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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[JÜRGEN MOLTMANN: UNA APROXIMACIÓN A LA TEOLOGÍA DE LA CRUZ]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This research article aims to show a recovery theme that highlights not only the great importance of the cross, per se, for those who are assumed to be Christian, but strengthens, expands, and updates for the modern man to the theology of the Moltmannian cross, in dialogue with philosophy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>COLONIZACI&Oacute;N DE LA NATURALEZA: UNA APROXIMACI&Oacute;N DESDE EL EXTRACTIVISMO EN COLOMBIA.</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>COLONIZATION OF NATURE: AN APPROACH FROM EXTRACTIVISM IN COLOMBIA.</b></font></p>     <p align="center">Por: <b>Luis Alfredo Boh&oacute;rquez Caldera.</b><Sup>1</Sup></p>     <p><Sup>1</Sup> Licenciado en Teolog&iacute;a, Especialista en pedagog&iacute;a y docencia universidad, Magister en Bio&eacute;tica, Estudiante del Doctorado en Educaci&oacute;n y Cultura en la Universidad Arcis, Santiago de Chile. Docente Investigador Universidad de San Buenaventura, Bogot&aacute; - Colombia. <a href="mailto:Luis.bohorquez@usbbog.edu.co">Luis.bohorquez@usbbog.edu.co</a>.</p>     <P align="center">Recibido: enero de 2012 - Revisado: junio de 2012 - Aceptado: 30 de noviembre de 2012 </p> <hr>     <p><b>RESUMEN:</b></p>     <p>Este art&iacute;culo de investigaci&oacute;n pretende brindar elementos de an&aacute;lisis sobre el complejo tema de la colonizaci&oacute;n de la naturaleza. En &eacute;l se hace una argumentaci&oacute;n descriptiva basada hallazgos te&oacute;ricos sobre las relaciones entre el extractivismo, una pr&aacute;ctica propia del dispositivo colonial, y lo que aqu&iacute; denominamos colonizaci&oacute;n de la naturaleza. El art&iacute;culo presenta inicialmente un balance del impacto en la configuraci&oacute;n de la visi&oacute;n-apropiaci&oacute;n ancestral del territorio y su contenido cultural, a ra&iacute;z de la imposici&oacute;n de una nueva sem&aacute;ntica, en referencia al dispositivo de poder colonial. Luego, se analiza la relaci&oacute;n del extractivismo con el proceso de colonizaci&oacute;n de la naturaleza, para finalmente esbozar una reflexi&oacute;n breve vinculando  contextos y problemas contempor&aacute;neos.</p>     <p><b>PALABRAS CLAVE:</b> Naturaleza, M&iacute;tica, Pensamiento ancestral, Extractivismo, Colonialidad.</p> <hr>     <p><b>ABSTRACT:</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This research paper aims at providing some elements of analysis on the complex issue of the colonization of nature. In it a descriptive argument is carried out based on theoretical findings on the relationships between extractivism, which is a proper practice of the colonial device, and what is here called colonization of nature. The article initially presents an assessment of the impact on the configuration of the ancestral vision and appropriation of the territory and its cultural contents, as a result of the imposition of a new semantics, in reference to the device of the colonial powers. Then, the relationship between extractivism and the process of colonization of nature is analyzed; to finally sketch a brief reflection, by linking contemporary issues and contexts.</p>     <p><b>KEY WORDS AND EXPRESSIONS:</b> Nature, mythical, ancient thinking, extractivism, coloniality.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n.</b></font></p>     <p>El presente art&iacute;culo propone realizar un an&aacute;lisis del proceso de colonizaci&oacute;n de la naturaleza y el papel que juega el extractivismo en este proceso. Haremos referencia la naturaleza entendiendo que ella es el c&uacute;mulo de elementos biol&oacute;gicos, sus caracter&iacute;sticas, las narrativas, las visiones, los simbolismos y las cosmovisiones a trav&eacute;s de las cuales se hace lectura, explicaci&oacute;n, comprensi&oacute;n y praxis de lo que identificamos como "la cosa natural". La naturaleza vista como realidad apropiada culturalmente por una comunidad humana.</p>     <p>Naturaleza, extractivismo y colonialidad, Tres ideas para analizar la colonizaci&oacute;n de la naturaleza en perspectiva cr&iacute;tica y contempor&aacute;nea, elementos funcionales del dispositivo colonial. En esta medida, se parte de la premisa que el extractivismo es una forma de colonizaci&oacute;n de la naturaleza y por tanto, constituye un elementos clave en el dispositivo de poder colonial que se estableci&oacute; en Colombia y en Am&eacute;rica Latina con la llegada de los conquistadores europeos y que hoy se ha disfrazado de modelo de desarrollo econ&oacute;mico, que temina favoreciendo un modelo que empobrece y desplaza a comunidades rurales que carecen de los medios y los mecanismos para hacer frente al poder hegem&oacute;nico de grupos econ&oacute;micos que ejercen control sobre territorios, riquezas naturales y proyectos de gran infraestructura en el campo de la miner&iacute;a.</p>     <p>No ha habido muchos cambios en la aplicaci&oacute;n del modelo extractivista, la l&oacute;gica es quiz&aacute; la misma: un modelo rentista y depredador; entre lo que otrora hizo el colonizador espa&ntilde;ol, y lo que hoy hacen las transnacionales que ostentan el control de los bienes-recursos naturales de la geograf&iacute;a colombiana, no hay mucha diferencia. Tal situaci&oacute;n, bien puede catalogarse como una "hecatombe" social.</p>     <p>El extractivismo ha jugado y en la actualidad juega un rol de vital importancia. Porque el extractivismo se camufl&oacute; en las pol&iacute;ticas sociales y en el discurso gobiernista sobre el desarrollo social.</p>     <p>El extractivismo, seg&uacute;n Gudinas (2009): </p>     <p>Es una de las banderas de los gobiernos progresistas en Am&eacute;rica Latina. Seg&uacute;n &eacute;l, a pesar de los profundos cambios pol&iacute;ticos continentales hacia la izquierda, los sectores extractivistas mantienen su importancia y son uno de los pilares de las estrategias de desarrollo actuales. (p. 188).</p>     <p>De tal forma, que se puede entender que los proyectos y megaproyectos relacionados con extractivismo en el &aacute;rea de la miner&iacute;a, no son otra cosa que el (neo) extractivismo disfrazado de una prosperidad falaz en la que por ejemplo, la pol&iacute;tica de restituci&oacute;n de tierras en Colombia, a la fecha en la que se escribe este texto, no ha restituido una sola hect&aacute;rea de tierra a los campesinos. El desarrollo social, d&iacute;cese de la prosperidad econ&oacute;mica, se plantea en atenci&oacute;n a los intereses y a la posici&oacute;n dominante de las trasnacionales que controlan la geopol&iacute;tica de este pa&iacute;s.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El extractivismo se estableci&oacute; como mecanismo de depredaci&oacute;n de los bienes-recursos naturales con la llegada de Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada y el resto de las huestes espa&ntilde;olas a las tierras de Bacat&aacute;, Suamox, Hunza, Panches, Coyaimas Quimbayas, Caribes y en general, en los territorios colonizados. Por su imbricaci&oacute;n con la naturaleza y con la poblaci&oacute;n, puede ser visto como una pr&aacute;ctica colonial porque el establecimiento de poderes hegem&oacute;nicos desemboc&oacute; en pr&aacute;cticas de un modelo de econom&iacute;a basado en el rentismo y el extrativismo, que sin duda hoy, lo mismo que ayer, tiene que ver con los niveles de exclusi&oacute;n de la poblaci&oacute;n rural campesina en Colombia, con el empobrecimiento de la misma, con la vulneraci&oacute;n de derechos humanos y con la contaminaci&oacute;n y deterioro del ambiente en las zonas de desarrollo de proyectos mineros y de extracci&oacute;n masiva de bienes-recursos naturales.</p>     <p>La modificaci&oacute;n de las relaciones humano-naturaleza producto de la imposici&oacute;n del sistema-mundo colonial.</p>     <p>Con la llegada del conquistador seg&uacute;n narran los cronistas de indias, entre ellos Fray Pedro Sim&oacute;n, Juan de Castellanos, Juan Rodr&iacute;guez Freire y Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada, se gestaron grandes rupturas entre el <i>modus vivendi</i> de las comunidades amerindias y sobre todo, se dio inici&oacute; a un plan de destrucci&oacute;n y desplazamiento de las expresiones y representaciones m&iacute;ticas a trav&eacute;s de las cuales las comunidades precolombinas vivenciaban las relaciones humano-naturaleza.</p>      <p>Seg&uacute;n Boh&oacute;rquez (2009), "los mitos y los ritos formaban parte de la cotidianidad de los pueblos (precolombinos), y expresaban el sentido y el simbolismo de su pensamiento en relaci&oacute;n con aquellas cosas que consideraban en su geograf&iacute;a como sagradas" (p. 157), por ejemplo, la naturaleza. Adem&aacute;s, en estos pueblos, la <i>historia m&iacute;tica</i><sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> estructur&oacute; y codific&oacute; un tipo experiencia relacional humano-naturaleza, dando como resultado, comunidades agrarias, cazadores y orfebres, con fuerte influencia-dependencia de su h&aacute;bitat o entorno natural.</p>     <p>Narra Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada en el Ep&iacute;tome de la Conquista del Nuevo Reino de Granada, refiri&eacute;ndose al deseo de riquezas que tra&iacute;an los espa&ntilde;oles, que "despu&eacute;s que pasaron las tierra, en una tierra que nombr&oacute; San Gregorio. Di&eacute;ornle ciertas esmeraldas. Pregunt&oacute; el licenciado a los indios de donde las av&iacute;an y fuese al rastro de ellas. &hellip; y le dixo por unos indios como las esmeraldas que buscava estavan en tierras y se&ntilde;or&iacute;o del rey Tunja." (Ramos, 1972. p, 286-287) En este fragmento del Ep&iacute;tome, que es uno de los escritos m&aacute;s antiguos en los que se narra la llegada de los espa&ntilde;oles a las tierras colombianas, ya se evidencia la intenci&oacute;n de aplicar el extractivismo como modelo de econom&iacute;a. El conquistador ten&iacute;a aprehendido m&eacute;todos extrativistas y vio necesario aplicarlos para obtener las riquezas de estas tierras y as&iacute;, ejercer el control colonial.</p>     <p>Sobre el mismo aspecto (la introducci&oacute;n del extractivismo a trav&eacute;s de las formas de econom&iacute;a colonial), se pueden ampliar detalles usando como fuentes a Fray Pedro Sim&oacute;n (1625), Lucas Fern&aacute;ndez de Piedrahita (1668), Juan Rodr&iacute;guez Freire (1963), Miguel Triana (1922), Liborio Zerda (1883), Ramos (1972), Hern&aacute;ndez (1975), Beltr&aacute;n (1976), y Boh&oacute;rquez (2009). En general, lo que se abstrae de los textos son evidencias que confirman las maneras como oper&oacute;  la empresa colonial en la transformaci&oacute;n de las relaciones humano-naturaleza. Dicha empresa, gener&oacute; una ruptura cultural, en la medida en que se modificaron los h&aacute;bitos de producci&oacute;n y de consumo de los pueblos antiguos. Y se desplaz&oacute; la cosmovisi&oacute;n natural de la geograf&iacute;a que hac&iacute;a parte de la historia y del tiempo m&iacute;tico. Historia y tiempo m&iacute;tico se transformaron sistem&aacute;ticamente por la cosmovisi&oacute;n colonial. Y dio origen a una nueva sem&aacute;ntica y una nueva semi&oacute;tica sobre la naturaleza: la de los bienes-recursos naturales y su funcionalidad econ&oacute;mica, la cual, fue orientada l&oacute;gicamente hacia la satisfacci&oacute;n de las necesidades del poder imperialista.</p>     <p>Tambi&eacute;n se transform&oacute; la raz&oacute;n de ser y las caracter&iacute;sticas de relaci&oacute;n entre el humano y la naturaleza. Porque el "indio" que se sosten&iacute;a del usufructo de sus artes agrarios y orfebres, se deslig&oacute; de sus obligaciones en relaci&oacute;n con el clan y con las deidades, y contrajo deudas con la corona y con sus representantes en etas tierras. Deudas que se pagaban con trabajo y en especies, incluyendo personas. Fue as&iacute; como los pagamentos y las ofrendas cambiaron de destinatario. Precisamente porque el dispositivo de poder colonial al imponer sus leyes y sus costumbres, fortaleci&oacute; a la corona espa&ntilde;ola en su prop&oacute;sito de civilizar y evangelizar estas tierras.</p>     <p>La modificaci&oacute;n en la relaci&oacute;n humano-naturaleza tuvo lugar en la medida en que la ritualidad que involucraba en primera instancia a la naturaleza, fue paulatinamente desplazada por el influjo del cristianismo cat&oacute;lico. Es decir, por el impacto del adoctrinamiento religioso.</p>     <p>El moque y la trementina que se quemaban durante los pagamentos ind&iacute;genas se cambiaron por el incensario y por el agua bendita para los bautismos y los rituales sacramentales cat&oacute;licos. Los sacrificios de moxas, j&oacute;venes que se degollaban a las deidades en ceremoniales especiales, se sustituy&oacute; por la inmolaci&oacute;n del cordero eucar&iacute;stico en los altares cat&oacute;licos. El sonido de quenas y fotutos, se cambi&oacute; por los cantos en lat&iacute;n del <i>Kirie eleison y el Regina Coeli</i>, y el rezo de la misa can&oacute;nica seg&uacute;n el rito romano.</p>     <p>Hasta la llegada de los colonizadores, la vida de los pueblos precolombinos giraba en torno a rituales y a simbolismos de car&aacute;cter m&iacute;tico. Tanto los rituales como los simbolismos fueron construidos alrededor de la vivencia relacional con el medio geogr&aacute;fico natural. La famosa leyenda del Dorado que seg&uacute;n Sim&oacute;n, entronizaba en el poder a los caciques en su cacicazgo, los ritos y pagamentos en torno a Si&eacute;, la diosa agua, que se hac&iacute;an en los espejos lagunares de Guatafita, Siecha, Tota, F&uacute;quene, y tambi&eacute;n en algunos arroyos; los ritos a las divinidades tutelares como Cuchaviva, Bochica, a Quemuenchatocha, Chi&eacute;, Chiminigagua,  representaban la relaci&oacute;n con la tierra, con las lagunas, con el paisaje, con las creencias nutricias de la cultura. Toda esta parafernalia m&iacute;tica se sustituy&oacute; por un cambio radical en las actividades cotidianas de los indios. El trabajo agrario y orfebre empez&oacute; a tener un fin comercial. La extracci&oacute;n de minerales, de metales preciosos y los maderables, se orient&oacute; a sufragar gastos y necesidades de la corona espa&ntilde;ola y de la iglesia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como afirma Boh&oacute;rquez (2008), "la naturaleza hac&iacute;a parte de una representaci&oacute;n m&iacute;tica "sacra" de los pueblos antiguos" (p. 157-160). La cual, con la llegada de los conquistadores, con el radicalismo, el cristianismo, el lat&iacute;n, la lengua hispana, en fin, con la llegada del imperio espa&ntilde;ol, los intangibles culturales se destruyen. Mueren porque el colonizador instaur&oacute; en el imaginario social la  necesidad de comerciar y de reunir riquezas y esto hizo que el indio se desligara del bien natural, aunque persist&iacute;a en su arraigo por la tierra desde la ritualidad m&iacute;tica. Esta ritualidad natural fue el m&oacute;vil de execrables castigos por parte del dispositivo colonial que se ejerci&oacute; desde la cristiandad. En las Heterogamias de la m&iacute;tica ind&iacute;gena, la idea de naturaleza corresponde a la idea de "Tierra generatrix", "muter erde"  seg&uacute;n Eliade (1961), "matriz subterr&aacute;nea, vientre h&uacute;medo, la misma que seg&uacute;n sus creencias ancestrales se sosten&iacute;a sobre maderos sagrados en brazos de la deidad Cuchavira o Cuchaviva" (Boh&oacute;rquez, 2008, p. 157-160).</p>     <p>El cronista encontr&oacute; a su llegada culturas mayoritariamente &aacute;grafas. Por eso le fue necesario narrar las cosmogon&iacute;as y las antropogon&iacute;as de los indios, no desde el arquetipo ancestral (porque todav&iacute;a no comprend&iacute;a la lengua de los indios) sino desde la enunciaci&oacute;n epist&eacute;mica europea, desde la sem&aacute;ntica latina y castellana. Y Desde la pre comprensi&oacute;n teol&oacute;gica y religiosa del mundo, del hombre y de la naturaleza. Esto contribuy&oacute; en el proceso de extinci&oacute;n de la m&iacute;tica natural, y facilit&oacute; la occidentalizaci&oacute;n del pensamiento ecol&oacute;gico primitivo, y dio permisos para instaurar procesos de persecuci&oacute;n a la ritualidad con la tierra. Entonces surgieron por necesidad, procesos de adaptaci&oacute;n y de aculturaci&oacute;n que condujeron a que los pueblos antiguos abandonen su condici&oacute;n de habitantes naturales de la tierra, y bajo pena de castigo, dejaron a un lado sus creencias, las que hab&iacute;an construido desde el simbolismo del mito y el legado ancestral. Las que explicaban sus creencias y sus tradiciones orales en su longeva ritualidad. Una ritualidad celebrativa donde predominaba la m&iacute;mesis y no el dualismo occidental de lo <i>sacro y lo profano</i>. Es decir, hubo un cambio de mentalidad. Y este se reafirma cuando el indio pas&oacute; a ser siervo de la gleba, cuando fue confinado en doctrinas y en feudos seg&uacute;n el modelo de la Europa medieval.</p>      <p>Una vez fue impuesto el dispositivo colonial, desapareci&oacute; entre los indios la posibilidad de retorno a sus costumbres nativas y ancestrales. All&iacute;, no solo se transform&oacute; el paisaje a usanza del poder hispano, sino que  se inici&oacute; el proceso de blanqueamiento de la cultura.</p>     <p>Cuando se introdujo una nueva visi&oacute;n sobre la naturaleza, emergieron entre los indios h&aacute;bitos de consumo distintos. Desde la mirada veterotestamentaria del hombre como se&ntilde;or y dominador de la naturaleza, impuesta por el modelo evangelizador eclesi&aacute;stico, las ofrendas a las deidades pasaron a ser las canteras de los tesoros que codiciaba el colonizador. Se inici&oacute; entonces el extractivismo como una empresa incipiente que va tomado cada vez m&aacute;s fuerza, pues, se fueron abriendo poco a poco rutas comerciales, y la corona dispuso entregas a diestra y siniestra de t&iacute;tulos de apropiaci&oacute;n y explotaci&oacute;n de tierras. Todo esto fue posible tambi&eacute;n por la imposici&oacute;n de la idea de civilizaci&oacute;n, y luego fue la idea de cultura y consecuentemente la idea de desarrollo. Tres ideas poderosas tra&iacute;das desde Europa. Estos conceptos fueron desde el inicio estructuralmente soporte del dispositivo colonial. Seg&uacute;n  Mignollo (2003), la  implementaci&oacute;n del colonialismo, signific&oacute; "integrar"  distintos pueblos a las ideolog&iacute;as de la modernidad europea. La ideolog&iacute;a colonialista homogeneiz&oacute; las culturas locales en torno a Europa como lugar de epist&eacute;mico de enunciaci&oacute;n. Esto facilit&oacute; la imposici&oacute;n de la idea de progreso mediante la falsificaci&oacute;n del concepto civilizaci&oacute;n.</p>     <p>Para concluir esta parte, t&eacute;ngase en cuenta que la cuesti&oacute;n central, es decir, el t&eacute;rmino  naturaleza, ha tenido siempre un uso complejo. Esto, porque el t&eacute;rmino tiene distintas "acepciones de acuerdo con los intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos de distintos actores. Y se puede entender la naturaleza como espacio vital vivido y transformado por las culturas locales, y la naturaleza como mercanc&iacute;a, y la naturaleza como objeto de transformaci&oacute;n tecnol&oacute;gica." (Escobar, 1999. p. 14).</p>     <p><font size="3"><b>Metodolog&iacute;a.</b></font></p>     <p>El presente art&iacute;culo se sustenta en una argumentaci&oacute;n descriptiva basada en hallazgos te&oacute;ricos sobre las relaciones entre el extractivismo, una pr&aacute;ctica propia del dispositivo colonial y lo que se denomina colonizaci&oacute;n de la naturaleza.</p>     <p>El art&iacute;culo presenta inicialmente un balance del impacto en la configuraci&oacute;n de la visi&oacute;n-apropiaci&oacute;n ancestral del territorio y su contenido cultural, a ra&iacute;z de la imposici&oacute;n de una nueva sem&aacute;ntica, en referencia al dispositivo de poder colonial.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, se analiza la relaci&oacute;n del extractivismo con el proceso de colonizaci&oacute;n de la naturaleza, para finalmente esbozar una reflexi&oacute;n breve vinculando contextos y problemas contempor&aacute;neos.</p>     <p><font size="3"><b>Restultados - discusiones.</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es un hecho que las relaciones humano-naturaleza cambiaron dr&aacute;sticamente en mundo Americano con la imposici&oacute;n del dispositivo colonial; &eacute;ste cambio como se anot&oacute; en la introducci&oacute;n, se produjo por la aplicaci&oacute;n del dispositivo colonial, y porque este, hizo migrar las interpretaciones y las construcciones m&iacute;ticas de la naturaleza hacia las cuestiones pol&iacute;ticas y sobre todo econ&oacute;micas.</p>     <p>Es as&iacute; que la naturaleza dej&oacute; de ser paisaje m&iacute;tico, y se convirti&oacute; en potencial natural, en oportunidad de riquezas para los colonizadores hispanos. Y es desde all&iacute; desde donde el extractivismo empieza a regir como una forma de econom&iacute;a que funcion&oacute; porque se organiz&oacute; la mano de obra disponible, gratuita entre otras cosas, se cartografiaron las tierras productivas y las especies naturales que se pod&iacute;an comercializar, para sobre ellas establecer una forma de econom&iacute;a que generara vol&uacute;menes cada vez mayores de materias primas que se enviaban al extranjero.</p>     <p>El extractivismo en perspectiva de dispositivo colonial.</p>     <p>El dispositivo colonial es la estrategia, la serie de circunstancias y mecanismos a trav&eacute;s de los cuales ha sido posible establecer la colonialidad, no solo del poder, sino del ser y en general, la subaleternidad de la cultura. Seg&uacute;n Mignollo (2003), "Quijano introduce el concepto colonialidad del poder, Dussel, el de transmodernidad, y ambos, buscan explicar la forma en la que el sistema-mundo-moderno, est&aacute; siendo pensado desde otro extremo (un extremo otro)" (p. 114). En este sentido, el dispositivo de poder colonial se establece a trav&eacute;s de la colonialidad, la modernidad y la posmodernidad, es decir, desde los presupuestos epist&eacute;micos europeos. Dicho establecimiento, se hizo de forma can&oacute;nica, vertical y excluyente. Mignollo (2003), complementa esta visi&oacute;n cuando afirma que: </p>     <p>La modernidad y el colonialismo crean una estructuras de creencias de las que es necesario liberarse social y epist&eacute;micamente. La emancipaci&oacute;n como liberaci&oacute;n, significa no solo el reconocimiento de la condici&oacute;n subalterna, sino la eliminaci&oacute;n de la estructura de poder que mantiene la hegemon&iacute;a. (p. 90).</p>     <p>Desde este presupuesto, es donde se ubica el papel del extractivismo como un elemento estructural que hace posible, no solo la diferencia colonial sino la hegemon&iacute;a del poder y la sublaternidad del "otro", que en el lenguaje colonial, es el "b&aacute;rbaro". El dispositivo colonial funcion&oacute; como el criterio can&oacute;nico para establecer la diferencia colonial teniendo como base el color de la piel, el lenguaje, la religiosidad, y las costumbres culturales.</p>     <p>Afirma Mignollo (2003), que: </p>     <p>La colonalidad del poder es el dispositivo que produce y reproduce la diferencia colonial. La diferencia colonial consiste en clasificar grupos de gentes e identificarlos por sus faltas o por sus excesos. Esta identificaci&oacute;n se hace sobre la base de que quien identifica posee un rango cualitativo superior, seg&uacute;n Las Casas, es no ser b&aacute;rbaro. (Mignollo, 2003, p. 39).</p>     <p>La colonialidad del poder oper&oacute; como mecanismo clasificatorio. Por ello se afirma que la diferencia imperial sirvi&oacute; para afianzar la mismidad y la diferencia de la cristiandad. Desde esta visi&oacute;n de las cosas, el extractivismo no solo responde a la imposici&oacute;n de la diferencia colonial, sino por esta misma imposici&oacute;n, los que fue diferenciados (como b&aacute;rbaros) fueron simult&aacute;neamente marginado de las posibilidades sociales, del disfrute, del usufructo y del control de las riquezas representadas en bienes-recursos naturales. Desde la diferencia colonial, no solo se reproch&oacute; la conducta, las creencias y en general el modo de vida de los pueblos colonizados, sino que se les neg&oacute; el derecho a poseer. Desde entonces, el t&iacute;tulo de extractar y explotar la econom&iacute;a de la tierra, qued&oacute; en manos de quienes ejercen el poder y el control desde el dispositivo colonial.</p>     <p>El dispositivo colonial es lo que permiti&oacute; hacer las construcciones, las interpretaciones, los reconocimientos, y las apropiaciones epist&eacute;micas desde un "centro" como lugar de enunciaci&oacute;n, generando l&oacute;gicamente una "periferia". El dispositivo colonial es y ser&aacute; institucional. En este sentido representa indistintamente al poder,  bien civil o eclesi&aacute;stico. El dispositivo colonial es el lenguaje epist&eacute;mico que interpret&oacute; y cre&oacute; desde su propio imaginario-teorizaci&oacute;n la condici&oacute;n de subalternidad. El dispositivo colonial trajo consigo una &eacute;tica y una est&eacute;tica, unas estructuras de comprensi&oacute;n, explicaci&oacute;n y teorizaci&oacute;n de la verdad y del mundo, y en esta medida se comport&oacute; como un sistema de identificaci&oacute;n cultural. El dispositivo colonial dispuso las graf&iacute;as sem&aacute;nticas y las codificaciones ling&uuml;&iacute;sticas para que el poder colonial hiciera lectura, interpretaci&oacute;n y narraci&oacute;n de los espacios y en general de las cartograf&iacute;as colonizadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, el dispositivo colonial no funciona solo. Necesita sustento. Necesita nutrirse de algo. Y es all&iacute; donde el extrativismo surge como una posibilidad de sustento de un modelo de colonialidad del poder. Por extractivismo se entiende en un sentido amplio "las actividades que remueven grandes vol&uacute;menes de recursos naturales, que no son procesados (o lo son limitadamente), y pasan a ser exportados" (Gudinas, 2009. 188-190). Adem&aacute;s: </p>     <p>Se considera que el llamado extractivismo, que incluye la explotaci&oacute;n minera y petrolera, tiene una larga historia en Am&eacute;rica Latina. A partir de esas actividades se han nutrido las corrientes exportadoras, que desempe&ntilde;aron papeles claves en las econom&iacute;as nacionales, pero tambi&eacute;n han estado en el centro de fuertes pol&eacute;micas por sus impactos econ&oacute;micos, sociales y ambientales. (p. 188).</p>     <p>Seg&uacute;n Santiago Castro-G&oacute;mez (1998), en la perspectiva te&oacute;rica de autores como Edward Said, Homi Bhabha y Gayatri Spivak: </p>     <p>El colonialismo no es algo que afecta &uacute;nicamente a ciertos pa&iacute;ses, grupos sociales o individuos del &laquo;Tercer Mundo&raquo;, sino una experiencia global compartida, que concierne  tanto a los antiguos colonizadores como a los antiguos (o nuevos) colonizados. El colonialismo territorial y nacionalista de la modernidad ha desembocado en un colonialismo posmoderno, global y desterritorializado. (p. 155-182).</p>     <p>Se deduce de esta postura, que el extractivismo es una forma de colonialismo. No porque expresamente lo est&eacute; afirmando Castro-G&oacute;mez, sino porque es parte de la estructura de la colonialidad. Tanto el colonialismo como el extrativismo, hoy en d&iacute;a son una experiencia com&uacute;n en Am&eacute;rica Latina. El extractivismo como colonialismo territorial.</p>     <p>Hofman (2001), afirma que: "Long-run empirical evidence shows that the availability of natural resources is not a decisive factor in economic development. There are examples of resource-rich countries that have grown rapidly over the long term while others have had only a modest economic performance. On the other hand there are examples of countries, despite being very poor in natural resources, that have grown at a spectacular pace". (p. 1-28).</p>     <p>Lo primero que hay que decir es que nuestra posici&oacute;n en contraria a la Hofman (2001), porque en nuestro an&aacute;lisis partimos de la consideraci&oacute;n de que la disponibilidad de recursos-bienes naturales si determinan el desarrollo econ&oacute;mico. Y en este sentido, constituye un elemento estructural en el dispositivo de poder colonial. En Colombia, las comunidades primitivas condicionaron su modo de vida a la geograf&iacute;a. La naturaleza fue determinante culturalmente hablando. La experimentaron (Aprehendieron) como "hierofan&iacute;a" (Beltr&aacute;n,1976. p. 81). Esta reflexi&oacute;n se plantea para decir que desde una visi&oacute;n moderna, pensada en funci&oacute;n de la geopol&iacute;tica del sistema mundo-moderno colonial (Inmanuel Walerstein, 2001, Walter Mignollo, 2003, entre otros), que las afirmaciones de Hofman (2001) tienen sentido. Pero si se revisa con mayor detalle la historia econ&oacute;mica de Am&eacute;rica Latina, no se puede desconocer que las riquezas naturales de estos territorios, se transformaron en riquezas coloniales para sociedades concretas que impusieron, no solo pol&iacute;ticas de dominaci&oacute;n, sino formas de aprovechamiento y usufructo de bienes que fueron apropiados-expropiados mediante el uso de la fuerza, y como dice Walerstein (2001), por la imposici&oacute;n de la idea de desarrollo. De donde se planta, que en estas formas de aprovechamiento de las riquezas naturales, el extractivismo es una constante en la historia econ&oacute;mica de Am&eacute;rica Latina.</p>     <p>Hofman (2001), Shudt y Acosta (2006) concuerdan en que "justamente las econom&iacute;as dependientes de la extracci&oacute;n de recursos naturales no son las que m&aacute;s han crecido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Desde los a&ntilde;os sesenta para ac&aacute;, las econom&iacute;as subdesarrolladas primarioexportadoras dotadas con abundantes recursos naturales -en especial de los no renovables- han crecido a tasas menores por habitante que las que no disponen de ellos" (Shudt y Acosta, 2006, p. 10). Si este argumento es cierto, entonces las riquezas naturales de Brasil son despreciables en relaci&oacute;n con su modelo y nivel de desarrollo social y econ&oacute;mico. Y habr&iacute;a que preguntar &iquest;en que se sustenta entonces la industria de los pa&iacute;ses desarrollados? La respuesta puede ser que la naturaleza es el gran insumo de la industria a gran escala.</p>     <p>Lo que sucede es que en el debate sobre los costos ambientales del modelo de desarrollo capitalista y mercantilista, amparados en el extractivismo, se est&aacute;n naturalizado discursos, incluso discursos acad&eacute;micos, que buscan demostrar que los bienes-recursos naturales no son causa de riqueza. La pregunta entonces es &iquest;porqu&eacute; persiste el inter&eacute;s de las multinacionales en controlar la geopol&iacute;tica de los pa&iacute;ses catalogados como Hot spot en biodiversidad?Shudt y Acosta (2006) interrogan a cerca de: </p>     <p>&iquest;C&oacute;mo explicar esta curiosa contradicci&oacute;n entre la abundante riqueza natural y la pobreza en la gran mayor&iacute;a de nuestros pa&iacute;ses? &iquest;Qu&eacute; implicancias tiene para econom&iacute;as que dependen de la extracci&oacute;n de petr&oacute;leo u otros minerales? &iquest;Es posible sobreponerse a los efectos negativos que ejerce la abundancia de recursos naturales? &iquest;Ser&aacute; inevitable repetir los fiascos que representaron las famosas bonanzas del petr&oacute;leo y otras materias primas? (p. 10-15).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin duda estos interrogantes son claros y respetables. Lo que no quiere decir, que esta preguntas como parte de una ret&oacute;rica que responde a una geopol&iacute;tica, est&eacute; empe&ntilde;ada en dar una respuesta fuera del marco de interpretaci&oacute;n en el cual son planteadas: y el n&uacute;cleo del asunto es simple: las pa&iacute;ses pobre son ricos en naturaleza, solo que no la pueden aprovechar para beneficio propio. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n? Porque hist&oacute;ricamente no se les ha reconocido esa autonom&iacute;a, es decir, no son lo suficientemente adultos, democr&aacute;ticamente hablando, para hacerse cargo de sus propias riquezas, por lo cual, deben ser otros, quienes las exploten y se beneficien. Shudt y Acosta (2006), no advierten (porque su an&aacute;lisis es m&aacute;s econ&oacute;mico que hist&oacute;rica cultural) que precisamente el dispositivo de poder colonial, ha impreso tanto control, que dif&iacute;cilmente los estados colonizados, han podido pensarse el desarrollo, fuera del  circuito integrado del eurocentrismo y el norteamericanismo. Es decir, el desarrollo no ha resultado lo mismo en su modelo de aplicaci&oacute;n, para los estados coloniales que para los estados colonizadores.</p>      <p>En la baraja de posibilidades que plantea del desarrollismo y el discurso progresista caracter&iacute;stico de los gobiernos actuales de Am&eacute;rica Latina, el occidentalismo, siempre ha sacado las mejores ventajas en t&eacute;rminos de control geopol&iacute;tico y macroecon&oacute;mico. Recordemos que desde el siglo XIX, luego de que Espa&ntilde;a y Portugal ceden es su postura hegem&oacute;nica sobre Am&eacute;rica Latina, la geopol&iacute;tica entra en disputa a trav&eacute;s del comercio entre Inglaterra y Estados Unidos. Y desde entonces, ambas potencias se han encargado de hacer llegar hasta sus arcas, las riquezas provenientes del extractivismo aplicado a  los recursos del continente americano. Por lo mismo, no es posible pensar que las potencias econ&oacute;micas modernas, deben su milagro econ&oacute;mico, a un esfuerzo end&oacute;geno en donde el abastecimiento comercial externo no tuvo incidencia. M&aacute;s bien, y se puede demostrar, la esclavitud, el vasallaje, la dependencia econ&oacute;mica e intelectual, y el extractivismo rentista, han permitido el nivel de desarrollo de sociedades que a su vez, han propiciado el empobrecimiento de otras mediante diversos mecanismo de control y de poder. Porque precisamente el extractivismo beneficia s&oacute;lo al destinatario de los bienes, no a los habitantes del territorio donde se encuentran las riquezas. Verbigracia, los contratos y concesiones sobre miner&iacute;a en cualquier pa&iacute;s latinoamericano.</p>     <p>En decir, el extractivismo, como parte del dispositivo colonial, ha funcionado de manera eficiente, y ha generado riquezas para quienes ejercen el control comercial, desde que fue impuesto por el colonialismo hispano-portugu&eacute;s hasta nuestros d&iacute;as. Afirmar lo contrario, puede hacer parte de un discurso artificioso que busca blanquear la imagen del capitalismo,  y que adem&aacute;s, intenta poner en escena, discursos falaces que se pregonan camuflados con sostenibilidad, responsabilidad social, eco-sostenibilidad, sello verde, eco-eficiencia, etc., cosas, que se est&aacute;n demostrando que no son en la realidad tanto como se teorizan.</p>     <p>Seg&uacute;n datos Pulido y Avenda&ntilde;o (2012), publicados en el informativo digital colombiano La silla vac&iacute;a, en Colombia la miner&iacute;a especializada en oro, est&aacute; controlado por: La AngloGold Ashanti, Minerales Andinos de Occidente SA, Mineros SA, CG (antes  C o n t i n e n t a l Gold), Negocios Mineros SA, Gramalote Colombia Limited y San Lucas Gold. Son cinco grupos de empresas que tienen 778 t&iacute;tulos, que representan el 40 por ciento del total de t&iacute;tulos mineros otorgados en el pa&iacute;s para explotaci&oacute;n de oro (1953 t&iacute;tulos). Y estos 778 t&iacute;tulos representan 1 mill&oacute;n 116 mil hect&aacute;reas, equivalentes al 50 por ciento del total de hect&aacute;reas dedicadas a este tipo de explotaci&oacute;n (2 millones 237 mil hect&aacute;reas). (p. 1).</p>     <p>Estos datos se sustentan en informaci&oacute;n del Ministerio de Minas a la que tuvo acceso <i>La Silla Vac&iacute;a</i>, y que fue publicado en versi&oacute;n digital en febrero 25 de 2012.</p>     <p>En el mismo sentido, y en la misma fuente informativa, Rueda (2012), pregunta, si el tema del extractivismo en Colombia es &iquest;<i>Miner&iacute;a o robo</i>? Pues, seg&uacute;n &eacute;l: </p>     <p>Los datos oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estad&iacute;sticas, DANE en Colombia, si m&aacute;s del noventa y cinco por ciento de la producci&oacute;n de carb&oacute;n del pa&iacute;s es para exportaci&oacute;n &iquest;c&oacute;mo debe llamarse a estos exportadores, cuando el 68% de sus utilidades registradas en las cuentas nacionales del DANE no aparecen en sus declaraciones de renta que presentan a la DIAN? Si los extractores de metales preciosos, principalmente de oro, declaran s&oacute;lo el 10% de las utilidades para el pago de impuestos &iquest;c&oacute;mo deber&iacute;amos llamar entonces a quienes no declaran el 90% restante de esas utilidades? (Rueda, 2012, p.2-3).</p>     <p>Como si fuera poco, y no siendo conformes con las ganancias efectivas de la producci&oacute;n minera, las multinacionales que monopolizan la explotaci&oacute;n, Rueda (2012), pone en evidencia que la actividad minera en Colombia, contrario al discurso del gobierno, y seg&uacute;n los c&aacute;lculos, &eacute;stos  arrojan claras se&ntilde;ales de alerta, porque seg&uacute;n &eacute;l: </p>     <p>Carb&oacute;n y metales preciosos liquidan menos del 25 por ciento sobre las utilidades declaradas, especialmente como resultado de aplicar deducciones por inversiones en activos fijos que autorizaba la ley tributaria. (Rueda, 2012, p.2-3).</p>     <p>Es decir, la cuesti&oacute;n a las claras evidencia el negocio perfecto puesto que garantiza ganancias por partida doble. Basados en estos datos de Rueda (2102), por ejemplo, "carb&oacute;n y metales preciosos liquidan menos del 25 por ciento sobre las utilidades declaradas, especialmente como resultado de aplicar deducciones por inversiones en activos fijos que autorizaba la ley tributaria." (p. 2-3).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La conclusi&oacute;n hasta ahora es clara: el negocio de la miner&iacute;a anclado en el dispositivo colonial ejerce su influjo hegem&oacute;nico sobre la geopol&iacute;tica, y se hace a s&iacute; mismo doblemente rentable porque de acuerdo con los an&aacute;lisis de los datos expuestos anteriormente, hay ganancias por ingresos, ganancias por evasi&oacute;n de impuestos y ganancias por pago de tasas bajas de impuestos en raz&oacute;n de las pol&iacute;ticas de concesi&oacute;n y laxitud del estado colombiano con el extractivismo a gran escala.</p>     <p>Aclaremos esto desde el an&aacute;lisis y desde los datos de Rueda (2102): </p>     <p>En el per&iacute;odo 2002-2010 el sector dej&oacute; de pagar, en s&oacute;lo exenciones y evasiones al  impuesto sobre la renta, un valor muy superior a lo que pag&oacute; por regal&iacute;as. La raz&oacute;n, seg&uacute;n Rueda (2102), al contrastar los impuestos que resultar&iacute;an de aplicar las tasas nominales a las utilidades del sector (reportadas por el DANE), con los impuestos declarados por las empresas (en sus declaraciones a la DIAN), se encuentra que difieren en un monto equivalente a un 137 por ciento del total de las regal&iacute;as percibidas por el Estado por la explotaci&oacute;n de estos recursos. (Rueda, 2012, p.2-3).</p>     <p>Adicionalmente, Le&oacute;n (2011) analiza que ya hay evidencia de que los narcotraficantes compran oro en Nari&ntilde;o, que no es un lugar minero por excelencia, y lo llevan por la puerta de atr&aacute;s hasta Antioquia, donde tienen un t&iacute;tulo minero de una mina improductiva o no tan productiva y lo hacen pasar como si lo hubieran sacado de all&iacute;. Denuncia Le&oacute;n (2012) que Ingeominas no tiene ninguna forma de saber realmente cu&aacute;nto es la producci&oacute;n por mina y entonces le cree al due&ntilde;o de la licencia lo que diga. Seg&uacute;n ella, con ese oro estas personas van al Banco de la Rep&uacute;blica o a unas comercializadoras internacionales en Medell&iacute;n. All&iacute; lo venden y su dinero queda blanqueado en minutos.<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup></p>     <p>La colonizaci&oacute;n de la naturaleza y el fortalecimiento del extractivismo.</p>     <p>Desde la conquista espa&ntilde;ola hasta nuestros d&iacute;as, la situaci&oacute;n no ha cambiado. El dispositivo de poder colonial hegem&oacute;nico ha actuado de la misma manera. Impone su dominio para usufructuar los bienes territoriales, ambientales y ecol&oacute;gicos de las comunidades sometidas. Y opera sobre la base de un estado sumiso y complaciente. Un estado indolente con las minor&iacute;as &eacute;tnicas, con el campesinado y con del desarrollo comunitario. M&aacute;s informaci&oacute;n puede ampliarse en Vasco (1996), Restrepo (1895), Arango (1965), Gudinas (2009, 2010), Schuldt y Acosta (2009), Bebbington (2009), Monge, et al., (2011).</p>     <p>La econom&iacute;a de Am&eacute;rica Latina desde el comienzo de la conquista fue influenciada por el modelo mercantilista europeo. La explotaci&oacute;n de minerales, de materias primas como la madera, el caucho y la sal, fueron ajustadas a reg&iacute;menes tributarios. Aunque la agricultura era de subsistencia entre los indios, con la llegada del conquistador se le orient&oacute; y tom&oacute; vocaci&oacute;n de comercio exterior. El intercambio y el trueque entre comunidades locales se transformaron en exportaci&oacute;n e importaci&oacute;n de mercanc&iacute;as. El mercado interno incipiente entre comunidades ind&iacute;genas termin&oacute; ampli&aacute;ndose para suplir las demandas del comercio externo. De tal modo que antes que fortalecer lazos comerciales internos, el poder hegem&oacute;nico plante&oacute; un desarrollo econ&oacute;mico y social a la europea, y como las materias primas estaban en los territorios que fueron colonizados, se requiri&oacute; la construcci&oacute;n de v&iacute;as, puertos, infraestructura, pol&iacute;ticas y mecanismos comerciales.</p>     <p>Seg&uacute;n Bethell (1991), "el modelo de producci&oacute;n espa&ntilde;ol para el siglo XVIII evidenciaba crisis, y hab&iacute;a d&eacute;ficit en la producci&oacute;n de alimentos durante los reinados de Carlos III (1759-1788), y Carlos IV (1788-1808)" (p. 1-40). Para resolver el problema de abastecimiento y a la vez, mejorar la econom&iacute;a, que entre otras cosas depend&iacute;a de lo que se enviaba de los territorios colonizados, "se hizo &eacute;nfasis en el mercantilismo, para justificar una explotaci&oacute;n m&aacute;s eficaz de las riquezas de los pueblos colonizados. Tambi&eacute;n se enfatiz&oacute; en el liberalismo econ&oacute;mico para erradicar las restricciones comerciales e industriales" (Bethell, 1991, p.1-40). Adem&aacute;s, seg&uacute;n la misma fuente, durante ese per&iacute;odo de la historia, se impuso a los peque&ntilde;os productores condiciones para aumentar la producci&oacute;n de alimentos, por parte de los propietarios &mdash;sobre todo miembros de la nobleza y del clero&mdash;, que quer&iacute;an maximalizar sus ingresos, y los exportadores, que buscaban nuevos mercados. Para este prop&oacute;sito, la corona espa&ntilde;ola encarg&oacute; a Manuel Godoy, cortesano enviado por Carlos IV para buscar soluciones a la crisis econ&oacute;mica y de credibilidad que enfrentaba la monarqu&iacute;a del momento. Bethell (1991), afirma que Godoy trat&oacute; a Am&eacute;rica como si fuera exclusivamente una fuente proveedora de metales preciosos y a sus gentes como simples contribuyentes (p. 1-40). Se comprende entonces que su gesti&oacute;n fue una ficha clave en la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica de la corona. Entre los prop&oacute;sitos comerciales de la gesti&oacute;n de Godoy, se hizo patente el inter&eacute;s de la empresa colonizadora por establecer el extractivismo. Esto se confirma porque, seg&uacute;n Bethell (1991): </p>     <p>Espa&ntilde;a, en ning&uacute;n momento se constituyo en un proveedor-sustento industrial ni socio comercial para Am&eacute;rica Latina. Simplemente impuso una econom&iacute;a de extracci&oacute;n para sostener sus requerimientos y demandas. De tal manera que se puede entender que el  crecimiento de Espa&ntilde;a como sociedad era por sus caracter&iacute;sticas, proporcional al empobrecimiento de Am&eacute;rica Latina. (Bethell. 1991, p. 1-40).</p>     <p>A igual que en las postrimer&iacute;as de la &eacute;poca colonial, en la cartograf&iacute;a econ&oacute;mica y social, hab&iacute;a grupos de pseudo-&eacute;lites que heredaban el poder, y manten&iacute;an relaciones de clientelismo y de control sobre el pueblo. Adem&aacute;s, hab&iacute;a peque&ntilde;os grupos de poder que compet&iacute;an con el poder del estado, estas &eacute;lites de poder desencadenaron en el caciquismo que es un rasgo de la colonilidad del poder. Y curiosamente, la fuente que sostuvo y nutri&oacute; este dispositivo fueron en gran medida las riquezas naturales, el latifundismo, la ganader&iacute;a extensiva y el caciquismo pol&iacute;tico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Vale la pena recordar que fue el deseo de explotaci&oacute;n de los recursos-bienes naturales, lo que hizo que en 1534, Sebasti&aacute;n de Belalcazar, que en ese momento se encontraba en Quito, encendiera en fren&eacute;tica ambici&oacute;n de oro al escuchar de un indio el relato de la leyenda famosa del "Dorado". Por esa raz&oacute;n lleg&oacute; a estas tierras. Y desde entonces se encendi&oacute; una fiebre por el oro del Dorado. Esa  misma fiebre de oro fue la que motiv&oacute; los m&uacute;ltiples intentos de desag&uuml;e de la laguna de Guatavita, la laguna sagrada donde se entronizaban los Caciques Moscas o Muiscas en la tradici&oacute;n ritual de estas "gentes". Seg&uacute;n narra Fray Pedro Sim&oacute;n y tambi&eacute;n Restrepo (1895), L&aacute;zaro Fonte, militar de las huestes espa&ntilde;olas en tierras muiscas, Hern&aacute;n P&eacute;rez de Quesada, hermano del general conquistador de estas tierras, y Alonso de Sep&uacute;lveda (Sim&oacute;n, p. 170-175), y posteriormente Jos&eacute; Ignacio Paris en 1823; despu&eacute;s un tal Martos, luego los se&ntilde;ores Tovar en 1856, y finalmente Crowther y Enrique Urdaneta en 1870 (Restrepo 1895 p. 82-83), intentaron de forma infructuosa vaciar la laguna para extractar el oro. Hoy quienes visitan el lugar pueden observar el gran boquete que dejaron las empresas extractivas de aqu&eacute;l tiempo. Pues se cre&iacute;a y todav&iacute;a se cree, que en el lecho de la laguna hay incalculables e invaluables piezas del precioso metal. El oro de estas tierras, representa el &uacute;ltimo tesoro natural, el mismo que seg&uacute;n Vasco (1996), ha significado una lucha (sangrienta y b&aacute;rbara) "por las siete llaves" (p. 237).</p>     <p>El dispositivo colonial que se sustent&oacute; en gran parte en el extractivismo, gener&oacute; lo que Magnus M&ouml;erner (1971) denomina la "pigmentocracia". En el sentido en el que toda conquista, siempre hay un poder que subordina a un "otro". Hay siempre un vencedor, alguien que tiene la ventaja, y por tanto, hace valer su poder de conquistador sobre la condici&oacute;n de conquistado. La estructura social colonial se estructur&oacute; sobre la diferencia &eacute;tnica. Y esa diferencia permiti&oacute; una pol&iacute;tica de usurpaci&oacute;n de la los derechos que el nativo ten&iacute;a sobre la geograf&iacute;a, sobre la tierra, sobre los recursos-bienes naturales que por h&aacute;bitat le correspond&iacute;an. El derecho al h&aacute;bitat y al usufructo de las riquezas naturales fue cercenado por el modelo econ&oacute;mico impuesto por el dispositivo colonial. Destaca Vasco (1984, p. 260263) que "el plan de gobierno del presidente Guillermo Le&oacute;n Valencia Mu&ntilde;oz", payan&eacute;s quien gobern&oacute; a Colombia entre los a&ntilde;os 1962-1966, era efectivamente "romper las siete llaves" para acceder a las riquezas en manos de los "indios" quienes las mantien&iacute;an "encerradas en sus territorios", pero que "hab&iacute;a que abrirlas para el provecho de la naci&oacute;n". La forma de abrirlas desde entonces ha sido la misma: violencia, desplazamiento, vulneraci&oacute;n, y concesi&oacute;n de derechos de explotaci&oacute;n y usufructo a los capitales multinacionales.</p>     <p>De otra parte, llama la atenci&oacute;n que en Colombia, la inauguraci&oacute;n de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, "constituci&oacute;n verde" llamada por muchos, que en su momento abri&oacute; un debate en torno a la condici&oacute;n de las minor&iacute;as &eacute;tnicas y las comunidades afros, fue casi inmediatamente instrumentalizada por el poder del turno para ponerla al servicio de lo que desde la d&eacute;cada de los noventa se ha denominado la pol&iacute;tica de la apertura econ&oacute;mica. Apertura que parad&oacute;jicamente ha abierto las puertas al capital que se ha beneficiado de las concesiones del estados, y ha cerrado las posibilidades de desarrollo social para la poblaci&oacute;n rural y campesina, la cual como se observa en los informes de desarrollo humano, desde el a&ntilde;o 2001, los indicadores de desarrollo humano para la poblaci&oacute;n colombiana, siguen sin mejorar. Para ilustrar un ejemplo. Los informes de PBI Colombia (2011) hablan de que el 60% de la poblaci&oacute;n afrodescendiente que habita la regi&oacute;n del Pac&iacute;fico no tienen garantizado su derecho a la tierra por vivir fuera de los territorios reconocidos por el Gobierno. En la misma fuente, se afirma que: </p>      <p>De acuerdo con las organizaciones ind&iacute;genas y afrocolombianas, la violaci&oacute;n de los derechos humanos sufridas por estos grupos &eacute;tnicos se ha concentrado en territorios atravesados por megaproyectos de explotaci&oacute;n de hidrocarburos, hay datos que se&ntilde;alan que el 89% de los ind&iacute;genas y el 90% de los afrodescendientes asesinados proceden de &aacute;reas minero- energ&eacute;ticas. (PDI Colombia, p. 17-18).</p>     <p>Esta misma situaci&oacute;n, Montero (2012) la denomina "bacriminalizaci&oacute;n" del conflicto colombiano, la cual es solo la punta del Iceberg de una cuesti&oacute;n compleja que involucra intereses sobre los recursos-bienes naturales del pa&iacute;s. Un conflicto que cada vez est&aacute; mostrando evidencias de su maridaje con el extractivismo y sobre todo con la miner&iacute;a ilegal, la cual, se constituye en el crimen perfecto en la medida en que, como afirma Montero (2012), "no existe una claridad a la hora de dise&ntilde;ar estrategias para contener el tr&aacute;fico de minerales "negros" como el Coltan, el Tantalio o el Titanio, porque estos se encuentran  justamente donde existe una menor presencia estatal, es decir,  en las selvas del sur oriente del pa&iacute;s" (p. 4).</p>     <p><font size="3"><b>Conclusiones.</b></font></p>     <p>Discursos progresistas como los de C&eacute;sar Gaviria Trujillo, presidente de Colombia de 1990 a1994 y Juan Manuel Santos Calder&oacute;n, el presidente actual, facilitan el camino a las multinacionales en su intento por apoderarse del pa&iacute;s. Seg&uacute;n PDI Colombia (2011): </p>     <p>Hasta el 2002 las pol&iacute;ticas estatales fueron relativamente conservadoras en t&eacute;rminos de la concesi&oacute;n de t&iacute;tulos mineros, pero a partir de ese a&ntilde;o comenzaron a incrementarse las solicitudes y concesiones. Entre 1990 y 2001 se entregaron en Colombia 1.889  t &iacute; t u l o s mineros (157 por a&ntilde;o) y en 2010 ya hab&iacute;a 8.928 concesiones (4.839.149 hect&aacute;reas) y 20.000 solicitudes en tr&aacute;mite. (PDI Colombia, 2011, p. 4).</p>     <p>De acuerdo a estos datos, Colombia ha venido cediendo terreno ante los interese del extractivismo. Tanto as&iacute;, que de acuerdo a la misma fuente informativa, "114 millones hect&aacute;reas que componen el extenso y pr&oacute;spero territorio colombiano, m&aacute;s de 8,4 millones est&aacute;n concesionados para la exploraci&oacute;n de minerales y m&aacute;s de 37 millones de hect&aacute;reas est&aacute;n titulados para la exploraci&oacute;n de hidrocarburos". (PDI Colombia, 2011, p. 4).</p>     <p>Este panorama muestra el proceso de colonizaci&oacute;n de la naturaleza y el fortalecimiento del extractivismo. Por ejemplo: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 2005 la producci&oacute;n de carb&oacute;n era de 40 millones de toneladas, en la actualidad es de 72 millones y se estima que para el 2019 se llegue a la producci&oacute;n de 145 millones de toneladas (PDI Colombia, 2011, p. 5). Hay tambi&eacute;n en este mismo per&iacute;odo de tiempo, un aumento en el precio bruto de los minerales. Oro y carb&oacute;n los m&aacute;s din&aacute;micos. De acuerdo con los datos obtenidos por PDI Colombia (2011), el carb&oacute;n pas&oacute; de 90 d&oacute;lares en 2004 a casi 160 en 2011 y la onza de oro aument&oacute; su valor de 700 d&oacute;lares en 2008 a los 1.800 en que se cotiza actualmente. (PDI Colombia, 2011, p. 5).</p>     <p>En las cifras, Colombia es el primer productor de carb&oacute;n en Am&eacute;rica Latina y el d&eacute;cimo en el mundo. La pregunta sigue abierta, &iquest;A d&oacute;nde se van todas las ganancias provenientes del extractivismo? &iquest;Qu&eacute; sucede con las regal&iacute;as? &iquest;Hay desarrollo y bienestar social en las comunidades donde se explota los minerales a gran escala en Colombia?.</p>     <p>Se concluye de este an&aacute;lisis que el extractivismo hace parte del dispositivo colonial que ha dejado como legado en Colombia, &eacute;lites sociales que dominan el poder, minor&iacute;as &eacute;tnicas excluidas de los planes de desarrollo del Estado, formas econ&oacute;micas que rayan con la ilegalidad toda vez que aprovechan la laxitud y la negligencia del estado. La naturaleza fu colonizada para dome&ntilde;arla y extractarle sus riquezas. Y es en raz&oacute;n de este prop&oacute;sito como el extractivismo desde sus inicios juega un papel importante en el dispositivo de poder colonial. La realidad de las cosas no ha cambiado mucho si se analiza desde este espectro. M&aacute;s a&uacute;n, el gobierno Colombino de turno, montado en un discurso abiertamente progresista, no est&aacute; interesado en hacerle frete al extractivismo. Por el contrario, lo est&aacute; mostrando como una de las locomotoras para lograr el desarrollo y la prosperidad econ&oacute;mica.</p> <hr>     <p><b>Notas</b></p>     <p><sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Seg&uacute;n Boh&oacute;rquez (2008), citando a Eliade (1961) y a Rozo (1997), "la Historia m&iacute;tica son todas las construcciones de ideas, las representaciones culturales, que se vuelven celebrativas&hellip; es la codificaci&oacute;n y estructuraci&oacute;n mental y pragm&aacute;tica de todas las cosas, fen&oacute;menos y acciones de la naturaleza. De la historia m&iacute;tica surgen los relatos sociales y pol&iacute;ticos. La historia m&iacute;tica ordena los elementos sociales que separan y asocian naturaleza, cultura y pensamiento"(p. 22-23).</p>     <p><sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> M&aacute;s informaci&oacute;n en: <a href="http://www.lasillavacia.com/historia/la-llanada-la-tercera-enmineria-22654" target="_blank">http://www.lasillavacia.com/historia/la-llanada-la-tercera-enmineria-22654</a> (actualizado junio de 2012).</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias.</b></font></p>     <!-- ref --><p>A., A., &amp; E., G. (2011). Transiciones postextractivismo y alternativas al extrativismo en el Per&uacute;. Obtenido de <a href="http://www.redge.org.pe/transiciones-alternativasvariosautores" target="_blank">http://www.redge.org.pe/transiciones-alternativasvariosautores</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1657-8031201300010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Arango C, J. (1981). Revaluaci&oacute;n de las antiguas culturas abor&iacute;genes de Colombia. Bogot&aacute;: Plaza y Janes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1657-8031201300010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Arango C, J. (1989). Mitolog&iacute;a en Am&eacute;rica precolombiana. Azteca, Chibchas e Incas. Bogot&aacute;: Plaza y Janes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1657-8031201300010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Beltr&aacute;n P., F. (1976). La Cosmovisi&oacute;n de los Muiscas. An&aacute;lisis: publicaci&oacute;n semestral de investigaci&oacute;n e informaci&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1657-8031201300010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bethell, L. (1991). Los or&iacute;genes de la independencia hispanoamericana. Barcelona: Cr&iacute;tica S.A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1657-8031201300010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Boh&oacute;rquez, L. (2006). Huella ecol&oacute;gica y h&aacute;bitos de consumo. El reto de la bio&eacute;tica frente al medio ambiente. Obtenido de publicaciones.lasalle: <a href="http://publicaciones.lasalle.edu.co/images/openacces/Revistas/usalle/salle42.pdf" target="_blank">http://publicaciones.lasalle.edu.co/images/openacces/Revistas/usalle/salle42.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1657-8031201300010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Boh&oacute;rquez, L. A. (2007). Biopol&iacute;tica, ambiente y ecolog&iacute;a. Tres temas urgentes para la universidad. Revista Management.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1657-8031201300010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Boh&oacute;rquez, L. A. (junio de 2007). La crisis del agua y desarrollo humano. Obtenido de usbbog: <a href="http://www.usbbog.edu.co/Nuestra_Universidad/Publicaciones/Management/Management28/M28_art8.pdf" target="_blank">http://www.usbbog.edu.co/Nuestra_Universidad/Publicaciones/Management/Management28 /M28_art8.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1657-8031201300010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Boh&oacute;rquez, L. A. (2009). Concepci&oacute;n sagrada de la naturaleza en la m&iacute;tica muisca. Revista Franciscanum.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1657-8031201300010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Boof, L. (1996). Ecolog&iacute;a, grito de la tierra, grito de los pobres. M&eacute;xico D.F: Ediciones Dabar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1657-8031201300010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castro G&oacute;mez, S. (1998). Geograf&iacute;as poscoloniales y translocalizaciones narrativas de &quot;lo latinoamericano&quot; La cr&iacute;tica al colonialismo en tiempos de la globalizaci&oacute;n. Caracas: Editorial Sentido.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1657-8031201300010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Correa R., F. (2005). El Sol del Poder. Simbolog&iacute;a y pol&iacute;tica entre los muiscas del norte de los Andes. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1657-8031201300010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>De Certeau, M. (1996). La invenci&oacute;n de lo cotidiano. I. Artes de hacer. M&eacute;xico D.F.: Universidad Iberoamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1657-8031201300010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Defensor&iacute;a del pueblo colombiano. (2010). Miner&iacute;a de hecho en Colombia. Bogot&aacute;: Imprenta Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1657-8031201300010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Eliade, M. (1973). Mito y Realidad. Madrid: Ediciones Guadarrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1657-8031201300010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Eliade, M. (1996). Lo sagrado y lo profano. Bogot&aacute;: Editorial Labor S.A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1657-8031201300010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Escobar, A. (2005). M&aacute;s all&aacute; del tercer mundo. Bogot&aacute;: ICAHN.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1657-8031201300010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>G&oacute;mez Londo&ntilde;o, A. M. (2005). Muiscas, Representaciones, cartograf&iacute;as, y etnopol&iacute;tica de la memoria. Bogot&aacute;: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1657-8031201300010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, E. (2008). Educaci&oacute;n, medio ambiente y sustentabilidad. M&eacute;xico D.F.: Siglo XXI  Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1657-8031201300010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gorbachov, M. (2003). Carta a la tierra. Barcelona: Ediciones del Broce.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1657-8031201300010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gudynas, E. (2009). Diez tesis urgentes sobre el nuevo extractivismo. Contexto y demandas bajo el progresismo sudamericano actual. Obtenido de Extractivismo, pol&iacute;tica y sociedad: <a href="http://www.extractivismo.com/noticias/extractivismoquito09.html" target="_blank">http://www.extractivismo.com/noticias/extractivismoquito09.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1657-8031201300010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guhl, E. (1982). Los p&aacute;ramos circundantes de la sabana de Bogot&aacute;. Bogot&aacute;: Jard&iacute;n Bot&aacute;nico &quot;Jos&eacute; Celestino Mutis&quot;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1657-8031201300010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez, G. (1975). De los Chibchas a la Colonia y a la Rep&uacute;blica (del Clan a la Encomienda y al Latifundio en Colombia). Bogot&aacute;: Instituto colombiano de cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1657-8031201300010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez, R. (1991). Metodolog&iacute;a de la investigaci&oacute;n . Bogot&aacute;: MacGraw Hill Interamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1657-8031201300010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jim&eacute;nez de Quesada, G. (1547). Epitome de la conquista del Nuevo Reino de Granada. Sevilla: Escuela de estudios Hispanos-Americanos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1657-8031201300010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Krickeberg, W. (1995). Mitos y leyendas de los Aztecas, Incas, Mayas y Muiscas. M&eacute;xico D.F.: Fondo de cultura econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1657-8031201300010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lefebvre, H. (1984). La vida cotidiana en el mundo moderno. Madrid: Alianza editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1657-8031201300010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Leff, E. (2004). Racionalidad ambiental. La reapropiaci&oacute;n social de la naturaleza. M&eacute;xico D.F.: Siglo XXI Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1657-8031201300010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Le&oacute;n, J. (2011). La llanada, la tercera v&iacute;a en miner&iacute;a. Obtenido de La silla vac&iacute;a: <a href="http://www.lasillavacia.com/historia/la-llanada-la-tercera-en-mineria-22654" target="_blank">http://www.lasillavacia.com/historia/la-llanada-la-tercera-en-mineria-22654</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1657-8031201300010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Levi Strauss, C. (1982). El pensamiento salvaje. M&eacute;xico D.F.: Fondo de Cultura econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1657-8031201300010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lovelock, J. (2011). La tierra se agota. Barcelona: Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1657-8031201300010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mignollo, W. (2003). Historias locales, dise&ntilde;os globales. Madrid: Akal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1657-8031201300010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Monge , C. (2011). Extractivismo y transiciones hacia el postextractivismo en el Per&uacute;. Obtenido de Transiciones postextractivismo y alternativas al extractivismo en el Per&uacute;: <a href="http://www.redge.org.pe/transiciones-alternativas-variosautores" target="_blank">http://www.redge.org.pe/transiciones-alternativas-variosautores</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1657-8031201300010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Montero, L., &amp; Moncada , A. (2012). Miner&iacute;a en Colombia. Un frente de guerra que se abre. Obtenido de: <a href="http://www.iegap-unimilitar.edu.co/images/docs/analpolitmineriailegal.pdf" target="_blank">http://www.iegap-unimilitar.edu.co/images/docs/analpolitmineriailegal.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1657-8031201300010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Montoya, J. (1973). Antolog&iacute;a de creencias, mitos, teogon&iacute;as, cosmogon&iacute;as, leyendas y tradiciones de algunos grupos abor&iacute;genes colombianos. Bogot&aacute;: Imprenta municipal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1657-8031201300010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Morin, E. (2005). Tierra patria. Barcelona: Kair&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1657-8031201300010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>M&ouml;rner, M. (1971). Le M&eacute;tissage dans I'histoire de I'Am&eacute;rique latine. Paris: Fayard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1657-8031201300010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naciones Unidas. (2009). Informe sobre desarrollo humano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1657-8031201300010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naciones Unidas. (2010). Informe sobre desarrollo humano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1657-8031201300010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naciones Unidas. (2011). Informe sobre desarrollo humano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1657-8031201300010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naciones Unidas. (2006). Informe sobre desarrollo humano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1657-8031201300010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naciones Unidas. (2007). Informe sobre desarrollo humano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1657-8031201300010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naciones Unidas. (2007). Informe sobre objetivos del milenio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S1657-8031201300010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naciones Unidas. (2008). Informe sobre desarrollo humano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1657-8031201300010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>PBI. (2011). Miner&iacute;a en Colombia &iquest;A qu&eacute; precio? Obtenido de <a href="http://www.pbicolombia.org/field-projects/pbi-colombia/publications/" target="_blank">http://www.pbicolombia.org/field-projects/pbi-colombia/publications/</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1657-8031201300010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>PBI. (2011). Miner&iacute;a en Colombia: &iquest;A qu&eacute; precio? Obtenido de <a href="http://www.pbicolombia.org/fileadmin/user_files/projects/colombia/files/colomPBIa/111122_boletin_final_web.pdf" target="_blank">http://www.pbicolombia.org/fileadmin/user_files/projects/colombia/files/colomPBIa/111122_boletin_final_web.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S1657-8031201300010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Piedrahita, L. (1973). Noticia historial de las conquistas del Nuevo Reino de Granada. Cali: Carvajal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S1657-8031201300010001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Portal de informaci&oacute;n minera en Colombia. (2012). Obtenido de <a href="http://www.imcportal.com/index.php" target="_blank">http://www.imcportal.com/index.php</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S1657-8031201300010001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pulido, A., &amp; Avenda&ntilde;o, C. (2012). &iquest;A qui&eacute;n le pertenece el oro en Colombia? Obtenido de La silla vac&iacute;a: <a href="http://www.lasillavacia.com/historia/quien-le-pertenece-el-oro-encolombia-30930" target="_blank">http://www.lasillavacia.com/historia/quien-le-pertenece-el-oro-encolombia-30930</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S1657-8031201300010001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rawl, J. (1985). Teor&iacute;a de la justicia. M&eacute;xico D.F.: Fondo de cultura econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S1657-8031201300010001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Reichel Dolmatoff, G. (1997). Arqueolog&iacute;a de Colombia. Un texto Introductorio. Bogot&aacute;:  Presidencia de la Rep&uacute;blica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S1657-8031201300010001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Restrepo, V. (1985). Los chibchas antes de la conquista. Bogot&aacute;: Imprenta de la luz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S1657-8031201300010001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ricoeur, P. (2000). Del texto a la acci&oacute;n. Buenos Aires: Fondo de cultura econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S1657-8031201300010001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ricoeur, P. (2003). El conflicto de las interpretaciones. Ensayos de hermen&eacute;utica. Buenos Aires: Fondo de cultura econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S1657-8031201300010001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Riechmann, J. (2005). Biom&iacute;mesis. Ensayos sobre imitaci&oacute;n de la naturaleza. Eco socialismo y auto contenci&oacute;n. Madrid: Catarata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S1657-8031201300010001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Riechmenn, J. (2006). Un mundo vulnerable. Ensayos sobre ecolog&iacute;a, &eacute;tica y tecnociencia. Madrid: Catarata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S1657-8031201300010001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rodr&iacute;guez Freire, J. (1963). El carnero. Bogot&aacute;: Imprenta Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S1657-8031201300010001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rozo G., J. (1997). Mito y rito entre los muiscas. Bogot&aacute;: El Buho.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S1657-8031201300010001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rudas, G. (2012). &iquest;Miner&iacute;a o robo? En la silla vac&iacute;a. Obtenido de <a href="http://www.lasillavacia.com/elblogueo/grudas/31076/mineria-o-robo" target="_blank">http://www.lasillavacia.com/elblogueo/grudas/31076/mineria-o-robo</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S1657-8031201300010001000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ruedas, G. (2012). La locomotora minera a toda marcha &iquest;Pero paga lo que debe? Obtenido de Razonpublica: <a href="http://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedadtemas-29/2691-la-locomotora-minera-a-toda-marcha-ipero-paga-lo-quedebe.html" target="_blank">http://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedadtemas-29/2691-la-locomotora-minera-a-toda-marcha-ipero-paga-lo-quedebe.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S1657-8031201300010001000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schuldt, J., &amp; Acosta, A. (2009). Petr&oacute;leo, rentismo y subdesarrollo &iquest;Una maldici&oacute;n sin soluci&oacute;n? Obtenido de Extractivismo, pol&iacute;tica y sociedad: <a href="http://www.extractivismo.com/noticias/extractivismoquito09.html" target="_blank">http://www.extractivismo.com/noticias/extractivismoquito09.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S1657-8031201300010001000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Silva C., E. (1968). Arqueolog&iacute;a y prehistoria de Colombia. Tunja: Universidad Pedag&oacute;gica y tecnol&oacute;gica de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S1657-8031201300010001000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Silva C., E. (2005). Estudio sobre la cultura Chibcha. Tunja: Acad&eacute;mica Boyacense de Historia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S1657-8031201300010001000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Simon, F. P. (1981). Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales. Bogot&aacute;: Biblioteca de autores colombianos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S1657-8031201300010001000064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Triana, M. (1922). La civilizaci&oacute;n chibcha. Bogot&aacute;: Escuela tipogr&aacute;fica Salesiana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S1657-8031201300010001000065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Van Der Hammen, T. (1992). Historia, ecolog&iacute;a y vegetaci&oacute;n. Bogot&aacute;: Fondo FEN de Colombia, el Fondo de Promoci&oacute;n de Cultura del Banco Popular y COA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S1657-8031201300010001000066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vasco, L. G. (1996). La lucha por las siete llaves, las minor&iacute;as &eacute;tnicas en Colombia. Bogot&aacute;: Ecoe Ediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S1657-8031201300010001000067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Zerda, L. (1883). El Dorado. Estudio hist&oacute;rico, etnogr&aacute;fico y arqueol&oacute;gico de los chibchas. Bogot&aacute;: Sociedad de ciencias sociales y medicina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S1657-8031201300010001000068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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