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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Charles Darwin (1809-1882): su legado para la Psicología]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Charles Darwin (1809-1882): His Legacy to Psychology]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia Departamento de Psicología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Amidst the celebration of the bicentennial of Charles Darwin's birth, a brief profile of his life is presented, along with a critical appraisal of his works and its long-lasting influence on Psychology.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Charles Darwin (1809-1882): su legado para la Psicolog&iacute;a</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Charles Darwin (1809-1882): His Legacy to Psychology</b></font></p>      <p><b>GERM&Aacute;N GUTI&Eacute;RREZ* </b>Universidad Nacional de Colombia</p>     <p>*    Departamento de Psicolog&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia.</p>     <p>Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:gagutierrezd@gmail.com">gagutierrezd@gmail.com</a></p> Recibido: diciembre 12 de 2008   | Revisado: enero 15 de 2009   | Aceptado: enero 17 de 2009 <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Se celebra este a&ntilde;o el bicentenario del nacimiento del cient&iacute;fico ingl&eacute;s Charles Darwin, y con ese motivo se presenta un breve perfil de su vida y una caracterizaci&oacute;n cr&iacute;tica de su obra y de la duradera influencia de esta sobre la Psicolog&iacute;a. </p>     <p><b>Palabras clave autores</b> Darwin, Charles Robert, psicolog&iacute;a, evoluci&oacute;n. </p>     <p><b>Palabras clave descriptores</b> Darwin, Charles Robert, 1809-1882, cr&iacute;tica e interpretaci&oacute;n evoluci&oacute;n humana.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b></p>     <p>Amidst the celebration of the bicentennial of Charles Darwin's birth, a brief profile of his life is presented, along with a critical appraisal of his works and its long-lasting influence on Psychology.</p>     <p> <b>Key words author</b> Darwin, Charles Robert, Psychology, Evolution. </p>     <p><b>Key words plus</b> Darwin, Charles Robert, 1809-1882, Criticism and Interpretation Human Evolution.</p> <hr>     <p>Con frecuencia, las efem&eacute;rides nos ofrecen una excusa para justificar y renovar nuestros intereses, construir empresas comunes alrededor de los eventos que se celebran y hacer p&uacute;blicos estos intereses y los nuevos desarrollos. La conmemoraci&oacute;n de los 200 a&ntilde;os del nacimiento de Charles Darwin y de los 150 de la publicaci&oacute;n de <i>El Origen de las Especies, </i>ha despertado un entusiasmo que se va a cristalizar, a lo largo de este a&ntilde;o, con conferencias, exposiciones, publicaciones, programas de televisi&oacute;n y otra variedad de actividades que celebran la vida y obra de Darwin (v&eacute;ase, por ejemplo, <a href="http://darwin-online.org.uk" target="_blank">http://darwin-online.org.uk</a>/;<a href="http://www.untelevision.unal.edu.co/multimedia/darwin" target="_blank"> http://www.untelevision.unal.edu.co/multimedia/darwin/</a>).</p>     <p>La Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n planteada por Darwin ha sido uno de los cuerpos conceptuales m&aacute;s influyentes en la ciencia, a lo largo de la historia. Cambi&oacute; la forma en que pensamos acerca de la vida y del universo. Tuvo un especial impacto en la manera c&oacute;mo los humanos nos percibimos a nosotros mismos en el contexto de la naturaleza, y en las creencias sobre nuestro origen y el papel de un dios (o varios) en el control de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.</p>     <p>El reconocimiento del valor de Darwin como cient&iacute;fico es tal, que se ha desarrollado una especie de industria alrededor del estudio de su vida y su obra. Aparte del impacto directo de sus ideas en la literatura especializada en las ciencias de la vida (una b&uacute;squeda simple en Google Acad&eacute;mico usando las palabras <i>Charles Darwin, </i>da como resultado m&aacute;s de 96.000 referencias, y una pesquisa usando la palabra <i>evoluci&oacute;n </i>presenta m&aacute;s de 3.000.000 de referencias), se han escrito multitud de biograf&iacute;as (Bowler, 1990; Browne, 1996, 2003; Huxley &amp; Kettlewel, 1985), se han publicado repetidamente sus obras y su correspondencia (Barrett, 1977; Burkhardt, 1996), se ha analizado su contexto hist&oacute;rico y personal (Browne, 2007; Eiseley, 1961; Nichols, 2003), se han explorado las implicaciones de su trabajo para una diversidad de disciplinas y para la sociedad (Appleman, 1979; Kohn, 1985; Rosas, 2007), e incluso se han escrito novelas sobre su vida y el desarrollo de su obra (Darnton, 2006).</p>     <p>Charles Robert Darwin naci&oacute; el 12 de febrero de 1809, en el seno de una familia aristocr&aacute;tica de la Inglaterra victoriana. Sus estudios universitarios iniciales para hacerse m&eacute;dico como su padre, no fueron muy exitosos. Cuando se preparaba para seguir una carrera como cl&eacute;rigo, recibi&oacute; una invitaci&oacute;n para convertirse en el naturalista del HMS Beagle que, comandado por el Capit&aacute;n Robert Fitzroy, ten&iacute;a por encargo terminar una labor cartogr&aacute;fica interrumpida por la tr&aacute;gica muerte del Capit&aacute;n Stokes, anterior comandante del barco (Nichols, 2003). El viaje de Darwin a bordo del Beagle, entre 1831 y 1836, ha venido a considerarse una de las expediciones m&aacute;s importantes en la historia de la ciencia, por su alcance para el conocimiento.</p>     <p>Despu&eacute;s de su regreso a Inglaterra, Darwin se dedic&oacute; a organizar y escribir sus experiencias y observaciones del viaje; el &eacute;xito de su libro (incluido inicialmente en un libro de tres vol&uacute;menes por Fitzroy, King &amp; Darwin, 1839) le allan&oacute; el camino para desarrollar una carrera de tiempo completo como naturalista, as&iacute; como el reconocimiento de sus pares en diversas &aacute;reas de las ciencias biol&oacute;gicas. Durante los siguientes 20 a&ntilde;os, public&oacute; un par de libros, y desarroll&oacute; el manuscrito con sus ideas sobre la transmutaci&oacute;n de las especies.</p>     <p>En 1858, sin embargo, su trabajo se vio interrumpido por una comunicaci&oacute;n de Alfred Russell Wallace, naturalista ingl&eacute;s que se encontraba en el archipi&eacute;lago Malayo, y con quien Darwin hab&iacute;a intercambiado alguna correspondencia. Wallace adjunt&oacute; un manuscrito que presentaba su teor&iacute;a sobre variaci&oacute;n de las especies, que en esencia era la misma teor&iacute;a que Darwin hab&iacute;a venido desarrollando por a&ntilde;os. Los dos hab&iacute;an llegado a conclusiones similares, basados en buena medida en experiencias comunes, en el cambio en el ambiente intelectual de su sociedad sobre la inmutabilidad de la naturaleza, y en la influencia de algunas obras que reflejaban dicho cambio, en particular las obras de Lyell (un tratado de Geolog&iacute;a) y de Malthus (en esencia, un escrito de car&aacute;cter pol&iacute;tico). Siguiendo el consejo y aceptando la influencia que sus dos amigos Charles Lyell y Joseph Hooker ten&iacute;an en la Sociedad Linneana de Londres, los manuscritos de Wallace y Darwin fueron presentados, en su ausencia, en una poco notable sesi&oacute;n de esta famosa sociedad cient&iacute;fica, el 1&deg; de julio de 1858 (Browne, 2007).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En noviembre del siguiente a&ntilde;o, se public&oacute; la primera edici&oacute;n de <i>El Origen de las Especies </i>(Darwin, 1859/1985), de la que se vendieron los 1.250 ejemplares en el primer d&iacute;a de distribuci&oacute;n. En este libro, que consideraba un resumen de su obra, Darwin presentaba dos tipos de argumentos: una presentaci&oacute;n extensa, detallada y sistem&aacute;tica con evidencia de diversas fuentes (i.e., biogeografa, paleontolog&iacute;a, embriolog&iacute;a y morfolog&iacute;a) sobre la evoluci&oacute;n de las especies, y una presentaci&oacute;n de la selecci&oacute;n natural como el mecanismo responsable de esta evoluci&oacute;n. La primera de estas ideas no era del todo novedosa; m&uacute;ltiples autores, incluyendo a su abuelo Erasmus Darwin, la hab&iacute;an defendido. El mismo a&ntilde;o de su nacimiento (1809), el c&eacute;lebre naturalista franc&eacute;s, Jean Baptiste Lamarck, hab&iacute;a publicado el libro <i>Philophie Zoologique, </i>en el que presentaba sus nociones sobre la evoluci&oacute;n. Sin embargo, la presentaci&oacute;n de la selecci&oacute;n natural como mecanismo de acci&oacute;n de la evoluci&oacute;n s&iacute; era novedosa y se convirti&oacute; en un poderoso concepto que, a pesar de m&uacute;ltiples cr&iacute;ticas y de un periodo de desprestigio (Bowler, 1985), se impondr&iacute;a como el principal motor del desarrollo de una teor&iacute;a explicativa del origen de las especies, incluyendo la especie humana.</p>     <p>Los planteamientos de Darwin, sin embargo, carec&iacute;an de un importante elemento, reconocido por su autor como fundamental: los mecanismos por los cuales se produce la variaci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas anat&oacute;micas, fisiol&oacute;gicas y conductuales que constituyen la base de la interacci&oacute;n con el ambiente y que son seleccionadas en el contexto de dicha interacci&oacute;n. La clave no estaba en las m&uacute;ltiples especulaciones de los mecanismos planteados por Darwin, sino en el trabajo de Gregor Mendel, un monje checo que hab&iacute;a publicado su trabajo sistem&aacute;tico sobre la hibridaci&oacute;n de variedades de arvejas en 1866, en las actas de la Sociedad de Historia Natural de Br&uuml;nn, y que aparentemente era desconocido para el te&oacute;rico de la evoluci&oacute;n. Este trabajo, redescubierto a principios del siglo XX, fue la base de la integraci&oacute;n entre gen&eacute;tica y evoluci&oacute;n, en lo que se conoce hoy como la <i>Teor&iacute;a Sint&eacute;tica de la Evoluci&oacute;n, </i>y ha sido la fuente de los m&aacute;s impresionantes desarrollos y soporte definitivo de sus ideas (Smith, 1993).</p>     <p>A pesar del impacto de la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n en el pensamiento universal, sus implicaciones no han sido integradas s&oacute;lidamente a las disciplinas cient&iacute;ficas fuera de las ciencias biol&oacute;gicas y de las disciplinas asociadas. En las ciencias sociales, los principios de la evoluci&oacute;n son parte central de algunas subdisciplinas como la Antropolog&iacute;a F&iacute;sica y la Arqueolog&iacute;a, pero son frecuentemente ignorados en ciertas &aacute;reas de la Antropolog&iacute;a, la Ling&uuml;&iacute;stica, la Sociolog&iacute;a, la Econom&iacute;a, etc. En Psicolog&iacute;a, la influencia de la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n tambi&eacute;n ha sido desigual; mientras algunas &aacute;reas como la Psicolog&iacute;a Comparada tienen en ella su fundamento conceptual, otras, como la Psicolog&iacute;a Social, la Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica y la Psicolog&iacute;a de la Personalidad, s&oacute;lo han incorporado, en forma lenta y muy limitada, los conceptos y las ideas m&aacute;s b&aacute;sicos de la evoluci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; ha sido bajo el impacto de las ideas de Darwin en Psicolog&iacute;a? Parece haber tres tipos de razones: ideol&oacute;gicas, conceptuales y metodol&oacute;gicas.</p>     <p>Primero, el encargo social a las ciencias humanas y sociales, parece favorecer cierto tipo de explicaciones sobre la naturaleza y el origen de los problemas y, en consecuencia, sobre sus soluciones. Teor&iacute;as basadas en un fuerte ambientalismo son mejor aceptadas, debido a la exigencia de causar un mayor impacto social con el conocimiento. Las teor&iacute;as darwinistas son vistas como m&aacute;s deterministas y, por ello, menos impactantes para ciertas &aacute;reas de la Psicolog&iacute;a, en particular las aplicadas. Adem&aacute;s, ciertas posiciones pol&iacute;ticas en relaci&oacute;n con la igualdad de derechos, han conducido, con frecuencia, a ignorar o considerar anti&eacute;tico el estudio de las diferencias individuales o de las sexuales, derivadas de la teor&iacute;a de la selecci&oacute;n natural y de la sexual.</p>     <p>Segundo, uno de los problemas hist&oacute;ricos de las disciplinas que buscan explicar las causas del comportamiento ha sido abordado, repetidamente, estableciendo una fuerte distinci&oacute;n entre los efectos de la naturaleza y los del ambiente; en t&eacute;rminos modernos, entre filogenia y ontogenia. El &eacute;nfasis filogen&eacute;tico dejar&iacute;a sin peso (para algunos) la investigaci&oacute;n sobre el papel del ambiente en el comportamiento. El &eacute;nfasis ontogen&eacute;tico (para otros) sobrepasar&iacute;a los alcances del impacto gen&eacute;tico. Teor&iacute;as epigen&eacute;ticas tienden a resolver este problema satisfactoriamente (Gottlieb, 2002), pero no son intuitivas y en consecuencia, no son de f&aacute;cil adopci&oacute;n entre los c&iacute;rculos acad&eacute;micos.</p>     <p>Tercero, el problema anterior tiene implicaciones acerca de la forma en que nos planteamos preguntas y en los niveles de explicaci&oacute;n que pensamos como apropiados en la comprensi&oacute;n del comportamiento. La mayor parte de la investigaci&oacute;n psicol&oacute;gica ha respondido preguntas de causas proximales, mientras que ha ignorado respuestas de causas &uacute;ltimas, que tienden a ser m&aacute;s propias de un abordaje evolutivo. Por otra parte, el tipo de abordaje metodol&oacute;gico m&aacute;s frecuente en la Psicolog&iacute;a, el experimental, es de m&aacute;s dif&iacute;cil adaptaci&oacute;n a las preguntas de causas &uacute;ltimas, que con frecuencia requieren de algunas inferencias inc&oacute;modas para el psic&oacute;logo experimental.</p>     <p>En Psicolog&iacute;a, algunas &aacute;reas, como el An&aacute;lisis del Comportamiento, han intentado, tradicionalmente, integrar los conceptos evolutivos en su desarrollo epistemol&oacute;gico. En particular, B. F. Skinner utiliz&oacute; el concepto de selecci&oacute;n como una analog&iacute;a para explicar de modo causal la conducta operante, definida por &eacute;l en t&eacute;rminos de la capacidad de control sobre el ambiente. Las m&uacute;ltiples formas abordadas por los analistas del comportamiento son complejas, y su presentaci&oacute;n excede el alcance y objetivos del presente art&iacute;culo (Donahoe, Burgos &amp; Palmer, 1993; Ortega, 2006; Skinner, 1979; Staddon, 2001). Otro campo muy influenciado por las ideas de la evoluci&oacute;n, ha sido la medici&oacute;n de las diferencias individuales. Se ha argumentado que buena parte de dicha influencia ha sido el resultado de una interpretaci&oacute;n err&oacute;nea, y con frecuencia flagrantemente contraria a los conceptos de Darwin, que ha resultado en corrientes eugen&eacute;sicas promovidas inicialmente por el pensamiento de Francis Galton (Appleman, 1979; Gould, 1996).</p>     <p>A continuaci&oacute;n, se presentan tres &aacute;reas de la Psicolog&iacute;a en las cuales la preponderancia darwiniana ha sido expl&iacute;cita y profunda: Psicolog&iacute;a del Desarrollo, Psicolog&iacute;a Comparada y Psicolog&iacute;a Evolucionista; en la primera, ha sido desigual. En algunos casos, se hizo manifiesta en una visi&oacute;n m&aacute;s funcionalista del desarrollo. Sin embargo, donde los autores mostraban un compromiso funcionalista mayor, como es el caso de Piaget, es Lamarck y no Darwin quien parece haber tenido un mayor impacto te&oacute;rico (Beilin, 1994; Charlesworth, 1994).</p>     <p>Un &aacute;rea de la Psicolog&iacute;a del Desarrollo que s&iacute; fue expl&iacute;citamente influenciada por nociones evolutivas darwinianas, es la Teor&iacute;a del Apego. Se puede afirmar que el primer te&oacute;rico del apego fue el propio Darwin, quien en <i>El Origen del Hombre </i>(1871/1953) suger&iacute;a que aquellos individuos que se sent&iacute;an m&aacute;s inclinados a vivir en sociedad y a cuidar a sus coespecificos, podr&iacute;an sobrevivir con mayor facilidad. John Bowlby, pionero de la Teor&iacute;a del Apego y uno de los bi&oacute;grafos de Darwin (Bowlby, 1990), parti&oacute; de un planteamiento relacionado: que las caracter&iacute;sticas fundamentales del apego, b&uacute;squeda de contacto con la madre y ansiedad de separaci&oacute;n, observadas en gran cantidad de mam&iacute;feros, primates, y el hombre, tienen un valor adaptativo, en la medida en que facilitan la protecci&oacute;n de la cr&iacute;a por parte de la madre, y, por tanto, su supervivencia (Bowlby, 1969). Con base en este concepto, se desarroll&oacute; un cuerpo te&oacute;rico y emp&iacute;rico que utiliza como base el desarrollo del apego en la temprana infancia, para explicar en t&eacute;rminos m&aacute;s amplios el desarrollo de la personalidad a lo largo de la vida, el desarrollo cognitivo, la selecci&oacute;n y el mantenimiento de pareja, y las habilidades parentales. Este desenvolvimiento de la teor&iacute;a, ha hecho rec&iacute;proca la influencia de la teor&iacute;a evolutiva y la teor&iacute;a del apego, y ha permitido mostrar, con mayor claridad, formas en las que el comportamiento interviene en los procesos evolutivos y en la adaptaci&oacute;n de los organismos (Simpson, 1999). Sin embargo, el desarrollo de la teor&iacute;a del apego tambi&eacute;n muestra algunos problemas (que bien vale la pena explorar) en un contexto comparativo, que pueden reflejar &quot;caminos&quot; evolutivos de estas conductas o deficiencias en la comprensi&oacute;n de su evoluci&oacute;n, a partir de suposiciones inadecuadas.</p>     <p>Por ejemplo, Carrillo y Guti&eacute;rrez (2000) muestran varias diferencias o preguntas no resueltas sobre la conducta de apego en humanos, en un contexto comparativo interespec&iacute;fico. En forma similar, Belsky (1999), cuestiona la idea de un &uacute;nico patr&oacute;n de apego como adaptativo, mostrando variaciones de estas conductas en ambientes cambiantes en cuanto a la disponibilidad de recursos. Esta visi&oacute;n ofrecer&iacute;a un mejor marco de referencia para explicar las importantes diferencias transculturales observadas en estudios de los patrones de apego alrededor del mundo (McFarley, 1990; Ijzendoorn van &amp; Sagi, 1999).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Psicolog&iacute;a Comparada, cuyos or&iacute;genes se remontan al propio Darwin quien ya en sus cr&oacute;nicas en el Beagle utiliz&oacute; la comparaci&oacute;n como estrategia para explicar las observaciones conductuales realizadas durante su famoso viaje (P&eacute;rez, Guti&eacute;rrez &amp; Segura, 2007), ha sido fuertemente influenciada por una visi&oacute;n evolutiva. Tanto esta especializaci&oacute;n de la Psicolog&iacute;a como su disciplina hermana, la Etolog&iacute;a, parten del marco conceptual provisto por la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n planteada por Darwin en <i>El Origen de las Especies. </i>Sin embargo, las dos disciplinas se diferenciaron, durante la mayor parte del siglo XX, en el &eacute;nfasis puesto en su objeto de estudio, en las especies estudiadas y en los m&eacute;todos de investigaci&oacute;n. Casi desde su nacimiento, la primera se centr&oacute; en los procesos &quot;mentales&quot; en los animales, en particular la inteligencia, estudiada por pioneros como George Romanes y Lloyd Morgan, y el aprendizaje, cuyo estudio fue introducido por Edward Thorndike y enriquecido por los principales psic&oacute;logos de la primera mitad del siglo XX, como John Watson, Edward Tolman y Clark Hull (Boakes, 1989). En contraste, la Etolog&iacute;a, de origen europeo, se centraba mucho m&aacute;s en las caracter&iacute;sticas innatas e instintivas del comportamiento, m&aacute;s que en su ontogenia. Adicionalmente, sus principales representantes, Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen, promovieron el trabajo de campo como esencial para la comprensi&oacute;n de los patrones de comportamiento innato en especies animales (Lorenz, 1986; Tinbergen, 1969). A pesar de las disparidades observadas entre las dos disciplinas durante parte del siglo pasado, el principal punto de convergencia fue siempre la base evolucionista que las dos consideraban como fundamental, para la comprensi&oacute;n del comportamiento animal (Montoya &amp; Guti&eacute;rrez, 2007). Las dos disciplinas, igualmente, han hecho importantes contribuciones a la comprensi&oacute;n de los mecanismos de la evoluci&oacute;n, en particular, el papel del comportamiento en los procesos evolutivos (Papini, 2001; Plotkin, 1988).</p>     <p>Finalmente, la Psicolog&iacute;a Evolucionista, propuesta recientemente por un grupo de investigadores norteamericanos y derivada en gran medida de la Sociobiolog&iacute;a, se basa en una aproximaci&oacute;n adaptacionista al comportamiento de los humanos (Buss, 2004). Esta &aacute;rea de la Psicolog&iacute;a ha abordado gran cantidad de problemas conductuales, bajo la suposici&oacute;n de que el comportamiento actual del hombre es el resultado de presiones selectivas enfrentadas por nuestros ancestros. As&iacute;, comportamientos que pueden aparecer como desadaptativos para el hombre moderno, deben haber sido adaptativos para los antepasados humanos. Esta aproximaci&oacute;n ha encontrado tanto apoyo como rechazo entre los psic&oacute;logos, por diversas razones. Por una parte, ha sugerido el abordaje de problemas psicol&oacute;gicos y sociales desde una perspectiva evolucionista, lo que ha sido &quot;refrescante&quot; para diversas subdisciplinas con las cuales ha entrado en contacto (Gaulin &amp; McBurney, 2001). Por otra parte, sin embargo, tiene un sesgo cognitivista y ciertamente mentalista, que incomoda a psic&oacute;logos comparados y analistas del comportamiento con una s&oacute;lida visi&oacute;n conductual, y que desconf&iacute;an en forma &quot;natural&quot; del uso de estados mentalistas como fuentes de explicaci&oacute;n del comportamiento. A&uacute;n no sabemos cu&aacute;l ser&aacute; el curso de esta discusi&oacute;n y si el paradigma evolucionista podr&aacute; resistir el paso del tiempo como disciplina cient&iacute;fica. Lo que s&iacute; es claro, es que la visi&oacute;n de Darwin de la evoluci&oacute;n de las especies, contin&uacute;a haciendo, despu&eacute;s de m&aacute;s de un siglo, importantes contribuciones a la disciplina dedicada al estudio del comportamiento de los organismos.</p>     <p>Charles Robert Darwin muri&oacute; el 19 de abril de 1882. Su valor como hombre sabio fue reconocido al asign&aacute;rsele como &uacute;ltima morada un lugar, junto a Isaac Newton, en la Abad&iacute;a de Westminster.</p>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Appleman, P (Ed.). (1979). <i>Darwin. </i>New York: Norton &amp; Co.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S1657-9267200900010002000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrett, P H. (Ed.). (1977). <i>The collected papers of Charles Darwin. </i>Chicago: The University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000038&pid=S1657-9267200900010002000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Beilin, H. (1994). Jean Piaget's enduring contribution to developmental psychology. En R. D. Parke, P. A. Ornstein, J. J. Rieser &amp; C. Zahn-Waxler (Eds.), <i>A century of developmental psychology </i>(pp. 257-290). Washington: APA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S1657-9267200900010002000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Belsky, J. (1999). Modern evolutionary theory and patterns of attachment. En J. Cassidy &amp; P R. Shaver (Eds.), <i>Handbook of attachment. Theory, research, and clinical implications </i>(pp. 141-161). New York: Guilford.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S1657-9267200900010002000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Boakes, R. (1989). <i>Historia de la psicolog&iacute;a animal. De Darwin al conductismo. </i>Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S1657-9267200900010002000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bowlby, J. (1969). <i>Attachment. </i>New York: Basic Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S1657-9267200900010002000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bowlby, J. (1990). <i>Charles Darwin. A new life. </i>New York: Norton.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S1657-9267200900010002000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bowler, P J. (1985). <i>El eclipse del darwinismo. </i>Barcelona: Labor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S1657-9267200900010002000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bowler, P J. (1990). <i>Charles Darwin. The man and his influence. </i>Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S1657-9267200900010002000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Browne, E. J. (1996). <i>Charles Darwin: Voyaging. </i>Princeton, NJ: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S1657-9267200900010002000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Browne, E. J. (2003). <i>Charles Darwin: The power of place. </i>Princeton, NJ: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S1657-9267200900010002000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Browne, E. J. (2007). <i>La historia de El Origen de las Especies. </i>Bogot&aacute;: Debate.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S1657-9267200900010002000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Burkhardt, F. (1996). <i>Charles Darwin's letters. A selection 1825-1859</i>. Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S1657-9267200900010002000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Buss, D. M. (2004). <i>Evolutionary psychology. The new science of the mind </i>(2<sup>&acirc;</sup> ed.). Boston: Allyn &amp; Bacon.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S1657-9267200900010002000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carrillo, S. &amp; Guti&eacute;rrez, G. (2000). Attachment behavior and comparative research: A critical essay. <i>Suma Psicol&oacute;gica, 7, </i>51-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S1657-9267200900010002000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Charlesworth, W. R. (1994). Charles Darwin and developmental psychology: Past and present. En R. D. Parke, P. A. Ornstein, J. J. Rieser &amp; C. Zahn-Waxler (Eds.), <i>A century of developmental psychology </i>(pp. 77-102). Washington: APA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S1657-9267200900010002000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Darnton, J. (2006). <i>El secreto de Darwin. </i>Barcelona: Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S1657-9267200900010002000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Darwin, C. (1985). <i>The origin of species. </i>Londres: Penguin Classics (Original publicado en 1859).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S1657-9267200900010002000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Darwin, C. (1953). <i>El origen del hombre y la selecci&oacute;n en relaci&oacute;n al sexo. </i>M&eacute;xico: Diana (Original publicado en 1871).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S1657-9267200900010002000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Donahoe, J. W., Burgos, J. E. &amp; Palmer, D.C. (1993). A selectionist approach to reinforcement. <i>Journal of the Experimental Analysis of Behavior, </i>60(1), 17-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S1657-9267200900010002000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Eiseley, L. (1961). <i>Darwin's century. </i>New York: Anchor Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S1657-9267200900010002000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FitzRoy, R., King, P P &amp; Darwin, C. R. (1839). <i>Narrative of the surveying voyages of His Majesty 's Ships Adventure and Beagle between the years of 1826 and 1836 describing their examination of the southern shores of South America and the Beagle 's circumnavigation of the globe. </i>Londres: Henry Colborn.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S1657-9267200900010002000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaulin, S. J. C. &amp; McBurney, D. H. (2001). <i>Psychology. An evolutionary approach. </i>Upper Saddle River, NJ: Prentice Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S1657-9267200900010002000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gottlieb, G. (2002). Developmental-behavioral initiation of evolutionary change. <i>Psychological Review, 109, </i>211-218.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S1657-9267200900010002000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gould, S. J. (1996). <i>The mismeasure of man </i>(2<sup>&acirc;</sup> ed). New York: W. W. Norton &amp; Co.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1657-9267200900010002000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Huxley, J. &amp; Kettlewel, H.D.B. (1985). <i>Darwin. </i>Barcelona: Salvat.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1657-9267200900010002000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ijzendoorn van, M. H. &amp; Sagi, A. (1999). Cross-cultural patterns of attachment. En J. Cassidy &amp; P. R. Shaver (Eds.), <i>Handbook of attachment. Theory, research, and clinical implications </i>(pp. 713-734). New York: Guilford.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1657-9267200900010002000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kohn, D. (1985). <i>The Darwininan Heritage. </i>Princeton, NJ: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S1657-9267200900010002000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lorenz, K. (1986). <i>Fundamentos de la Etolog&iacute;a. Estudio comparado de las conductas. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1657-9267200900010002000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>McFarley, K. M. (1990). <i>Mother-Infant attachment in Colombia: A cross-cultural study of early childhood emotional development. </i>Tesis de Doctorado, Universidad de Austin, Texas, Estados Unidos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S1657-9267200900010002000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Montoya, B. &amp; Guti&eacute;rrez, G. (2007). Nikolaas Tinbergen (1907-1988): sus contribuciones al estudio del comportamiento. <i>Universitas Psychologica, </i>6(3), 727-730.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1657-9267200900010002000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nichols, P (2003). <i>La sombra de Darwin. </i>Buenos Aires: Emec&eacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S1657-9267200900010002000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ortega, L. (2006). Paralelos evolutivos en el estudio del comportamiento: consideraciones en torno al problema del modo causal. <i>Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a, 38, </i>103-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1657-9267200900010002000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Papini, M. R. (2001). <i>Comparative psychology: evolution and development of behavior. </i>New York: Prentice Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S1657-9267200900010002000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&eacute;rez, A., Guti&eacute;rrez, G. &amp; Segura, A. (2007). Observaciones conductuales en el viaje del Beagle. <i>Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a, 39, </i>503-521.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1657-9267200900010002000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Plotkin, H. C. (Ed.). (1988). <i>The role of behavior in evolution. </i>Cambridge, MA: MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S1657-9267200900010002000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rosas, A. (Ed.). (2007). <i>Filosof&iacute;a, darwinismoy evoluci&oacute;n. </i>Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1657-9267200900010002000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Simpson, J. A. (1999). Attachment theory in modern evolutionary perspective. En J. Cassidy &amp; P. R. Shaver (Eds.), <i>Handbook of attachment. Theory, research, and clinical implications </i>(pp. 115-140). New York: Guilford.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S1657-9267200900010002000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Skinner, B. F. (1979). <i>Contingencias de reforzamiento. Un an&aacute;lisis te&oacute;rico. </i>M&eacute;xico: Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S1657-9267200900010002000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smith, J. M. (1993). <i>The theory of evolution. </i>Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S1657-9267200900010002000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Staddon, J. E. R. (2001). <i>Adaptive dynamics. The theoretical analysis of behavior. </i>Cambridge: MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1657-9267200900010002000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tinbergen, N. (1969). <i>El estudio del instinto. </i>M&eacute;xico: Siglo XXI&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1657-9267200900010002000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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