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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[REPRESENTACIONES SOCIALES DEL COMER SALUDABLEMENTE: UN ESTUDIO EMPÍRICO EN COLOMBIA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[HEALTY - EATING COLOMBIA: A STRUCTURAL ANALYSIS FROM SOCIAL REPRESENTATIONS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El artículo presenta los resultados de un estudio sobre la estructura de las representaciones sociales del comer saludablemente en cuatro grupos y dos contextos de Colombia con el fin de identificar los elementos que organizan el conocimiento social sobre el tema. Los resultados mostraron que el comer saludablemente se estructura alrededor de lo vegetariano, las carnes blancas, y las condiciones del comer. El conocimiento de los distintos grupos participantes estuvo acorde con las recomendaciones de expertos en nutrición y con investigaciones realizadas en otros países. Las prácticas sociales, sin embargo, revelaron inconsistencias y muestran que las creencias sociales pueden funcionar como sistemas estructuralmente ambiguos, que se definen de acuerdo con los contextos de comunicación. Por lo tanto, contrario a una visión causal y unidireccional, conocimiento-actitudes-comportamiento, se propone el estudio de las prácticas de salud como sistemas heurísticos en los que la consistencia conocimiento-comportamiento se resuelve en términos de la implicación de la acción.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">     <p><b>       <center>     <font face="verdana" size="4">REPRESENTACIONES SOCIALES DEL COMER SALUDABLEMENTE:      UN ESTUDIO EMP&Iacute;RICO EN COLOMBIA<a href="#*">*</a></font>   </center>   </b></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><b>       <center>     <font face="verdana" size="3">HEALTY - EATING COLOMBIA: A STRUCTURAL ANALYSIS      FROM SOCIAL REPRESENTATIONS</font>   </center>   </b></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><b>CARLOS JOS&Eacute; PARALES QUENZA**</b></p>     <p>UNIVERSIDAD DEL ROSARIO, BOGOT&Aacute;    <br>   Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cparales@urosario.edu.co">cparales@urosario.edu.co</a>.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>       <center>     Recibido: Mayo 24 de 2006 Revisado: Mayo 31 de 2006 Aceptado: Junio 12 de      2006   </center> </p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>ABSTRACT</b></p>      <p>The article explores the structure of the social    representation of healthy eating in four groups in Colombian society   (two rural and two urban, professionals and non-professionals). The structural    analysis distinguished common   elements across all the groups studied, namely vegetarian foods, white meat,    and the ideal conditions for eating, which   were identified as the central core of the representation. The findings concur    with other reports in the literature on   healthy eating. Health practices, however, revealed inconsistencies and show    that health beliefs may function as paradoxical   systems and they are defined according to the contexts of communication. Instead    of a conventional view knowledgeattitudes-   behavior, the theory of social representations offers a distinctive framework    for the study of health practices   and assumes consistency and rationality in terms of the sociocultural implications    of the action.</p>     <p>   <b>Keywords:</b> Healthy eating, social representations, structural approach.  </p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>El art&iacute;culo presenta los resultados de    un estudio sobre la estructura de las representaciones sociales del comer   saludablemente en cuatro grupos y dos contextos de Colombia con el fin de identificar    los elementos que organizan el   conocimiento social sobre el tema. Los resultados mostraron que el comer saludablemente    se estructura alrededor de   lo vegetariano, las carnes blancas, y las condiciones del comer. El conocimiento    de los distintos grupos participantes   estuvo acorde con las recomendaciones de expertos en nutrici&oacute;n y con    investigaciones realizadas en otros pa&iacute;ses. Las   pr&aacute;cticas sociales, sin embargo, revelaron inconsistencias y muestran    que las creencias sociales pueden funcionar como   sistemas estructuralmente ambiguos, que se definen de acuerdo con los contextos    de comunicaci&oacute;n. Por lo tanto,   contrario a una visi&oacute;n causal y unidireccional, conocimiento-actitudes-comportamiento,    se propone el estudio de las   pr&aacute;cticas de salud como sistemas heur&iacute;sticos en los que la consistencia    conocimiento-comportamiento se resuelve en   t&eacute;rminos de la implicaci&oacute;n de la acci&oacute;n.</p>     <p>   <b>Palabras clave: </b>Comer saludablemente, representaciones sociales, enfoque    estructural.</p> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>A pesar de que desde tiempos antiguos la humanidad   ha cre&iacute;do que existe una fuerte asociaci&oacute;n entre   alimentaci&oacute;n y salud, y de que la dieta siempre ha estado   asociada a las condiciones sociales, el comer   saludablemente es distintivo de las sociedades modernas.   Se trata de un asunto problem&aacute;tico -seg&uacute;n algunos   autores, cargado pol&iacute;ticamente- y en el que abundan   elementos ideol&oacute;gicos (Keane, 1997). El comer se ha   vuelto no solo una cuesti&oacute;n de salud, sino tambi&eacute;n de   moda y atracci&oacute;n f&iacute;sica en la &eacute;poca del culto a la figura   (Germov &amp; Williams, 1996).</p>     <p>   Varios aspectos se&ntilde;alan la importancia de explorar   el conocimiento social sobre un tema como el comer   saludablemente. En primer lugar, se encuentran las   relaciones entre salud y comida. Las relaciones entre dieta   y c&aacute;ncer y dieta y enfermedades coronarias, por ejemplo,   hacen que las actividades de promoci&oacute;n de la salud y   prevenci&oacute;n de la enfermedad sean considerablemente   importantes (Rimm et al., 1996; Willet &amp; MacMahon,   1984). La nutrici&oacute;n p&uacute;blica es prioridad en casi todos los   pa&iacute;ses del mundo e incluye la educaci&oacute;n sobre comer   saludablemente (cf. Kennedy, 1996). El tema de la   obesidad se presenta en los medios de comunicaci&oacute;n de   masas como amenaza global ligada a la opulencia de las   sociedades industriales (e.g. The Heavy cost of fat, car&aacute;tula   de National Geographic Magazine, agosto de 2004); un   problema en expansi&oacute;n (e.g. Obesity: the world&#8217;s expanding   middle, Newsweek, diciembre 12 de 2003); el producto   del consumismo e imperialismo cultural norteamericano   (e.g. The perfect diet, car&aacute;tula de Newsweek, enero 20 de   2003); y una epidemia relacionada con cambios en estilos   de vida y transformaciones de la cultura (e.g. Overcoming   obesity, car&aacute;tula de Time magazine, agosto 9 de 2004).</p>     <p>   En segundo lugar, el comer saludablemente es tema   apropiado para el estudio de representaciones sociales:   &iquest;c&oacute;mo la gente transforma conocimiento cient&iacute;fico en   heur&iacute;sticas sociales? La aparici&oacute;n de productos y palabras,   por ejemplo, nutrasweet, olestra, fibra, colesterol, libre de grasa,   light, vegetarianos, omega tres, etc., obliga a las personas a   familiarizarse con lo desconocido para tener control sobre   lo que sucede en el ambiente. El comer es entonces un   asunto hist&oacute;rico y cultural; conlleva transformaciones en   sistemas de conocimientos y pr&aacute;cticas.</p>     <p>   Tercero, estudiar el comer saludablemente ofrece   una oportunidad excelente para el estudio de la vida social.   En t&eacute;rminos transversales y longitudinales, las formas   de comer dicen mucho sobre las relaciones, estructuras,   expectativas y aspiraciones de una sociedad. Las   representaciones del comer incluyen creencias, ideolog&iacute;as,   identidades, pr&aacute;cticas culturales; el comer revela identidad,   conflictos y pasado. La literatura latinoamericana ha   mostrado esta pasi&oacute;n en las novelas Como agua para   chocolate (Laura Esquivel) y Afrodita (Isabel Allende). En   la primera, Tita, la protagonista, emplea la comida como   medio de comunicaci&oacute;n. En la segunda, Allende dibuja   las relaciones entre comida y sensualidad.</p>     <p>   El comer saludablemente muestra las din&aacute;micas de   traducci&oacute;n de la ciencia en sentido com&uacute;n y la asimilaci&oacute;n   en lo cotidiano de objetos relativamente novedosos por   parte de grupos sociales. C&oacute;mo distintos grupos sociales   estructuran su entendimiento del comer saludablemente   es un requisito fundamental para promover y comunicar   salud. Farr (1995) considera &uacute;til el enfoque de las   representaciones sociales para la implementaci&oacute;n de   pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y el desarrollo de estrategias de   mercadeo y comunicaci&oacute;n social.</p>     <p>   La investigaci&oacute;n explor&oacute; la estructura de las   representaciones sociales del comer saludablemente   mediante un estudio comparativo de cuatro grupos y   dos contextos en Colombia, urbano y rural, profesional   y no-profesional, para indagar por las formas particulares   y comunes en las que los grupos interact&uacute;an con la comida   saludable como objeto de controversia p&uacute;blica. El an&aacute;lisis   se orient&oacute; por el enfoque estructural de las   representaciones sociales e identific&oacute; el n&uacute;cleo central que   constituye la unidad b&aacute;sica de significaci&oacute;n de la   representaci&oacute;n (Abric, 1987). El enfoque estructural de   las representaciones sociales constituye una orientaci&oacute;n   &uacute;til para el estudio de las creencias sociales desde un   punto de vista comparativo, pero es insuficiente si no se   asume desde una perspectiva sociocultural.</p>     <p>   <b>Las formas modernas de la alimentaci&oacute;n</b></p>     <p>   Cuando comemos no s&oacute;lo expresamos un acto   individual, sino que materializamos en una actividad las   condiciones de producci&oacute;n econ&oacute;mica, temas morales,   normas grupales, la construcci&oacute;n colectiva de lo   comestible, tradici&oacute;n, entre otros. Las concepciones   modernas del comer se fundamentan en los desarrollos   sociales y tecnol&oacute;gicos posteriores a la revoluci&oacute;n   industrial, que facilitaron entre otros la producci&oacute;n,   conservaci&oacute;n, distribuci&oacute;n y acceso a los alimentos (Grigg,   1995). En la medida en la que el comer se transforma   hist&oacute;ricamente, tambi&eacute;n lo hacen los factores que   determinan las elecciones gastron&oacute;micas.</p>     <p>   Grigg (1999) se&ntilde;ala que en Europa occidental el factor   no econ&oacute;mico m&aacute;s importante en decidir lo que se come   (o no se come) es la salud. En los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados,   el inter&eacute;s por la salud ha dado origen a un nuevo patr&oacute;n   nutricional, el cambio comportamental (Popkin, 1993).   Esta tendencia constituye un fen&oacute;meno muy difundido   en el mundo moderno alrededor de la figura de las dietas   (cf. Popkin &amp; Doak, 1998). Sin embargo, lejos de constituir   una tendencia clara, la transici&oacute;n nutricional se distingue   por la coexistencia de distintos patrones que pueden yuxtaponerse y dar origen    a combinaciones de carencias y   excesos, desnutrici&oacute;n y obesidad, como en el caso de   Colombia. Mientras algunas &aacute;reas urbanas de Colombia   muestran patrones de consumo similares a los de los   Estados Unidos y Canad&aacute;, otras &aacute;reas muestran tendencias   como las que se encontraban en los a&ntilde;os sesenta; se trata   de importantes variaciones sociales y regionales vinculadas   con desigualdad (cf. Ministerio de Salud &amp; Instituto   Nacional de Salud, 1990; Profamilia, 1995; Universidad   del Valle, 1995). En grupos excluidos, por ejemplo, la   obesidad puede ocurrir al tiempo con deficiencias de   micronutrientes (OPS, 1995).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Independientemente de contextos geogr&aacute;ficos   particulares, el comer saludablemente se impone como   una corriente generalizada, un valor cultural que define   los marcos desde donde se establecen decisiones de   consumo (cf. Nestle et al., 1998). Nos encontramos ante   una presi&oacute;n creciente para asumir las indicaciones de   formas saludables de comer. Los medios de   comunicaci&oacute;n de masas, por ejemplo, constituyen una   fuente habitual de noticias sobre salud y nutrici&oacute;n y   desempe&ntilde;an un papel decisivo en la difusi&oacute;n y   popularizaci&oacute;n de conocimientos cient&iacute;ficos,   respondiendo a su vez a las expectativas de los p&uacute;blicos   (American Dietetic Association, 1997).</p>     <p>   Los comienzos del nuevo milenio nos muestran   una nueva etapa en la transformaci&oacute;n de la comida y el   comer. Las distintas enfermedades que han surgido en   el contexto de la relaci&oacute;n entre tecnolog&iacute;a y producci&oacute;n   de alimentos, por ejemplo la encefalitis bovina   espongiforme (vaca loca), los desarrollos de la   agrobiotecnolog&iacute;a, y la emergencia y re-emergencia de   enfermedades infecciosas y transmisibles, problematizan,   sin duda, un asunto cotidiano como el de la   alimentaci&oacute;n. Es lo que el peri&oacute;dico franc&eacute;s Le Monde   denomin&oacute; editorialmente L&#8217;horreur alimentaire (Agosto   15/16 1999), para caracterizar las paradojas de una   nutrici&oacute;n abundante y decadente, que marca, seg&uacute;n el   peri&oacute;dico el lento suicidio de la sociedad.</p>     <p>   El comer se ha convertido en un predicamento. Al   mismo tiempo que se dan nuevos desarrollos cient&iacute;ficos   y tecnol&oacute;gicos y se incrementan las posibilidades de   elecci&oacute;n, hay tambi&eacute;n un incremento en la percepci&oacute;n   por parte de los p&uacute;blicos de la alteraci&oacute;n del orden   natural. El riesgo domina el discurso moderno, as&iacute; como   el de la salud p&uacute;blica (Petersen &amp; Lupton, 1996); de   acuerdo con Beck (1992) vivimos en una sociedad de   riesgos, a los cuales no es ajena la alimentaci&oacute;n.</p>     <p>   <b>La teor&iacute;a de las representaciones sociales</b></p>     <p>   Los modelos actitudinales y cognoscitivos han   dominado el campo de la promoci&oacute;n de la salud y la   prevenci&oacute;n de la enfermedad. Las teor&iacute;as de la acci&oacute;n   razonada (Ajzen &amp; Fishbein, 1980), la acci&oacute;n planeada   (Ajzen, 1988), la teor&iacute;a socio cognoscitiva (Bandura, 1986)   y el modelo de creencias de la salud (Rosenstock, 1974),   se utilizan ampliamente en el estudio de los aspectos   psicosociales de la salud y la nutrici&oacute;n. Sin embargo estos   modelos tienen una serie de presunciones problem&aacute;ticas,   entre ellas las relacionadas con la admisi&oacute;n de supuestos   de la acci&oacute;n racional, los que asumen la informaci&oacute;n como   motor de cambio.</p>     <p>   Tanto la salud como la enfermedad son   construcciones culturales que involucran una serie de   factores ideol&oacute;gicos, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos. Por lo tanto,   es necesario considerar el factor sociocultural m&aacute;s all&aacute; de   modelos multicausales de bajo poder explicativo para   entender las relaciones entre circunstancias, grupos e   individuos (cfr. Bennet, Weinman &amp; Spurgeon, 1990).   En la perspectiva sociocultural se ubica la teor&iacute;a de las   representaciones sociales, las cuales se refieren a   epistemolog&iacute;as del sentido com&uacute;n que se construyen en   la interacci&oacute;n entre individuos, grupos y dimensiones de   lo social, i.e. medios de comunicaci&oacute;n, instituciones,   legislaci&oacute;n, etc. (Moscovici, 1961). Al representarse   socialmente un evento u objeto, lo desconocido y/o   problem&aacute;tico se integra en perspectivas familiares del   mundo. Lo nuevo se incorpora en estructuras de   conocimiento existentes (el anclaje) y al mismo tiempo su   esquema conceptual se materializa (objetivizaci&oacute;n),   reproduci&eacute;ndose en im&aacute;genes y met&aacute;foras que absorben   universos de significaci&oacute;n (e.g. alimentos Frankestein, para   referirse a los alimentos transg&eacute;nicos).</p>     <p>   La aproximaci&oacute;n estructural o teor&iacute;a del n&uacute;cleo central   constituye una de las perspectivas m&aacute;s conocidas de las   representaciones sociales. Fundament&aacute;ndose en la   organizaci&oacute;n general de las creencias sociales, la   aproximaci&oacute;n estructural establece que las representaciones   se organizan alrededor de un n&uacute;cleo, el sistema central,   que le da significaci&oacute;n a los elementos de la representaci&oacute;n   y los organiza (Abric, 1987, 1993, 1994a). El complemento   del n&uacute;cleo es el sistema perif&eacute;rico, o periferia, que constituye   el punto de enlace entre los ideales del n&uacute;cleo y la realidad   concreta, encarg&aacute;ndose tanto de la defensa y transformaci&oacute;n   de las representaciones, como de darle una modulaci&oacute;n   individual a lo social (Flament, 1989).</p>     <p>   Si se enmarca en una perspectiva sociocultural, la   estructura de una representaci&oacute;n social resulta ser un   esquema con historia que permite integrar la din&aacute;mica   entre la estabilidad y el cambio de los sistemas de creencias.   El n&uacute;cleo es el nivel axiom&aacute;tico de la representaci&oacute;n y    se   encuentra ligado a la cultura de los grupos; su car&aacute;cter   estable, resistente y normativo proviene de la vinculaci&oacute;n   con temas culturales, que son valores e ideas-fuente   primigenias en la organizaci&oacute;n de creencias sociales. La periferia por    su parte constituye el nivel pragm&aacute;tico de   las pr&aacute;cticas cotidianas, el &aacute;mbito de las negociaciones   entre lo ideal y la oportunidad en el encuentro entre el   orden de lo simb&oacute;lico y las condiciones materiales. En   esta investigaci&oacute;n se identifica el n&uacute;cleo central de la   representaci&oacute;n social del comer saludablemente y se   discuten las implicaciones para la promoci&oacute;n de la salud.</p>     <p>   <b><font face="verdana" size="3">M&eacute;todo</font></b></p>     <p>   <b>Participantes</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El estudio compara las creencias y pr&aacute;cticas del comer   saludablemente en t&eacute;rminos de representaciones sociales   en dos contextos bien diferenciados de Colombia. El   contexto urbano fue Bogot&aacute;; el contexto rural fue en los   alrededores de Arauca, regi&oacute;n con una econom&iacute;a centrada   en la ganader&iacute;a.</p>     <p>   La distinci&oacute;n urbano/rural es problem&aacute;tica. Para   efectos de la presente investigaci&oacute;n, la diferencia sigui&oacute;,   adem&aacute;s de criterios demogr&aacute;ficos, aspectos sociol&oacute;gicos   relacionados con el car&aacute;cter espec&iacute;ficamente urbano de la   vida social, i.e. densidad y heterogeneidad poblacional   (cf. Wirth, 1938), y par&aacute;metros sanitarios y ambientales   que permiten ubicar a los alrededores de Arauca en el   perfil socioecon&oacute;mico t&iacute;pico de las &aacute;reas rurales.</p>     <p>   En ambos contextos, i.e. urbano y rural, participaron   grupos de profesionales y no profesionales con amplias   diferencias con respecto a las oportunidades de   alimentaci&oacute;n: los unos habitan una meseta f&eacute;rtil en las   monta&ntilde;as andinas, con las oportunidades y limitaciones   de quienes viven en una metr&oacute;polis contaminada. Los   otros viven en la sabana tropical sudamericana, en una   zona hasta hace pocos a&ntilde;os aislada del resto del pa&iacute;s.</p>     <p>   La selecci&oacute;n de los participantes sigui&oacute; un criterio   de segmentaci&oacute;n natural con el fin de explorar y comparar   la amplitud de representaciones en grupos con historias   diferentes e identificar elementos comunes. El grupo   natural, en oposici&oacute;n al estad&iacute;stico, se constituye en   proyectos colectivos. Al emplear un procedimiento de   variaci&oacute;n m&aacute;xima, se incluyeron cuatro grupos (50   participantes en cada grupo; porcentaje hombres/mujeres   en par&eacute;ntesis): rural profesional (38/62), rural no   profesional (45/55), urbano profesional (46/54), urbano   no profesional (32/68). El car&aacute;cter profesional/no   profesional se refiere a la presencia/ausencia de educaci&oacute;n   universitaria. La segmentaci&oacute;n sociocultural permiti&oacute; el   muestreo de puntos de vista, y la exploraci&oacute;n de   similitudes y diferencias entre los grupos.</p>     <p>   <b>Procedimiento y an&aacute;lisis</b></p>     <p>   Las metodolog&iacute;as para el an&aacute;lisis estructural de una   representaci&oacute;n social son variadas (para descripciones   detalladas ver, por ejemplo, Abric, 1994b y Moliner, 1994).   La identificaci&oacute;n del n&uacute;cleo central se realiz&oacute; en dos    etapas;   la primera de exploraci&oacute;n e identificaci&oacute;n y la segunda de   verificaci&oacute;n de la centralidad. Para tal fin se distribuy&oacute;   una encuesta de asociaci&oacute;n libre a un total de doscientos   participantes; la pregunta realizada en el cuestionario fue:   &#8216;Cuando usted piensa en comer saludablemente, &iquest;qu&eacute;   palabras, im&aacute;genes, o frases vienen a su mente? Por favor   escriba/d&iacute;game todo lo que se le ocurra&#8217;</p>     <p>   Las palabras recolectadas no se sometieron a   procesos de categorizaci&oacute;n con el fin de evitar interferencias   por parte del investigador; fueron analizadas tal y como   las expresaron los participantes. Sin embargo se   homogeneizaron plurales, singulares y g&eacute;nero (e.g.   balanceado, balanceada). El m&eacute;todo para explorar e   identificar los elementos del n&uacute;cleo central consisti&oacute; en   la determinaci&oacute;n de frecuencias y el rango promedio de   evocaci&oacute;n de las palabras bajo el supuesto de que las   palabras m&aacute;s frecuentes y primeras en la evocaci&oacute;n tienen   una mayor probabilidad de pertenecer al n&uacute;cleo central   (S&aacute;, 1996). La verificaci&oacute;n de la centralidad se realiz&oacute;    con   una sub-muestra de ochenta participantes, veinte en cada   uno de los grupos, siguiendo el m&eacute;todo del   cuestionamiento de la centralidad; los elementos m&aacute;s   frecuentes y m&aacute;s prontamente evocados se cuestionaron   con respecto a su centralidad.</p>     <p>   En el an&aacute;lisis se compararon las frecuencias de las   respuestas positivas (s&iacute; es un elemento esencial para comer   saludablemente) y negativas (no es un elemento esencial)   y la diferencia evaluada mediante una distribuci&oacute;n   binomial. Las palabras con niveles de significaci&oacute;n &lt;0,05   se consideraron elementos centrales. Los resultados se   graficaron en mapas perceptuales mediante un an&aacute;lisis   factorial de correspondencia con el fin de visualizar   diferencias y patrones sem&aacute;nticos entre grupos (cf.   Greenacre, 1994). El an&aacute;lisis de correspondencia es una   t&eacute;cnica exploratoria que permite la simplificaci&oacute;n de una   gran cantidad de datos con el fin de formular hip&oacute;tesis   sobre un problema y se llev&oacute; a cabo utilizando el   programa SPSS.</p>     <p>   <b><font face="verdana" size="3">Resultados</font></b></p>     <p>   <b>El n&uacute;cleo central del comer saludablemente</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La encuesta de asociaci&oacute;n libre recolect&oacute; un total de 2.532   formas sem&aacute;nticas. El n&uacute;mero de distintas formas   mencionadas fue de 496, de las cuales 246 se mencionaron   s&oacute;lo una vez. La frecuencia m&aacute;xima registrada para una   palabra fue de 135 y correspondi&oacute; a vegetales. El an&aacute;lisis   detect&oacute; unos elementos frecuentes pero de recordaci&oacute;n   tard&iacute;a, por lo que se consideraron perif&eacute;ricos. La <a href="#t1">Tabla 1</a>   muestra los elementos perif&eacute;ricos frecuentes (los   elementos comunes entre grupos aparecen en negrillas).   A pesar de la alta frecuencia de evocaci&oacute;n, estos elementos no fueron    descritos como centrales debido a que la media   del orden de su evocaci&oacute;n fue alta (el rango promedio de   evocaci&oacute;n excedi&oacute; el criterio de corte determinado). En   estos casos, la alta frecuencia de evocaci&oacute;n se da por las   relaciones entre los elementos y el n&uacute;cleo central, pero el   car&aacute;cter perif&eacute;rico lo reciben debido a la flexibilidad (versus   el car&aacute;cter absoluto de los elementos centrales). De   acuerdo con Flament (1994) un elemento perif&eacute;rico   sobresaliente puede revelar un tema nuevo en una   representaci&oacute;n social en transformaci&oacute;n.</p>          <p>    <center><a name="t1"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15t1.gif"></a></center></p>     <p>   Cuando se combinan la frecuencia y el rango medio   de evocaci&oacute;n se obtiene la lista de posibles elementos   centrales. La <a href="#t2">Tabla 2 </a>muestra los elementos que fueron   evaluados con el fin de confirmar la centralidad. Las   similitudes y diferencias sem&aacute;nticas entre grupos deben   ser tenidas en cuenta con el fin de rastrear patrones   ideol&oacute;gicos en el consumo (por ejemplo, vegetarianismo)   y especificidades culturales. Es probable, por ejemplo,   que la persistencia de los elementos frutas, vegetales y   ensaladas en todos los grupos represente una tendencia   cultural importante que trasciende la historia y las   expectativas de los grupos que participaron en el estudio.</p>        <p>    <center><a name="t2"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15t2.gif"></a></center></p>     <p>   La confirmaci&oacute;n del car&aacute;cter central de un elemento   est&aacute; dada por la propiedad que tiene el elemento de ser   un componente esencial de la representaci&oacute;n social, es   decir, por la propiedad de darle significaci&oacute;n a toda la   organizaci&oacute;n estructural. Solamente los elementos que   se consideren absolutamente esenciales para estructurar   las representaciones sociales del comer saludablemente   pueden considerarse componentes del sistema central.</p>     <p>   La producci&oacute;n de formas sem&aacute;nticas fue mayor entre   los urbanos profesionales en t&eacute;rminos de la variabilidad.   Las variaciones sugieren una mayor dispersi&oacute;n de los   elementos sem&aacute;nticos en este grupo, lo cual disminuy&oacute; el   punto de corte para frecuencia, pero mantuvo el punto de   corte para orden de evocaci&oacute;n similar al de los restantes tres   grupos. Es posible que el incremento en el nivel educativo   (i.e. profesional) y la posibilidad de tener una relaci&oacute;n directa   con los elementos de la representaci&oacute;n (i.e. debido a la vida   urbana), expanda y diversifique las asociaciones sem&aacute;nticas.   Sin embargo, las evocaciones de los otros grupos no apoyan   el efecto de la variable educaci&oacute;n, aunque deja abierta la   pregunta por la relaci&oacute;n entre el acceso a la representaci&oacute;n   &#8216;objetivizada&#8217;, por ejemplo la disponibilidad de alimentos saludables    en el mundo urbano, y la riqueza sem&aacute;ntica.   Esto implica que el comer saludablemente estar&iacute;a m&aacute;s cerca   de los modos de vida urbanos que de los rurales y se utilizar&iacute;a   para marcar diferencias sociales.</p>     <p>   Con el fin de verificar la centralidad de los elementos,   los participantes completaron el procedimiento de   cuestionamiento. Las frecuencias, porcentajes, y niveles   de significaci&oacute;n de los elementos evaluados se encuentran   en las <a href="#t3">tablas 3</a>, <a href="#t4">4</a>, <a href="#t5">5 </a>y <a href="#t6">6</a>. Los resultados que se muestran   en la <a href="#t7">Tabla 7 </a>corresponden a los elementos centrales de   la representaci&oacute;n del comer saludablemente en los cuatro   grupos; es el n&uacute;cleo central de la representaci&oacute;n social.</p>        <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="t3"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15t3.gif"></a></center></p>         <p>    <center><a name="t4"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15t4.gif"></a></center></p> 	     <p>    <center><a name="t5"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15t5.gif"></a></center></p> 	      <p>    <center><a name="t6"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15t6.gif"></a></center></p> 	       <p>    <center><a name="t7"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15t7.gif"></a></center></p>     <p>   Los elementos centrales del comer saludablemente   se pueden agrupar en tres categor&iacute;as generales: la primera   categor&iacute;a es la dieta vegetariana, que representa la categor&iacute;a   de los elementos m&aacute;s frecuentes (i.e. vegetales, frutas, jugos   naturales, ensaladas, legumbres y cereales). Una segunda   categor&iacute;a se relaciona con una clase de dieta semi-vegetariana, en donde    las carnes rojas son excluidas del n&uacute;cleo a pesar   de ser uno de los elementos m&aacute;s frecuentes. Lo que las   personas reportaron como carnes blancas (i.e. pescado y   pollo) apareci&oacute; en tres grupos (ambos grupos rurales y el   grupo no profesional urbano) como elementos   nucleares, lo que sugiere, entre otras cosas, la re-creaci&oacute;n   del car&aacute;cter simb&oacute;lico de la sangre. La sangre, al igual que   los dem&aacute;s fluidos corporales, emerge como fuente de   infecci&oacute;n y enfermedad; se convierte en factor de riesgo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Una tercera categor&iacute;a se relaciona con las condiciones del   comer, i.e. limpieza, tranquilidad y regularidad. La tranquilidad   emergi&oacute; como elemento nuclear en ambos grupos urbanos,   para quienes la prisa, los horarios, y las condiciones de vida   artificiales afectan la ingesti&oacute;n y digesti&oacute;n de alimentos. Las   ciudades rompen la armon&iacute;a con la naturaleza, lo que   amenaza una nutrici&oacute;n adecuada. La limpieza y la regularidad,   por otra parte, caracterizan el aspecto normativo del comer,   relacionando el comer saludablemente con las condiciones   generales de un estilo de vida saludable para los profesionales   urbanos.</p>     <p>   Una &uacute;ltima observaci&oacute;n tiene que ver con los   elementos que aparecen por azar, en t&eacute;rminos estad&iacute;sticos   (Tabla 6). Los elementos son: libre de grasa, light, carne,   l&aacute;cteos, y placentero; estos elementos son irrelevantes en la   definici&oacute;n del comer saludablemente. Lo placentero no se   supone un componente de la experiencia del comer   saludablemente, la cual surge frecuentemente como una   cuesti&oacute;n restrictiva. La carne es un elemento problem&aacute;tico,   y lo light se asume muchas veces como una noci&oacute;n   peyorativa, quiz&aacute;s artificial. Finalmente el elemento libre   de grasa no se percibe tan saludable como lo bajo en grasa.   Los grupos parecen entender la grasa como una sustancia   necesaria. Lo libre de grasa parece una opci&oacute;n extrema en   una representaci&oacute;n en la que el equilibrio, lo balanceado   y lo moderado aparecen como conceptos importantes.</p>     <p>   <b>Los universos sem&aacute;nticos del comer saludablemente:   mapas estructurales y an&aacute;lisis de correspondencia</b></p>     <p>   El hallazgo m&aacute;s notorio en la exploraci&oacute;n del comer   saludablemente es la separaci&oacute;n entre lo urbano y lo rural   y la divisi&oacute;n entre niveles educativos. Los no profesionales   se orientaron hacia las experiencias concretas de la   alimentaci&oacute;n cotidiana y los platos locales. Los   profesionales, por otra parte, estructuraron sus experiencias   en un rango que incluy&oacute; desde las prescripciones hasta el   comer saludablemente como una experiencia agradable.</p>     <p>   Si se consideran solamente los elementos m&aacute;s   frecuentes con los rangos medios de evocaci&oacute;n m&aacute;s bajos   (aquellos elementos asociados en primer lugar), se   obtienen unos patrones de asociaci&oacute;n que permiten una   separaci&oacute;n caracter&iacute;stica de los grupos <a href="#f1">(ver Figura 1)</a>. El   an&aacute;lisis de correspondencia muestra que una dimensi&oacute;n   separa a los profesionales urbanos de los otros grupos,   los cuales sin embargo muestran distancias entre s&iacute;,   indicando caracter&iacute;sticas particulares en cada uno de los   grupos ligadas a estilos de vida y aspectos culturales,   entre otros.</p>        <p>    <center><a name="f1"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a15f1.gif"></a></center></p>     <p>   Las mujeres profesionales urbanas mostraron la   contribuci&oacute;n m&aacute;s grande a la inercia de la primera   dimensi&oacute;n (0,499). El grupo m&aacute;s cercano a las mujeres   profesionales urbanas fue el de los hombres   profesionales urbanos, quienes est&aacute;n bien representados   en la misma dimensi&oacute;n (0,157) y muestran una baja contribuci&oacute;n    a la inercia de la segunda dimensi&oacute;n (0,007).   Las mujeres profesionales rurales y las urbanas no   profesionales hicieron la contribuci&oacute;n m&aacute;s grande a la   segunda dimensi&oacute;n (0,308 y 0,359 respectivamente). Es   interesante observar el peso que tienen las mujeres en la   definici&oacute;n de las dimensiones, apuntando al hecho de   que el comer saludablemente constituye, de alguna   manera, una feminizaci&oacute;n del comer.</p>     <p>   Los vegetales, las frutas, la carne y las ensaladas se   encuentran en el origen, mostrando propiedades   comunes a todos los grupos. El lado izquierdo de la   gr&aacute;fica muestra las palabras comunes entre profesionales   urbanos; en el lado derecho se encuentran los elementos   asociados por los habitantes rurales.</p>     <p>   Mediante el procedimiento de normalizaci&oacute;n   sim&eacute;trica se estudi&oacute; la relaci&oacute;n entre ambas dimensiones,   grupo y palabras. Los resultados (ver Figura 1) representan   a los profesionales urbanos cerca de lo placentero, mientras   que los rurales no profesionales se encuentran m&aacute;s cerca   de men&uacute;. Ambos grupos de habitantes rurales,   profesionales y no profesionales, est&aacute;n m&aacute;s cerca entre s&iacute;   que con respecto a los otros dos grupos; los urbanos no   profesionales se acercan m&aacute;s a la dimensi&oacute;n tranquilidadregularidad-   campo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En general los datos se representan bien en dos   dimensiones, las que explican el 71 por ciento de la inercia   total. Los grupos que m&aacute;s se diferencian entre s&iacute; son los   urbanos profesionales y los rurales no profesionales.   Ambos grupos se encuentran completamente opuestos,   lo que indica dos mundos separados; las mujeres   profesionales urbanas se encuentran en un extremo y   los hombres no profesionales rurales en el otro.</p>     <p>   Un examen a las frecuencias marginales muestra   cuatro elementos frecuentes: vegetales (130), frutas (130),   carne (65), y pollo (62). Los vegetales y las frutas tienen las   frecuencias y las masas (frecuencias pesadas) m&aacute;s altas.   Estos dos elementos son los m&aacute;s caracter&iacute;sticos del   comer saludablemente en todos los grupos. Existen,   sin embargo, diferencias entre hombres y mujeres; las   mujeres tienden a evocar los vegetales y las frutas con m&aacute;s   frecuencia que los hombres (83 y 84 versus 47 y 46   respectivamente), un hallazgo que es consistente con   otros reportes de la literatura (Lennern&auml;s et al, 1997).</p>     <p>   Aunque la carne se consider&oacute; un posible elemento   central, no fue reconocido como tal en el procedimiento   de verificaci&oacute;n de la centralidad. Este fen&oacute;meno apoya   los supuestos de la teor&iacute;a del n&uacute;cleo central, en el sentido   de que la frecuencia por s&iacute; sola no puede considerarse   como el &uacute;nico criterio en la determinaci&oacute;n de la centralidad   sino se tiene en cuenta el valor simb&oacute;lico. La ausencia de   la carne en el n&uacute;cleo de la representaci&oacute;n social del comer   saludablemente y su alta frecuencia como elemento   perif&eacute;rico podr&iacute;a estar indicando una transformaci&oacute;n   importante de los h&aacute;bitos alimenticios. Los cambios en   las percepciones sociales de la carne presagian una   significativa transformaci&oacute;n de la cultura.</p>     <p>   En resumen, la asociaci&oacute;n entre palabras y grupos   muestra a un grupo profesional urbano inmerso en la   sem&aacute;ntica del comer saludable, quienes enfatizaron el   componente moderno; un grupo no profesional urbano   guiado por el car&aacute;cter normativo del comer saludablemente (una forma    medicalizada del comer). Los   profesionales rurales se remitieron al comer cotidiano,   pero incluyeron aspectos normativos y placenteros de lo   saludable. Finalmente los no profesionales rurales   caracterizaron el comer saludablemente en t&eacute;rminos de   las experiencias concretas de los platos locales y la comida   diaria. Las frutas y los vegetales, con las masas m&aacute;s altas,   representan una buena descripci&oacute;n del n&uacute;cleo central del   comer saludablemente en todos los grupos.</p>     <p>   <b><font face="verdana" size="3">Conclusiones</font></b></p>     <p>   El comer saludablemente se representa como la experiencia   de nutrir a un organismo en la constante b&uacute;squeda del   equilibrio perdido; la sociedad y la vida urbana   desequilibran y se convierten en terreno de incertidumbres.   En su an&aacute;lisis de las representaciones sociales de la salud y   la enfermedad, Herzlich (1973) explor&oacute; las asociaciones   entre vida urbana y enfermedad. Los participantes en el   trabajo de Herzlich relacionaron lo urbano con alteraci&oacute;n,   opuesto a lo natural y afinado con lo artificial; lo rural   aparec&iacute;a asociado con lo natural. La dicotom&iacute;a es vigente   entre los participantes de esta investigaci&oacute;n. El habitante   urbano se vuelve al campo en procura de aire fresco, agua   pura, y comida genuina. El habitante rural, por su parte,   cree encontrar esos elementos de incorruptibilidad en el   pasado, cuando todo era m&aacute;s saludable; la falacia de que   todo tiempo pasado fue mejor.</p>     <p>   La salud es elusiva, un don perdido que debe redescubrirse.   Tanto para los participantes urbanos, como   para los rurales, es la intervenci&oacute;n humana la que hace   perder la salud. La soluci&oacute;n es un retorno a lo natural,   bien sea mediante la b&uacute;squeda del campo para el caso de   los habitantes urbanos, bien mediante el   redescubrimiento de costumbres y tradiciones para los   habitantes rurales.</p>     <p>   La nostalgia es la re-significaci&oacute;n del pasado; &#8216;antes&#8217;   todo era m&aacute;s puro, natural, incorruptible. &#8216;Ahora&#8217; vivimos   en la &eacute;poca de la adulteraci&oacute;n de los alimentos (pese a   que la alteraci&oacute;n de los alimentos ha estado presente a lo   largo de casi toda la historia de la humanidad). En   tiempos de cambio permanente, la tradici&oacute;n cobra   importancia como veh&iacute;culo al pasado; es la estabilidad   en medio de transformaciones constantes. De ah&iacute; que la   cocina tradicional, incluyendo las &#8216;recetas de la abuela&#8217;   conjuguen el car&aacute;cter de lo saludable y delicioso.</p>     <p>   El comer saludablemente indica una nueva relaci&oacute;n   con la comida e ilustra el conflicto entre el individuo,   quien desea satisfacer una necesidad, y las normas y valores   que la sociedad impone; ese conflicto se expresa en la   tensi&oacute;n entre lo deseado y lo apropiado. Las personas   resuelven la tensi&oacute;n siguiendo por una parte las   prescripciones y la informaci&oacute;n construida socialmente   sobre lo que es apropiado comer; por la otra, justificando   transgresiones mediante la racionalizaci&oacute;n del acto.</p>     <p>   Como se desprende de los resultados, las personas   conocen el discurso de lo que significa comer   saludablemente, sin embargo, con frecuencia las pr&aacute;cticas   entran en contradicci&oacute;n con los ideales, lo que algunos   autores denominan paradojas comportamentales   (Candreva &amp; Paladino, 2005). Sin embargo, esta situaci&oacute;n   se remedia por la ambivalencia estructural de las creencias   sociales. La observaci&oacute;n que acompa&ntilde;&oacute; al an&aacute;lisis   estructural permiti&oacute; establecer que en Colombia las   representaciones de lo saludable distinguen entre lo   f&iacute;sicamente saludable y lo mentalmente saludable, por   lo que las personas resuelven inconsistencias entre ideas   y actos cambiando el sentido de la representaci&oacute;n de   acuerdo con el contexto de la comunicaci&oacute;n. Cuando las   personas eran confrontadas con respecto a sus elecciones,   la representaci&oacute;n cambiaba de una configuraci&oacute;n   espec&iacute;fica, por ejemplo una dieta rica en frutas y vegetales   (lo f&iacute;sicamente saludable), a otra de diversi&oacute;n (lo   mentalmente saludable).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Aunque el comer saludablemente parece ser un   fen&oacute;meno t&iacute;picamente urbano, ha llegado tambi&eacute;n a las   zonas rurales, por lo que lo podemos distinguir como   una forma de comer t&iacute;picamente moderna. Tanto la   urbanizaci&oacute;n como la econom&iacute;a de mercado resultan ser   condiciones importantes para el desarrollo de esta forma   de comer. Sin embargo, al contrario de lo que se esperar&iacute;a,   en lugar de someter las pr&aacute;cticas alimentarias a   prescripciones r&iacute;gidas, las personas encuentran modos   de justificar y adaptar sus elecciones de consumo a   contextos comunicativos cambiantes, como por ejemplo   pasar de lo f&iacute;sicamente saludable (lo que se prescribe) a   lo mentalmente saludable (lo que se desea).</p>     <p>   <b><font face="verdana" size="3">Discusi&oacute;n</font></b></p>     <p>   El estudio emp&iacute;rico compar&oacute; las representaciones sociales   del comer saludablemente en grupos urbanos y rurales.   El contexto urbano fue la ciudad de Bogot&aacute;; el contexto   rural fue en los alrededores del municipio de Arauca, en   los Llanos colombianos. La selecci&oacute;n de ambientes   opuestos permiti&oacute; comparar las representaciones sociales   de un tema problem&aacute;tico en un mismo pa&iacute;s.</p>     <p>   El an&aacute;lisis revel&oacute; que el n&uacute;cleo central de la   representaci&oacute;n social del comer saludablemente es lo   vegetariano, i.e. vegetales, frutas, ensaladas y jugos de   fruta, en conjunto con las carnes blancas (pescado y pollo)   y las condiciones de tranquilidad y regularidad. Pero al   mismo tiempo que se encontraron patrones comunes,   tambi&eacute;n se manifestaron diferencias entre los grupos,   las que reflejan las condiciones sociales de producci&oacute;n de   la representaci&oacute;n.</p>     <p>Las similitudes entre los grupos, i.e. la dieta vegetariana,   se relacionan con categor&iacute;as colectivas, principalmente temas   y valores culturales que institucionalizan la representaci&oacute;n   (por ejemplo, salud/enfermedad, natural/artificial,   tradici&oacute;n/cambio, placer/restricci&oacute;n). Al mismo tiempo   surgen diferencias que vuelven heterog&eacute;nea la estructura en   el nivel de la periferia, como resultado de la adaptaci&oacute;n de   los ideales del n&uacute;cleo a los contextos concretos de la pr&aacute;ctica   social. Los participantes no profesionales rurales   reconocieron la importancia de las pr&aacute;cticas tradicionales,   mientras que los no profesionales urbanos favorecieron la   idea del comer normativo y el componente recreativo de la   alimentaci&oacute;n. Los profesionales rurales prestaron atenci&oacute;n   a las prescripciones, los profesionales urbanos a los estilos   de vida. Para ambos grupos de profesionales el comer   saludablemente se caracteriz&oacute; como un comer menos social,   individualizado, en comparaci&oacute;n con los participantes no   profesionales urbanos.     <p>   La paradoja aparente entre consenso social y   variabilidad grupal e individual que se refleja en la distinci&oacute;n   entre n&uacute;cleo y periferia, encuentra otra expresi&oacute;n en la   relaci&oacute;n entre lo social y lo cultural, es decir, en las diferencias   y similitudes entre grupos; lo social denota transformaci&oacute;n   y adaptaci&oacute;n, lo cultural remite a valores colectivos. Por   una parte, el comer saludablemente es un sistema cultural   en el que los gobiernos, la ciencia, los medios de   comunicaci&oacute;n y los grupos sociales interact&uacute;an. Por la otra,   tenemos el comer saludablemente como una construcci&oacute;n   social en la que diferentes grupos recrean lo colectivo en   contextos diferentes. Como construcci&oacute;n cultural, el comer   saludablemente re-interpreta los hallazgos cient&iacute;ficos y los   viste de significados socialmente comprensibles. En el   &aacute;mbito de lo social, esas construcciones colectivas son reinterpretadas   por cada grupo en particular.     <p>   Los hallazgos de esta investigaci&oacute;n son afines con   otros estudios con respecto al conocimiento social del   comer saludablemente (cf. Falk et al., 2001; Margetts et   al., 1997; Mart&iacute;nez-Gonz&aacute;lez et al., 2000) y ubican los   contenidos de esta representaci&oacute;n social en el contexto   m&aacute;s general de la cultura occidental contempor&aacute;nea. La   portada de la revista Time de julio 15 de 2002 titulaba:   Should you be a vegetarian: millions of Americans are going   meatless. Is that a healthy thing? Esto evidencia una   tendencia mundial que presenta a la dieta vegetariana   como soluci&oacute;n moral, opci&oacute;n est&eacute;tica, o transformaci&oacute;n   de las relaciones con la naturaleza. Aunque por razones   distintas, esta no es la primera vez que se presenta esta   tendencia vegetariana, al menos en Europa occidental   (cf. Ross, 2002, sobre el vegetarianismo en Europa entre   los siglos XIV y XVIII).     <p>   Al parecer el comer saludablemente est&aacute; propiciando   profundas transformaciones morales y gastron&oacute;micas, en   general socioculturales, que trascienden fronteras espec&iacute;ficas   para convertirse en hechos sociales en el sentido   durkheimiano m&aacute;s completo. A&uacute;n el fast-food est&aacute;   sufriendo una intensa transformaci&oacute;n: de la hamburguesa   y las papas fritas a los sabores orientales de la comida thai   y japonesa (e.g. las barras de sushi). Pero si los grupos   reconstruyen la informaci&oacute;n de maneras m&aacute;s o menos   consistentes con las recomendaciones sanitarias y las gu&iacute;as   nutricionales, &iquest;por qu&eacute; se presenta un desfase entre el   conocimiento y las pr&aacute;cticas?     <p>   Las personas se encuentran lejos de pensar y actuar de   acuerdo con los est&aacute;ndares de la l&oacute;gica y la racionalidad   cient&iacute;fica (Moscovici &amp; Hewstone, 1984). La especificidad de   lo social muestra que los sistemas de creencias pueden   funcionar de maneras ambiguas y en apariencia   contradictorias, adaptando los contenidos a contextos   comunicativos. En Colombia, por ejemplo, la representaci&oacute;n   dicot&oacute;mica de la salud como f&iacute;sica/mental, permite que la   gente interprete la racionalidad y consistencia de la acci&oacute;n en   t&eacute;rminos de las implicaciones del comportamiento. Por lo   tanto, los modelos convencionales &#8216;actitud-causacomportamiento&#8217;   fallan en considerar la complejidad de la   actividad humana.     <p>   M&aacute;s interesante y &uacute;til puede resultar el conocimiento   de las condiciones bajo las cuales las personas act&uacute;an   consistentemente la informaci&oacute;n que poseen. Al mismo   tiempo, el suministro de datos no es suficiente para   producir cambios sino se consideran las condiciones   materiales y sociales del contexto. La comunicaci&oacute;n de   mensajes sociales y la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas   deben atender a las influencias sociales y econ&oacute;micas, el   rol creativo del lenguaje (e.g. el uso de met&aacute;foras) y la   complejidad de los sistemas de creencias para lograr   efectividad. En este sentido, un modelo como el de las   representaciones sociales puede ser de gran utilidad.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><a name="*">*</a> Este art&iacute;culo presenta resultados parciales de la tesis de Carlos    Jos&eacute; Parales Quenza (2000), Social representations of healthy eating:   An empirical study in Colombia. Tesis doctoral no publicada. London School of    Economics and Political Science. Londres.</p> <hr size="1">     <p> <b><font face="verdana" size="3">Referencias</font></b></p>     <!-- ref --><p>   Abric, J.-C. (1987). Coop&eacute;ration, Comp&eacute;tition et   Repr&eacute;sentations Sociales. Cousset: Del Val.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1657-9267200600030001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Abric, J.-C. (1993). Central system, peripheral system:   Their functions and roles in the dynamics of   social representations. Papers on Social   Representations, 2(2), 75-78.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1657-9267200600030001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Abric, J.-C. (1994a). Les repr&eacute;sentations sociales: Aspects   th&eacute;oriques. In J.-C. Abric (Ed.), Pratiques Sociales   et Repr&eacute;sentations (pp. 11-35). Paris: Presses   Universitaires de France.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1657-9267200600030001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Abric, J.-C. (1994b). M&eacute;thodologie de recueil des   repr&eacute;sentations sociales. In J.-C. Abric (Ed.),   Pratiques Sociales et Repr&eacute;sentations (pp. 59-82).   Paris: Presses Universitaires de France.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1657-9267200600030001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ajzen, I. (1988). Attitudes, Personality and Behaviour. Milton   Keynes: Open University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1657-9267200600030001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ajzen, I., &amp; Fishbein, M. (1980). Understanding Attitudes and   Predicting Social Behavior. New York: Prentice Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1657-9267200600030001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   American Dietetic Association (1997). Nutrition trends   survey. Chicago IL: American Dietetic Association.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1657-9267200600030001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Bandura, A. (1986). Social foundations of thought and action:   a social cognitive theory. Englewood Cliffs, N.J.:   Prentice-Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1657-9267200600030001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Beck, U. (1992). Risk society : towards a new modernity.   London: Sage Publications.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1657-9267200600030001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Bennet, P. E., Weinman, J. E. &amp; Spurgeon, J. E. (1990).   Current developments in health psychology. London:   Harwood Academic Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1657-9267200600030001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Candreva, A. &amp; Paladino, C. (2005). Cuidado de la salud:   el anclaje social de su construcci&oacute;n, estudio   cualitativo. Universitas psychologica, 44, 55-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1657-9267200600030001500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Falk, L. W., Sobal, J., Bisogni, C.A., Connors, M. &amp;   Devine, C. M. (2001). Managing healthy eating:   definitions, classifications, and strategies. Health   education &amp; behavior, 28, 425-439.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1657-9267200600030001500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Farr, R. (1995). Representations of health, illness and   handicap in the mass media of communication:   A theoretical overview. In R. Farr &amp; I. Markov&aacute;   (Eds.), Representations of health, illness and handicap   (pp. 3-30). Singapore: Harwood Academic   Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1657-9267200600030001500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Flament, C. (1989). Structure et dynamique des   repr&eacute;sentations. In D. Jodelet (Ed.), Les   Repr&eacute;sentations Sociales (pp. 204-219). Paris: Presses   Universitaires de France.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1657-9267200600030001500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Flament, C. (1994). Aspects p&eacute;riph&eacute;riques des   repr&eacute;sentations sociales. In C. Guimelli (Ed.),   Structures et Transformations des Repr&eacute;sentations Sociales   (pp. 85-118). Neuch&acirc;tel: Delachaux et Niestl&eacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1657-9267200600030001500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Germov, J. &amp; Williams, L. (1996). The epidemic of dieting   women: The need for a sociological approach to   food and nutrition. Appetite, 27, 97-108.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1657-9267200600030001500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Greenacre, M. J. (1994). Correspondence analysis and its   interpretation. In M. Greenacre &amp; J. Blasius   (Eds.), Correspondence analysis in the social sciences   (pp. 3-22). London: Academic Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1657-9267200600030001500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Grigg, D. (1995). The nutritional transition in Western   Europe. Journal of Historical Geography, 22(1), 247-   261.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1657-9267200600030001500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Grigg, D. (1999). The changing geography of world food   consumption in the second half of the twentieth   century. The Geographical Journal, 165, 1-11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1657-9267200600030001500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Herzlich, C. (1973). Health and illness: A social psychological   analysis. London: Academic Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1657-9267200600030001500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Keane, A. (1997). Too hard to swallow? The palatability   of healthy eating advice. In P. Caplan (Ed.), Food,   health and identity (pp. 172-192). London:   Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1657-9267200600030001500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Kennedy, E. (1996). Healthy meals, healthy food choices,   healthy children: USDA&#8217;s Team Nutrition.   Preventive Medicine, 25, 56-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1657-9267200600030001500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Lennern&auml;s, M., Fjellstr&ouml;m, C., Becker, W., Giachetti, I.,   Schmitt, A., Remaut de Winter, A. &amp; Kearney,   M. (1997). Influences on food choice perceived   to be important by nationally-representative   samples of adults in the European Union.   European Journal of Clinical Nutrition, 51(Suppl.   2), S8-S15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1657-9267200600030001500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Margetts, B., Martinez, J., Saba, A., Holm, L. &amp; Kearney,   M. (1997). Definitions of &#8216;healthy&#8217; eating: a pan-   EU survey of consumer attitudes to food,   nutrition and health. European Journal of Clinical   Nutrition, 51(Suppl. 2), S23-S29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1657-9267200600030001500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Mart&iacute;nez-Gonz&aacute;lez, M. A., Holgado, B., Gibney, M.,   Kearney, J. &amp; Mart&iacute;nez, J. A. (2000). Definitions   of healthy eating in Spain as compared to other   European member states. European journal of   epidemiology, 16, 557-564.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1657-9267200600030001500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ministerio de Salud &amp; Instituto Nacional de Salud (1990).   Encuesta nacional sobre conocimientos, actitudes y   pr&aacute;cticas en salud, 1986-1989. Situaci&oacute;n nutricional y   patrones de alimentaci&oacute;n en menores de cinco a&ntilde;os.   Bogot&aacute;: Ministerio de Salud.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1657-9267200600030001500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Moliner, P. (1994). Les m&eacute;thodes de r&eacute;p&eacute;rage et   d&#8217;identification du noyau des repr&eacute;sentations   sociales. In C. Guimelli (Ed.), Structures et   Transformations des Repr&eacute;sentations Sociales (pp. 199-   232). Neuch&acirc;tel: Delachaux et Niestl&eacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1657-9267200600030001500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Moscovici, S. (1961). La Psychoanalyse, son image et son   public. Paris: Presses Universitaires de France.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1657-9267200600030001500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Moscovici, S. &amp; Hewstone, M. (1984). De la ciencia al sentido   com&uacute;n. In S. Moscovici (Ed.), Psicolog&iacute;a social (Vol.   Escribir, pp. 679-710). Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1657-9267200600030001500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Nestle, M., Wing, R., Birch, L., DiSogra, L., Drewnowski,   A., Middleton, S., Sigman-Grant, M., Sobal, J.,   Winston, M. &amp; Economos, C. (1998). Behavioral   and social influences on food choice. Nutrition   Reviews, 56(5), S50-S74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1657-9267200600030001500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   OPS (1995). Informe de la reuni&oacute;n t&eacute;cnica sobre obesidad en la   pobreza de Am&eacute;rica Latina, Organizaci&oacute;n   Panamericana de la Salud: La Habana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1657-9267200600030001500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Petersen, A. &amp; Lupton, D. (1996). The new public health :   health and self in the age of risk. London: Sage   Publications.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1657-9267200600030001500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Popkin, B. M. (1993). Nutritional patterns and transitions.   Population and Development Review, 19(1), 138-157.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1657-9267200600030001500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Popkin, B. M., &amp; Doak, C. M. (1998). The obesity   epidemic is a worldwide phenomenon. Nutrition   Reviews, 56(4 part 1), 106-114.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1657-9267200600030001500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Profamilia (1995). Estudio nacional de demograf&iacute;a y salud.   Santaf&eacute; de Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1657-9267200600030001500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Rimm, E. B., Ascherio, A., Giovannucci, E., Spiegelman,   D., Stampfer, M. J. &amp; Willet, W. C. (1996).   Vegetable, fruit and cereal fiber intake and risk of   coronary heart disease among men. JAMA, 275,   447-451.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1657-9267200600030001500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Rosenstock, I. (1974). Historical origins of the health-belief   model. Health Education Monographs, 2, 328-335.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1657-9267200600030001500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ross, E. B. (2002). Una revisi&oacute;n de las tendencias   diet&eacute;ticas: desde los cazadores-recolectores hasta   las sociedades capitalistas modernas. En J.   Contreras (comp.) Alimentaci&oacute;n y cultura (pp. 259-   306). M&eacute;xico: Alfaomega.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1657-9267200600030001500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   S&aacute;, C. P. d. (1996). 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