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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PSICOLOGÍA DE LA SALUD: ALGUNAS REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE SU QUÉ Y SU PARA QUÉ<a href="#*">*</a>]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[No obstante el crecimiento experimentado por la Psicología de la Salud en todo el orbe, todavía se observa la carencia de propuestas tipo interfase que permitan vincular a la psicología como disciplina profesional con el campo de la salud. Se revisan algunos de los problemas más acusados que enfrenta el citado campo de actuación, tanto en lo que hace a sus múltiples definiciones como a la pobre delimitación de lo propiamente psicológico. Se presenta una línea de argumentos en la que se justifica su qué y su para qué a partir de un modelo psicológico de salud biológica y la necesidad de contar con una metodología para la evaluación de las variables psicológicas que son pertinentes para el cuidado, mantenimiento o recuperación de la salud.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="4">PSICOLOG&Iacute;A DE LA SALUD: ALGUNAS REFLEXIONES      CR&Iacute;TICAS SOBRE SU QU&Eacute; Y SU PARA QU&Eacute;<a href="#*">*</a></font>    </center>   </b></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="3">HEALTH PSYCHOLOGY: SOME CRITICAL REFLECTIONS      ON ITS WHAT AND ITS WHY</font>    </center>   </b></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><b>JULIO PI&Ntilde;A** Y BLANCA RIVERA</b></p>     <p>INSTITUTO MEXICANO DEL SEGURO SOCIAL, M&Eacute;XICO    <br>   Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jpina@salud.gob.mx">jpina@salud.gob.mx</a>.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>        <center>     Recibido: Abril 5 de 2006 Revisado: Mayo 23 de 2006 Aceptado: Junio 12 de      2006    </center> </p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>   Despite the growth experienced by the Health Psychology around the world, still    it&#8217;s time in what we observe the   absence of proposal kind interface that can meet the psychology as a professional    discipline with the health field. This   paper review some of the problems related to the multiple definitions of health    psychology and to the misconceptions   of the psychological phenomenon. Considering a psychological model of biological    health, the arguments of what and   what for can be approached the psychological variables associated to health    are presented.</p>     <p>   <b>Keywords: </b>Health Psychology, Professional Discipline, Health Field, Psychological    Model.   </p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>   No obstante el crecimiento experimentado por la Psicolog&iacute;a de la Salud    en todo el orbe, todav&iacute;a se observa la carencia   de propuestas tipo interfase que permitan vincular a la psicolog&iacute;a como    disciplina profesional con el campo de la salud.   Se revisan algunos de los problemas m&aacute;s acusados que enfrenta el citado    campo de actuaci&oacute;n, tanto en lo que hace a sus   m&uacute;ltiples definiciones como a la pobre delimitaci&oacute;n de lo propiamente    psicol&oacute;gico. Se presenta una l&iacute;nea de argumentos   en la que se justifica su qu&eacute; y su para qu&eacute; a partir de un modelo    psicol&oacute;gico de salud biol&oacute;gica y la necesidad de contar con   una metodolog&iacute;a para la evaluaci&oacute;n de las variables psicol&oacute;gicas    que son pertinentes para el cuidado, mantenimiento o   recuperaci&oacute;n de la salud.</p>     <p>   <b>Palabras clave:</b> Psicolog&iacute;a de la Salud, disciplina profesional,    campo de la salud, modelo psicol&oacute;gico.</p> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><i>... En consecuencia, propongo una primera tesis que sostiene que la   psicolog&iacute;a s&oacute;lo tiene identidad disciplinaria cuando se le concibe    como   modo cient&iacute;fico de conocimiento, y que aun cuando, como todo   conocimiento anal&iacute;tico, el conocimiento psicol&oacute;gico es aplicable,    su   aplicaci&oacute;n no se da de manera espec&iacute;fica y directa como profesi&oacute;n,    sino   mediado interdisciplinariamente por disciplinas genuinamente   profesionales que, poseyendo un encargo social espec&iacute;fico respecto a    la   soluci&oacute;n de problemas sociales, comparten como rasgo com&uacute;n de    dicha   problem&aacute;tica, una dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica: la participaci&oacute;n    del   comportamiento individual humano (Ribes, 1989; p. 852).</i></p>     <p>   A partir del nacimiento formal de la psicolog&iacute;a de la salud,   que se sugiere tuvo lugar en los Estados Unidos de   Norteam&eacute;rica en la primera mitad de la d&eacute;cada del setenta   del siglo pasado<sup><a href="#2"><b>2</b></a></sup> (v&eacute;ase Stone, 1991),    con el correr de los   a&ntilde;os se han propuesto m&uacute;ltiples definiciones sobre este   campo de actuaci&oacute;n, definiciones que comparten una   caracter&iacute;stica sobresaliente, a saber, que dado que se   plantean sin el apoyo de un modelo te&oacute;rico, tienen como   consecuencia natural el que no siempre encuentran debida   y claramente delimitada la dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica respecto   de los hechos de la salud y la enfermedad.</p>     <p>   En efecto, sobre lo anterior es oportuno advertir   que no se trata tan s&oacute;lo de decir que la psicolog&iacute;a de la   salud es tal o cual cosa; que se diferencia de la psicolog&iacute;a   cl&iacute;nica, la salud conductual o la medicina conductual por   tales o cuales razones; que se interesa por abordar tal o   cual patolog&iacute;a biol&oacute;gica; que se est&aacute; en posibilidad de   incidir en tal o cual nivel de atenci&oacute;n a la salud; que se   pueden utilizar tales o cuales estrategias, procedimientos   o t&eacute;cnicas para la prevenci&oacute;n de una enfermedad o su   rehabilitaci&oacute;n, entre otras cosas.</p>     <p>   Si con las definiciones se pretende darle sentido y   sentar las bases para articular tanto el discurso como la   pr&aacute;ctica de la psicolog&iacute;a con el discurso y la pr&aacute;ctica    del   resto de disciplinas profesionales involucradas en el   campo de la salud, lo anterior no ser&aacute; suficiente hasta   tanto no se especifique, sin ambig&uuml;edades, en qu&eacute; consiste   la dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica en la salud y la enfermedad.</p>     <p>   Contrario a lo que pudiera pensarse, lo previamente   dicho no es un asunto menor, es un asunto toral, y por ello   es imprescindible que las definiciones sobre psicolog&iacute;a de la   salud se afirmen en un modelo te&oacute;rico. &Eacute;ste debe contribuir,   primero, a delimitar con precisi&oacute;n qu&eacute; es lo psicol&oacute;gico    y   cu&aacute;les son las categor&iacute;as anal&iacute;ticas que permitir&aacute;n    su correcta   interpretaci&oacute;n; segundo, a procurar su evaluaci&oacute;n sistem&aacute;tica,   en estricta armon&iacute;a con las medidas biol&oacute;gicas y sociales   pertinentes a la salud y la enfermedad.</p>     <p>   Para estar en condiciones de justificar nuestra propuesta   de una psicolog&iacute;a de la salud diferente a la que se tiene hoy   en d&iacute;a, inicialmente se revisar&aacute;n algunas de las definiciones   m&aacute;s reconocidas y aceptadas en la literatura anglosajona y en   espa&ntilde;ol; en la <a href="#t1">Tabla 1</a> se muestran algunos ejemplos.</p>          <p>    <center><a name="t1"></a><a href="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a19t1.gif" target_"blank"><b>Tabla 1</b></a></center></p>     <p>   Tal y como se puede observar, en todas estas   definiciones se refleja cu&aacute;n diversas pueden ser las formas   de concebir a la psicolog&iacute;a de la salud: en algunas de ellas,   como son los casos de las de Stone, Matarazzo y Morales,   se trata de definiciones bastante generales, esto es, de   aquellas que contemplan buena parte de las funciones y   actividades que los psic&oacute;logos pueden desarrollar en el   citado campo; en otras, casos de las de Torres y Beltr&aacute;n   (1996), Bloom (1988), Holtzman et al. (1988), Rodr&iacute;guez   y Palacios (1989), as&iacute; como la de Carrobles (1993), son   m&aacute;s espec&iacute;ficas, en la medida en la que en ellas se plantea,   parcialmente, qu&eacute; modelo u orientaci&oacute;n te&oacute;rica subyace,   as&iacute; como cu&aacute;les variables psicol&oacute;gicas se consideran   relevantes para su estudio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El problema con tales definiciones, particularmente   con estas &uacute;ltimas, es que, aun cuando se haga referencia   a cierta caracterizaci&oacute;n de lo psicol&oacute;gico, su descripci&oacute;n    es   bastante gen&eacute;rica y no necesariamente va acompa&ntilde;ada de   los criterios l&oacute;gicos que posibilitar&aacute;n definirlo con la   precisi&oacute;n requerida; perm&iacute;tasenos aclarar al el respecto:</p>     <p>   Decir, por ejemplo, que la psicolog&iacute;a de la salud   estudia la conducta, ideas, actitudes y creencias, como en el   caso de la definici&oacute;n de Bloom, implica aceptar el supuesto   de que los seres humanos somos racionales, rechaz&aacute;ndose   expl&iacute;citamente que tambi&eacute;n nos comportamos con base   en nuestras emociones, afectos y motivos -fen&oacute;meno &eacute;ste   tradicionalmente enmarcado en el rubro de motivaci&oacute;n   (cfr. Ribes, 1990a)-. As&iacute;, en la propuesta de Bloom estas   tres variables no encuentran cabida, lo que tendr&iacute;a que   llevarnos a preguntar si constituye ello una seria limitaci&oacute;n   para el an&aacute;lisis de lo psicol&oacute;gico, cuya respuesta es en   definitiva inequ&iacute;voca: s&iacute;. En efecto, si lo psicol&oacute;gico    se   reduce a sus componentes racionales, qu&eacute; es lo que se   podr&iacute;a argumentar en contra de la infinidad de estudios   en los que se ha demostrado c&oacute;mo es que variables como   las mencionadas regulan y/o modulan de manera   importante el comportamiento de las personas previo a,   o durante el curso de una enfermedad.</p>     <p>   Recu&eacute;rdese, a guisa de ejemplo, que uno de los   componentes principales en el estudio de la relaci&oacute;n entre   el conocido como comportamiento Tipo A y el infarto del   miocardio es justamente el de la hostilidad/agresividad   (i.e., Fern&aacute;ndez &amp; Mercado, 1996; Friedman &amp; Rosenman,   1959, 1974; Jenkins, Rosenman &amp; Friedman, 1967;   Niaura, Todaro, Stroud, Spiro III, Ward &amp; Weiss, 2002).   En el &aacute;mbito de la intervenci&oacute;n psicol&oacute;gica, o sea, una   vez que ya se ha presentado un infarto del miocardio, se   ha demostrado que esas variables pueden facilitar o inhibir la pr&aacute;ctica    de comportamientos ajustivos que son   necesarios en raz&oacute;n de la enfermedad (Corace y Endler,   2003; Lane, Carroll, Ring, Beevers &amp; Lip, 2002; Strik,   Lousberg, Cheriex &amp; Honig, 2004).</p>     <p>   Algo similar se ha encontrado en el problema del   VIH/Sida. En diversas investigaciones en las que ha   participado el autor de este trabajo, de manera sistem&aacute;tica   se ha reportado que variables de corte racional como los   conocimientos y las creencias, ya sea que se les analice de   manera independiente o junto con otras variables, juegan   un papel irrelevante en la predicci&oacute;n de la pr&aacute;ctica de   diversos comportamientos de riesgo o de prevenci&oacute;n,   mientras que variables como la disponibilidad o no de   competencias funcionales, los motivos y las situaciones   interactivas s&iacute; lo hacen (i.e., Pi&ntilde;a, 2004a; Pi&ntilde;a &amp;    Corral,   2001; Pi&ntilde;a &amp; Werner, 2004; Urquidi &amp; Pi&ntilde;a, 2005). Por    su   parte, en el &aacute;mbito de la intervenci&oacute;n se menciona c&oacute;mo   es que variables de tipo emocional, afectivo y motivacional   facilitan o interfieren con la pr&aacute;ctica de diferentes   comportamientos ajustivos, sobre todo los relacionados   con la adhesi&oacute;n al tratamiento antirretroviral, por   mencionar un t&oacute;pico de enorme trascendencia hoy en d&iacute;a   (Bay&eacute;s, 1999; Remien, Hirky, Johnson, Weinhardt, Whittier   &amp; Minh-Lee, 2003; S&aacute;nchez-Sosa, 2002; WHO, 2003).</p>     <p>   &iquest;Y qu&eacute; es lo que se puede decir de las propuestas de   Holtzman et al. y de Carrobles? Mientras que los primeros   se apoyan en un modelo biopsicosocial, el segundo   justifica su definici&oacute;n a partir de un modelo conductual;   empero, valdr&iacute;a la pena preguntarnos ahora qu&eacute; es lo   que nos dicen ambos modelos. Sugerir que la psicolog&iacute;a   de la salud se basa en un modelo biopsicosocial, suena a   verdad de perogrullo, toda vez que en estos momentos   dif&iacute;cilmente alguien pondr&iacute;a en tela de duda que lo   biol&oacute;gico, lo psicol&oacute;gico y lo social se encuentran   &iacute;ntimamente ligados. Un problema inadvertido y sobre   el que ning&uacute;n autor que se apoya en el modelo ha   reparado, es que se pasa por alto que lo biol&oacute;gico y lo   social comprenden un rango de fen&oacute;menos de mayor   generalidad, en tanto que lo psicol&oacute;gico opera en un   sentido opuesto; es decir, lo psicol&oacute;gico no se aplica a lo   gen&eacute;rico; antes bien, se aplica a lo individual. Podemos   ahora preguntarnos, entonces, c&oacute;mo es que en el modelo   biopsicosocial se conjugan estos elementos y c&oacute;mo es   que se le definen.</p>     <p>   Si se revisan con detenimiento las propuestas   vinculadas con ese modelo -las cuales provienen   originalmente de las propias reflexiones sobre el campo   de la medicina, primero, y de la medicina conductual,   despu&eacute;s (Engel, 1977; Schwartz, 1982)-, el lector   seguramente se encontrar&aacute; con que en ninguna de ellas   se hace expl&iacute;cita una definici&oacute;n de qu&eacute; es lo psicol&oacute;gico.   No basta con asegurar que la psicolog&iacute;a de la salud debe   utilizar como modelo central explicativo el biopsicosocial,   asumiendo que as&iacute; se reconoce el peso de las variables   biol&oacute;gicas, psicol&oacute;gicas y sociales; mucho menos lo es   que a los psic&oacute;logos de la salud interesa la parte   psicol&oacute;gica y la conductual, partiendo del err&oacute;neo   supuesto de que ambas son entidades distintas, posici&oacute;n   mantenida por diferentes autores (Baum &amp; Posluszny,   1996; Beco&ntilde;a, V&aacute;zquez &amp; Oblitas, 1995, 2000; Smith &amp;   Suls, 2004; Williams, Holmbeck &amp; Greenley, 2002).</p>     <p>   Tampoco se trata, como recientemente propuso Ray   (2004), de sugerir que el modelo de salud y enfermedad,   conocido como modelo biopsicosocial, provee los   conceptos y los componentes para cambiar nuestra forma   de ver el mundo, a&ntilde;adiendo que esos componentes   incluyen a los neurotransmisores, hormonas y citoxinas,   que constituyen el veh&iacute;culo que provee la informaci&oacute;n   entre los sistemas nervioso, endocrino e inmune.</p>     <p>   Pues bien, al margen de que se omitan los   argumentos que justifiquen por qu&eacute; la separaci&oacute;n de lo   psicol&oacute;gico y lo conductual, por un lado, o de que en la   actualidad se haga referencia al modelo en cuesti&oacute;n a partir   de lo que se conoce como psiconeuroinmunolog&iacute;a, por   el otro, en ese modelo se desconoce qu&eacute; es lo que incluye   a lo psicol&oacute;gico: si a los conocimientos y creencias; si al   atender, percibir, sentir, razonar, imaginar, pensar y   hablar; si a fen&oacute;menos tales como las emociones, afectos   y motivos, etc&eacute;tera<sup><a href="#3"><b>3</b></a></sup>.</p>     <p>   Hay que entender, finalmente, que no es un problema   de simples agregados. Se insiste, pues, en que no se trata tan   s&oacute;lo de asegurar un planteamiento biopsicosocial, sino de   reconocer que cada una de estas dimensiones posee sus   propias categor&iacute;as anal&iacute;ticas, a partir de las cuales ser&aacute;    posible   reconocer las diferencias en la funci&oacute;n l&oacute;gica que cumplen   los conceptos fundamentales. De otra suerte, como es   moneda corriente en la psicolog&iacute;a de la salud, se seguir&aacute;   inclusive incurriendo en el error de suponer que el de   comportamiento, como concepto psicol&oacute;gico, puede ser   tratado apelando al funcionamiento de sus partes separadas   e independientes (v&eacute;ase Ribes, 2004), partes que   convencionalmente son definidas en la forma de   comportamiento, por un lado, y de procesos cognoscitivos,   por el otro.</p>     <p>   Como acertadamente se&ntilde;ala Borja (2000), si lo antes   dicho no es resuelto satisfactoriamente, no ser&aacute; posible   elaborar las categor&iacute;as sint&eacute;ticas que faciliten la   comunicaci&oacute;n entre las disciplinas cient&iacute;ficas y/o profesionales    involucradas en la salud y la enfermedad.   Dicho lenguaje es fundamental para estar en una mejor   posici&oacute;n de traducir los conocimientos cient&iacute;ficos a   t&eacute;rminos que reflejen el devenir de la actividad humana   concreta, o sea, a unos que sean susceptibles de dar cuenta   de manera puntual de la especificidad de lo psicol&oacute;gico,   as&iacute; como de lo biol&oacute;gico y lo social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Por lo que hace a la definici&oacute;n de Carrobles, hacer   referencia a un modelo conductual supone una diversidad   de cosas: aproximaciones te&oacute;ricas, perspectivas   metodol&oacute;gicas y una vasta cantidad de procedimientos y   t&eacute;cnicas potencialmente utilizables para la prevenci&oacute;n de   una enfermedad o su rehabilitaci&oacute;n. No hay que olvidar   que en sus or&iacute;genes el modelo conductual surgi&oacute; como   contrapartida del modelo m&eacute;dico en el contexto del mal   llamado campo de la salud mental, de tal suerte que, por   utilizar una expresi&oacute;n coloquial, su extrapolaci&oacute;n a los   campos de la salud o la enfermedad f&iacute;sica se dio como   algo natural.</p>     <p>   Se acept&oacute;, entonces, sin ning&uacute;n reparo, que bastar&iacute;a   con definir el comportamiento a partir de cualquier   aproximaci&oacute;n te&oacute;rica, fuese la de Skinner o de otras tantas   que se enmarcan en los as&iacute; llamados enfoques   cognoscitivo-conductuales -por ejemplo, Bandura (2001),   justific&aacute;ndose as&iacute; la idoneidad y pertinencia del modelo.   A fin de cuentas, puesto que la psicolog&iacute;a conductual   asegura haber probado su poder cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico,   lo de menos ser&iacute;a responder a una pregunta: &iquest;qu&eacute; es lo   psicol&oacute;gico? No hay que pasar por alto que en el caso   particular de la psicolog&iacute;a conductual, el propio concepto   de comportamiento ha sufrido incontables   transformaciones, que de acuerdo con Ribes (1982) no   son s&oacute;lo de naturaleza l&oacute;gica sino tambi&eacute;n epist&eacute;mica    y   sem&aacute;ntica -tal y como ocurri&oacute; con la definici&oacute;n original   de Watson, seguidas por las de Skinner, Hull, Tolman,   Bandura, etc&eacute;tera-.</p>     <p>   Ciertamente, respecto del modelo conductual   podemos estar de acuerdo con que el comportamiento   del individuo constituye el objeto de estudio de la   psicolog&iacute;a, pero no entendi&eacute;ndolo como la   manifestaci&oacute;n externa o el producto de supuestos   procesos que acaecen dentro del organismo, como es   frecuente encontrar en las definiciones propuestas por   los autores antes mencionados y que son trasladadas a la   psicolog&iacute;a de la salud sin un riguroso examen de sus   implicaciones. Dicho en otras palabras, no basta con   justificar una psicolog&iacute;a de la salud basada en el modelo   conductual, sobre todo si no se reconoce que el   comportamiento, como interacci&oacute;n del organismo y el   ambiente, se construye hist&oacute;ricamente, y que su   organizaci&oacute;n funcional, tanto en lo que se refiere a los   procesos compartidos como a las diferencias individuales,   exige la postulaci&oacute;n de un conjunto de categor&iacute;as   anal&iacute;ticas y de conceptos que justamente permitan dar   cuenta de los distintos niveles en los que opera lo   psicol&oacute;gico.</p>     <p>   Si todo lo anterior no es resuelto de una vez por   todas en el contexto de la relaci&oacute;n aludida, o sea, entre la   psicolog&iacute;a y el campo de la salud, se seguir&aacute;n creando   interdisciplinas o multidisciplinas, que se caractericen por   dos cosas, seg&uacute;n cada autor: por un lado, por constituirse   en concepciones plurales en donde todo cabe, sabi&eacute;ndolo   acomodar, y por el otro, en concepciones en las que no se   tenga debida y claramente delimitado en qu&eacute; consiste la   dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica respecto de los hechos de la salud   y la enfermedad (Pi&ntilde;a, 2003a; Ribes, 1990b).</p>     <p>   Por supuesto, evitar confusiones y malos   entendidos en el discurso sobre la relaci&oacute;n entre la   psicolog&iacute;a y el campo de la salud, as&iacute; como sobre qu&eacute; es   lo psicol&oacute;gico frente a los hechos de la salud y la   enfermedad, no tiene otra intenci&oacute;n que la de evitar, en   la pr&aacute;ctica cotidiana, confusiones y malos entendidos a   prop&oacute;sito de qu&eacute; es lo que finalmente los psic&oacute;logos   hacen y c&oacute;mo lo hacen respecto de ambos hechos. &Eacute;sta   es sin duda una tarea prioritaria pero que, lo antes dicho   as&iacute; lo confirma de manera contundente, no siempre es   compartida por el colectivo de psic&oacute;logos que se interesan   en el citado campo.</p>     <p>   A diferencia de las definiciones antes mencionadas,   se propone aqu&iacute; que la psicolog&iacute;a de la salud debe   entenderse simple y llanamente como un &#8216;campo de   actuaci&oacute;n profesional en el que los psic&oacute;logos poseen   tanto los conocimientos &#8212;saber acerca de las cosas&#8212; como   las competencias &#8212;saber hacer las cosas de modo   eficiente&#8212; indispensables para cumplir con las funciones   de investigaci&oacute;n, prevenci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n,   fundamentalmente, con especial &eacute;nfasis en la investigaci&oacute;n   de qu&eacute; y c&oacute;mo las variables psicol&oacute;gicas facilitan o   dificultan la pr&aacute;ctica de los comportamientos   instrumentales de riesgo o de prevenci&oacute;n, con el objeto   de prevenir una enfermedad y promover la salud&#8217;.</p>     <p>   Si se parte del entendido de que la psicolog&iacute;a de la   salud constituye en esencia un campo de actuaci&oacute;n   profesional con un prop&oacute;sito particular, el de incidir de   manera eficiente y eficaz sobre un problema social, el de   salud, parafraseando a Ib&aacute;&ntilde;ez (1994), es indispensable   contar con un modelo te&oacute;rico y metodol&oacute;gico que   permita plantear hip&oacute;tesis sobre el problema en cuesti&oacute;n;   sobre qu&eacute; conocimientos se requieren para incidir sobre   &eacute;ste, y, finalmente, qu&eacute; tipo de competencias son   necesarias para conseguir este objetivo.</p>     <p>   Aqu&iacute; se subraya como una tarea fundamental, en   una primer instancia, la de contar con un modelo te&oacute;rico   en el que se defina con precisi&oacute;n qu&eacute; es lo psicol&oacute;gico    y   c&oacute;mo es que interact&uacute;a con lo biol&oacute;gico y lo social. Se   requiere, asimismo, en un segundo momento, disponer de los recursos metodol&oacute;gicos    que posibiliten tanto la   pr&aacute;ctica de la investigaci&oacute;n como el dise&ntilde;o,   instrumentaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de programas de   intervenci&oacute;n en todas sus variantes.</p>     <p>   Desde nuestra &oacute;ptica, la psicolog&iacute;a de la salud, al   menos tal y como es concebida en algunos lugares de   M&eacute;xico y Espa&ntilde;a, fundamentalmente, cumple con los   dos requisitos anteriores. Primero, se cuenta con un   modelo psicol&oacute;gico de salud biol&oacute;gica (Ribes, 1990b),   cuyos antecedentes se encuentran en una teor&iacute;a de la   conducta (Ribes &amp; L&oacute;pez, 1985) y una teor&iacute;a de la   personalidad (Ribes &amp; S&aacute;nchez, 1990); ver la <a href="#f1">Figura 1</a>.</p>        <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="f1"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a19f1.gif"></a></center></p>     <p>Cuatro supuestos fundamentan dicho modelo; se   citar&aacute; en extenso (Ribes, 1990b; p. 18-19):</p>     <p>   1) La descripci&oacute;n psicol&oacute;gica del continuo saludenfermedad   corresponde a la dimensi&oacute;n   individualizada de las variables que tienen lugar en la   interacci&oacute;n entre los factores biol&oacute;gicos del organismo   y aquellos que constituyen la acci&oacute;n funcional de las   relaciones socioculturales.</p>     <p>   2) Cuando se analizan en un modelo psicol&oacute;gico, los   factores biol&oacute;gicos y socioculturales no tienen   representaci&oacute;n en la forma de categor&iacute;as   correspondientes a las de sus disciplinas originales.</p>     <p>   3) Los factores biol&oacute;gicos se representan como la   condici&oacute;n misma de existencia del individuo pr&aacute;ctico   y de las reacciones biol&oacute;gicas integradas a su actividad.</p>     <p>   4) Los factores socioculturales se representan como las   formas particulares que caracterizan a un individuo   en su interrelaci&oacute;n con las situaciones de su medio,   con base en su propia historia personal.</p>     <p>   Llegado a este punto, nos parece oportuno   preguntarnos en qu&eacute; consiste la dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica de   la salud: simple y sencillamente en la participaci&oacute;n del   individuo comport&aacute;ndose &#8212;categor&iacute;a general que incluye   conceptos que tradicionalmente se enmarcan en los rubros   de atender, percibir, sentir, razonar, imaginar, hablar y pensar,   principalmente&#8212;, entendiendo al comportamiento como   la interacci&oacute;n molar del organismo con el ambiente f&iacute;sico,   qu&iacute;mico, ecol&oacute;gico y/o social (Ribes y L&oacute;pez, 1985). En   pocas palabras, tiene que ver con el comportamiento de los   individuos, esto es, con su hacer y decir en diferentes   situaciones en las que se encuentran implicados objetos,   eventos u otros individuos.</p>     <p>   A partir de lo anterior, es importante destacar lo   siguiente: El hecho de que se plantee un modelo   psicol&oacute;gico de salud no significa que la noci&oacute;n de lo   psicol&oacute;gico deba ser diferente de aquella que ampara   te&oacute;ricamente al modelo, casos de la teor&iacute;a de la conducta   y la teor&iacute;a de la personalidad; tampoco lo ser&iacute;a si se   estuviera hablando de psicolog&iacute;a y educaci&oacute;n, por poner   un ejemplo, pues carece de sentido plantearse una   definici&oacute;n de lo psicol&oacute;gico en una teor&iacute;a y plantearse   una diferente en un modelo que se presume deviene de   &eacute;sta. Lo psicol&oacute;gico, definido a partir del comportamiento   individual, comprende, por lo tanto, a esos eventos a los   que se hac&iacute;a menci&oacute;n l&iacute;neas arriba -atender, percibir,    sentir,   etc&eacute;tera-, pero tambi&eacute;n comprende a fen&oacute;menos que   forman parte del lenguaje de los afectos, la motivaci&oacute;n y   la personalidad. Algunos de estos eventos y fen&oacute;menos   podr&aacute;n ser concebidos perteneciendo a un tipo particular   de categor&iacute;a, i.e., logros o resultados, circunstancias,   tendencias, propensiones, estados, etc&eacute;tera, pero en todos   los casos todos tienen como punto de partida el   comportamiento como categor&iacute;a general que resume a   lo psicol&oacute;gico.</p>     <p>   Ahora bien, para los prop&oacute;sitos que involucran la   descripci&oacute;n, el an&aacute;lisis y la investigaci&oacute;n, esa dimensi&oacute;n   psicol&oacute;gica puede ser desagregada en tres factores: a) la   forma en la que el comportamiento participa en la   modulaci&oacute;n de los estados biol&oacute;gicos; b) las competencias   que definen la efectividad del individuo para interactuar   con m&uacute;ltiples situaciones que directa o indirectamente   afectan la salud, y c) las maneras consistentes que tipifican   a un individuo en su contacto inicial con situaciones que   pueden afectar potencialmente su condici&oacute;n biol&oacute;gica.</p>     <p>   Estos dos &uacute;ltimos factores, que se justifican en una   teor&iacute;a de la personalidad (v&eacute;ase Ribes &amp; S&aacute;nchez, 1990),   si se analiza con detenimiento son parcialmente o en   definitiva no son tenidos en cuenta en la inmensa mayor&iacute;a   de los modelos que se han incorporado al multicitado   campo de actuaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se trata, pues, de intersectar tanto el modelo psicol&oacute;gico   de salud biol&oacute;gica y dos tipos de metodolog&iacute;a &#8212;la del   an&aacute;lisis experimental de la conducta y el an&aacute;lisis   contingencial&#8212; con los problemas de la investigaci&oacute;n   biom&eacute;dica y su aplicabilidad en el campo de la salud <a href="#f2">(ver   Figura 2)</a>, buscando que a partir de la pr&aacute;ctica de la   investigaci&oacute;n y sus productos, en la forma de nuevos   conocimientos respecto de los principios del   funcionamiento psicol&oacute;gico, se traduzcan en intervenciones   tanto preventivas como terap&eacute;uticas (S&aacute;nchez-Sosa, 1998).</p>          <p>    <center><a name="f2"><img src="img/revistas/rups/v5n3/v5n3a19f2.gif"></a></center></p>     <p>   En el caso del dominio te&oacute;rico aportado por el   modelo psicol&oacute;gico, y del metodol&oacute;gico aportado tanto   por el an&aacute;lisis experimental como por el an&aacute;lisis   contingencial, en la Figura 2 se destacan dos tipos de   investigaci&oacute;n que hasta la fecha han rendido frutos. En   el dominio metodol&oacute;gico y respecto de la primera se   pueden encontrar trabajos en los que se han estudiado   estilos interactivos, casos del de tendencia al riesgo (Doval,   Viladrich &amp; Riba, 1999; Ribes &amp; S&aacute;nchez, 1992; Santacreu,   Sant&eacute; &amp; L&oacute;pez, 1999), persistencia o logro (Santacreu &amp;   Garc&iacute;a-Leal, 2000) y tolerancia a la frustraci&oacute;n (Moreno,   Hern&aacute;ndez, Garc&iacute;a &amp; Santacreu, 2000), estilos que por   sus caracter&iacute;sticas guardan una importante   correspondencia con la pr&aacute;ctica de comportamientos   instrumentales relacionados con el VIH/Sida e infarto   del miocardio, por ejemplo. Por lo que hace a la   metodolog&iacute;a del an&aacute;lisis contingencial, D&iacute;az-Gonz&aacute;lez,   Rodr&iacute;guez, Robles, Moreno y Fr&iacute;as (2003) han presentado   una propuesta para la evaluaci&oacute;n de competencias   funcionales y su relaci&oacute;n con la prevenci&oacute;n de la infecci&oacute;n   por VIH en poblaci&oacute;n abierta, as&iacute; como sobre   competencias conductuales, motivos, comportamientos   de adhesi&oacute;n al tratamiento y situaciones interactivas   vinculadas con estr&eacute;s en personas que viven con VIH o   sida (Pi&ntilde;a, 2003b; Pi&ntilde;a, Corrales, Mungaray &amp; Valencia,   2006; Pi&ntilde;a, Valencia, Mungaray &amp; Corrales, aceptado).     <p>   Son, pues, trabajos a partir de los cuales, siguiendo   una l&oacute;gica especial, la de campo, ha sido posible identificar   la forma en que interact&uacute;an los factores o variables -los   propios del individuo y los relativos al ambiente en sus   diferentes modalidades- con efectos potenciales sobre la   salud. El siguiente paso consiste en procurar estrategias   de intervenci&oacute;n, fundamentalmente en su modalidad   preventiva, tendientes a conseguir que se mantenga y/o   mejore la condici&oacute;n de salud de las personas el mayor   tiempo posible y con la mejor calidad de vida tambi&eacute;n   posible (v&eacute;ase Ardila, 2000; Botero, 2005; Godoy, 1999;   Hepworth, 2004; Keefe &amp; Blumenthal, 2004; Michie &amp;   Abraham, 2004; Pi&ntilde;a &amp; Obreg&oacute;n, 2003; Schneiderman,   Antoni, Saab &amp; Ironson, 2001; Vinck, Oldenburg &amp; von   Lengerke, 2004).     <p>   Finalmente, nos parece oportuno plantear varios   asuntos. En primer lugar, estamos de acuerdo aqu&iacute; con lo   comentado por la profesora Susana Robles Montijo, de la   Facultad de Estudios Superiores Iztacala (comunicaci&oacute;n   personal, 25 de enero de 2005), en el sentido de que lo que   damos en llamar &#8216;psicolog&iacute;a de la salud&#8217; constituye una   categor&iacute;a general en la que confluyen todas las iniciativas orientadas    a la prevenci&oacute;n de una enfermedad y/o para la   promoci&oacute;n de la salud, y en consecuencia, pudiera quedar   en el lector la impresi&oacute;n de que la hemos reducido a una   psicolog&iacute;a interconductual de la salud, a partir de los   elementos aportados l&iacute;neas atr&aacute;s.     <p>   Estamos obligados a aclarar que no ha sido ese el   leit motiv sobre el cual se ha construido este trabajo sino   otro del que, si bien es cierto que reconocemos la existencia   de m&uacute;ltiples iniciativas enmarcadas principalmente en   los modelos biopsicosocial<sup><a href="#4"><b>4</b></a></sup> y conductual,    tambi&eacute;n   estamos obligados a analizar su viabilidad te&oacute;ricoconceptual   para dar cuenta de lo propiamente psicol&oacute;gico,   y en otro momento, para hacer converger la psicolog&iacute;a de   la salud en el nivel emp&iacute;rico con los modelos biol&oacute;gico y   sociocultural. De no conseguir este objetivo, seguramente   tendremos una psicolog&iacute;a de la salud en la que, como   apunt&aacute;bamos antes, todo cabe, sabi&eacute;ndolo acomodar.     <p>   En segundo lugar, es necesario que de una vez por   todas se discuta exhaustivamente si con las definiciones   sobre psicolog&iacute;a de la salud y los modelos que las amparan   &#8212;en caso de existir, o en su defecto, que &eacute;stos sean   viables&#8212; se est&aacute; hablando de psicolog&iacute;a de la salud, o   por el contrario, tal y como comentamos en otro lugar   (Pi&ntilde;a, 2003a), de una pseudo psicolog&iacute;a de la salud, esto   es, de una extensi&oacute;n cl&iacute;nica de la psicolog&iacute;a   potencialmente aplicable a los hechos de la salud y la   enfermedad. Ejemplos de esto &uacute;ltimo se pueden   encontrar en los trabajos en los que incorrectamente se   sostiene la existencia de la as&iacute; llamada psicolog&iacute;a cl&iacute;nica    y   de la salud (v&eacute;ase Arnett, 2001; Belar, 1997) o la psicolog&iacute;a   cl&iacute;nica de la salud (Reynoso &amp; Seligson, 2005).     <p>   En tercer lugar, queremos destacar el hecho de que a   partir de la definici&oacute;n presentada antes, no creemos aqu&iacute;   que las funciones y actividades que deban entrenarse en   t&eacute;rminos de competencias profesionales para los   psic&oacute;logos de la salud incluyan el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas   p&uacute;blicas en materia de salud. Ciertamente, &eacute;ste es un tema   que en pa&iacute;ses como Cuba y los Estados Unidos de   Norteam&eacute;rica est&aacute; siendo tratado profusamente (p.e., Saab   et al., 2004; Von Lengerke et al., 2004), aunque no hay que   pasar por alto que en s&iacute; se trata de actividades que se insertan   propiamente dicho en el &aacute;mbito de lo pol&iacute;tico y no de lo   estrictamente profesional. Y claro est&aacute;, que si en ambos   pa&iacute;ses el tema del dise&ntilde;o de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas    forma   parte activa en la agenda de la discusi&oacute;n, al menos desde   nuestra &oacute;ptica, ello se debe a razones extra-profesionales   producto de la conformaci&oacute;n de gremios plenamente   consolidados, situaci&oacute;n que en pa&iacute;ses como el nuestro,   por ejemplo, no existen ni por asomo (Pi&ntilde;a, 2004b).     <p>   Finalmente, est&aacute; el asunto del papel de la psicolog&iacute;a   de la salud en el campo de la salud y el rol a jugar en &eacute;ste   por los profesionales de la psicolog&iacute;a. El hecho de que   aqu&iacute; hayamos insistido en la necesidad de contar con un   modelo te&oacute;rico que gu&iacute;e el quehacer de los psic&oacute;logos en   el multicitado campo, no significa que &eacute;stos, de manera   directa, deban intervenir profesionalmente sobre los   problemas que aquejan a la poblaci&oacute;n, apoyados en una   diversidad de t&eacute;cnicas, estrategias y procedimientos. Antes   bien, y dadas las caracter&iacute;sticas de la psicolog&iacute;a como   disciplina cient&iacute;fica, o en proceso de serlo, se requiere   entender qu&eacute; psicolog&iacute;a es la que se va a &#8216;aplicar&#8217;,    es decir,   qu&eacute; elementos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos servir&aacute;n    como   sustento para la transferencia del conocimiento   psicol&oacute;gico a &aacute;mbitos no psicol&oacute;gicos. N&oacute;tese que   hacemos referencia a la transferencia del conocimiento,   toda vez que no corresponde a los profesionales de la   psicolog&iacute;a la aplicaci&oacute;n directa del conocimiento psicol&oacute;gico   sobre los usuarios de los servicios, en virtud de que la   psicolog&iacute;a, a diferencia de la medicina, por ejemplo, no   posee un encargo social determinado (Ribes, 2005).     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Al respecto, nos referimos con un encargo social   determinado, al incuestionable hecho de que los   profesionales de la medicina, por poner el ejemplo m&aacute;s   conspicuo, son quienes hist&oacute;ricamente han hecho uso del   conocimiento generado por otras disciplinas -biolog&iacute;a,   anatom&iacute;a, fisiolog&iacute;a, bioqu&iacute;mica, gen&eacute;tica, etc&eacute;tera-    para   incidir sobre los problemas de la salud. El que sean ellos   quienes busquen recuperar la salud una vez que ha acaecido   una enfermedad mediante determinado tratamiento o a   trav&eacute;s de la cirug&iacute;a, no tiene nada de particular; antes bien,   se responde a un compromiso que se funda en una fuerte   raigambre social porque as&iacute; se ha establecido   convencionalmente.     <p>   En un sentido opuesto corresponde a los   profesionales de la psicolog&iacute;a hablar de y tratar con la   salud, y no hablar de y tratar con la enfermedad. En   segundo lugar, corresponde, asimismo, definir con la   debida precisi&oacute;n qu&eacute; hacer, c&oacute;mo y por qu&eacute; hacerlo.    Qu&eacute;   hacer, implica reconocer qu&eacute; psicolog&iacute;a es la que se   pretende &#8216;aplicar&#8217;, esto es, con base en qu&eacute; aproximaci&oacute;n   te&oacute;rica y metodol&oacute;gica se abordar&aacute; la problem&aacute;tica    de   salud que aqueja a la poblaci&oacute;n y las circunstancias en la   que &eacute;sta se presenta; aqu&iacute;, por ejemplo, se ha puesto   especial &eacute;nfasis en un modelo psicol&oacute;gico de salud y   especialmente en una metodolog&iacute;a, la del an&aacute;lisis   contingencial. C&oacute;mo hacerlo y por qu&eacute;, implica que ahora   no s&oacute;lo se dispone de los recursos te&oacute;ricos y   metodol&oacute;gicos, sino que adicionalmente se sabe   caracterizar cada situaci&oacute;n social en la que se configura   determinado problema de salud. Un individuo no es una entidad aislada de un    entorno social y de los   condicionantes institucionales que establecen cu&aacute;ndo y   por qu&eacute; &eacute;l deja de serlo para convertirse en un &#8216;paciente&#8217;,   de tal forma que el profesional de la psicolog&iacute;a no puede   &#8216;aplicar&#8217; su conocimiento para revertir la enfermedad de   manera directa al margen de una valoraci&oacute;n social concreta.     <p>   Por lo tanto, el papel del psic&oacute;logo en el campo de la   salud debe darse en t&eacute;rminos profesionales como   desprofesionalizaci&oacute;n: el psic&oacute;logo, a partir del   conocimiento generado por y desde la disciplina b&aacute;sica,   transfiere el conocimiento a otros profesionales practicantes   de alguna interdisciplina particular: medicina, promoci&oacute;n   de salud, enfermer&iacute;a, trabajo social, etc&eacute;tera, de un lado, o    a   los usuarios de los servicios, por el otro, con el objeto de   que sean ambos quienes hagan uso de dicho conocimiento   -previamente traducido a un lenguaje tipo interfase-. Dicho   en otras palabras, el psic&oacute;logo de la salud debe asumir, sin dem&eacute;rito    de   otras actividades sustantivas, el papel de una suerte de educador en el   sentido amplio del t&eacute;rmino. De un educador capaz de identificar la   dimensi&oacute;n individualizada de los problemas sociales y de su evaluaci&oacute;n;   de alguien capaz de ense&ntilde;ar a otros a seleccionar, adaptar y utilizar   los procedimientos y las t&eacute;cnicas para generar los cambios deseados en   los comportamientos que pueden afectar potencialmente la salud o   que coadyuven a su recuperaci&oacute;n una vez que se ha perdido (cfr.   Chaves, Gomes, Russel &amp; Werner, 2005).     <p>&nbsp; <hr size="1">     <p><a name="*">*</a> Se agradece al Dr. Carlos Ib&aacute;&ntilde;ez Bernal, de    la Universidad Aut&oacute;noma de Chihuahua, por la revisi&oacute;n que hizo    a una primera versi&oacute;n   de este trabajo.</p>     <p><a name="2">2</a> Aunque de acuerdo con el Dr. Francisco Morales Calatayud,    del   Instituto Superior de Ciencias M&eacute;dicas de la Habana, Cuba, el   t&eacute;rmino Psicolog&iacute;a de la salud ya se ven&iacute;a utilizando de    manera   sistem&aacute;tica en ese pa&iacute;s desde 1968 (v&eacute;ase Morales, 1997).</p>     <p><a name="3">3</a> Aun cuando Cohen y Herbert (1996) desde la perspectiva de   la psiconeuroinmunolog&iacute;a han de alguna manera se&ntilde;alado la   importancia de variables como los estados afectivos y las   relaciones interpersonales, el problema sigue siendo el   mismo: la carencia de un marco te&oacute;rico de referencia que   permita su definici&oacute;n y evaluaci&oacute;n rigurosas.</p>     <p><a name="4">4</a> En virtud de los elementos aportados -ausencia de especificidad   de lo psicol&oacute;gico y c&oacute;mo interact&uacute;a con lo biol&oacute;gico    y   social-, nos parece incorrecto hacer referencia a un modelo   como tal, por lo que consideramos mejor hablar de un   simple agregado de palabras (Pi&ntilde;a, en revisi&oacute;n).</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b><font face="verdana" size="3">Referencias</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>   Ardila, R. (2000). Prevenci&oacute;n primaria en psicolog&iacute;a de la   salud. En Luis A. Oblitas &amp; E. Beco&ntilde;a (Eds.),   Psicolog&iacute;a y salud (pp. 53-65). M&eacute;xico: Plaza y   Vald&eacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1657-9267200600030001900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Arnett, J. L. (2001). Clinical and health psychology: Future   directions. Canadian Psychology, 42, 36-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1657-9267200600030001900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Bandura, A. (2001). Social cognitive theory: An agentic   perspective. Annual Review of Psychology, 52, 1-26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1657-9267200600030001900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Bay&eacute;s, R. (1999). Aspectos psicosociales en la adhesi&oacute;n   al tratamiento antirretrov&iacute;rico en la infecci&oacute;n por   VIH. Publicaci&oacute;n oficial de la Sociedad Espa&ntilde;ola   Multidisciplinaria del SIDA, 10, 165-166.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1657-9267200600030001900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Baum, A. &amp; Posluszny, D. M. (1999). Health psychology:   Mapping biobehavioral contributions to health and   illness. Annual Review of Psychology, 50, 137-163.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1657-9267200600030001900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Beco&ntilde;a, E., V&aacute;zquez, F. L. &amp; Oblitas, L. E. (1995).   Estado actual y perspectivas de la psicolog&iacute;a de la   salud. Psicolog&iacute;a contempor&aacute;nea, 2, 100-111.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1657-9267200600030001900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Beco&ntilde;a, E., V&aacute;zquez, F. L. &amp; Oblitas, L. E. (2000).   Psicolog&iacute;a de la salud: antecedentes, desarrollo,   estado actual y perspectivas. En L. E. Oblitas y   E. Beco&ntilde;a (Eds.), Psicolog&iacute;a de la salud (pp. 11-52).   M&eacute;xico: Plaza y Vald&eacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1657-9267200600030001900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Belar, C. D. (1997). Clinical health psychology: A speciality   for the 21st century. Health Psychology, 16, 411-416.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1657-9267200600030001900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Bloom, B. L. (1988). Health Psychology: A psychosocial   perspective. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1657-9267200600030001900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Borja, J. (2000). Psicolog&iacute;a, salud, ciencia y tecnolog&iacute;a.   Psicolog&iacute;a y Salud, 10, 15-29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1657-9267200600030001900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Botero, C. (2005). Efectividad de una interacci&oacute;n   cognitivo-conductual para el trastorno de estr&eacute;s   postraum&aacute;tico en excombatientes colombianos.   Universitas Psychologica, 4, 205-219.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1657-9267200600030001900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Carrobles, J. A. (1993). Pr&oacute;logo. En M. A. Sim&oacute;n (Ed.),   Psicolog&iacute;a de la salud: aplicaciones cl&iacute;nicas y estrategias   de intervenci&oacute;n. Madrid: Pir&aacute;mide.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1657-9267200600030001900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Chaves, E. M., Gomes, N., Russel, R. &amp; Werner   Sebastiani, R. (2005). Psicologia da Sa&uacute;de-   Hospitalar: Da forma&ccedil;&atilde;o a realidade. Universitas   Psychologica, 4, 49-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1657-9267200600030001900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Cohen, S. &amp; Herbert, T. B. (1996). Health psychology:   psychological factors and physical disease from   the perspective of human   psychoneuroimmunology. Annual Review of   Psychology, 47, 113-142.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1657-9267200600030001900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Corace, K. M. &amp; Endler, N. S. (2003). Psychosocial   predictors of cardiac rehabilitation patients&#8217;   quality of life. Journal of Applied Biobehavioral   Research, 8, 1-26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1657-9267200600030001900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   D&iacute;az-Gonz&aacute;lez, E., Rodr&iacute;guez, M. L., Robles, S.,   Moreno, D. &amp; Fr&iacute;as, B. (2003). El an&aacute;lisis   contingencial como sistema anal&iacute;tico para la   evaluaci&oacute;n de competencias funcionales   relacionadas con la prevenci&oacute;n del VIH/sida.   Psicolog&iacute;a y Salud, 13, 149-159.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1657-9267200600030001900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Doval, E., Viladrich, M. C. &amp; Riba, M. D. (1999). La   consistencia individual en situaciones de riesgo   como base para la evaluaci&oacute;n de las diferencias   individuales. Revista Electr&oacute;nica de Psicolog&iacute;a   Iztacala, 2, En l&iacute;nea en: <a href="http://www.iztacala.unam.mx/carreras/psicologia/psiclin/principal.htm" target="blank">http://www.iztacala.unam.mx/carreras/psicologia/psiclin/principal.htm</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1657-9267200600030001900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Engel, G. L. (1977). The need for a new medical model: A   challenge for biomedicine. Science, 196, 129-136.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1657-9267200600030001900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Fern&aacute;ndez, G. &amp; Mercado, D. (1996). Enfermedades   aprendidas. En G. R. Ortiz (Coord.), Psicolog&iacute;a y   salud: la experiencia mexicana (pp. 85-96). Xalapa,   M&eacute;xico: Universidad Veracruzana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1657-9267200600030001900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Friedman, M. &amp; Rosenman, R. H. (1959). Association   of specific overt behavior pattern with blood and   cardiovascular findings. Journal of the American   Medical Association, 169, 1286-1295.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1657-9267200600030001900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Friedman, M. &amp; Rosenman, R. H. (1974). Type A behavior   and your heart. New York: Knofp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1657-9267200600030001900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Godoy, J. F. (1999). Psicolog&iacute;a de la salud: delimitaci&oacute;n   conceptual. En M. A. Sim&oacute;n (Ed.), Manual de psicolog&iacute;a de la salud:    fundamentos, metodolog&iacute;a y   aplicaciones (pp. 39-75). Madrid: Biblioteca Nueva.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1657-9267200600030001900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Hepworth, J. (2004). Public health psychology: A   conceptual and practical framework. Journal of   Health Psychology, 9, 41-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1657-9267200600030001900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Holtzman, W. H., Evans, R. I., Kennedy, S. &amp; Iscoe, I.   (1988). Psicolog&iacute;a y salud: contribuciones de la   psicolog&iacute;a al mejoramiento de la salud y la   atenci&oacute;n primaria. Bolet&iacute;n de la Oficina Sanitaria   Panamericana, 105, 245-282.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1657-9267200600030001900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ib&aacute;&ntilde;ez, C. (1994). Psicolog&iacute;a y pedagog&iacute;a interconductual.   Revista Mexicana de An&aacute;lisis de la Conducta, 20, 99-113.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1657-9267200600030001900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Jenkins, C. D., Rosenman, R. H. &amp; Friedman, M. (1967).   Development of an objetive psychological test   for the determination of the coronary prone   behavior pattern in employed men. Journal of   Chronic Disease, 20, 371-379.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1657-9267200600030001900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Keefe, F. J. &amp; Blumenthal, J. A. (2004). Health   psychology: What will the future bring? Health   Psychology, 23, 156-157.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1657-9267200600030001900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Lane, D., Carroll, D., Ring, C., Beevers, D.G. &amp; Lip, G. Y. H.   (2002). The prevalence and persistence of depression   and anxiety following myocardial infarction. British   Journal of Health Psychology, 7, 11-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1657-9267200600030001900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Matarazzo, J. D. (1980). Behavioral health and behavioral   medicine: Frontiers for a new health psychology.   American Psychologist, 35, 807-817.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1657-9267200600030001900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Michie, S. &amp; Abraham, C. (2004). Interventions to change   health behaviours: Evidence-based or evidenceinspired.   Psychology and Health, 19, 29-49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1657-9267200600030001900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Morales, F. (1997). Introducci&oacute;n a la psicolog&iacute;a de la salud.   Hermosillo, M&eacute;xico: UNISON.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1657-9267200600030001900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Moreno, L., Hern&aacute;ndez, J. M., Garc&iacute;a, O. &amp; Santacreu, J.   (2000). Un test informatizado para la evaluaci&oacute;n   de la tolerancia a la frustraci&oacute;n. Anales de Psicolog&iacute;a,   16, 143-155.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1657-9267200600030001900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Niaura, R., Todaro, J. F., Stroud, L., Spiro III, A., Ward,   K.D. &amp; Weiss, S. (2002). Hostility, the metabolic   syndrome, and incident coronary heart disease.   Health Psychology, 21, 588-593.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1657-9267200600030001900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. (s.f.) El modelo biopsicosocial en psicolog&iacute;a y   salud: &iquest;o se trata de un simple juego de palabras?   Revista Mexicana de Psicolog&iacute;a (en revisi&oacute;n).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1657-9267200600030001900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. (2003a). Psicolog&iacute;a cl&iacute;nica y psicolog&iacute;a    de la   salud: en defensa de la psicolog&iacute;a de la salud.   Suma Psicol&oacute;gica, 10, 67-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1657-9267200600030001900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. (2003b). Validaci&oacute;n de un instrumento para medir   competencias conductuales en personas VIH   positivas. Salud P&uacute;blica de M&eacute;xico, 45, 293-297.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1657-9267200600030001900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. (2004a). Eventos disposicionales que probabilizan   la pr&aacute;ctica de conductas de riesgo para el VIH/SIDA.   Anales de Psicolog&iacute;a, 20, 23-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1657-9267200600030001900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. (2004b). La psicolog&iacute;a y los psic&oacute;logos en    el   sector salud en M&eacute;xico: algunas realidades   perturbadoras. International Journal of Clinical and   Health Psychology, 4, 191-205.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1657-9267200600030001900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. &amp; Corral, V. (2001). Conocimientos y motivos   asociados a comportamientos de riesgo y   prevenci&oacute;n relacionados con el SIDA. Avances en   Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica Latinoamericana, 19, 7-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1657-9267200600030001900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A., Corrales, A. E., Mungaray, K. &amp; Valencia, M.   A. (2006). Presentaci&oacute;n de un instrumento que   mide variables psicol&oacute;gicas y comportamientos   de adhesi&oacute;n al tratamiento en personas VIH+.   Revista Panamericana de Salud P&uacute;blica, 19, 217-228.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1657-9267200600030001900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A., Valencia, M. A., Mungaray, K. &amp; Corrales, A.   E. (s.f.). Validaci&oacute;n de un instrumento que mide   situaciones interactivas vinculadas con estr&eacute;s en   personas VIH+. Terapia Psicol&oacute;gica (aceptado).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1657-9267200600030001900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. &amp; Obreg&oacute;n, F. J. (2003). Algunas reflexiones   sobre el concepto de prevenci&oacute;n en el contexto   de la relaci&oacute;n psicolog&iacute;a y salud. En J. A. Pi&ntilde;a, F.   J. Obreg&oacute;n y J. A. Vera (Eds.), Psicolog&iacute;a y salud en   Iberoam&eacute;rica (pp. 53-72). Hermosillo, M&eacute;xico:   UNISON.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1657-9267200600030001900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pi&ntilde;a, J. A. &amp; Werner, R. (2004). Predictores psicol&oacute;gicos   del uso inconsistente de cond&oacute;n en mujeres.   Estudos Vida e Sa&uacute;de, 31, 1057-1068.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1657-9267200600030001900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ray, O. (2004). How mind hurts and heals the body.   American Psychologist, 59, 29-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1657-9267200600030001900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Remien, R. H., Hirky, A. E., Johnson, M. O., Weinhardt,   L. S., Whittier, D. &amp; Minh-Lee, G. (2003).   Adherence to medication treatment: A qualitative   study of facilitators and barriers among a diverse   sample of HIV+ men and women in four U.S.   cities. AIDS and Behavior, 7, 61-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1657-9267200600030001900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Reynoso, L. &amp; Seligson, I. (2005). Psicolog&iacute;a cl&iacute;nica de la    salud.   M&eacute;xico: Manual Moderno, UNAM, U. de G.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1657-9267200600030001900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. (1982). El Conductismo: reflexiones cr&iacute;ticas.   Barcelona: Fontanella.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1657-9267200600030001900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. (1989). La psicolog&iacute;a: algunas reflexiones sobre su   que, su por qu&eacute;, su c&oacute;mo y su para qu&eacute;. En J. Urbina   (Comp.), El Psic&oacute;logo. Formaci&oacute;n, ejercicio profesional y   prospectiva (pp. 847-860). M&eacute;xico: UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1657-9267200600030001900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. (1990a). Psicolog&iacute;a general. M&eacute;xico: Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1657-9267200600030001900049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. (1990b). Psicolog&iacute;a y salud: un an&aacute;lisis conceptual.   Barcelona: Mart&iacute;nez Roca.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1657-9267200600030001900050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ribes, E. (2004). Behavior as abstraction, not ostension:   Conceptual and historical remarks on the nature   of psychology. Behavior and Philosophy, 32, 55-68.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1657-9267200600030001900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. (2005). Reflexiones sobre la eficacia profesional del   psic&oacute;logo. Revista Mexicana de Psicolog&iacute;a, 22, 5-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1657-9267200600030001900052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. &amp; L&oacute;pez, F. (1985). Teor&iacute;a de la Conducta: un   an&aacute;lisis de campo y param&eacute;trico. M&eacute;xico: Editorial   Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1657-9267200600030001900053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. &amp; S&aacute;nchez, S. (1990). El problema de las   diferencias individuales: un an&aacute;lisis conceptual   de la personalidad. En E. Ribes (Ed.), Psicolog&iacute;a   general (pp. 231-253). M&eacute;xico: Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1657-9267200600030001900054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ribes, E. &amp; S&aacute;nchez, S. (1992). Individual behavior   consistencies as interactive style: Their relation to   personality. The Psychological Record, 42, 369-387.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1657-9267200600030001900055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Rodr&iacute;guez, G. &amp; Palacios, J. (1989). Algunas   consideraciones sobre la psicolog&iacute;a de la salud en   M&eacute;xico. En J. Urbina (Comp.), El Psic&oacute;logo.   Formaci&oacute;n, ejercicio profesional, prospectiva (pp. 473-   482). M&eacute;xico: UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1657-9267200600030001900056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Saab, P. G., McCalla, J. R., Coons, H. L., Christensen, A. J.,   Kaplan, R, Johnson, S. B., Ackerman, M. D.,   Stepanski, E., Krantz, D. S. &amp; Melamed, B. (2004).   Technological and medical advances: Implications for   health psychology. Health Psychology, 23, 142-146.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1657-9267200600030001900057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   S&aacute;nchez-Sosa, J. J. (1998). Desde la prevenci&oacute;n primaria   hasta ayudar al bien morir: la interfaz   intervenci&oacute;n-investigaci&oacute;n en psicolog&iacute;a de la   salud. En G. Rodr&iacute;guez y M.E. Rojas (Coords.),   La Psicolog&iacute;a de la Salud en Am&eacute;rica Latina (pp. 35-   44). M&eacute;xico: UNAM/Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1657-9267200600030001900058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   S&aacute;nchez-Sosa, J. J. (2002). Treatment adherence: The role   of behavioral mechanism and some implications   for health care interventions. Revista Mexicana de   Psicolog&iacute;a, 19, 85-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1657-9267200600030001900059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Santacreu, J. &amp; Garc&iacute;a-Leal, O. (2000). La utilizaci&oacute;n de   test comportamentales informatizados en el   estudio de la personalidad: la evaluaci&oacute;n de la   persistencia. Psicothema, 12, 93-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1657-9267200600030001900060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Santacreu, J., Sant&eacute;, L. &amp; L&oacute;pez, V. R. (1999). Asunci&oacute;n   de riesgo: una evaluaci&oacute;n conductual. Psicolog&iacute;a y   Salud, 13, 5-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1657-9267200600030001900061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Schneiderman, N., Antoni, M. H., Saab, P. G. &amp; Ironson,   G. (2001). Health psychology: Psychosocial and   biobehavioral aspects of chronic disease   management. Annual Review of Psychology, 52,   555-580.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1657-9267200600030001900062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Schwartz, G. E. (1982). Testing the biopsychosocial   model: The ultimate challenge facing behavioral   medicine? Journal of Consulting and Clinical   Psychology, 50, 1040-1053.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1657-9267200600030001900063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Smith, T. &amp; Suls, J. (2004). Introduction to the special   section on the future of health psychology. Health   Psychology, 23, 115-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1657-9267200600030001900064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Stone, G. C. (1979). Psychology and health system. En   G. C. Stone, F. Cohen &amp; N. E. Adler (Eds.),   Health Psychology (pp. 47-75). San Francisco, CA:   Jossey-Bass.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1657-9267200600030001900065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Stone, G. C. (1991). An international review of the   emergence and development of health   psychology. En M. Jansen &amp; J. Weinman (Eds.),   The International development of Health Psychology   (pp. 3-18). Churchill: Harwood Academic   Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1657-9267200600030001900066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Strik, J. J., Lousberg, R., Cheriex, E .C. &amp; Honig, A.   (2004). One year acumulative incidence of   depression following myocardial infarction and   impact on cardiac outcome. Journal of   Psychosomatic Research, 56, 59-96.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1657-9267200600030001900067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Torres, I. &amp; Beltr&aacute;n, F. J. (1996). La Psicolog&iacute;a de la Salud:   campos y aplicaciones. Xalapa, M&eacute;xico: Universidad   Veracruzana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1657-9267200600030001900068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Urquidi, L. E. &amp; Pi&ntilde;a, J. A. (2005). Efecto de los   conocimientos, creencias y motivos sobre el uso   de cond&oacute;n en hombres. Ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n   en Psicolog&iacute;a, 10, 369-380.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1657-9267200600030001900069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Vinck, J., Oldenburg &amp; Von Lengerke, T. (Editorial,   2004). Health psychology and public health -   Bridging the gap. Journal of Health Psychology, 9,   5-12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1657-9267200600030001900070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Von Lengerke, T., Vinck, J., R&uuml;tten, A., Reitmeir, P., Abel,   T., Kannas, L., L&uuml;schen, G., Rodr&iacute;guez-D&iacute;az, J. A.   &amp; Van der Zee, J. (2004). Health policy perception   and health behaviours: A multilevel analysis and   implications for public health psychology. 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