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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Colectivos de comunicación y apropiación de medios Una mirada a las prácticas de comunicación de cuatro experiencias de comunicación juvenil en Medellín]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <p align="right"><b>RESE&Ntilde;AS</b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="4"><b>Colectivos de comunicaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n de medios</b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="4"><b>Una mirada a las pr&aacute;cticas de comunicaci&oacute;n de cuatro experiencias de comunicaci&oacute;n juvenil en Medell&iacute;n</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Gladys Luc&iacute;a Acosta V.</p>     <p>&Aacute;ngela Garc&eacute;s Montoya</p>     <p>Rese&ntilde;a por: Washington Uranga</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Buenos Aires</p>		    <p>&nbsp;</p>      <p>El trabajo de las colegas Gladys Luc&iacute;a Acosta V. y Angela Garc&eacute;s Montoya re&uacute;ne las virtudes de ser una investigaci&oacute;n acad&eacute;mica s&oacute;lida que, adem&aacute;s de entregar sus conclusiones, facilita generosamente el m&eacute;todo, ofreci&eacute;ndolo para el aprendizaje y la cr&iacute;tica honesta, y al mismo tiempo aporta valios&iacute;simas reflexiones sobre los cruces entre comunicaci&oacute;n, ciudadan&iacute;a y juventud. Como todo buen trabajo de investigaci&oacute;n, junto con las conclusiones desata nuevas preguntas para seguir trabajando, produciendo, desafiando a la inteligencia y a la pr&aacute;ctica transformadora.</p>     <p>A lo anterior se agrega la virtud de haber construido un texto que sin perder la rigurosidad acad&eacute;mica que surge de la investigaci&oacute;n se ofrece en un lenguaje &aacute;gil y llano, complejo en su esencia y descomplicado en su expresi&oacute;n. Accesible, en consecuencia, no solo a los estudiosos del campo acad&eacute;mico y profesional, sino tambi&eacute;n a todos aquellos que se sientan desafiados por la aventura del conocimiento vinculada a la pr&aacute;cticas sociales de transformaci&oacute;n, a la pol&iacute;tica, a la ciudadan&iacute;a y a los aportes que los j&oacute;venes hacen a la vida de la sociedad introduciendo otros modos de hacer, de decir, de producir, de construir pol&iacute;tica y ciudadan&iacute;a.</p>     <p>Es parte de la honestidad acad&eacute;mica y tambi&eacute;n de la inteligencia de los saberes construidos por las autoras ofrecer categor&iacute;as de an&aacute;lisis que seguramente podr&aacute;n servir para futuros desarrollos, propios y de otros colegas, que investiguen sobre procesos comunicacionales, sus modos de constituci&oacute;n y la relaci&oacute;n entre los colectivos sociales &#8211;no solo juveniles&#8211;, la incidencia, la pol&iacute;tica y la ciudadan&iacute;a.</p>     <p>Estamos ante un documento que fundamenta el an&aacute;lisis en la escucha atenta de los j&oacute;venes actores en sus escenarios de actuaci&oacute;n. Es precisamente esa escucha la que habilita y legitima lo dicho y concluido. En medio de los muchos reduccionismos a los que nos vemos sometidos &#8211;y mediante los cuales sometemos a otros dentro de l&oacute;gicas binarias&#8211; la tarea del investigador que observa, sistematiza y analiza debe ser entendida tambi&eacute;n como una forma de ejercicio del derecho a la comunicaci&oacute;n. Porque no se limita solo al decir &#8211;leg&iacute;timo e importante&#8211; sino que se instala en el lugar de la escucha que permite abrevar en la informaci&oacute;n, alimentarse a trav&eacute;s de la mirada atenta, para enriquecer a las personas y a los colectivos. La palabra se potencia en la escucha. Y el derecho a la comunicaci&oacute;n tiene que contemplar de manera muy importante el desarrollo de espacios que la fomenten. Porque habilitar la escucha alimenta y potencia la palabra.</p>     <p>En medio del ensordecedor bullicio de la cultura medi&aacute;tica resultado de las industrias culturales tenemos que encontrar y propiciar &aacute;mbitos de comunicaci&oacute;n dedicados a la escucha. Para enriquecer nuestra mirada, para darle densidad y alimentar nuestras vivencias culturales y pol&iacute;ticas; para encontrar tambi&eacute;n all&iacute; nuevas energ&iacute;as para el cambio y la transformaci&oacute;n. La investigaci&oacute;n en comunicaci&oacute;n tiene que aportar a este prop&oacute;sito, y es la base de la producci&oacute;n de conocimiento cient&iacute;fico, v&aacute;lido y &uacute;til.</p>     <p>Esta es, sin duda, tambi&eacute;n una labor pol&iacute;tica. Revisar el concepto de ciudadan&iacute;a y reinstalarlo desde una perspectiva de ciudadan&iacute;a social y de vigencia de derechos supone por lo menos dos tareas. La primera es proponerse la construcci&oacute;n de una verdadera sociedad de iguales, en la cual cada uno sea un miembro de pleno derecho. La segunda es generar la factibilidad y desarrollar las estrategias para que esa condici&oacute;n de miembro pleno est&eacute; asociada tambi&eacute;n al acceso a los recursos b&aacute;sicos y a las condiciones esenciales que permitan garantizar el ejercicio de esos derechos y deberes. Significa tambi&eacute;n que la no exclusi&oacute;n, la no discriminaci&oacute;n en la llegada a tales recursos es una condici&oacute;n necesaria de la ciudadan&iacute;a. Pero no es suficiente. La ciudadan&iacute;a, para ser plena, tiene que estar asociada a la posibilidad de incidir, de ejercer alg&uacute;n tipo de influencia en el rumbo de los acontecimientos, en la orientaci&oacute;n general de la marcha de la comunidad pol&iacute;tica o de cualquiera de aquellos espacios en los que el ciudadano manifieste inter&eacute;s en participar. </p>     <p>En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas el concepto de ciudadan&iacute;a ha sido rescatado desde la pol&iacute;tica, mientras que desde lo conceptual se lo problematiza y se lo somete a constantes redefiniciones. En todo ello tiene mucho que ver la crisis de los agentes tradicionales de socializaci&oacute;n y de las formas de representaci&oacute;n. La familia, la escuela y la iglesia han dejado de ser reconocidos como los espacios privilegiados de la socializaci&oacute;n, mientras que los partidos pol&iacute;ticos y los sindicatos perdieron el lugar que otrora ostentaron como depositarios de la expresi&oacute;n y del sentir de los ciudadanos. Los j&oacute;venes, los colectivos y movimientos juveniles han demostrado ser actores protag&oacute;nicos, nuevos y dinamizadores, de la vida social y cultural, recreando la forma de hacer pol&iacute;tica, y esto referido a la actualidad. Hoy son protagonistas, hoy nos ense&ntilde;an. Los j&oacute;venes no son el futuro, son el presente. Por eso es necesario analizar sus pr&aacute;cticas, escuchar sus voces para enriquecer la b&uacute;squeda actual e incesante de otras formas de construcci&oacute;n de una ciudadan&iacute;a activa que no se limite a la cuesti&oacute;n jur&iacute;dica, apenas al ejercicio del voto, sino que promueva actores din&aacute;micos y transformadores de los escenarios. Solo hay ciudadan&iacute;a real cuando los protagonistas asumen su responsabilidad de introducir cambios en bien de la dignidad de todos y desde una perspectiva de derechos. </p>     <p>El libro al que nos estamos refiriendo aporta valiosos elementos para rediscutir el concepto mismo de pol&iacute;tica. La pr&aacute;ctica de los colectivos juveniles relevada muestra de qu&eacute; manera los j&oacute;venes redefinen el concepto de pol&iacute;tica, lo cargan de nuevos sentidos y recrean la participaci&oacute;n. Hay all&iacute; aprendizajes que pueden ser importantes, por una parte, para la pol&iacute;tica y la ciudadan&iacute;a en el sentido amplio, pero en el campo espec&iacute;fico de los estudios de comunicaci&oacute;n, para evaluar las experiencias de comunicaci&oacute;n popular, comunitaria y, en general, todas aquellas que se denominan en forma gen&eacute;rica como comunicaci&oacute;n para el cambio social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La apropiaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n por parte de los colectivos juveniles de Medell&iacute;n constituye por s&iacute; misma un anticipo y, por lo tanto, una forma de incidencia hacia la construcci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que involucren a los j&oacute;venes como ciudadanos, promoviendo sus modos de organizaci&oacute;n y producci&oacute;n cultural como manifestaci&oacute;n de sus demandas, anhelos y deseos. Los medios de comunicaci&oacute;n y el sistema que los contiene tienen gran incidencia sobre los actores sociales y los sujetos de la vida colectiva. Por ese motivo es ineludible considerarlos como factor de poder y un interlocutor necesario para quien ejerce la gesti&oacute;n de gobierno. Toda tarea que refuerce la apropiaci&oacute;n de los procesos de producci&oacute;n cultural y medi&aacute;tica por parte de los actores populares, en este caso juveniles, representa un aporte fundamental para la generaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y para la consolidaci&oacute;n de una perspectiva de ciudadan&iacute;a activa.</p>     <p>El derecho a la comunicaci&oacute;n puede entenderse como aquella potestad de todos los ciudadanos para expresarse en igualdad de oportunidades y en equidad de condiciones. Esto quiere decir que cada uno incluye entre sus derechos humanos fundamentales el de comunicarse, entrar en relaci&oacute;n y entablar di&aacute;logos productivos con otros. Sin embargo, este no puede ser un derecho simplemente declamado. Para que sea efectivo tiene que apoyarse en condiciones materiales (econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas, sociales y culturales) que lo garanticen. No obstante, no podr&iacute;a decirse que hay que modificar primero las condiciones sociales para avanzar en la implementaci&oacute;n del derecho a la comunicaci&oacute;n. Derecho a la comunicaci&oacute;n y derechos ciudadanos, en una sociedad democr&aacute;tica, tienen que avanzar de la mano, generando condiciones mutuas. No hay sociedades democr&aacute;ticas sin comunicaci&oacute;n democr&aacute;tica, y viceversa. Trabajar por el efectivo derecho de todos a expresarse y comunicarse desde la diversidad de miradas y pluralidad de perspectivas es, de por s&iacute;, aportar a la construcci&oacute;n de una sociedad donde tengan vigencia los derechos ciudadanos. Pero no menos cierto es que la construcci&oacute;n de una sociedad inclusiva, sin condicionamientos, requiere tambi&eacute;n de un efectivo derecho a la comunicaci&oacute;n.</p>     <p>Por cierto que en este marco, y tal como se menciona tambi&eacute;n en el trabajo de la colegas Acosta y Garc&eacute;s, cabe tambi&eacute;n hacer una lectura desde la perspectiva de la comunicaci&oacute;n para la movilizaci&oacute;n social, entendiendo por esta &uacute;ltima un proceso que se apoya en la identidad de los actores sociales situados en un escenario determinado para ejercer incidencia en bien de sus ideas y a favor de sus demandas. Estamos hablando de un proceso, tal como queda de manifiesto en la investigaci&oacute;n presentada, y no apenas de una manifestaci&oacute;n o una acci&oacute;n aislada, mucho menos espont&aacute;nea.</p> </font>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cabe una palabra final para subrayar en este libro la importancia y el valor del cap&iacute;tulo 7: ''Memoria metodol&oacute;gica: caminos y encrucijadas''. Un aporte sustancial como orientaci&oacute;n para otros investigadores, iluminadora respecto del camino recorrido, inspiradora para otras pr&aacute;cticas y ejemplarmente honesta respecto las dificultades que se atraviesan en esta maravillosa aventura de la producci&oacute;n del conocimiento. </font></p>     <p>&nbsp;</p>      ]]></body>
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