinaci&oacute;n entre la   comunidad y los organismos competentes,   el uso inadecuado de la informaci&oacute;n, la   insuficiente colaboraci&oacute;n intersectorial y   la escasa inversi&oacute;n en recursos humanos.   Adicionalmente, se reconoce la importancia   del car&aacute;cter multifactorial de los   elementos que inciden en la salud, el compromiso   pol&iacute;tico de los pa&iacute;ses firmantes, el   financiamiento adecuado para responder   a las necesidades de la poblaci&oacute;n, la reorientaci&oacute;n   de los servicios de salud hacia   la promoci&oacute;n de la salud y la prevenci&oacute;n   de la enfermedad, la integraci&oacute;n de los   servicios de salud, el enfoque del sistema   de salud hacia la familia y la comunidad   y la creaci&oacute;n de un marco institucional y   legal que coadyuve a mejorar la calidad   de los servicios para realmente poner en pr&aacute;ctica la APS [21].</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Finalmente, es importante resaltar que   revitalizar la capacidad de los pa&iacute;ses   para articular una estrategia como la de   la APS se considera fundamental para   poder alcanzar los compromisos de la   Declaraci&oacute;n del Milenio, aprobada por   la Asamblea General de las Naciones   Unidas el 8 de septiembre de 2000, pues   se considera que dicha estrategia aborda   las causas fundamentales de los problemas   de salud y reivindica la salud como un derecho humano.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>4. La distribuci&oacute;n de recursos de manera efectiva</b></font></p>      <p>   Para mejorar los mecanismos de asignaci&oacute;n   de recursos, tanto a escala macrodistributiva   como microdistributiva, en las reformas sanitarias   se han planteado nuevos mecanismos   de contrataci&oacute;n entre aseguradores y proveedores   sanitarios que tienen m&aacute;s en cuenta la   eficiencia de los proveedores. En el caso de   los hospitales, en los sistemas sanitarios tipo   Bismarck los contratos que antes se determinaban   mediante regulaci&oacute;n gubernamental,   ahora se dejan a cargo de cada aseguradora,   la cual contrata servicios de acuerdo con el   volumen y la calidad prestada en los hospitales y a trav&eacute;s de pagos prospectivos [13: 305].</p>     <p>   En los sistemas sanitarios basados en impuestos,   tipo Beveridge, la contrataci&oacute;n se   ha convertido en un medio para separar al   comprador del proveedor y en un medio   para negociar sobre calidad y precio. As&iacute; por   ejemplo, en el Reino Unido, las autoridades   sanitarias locales (DHAs), antes implicadas   en la financiaci&oacute;n y gesti&oacute;n de los hospitales, ahora act&uacute;an como compradoras al igual   que los m&eacute;dicos generales. Ambos grupos   de compradores, contratan con consorcios   hospitalarios del NHS autogestionados (pero   de titularidad p&uacute;blica), con los hospitales privados y con los servicios comunitarios.</p>     <p>   Tambi&eacute;n se ha planteado, en las diferentes   reformas un nuevo sistema de pago a los   m&eacute;dicos, pasando del pago por acto (pago   retrospectivo) al pago por capitaci&oacute;n y por   salario (pago prospectivo) como forma de   controlar el gasto y construir una pr&aacute;ctica   con mayor costo-efectividad. Los pagos   prospectivos cortan el v&iacute;nculo entre las cantidades   de servicios prestados y su recompensa   econ&oacute;mica y as&iacute; se generan pagos menores   por paciente respecto de los sistemas de pago   por acto; adem&aacute;s, ofrecen a los m&eacute;dicos incentivos   para introducir medidas preventivas   y pueden dar lugar a una mejor distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de los profesionales [22: 1626].</p>     <p>   En cuanto al efecto de la incorporaci&oacute;n y   mezcla de estos m&eacute;todos de pago, seg&uacute;n   Robinson [23: 330] ning&uacute;n sistema de pago &uacute;nico logra dar respuesta a la armonizaci&oacute;n entre la racionalizaci&oacute;n de los recursos y la atenci&oacute;n de calidad a los pacientes. En los sistemas mixtos (con un componente prospectivo grande), que seg&uacute;n los estudios son los que mejor consiguen combinar los objetivos de eficiencia micro y macro, queda planteado el dilema para los profesionales de si dar&aacute;n m&aacute;s peso a las preferencias de los pacientes o a los intereses de las terceras partes pagadoras. En los pagos por acto, en los cuales se establecen topes m&aacute;ximos o cantidades de referencia obligada para contener el gasto, podr&iacute;a volverse inevitable recurrir a los pagos de bolsillo por parte de los pacientes.</p>     <p>   A pesar de la efectividad de estos mecanismos   para controlar los costos, es importante   anotar que el problema del aumento de las   acciones eficientes de los m&eacute;dicos no puede   resolverse s&oacute;lo con los mecanismos de pago,   pues estos son s&oacute;lo uno de los muchos determinantes   que afectan el comportamiento de   los m&eacute;dicos. Los aspectos &eacute;ticos, el compromiso   social del m&eacute;dico, el acceso a la formaci&oacute;n   continuada, las pautas profesionales, la   contrataci&oacute;n selectiva y las expectativas que   posean son factores importantes que pueden   establecer incentivos no ligados al mercado   entre los m&eacute;dicos. Sobre las expectativas de   los m&eacute;dicos frente a su profesi&oacute;n, algunos   estudios muestran que si se les paga a estos   menos de lo que ellos piensan que merecen   con relaci&oacute;n a otras profesiones similares,   aumentar&aacute; la posibilidad de que respondan   de modo oportunista, buscando mayores ingresos [24: 170].</p>     <p>   Por otro lado, en el proceso de evaluaci&oacute;n de   las innovaciones m&eacute;dicas, actualmente existe   una preocupaci&oacute;n creciente por todo lo relacionado   con el acceso y la equidad. &iquest;Podr&aacute;n   beneficiarse de dichas innovaciones todas y   cada una de las personas? &iquest;Ser&aacute; posible su   utilizaci&oacute;n por todos gratuitamente? &iquest;Habr&aacute;   selecci&oacute;n de personas candidatas y en qu&eacute;   condiciones? Estas cuestiones de justicia   sanitaria global, en las que los intereses   econ&oacute;micos que est&aacute;n en juego son de un   calibre grueso, suscitan preguntas de fondo   sobre el papel del comercio en el &aacute;mbito sanitario.   En este sentido, es bien ilustrativo el   fuerte conflicto que actualmente se presenta   entre el reconocimiento de los derechos de   propiedad intelectual y el acceso a los medicamentos,   pues como se ha analizado en   muchos trabajos [25-27], las dificultades en   la producci&oacute;n de medicamentos gen&eacute;ricos repercutir&aacute;   de manera negativa, especialmente en los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres.</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>5. Conclusiones</b></font></p>      <p>   En la discusi&oacute;n relativa a los criterios que se   han de tener en cuenta para regular la asignaci&oacute;n y distribuci&oacute;n de los recursos sanitarios   con el fin de determinar a qu&eacute; y a quienes   darle prioridad, armonizar lo m&eacute;dicamente   necesario con lo econ&oacute;micamente financiable   y respetar la igualdad de oportunidades para   todas y cada una de las personas, aparecen   dos principios que no son f&aacute;ciles de conciliar:   la equidad y la eficiencia. Una distribuci&oacute;n de   atenci&oacute;n sanitaria realizada con un criterio   exclusivamente equitativo, que no tenga   en cuenta el principio de eficiencia, puede   llevar a situaciones insostenibles desde el   punto de vista del gasto; por el contrario, si   la atenci&oacute;n sanitaria se distribuye atendiendo   s&oacute;lo a la eficiencia del gasto, es seguro que se   producir&aacute;n inequidades y discriminaciones absolutamente inaceptables.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Diego Gracia [28: 48] plantea que la contradicci&oacute;n   entre estos dos principios se   puede resolver replanteando el concepto   de eficiencia, el cual puede medirse no s&oacute;lo   globalmente, sino tambi&eacute;n de modo individual,   aunque ello en ocasiones suponga   un rendimiento que no sea completamente &oacute;ptimo, en t&eacute;rminos econ&oacute;micos. Este replanteamiento del concepto de eficiencia puede llegar a ser &uacute;til, por ejemplo, en situaciones en que existan poblaciones cuya salud es inferior al promedio y respondan de manera menos favorable a una intervenci&oacute;n, o cuando es muy alto el costo de llegar a esa poblaci&oacute;n para tratarla. En esos casos debe existir la disposici&oacute;n de sacrificar algunos beneficios sanitarios globales en favor de otros criterios como la equidad. Esto significa que la eficiencia es considerada como una obligaci&oacute;n moral, en tanto que no s&oacute;lo est&eacute; comprometida con el beneficio de la mayor&iacute;a, sino que busque el beneficio de todos y cada uno, pues el principio de la universalizaci&oacute;n de la atenci&oacute;n sanitaria es irrenunciable, teniendo en cuenta que es un bien social primario. En palabras de Sen [29] es un &ldquo;bien de m&eacute;rito&rdquo;, que se merece la gente por el mero hecho de ser persona, y quienes est&eacute;n privados de &eacute;l encuentran serias limitaciones para desarrollar sus capacidades, por tanto su satisfacci&oacute;n no puede estar sujeta a su contribuci&oacute;n particular.</p>     <p>   Un sistema de salud debe procurar una equidad   horizontal y vertical, es decir, tratar de   manera equitativa a todos los que tienen la   misma necesidad sanitaria y dar preferencia   a aquellos con las mayores necesidades, para   as&iacute; reducir las desigualdades en salud; esto   implica que dicho sistema est&eacute; orientado   por el principio &eacute;tico de la solidaridad, para   proteger a los m&aacute;s d&eacute;biles y con mayor riesgo   de enfermar; que estimule no s&oacute;lo la igualdad   de acceso, sino tambi&eacute;n la igualdad de uso,   y reconozca que la provisi&oacute;n de servicios a   cada individuo es tambi&eacute;n valiosa para la   sociedad en su conjunto.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><sup><a href="#s*" name="#*">*</a></sup> Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n, realizado con el apoyo de la Facultad de Medicina de la Universidad El Bosque.</p>     <p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup> Para una explicaci&oacute;n m&aacute;s detallada de las teor&iacute;as   de justicia y su significado en el &aacute;mbito sanitario ver Guzm&aacute;n [3].</p> <hr size="1">      <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>   1. OMS. Informe sobre la salud en el mundo 2000.   Mejorar el desempe&ntilde;o de los sistemas de salud.   Ginebra: OMS; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1657-7027200700020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   2. Rasell M. Cost-Sharing in Health Insurance: A   Reexamination. New England Journal of Medicine   1995; 332 (17): 1164-1168.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1657-7027200700020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   3. Guzm&aacute;n M. La justicia distributiva en la prestaci&oacute;n de   los servicios de salud. En: Escobar J. (Edit.) Bio&eacute;tica   y calidad de vida. Colecci&oacute;n Bios y Ethos No. 15   (175-207). Bogot&aacute;: Ediciones El Bosque; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1657-7027200700020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   4. Daniels N Just Health Care. Cambridge: Cambridge   University Press; 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1657-7027200700020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   5. Jensen U, Mooney G. Changing Values and Changing   Policy. In: Jensen U, Mooney G (Editors).   Changing Values in Medical and Health Care   Decision Making. Chichester: Jhon Wiley &amp; Sons;   1990, p. 179-189.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1657-7027200700020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   6. Dworkin R. Justice in the Distribution of Health   Care. McGill Law Journal 1993; 38 (4): 883-898.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1657-7027200700020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   7. Sen A. &iquest;Por qu&eacute; la equidad en salud? Revista   Panamericana de Salud P&uacute;blica 2002; 11 (5-6):   302-309.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1657-7027200700020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   8. Puyol A. Justicia i salut. &Eacute;tica per al racionament   dels recursos sanitaris. Bellaterra: Universidad   Aut&oacute;noma de Barcelona; 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1657-7027200700020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Pinto J, Nord E. La preocupaci&oacute;n por la equidad en   la evaluaci&oacute;n de los programas sanitarios. Humanitas, Humanidades M&eacute;dicas 2003; 1(3): 221-228.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1657-7027200700020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   10. Walzer M. Las esferas de la justicia. Una defensa del   pluralismo y de la igualdad. Rubio H (Traductor).   M&eacute;xico: FCE; 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1657-7027200700020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   11. Rawls J. Teor&iacute;a de la justicia. Gonz&aacute;lez MD (Traductora).   Segunda reimpresi&oacute;n. Madrid: FCE; 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1657-7027200700020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   12. Wagstaff A, Van Doorslaer E. Equity in the Finance   and Delivery of Health Care: Concepts and Defi-   nitions. In: Doorslaer E et al. (Editors). Equity in   the Finance and Delivery of Health Care: An International   Perspective. Oxford: Oxford University   Press, 1993; p. 7-19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1657-7027200700020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   13. Saltman R, Figueras J. Reforma sanitaria en Europa.   An&aacute;lisis de las estrategias actuales. Madrid: OMS,   Ministerio de Sanidad y Consumo; 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1657-7027200700020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   14. Dougherty CH. Bad Faith and Victim-blaming:   The Limits of Health Promotion. In: Seedhouse D.   (Editor) Reforming Health Care. The Philosophy   and Practice of International Health Reform. Chichester:   Jhon Wiley &amp; Sons; 1995, p. 209-220.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1657-7027200700020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   15. Donabedian A. Definici&oacute;n y evaluaci&oacute;n de la calidad   de la atenci&oacute;n m&eacute;dica. Conferencia dictada en la   Facultad de Medicina de la Universidad U.B.A   en Argentina (1993). Actas I Simposio Nacional   sobre calidad de la Atenci&oacute;n M&eacute;dica. Disponible   en: <a href="http://www.calidadensalud.org.ar"target="blank">http://www.calidadensalud.org.ar</a>. Consultado   el 2 de noviembre de 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1657-7027200700020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   16. Evidence-Based Medicine Working Group.   Evidence-Based Medicine. A new approach to   teaching the practice of medicine. JAMA. 1992;   268: 2420-2425.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1657-7027200700020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   17. Donabedian A. Entrevista realizada por Fitzhugh   Mullan (originalmente publicada en el n&uacute;mero de   enero/febrero 200 de la revista Health Affaire).   Traducida al espa&ntilde;ol en la revista Informando y   Reformando 2001; 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1657-7027200700020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   18. Stoeckle J. The Citadel Cannot Hold: Technologies   go outside the hospital, patients and Doctors too.   Milbank Quaterly 1995; (73): 3-17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1657-7027200700020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   19. Veatch R. Voluntary Risks to Health. Journal of   the American Medical Association 1980; (243):   50 - 55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1657-7027200700020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   20. Mullan F. Community-oriented Primary Health   Care: An Agenda for the 80s. New England Journal   of Medicine 1982; (307):1076-1078.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1657-7027200700020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   21. Macinko J, Montenegro H, Nebot C, Etienne C,   Grupo de Trabajo de Atenci&oacute;n Primaria de Salud   de la Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud. La   renovaci&oacute;n de la atenci&oacute;n primaria de salud en las   Am&eacute;ricas. Revista Panamericana de Salud P&uacute;blica   2007; 21(2/3): 73-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1657-7027200700020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   22. Greenfield S et al. Variations in Resource Utilization   among Medical Specialties and Systems of   Care: Results from the Medical Outcomes Study.   Journal of American Medical Association 1992;   (2677):1624-1630.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1657-7027200700020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   23. Robinson J. Payment Mechanisms, Nonprice, Incentives   and Organizational Innovation in Health   Care. Inquiry 1993; 30 (3): 328-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1657-7027200700020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   24. Robinson J. Theory and Practice in the Design   of Physician Payment Incentives. The Milbank   Quarterly 2001; 79(2):149-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1657-7027200700020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   25. Brundtland G. Discurso de la directora de la OMS   ante la 51&deg; Asamblea Mundial de la Salud. Globalizaci&oacute;n   y Acceso a los Medicamentos, Serie Econom&iacute;a   de la Salud y Medicamentos 1997; (7): 73 - 80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1657-7027200700020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   26. Zerda A, Ayala L. La tensi&oacute;n de los medicamentos   seguir&aacute;. Entrevista con Germ&aacute;n Vel&aacute;squez, funcionario   de la OMS. Peri&oacute;dico de la Universidad   Nacional de Colombia 2002; (37):12-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1657-7027200700020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   27. Vel&aacute;squez G. Los medicamentos: &iquest;un bien p&uacute;blico?   Biom&eacute;dica 2004; 24 (2): editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1657-7027200700020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   28. Gracia D. &Eacute;tica de la eficiencia. En Amor J, Ferrando   I, Ru&iacute;z J (Editores). &Eacute;tica y gesti&oacute;n sanitaria. Madrid:   Universidad Pontificia Comillas; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1657-7027200700020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   29. Sen A. Desarrollo y libertad. Madrid: Planeta;   2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1657-7027200700020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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