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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Presencia Franciscana en las Universidades durante los Siglos XIII y XIV]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Inputs from analyses, which provide recognition of the origin of the Franciscan philosophy, its main European exponents, and its incursion into educational universities in the 13th century, highlighting its contribution to science and to the configuration of modern thought, are presented.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">       <p align="center"><font size="4"><b>Presencia Franciscana en las Universidades durante los Siglos XIII y XIV</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Franciscan Presence in the Universities during the XIII and XIV Centuries</b></font></p>      <p align="center"><i>Por: Jaime Caiceo Escudero</i><sup>1</sup></p>      <p><sup>1</sup> Acad&eacute;mico de la Universidad de Santiago de Chile y Director del Colegio Franciscano Santa Isabel de Hungr&iacute;a en La Cisterna, Santiago de Chile. Correo: <a href="mailto:jcaiceo@hotmail.com">jcaiceo@hotmail.com</a>.</p>      <p align="center">Recibido: enero 2016 - Revisado: abril 2016 - Aceptado: mayo 2016</p>  <hr>     <p><b>Resumen</b></p>      <p>Se presentan insumos de an&aacute;lisis que aportan en el reconocimiento del origen de la filosof&iacute;a franciscana, sus principales exponentes europeos y su incursi&oacute;n en los centros educacionales superiores en el siglo XIII, resaltando su aporte a la ciencia y a la configuraci&oacute;n del pensamiento moderno.</p>      <p><b>Palabras claves:</b> Filosof&iacute;a Franciscana, educaci&oacute;n, modernidad.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Inputs from analyses, which provide recognition of the origin of the Franciscan philosophy, its main European exponents, and its incursion into educational universities in the 13th century, highlighting its contribution to science and to the configuration of modern thought, are presented.</p>      <p><b>Key words:</b> Franciscan Philosophy, Education, Modernity.</p>  <hr>      <p><b>Introducci&oacute;n.</b></p>      <p>San Francisco de As&iacute;s fund&oacute; la Orden de Hermanos o Frailes Menores (O.F.M.) en 1208, por inspiraci&oacute;n divina. Perteneciendo a una familia rica, deja todo en 1205 y se dedica a una vida austera y a predicar el Evangelio; r&aacute;pidamente tiene seguidores, siendo los tres primeros Bernardo de Quintavalle, Pedro Cattani y Gil de As&iacute;s; a ellos y a los que seguir&aacute;n, los env&iacute;a en misi&oacute;n a predicar y practicar en su vida diaria el Evangelio (Directorio Franciscano, 2013) de esta forma, los frailes hac&iacute;an sus labores diarias atendiendo a los m&aacute;s pobres y abandonados de la &eacute;poca, los leprosos; trabajando en faenas humildes para los monasterios, casas particulares y prestando sus servicios para granjeros en los campos. Al a&ntilde;o siguiente (1209) va a Roma con sus seguidores, que ya eran 11, a solicitarle al Papa Inocencio III la aprobaci&oacute;n de la primera regla de la Orden; despu&eacute;s de dos intentos consigui&oacute; que se la aprobara verbalmente, al convencerse Su Santidad de que la ayuda de un hombre como Francisco reforzar&iacute;a la imagen de la Iglesia -deteriorada en ese entonces-con su pr&eacute;dica y su pr&aacute;ctica del Evangelio; de esta forma, adem&aacute;s, fue aceptada en la Iglesia su hermandad de pobres, llamada Orden de Hermanos Menores <i>(Ordinis Fratrum Minorum, O.F.M.). </i>De regreso a As&iacute;s se instalan en R&iacute;o Torto y, a partir del a&ntilde;o siguiente, se trasladan a un terreno adyacente a la capilla de la Porci&uacute;ncula.</p>      <p>Siguiendo su premisa de evangelizaci&oacute;n intenta varias veces ir a oriente (Siria en 1212, Marruecos en 1214, Egipto en 1219) sin mucho &eacute;xito, salvo en el &uacute;ltimo viaje en que se hace amigo del Sult&aacute;n M&eacute;lek-el-Kamel; hab&iacute;a ido a San Juan de Acre y Damieta, lugares en ruta a Jerusal&eacute;n hacia donde iban los Cruzados; &eacute;l deseaba evangelizar a los musulmanes a fin de rescatar el Santo Sepulcro sin armas de guerra sino que con las armas del amor y del testimonio de pobreza (Directorio Franciscano: San Francisco de As&iacute;s, 2013).</p>      <p>Este esp&iacute;ritu misionero posibilit&oacute; que los lugares sagrados de Tierra Santa sean resguardados, a&uacute;n hoy, por la Orden de Hermanos Menores, pues ellos fueron admitidos por los &aacute;rabes, gracias al Sult&aacute;n amigo. Incluso, seg&uacute;n las <i>Florecillas, </i>el Sult&aacute;n <i>&quot;concedi&oacute; a Francisco y a sus compa&ntilde;eros que pudiesen predicar libremente donde quisieran. Y les dio una contrase&ntilde;a a fin de que no fuesen molestados de nadie&quot; </i>(Joergensen, 1913, p. 126). Esta situaci&oacute;n se vio reforzada con la Bula del Papa Gregorio IX -antiguo amigo de Francisco- del 1&deg; de febrero de 1230 en que recomienda a los Patriarcas de Antioqu&iacute;a y Jerusal&eacute;n, a los Legados de la Santa Sede y a todos los Arzobispos, Obispos, Abades, Priores, Superiores y otros, acoger y favorecer de todos los modos posibles a la Orden de los Hermanos Menores para que ellos resguardaran los lugares sagrados de la mejor forma posible, puesto que las Cruzadas hab&iacute;an fracasado en su intento de reconquistar Tierra Santa (Custodia Terrae Sanctae: Misioneros franciscanos al servicio de la Tierra Santa, 2014).</p>      <p>En el Concilio IV de Letr&aacute;n en 1215 se consolida la Orden, participando activamente en ella Francisco. Al a&ntilde;o siguiente del Concilio, muere el Papa Inocencio III y le sucede Honorio III, quien promovi&oacute; en 1216 la indulgencia plenaria a favor de todo aquel que visitara la iglesia de Santa Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles de Porci&uacute;ncula. Obtuvo Francisco esa gracia del Papa para que la peregrinaci&oacute;n se realizara una vez al a&ntilde;o, pero bajo fuerte oposici&oacute;n, puesto que pocos lugares pod&iacute;an disfrutar de tan alto privilegio (Englebert, 1979, p. 152).</p>      <p>En 1217 se celebra el Primer Cap&iacute;tulo General de la Orden, dividi&eacute;ndose en 12 Provincias -siendo una de ellas Tierra Santa-, lo cual revela el tremendo crecimiento de la misma. Entre el 15 de agosto y el 29 de septiembre de 1224, Francisco pasa la cuaresma de San Miguel en el Monte Alverna, distante unos 160 kms. Al norte de As&iacute;s, junto a sus compa&ntilde;eros Le&oacute;n, &Aacute;ngelo, Illuminato, Rufino y Masseo. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s (3/X/1226) recibe a la hermana muerte con una dolorosa enfermedad. Al cabo de otros dos a&ntilde;os, el 16 de julio de 1228, el Papa Gregorio IX lo canoniza. Este Papa hab&iacute;a sido amigo de Francisco y Protector de la Orden como Cardenal Hugolino de Segni. Este mismo Papa ordena iniciar la construcci&oacute;n de la Bas&iacute;lica de San Francisco de As&iacute;s, colocando la primera piedra, junto a fray El&iacute;as, al d&iacute;a siguiente de la canonizaci&oacute;n el 17 de julio de 1228 (Caiceo, 201,p. 17).</p>      <p>Este lugar se ha transformado en un importante centro de encuentros ecum&eacute;nicos realizados por los &uacute;ltimos Papas: Juan Pablo II el 27 de octubre de 1986 y Benedicto XVI el 27 de octubre de 2011 (veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s); estos encuentros ecum&eacute;nicos han servido para unirse en torno a un mismo Dios y orar por la Paz del Mundo. No hay que olvidar que Francisco fue un adelantado de su tiempo en cuanto a ecumenismo por su relaci&oacute;n con el Islam.</p>      <p><b>Surgimiento de dos Importantes &Oacute;rdenes en el Siglo XIII.</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es importante destacar que la Iglesia Cat&oacute;lica sufr&iacute;a hacia finales del siglo XII y comienzos del XIII una seria crisis, motivada especialmente por el deseo de poder y riqueza que se hab&iacute;a instalado desde el poder central. Por lo mismo, se requer&iacute;an instituciones religiosas que, rescatando el evangelio, condujeran con el ejemplo y la predicaci&oacute;n, una reconversi&oacute;n de la Iglesia a sus or&iacute;genes. El Papa Inocencio III, consciente de esa necesidad, aprob&oacute; la Orden Franciscana. Pero, paralelamente, en Castilla, Espa&ntilde;a, nace Santo Domingo de Guzm&aacute;n (1170-1221), quien vivir&aacute; en el mismo per&iacute;odo de San Francisco. Este santo espa&ntilde;ol tambi&eacute;n toma conciencia de la necesidad de una nueva orden religiosa que combata las herej&iacute;as de su tiempo, especialmente la de los c&aacute;taros; por lo mismo, funda la Orden de Predicadores, conocida como la Orden Dominicana, apoyado por el Papa Inocencio III. Asiste al mismo Concilio de Letr&aacute;n en 1215 en que est&aacute; San Francisco; all&iacute; presenta su nueva Orden y el 22 de diciembre de 1216 el Papa Honorio III, a trav&eacute;s de la Bula <i>Religiosam Vital, </i>le confirma la mencionada Orden.</p>      <p>Estas dos &Oacute;rdenes, la franciscana y la dominicana, ser&aacute;n muy importantes en la restauraci&oacute;n del catolicismo en sus fuentes evang&eacute;licas; ambas se conocen tambi&eacute;n como &oacute;rdenes mendicantes. Su influencia no s&oacute;lo ser&aacute; en los p&uacute;lpitos y en la evangelizaci&oacute;n del pueblo, sino que tambi&eacute;n en el mundo universitario. Grandes te&oacute;logos y fil&oacute;sofos saldr&aacute;n de sus filas y se ubicar&aacute;n en los principales centros universitarios de la &eacute;poca, tales como Bolonia, Padua y N&aacute;poles en Italia; Oxford y Cambridge en Inglaterra; Salamanca y Palencia en Espa&ntilde;a y Par&iacute;s en Francia. Alejandro de Hales, San Buenaventura, Roger Bacon, Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockam sobresalen en la Orden Franciscana en torno a los siglos XIII y XIV. En el mismo per&iacute;odo sobresalen los dominicos San Alberto Magno, Santo Tom&aacute;s de Aquino, Maestro Eckart y San Vicente Ferrer (Caiceo, 2014, p. 20-21). A estos fil&oacute;sofos se los ubica dentro de la escol&aacute;stica, el cual es un movimiento filos&oacute;fico-teol&oacute;gico que se da entre los siglos XI y mediados del XV; en &eacute;l se utiliza la filosof&iacute;a grecolatina para comprender mejor la revelaci&oacute;n cristiana; se produc&iacute;a una coordinaci&oacute;n entre la fe y la raz&oacute;n, subordin&aacute;ndose &eacute;sta a la primera; por lo mismo, se se&ntilde;alaba que la filosof&iacute;a era esclava de la teolog&iacute;a (philosophia ancilla theologiae). Para Merino (1993: XXI), <i>&quot;los escol&aacute;sticos eran profesionales de la fe, y por eso hac&iacute;an teolog&iacute;a. Como asimismo eran profesionales de la raz&oacute;n, y por eso hac&iacute;an filosof&iacute;a&quot;. </i>Por lo mismo,</p>      <blockquote>&quot;la filosof&iacute;a medieval se caracteriza por un fuerte sentimiento de trascendencia y por su vinculaci&oacute;n a la fe que ofrece a la raz&oacute;n nueva luz y nuevos materiales de reflexi&oacute;n. Su esencial fisonom&iacute;a espiritual est&aacute; apoyada y forjada en el lema agustiniano de 'intellige ut credas, crede ut intelligas' (entiende para que puedas creer, cree para que puedas entender)&quot; (Merino, 1993)</blockquote>      <p>La escol&aacute;stica dej&oacute; atr&aacute;s a la <i>patr&iacute;stica, </i>que fue la filosof&iacute;a propia de los inicios del cristianismo; en efecto, con la extensi&oacute;n de la fe cristiana a partir del siglo II, surgen los denominados Padres de la Iglesia -de ah&iacute; el nombre de patr&iacute;stica-, quienes exponen y hacen entendible el cristianismo a los no cristianos, basado en la filosof&iacute;a greco-romana imperante. En s&iacute;ntesis, la <i>patr&iacute;stica </i>se caracteriza por la defensa racional de la fe cristiana frente a los ataques del paganismo filos&oacute;fico y religioso y la aceptaci&oacute;n de las verdades filos&oacute;ficas conciliables con la revelaci&oacute;n cristiana; as&iacute;, por ejemplo, San Agust&iacute;n, considerado el &uacute;ltimo Padre de la Iglesia, cristianiza la filosof&iacute;a plat&oacute;nica.</p>      <p>Ambas &Oacute;rdenes religiosas nacen para restaurar el catolicismo en sus or&iacute;genes evang&eacute;licos; ambas instituciones se destacan por la predicaci&oacute;n y el ejemplo de vida mendicante. Por lo tanto, podr&iacute;a pensarse que deber&iacute;an haberse dedicado solamente a ense&ntilde;arle al pueblo desde el p&uacute;lpito, las escuelas y las parroquias. Sin embargo, sus miembros se dan cuenta de que el pensamiento teol&oacute;gico y filos&oacute;fico relevante se est&aacute; dando en las universidades; por lo mismo, tambi&eacute;n van all&iacute; y, tal como se ver&aacute;, en los cap&iacute;tulos siguientes, importantes fil&oacute;sofos franciscanos -objeto de este texto- sobresaldr&aacute;n en las principales universidades de la &eacute;poca, especialmente en Oxford y en Par&iacute;s. Tambi&eacute;n hay que tener presente que, como ambas &Oacute;rdenes crecieron r&aacute;pidamente, necesitaban lugares de alto nivel para formar a sus frailes.</p>      <p>Algo similar ocurrir&aacute; a partir del descubrimiento de Am&eacute;rica, puesto que ambas &Oacute;rdenes Religiosas vendr&aacute;n con los conquistadores y se destacar&aacute;n por su defensa de los ind&iacute;genas. Entre ellos, cabe mencionar a los franciscanos San Francisco Solano, el beato Sebasti&aacute;n de Aparicio y Fray Luis de Bola&ntilde;os; y a los dominicos fray Antonio Montesinos y fray Bartolom&eacute; de las Casas. La filosof&iacute;a tambi&eacute;n ser&aacute; preocupaci&oacute;n de los franciscanos en esta parte del mundo; en el caso de Chile sobresalen dos importantes fil&oacute;sofos: Alonso Brice&ntilde;o en la colonia y Eduardo Rosales en el siglo pasado.</p>      <p><b>Principales Centros Universitarios Franciscanos.</b></p>      <p>Respecto a la incursi&oacute;n en los centros educacionales superiores de los franciscanos, ella comenz&oacute; en Bolonia, Italia, centro universitario muy importante en el siglo XIII. All&iacute; aparecieron los Frailes Menores con Bernardo de Quintavalle, hacia 1211. San Francisco visit&oacute; en dos ocasiones el lugar (1220 y 1222), concedi&eacute;ndole en la segunda visita la calidad de Lector en Teolog&iacute;a a San Antonio de Padua, quien se convirti&oacute;, de esta manera, en el primer profesor en Ciencia Sagrada de los franciscanos. Sin embargo, en la universidad no exist&iacute;a Facultad de Teolog&iacute;a y, por lo tanto, los Frailes Menores estudiaban s&oacute;lo en el Convento de Bolonia.</p>      <p>Para entender la filosof&iacute;a franciscana hay que entender los presupuestos que la originaron. Por lo mismo,</p>      <blockquote>&quot;la filosof&iacute;a franciscana hay que ubicarla y encuadrarla en el contexto socio-cultural y en la 'situaci&oacute;n' en la que se forj&oacute;. Es hija de su tiempo y de sus circunstancias, que corresponden a la &eacute;poca del Medievo. Esta toma de conciencia hist&oacute;rica nos preparar&aacute; para detectar y distinguir lo que es simple producto y efecto epocal de aquello que es v&aacute;lido y vigente de un sistema doctrinal. Es evidente que ciertas cosas que se escribieron entonces hoy no se dir&iacute;an, como asimismo ciertas cosas que se silenciaron en aquel tiempo actualmente se proclamar&iacute;an&quot; (Merino, 1993)</blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La incursi&oacute;n propiamente a la universidad, por parte de los franciscanos, comenz&oacute; en Oxford, Inglaterra en 1224 (Merino, 1993, p. 25). Por la pr&aacute;ctica de la pobreza y el cultivo de la ciencia se ganaron r&aacute;pidamente la simpat&iacute;a de los estudiantes y especialmente del Canciller de la universidad, Roberto Grosseteste; esta autoridad -quien despu&eacute;s ser&aacute; Obispo de Lincoln- cre&oacute; cursos p&uacute;blicos en el Convento de los Frailes Menores en 1228, transform&aacute;ndose en el centro de la Facultad de Teolog&iacute;a de Oxford; un rol importante desempe&ntilde;&oacute; el Provincial de Inglaterra, fray &Aacute;ngel de Pisa (Merino, 1993, p. 26). Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, los propios franciscanos eran los profesores, destac&aacute;ndose Ad&aacute;n de Marsch y Tom&aacute;s de York, disc&iacute;pulos de Grosseteste. De esta forma, se inici&oacute; un movimiento teol&oacute;gico-filos&oacute;fico de importancia, pues las ense&ntilde;anzas se basaban en tratados &aacute;rabes y traducciones recientes de Arist&oacute;teles y obras neoplat&oacute;nicas, no usadas anteriormente. La situaci&oacute;n es tal que, algunos autores como Dorothea Elizabeth Sharp (1930, p. 52), sostienen que Arist&oacute;teles lleg&oacute; a Occidente no a trav&eacute;s del dominico San Alberto Magno, como sostiene Mandonnet, sino que a trav&eacute;s de la Escuela Franciscana de Oxford. Aqu&iacute; sobresaldr&aacute;n especialmente los dos ya mencionados -Ad&aacute;n y Tom&aacute;s- y John Pecham, Ricardo de Middleton, Roger Bacon, Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockam. Sin embargo, Merino (1993) afirma que es</p>      <blockquote>&quot;la corriente agustiniana la que domina todo el pensamiento franciscano. El hombre puede conocer el mundo, la naturaleza humana y todos los seres de la creaci&oacute;n, pero todo ello servir&iacute;a de muy poco si no se descubre en la naturaleza el 'vestigium Dei', la huella de Dios, y en s&iacute; mismo la 'imago Dei', imagen de Dios, si no percibe la acci&oacute;n divina en el alma&quot;.</blockquote>      <p>Es necesario subrayar que Roberto Grosseteste es el gran impulsor de los fil&oacute;sofos franciscanos en Oxford y que, posteriormente, se trasladan a Par&iacute;s, especialmente en la l&iacute;nea m&aacute;s cient&iacute;fica de los mismos. Al respecto, se afirma:</p>      <blockquote>&quot;fil&oacute;sofo ingl&eacute;s, fuertemente influido por las ideas de Arist&oacute;teles, a quien ley&oacute; a trav&eacute;s de comentaristas &aacute;rabes y jud&iacute;os. Se le considera el fundador de la tradici&oacute;n de pensamiento cient&iacute;fico en el mundo intelectual brit&aacute;nico medieval. Teoriz&oacute; sistem&aacute;ticamente sobre los diferentes aspectos de la ciencia experimental, distinguiendo entre los m&eacute;todos inductivo, experimental y matem&aacute;tico&quot; (Otero y Gibert, 2014, p. 122).</blockquote>      <p>Franciscanos y Dominicos se instalaron en Par&iacute;s, Francia; los primeros, en los suburbios, en el barrio de Saint-Denis en 1219; los segundos se hab&iacute;an instalado un a&ntilde;o antes en pleno centro de la ciudad. Comenz&oacute; as&iacute; una rivalidad de ambas &Oacute;rdenes respecto a la influencia que pod&iacute;an tener en la Universidad de Par&iacute;s; los primeros estaban en desventaja por la distancia en que ten&iacute;an su convento; el Provincial de Francia era fray Gregorio de N&aacute;poles. Sin embargo, esta situaci&oacute;n cambi&oacute; cuando en 1231 se dieron dos hechos relevantes: En primer lugar, el Papa Gregorio IX logr&oacute; que los Frailes Menores pudieran instalarse en tierras de la abad&iacute;a de Saint-Germain de Pr&eacute;s, muy cerca del barrio universitario; en segundo lugar, uno de los m&aacute;s prestigiosos acad&eacute;micos tom&oacute; el h&aacute;bito franciscano, fray Alejandro de Hales, quien hab&iacute;a nacido en Inglaterra y hab&iacute;a iniciado sus estudios en Oxford en donde conoce a Roberto Grosseteste. Alejandro organiza una Escuela que coloca en el primer plano de la universidad, transformando el Convento de los Franciscanos de Par&iacute;s en el centro intelectual m&aacute;s importante de toda la Orden. Le sucede Juan de la Rupella, disc&iacute;pulo del mismo Alejandro. En la primera mitad del siglo XIII, Eudes Rigaud, m&aacute;s tarde Arzobispo de Ru&aacute;n, Guillermo de Meliton, y finalmente San Buenaventura fueron las lumbreras de la c&aacute;tedra de que los Franciscanos eran titulares en la Universidad de Par&iacute;s (Merino, 1993, p. 24); aqu&iacute; tambi&eacute;n estuvo Roger Bacon, aunque &eacute;l estuvo m&aacute;s ligado a Oxford. A la Universidad de Par&iacute;s arribar&aacute; el dominico Santo Tom&aacute;s de Aquino, teniendo c&aacute;tedra paralela con San Buenaventura.</p>      <p>En s&iacute;ntesis, los fil&oacute;sofos franciscanos poseen un <i>&quot;horizonte mental que los distingue de otras escuelas&quot; </i>(Merino, 1993, p. XXVII). <i>Lo fundamental radica en que &quot;una cierta 'experiencia' personal y comunitaria est&aacute; en la base del franciscanismo. Aqu&iacute; la teor&iacute;a y el sistema son el resultado de una vivencia y de una praxis condicionante del pensamiento&quot; </i>(Merino, 1993, p.XXVII).</p>      <p>En el pr&oacute;ximo punto se expondr&aacute; el pensamiento de los principales fil&oacute;sofos franciscanos europeos -quienes estuvieron ligados a las dos principales escuelas ya mencionadas, Oxford (Rogerio Bacon, Beato Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockam; surgieron en aqu&iacute;, pero tambi&eacute;n se desarrollaron en Par&iacute;s) y Par&iacute;s (Alejandro de Hales y San Buenaventura).</p>      <p><b>Pensamiento de los Principales Fil&oacute;sofos Franciscanos.</b></p>      <p>Tal como se indic&oacute; en el punto anterior, hay dos hechos relevantes en los principales fil&oacute;sofos franciscanos: (i) Su participaci&oacute;n activa en la gestaci&oacute;n de la ciencia moderna y (ifi) en una nueva forma de asumir la escol&aacute;stica, combinando la filosof&iacute;a aristot&eacute;lica con la agustiniana.</p>      <p><b>Participaci&oacute;n en la gestaci&oacute;n de la ciencia moderna.</b></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&bull; <b><i>Roger Bacon</i></b></p>      <p>Fil&oacute;sofo que nace en el suroeste de Inglaterra entre 1210; 1220 (Crowley, 1950, p. 21) y muere en Oxford en 1292 (Directorio Franciscano: Enciclopedia Franciscana), es el primer y m&aacute;s importante franciscano en este aspecto; se le conoce como el <i>Doctor Mirabilis </i>por la importancia de su aporte al pensamiento y la cultura. Finalizado sus estudios en Par&iacute;s -que hab&iacute;a iniciado en Oxford-, ingresa como profesor, conociendo al franciscano Alejandro de Hales y al dominico Alberto Magno, con quienes discrepa abiertamente y critica sus planteamientos. Su postura se basa en que no es aceptable seguir ciegamente los planteamientos de autoridades anteriores o te&oacute;logos que no incorporaran un conocimiento nuevo a sus reflexiones teol&oacute;gicas y menos las relacionaran con la filosof&iacute;a y las ciencias; piensa que ello debe incorporarse al plan de estudios universitario. Es en este lugar que, durante su estada, escribe sobre gram&aacute;tica, f&iacute;sica, l&oacute;gica y metaf&iacute;sica (Merino, 1993, p. 130). Otorga una mayor preferencia a las ciencias -denominadas cuadrivio- que a las letras -conocidas como trivio-.</p>      <p>Regresa a Oxford en donde entre 1247 y 1250 toma contacto con Robert Grosseteste y su grupo, lo cual lo lleva a tener una visi&oacute;n cultural m&aacute;s amplia, estudiando la naturaleza y el desarrollo de la t&eacute;cnica. Estas incursiones m&aacute;s las que ya pose&iacute;a de la cultura griega, a trav&eacute;s de los &aacute;rabes, lo condujo a se&ntilde;alar el m&eacute;todo cient&iacute;fico para acceder a la realidad, conocido como el empirismo, lo cual puso en jaque a la escol&aacute;stica tradicional. Por lo mismo, se le conoce como cient&iacute;fico, fil&oacute;sofo y te&oacute;logo. Estando aqu&iacute; solicita libros bastante caros, pues deb&iacute;an copiarse a mano, y tambi&eacute;n diversos instrumentos. Ingresa a la Orden Franciscana, probablemente en el convento de Oxford, entre 1253 y 1257 (Merino, 1993, p. 125).</p>      <p>Desde 1256 Bacon inicia un per&iacute;odo dif&iacute;cil en su vida, pues sufre restricciones de sus superiores para escribir, ya que sus incursiones en la ciencia lo ponen en situaci&oacute;n dif&iacute;cil para su tiempo. Adem&aacute;s, se mantiene siempre fiel a sus ideas y ataca a quienes est&aacute;n en desacuerdo con sus posiciones, aunque fueran franciscanos; por ello, el nuevo director del trabajo intelectual de la Orden que asume ese a&ntilde;o, Richard de Cornwall, y con el cual hab&iacute;a tenido serias disputas, lo env&iacute;a por 10 a&ntilde;os a un Monasterio en Francia en donde su &uacute;nico medio de comunicaci&oacute;n es la escritura. Hay personas que opinan que en realidad Bacon es encarcelado por Jer&oacute;nimo de Ascoli, Ministro General de su Orden (Fraile, 1966, p. 764) en 1278 en Ancona -Italia- por difundir la Alquimia, algo prohibido en la &eacute;poca; sin embargo, hay discrepancias al respecto, pues si ello hubiera ocurrido, fue m&aacute;s bien por su posici&oacute;n radical a favor de la pobreza, de acuerdo al verdadero esp&iacute;ritu del fundador de los franciscanos (Directorio Franciscano, 2014)</p>      <p>Este destacado pensador franciscano vive intensamente las angustias y esperanzas de su tiempo. Por lo mismo, Merino lo describe como</p>      <blockquote>&quot;un intelectual apasionado y comprometido con su &eacute;poca, de la que hace una descripci&oacute;n apocal&iacute;ptica. Vio, oy&oacute;, observ&oacute;, compar&oacute; y critic&oacute; la sociedad, la Iglesia y la universidad, y propuso una alternativa cultural articulada y fundamentada en una teor&iacute;a sin&oacute;ptica de los diversos saberes. Los juicios severos y c&aacute;usticos que hace de casi toda la cultura y los maestros de su tiempo est&aacute;n motivados por el amor a la Iglesia y a la sociedad&quot; (Merino, 2014, p. 525).</blockquote>      <p>La pr&aacute;ctica cient&iacute;fica que adquiere Bacon en su formaci&oacute;n lo lleva a tomar conciencia de los errores existentes en el debate acad&eacute;mico de ese entonces. Ning&uacute;n profesor aprende griego para leer directamente a Arist&oacute;teles o las Sagradas Escrituras; de all&iacute; que se nutren s&oacute;lo de malas traducciones. Eso molesta fuertemente a Bacon; seg&uacute;n &eacute;l, la ciencia f&iacute;sica no se desarrollaba por experimentos, sino que por argumentos basados en la tradici&oacute;n. De esta forma, Bacon se margina de la rutina escol&aacute;stica y se transforma en un estudioso de las lenguas y la investigaci&oacute;n experimental; por lo mismo, realiza varios experimentos, entre ellos, los de &oacute;ptica (Caiceo, 2014, p. 33). Resulta muy importante subrayar que Roger Bacon se adelanta 300 a&ntilde;os al planteamiento que har&aacute; Francis Bacon, tambi&eacute;n ingl&eacute;s, en su obra <i>Novum Organum o Indicaciones Relativas a la Interpretaci&oacute;n de la Naturaleza, </i>publicada en 1620; aqu&iacute; plantea la necesidad de poner en pr&aacute;ctica el m&eacute;todo emp&iacute;rico para desarrollar la ciencia; consagra definitivamente el m&eacute;todo inductivo, es decir, partir de los hechos presentes o descubiertos en la realidad, para encontrar los principios o leyes. Este nuevo m&eacute;todo, propio de la ciencia moderna contrasta con el m&eacute;todo deductivo, propio de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica, especialmente utilizado por Arist&oacute;teles (Caiceo, 2013, p. 11). El propio Francis Bacon y el alem&aacute;n Johannes Kepler, contempor&aacute;neo suyo, realizan, al igual que Roger Bacon experimentos sobre &oacute;ptica. &iquest;En qu&eacute; medida influy&oacute; Roger en estos cient&iacute;ficos modernos? Posiblemente leyeron los textos de la <i>Summa Scientiarum de Roger </i>y tomaron conciencia de sus esfuerzos de tres siglos antes por instaurar la ciencia y ello los motiv&oacute; m&aacute;s en el desarrollo de la misma. La preocupaci&oacute;n cient&iacute;fica de Roger Bacon se percibe claramente en esta frase: <i>&quot;la matem&aacute;tica es la puerta y la llave de toda ciencia&quot; </i>y en especial para la teolog&iacute;a (Fraile, 1966, p. 762). <i>&quot;Sin la matem&aacute;tica no es posible entender la gram&aacute;tica y la l&oacute;gica&quot; Opus Maius IV </i>(p. 99-100) (citado por Fraile, 1966, p. 766).</p>      <p>El mismo Bacon relata en su <i>Opus Tertium </i>el cambio cultural que le significa el encuentro con Grosseteste:</p>      <blockquote>&quot;Durante veinte a&ntilde;os, en los que me he aplicado especialmente al estudio de la sabidur&iacute;a, he despreciado el modo com&uacute;n de pensar y he gastado m&aacute;s de 2.000 libras en adquirir obras secretas para hacer experiencia directa de las cosas m&aacute;s diversas, para aprender las lenguas, para procurarme instrumentos cient&iacute;ficos, tablas astron&oacute;micas y otras cosas, como asimismo para lograr la amistad de los sabios, para instruir a los colaboradores en el conocimiento de las lenguas, en las figuras geom&eacute;tricas, en los c&aacute;lculos aritm&eacute;ticos, en el uso de las tablas, de los instrumentos y de muchas cosas m&aacute;s&quot; (Citado por Merino, 1993, p. 108).</blockquote>      <p>Roger Bacon elabora un proyecto acerca de todo el saber humano que lo escribir&iacute;a como <i>Summa Scientiarum; </i>lo anterior lo puso en conocimiento del Cardenal Guy le Gros de Folques, quien se interes&oacute; por ello y le solicit&oacute; que escribiese la obra completa. El pensador ingl&eacute;s estaba restringido por una regla de la orden franciscana que le prohib&iacute;a publicar trabajos sin un permiso especial, por lo cual duda inicialmente de comenzar tama&ntilde;o trabajo. Sin embargo, el Cardenal se convierte en el Papa Clemente IV e insisti&oacute; con Bacon que ignorase tal prohibici&oacute;n y que escribiera el libro en secreto. De esta forma. Comienza escribiendo el primer volumen con el nombre de <i>Opus Maius </i>(1266/1268), el cual es un tratado sobre las ciencias de la &eacute;poca: Gram&aacute;tica, L&oacute;gica, Matem&aacute;ticas, F&iacute;sica y Filosof&iacute;a; se lo env&iacute;a al Papa en 1267. Luego prosigue con el segundo volumen, al cual denomina <i>Opus Minus </i>(1267), tambi&eacute;n conocido como Opus Secundum, que contienen un resumen de los principales planteamientos de la obra anterior. Finalmente, en 1268 env&iacute;a el tercer volumen con el nombre de <i>Opus Tertium </i>(1267/1268). El Papa muere y no alcanza a conocer la obra que &eacute;l hab&iacute;a instado a realizar (Merino 1993, p. 530). En toda la obra se percibe un an&aacute;lisis de los males del cristianismo, de la Iglesia y de la cultura y, al mismo tiempo, propone los remedios para llegar a una <i>aetas nova </i>(Merino, 1993, p. 531). En los vol&uacute;menes 2 y 3 arremete fuertemente contra algunos planteamientos de Alejandro de Hales; seguramente ello se funda en que Alejandro se basa en traducciones aristot&eacute;licas de los &aacute;rabes y en que acepta la deducci&oacute;n como m&eacute;todo exclusivo para desarrollar el saber. La misma cr&iacute;tica al m&eacute;todo aristot&eacute;lico har&aacute;n tres siglos despu&eacute;s los padres de la ciencia moderna, especialmente Francis Bacon y Johannes Kepler, mencionados anteriormente. Estas cr&iacute;ticas significan que Roger Bacon sea recibido en Par&iacute;s con aplausos, como si fuera un personaje de la talla de Arist&oacute;teles, Averroes o Avicena (Caiceo, 2014, p. 34).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1292, a&ntilde;o de su muerte, se publica su &uacute;ltima obra: <i>Compendium studifi theologiae, </i>obra interesante porque en ella vincula sus primeras investigaciones sobre l&oacute;gica y teor&iacute;a de los signos con su idea unitaria del saber filos&oacute;fico-teol&oacute;gico.</p>      <p>Su posici&oacute;n filos&oacute;fica se acerca m&aacute;s a la de Avicena; &eacute;l mismo se&ntilde;ala que <i>&quot;Avicena fue mayor que Averroes y el principal int&eacute;rprete de Arist&oacute;teles&quot; Opus Tertium, </i>(citado por Fraile, 1966, p. 767).</p>      <p>Para Bacon hay tres fuentes de conocimiento: la autoridad, la raz&oacute;n y la experiencia, siendo la tercera la fundamental, ya que la autoridad por s&iacute; misma no basta y la raz&oacute;n requiere de la experiencia. Existe una experiencia externa, la cual proviene de los sentidos, y una experiencia interna, derivadas de las inspiraciones divinas; es decir, el iluminismo est&aacute; presente en este pensador (Fraile, 1966, p. 769). &iquest;Ser&aacute; esto &uacute;ltimo influencia plat&oacute;nica o agustiniana?</p>      <p>En opini&oacute;n de &Eacute;tienne Gilson, gran estudioso de la Filosof&iacute;a de la Edad Media, lo sorprendente de Roger Bacon, m&aacute;s que su doctrina es</p>      <blockquote>&quot;ese esp&iacute;ritu que lo anima, que le confiere su inter&eacute;s y le asegura un puesto permanente en la historia de las ideas. Si se piensa en las condiciones miserables en las que R. Bacon vivi&oacute;, en las incontables dificultades, de las que &eacute;l mismo se lament&oacute; sin cesar, porque le impidieron escribir, uno queda at&oacute;nito ante ese genio desdichado que solo en el siglo XIII, y tal vez hasta Augusto Comte, so&ntilde;&oacute; una s&iacute;ntesis total del saber cient&iacute;fico, filos&oacute;fico y religioso para conseguir la unidad de la sociedad universal de todo el g&eacute;nero humano&quot; (Gilson, 1947, p. 482).</blockquote>      <blockquote>Otero y Gibert (2014, p. 28) sostienen sobre Roger Bacon:</blockquote>      <blockquote>&quot;Fil&oacute;sofo ingl&eacute;s, una curiosa mezcla de persona interesada en la alquimia y la magia y, al mismo tiempo, en las matem&aacute;ticas y los m&eacute;todos experimentales. Defendi&oacute; la relevancia de estos &uacute;ltimos para el mejoramiento del conocimiento humano, al que concibi&oacute; como un medio para la instauraci&oacute;n de una rep&uacute;blica cristiana&quot;.</blockquote>      <p>&bull; <b>Guillermo de Ockham.</b></p>      <p>Seg&uacute;n algunas fuentes es natural de Ockham, al sur de Londres; nace entre 1280 y 1288, aunque se se&ntilde;ala expl&iacute;citamente el a&ntilde;o 1285 o el 1295 en Fraile (1996, p. 780); muere en Munich en 1349. Por su trayectoria existencial se le conoce como el <i>Doctor Invincibilis, el Venerabilis Inceptor o el Doctor Singular </i>(L&oacute;pez, 2012: 265). Ingresa muy joven a la Orden Franciscana y estudia, primero en el Convento de Londres y, luego en Oxford, obteniendo el grado de Bachiller, seg&uacute;n algunos o el de Maestro, seg&uacute;n otros entre los a&ntilde;os 1616 a 1620; ejerce como lector de las Sentencias de Pedro Lombardo en Oxford; ense&ntilde;a en Par&iacute;s hasta 1323, a&ntilde;o en que es acusado de herej&iacute;a y es citado a la Corte Pontificia en Avi&ntilde;&oacute;n; otros, afirman que solo estudia en Oxford y Par&iacute;s y se dedica a escribir sus textos m&aacute;s pol&eacute;micos por los cuales es juzgado y por los cuales se le recuerda en el plano teol&oacute;gico y filos&oacute;fico; sin embargo, todos coinciden en que fue disc&iacute;pulo del Beato Juan Duns Escoto.</p>      <p>El Canciller de la Universidad de Oxford, Juan Luterell, realiza las acusaciones en contra de Fray Guillermo; el Papa Juan XXII nombra una Comisi&oacute;n de seis te&oacute;logos para examinar los escritos del fraile franciscano: el propio acusador, dos Obispos de la Orden de Ermita&ntilde;os de San Agust&iacute;n, dos dominicos y Durando de Saint Pour&ccedil;ain, quienes entre 1324 y 1328 examinan las 51 proposiciones extractadas de sus comentarios a las Sentencias de Pedro Lombardo; Ockham mantiene su postura y finalmente el Papa no lo condena sino que solo lo censura; para reconciliarse escribe su obra <i>De Sacramento Altaris </i>con elementos de ortodoxia (Fraile, 1996, p. 785). Existen otros desencuentros entre los franciscanos denominados <i>conventuales y los espirituales </i>acerca de la pobreza, por una parte, y entre el Emperador Luis IV y el Papa Juan XXII, por otra. Frente a estos acontecimientos, Guillermo de Ockham, molesto por su retenci&oacute;n en Avi&ntilde;&oacute;n, apoya la posici&oacute;n de su Ministro Superior y de Luis IV. Junto a su Superior y a Bonagrazia de B&eacute;rgamo, Francisco de Ascoli y Enrique Thalheim redactan en mayo de 1328 un documento en contra del Papa; a continuaci&oacute;n huyen, primero a Italia y luego a Alemania (Baviera). Esta situaci&oacute;n significa la excomuni&oacute;n, en 1327, del Superior Franciscano y sus tres acompa&ntilde;antes. El centro de la controversia franciscana y el papado es la discusi&oacute;n sobre la verdadera pobreza apost&oacute;lica. Ockham, por su parte, lo que busca es limitar el poder extralimitado del Papado y circunscribirlo a la realidad evang&eacute;lica (L&oacute;pez, 2012, p. 270). Muerto el Papa, la lucha prosigue en contra de Benedicto XII; sin embargo los rebeldes van muriendo y solo queda vivo Fray Guillermo, quien remite el sello de la Orden -dejado a &eacute;l en custodia por Fray Miguel- al Cap&iacute;tulo General de Verona en 1348, para que se entregara al nuevo General, Fray Guillermo Farinier, gesto que es tomado como una cesaci&oacute;n de la lucha y, en cierta forma, sumisi&oacute;n a la nueva autoridad de su Orden (Fraile, 1996, p. 786). Fue rehabilitado p&oacute;stumamente por la Iglesia oficial en 1359.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los escritos anteriores a su permanencia en Avi&ntilde;&oacute;n son de corte teol&oacute;gico-filos&oacute;fico; en cambio, los posteriores, son de orden filos&oacute;fico-pol&iacute;tico, por su insistencia en la separaci&oacute;n de poderes.</p>      <p>Las obras filos&oacute;ficas y teol&oacute;gicas de Ockham han sido publicadas en una edici&oacute;n cr&iacute;tica latina en 17 tomos correspondientes a dos series: Obras teol&oacute;gicas (10 tomos) y obras filos&oacute;ficas (7 tomos) por profesores del <i>Franciscan Institute, </i>vinculado a la Universidad de San Buenaventura de Nueva York entre 1967 y 1988 con el t&iacute;tulo gen&eacute;rico: <i>Opera Philosophica et Theologica ad fidem codicum manuscriptorum </i>editado por el Instituto Franciscano de la Universidad de San Buenaventura de Nueva York. La mayor&iacute;a de sus obras pol&eacute;micas han sido publicadas por un equipo dirigido por Offer entre 1956 y 1997. Este trabajo se ha desarrollado fundamentalmente en Inglaterra (Caiceo, 2014, p. 56).</p>      <p>El pensamiento de Guillermo de Ockham supone un giro del pensamiento escol&aacute;stico: es casi una disoluci&oacute;n del mismo; es considerado el &uacute;ltimo gran fil&oacute;sofo de la Edad Media y el m&aacute;s grande nominalista de la historia; junto a su hermano de la Orden, Beato Juan Duns Escoto, son considerados <i>&quot;los dos metaf&iacute;sicos m&aacute;s profundos que jam&aacute;s vivieron&quot; </i>(Pierce, 1869 en Caiceo, (2014, p 56) , los cuales ponen fin a una etapa de la filosof&iacute;a cristiana, encabezada por las s&iacute;ntesis agustiniana de San Buenaventura y la aristot&eacute;lica de Santo Tom&aacute;s e inician una nueva: separaci&oacute;n entre la raz&oacute;n y la fe, entre la filosof&iacute;a, que gana independencia, y la teolog&iacute;a; son considerados fil&oacute;sofos relevantes del medievo, junto a Agust&iacute;n de Hipona, Alberto Magno, Tom&aacute;s de Aquino, Buenaventura de Fidanza, Nicol&aacute;s de Cusa y Giordano Bruno (Gilson, 1947, p. 128) ; (Fraile, 1996, p. 788). Ockham es mucho m&aacute;s radical y para &eacute;l no se puede demostrar racionalmente ni la existencia de Dios ni los atributos divinos; estos problemas quedan para el &aacute;mbito de la revelaci&oacute;n, propio de la Teolog&iacute;a.</p>      <p>Fray Guillermo, principal nominalista de la historia, es considerado por algunos como el padre de la epistemolog&iacute;a y de la filosof&iacute;a moderna, en consideraci&oacute;n a su estricta argumentaci&oacute;n de que solo los individuos existen, m&aacute;s que los universales -los cuales son esencias o formas supra individuales-, y que los universales son producto de la abstracci&oacute;n de individuos por parte de la mente humana y no tienen existencia fuera de ella. Ockham es considerado por algunos especialistas como un defensor del conceptualismo m&aacute;s que del nominalismo, ya que mientras los nominalistas sostienen que los universales son meros nombres, es decir, palabras m&aacute;s que realidades existentes, los conceptualistas sostienen que son conceptos mentales, es decir, los nombres son nombres de conceptos, que s&iacute; existen, aunque s&oacute;lo en la mente (Fraile, 1966, p. 790).</p>      <p>La confianza puesta por Guillermo de Ockham en la experiencia directa (conocimiento intuitivo) y la negaci&oacute;n de la existencia de los universales suponen un precedente de lo que m&aacute;s tarde va a constituir el denominado empirismo moderno ingl&eacute;s. Su postura es continuaci&oacute;n de la corriente iniciada en Oxford por Roberto Grosseteste y seguida por Roger Bacon. El empirismo cient&iacute;fico lo recoge e inicia a fines del siglo XVI el tambi&eacute;n ingl&eacute;s Francis Bacon y en el plano filos&oacute;fico lo fundamenta en el siglo siguiente el tambi&eacute;n ingl&eacute;s John Locke (R&aacute;bade, 1996, p. 150). Esta posici&oacute;n centrada en el conocimiento de la realidad por la intuici&oacute;n, valorando la experiencia, hace que por ese camino filos&oacute;fico, Ockham <i>&quot;se convierte en el precursor de la investigaci&oacute;n naturalista propia del Renacimiento&quot; </i>(L&oacute;pez, 2012, p. 265).</p>      <p>En relaci&oacute;n a su posici&oacute;n sobre el conocimiento se se&ntilde;ala:</p>      <blockquote>&quot;Defendi&oacute; la inducci&oacute;n sobre la base de sostener el conocimiento intuitivo -percepci&oacute;n de cosas individuales a trav&eacute;s de los sentidos- y de respaldar el principio de econom&iacute;a. Pero en franca oposici&oacute;n a las de Grosseteste y Duns Escoto, y en general a la influencia aristot&eacute;lica, mantuvo una actitud esc&eacute;ptica frente a la posibilidad de conocer las conexiones causales particulares. Sostuvo que las relaciones entre las cosas no ten&iacute;an realidad objetiva, sino que eran conceptos formados por la mente. En consecuencia, las explicaciones de la filosof&iacute;a natural no pod&iacute;an ser necesarias sino probables. Debi&oacute; comparecer ante una Comisi&oacute;n Papal por sus ense&ntilde;anzas, algunas consideradas her&eacute;ticas&quot; (Otero y Gibert, 2014, p. 183-184).</blockquote>      <p>En el &aacute;mbito de la l&oacute;gica, Ockham trabaja en direcci&oacute;n a lo que m&aacute;s tarde se llamar&iacute;a Leyes de De Morgan y l&oacute;gica ternaria, es decir, un sistema l&oacute;gico con tres valores de verdad, concepto que ser&iacute;a retomado en la l&oacute;gica matem&aacute;tica de los siglos XIX y XX (L&oacute;pez, 2012, p. 270).</p>      <p>Por su defensa de la libertad de conciencia en su postura frente al Papado, se afirma que Lutero lo toma como su maestro (L&oacute;pez, 2012, p. 265). Por otra parte, la posici&oacute;n de Fray Guillermo se liga con el laicismo, es decir, el rol que deben tener los laicos en la Iglesia, situaci&oacute;n que se consolida definitivamente s&oacute;lo en el Concilio Vaticano II (1962-1965). Ockham plantea que un gobernante aunque sea coronado por una autoridad eclesi&aacute;stica (Papa u Obispo), &eacute;ste no tiene derecho a deponerlo; declara que los cl&eacute;rigos deben ser fieles con los laicos y el derecho de ellos de resistir a la hostilidad clerical (Ockham, 1992: 189 y ss.).</p>      <p><b>Los Franciscanos y una nueva forma de asumir la escol&aacute;stica.</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&bull; <b>Alejandro de Hales.</b></p>      <p>Nace en la actual Owen (ex Hales) en Inglaterra, probablemente en 1185 o 1186; muere en Par&iacute;s el 21 de agosto de 1245 (AA, 1907: 235), v&iacute;ctima de una grave enfermedad, despu&eacute;s de haber participado en el Concilio de Lyon realizado ese mismo a&ntilde;o (Merino, 1993: 590). En 1231 ingresa a la Orden Franciscana en Par&iacute;s, compatibilizando su rol de fraile, profesor de la Facultad y del curso en el Convento.</p>      <p>Sus principales obras son tres: La principal, encomendada por Inocencio IV fue la <i>Summa Theologiae o Summa Universae Theologiae; </i>qued&oacute; sin finalizar y la completaron alumnos de Alejandro despu&eacute;s de su muerte. De ella existen varias publicaciones: Venecia, 1475 y 1576; Nuremberg, 1481 y 1502; Pav&iacute;a, 1481; Colonia, 1622. Sus otras dos obras son: <i>Glossa in quatuor libros Sententiarum Petri Lombardi y las Quaestiones disputatae antequam esset frater. </i>La primera obra la inici&oacute; a pedido de Inocencio IV -tal como se indic&oacute; precedentemente- y aprobada finalmente por Alejandro IV, despu&eacute;s de ser sometida a juicio de un grupo de setenta te&oacute;logos, quienes la encontraron excelente y la juzgaron como un texto modelo para todos los maestros de teolog&iacute;a. Por este escrito se le conoce como el <i>Doctor Irrefragabilis </i>(Merino, 1993, p. 555).</p>      <p>Su pensamiento fundamental se encuentra en su primera obra y su importancia para la historia de la teolog&iacute;a y de la filosof&iacute;a radica en haber sido el primero en intentar una exposici&oacute;n sistem&aacute;tica de la doctrina cat&oacute;lica, despu&eacute;s de que las obras metaf&iacute;sicas y f&iacute;sicas de Arist&oacute;teles se hab&iacute;an dado a conocer a los maestros (AA, 1907, p. 248). Para desarrollar su obra utiliza el m&eacute;todo propio de la escol&aacute;stica, denominado <i>disputatio </i>o disputa: Cada punto que desarrolla lo denomina art&iacute;culo, frente al cual coloca las objeciones existentes; luego indica las tesis con pruebas b&iacute;blicas, de la patr&iacute;stica y juiciosas con antecedentes de poetas y fil&oacute;sofos griegos, latinos y musulmanes, y te&oacute;logos posteriores; inaliza con la resoluci&oacute;n, entregando respuesta a las objeciones indicadas primeramente. La <i>Summa </i>est&aacute; dividida en cuatro partes: la primera trata de Dios y sus atributos; la segunda, de las criaturas y el pecado; la tercera de Cristo, la salvaci&oacute;n y la expiaci&oacute;n; la cuarta, de los sacramentos (AA., 1907, p. 250).</p>      <p>Seg&uacute;n <i>The Catholic Encyclopedia </i>(1907, p. 253), Alejandro de Hales cita en cada <i>Quaestio </i>(Cuesti&oacute;n o Pregunta) a Arist&oacute;teles; tambi&eacute;n a los comentadores &aacute;rabes del mismo, especialmente a Avicena, preparando, de esta forma, el camino para que San Alberto, Santo Tom&aacute;s, San Buenaventura y Duns Escoto conocieran bien al estagirita y fuera llamado por ellos como el Fil&oacute;sofo. Sin embargo, existen otros comentarios en torno a que su mayor inspiraci&oacute;n fue la filosof&iacute;a agustiniana (Merino, 1993, p. 557). Independientemente de esta discusi&oacute;n, lo importante es que Alejandro de Hales fue uno de los principales exponentes de la escol&aacute;stica medieval; que con San Buenaventura ser&aacute;n los mayores representantes de la Escuela de Par&iacute;s de la Orden Franciscana y de la universidad del mismo nombre durante el siglo XIII; y que el mayor exponente dominico de ese siglo y gran defensor de Arist&oacute;teles -por algo se le conoce como el cristianizador del Fil&oacute;sofo-, Santo Tom&aacute;s de Aquino, tuvo como referente para su <i>Summa Theologiae la Summa Universae Theologiae </i>del &quot;Doctor Irrefragabilis&quot;; m&aacute;s a&uacute;n, seg&uacute;n Juan Gerson (1987, p. 12), cuando alguien le pregunt&oacute; a Santo Tom&aacute;s cu&aacute;l era la mejor manera de estudiar teolog&iacute;a, replic&oacute; que era la de seguir a un Maestro, refiri&eacute;ndose a Alejandro de Hales.</p>      <p>En cuanto a la filosof&iacute;a de Alejandro, su tem&aacute;tica es amplia y abarca temas sobre la contingencia del mundo, la teor&iacute;a hilem&oacute;rica, la teor&iacute;a del conocimiento, la antropolog&iacute;a y sobre la existencia y esencia de Dios.</p>      <p>En relaci&oacute;n a la contingencia del mundo se aparta de la postura aristot&eacute;lica que afirmaba la eternidad del mismo; en ello sigue a los planteamientos de Grosseteste, acad&eacute;mico de Oxford. Hales afirma que la eternidad es una categor&iacute;a divina y una propiedad propia de Dios. <i>&quot;Por lo tanto, ning&uacute;n ser, fuera de &Eacute;l, puede ser eterno. Ni el mundo en cuanto tal ni las cosas particulares pueden gozar de esa categor&iacute;a eterna&quot; </i>(Merino, 1993, p. 14).</p>      <p>Respecto a la teor&iacute;a hilem&oacute;rfica asume y defiende el planteamiento de Arist&oacute;teles. Esta teor&iacute;a afirma que la esencia de todo ser consta de materia y forma. La materia es de lo que est&aacute; constituida la esencia de un ser y la forma es c&oacute;mo se determina tal materia. Una silla, por ejemplo consta de madera y fierro, pero quien determina que esa madera y ese fierro sea silla es su forma; en el caso del hombre, la materia es su cuerpo y la forma es su esp&iacute;ritu (Caiceo, 1992, p. 25). A su vez, esta composici&oacute;n o estructura del ser se complementa con otra, la de acto y potencia; por la primera un ser es algo en acto (los estudiantes de este colegio son alumnos e hijos) y algo m&aacute;s en potencia (el mismo alumno en potencia es padre, madre, profesional) (Caiceo, 1992, p. 26). En el fondo todos los seres constan de partes y ellas tienen sentido por el todo.</p>      <p>Para comprender la teor&iacute;a del conocimiento, Hales aplica las estructuras del ser ya se&ntilde;aladas, materia y forma y acto y potencia. Por lo mismo, distingue en el esp&iacute;ritu humano (en su forma) una actividad y una pasividad; el entendimiento agente es lo primero; y el entendimiento posible es lo segundo. Ambas partes son dos diferencias en el alma racional (la humana) para llevar a cabo el proceso del conocimiento. Textualmente, Hales se&ntilde;ala:</p>      <blockquote>&quot;El entendimiento agente y el entendimiento posible son dos diferencias en el alma racional; de lo cual la una, es decir, el entendimiento agente, est&aacute; de la parte de la forma del alma misma, en cuanto esp&iacute;ritu; y la otra, es decir, el posible, est&aacute; de parte de la materia, con la que es ente en potencia respecto a los cognoscibles que se hacen en esa parte&quot; (Hales, 1924-1948, p. 452).</blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto al problema de los Universales, tan com&uacute;n en la Escol&aacute;stica,</p>      <blockquote>&quot;Alejandro asume la posici&oacute;n de un metaf&iacute;sico y de un psic&oacute;logo, alcanzando as&iacute; una conclusi&oacute;n, a la cual sus precursores del siglo XII nunca hubieran podido alcanzar, al argumentar la pregunta &uacute;nicamente desde el punto de vista dial&eacute;ctico; &eacute;l ense&ntilde;&oacute; que los Universales existieron 'ante rem' (antes de que la cosa o ser exista), en la mente de Dios, y tambi&eacute;n 'in re' (en la cosa o ser mismo), como formas o esencias del intelecto activo abstracto. Esta es la conclusi&oacute;n del Realismo Moderado&quot; (AA, 1907, p. 260).</blockquote>      <p>Su planteamiento sobre el hombre est&aacute; basado tambi&eacute;n sobre la teor&iacute;a hilem&oacute;rica aristot&eacute;lica, afirmando que es un compuesto de cuerpo (materia) y alma racional (forma); sin embargo, la interpretaci&oacute;n y explicaci&oacute;n de esta uni&oacute;n de cuerpo y alma racional la realiza en perspectiva agustiniana; textualmente se&ntilde;ala:</p>      <p>&quot;El alma racional se une a su cuerpo como el motor movible y como la perfecci&oacute;n formal a la realidad que perfecciona&quot; (Hales, 1924-1948) ... &quot;El alma tiene con el cuerpo la misma relaci&oacute;n que el marinero tiene con la nave. Pero el marinero, seg&uacute;n la substancia, se distingue de la nave, pues mueve la nave y (ella) s&oacute;lo accidentalmente se mueve; por lo tanto, el alma es substancia distinta del cuerpo&quot; (p. 420).</p>      <p>El alma racional posee tres facultades que son la intelectiva, la sensitiva y la vegetativa, a juicio de Alejandro, prosiguiendo la postura agustiniana al respecto. Prueba, a su vez, la inmortalidad de la misma con diversos argumentos; uno de ellos y el primero est&aacute; basado en el deseo de felicidad que tiene todo esp&iacute;ritu: Se&ntilde;ala: <i>Dado que el alma, por su propia naturaleza, aspira a la felicidad, en su misma naturaleza ser&aacute; inmortal. Este argumento est&aacute; tomado de la causa final&quot; </i>(Hales, 1960, p. 558).</p>      <p>Uno de los aspectos fundamentales del hombre es su <i>libre arbitrio. </i>Para Alejandro, el <i>arbitrio </i>est&aacute; identificado con la raz&oacute;n y lo libre con la voluntad. El hombre por la raz&oacute;n tiende a la verdad y por la voluntad tiende al bien, pero en la medida que se mencione el <i>libre arbitrio, </i>toca a ambos aspectos a la vez (Merino, 1993, p. 360).</p>      <p>Para este pensador franciscano, el hombre es imagen de Dios, como indica la Biblia en el G&eacute;nesis, no s&oacute;lo por su alma racional, sino que tambi&eacute;n por su composici&oacute;n de cuerpo y alma, de acuerdo al modelo de la encarnaci&oacute;n en la que Cristo asumi&oacute; la naturaleza humana; por lo mismo, el cuerpo participa de la prerrogativa de imagen de Dios en cuanto est&aacute; unido al alma. De esta forma, este autor est&aacute; contra las tesis difundidas en el siglo XII, en el sentido que s&oacute;lo el esp&iacute;ritu es imagen de Dios; ello no es as&iacute;, seg&uacute;n Alejandro, porque el cuerpo tambi&eacute;n es manifestaci&oacute;n del amor de Dios (Merino, 199, p. 362).</p>      <p>Sin embargo, su preocupaci&oacute;n principal se centra en la Teodicea. Sus planteamientos teol&oacute;gicos son muy similares a los de San Buenaventura y Santo Tom&aacute;s de Aquino. En efecto, su tesis inicial, al preguntarse si Dios es cognoscible, sostiene que la mente humana puede saber qui&eacute;n es &Eacute;l, pero no comprender c&oacute;mo es &Eacute;l. Siguiendo su m&eacute;todo parecido a la disputa medieval, al enumerar las pruebas de la existencia de Dios, se&ntilde;ala el argumento de San Agust&iacute;n de la necesidad de una verdad absoluta; el argumento ontol&oacute;gico de San Anselmo; el argumento de Hugo de San V&iacute;ctor del conocimiento y el argumento aristot&eacute;lico de la causalidad . Plante&oacute; que Dios es la causa eficiente &quot;y la causa final de todas las cosas, que &Eacute;l es el creador y el Preservador de todas las cosas, que &Eacute;l es la pura Realidad (Actus Purus)&quot; (AA, 1907, p. 263); concluye en forma muy optimista que todos los hombres, buenos o malos, pueden llegar a conocer la existencia de Dios.</p>      <p>&bull; <b>San Buenaventura.</b></p>      <p>El nombre civil de este importante fil&oacute;sofo franciscano es Juan de Fidanza. Nace en Bagnoreggio, una peque&ntilde;a ciudad cerca de Viterbo en Italia -zona de la Toscana-, seg&uacute;n algunos en 1218 (Merino, 1993, p. 401) y otros en 1221 (Meseguer, 1959, p. 122). Fallece mientras estaba como Padre Conciliar en su calidad de Superior de la Orden Franciscana durante el Segundo Concilio Ecum&eacute;nico de Lyon el 15 de julio de 1274. En 1243 ingresa a la Orden Franciscana, motivado por la sencillez evang&eacute;lica de la misma y por la preocupaci&oacute;n por el saber que la instituci&oacute;n demuestra en sus centros universitarios. Sus estudios de Teolog&iacute;a los finaliza en la Universidad de Par&iacute;s, principal centro acad&eacute;mico de la &eacute;poca; sus maestros m&aacute;s importantes son Fray Alejandro de Hales -a quien admira y lo llama <i>&quot;maestro y padre de feliz memoria&quot; </i>(Merino, 1993, p. 30) y el dominico Alberto Magno; uno de sus compa&ntilde;eros y, pronto colegas, es Tom&aacute;s de Aquino.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El 2 de febrero de 1257 es elegido por la Orden reunida en Cap&iacute;tulo en Roma como el s&eacute;ptimo Ministro General, sucesor de Francisco de As&iacute;s. La instituci&oacute;n religiosa estaba tensionada entre los severos inflexibles, denominados los espirituales, y los que solicitaban que las reglas se mitigaran. Gran trabajo le toca, por lo tanto al nuevo Ministro General: Adapta las reglas en el Cap&iacute;tulo de 1260 que se lleva a cabo en Narbona. Se le conoce como el <i>Ser&aacute;fico Doctor.</i></p>      <p>Aunque dedicado exclusivamente a su vida acad&eacute;mica -combinada, por cierto, con sus deberes religiosos-, debido a su cargo, no est&aacute; m&aacute;s de 10 a&ntilde;os, su producci&oacute;n filos&oacute;fico-teol&oacute;gica es fecunda y, adem&aacute;s, profunda. Posee muchas obras: Seg&uacute;n Merino &amp; Mart&iacute;nez (2004, p. 255) existen siete publicaciones sobre las Obras Completas del <i>Doctor Ser&aacute;fico, </i>comenzando por la primera en Roma en 7 vol&uacute;menes entre 1588 y 1599; la &uacute;ltima es la de la Biblioteca de Autores Cristianos -B.A.C.- en Madrid en 6 vol&uacute;menes desde 1945 en adelante.</p>      <p>El pensamiento de San Buenaventura surge de la s&iacute;ntesis entre escuchar, reflexionar y transmitir; usa la raz&oacute;n, pero tambi&eacute;n el coraz&oacute;n; es un m&iacute;stico que con la filosof&iacute;a pretende que el hombre se acerque a Dios, lo descubra. Para transmitir ese mensaje, que ha meditado, reflexionado e interiorizado, busca el lenguaje ret&oacute;rico m&aacute;s adecuado para convencer, para poder entregar su sabidur&iacute;a. En este sentido, se inspira m&aacute;s en San Agust&iacute;n que en Arist&oacute;teles, pues la filosof&iacute;a y la raz&oacute;n son los elementos que ayudan al alma humana para conducirla hacia Dios. Textualmente se&ntilde;ala: <i>&quot;Algunos (los Predicadores) consideran de manera principal la especulaci&oacute;n 'cuyo nombre tambi&eacute;n aceptaron' y despu&eacute;s la uni&oacute;n (del alma con Dios). Y otros (los Menores) consideran de manera principal la uni&oacute;n y despu&eacute;s la especulaci&oacute;n&quot; </i>(San Buenaventura, 1251 en Fraile, 1996, p. 724). No busca en la filosof&iacute;a y las ciencias un aspecto puramente intelectual o un fin en s&iacute; mismo, <i>&quot;sino que son un medio para elevar el alma a la contemplaci&oacute;n, a la uni&oacute;n y al amor de Dios&quot; </i>(Fraile, 1996, p. 724). Tambi&eacute;n encuentra aspectos propios de la filosof&iacute;a plat&oacute;nica y aristot&eacute;lica que los une en una s&iacute;ntesis con San Agust&iacute;n; indica: <i>&quot;As&iacute; tambi&eacute;n, se ve que entre los fil&oacute;sofos se da lo que Plat&oacute;n denomina discurso de sabidur&iacute;a y Arist&oacute;teles verdadero discurso de la ciencia... Pero de ambos, seg&uacute;n San Agust&iacute;n, brota el discurso de la sabidur&iacute;a y de la ciencia, iluminado por el Esp&iacute;ritu Santo&quot; </i>(San Buenaventura, Sermones selecti, (citado por Fraile, 1996, p. 724/725).</p>      <p>Para Buenaventura la Filosof&iacute;a busca descubrir, aclarar y exponer la verdad. La define textualmente: <i>&quot;La ciencia filos&oacute;fica no es otra cosa que el conocimiento cierto de la verdad en cuanto objeto de investigaci&oacute;n&quot; </i>(San Buenaventura, 1268: col. 4, n. 5). Respecto al objeto de la Filosof&iacute;a, indica: <i>&quot;La filosof&iacute;a trata de las cosas como existen en la naturaleza o en el alma por el conocimiento dado naturalmente o tambi&eacute;n adquirido&quot; </i>(San Buenaventura, 1993) Sin embargo, lo m&aacute;s relevante es se&ntilde;alar el objeto formal de la Filosof&iacute;a:</p>      <blockquote>&quot;La tercera luz, que ilumina en la investigaci&oacute;n de las verdades inteligibles, es la luz del conocimiento filos&oacute;fico, que se llama interior porque inquiere las causas &iacute;ntimas y ocultas de las cosas, lo que realiza a trav&eacute;s de los primeros principios de las ciencias y de la verdad natural impresos en el hombre por la misma naturaleza&quot; (San Buenaventura, 1993).</blockquote>      <p>&bull; <b>Beato Juan Duns Escoto.</b></p>      <p>Nace entre el 1265 o 1566 (Merino, 2007, p. 60) en Duns, peque&ntilde;a ciudad escocesa situada en el Condado de Berwick, al sureste de Escocia (Directorio Franciscano, 2014) . Al cumplir 15 a&ntilde;os (1280) ingresa al noviciado de la orden franciscana, gracias a la intervenci&oacute;n de su t&iacute;o franciscano El&iacute;as Duns, en el Convento de Dumfries, en donde este pariente es el Custodio de Escocia. Sus estudios superiores los realiza en Oxford, Cambridge y Par&iacute;s (Fraile, 1966, p. 805). Se le conoce como el <i>Doctor Sutil.</i></p>      <p>Por la reputaci&oacute;n como maestro, Escoto recibe el t&iacute;tulo de Doctor en 1305. Ense&ntilde;a en Par&iacute;s como maestro regente entre 1306 y 1307. A finales de 1307 es trasladado a Colonia como <i>Lector principales, </i>ciudad en la que muere muy joven el 8 de noviembre de 1308 (Merino, 2007, p. 75). Est&aacute; enterrado en la Iglesia de los Hermanos Menores Conventuales de esa ciudad alemana; en su sepultura se puede leer el siguiente epitafio en lat&iacute;n: <i>&quot;Scotia me genuit / Anglia me suscepit / Gallia me docuit / Colonia me tenet)&quot; </i>Merino, 2007)</p>      <p>Escoto impulsa el deseado di&aacute;logo con los anglicanos, en base a las antiguas tradiciones comunes. En ese sentido, Escoto resulta una figura muy significativa: por una parte, fue siempre fiel al Magisterio eclesi&aacute;stico; por otra, &eacute;l es tambi&eacute;n un personaje ilustre de la Gran Breta&ntilde;a. Adem&aacute;s, su doctrina fue materia com&uacute;n, durante tres siglos, en las escuelas de aquel pa&iacute;s (Carbajo, 2008, p. 78).</p>      <p>El <i>Doctor Sutil </i>vive una &eacute;poca muy compleja en cuanto a las corrientes filos&oacute;ficas imperantes; circulan los escritos aristot&eacute;licos traducidos por los &aacute;rabes, las famosas Sentencias de Pedro Lombardo, la posici&oacute;n de Santo Tom&aacute;s de Aquino, la de San Buenaventura y &eacute;l busca ser fiel a la posici&oacute;n que juzgue m&aacute;s segura. Por lo mismo, explica tres veces el libro de las <i>Sententias </i>de Pedro Lombardo; de ah&iacute; que haya tres <i>Comentarios a las Sententias. </i>La primera versi&oacute;n la hizo en Oxford, cuya redacci&oacute;n lleva el nombre de Lectura. El segundo comentario lo hizo en Par&iacute;s, del que sus alumnos hicieron la redacci&oacute;n, llamado <i>Reportata parisiensia. </i>El &uacute;ltimo comentario, que tiene en cuenta los anteriores, se llama <i>Ordinatio </i>u <i>Opus Oxoniense, </i>que comenz&oacute; en Oxford y termin&oacute; en Par&iacute;s. Esta es su obra maestra (Merino, 2007, p. 89).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Escoto est&aacute; empe&ntilde;ado en construir un sistema filos&oacute;fico coherente con la tradici&oacute;n agustiniana de los franciscanos; sin embargo, abandona la teor&iacute;a agustiniana de la iluminaci&oacute;n, influido por Arist&oacute;teles, quien sostiene que el conocimiento de las verdades y esencias universales se logra por la abstracci&oacute;n. Sin embargo, se aleja de Santo Tom&aacute;s, seguidor de Arist&oacute;teles, en lo concerniente al conocimiento de las realidades singulares: El entendimiento, para &eacute;l, conoce directamente las realidades individuales por medio de una intuici&oacute;n inmediata confusa. De esta manera, el entendimiento capta en forma abstracta lo universal y directa e intuitivamente lo individual (Caiceo, 2013, p.14).</p>      <p>En cuanto a su importancia en la historia del pensamiento y de la filosof&iacute;a franciscana, basta citar a Coreth (2006, p. 139) para tomar conciencia de aquello: <i>&quot;Juan Duns Escoto es un pensador de especial agudeza como cr&iacute;tico, pero tambi&eacute;n de ideas independientes&quot;. </i>Por la precisi&oacute;n de su lenguaje y fineza del mismo cuesta seguir el hilo de su argumentaci&oacute;n; sus cr&iacute;ticas van dirigidas fundamentalmente a Santo Tom&aacute;s de Aquino, Egidio Romano, Godofredo de Fontaines, Enrique de Gante e incluso contra el fraile franciscano Roger Bacon.</p>      <p><b>Conclusiones.</b></p>      <p>Al finalizar este art&iacute;culo, el autor piensa que se han cumplido los objetivos planteados en la Introducci&oacute;n, al subrayar el origen de la Orden Franciscana en el siglo XIII, la cual desde sus inicios se centr&oacute; en tres principales Escuelas Filos&oacute;ficas (Bolonia, Oxford y Par&iacute;s), sobresaliendo en la &uacute;ltima con los cinco destacados pensadores estudiados, los cuales se caracterizaron por iniciar en el &aacute;mbito universitario el m&eacute;todo inductivo, base de la ciencia moderna (Bacon y Ockham) y por introducir en la escol&aacute;stica una nueva posici&oacute;n: conciliar el aristotelismo con el agustinismo (Alejandro de Hales, San Buenaventura y Beato Juan Duns Escoto). Cabe resaltar que estos dos puntos se&ntilde;alados son muy relevantes, no s&oacute;lo desde el punto de vista de la filosof&iacute;a franciscana, sino que fundamentalmente desde la perspectiva del desarrollo del pensamiento filos&oacute;fico -unificando las dos principales posturas de la escol&aacute;stica medieval- y originando los proleg&oacute;menos de la filosof&iacute;a y de la ciencia modernas. Resulta especialmente significativo que de los cinco destacados fil&oacute;sofos estudiados, cuatro de ellos emerjan de los territorios del actual Reino Unido y uno de la actual Italia; sin embargo, todos ellos se destacar&aacute;n en Par&iacute;s -Francia-, lugar que sobresaldr&aacute; en la cultura de la Baja Edad Media y que se prolongar&aacute; con el resurgimiento de la filosof&iacute;a con Ren&eacute; Descartes en la &eacute;poca Moderna.</p>      <p>En la investigaci&oacute;n inicial, influenciado por la fuerte formaci&oacute;n aristot&eacute;lico-tomista del autor de la misma y por la sencillez y humildad de los miembros de la Orden Franciscana, la hip&oacute;tesis inicial apuntaba a una presencia discreta de los franciscanos en el desarrollo filos&oacute;fico; sin embargo, los antecedentes encontrados contradicen tal planteamiento y se puede concluir a la luz de los puntos se&ntilde;alados en el p&aacute;rrafo anterior, que la Orden Franciscana se destac&oacute; desde sus or&iacute;genes por volver a la vivencia del Evangelio de Jesucristo, a conciliar el pensamiento agustiniano y tomista, presentes en la Edad Media, y a entregar las bases de la ciencia moderna. Es decir, se logr&oacute; mucho m&aacute;s de lo esperado: fuerte presencia e influencia filos&oacute;fica, complementada por la vivencia evang&eacute;lica y por los proleg&oacute;menos de la ciencia.</p>      <p>M&aacute;s a&uacute;n, al analizar las diversas obras de los diferentes fil&oacute;sofos estudiados, se abre como perspectiva pedag&oacute;gica, el estudio en sus textos de las diversas disciplinas filos&oacute;ficas abordadas en los mismos, a saber, l&oacute;gica, gnoseolog&iacute;a, epistemolog&iacute;a, metaf&iacute;sica, &eacute;tica y teodicea. Adem&aacute;s, la investigaci&oacute;n puede continuar descubriendo fil&oacute;sofos en tierras americanas, especialmente en nuestro subcontinente y durante el per&iacute;odo colonial.</p>  <hr>      <p><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></p>      <!-- ref --><p>Sharp, D. E. (1930). <i>Franciscan Philosophy at Oxford in the Thirteenth Century. </i>Farnborough (Hants.) Gregg P.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245785&pid=S1657-8031201600020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>AA. (1907). <i>The Catholic Encyclopedia </i>(Vol. I). New York: Robert Appleton Company.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245787&pid=S1657-8031201600020001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Caiceo, J. (1992). <i>En Torno al Problema del Ser. </i>Santiago de Chile: Ediciones del Instituto Profesional de Estudios Superiores Blas Ca&ntilde;as.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245789&pid=S1657-8031201600020001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Caiceo, J. (2013). &quot;Crisis de la Epistemolog&iacute;a de las Ciencias Sociales y la Educaci&oacute;n Comparada&quot;. <i>XV Congreso mundial de educaci&oacute;n comparada. </i>Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires - Consejo Mundial de Sociedad de Educaci&oacute;n Comparada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245791&pid=S1657-8031201600020001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Caiceo, J. (2014). <i>Filosof&iacute;a Franciscana: Principales Autores en sus Textos. </i>Santiago de Chile: Ediciones Colegio Santa Isabel de Hungr&iacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245793&pid=S1657-8031201600020001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Carbajo, M. (2008). &quot;Actualidad de Duns Escoto en la Sociedad de la Informaci&oacute;n&quot;. En M. Carbajo, <i>Giovanni Duns Scoto Studi e ricerche nel VII Centenario della sua morte II. </i>Roma: Antonianum.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245795&pid=S1657-8031201600020001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Coreth, E. (2006). <i>Dios en la Historia del Pensamiento Filos&oacute;fico. </i>Salamanca: S&iacute;gueme.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245797&pid=S1657-8031201600020001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Crowley, T. O. (1950). <i>Roger Bacon: The Problem of the Soul in His Philosophical Commentaries. </i>Louvain-Dublin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245799&pid=S1657-8031201600020001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Custodia Terrae Sanctae: Misioneros franciscanos al servicio de la Tierra Santa. (2014). <i>Per&iacute;odo de fundaci&oacute;n. </i>Obtenido de es.custodia.org: <a href="http://es.custodia.org/default.asp?id=495">http://es.custodia.org/default.asp?id=495</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245801&pid=S1657-8031201600020001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Directorio Franciscano. (2013). <i>San Francisco de As&iacute;s 1182 - 1226. </i>Obtenido de www.franciscanos.org: <a href="http://www.franciscanos.org/sfa/menud.html" target="_blank">http://www.franciscanos.org/sfa/menud.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245803&pid=S1657-8031201600020001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Directorio Franciscano. (2014). <i>Enciclopedia Franciscana. </i>Obtenido de www.franciscanos.org: <a href="http://www.franciscanos.org/enciclopedia/tau.htm" target="_blank">http://www.franciscanos.org/enciclopedia/tau.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245805&pid=S1657-8031201600020001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Directorio Franciscano. (2014). <i>Santoral Franciscano, Beato Juan Duns Escoto. </i>Obtenido de www.franciscanos.org: <a href="http://www.franciscanos.org/santoral/menud.html" target="_blank">http://www.franciscanos.org/santoral/menud.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245807&pid=S1657-8031201600020001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Englebert, O. (1979). <i>St. Francis of Assisi, A Biography. </i>Estados Unidos de Am&eacute;rica: Servant Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245809&pid=S1657-8031201600020001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fraile, G. (1966). <i>Historia de la Filosof&iacute;a </i>(Vol. III). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos -BAC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245811&pid=S1657-8031201600020001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gerson, J. (1987). <i>Opera Omnia. </i>Hildesheim: Olms.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245813&pid=S1657-8031201600020001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Gilson, &Eacute;. (1947). <i>La philosophie au Moyen Age. </i>Paris: Payo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245815&pid=S1657-8031201600020001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hales, A. (1924-1948). <i>Summa Theologica. </i>Quarachi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245817&pid=S1657-8031201600020001400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Hales, A. (1960). <i>Quaestiones Disputatae. </i>Quarachi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245819&pid=S1657-8031201600020001400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Joergensen, J. (1913). <i>San Francisco de As&iacute;s. </i>Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245821&pid=S1657-8031201600020001400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>L&oacute;pez, N. (2012). &quot;Guillermo de Ockham y el Nacimiento del Laicismo Moderno&quot;. <i>Anales de la C&aacute;tedra Francisco Su&aacute;rez </i>(46), 263-280.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245823&pid=S1657-8031201600020001400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Merino, J. A. (1993). <i>Historia de la Filosof&iacute;a Franciscana. </i>Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos- B.A.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245825&pid=S1657-8031201600020001400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Merino, J. A. (2007). <i>Juan Duns Escoto: Introducci&oacute;n a su pensamiento filos&oacute;fico-teol&oacute;gico. </i>Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos -BAC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245827&pid=S1657-8031201600020001400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Merino, J. A., &amp; Mart&iacute;nez, F. (2004). <i>Manual de Filosof&iacute;a Franciscana. </i>Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos -B.A.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245829&pid=S1657-8031201600020001400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Meseguer, J. O. (15 de Julio de 1959). <i>San Buenaventura </i>(1218-1274). 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Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos -B.A.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245839&pid=S1657-8031201600020001400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>San Buenaventura. (1993). Reducci&oacute;n de las Ciencias a la Teolog&iacute;a. En J. A. Merino, <i>Historia de la Filosof&iacute;a Franciscana. </i>Madrid: B.A.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5245841&pid=S1657-8031201600020001400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Uribe, F. (Enero-junio de 2011). 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