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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Como resultado del proyecto de investigación Interpretación desde la Psicología de la calidad de vida y sus dimensiones en adultos mayores de los municipios de Soacha y Sibaté (Cundinamarca, Colombia), el cual tuvo un modelo teórico compuesto por tres ejes (epistemológico, ecológico y temporal), ganaron visibilidad algunas tensiones que componen las dimensiones de la calidad de la vida en la vejez. En este artículo será abordada una de tales tensiones: aquella que está constituida por las contradicciones entre las posibilidades de ejercicio del agenciamiento individual y grupal y las precarias condiciones de vida que han caracterizado el contexto de desarrollo de los adultos mayores participantes.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2"> <font size="4">    <center><b>Agenciamiento</b><b> individual y condiciones de vida </b></center></font>     <p>    <center>Sergio Trujillo Garc&iacute;a*</center></p>     <p>    <center>Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute; </center></p>     <p>    <center>Recibido: julio 14 de 2004 Revisado: agosto 14 de 2004 Aceptado: septiembre 23 de 2004 </center></p>     <p>* La correspondencia relacionada con este art&iacute;culo debe ser enviada a: Sergio Trujillo Garc&iacute;a. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:sergio.trujillo@javeriana.edu.co">sergio.trujillo@javeriana.edu.co</a> </p> <font size="4"><b>    <center>Individual agency and life conditions</center></b></font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>ABSTRACT </p>     <p>As a result of the project <i>Interpretaci&oacute;n</i><i> desde la Psicolog&iacute;a de la calidad de vida y sus dimensiones en adultos mayores de los municipios de Soacha y Sibat&eacute; (Cundinamarca, Colombia)</i> [<i>Interpretation from the psychology of the Quality of Life and its dimensions in old age adults from the Soacha and Sibat&eacute; municipalities (Cundinamarca, Colombia)</i>] which had a theoretical model composed for three axels (epistemological, ecological and temporal), emerged some tensions which constitute the quality of life dimensions of the elderly. In the present article one of those tensions is discussed: the one shaped by the contradictions among the possibilities of the individual agency exercise and the precarious life conditions which had characterized the context of development of the old age participants. </p>     <p><b>Keywords:</b> Quality of life, interpretation, tensions, individual and group agency, elderly. </p>     <p>RESUMEN </p>     <p>Como resultado del proyecto de investigaci&oacute;n <i>Interpretaci&oacute;n desde la Psicolog&iacute;a de la calidad de vida y sus dimensiones en adultos mayores de los municipios de Soacha y Sibat&eacute; (Cundinamarca, Colombia)</i>, el cual tuvo un modelo te&oacute;rico compuesto por tres ejes (epistemol&oacute;gico, ecol&oacute;gico y temporal), ganaron visibilidad algunas tensiones que componen las dimensiones de la calidad de la vida en la vejez. En este art&iacute;culo ser&aacute; abordada una de tales tensiones: aquella que est&aacute; constituida por las contradicciones entre las posibilidades de ejercicio del agenciamiento individual y grupal y las precarias condiciones de vida que han caracterizado el contexto de desarrollo de los adultos mayores participantes. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Calidad de vida, adultos mayores, interpretaci&oacute;n, tensiones, agenciamiento individual y grupal. </p>     <p>Al orientar el proceso investigativo del proyecto <i>Interpretaci&oacute;n desde la Psicolog&iacute;a de la calidad de vida y sus dimensiones en adultos mayores de los municipios de Soacha y Sibat&eacute; (Cundinamarca, Colombia)</i> desde un modelo te&oacute;rico compuesto por tres ejes, epistemol&oacute;gico, ecol&oacute;gico y temporal (cada uno con dos polos), ganaron visibilidad algunas tensiones que componen las dimensiones de la calidad de la vida en la vejez (Trujillo, Tovar y Lozano, 2004). Esas tensiones tienen que ver con caracter&iacute;sticas objetivas y subjetivas, sociales y personales, hist&oacute;ricas y biogr&aacute;ficas, de la calidad de la vida de los adultos mayores participantes. </p>     <p>Por ejemplo, se hizo evidente una tensi&oacute;n entre el conformismo, asumido como estilo de vida por algunos ancianos, y la mirada optimista con que en ocasiones expresan sus anhelos. Tambi&eacute;n se manifest&oacute; tensi&oacute;n entre el poder contar con un futuro (m&aacute;s o menos incierto) y la desesperanza aprendida a lo largo de a&ntilde;os de fracasos y de frustraciones. De manera similar, surge como paradoja el reconocimiento de las precarias condiciones de vida y las posibilidades de auto-agenciamiento individual, posibles a partir de estas condiciones. Adem&aacute;s, es notoria la contradicci&oacute;n entre la religiosidad en tanto catalizadora de la adaptaci&oacute;n conformista y la religiosidad en tanto fermento de la liberaci&oacute;n. </p>     <p>En este art&iacute;culo abordaremos una de tales tensiones caracter&iacute;sticas de la calidad de la vida en la adultez mayor en las comunidades participantes: aquella que est&aacute; constituida por las contradicciones entre las posibilidades de ejercicio del agenciamiento individual y grupal y las precarias condiciones de vida que han caracterizado el contexto de desarrollo de los adultos mayores participantes. </p>     <p>La opci&oacute;n epistemol&oacute;gica constitutiva que se propone aqu&iacute; conlleva centrarse en la relaci&oacute;n entre condici&oacute;n y percepci&oacute;n, entre objeto y sujeto, entre lo real y la realidad, de forma tal que, sin justificar la disminuci&oacute;n de esfuerzos por mejorar las condiciones objetivas para to-dos, se reconozca la importancia de las percepciones y las actitudes sujetuales, que respecto de tales condiciones supone considerar la satisfacci&oacute;n y el bienestar en un discurso sobre la calidad vital (Sen, 2001; Nussbaum y Sen, 1998; Max-Neef, 1986). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; pues, se hizo evidente una fuerte tensi&oacute;n entre la posibilidad de ejercicio de la autonom&iacute;a decisoria, que permite a los individuos desarrollar su capacidad de previsi&oacute;n y de control sobre sus propias vidas, y las limitadas oportunidades para que esto sea posible que ha brindado y brinda el contexto social y cultural en el cual vivieron y viven actualmente los adultos mayores. </p>     <p>Esta tensi&oacute;n se hace manifiesta, por ejemplo, al considerar las condiciones en que transcurri&oacute; la infancia de muchos adultos mayores participantes, pues seg&uacute;n recuerdan, su vida temprana transcurri&oacute; inmersa en una familia extensa rural, se caracteriz&oacute; por privaciones afectivas, maltratos f&iacute;sicos y psicol&oacute;gicos, trabajo infantil, precariedad educativa, predominio machista en las relaciones de pareja y en los procesos de socializaci&oacute;n de los ni&ntilde;os (hoy adultos mayores), todo lo cual restringi&oacute; las posibilidades de desarrollo en la medida en que limit&oacute; las oportunidades sociales y con ellas, las opciones vitales. </p>     <p>Quiz&aacute;s por ello es notoria la actitud de sumisi&oacute;n de las mujeres, que se acompa&ntilde;a con una perspectiva fatal del destino y una fe ciega en la providencia divina, fen&oacute;menos detr&aacute;s de los cuales se esconden las condiciones de pobreza, de baja educaci&oacute;n o carencia de ella y los patrones culturales asim&eacute;tricos que tienden a perpetuarse en la vida de familias e individuos. De modo complementario, en los hombres se encuentran actitudes duras, recias, propias de quienes han afrontado dificultades vitales y en particular laborales, sin permitirse expresar ninguna muestra de debilidad, como campesinos en un medio natural hostil y en un entorno cultural que les exigi&oacute; (y a&uacute;n les exige) &#8220;ser machos&#8221; y no exteriorizar sus sentimientos. </p>     <p>Tambi&eacute;n pudieron identificarse como restricciones o como oportunidades externas de desarrollo, algunas transiciones de diverso orden como el nido vac&iacute;o, el retiro laboral, la viudez y otras p&eacute;rdidas de seres queridos, el rechazo social derivado de la estigmatizaci&oacute;n de la vejez, entre otras, las cuales producen frecuentemente en los adultos mayores la autoconciencia de p&eacute;rdida del control sobre sus propias vidas, que se expresa por ejemplo en la ansiedad por la situaci&oacute;n econ&oacute;mica propia y de los hijos, en el temor generalizado a padecer enfermedades que les implique postraci&oacute;n e inutilidad f&iacute;sica, en la percepci&oacute;n de p&eacute;rdida de autonom&iacute;a decisoria respecto de algunos aspectos de su cotidianeidad. </p>     <p>Como Dulcey-Ruiz y colaboradores lo hab&iacute;an identificado (Dulcey-Ruiz, 1997; Dulcey-Ruiz, Giraldo, Ospina y Velasco, 1999), el control sobre la propia vida en t&eacute;rminos de autonom&iacute;a decisoria constituye un indicador importante en la calidad de vida del adulto mayor. En este mismo sentido podr&iacute;a afirmarse que el d&eacute;ficit de autonom&iacute;a disminuye la satisfacci&oacute;n frente a la vida. Sin duda, esto tambi&eacute;n pudo identificarse en los participantes del presente estudio. </p>     <p>Es posible encontrar que durante la adultez joven de muchos participantes se defini&oacute; buena parte de su proyecto vital, al quedar armados los v&iacute;nculos de pareja y familia, al quedar organizados algunos planes de futuro y al establecerse lazos laborales relativamente estables. Para algunos, la frustraci&oacute;n se hace patente cuando recuerdan que no pudieron realizar sus proyectos laborales debido a que las circunstancias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas del pa&iacute;s sufrieron profundos cambios que afectaron sus propias metas personales. Hay para muchos, sin embargo, un equilibrio entre el reconocimiento de p&eacute;rdidas, dificultades, obst&aacute;culos, momentos dif&iacute;ciles y errores cometidos y por otra parte, el reconocimiento de las oportunidades, ganancias, alegr&iacute;as vividas, aciertos y logros obtenidos. </p>     <p>Muchos participantes muestran mayor conformidad con sus entornos vitales de lo que sus condiciones objetivas podr&iacute;an hacer pensar, dado lo cual es posible suponer algunos factores subjetivos que compensan los desbalances objetivos. Parece que la fe, la relaci&oacute;n con Dios, puede ser uno de estos factores catalizadores de las carencias y de las dificultades, que permiten a los adultos mayores dar sentido a sus precarias condiciones de vida y sentirse satisfechos con ellas. </p>     <p>Otra forma de entender esta predominancia de la actitud positiva, es remitirse a la relaci&oacute;n expectativa-logro; as&iacute;, las metas y las expectativas hacia el futuro que se propusieron y se proponen estos adultos mayores, se ajustan a su contexto social y a sus posibilidades -en particular a su formaci&oacute;n acad&eacute;mica-, que son limitadas, y de esta manera sus logros resultan satisfactorios en relaci&oacute;n con el nivel que esperan. Esta idea es coherente con los motivos de satisfacci&oacute;n que los adultos mayores mencionan en sus relatos. Al respecto, aluden al cumplimiento de sus deberes como padres, madres, hijos(as) y esposos(as), a la remuneraci&oacute;n econ&oacute;mica recibida por el trabajo realizado, tanto en forma de salario como por medio de la pensi&oacute;n (para quienes la reciben, es decir, para el 22% de las mujeres y el 16,1% de los hombres de la poblaci&oacute;n estudiada), la compra de una casa o la conservaci&oacute;n de condiciones m&iacute;nimas de salud para valerse por s&iacute; mismos. </p>     <p>Mart&iacute;n-Bar&oacute; (1998) describe la pasividad, la idea de la predestinaci&oacute;n de la vida y la aceptaci&oacute;n del sufrimiento como algunas de las caracter&iacute;sticas de la actitud fatalista. Pero adem&aacute;s el autor menciona que la resignaci&oacute;n frente al propio destino, la no planificaci&oacute;n del futuro y la idea de un Dios lejano y todopoderoso que decide el destino de cada persona, completan el semblante del fatalista latinoamericano. Estos rasgos se reflejan en la visi&oacute;n de futuro de los adultos mayores que participaron en esta investigaci&oacute;n, pues si bien en el balance de sus vidas son predominantemente positivos y activos, en la visi&oacute;n del futuro ocurre lo contrario, lo cual compensan con la imagen de un <i>m&aacute;s all&aacute;</i> que compensar&aacute; sus actuales carencias, gracias a la justicia divina. </p>     <p>Este autor sostiene que las circunstancias sociales y econ&oacute;micas est&aacute;n en la base de tal actitud fatalista que, en una suerte de c&iacute;rculo vicioso, resulta contraproducente para el desarrollo personal y colectivo. As&iacute;, el acontecer del mundo contempor&aacute;neo crea escenarios de marginaci&oacute;n y exclusi&oacute;n, como el de sectores de la poblaci&oacute;n de nuestro pa&iacute;s que vive en la pobreza, con el efecto del mantenimiento de los privilegios y el poder de los m&aacute;s favorecidos. De esta manera, una vida de esfuerzos sin frutos y de violencia continuada, desencadena una par&aacute;lisis defensiva y un abandono a la heteronom&iacute;a que obstaculiza la construcci&oacute;n del futuro y la conformaci&oacute;n de iniciativas auto-gestionadoras del proyecto vital. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo anterior, parece indicar que la trayectoria vital de los adultos mayores participantes, no acusa el desarrollo de su autonom&iacute;a, sino m&aacute;s bien el progresivo decrecimiento de la misma. As&iacute;, de un adulto mayor portador de cultura y tradici&oacute;n en una sociedad post-figurativa, en la cual estos saberes constitu&iacute;an el insumo para la construcci&oacute;n de las vidas de las personas, se pasa a un adulto mayor con conocimientos obsoletos en una sociedad postmoderna. De una persona capaz de orientar decisiones importantes para individuos y colectividades, se pasa a una persona de lenta reflexi&oacute;n que no responde a la inmediatez del mundo modernizado e informatizado. Finalmente, en una sociedad juvenilizada, que privilegia los valores de la juventud estereotipados por los medios de comunicaci&oacute;n, no parece haber cabida para un viejo. Los adultos mayores son tambi&eacute;n consumidores de mensajes culturales y est&aacute;n inevitablemente permeados por estos imaginarios que afectan su autoestima y su autoconcepto. </p>     <p>En estos aspectos se puede considerar que, desde la perspectiva de las transiciones, los adultos mayores han experimentado a trav&eacute;s de la historia p&eacute;rdidas significativas cuya importancia no puede ser compensada por ganancias tales como la automatizaci&oacute;n que facilita algunas labores o la relativa superaci&oacute;n de relaciones de subordinaci&oacute;n con los mayores y con los patrones. Esto hace que el Sistema de Selecci&oacute;n, Optimizaci&oacute;n y Compensaci&oacute;n, SOC (Baltes, 1983), conserve un equilibrio precario dada la aparentemente mayor significaci&oacute;n de las p&eacute;rdidas sobre las ganancias. La adaptaci&oacute;n conseguida por los adultos mayores puede estar indicando que, para lograr el equilibrio, los adultos mayores sacrifican aspectos tales como la autonom&iacute;a, a favor del providencialismo religioso, compensaci&oacute;n que evidencia nuevamente el car&aacute;cter del &#8220;latino indolente&#8221; como dir&iacute;a Mart&iacute;n-Bar&oacute; (1998). </p>     <p>Tambi&eacute;n es posible pensar que, como algunos adultos mayores se&ntilde;alan, las ganancias en el presente respecto del pasado son importantes, destacando por ejemplo la superaci&oacute;n del maltrato del cual fueron objeto en la infancia, del hambre, del trabajo infantil, lo cual, comparado con las mejores condiciones de vida para los ni&ntilde;os en la actualidad, mejor nutrici&oacute;n, la oportunidad de realizar deportes que ellos no conoc&iacute;an y de realizar estudios &#8220;completos&#8221; (aunque los adultos mayores ya no puedan acceder a ellos) pueden vivirse como ganancias sociales que contribuyen a la compensaci&oacute;n de las p&eacute;rdidas personales mencionadas anteriormente. </p>     <p>Ello corrobora planteamientos de la perspectiva del <i>ciclo vital </i>acerca de las m&uacute;ltiples relaciones dial&eacute;cticas entre el desarrollo ontogen&eacute;tico y sus contextos inmediatos y mediatos (Bronfenbrenner, 1987) pero adem&aacute;s, ilustra dentro de circunstancias propias de nuestra cultura e historia nacional, las incidencias que tienen los eventos hist&oacute;ricos normativos (Baltes, 1983) sobre las biograf&iacute;as de personas que comparten una &eacute;poca y una cultura, en t&eacute;rminos de la ampliaci&oacute;n o disminuci&oacute;n de oportunidades sociales o posibilidades de agenciamiento de sus proyectos de vida (Sen, 2001), factores estos &uacute;ltimos que hacen parte de las influencias no normativas de su desarrollo. </p>     <p>Tambi&eacute;n permite hacer un acercamiento cr&iacute;tico a las posibilidades de los sujetos de incidir en sus circunstancias, en especial, tratando de dilucidar el grado de libertad con el que afrontan los diversos acontecimientos hist&oacute;ricos y logran o no conferir un sentido particular a sus existencias, a su historia y a su cultura. </p>     <p>Desde all&iacute; es posible tambi&eacute;n notar que se describen las influencias no normativas (Baltes, 1983) en el desarrollo, a partir de la explicitaci&oacute;n de acontecimientos singulares de la vida de algunos adultos mayores y de la articulaci&oacute;n de las consecuencias que en sus vidas tienen o tuvieron algunas decisiones personales. Este es un aporte significativo a la investigaci&oacute;n de la calidad de la vida, en tanto es uno de los factores que evidencia c&oacute;mo la calidad de la vida &#8211; y por tanto su evaluaci&oacute;n - tiene una relaci&oacute;n muy estrecha con los proyectos de vida personales y con su grado de realizaci&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de las influencias biol&oacute;gicas y sociales, las personas pueden conferir una direcci&oacute;n personal a sus propias vidas. </p>     <p>Como se mencion&oacute;, otros investigadores llegaron a precisar que en el &aacute;mbito psicol&oacute;gico, la calidad de la vida tiene que ver con la posibilidad de previsi&oacute;n, la autonom&iacute;a decisoria y el control de la propia vida. En esta investigaci&oacute;n salen a la luz estos elementos, como componentes psicol&oacute;gicos de la calidad de la vida. El ejercicio de la autonom&iacute;a se inserta precisamente en la posibilidad o imposibilidad de agenciamiento del propio proyecto vital que tienen los sujetos a lo largo de su vida, de modo que no resulta redundante afirmar nuevamente que la calidad de la vida, entonces, puede evaluarse en relaci&oacute;n con el grado de consecuci&oacute;n de los objetivos propios y tambi&eacute;n con la percepci&oacute;n personal de la autorrealizaci&oacute;n o satisfacci&oacute;n personal. </p>     <p>Los hallazgos parecen indicar que algunos adultos mayores han realizado algunos proyectos vitales acariciados desde su juventud, pero otros, han tenido que sacrificar la realizaci&oacute;n de sus proyectos de vida, forzados por circunstancias sociales e hist&oacute;ricas adversas, lo cual es compensado articulando sus relatos vitales alrededor de una fe providencialista, que expresa la renuncia al foco de control interno de sus vidas, asignando al destino la responsabilidad por su infelicidad y asumiendo una actitud desesperanzada, que caracteriza su apat&iacute;a y pasividad para la participaci&oacute;n en actividades sociales o pol&iacute;ticas que requieren iniciativa y empoderamiento. </p>     <p>Parece que la supervivencia se ha conseguido al precio de la renuncia a la autonom&iacute;a y por tanto a buena parte de la calidad de sus vidas, lo cual no es signo de debilidad personal, sino del poder de dominaci&oacute;n de una cultura injusta y avasalladora que les arrebata, como enuncia Mart&iacute;n-Bar&oacute;, la posibilidad de definir sus propias vidas. </p>     <p>En otras palabras, los recursos externos con que los adultos mayores contaron durante su juventud para realizar sus proyectos de vida, han sido insuficientes desde el preciso momento en que definieron sus principales metas, en raz&oacute;n al momento hist&oacute;rico que les correspondi&oacute; vivir y a la cultura agraria colombiana caracterizada por la deprivaci&oacute;n de oportunidades educativas y laborales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los cambios hist&oacute;ricos y culturales que han tenido que vivir los adultos mayores participantes en el transcurso de sus vidas son de gran magnitud. Premodernidad, modernidad, modernizaci&oacute;n y postmodernidad, con sus manifestaciones sociodemogr&aacute;ficas, culturales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y laborales han repercutido en las condiciones de vida de los adultos mayores tanto como en sus costumbres y h&aacute;bitos, modificando amplia y profundamente sus estilos de vida. </p>     <p>Los adultos mayores no parecen ser conscientes de la naturaleza de tales cambios, de sus or&iacute;genes a nivel mundial, de la modernidad o la modernizaci&oacute;n, de las propiedades de la globalizaci&oacute;n o del modelo neoliberal. Solamente describen algunas de las manifestaciones externas de los cambios que les correspondi&oacute; vivir y realizan algunos contrastes entre el antes y el ahora de sus vidas, en funci&oacute;n de tales manifestaciones. Ello permite pensar que, en buena medida, los adultos mayores han sido objetos de la historia y no sujetos de ella. </p>     <p>No es de extra&ntilde;ar que se aferren a la fe en Dios, que asuman la vida propia como destino y no como autoconstrucci&oacute;n. Las oportunidades sociales de crecer en el agenciamiento personal de sus proyectos, de participar democr&aacute;ticamente en la vida de la comunidad, de incidir en el direccionamiento de la vida p&uacute;blica, de disfrutar del desarrollo como libertad, han sido muy pocas y adem&aacute;s cercenadas sistem&aacute;ticamente desde cuando eran ni&ntilde;os por medio de actitudes parentales impositivas, abusivas y maltratadoras, de escasas oportunidades educativas, de relaciones laborales cercanas a la esclavitud, de serias dificultades nutricionales, de escasas o nulas oportunidades laborales, de trabajos rutinarios que no contribuyeron al desarrollo personal, de sumisi&oacute;n a las autoridades civiles, eclesi&aacute;sticas o militares. </p>     <p>Todo ello se acompa&ntilde;a por la escasa o nula certidumbre en su futuro, permeada por una m&iacute;nima posibilidad de previsi&oacute;n, emparentada con el foco de control interno eclipsado y la escasa seguridad social que respalda sus proyectos personales o comunitarios. Se conforma as&iacute; el c&iacute;rculo vicioso infernal del subdesarrollo, perpetuado por la profec&iacute;a auto-cumplida y la autoimagen negativa. </p>     <p>De all&iacute; que los adultos mayores se consuelen por medio de la aceptaci&oacute;n resignada de cualquier expresi&oacute;n asistencialista de distintos actores sociales, aun cuando lesionen reiterativamente su autoestima, confirmando su imagen de incapacidad y legitimando el c&iacute;rculo vicioso de la autoimagen negativa, el foco de control externo, la desesperanza aprendida y la profec&iacute;a autocumplida. </p>     <p>El autoconcepto positivo aparece como uno de los componentes psicol&oacute;gicos fundamentales de la calidad de la vida durante la adultez mayor, asociado con entornos socio familiares respetuosos y c&aacute;lidos, que aceptan y acompa&ntilde;an al adulto mayor durante su desarrollo, y por el contrario, el autoconcepto negativo se asocia con din&aacute;micas familiares conflictivas, maltratadoras y aband&oacute;nicas. Puede inferirse que el clima emocional que caracteriza a la familia de origen de los adultos mayores y a su actual n&uacute;cleo familiar, abre o cierra posibilidades para el mejoramiento de la calidad vital. </p>     <p>Condiciones naturales, sociales y culturales han formado el entorno que, en ocasiones potencia y en otras restringe el desarrollo. Es as&iacute; como algunas circunstancias culturales se han naturalizado, como cuando las mujeres evidencian una actitud resignada, la cual podr&iacute;a atribuirse a que desde temprana edad <i>naturalizaron</i> (Mart&iacute;n-Bar&oacute;, 1997) algunas situaciones sociales, es decir, asumieron que &eacute;sta era una condici&oacute;n de vida natural en las mujeres, lo cual se ve reforzado reiterativamente por diversas situaciones culturales, en la creencia de que las mujeres nacen para sufrir, para hacer la voluntad del esposo y estar al servicio de los hijos, especialmente de los varones. Muy pocas mujeres de edad han pensado en s&iacute; mismas como personas y mujeres con derechos. Una se&ntilde;ora destaca entre las dem&aacute;s, se&ntilde;alando que recuerda cuando las mujeres adquieren recientemente el derecho al voto. </p>     <p>Los adultos mayores ven comprometida su autoestima cuando reflexionan acerca de los cambios f&iacute;sicos, psicol&oacute;gicos y sociales que acompa&ntilde;an el proceso de envejecimiento, pues por su causa se sienten rechazados y perciben que la valoraci&oacute;n que la sociedad hace de ellos es negativa, quiz&aacute;s en funci&oacute;n de la juvenilizaci&oacute;n de la cultura, es decir, del mayor aprecio de los valores asociados a lo juvenil por parte de la sociedad actual y del menor aprecio de la experiencia y de la sabidur&iacute;a como valores propios de la ancianidad. </p>     <p>Por ello, es posible afirmar que el envejecimiento restringe sus libertades por dos v&iacute;as simult&aacute;neas: tanto por la disminuci&oacute;n de las funciones org&aacute;nicas propia del desgaste natural, como por la valoraci&oacute;n negativa que la comunidad y la sociedad hace del envejecimiento. Esto confirma la existencia en el imaginario social del llamado &#8220;modelo deficitario del envejecimiento&#8221;. </p>     <p>La autoestima es otro componente psicol&oacute;gico de la calidad de la vida y se percibe que las personas con autoestima negativa tienden m&aacute;s al sufrimiento que quienes poseen una autoestima positiva, pues expresan sentirse dolidas con la vida, tienen menos proyectos hacia el futuro e incluso denotan desesperanza tanto frente a su inmediato futuro como respecto del desenlace de sus propias vidas. La autoestima es, por tanto, uno de los componentes psicol&oacute;gicos que requiere especial atenci&oacute;n y fortalecimiento en el trabajo con adultos mayores. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin duda, una de las fuentes de autoeficacia m&aacute;s apreciada por los adultos mayores, es la de poder participar en la soluci&oacute;n de conflictos que surgen en la convivencia cotidiana, aportando su sabidur&iacute;a para la toma de decisiones. En ellos se identifican competencias para el afrontamiento positivo de dificultades, en especial, para la intervenci&oacute;n oportuna en la soluci&oacute;n de problemas en la medida de sus posibilidades, decisiones que se toman general-mente con criterios de beneficio mutuo. Tambi&eacute;n resalta la resiliencia a lo largo de sus vidas y ahora en la vejez, se aprovechan los conflictos como oportunidades para el crecimiento personal y colectivo. </p>     <p>Los adultos mayores construyen el sentido de sus vidas en familia, comunidad de sentido (Berger y Luckman, 1997), en virtud de las relaciones que construyen con todos sus integrantes. Si tales relaciones son positivas, el sentido puede concretarse en proyectos de vida, pero si son negativas el sentido se fractura, generando rupturas en la perspectiva temporal de la personalidad. </p>     <p>Con los amigos comparten parte de su tiempo libre, mediante actividades recreativas, grupos de oraci&oacute;n o en los talleres y grupos de apoyo psicol&oacute;gico o grupos autogestionados que desarrolla el <i>Proyecto de pr&aacute;cticas en calidad de vida y ciclo vital</i>, de la Facultad de Psicolog&iacute;a de la Universidad Javeriana (Bogot&aacute;). Los adultos mayores han ido construyendo v&iacute;nculos sociales que han contribuido en la configuraci&oacute;n de su identidad como sujetos sociales pertenecientes a una familia, a una determinada clase social y que est&aacute;n localizados en un territorio que se vuelve el terru&ntilde;o de referencia en su vida personal y social. </p>     <p>En San Mateo (Soacha) y Sibat&eacute; la conformidad con la vivienda es alta, a pesar de que sus condiciones son limitadas en raz&oacute;n de la precariedad de su construcci&oacute;n o de la marginalidad de su ubicaci&oacute;n. En El Bosque (Soacha) la inconformidad con la vivienda tiene que ver con la incomodidad pero principalmente con la inseguridad. </p>     <p>La salud se valora positivamente en tanto exista la posibilidad de movimiento y de realizaci&oacute;n de tareas cotidianas, aunque sufran dolencias cr&oacute;nicas. Es decir que no hace falta una condici&oacute;n de salud &oacute;ptima, siempre y cuando la que se tiene les permita valerse por s&iacute; mismos. </p>     <p>Las redes de apoyo social formales e informales son muy importantes en el mantenimiento de la salud, pero se encontr&oacute; que el retiro laboral, el nido vac&iacute;o y la muerte de seres queridos, sumadas al aislamiento social del que son objeto los adultos mayores en el mundo moderno, no contribuyen a su formaci&oacute;n y mantenimiento (Dulcey-Ruiz, Mantilla, Carvajal y Camacho, 2004b; Fern&aacute;ndez-Ballesteros, 1998). </p>     <p>Tan solo tres cuartas partes de los entrevistados tuvieron alg&uacute;n grado de escolarizaci&oacute;n y de ellos la mitad apenas curs&oacute; primaria, inconclusa en algunos casos. Esta carencia es percibida negativamente por ellos mismos, quienes valoran la importancia de la educaci&oacute;n para la realizaci&oacute;n personal, aunque se&ntilde;alan que la responsabilidad no es de ellos sino de las condiciones dif&iacute;ciles de su crecimiento. Quienes fueron a la escuela la recuerdan con gratitud. </p>     <p>Respecto de los bienes materiales, en Soacha valoran muebles y enseres y en Sibat&eacute; sus animales y cultivos. Son escasos quienes mencionan seguros de vida, ahorros, afiliaci&oacute;n a caja de previsi&oacute;n o tarjeta d&eacute;bito. Resaltan la importancia de la carencia de estos bienes para el v&iacute;nculo con otras personas, es decir que, parad&oacute;jicamente, la escasez adquiere valor en tanto permite compartir con los seres queridos. El valor de la propiedad privada se relativiza en funci&oacute;n de la convivencia o la necesidad. </p>     <p>En general los adultos mayores manifiestan que tienen acceso a los servicios p&uacute;blicos y que cuentan con algunos bienes en sus hogares para satisfacer sus necesidades b&aacute;sicas. </p>     <p>Actuando conjuntamente con las experiencias vitales particulares, no es de extra&ntilde;ar que la realidad hist&oacute;rica y social de estos adultos mayores, facilite en ellos una mirada negativa de su futuro. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un recurso lleno de potencialidad para el mejoramiento de la calidad de vida de los adultos mayores de Soacha y Sibat&eacute;, lo constituye el conjunto de evocaciones gratas sobre sus historias personales e incluso los recuerdos que, connotados como negativos, han dejado aprendizajes importantes. Rememoran episodios como el matrimonio y la luna de miel, la cercan&iacute;a de los seres queridos, los periodos de comodidad econ&oacute;mica, los juegos en la infancia y algunos momentos de logro vital como la adquisici&oacute;n de bienes, el cumplimiento de ciclos formativos y la asunci&oacute;n de responsabilidades en los roles que les ha correspondido asumir durante su vida. </p>     <p>En este aspecto los planteamientos de Baltes (1983) nos sugieren que la calidad de vida en la adultez mayor se construye desde la calidad de vida en los anteriores momentos del ciclo vital. Pese a que las limitaciones en las condiciones vitales de los adultos mayores a lo largo de sus vidas limitan hoy su calidad de vida, la posibilidad de evocar con gratitud y orgullo constituye un elemento para su mejoramiento. En este sentido, m&aacute;s de un autor (Contreras de Lehr, 1980) ha documentado y estudiado la potente influencia de las actitudes y de las percepciones subjetivas de la realidad en la valoraci&oacute;n de factores objetivos de la calidad vital, como por ejemplo la salud o la calidad de las relaciones sociales. </p>     <p>Dos entrevistados fueron v&iacute;ctimas del desplazamiento forzado con la consecuencia de p&eacute;rdidas importantes en Sibat&eacute;. En San Mateo se presentan varios casos de p&eacute;rdidas de familiares por muerte violenta, en especial como v&iacute;ctimas de asesinatos selectivos conocidos como <i>limpieza social</i>. </p>     <p>Los adultos mayores muestran una visi&oacute;n negativa de la vejez y adem&aacute;s sienten el rechazo social por su condici&oacute;n de adultos mayores. En este sentido, se evidencia que los procesos econ&oacute;micos y sociales asociados con las condiciones culturales que impuso la modernizaci&oacute;n, han deteriorado la calidad de sus vidas como por ejemplo, cuando aprecian con nostalgia de su pasado, la vida rural en la familia extensa, en la cual predominaba el trabajo manual y se evidenciaba el apoyo intergeneracional. Los adultos mayores tambi&eacute;n a&ntilde;oran los sistemas de trabajo comunales para el apoyo mutuo entre vecinos, la agricultura org&aacute;nica, la seguridad, la vida pac&iacute;fica y sencilla. Detalles como el trabajo con los animales les hacen falta, al igual que la tranquilidad y la buena salud. Tambi&eacute;n extra&ntilde;an valores como la honradez, el amor, la alegr&iacute;a y el amor a Dios (Bronfenbrenner, 1987; Bridges, 1982; Dulcey-Ruiz y Uribe 2000a, b). </p>     <p>Por todo ello, desde su autoimagen pobre y menospreciada y desde su autoestima lastimada, valoran profusamente la presencia de los universitarios que van a entrevistarlos o a realizar talleres con ellos, de los cuales esperan generalmente alg&uacute;n gesto de generosidad. Les resulta dif&iacute;cil establecer relaciones rec&iacute;procas y prefieren las relaciones asim&eacute;tricas en donde ellos asumen la postura de inferiores, de pobres, de ignorantes, de necesitados. </p>     <p>Como expresan Facundo y Rojas (1990), al no darse las condiciones necesarias y suficientes, no hay la calidad de vida que permite un adecuado desarrollo de las personas. Este aspecto se evidencia en los resultados de la caracterizaci&oacute;n sociodemogr&aacute;fica de los adultos mayo-res, no s&oacute;lo en el nivel de ingreso bajo, en las caracter&iacute;sticas de su vivienda (que sea esta propia, de los hijos o en arriendo), o en las condiciones de salud, sino tambi&eacute;n en la calidad de los servicios que reciben. De hecho es una proporci&oacute;n muy baja la de las adultas mayores (0,6%) y adultos mayores (0,2%), que perciben que reciben servicios de calidad. </p>     <p>Los datos obtenidos mediante la encuesta sociodemogr&aacute;fica corroboran los planteamientos de Fern&aacute;ndez-Ballesteros (1998) en cuanto a que las circunstancias en las que se encuentra una persona determinada, permiten la explicaci&oacute;n -al menos hasta cierto punto- de su calidad de vida particular. La edad, el sexo, la posici&oacute;n social, los ingresos, el acceso a servicios, vivir o no en el propio domicilio, etc., son sin duda, variables que permiten predecir en parte la calidad de vida de una persona. No es de extra&ntilde;ar encontrar que, cuando la gente envejece, empieza a perder o experimentar el deterioro en las condiciones o ingredientes que normalmente forman parte de la vida humana, y que por tanto, su calidad de vida se resiente. </p>     <p>Se confirma el hecho de que la calidad de vida, como un concepto multidimensional, no es independiente de los contextos diversos en que transcurre la vida y a los cuales pertenecen los adultos mayores. Las variables como la edad, el grupo familiar y la red social que con ellos se establezca, contar con una vivienda en condiciones adecuadas, tener un ingreso suficiente como para sufragar los gastos m&iacute;nimos necesarios para una supervivencia adecuada, contar con servicios de salud &oacute;ptimos y las condiciones m&iacute;nimas de vida, son factores que se relacionan con otras variables objetivas y con las variables subjetivas de la calidad de vida. </p>     <p>De manera particular se confirma que la edad es uno de los factores personales determinantes en la calidad de vida (Fern&aacute;ndez-Ballesteros, 1998) pese a que para otros autores la edad es un correlato insuficiente como indicador del desarrollo, como &iacute;ndice de calidad de vida y como explicaci&oacute;n de los procesos del envejecimiento (Dulcey-Ruiz et al., 2004a, b; Dulcey-Ruiz y Uribe, 2000). </p>     <p>En general la encuesta sociodemogr&aacute;fica permite caracterizar al grupo de adultos mayores como personas cuyas condiciones objetivas de calidad de vida reflejan estados poco positivos y en este sentido puede afirmarse que sus condiciones de vida no ofrecen oportunidades sociales que favorezcan el agenciamiento individual o grupal de procesos de mejoramiento de la calidad vital (Sen, 2001). En todas las &aacute;reas evaluadas se identifican aspectos de baja calidad que comprometen, m&aacute;s all&aacute; de las condiciones objetivas, el estado de bienestar subjetivo y el desarrollo adecuado de los adultos mayores. Puede entonces afirmarse que han existido y existen escasas oportunidades sociales aptas para el desarrollo en libertad de los adultos mayores (Sen, 2001). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este aspecto, existe concordancia con Mart&iacute;n-Bar&oacute; y con Sen (2001), as&iacute; como tambi&eacute;n con Max-Neef, Elizalde y Openhyn (1986), en tanto se puede afirmar, con base en las conclusiones de esta investigaci&oacute;n, que las necesidades de los adultos mayores han sido hist&oacute;ricamente inhibidas por las condiciones de pobreza y violencia, por el paternalismo y el autoritarismo, o satisfechas por satisfactores singulares como los programas asistencialistas o pseudo satisfechas por la limosna. Se extra&ntilde;an en la vida de los adultos mayores los satisfactores sin&eacute;rgicos, tales como los grupos autogestionados, la educaci&oacute;n popular liberadora, las organizaciones comunitarias democr&aacute;ticas, la participaci&oacute;n democr&aacute;tica, los programas de autoconstrucci&oacute;n, que potenciar&iacute;an el desarrollo integral. </p>     <p>Frente a los adultos mayores participantes, en el contexto descrito y puesto que ya han vivido la mayor parte de sus vidas y han agotado la mayor&iacute;a de las opciones vitales de su existencia (facticidad temporal), la pregunta por sus posibilidades de mejoramiento de la calidad de sus vidas puede parecer una iron&iacute;a, de no ser porque existe en ellos la posibilidad de conferir sentido a su pasado, su presente y su futuro, al realizar balance de sus existencias de manera integrada y esperanzada, tal y como sugiere Erikson (1979, 1981, 1983), La fe en Dios se constituye en el factor de resiliencia (Manciaux, 2001) sobre el cual edifican toda su esperanza, a pesar de que renuncien a su autonom&iacute;a o quiz&aacute;s para compensar esta renuncia, dadas las circunstancias tan limitadas y limitadoras de su entorno vital. </p>     <p>Sin duda hay convergencias con investigaciones previas que, como las de Dulcey-Ruiz, Mantilla, Garc&iacute;a y Alfonso (1997) consideran a la autonom&iacute;a decisoria y el control sobre la propia vida, como caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas fundamentales de la calidad de la vida, lo que se corrobora en esta investigaci&oacute;n negativamente, o sea por su ausencia. Es decir que se extra&ntilde;a en los participantes su autonom&iacute;a personal y comunitaria, as&iacute; como el control sobre sus propias vidas, que ha cedido lugar a la resignaci&oacute;n y a la sumisi&oacute;n. La heteronom&iacute;a s&oacute;lo les permite una calidad de vida marginal, decidida por otros con criterios injustos, bien sean estos criterios los propios del neoliberalismo a ultranza o bien sean resultado del paternalismo y el asistencialismo con el que se tranquilizan algunas conciencias y se apaciguan los &aacute;nimos revolucionarios de otras conciencias. </p>     <p>La enajenaci&oacute;n va de la mano con la naci&oacute;n ajena, reza el poema de Roque Dalton que sirve de ep&iacute;grafe al cap&iacute;tulo 2 de la <i>Psicolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n</i> de Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute; S. I. Que la naci&oacute;n es ajena se percibe en datos tan desoladores como el porcentaje de adultos mayores que no disfrutan de una pensi&oacute;n despu&eacute;s de trabajar toda su vida, o que no gozan de servicios de educaci&oacute;n humanizadora, de salud digna, o de vivienda propia. De la enajenaci&oacute;n ya se ha hablado bastante. </p>     <p>Hermosos, los adultos mayores dan sentido a sus vidas como mejor pueden, no gracias al Estado sino pese a &eacute;l, aprovechando todos los vestigios de vida que alimentan su inquebrantable fe y su esperanza inmortal. Erikson dijo que la esperanza es la firme convicci&oacute;n en que las necesidades quedar&aacute;n satisfechas, a pesar de los fracasos. Los adultos mayores, en especial las mujeres, son expertos en mantener viva la esperanza en otros y en s&iacute; mismos. </p>     <p>Algunas de las relaciones entre los datos cuantitativos y los cualitativos indican que las condiciones objetivas de vida de los adultos mayores participantes no permiten el desarrollo de su calidad de vida. Esto quiere decir que los bajos ingresos y la precariedad de sus recursos pueden caracterizarse como pobreza material: el 78% de las mujeres y el 84% de los hombres, despu&eacute;s de haber trabajado por m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, no reciben una pensi&oacute;n y sus ingresos familiares mensuales en algunos casos son inferiores a un salario m&iacute;nimo. </p>     <p>Ello, sumado a los bajos niveles educativos, a que muchos no tienen vivienda propia, a que la calidad de los servicios de salud que reciben se percibe -en la encuesta sociodemogr&aacute;fica- como baja, a que en raz&oacute;n de su edad sienten desgastes importantes en sus funciones corporales y se sienten discriminados, a que viven en soledad la mayor parte del tiempo pues sus familiares trabajan durante el d&iacute;a y la mayor&iacute;a son viudos, les hace subjetivamente dependientes -y no s&oacute;lo objetivamente como se&ntilde;ala la encuesta -, el 48% de las mujeres y el 14,5% de los hombres depende de sus familiares. </p>     <p>Su baja autoestima puede evidenciar el trato que han recibido, de parte de una sociedad clasista y arribista, por haber desempe&ntilde;ado oficios dom&eacute;sticos o haberse dedicado a la agricultura. La actitud resignada que les caracteriza, propia de los campesinos colombianos proverbialmente agradecidos, les lleva a no luchar por cambiar su situaci&oacute;n, raz&oacute;n que explicar&iacute;a su baja participaci&oacute;n en grupos; indicador preocupante en el caso de los hombres (6,1%) aunque mejore un poco en el caso de las mujeres (21,6%). Algunos adultos mayores poseen un concepto positivo de s&iacute; mismos, construido a partir de sus experiencias como hijos, trabajadores, vecinos, amigos, padres y ciudadanos, el cual redunda en su autoestima positiva, en mayor auto-eficacia, mejores h&aacute;bitos de autocuidado, lo que repercute en un sentimiento de mayor autocontrol en sus vidas. Todo ello significa mejor calidad de vida. </p>     <p>Para otros adultos mayores, particularmente para la mayor&iacute;a de las mujeres, que han sufrido violencia intrafamiliar y por tanto, abandonos o maltratos por parte de padres, padrastros, c&oacute;nyuges o hijos, el autoconcepto es negativo. Por lo general el autoconcepto negativo se asocia con din&aacute;micas familiares conflictivas y est&aacute; relacionado con el conformismo y la sumisi&oacute;n, con el fatalismo que &#8220;naturaliza&#8221; condiciones sociales injustas. Para las mujeres, el impacto emocional de las dificultades relacionales con sus familiares es muy grande, pero particularmente el impacto de las dificultades con sus hijos y luego con sus nietos. </p>     <p>Quienes manifiestan tener autoestima positiva tambi&eacute;n afirman estar en proceso de realizaci&oacute;n de un proyecto de vida y expresan su satisfacci&oacute;n con la existencia. Quienes tienen baja autoestima se quejan de la vida, tienen perspectiva temporal futura a m&aacute;s corto plazo y expresan desesperanza. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Parece que la mayor tranquilidad de &eacute;pocas hist&oacute;ricas idas se recuerda con nostalgia, pero esto se ve compensado porque los momentos biogr&aacute;ficos de mayor frenes&iacute;, como la crianza de los hijos, ya pasaron y se vive actualmente una mayor tranquilidad personal, aunque las circunstancias hist&oacute;ricas son m&aacute;s fren&eacute;ticas. Otros adultos mayores afirman que la calidad de vida ha mejorado sensiblemente entre su pasado y su presente, pues comparan dif&iacute;ciles condiciones familiares, laborales y educativas de su infancia y ni&ntilde;ez con las condiciones actuales de vida. </p>     <p>Sin duda, las relaciones con Dios constituyen el aporte de sentido vital m&aacute;s significativo entre las m&uacute;ltiples relaciones que mantienen los adultos mayores. Desde ellas se aprecian positivamente las circunstancias que atraviesan y el recorrido de sus biograf&iacute;as, se valoran diferencialmente las dificultades y las oportunidades, se otorga significado a los acontecimientos -absurdos desde otra &oacute;ptica- integr&aacute;ndolos en relatos coherentes. </p>     <p>Sin embargo, quiz&aacute;s en raz&oacute;n de la magnitud de muchas de sus dificultades y de las carencias y fragilidades en su capacidad de auto-agenciamiento, la fe en Dios contribuye a que los adultos mayores asuman el futuro como destino y no como proceso en autoconstrucci&oacute;n, renunciando a su autonom&iacute;a decisoria y a la participaci&oacute;n democr&aacute;tica por medio de la cual podr&iacute;an incidir en el direccionamiento comunitario. </p>     <p>La autoestima que les caracteriza evidencia tambi&eacute;n que al final de sus vidas el balance es desproporcionado a favor de las p&eacute;rdidas que han experimentado, salvo contadas excepciones que indican que algunos adultos mayores sacan el mejor partido posible a las circunstancias que les correspondi&oacute; vivir. </p>     <p>Parecer&iacute;a realista pensar, como se afirm&oacute;, que la mayor&iacute;a de los adultos mayores participantes hubieran sido objetos de la historia y no sujetos de ella, sin embargo, su deseo de servir a los dem&aacute;s; el saberse m&aacute;s fuertes y recios como resultado de haber afrontado enormes dificultades en sus vidas; el proponerse metas y sue&ntilde;os en relaci&oacute;n con sus familias y consigo mismos; el utilizar su tiempo productivamente; el sentir que no est&aacute;n solos a pesar de la soledad que traspasa sus d&iacute;as entre semana; el poder mantenerse aut&oacute;nomos aun cuando el envejecimiento, las enfermedades y la discriminaci&oacute;n social les fuercen a lo contrario, todo ello, indica que el conflicto en sus vidas ha sido motor de desarrollo y no causa de renuncia y abandono, es decir, que la resiliencia quiz&aacute;s florezca precisamente donde m&aacute;s se requiere, en medio de las dificultades. </p>     <p>No deja de ser parad&oacute;jico y cuestionador haber encontrado que muchas mujeres han sido v&iacute;ctimas del alcoholismo de sus c&oacute;nyuges, es decir, del estado alcabalero que con una mano trata a las personas adultas con l&aacute;stima y con la otra los embota y pervierte estimulando el consumo de sustancias alcoh&oacute;licas. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, llama poderosamente la atenci&oacute;n aquello que los adultos mayores valoran como componentes esenciales de la calidad de sus vidas, en su orden: el apoyo social, poder valerse por s&iacute; mismos, seguir siendo responsables por sus familias, tener acceso a la educaci&oacute;n y, por &uacute;ltimo, los bienes familiares. </p>     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>1. Baltes, P. (1983). Psicolog&iacute;a evolutiva del ciclo vital. Algunas observaciones convergentes sobre historia y teor&iacute;a. En J. A. Marchesi, M. Carretero &amp; J. Palacios (comps.), <i>Psicolog&iacute;a evolutiva, Tomo I. Teor&iacute;as y m&eacute;todos </i>(pp. 247-267). Madrid: Alianza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1657-9267200500020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Berger, P. &amp; Luckmann, T. (1999). <i>La construcci&oacute;n social de la realidad</i>. Buenos Aires: Amorrortu. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1657-9267200500020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Berger, P. &amp; Luckmann, T. (1997). <i>Modernidad, pluralismo y crisis de sentido: la orientaci&oacute;n del hombre moderno</i>. Barcelona: Paidos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1657-9267200500020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bridges, W. (1982). <i>Transiciones: el porqu&eacute; de los cambios que vivimos</i>. M&eacute;xico: Fondo Educativo Interamericano. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1657-9267200500020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Bronfrenbrenner, U. (1987). <i>La ecolog&iacute;a del desarrollo humano</i>. Paidos: Barcelona. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1657-9267200500020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Contreras de Lehr, E. (1980). Investigaci&oacute;n longitudinal y psicogerontolog&iacute;a. <i>Revista espa&ntilde;ola de Geriatr&iacute;a y Gerontolog&iacute;a</i>,<i> 15</i>(6), 583-598. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1657-9267200500020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Dulcey-Ruiz, E., Mantilla, G., Carvajal, L. M. (Comps.) (2004a). <i>Periodismo y comunicaci&oacute;n para todas las edades. </i>CEPSIGER y Ministerio de Comunicaciones de la Rep&uacute;blica de Colombia. Bogot&aacute;: Cargraphics. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1657-9267200500020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Dulcey-Ruiz, E., Mantilla, G., Carvajal, L. M. &amp; Camacho, G., (2004b) <i>Envejecimiento, comunicaci&oacute;n y pol&iacute;tica</i>. CEPSIGER y Ministerio de Comunicaciones de la Rep&uacute;blica de Colombia. Bogot&aacute;: Cargraphics S.A. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1657-9267200500020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Dulcey-Ruiz E., Uribe, C. 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Manuscrito no publicado, Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Psicolog&iacute;a, Bogot&aacute;, Colombia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1657-9267200500020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Dulcey-Ruiz, E., Giraldo, A. M., Le&oacute;n, S., Velasco, J. (1999). <i>Calidad de vida: transici&oacute;n de la academia al trabajo</i>. 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(comps), (1998)<i> La Calidad de vida. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1657-9267200500020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Sen, A. (2001). <i>Desarrollo y libertad</i>. Bogot&aacute;: Planeta. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1657-9267200500020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Trujillo, S., Tovar, C., Lozano, M. (2004). Formulaci&oacute;n de un modelo te&oacute;rico de la calidad de la vida desde la psicolog&iacute;a. <i>Universitas Psychologica, 3</i>(1), 89-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1657-9267200500020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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