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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Efectos de la modificación del contexto en el consumo de agua y alimento durante un estado de saciedad en ratas]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Seis ratas fueron expuestas a tres contextos alimentarios, el primero, considerado contexto habitual, fue la caja habitación del sujeto, que proporcionó alimento sólo por un periodo de tiempo. El segundo contenía en la superficie una cubierta de piedras y el acceso al alimento se permitió hasta que los sujetos lograron el estado de saciedad. El tercero, como contexto novedoso, contenía en la superficie agua y sólo proporcionó alimento durante la fase de prueba. Se comparó el consumo de alimento entre el contexto habitual y el novedoso después de que el sujeto lograba el estado de saciedad. Los resultados muestran que a pesar de la saciedad los sujetos consumieron alimento en el contexto novedoso, pero no consumieron alimento en el contexto habitual. Estos resultados se discuten en términos de cómo el contexto influye la conducta alimentaria.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2"> <font size="4">    <center><b>Efectos de la modificaci&oacute;n del contexto en el consumo de agua y alimento durante un estado de saciedad en ratas </b></center></font>     <p>    <center>Nayely Ordaz, Antonio L&oacute;pez-Espinoza y H&eacute;ctor Mart&iacute;nez* </center></p>     <p>    <center>Universidad de Guadalajara </center></p>     <p>    <center>Recibido: febrero 16 de 2005 Revisado: marzo 15 de 2005 Aceptado: abril 20 de 2005 </center></p>     <p>* Correos electr&oacute;nicos: Nayely Ordaz Fern&aacute;ndez: <a href="mailto:narayya@hotmail.com">narayya@hotmail.com</a>, Antonio L&oacute;pez-Espinoza: <a href="mailto:anton779@megared.net.mx">anton779@megared.net.mx</a>. La correspondencia relacionada con este art&iacute;culo debe enviarse a: Centro de Estudios e Investigaciones en Comportamiento, Universidad de Guadalajara. Av. 12 de Diciembre # 204, Chapalita, 45030, Zapopan, Jalisco, M&eacute;xico.</p>     <p>Esta investigaci&oacute;n fue financiada por la Beca 138670 y el Proyecto 38671-H del CONACyT</p> <font size="4">    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><b>Effects of modify the context on the consumption of water and food during a state of satiety in rats</b></center></font>     <p>ABSTRACT </p>     <p>Six rats were exposed to three alimentary contexts, the first one, considered as habitual context, provided food only for a period of time. The second contained in the surface a cover of stones and allowed free access to the food until the subject achieved the satiety state. The third context (novel) contained water in the surface and provided food during the test phase. The food consumption was compared between the habitual context and the novel one after the subject achieved the satiety state. The results show that in spite of the satiety the subjects consumed food in the novel context, but they didn&#8217;t consume food in the habitual context. These results are discussed in terms of how the context influences the feeding behavior. </p>     <p><b>Key words:</b> context, satiety, food consumption, rats. </p>     <p>RESUMEN </p>     <p>Seis ratas fueron expuestas a tres contextos alimentarios, el primero, considerado contexto habitual, fue la caja habitaci&oacute;n del sujeto, que proporcion&oacute; alimento s&oacute;lo por un periodo de tiempo. El segundo conten&iacute;a en la superficie una cubierta de piedras y el acceso al alimento se permiti&oacute; hasta que los sujetos lograron el estado de saciedad. El tercero, como contexto novedoso, conten&iacute;a en la superficie agua y s&oacute;lo proporcion&oacute; alimento durante la fase de prueba. Se compar&oacute; el consumo de alimento entre el contexto habitual y el novedoso despu&eacute;s de que el sujeto lograba el estado de saciedad. Los resultados muestran que a pesar de la saciedad los sujetos consumieron alimento en el contexto novedoso, pero no consumieron alimento en el contexto habitual. Estos resultados se discuten en t&eacute;rminos de c&oacute;mo el contexto influye la conducta alimentaria. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> contexto, saciedad, consumo de alimento, ratas. </p>     <p>La influencia del contexto sobre el consumo de alimento ha sido relativamente poco estudiada, quiz&aacute;s debido a la dificultad para definir cu&aacute;les son los componentes funcionales de un contexto. No obstante, se cuenta con alguna evidencia respecto a la relaci&oacute;n existente entre el contexto y la ingesta de comida y agua en ratas (Anderson, 1941a, b, c; Fink y Patton, 1952; Kupfermann, 1964; Turr&oacute;, 1912; Wilson y Cantor, 1986), pescados (Kohbara, Hidaka, Matsuoka, Osada, Furukawa, Yamashita &amp; Tabata, 2002) y codornices (Smith y Lippman, 1992). </p>     <p>Consideramos a Turr&oacute; (1912) como uno de los pioneros en reconocer la relaci&oacute;n entre elementos del medio externo y el patr&oacute;n alimentario de un organismo al sugerir que el apetito y por lo tanto el hambre pueden ser despertados por nutrientes del medio y no s&oacute;lo por una necesidad org&aacute;nica. Es decir, el apetito puede ser afectado por est&iacute;mulos externos. Sin embargo, esta respuesta depender&aacute; de la experiencia ya establecida entre el organismo y el nutriente. </p>     <p>Fink y Patton (1952) reportaron uno de los primeros estudios sobre la manipulaci&oacute;n de est&iacute;mulos ambientales y el consumo de agua. Ellos entrenaron a un grupo de ratas para que bebieran en presencia de una luz, un sonido y est&iacute;mulos t&aacute;ctiles. Posteriormente modificaron la frecuencia de presentaci&oacute;n y alteraron algunos de sus componentes. Los resultados mostraron que la tasa de respuesta de beber disminuy&oacute; significativamente al modificar los est&iacute;mulos. Ante mayor cambio en los componentes de los est&iacute;mulos ambientales, hubo menor tasa de respuesta. Estos autores concluyeron que la fuerza de la respuesta puede estar relacionada con la proporci&oacute;n en la que el est&iacute;mulo ambiental conforma el total de los est&iacute;mulos disponibles en la situaci&oacute;n experimental presente. Al respecto, Reynolds (1986) consider&oacute; que existe una estrecha relaci&oacute;n entre la conducta de un organismo y el medio ambiente en el que habita dicho organismo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Kupfermann (1964) expuso ratas privadas de alimento o agua a diferentes est&iacute;mulos auditivos (como palmadas y silbidos) presentados en intervalos irregulares. Los resultados demostraron que el tipo de conducta de los sujetos, inducida por los sonidos, correspondi&oacute; espec&iacute;ficamente al estado de <i>pulsi&oacute;n</i> presente durante la estimulaci&oacute;n. Es decir, al presentar los est&iacute;mulos auditivos, las ratas bebieron cuando estaban sedientas o comieron cuando estaban hambrientas. </p>     <p>Wilson y Cantor (1986) investigaron la relaci&oacute;n entre la exposici&oacute;n a un ruido y el incremento en el consumo de alimento en ratas que previamente hab&iacute;an sido pinchadas en la cola. Reportaron que la sola exposici&oacute;n a un ruido sin la experiencia del pinchazo efectivamente induce la ingesta de alimento. Sin embargo, los sujetos que fueron pinchados y despu&eacute;s expuestos al ruido, presentaron un mayor consumo de alimento. Estos autores concluyeron que la conducta de comer como respuesta al pinchazo en la cola incrementa al asociarse con est&iacute;mulos ambientales. </p>     <p>A partir de esta informaci&oacute;n es posible preguntarnos si la ingesta de alimento en las ratas puede ser influida por el contexto en el que habitualmente se alimentan. Los reportes realizados por Anderson (1941a, b, c) sugieren que al presentarse la necesidad fisiol&oacute;gica o pulsi&oacute;n de hambre en un organismo, &eacute;ste consume alimento para satisfacer su estado fisiol&oacute;gico. Anderson se&ntilde;al&oacute; que si la conducta de comer se presenta en situaciones ambientales constantes, ser&aacute; controlada por los est&iacute;mulos externos aun sin estar presente la pulsi&oacute;n de hambre, sugiriendo as&iacute; que &#8220;la pulsi&oacute;n ha sido externalizada&#8221;. Sin embargo, lo anterior depende de la etapa de aprendizaje. </p>     <p>Si bien el objetivo de Anderson no era explicar el proceso alimentario en s&iacute; mismo, utiliz&oacute; algunos elementos relacionados con este fen&oacute;meno como variables (e.g. estados de hambre o saciedad) y sus hallazgos son relevantes para explicar la relaci&oacute;n existente entre el medio ambiente y el patr&oacute;n alimentario de un organismo. Turr&oacute; (1912) identific&oacute; aspectos similares a los encontrados por Anderson en el &aacute;mbito experimental. Ambos consideraron: a) el estado fisiol&oacute;gico del organismo; b) la vinculaci&oacute;n del estado fisiol&oacute;gico con los elementos del medio externo; y, c) el proceso de aprendizaje, como variables que interact&uacute;an entre s&iacute; para mantener la ejecuci&oacute;n de la conducta alimentar&iacute;a controlada por el medio ambiente. </p>     <p>No obstante, las aportaciones te&oacute;ricas efectuadas por Turr&oacute; nunca fueron sometidas a estudios experimentales para comprobar su validez. Por otro lado, los estudios experimentales realizados por Anderson no fueron claros y en su momento recibieron numerosas objeciones. Por ejemplo, Siegel (1943) replic&oacute; el dise&ntilde;o experimental utilizado por Anderson (1941a, b, c), obteniendo resultados opuestos. Bolles (1973) cuestion&oacute; la dificultad para identificar qu&eacute; elementos del ambiente act&uacute;an en el proceso de &#8220;la externalizaci&oacute;n de la pulsi&oacute;n&#8221;. </p>     <p>Considerando estos antecedentes, el objetivo de la presente investigaci&oacute;n fue conocer si el consumo de alimento de un organismo puede ser regulado por el contexto en el que habitualmente se alimenta. Para tal objetivo se expuso a los sujetos a tres contextos alimentarios y se valor&oacute; el efecto de estos contextos sobre el consumo de agua y alimento durante un estado de saciedad, tomando como criterio de medida la cantidad de alimento consumido y la latencia en dar el primer mordisco de alimento. </p>     <p><b>M&eacute;todo </b></p>     <p><b><i>Sujetos </i></b></p>     <p>Se utilizaron seis ratas machos, de la cepa Wistar de 5 meses de edad, experimentalmente ingenuas. </p>     <p><b><i>Materiales y aparatos </i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como contextos se utilizaron: a) seis cajas habitaci&oacute;n para ratas, que conformaron el <i>Contexto A</i>, construidas de acr&iacute;lico transparente con medidas de 13 cm de altura x 27 cm de ancho x 38 cm de largo. En la parte inferior conten&iacute;an aserr&iacute;n que era removido cada tres d&iacute;as; b) tres tinas circulares de pl&aacute;stico de 30 cm de di&aacute;metro x 15 cm de altura consideradas como <i>Contexto B</i>, que conten&iacute;an en la parte inferior una capa de grava que era removida al t&eacute;rmino de cada prueba experimental. En la parte superior se coloc&oacute; una tapa de acr&iacute;lico transparente, la cual ten&iacute;a cinco perforaciones para una adecuada ventilaci&oacute;n. Por encima de la cubierta se coloc&oacute; un foco de 75 w; y, c) otras tres tinas de pl&aacute;stico circulares de las mismas dimensiones que las anteriores, utilizadas como <i>Contexto C</i> que ten&iacute;an en la parte inferior 500 ml de agua, removida al finalizar cada prueba experimental. La parte superior estuvo cubierta con una tapa de acr&iacute;lico blanco que ten&iacute;a una perforaci&oacute;n en el centro de 9 x 9 cm cubierta con una rejilla de metal. </p>     <p>Tanto las tinas como las cajas habitaci&oacute;n ten&iacute;an en la parte superior un compartimiento para el bebedero y otro para el alimento. El objetivo de emplear diferentes materiales en la parte inferior y en la cubierta de las cajas experimentales fue presentar contextos diferentes, que proporcionaran distintas formas, texturas y temperatura. </p>     <p>Como alimento se utilizaron croquetas de la marca comercial Nutri-Cubos que conten&iacute;an nutrientes est&aacute;ndares para animales de laboratorio. Se emple&oacute; una b&aacute;scula para medir el consumo de alimento y peso corporal de los sujetos experimentales. El bioterio se mantuvo con temperaturas promedio de 20 grados cent&iacute;grados durante el d&iacute;a y 18 grados cent&iacute;grados durante la noche. El ciclo luz-oscuridad se rigi&oacute; por el ciclo de luz natural. </p>     <p><b><i>Procedimiento </i></b></p>     <p>Los sujetos se mantuvieron durante todo el experimento en el bioterio dentro de sus cajas habitaci&oacute;n, excepto durante las sesiones experimentales, llevadas a cabo en un cuarto contiguo, en el cual se colocaron los diferentes contextos. El conjunto de actividades realizadas por los sujetos en un d&iacute;a, se consider&oacute; como una sesi&oacute;n experimental. Las sesiones se llevaron a cabo de 9:30 a.m. a 11:30 a.m. El resto del d&iacute;a y la noche los sujetos permanecieron en su caja habitaci&oacute;n privados de alimento y con libre acceso de agua. </p>     <p>Todos los sujetos se expusieron a tres contextos; Contexto A, Contexto B y Contexto C. Diariamente se registr&oacute; el consumo de agua y alimento, el peso corporal al inicio y al final de cada sesi&oacute;n experimental y la latencia en dar el primer mordisco de alimento en los Contextos A y B. </p>     <p><b><i>Dise&ntilde;o experimental </i></b></p>     <p>Se formaron dos grupos, cada uno con tres sujetos, los cuales fueron expuestos a tres fases experimentales. </p>     <p><i>Grupo 1.</i> Para el grupo 1 la Fase 1 consisti&oacute; en alimentar a los sujetos en el Contexto A durante una hora al d&iacute;a y las siguientes 23 h permanecieron privados de alimento. Con la finalidad de obtener estabilidad en el consumo de agua, de alimento y peso corporal, para dar por concluida la Fase 1 se aplic&oacute; como criterio cuantitativo registrar una variaci&oacute;n del peso corporal no mayor a &plusmn;7 g durante cinco d&iacute;as sucesivos. </p>     <p>La Fase 2 tuvo una duraci&oacute;n de 24 d&iacute;as. Esta fase consisti&oacute; en otorgar alimento en el Contexto A y cada cinco d&iacute;as en el Contexto B, para evitar un posible efecto de novedad del Contexto B. El acceso al alimento estuvo disponible s&oacute;lo durante una hora en ambos contextos y el resto del d&iacute;a los sujetos permanecieron privados de alimento. Para evitar un efecto de novedad en el Contexto C, al finalizar la hora de alimentaci&oacute;n todos los sujetos se colocaron por 20 minutos en el Contexto C, sin agua y alimento disponibles. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Fase 3 dur&oacute; seis d&iacute;as (ver Tabla 1). El primer d&iacute;a se otorg&oacute; alimento a los sujetos en el Contexto B, hasta que lograran un estado de saciedad, definido mediante un intervalo de 15 min durante el cual el sujeto no consumi&oacute; agua o alimento, estando ambos disponibles. Despu&eacute;s de cumplir con el criterio de saciedad los sujetos se retiraron del Contexto B y se colocaron en el Contexto A, en donde permanecieron por 20 min con alimento y agua disponibles. Al t&eacute;rmino del lapso se cambiaron al Contexto C, donde estuvieron por 20 min con acceso libre de agua y alimento. </p>     <p>El segundo d&iacute;a de la Fase 3 consisti&oacute; en alimentar a los sujetos en el Contexto B hasta cumplir con el criterio de saciedad. Enseguida, los sujetos se trasladaron al Contexto C, en donde permanecieron por 20 min, despu&eacute;s fueron cambiados al Contexto A durante otros 20 min. En los tres contextos experimentales el agua y el alimento estuvieron disponibles. </p>     <p>Las secuencias a las que se expuso a los sujetos del grupo 1 en los tres contextos durante el primero y el segundo d&iacute;a de la Fase 3 se aplicaron tres veces m&aacute;s, cubriendo as&iacute; un total de seis sesiones. </p>     <p><i>Grupo 2.</i> El grupo 2 se someti&oacute; a las mismas condiciones del grupo 1, excepto durante la Fase 3<i>, </i>en la que se invirti&oacute; la secuencia de exposici&oacute;n a los Contextos A y C (<a href="#t1">Tabla 1</a></a>). </p>     <p>    <center><a name="t1"><img src="/img/revistas/rups/v4n2/a04t1.GIF" target="_blank"></a></center></p>     <p><b>Resultados </b></p>     <p>La <a href="#Figura1">Figura 1</a> muestra los datos del peso corporal al inicio (c&iacute;rculos negros) y al final (c&iacute;rculos blancos) de cada sesi&oacute;n experimental y para los dos grupos. La columna izquierda representa a los datos del grupo 1 y la derecha los del grupo 2. En todas las graficas, los datos obtenidos durante las tres fases est&aacute;n divididos por l&iacute;neas punteadas. </p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/rups/v4n2/a04f1.GIF" /><a name="Figura1"></a> </center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Fase 1 dur&oacute; 26 d&iacute;as para el grupo 1 y 33 d&iacute;as para el grupo 2, la diferencia entre los dos grupos se debi&oacute; a los d&iacute;as que tardaron los sujetos en cumplir con el criterio de estabilidad. En esta fase se observ&oacute; una disminuci&oacute;n gradual en el peso corporal de los seis sujetos entre 1 y 2 g diarios, hasta lograr el criterio de estabilidad. </p>     <p>Durante la Fase 2 los sujetos C1, A2 y B2 mostraron una tendencia a mantener estabilidad en el peso corporal con variaciones de &plusmn;3 g diarios. Mientras que en el peso corporal de los sujetos B1 y C2 se observaron disminuciones de 1 a 2 g. El sujeto A1 muestro una tendencia ascendente con fluctuaciones de &plusmn; 2 g. </p>     <p>En la Fase 3 se observ&oacute; un aumento de 23 g en promedio en el peso corporal de los seis sujetos con respecto a las fases anteriores. </p>     <p>En la <a href="#Figura2">Figura 2</a> se muestra el consumo de alimento de los seis sujetos en los tres contextos experimentales. El consumo en el Contexto A est&aacute; representado por c&iacute;rculos blancos, en el Contexto B por tri&aacute;ngulos blancos y en el Contexto C por cuadros grises. Al igual que en la Figura 1, las gr&aacute;ficas presentan las tres fases experimentales divididas por l&iacute;neas punteadas. </p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/rups/v4n2/a04f2.GIF" /><a name="Figura2"></a> </center></p>     <p>El consumo de alimento de los seis sujetos durante la Fase 1 mostr&oacute; una tendencia de variaci&oacute;n de &plusmn; 2 g. </p>     <p>En la Fase 2 el consumo de alimento en el Contexto A de los sujetos A1 y A2 mostr&oacute; una tendencia ascendente aumentando &plusmn; 1 g en promedio por d&iacute;a. Los sujetos B1, C1, B2 y C2 mostraron un consumo de alimento con una variaci&oacute;n de &plusmn; 1 g en promedio durante este periodo. El consumo de alimento en el Contexto B durante la Fase 2 en el sujeto A1 increment&oacute; gradualmente 2 g por d&iacute;a. El consumo de los sujetos B1, C1, A2, B2 y C2 se mantuvo constante con respecto al consumo registrado en el Contexto A durante la misma fase. </p>     <p>Durante la Fase 3 el consumo de alimento en el Contexto B de todos los sujetos fue de 19 g en promedio, esto representa mayor consumo con respecto al consumo registrado en las fases anteriores. El consumo de alimento en el Contexto A fue de 0,62 g en promedio en todos los sujetos. En el contexto C todos los sujetos consumieron 5 g de alimento en promedio. </p>     <p>La <a href="#Figura3">Figura 3</a> presenta los datos del consumo de agua registrados en los tres contextos. El consumo de agua en el Contexto A est&aacute; representado por c&iacute;rculos blancos, en el Contexto B con tri&aacute;ngulos y en el Contexto C con cuadros grises.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/rups/v4n2/a04f3.GIF" /><a name="Figura3"></a> </p>     <p>Durante la Fase 1 los seis sujetos mostraron un consumo de agua con variaciones de &plusmn; 5 &oacute; 10 ml de un promedio de 11 ml de agua consumida por sesi&oacute;n. </p>     <p>En la Fase 2 los seis sujetos mostraron las mismas variaciones que en la Fase 1, por lo tanto, el consumo de agua se mantuvo bajo el mismo patr&oacute;n. </p>     <p>El consumo de agua durante la Fase 3 en el Contexto B se increment&oacute; 9 ml en promedio con respecto al consumo registrado durante la Fase 2 en los sujetos A1, B1, C1, A2 y B2. El sujeto C2 present&oacute; un incremento de un 1 ml en promedio. El promedio de consumo de agua en el Contexto A, de los seis sujetos durante este periodo es fue de 10 ml y el consumo registrado en el contexto C fue de 0 ml con excepci&oacute;n del sujeto B2 que consumi&oacute; cantidades de 0,5 ml en promedio. </p>     <p>La <a href="#Figura4">Figura 4</a> presenta la latencia (tiempo en segundos) de los sujetos en dar el primer mordisco al alimento durante el inicio de cada sesi&oacute;n experimental. Las l&iacute;neas representan la latencia en el Contexto A y los tri&aacute;ngulos muestran la latencia en el Contexto B. </p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/rups/v4n2/a04f4.GIF" /><a name="Figura4"></a></p>     <p>En la Fase 1 se observ&oacute; que todos los sujetos iniciaron con latencias entre 37 y 50 s en promedio, posterior-mente en el mismo periodo los sujetos disminuyeron la latencia gradualmente hasta llegar a un promedio de 12 s. </p>     <p>El primer dato de la Fase 2 mostr&oacute; que los sujetos aumentaron en promedio 24 s la latencia, comparado con el &uacute;ltimo d&iacute;a de la Fase 1 en el Contexto A. Al transcurrir los d&iacute;as, con excepci&oacute;n del sujeto A2, todos los sujetos presentaron una tendencia a disminuir gradual-mente la latencia en el Contexto A. La latencia de los seis sujetos, en el Contexto B fue mayor por 122 s en promedio con respecto a la registrada el d&iacute;a anterior en el Contexto A. En todos los sujetos se observ&oacute; una tendencia a disminuir la latencia registrada en el Contexto B<i>. </i></p>     <p>Durante la Fase 3 los sujetos A1, C1 y C2 aumentaron la latencia en el Contexto B con respecto al registro del &uacute;ltimo d&iacute;a de la Fase 2. El resto de los sujetos mostraron una latencia similar o menor a la registrada un d&iacute;a antes. Todos los sujetos en las sesiones sucesivas presentaron una tendencia a disminuir en promedio 13 s la latencia. </p>     <p><b>Discusi&oacute;n </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los datos obtenidos mostraron evidencia de que un contexto novedoso (Contexto C) con disponibilidad de comida, favoreci&oacute; el consumo de alimento aun bajo el estado de saciedad. De manera opuesta, el contexto habitual (Contexto A) favoreci&oacute; en menor medida el consumo de alimento cuando los sujetos estaban saciados. A pesar de que en ambos contextos existi&oacute; libre acceso al agua, el consumo de agua en estado de saciedad se favoreci&oacute; en el contexto habitual y no en el contexto novedoso. </p>     <p>Las modificaciones en el peso corporal de los sujetos al manipular la disponibilidad de alimento parecen estar acordes con lo reportado por L&oacute;pez-Espinoza (2001, 2004) y L&oacute;pez-Espinoza y Mart&iacute;nez (2001a y b). Estos investigadores reportaron que el efecto de aplicar programas de restricci&oacute;n alimentaria sobre el peso corporal, se identifica por un aumento gradual y consistente del peso al retornar al libre acceso. A partir de estos datos se puede afirmar que las variaciones en el peso corporal registradas en este experimento se debieron a la privaci&oacute;n alimentaria. </p>     <p>Los datos obtenidos en este experimento parecen estar en desacuerdo con la teor&iacute;a de la externalizaci&oacute;n de la pulsi&oacute;n que se&ntilde;ala que el consumo de alimento podr&iacute;a ser controlado por el contexto donde habitualmente se lleva a cabo el acto alimentario, sin estar presente el estado fisiol&oacute;gico de hambre (Anderson, 1941 a, b, c). Turr&oacute; (1912) sugiri&oacute; que el apetito podr&iacute;a ser incitado por los nutrientes presentes en un momento determinado y no s&oacute;lo por la necesidad fisiol&oacute;gica. Considerando este argumento, se podr&iacute;a explicar que el consumo de alimento en el contexto novedoso fue incitado por los nutrientes del alimento disponible. Archer y Sj&ouml;d&eacute;n (1980, citado en Archer, Sj&ouml;d&eacute;n y Nilsson, 1985) interesados en el condicionamiento aversivo a sabores, reportaron que una rata puede aprender tanto de las condiciones de un contexto familiar como de las condiciones de un contexto nuevo. Demostraron que el control adquirido por el consumo de un sabor aversivo es m&aacute;s d&eacute;bil en el contexto familiar que en un contexto nuevo. </p>     <p>Los resultados sugieren que en todos los sujetos el contexto novedoso favoreci&oacute; un mayor consumo de alimento en comparaci&oacute;n con el consumo en un contexto habitual. Es decir, el contexto novedoso adquiri&oacute; mayor control sobre el consumo de alimento que un contexto habitual. Cabe considerar dos aspectos que pudieron determinar el consumo de alimento en el contexto novedoso; a) las propiedades (no aversivas) del alimento; y, b) lo novedoso de la disponibilidad de alimento en el momento de la prueba. Los resultados demostraron que un ambiente asociado con no disponibilidad de alimento act&uacute;a como facilitador del consumo de alimento al cambiar a una condici&oacute;n de disponibilidad, aun durante un estado de saciedad. </p>     <p>El consumo de agua durante el estado de saciedad fue favorecido por el contexto habitual y no por un contexto novedoso aun cuando en ambos contextos siempre estuvo disponible. Estos datos permiten suponer que los principios de la teor&iacute;a de la externalizaci&oacute;n de la pulsi&oacute;n sugerida por Anderson (1941a, b, c) son aplicables s&oacute;lo para el consumo de agua. Esto explicar&iacute;a el consumo de agua bajo el contexto habitual. Lo que permite sugerir que un contexto habitual tuvo efectos parciales debido a que s&oacute;lo favoreci&oacute; el consumo de agua pero no el de alimento durante un estado de saciedad. </p>     <p>Otro dato consistente fueron las latencias registradas al dar el primer mordisco de alimento. Se observ&oacute; que alimentar a los sujetos en un contexto novedoso repercuti&oacute; en las latencias registradas al dar el primer mordisco de alimento. Pavlov (1927) report&oacute; que la presentaci&oacute;n de un est&iacute;mulo novedoso produce una supresi&oacute;n incondicionada de la conducta. Bernett (1963, citado en Archer, Sj&ouml;d&eacute;n y Nilsson, 1985) sugiri&oacute; que este efecto representa un mecanismo que determina la neofobia en un organismo. Por su parte Archer, Sj&ouml;d&eacute;n, Nilsson (1985) consideraron que cuando un est&iacute;mulo nuevo es presentado repetidamente, pierde gradualmente sus propiedades neof&oacute;bicas. A partir de estas consideraciones podr&iacute;amos explicar la disminuci&oacute;n gradual en las latencias registradas ante un contexto. </p>     <p>En general, los datos reportados confirman que el papel del contexto sobre la conducta alimentaria es indiscutible. No obstante, la dificultad para especificar qu&eacute; elementos del ambiente son los que influyen sobre el consumo de alimento sigue latente. </p>     <p>El an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre el contexto y la conducta alimentaria, nos permite sugerir que la correlaci&oacute;n entre estas variables no puede ser ignorada cuando intentemos explicar el patr&oacute;n alimentario de un organismo. No obstante, es necesario explorar en futuras investigaciones, si los efectos de un contexto sobre la conducta alimentaria tienen l&iacute;mites temporales. </p>     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>1. Anderson, E. E. (1941a). Externalization of drive: I. Theoretical considerations. <i>Psychological Review, 48</i>, 204-224. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1657-9267200500020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Anderson, E. E. (1941b). The externalization of drive: II. The effect of satiation and removal of rewardat different stages in the learning process of the rat. <i>The Journal of Genetic Psychology, 59,</i> 359-376. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1657-9267200500020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Anderson, E. E. (1941c). The externalization of drive: III. Maze learning by non-rewarded and bysatiated rats. <i>The Journal of Genetic Psychology, 59, </i>397-426. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1657-9267200500020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Archer, T., Sj&ouml;d&eacute;n, P. O. &amp; Nilsson, L.G. (1985). Contextual control of taste-aversion conditioning and extinction. En P. D. Balsam y A. Tomie (eds.), <i>Context and Learning</i>. New Jersey, London: Lawrence Erlbaum Associates. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1657-9267200500020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Balsam, P. D. (1985). The functions of context in learning and performance. En P. D. Balsam y A. Tomie (eds.), <i>Context and Learning</i>. New Jersey, London: Lawrence Erlbaum Associates. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1657-9267200500020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Bolles, R. C. (1973). <i>Teor&iacute;a de la motivaci&oacute;n</i>. M&eacute;xico: Trillas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1657-9267200500020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Fink, J. B. &amp; Patton, R. M. (1952). Decrement of a learned drinking response accompanying changes in several stimulus characteristics. <i>The Journal of comparative and Physiological Psychology, 46,</i> 350- 354. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1657-9267200500020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Kohbara, J., Hidaka, I, Matsuoka, F., Osada, T., Furukawa, K., Yamashita, M. &amp; Tabata, M. (2002). Self-feeding behaviour of yellowtail (<i>Seriola</i><i> quinqueradiat)</i> in net cages: diel and seasonal patterns and influences of environmental factors. <i>Aquaculture, 62266</i>, 1-4. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1657-9267200500020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Kupfermann, I. (1964). Eating behaviour induced by sound. <i>Nature</i><i>, 201</i>, 324. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1657-9267200500020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. L&oacute;pez-Espinoza, A. (2001). <i>Efectos de la privaci&oacute;n de agua y comida sobre el peso corporal y el consumo de alimento y agua en ratas albinas (Rattus norvegicus)</i>. Tesis de maestr&iacute;a in&eacute;dita, Universidad de Guadalajara, M&eacute;xico. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1657-9267200500020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. L&oacute;pez-Espinoza, A. (2004). <i>An&aacute;lisis experimental de los efectos post-privaci&oacute;n. Una propuesta para el control de la gran comilona en ratas albinas (Rattus norvegicus)</i>. Tesis doctoral in&eacute;dita, Universidad de Guadalajara, M&eacute;xico. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1657-9267200500020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. L&oacute;pez-Espinoza, A. &amp; Mart&iacute;nez, H. (2001a). Efectos de dos programas de privaci&oacute;n alimentaria sobre el peso corporal de ratas Wistar. <i>Revista mexicana de an&aacute;lisis de la conducta</i>, <i>27</i>, 35-46. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1657-9267200500020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. L&oacute;pez-Espinoza, A. &amp; Mart&iacute;nez, H. (2001b) Efectos de dos programas de privaci&oacute;n parcial sobre el peso corporal y el consumo total de agua y comida en ratas. <i>Acta</i><i> Comportamentalia, 9</i>, 5-17. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1657-9267200500020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Pavlov I. P. (1927). <i>Conditioned reflex et inhibitions</i>. New York: Dover Publications Inc. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1657-9267200500020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Rescorla, R. A., Durlach, P. J. &amp; Grau J. W. (1985). Contextual Learning in Pavlovian Conditioning. En P. D. Balsam y A. Tomie (eds.),<i> Context and Learning</i>. New Jersey, London: Lawrence Erlbaum Associates. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1657-9267200500020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Reynolds, G. S. (1968). <i>Compendio de condicionamiento operante.</i> San Diego: Universidad de California. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1657-9267200500020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Siegel, P. S. (1943). Drive shift, a conceptual and experimental analysis. <i>Journal of Comparative Psychology, 35,</i> 139-148. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1657-9267200500020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Smith, D. &amp; Lippman L. G. (1992). The effects of novel stimuli on water ingestion in bobwhite quail (colinus virginianus). <i>The</i><i> Psychological Record, 42, </i>179-188. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1657-9267200500020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Turr&oacute;, R. (1912). <i>Or&iacute;genes del conocimiento, el hambre</i>. Barcelona: Minerva. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1657-9267200500020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Wilson, J. F., &amp; Cantor M. B. (1986). Noise-induced eating in rats facilitated by prior tail pinch experience. <i>Physiology</i><i> &amp; Behaviour, 37,</i> 523-526. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1657-9267200500020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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