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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Alexis de Tocqueville y la tradición liberal]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article tries to find inside Tocqueville's thought his contributions to the liberal tradition, understanding that this tradition has been growing from time to time, thanks to the contribution of different persons, each one has contributed to give shape and to consolidate what now we call and know as "liberalism".]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <br>    <p align="center"><font size="4"><b>Alexis de Tocqueville y la tradici&oacute;n liberal<a name="nota1"></a><a href="#nota_1"><sup>*</sup></a></b></font></p>      <p><b>Constanza Mazzina<a name="nota2"></a><a href="#nota_2"><sup>**</sup></a></b></p>      <p><sup><a name="nota_1"></a><a href="#nota1">*</a></sup> Art&iacute;culo de Reflexi&oacute;n</p>      <p align="justify"><sup><a name="nota_2"></a><a href="#nota2">**</a></sup> Constanza Mazzina es licenciada y profesora en Relaciones Internacionales (USAL -Argentina)- Master en Econom&iacute;a y Ciencias Pol&iacute;ticas (ESEADE - Argentina). Actualmente es investigadora de la Fundaci&oacute;n Friedrich A von Hayek. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:c_mazzina@hayek.org.ar">c_mazzina@hayek.org.ar</a></p>      <p><b>Recibido:</b> 6 de septiembre de 2008 - <b>Revisado: </b>10 de octubre de 2008 - <b>Aceptado:</b> 12 de octubre de 2008</p>  <hr> <font size="3">     <br>    <p><b>Resumen</b></p></font>      <p align="justify"> El presente escrito busca rastrear en el pensamiento de Alexis de Tocqueville sus aportes a la tradici&oacute;n liberal, entendiendo que &eacute;sta se ha formado a lo largo de los siglos a trav&eacute;s del aporte intelectual de diversos pensadores que contribuyeron cada uno a dar forma y consolidar el andamiaje te&oacute;rico que hoy conocemos como &quot;liberalismo&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Tocqueville. Liberalismo. Democracia. Despotismo. Libertad.</p>  <hr> <font size="3">     <br>    <p align="center"><b>Alexis de Tocqueville and the liberal tradition</b></p></font>  <font size="3">     <p><b>Abstract</b></p></font>      <p align="justify"> The article tries to find inside Tocqueville's thought his contributions to the liberal tradition, understanding that this tradition has been growing from time to time, thanks to the contribution of different persons, each one has contributed to give shape and to consolidate what now we call and know as &quot;liberalism&quot;.</p>      <p><b>Keywords: </b>Tocqueville. Liberalism. Democracy. Despotism. Freedom.</p>  <hr> <font size="3">     <br>    <p><b>Introducci&oacute;n</b></p></font>      <p align="justify"> El liberalismo cl&aacute;sico intent&oacute; dar soluci&oacute;n a los problemas del ejercicio del poder emanados de la atribuci&oacute;n del monopolio de la fuerza al Estado. La pregunta es &iquest;c&oacute;mo hacer para que quien posea el monopolio de la fuerza no la utilice para invadir &aacute;mbitos que le est&aacute;n vedados? El liberalismo cl&aacute;sico se encontr&oacute; ante el desaf&iacute;o de c&oacute;mo limitar el poder. Las respuestas que surgieron para evitar los abusos de la autoridad apuntaron a fragmentar, separar, dividir, el poder de los gobernantes y a otorgar defensas y protecci&oacute;n a los gobernados. Ante esta premisa, inscribimos y se&ntilde;alamos los aportes de Alexis de Tocqueville: &iquest;cu&aacute;les son los mecanismos, los recursos, los pilares, que el pensador franc&eacute;s encontr&oacute; para preservar la libertad, cu&aacute;les son los baluartes contra el despotismo? &iquest;Cu&aacute;les son los muros de contenci&oacute;n contra la concentraci&oacute;n del poder o la expansi&oacute;n del poder central a expensas del individuo? Nuestro autor responde que:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Hay dos medios de disminuir el poder de la autoridad en una naci&oacute;n. Consiste el primero en debilitar el poder en su principio mismo privando a la sociedad del derecho o de la facultad de defenderse en ciertos casos. Debilitar la autoridad de esta manera es, en general, lo que se llama en Europa establecer la libertad. Hay un segundo medio de disminuir la acci&oacute;n de la autoridad: no consiste &eacute;ste en quitar a la sociedad algunos de sus derechos o paralizar sus esfuerzos, sino en repartir el uso de sus poderes entre varios manos, en multiplicar los funcionarios atribuyendo a cada uno de ellos todo el poder que requiere para ejecutar aquello que se le enco-mienda (...) As&iacute; dividida, la autoridad se hace menos arrolladora y peligrosa, pero no se destruye (1984, p. 86).</p> </blockquote>  <font size="3">     <br>    <p><b>Tocqueville: entre el Liberalismo y el Republicanismo</b></p></font>      <p align="justify"> Diversos autores han reconocido en Tocqueville un autor que resume y expresa dos corrientes de pensamiento: la Liberal y la Republicana, mejor dicho, liberalismo y republicanismo. La primera, la tradici&oacute;n liberal, comienza por preguntarse de qu&eacute; manera el gobierno debe tratar a sus ciudadanos, el republicanismo, por su parte, se interroga por los modos en que los ciudadanos pueden alcanzar su autogobierno (Gargarella, 1999).</p>      <p align="justify"> Comencemos por se&ntilde;alar la postura de Natalio Botana, en su libro <i>La Tradici&oacute;n Republicana </i>(Botana, 2005J, en su pr&oacute;logo:</p>      <blockquote>     <p align="justify"> los grandes emblemas republicanos -la libertad y la igualdad- tomaron al principio la virtud como campo de experiencia, mas tarde se desplazaron hacia el territorio de los derechos delimitados por el Estado, luego sirvieron de acicate para impulsar transformaciones materiales y, por fin, los dos t&eacute;rminos abrazaron la idea, seg&uacute;n escribi&oacute; Raymond Aron, &quot;de que el hombre se encuentra &eacute;l mismo en el mundo hist&oacute;rico porque &eacute;l es su creador, y que, simult&aacute;neamente, este mundo exterior se encuentra reintroducido, introyectado en la conciencia del observador&quot;. Hay pues en este retrato de la tradici&oacute;n republicana (...) un discurso de la virtud, un discurso del poder del Estado, un discurso de la riqueza y un discurso sobre la historia (p. 12).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Destaca Botana que la democracia de Tocqueville est&aacute; situada en el centro del trayecto entre la <i>rep&uacute;blica de la virtud </i>y la <i>rep&uacute;blica del inter&eacute;s. </i>Tocqueville pretende -seg&uacute;n Botana- enlazar dos t&eacute;rminos que se supon&iacute;an irreconciliables: el sacrificio por la virtud y la ventaja del inter&eacute;s. El inter&eacute;s bien entendido ser&iacute;a por consiguiente un freno que les ense&ntilde;a a los ciudadanos a transferir parte de su vida privada a la esfera de lo p&uacute;blico, sin la cual no hay comunidad posible. El individualismo hace est&eacute;ril al ciudadano y de esta represi&oacute;n en un mismo sujeto de su condici&oacute;n ciudadana en aras del exclusivo inter&eacute;s del habitante puede derivarse un futuro sombr&iacute;o. Cuando se comienza a socavar la legitimidad democr&aacute;tica, el individualismo, a la larga, socava las libertades individuales. Sin recaer en la visi&oacute;n espartana del ciudadano consagrado por entero a la voluntad general, el sujeto que participa en una democracia no debe abdicar del m&iacute;nimo de virtud contenida en el inter&eacute;s bien entendido.</p>      <p align="justify"> Por otro lado, Helena B&eacute;jar en su libro <i>El coraz&oacute;n de la rep&uacute;blica, </i>se pregunta qu&eacute; es el republicanismo. Para esta autora, el republicanismo habla de la &quot;virtud como amor a la patria y (entiende) la ciudadan&iacute;a como una profunda fraternidad.&quot; (B&eacute;jar 2000, p. 12) Luego agrega que:</p>     <blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> la m&eacute;dula del republicanismo es la virtud, un apasionado sentimiento moral que sostiene a la Ciudad y que el poder p&uacute;blico debe alimentar. Frente al distanciamiento liberal, la psicolog&iacute;a republicana est&aacute; hecha de cercan&iacute;a, de una voluntad colectiva de pertenencia a una comunidad que se experimenta como propia. Seg&uacute;n la tradici&oacute;n de la virtud, las instituciones pueden forjar buenos ciudadanos que contribuyen a crear leyes apropiadas que, a su vez, redundan en buenas costumbres. (...) La virtud es el &iacute;mpetu del ciudadano dispuesto a contribuir activamente en la construcci&oacute;n de una esfera p&uacute;blica autorrealizadora (B&eacute;jar, 2000, p. 15).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Por su parte, el liberalismo descansa en el individuo. En este sentido, &quot;gobierno y sociedad son agregados que los individuos fundan. (...) Asimismo brilla por su ausencia la idea de comunidad, ya la natural, ya la pol&iacute;tica, que defiende el republicanismo.&quot; (B&eacute;jar, 2000, p. 13)</p>      <p align="justify"> &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa Tocqueville en esta tradici&oacute;n? Para la autora, es &eacute;l &quot;quien sit&uacute;a en su justo lugar qu&eacute; queda de la rep&uacute;blica en la democracia, paradigma social y pol&iacute;tico de los nuevos tiempos.&quot; (B&eacute;jar, 2000, p. 13) Tambi&eacute;n se&ntilde;ala que con &eacute;l, el republicanismo c&iacute;vico se abre a la <i>modernidad </i>y que el an&aacute;lisis de Tocqueville sobre las comunas americanas &quot;ejemplifica el complejo tr&aacute;nsito de la virtud al inter&eacute;s e ilumina el paso desde una noci&oacute;n de comunidad pol&iacute;tica (...) a una social (...).&quot; (B&eacute;jar, 2000, p. 119).</p>      <p>Por su parte, Daniel Cohn (2000) indica que :</p>      <blockquote>      <p align="justify"> los grandes cambios que Tocqueville percibe e intenta retratar se refieren a una sociedad atravesada de punta a punta no por la virtud, que une a los hombres y los hace trascender su &aacute;mbito privado, sino por el inter&eacute;s, que los separa y los impele siempre de vuelta hacia su mundo personal. En las nuevas circunstancias, de poco valdr&iacute;a invocar el republicanismo cl&aacute;sico como soluci&oacute;n. Tocqueville tiene m&aacute;s afinidades con la posici&oacute;n republicana que con el <i>laissez-faire </i>(o, dadas las peculiaridades de su modo de pensar, tal vez fuese mejor decir que no concibe uno sin referencia al otro). Para hacer frente a este problema, se vali&oacute; de un recurso de gran audacia intelectual. Retom&oacute; el tema del inter&eacute;s, pero para proyectar en el interior de esta misma noci&oacute;n su exigencia de moderaci&oacute;n, de autogobierno, de impulso regulado. Crea as&iacute; una figura parad&oacute;jica a primera vista: el inter&eacute;s bien comprendido, en el que conviven el impulso dirigido hacia s&iacute; mismo y la contenci&oacute;n teniendo en vista a los dem&aacute;s. <i>&quot;Concibo una sociedad en la que todos, contemplando la ley como obra suya, la amen y se sometan a ella sin esfuerzo; (...) Gozando cada uno de sus derechos, y estando seguro de conservarlos, as&iacute; es como se establece entre todas las clases sociales una viril confianza y un sentimiento de condescendencia rec&iacute;proca, tan distante del orgullo como de la bajeza. Conocedor de sus verdaderos intereses, el pueblo comprender&aacute; que, para aprovechar los bienes de la sociedad, es necesario someterse a sus cargas. La asociaci&oacute;n libre de los ciudadanos podr&iacute;a reemplazar entonces al poder individual de los nobles, y el Estado se hallar&iacute;a cubierto contra la tiran&iacute;a y contra el libertinaje. </i>Este pasaje se encuentra ya en 1835 en la introducci&oacute;n del autor a la <i>Democracia en Am&eacute;rica. </i>(Cohn, 2000, p. 260).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Por otro lado, Mariano Grondona (1986, pp. 84-85) afirma que Tocqueville &quot;representa un pensador egregio y t&iacute;pico del 'liberalismo a la defensiva'. La esperanza de Tocqueville es salvar la idea de la libertad frente al predominio inminente de la igualdad, que es el nuevo ideal de su tiempo. (...) Tocqueville reacciona pregunt&aacute;ndose c&oacute;mo se puede salvar la libertad ante la inevitable igualdad. (...) Tocqueville es un liberal resignado.<a name="1"></a><a href="#1a"><sup>1</sup></a>&quot;</p>      <p align="justify"> En estas l&iacute;neas no nos adentraremos ni profundizaremos en esta actual discusi&oacute;n, sino que en las pr&oacute;ximas p&aacute;ginas haremos referencia a los aportes espec&iacute;ficos del autor en la construcci&oacute;n del pensamiento que hoy conocemos como &quot;liberalismo&quot;. Baste se&ntilde;alar, tal como lo ha expresado el Dr. Alberto Benegas Lynch (2003), que de Tocqueville invit&oacute; a estar atento a las intromisiones de los estados sobre las libertades antes de que se completen.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Los aportes de Tocqueville a la tradici&oacute;n liberal</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> En las siguientes p&aacute;ginas abordaremos los aportes concretos del pensamiento de Tocqueville para la tradici&oacute;n liberal. Desde la perspectiva adoptada, Tocqueville ha contribuido en la identificaci&oacute;n y construcci&oacute;n de diversos muros de contenci&oacute;n a la expansi&oacute;n y potencial uso arbitrario del poder. Seg&uacute;n Grondona (1986):</p>      <blockquote>     <p align="justify"> Lo que descubre Tocqueville en Estados Unidos como nuevos apoyos de la libertad, como 'pr&oacute;tesis' institucionales que all&iacute; reimplantan la diversidad salvadora de la libertad (...) es el <b>federalismo, la proliferaci&oacute;n de las asociaciones voluntarias y la libertad de prensa. </b>Estas son las instituciones en las que m&aacute;s insiste Tocqueville (p. 88).</p> </blockquote>      <p>Raymond Aron (1996, p. 263) sostiene que:</p>      <blockquote>     <p align="justify"> la &quot;tesis de Tocqueville es (...) la siguiente: la libertad no puede fundarse sobre la desigualdad, por lo tanto debe afirmarse sobre la realidad democr&aacute;tica de la igualdad de condiciones, y salvaguardarse mediante instituciones cuyo modelo ha cre&iacute;do hallar en Estados Unidos.</p> </blockquote>      <p align="justify"> Estos &quot;diques de contenci&oacute;n&quot; arman la estructura argumentai sobre la que desarrollaremos las sucesivas p&aacute;ginas de esta presentaci&oacute;n.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Sobre la (des)centralizaci&oacute;n</b></p></font>      <p align="right"><i>&quot;¡Centralizaci&oacute;n, centralizaci&oacute;n: m&aacute;scara    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  neutra y moderna de la servidumbre! ¡Asfixia    <br>  mortal de esa libertad cuyo culto profesa    <br>  Tocqueville!&quot; </i>    <br>  J.J. Chevallier (2006, p. 225)</p>      <p>Al momento de caracterizar el centralismo, Tocqueville hace una distinci&oacute;n entre centralismo <i>gubernativo </i>y centralismo <i>administrativo. </i>El primero queda definido como aquel ejercicio del poder que se ocupa de las cuestiones que son de inter&eacute;s com&uacute;n a toda la naci&oacute;n -dictado de leyes, relaciones con pueblos extranjeros, etc.-. El segundo, en cambio, refiere a cuestiones vinculadas con los intereses particulares de las provincias o las comunas. Cuando estudia las caracter&iacute;sticas particulares de los dos tipos de centralizaci&oacute;n, el autor que analizamos destaca la importancia que tiene para la grandeza de una naci&oacute;n la centralizaci&oacute;n gubernativa: no se puede concebir que una naci&oacute;n acierte a vivir y sobre todo a prosperar sin una fuerte centralizaci&oacute;n gubernamental (Botana, 2005). Por otra parte, al referirse a la centralizaci&oacute;n administrativa, si bien destaca su importancia en momentos espec&iacute;ficos -combate, guerra -, la considera insuficiente para asegurar la prosperidad durable de un pueblo.</p>      <p>En esta clasificaci&oacute;n la <i>centralizaci&oacute;n administrativa </i>encarna en el pensamiento tocquevilliano el mayor peligro para la democracia ya que hacia ella tienden <i>naturalmente </i>los gobiernos democr&aacute;ticos. La &uacute;nica forma de evitar esta tendencia es a trav&eacute;s del arte de asociaci&oacute;n. Despu&eacute;s de adentrarnos en el tema del despotismo, veremos cu&aacute;les son y c&oacute;mo operan los muros de contenci&oacute;n contra el despotismo, y ah&iacute; volveremos sobre el tema del asociacionismo.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Sobre el Despotismo</b></p></font>      <p align="justify"> El principal peligro que se cierne, seg&uacute;n Tocqueville, sobre toda democracia es el de la ca&iacute;da en el despotismo. C&oacute;mo puede ello suceder, es el tema recurrente de la totalidad de su obra y su estudio sobre la Democracia. Toda ella investiga el juego entre las nociones de igualdad y libertad, as&iacute; como entre sus aplicaciones en la vida pol&iacute;tica y en los acontecimientos decisivos para la historia moderna que fueron la Revoluci&oacute;n Norteamericana, la Revoluci&oacute;n Francesa y la Revoluci&oacute;n de 1848 (Barcel&oacute;, 1985). Tocqueville al hablar del tipo de despotismo<a name="2"></a><a href="#2a"><sup>2</sup></a> que deber&iacute;an temer las naciones democr&aacute;ticas lo hace con estas palabras:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> (...) Absoluto, minucioso, regular, advertido y benigno, se asemejar&iacute;a al poder paterno, si como &eacute;l tuviese por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, al contrario, no trata sino de fijarlos irrevocablemente en la infancia (...) provee a su seguridad y a sus necesidades, facilita sus placeres, conduce sus principales negocios, dirige su industria, arregla sus sucesiones, divide sus herencias y se lamenta de no poder evitarles el trabajo de pensar y la pena de vivir (1984, p. 265).</p>      <p align="justify"> Creo que si el despotismo se estableciera en las naciones democr&aacute;ticas contempor&aacute;neas, tendr&iacute;a otras caracter&iacute;sticas; ser&iacute;a m&aacute;s amplio y m&aacute;s benigno, y degradar&iacute;a a los hombres sin atormentarlos (1984, p. 265).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Este es un nuevo tipo de despotismo, de una especie completamente nueva. Despotismo de &quot;tutores m&aacute;s que de tiranos&quot; dir&aacute; Chevallier (2006: 226).</p>      <p align="justify"> La centralizaci&oacute;n, a la que hemos hecho referencia en el apartado anterior, representada en la figura del &quot;despotismo dulce&quot; -caracterizado por la apat&iacute;a generalizada, por ciudadanos que no act&uacute;an ni piensan<a name="3"></a><a href="#3a"><sup>3</sup></a>-, supera en peligrosidad el mal de la &quot;tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a&quot;- caracterizada por una sociedad civil tumultuosa y movilizada. De esta manera el despotismo profundiza y hace m&aacute;s fuerte la tendencia que nace del y con el individualismo de volcar a los hombres a ocuparse &uacute;nicamente de sus intereses particulares, levantando barreras entre ellos y promoviendo la indiferencia general. Desde aqu&iacute;, la relaci&oacute;n con el individualismo.</p>      <blockquote>     <p align="justify"> El despotismo, medroso por naturaleza, ve en el aislamiento de los hombres la mayor garant&iacute;a de su propia duraci&oacute;n, por lo que dedica a ello sus mayores esfuerzos. No hay vicio del coraz&oacute;n humano que le agrade tanto como el ego&iacute;smo; un d&eacute;spota perdona f&aacute;cilmente a los gobernadores su falta de afecto, con tal de que tampoco se estimen entre s&iacute;. No les pide su ayuda para conducir el estado; le basta con que no pretenden dirigirlo ellos. Llama turbulentos e inquietos a los que tratan de unir sus fuerzas para la com&uacute;n prosperidad, y, cambiando el sentido natural de las palabras, denomina buenos ciudadanos a los que se encierran por entero en s&iacute; mismos.</p>      <p align="justify"> As&iacute;, los vicios del despotismo son precisamente aquellos que favorecen la igualdad. Estas dos cosas se complementan y se sostienen mutuamente de una manera funesta.</p>      <p align="justify"> La igualdad sit&uacute;a a los hombres unos al lado de otros sin un lazo com&uacute;n que les sujete. El despotismo alza barreras entre ellos y los separa. Aqu&eacute;lla les predispone a no ocuparse de sus semejantes, y &eacute;ste viene a hacer de la indiferencia una especie de virtud p&uacute;blica. (p. 92).</p> </blockquote>      <p align="justify"> La igualdad representa el elemento constitutivo de una democracia; m&aacute;s a&uacute;n, es el rasgo que caracteriza a la modernidad. Frente a tal estado de cosas, el deseo de a&ntilde;adir a la vida pol&iacute;tica el factor libertad da origen a las revoluciones democr&aacute;ticas. Con todo, a&uacute;n en las democracias, la nostalgia de la igualdad supera con creces a la aspiraci&oacute;n a la libertad, de modo que esta &uacute;ltima puede llegar a ser gustosamente sacrificada con vistas a preservar la vigencia irrestricta de la primera. En tales circunstancias, la democracia tiende a hacerse desp&oacute;tica y amenaza someter a los ciudadanos a una forma de sujeci&oacute;n que puede llegar a ser m&aacute;s avasalladora y total que la ejercida por los monarcas absolutos del pasado. Frente a esta situaci&oacute;n aparece la respuesta que encuentra Tocqueville:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Por mi parte, afirmo que para combatir los males que puede producir la igualdad, s&oacute;lo hay un remedio eficaz: la libertad pol&iacute;tica (1984, p. 95).</p>      <p align="justify"> (...) Los americanos han combatido con la libertad el individualismo propio de la igualdad, y lo han vencido.</p>      <p align="justify"> Los legisladores de Am&eacute;rica pensaron que, para curar una enfermedad tan natural al cuerpo social en tiempos democr&aacute;ticos, y tan funesta, no bastaba otorgar a la naci&oacute;n entera una representaci&oacute;n de s&iacute; misma, sino que adem&aacute;s de esto conven&iacute;a que cada parte del territorio tuviese su propia vida pol&iacute;tica, a fin de que todos los ciudadanos vieran hasta el infinito las ocasiones de obrar conjuntamente y sintieran a diario su dependencia rec&iacute;proca.</p>      <p align="justify"> (...) Dif&iacute;cilmente se aparta a un hombre de s&iacute; mismo para interesarle en el destino de todo el estado, porque percibe mal la influencia que la suerte del estado ejercer&aacute; en la suya propia. Pero si se trata de abrir un camino a trav&eacute;s de sus tierras, al momento se dar&aacute; cuenta de que hay una relaci&oacute;n entre ese peque&ntilde;o asunto p&uacute;blico y sus m&aacute;s importantes asuntos privados, de forma que descubrir&aacute;, sin necesidad de ayuda, el estrecho lazo que une aqu&iacute; el inter&eacute;s particular con el general.</p>      <p align="justify"> As&iacute; pues, al encargar a los ciudadanos la administraci&oacute;n de esos peque&ntilde;os asuntos, se les interesa en el bien p&uacute;blico y se les muestra la necesidad constante que tienen los unos de los otros para producirlo, mejor que entreg&aacute;ndoles el gobierno de los grandes.</p>      <p align="justify"> (...) Las instituciones libres que poseen los habitantes de los Estados Unidos, y los derechos pol&iacute;ticos de que tanto uso hacen, recuerdan a cada ciudadano continuamente y de mil modos diferentes que vive en una sociedad. A cada momento les llevan a pensar que tanto el deber como el inter&eacute;s de los hombres consisten en hacerse &uacute;tiles a sus semejantes. Y como no tiene alg&uacute;n motivo espec&iacute;fico para odiarlos, puesto que no es jam&aacute;s ni su esclavo ni su amo, su coraz&oacute;n se inclina f&aacute;cilmente a la benevolencia. Los ciudadanos se ocupan primeramente del inter&eacute;s general por necesidad, y luego por conveniencia; lo que era c&aacute;lculo se convierte en costumbre, y a fuerza de laborar por el bien de sus conciudadanos, acaban adquiriendo el h&aacute;bito y el gusto de servirlos (1984, pp. 94-95).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Tocqueville distingue a este despotismo del poder que hubieran podido ejercer los Cesares y los Emperadores ya que en ambos, si bien el poder quedaba concentrado en manos del soberano, nunca alcanzaba los pormenores de la vida social ni de la existencia individual:</p>      <blockquote>     <p align="justify"> me parece seguro que en &eacute;pocas de saber y de igualdad como las nuestras, los soberanos lograr&aacute;n reunir m&aacute;s f&aacute;cilmente todos los poderes p&uacute;blicos en sus manos y penetrar en el dominio de los intereses privados m&aacute;s habitual y profundamente de lo que haya podido hacerlo ning&uacute;n soberano en la Antig&uuml;edad (pp. 265-266).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Este nuevo despotismo deja de lado el cuerpo de los ciudadanos para ocuparse directamente de su alma. Al mismo tiempo que atomiza la sociedad civil se inmiscuye en los pormenores de la vida cotidiana de los individuos en las sociedades democr&aacute;ticas:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p align="justify"> La presi&oacute;n (a la) que est&aacute;n amenazados los pueblos democr&aacute;ticos no se parece a nada de lo que ha precedido en el mundo y que nuestros contempor&aacute;neos ni siquiera recordar&aacute;n su imagen (...) Despu&eacute;s de haber tomado as&iacute; alternativamente entre sus poderosas manos a cada individuo y de haberlo formado a su antojo, el soberano extiende sus brazos sobre la sociedad entera y cubre su superficie de un enjambre de leyes complicadas, minuciosas y uniformes, a trav&eacute;s de las cuales los esp&iacute;ritos m&aacute;s raros y las almas m&aacute;s vigorosas no pueden abrirse paso y adelantarse a la muchedumbre: no destruye las voluntades, pero las ablanda, las somete y las dirige; obliga raras veces a obrar, pero se opone incesantemente a que se obre; no destruye, pero impide crear; no tiraniza, pero oprime; mortifica, embrutece extingue, debilita y reduce, en fin a cada naci&oacute;n a un reba&ntilde;o de animales t&iacute;midos e industriosos, cuyo pastor es el gobernante (...) (1984, pp. 268-269).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Nuestro siguiente punto ser&aacute; entonces abordar la importancia de la experiencia local, del auto-gobierno en el pensamiento del autor y c&oacute;mo esto se va fomentando y construyendo los muros de contenci&oacute;n al despotismo.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Sobre la importancia del gobierno local</b></p></font>      <p align="justify"> Como destaca Helena B&eacute;jar, &quot;lector de los Padres Fundadores norteamericanos, Tocqueville sigue literalmente a Jefferson cuando observa que la <i>commune, </i>el <i>township </i>jeffersoniano, el condado y el estado son las tres unidades en orden de complejidad creciente de la actividad pol&iacute;tica.&quot; (B&eacute;jar, 2000, p. 121) Thomas Jefferson hab&iacute;a escrito -en una nota para Samuel Kercheval, el 12 de julio de 1816, texto conocido como <i>Reforma de la Constituci&oacute;n de Virginia- sobre </i>la importancia de los municipios, asign&aacute;ndoles el papel de principio vital de los gobiernos. Los papeles Federalistas hicieron tambi&eacute;n eco de esta idea convirti&eacute;ndolos en partes constituyentes de la soberan&iacute;a nacional, con representaci&oacute;n en el Senado.</p>      <p> Tocqueville, en efecto, nos dir&aacute;:</p>      <blockquote>     <p align="justify"> (...) Las libertades locales, que hacen que un gran n&uacute;mero de ciudadanos valoren el afecto de sus amigos y allegados, empujan sin cesar a los hombres unos hacia otros, pese a las tendencias aisladoras, al forzarles a ayudarse mutuamente (1984, p. 94)</p> </blockquote>      <p align="justify"> Este auto-gobierno, o como dice Manent, el <i>self-goverment </i>nace en las peque&ntilde;as comunidades y fuerza a los hombres a aprender el arte de la asociaci&oacute;n y de la vida p&uacute;blica<a name="4"></a><a href="#4a"><sup>4</sup></a>:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p align="justify"> (...) es en el municipio donde reside la fuerza de los pueblos libres. Las instituciones municipales son a la libertad lo que las escuelas primarias a la ciencia; ellas son las que la ponen al alcance del pueblo; les hacen gustar de su uso pac&iacute;fico y lo habit&uacute;an de servirse de ella. Sin instituciones municipales, una naci&oacute;n puede darse un gobierno libre, pero carecer&aacute; del esp&iacute;ritu de la libertad. Pasiones fugaces, intereses del momento o el azar de las circunstancias pueden darle formas aparentes de independencia; pero el despotismo, arrinconado en el fondo del cuerpo social, tarde o temprano reaparece en la superficie. (...) En las naciones donde reina el dogma de la soberan&iacute;a del pueblo, cada individuo participa igualmente en la soberan&iacute;a y en el gobierno del estado. (...) la vida pol&iacute;tica surgi&oacute; del seno mismo de los municipios; casi podr&iacute;a decirse que en su origen cada uno de ellos era una naci&oacute;n independiente. (...) (1984, p.75).</p> </blockquote>      <p align="justify"> En este inter&eacute;s por la vida p&uacute;blica, en este ejercicio de libertad pol&iacute;tica, Tocqueville encuentra no solamente la respuesta indispensable al individualismo atomista que puede provenir de la igualdad, sino tambi&eacute;n una herramienta fundamental para luchar contra el peso de la opini&oacute;n &quot;de las masas&quot;. &Uacute;nicamente la libertad pol&iacute;tica hace que los hombres &quot;salgan de s&iacute; mismos&quot; para vivir en un mundo com&uacute;n y con un destino compartido. Los municipios operan como una escuela de participaci&oacute;n y, al mismo tiempo, son ellos los que hacen posible el ejercicio de la libertad pol&iacute;tica.</p>      <p align="justify"> El autogobierno no es para Tocqueville un mero dispositivo constitucional, sino la propia forma pol&iacute;tica propia de la libertad. En &eacute;l no s&oacute;lo se sostienen las instituciones libres, sino que tambi&eacute;n se realiza el propio aprendizaje de la libertad. Ah&iacute; se crean hombres de car&aacute;cter independiente que, no estando sometidos a nadie para regir su vida, tampoco entregan a un poder externo, por m&aacute;s benigno y tutelar que sea, la gesti&oacute;n de los negocios p&uacute;blicos locales y la elecci&oacute;n de sus representantes en los niveles estatales y nacionales del poder. Chevallier se&ntilde;ala que las instituciones provinciales o municipales son por excelencia las instituciones libres, Tocqueville siente hacia ellas tanto amor como odio reserva para la centralizaci&oacute;n (2006, p. 228). Esta experiencia contribuye (en) y construye la formaci&oacute;n de ciudadanos libres y soberanos. De acuerdo a Pierre Manent, el &quot;dogma de la soberan&iacute;a del pueblo exige que todo hombre s&oacute;lo se obedezca a s&iacute; mismo o a su representante. La &uacute;nica condici&oacute;n de esta obediencia, la &uacute;nica leg&iacute;tima, es que el hombre sea absolutamente independiente&quot;. (1990, p. 254).</p>      <blockquote>     <p align="justify"> &quot;Los grandes principios pol&iacute;ticos que rigen hoy la sociedad americana, han nacido y se han desarrollado en el estado; de esto no cabe duda. Es, pues, el conocimiento del estado lo que nos da la clave del resto.</p>      <p align="justify">(...) La vida pol&iacute;tica o administrativa se halla concentrada en tres focos de acci&oacute;n que se podr&iacute;an comparar con los diversos centros nerviosos que mueven el cuerpo humano.</p>      <p> En primer lugar se halla el municipio, viene luego el condado, y por &uacute;ltimo el estado.</p>      <p align="justify"> No es sin raz&oacute;n por lo que examino en primer lugar el municipio. El municipio es la &uacute;nica asociaci&oacute;n tan identificada con la naturaleza, que all&aacute; donde hay hombres reunidos se forma espont&aacute;neamente un municipio.</p>      <p align="justify"> (...) Entre todas las libertades, la de los municipios, que se instala tan dif&iacute;cilmente, es tambi&eacute;n la m&aacute;s expuesta a las invasiones del poder. Entregadas a s&iacute; mismas, las instituciones municipales no podr&aacute;n luchar contra un gobierno emprendedor y fuerte; para defenderse con &eacute;xito, es preciso que hayan alcanzado su m&aacute;ximo desarrollo y se hayan mezclado a las ideas y a los h&aacute;bitos nacionales. As&iacute;, entanto que la libertad municipal no se haya introducido en las costumbres, es f&aacute;cil destruirla, y no puede entrar en las costumbres sin antes haber subsistido largo tiempo en las leyes.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> La libertad municipal escapa, pues, por as&iacute; decirlo, al esfuerzo del hombre. Por eso, rara vez se crea; es como si naciera de ella misma. Se desarrolla casi en secreto en el seno de una sociedad semib&aacute;rbara. La acci&oacute;n continua de las leyes y de las costumbres, las circunstancias y, sobre todo, el tiempo, son los que logran consolidarla. Puede decirse que entre todas las naciones del continente europeo no hay ni una sola que la conozca (pp. 74-75).</p> </blockquote>      <p> Y m&aacute;s adelante agrega, con fuerza emotiva, estas palabras:</p>      <blockquote>     <p align="justify"> &quot;(...) Una democracia sin instituciones provinciales no posee ninguna garant&iacute;a contra semejantes males. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a soportar la libertad en las cosas grandes una multitud que no ha aprendido a servirse de ella en las peque&ntilde;as? &iquest;C&oacute;mo resistir a la tiran&iacute;a en un pa&iacute;s en el que el poder de los individuos es d&eacute;bil, y no les une en un conjunto ning&uacute;n inter&eacute;s com&uacute;n?</p>      <p align="justify"> Los que temen el libertinaje y los que temen el poder absoluto, deben, pues, desear por igual el desarrollo gradual de las libertades provinciales. (...) (p.76).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Para continuar con su argumentaci&oacute;n, nos detendremos a continuaci&oacute;n sobre un aspecto ya esbozado por el autor en p&aacute;rrafos precedentes: al lado del gobierno local es imprescindible una vasta y rica vida asociativa: la experiencia asociativa de los norteamericanos.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Sobre el Asociacionismo</b></p></font>      <p align="justify"> En el coraz&oacute;n de la preocupaci&oacute;n de Tocqueville por las sociedades democr&aacute;ticas est&aacute; la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo mantener juntos a hombres libres sin que su independencia se convierta en indiferencia. Por cierto, si la &quot;nueva ciencia de la pol&iacute;tica&quot; es llamada a &quot;educar a la democracia&quot; y &quot;educar en la democracia&quot; una de sus metas ciertamente ser&aacute; el aprendizaje del lo que &eacute;l designa como el &quot;arte de la asociaci&oacute;n&quot;. Podemos encontrar en el curso de su argumentaci&oacute;n una cierta analog&iacute;a, un paralelismo o relaci&oacute;n de dependencia mutua entre el inter&eacute;s y su adecuada comprensi&oacute;n por un lado, y el individualismo y las asociaciones civiles por el otro. En ambos casos se trata de una prevenci&oacute;n contra el ego&iacute;smo, una prevenci&oacute;n contra el desinter&eacute;s rotundo y completo. Tocqueville visualiza de alg&uacute;n modo que la apat&iacute;a completa por el repliegue individual tiene consecuencias nefastas en y para la vida democr&aacute;tica. Ese ego&iacute;smo s&oacute;lo se corrige mediante la participaci&oacute;n voluntaria en los negocios p&uacute;blicos, jam&aacute;s por la imposici&oacute;n de un gobierno centralizado. Esto resulta un aprendizaje fundamental que tiene valor en la actualidad: el inter&eacute;s por la cosa p&uacute;blica no se impone verticalmente, debe nacer desde y en los propios ciudadanos.</p>      <p align="justify"> En las memorias que escribi&oacute; para su uso personal despu&eacute;s de 1848, Tocqueville hizo expl&iacute;cita la idea de que la libertad se hab&iacute;a tornado &quot;la pasi&oacute;n de toda mi vida&quot;. Ella consiste en una &quot;libertad moderada, regular, contenida por las creencias, las costumbres y las leyes&quot;. Sin el arte de la asociaci&oacute;n (espont&aacute;neo en las sociedades aristocr&aacute;ticas, pero que debe ser creado en las sociedades democr&aacute;ticas) nada de eso es posible. Pues es de ella que se puede esperar el doble aprendizaje de la libertad civil: la energ&iacute;a, la iniciativa, la confianza en las fuerzas propias por un lado, el autogobierno por el otro. Y autogobierno significa una mezcla de la capacidad de hacer valer los derechos y la voluntad de uno, con la capacidad de contener los propios impulsos. Tocqueville saca partido, en este punto, del significado propio del t&eacute;rmino: participar por cuenta propia del gobierno y gobernarse a s&iacute; mismo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p align="justify"> El habitante de los Estados Unidos aprende al nacer que tiene que apoyarse en s&iacute; mismo para luchar contra los males y dificultades de la vida; no echa sobre la autoridad social m&aacute;s que una mirada desconfiada e inquieta, y no apela a su poder m&aacute;s que cuando no tiene otro remedio (...) En los Estados Unidos los individuos se asocian con fines de seguridad p&uacute;blica, de comercio y de industria, de moral y de religi&oacute;n. No hay nada que la voluntad humana desespere de lograr por medio de la libre acci&oacute;n del poder colectivo de los individuos.</p>      <p align="justify"> (...) La asociaci&oacute;n re&uacute;ne en un haz los esfuerzos de los esp&iacute;ritos divergentes, y los impulsa con vigor hacia un fin claramente indicado por ella. En nuestra &eacute;poca, la libertad de asociaci&oacute;n se ha convertido en una garant&iacute;a necesaria contra la tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a (...)</p>      <p align="justify"> La omnipotencia de la mayor&iacute;a me parece un peligro tan grande para las rep&uacute;blicas americanas, que el arriesgado medio de que se valen para limitarlo constituye, en mi opini&oacute;n, un bien.</p>      <p align="justify"> Expresar&eacute; aqu&iacute; un pensamiento que recordar&aacute; lo que he dicho en otro lugar al hablar de las libertades municipales: no hay pa&iacute;s donde la asociaciones sean m&aacute;s necesarias para impedir el despotismo de los partidos o la arbitrariedad del pr&iacute;ncipe, que aqu&eacute;l cuyo estado social es democr&aacute;tico. En las naciones aristocr&aacute;ticas, los cuerpos sociales secundarios forman asociaciones naturales que frenan los abusos de poder. En los pa&iacute;ses donde no existen tales asociaciones, si los particulares no pueden crear artificial y moment&aacute;neamente algo semejante no veo ning&uacute;n otro dique que oponer a la tiran&iacute;a, y un gran pueblo puede ser oprimido impunemente por un pu&ntilde;ado de facciones o por un hombre (p. 196).</p> </blockquote>      <p align="justify"> En esta l&iacute;nea, Chevallier (2006, p. 229) se&ntilde;ala que as&iacute; como las sociedades aristocr&aacute;ticas tienen la noci&oacute;n de cuerpos intermedios o cuerpos secundarios que se interponen entre el estado y los individuos, la sociedad que visita Tocqueville tiene esa misma noci&oacute;n en el esp&iacute;ritu asociativo: despu&eacute;s de las libertades locales nada parece m&aacute;s necesario que las asociaciones libres.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Sobre la Libertad de Prensa</b></p></font>      <p align="justify"> Alexis de Tocqueville admit&iacute;a que la libertad de prensa era indispensable para el funcionamiento de una sociedad democr&aacute;tica:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> (...) Cu&aacute;nto m&aacute;s observo la independencia de la prensa en sus principales efectos, m&aacute;s me convenzo de que en los tiempo modernos la independencia de la prensa es el elemento capital y, por as&iacute; decirlo, constitutivo de la libertad. Todo pueblo que quiera conservar su libertad tiene, pues, derecho a exigir que se la respete a toda costa (...) (p. 195).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Sin embargo, como se&ntilde;ala Aron (1996, p. 270), cree que la libertad de prensa tiene inconvenientes porque los peri&oacute;dicos se inclinan a abusar de ella. Pero agrega que hay un solo r&eacute;gimen peor que la licencia del periodismo y es la supresi&oacute;n de dicha licencia. En las sociedades modernas, afirma Aron, la libertad total es preferible a la supresi&oacute;n total de esa libertad. Es as&iacute;, que la defensa y fortalecimiento de una prensa libre contribuye en el armado, sostenimiento y defensa de la libertad, configura uno de los ladrillos del muro que Tocqueville levanta para evitar la degradaci&oacute;n de la democracia en el despotismo.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Sobre la Libertad</b></p></font>      <p align="justify"> Este apartado representa la s&iacute;ntesis y el n&uacute;cleo central de la presentaci&oacute;n que hasta aqu&iacute; hemos hecho del autor. En cierto sentido, condensa y representa una s&iacute;ntesis de lo expuesto:</p>      <blockquote>     <p align="justify"> Nunca se repetir&aacute; bastante que nada hay m&aacute;s fecundo en maravillas que el arte de ser libre; pero nada asimismo tan duro como el aprendizaje de la libertad. No sucede igual con el despotismo. El despotismo se presenta a menudo como el reparador de todos los males; es el apoyo del derecho justo, el sost&eacute;n de los oprimidos y el sost&eacute;n del orden. Los pueblos se adormecen en el seno de la prosperidad moment&aacute;nea que produce, y cuando se despiertan son miserables. La libertad, por el contrario, nace de ordinario entre tormentas, se establece trabajosamente y con discordias civiles, y s&oacute;lo cuando ya es vieja se pueden conocer sus beneficios.</p>      <p align="justify"> (...) Por lo dem&aacute;s, el pueblo americano no s&oacute;lo obedece a la ley por ser &eacute;sta obra suya, sino tambi&eacute;n porque puede cambiarla si le perjudica; primero se somete a ella como un mal que &eacute;l mismo se ha impuesto, y despu&eacute;s como a un mal pasajero. (...) Estoy persuadido de que si el despotismo llegara alguna vez a establecerse en Am&eacute;rica, encontrar&iacute;a m&aacute;s dificultades en vencer los h&aacute;bitos creados por la libertad que en superar el amor mismo a la libertad, (pp. 242-246).</p> </blockquote>      <p align="justify"> La noci&oacute;n de libertad es clave en el pensamiento de Alexis de Tocqueville. La pasi&oacute;n<a name="5"></a><a href="#5a"><sup>5</sup></a> por la libertad es una particularidad de los estados democr&aacute;ticos que, si bien no es la predominante, se vuelve fundamental para evitar que estos estados democr&aacute;ticos devengan en despotismos: el contraveneno de la igualdad es la libertad (Chevallier 2006, p. 227). Tocqueville se&ntilde;ala un desenlace posible de aquella sociedad democr&aacute;tica igualitaria: esta sociedad puede devenir en la libertad o en la esclavitud de los hombres. Dicho en otros t&eacute;rminos, el <i>estado democr&aacute;tico </i>puede &quot;confirmarse&quot; como democr&aacute;tico o puede transformarse en un &quot;despotismo suave&quot; o &quot;dulce&quot; en donde los hombres son llevados a &quot;no pensar&quot;. Estos desenlaces posibles de la democracia dependen fundamentalmente de la relaci&oacute;n entre la igualdad y la libertad. En la libertad Tocqueville encuentra, dentro de la democracia, el remedio para evitar el camino hacia la servidumbre. Esta libertad pol&iacute;tica naci&oacute; en el momento en que las condiciones comenzaban a igualarse y como consecuencia de esta igualdad misma.</p>      <p align="justify"> Tocqueville define dos acepciones posibles de libertad. En la primera, la caracteriza como un privilegio perteneciente a un hombre o a una clase determinada, se trata de una noci&oacute;n aristocr&aacute;tica de libertad. La segunda, en cambio, queda constituida como un derecho com&uacute;n. Se trata de una noci&oacute;n democr&aacute;tica, basada en la idea de que todo individuo, y por extensi&oacute;n todo pueblo, tiene derecho a dirigir sus propios actos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> En la Libertad Pol&iacute;tica, Tocqueville encuentra la soluci&oacute;n a los males que devienen de la igualdad y logra as&iacute; escapar a ese gran peligro para la democracia encarnado por el despotismo &quot;dulce&quot;. En este marco la libertad pol&iacute;tica encarna el &uacute;nico medio eficaz para combatir los males producidos por la igualdad. Solamente la libertad pol&iacute;tica puede, en la l&oacute;gica de pensamiento tocquevilliano, sustraer a los individuos de su aislamiento y de su apat&iacute;a pol&iacute;tica y forzarlos a vivir en comunidad unos con otros volcando sus intereses hacia la cosa p&uacute;blica.</p>      <p align="justify"> Al mismo tiempo permite la construcci&oacute;n de diques de contenci&oacute;n que protegen a los individuos del poder central. Estos &quot;diques&quot; est&aacute;n representados por las instituciones libres, en particular las de nivel local. Es as&iacute; que la libertad es entendida como un <i>hacer pol&iacute;tica, </i>como un <i>actuar pol&iacute;tico </i>sin el cual no es posible concebir la democracia. La contraparte del no hacer pol&iacute;tica, del repliegue del individuo sobre su m&aacute;s absoluto ego&iacute;smo es lo que permite y abre paso a la llegada del despotismo. Sobre este punto, reflexionaremos en las pr&oacute;ximas l&iacute;neas, trayendo a colaci&oacute;n aquel famoso discurso de otro liberal franc&eacute;s del S. XIX: Benjamin Constant.</p>      <p align="justify"> La libertad queda concebida como el arte de la democracia, mientras que la igualdad constituye su naturaleza. Por otra parte queda as&iacute; concebida la relaci&oacute;n dial&eacute;ctica entre estas pasiones de modo tal que, como dice Botana, si nos encontramos en una sociedad con igualdad pero sin libertad, estamos frente a este gran peligro que es el despotismo. En cambio, si lo que encontramos es una sociedad con libertad, pero sin igualdad, estamos frente a una formaci&oacute;n hist&oacute;rica ya superada, la aristocracia. Botana sostiene que la igualdad es una legitimidad a medio hacer si en su auxilio no concurre la libertad pol&iacute;tica para completar la obra y convertir al habitante en ciudadano. Desde esta perspectiva, igualdad y libertad son realidades distintas que, juntas, conforman el ideal hacia el cual debe tender la sociedad democr&aacute;tica.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Conclusiones</b></p></font>      <p align="justify"> Benjamin Constant cerraba su discurso pronunciado en el Ateneo de Par&iacute;s &quot;De la Libertad de los Antiguos comparada con la de los Modernos&quot; en 1819 diciendo que:</p>      <blockquote>     <p align="justify"> El peligro de la libertad moderna es que, absorbidos por el disfrute de nuestra independencia privada, y en la satisfacci&oacute;n de nuestros intereses particulares, renunciemos demasiado f&aacute;cilmente a nuestro derecho a participar del poder pol&iacute;tico. (...) &iquest;Ser&iacute;amos felices gracias a los placeres privados, si estos estuvieran separados de su garant&iacute;a? &iquest;Y d&oacute;nde encontrar&iacute;amos esa garant&iacute;a si renunci&aacute;ramos a la libertad pol&iacute;tica? Renunciar a ella, se&ntilde;ores, seria una locura similar a la de un hombre que pretendiera edificar en la arena un edificio sin cimientos, con la excusa de que solo habitara en el primer piso (...) Lejos pues, se&ntilde;ores, de renunciar a ninguna de las dos clases de libertad de las que he hablado, es necesario, aprender a combinar la una con la otra (Godoy, 1995, p. 7).</p> </blockquote>      <p align="justify"> Entre la cr&iacute;tica a la absorci&oacute;n de la vida individual por la vida p&uacute;blica y el abandono de la vida p&uacute;blica por el &quot;disfrute&quot; de la vida privada, Constant buscaba un equilibrio. En las sociedades modernas, la tiran&iacute;a ha surgido tanto bajo el impulso de un esp&iacute;ritu p&uacute;blico exacerbado, similar al de los antiguos, como a causa del excesivo repliegue del individuo en su vida privada (Godoy, 1995). Por su parte, Enrique Aguilar nos muestra c&oacute;mo al t&eacute;rmino de su discurso la libertad de tomar parte en las decisiones p&uacute;blicas <i>(la libert&eacute; des anciens) </i>era entendida como la garant&iacute;a que a la par defiende y perfecciona nuestras modernas libertades civiles, por lo que resultaba imperioso, seg&uacute;n la propuesta, aprender a combinarlas. Tal la f&oacute;rmula de integraci&oacute;n a la que, con menos rodeos que su antecesor, arribar&aacute; despu&eacute;s Tocqueville mediante la noci&oacute;n de ese &quot;sensato ego&iacute;smo&quot;, que lleva a sacrificarse en aras de la comunidad, que es el inter&eacute;s bien entendido. Como es notorio, Tocqueville cre&iacute;a que las garant&iacute;as constitucionales eran insuficientes sin la disposici&oacute;n de los individuos a reservar parte de su tiempo a lo p&uacute;blico. Por un lado, estaban las instituciones comunales, que ponen la libertad pol&iacute;tica al alcance del pueblo y le hacen &quot;paladear&quot; su uso pac&iacute;fico; por el otro, la pr&aacute;ctica de las asociaciones (con motivos de seguridad, de comercio e industria, de moral, religi&oacute;n u otros) que habit&uacute;an al hombre a obrar en com&uacute;n con sus semejantes, convocando los esfuerzos divergentes para empujarlos hacia una misma meta. Salvo que, en su caso, no se ensamblaban dos concepciones diferentes de la libertad sino una forma unitaria, aristocr&aacute;tica en su origen pero democratizable (el derecho otrora particular a la independencia que se ha vuelto ya general), con sus dos versiones de participaci&oacute;n y seguridad individual.&quot; (Aguilar, 1998) Y en otro texto se&ntilde;ala que se trataba de combinar las dos libertades, en otros t&eacute;rminos, de hacer factible, a trav&eacute;s de la democracia, la realizaci&oacute;n del liberalismo.&quot; (Aguilar, 1992).</p>      <p align="justify"> Como se&ntilde;alamos al inicio de este escrito, nuestra intenci&oacute;n ha sido mostrar c&oacute;mo Tocqueville encontr&oacute; y explic&oacute; los diversos dispositivos que confluyen en la preservaci&oacute;n de la libertad. Estos dispositivos se recuestan sobre un individuo que conserva ese &quot;inter&eacute;s bien entendido&quot;, que participa en la vida p&uacute;blica de su <i>township, </i>que se asocia por diversas razones y con diversos objetivos, en fin, un individuo capaz de transferir y ceder parte de su tiempo a la esfera p&uacute;blica, como reclamaba Constant en su Discurso. Como se&ntilde;ala Aron (1996, p. 278), la descripci&oacute;n de Tocqueville de &quot;Estados Unidos es tambi&eacute;n la explicaci&oacute;n de las causas meditante cuya acci&oacute;n se salvaguarda la libertad en una sociedad democr&aacute;tica.&quot; Estos dispositivos -el federalismo, el asociacionismo y la libertad de prensa- conjugados todos concurren en la preservaci&oacute;n de la democracia evitando el principal peligro que se cierne sobre ella: el de la ca&iacute;da en el despotismo. Como ha escrito Pierre Manent &quot;Tocqueville apela a la libertad pol&iacute;tica: &uacute;nicamente la libertad pol&iacute;tica hace salir a los hombres de s&iacute; mismos, los hace vivir en un mundo com&uacute;n, les procura la luz para que puedan juzgar sus virtudes y sus vicios; s&oacute;lo la libertad pol&iacute;tica les permite considerarse a la vez como iguales y distintos.&quot; (Manent, 1990, p. 253)</p>  <hr> <font size="3">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p><b>Notas</b></p></font>      <p align="justify"><sup><a name="1a"></a><a href="#1">1</a></sup> Para una rese&ntilde;a de la discusi&oacute;n acad&eacute;mica acerca de la clase de liberalismo que Tocqueville encarna, puede verse Wolin, Sheldon S. (2003:3).</p>      <p align="justify"><sup><a name="2a"></a><a href="#2">2</a></sup> En <i>La Democracia en Am&eacute;rica </i>podemos distinguir varios tipos de despotismo a los que sucesivamente hace referencia el autor: el despotismo de la mayor&iacute;a -la tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a-, la tiran&iacute;a de la opini&oacute;n y esta &quot;nueva clase de despotismo&quot;.</p>      <p align="justify"><sup><a name="3a"></a><a href="#3">3</a></sup> Al respecto v&eacute;ase Bor&oacute;n, At&iacute;lio (2003). Pierre Manent ha se&ntilde;alado que &quot;un rasgo de este &quot;nuevo despotismo&quot; debe ser subrayado: su dulzura. Ya lo vimos, el hombre democr&aacute;tico siente horror por la violencia: se identifica de inmediato con quien sufre. De manera que siempre que el poder central evite las medidas violentas o simplemente brutales (...), uno encontrar&aacute; a ciudadanos particularmente d&oacute;ciles.&quot; Manent, Pierre (1990, p. 250).</p>      <p align="justify"><sup><a name="4a"></a><a href="#4">4</a></sup> Algunos autores destacan esto mismo al se&ntilde;alar que &quot;eso es lo que ocurri&oacute; en los Estados Unidos, donde la costumbre del <i>self-government </i>naci&oacute; en las peque&ntilde;as comunidades de inmigrantes, en las cuales los hombres se vieron obligados a aprender el arte de la asociaci&oacute;n, tan precioso para los pueblos democr&aacute;ticos.&quot; Manent (1990, pp. 241-242). Tambi&eacute;n Raymond Aron: &quot;los ciudadanos norteamericanos tienen el h&aacute;bito de resolver los problemas colectivos en el nivel de la comuna. Por consiguiente, se ven impulsados a realizar el aprendizaje del autogobierno en el medio limitado que pueden conocer personalmente (...)&quot; Aron (1996:273).</p>      <p align="justify"><sup><a name="5a"></a><a href="#5">5</a></sup> Las dos pasiones de las que nos habla Tocqueville son la igualdad y la libertad, &quot;igualdad y libertad son dos realidades distintas que, juntas, conforman el ideal hacia el cual debe tender la sociedad democr&aacute;tica.&quot; Botana (2005, p. 161)</p>  <hr> <font size="3">     <br>    <p><b>Referencias</b></p></font>      <!-- ref --><p>Aguilar, E. ( 1992) Ortega y la Tradici&oacute;n Liberal. <i>Libertas, 17, </i>&#91;versi&oacute;n electr&oacute;nica <a href="http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/28_2_Aguilar.pdf" target="_blank">http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/28_2_Aguilar.pdf</a>&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1657-8953200800020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Aguilar, E. (1998) Benjamin Constanty el debate sobre las dos libertades. <i>Libertas, </i>28. &#91;versi&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/17_5_Aguilar.pdf" target="_blank">http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/17_5_Aguilar.pdf</a>&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1657-8953200800020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Aron, R. (1996), <i>Las etapas del pensamiento sociol&oacute;gico. </i>Buenos Aires: Fausto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1657-8953200800020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Barcelo, J. (1985). Selecci&oacute;n de escritos de Alexis de Tocqueville. <i>Estudios P&uacute;blicos</i> 2:371-393.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1657-8953200800020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> B&eacute;jar, H. (2000) <i>El coraz&oacute;n de la republica, </i>Madrid: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1657-8953200800020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Benegas Lynch, A. (2003, 8 de junio). Ejes centrales del liberalismo cl&aacute;sico. <i>Diario La Naci&oacute;n.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1657-8953200800020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Bor&oacute;n, A. (2003). <i>Estado Capitalismo y Democracia en Am&eacute;rica Latina. </i>Buenos Aires: CLACSO.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1657-8953200800020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Botana, N. (2005). <i>La tradici&oacute;n Republicana, </i>Buenos Aires: Sudamericana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1657-8953200800020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Chevallier, J. J. (2006). <i>Las grandes obras pol&iacute;ticas. Desde Maquiavelo hasta nuestros d&iacute;as. </i>Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1657-8953200800020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> Cohn, G. (2000) Tocqueville y la pasi&oacute;n bien comprendida En A. Bor&oacute;n (comp.), <i>La Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica Moderna. De Hobbes a Marx </i>(pp. 247-267). Buenos Aires: CLACSO.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1657-8953200800020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Constant, B. (1968). <i>Curso de pol&iacute;tica constitucional, </i>Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1657-8953200800020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gargarella, R. (1999). <i>El republicanismo y la filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. </i>Recuperado el 14 de agosto de 2008, de <a href="http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/teoria1/gargare.rtf" target="_blank">http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/teoria1/gargare.rtf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1657-8953200800020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Godoy, O. (1995). Selecci&oacute;n de Textos Pol&iacute;ticos de Benjamin Constant, <i>Estudios P&uacute;blicos, 59 </i>&#91;versi&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="http://www.cepchile.cl/dms/archivo_l031_193/rev59_godoy.pdf" target="_blank">http://www.cepchile.cl/dms/archivo_l031_193/rev59_godoy.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1657-8953200800020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Grondona, M. (1986). <i>Los pensadores de la libertad, </i>Buenos Aires: Editorial Sudamericana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1657-8953200800020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Manent, P. (1990). <i>Historia del Pensamiento Liberal, </i>Buenos Aires: EMECE.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1657-8953200800020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Serrano Redonet, D. (2006). Pol&iacute;tica, Democracia y Religi&oacute;n en Tocqueville. <i>Libertas</i> 44:80-120.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1657-8953200800020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Tocqueville, A. de (1969). <i>El antiguo r&eacute;gimen y la revoluci&oacute;n. </i>Madrid: Guadarrama.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1657-8953200800020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Tocqueville, A. de (1984). <i>La democracia en Am&eacute;rica. </i>Madrid: SARPE.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1657-8953200800020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> Wolin, S. S. (2003). <i>Tocqueville Between Two Worlds: The Making of a Political and Theoretical Life. </i>Princeton: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1657-8953200800020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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