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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL PSICOANÁLISIS Y SU ACERCAMIENTO A OTROS CONTEXTOS: UNA PROPUESTA DE CATEGORÍAS DE ENCUENTRO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El objetivo de este trabajo es presentar las ideas elaboradas a partir de 15 años de trabajo en el terreno psicosocial desde el vértice psicoanalítico. Se presenta una propuesta conceptual para entender y acompañar a grupos de personas con diversas problemáticas, en la que se rescata la dimensión del desarrollo psíquico, sin dejar de considerar las características particulares del contexto y los sujetos. La denominación de categorías de encuentro surge del planteamiento winnicottiano de la tercera zona de la experiencia, enriquecido con los planteamientos sobre el pensamiento de Bion y el lenguaje de Green. Supone suspender temporalmente la lógica de la oposición y de la contradicción para entrar en el terreno de la paradoja y sus posibilidades de tender puentes sobre las discontinuidades.]]></p></abstract>
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<kwd lng="en"><![CDATA[encounter categories]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="4">EL PSICOAN&Aacute;LISIS Y SU ACERCAMIENTO   A OTROS CONTEXTOS: UNA PROPUESTA   DE CATEGOR&Iacute;AS DE ENCUENTRO</font></center></b></p>       <p>&nbsp; </p>     <p>   <b>NUBIA ESPERANZA TORRES CALDER&Oacute;N*</b></p>     <p>   PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA    <br>   * Correo electrónico:<a href="mailtotorresn@javeriana.edu.co">torresn@javeriana.edu.co</a>     <p>       <center>Recibido: septiembre 2 de 2004 Revisado: septiembre 30 de 2004 Aceptado: noviembre    4 de 2004</center></p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>ABSTRACT</b></p>     <p>   The objective of this work is to present the ideas elaborated during 15 years    working in the psicosocial arena from the   psychoanalytic perspective. A conceptual proposal is presented aimed to understand    and to accompany (psychological   coaching) groups with different problems, rescuing the psychic development dimension    without leaving aside the   particular individual and contextual characteristics. The name for the encounter    categories emerge from the concept of   third zone proposed bay Winnicott being enriched with Bion&#8217;s approach    to thinking and Green&#8217;s approach to language.   The proposal is to temporarily suspend the logic of opposition and contradiction    in order to enter in the paradoxical   terrain with its possibilities to bridge discontinuities.</p>     <p>   <b>Key words:</b> Psychoanalysis, psychosocial intervention, encounter categories.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   <b>RESUMEN</b></p>     <p>   El objetivo de este trabajo es presentar las ideas elaboradas a partir de 15    a&ntilde;os de trabajo en el terreno psicosocial desde   el v&eacute;rtice psicoanal&iacute;tico. Se presenta una propuesta conceptual    para entender y acompa&ntilde;ar a grupos de personas con   diversas problem&aacute;ticas, en la que se rescata la dimensi&oacute;n del    desarrollo ps&iacute;quico, sin dejar de considerar las caracter&iacute;sticas   particulares del contexto y los sujetos. La denominaci&oacute;n de categor&iacute;as    de encuentro surge del planteamiento   winnicottiano de la tercera zona de la experiencia, enriquecido con los planteamientos    sobre el pensamiento de Bion y   el lenguaje de Green. Supone suspender temporalmente la l&oacute;gica de la    oposici&oacute;n y de la contradicci&oacute;n para entrar en el   terreno de la paradoja y sus posibilidades de tender puentes sobre las discontinuidades.</p>     <p>   <b>Palabras clave:</b> Psicoan&aacute;lisis, intervenci&oacute;n psicosocial, categor&iacute;as    de encuentro.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>Un inter&eacute;s creciente de los psicoanalistas actuales es   aportar, desde su perspectiva, a la comprensi&oacute;n y al trabajo   de temas y ambientes m&aacute;s all&aacute; del consultorio, lo que a   su vez suscita interrogantes acerca de la &#8220;identidad   psicoanal&iacute;tica&#8221;, tema que no es mi inter&eacute;s abordar en este   escrito. Vinculada con la inquietud de trabajar en contextos   externos al consultorio y basada en 15 a&ntilde;os de experiencia   en este campo con grupos de contextos deprimidos   y dificultades apremiantes, me propongo presentar el resultado   de una serie de ideas que han sido fruct&iacute;feras tanto   en el trabajo cl&iacute;nico psicoanal&iacute;tico como en la consideraci&oacute;n   de demandas psicosociales, en las cuales la participaci&oacute;n   de un grupo de profesoras ha girado en torno al   se&ntilde;alamiento de lo ps&iacute;quico al entrar en conexi&oacute;n con   otros campos disciplinares de las ciencias sociales. As&iacute;, las   siguientes elaboraciones dan cuenta de c&oacute;mo se ha ido   ampliando y cotejando la reflexi&oacute;n sobre problemas de   relevancia social en un &aacute;mbito universitario, al pensar e   intervenir en una modalidad de retroalimentaci&oacute;n continua,   intentando aportar desde teorizaciones psicoanal&iacute;ticas   tanto a la comprensi&oacute;n de los mismos como a la   generaci&oacute;n de alternativas de intervenci&oacute;n que puedan   producir movimiento constructivo. El anterior ha sido   un proceso de trabajo con Cecilia de Santacruz, profesora   titular de la Facultad de Medicina de la Universidad   Javeriana, quien ha enriquecido la dimensi&oacute;n investigativa   y sociocultural. De la conjunci&oacute;n de perspectivas ha ido   surgiendo una noci&oacute;n tambi&eacute;n coincidente: la de categor&iacute;as   de encuentro. En este sentido las ideas presentadas se   han puesto a prueba en relaci&oacute;n con programas de prevenci&oacute;n   del maltrato infantil, con programas de desarrollo   humano con adolescentes y en propuestas de apoyo a   comunidades en zona de guerra.</p>     <p>   Inicialmente quisiera plantear un problema inherente   a la propuesta misma a presentar y es la consideraci&oacute;n   de lo que ha de llamarse Psicoan&aacute;lisis, como sustantivo, a la   vez que caracterizar lo que podr&iacute;amos denominar como   psicoanal&iacute;tico, es decir su adjetivo. Parto de la definici&oacute;n   misma que hace Freud en 1923:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Psicoan&aacute;lisis es el nombre: 1) de un procedimiento   que sirve para indagar procesos an&iacute;micos dif&iacute;cilmente   accesibles por otras v&iacute;as, 2) de un m&eacute;todo de tratamiento   de perturbaciones neur&oacute;ticas, fundado en esa   indagaci&oacute;n, y 3) de una serie de intelecciones psicol&oacute;gicas,   ganadas por ese camino, que poco a poco han   ido coligando en una nueva disciplina cient&iacute;fica.</p>     <p>   Aqu&iacute; Freud nos est&aacute; hablando de tres dimensiones   que constituyen el psicoan&aacute;lisis, que para conformarse   como tal (sustantivo) se articulan alrededor de la cura   psicoanal&iacute;tica. Sin embargo es posible pensar en   desagregaciones de estas dimensiones, particularmente   el uso de las conceptualizaciones provenientes del psicoan&aacute;lisis   para ampliar la comprensi&oacute;n y la manera de   abordar problemas provenientes de campos distintos,   constituy&eacute;ndose este encuentro lo que denominamos   orientaciones o aplicaciones que conforman saberes e intervenciones   diferenciales, pero que contienen en su interior   el esp&iacute;ritu del pensamiento psicoanal&iacute;tico. Desde los   escritos de Freud, estamos familiarizados con lo que se   ha denominado psicoan&aacute;lisis aplicado, trabajo que hace   una lectura de escenarios diversos desde categor&iacute;as psicoanal&iacute;ticas;   es decir, ubicamos el problema en el div&aacute;n,   lo interpelamos y lo interpretamos, tarea que aporta intuiciones   importantes y poco evidentes del tema, pero   que no pretende abordarlo o modificarlo directamente.   M&aacute;s adelante tratar&eacute; de aclarar lo que para este grupo ha   significado orientar la mirada de problemas sociales desde   el v&eacute;rtice psicoanal&iacute;tico y las implicaciones que esto ha   tenido a la hora de buscar o desarrollar alternativas de   trabajo y de acompa&ntilde;amiento.</p>     <p>   <b><font face="verdana" size="3">Las categor&iacute;as de encuentro</font></b></p>     <p>   La denominaci&oacute;n de categor&iacute;as de encuentro surge a partir   del establecimiento de nexos entre una serie te&oacute;rica   proveniente del psicoan&aacute;lisis y de una serie de acontecimientos   elegidos como objetivo de trabajo. Los trabajos   de D. W. Winnicott en relaci&oacute;n con la tercera zona de   la experiencia o espacio transicional, los de W. Bion en   torno al desarrollo del pensamiento y los de A. Green   en relaci&oacute;n con el lenguaje conforman parte del soporte   te&oacute;rico de este trabajo.</p>     <p>   <b><font face="verdana" size="3">Una paradoja que favorece el desarrollo</font></b></p>     <p>   El concepto de espacio transicional planteado por   Winnicott (1971) representa una paradoja en la medida   en que este espacio contiene aspectos internos y externos,   sin entrar en contradicci&oacute;n, lo que representa un   tr&aacute;nsito importante en el camino de la individuaci&oacute;n&#8211;   separaci&oacute;n, un momento en el desarrollo que va a dar   lugar a la distinci&oacute;n sujeto/objeto, a la vez que a la construcci&oacute;n   de fen&oacute;menos culturales en los que la ilusi&oacute;n y   los sue&ntilde;os que enriquecen la vida est&aacute;n presentes. Como   Winnicott mismo anota, esta experiencia posibilita la   construcci&oacute;n de espacios internos, de lugares que ampl&iacute;an   la profundidad del psiquismo dando lugar a aspectos   importantes para el sujeto y la cultura. De este   tipo de v&iacute;nculo surge el juego, la experiencia cultural, la   creatividad, la capacidad de estar solo en presencia de   otro, la capacidad de creer, fen&oacute;menos de vital importancia   a la hora de considerar lo que puede denominarse una   vida significativa.</p>     <p>   El valor de la paradoja en este fen&oacute;meno es crucial.   Este concepto proviene del campo de la l&oacute;gica y la epistemolog&iacute;a;   el grupo de investigaci&oacute;n de Palo Alto introdujo el t&eacute;rmino en    el campo de la comunicaci&oacute;n   humana bajo la nominaci&oacute;n de doble bind; se habla de   aquello que produce una antinomia, resultante de una   contradicci&oacute;n entre dos proposiciones que operan como   mensajes y que se excluyen mutuamente. Citamos a   manera de ejemplo:</p>     <p>   &#8220;Te ordeno que seas espont&aacute;neo.&#8221;</p>     <p>   Un capit&aacute;n ordena al barbero &#8220;Afeitar a todos los   soldados que no se afeitan a ellos mismos, solamente   a ellos.&#8221;</p>     <p>   &#8220;Lo que usted siente es falso, yo puedo decirle lo   que debe sentir, lo que siente realmente.&#8221;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Seg&uacute;n la escuela de Palo Alto, para que estos mandatos   se conviertan en un doble bind pat&oacute;geno es necesario   que se produzcan dentro de una relaci&oacute;n que posea   un car&aacute;cter vital, intenso y de &iacute;ntima interdependencia   para el sujeto que recibe el mensaje -como la que se establece   entre un peque&ntilde;o y sus padres-, y que &eacute;ste adem&aacute;s   no posea las habilidades que le permitan desenmascarar   la contradicci&oacute;n antagonista, como tampoco pueda evitar   la situaci&oacute;n a trav&eacute;s de la hu&iacute;da.</p>     <p>   R. Roussillon (1991), psicoanalista franc&eacute;s que ha   abordado el tema, resalta el papel maduracional que se   deriva de la paradoja winnicottiana, ya que la experiencia   de ilusi&oacute;n encontrado/creado constituye un punto   de ligaz&oacute;n entre las discontinuidades ps&iacute;quicas, implica   la suspensi&oacute;n de la oposici&oacute;n primario/secundario,   realiz&aacute;ndose una combinaci&oacute;n armoniosa, no conflictiva.   La constituci&oacute;n de este nuevo espacio de la experiencia   descansa en la ilusi&oacute;n dada por la suspensi&oacute;n de   oposici&oacute;n identidad de pensamiento/identidad de   percepci&oacute;n. Esta experiencia permite pasar de la omnipotencia   de pensamiento a la capacidad de hacer y actuar   sobre el mundo. La actividad mental creativa se   deriva de esta experiencia de encontrado/creado, en   donde el objeto constituye la uni&oacute;n de estos dos puntos   de vista en apariencia contradictorios. Rousillon   (1991), lo explica de la siguiente manera:</p>     <p>   As&iacute;, la realidad interna debe ser de la misma madera   que la realidad externa; la experiencia parad&oacute;jica da   fe de este homomorfismo. Pero para llegar m&aacute;s lejos   que Winnicott en este camino, es preciso invertir la   perspectiva y preguntarse si la aparici&oacute;n del objeto y   de los fen&oacute;menos transicionales no son el signo de   que el ni&ntilde;o acaba de construir un representante externo/   interno de la simbiosis primitiva, representante   gracias al cual puede empezar a aceptar la salida   de &eacute;sta (p. 73).</p>     <p>   El homomorfismo entre la realidad interna y la   realidad externa supone un trabajo de ligaz&oacute;n intraps&iacute;quica,   un trabajo de creaci&oacute;n, a la vez que distancia y   desplazamiento. Une ampliando posibilidades, abriendo,   no estableciendo relaciones inamovibles.</p>     <p>   <b><font face="verdana" size="3">El desarrollo del pensamiento</font></b></p>     <p>   Puede considerarse oportuno preguntarse por la relaci&oacute;n   entre estas experiencias y el desarrollo del pensamiento.   Para el psicoan&aacute;lisis de Freud, el pensamiento es   una acci&oacute;n diferida y la finalidad de nuestras acciones   es la realizaci&oacute;n de nuestros deseos y la obtenci&oacute;n del   placer. As&iacute;, a trav&eacute;s del pensar, la acci&oacute;n se difiere    hasta   que se re&uacute;nan las condiciones de esta realizaci&oacute;n que permitan   la mayor obtenci&oacute;n de placer al menor riesgo para   el psiquismo. La actividad de pensar supone la subordinaci&oacute;n   del principio de placer al principio de realidad,   por eso pensar es doloroso. Seg&uacute;n Freud, pensar escinde   el aparato mental en dos modos o zonas de funcionamiento:   el yo-placer (productor de fantas&iacute;as) y el yo-realidad   (productor de conceptos, juicios, razonamientos).</p>     <p>   Los descubrimientos de Freud sobre el funcionamiento   ps&iacute;quico permiten los desarrollos posteriores,   particularmente los de Bion. En el capitulo VII de La   interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os (1979), pueden encontrarse las   referencias directas de Freud sobre el tema. Nociones como   representaci&oacute;n, simbolizaci&oacute;n, procesos mentales primarios   y secundarios hacen parte de lo que en adelante se   considera desarrollo del pensamiento; no se trata exclusivamente   de los procesos superiores de pensamiento sino   que se incluyen el pensamiento on&iacute;rico y los procesos de   mentalizaci&oacute;n que tienen que ver con el trabajo de ligaz&oacute;n   y elaboraci&oacute;n ps&iacute;quica relacionados con la transformaci&oacute;n   de cantidades f&iacute;sicas de excitaci&oacute;n; de sensaciones y afectos;   de las relaciones que se establecen entre el mundo   interno y el mundo externo; entre los objetos del mundo   interno, que apuntan a la contenci&oacute;n y transformaci&oacute;n de   la pulsi&oacute;n, por una parte, pero tambi&eacute;n a dilucidar las   necesidades, demandas y v&iacute;nculos de los objetos internos   entre s&iacute; y los estados mentales que estos generan en su   relaci&oacute;n con el mundo externo. Los dos principios del   suceder ps&iacute;quico, as&iacute; como su teor&iacute;a de las representaciones   y las asociaciones que estos establecen a trav&eacute;s de mecanismos   como la condensaci&oacute;n y el desplazamiento,   vinculan la pulsi&oacute;n, las relaciones objetales y sus vicisitudes   con procesos de pensamiento diversos, en los que hay   cabida para el predominio de la excitaci&oacute;n y el afecto, las   representaciones-cosa, las representaciones-palabra, la fantas&iacute;a,   la imaginaci&oacute;n y la sublimaci&oacute;n, expresada en el arte   o en los proceso de pensamiento on&iacute;rico y en los procesos   superiores de simbolizaci&oacute;n.</p>     <p>   Los materiales ps&iacute;quicos corresponden a mediaciones   entre el cuerpo y el mundo, entre el mundo interno   y sus complejidades y el mundo externo y sus demandas.   Lo que se representa a trav&eacute;s de las diferentes modalidades   son todo el juego de las relaciones de fuerza entre   dos sistemas que significan y se significan de manera   diferente, produciendo como dice Bion una &#8220;visi&oacute;n   binocular&#8221;: el consciente y el inconsciente.</p>     <p>W. Bion (1962), es quien plantea una teor&iacute;a del desarrollo   del pensamiento partiendo del principio placer/   displacer y del principio de realidad, experiencias que   unidas a la satisfacci&oacute;n/frustraci&oacute;n y a la capacidad para   tolerar la frustraci&oacute;n, van a dar lugar al desarrollo tanto   de los pensamientos como del aparato para pensar. &Eacute;l   parte de un modelo de los procesos digestivos en el que   a trav&eacute;s de la experiencia y la posibilidad de aprender de   ella se configura un encuentro entre las viejas y las nuevas   explicaciones de los hechos que posibilita la construcci&oacute;n   de niveles de abstracci&oacute;n m&aacute;s amplios. Este desarrollo   contiene una oscilaci&oacute;n entre PS&#8212;D   integraci&oacute;n&#8211;desintegraci&oacute;n que promueve una evoluci&oacute;n   en espiral del pensamiento, y por lo tanto de su capacidad   de trasformar y contener las experiencias. Bion destaca   el papel del objeto/personaje continente que   promueve la posibilidad del establecimiento de un espacio   interno donde resida la realidad ps&iacute;quica y que   pueda expandirse progresivamente, ampliando la comprensi&oacute;n   del mundo y de s&iacute; mismo. Coloca en el centro   de su teor&iacute;a las experiencias emocionales sobre las cuales   debe trabajar la funci&oacute;n alfa, funci&oacute;n de metabolizaci&oacute;n   de las experiencias, que permite transformar las emociones   primitivas en elementos que pueden ser pensados y   organizados de forma que sea posible desarrollar el aparato   para pensar, estableciendo una barrera de contacto   entre el mundo interno y el mundo externo, entre el   inconsciente y el conciente, entre la fantas&iacute;a y la realidad.</p>     <p>   Como lo anota Cecilia Mu&ntilde;oz (1995), son los mecanismos   de identificaci&oacute;n y proyecci&oacute;n los que permiten   que el espacio mental concreto-imaginado en el que se   lleva a cabo la vida ps&iacute;quica se ampl&iacute;e, que se construya un   mundo interno lleno de m&uacute;ltiples y variados personajes y   funciones diversas de s&iacute; mismo. Es este mundo interno el   lugar en el que se vive la vida ps&iacute;quica, el drama, vida   paralela pero no id&eacute;ntica a la vida de la realidad exterior. El   destino de este mundo depende de las emociones y funciones   mentales de los objetos externos e internos. Si   estos pueden contener las emociones, darles significado y   transformarlas simb&oacute;licamente, la vida mental contin&uacute;a,   si no es as&iacute;, &eacute;sta se destruye. Para Cecilia Mu&ntilde;oz son    estos   estados mentales las escenas de la vida ps&iacute;quica en las que   podemos ver qu&eacute; partes del Self y qu&eacute; objetos o personajes   est&aacute;n presentes; c&oacute;mo est&aacute;n construidos y c&oacute;mo est&aacute;n   viviendo el mundo interno y externo; cu&aacute;l es el significado   que le est&aacute;n dando a la vida; qu&eacute; emociones o anti-emociones   experimentan; qu&eacute; pensamientos o anti-pensamientos   tienen; qu&eacute; di&aacute;logos hay entre ellos; qu&eacute; valor le est&aacute;n   dando a la vida mental, a s&iacute; mismos y a los objetos; y qu&eacute;   valores los est&aacute;n impregnando.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   A. Green (1990, 1995), plantea que es gracias al artificio   del encuadre que en la cura psicoanal&iacute;tica se favorece   la producci&oacute;n de un &#8220;pensamiento no-pensado&#8221;, puesto   que aquel contiene las condiciones de un espacio de   trabajo, en tanto se configura como una extensi&oacute;n de la   teor&iacute;a del sue&ntilde;o. Sin embargo, cabe preguntarse si por   fuera de la cura anal&iacute;tica es posible pensar en la constituci&oacute;n   de otros espacios que puedan favorecer el pensar lo   no pensado, y si as&iacute; fuera, qu&eacute; condiciones del mismo   habr&iacute;a que considerar.</p>     <p>   Por otro lado, es importante establecer los nexos   que existen entre el lenguaje y el pensamiento. El escenario   del habla se convierte no s&oacute;lo en el puente entre el analista   y su analizado, sino que denota relaciones con procesos   internos, as&iacute; como relaciones con el mundo exterior.</p>     <p>   C. Pierce (1974) en su libro La ciencia de la semi&oacute;tica   hace una clasificaci&oacute;n de las ideas dependiendo de su   forma de connotar; las opciones son: en primeridad,   segundidad y terceridad.</p>     <p>   La primeridad, dice, &#8220;es el modo de ser de aquello   que es tal como es, de manera positiva y sin referencia a   ninguna otra cosa&#8221; (Pierce, 1974). Esta categor&iacute;a se refiere   a las cualidades del sentir y a las apariencias, independientemente   de cualquier nexo con un objeto; por   ejemplo lo rojo que es, la lisura. &#8220;La idea del instante   presente, que, exista o no exista, se piensa naturalmente   como un punto en el tiempo en el que no hay lugar a   pensamiento alguno ni a la separaci&oacute;n de ning&uacute;n detalle,   es una idea de primeridad&#8221;.</p>     <p>   &#8220;La segundidad es el modo de ser de aquello que es   tal como es, con respecto a una segunda cosa pero con   exclusi&oacute;n de toda tercera cosa&#8221; (Pierce, 1974). As&iacute; una   cosa act&uacute;a sobre otra en una acci&oacute;n en bruto que incluye   acci&oacute;n-reacci&oacute;n, como esfuerzo y resistencia, pero tambi&eacute;n   la idea de acci&oacute;n sin reacci&oacute;n. Esta idea denota una   relaci&oacute;n di&aacute;dica que no involucra a un tercero.</p>     <p>   La terceridad es &#8220;el modo de ser de aquello que es tal   como es, al relacionar una segunda y una tercera cosa entre   s&iacute;&#8221; (Pierce, 1974). Implica una relaci&oacute;n tri&aacute;dica    que contiene   un elemento mental, es decir, se establece entre un   signo, su objeto y el pensamiento del interpretador. Esta   clasificaci&oacute;n pone de manifiesto el valor diferencial de complejidad   que pueden adquirir los s&iacute;mbolos verbales.</p>     <p>   Los s&iacute;mbolos verbales constituyen una clase de representaciones   que son el escenario en el que se juega la   pr&aacute;ctica anal&iacute;tica. A. Green (1995), anota la falta de   teorizaci&oacute;n existente en el psicoan&aacute;lisis acerca del lenguaje,   a pesar de que el discurso es el campo de batalla del proceso   mismo. Dice, retomando a Freud en relaci&oacute;n con los   procesos internos y sus v&iacute;nculos con las palabras, las ideas,   las representaciones inconscientes de las cualidades est&eacute;ticas   percibidas por la conciencia y los afectos:</p>     <p>   La verbalizaci&oacute;n del paciente plantea inicialmente   un problema t&oacute;pico (el lugar donde esto ocurre), que a   su vez remite a una din&aacute;mica temporal (la batalla) por referencia a la    aparici&oacute;n segunda de los procesos internos   en la psique vuelta primitivamente hacia el mundo exterior,   y, por &uacute;ltimo, econ&oacute;mico (por alusi&oacute;n a las cuestiones   de investidura). Pero fundamentalmente, lo que el   comentario de Freud pone de relieve m&aacute;s all&aacute; de la oposici&oacute;n   conciente-inconsciente, es la heterogeneidad de   estos procesos ps&iacute;quicos internos (impl&iacute;citamente ya se   oponen las representaciones de palabra y de cosa). Este   hecho plantea obligadamente la cuesti&oacute;n de su coexistencia   y de sus transformaciones rec&iacute;procas (p. 14).</p>     <p>   Green alude a la referencia de Freud en El peque&ntilde;o   Hans, en la que se plantea que el aprehender concientemente   los deseos inconscientes se logra a trav&eacute;s de la   interpretaci&oacute;n -elaborada con las palabras del analista- en   la que se encuentra cierta semejanza entre lo que el paciente   escucha y lo que busca; y a pesar de las resistencias,   es esta similitud lo que le permite al analizado abrirse al   descubrimiento de lo inconsciente. Green subraya la relaci&oacute;n   de discurso a discurso que supone:</p>     <p>   (...) una relaci&oacute;n de incompatibilidad entre el discurso   conciente del paciente y su complejo inconsciente   (por represi&oacute;n y resistencia).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Una relaci&oacute;n de compatibilidad entre el discurso   conciente del paciente y la interpretaci&oacute;n del analista   (en el nivel verbal).</p>     <p>   Una relaci&oacute;n de compatibilidad entre la interpretaci&oacute;n   del analista y el complejo inconsciente del paciente,   cuya conclusi&oacute;n es:</p>     <p>   La doble compatibilidad del discurso consciente del   paciente con su complejo inconsciente as&iacute; como la   de este conjunto reunificado en el discurso del   analista, como poder de reconocimiento (p. 22-23).</p>     <p>   Se abre, con la doble compatibilidad, una tercera   estructura que pone en relaci&oacute;n lo impl&iacute;cito y lo expl&iacute;cito,   en la que un solo conjunto verbal abarca dos discursos,   a trav&eacute;s de lo que Freud denomina la semejanza. Se establece   la ligaz&oacute;n, la paradoja de la reunificaci&oacute;n entre procesos   habitualmente opuestos a trav&eacute;s de la palabra.   Ingresamos entonces al orden de lo simb&oacute;lico, lo que   Green denomina los procesos terciarios; &eacute;l parte de considerar   una estructura ternaria fundamental compuesta   por el sujeto, el objeto y el otro del objeto, tercero sustituible.   Los procesos terciarios son mecanismos de relaci&oacute;n   entre los procesos primarios y secundarios,   estableciendo el orden simb&oacute;lico no s&oacute;lo en el lenguaje   sino en el conjunto de ligazones&#8211;desligazones, que se   constituyen en puentes entre el aparato ps&iacute;quico y el aparato   de lenguaje.</p>     <p>   La categor&iacute;a de encuentro entonces se constituye   como un tercer elemento que pone en relaci&oacute;n a uno   primero y otro segundo de manera parad&oacute;jica, es decir   incluyendo los opuestos a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de un   s&iacute;mbolo de mayor abstracci&oacute;n. Esta categor&iacute;a parte de   las caracter&iacute;sticas propias de los elementos que pone en   relaci&oacute;n y contiene la experiencia emocional, de manera   que resulta no un artificio de negociaci&oacute;n sino una transformaci&oacute;n   incluyente y genuina, que tiene el valor de   abrirse a nuevas formas de comprensi&oacute;n.</p>     <p>   Como lo hab&iacute;a mencionado con anterioridad Torres   (2001), en una estructura dual lo que aparece es un   sujeto que tiene caracter&iacute;sticas de cosa, mientras que el   sujeto pensante aparece en una estructura terciaria, a trav&eacute;s   de los procesos terciarios. El tercer elemento en la   simbolizaci&oacute;n cumple el papel de uni&oacute;n y separaci&oacute;n,   vinculando e introduciendo a la vez una distancia que   contiene y modula la experiencia emocional. Esta vinculaci&oacute;n   de tres elementos puede pensarse m&aacute;s all&aacute; del   conflicto o la confrontaci&oacute;n, m&aacute;s bien en la exploraci&oacute;n   de los encuentros y los puentes tendidos sobre las   discontinuidades ps&iacute;quicas.</p>     <p>   Estas categor&iacute;as toman forma diversa de acuerdo   con el &aacute;mbito en el que se pongan a circular. En el escenario   anal&iacute;tico configuran una manera de comprender y de   estructurar la interpretaci&oacute;n, una relaci&oacute;n intensa, genuina   y en movimiento, de manera que establezcan nexos   entre los procesos primarios y secundarios, como lo anota   Green, desde el establecimiento de una semejanza que   abre nuevos significados. A manera de ejemplo de esta   forma de trabajar quisiera presentar el uso que se hizo de   esta categor&iacute;a con un paciente joven, que en el momento   estaba refiri&eacute;ndose al padre y a su papel en la familia.</p>     <p>   P: Mi pap&aacute;&#8230; yo no lo entiendo, creo que nunca lo   he podido entender, no lo conozco, no s&eacute; lo que   piensa, ni lo que siente. No habla, nunca se mete   en nada&#8230; es mi mam&aacute; la que siempre dice, ordena&#8230;   Yo creo que nunca he hablado con &eacute;l de nada.   S&oacute;lo el saludo y la despedida ritual. &Eacute;l no hace sino   trabajar, lleva trabajando toda la vida; sale muy   temprano y vuelve a la casa en la noche y lee el   peri&oacute;dico. En la casa siempre ha habido el dinero   para lo que se necesita, pero &eacute;l no tiene voz. Es   como si no existiera.</p>     <p>   A: Con lo que me dices me imagino como si en el   escenario familiar tu pap&aacute; no fuera una figura, sino   m&aacute;s bien el piso de ese escenario.</p>     <p>   La idea/imagen de &#8220;pap&aacute;-piso&#8221; se convierte en un   tercer elemento, una imagen met&aacute;fora que simboliza un   tipo de relaci&oacute;n, confiri&eacute;ndole una existencia que le permite   al paciente abrirse a nuevos significados. Lo figurativo   y su relaci&oacute;n con la palabra introduce una ampliaci&oacute;n   del significado que contiene elementos viejos y nuevos,   a trav&eacute;s del cual se expande tambi&eacute;n la relaci&oacute;n con el   objeto interno y el objeto externo padre. De hecho, a   partir de este momento el padre empieza a tener m&aacute;s   caracter&iacute;sticas, es m&aacute;s visible, experiencia que resulta fundamental   en el trabajo que realizamos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font face="verdana" size="3">Otros contextos: El problema de lo psicosocial</font></b></p>     <p>   Un contexto un tanto m&aacute;s distante de nuestro quehacer   cl&iacute;nico habitual pero no menos importante lo constituye   el &aacute;mbito de los procesos psicosociales. Pensar en una   intervenci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de las fronteras habituales del consultorio,   nos remite a considerar la participaci&oacute;n del enfoque   te&oacute;rico psicoanal&iacute;tico en estos fen&oacute;menos, lo que es   un reto para la comunidad acad&eacute;mica, que siempre ha   vislumbrado la importancia de hacer los desplazamientos   necesarios para poder aportar a estos problemas.</p>     <p>   Un punto de partida necesario para hacer estos desplazamientos   te&oacute;ricos y de intervenci&oacute;n es la consideraci&oacute;n   de que, si bien el campo del psicoan&aacute;lisis enriquece la   mirada sobre los fen&oacute;menos psicosociales, sus elaboraciones   te&oacute;ricas no son suficientes para comprenderlos y   abordarlos de manera apropiada, haci&eacute;ndose necesaria una   mirada transdiciplinar, a la vez que la construcci&oacute;n de categor&iacute;as   psicoanal&iacute;ticas que permitan dicha relaci&oacute;n. El trabajo   sobre las categor&iacute;as de encuentro va en esa direcci&oacute;n.</p>     <p>   En el acercamiento entre la serie te&oacute;rica del psicoan&aacute;lisis   y los hechos sociales o culturales, fue necesario   plantearse la cuesti&oacute;n acerca de la forma que podr&iacute;a tener   esa relaci&oacute;n, de hecho marcada por la distancia. La   idea psicosocial es en s&iacute; misma una integraci&oacute;n de fen&oacute;menos   opuestos. As&iacute;, el primer prop&oacute;sito claro fue el   de superar las oposiciones habituales al entender ciertos   fen&oacute;menos, como enfermo-sano, bueno-malo, culto-   ignorante, v&iacute;ctima-victimario, enfermo&#8211;sano,   psicol&oacute;gico&#8211;social, etc., y en su lugar establecer una relaci&oacute;n   de mutualidad, en la que las partes consideradas   puedan encontrarse sin negar las diferencias, a partir de   las caracter&iacute;sticas reales de las series en cuesti&oacute;n. Se busca   una doble compatibilidad entre el afuera y el adentro,   la norma y el deseo, la fantas&iacute;a y el pensamiento racional.   As&iacute;, el establecimiento de una categor&iacute;a de encuentro   se convierte en un iniciador y orientador del trabajo   en el &aacute;mbito psicosocial y cultural.</p>     <p>   Otra aspecto importante a considerar son las condiciones   que se requieren para producir los nexos terceros   que promuevan el desarrollo. En el &aacute;mbito del   psicoan&aacute;lisis es el dispositivo del encuadre lo que asegura   la movilidad entre los contenidos de diferentes   procesos puestos en juego, dispositivo que no puede   ofrecerse fuera del consultorio. Sin embargo las condiciones   del encuadre contienen en s&iacute; mismas ciertas caracter&iacute;sticas   que denominamos &eacute;ticas (Santacruz y   Torres, 2000) relacionadas con la tolerancia a la incertidumbre,   el predominio de la comprensi&oacute;n sobre el   enjuiciamiento, el reconocimiento de la cualidad de valor   que posee cualquier discurso, la escucha atenta y respetuosa,   la generaci&oacute;n de un tipo de relaci&oacute;n con los   dem&aacute;s, elementos que desde nuestra perspectiva (Torres,   1996) configuran un tipo de espacio de trabajo en   donde sea posible opinar y sentir que vale la pena hacerlo   y en donde se promueve el descubrimiento sobre las   verdades preconcebidas. En este contexto se facilita la   desconfiguraci&oacute;n de modalidades fijas de entender y   relacionarse, buscando nuevos sentidos y pr&aacute;cticas para   todos los involucrados en el trabajo.</p>     <p>   Podemos enunciar los desplazamientos necesarios   para aportar a los fen&oacute;menos psicosociales desde la perspectiva   psicoanal&iacute;tica de la siguiente manera:</p>     <p>   &#8226; Del &eacute;nfasis en el mundo interno a la construcci&oacute;n de   categor&iacute;as que den cuenta del encuentro entre mundo   interno y mundo externo. Las producciones literarias,   los mitos, las creencias, las expresiones art&iacute;sticas, el   juego, son fen&oacute;menos que permiten la identificaci&oacute;n   y la proyecci&oacute;n del mundo interno, a la vez que el   distanciamiento y la ampliaci&oacute;n de los significados.</p>     <p>   &#8226; De la relaci&oacute;n asim&eacute;trica terapeuta-paciente a la relaci&oacute;n   de mutualidad grupo-coordinador. El &#8220;clima&#8221;   de los encuentros de trabajo resulta fundamental;   supone la concreci&oacute;n de un tipo de relaci&oacute;n de contenci&oacute;n,   transformaci&oacute;n y modulaci&oacute;n de las experiencias   compartidas o de los proyectos a realizar,   en la que la dimensi&oacute;n &eacute;tica conjugue las necesidades   individuales y grupales. Implica a su vez tener   presente de manera genuina la relaci&oacute;n entre el dar y   el recibir.</p>     <p>   &#8226; Del centro en el &#8220;sufrimiento humano&#8221; a la inclusi&oacute;n   de la demanda y la patolog&iacute;a social. Las necesidades   b&aacute;sicas, por ejemplo, deben ser abordadas de   manera que la satisfacci&oacute;n de las mismas se establezca   a trav&eacute;s de pesarlas como una potencialidad, no   como una limitaci&oacute;n; esto permite buscar satisfactores   en las dimensiones del ser, estar y el hacer (Max-   Neef, 1986).</p>     <p>   &#8226; Del pensar reflexivo a la incorporaci&oacute;n del hacer reflexivo.   La construcci&oacute;n de un grupo de trabajo, en el   que la realizaci&oacute;n de los objetivos se logre a trav&eacute;s del   desarrollo de la capacidad de cooperaci&oacute;n y del cuidado   y mantenimiento de esta capacidad, que se ve   constantemente amenazada por fuerzas como temores,   envidias, ambiciones de poder.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   &#8226; Del &eacute;nfasis en las comprensiones t&eacute;cnicas del trabajo   al &eacute;nfasis en la relaci&oacute;n &eacute;tica derivada de las mismas.   Aqu&iacute; es importante tener en cuenta la distinci&oacute;n de   experiencias que conducen a la supervivencia contra   las que conducen al desarrollo ps&iacute;quico.</p>     <p>   Los elementos que se han subrayado en este texto   sirven como orientadores de la acci&oacute;n psicosocial en la   que la dimensi&oacute;n de lo ps&iacute;quico se introduce para enriquecer el    trabajo en contextos como la prevenci&oacute;n o la   promoci&oacute;n de condiciones o situaciones que piden aportes   de la disciplina. Cada situaci&oacute;n particular demanda   ajustes propios, esfuerzos de imaginaci&oacute;n y creaci&oacute;n conjunta,   que es lo que hace que nuestro trabajo sea siempre   una aventura novedosa, una oportunidad para realizar   los sue&ntilde;os y para apasionarse por el descubrimiento de   los nuevos aprendizajes, de las sorpresas que se esconden   en el encuentro con los dem&aacute;s.</p>     <p>   Un trabajo que se construy&oacute; desde las categor&iacute;as   de encuentro propuestas fue el Programa de especializaci&oacute;n   en prevenci&oacute;n del maltrato infantil, realizado en la Universidad   Javeriana (2000), programa que adem&aacute;s tiene   la caracter&iacute;stica de ser desarrollado a distancia. El eje   conceptual fue tratar de hacer una propuesta que superara   la manera habitual de considerar el maltrato como   producto de dos actores: v&iacute;ctima-victimario. As&iacute;, elementos   te&oacute;ricos que son el fundamento de este desarrollo   tienen que ver con la consideraci&oacute;n de la agresi&oacute;n   como inherente a lo humano, los v&iacute;nculos con valencias   + y -, y el desarrollo del pensamiento, elementos que   provienen de los trabajos de W. Bion. Las creencias   surgen en este trabajo como una herramienta conceptual   que contiene tanto la dimensi&oacute;n del deseo como la   realidad compartida (Mannoni, 1963), que a la vez se va   conduciendo a la transformaci&oacute;n (Santacruz y Torres,   2001). Este programa asume el reto de abordar el problema   del maltrato infantil desde la perspectiva amplia   de la prevenci&oacute;n y la promoci&oacute;n, centrando sus esfuerzos   en propiciar desarrollo ps&iacute;quico en los sujetos con   los que se trabaja, en el encuentro con otros que comparten   experiencias y dificultades, pero tambi&eacute;n el deseo   de localizar y construir formas de entender el   mundo y de relacionarse desde su propia experiencia y   sus posibilidades de creaci&oacute;n, lo que siempre ha representado   una sorpresa apasionante para las personas   que hemos tenido el privilegio de acompa&ntilde;arlos. Nuestro   amplios conocimientos de la psicolog&iacute;a tienen mucho   que ofrecer a otros, pero a la vez tenemos mucho   que aprender del alma humana y de sus posibilidades   aun en contextos y situaciones adversas.</p>     <p><b><font face="verdana" size="3"> Referencias</font></b></p>     <!-- ref --><p>   Bion, W. (1962). Volviendo a Pensar. Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1657-9267200500010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Freud, S. (1979). Psicoan&aacute;lisis. En: Obras Completas, Tomo   XVIII. Buenos Aires: Amorrotu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1657-9267200500010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Freud, S. (1979). Teor&iacute;a de la libido. En: Obras Completas,   Tomo XVIII. Buenos Aires: Amorrotu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1657-9267200500010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Freud, S. (1979). La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os. En: Obras   completas. Buenos Aires: Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1657-9267200500010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Green, A. (1990). La nueva cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica. Buenos   Aires: Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1657-9267200500010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Green, A. (1995). El lenguaje en psicoan&aacute;lisis. Buenos Aires:   Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1657-9267200500010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Mannoni O. (1979). Ya lo s&eacute;, pero aun as&iacute;&#8230; En: La otra   escena. Buenos Aires: Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1657-9267200500010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Max Neef, M. (1986). Desarrollo a escala humana. Chile: CEPAUR.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1657-9267200500010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Mu&ntilde;oz, C. (1995). Algunas reflexiones sobre la realidad   ps&iacute;quica. Revista de la Sociedad Colombiana de   Psicoan&aacute;lisis, 20 (1).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1657-9267200500010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pierce, C. (1974). La ciencia de la semi&oacute;tica. Buenos Aires:   Nueva Visi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1657-9267200500010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Roussillon, R. (1991). Paradojas y situaciones fronterizas del   psicoan&aacute;lisis. Buenos Aires: Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1657-9267200500010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Santacruz, C. &amp; Torres, N. (2001). La relaci&oacute;n terap&eacute;utica   como sustrato &eacute;tico del trabajo psicol&oacute;gico. Bogot&aacute;:   VI Congreso Javeriano de Investigaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1657-9267200500010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Santacruz, C. &amp; Torres, N. (2001). La creencia: un camino   hacia la transformaci&oacute;n. Modulo especializaci&oacute;n en   prevenci&oacute;n del maltrato infantil, Univesidad   Javeriana. Bogot&aacute;: Javegraf.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1657-9267200500010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Torres, N. (2001). Exploraci&oacute;n de espacios y simbolizaci&oacute;n.   Trabajo presentado ante la Sociedad Colombiana   de Psicoan&aacute;lisis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1657-9267200500010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Torres, N. (1996). Algunas ideas para pensar el trabajo   comunitario. Sociedad Colombiana de Psicoan&aacute;lisis,   3-4 (21), 348-355.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1657-9267200500010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Torres, N. &amp; Santacruz C. (2000) Del maltrato a la   consideraci&oacute;n. Una perspectiva psicoanal&iacute;tica para el   abordaje de la problem&aacute;tica del maltrato infantil. Bit&aacute;cora   Especializaci&oacute;n en prevenci&oacute;n del maltrato infantil.   Modalidad a distancia. Bogot&aacute;: Javegraf.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1657-9267200500010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Winnicott, D. W (1994). Realidad y juego. Barcelona:   Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1657-9267200500010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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