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<journal-title><![CDATA[El Ágora U.S.B.]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los cuerpos de la Guerra. Análisis de los procesos de construcción corporal y subjetiva en los militantes]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Bodies of War. Analysis of the Processes of Corporal and Subjective Construction in Activists]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the corporal and subjective construction in the context of the Colombian conflict, and specifically, among the militants of the guerrilla group of the National Liberation Army (ELN), the sense of the collective in the construction of the corporality in this guerrilla group stands out. Such a construction is structured on the basis of the "social body" as an ideal of their project of fight, which is derived from the configuration of subjectivity and founded in "us."]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">       <p align="center"><font size="4"><b>Los cuerpos de la Guerra.      <br>An&aacute;lisis de los procesos de construcci&oacute;n corporal y subjetiva en los militantes</B></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>The Bodies of War.    <br> Analysis of the Processes of Corporal and Subjective Construction in Activists</b></font></p>      <p align="center"><i>Por: Andrea Lissett P&eacute;rez</i><Sup>1 </Sup></p>  <Sup>1 </Sup>Antrop&oacute;loga de la Universidad Nacional de Colombia. Mag&iacute;ster en Antropolog&iacute;a Social, Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil y doctora en Antropolog&iacute;a Social de la misma universidad. Docente de la Universidad de Antioquia. Medell&iacute;n, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:andrealizett@gmail.com">andrealizett@gmail.com</a></p>       <p>Recibido: junio de 2016     Revisado: noviembre de 2016   Aceptado: diciembre de 2016 </p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      <p>En los procesos de construcci&oacute;n corporal y subjetiva en el contexto del conflicto interno colombiano y, espec&iacute;ficamente, entre los militantes del grupo guerrillero del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional (ELN), se destaca el sentido de lo colectivo en la construcci&oacute;n de la corporalidad en este grupo guerrillero, estructurada en funci&oacute;n del "cuerpo social" como ideal de su proyecto de lucha, derivado de la configuraci&oacute;n de una subjetividad fundada en el "nosotros".</p>      <p><b>Palabras clave:</b> Configuraci&oacute;n de subjetividad, Guerra, Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional, insurgencias colombianas, Corporalidad, Cuerpo social.</p>   <hr>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>Abstract.</b></p>      <p>In the corporal and subjective construction in the context of the Colombian conflict, and specifically, among the militants of the guerrilla group of the National Liberation Army (ELN), the sense of the collective in the construction of the corporality in this guerrilla group stands out. Such a construction is structured on the basis of the "social body" as an ideal of their project of fight, which is derived from the configuration of subjectivity and founded in "us." </p>      <p><b>Key words:</b> Configuration of Subjectivity, War, National Liberation Army (ELN), Colombian Insurgences, Corporality, and Social Body.</p>  <hr>       <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n.</b></font></p>      <p>El cuerpo se convirti&oacute; en nuestros tiempos en objeto privilegiado de estudio social. Pero, cabe recordar, que no siempre tuvo la misma relevancia; en realidad, hasta entrados los a&ntilde;os 80' del siglo pasado se mantuvo obscurecido bajo el manto de un enfoque biologicista que lo conceb&iacute;a como un hecho dado, natural. De ah&iacute; que sea paradigm&aacute;tica la temprana postura de Marcel Mauss, quien, en una conferencia dada en la Sociedad de Psicolog&iacute;a en el a&ntilde;o de 1934, afirm&oacute; que "el objeto y medio t&eacute;cnico m&aacute;s natural del hombre es el cuerpo", argumentando a trav&eacute;s de innumerables ejemplos sobre las t&eacute;cnicas corporales existentes en distintos contextos culturales, la relaci&oacute;n existente entre el cuerpo y los "s&iacute;mbolos morales e intelectuales" (Mauss, 1991, Pp. 337-342).</p>      <p>La perspectiva de Mauss se convirti&oacute; en un referente para las ciencias sociales y particularmente para la Antropolog&iacute;a que concibe un nexo inextricable entre el cuerpo y la dimensi&oacute;n sociocultural, en cuyo contexto lo corporal no es solamente comprendido como un objeto de representaciones simb&oacute;licas sino tambi&eacute;n como productor de estas (Maluf, 2002). La corporalidad pas&oacute; a ser entendida, entonces, como una construcci&oacute;n social y, como tal, relativa a los distintos contextos sociales e hist&oacute;ricos en que sea abordada.</p>      <p>Un caso ejemplar que ayuda a ilustrar esa noci&oacute;n polivalente de cuerpo-cultura, es el relacionado con las sociedades amerindias brasileras de las tierras bajas de Am&eacute;rica del Sur. All&iacute;, en 1979, los antrop&oacute;logos Eduardo Viveros, Roberto Da Matta y Anthony Seeger, observaron que el cuerpo ocupaba un lugar central en la sociedad, que trascend&iacute;a la mirada de "simple soporte de identidad y roles sociales", para convertirse en "matriz de significados sociales y objeto de significaci&oacute;n social" (Da Matta; Seeger; Viveiros, 1979, p. 10).</p>       <p>En las sociedades occidentales contempor&aacute;neas, el cuerpo tambi&eacute;n ocupa una posici&oacute;n central, solamente que desde una perspectiva completamente diferente. Ya no como "matriz de significaci&oacute;n social", sino en funci&oacute;n de la noci&oacute;n hegem&oacute;nica de individuo, entendido como el recinto objetivo de la soberan&iacute;a del sujeto y como factor de individualizaci&oacute;n (Le Breton, 1995). La modernidad, conforme Le Breton, trajo consigo la mirada del cuerpo como objeto, como representaci&oacute;n, como valor, como signo y como lugar privilegiado en la construcci&oacute;n de la subjetividad.</p>         <p>En el an&aacute;lisis que hace Sonia Maluf (2002) sobre los enfoques antropol&oacute;gicos que abordan el campo tem&aacute;tico del cuerpo, la autora hace una observaci&oacute;n sugestiva para la presente reflexi&oacute;n: se&ntilde;ala el papel del poder en la construcci&oacute;n corporal, dado que existen: "puntos de vista hegem&oacute;nicos sobre el cuerpo en las sociedades occidentales urbanas moderno-contempor&aacute;neas", de modo que "tal vez en el interior de esas culturas y sociedades tambi&eacute;n sea posible encontrar la <I>diferencia</I>" (Maluf, 2002, p. 88). O sea, se pone en debate la unicidad de las pr&aacute;cticas corporales en las sociedades occidentales contempor&aacute;neas.</p>           <p>Este es justamente el prop&oacute;sito del presente art&iacute;culo: reflexionar en torno al proceso de construcci&oacute;n corporal de los miembros del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional (ELN), que es una organizaci&oacute;n guerrillera clandestina que ha permanecida activa en el territorio colombiano por m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ELN representa la t&iacute;pica guerrilla del modelo de Revoluci&oacute;n Cubana, habiendo surgido, inclusive, en el seno del fervor de la Isla, en 1963, cuando un grupo de j&oacute;venes colombianos, que hab&iacute;a partido para la Habana con el fin de estudiar, decidi&oacute; formar una guerrilla revolucionaria. El primer grupo de agitaci&oacute;n y promoci&oacute;n de este proyecto de lucha armada se denomin&oacute; "Brigada Pro Liberaci&oacute;n Antonio Gal&aacute;n", constituido por estudiantes que retornaron al territorio colombiano para dar vida a esa iniciativa. Los miembros fundadores decidieron instalarse al nororiente colombiano (San Vicente de Chucuri), zona de reconocida trayectoria de lucha y resistencia popular (P&eacute;rez, 2008). All&iacute; dan inicio a lo que se denominar&aacute; la "primera marcha guerrillera", el 4 de julio de 1964, y su primera aparici&oacute;n p&uacute;blica el 7 de enero de 1965, cuando realizan la toma armada del pueblo de Simacota.</p>      <p>Con base en informaci&oacute;n documental y etnogr&aacute;fica obtenida en el marco de una investigaci&oacute;n que buscaba comprender los motivos de la larga duraci&oacute;n de esta guerrilla en el contexto colombiano, realizada durante el periodo 2006-2008 (P&eacute;rez, 2008), se reconocieron varios t&oacute;picos relevantes, tales como los signos de identificaci&oacute;n corporal que recrean pautas de relacionamiento y estatus entre los miembros del grupo y las t&eacute;cnicas de adiestramiento corporal que transforman los cuerpos de los militantes en aptos para la guerra. Estos aspectos ser&aacute;n abordados como &aacute;mbitos de comprensi&oacute;n de la configuraci&oacute;n de un sentido diferenciado de corporalidad en el contexto socio-organizativo de esta guerrilla.</p>       <p>Se defiende la tesis de que, al interior de la sociedad colombiana, y espec&iacute;ficamente en contextos de guerra, (P&eacute;rez, 2008), prevalecen pr&aacute;cticas corporales disidentes del modelo hegem&oacute;nico que concibe el cuerpo como valor de individualizaci&oacute;n, como la existente en el grupo guerrillero del ELN, cuya corporalidad se centra en el sentido de lo colectivo, en que el cuerpo se construye en funci&oacute;n de lo social como instrumento de los ideales del grupo. As&iacute;, el "cuerpo social" aparece como el ideal a lograr dentro del proceso de reconstrucci&oacute;n corporal y subjetiva. El cuerpo pasa a concebirse como medio de construcci&oacute;n social y proyecci&oacute;n de la utop&iacute;a de lucha.</p>         <p>Los cuerpos adquieren, as&iacute;, una importancia estrat&eacute;gica en la medida de que se ponen a disposici&oacute;n de los intereses colectivos. Debiendo, para ello, alcanzar ciertas condiciones necesarias que les permita ser &uacute;tiles a "la causa social". Los cuerpos tienen que ser, por tanto, entrenados, preparados, adecuados para los nuevos requerimientos, tendiendo como ideario los siguientes atributos: ser fuerte, resistente, abstemio, austero, estoico y sacrificado. Es una modalidad de corporalidad que se trabaja f&iacute;sicamente para adquirir las condiciones necesarias para el combate y en lo psicol&oacute;gico-emocional, para tener la capacidad de resistir a la lucha y en ella persistir.</p>          <p>Esta fabricaci&oacute;n corporal ejerce un papel decisivo en la construcci&oacute;n del militante <I>eleno </I>y de su nueva subjetividad. Pero, como debe entenderse, este proceso no parte de cero, los sujetos llegan con un aprendizaje sociocultural adquirido dentro del paradigma de individualidad, propio de los discursos y las pr&aacute;cticas hegem&oacute;nicas de la sociedad occidental contempor&aacute;nea. De modo que es necesario desarrollar un proceso de reeducaci&oacute;n en raz&oacute;n al cambio radical de modelo de vida que, seg&uacute;n Berger e Luckmann (1976), debe llevarse a cabo por medio de t&eacute;cnicas pedag&oacute;gicas intensificadas para intentar abarcar la "totalidad subjetiva" de los iniciados y afectar, as&iacute;, sus h&aacute;bitos.</p>          <p>Este proceso de reeducaci&oacute;n es realizado a trav&eacute;s del aprendizaje de las t&eacute;cnicas corporales, entendidas, conforme Mauss (1991), como la transmisi&oacute;n cultural de un conjunto de procedimientos, pautas y mecanismos para acondicionar el cuerpo al modelo de interacci&oacute;n corporal. Pero, visto este proceso desde una perspectiva m&aacute;s compleja que incluya las relaciones sociales inmersas, la noci&oacute;n que, probablemente, sea apropiada para pensar esta problem&aacute;tica es la relacionada con el "disciplinamiento" de cuerpos y sujetos (Foucault, 1987). Este concepto es concebido como las "f&oacute;rmulas generales de dominaci&oacute;n", consolidadas durante los siglos XVII y XVIII, que "permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo que realizan, y que dan como resultado la resignaci&oacute;n permanente de sus fuerzas que le imponen una relaci&oacute;n de docilidad-utilidad; que son las que podemos llamar de &lsquo;disciplinas'" (Foucault, 1987, p. 118).</p>      <p>Obs&eacute;rvese que aqu&iacute; est&aacute; en juego un elemento clave: el poder en relaci&oacute;n al cuerpo: "en cualquier sociedad el cuerpo est&aacute; preso en el interior de poderes muy cerrados, que le imponen limitaciones, prohibiciones u obligaciones" (Foucault, 1987, p. 118). Esta condici&oacute;n corporal no es nueva en la historia ni tampoco caracter&iacute;stica de una determinada sociedad, pues, siendo el cuerpo escenario fundamental en las relaciones sociales y en la formaci&oacute;n de la subjetividad, no podr&iacute;a estar fuera de los circuitos de poder.</p>       <p>Este tipo de dominaci&oacute;n corporal por medio de la formaci&oacute;n disciplinaria, queda inmerso en las redes sociales, en los micropoderes que someten al sujeto. El poder es tan absoluto que los cuerpos y los sujetos se vuelven simples recept&aacute;culos (Foucault, 1983). N&oacute;tese que desde este enfoque conceptual no parece haber espacio para formas de resistencia o de diferenciaci&oacute;n del modelo hegem&oacute;nico. Por eso, pese a que se acoja la perspectiva de las disciplinas corporales como formas de moldear y controlar los cuerpos y los sujetos bajo determinadas pautas de comportamiento, tambi&eacute;n se cuestiona la omnipotencia de las mismas.</p>         <p>Es decir, se concibe la posibilidad de que las t&eacute;cnicas disciplinarias sean confrontadas, subvertidas o resistidas dentro de contextos sociales y pol&iacute;ticos donde se expresan distintos intereses. En otras palabras, en la interpretaci&oacute;n de este fen&oacute;meno se da cabida a la acci&oacute;n subjetiva como respuesta activa de los individuos o de colectivos que buscan a trav&eacute;s de los procesos corporales afianzar determinada identidad o proyectar ciertos idearios. Esto no significa que se desconozcan las formas de control social ni que se crea que todos los sujetos tengan plena consciencia de tales procesos.</p>           <p>Las anteriores apreciaciones ayudan a enmarcar el an&aacute;lisis de este art&iacute;culo, en el que, como ya dicho, se profundiza en algunos aspectos considerados relevantes para entender el sentido de la construcci&oacute;n de la corporalidad en los militantes del ELN. Pero, cabe advertir que esta mirada no agota el complejo universo de estudio de la corporalidad de estos sujetos y sus m&uacute;ltiples perspectivas, solamente ofrece una ruta para avanzar en la comprensi&oacute;n de c&oacute;mo se edifican cuerpos, sujetos y subjetividades aptos en y para contextos de guerra.</p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; mismo, es oportuno se&ntilde;alar que este t&oacute;pico (corporalidad) no ha sido abordado en la literatura existente sobre el ELN, ni tampoco ha sido reconocido como objeto de especial atenci&oacute;n dentro del contexto del conflicto armado colombiano (Blair, 2010).</p> 	 	    <p>Los estudios realizados sobre el ELN pueden agruparse en tres categor&iacute;as: las entrevistas period&iacute;sticas realizadas a varios mandos de la organizaci&oacute;n (Harnecker, 1988; L&oacute;pez, 1989), las biograf&iacute;as sobre algunos guerrilleros c&eacute;lebres del grupo (Broderick, 1977, 2000) y las investigaciones acad&eacute;micas con &eacute;nfasis en el componente pol&iacute;tico y en el historiogr&aacute;fico (Aguilera, 2003, 2007; Bejarano, 2005; Medina, 1996, 2001; Vargas, 1992, 1998).</p>          <p>Sin embargo, se encuentran algunas excepciones notables como, por ejemplo, los trabajos de la antrop&oacute;loga Mar&iacute;a Victoria Uribe (1978; 2004), quien ha profundizado en la l&iacute;nea anal&iacute;tica de las masacres como pr&aacute;cticas corporales de guerra normalizadas en la historia nacional, vistas como poderosas armas simb&oacute;licas para aterrorizar y controlar. Y m&aacute;s recientemente, ha emergido una reflexi&oacute;n m&aacute;s sistem&aacute;tica sobre corporalidad y sufrimiento en la guerra, en la que sobresalen algunos autores como Elsa Blair, quien, en la misma l&iacute;nea de Uribe, ha abordado el tema de las masacres desde un enfoque antropol&oacute;gico (2004), adem&aacute;s de retomar la perspectiva foucultniana que relaciona cuerpo, violencia y poder como "dispositivos o tecnolog&iacute;as corporales para controlar y dominar los cuerpos en distintos &aacute;mbitos de la vida social, pero, en el &aacute;mbito de la guerra, los cuerpos no ajustados a dichos &oacute;rdenes son &lsquo;castigados': mutilados, violados, desaparecidos, asesinados, torturados&hellip;" (Blair, 2010, p. 43).</p>      <p>Otra l&iacute;nea anal&iacute;tica sobre corporalidad y violencia que tambi&eacute;n se ha posicionado en este campo de estudio en el pa&iacute;s, es la psicoanal&iacute;tica con &eacute;nfasis en el pensamiento lacaniano (Ver Castro, 2002; D&iacute;az, 2003; Aranguren, 2006; Londo&ntilde;o, 2005).</p>       <p>El presente texto se sit&uacute;a en ese horizonte de investigaci&oacute;n, pero con ciertas singularidades en la mirada conceptual y en funci&oacute;n de un campo etnogr&aacute;fico espec&iacute;fico del cual se derivan sus reflexiones: las pr&aacute;cticas corporales en los guerrilleros del ELN.</p>      <p><font size="3"><B>Metodolog&iacute;a.</b></font></p>      <p>Esta investigaci&oacute;n debate sobre los procesos de construcci&oacute;n corporal y subjetiva en el contexto del conflicto interno colombiano y, espec&iacute;ficamente, entre los militantes del grupo guerrillero del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional (ELN).</p>       <p>Fueron usadas fuentes documentales y etnogr&aacute;ficas para comprender ese proceso de edificaci&oacute;n corporal.</p>         <p>Se exploraron las siguientes dimensiones: </p>     <li> los signos de identificaci&oacute;n corporal como una sintaxis de posiciones y estatus al interior de la organizaci&oacute;n guerrillera;</li>      ]]></body>
<body><![CDATA[<li> las t&eacute;cnicas de disciplinamiento corporal; y</li>       <li> la configuraci&oacute;n de una subjetividad fundada en el "nosotros".</li>       <p><font size="3"><b>Resultados.</b></font></p>      <p><b>Signos de identificaci&oacute;n corporal.</b></p>      <p>La corporalidad es asumida por muchos sectores sociales contempor&aacute;neos como medio privilegiado de identificaci&oacute;n, como forma de exteriorizaci&oacute;n subjetiva, de ganar presencia en el mundo, como ocurre, por ejemplo, con el grupo de "tatuados", que se diferencian por el hecho de estar "cerrando su cuerpo con tatuajes", como un proceso en permanente elaboraci&oacute;n y de re-significaci&oacute;n, en el cual el sujeto, a trav&eacute;s de la construcci&oacute;n de su propia corporalidad, se construye a s&iacute; mismo (P&eacute;rez, 2006).</p>           <p>En el caso de los cuerpos de los guerreros, aunque tambi&eacute;n pasan por un proceso de revaloraci&oacute;n corporal que los marca, los identifica entre s&iacute; y los diferencia de los dem&aacute;s, la singularidad consiste en que la identificaci&oacute;n no es individual, sino que se orienta por la b&uacute;squeda de identidad grupal.</p>      <p>Si concebidos que la corporalidad es un <I>locus </I>privilegiado de la construcci&oacute;n subjetiva, es comprensible que en los cuerpos se inscriban los cambios en la forma de percibir y de posicionarse en el mundo. Esto es lo que ocurre con los <I>elenos, </I>cuya corporalidad cambi&oacute; notoriamente con el paso del tiempo. As&iacute;, puede detectarse que durante la primera &eacute;poca de esta organizaci&oacute;n (a&ntilde;os 1960-1970), cuando carec&iacute;an de recursos econ&oacute;micos y no pose&iacute;an uniformes ni armas de dotaci&oacute;n, la imagen conocida de estos guerrilleros era la de unos sujetos barbudos, de cabello largo, con boina y con pesadas mochilas a la espalda, abriendo caminos en "el monte" con la firme convicci&oacute;n de "salvar el mundo".</p>       <p>Esa imagen corporal comienza a cambiar ostensivamente a partir de los a&ntilde;os ochenta, cuando incorporan en su ajuar elementos altamente distintivos como el uso de uniformes color marr&oacute;n, portando un brazalete con los colores negro y rojo de su bandera, que los identifica p&uacute;blicamente. Pero, tendr&aacute;n a&uacute;n un cambio m&aacute;s radical a comienzos de los a&ntilde;os noventa, momento en el que la valoraci&oacute;n realizada de ese contexto hist&oacute;rico, los lleva a considerar que se encuentran en un per&iacute;odo pre-revolucionario de la toma del poder. En consecuencia, deciden fortalecer sus estructuras armadas, creando un contingente militar conformado por unidades de "ej&eacute;rcito" y de "guerrillas locales" que substituir&iacute;an el modelo inicial de guerrilla m&oacute;vil.</p>        <p>Estos cambios en su perspectiva pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica, los llev&oacute; a adoptar una nueva corporalidad, en la que se destaca la tendencia a enfatizar el componente militar, concebido desde los c&aacute;nones tradicionales. Esta nueva est&eacute;tica tambi&eacute;n obedeci&oacute; a una estrategia generalizada entre los grupos guerrilleros colombianos de incorporar la vestimenta militar camuflada y el corte raso del cabello como una forma de mimetizase con el ej&eacute;rcito colombiano dentro de las zonas del conflicto.</p>         <p>Obs&eacute;rvese las siguientes im&aacute;genes que ilustran los tres tipos de corporalidad que han sido producidos a lo largo de la historia del ELN: </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="img/revistas/agor/v17n1/v17n1a11f1.jpg"></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/agor/v17n1/v17n1a11f2.jpg"></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/agor/v17n1/v17n1a11f3.jpg"></p>      <p>Como se puede percibir, en la imagen corporal actual (la &uacute;ltima), la pose del guerrillero transmite la figura del cl&aacute;sico guerrero, o sea, el ideal de un cuerpo joven, vigoroso, viril, en posici&oacute;n agresiva, con uniforme militar y empu&ntilde;ando su arma como demonstraci&oacute;n de fuerza y poder. Entre los signos de exteriorizaci&oacute;n corporal (todas las fotos) hay un elemento clave: las armas, que son esenciales en la composici&oacute;n est&eacute;tica de estas im&aacute;genes, no como un objeto que se inscribe en el paisaje, sino como una prolongaci&oacute;n del cuerpo del guerrero. Es parte de su identidad, que afirma su condici&oacute;n de agresividad. En efecto, las armas ocupan un lugar fundamental al interior de la organizaci&oacute;n que transciende la simple relaci&oacute;n instrumental. Han sido objeto de una re-elaboraci&oacute;n simb&oacute;lica, revisti&eacute;ndose de cierta sublimaci&oacute;n por representar la posibilidad de materializar su proyecto de lucha: la toma del poder por v&iacute;a b&eacute;lica.</p>      <p>En s&iacute;ntesis, se podr&iacute;a afirmar que en la actualidad el tipo de corporalidad dominante en el ELN, es el de guerrero tradicional que exalta los valores de fuerza, agresividad y virilidad, inscrito en el molde del soldado moderno, con buena dotaci&oacute;n y armamento, que transmite la imagen de ser militarmente competente para la guerra y que hace parte de una estrategia de confrontaci&oacute;n. Asimismo, se pueden destacar entre los signos de identificaci&oacute;n corporal, de un lado, las armas que poseen un alto valor pragm&aacute;tico y simb&oacute;lico, y de otro, el uso de uniforme que mimetiza y homogeneiza a los militantes dentro de un formato corporal colectivo.</p>      <p><B>Cuerpos para la guerra.</b></p>      <p>Los cuerpos de los guerrilleros constituyen su primera y fundamental arma para la guerra. Por eso, es necesario acondicionarlos: entrenarlos, disciplinarlos, tecnificarlos. Son condiciones b&aacute;sicas para ser guerrillero, pues los ideales que orientan su lucha no son suficientes, necesitan que sus cuerpos sean resistentes, capaces de luchar y vencer. De ah&iacute; la importancia de aprender las t&eacute;cnicas corporales para la apropiaci&oacute;n de este ethos.</p>       <p>El primer objetivo es obtener un buen estado f&iacute;sico, o sea: resistencia, potencia, fuerza, habilidad. Asunto que se torna complejo para los guerrilleros de origen urbano, cuyos cuerpos no est&aacute;n acondicionados a este tipo de exigencias f&iacute;sicas, raz&oacute;n por la cual muchas de sus narraciones enfatizan en las dificultades por las que pasan no s&oacute;lo para adaptarse a esa vida, sino para ganar un lugar de respeto, pues <I>ser guerrillero </I>incluye y centraliza esta dimensi&oacute;n de la corporalidad.</p>      <p>El proceso de acondicionamiento corporal se lleva a cabo a trav&eacute;s de dos planos de ejercitaci&oacute;n f&iacute;sica: en la vida cotidiana de la guerrilla y como rutina programada y dirigida. El buen estado f&iacute;sico se convierte en la base para el adiestramiento en las t&eacute;cnicas de lucha guerrillera, las cuales, en t&eacute;rminos generales, se pueden sintetizar en tres aspectos: (a) desplazamiento y orientaci&oacute;n en el territorio, (b) medidas b&aacute;sicas de observaci&oacute;n, encubrimiento y guardia; (c) fundamentos de combate, ataque y retirada.</p>       <p>Con el aprendizaje de estas t&eacute;cnicas, los combatientes adquieren las destrezas necesarias para orientarse y caminar por el territorio de d&iacute;a y de noche, seguir los senderos y los atajos, vigilar y protegerse permanentemente y, sin duda, saber atacar y defenderse del enemigo. Esta es, de forma esquem&aacute;tica, la modalidad de "guerra de guerrillas" que los miembros de la organizaci&oacute;n deben aprender como parte de su nuevo modelo de corporalidad. Aunque reciban una instrucci&oacute;n b&aacute;sica cuando ingresan, es en la vida pr&aacute;ctica cuando realmente incorporan este conjunto de t&eacute;cnicas.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Saber caminar es una de las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles para los citadinos: "en los momentos de cansancio aumenta el estr&eacute;s, todos siguen caminando y t&uacute; te quedas atr&aacute;s y t&uacute; no quieres que la tropa se atrase" (comunicaci&oacute;n personal, 2008). Con el tiempo, los cuerpos se habit&uacute;an a esta rutina; el resto de las actividades relacionadas con el ejercicio de la guerra genera desaf&iacute;os semejantes para todos los guerrilleros, pues en ellas ponen a prueba no s&oacute;lo su competencia f&iacute;sica, sino su nivel de compromiso y de firmeza, en la medida de que tales actividades contienen situaciones de riesgo en donde los sujetos se confrontan con el miedo. Dentro de estas actividades cabe destacar hacer guardia, definida por el grupo en los siguientes t&eacute;rminos: </p>      <blockquote><i><b>La Guardia</b></i> es una medida defensiva del guerrillero para evitar ser sorprendido, poder detectar la presencia enemiga y reaccionar ante ello. Es una actividad de alerta y combate, que garantiza que una fuerza pueda desarrollar otras actividades como trabajo, sue&ntilde;o, descanso, producci&oacute;n, mientras se vela por su seguridad. <I>El guardia son los ojos y o&iacute;dos de los dem&aacute;s compa&ntilde;eros </I>(Cartilla del combatiente <I>eleno, </I>it&aacute;lica m&iacute;a).</blockquote>      <p>Es notorio el nivel de responsabilidad que adquiere el sujeto en posici&oacute;n de <I>guardia. </I>Cuida de la seguridad e integridad del grupo y, en este acto, textualmente, se transforma en <I>el cuerpo colectivo </I>- sus ojos y o&iacute;dos. Es un momento de especial importancia en el que el sujeto interioriza este sentido de corporalidad centrado en lo colectivo. No se trata solamente de una cuesti&oacute;n f&iacute;sica - la capacidad de observaci&oacute;n y reacci&oacute;n, sino en una actitud de firmeza para actuar frente a situaciones de riesgo: </p>      <blockquote>Esto es terrible, uno se enfrenta a todos los sustos, uno no sabe qu&eacute; hacer; pero ya tener un arma y saber que responde por la vida de todos, uno todav&iacute;a reza, oye todos los ruidos de la naturaleza y le parece que fueran pasos, resuellos, uno genera una tensi&oacute;n enorme, porque uno no domina el medio, uno no sabe qu&eacute; va a pasar. Esa primera guardia es muy larga, es tensionante (comunicaci&oacute;n personal, militante citadino, 2008).</blockquote>      <blockquote>Es una experiencia fuerte, al comienzo llega uno con ese temor de lo que pueda suceder, de c&oacute;mo responder si hay una amenaza; y lo peor es cuando toca la guardia en la noche porque uno viene de esa cultura de creencias, que con el tiempo se va dando uno cuenta que las cosas no son as&iacute;, que la religi&oacute;n se la ha infundido a uno en ese sentido. Entonces hay mucho temor, de los esp&iacute;ritus, el diablo, que los espantos (comunicaci&oacute;n personal, militante rural, 2007).</blockquote>       <p>A pesar de que var&iacute;an el tipo de temores, en el caso del citadino por el desconocimiento de la naturaleza y en el caso del campesino por miedo a las apariciones sobrenaturales, en ambas situaciones prevalece la tensi&oacute;n frente al peligro y a la responsabilidad con el colectivo. En este tipo de desaf&iacute;os, cuando los sujetos se enfrentan con sus propios miedos y limitaciones, es que se van transformando en <I>militantes, </I>asumiendo la dimensi&oacute;n ontol&oacute;gica de esta nueva identidad.</p>      <p>Sin embargo, la experiencia m&aacute;s intensa del aprendizaje de esta disciplina corporal se produce cuando participan en un combate. All&iacute; se conjugan las diferentes t&eacute;cnicas corporales aprehendidas y se pone a prueba la preparaci&oacute;n del sujeto a lo largo de su proceso de formaci&oacute;n. Para comprender la magnitud de este evento en la vida de los guerrilleros, obs&eacute;rvese las implicaciones de las reglas de oro que todos los combatientes deben obedecer: en primer lugar, estar a disposici&oacute;n permanente para el combate contra el enemigo, segundo, no abandonar la posici&oacute;n de combate sin que lo ordene el jefe superior y, tercero, la "prohibici&oacute;n de rendirse  frente al enemigo", porque: "nuestro compromiso es LIBERTAD O MUERTE y con la misma convicci&oacute;n debemos enfrentar al enemigo, es necesario no <I>claudicar </I>ante la muerte" (Cartilla del combatiente <I>eleno</I>).</p>       <p>Bajo tales principios, se hace evidente el sentido de entrega total que los sujetos deben hacer a nombre de la organizaci&oacute;n, que lleva a estar dispuesto a sacrificar la propia vida. El cuerpo adquiere, as&iacute;, la dimensi&oacute;n del sacrificio, como condici&oacute;n de ser y sentido de pertenencia al grupo.</p>       <p>Este es el significado que encierra el proceso de reconstrucci&oacute;n corporal centrado en el colectivo y en el ideal de la revoluci&oacute;n. Aqu&iacute; se pone a prueba todo el proceso preparatorio del individuo: su buen estado f&iacute;sico (fuerza, resistencia, agilidad), el adecuado adiestramiento en las t&eacute;cnicas y t&aacute;cticas de combate, haber alcanzado "un alto grado de disciplina y moral para llegar hasta al m&aacute;ximo l&iacute;mite de resistencia" y contar con una "fortaleza personal para controlar el miedo y mantenerse en la acci&oacute;n" (Cartilla del combatiente <I>eleno</I>). Si el combatiente re&uacute;ne estas condiciones, se puede afirmar que asimil&oacute; buena parte del aprendizaje que el proceso disciplinar militar de la organizaci&oacute;n dispone.</p>        <p>Pero, &iquest;c&oacute;mo vivencia esta experiencia la persona? &iquest;C&oacute;mo consigue dominar el miedo? &iquest;C&oacute;mo enfrenta la muerte? Estas preguntas cobran relevancia en la medida de que la transformaci&oacute;n del sujeto no sucede solamente en el plano de las destrezas f&iacute;sicas y t&eacute;cnicas, sino que tambi&eacute;n se expresa en la adopci&oacute;n de una nueva percepci&oacute;n sensorial, en una nueva forma de sentir y procesar sus emociones. En &uacute;ltima instancia, de asimilar el miedo, de afrontarlo y superarlo. V&eacute;ase el siguiente testimonio al respecto: </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>Cuando dices que morir&aacute;s y aceptas esto, tienes miedo, pero sientes que lo dominas, eso es un "estado alterado de consciencia". Yo lo averig&uuml;&eacute; despu&eacute;s con la neurolog&iacute;a, porque el cerebro segrega endorfina, adrenalina y todas esas cosas. Por ejemplo, cuando t&uacute; vas para una tarea y dejas cartas de despedida y se la entregas a tu compa&ntilde;ero: esta es para mi madre, para mi hermana, para mi hijo, porque as&iacute; lo hacen muchos, y sabes que puedes morir, pero vas feliz, y partes para la guerra, a la pelea o a la muerte. Eso es un estado alterado, pues si t&uacute; no tienes ese estado mental, no asumes ese papel. No es s&oacute;lo un problema racional, se necesita sentir emoci&oacute;n, pues de lo contrario, no vas a la guerra, no lo soportar&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo soportas el sacrificio? &iquest;C&oacute;mo soportas la privaci&oacute;n, el hambre? &iquest;C&oacute;mo contin&uacute;as metido en medio de una pelea y no huyes, y a&uacute;n dices: "o huimos o nos tiran muertos"? (Comunicaci&oacute;n personal, exmilitante, intelectual, 2008).</blockquote>       <p>La caracterizaci&oacute;n que esta militante hace de los "estados alterados de consciencia" - denominaci&oacute;n usada normalmente en Antropolog&iacute;a para referirse al consumo de sustancias qu&iacute;micas que alteran el estado de la consciencia y que, en este caso, es provocado por la sobreexcitaci&oacute;n del propio organismo - puede ser un interesante camino a explorar. De hecho, en el evento narrado, se observa una notable singularidad en la forma como se percibe y se asume el miedo ante la muerte. Va en contrav&iacute;a del instinto natural de supervivencia y de la propia formaci&oacute;n sociocultural que ense&ntilde;a a protegerse y evitar, por encima de todo, la muerte.</p>        <p>Entonces, parece evidente que hay una "alteraci&oacute;n" de ese tipo de consciencia o, mejor, de percepci&oacute;n de la misma. Esta "alteraci&oacute;n" consiste b&aacute;sicamente en no huir de ese sentimiento como instintiva y culturalmente se har&iacute;a, sino en confrontarlo hasta superar los umbrales que inmovilizan o hacen escapar. En este estado se vive la m&aacute;xima exaltaci&oacute;n, que org&aacute;nicamente se manifiesta a trav&eacute;s del aumento de ciertas sustancias hormonales que mejoran la potencia y la resistencia corporal.</p>         <p>Por esta v&iacute;a, me aproxim&eacute; a la noci&oacute;n de <I>flow </I>que hab&iacute;a abordado en una investigaci&oacute;n sobre el tatuaje (P&eacute;rez, 2006), en cuyo contexto parec&iacute;a adecuada para explicar la fuerte carga emotiva que las personas tienen (en casos de cobertura corporal avanzada) al momento de tatuarse y que les ayuda a superar y hasta disfrutar la sensaci&oacute;n de dolor. Esta noci&oacute;n fue propuesta originalmente por Cskszentmihalyi y MacAloon como herramienta te&oacute;rica para comprender las experiencias ocurridas en los juegos y deportes radicales, como tambi&eacute;n en las artes y en la religi&oacute;n, cuyo significado fue retomado por Turner (1982):</p>          <blockquote>Flow denotes the holistic sensation present when we act with total involvement... a state which action follows action according to internal logic which seems to need no conscious on our part... we experience it as a unified flowing from one moment to the next, in which we feel in control of our actions, and in which there is little distinction between self and environment; between stimulus and response; or between past, present, and future (Turner, 1982, Pp. 55-56).</blockquote>      <p>Aunque Turner (1982) hace algunas excepciones en cuanto al uso de este concepto, tambi&eacute;n destaca su valor explicativo en relaci&oacute;n a las experiencias altamente emotivas vividas dentro de diversas situaciones y contextos, como el caso de las personas que siguen procesos de cobertura corporal (P&eacute;rez, 2006), pero tambi&eacute;n parec&iacute;a apropiada para entender la experiencia vivida por los guerrilleros en momentos en que deben ir al combate o enfrentarse a situaciones de alto riesgo.</p>      <p>&iquest;Qu&eacute; hace eficiente este concepto frente a tales contextos experienciales? Probablemente, su potencia explicativa radica en saber captar el car&aacute;cter emocional de la experiencia: como sensaci&oacute;n hol&iacute;stica que envuelve completamente al sujeto y que genera un estado en el cual las acciones se realizan bajo una l&oacute;gica interna distinta, donde m&aacute;s que la raz&oacute;n, se impone el flujo emotivo que embriaga al ser (Turner, 1982: 56). Este tipo de sensaci&oacute;n es la que parece dominar en las experiencias descritas por los miembros del grupo en relaci&oacute;n a los momentos en que enfrentan el miedo a la muerte: "Ese es un estado alterado, pues si t&uacute; no est&aacute;s este estado mental, no asumes este papel. No es solamente un problema racional, es necesario estar emocionado, pues de lo contrario no vas a la guerra, no la soportar&iacute;as" (Comunicaci&oacute;n personal, 2008).</p>      <p>Otra caracter&iacute;stica importante y concomitante a esta experiencia, se&ntilde;alada por los autores que proponen este concepto, es la p&eacute;rdida del ego, el <I>self </I>comienza a ser irrelevante en virtud a que el actor se encuentra totalmente inmerso en la experiencia <I>flow </I>y, por tanto, disminuye su inter&eacute;s por entender, definir o dirigir, actitud que, a su vez, propicia la fusi&oacute;n y el encuentro con el otro part&iacute;cipe del acto (Turner, 1982: 57). Este an&aacute;lisis es oportuno para explicar, por el prisma de lo emocional, la forma como el combatiente se sale de los l&iacute;mites que protegen su <I>self </I>y se entrega a esta experiencia sin considerar los riesgos que ello ata&ntilde;e ni detenerse en la l&oacute;gica social convencional; simplemente se deja llevar, entrando en comuni&oacute;n con el colectivo - parte del ideal de esta nueva subjetividad -, al punto de optar por el sacrificio, sentimiento bien sintetizado en esta frase dicha al calor del combate: "o salimos victoriosos o nos sacan muertos".</p>      <p><b>Cuerpos para el sacrificio.</b></p>      <p>Otro modelo de corporalidad presente en el grupo, que interacciona y refuerza el anteriormente visto del guerrero, es el que podr&iacute;a ser denominado como "mon&aacute;stico" para caracterizar el v&iacute;nculo simb&oacute;lico del ELN con la tradici&oacute;n cristiana y, especialmente, con algunos de los valores morales m&aacute;s preciados en dicho contexto organizativo como: la pureza, el ascetismo y el sacrificio. Este modelo fue alimentado y legitimado al interior del ELN por el sector cristiano y, principalmente, por la influencia ejercida por parte de los considerados "profetas" del grupo: los exsacerdotes Manuel P&eacute;rez y Camilo Torres (P&eacute;rez, 2008), quienes, adem&aacute;s de constituir las mayores figuras ic&oacute;nicas de la organizaci&oacute;n, a trav&eacute;s de ellos se sintetiza este modelo. Obs&eacute;rvese la forma como reconstruyen sus im&aacute;genes corporales: </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="img/revistas/agor/v17n1/v17n1a11f4.jpg"></p>      <p align="center"><img src="img/revistas/agor/v17n1/v17n1a11f5.jpg"></p>        <p>Son evidentes las diferencias en relaci&oacute;n a las im&aacute;genes recreadas de los guerreros, en este caso, los dos exsacerdotes aparecen sin los signos corporales de la guerra anteriormente vistos (armas y uniforme militar), destac&aacute;ndose otra perspectiva diferente: el lado carism&aacute;tico que los identifica y que se transmite a trav&eacute;s de algunos detalles corporales como la profundidad de su miranda, la fuerza de su expresi&oacute;n, su actitud reposada, introspectiva, meditativa y algunas se&ntilde;ales de su condici&oacute;n sacerdotal, como la sotana en el caso de Camilo.</p>      <p>Pero, el modelo corporal "mon&aacute;stico" no se identifica &uacute;nicamente por los signos exteriores mencionados arriba, sino que incluye aspectos relevantes de la interacci&oacute;n personal como la postura, la <I>performance </I>comunicativa, el tono de la voz, la forma de dirigirse a los otros, caracter&iacute;sticas relacionadas con el esquema sacerdotal que se insertaron en el estilo de autoridad practicada al interior de la organizaci&oacute;n: </p>      <blockquote>Claro, hay un lenguaje corporal, de la misa. Comienzan y hablan as&iacute;: abren las manos, siempre demostrando paz y serenidad. Todo es pausado, sereno, persuasivo, casi sonoro. Esa era la forma como se comportaban los mandos: Manuel, Pacho, Antonio, Bautista, Pablo, Santiago, Milton, el Flaco &#91;&hellip;&#93; Ellos son as&iacute;. El tono de voz es decisivo: sereno, pausado, para hablar claro, no muy fuerte, pero con autoridad, tambi&eacute;n el modo como te miran. Ellos nunca hablan con desatenci&oacute;n, porque es necesario <I>orientar</I>, entonces es necesario convencerte &#91;...&#93; tiene un sentido de seducci&oacute;n, adem&aacute;s de que hay una jerarqu&iacute;a, a ti te puede parecer la cosa m&aacute;s idiota pero despu&eacute;s de que sea una <I>orientaci&oacute;n</I>, se cumple y no ma&ntilde;ana ni despu&eacute;s, ahora (Comunicaci&oacute;n personal, exmilitante, 2007).</blockquote>      <p>Este modelo corporal tiene su m&aacute;xima expresi&oacute;n en los llamados "profetas" (exsacerdotes fallecidos), se recrea en el sector de los mandos como forma de autoridad y se extiende para el conjunto de la organizaci&oacute;n como condici&oacute;n ejemplarizante. Esta corporalidad busca disciplinar las necesidades fisiol&oacute;gicas y encauzar la emotividad de la persona como estado <I>sine qua non </I>para alcanzar los objetivos revolucionarios. Es un valioso recurso simb&oacute;lico para potencializar la resistencia del sujeto frente a situaciones dif&iacute;ciles, lim&iacute;trofes.</p>      <p>Para alcanzar este ideal de dominio corporal, los militantes necesitan pasar por un proceso de adiestramiento que les permita incorporar las pautas de comportamiento de este nuevo estilo de vida. Es un proceso intenso, no s&oacute;lo por la magnitud de lo que debe adquirir, sino por la confrontaci&oacute;n que el sujeto debe hacer con los valores procedentes del modelo corporal interiorizado durante la socializaci&oacute;n primaria. Ello implica hacer una ruptura radical con la forma anterior de percibir y vivenciar su corporalidad y, al mismo tiempo, reconstruir un nuevo sentido y una nueva praxis, cuyo proceso podr&iacute;a comprenderse bajo las siguientes dimensiones: el cuerpo puro, el cuerpo duro y el cuerpo del sacrificio.</p>      <p><B>El cuerpo puro.</b></p>      <p>Este cuerpo hace referencia a la valorizaci&oacute;n simb&oacute;lica que subyace en el proceso de disciplinamiento de las necesidades corporales de orden fisiol&oacute;gico tales como el sue&ntilde;o, el cansancio, el hambre, la sexualidad, el fr&iacute;o, el calor. La forma de percepci&oacute;n de estas necesidades est&aacute; asociada a la visi&oacute;n cristiana de entender al ser humano por el prisma de una dicotom&iacute;a antag&oacute;nica y asim&eacute;trica, esto es, de un lado, el cuerpo f&iacute;sico, relacionado con valores negativos tales como lo impuro, lo bajo, lo sucio y, de otro, el esp&iacute;ritu, relacionado con valores positivos como lo puro, lo noble, lo limpio. A trav&eacute;s de esta dicotom&iacute;a originaria, se establece una relaci&oacute;n de poder del esp&iacute;ritu (lo puro) que debe controlar lo f&iacute;sico (lo impuro). Esta es la l&oacute;gica simb&oacute;lica transpuesta al contexto de esta organizaci&oacute;n, la cual, traducida a t&eacute;rminos pragm&aacute;ticos, significa el imperativo de controlar las necesidades f&iacute;sico-corporales como condici&oacute;n esencial de la lucha por sus ideales.</p>      <p>Para mantener un proyecto guerrillero, en la clandestinidad, en riesgo permanente y con inn&uacute;meras dificultades y limitaciones, es indispensable un reacondicionamiento corporal que asegure la supervivencia de sus miembros. Pero, la singularidad que aqu&iacute; se quiere destacar es la manera como tales conductas corporales son vistas y asumidas: como virtudes depositarias de un alto valor revolucionario que demuestran la capacidad de entrega y de compromiso del militante. Por tanto, este no es un simple problema racional de supervivencia; tales actitudes est&aacute;n revestidas de una carga moral, deben ser expresiones de lo m&aacute;s noble y, en esa direcci&oacute;n, de lo m&aacute;s puro.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En contrapartida, alejarse de este modelo ideal implica caer en posiciones consideradas como degradantes y fuertemente condenadas por el grupo, que no solamente son castigadas, sino tambi&eacute;n juzgadas moralmente por el colectivo como una "falta de compromiso con la revoluci&oacute;n" (comunicaci&oacute;n personal, 2008). Se percibe, entonces, que se raciocina bajo la l&oacute;gica de la dicotom&iacute;a moralizante de lo indebido (impuro) y la protecci&oacute;n sublimada del ideal revolucionario (puro). As&iacute;, tales valores, incrementados por la visi&oacute;n moral, act&uacute;an como potentes dispositivos simb&oacute;licos que refuerzan el proceso de aprendizaje de las actitudes y disposiciones corporales.</p>      <p><B>El cuerpo duro.</b></p>      <p>Otra dimensi&oacute;n que los militantes necesitan aprender a dominar es la emotividad. Es un nivel m&aacute;s complejo y exigente porque irrumpe en problemas culturales mucho m&aacute;s fuertes como el dolor, la p&eacute;rdida, el sufrimiento, la muerte. Estos estados son condiciones permanentes, latentes, en el mundo de la guerra. Los militantes tienen que aprender a lidiar con estas cargas emocionales, aprender a soportar el dolor en todas sus expresiones - en lo f&iacute;sico, en las ausencias, en las p&eacute;rdidas y, tal vez en lo m&aacute;s dif&iacute;cil, la muerte de sus compa&ntilde;eros y amigos. &iquest;C&oacute;mo consiguen llevar esas cargas tan pesadas? &iquest;C&oacute;mo se mantienen a pesar de esas penas tan duras? &iquest;Qu&eacute; los alienta a seguir sin declinar, sin dejarse derrumbar? V&eacute;ase la siguiente narraci&oacute;n: </p>      <blockquote>As&iacute; es con la revoluci&oacute;n, es cuesti&oacute;n de enamorarnos de ese proyecto y de apostar la vida a &eacute;l. Eso no quiere decir que no haya cosas muy duras. A m&iacute; me ha tocado duro, a mi pap&aacute; lo desaparecieron. Tambi&eacute;n me mataron a una hermana, la secuestraron, la degollaron y varios d&iacute;as despu&eacute;s la encontramos toda descompuesta. Despu&eacute;s me desplazaron la familia. Para ellos es muy duro que yo contin&uacute;e aqu&iacute;. Las presiones familiares son muy fuertes. Tambi&eacute;n estuve en la c&aacute;rcel por m&aacute;s de 5 a&ntilde;o, y tuve poco apoyo de la organizaci&oacute;n, tal vez no por falta de voluntad sino por las condiciones, me trasladaron muy lejos, era una c&aacute;rcel de alta seguridad, sufr&iacute; mucho; no hubo abogado de defensa, me toc&oacute; a m&iacute;, sin saber de eso. Pero, eso no lo puede desmotivar a uno. He puesto mi cuota, mi sacrificio, las cosas hay que hacerlas, conmigo o sin m&iacute;, yo aporto mi grano de arena. Uno dice: "si yo nac&iacute; para algo, para hacer una obra, podr&iacute;a ser una casa y vivir en ella y tener 10 hijos". Pero, luego pienso que estamos haciendo una obra m&aacute;s colectiva, m&aacute;s grande: la revoluci&oacute;n (comunicaci&oacute;n personal, militante, 2007).</blockquote>       <p>Esta historia es com&uacute;n en medio de la guerra, todos los militantes cargan a cuestas muchas historias tristes. No cabe duda de que sienten tristezas, el asunto radica en que aprenden a convivir con ellas, a pesar de ellas y por encima de ellas. El anterior testimonio permite entrever que, a pesar de los dolores y fracasos, eso "no los desmotiva" porque hay algo m&aacute;s fuerte, m&aacute;s poderoso que los mueve: la "revoluci&oacute;n".</p>      <p>Pero, &iquest;qu&eacute; es la revoluci&oacute;n?, &iquest;qu&eacute; dimensi&oacute;n adquiere en este contexto? Es la s&iacute;ntesis de su proyecto de vida y lucha, es la utop&iacute;a, los ideales de libertad que los llevaron a empu&ntilde;ar las armas, y ellos, los protagonistas de ese gran ideal, se sienten llamados, responsables por esta causa. Aunque se pueda sustentar racionalmente los motivos del por qu&eacute; y el para qu&eacute; de la revoluci&oacute;n, sus actitudes, testimonios y discursos permiten constatar algo m&aacute;s que potencializa esa fortaleza emocional y que, bajo este marco interpretativo, estar&iacute;a estrechamente relacionado con el referente cat&oacute;lico del cristo salvador, de asumirse y sentirse redentores del mundo, en una misi&oacute;n sin retorno, que parece estar marcada por el destino, en la que ellos son los elegidos para cumplir esa gran obra.</p>      <p><B>El cuerpo sacrificial.</b></p>       <p>En un mundo lleno de carencias materiales y de falta de comodidades, los militantes tienen que completar su aprendizaje con otro arte: la renuncia. Un arte que se inicia con el desprendimiento de las cosas materiales, los objetos, los utensilios, los accesorios. Las cosas pasan a ser vistas como simples "cosas", en su condici&oacute;n b&aacute;sica, elemental, en cuanto &uacute;tiles para realizar determinadas actividades o suplir ciertas necesidades. Esto no significa que la renuncia lleve al vac&iacute;o, a la ausencia o la p&eacute;rdida. La renuncia es compensada, o mejor, cambiada por algo visto como superior: la superaci&oacute;n de este sentimiento primario (y alienado para ellos) de <I>tener </I>por la incorporaci&oacute;n, seg&uacute;n su perspectiva, del sentimiento autentico de <I>ser</I>.</p>      <p>El <I>ser </I>significa ser m&aacute;s libres, poder llenar ese espacio de <I>tener </I>repleto de las cosas con otros valores como vivir intensamente el momento o estar en comuni&oacute;n con los otros (sentido b&aacute;sico para ellos), siempre en la perspectiva o en armon&iacute;a con sus ideales m&aacute;ximos de lucha.</p>       <p>Estos ejercicios de desprendimiento de los objetos y del mundo material van preparando al sujeto frente a lo que ser&aacute; su renuncia mayor, la entrega de su m&aacute;ximo bien: su cuerpo, su vida. Esta ser&aacute; la verdadera prueba de su capacidad de renuncia, su propio sacrificio como una ofrenda suprema a ese ideal: el pueblo y la revoluci&oacute;n. Sin dolor, sin pena, conforme lo expresa claramente una militante: "Tengo consciencia de que yo tambi&eacute;n quedar&eacute; aqu&iacute;, porque mi amor es entregar mi vida por esto", porque, como dicho encima, cambian ese valor del <I>tener </I>por el de <I>ser </I>y, en este caso, el de <I>ser </I>para el m&aacute;s all&aacute;, el de consagrarse como m&aacute;rtires y ejemplos de la revoluci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>Subjetividad y corporalidad.</b></p>      <p>Entendiendo por subjetividad la formaci&oacute;n de conciencias complejas de pensamiento, sentimiento y reflexi&oacute;n, bajo determinados contextos y pr&aacute;cticas culturales (Ortner, 2006), cabe preguntarse por el tipo de conciencia que se construye en esta organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-militar. Conforme los datos recogidos, podr&iacute;a conjeturarse que la subjetividad del grupo tiene cercan&iacute;a con el modelo de clasificaci&oacute;n social propuesto por Dumont (1970) para el caso de la India: el <I>holismo social</I>, que consiste en una ideolog&iacute;a cuyo orden normativo "le asigna el valor supremo a la totalidad social por encima del individuo a quien ignora" (Stolcke, 2001, p. 18).</p>      <p>Pero, a diferencia de la sociedad de castas de la India, fundamentada en la l&oacute;gica jer&aacute;rquica: "la casta es el v&iacute;nculo social determinante que se encuentra en la base de las relaciones sociales &#91;&hellip;&#93; el principio de <I>jerarqu&iacute;a </I>es omnipresente en el sistema de castas&quot; (Stolcke, 2001: 18), en el caso del ELN, el orden social se rige por valores primos como la justicia social y la construcci&oacute;n de una sociedad socialista igualitaria, donde cobra una marcada centralidad lo colectivo. Se estar&iacute;a hablando, entonces, de una subjetividad condicionada por la noci&oacute;n de <I>holismo social igualitario. </I></p>      <p>Si se asume este presupuesto, se estar&iacute;a planteando que el pensamiento y la l&oacute;gica de actual de este grupo se moldea por ese pilar ideol&oacute;gico que transversaliza y dota de significado su mundo. Los puntos de inflexi&oacute;n que articulan este sistema de pensamiento reposan en cuatro referentes principales, a saber: la <I>revoluci&oacute;n</I>, el <I>pueblo</I>, la <I>organizaci&oacute;n </I>y el <I>colectivo</I>.</p>       <p>La <I>revoluci&oacute;n </I>es una categor&iacute;a social fuertemente semantizada y situada en el tope de sus valores. Se le transfiere un sentido supremo, transcendente, sublime que sintetiza y representa su m&aacute;ximo ideal: la construcci&oacute;n de una sociedad socialista igualitaria. Por su parte, el <I>pueblo </I>es considerado el sujeto hist&oacute;rico de la revoluci&oacute;n, en quien se concentra y se proyecta el ideario de lucha. La <I>organizaci&oacute;n</I>, forma gen&eacute;rica como ellos se conciben y nombran, constituye la mediaci&oacute;n de este ideal de lucha y la acci&oacute;n, en cuanto ellos se consideran los elegidos, los salvadores, que hacen posible la construcci&oacute;n social de ese ideal.</p>         <p>Finalmente, el <I>colectivo</I>, comprendido como los sujetos de la acci&oacute;n de este modelo, puede ser visto a trav&eacute;s de dos niveles de interpretaci&oacute;n: como valor central de su pensamiento y como existencia concreta de su campo de interacci&oacute;n, cuya unidad m&aacute;s significativa son los llamados "colectivos pol&iacute;tico-militares". Estos colectivos constituyen, conforme su reglamento interno, la forma como se concibe el ser y el estar dentro de la organizaci&oacute;n: "Los miembros del ELN est&aacute;n organizados en colectivos pol&iacute;tico-militares y sujetos al plan de trabajo" (Art&iacute;culo 3, Estatutos, 2006).</p>           <p>Cabe resaltar, asimismo, que esta visi&oacute;n del mundo no se formula desde s&iacute; y para s&iacute;, sino que siempre est&aacute; en contraposici&oacute;n con el modelo individualista dominante en la sociedad Occidental.</p>             <p>En este modelo social se maximiza el valor del individuo: "El individualismo es una forma particular de producci&oacute;n cultural que consiste en practicar la regla inversa del holismo: no es la relaci&oacute;n lo que prima, como objeto de inter&eacute;s, sino el individuo sustancializado como entidad aut&oacute;noma" (D&iacute;az, 2003, p. 248).</p> 	 	     <p>El ELN se piensa y se edifica sobre este sentido de oposici&oacute;n y confrontaci&oacute;n, vi&eacute;ndose a s&iacute; mismo como la vanguardia que junto al <I>pueblo </I>(sujeto hist&oacute;rico), luchan por la transformaci&oacute;n de ese modelo individualista considerado como capitalista, alienante, consumista, desigual, injusto.</p> 	  	      <p>En este proceso de confrontaci&oacute;n, visto como un camino de liberaci&oacute;n, ellos se asumen y se construyen como los sujetos ideales, o mejor, como el sujeto <I>colectivo </I>por excelencia. Por eso, todo su esquema de interacci&oacute;n y de construcci&oacute;n simb&oacute;lica reposa sobre tales principios-valores. As&iacute;, se modela la nueva subjetividad aqu&iacute; descrita.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este aspecto ayuda a visibilizar el hecho de que el modelo validado por el grupo -el igualitarismo social, tambi&eacute;n est&aacute; refrendado sobre valores que se vuelven dominantes en este contexto social al punto de naturalizarse y/o esencializarse, lo cual no se corresponde completamente con su <I>modus vivendi</I>. De modo que, a pesar de que los miembros del grupo act&uacute;en en la pr&aacute;ctica bajo diferentes formas de clasificaci&oacute;n jer&aacute;rquica, ellos se piensan y se definen con base en el valor del social-igualitarismo.</p>      <p>Pero, &iquest;c&oacute;mo es la forma en que los miembros del grupo conciben e internalizan dicha l&oacute;gica y &eacute;tica social? En realidad, este fue un aspecto bastante complejo de abordar en la investigaci&oacute;n, pues, los miembros del grupo no se asumen como sujetos bajo la dimensi&oacute;n individualista que estamos acostumbrados a pensarnos. Por eso, durante reiteradas ocasiones surg&iacute;a el interrogante sobre el espacio "personal" de los militantes, ya que, como ellos lo relataban, parec&iacute;a una renuncia al yo. Asunto que se hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s parad&oacute;jico por el hecho de que este aspecto no parec&iacute;a ser problem&aacute;tico para ellos, as&iacute; como se puede observar en el siguiente di&aacute;logo: </p>      <blockquote>-<I>Sobre la "renuncia" &iquest;qu&eacute; piensas?, &iquest;c&oacute;mo fue la tuya al ingresar a la organizaci&oacute;n? </I>La verdad, son renuncias que a la vez no son renuncias, son ganancias y los dem&aacute;s lo ven como renuncias, pero para uno es lo que le est&aacute; permitiendo vivir y crecer. Yo peleo con muchos l&iacute;deres sociales o las esposas de algunos dirigentes que les ha tocado esconderse durante muchos a&ntilde;os y ellas se quejan de que ellos le han dejado todo a la gente, que se han sacrificado por la gente para que la gente no le pague bien. Yo les digo: "no se han sacrificado por la gente, &eacute;l lo ha hecho por &eacute;l". Porque esto a m&iacute; me llena, porque si no estuviera haciendo esto yo no me sentir&iacute;a completa ni &uacute;til como persona.</blockquote>       <blockquote>-Pero, &iquest;qu&eacute; queda de ese sujeto individual?    <br>  Le voy a decir lo que dec&iacute;a un campesino: "yo antes solamente me preocupaba de mi parcela, hoy me estoy preocupando de la comunidad, ahora estoy entendiendo que hay una construcci&oacute;n social", porque en la medida de que va entendiendo, m&aacute;s se da cuenta que tiene que buscar a otros para impregnarlos de eso y que entre todos vamos construyendo. Que soy l&iacute;der, pero es un l&iacute;der con los otros, y que si soy aut&oacute;nomo es una autonom&iacute;a, pero vivida con los dem&aacute;s, sin perder mi individualidad, pero mi individualidad tambi&eacute;n siempre est&aacute; referida al otro (Diario personal, 2008).</blockquote>         <p>De esta manera, fue quedando cada vez m&aacute;s evidente que en esta opci&oacute;n de vida no parec&iacute;a haber traumatismos ni un sentido de renuncia, tal como se podr&iacute;a pensar desde la l&oacute;gica individualista, como tampoco de la nostalgia por lo que podr&iacute;a haber sido o hecho, en la medida de que ese espacio no est&aacute; vac&iacute;o; est&aacute; ocupado por la otredad. Luego, su sentido de vida se construye en relaci&oacute;n a los otros y con referencia al colectivo. Un sentido que no aparece espont&aacute;neamente, como un voto de pertenencia o una insignia de adhesi&oacute;n al grupo, sino que se edifica a trav&eacute;s del proceso vivencial, de la convivencia, de la inmersi&oacute;n en ese mundo. Esta es una importante dimensi&oacute;n que permite hablar de la existencia de una forma distinta, no individualista, de percibir las cosas. En el acto de "estar juntos" todo el tiempo, de convivir permanentemente como colectivo, se producen las condiciones que crean y solidifican esta nueva subjetividad.</p>      <p>El sentido de lo colectivo adquirido en la convivencia y en la consolidaci&oacute;n de lazos de afectividad, tambi&eacute;n se procesa y se refuerza en el ejercicio pol&iacute;tico de la militancia, entendida como la asunci&oacute;n de responsabilidades, las cuales se sustentan en el principio de saber pensar y actuar en funci&oacute;n del grupo. Pues, todas las acciones que se realizan dentro de este contexto social involucra a los otros, sea en cosas aparentemente simples como cocinar hasta hacer la guardia, se est&aacute; poniendo en juego la seguridad y preservaci&oacute;n del grupo. As&iacute;, en el acto de asumir responsabilidades <I>en</I>, <I>de </I>y <I>para </I>el colectivo, el sujeto construye su compromiso con la organizaci&oacute;n y, por este camino, avanza en el proceso de volverse militante, o sea, <I>eleno</I>, tal como ellos lo entienden. Es decir, de solidificar ese sentimiento de "ser parte de" que est&aacute; estrechamente vinculado con la b&uacute;squeda de colectivizarse como pensamiento y como acci&oacute;n.</p>      <p>No pod&iacute;a faltar la reflexi&oacute;n sobre la palabra: el poder creador de nombrar y recrear el mundo a partir del principio fundador de lo colectivo. Sus discursos argumentativos est&aacute;n construidos sobre un sistema de categor&iacute;as y nociones referidas al <I>todo social</I>, que tejen y traducen su pensamiento. Pero, probablemente, lo que puede representar mejor la apropiaci&oacute;n de esta perspectiva en el lenguaje es el tipo de uso y revalorizaci&oacute;n que hacen del pronombre personal <I>Nosotros. </I>Se piensan y hablan bajo esta categor&iacute;a, al punto de que se puede afirmar que el <I>yo </I>pierde sentido, aparece d&eacute;bil; es pr&aacute;cticamente inexistente en su vocabulario. Aspecto que se puede verificar en sus discursos orales o escritos, en los cuales el <I>yo </I>desaparece casi completamente, pues siempre se refieren a s&iacute; mismos como <I>nosotros </I>&#8213; implicando con ello a la organizaci&oacute;n, a los militantes, a los revolucionarios, al pueblo etc. Igualmente, sucede cuando se dialoga con ellos, sus narrativas tienden a evocar la noci&oacute;n de proceso, la acci&oacute;n colectiva, el proyecto pol&iacute;tico o las an&eacute;cdotas grupales.</p>       <p>Cuando se hac&iacute;a preguntas m&aacute;s directas a los militantes que implicaban tomar posici&oacute;n, respond&iacute;an a trav&eacute;s de la voz de la organizaci&oacute;n, sea bajo la forma del <I>nosotros </I>como colectivo concreto o como a organizaci&oacute;n en su sentido general. No era f&aacute;cil que se autocentraran; les costaba hablar de ellos mismos, por eso, se hac&iacute;a necesario ir y regresar en la argumentaci&oacute;n para intentar retener algunas referencias personales. Se constat&oacute;, as&iacute;, la dificultad de indagar en este contexto social desde el modelo individualista, porque all&iacute; el sujeto privilegiado de la acci&oacute;n es el colectivo. En resumen, no se trata de que el <I>yo </I>se encuentre alienado bajo el manto de lo social, sino que este valor se hab&iacute;a transformado en el <I>Nosotros</I><B>, </B>como noci&oacute;n central constructora de esos sujetos y como expresi&oacute;n de su subjetividad.</p>         <p>Finalmente, una dimensi&oacute;n fundamental en la que el sentido de lo colectivo gana vida y se transforma en una conducta internalizada por los miembros del grupo, es la corporalidad. Los cuerpos son reconstruidos y resignificados a partir de la noci&oacute;n de lo social como valor determinante. Por ello, conforme visto, sus signos corporales m&aacute;s visibles son los grupales: el uso del uniforme y de las insignias caracter&iacute;sticas del ELN, en virtud de que no buscan resaltar al individuo sino al sujeto colectivo; es este quien cobra presencia y ocupa un lugar diferenciado en el mundo. Asimismo, todas sus t&eacute;cnicas y disciplinas corporales se dirigen hacia la "incorporaci&oacute;n" de lo social, hasta alcanzar su m&aacute;xima potencializaci&oacute;n con el propio sacrificio, a trav&eacute;s del cual los cuerpos se convierten en la ofrenda mayor, superior, de entrega total al ideal revolucionario como forma de transcendencia del colectivo.</p>      <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><B>Bibliograf&iacute;a.</b></font></p>      <!-- ref --><p>Aguilera, M. (2003). La memoria y los h&eacute;roes guerrilleros. <I>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</I>(49), 3-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236746&pid=S1657-8031201700010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Aguilera, M. (2007). ELN: entre las armas y la pol&iacute;tica. En F. Guti&eacute;rrez, <I>Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en Colombia. </I>Bogot&aacute;: Editorial Norma.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236748&pid=S1657-8031201700010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Aranguren, J. P. (2006). Las inscripciones de la guerra en el cuerpo: evidencias de un sujeto implicado. <I>Revista Colombiana de Psicolog&iacute;a</I>(15), 103-112.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236750&pid=S1657-8031201700010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Bejarano, E. (2005). <I>Camilo Torres Restrepo hoy en d&iacute;a, una visi&oacute;n del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional ELN. Monograf&iacute;a de pregrado en Antropolog&iacute;a. </I>Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236752&pid=S1657-8031201700010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Berger, P., &amp; Luckmann, T. (1976). <I>A constru&ccedil;&atilde;o social da realidade. Tratado de sociologia do conhecimento. </I>Petr&oacute;polis: Vozes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236754&pid=S1657-8031201700010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Broderick, W. (1977). <I>Camilo Torres: el cura guerrillero. </I>Bogot&aacute;: C&iacute;rculo de Lectores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236756&pid=S1657-8031201700010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Broderick, W. (2000). <I>El guerrillero invisible. </I>Bogot&aacute;: Intermedio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236758&pid=S1657-8031201700010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>        <!-- ref --><p>Castro, M. C. (2002). Investiduras, destrozos y cicatrices o del cuerpo en la guerra. <I>Desde el Jard&iacute;n de Freud</I>, 38-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236760&pid=S1657-8031201700010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>        <!-- ref --><p>DaMatta, R. (1983). <I>Carnavais, Malandros e Her&oacute;is. Para uma sociologia do dilema brasileiro. </I>Rio de Janeiro: Zahar editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236762&pid=S1657-8031201700010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>         <!-- ref --><p>DaMatta, R., Seeger, A., &amp; Viveiros de Castro, E. (1979). A constru&ccedil;&atilde;o da Pessoa nas sociedades ind&iacute;genas brasileiras. <I>Boletim do Museu Nacional</I>(32), 2-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236764&pid=S1657-8031201700010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	     <!-- ref --><p>D&iacute;az, A. (2003). Las formas del holismo. La construcci&oacute;n te&oacute;rica de la totalidad en etnograf&iacute;a. <I>Revista de Dialectolog&iacute;a y Tradiciones Populares, 58</I>(1), 237-262.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236766&pid=S1657-8031201700010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	      <!-- ref --><p>D&iacute;az, C. L. (2003). Destrucci&oacute;n del cuerpo: de la fantas&iacute;a al acto. <I>Desde El Jard&iacute;n de Freud</I>(2), 20-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236768&pid=S1657-8031201700010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	       <!-- ref --><p>Foucault, M. (1987). <I>Vigiar e punir. </I>Petr&oacute;polis: Vozes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236770&pid=S1657-8031201700010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Harnecker, M. (1988). <I>Unidad que multiplica: entrevista a dirigentes m&aacute;ximos de la Uni&oacute;n Camilista Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional. </I>Quito: Quimera Ediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236772&pid=S1657-8031201700010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	       <!-- ref --><p>Le Breton, D. (1995). <I>Antropolog&iacute;a del cuerpo y modernidad. </I>Buenos Aires: Nueva Visi&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236774&pid=S1657-8031201700010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	        <!-- ref --><p>Londo&ntilde;o, L. M. (2005). La corporalidad de las guerreras: una mirada sobre las mujeres combatientes desde el cuerpo y el lenguaje. <I>Revista De Estudios Sociales</I>(21), 67-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236776&pid=S1657-8031201700010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 		     <!-- ref --><p>L&oacute;pez, M. (1989). <I>Camilo camina en Colombia. </I>Colombia: Ediciones R&uacute;sticas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236778&pid=S1657-8031201700010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 		      <!-- ref --><p>Maluf, S. (2002). Corpo e Corporalidade nas culturas contempor&acirc;neas: abordagens antropol&oacute;gicas. <I>Esbo&ccedil;os (UFC) </I>(9), 87-101.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236780&pid=S1657-8031201700010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 		      <!-- ref --><p>Mauss, M. 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(2001). <I>Elementos para una historia de las ideas pol&iacute;ticas del ELN. </I>Bogot&aacute;: Rodr&iacute;guez Quito editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236786&pid=S1657-8031201700010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ortner, S. (2006). <I>Anthropology and Social Theory. Culture, power, and the acting subject. </I>London: Duke University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236788&pid=S1657-8031201700010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>P&eacute;rez, 	A. L. (2006). 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(2008). <I>O sentido de ser guerrilheiro: Uma an&aacute;lise antropol&oacute;gica do Ex&eacute;rcito de Liberta&ccedil;&atilde;o Nacional da Col&ocirc;mbia. </I>Florian&oacute;polis: Universidad Federal de Santa Catarina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236792&pid=S1657-8031201700010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Stolcke, V. (2001). Gloria o maldici&oacute;n del individualismo moderno seg&uacute;n Louis Dumont. <I>Revista de Antropologia, 44</I>(2), 8-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236794&pid=S1657-8031201700010001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Turner, V. (1982). Liminal to liminoid in Play, Flow, and Ritual: An Essay in Comparative Symbology. En <I>From Ritual to Theatre: The Human Seriousness of Play. </I>New York: PAJ.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236796&pid=S1657-8031201700010001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>        <!-- ref --><p>Uribe, M. T. (2001). Las guerras por la naci&oacute;n en Colombia durante el siglo XIX. <I>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</I>(18), 9-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236798&pid=S1657-8031201700010001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>        <!-- ref --><p>Vargas, A. (1992). <I>Colonizaci&oacute;n y conflicto armado. Magdalena Medio Santandereano. </I>Bogot&aacute;: Cinep.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236800&pid=S1657-8031201700010001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Vargas, A. (1998). Una mirada anal&iacute;tica sobre el ELN. <I>Controversia</I>(173), 100-120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5236802&pid=S1657-8031201700010001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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