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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <p align="right"><b>EDITORIAL</b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="4"><b>DE CIUDADANOS A PROSUMIDORES NUEVAS REPRESENTACIONES Y CONSUMO</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Mg. Mauricio Andr&eacute;s &Aacute;lvarez Moreno;  Ph. D. Luis Horacio Botero Montoya</b></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>A manera de introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>La Comunicaci&oacute;n cambi&oacute;, y lo hizo debido a la incursi&oacute;n de nuevos medios y, sobre todo,   de nuevos actores, denominados por algunos como prosumidores que son receptores,   creadores y resignificadores de la comunicaci&oacute;n, todo al mismo tiempo. Los nuevos sujetos   act&uacute;an y conviven en el ciberespacio; seleccionan sus propios medios y desarrollan sus   propios contenidos. Por ello, los paradigmas tradicionales, propios de una sociedad de   masas, quedaron atr&aacute;s. Hoy, la comunicaci&oacute;n se concibe no desde el modelo tradicional   de Harold Laswell o del modelo matem&aacute;tico de Shannon y Weaver, sino desde m&uacute;ltiples   modelos, cuyo com&uacute;n denominador radica en establecer nuevas interacciones sociales   entre los actores que intervienen en el acto comunicativo. La sociedad de la informaci&oacute;n,   y no la sociedad de masas, se abre paso, soslayando, incluso, la posibilidad de pensar en   que esta sea un tipo de sociedad de transici&oacute;n y que la nueva sociedad que emerja pueda   o deba ser la sociedad de p&uacute;blicos<a href="#1" name="1b"><sup>1</sup></a>.  </p>     <p>Estos cambios han generado nuevas interacciones y nuevas formas de definir y pensar,   esto es, de imaginar, de relacionarnos. La ciudad, por ejemplo, no est&aacute; completa cuando se   visualizan los mapas o se reproducen planos de sus avenidas. La ciudad tambi&eacute;n surge en   lo imaginario, cuya dimensi&oacute;n fantasmal no obsta para que tenga un estatuto de realidad   que tambi&eacute;n debe reconocerse en los estudios de ciudades y comunicaci&oacute;n. Simult&aacute;neamente,   equiparamos los conceptos de urbano (Delgado, 1999) e imaginario (Silva, 1997)   con el de vida l&iacute;quida (Bauman, 2006), en el sentido de que este supone entender la &eacute;poca actual como un tiempo donde las cosas fluyen de manera ligera, y donde las estructuras   verticales ceden su protagonismo a los circuitos de comunicaci&oacute;n horizontales, donde   no hay un &uacute;nico centro, sino donde cada usuario &#8211;perfil&#8211; va marcando las coordenadas   de su propio devenir.  </p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>Consumo, sociedad y representaciones</b></font></p>     <p>En la sociedad de consumidores, la dualidad sujeto&#8211;objeto suele quedar subsumida en   la de consumidor y mercanc&iacute;a. En las relaciones humanas, por lo tanto, la soberan&iacute;a del   sujeto es reconfigurada y presentada como soberan&iacute;a del consumidor, mientras que la   resistencia del objeto, resultado de su rudimentaria, incompleta y reprimida experiencia   soberana, se presenta ante nuestros sentidos como la prueba de un producto fallido,   in&uacute;til o defectuoso, como prueba, en definitiva, de nuestra mala elecci&oacute;n de consumo.</p>     <p> Moscovici (1961) propuso el concepto de representaci&oacute;n social y, desde entonces, se   ha pasado de la elaboraci&oacute;n del concepto a un desarrollo de la teor&iacute;a que ha permeado las   ciencias sociales. Desde esa apuesta epist&eacute;mica, se ha logrado identificar caracter&iacute;sticas   conceptuales como lo simb&oacute;lico y lo social. La apuesta de las representaciones sociales   circunscribe las nuevas tendencias del consumo y la cultura. Moscovici (1979) se refiere   a las representaciones sociales como entidades casi tangibles en tanto se movilizan,   interact&uacute;an y se asientan en la cotidianidad a trav&eacute;s de los factores puntuales que registra   la cotidianidad misma. Entendiendo las representaciones como parte de esta realidad   construida, el autor considera necesario diferenciarlas del mito.  </p>     <p>En primera instancia, y respecto al comportamiento, las comunicaciones, las experiencias   concretas y los fen&oacute;menos propios de la sociedad llamada "<i>primitiva</i>", los mitos,   regulan, conceptualizan, y generan analog&iacute;as. Pero mientras para el hombre llamado   "<i>primitivo</i>", esto se constituye como una ciencia total, para el hombre llamado "<i>moderno</i>", la   representaci&oacute;n social solo es una v&iacute;a para captar el mundo concreto, circunscrita en sus   fundamentos y en sus consecuencias. De esta manera, el autor identifica el mito y la representaci&oacute;n,   y explica que es necesario evitar una transferencia de propiedades ps&iacute;quicas   y sociol&oacute;gicas del primero a la segunda, porque lo fundamental radica en delimitar una   zona especial de la realidad, declarando as&iacute; la representaci&oacute;n social como una "textura   psicol&oacute;gica aut&oacute;noma" y a la vez, propia de la sociedad y la cultura.  </p>     <p>Respecto a las representaciones sociales, Moscovici considera que no hay un corte   dado entre el universo exterior y el interior de un individuo o grupo, y que estos &uacute;ltimos   no son heterog&eacute;neos en su comportamiento. Cuando un individuo expresa su opini&oacute;n   acerca de un objeto determinado, se supone entonces que ya se ha representado algo de   este previamente, y que el est&iacute;mulo y la respuesta se forma de manera conjunta.  </p>     <p>Si se parte de la idea de que la representaci&oacute;n social es una "preparaci&oacute;n para la   acci&oacute;n", Moscovici anota que no lo es solo en la medida en que traza l&iacute;neas en el comportamiento   de los individuos, sino que, adem&aacute;s, act&uacute;a como modeladora y constructora   de los elementos del medio en el que el comportamiento debe tener lugar. El objetivo clave es lograr prestar un sentido al comportamiento, integrarlo a su vez a un sistema de   relaciones, y proporcionar las nociones, teor&iacute;as y el fondo de observaciones que hacen   estables y eficaces estas relaciones.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n Jean&#8211;Claude Abric (2001), las representaciones sociales desempe&ntilde;an un papel   que puede considerarse incluso m&aacute;s importante en ciertos casos que las caracter&iacute;sticas   objetivas en los comportamientos que adoptan sujetos o grupos, y funcionan a modo   de articulaci&oacute;n e interacci&oacute;n entre diferentes campos constitutivos de la realidad social.   De esta manera, Abric explica las representaciones como conjuntos sociocognoscitivos,   organizados de manera espec&iacute;fica, y regidos por reglas de funcionamiento que les son   propias, en tanto no poseen un car&aacute;cter exclusivamente cognoscitivo, si no tambi&eacute;n uno   social. Por un lado, el sujeto activo tiene una "textura psicol&oacute;gica" (Moscovici, 1979, p.   40), y esta es sometida a reglas que rigen los procesos cognoscitivos. Por otro, la puesta   en acci&oacute;n de estos procesos cognoscitivos es determinada directamente por las condiciones   sociales en las que se elabora y donde se transmite. As&iacute;, una representaci&oacute;n es un   conjunto organizado y coherente con funciones cognoscitivas, identitarias, orientadoras   y justificadoras.  </p>     <p>Igualmente, el autor argumenta que se puede definir la representaci&oacute;n como una visi&oacute;n   funcional del mundo que permite al individuo o al grupo dar un sentido a sus conductas,   y entender la realidad a trav&eacute;s de su propio sistema de referencias, y &#8211;por consiguiente&#8211;   adaptarse a &eacute;l. En este sentido, la representaci&oacute;n no es un simple reflejo de la realidad, sino   que es una organizaci&oacute;n significante, y esta significaci&oacute;n depende, a su vez, de factores   contingentes (contexto inmediato, naturaleza y apremio de la situaci&oacute;n, finalidad), y de   factores generales que rebasan la situaci&oacute;n misma (contexto social e ideol&oacute;gico, lugar del   individuo en la organizaci&oacute;n social, historia del individuo y del grupo, apuestas sociales).  </p>     <p>Para Claude Flament (2001) la representaci&oacute;n social funciona como un conjunto   organizado de cogniciones relativas a un objeto, compartidas por los miembros de una   poblaci&oacute;n homog&eacute;nea con respecto a este, y determinada, asimismo, por dicha homogeneidad,   cuya definici&oacute;n se da por la colectividad de la representaci&oacute;n social. Para entender   el panorama de las representaciones sociales seg&uacute;n Flament, es necesario repasar sus   apuntes acerca de la cognici&oacute;n. En principio, una cognici&oacute;n es prescriptiva y descriptiva:   subsume la totalidad de las modalidades en las que una acci&oacute;n es susceptible de ser   afectada, y la descripci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s referida a los h&aacute;bitos. En la primera caracter&iacute;stica, las   prescripciones tienden a parecer como incondicionales vistas desde el h&aacute;bito discursivo;   pero en el cognoscitivo, son, en parte mayoritaria, condicionales.  </p>     <p>En una sociedad mediatizada, el consumo exagerado de im&aacute;genes, datos, informaci&oacute;n   y noticias, ha llevado a que la sociedad reciba lo real por anticipaci&oacute;n, a distancia del   signo. Esta separaci&oacute;n entre lo real y lo representado, que siempre estuvo presente como   condici&oacute;n de la comunicaci&oacute;n, adquiere sus mayores proporciones en la era de los medios   interactivos de la sociedad red, la misma que propine Manuel Castells. </p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>Desplazamientos</b></font></p>     <p>El recorrido por puntos sobresalientes de la teor&iacute;a del consumo ha servido para identificar   la presencia de unas situaciones sociales propiciadas por el la econom&iacute;a de consumo.   Tales situaciones son el caldo de cultivo de unos imaginarios en v&iacute;a de generalizaci&oacute;n:   el desplazamiento de las valoraciones, el reordenamiento de los discursos, la l&oacute;gica de   espectacularizaci&oacute;n, la exacerbaci&oacute;n del deseo, el emplazamiento del yo &#8211;narcisismo&#8211;   que surgen en el panorama actual como consecuencias de la sociedad de consumo. Vale   precisar que estas consecuencias dialogan directamente con la l&oacute;gica medi&aacute;tica de la   publicidad y las pantallas.  </p>     <p>Como desplazamiento de las valoraciones entendemos una serie de movimientos   macrosociales, en virtud de los cuales sobre las personas empiezan a imperar juicios   propios de los objetos, mientras que a los objetos se los percibe con atributos de las   personas. A esto que Vicente Verd&uacute; (2005) denomina el personismo, un movimiento que   genera objetos, sugerimos prestarle atenci&oacute;n en el entorno de las redes sociales. En las   redes sociales, el perfil es el espacio donde se postula la identidad. All&iacute;, por igual, marcas   y personas conviven en espacios donde la interacci&oacute;n &#8211;imaginaria&#8211; se presenta con un   perfil, no importa si es una marca o una persona. Da igual porque mientras el objeto es   presentado con atributos humanos (fresco, &aacute;gil, divertido, sorprendente...), las personas   se anuncian publicitariamente, a trav&eacute;s del avatar (imagen de perfil), los estados (declaraciones   sobre lo an&iacute;mico) y los pensamientos. Hablar de valoraciones supone pensar en   la manera como los valores sociales son apropiados por los sujetos.  </p>     <p>De otro lado, y ante la connatural frustraci&oacute;n poscompra de la que hablan sin censura   los expertos en mercadeo, la estrategia es anunciar el nuevo producto como la verdadera   soluci&oacute;n a todos nuestros problemas. Y as&iacute; ponemos a rodar la rueda del consumo. De   ah&iacute; que, m&aacute;s que de consumo, deber&iacute;amos hablar de consumismo, pues es natural a la   vida humana consumir &#8211;alimentarse&#8211; para satisfacer necesidades; pero lo que vemos   ahora est&aacute;, de lejos, relacionado con necesidades f&iacute;sicas. Est&aacute; en estrecha relaci&oacute;n con   necesidades de reconocimiento.  </p>     <p>El consumo de hoy es un factor de sociabilidad. Y por eso la verticalidad de las   instituciones es hoy ocupada por la horizontalidad de las marcas, pues las vinculaciones   identitarias se producen entre iguales, para establecer relaciones de semejanza desde   los estilos de vida. Un vistazo a las fotos de los perfiles de las redes lo deja muy en claro:   comunicarse desde el deseo es hacer que el otro quede en falta, es hacerle ver que est&aacute;   incompleto. Si cada uno se "<i>hace el interesante</i>" en sus perfiles de red social, es para decirle   al otro que en esta vida no falta nada, y que la vida del otro deber&iacute;a tener m&aacute;s de lo que   est&aacute; viendo en mi perfil. Como extensi&oacute;n del &aacute;lbum familiar, en las redes funciona algo   semejante a lo que suced&iacute;a en aquellos: rara vez vemos un rostro triste, una l&aacute;grima,   una pose de tristeza; lo m&aacute;s que vemos es introspecci&oacute;n, lo cual, en sentido estricto,   solo aumenta el interrogante del visitante del perfil, y m&aacute;s lo hace presa del deseo por la   imagen que ve del otro lado. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>Ep&iacute;logo</b></font></p>     <p>La nueva sociedad red y, en general, los nuevos actores (l&eacute;ase prosumidores) y las nuevas   tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n en las organizaciones y en la cotidianidad,   al aumentar su complejidad y las posibilidades de transmisi&oacute;n de informaciones en todos   los sentidos, obligan a plantear nuevos escenarios para la resoluci&oacute;n de problemas y para   las relaciones mismas entre los actores que incursionan en ellas.  </p>     <p>Lo nuevo, sin embargo, no es el uso de la tecnolog&iacute;a en s&iacute;, sino la posibilidad de abrir   canales de comunicaci&oacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s directos, para acercar a los seres humanos. Es   una nueva forma de mediaci&oacute;n y remediaci&oacute;n que afecta, sin duda alguna, los esquemas   tradicionales de representaci&oacute;n.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><a href="#1b" name="1">1</a> A prop&oacute;sito de la <i>sociedad de p&uacute;blicos</i> frente a la <i>sociedad de la informaci&oacute;n</i>, se recomienda leer el texto de Luis Horacio Botero Montoya, titulado <i>Teor&iacute;a de p&uacute;blicos. Lo p&uacute;blico y lo privado en la perspectiva de la comunicaci&oacute;n</i>, publicado por el Sello Editorial de la Universidad de Medell&iacute;n, tercera edici&oacute;n, en enero de 2011, donde al autor hace una apuesta por la sociedad de p&uacute;blicos, con el fin de lograr una mayor y mejor democracia.</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>Abric, J. C. (2001) Pr&aacute;cticas sociales y representaciones. En: Abric, Jean&#8211;Claude (comp.). Pr&aacute;cticas sociales y representaciones. M&eacute;xico D. F.: Ediciones Coyoac&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364821&pid=S1692-2522201500010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Baudrillard, Jean (1974). <i>La sociedad de consumo: Sus mitos, sus estructuras</i>. Barcelona: Editorial Plaza y Jan&eacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364823&pid=S1692-2522201500010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p>     <!-- ref --><p>Bauman, Zygmunt. (2006). <i>Vida l&iacute;quida</i>. Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364825&pid=S1692-2522201500010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p>     <!-- ref --><p>Bauman, Zygmunt. (2007). <i>Vida de consumo</i>. M&eacute;xico D. F.: FCE &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364827&pid=S1692-2522201500010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castells, M. (2000) <i>The Rise of the Network Society: The Information Age: Economy, Society and Culture</i>, Second   Edition, Vol. 1. Oxford: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364828&pid=S1692-2522201500010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Flament, Claude (2001). Pr&aacute;cticas sociales y representaciones. En Abric, Jean&#8211;Claude (comp.). <i>Pr&aacute;cticas   sociales y representaciones</i>. M&eacute;xico D. F.: Ediciones Coyoac&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364830&pid=S1692-2522201500010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Moscovici, Serge. (1979) <i>El psicoan&aacute;lisis, su imagen y su p&uacute;blico</i>. 2.<sup>a</sup> edici&oacute;n. Buenos Aires: Huemul.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364832&pid=S1692-2522201500010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p>     <!-- ref --><p>Verd&uacute;, Vicente. (2005). <i>Yo y t&uacute;, objetos de lujo</i>. Barcelona: Mondadori.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4364834&pid=S1692-2522201500010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>&nbsp;</p> </font>      ]]></body><back>
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