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<journal-title><![CDATA[Revista Gerencia y Políticas de Salud]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De la salud mental y la salud pública]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[On mental health and public health]]></article-title>
<article-title xml:lang="pt"><![CDATA[Sobre saúde mental e saúde pública]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Pontificia Universidad Javeriana Grupo de Investigación en Psicología y Salud ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><b>Editorial</b></p>     <p align="center"><font size="4"><b>De la salud mental y la salud p&uacute;blica</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>On mental health and public health</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Sobre sa&uacute;de mental e sa&uacute;de p&uacute;blica</b></font></p>     <p align="center">Por: M&oacute;nica Mar&iacute;a Novoa-G&oacute;mez<sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup>  Grupo de Investigaci&oacute;n en Psicolog&iacute;a y Salud, Pontificia Universidad Javeriana.</p> <hr>     <p>El escaso compromiso con la salud mental ha sido evidenciado de m&uacute;ltiples maneras en las diversas pol&iacute;ticas de salud en Colombia, y la delicada realidad del sistema sanitario revela su fragilidad en una serie de gobiernos que no priorizan inversi&oacute;n econ&oacute;mica, ni equidad ni sostenibilidad sobre el tema en sus planes de acci&oacute;n. En t&eacute;rminos generales, se puede decir que aunados a los problemas del sistema de salud, el aseguramiento de la calidad y el servicio son confusos e ineficientes. Y de forma m&aacute;s espec&iacute;fica, se puede asegurar que las relaciones entre la salud mental y la salud p&uacute;blica han sido un asunto marginal, ajeno a quienes formulan y aprueban las pol&iacute;ticas de salud, y escurridizo a quienes ejercen su labor profesional en estos &aacute;mbitos (1). Se suman adem&aacute;s cr&iacute;ticas a lo que autores como P&eacute;rez &Aacute;lvarez han llamado la &quot;hipermedicalizaci&oacute;n de la vida cotidiana&quot; (2), a la inadecuaci&oacute;n de la nosolog&iacute;a psiqui&aacute;trica para explicar los problemas de la persona en su contexto, o a las insuficiencias metodol&oacute;gicas de las pruebas de tamizaje aplicables al conjunto de la llamada patolog&iacute;a psiqui&aacute;trica, y no solo a los trastornos comunes.</p>     <p>Ha sido ampliamente debatido en &eacute;pocas recientes el asunto de identificaci&oacute;n y los problemas en la estimaci&oacute;n de &quot;casos&quot; que requieren o han requerido atenci&oacute;n especializada por parte de psic&oacute;logos y psiquiatras (3). A esto se suma que tras la detecci&oacute;n, en el caso colombiano por parte de m&eacute;dicos o enfermeras generales de atenci&oacute;n primaria y sin entrenamiento t&eacute;cnico en el &aacute;rea, el proceso de derivaci&oacute;n a servicios y atenci&oacute;n especializada es complejo. Los factores intervinientes no son &uacute;nicamente los que se refieren a las caracter&iacute;sticas del problema de la persona, sino tambi&eacute;n aspectos tales como la accesibilidad y la coordinaci&oacute;n intersectorial e interservicios, la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente-cuidador informal y las diferentes pol&iacute;ticas de cada instituci&oacute;n prestadora de servicios de salud, por mencionar algunos.</p>     <p>Parte de esta situaci&oacute;n se debe a la forma en que se ha abordado conceptualmente la salud mental. La mayor parte de las tradiciones conceptuales de la psicolog&iacute;a y de la psiquiatr&iacute;a han entendido la salud mental como circunscrita a un &aacute;mbito m&aacute;s individual, accesible solo a trav&eacute;s de metodolog&iacute;as de evaluaci&oacute;n y de acci&oacute;n cl&iacute;nica y psicoterap&eacute;utica centrada en cada persona, preferiblemente realizada en contextos hospitalarios o de consulta particular y bajo estrictos criterios de confidencialidad de los procesos y asociada a un modelo de reduccionismo biologicista y cerebrocentrista. Es cierto que en Colombia la atenci&oacute;n en salud mental ha estado muy cercana al &aacute;mbito de lo privado y exclusivo, m&aacute;s que al dominio de lo p&uacute;blico e incluyente. Es lo que en el com&uacute;n de la gente se relaciona con los &quot;trastornos de salud mental&quot;, as&iacute; como su prevenci&oacute;n, tratamiento y rehabilitaci&oacute;n (4). Es el estigma de la salud mental (5).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La disparidad en la definici&oacute;n de salud mental y el modelo de atenci&oacute;n primaria por el que se aboga en la salud p&uacute;blica es evidente. Produce un desajuste entre los requerimientos de la poblaci&oacute;n que demanda atenci&oacute;n a problemas en diversos grados de complejidad y el tratamiento, especialmente farmacol&oacute;gico, que proporcionan m&eacute;dicos generales. El estilo de trabajo que se le exige al m&eacute;dico, y en general a los especialistas del sistema de salud, est&aacute; firmemente ligado a la tendencia a la prescripci&oacute;n psicofarmacol&oacute;gica, lo que se suma a las fuerzas econ&oacute;micas que condicionan los paquetes de atenci&oacute;n e incentivan la comercializaci&oacute;n y alta prescripci&oacute;n de medicamentos con la baja remisi&oacute;n a servicios especializados.</p>     <p>Este es un proceso parad&oacute;jico que trae como resultado la percepci&oacute;n del ciudadano del com&uacute;n y usuario de los servicios, de ineficiencia e insensibilidad del sistema de salud p&uacute;blica, y un equipo profesional desgastado y sin muchas opciones de acci&oacute;n profesional en temas espec&iacute;ficos de la salud mental. Esto conlleva adem&aacute;s, una disparidad que tiene consecuencias econ&oacute;micas importantes, pues la poca inversi&oacute;n en el &aacute;rea muestra cifras de gasto creciente, tanto en recursos de personal y psicofarmacol&oacute;gicos, con poca eficiencia y efectividad en cobertura e impacto sobre los problemas de &quot;salud mental&quot; de la poblaci&oacute;n. Es f&aacute;cil entonces predecir que las exhortaciones a fortalecer la atenci&oacute;n primaria no tendr&aacute;n ning&uacute;n efecto, si persisten las condiciones actuales que regulan la prestaci&oacute;n del servicio, y as&iacute; tambi&eacute;n la concepci&oacute;n de la salud que la soporta.</p>     <p>La aproximaci&oacute;n que propone la pol&iacute;tica de salud mental del Distrito supone una nueva filosof&iacute;a, una manera distinta de pensar y hacer acerca de los asuntos psicol&oacute;gicos. Tanto los usuarios como los profesionales, e igualmente las instituciones prestadoras de los servicios y los legisladores, piensan en t&eacute;rminos de enfermedades, como si los problemas psicol&oacute;gicos fueran enfermedades como las que se tratan y abordan en los sistemas org&aacute;nicos (6). Se tratan como se abordan los problemas en el modelo m&eacute;dico, que supone que alguna condici&oacute;n biol&oacute;gica estar&iacute;a en la base del problema y, por ende, la v&iacute;a es la medicalizaci&oacute;n. Parece una mera cuesti&oacute;n de sentido com&uacute;n que tanto los usuarios como los profesionales mantienen en sus pr&aacute;cticas de consulta y atenci&oacute;n regular.</p>     <p>En principio, habr&iacute;a que analizar si realmente los temas psicol&oacute;gicos o de salud mental y los problemas, por tanto, pueden ser entendidos en t&eacute;rminos de enfermedades como otras cualesquiera. Argumentos de tipo ontol&oacute;gico relacionados con la reificaci&oacute;n de los t&eacute;rminos han sido esgrimidos por diversos epistem&oacute;logos, cient&iacute;ficos y especialista en el tema (7); pero existen tambi&eacute;n argumentos de orden pr&aacute;ctico, &iquest;tratar los problemas psicol&oacute;gicos bajo la perspectiva del modelo m&eacute;dico es lo mejor para los pacientes?</p>     <p>Sobre la primera cuesti&oacute;n, de tipo ontol&oacute;gico y conceptual, solo cabe decir que lo psicol&oacute;gico dista mucho de ser org&aacute;nico, y que en cualquier caso hace referencia a procesos interactivos o tipos de formas de proceder de una manera convencional: pr&aacute;cticas sociales (8). Esto implica que lo psicol&oacute;gico se refiere a modos de acci&oacute;n o condiciones influidas por las concepciones que se tengan de ellas en un contexto social determinado. La depresi&oacute;n tiene que ver con lo que en determinado contexto cultural se define y valora en t&eacute;rminos de la sensibilidad emocional, el ajuste a criterios sociales particulares de funcionamiento, la respuesta a condiciones vitales y, en in, con maneras de vivir los problemas de la vida. En este sentido, la depresi&oacute;n no es una cosa que est&aacute; o tiene una persona, sino que se define en funci&oacute;n de la forma en que una persona act&uacute;a o interact&uacute;a en un contexto psicosocial e hist&oacute;rico determinado. Los trastornos o problemas psicol&oacute;gicos, lejos de ser entidades naturales, son modos pr&aacute;cticos de ser (9, 10), lo cual no niega su realidad, sino que los define en t&eacute;rminos convencionales.</p>     <p>Otra forma de pensar los problemas psicol&oacute;gicos es la que est&aacute; implicada en la perspectiva de la salud p&uacute;blica (11). Esta alude al campo de lo colectivo, que reconoce y expl&iacute;cita adem&aacute;s que los procesos de salud y enfermedad est&aacute;n relacionados con diferentes factores culturales, sociales, econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y ambientales. Implica reconocer que son procesos asociados a los contextos en los que se define lo individual y lo colectivo, lo cual conlleva entonces la necesidad de evidenciar los elementos relacionados con el g&eacute;nero, la posici&oacute;n social, el nivel de ingresos, la educaci&oacute;n, el acceso generacional y cultural a ciertas pr&aacute;cticas definidas por etnias y marcos de acci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>     <p>Este modelo contextual est&aacute; interesado en la experiencia y en la forma en que las personas act&uacute;an seg&uacute;n su biograf&iacute;a y sus circunstancias (12), en su forma de estar en el mundo, que est&aacute; determinada en la medida en que la salud depende de condiciones materiales y pr&aacute;cticas culturales. En este sentido, la perspectiva contextual se aleja de la idea prevalente en la definici&oacute;n de salud implicada en el Sistema General de Seguridad Social en Salud, que concibe a cada cual como responsable de su propia salud (o enfermedad) y resta importancia a los determinantes asociados a las inequidades de g&eacute;nero, &eacute;tnicas, sociales, econ&oacute;micas y culturales.</p>     <p>El mantener un enfoque de riesgo de la salud mental que prioriza la vulnerabilidad por acciones violentas o pobreza, centrado en el individuo que &quot;presenta&quot; una enfermedad, sin intervenci&oacute;n estructural sobre las condiciones del pa&iacute;s que afectan la salud de los colombianos, se aleja del cambio de direcci&oacute;n que un sistema de atenci&oacute;n en salud p&uacute;blica requiere. En contraste, un modelo orientado a establecer los determinantes contextuales de los procesos de salud y enfermedad, enfatiza en la importancia de trabajar en los contextos sociales en los que las personas y los grupos interact&uacute;an, en los modos de vida de las comunidades y las posibilidades reales de acceder a los derechos que el Estado debe cumplir.</p>     <p>Esta perspectiva contextual implica tambi&eacute;n que las personas y los colectivos act&uacute;an, participan y ejercen sus derechos, de forma corresponsable con el territorio que habitan y la integralidad de las acciones que demandan, es decir, promueve la acci&oacute;n participativa y continuada entre diversos actores del sistema, usuarios-prestadores de servicios-instituciones-Estado. En resumen, la perspectiva contextual que implica la salud p&uacute;blica, privilegia la idea de pr&aacute;cticas sociales o pr&aacute;cticas culturales cotidianas que se modifican en funci&oacute;n de condiciones econ&oacute;mico-sociales (1, 13).</p>     <p>Pensar la relaci&oacute;n entre salud mental y salud p&uacute;blica implica un cambio de paradigma que permita una comprensi&oacute;n de diversas condiciones sociales que tienen implicaciones en las formas en las cuales personas y colectivos viven los procesos de salud y enfermedad a lo largo de la vida, que equilibre el dominio general y estructural con el dominio de lo particular y que promueva la acci&oacute;n responsable y eficiente del Estado, en conjunto con la participaci&oacute;n comunitaria en la construcci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en salud.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este es el reto que en el a&ntilde;o 2005, la Secretar&iacute;a Distrital de Salud (SDS) intent&oacute; asumir, al publicar los lineamientos para una Pol&iacute;tica Distrital de Salud Mental que afirmaba los nexos entre la autonom&iacute;a, la salud mental y los derechos humanos, y que fuera analizada de forma rigurosa por Urrego en el 2010 (14). Si bien los avances han sido importantes, queda mucho camino por recorrer y lejos estamos de contar con el concurso de sectores de la econom&iacute;a, del trabajo, de la educaci&oacute;n, del transporte, del ambiente y de la justicia que d&eacute; estabilidad y garant&iacute;as a las propuestas.</p>     <p>No obstante, no es exagerado afirmar que las pol&iacute;ticas de salud mental y el cumplimiento del prop&oacute;sito de garantizar la incorporaci&oacute;n y la asistencia en los planes de atenci&oacute;n colectiva y atenci&oacute;n primaria, por la v&iacute;a de la integraci&oacute;n o de la coordinaci&oacute;n de servicios, parecen constituir un elemento obstaculizador de la participaci&oacute;n comunitaria en salud. Es m&aacute;s, la reforma de las pol&iacute;ticas de atenci&oacute;n en salud mental, que van apoyando la descentralizaci&oacute;n del Estado, a pesar de derivarse de actividades de consenso entre diversos sectores sociales, no ha logrado el objetivo de redise&ntilde;ar el gasto para descongestionar el nivel central de atenci&oacute;n y hacer m&aacute;s eficaces los programas implementados.</p>     <p>Quiz&aacute;s la prestaci&oacute;n del servicio en salud mental ha sido m&aacute;s evidente en lo que se conoce como la atenci&oacute;n psicosocial, que es sin lugar a dudas un problema de gran envergadura en Colombia, debido a las condiciones de guerra y violencia sociopol&iacute;tica en las que se encuentra el pa&iacute;s. Reconocer el concepto de atenci&oacute;n psicosocial implica que m&aacute;s all&aacute; de las consecuencias por muertes, discapacidad f&iacute;sica y p&eacute;rdida de propiedades y desplazamientos de territorio, est&aacute;n las consecuencias psicol&oacute;gicas y relacionales, consecuencias que no pueden entenderse desde una perspectiva psicopatol&oacute;gica y cerebrocentrista, sino m&aacute;s bien en t&eacute;rminos del da&ntilde;o social<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>. Y si bien los resultados de estos programas y planes de atenci&oacute;n psicosocial y a v&iacute;ctimas han sido los de mayor remembranza en el periodo reciente, sus resultados son a&uacute;n imprecisos en t&eacute;rminos de planes y programas con integraci&oacute;n intersectorial y estabilidad en el acompa&ntilde;amiento (16).</p>     <p>Muy preocupantes son los reportes epidemiol&oacute;gicos y los diagn&oacute;sticos situacionales en salud mental para el pa&iacute;s. Tras los resultados del estudio del 2005 (17), se deriv&oacute; en el reconocimiento de los costos de los eventos prioritarios en salud mental (trastornos del estado de &aacute;nimo, depresi&oacute;n unipolar y trastornos de ansiedad) y en el desarrollo del capital social; adem&aacute;s, se revelaron las precarias condiciones en las que el Estado, las instituciones y la sociedad en general han asumido esta problem&aacute;tica.</p>     <p>En resumen, la situaci&oacute;n es preocupante y el marco pol&iacute;tico y jur&iacute;dico para abordarla se muestra paquid&eacute;rmico e inefectivo. Para un an&aacute;lisis detallado de estos asuntos, los art&iacute;culos que se incluyen en este dossier van a tratar sobre estos temas. Se encuentra as&iacute; una descripci&oacute;n de los cincuenta a&ntilde;os que cumplen los intentos por situar a la salud mental en la agenda p&uacute;blica del pa&iacute;s. A pesar del inter&eacute;s creciente que este tema parece suscitar en todos los medios, donde cada vez con m&aacute;s frecuencia se hace alusi&oacute;n a este al referirse a nuestros problemas graves: violencia, corrupci&oacute;n, inequidad, la manera de nombrarlo es la misma que ha venido privilegi&aacute;ndose desde los inicios de su postulaci&oacute;n, es decir, haciendo referencia a precisamente aquello que lo desvirt&uacute;a: la enfermedad (18). Esto se complementa de forma adecuada con el art&iacute;culo sobre la normatividad colombiana en materia de salud mental, su evoluci&oacute;n y la transformaci&oacute;n global del modelo de salud y del sistema de salud colombiano y, por ende, de lo relacionado con la salud mental (19).</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>     <p><sup><a target="_blank" href="#s1" name="1">1</a></sup>La atenci&oacute;n psicosocial tiene diversas acepciones, pero en suma, se refiere al proceso de apoyo personal, familiar, comunitario y jur&iacute;dico cuyo fin es restablecer la integridad de las personas y las redes sociales, seg&uacute;n fuera se&ntilde;alado en el Plan Nacional de Salud P&uacute;blica 2007-2010 (15).</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Arrivillaga M, Collazos J. Salud mental y salud p&uacute;blica: reflexiones para introducir un debate olvidado. En Arrivillaga M, et &aacute;l. Salud mental: problema y reto de la salud p&uacute;blica. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, Doctorado Interfacultades en Salud P&uacute;blica, Cuadernos del Doctorado, No. 9; 2009, pp. 11-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S1657-7027201200020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>2. P&eacute;rez-&Aacute;lvarez M. Hyperreflexivity as condition in mental disorders: a clinical and historical perspective. Psicothema. 2008; 20: 181-187.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S1657-7027201200020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Gatchel RJ, Oordt MS. Clinical health psychology and primary care. Practical advice and clinical guidance for successful collaboration. Washington, D.C: American Psychological Association; 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S1657-7027201200020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. P&eacute;rez M, Fern&aacute;ndez J. M&aacute;s all&aacute; de la salud mental: la psicolog&iacute;a en atenci&oacute;n primaria. Papeles del Psic&oacute;logo. 2008; 29 (3): 251-252.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S1657-7027201200020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Lam DCK, Salkovskis PM, Warwick HMC. An experimental investigation of the impact of biological versus psychological explanations of the cause of &quot;mental illness&quot;. Journal of Mental Health. 2005; 14: 453-464.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S1657-7027201200020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Douglas M. C&oacute;mo piensan las instituciones. Madrid: Alianza Editorial; 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S1657-7027201200020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>7. Zachar P. Psychiatric disorders are not natural kinds. Philosophy, Psychiatry, and Psychology. 2000; 7: 167-182.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S1657-7027201200020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Ribes-I&ntilde;esta E. Psicolog&iacute;a y salud: un an&aacute;lisis conceptual. Barcelona: Mart&iacute;nez Roca; 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S1657-7027201200020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Gonz&aacute;lez Pardo H, P&eacute;rez &Aacute;lvarez M. La invenci&oacute;n de trastornos psicol&oacute;gicos. &iquest;Escuchando al f&aacute;rmaco o al paciente? Madrid: Alianza Editorial; 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S1657-7027201200020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. P&eacute;rez &Aacute;lvarez M, Garc&iacute;a Montes JM. The Charcot effect: the invention of mental disorders. Journal of Constructivist Psychology. 2007; 20: 309-336.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S1657-7027201200020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Callaghan GM, Gregg JA. The role of a behavioral health-care specialist in the treatment of depression in primary care settings. En O&#39;Donohue WT, Byrd MR, Cummings NA, Henderson DA, editores. Behavioral integrative care. Treatments that works in the primary setting Nueva York: Brunner-Routledhge; 2005, pp. 73-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S1657-7027201200020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
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