<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1657-9267</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Universitas Psychologica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Univ. Psychol.]]></abbrev-journal-title>
<issn>1657-9267</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Pontificia Universidad Javeriana]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1657-92672006000100012</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una aproximación al concepto de cultura organizacional]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Approach to the organizational culture concept]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García Álvarez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Claudia María]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Piloto de Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>5</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>163</fpage>
<lpage>174</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1657-92672006000100012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1657-92672006000100012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1657-92672006000100012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In order to make evident the instrumental nature of the concept of culture applied to organization, this essay develops a comprehension of the concept of organizational culture. This effort is important because the concept of organization itself implies a construction of a social order from meanings becoming hegemonic in the framework of a particular context. Organizational Psychology, even with its neutrality pretension, is not innocent about the instrumental role that social sciences have had in the organizational arena; however this essay introduces alternatives from critical approaches that allow ways of comprehension and why not, intervention from perspectives explicitly political.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[En este ensayo se busca desarrollar una comprensión del concepto de cultura organizacional con el fin de hacer evidente el carácter instrumental del concepto de cultura aplicado a las organizaciones, siendo importante hacerlo porque el mismo concepto de organización implica el establecimiento de un orden social a partir de significados que logran volverse hegemónicos en el marco de un contexto particular. La Psicología organizacional, a pesar de su pretensión de neutralidad, no es ajena al papel instrumental que han tenido las ciencias sociales en el contexto organizacional; sin embargo en este ensayo se presentan alternativas desde perspectivas críticas que vislumbran formas de comprensión y por qué no, de intervención, a partir de apuestas abiertamente políticas.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="en"><![CDATA[organizational psychology]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[organizational culture]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[critical perspective]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[industrial psychology]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[corporate culture]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[psicología organizacional]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[cultura organizacional]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[perspectiva crítica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[psicología industrial]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[cultura corporativa]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2"> <font size="4">    <center><b>Una aproximaci&oacute;n al concepto de cultura organizacional *</b></center></font>     <p>    <center>Claudia Mar&iacute;a Garc&iacute;a &Aacute;lvarez </center></p>     <p>    <center>Universidad Piloto de Colombia - Pontificia Universidad Javeriana </center></p>     <p>    <center>Recibido: octubre 25 de 2005 Revisado: Noviembre 15 de 2005 Aceptado: diciembre 8 de 2005 </center></p>     <p>* Correspondencia: <a href="mailto:clamagar@yahoo.es">clamagar@yahoo.es</a></p> <font size="4">    <center><b>Approach to the organizational culture concept</b></center></font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>ABSTRACT </p>     <p>In order to make evident the instrumental nature of the concept of culture applied to organization, this essay develops a comprehension of the concept of organizational culture. This effort is important because the concept of organization itself implies a construction of a social order from meanings becoming hegemonic in the framework of a particular context. Organizational Psychology, even with its neutrality pretension, is not innocent about the instrumental role that social sciences have had in the organizational arena; however this essay introduces alternatives from critical approaches that allow ways of comprehension and why not, intervention from perspectives explicitly political. </p>     <p><b>Key words:</b> organizational psychology, organizational culture, critical perspective, industrial psychology, corporate culture. </p>     <p>RESUMEN </p>     <p>En este ensayo se busca desarrollar una comprensi&oacute;n del concepto de cultura organizacional con el fin de hacer evidente el car&aacute;cter instrumental del concepto de cultura aplicado a las organizaciones, siendo importante hacerlo porque el mismo concepto de organizaci&oacute;n implica el establecimiento de un orden social a partir de significados que logran volverse hegem&oacute;nicos en el marco de un contexto particular. La Psicolog&iacute;a organizacional, a pesar de su pretensi&oacute;n de neutralidad, no es ajena al papel instrumental que han tenido las ciencias sociales en el contexto organizacional; sin embargo en este ensayo se presentan alternativas desde perspectivas cr&iacute;ticas que vislumbran formas de comprensi&oacute;n y por qu&eacute; no, de intervenci&oacute;n, a partir de apuestas abiertamente pol&iacute;ticas. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> psicolog&iacute;a organizacional, cultura organizacional, perspectiva cr&iacute;tica, psicolog&iacute;a industrial, cultura corporativa. </p>     <p>En este ensayo se intenta explorar el concepto de cultura organizacional a partir de la revisi&oacute;n de perspectivas que se han desplazado de las comprensiones de las organizaciones basadas en la racionalidad de los actores, para centrarse en miradas que empiezan a reconocer los aspectos subjetivos que orientan la acci&oacute;n colectiva. Sin embargo en el seno de las teor&iacute;as que abordan la realidad organizacional a partir de la cultura, existen a su vez diversidad de miradas que evidencian el conflicto y debate que hay alrededor de estas perspectivas y que dan cuenta de las posiciones e intenciones de los mismos acad&eacute;micos cuando hablan acerca de lo que es cultura organizacional. A continuaci&oacute;n se har&aacute; una revisi&oacute;n del concepto de cultura organizacional teniendo en cuenta diferentes aproximaciones desde las cuales se ha buscado no solamente articular comprensiones de la realidad organizacional, sino tambi&eacute;n intervenir para lograr transformaciones de acuerdo a intereses determinados, siendo esto evidencia del papel instrumental y pol&iacute;tico que han tenido las ciencias organizacionales, y espec&iacute;ficamente la Psicolog&iacute;a Organizacional. </p>     <p>El concepto de cultura aplicado a la organizaci&oacute;n se fue gestando desde el aporte de la escuela de las relaciones humanas, cuando a partir de los experimentos desarrollados por Elton Mayo (1972), se empiezan a reconocer los aspectos subjetivos e informales de la realidad organizacional. Mayo (1972), se interes&oacute; por indagar acerca de los factores que inciden en el desempe&ntilde;o del trabajador, llegando a la conclusi&oacute;n que el ambiente del grupo al cual pertenece el individuo incide significativamente en la percepci&oacute;n que &eacute;ste tiene acerca de los aspectos objetivos de la organizaci&oacute;n. Desde esta perspectiva se empiezan a reconocer los elementos subjetivos que inciden en el comportamiento de los individuos y de los grupos, elementos que seg&uacute;n Mayo configuran patrones de interacci&oacute;n impl&iacute;citos en los grupos, fen&oacute;meno al que Mayo denomin&oacute; <i>organizaci&oacute;n informal de los grupos</i> (D&aacute;vila, 1985). A partir de este estudio de Mayo en la f&aacute;brica de Hawthorne y sobretodo a partir de su &uacute;ltima etapa en la que particip&oacute; el antrop&oacute;logo Lloyd Warner quien introdujo metodolog&iacute;as antropol&oacute;gicas, se inicia una serie de estudios acerca de la cultura en las organizaciones desde perspectivas antropol&oacute;gicas (D&aacute;vila, 2000). De acuerdo a D&aacute;vila, no ser&iacute;a sino hacia finales de los setenta que los estudios relacionados con la cultura organizacional experimentan cierto &iacute;mpetu, sobretodo a partir del estudio comparativo que William Ouchi (1985) desarrolla entre empresas norteamericanas y japonesas. </p>     <p>De manera creciente y con el reconocimiento de los aspectos simb&oacute;licos de una organizaci&oacute;n, han tomado fuerza las perspectivas culturales referentes a la organizaci&oacute;n. Sin embargo, el concepto de cultura organizacional no es un&iacute;voco, ya que desde la misma antropolog&iacute;a -de donde los estudios organizacionales importaron el concepto- no hay consenso acerca del significado de cultura. De igual forma en la historia de los estudios organizacionales han surgido diversas formas de entender la realidad organizacional (la organizaci&oacute;n como una entidad objetiva, como realidad socialmente construida). Estas diferentes miradas, toman forma a trav&eacute;s del uso de met&aacute;foras que posibilitan diferenciar y enmarcar determinada concepci&oacute;n de la realidad organizacional (Smircich, 1983; Morgan, 1991). As&iacute;, las diferentes met&aacute;foras permiten centrar la atenci&oacute;n sobre formas de experiencia que ofrecen comprensiones particulares de la complejidad del fen&oacute;meno organizacional. Cada aproximaci&oacute;n no puede abarcar la totalidad y complejidad del fen&oacute;meno, y por eso es tan importante examinar las diferentes met&aacute;foras para abordar y entender desde cada una de ellas las diversas comprensiones de la realidad organizacional. </p>     <p>La diversidad de formas en que el concepto de cultura es usado por los te&oacute;ricos organizacionales, se deriva directamente de las diferentes maneras de concebir tanto la organizaci&oacute;n como la cultura. La investigaci&oacute;n est&aacute; guiada por diferentes met&aacute;foras y busca diferentes fines; cada met&aacute;fora a su vez, da lugar a particulares intereses y preguntas de investigaci&oacute;n, como tambi&eacute;n a abordajes metodol&oacute;gicos determinados (Smircich, 1983). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para entender las diferentes aproximaciones al concepto de cultura que se han ido desarrollando en el seno de los estudios organizacionales, se har&aacute; alusi&oacute;n a la clasificaci&oacute;n que hace Smircich (1983), quien identifica las met&aacute;foras predominantes que han surgido en los intentos por comprender la cultura organizacional: cultura como una variable externa, como una variable interna y cultura como una met&aacute;fora ra&iacute;z. </p>     <p><b>Cultura y gerencia comparativa: la cultura como una variable externa </b></p>     <p>Desde esta perspectiva, la cultura se entiende como un fen&oacute;meno <i>nacional</i> que influye en el desarrollo y refuerzo de creencias en el contexto organizacional. Las similitudes y diferencias en los valores y actitudes de las personas en las diversas organizaciones provienen, en primera instancia, de la influencia que ejerce la sociedad en la cultura organizacional. En este sentido las organizaciones son manifestaciones de sistemas culturales m&aacute;s amplios. </p>     <p>La cultura se concibe, como una variable independiente y externa que influye en las organizaciones y es llevada a la organizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la membres&iacute;a; es decir, al entrar a pertenecer a la organizaci&oacute;n, los empleados que han sido influidos por m&uacute;ltiples instituciones culturales como la familia, iglesia, comunidad, educaci&oacute;n, traen estas influencias para nutrir la realidad organizacional. La cultura organizacional entonces est&aacute; permeada por dichas instituciones a trav&eacute;s de los miembros que la constituyen (Hatch, 1997). </p>     <p>La investigaci&oacute;n desarrollada desde esta perspectiva, se ha centrado en la identificaci&oacute;n de diferencias y similitudes entre culturas, y su implicaci&oacute;n en la efectividad organizacional. Los estudios transculturales llevados a cabo por Hofste de (1980) son un ejemplo de este tipo de investigaciones, en las que este autor examina la influencia de las culturas nacionales en la organizaci&oacute;n IBM, comparando las filiales internacionales de dicha multinacional. Los resultados de este estudio arrojaron diferencias entre las culturas organizacionales de las diversas filiales de IBM, diferencias que fueron clasificadas en cuatro dimensiones: poder-distancia, incertidumbre-evitaci&oacute;n, individualismo y masculinidad. La utilidad pr&aacute;ctica de este tipo de investigaciones se ha centrado en el inter&eacute;s que las organizaciones multinacionales tienen para ajustar sus pol&iacute;ticas y filosof&iacute;as a los entornos culturales donde operan (Smircich, 1983). </p>     <p><b>Cultura corporativa: la cultura como una variable interna </b></p>     <p>A trav&eacute;s de esta met&aacute;fora se entiende a las organizaciones como fen&oacute;menos que producen cultura; son vistas como instrumentos sociales que producen bienes, servicios y subproductos tales como artefactos culturales. La cultura se define desde esta perspectiva como un pegamento social que mantiene a la organizaci&oacute;n unida, expresa los valores y creencias compartidos por los miembros de la organizaci&oacute;n; valores que se manifiestan a trav&eacute;s de mitos, historias, leyendas, lenguaje especializado. (Smircich, 1983) </p>     <p>La investigaci&oacute;n, desde esta concepci&oacute;n, generalmente est&aacute; basada en el marco de la teor&iacute;a de sistemas, que tradicionalmente ha considerado variables como el tama&ntilde;o, la tecnolog&iacute;a, la estructura, y c&oacute;mo estas variables est&aacute;n determinadas por el ambiente organizacional. El ambiente impone imperativos que los gerentes deben tener en cuenta para ajustar la organizaci&oacute;n a dichas demandas, y la cultura se considera por tanto como una dimensi&oacute;n que contribuye al balance y eficiencia de la organizaci&oacute;n. Para promover la adaptaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n a los imperativos ambientales, es necesario cambiar la cultura organizacional. </p>     <p>El cambio organizacional se considera como un imperativo ante las exigentes circunstancias del entorno. Hoy en d&iacute;a se habla de diferentes estrategias gerenciales de cambio, como por ejemplo reingenier&iacute;a, planeaci&oacute;n estrat&eacute;gica, gerencia de la calidad total, cambio cultural, etc. Para lograr el cambio organizacional deseado, entonces es necesario cambiar las conductas de las personas, y debido a que las conductas est&aacute;n guiadas por valores, es necesario cambiar la cultura de la organizaci&oacute;n para lograr un verdadero cambio organizacional. Desde esta concepci&oacute;n se asume que las organizaciones poseen una cultura, es decir, la cultura es una variable que puede ser modificada a trav&eacute;s de diversas estrategias gerenciales. El cambio organizacional pretende en este sentido, que a trav&eacute;s de la introducci&oacute;n de nuevas filosof&iacute;as y valores por parte de los directivos, los individuos rompan con viejos patrones y adquieran unos nuevos. El cambio cultural desde esta perspectiva, se concibe como un proceso que se da de manera planeada y unidireccional, es decir, los valores y pol&iacute;ticas institucionales determinados por la direcci&oacute;n se difunden por toda la organizaci&oacute;n, con la intenci&oacute;n de que &eacute;stos sean internalizados por las personas y de esta forma construir compromiso e identidad organizacional por parte de los empleados. Esto es lo que contribuye a la constituci&oacute;n de una cultura homog&eacute;nea y fuerte. Algunos autores afirman que las organizaciones con culturas &#8220;fuertes&#8221; son las m&aacute;s aptas para ser exitosas (Deal &amp; Kennedy, 1982; Peters &amp; Waterman, 1984). El sentido de esto es que las organizaciones que tienen culturas alineadas con las estrategias corporativas, tienen mayor probabilidad de tener &eacute;xito. </p>     <p>La tarea del gerente es encontrar formas de usar historias, leyendas y otros artefactos culturales, para mover e influir en los empleados de acuerdo a los prop&oacute;sitos gerenciales. Los seguidores del Desarrollo Organizacional, como Schein (1985), enfatizan que la cultura es creada por l&iacute;deres que manejan artefactos y s&iacute;mbolos a los que los empleados responden en el proceso de modificar su comportamiento. Schein se&ntilde;ala que cuando llegan nuevos miembros a la organizaci&oacute;n, ellos son seleccionados con base al ajuste que haya entre sus propios valores y los de la organizaci&oacute;n o son socializados para que acepten los nuevos valores culturales. De acuerdo a este autor el cambio cultural es posible cuando nuevos valores son incorporados a trav&eacute;s del ejemplo de los directivos; pero s&oacute;lo cuando los miembros de la organizaci&oacute;n vean los beneficios de los nuevos valores, &eacute;stos llegar&aacute;n al nivel de creencias inconscientes. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, algunos autores se&ntilde;alan que la difusi&oacute;n de estos valores no garantiza su adopci&oacute;n por parte de los miembros de la organizaci&oacute;n (Anthony, 1990; Ogbonne &amp; Wilkinson, 1990; Ogbonne &amp; Lloyd, 2002; Legge, 1995; Anthony, 1994). Muchos cr&iacute;ticos de esta perspectiva cuestionan si la cultura organizacional realmente se puede manejar y hacen evidente de igual forma, las implicaciones &eacute;ticas de la pretensi&oacute;n del manejo de la cultura por parte de los gestores del cambio. Algunos se&ntilde;alan que el t&eacute;rmino de cultura corporativa no se refiere a nada m&aacute;s que a una ideolog&iacute;a cultivada por la gerencia con el prop&oacute;sito de controlar y legitimar la actividad gerencial. </p>     <p>La aproximaci&oacute;n metodol&oacute;gica desde esta perspectiva, se lleva a cabo a partir de m&eacute;todos cuantitativos, que buscan encontrar correlaciones estad&iacute;sticas entre la cultura y otras variables tales como el desempe&ntilde;o. Estas mediciones se realizan a trav&eacute;s de encuestas que intentan determinar el grado de acuerdo (cultura fuerte) o desacuerdo por parte de los empleados acerca de ciertos valores y luego &eacute;stos se correlacionan con el grado de desempe&ntilde;o (Smircich, 1983). </p>     <p>En general, las aproximaciones que consideran la cultura como una variable (Gerencia Comparativa y Cultura Corporativa), se derivan de supuestos b&aacute;sicos similares acerca de la naturaleza del mundo social, de las organizaciones y de la naturaleza humana. Ambos enfoques conciben a la organizaci&oacute;n como un organismo que debe adaptarse a los imperativos del ambiente y de esta forma, la cultura es un subsistema que debe ser controlado por la gerencia para poder asegurar y predecir la eficiencia y &eacute;xito organizacional. </p>     <p><b>La cultura como una met&aacute;fora ra&iacute;z para conceptualizar la organizaci&oacute;n <i>(root metaphor)</i></b></p>     <p>Desde esta mirada, las organizaciones se entienden como culturas; es decir la cultura no es algo que las organizaciones tienen, sino es algo que las organizaciones son, &#8220;Las organizaciones son entendidas y analizadas no principalmente en t&eacute;rminos econ&oacute;micos o materiales, sino en t&eacute;rminos de sus aspectos expresivos y simb&oacute;licos.&#8221; (Smircich, 1983, p. 347). </p>     <p>Seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n de Smircich, dentro de esta aproximaci&oacute;n a la cultura organizacional, existen diferencias derivadas de las diversas conceptualizaciones de cultura desde la antropolog&iacute;a moderna: antropolog&iacute;a cognitiva, simb&oacute;lica y estructural. Aqu&iacute; revisaremos las aproximaciones de cultura organizacional a partir de los aportes de la antropolog&iacute;a cognitiva y simb&oacute;lica. </p>     <p><b>Perspectiva cognitiva </b></p>     <p>Seg&uacute;n la antropolog&iacute;a cognitiva (Goodenough, 1971; citado por Smircich, 1983), la cultura es un sistema de cogniciones, conocimientos y creencias compartidos; Harris y Cronen (1979) citados por Smircich (1983), consideran que la cultura es una estructura de conocimiento para saber y actuar. El objetivo del investigador es identificar las reglas y creencias para entender c&oacute;mo los miembros de la cultura ven y describen su mundo. </p>     <p>Las organizaciones son sistemas de creencias o marcos de referencias que los miembros de la organizaci&oacute;n comparten en grados variados. Un supuesto que subyace a este trabajo es que el pensamiento est&aacute; conectado con la acci&oacute;n, lo que implica que las preguntas de investigaci&oacute;n en este enfoque est&aacute;n conducidas a encontrar las reglas o guiones que dirigen la acci&oacute;n y las estructuras de conocimiento que est&aacute;n operando. (Smircich, 1983) </p>     <p><b>Perspectiva simb&oacute;lica </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De acuerdo con Geertz (1973), parafraseando a Max Weber, el hombre est&aacute; suspendido en redes de significados que &eacute;l mismo ha tejido, refiri&eacute;ndose a la cultura como esa red de significados. Desde esta perspectiva el investigador analiza la cultura no como un cient&iacute;fico experimental en busca de leyes sino como un int&eacute;rprete en b&uacute;squeda de significados. Lo que hace el etn&oacute;grafo de acuerdo a Geertz (1973), es hacer descripciones densas, las cuales implican la identificaci&oacute;n de las estructuras significativas, que permiten entender las acciones sociales; estas acciones son simb&oacute;licas ya que se producen e interpretan a partir del significado colectivo La cultura se entiende como un sistema de s&iacute;mbolos y significados compartidos, producto de negociaciones de las personas en su interacci&oacute;n. El uso e interpretaci&oacute;n de s&iacute;mbolos permite a las personas mantener y crear su cultura, y es por eso que a trav&eacute;s de la observaci&oacute;n de la construcci&oacute;n y uso de s&iacute;mbolos, que el investigador comprende la cultura (Hatch, 1997). El objetivo del investigador es descifrar, leer e interpretar los patrones de significaci&oacute;n a partir de los cuales los miembros de una comunidad interact&uacute;an, enfoc&aacute;ndose primero en c&oacute;mo las experiencias se vuelven significativas para las personas: &#8220;Lo que en realidad encara el etn&oacute;grafo es una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales est&aacute;n superpuestas o entrelazadas entre s&iacute;, estructuras que son al mismo tiempo extra&ntilde;as, irregulares, no expl&iacute;citas, y a las cuales el etn&oacute;grafo debe ingeniarse de alguna manera, para captarlas primero y para explicarlas despu&eacute;s&#8221; (Geertz, 1973, p. 24). El investigador tambi&eacute;n se preocupa por articular los temas recurrentes que representan los patrones en el discurso simb&oacute;lico y que especifican los lazos entre creencias, valores y acci&oacute;n (Smircich, 1983). En &uacute;ltimas, el an&aacute;lisis cultural se centra en identificar c&oacute;mo las personas entienden e interpretan su experiencia y c&oacute;mo estos entendimientos se conectan con la acci&oacute;n; es comprender lo que se constituye en normal para un grupo de personas, en un proceso de negociaci&oacute;n en el que ciertas concepciones de mundo se naturalizan hasta constituirse en &#8220;la realidad&#8221; o &#8220;lo normal&#8221; para ese grupo de personas. </p>     <p><b>Paradigmas emergentes </b></p>     <p>Esta manera de entender la realidad organizacional como una realidad socialmente construida se enmarca en lo que las ciencias sociales se ha conocido con el nombre de paradigmas emergentes, en los cuales a su vez confluyen diferentes perspectivas tales como el socioconstructivismo, el socioconstruccionismo y las perspectivas cr&iacute;ticas. A diferencia de las anteriores met&aacute;foras, esta forma de entender la realidad organizacional explora el fen&oacute;meno organizacional como una producci&oacute;n social, mirada que a su vez se deriva de las transformaciones que han habido tanto en las aproximaciones al concepto de cultura desde la antropolog&iacute;a como al concepto mismo de organizaci&oacute;n. Estos cambios, en sinton&iacute;a con transformaci&oacute;n que se ha llevado a cabo en general en las ciencias sociales en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, han surgido por la b&uacute;squeda de formas alternativas a la aproximaci&oacute;n de car&aacute;cter objetivo y realista de la realidad, la cual pretend&iacute;a la neutralidad del cient&iacute;fico cuando enunciaba sus conceptos y teor&iacute;as, desconociendo el car&aacute;cter pol&iacute;tico de &eacute;stos. Lo anterior significa que la realidad es social-mente construida, es decir, las interpretaciones que la gente, en este caso los cient&iacute;ficos tienen acerca de la realidad, son producto de significados que se han vuelto hegem&oacute;nicos y que a su vez, tienen efectos materiales. </p>     <p>Desde perspectivas socioconstructivistas, las organizaciones se conciben como realidades construidas socialmente, en donde los individuos son moldeados por el contexto cultural m&aacute;s amplio, es decir la organizaci&oacute;n, y a su vez &eacute;sta es creada y recreada por los procesos de interacci&oacute;n entre las personas. En este sentido, las organizaciones en vez de poseer una cultura, son cultura; ellas se constituyen a partir de las interacciones cotidianas de donde surgen patrones de interacci&oacute;n que se institucionalizan y que a su vez permean las interacciones particulares. Esto resalta una comprensi&oacute;n de las organizaciones e individuos como entidades que se construyen y transforman mutuamente. (Munduate, 1997) </p>     <p>De esta forma, las organizaciones se definen como &aacute;mbitos donde la gente intersubjetivamente construye significados alrededor de su actividad laboral, significados que constituyen la realidad organizacional y la identidad laboral de los miembros que la conforman. Las personas con el fin de dar sentido a su ser y quehacer, negocian diversos significados en un proceso donde entran en conflicto multiplicidad de versiones y la finalidad es hacer prevalecer ciertas visiones, con el fin de establecer un orden y sentido com&uacute;n. De esta forma, organizar significa coordinar acciones para establecer un orden y estabilidad, lo que es el fin de la organizaci&oacute;n (Weick, 1995). La cultura en este sentido est&aacute; constituida por rutinas, normas, rituales, comportamientos, que han sido negociados e instituidos y que por tanto son productos de aprendizajes pasados exitosos que le siguen dando sentido al presente, promoviendo la estabilidad y el orden. Sin embargo, la existencia de significados compartidos que les permiten a los miembros de la organizaci&oacute;n coordinar sus acciones y reducir la variabilidad, no implica que en el contexto organizacional no haya l&oacute;gicas alternativas que cuestionen las dominantes. (Abma, 2000) </p>     <p>El grado de estabilidad y orden alcanzado por la organizaci&oacute;n a trav&eacute;s del establecimiento y consolidaci&oacute;n de dichos mitos evidentes en rituales, normas, rutinas, comportamientos, expresiones, debe permitir el logro de las metas de la organizaci&oacute;n. Sin embargo, debido al cambio del entorno organizacional y a la complejidad de las situaciones, llega un punto en que estos significados compartidos producto de aprendizajes pasados no pueden seguir dando sentido al presente; de esta forma, estos &oacute;rdenes establecidos deben cuestionarse en la medida en que no permitan la viabilidad organizacional (desarrollo de las personas, eficiencia, calidad de los productos, impacto ambiental). En este mismo sentido, Abma (2000) se&ntilde;ala que durante las estabililidad relativa, los actores organizacionales act&uacute;an de acuerdo a reglas e historias codificadas que ellos han construido colectivamente, y que les brindan un marco adecuado para la acci&oacute;n; cuando estas historias heredadas no son adecuadas, significa que el proceso de cambio y aprendizaje organizacional debe empezar. </p>     <p>As&iacute;, el cambio y la innovaci&oacute;n son necesarios y tambi&eacute;n son una finalidad de la organizaci&oacute;n (Weick, 1995), ya que la apertura al cambio implica el empoderamiento de significados marginales que en la medida en que son reconocidos pueden empezar a generar procesos de reflexi&oacute;n necesarios para iniciar el cambio. Desde esta perspectiva, la organizaci&oacute;n debe procurar la promoci&oacute;n de espacios donde el di&aacute;logo posibilite el intercambio de racionalidades que ampl&iacute;en los horizontes de interpretaci&oacute;n y de esta forma, a trav&eacute;s del intercambio y negociaci&oacute;n de significados, no s&oacute;lo se promueva la reflexi&oacute;n acerca de las formas vigentes de mirar y actuar sobre el mundo, sino que se brinde el espacio para la construcci&oacute;n de nuevas posibilidades. De lo anterior se desprende que la diversidad antes que impedir, es el motor para la construcci&oacute;n de nuevas realidades. </p>     <p>De esta forma, la organizaci&oacute;n, debe alternar estadios de estabilidad y orden (memoria colectiva, aprendizajes pasados) con procesos de cambio, innovaci&oacute;n y desorden (cuestionamiento, conflicto); la implementaci&oacute;n de mecanismos de coordinaci&oacute;n y control por un lado (orden) y la promoci&oacute;n de la autonom&iacute;a y creatividad por el otro (desorden) (Weick, 1995). </p>     <p>Para sintetizar, hasta aqu&iacute; se han revisado de manera global dos met&aacute;foras; una que enfatiza el car&aacute;cter instrumental del concepto de cultura organizacional al asimilarla a una variable (interna o externa) que puede ser moldeada de acuerdo a los prop&oacute;sitos gerenciales y la otra (aparentemente no instrumental) que asimila el concepto de cultura al concepto de organizaci&oacute;n, resaltando el car&aacute;cter socialmente construido de &eacute;sta. </p>     <p>Algunos autores cuestionan el car&aacute;cter instrumental del concepto de cultura asociado a una variable que se puede controlar, y se&ntilde;alan c&oacute;mo modelos te&oacute;ricos de autores tales como Peters y Waterman (1984), tienen serias restricciones intelectuales por su car&aacute;cter pragm&aacute;tico e instrumental (Barley, Meyer &amp; Gash, 1988; citados por Chan &amp; Clegg, 2002): &#8220;En esta vertiente, la ret&oacute;rica estaba intencionada para ser persuasiva, sus representaciones objetivadas, sus paquetes mercadeados para consumo simb&oacute;lico por una audiencia, a trav&eacute;s de libros, magazines y productos de consultor&iacute;a generalmente&#8221; (Linstead, 2000; citado por Chan &amp; Clegg, 2002, p. 262); mientras que al mismo tiempo estos mismos autores (Barley, Meyer &amp; Gash, 1988) consideran la concepci&oacute;n derivada de perspectivas antropol&oacute;gicas (la organizaci&oacute;n como cultura), m&aacute;s acad&eacute;mica y por lo tanto menos instrumental. De acuerdo con estos autores, la literatura &#8220;acad&eacute;mica&#8221; ha sido contaminada recientemente por miradas instrumentales que encadenan la pr&aacute;ctica gerencial con el conocimiento gerencial. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ese mismo camino, D&aacute;vila (2000) se&ntilde;ala que las prevenciones ideol&oacute;gicas (por el car&aacute;cter instrumental del concepto de cultura) que tienen algunos acad&eacute;micos como antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos, por incursionar en el tema de cultura deben ser superadas, para no dejar en manos del pragmatismo gerencial el tema de cultura organizacional: &#8220;el pragmatismo gerencial, fincado en la obtenci&oacute;n de resultados y los medios para lograrlos, tiende a glorificar &#8211;y cosificar- lo &#8216;pr&aacute;ctico&#8217;, inmediato y &#8216;aplicable&#8217; sobre cualquier otra consideraci&oacute;n. En esta perspectiva, &#8216;saber hacer&#8217; es un valor que tiene primac&iacute;a sobre el &#8216;saber&#8217;&#8221; (p. 14). De esta forma D&aacute;vila privilegia las miradas acad&eacute;micas por encima de las perspectivas pr&aacute;cticas, pues de acuerdo a este autor, son los cient&iacute;ficos sociales los que tienen el conocimiento experto y por lo tanto la autoridad para desarrollar trabajos verdaderamente pertinentes y bien intencionados, en el tema de cultura organizacional. </p>     <p>Sin embargo, Chan y Clegg (2002) en un interesante an&aacute;lisis geneal&oacute;gico del concepto de cultura, cuestionan la creencia de que esta mirada instrumental sea reciente. Por el contrario, estos autores al hacer un recuento hist&oacute;rico del concepto de cultura, se&ntilde;alan que desde que el concepto aparece siempre tuvo una connotaci&oacute;n instrumental. As&iacute;, en el contexto del cultivo de la tierra que fue donde primero tuvo su aparici&oacute;n, &#8220;cultura&#8221; significaba el cultivo de la tierra para promover el desarrollo y mejoramiento de la cosecha; y cuando el concepto se transfiri&oacute; a la sociedad humana, el concepto de cultura se traslap&oacute; con el concepto de civilizaci&oacute;n (que fue usado en el siglo dieciocho para describir el proceso de lograr el refinamiento y dejar a un lado el barbarismo). Seg&uacute;n estos autores, quienes a su vez retoman a Thompson y El&iacute;as, el concepto de cultura y civilizaci&oacute;n fueron usados para describir el proceso del desarrollo progresivo del ser humano, tanto en la mente, facultades, maneras y comportamiento, a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n y el entrenamiento (El&iacute;as, 1989). Bauman (1987), citado por Chan y Clegg (2002), se&ntilde;ala tambi&eacute;n la conexi&oacute;n del concepto de cultura con la preocupaci&oacute;n de generar un orden social durante la &eacute;poca de la ilustraci&oacute;n, a trav&eacute;s del uso de la disciplina, la raz&oacute;n y la aplicaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as basadas en la vigilancia que posibilitaban el control, y predicci&oacute;n de la conducta de la clase incivilizada, y de esta forma fuera factible la producci&oacute;n de un tipo deseado de sujeto: el sujeto racional (proyecto moderno): &#8220;La cultura tiene un largo linaje en el dominio p&uacute;blico desde los or&iacute;genes de la ilustraci&oacute;n. Estos or&iacute;genes connotan una manera racionalista de pensar acerca de la cultura, como una actividad&#8230; algo que algunas personas hacen, o hacen hacer a otros -como un granjero que cultiva sus plantas para ennoblecer las semillas y enriquecer la cosecha&#8221; (Bauman, 2000; citado por Chan &amp; Clegg, 2002, p. 266). </p>     <p>La necesidad de las organizaciones modernas de disciplinar a sus trabajadores a trav&eacute;s del uso de diferentes tipos de conocimiento experto, para lograr la cooperaci&oacute;n y obediencia de los trabajadores y de esta forma el incremento en la producci&oacute;n (taylorismo, teor&iacute;a de las relaciones humanas), evidencia que desde los or&iacute;genes de las organizaciones modernas, el conocimiento experto se ha utilizado para producir cierto tipo de subjetividades, en el marco de la hegemon&iacute;a de los discursos modernos-racionales. Es decir, la misma noci&oacute;n de organizaci&oacute;n moderna, ha implicado el establecimiento de un orden racional a trav&eacute;s de la implementaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as sociales, lo que lleva a la idea de que organizar es un proceso de construcci&oacute;n de un orden social para el logro de unos fines espec&iacute;ficos en un contexto particular (productividad-racionalizaci&oacute;n en el caso del contexto moderno). En esa medida, los conceptos de organizaci&oacute;n y cultura son equivalentes ya que organizar implica el establecimiento de un orden, a partir de procesos de instrucci&oacute;n, educaci&oacute;n, aplicaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as sociales y conocimientos expertos, procesos a trav&eacute;s de los cuales ciertos significados logran volverse hegem&oacute;nicos y en la medida en que se vuelven hegem&oacute;nicos, tienen efectos materiales (comportamientos, rituales, procedimientos). A continuaci&oacute;n quiero ilustrar con algunos ejemplos c&oacute;mo en nuestro contexto organizacional se han utilizado diversas tecnolog&iacute;as sociales que buscan alcanzar un orden social racional a trav&eacute;s de la producci&oacute;n de cierto tipo de subjetividades en el marco del proyecto moderno (capitalista), sin que necesariamente se apele al concepto de cultura organizacional. </p>     <p>En un recorrido hist&oacute;rico de las empresas colombianas, Urrea y Arango (2000) muestran c&oacute;mo la consolidaci&oacute;n de las empresas requiri&oacute; de un proceso de educaci&oacute;n de la clase trabajadora por parte de los empresarios, amparados en t&eacute;cnicas inspiradas en el taylorismo, cuyo objetivo era erradicar aquellas conductas de los trabajadores que imped&iacute;an el afianzamiento de la empresa moderna capitalista (ineficiencia, falta de ambici&oacute;n, desorden). Al respecto Mayor (1985), contribuye a la comprensi&oacute;n de c&oacute;mo se fue instaurando en nuestro contexto, particularmente a trav&eacute;s de la ense&ntilde;anza a los estudiantes-ingenieros (futuros empresarios y gerentes) de la Escuela de Minas de la Universidad Nacional de Antioquia, los valores que deb&iacute;a tener el gerente (ingeniero) para lograr el manejo adecuado de su empresa: </p>     <p>Bajo el sistema de Taylor, en el que todos deb&iacute;an sentirse colaboradores, el tono democr&aacute;tico era indispensable. De este modo, las cualidades morales, estimuladas por la Escuela de Minas: autodominio, vida privada irreprochable, severidad, exactitud, conocimiento de sus subalternos, etc., se constitu&iacute;an en el terreno m&aacute;s favorable para invalidar el modelo de la confrontaci&oacute;n de clases, supuesto n&uacute;mero uno del taylorismo (p. 107). </p>     <p>El taylorismo, de acuerdo a Mayor, se convierte en una pr&aacute;ctica com&uacute;n en las f&aacute;bricas antioque&ntilde;as para la homogeneizaci&oacute;n de la mano de obra y al mismo tiempo en una ideolog&iacute;a legitimadora de valores racionales necesarios para la definici&oacute;n de un trabajo productivo y eficiente, y en &uacute;ltimas, una ideolog&iacute;a legitimadora del modelo capitalista; al respecto Mayor (1985), ilustra c&oacute;mo el ingeniero ten&iacute;a la obligaci&oacute;n de educar al trabajador para que &eacute;ste ampliara sus necesidades y as&iacute; pudiera aceptar el sistema de incentivos del taylorismo; el siguiente es un texto que Mayor extrae de una monograf&iacute;a de la Escuela de Minas en donde se hace un an&aacute;lisis &#8220;descarnado&#8221; del obrero antioque&ntilde;o, al que habr&iacute;a que instruir: </p>     <p>Y esto no es todo: estudiadas las causas de nuestra deficiencia en el trabajo y las dificultades con que se tropieza al establecer nuevos m&eacute;todos de manejo, se encuentra como obst&aacute;culo de primer orden las pocas necesidades que nuestro obrero tiene que llenar. Desgraciadamente, por lo general el obrero se acomoda con facilidad a la miseria y a la estrechez. Los hay que dejan pasar la vida con una indiferencia por el hambre, el mal vestido, el desconocimiento de los deberes de familia, que demuestran la mayor pereza, la peor ignorancia, la menor falta de est&iacute;mulo y la carencia de ambiciones de mejoramiento (p. 198). </p>     <p>De otro lado, se observa c&oacute;mo el taylorismo est&aacute; de la mano con un discurso moralizador amparado por la &eacute;tica del trabajo, el cual se instaura como lo se&ntilde;alan Arango y Urrea (2000), a partir de una actitud ambivalente por parte de los industriales hacia la clase trabajadora: </p>     <p>En general los industriales se perciben como educadores de la clase trabajadora dentro de una ambivalencia paternalista que busca &#8216;proteger&#8217; y orientar al trabajador, pero que supone una superioridad del patrono y un relativo desprecio hacia el trabajador. La educaci&oacute;n de la clase trabajadora incluye la lecci&oacute;n moral del patr&oacute;n de la que habla Mayor, seg&uacute;n la cual el obrero aprender&iacute;a &#8216;la &eacute;tica del trabajo&#8217; siguiendo el ejemplo de su patr&oacute;n. Para los hombres, la f&aacute;brica se presenta como escuela t&eacute;cnica y moral; para las mujeres puede ser un convento de trabajo, un medio de redenci&oacute;n que exige sacrificio y castidad como lo muestra el caso de Fabricato. </p>     <p>Las actitudes paternalistas de los empresarios hacia los trabajadores, buscaban ubicar a la f&aacute;brica como eje central de la vida de los obreros gener&aacute;ndoles una identificaci&oacute;n con ella. Adicionalmente las pol&iacute;ticas de los empresarios de construir viviendas para sus trabajadores alrededor de las f&aacute;bricas (empresas providencia), pretend&iacute;an estabilizar a la poblaci&oacute;n obrera en torno a la f&aacute;brica. Este disciplinamiento se ejerce de manera diferenciada sobre las mujeres sometidas a peores condiciones salariales y a controles disciplinarios especiales, evidentes en el caso de Fabricato donde las obreras son reclutadas en un internado y obligadas a mantener una &#8220;solter&iacute;a forzosa&#8221;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En esta misi&oacute;n moralizadora del trabajador participa activamente la Iglesia colombiana que desarrolla estrategias en sinton&iacute;a con el taylorismo para disciplinar y estabilizar a las poblaciones obreras. Al respecto Mayor se&ntilde;ala c&oacute;mo fueron aplicadas las doctrinas del Papa Le&oacute;n XIII en las grandes empresas manufactureras antioque&ntilde;as como Fabricato, Coltejer o Colombiana de tabacos, con el fin de promover la armon&iacute;a en la empresa y eliminar el conflicto capital-trabajo. Estas doctrinas pontificias defend&iacute;an: </p>     <p>El salario justo y leg&iacute;timo; daban a la propiedad privada una funci&oacute;n social; sustitu&iacute;an el tratamiento en masa del trabajador por su trato individual e integral; planteaban la soluci&oacute;n del problema social no sobre la lucha de clases sino sobre la colaboraci&oacute;n amistosa entre obreros y patronos; finalmente transformaban las f&aacute;bricas en verdaderos templos del trabajo (Mayor, 1985, p. 319). </p>     <p>La iglesia cat&oacute;lica de acuerdo a Arango y Urrea (2000) tambi&eacute;n interviene para contribuir al disciplinamiento de la vida privada de los trabajadores para el buen uso del salario. Este papel modelador y disciplinador, fue complementado por ciencias sociales tales como la psicolog&iacute;a, que fue encontrando un espacio dentro de la f&aacute;brica en la tarea de racionalizar el trabajo y las organizaciones a trav&eacute;s de estandarizaciones, evaluaciones e intervenciones que apuntaran a la configuraci&oacute;n de un trabajador disciplinado y comprometido con la organizaci&oacute;n, lo que a su vez repercut&iacute;a en una mayor eficiencia del trabajador en su puesto de trabajo. </p>     <p>En este sentido, la Psicolog&iacute;a organizacional como otras disciplinas, a trav&eacute;s de un conocimiento experto, ha contribuido al mantenimiento y reproducci&oacute;n de discursos y pr&aacute;cticas hegem&oacute;nicas que claramente benefician a unos intereses particulares, a pesar de su pretensi&oacute;n de neutralidad. Al respecto Arango y Urrea (2000) se&ntilde;alan c&oacute;mo la psicolog&iacute;a dentro del marco de la gerencia de recursos humanos, ha desarrollado pr&aacute;cticas referidas al desarrollo integral de los trabajadores, los cuales apuntan </p>     <p>No s&oacute;lo a una integraci&oacute;n (compromiso) con la empresa sino tambi&eacute;n a proponer un cambio del individuo en sus comportamientos (manifiesto en programas de capacitaci&oacute;n, cursos de inducci&oacute;n, propaganda corporativa intra y extraempresa, etc.); se podr&iacute;a sugerir en calidad de hip&oacute;tesis que se trata de un programa de reforma moral del individuo (en forma intencional) (p. 69). </p>     <p>En esta misma l&iacute;nea, Rose (1999), se&ntilde;ala que la Psicolog&iacute;a es una tecnolog&iacute;a que hace parte de programas pol&iacute;ticos que posibilitan la conexi&oacute;n de los imperativos macro (eficiencia de la naci&oacute;n) con la dimensi&oacute;n micro (producci&oacute;n de cierto tipo de subjetividades). De esta manera las organizaciones contempor&aacute;neas que enfrentan un contexto competitivo, incierto y cambiante, demandan trabajadores flexibles y con competencias espec&iacute;ficas. Por eso los programas de cultura corporativa liderados por las &aacute;reas de recursos humanos, bus-can alinear las subjetividades de los trabajadores con los objetivos corporativos a trav&eacute;s de pro-gramas de selecci&oacute;n, capacitaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de desempe&ntilde;o, que aseguren el flujo de ciertos comportamientos y actitudes por parte de los trabajadores (actitud de servicio, compromiso, flexibilidad, capacidad de asumir la incertidumbre, competencias comunicativas y de innovaci&oacute;n). </p>     <p>En este sentido se hace evidente, como lo se&ntilde;alan Chan y Clegg (2002), la presencia en las organizaciones de pr&aacute;cticas y discursos (muchos de estos legitimados por disciplinas cient&iacute;ficas) productores de subjetividades, que responden al orden hegem&oacute;nico del contexto en el que las organizaciones est&aacute;n inmersas. Los sujetos que emergen de dichas pr&aacute;cticas se adhieren al orden hegem&oacute;nico, en tanto naturalizan h&aacute;bitos de comportamiento y concepciones de mundo que reproducen dicho orden. Es decir, la connotaci&oacute;n de cultura desde sus or&iacute;genes siempre se ha referido al proceso a partir del cual, ciertas pr&aacute;cticas tienen efectos sobre los h&aacute;bitos de comportamiento y de pensamiento de las personas, y por lo tanto su connotaci&oacute;n ha sido desde siempre instrumental. De esta manera, a partir de este an&aacute;lisis, se hace necesario adoptar una mirada m&aacute;s cr&iacute;tica que en primer lugar, obligue a reconocer al investigador o analista cultural la posici&oacute;n desde donde se sit&uacute;a, sin desconocer los efectos que sus discursos puedan tener (esto permite asumir el car&aacute;cter pol&iacute;tico de la actividad cient&iacute;fica), y que, en segundo lugar, incluya an&aacute;lisis de los contextos donde las organizaciones est&aacute;n inmersas, que permitan identificar los discursos hegem&oacute;nicos que atraviesan dichas organizaciones y de esta forma los sujetos producidos por estos discursos. En este punto, se hace necesario ampliar el concepto de cultura, desde perspectivas socioconstruccionistas y cr&iacute;ticas. </p>     <p>Desde estas perspectivas, para analizar la cultura organizacional, nos debemos situar en el contexto donde las organizaciones est&aacute;n inmersas, pues la cultura no es simplemente el conjunto de creencias compartidas por un grupo de trabajadores, sino &#8220;un producto anclado en aparatos institucionales y que posee, por tanto una materialidad espec&iacute;fica&#8221; (Castro, s. f.). Este concepto de cultura se nutre del concepto de ideolog&iacute;a (Althusser) que a su vez es incorporado por Stuart Hall (1994) en el seno del debate contempor&aacute;neo de los estudios culturales. En este sentido, de acuerdo a Castro, se empieza a ver a la sociedad &#8220;como una red de antagonismos en la que instituciones como el Estado, la familia, la escuela, juegan como mecanismos de control disciplinario sobre los individuos&#8221;, y en este marco, se constituye &#8220;un campo de batalla en el que diferentes grupos sociales se disputan la hegemon&iacute;a sobre los significados&#8221;. </p>     <p>Las organizaciones est&aacute;n atravesadas por discursos hegem&oacute;nicos, en donde la presencia de grupos dominantes, garantiza que ciertos significados logren ser incorporados y naturalizados por los trabajadores, de manera que se conviertan en la forma normal y com&uacute;n de ver el mundo (Alvesson &amp; Deetz, 1995); el sentido com&uacute;n es entonces, producto de sistemas de significados sedimentados e institucionalizados (Mumby, 1997). As&iacute;, las organizaciones se conciben como arenas pol&iacute;ticas en las que se da una lucha por la hegemon&iacute;a de los significados, y los grupos con mayor capital pol&iacute;tico, cultural y econ&oacute;mico son los que logran fijar el significado (Mumby, 1997). Sin embargo la hegemon&iacute;a nunca es permanente, ya que el proceso de lucha implica de por s&iacute; estrategias de resistencia que se dan simult&aacute;neamente a la hegemon&iacute;a. Esto sugiere que el concepto de hegemon&iacute;a entra&ntilde;a &#8220;un proceso de lucha m&aacute;s que un estado existente de dominaci&oacute;n consensual que es continuamente producido y reproducido&#8221; (Mumby, 1997, p. 12). </p>     <p>La hegemon&iacute;a implica la articulaci&oacute;n y rearticulaci&oacute;n de elementos ideol&oacute;gicos en el terreno del discurso (Laclau, 1998), ideolog&iacute;as que suministran al hombre &#8220;un horizonte simb&oacute;lico para comprender el mundo y una regla de conducta moral para regular sus pr&aacute;cticas&#8221; (Castro, s. f.); de esta manera, las ideolog&iacute;as son posibilitadoras de sentido, lo que significa que toda pr&aacute;ctica social es una pr&aacute;ctica significante; este car&aacute;cter significante de la pr&aacute;ctica permite la emergencia del conjunto de articulaciones que a la vez que fundan la hegemon&iacute;a, constituyen a los agentes sociales como sujetos. En este sentido, no existen sujetos previos al discurso, sino que estos emergen de &eacute;l (Laclau, 1998). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De lo anterior se deriva que en el contexto organizacional, las pr&aacute;cticas y discursos que circulan, en la medida en que son hegem&oacute;nicos, se convierten en posibilitadores de sentido, y como tal, tienen efectos sobre los h&aacute;bitos de comportamiento y de pensamiento de las personas. </p>     <p>Desde esta perspectiva, la cultura organizacional se entiende como el conjunto de creencias y significados que han sido naturalizados por los miembros de la organizaci&oacute;n (h&aacute;bitos de pensamiento), en el marco de un orden hegem&oacute;nico, los cuales se convierten en el horizonte simb&oacute;lico de interpretaci&oacute;n y orientadores de conductas y pr&aacute;cticas; en este sentido, el analista cultural desde este enfoque se interesar&iacute;a por identificar no s&oacute;lo c&oacute;mo las personas entienden e interpretan su experiencia y c&oacute;mo estos entendimientos se conectan con la acci&oacute;n, sino que tratar&iacute;a de entender c&oacute;mo los discursos y pr&aacute;cticas que circular en la organizaci&oacute;n est&aacute;n inmersos en relaciones de poder en las que se da una lucha por el control de significados. As&iacute;, el analista adem&aacute;s de develar los discursos hegem&oacute;nicos, tambi&eacute;n debe buscar re-velar aquellos discursos marginales que circulan en la organizaci&oacute;n, para hacer evidentes los conflictos y las resistencias que se configuran desde lugares no hegem&oacute;nicos, y en lo posible abrir el di&aacute;logo reflexivo que permita el cuestionamiento de los discursos hegem&oacute;nicos que se dan por sentados, a partir del empoderamiento de las l&oacute;gicas marginales. De esta forma, el analista cultural interviene desde una posici&oacute;n pol&iacute;tica que se hace evidente y busca desde esta intervenci&oacute;n facilitar el proceso de desnaturalizaci&oacute;n de los significados que se dan por sentados por parte de los miembros de la organizaci&oacute;n, para posibilitar la entrada de nuevas met&aacute;foras que configuren nuevas formas de comprensi&oacute;n y de relaci&oacute;n. </p>     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>1. Abma, T. (2000). Fostering learning-in-organizing through narration: Questioning myths and stimulating multiplicity in two performing art schools<i>. European Journal of Work and Organizational Psychology, 9</i>(2)<i>,</i> 211-231. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S1657-9267200600010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Alvesson, M. &amp; Stanley D. (1996). Critical theory and postmodernism approaches to organizational studies. En S. R. Clegg, C. Hardy &amp; W. R. Nord (Eds.),<i> Handbook of organization Studies</i> (pp. 191-217). London: Sage. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1657-9267200600010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Anthony, P. (1990<i>).</i> The paradox of the management of culture or the who leads is lost<i>. </i><i>Personnel Review, 19</i>(4), 3-8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1657-9267200600010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Castro, S. (s. f., recuperado en 2005, febrero 3). <i>Althuser, los estudios culturales y el concepto de ideolog&iacute;a</i>. Recuperado de: <a href="http://www.campus-oei.org/salactsi/castro3.htm" target="_blank">http://www.campus-oei.org/salactsi/castro3.htm</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1657-9267200600010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Chan, A. y Clegg. S. (2002). History, culture and organizations studies<i>. </i><i>Culture and Organization, 8</i>(4)<i>, </i>259-273. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1657-9267200600010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. D&aacute;vila, C. (1985). <i>Teor&iacute;as organizacionales y administraci&oacute;n: enfoque cr&iacute;tico.</i> Bogot&aacute;: McGraw &#8211; Hill. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1657-9267200600010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. D&aacute;vila, C. (2000). Cultura organizacional: &iquest;un instrumento de la gerencia? Algunas consideraciones para su estudio. En L. G. &amp; Arango y C., D&aacute;vila (Eds.), <i>Innovaci&oacute;n y cultura de las organizaciones en tres regiones de Colombia.</i> Bogot&aacute;: Colciencias. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1657-9267200600010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Deal, T. E. &amp; Kennedy, A. A. (1982). <i>Corporate</i><i> Culture: The Rites and rituals of corporate life</i>. New York: Addison-Wesley. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1657-9267200600010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. El&iacute;as, N. (1989). <i>El proceso de civilizaci&oacute;n. Investigaciones sociogen&eacute;ticas y psicogen&eacute;ticas</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1657-9267200600010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Geertz, C. (1987). <i>La interpretaci&oacute;n de las culturas</i>. Barcelona: Gediza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1657-9267200600010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Hatch, M. (1997). <i>Organization theory</i>. Oxford: University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1657-9267200600010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Hofstede, G. (1980). <i>Cultur e&acute;s consecuences: International differences in work-related values</i>. Beverly Hills: Sage. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1657-9267200600010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Legge, K. (1995). <i>Human resource management rethorics and realities</i>. London: Mc Millan. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1657-9267200600010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Laclau, E. (1998). <i>Hegemon&iacute;as y alternativas pol&iacute;ticas en Am&eacute;rica Latina</i> (2da ed.). M&eacute;xico: Siglo Veintiuno. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1657-9267200600010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Laclau, E. &amp; Chantal, M. (2001). <i>Hegemony and socialist strategy</i>: London: Verso. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1657-9267200600010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Larson, L. (2002). A new attitude: Changing organizational culture<i>. </i><i>Trustee, 55</i>(4), 8-14. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1657-9267200600010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Mayo, E. (1972). <i>Problemas humanos de una civilizaci&oacute;n industrial</i>. Buenos Aires: Nueva visi&oacute;n. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1657-9267200600010001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Mayor, A. (1985). <i>&Eacute;tica, trabajo y productividad en Antioquia</i>. Medell&iacute;n: Tercer Mundo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1657-9267200600010001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Martin, J. (1992). <i>Cultures in Organization: Three perspectives</i>. Oxford: University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1657-9267200600010001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Morgan, G. (1991). <i>Im&aacute;genes de la organizaci&oacute;n</i>. Buenos Aires: Alfaomega. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1657-9267200600010001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Mumby, K. (1997). <i>The problem of hegemony: rereading Gramsci for organizational communication studies. </i><i>Western Journal of Communication, 61</i>(4), 343375. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1657-9267200600010001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Munduate, L. (1997). <i>Psicolog&iacute;a Social de la organizaci&oacute;n</i>. Madrid: Pir&aacute;mide. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1657-9267200600010001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Ogbonna E. &amp; Wilkinson, B. (1990). Corporate strategy and corporate culture: the management of change in the UK supermarket industry.<i> Personel review, 17</i>(6), 10-14. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1657-9267200600010001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Ogbonna, E. y Lloyd C. (2002). Managing organizational culture: Insights from the hospitality industry<i>. </i><i>Human Resource Management Journal, 12(</i>1), 33-53. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1657-9267200600010001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Ouchi, W. (1982). <i>Teor&iacute;a Z: como pueden las empresas hacer frente al desaf&iacute;o japon&eacute;s</i>. Bogot&aacute;: Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1657-9267200600010001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Peters, T. &amp; Waterman, R. (1984). <i>En b&uacute;squeda de la excelencia</i>. Bogot&aacute;: Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1657-9267200600010001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Rose, N. (1999) <i>Governing the soul, the shaping of the private self</i> (2 ed.). London: free association books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1657-9267200600010001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Schein, E. (1985). <i>Organizational culture and leadership. </i>San Francisco: Jossey- Bass. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1657-9267200600010001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Stuart, H. (1994). Estudios culturales: dos paradigmas.<i> Revista Causas y azares, 1, </i>23-45<i>. </i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1657-9267200600010001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Smircich, L. (1983). Concepts of culture and Organizational Analysis<i>, Administrativa Science Quaterly, 28, </i>339-358. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1657-9267200600010001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Urrea, F &amp; Arango, L. (2000). Culturas empresariales en Colombia.<i> Innovaci&oacute;n y cultura de las organizaciones en tres regiones de Colombia, </i>L. G. Arango, C. D&aacute;vila y cols. (eds.). Bogot&aacute;: Colciencias. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1657-9267200600010001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Weick, K. (1995). <i>Sensemaking in Organizations</i>. Londres: Sage. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1657-9267200600010001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Abma]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Fostering learning-in-organizing through narration: Questioning myths and stimulating multiplicity in two performing art schools]]></article-title>
<source><![CDATA[European Journal of Work and Organizational Psychology]]></source>
<year>2000</year>
<volume>9</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>211-231</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Alvesson]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Stanley]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Critical theory and postmodernism approaches to organizational studies]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Clegg]]></surname>
<given-names><![CDATA[S. R]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hardy]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Nord]]></surname>
<given-names><![CDATA[W. R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Handbook of organization Studies]]></source>
<year>1996</year>
<page-range>191-217</page-range><publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Sage]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Anthony]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The paradox of the management of culture or the who leads is lost]]></article-title>
<source><![CDATA[Personnel Review]]></source>
<year>1990</year>
<volume>19</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>3-8</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castro]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Althuser, los estudios culturales y el concepto de ideología]]></source>
<year>2005</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Chan]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Clegg]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[History, culture and organizations studies]]></article-title>
<source><![CDATA[Culture and Organization]]></source>
<year>2002</year>
<volume>8</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>259-273</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dávila]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teorías organizacionales y administración: enfoque crítico]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[McGraw - Hill]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dávila]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cultura organizacional: ¿un instrumento de la gerencia?: Algunas consideraciones para su estudio]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Arango]]></surname>
<given-names><![CDATA[L. G]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Dávila]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Innovación y cultura de las organizaciones en tres regiones de Colombia]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Colciencias]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Deal]]></surname>
<given-names><![CDATA[T. E]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Kennedy]]></surname>
<given-names><![CDATA[A. A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Corporate Culture: The Rites and rituals of corporate life]]></source>
<year>1982</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Addison-Wesley]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Elías]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El proceso de civilización: Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas]]></source>
<year>1989</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Geertz]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La interpretación de las culturas]]></source>
<year>1987</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gediza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hatch]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Organization theory]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hofstede]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Culture´s consecuences: International differences in work-related values]]></source>
<year>1980</year>
<publisher-loc><![CDATA[Beverly Hills ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Sage]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Legge]]></surname>
<given-names><![CDATA[K]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Human resource management rethorics and realities]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Mc Millan]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Laclau]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hegemonías y alternativas políticas en América Latina]]></source>
<year>1998</year>
<edition>2</edition>
<publisher-name><![CDATA[Siglo Veintiuno]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Laclau]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Chantal]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hegemony and socialist strategy]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Verso]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Larson]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[A new attitude: Changing organizational culture]]></article-title>
<source><![CDATA[Trustee]]></source>
<year>2002</year>
<volume>55</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>8-14</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mayo]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Problemas humanos de una civilización industrial]]></source>
<year>1972</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Nueva visión]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mayor]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ética, trabajo y productividad en Antioquia]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[Medellín ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tercer Mundo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martin]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Cultures in Organization: Three perspectives]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Morgan]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Imágenes de la organización]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alfaomega]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mumby]]></surname>
<given-names><![CDATA[K]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The problem of hegemony: rereading Gramsci for organizational communication studies]]></article-title>
<source><![CDATA[Western Journal of Communication]]></source>
<year>1997</year>
<volume>61</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>343-375</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Munduate]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Psicología Social de la organización]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pirámide]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ogbonna]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Wilkinson]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Corporate strategy and corporate culture: the management of change in the UK supermarket industry]]></article-title>
<source><![CDATA[Personel review]]></source>
<year>1990</year>
<volume>17</volume>
<numero>6</numero>
<issue>6</issue>
<page-range>10-14</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ogbonna]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Lloyd]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Managing organizational culture: Insights from the hospitality industry]]></article-title>
<source><![CDATA[Human Resource Management Journal]]></source>
<year>2002</year>
<volume>12</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>33-53</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ouchi]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría Z: como pueden las empresas hacer frente al desafío japonés]]></source>
<year>1982</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Norma]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Peters]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Waterman]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[En búsqueda de la excelencia]]></source>
<year>1984</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Norma]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rose]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Governing the soul, the shaping of the private self]]></source>
<year>1999</year>
<edition>2</edition>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[free association books]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schein]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Organizational culture and leadership]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[San Francisco ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Jossey-Bass]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Stuart]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Estudios culturales: dos paradigmas]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista Causas y azares]]></source>
<year>1994</year>
<volume>1</volume>
<page-range>23-45</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Smircich]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Concepts of culture and Organizational Analysis]]></article-title>
<source><![CDATA[Administrativa Science Quaterly]]></source>
<year>1983</year>
<volume>28</volume>
<page-range>339-358</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Urrea]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Arango]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Culturas empresariales en Colombia]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Arango]]></surname>
<given-names><![CDATA[L. G]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Dávila]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Innovación y cultura de las organizaciones en tres regiones de Colombia]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Colciencias]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<label>32</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Weick]]></surname>
<given-names><![CDATA[K]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Sensemaking in Organizations]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Londres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Sage]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
