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<abstract abstract-type="short" xml:lang="pt"><p><![CDATA[O discurso sobre a qualidade não se corresponde com a realidade nos programas de atenção à infância na Amé rica Latina. Muitos programas aparecem como sendo de baixa qualidade e, alé m do mais, não existem indicadores para monitorar essa qualidade. Se argumenta que isto acontece, em parte, porque o conceito de qualidade é ambiguo, relativo e dinâmico. Neste artigo são apresentadas e discutidas três possí veis respostas à pergunta "Como é possí vel saber se a atenção à infância é de qualidade?". Estas estão relacionadas à qualidade dos recursos, do conteúdo e processos, bem como dos resultados. També m, são apresentados e examinados três exemplos de definição de qualidade (do Chile, da Europa e da Australia). Se conclui que temos que: 1) aceitar a complexidade do conceito e reconhecer as suas múltiplas dimensões; 2) negociar o significado da qualidade com as comunidades educativas específicas. O processo de buscar consenso a respeito da qualidade pode ser tão importante quanto as definições que dele resultam. Um juizo sobre a qualidade de um programa deve considerar não somente a disponibilidade de recursos mas també m a qualidade dos processos educativos e os resultados alcançados. Temos que ampliar a visão de qualidade dos programas de atenção inicial para que incorporem beneficios potenciais para todos os participantes, inclusive os próprios agentes educativos. Existe o desafí o de levar de forma sistemática, até o ní vel nacional, as observações qualitativas da qualidade do processo educativo que é feito no ní vel de centros individuais, para incorpora-las dentro de sistemas de indicadores.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The discourse of quality is not matched by the reality of programs of early childhood in Latin America; many programs appear to be of low quality and indicators do not exist to monitor that quality. It is argued that this is in part because the concept of quality is ambiguous, relative and dynamic. In the article three possible answers are presented to the question, "How does one know of attention to early childhood is of quality?" related respectively to resources, to content and processes and to results. Three examples are presented of attempts to define quality (from Chile, Europe and Australia). A conclusion is reached that the complexity of the concept of quality must be accepted and its multiple dimensions recognized. Further, it is important to negotiate the significance of quality in specific educational communities. The process of seeking consensus on quality may be more important than the definitions that result. Judgements about the quality of programs need to consider not only the availability of resources but also the quality of educational processes and results achieved. One should extend the vision of quality of programs to incorporate potential benefits to all participants, including educational agents. A challenge exists to move qualitative observations made at the level of individual centers to a national level as part of a system of indictors for monitoring early childhood.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="right"><b><i>Segunda Secci&oacute;n: Estudios e Investigaciones</i></b></p>     <p align="center"><font size="4"><b>Notas sobre la "Calidad" de la Atenci&oacute;n a la Infancia<sup>*</sup></b></font></p>     <p><b>Robert G. Myers</b><sup>**</sup></p>      <p><sup>*</sup>Este art&iacute;culo es una adaptaci&oacute;n y extensi&oacute;n de una trabajo presentado en el IV Encuentro Internacional de Educaci&oacute;n Inicial y Preescolar que tuvo lugar del 9 al 13 de julio del 2001 en La Habana, Cuba, organizado por el Centro de Referencia Latinoamericano para la Educaci&oacute;n Preescolar CELEP.</p>      <p><sup>**</sup>Investigador y Asesor independiente. Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:rmyers@laneta.apc.org">rmyers@laneta.apc.org</a></p>     <p>Primera revisi&oacute;n recibida septiembre de 2001; versi&oacute;n final aceptada noviembre de 2001 (Eds.).</p> <hr>      <p><font size="2"><b><i>Resumen:</i> </b></font></p>     <p><i>El discurso sobre la calidad no corresponde a la realidad en programas de atenci&oacute;n a la infancia en Am&eacute;rica Latina. Muchos programas aparecen de baja calidad y, adem&aacute;s no existen indicadores para hacer monitoreo de la calidad. Se argumenta que &eacute;sto ocurre. en parte, porque el concepto de calidad es ambiguo, relativo y  din&aacute;mico</i></p>     <p><i>En el art&iacute;culo se presentan y critican tres posibles respuestas a la pregunta, "&iquest;C&oacute;mo se sabe si la atenci&oacute;n a la infancia es de calidad?". Estas respuestas est&aacute;n relacionadas con la calidad de los recursos, de los contenidos y de procesos, as&iacute; como de los resultados. Se presentan y comentan tres ejemplos de definici&oacute;n de calidad (de Chile, de Europa y de Australia).</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Se concluye que hay que: 1) aceptar la complejidad del concepto y reconocer sus m&uacute;ltiples dimensiones y 2) negociar el significado de la calidad en comunidades educativas espe&iacute;ficas. El proceso de encontrar consenso sobre calidad puede ser tan importante como las definiciones que resultan. Un juicio sobre la calidad de un programa debe considerar no solamente la disponibilidad de recursos sino la calidad de los procesos educativos y los resultados logrados. Hay que ampliar la visi&oacute;n de calidad de programas de atenci&oacute;n inicial para que incorporen beneficios potenciales para todos los participantes, incluso los mismos agentes educativos. Existe el reto de llevar de forma sistem&aacute;tica, al nivel nacional, las observaciones cualitativas de la calidad del proceso educativo que se hacen al nivel de centros individuales, para incorporarlas dentro de un sistema de indicadores.</i></p>     <p><i><b>Palabras clave</b>: Calidad, Infancia, Indicadores.</i></p> <hr>      <p><font size="2"><b><i>Resumo:</i> </b></font></p>     <p><i>O discurso sobre a qualidade n&atilde;o se corresponde com a realidade nos programas de aten&ccedil;&atilde;o &agrave; inf&acirc;ncia na Am&eacute; rica Latina. Muitos programas aparecem como sendo de baixa qualidade e, al&eacute; m do mais, n&atilde;o existem indicadores para monitorar essa qualidade. Se argumenta que isto acontece, em parte, porque o conceito de qualidade &eacute;  ambiguo, relativo e din&acirc;mico.</i></p>     <p><i>Neste artigo s&atilde;o apresentadas e discutidas tr&ecirc;s poss&iacute; veis respostas &agrave; pergunta "Como &eacute;  poss&iacute; vel saber se a aten&ccedil;&atilde;o &agrave; inf&acirc;ncia &eacute;  de qualidade?". Estas est&atilde;o relacionadas &agrave; qualidade dos recursos, do conte&uacute;do e processos, bem como dos resultados. Tamb&eacute; m, s&atilde;o apresentados e examinados tr&ecirc;s exemplos de defini&ccedil;&atilde;o de qualidade (do Chile, da Europa e da Australia).</i></p>     <p><i>Se conclui que temos que: 1) aceitar a complexidade do conceito e reconhecer as suas m&uacute;ltiplas dimens&otilde;es; 2) negociar o significado da qualidade com as comunidades educativas espec&iacute;ficas. O processo de buscar consenso a respeito da qualidade pode ser t&atilde;o importante quanto as defini&ccedil;&otilde;es que dele resultam. Um juizo sobre a qualidade de um programa deve considerar n&atilde;o somente a disponibilidade de recursos mas tamb&eacute; m a qualidade dos processos educativos e os resultados alcan&ccedil;ados. Temos que ampliar a vis&atilde;o de qualidade dos programas de aten&ccedil;&atilde;o inicial para que incorporem beneficios potenciais para todos os participantes, inclusive os pr&oacute;prios agentes educativos. Existe o desaf&iacute; o de levar de forma sistem&aacute;tica, at&eacute;  o n&iacute; vel nacional, as observa&ccedil;&otilde;es qualitativas da qualidade do processo educativo que &eacute;  feito no n&iacute; vel de centros individuais, para incorpora-las dentro de sistemas de indicadores.</i></p>     <p><i><b>Palabras-chave:</b> Qualidade, Inf&acirc;ncia, Indicadores.</i></p> <hr>     <p><b><i>Abstract:</i></b></p>     <p><i>The discourse of quality is not matched by the reality of programs of early childhood in Latin America; many programs appear to be of low quality and indicators do not exist to monitor that quality. It is argued that this is in part because the concept of quality is ambiguous, relative and dynamic.</i></p>     <p><i>  In the article three possible answers are presented to the question, "How does one know of attention to early childhood is of quality?" related respectively to resources, to content and processes and to results. Three examples are presented of attempts to define quality (from Chile, Europe and Australia).</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>  A conclusion is reached that the complexity of the concept of quality must be accepted and its multiple dimensions recognized. Further, it is important to negotiate the significance of quality in specific educational communities. The process of seeking consensus on quality may be more important than the definitions that result. Judgements about the quality of programs need to consider not only the availability of resources but also the quality of educational processes and results achieved. One should extend the vision of quality of programs to incorporate potential benefits to all participants, including educational agents. A challenge exists to move qualitative observations made at the level of individual centers to a national level as part of a system of indictors for monitoring early childhood.</i></p>     <p><I><b>Key words:</b> Quality, Early Childhood, Indicators.</I></p> <hr>      <p><font size="2"><b>    <center>Introducci&oacute;n</center></b></font></p>     <p><b>Calidad: discurso y realidad</b></p>     <p>Hablar de la calidad de la atenci&oacute;n en los programas educativos est&aacute;n de moda. &iexcl;Es apenas l&oacute;gico! Ser&iacute;a una desgracia encontrarnos con que, de prop&oacute;sito, nos qued&aacute;ramos contentos con la mediocridad. Vemos que los discursos de los funcionarios de los gobiernos y ministerios y los pronunciamientos en reuniones internacionales dan cada vez m&aacute;s importancia a la calidad de los programas<a name="1"></a><a href="#(1)"><sup>1</sup></a>  . Existe un reconocimiento, por lo menos en el nivel del discurso, acerca de que ya no es suficiente simplemente extender la cobertura de los programas educativos. Quiero creer, aunque tengo mis dudas, que este discurso representa una apreciaci&oacute;n creciente de que es una hipocres&iacute;a hablar de la efectividad o la equidad de los programas educativos sin hacerlo en relaci&oacute;n con la calidad de los mismos.</p>  La calidad ha sido tambi&eacute;n un tema de inter&eacute;s para los investigadores, con muchos estudios dirigidos a la identificaci&oacute;n de las condiciones que m&aacute;s conducen a los efectos deseados en un programa (OCDE, 1991). Algunos investigadores han creado sus propios indicadores e instrumentos para evaluar la calidad del funcionamiento de ciertas clases de programas. En algunos pocos casos, las investigaciones est&aacute;n dirigidas a, o se convierten en bases para la planeaci&oacute;n o certificaci&oacute;n de programas. Al mismo tiempo, los resultados de muchas evaluaciones nos hacen pensar que los programas de mejor calidad pueden producir mejores resultados (Schweinhart et al., 1993).</p>     <p>No obstante la multitud de discursos e investigaciones, me parece que es justo observar que el inter&eacute;s expresado por la calidad no ha llegado a afectar â€“o a "infectar"â€“ en gran medida las acciones programadas y realizadas, por lo menos en los programas de educaci&oacute;n inicial y preescolar. A nivel macro, es evidente que las pol&iacute; ticas y los sistemas de seguimiento de programas contin&uacute;an con el mismo &eacute;nfasis en promover y evaluar el aumento de la cobertura sin tomar en cuenta la calidad. En muchos casos, la extensi&oacute;n de cobertura se logra por medio de programas de poca calidad y, con demasiada frecuencia, estos programas est&aacute;n dirigidos a las poblaciones de menores recursos; es decir, podemos encontrar programas pobres para los pobres. La ausencia de indicadores de calidad en los informes que los gobiernos rinden al p&uacute;blico o a la comunidad internacional muestra que todav&iacute; a no se ha incorporado la dimensi&oacute;n de calidad en los sistemas de seguimiento y evaluaci&oacute;n o rendici&oacute;n de cuentas ("accountability"), o tal vez muestra que los gobiernos no quieren que el p&uacute;blico tenga informaci&oacute;n sobre la calidad real de sus programas.</p> En el proceso de indagar sobre la manera como distintos sistemas educativos definen y eval&uacute;an la calidad, he encontrado confusi&oacute;n, desacuerdo o, a veces, un vac&iacute;o. El desacuerdo y la confusi&oacute;n parecen incrementarse cuando la discusi&oacute;n cambia de un enfoque sobre dimensiones generales de calidad (donde se acerca m&aacute;s a un consenso) hacia aterrizarla en exploraciones concretas de una calidad que est&eacute;  inserta en condiciones espec&iacute;ficas que caractericen niveles locales (Tiana, 1999). Pero a&uacute;n en el nivel nacional, y con aparentes acuerdos sobre las dimensiones generales, parece dif&iacute; cil llegar a un consenso sobre c&oacute;mo "medir" estas dimensiones de calidad y sobre c&oacute;mo insertarlas en los procesos de evaluaci&oacute;n y seguimiento. Dicho brevemente: es dif&iacute;cil encontrar indicadores espec&iacute;ficos de calidad que sean consensuados, aplicables y difundidos.</p>     <p>&iquest;Por qu&eacute;  es tan problem&aacute;tico el concepto de calidad, su instrumentaci&oacute;n y su aplicaci&oacute;n?</p>     <p><b>La calidad: un concepto ambiguo, relativo y din&aacute;mico</b></p>     <p>Seg&uacute;n el Diccionario de la Academia de la Lengua Espa&ntilde;ola (1992), el concepto general de "calidad" se define formalmente como: "Una propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una cosa, que permiten apreciarla como igual, mejor o peor que las restantes de su especie." Describir la calidad de algo, entonces, exige una apreciaci&oacute;n o juicio de valor que requiere un est&aacute;ndar de comparaci&oacute;n.</p> El problema es que alguien tiene que seleccionar el conjunto de propiedades inherentes y las bases o principios que se deben aplicar para poder hacer un juicio. La definici&oacute;n abstracta y general no nos ayuda a determinar qui&eacute; n de las personas o grupos participantes en un programa debe ser ese alguien determinante.</p> Precisamente por eso, para algunos, la calidad, lo mismo que la verdad o la belleza, existe s&oacute;lo en el ojo del espectador: cada uno tiene su propia base para hacer su valoraci&oacute;n, cada uno su propio est&aacute;ndar o meta, expl&iacute;cito o impl&iacute;cito. En un mundo posmoderno, la idea de la coexistencia de muchas bases distintas para describir una misma realidad ha tomado a&uacute;n m&aacute;s fuerza que antes, tanto con respecto a la calidad de la educaci&oacute;n inicial como en otros campos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para apoyar esta posici&oacute;n, basta anotar que es obvio que las bases para describir la calidad son muy variadas, porque existe una multitud de factores sociales y personales que pueden influir en la visi&oacute;n y juicio de distintos espectadores sobre la calidad de un programa de atenci&oacute;n a la infancia. Las diversas condiciones econ&oacute;micas, pol&iacute; ticas y culturales influyen en el juicio, al igual que las diferencias en cosmovisiones y valores personales. El juicio est&aacute; afectado tambi&eacute;n por el nivel de conocimiento y experiencia del evaluador con respecto a los procesos de desarrollo y de educaci&oacute;n. Adem&aacute;s, podemos esperar diferencias en la definici&oacute;n de calidad cuando se la mira desde la perspectiva de una administradora, una maestra, una investigadora, un padre de familia o un profesional. Entre profesionales existen diferencias relacionadas con el nivel de su familiaridad con una u otra teor&iacute; a o metodolog&iacute; a relacionada con el desarrollo infantil temprano; por ejemplo, entre profesionales formados en la tradici&oacute;n de Skinner o en la de Vygotsky.</p> En fin de cuentas, las variaciones en las definiciones de la calidad de los programas de atenci&oacute;n a la primera infancia van a reflejar las diversas maneras como percibimos la calidad de vida, los valores asociadas con esta percepci&oacute;n y las formas de organizaci&oacute;n que parecen ser consistentes con estos valores y con la calidad de vida deseada.</p> A esta relatividad, producto de las diferentes apreciaciones de la vida, tenemos que a&ntilde;adir el hecho de que la calidad es un concepto din&aacute;mico. La definici&oacute;n puede cambiar con el tiempo, con los cambios en las condiciones de vida, con los avances en el conocimiento, con la llegada de una nueva generaci&oacute;n o de un nuevo gobierno, o con los cambios en los espectadores encargados de formular el juicio respectivo.</p>     <p>Pero si aceptamos la idea de que la calidad es relativa y din&aacute;mico&iquest;nos lleva esto por fuerza a una situaci&oacute;n an&aacute;rquica en la que cada persona puede aplicar su propia definici&oacute;n? &iquest;O es posible imaginar un nivel de consenso pr&aacute;ctico sobre el conjunto de cualidades inherentes a la calidad de los programas dirigidos a mejorar el bienestar de la infancia? &iquest;Es posible obtener acuerdos entre varios espectadores o participantes en programas de educaci&oacute;n inicial y preescolar con relaci&oacute;n a los est&aacute;ndares que deben aplicarse a todos ellos? &iquest;Existe un denominador com&uacute;n?</p> En las siguientes p&aacute;ginas quiero explorar algunas respuestas que pueden darse a todas estas preguntas por medio de una exploraci&oacute;n de las posibles respuestas a esta sola pregunta: "&iquest;C&oacute;mo se sabe si la atenci&oacute;n a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en un programa de educaci&oacute;n inicial o preescolar es de calidad?"</p>     <p><b>&iquest;C&oacute;mo se sabe si la atenci&oacute;n a la infancia es de calidad?</b> <a name="2"></a><a href="#(2)"><sup>2</sup></a></p>     <p>Hay por lo menos tres respuestas corrientes a esta pregunta, las cuales ponen su &eacute;nfasis, respectivamente, en la disponibilidad de recursos, en el proceso educativo o en los objetivos y resultados de los programas.</p>     <p><i>Respuesta 1: "S&eacute;  que un programa es de calidad si tiene suficientes recursos asignados y entregados."</i></p> Muchas instituciones que financian y administran programas de educaci&oacute;n inicial tienen una clara tendencia a recurrir a esta respuesta. Advierten que si un programa cuenta con espacio adecuado, con buenos materiales entregados, con agentes educativos bien capacitados y con fondos para continuar su operaci&oacute;n, debe ser un programa de calidad <a name="3"></a><a href="#(3)"><sup>3</sup></a> .</p>     <p>Sin restarle importancia a la necesidad de contar con recursos suficientes, en este art&iacute; culo no me parece necesario prestar mucha atenci&oacute;n a esta visi&oacute;n cuantitativa y limitada que deja de lado toda consideraci&oacute;n de la pertinencia o la adecuaci&oacute;n de esos recursos, que ignora la manera como se utilizan los recursos en el proceso educativo y que pasa por alto la idea de que la presencia de los recursos debe mostrar una relaci&oacute;n estrecha con los efectos deseados en los participantes en un programa espec&iacute;fico.</p>     <p><i>Respuesta 2. "Un programa es de calidad cuando el contenido y el proceso de atenci&oacute;n tienen ciertas caracter&iacute; sticas que la experiencia (y las investigaciones) nos dicen que deben producir los resultados deseados."</i></p> En este caso, el curr&iacute;culo y la interacci&oacute;n del ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a con los agentes educativos y con su ambiente (tanto en su forma como en su nivel) quedan en el centro de la definici&oacute;n de calidad. Los objetivos del programa sirven de referencia. Los recursos entran en consideraci&oacute;n, pero no por su mera presencia, sino en funci&oacute;n de su utilizaci&oacute;n en un proceso educativo con ciertos objetivos claramente establecidos.</p>     <p>Pero, &iquest;qu&eacute;  criterios y caracter&iacute;sticas debemos destacar como centrales en un proceso educativo de calidad? En las p&aacute;ginas   que siguen presento varias formulaciones de criterios y categor&iacute;as utilizadas por varios expertos para describir y evaluar la calidad del proceso en programas de atenci&oacute;n a la primera infancia.</p>     <p>   1. <i>Mar&iacute;a Victoria Peralta.</i> Empiezo con un trabajo de Mar&iacute;a Victoria Peralta, investigadora chilena, titulado "Criterios de calidad curricular para una educaci&oacute;n inicial Latinoamericana." Peralta ha identificado cuatro cualidades o criterios que, seg&uacute;n ella, permitir&iacute;an valorar la calidad del curr&iacute;culo: actividad, integralidad, participaci&oacute;n y pertinencia.</p>     <p><b>Actividad.</b> Este primer criterio, dice ella, " &hellip; asienta el concepto de Hombre que <i>todos</i> deseamos favorecer: din&aacute;mico con iniciativa, creador, con criticidad; en definitiva: un descubridor y realizador, que asuma su rol protag&oacute;nico." (p. 5, sin cursivas en el original). Para ilustrar qu&eacute;  quiere decir un curr&iacute;culo activo en t&eacute;rminos m&aacute;s concretos, Peralta hace un contraste entre un curr&iacute;culo activo y humanizante, din&aacute;mico y flexible y un curr&iacute;culo pasivo, cosificante, est&aacute;tico y r&iacute;gido. En el <a href="#cua1">Cuadro 1</a> reproduzco las nueve dimensiones del contraste y la descripci&oacute;n de lo que quiere decir un curr&iacute;culo activo en cada dimensi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="cua1"><img src="img/revistas/rlcs/v1n1/v1n1a03cua1.jpg"></a></center></p>       <p>Comparto con Peralta el criterio de la actividad para juzgar la calidad de los programas de educaci&oacute;n inicial. Su esquema me parece muy &uacute;til. En su trabajo es evidente que el concepto y su implementaci&oacute;n en programas tienen una base fuerte en una revisi&oacute;n extensa de la literatura relacionada con su lectura de la historia de la educaci&oacute;n inicial.</p>     <p>Pero, dicho esto, pregunto: &iquest;estamos todos de acuerdo con el concepto all&iacute; delineado del ser humano que deseamos favorecer? <i>&iquest;Todos queremos un ser humano din&aacute;mico, creador, cr&iacute;tico y que asuma un rol protag&oacute;nico, como ella dice?</i> En la aplicaci&oacute;n del concepto, &iquest;estamos todos de acuerdo en que la metodolog&iacute;a debe basarse en el juego o que la relaci&oacute;n educador-ni&ntilde;o debe ser horizontal? &iquest;Es posible que la referencia a "nosotros" en el trabajo es a "nosotros los expertos", o incluye tambi&eacute; n a los padres de familia y a los mismos ni&ntilde;os?</p>     <p>Pregunto lo anterior porque me parece posible identificar otra tradici&oacute;n hist&oacute;rica en el campo de la educaci&oacute;n inicial, paralela a la identificada y aprovechada por Peralta para fundamentar su esquema: una tradici&oacute;n en donde las instituciones de atenci&oacute;n a la primera infancia se originaron como instituciones de custodia o "guarda"; una tradici&oacute;n que llevamos arrastrando desde el siglo XIX y que todav&iacute;a (desgraciadamente, desde mi punto de vista) tiene una influencia fuerte en la forma de pensar sobre la calidad de los programas de educaci&oacute;n inicial. En esta tradici&oacute;n, el elemento central de la calidad est&aacute; definido en t&eacute;rminos de la satisfacci&oacute;n de las necesidades f&iacute;sicas y biol&oacute;gicas del ni&ntilde;oâ€“salud, alimentaci&oacute;n, seguridad y protecci&oacute;nâ€“ con poca atenci&oacute;n a la creatividad o a la formaci&oacute;n de un ni&ntilde;o cr&iacute;tico. Esta tradici&oacute;n se vincula, por un lado, a programas asistenciales creados para atender a ni&ntilde;os hu&eacute;rfanos y, por otro lado, a programas que responden a la necesidad de las familias para la atenci&oacute;n extra-familiar mientras las madres trabajan fuera del hogar durante una parte del d&iacute;a. Est&aacute; asociada con el t&eacute;rmino "guarder&iacute;a", que todav&iacute;a est&aacute; vigente en algunos pa&iacute;ses.</p>     <p>Todav&iacute;a a hoy, muchas madres y padres de familia buscan programas de atenci&oacute;n para sus ni&ntilde;os con base en criterios de protecci&oacute;n, no de desarrollo. En parte, esto es por necesidad: los programas de educaci&oacute;n inicial que ofrecen un curr&iacute; culo activo son demasiados caros, o demasiado lejanos, o tienen un horario reducido que no responde a las necesidades de las madres y padres trabajadores. Pero, en parte, ellos tambi&eacute; n buscan programas con un curr&iacute; culo pasivo precisamente porque creen que estos programas van a promover valores tales como la obediencia y que van a socializar a sus ni&ntilde;os en un tipo de ambiente institucional que es vertical y poco activo, que es el que van a encontrar cuando entren a la escuela primaria. A&uacute;n si uno no esta de acuerdo con un curr&iacute;culo pasivo, &iquest;no es deseable y posible, en la pr&aacute;ctica, incorporar por lo menos algo de las necesidades de los padres en un programa de educaci&oacute;n inicial? Y, si esto es lo que los mismos padres quieren, &iquest;es posible valorar la calidad de un programa sin tomar en cuenta estas necesidades?</p>     <p>Con relaci&oacute;n a este punto, quiero citar un documento de Peter Moss (1990), escrito para la Comisi&oacute;n Europea sobre atenci&oacute;n al ni&ntilde;o preescolar. Moss dice que "el proceso de entender la calidad y llegar a indicadores de calidad es un proceso din&aacute;mico y continuo de reconciliar los &eacute; nfasis de diferentes grupos." (p. 6). Moss distingue tres perspectivas principales sobre la calidad que hay que tener en cuenta: de los ni&ntilde;os, de los padres de familia (un grupo no homog&eacute;neo) y de los profesionales. Moss enfatiza que "el proceso para definir la calidadâ€“con la oportunidad que ofrece para explorar y discutir valores, objetivos y prioridadesâ€“es de m&aacute;xima importancia y la experiencia puede perderse cuando se adoptan medidas existentes." (p. 5) <ul>     <li>    <p><b>Integralidad</b>. Este es el segundo criterio que ofrece Peralta para valorar la calidad. Destaca diversos aspectos de desarrollo del educando y "&hellip; un cierto equilibrio entre competencias afectivas, motoras e intelectuales &hellip;" Este implica "equilibrio de objetivos, actividades, materiales, recursos intangibles e indicadores de medici&oacute;n que son los medios a trav&eacute;s de los cuales el curr&iacute;culo puede proveer su estimulaci&oacute;n." (p. 9) Comenta que, dentro de las categor&iacute;as generales, la definici&oacute;n de "integral" y el equilibrio entre aspectos puede variar de cultura a cultura.</p></p>    </ul> <ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p><b>Participaci&oacute;n.</b> El tercer criterio es el de "participaci&oacute;n permanente de la familia y la comunidad configurando comunidades educativas, que tengan como foco com&uacute;n de su actuar, el desarrollo activo e integral del ni&ntilde;o." (p. 10) La participaci&oacute;n consiste en m&aacute;s que la presencia o en hacer aseo; implica participaci&oacute;n en diagn&oacute;sticos, decisiones, ejecuci&oacute;n y evaluaci&oacute;n. Este criterio toma en cuenta que los padres son los primeros educadores y tienen mucho qu&eacute;  aportar en el proceso educativo. Tambi&eacute;n prev&eacute;  un papel para la comunidad en ayudar a convocar a los agentes involucrados en diferentes aspectos como la salud, la nutrici&oacute;n, la protecci&oacute;n, y la formaci&oacute;n.</p></li>    </ul>     <p>La perspectiva de Peralta, aunque enfatiza la participaci&oacute;n de los padres y de la comunidad, es instrumental en su manera de concebir la participaci&oacute;n; es decir, enfatiza la participaci&oacute;n solamente en t&eacute; rminos de lo que brinda esta participaci&oacute;n para el desarrollo del ni&ntilde;o, y parece dejar de lado los posibles beneficios que puedan proporcionar los programas de educaci&oacute;n inicial a los mismos padres y a las comunidades participantes. Creo que esta es una omisi&oacute;n importante, y que pocos educadores, con su enfoque centrado en el ni&ntilde;o, la tienen en cuenta cuando piensen en evaluaciones de la calidad de los programas de educaci&oacute;n inicial o preescolar. Preguntamos entonces: &iquest;es leg&iacute;timo, cuando pensamos en calidad, pensar en las maneras en que los programas ayudan a todos los participantes, o debemos restringir nuestra visi&oacute;n al proceso de apoyar el desarrollo de los ni&ntilde;os?.</p> <ul>     <li>    <p><b>Pertinencia.</b> Finalmente, Peralta se&ntilde;ala el criterio de pertinencia socio-cultural, es decir, lo que es "apropiado a la cultura", vista como el patrimonio social de un grupo. Un curr&iacute;culo culturalmente pertinente "implicar&iacute;a que se debe hacer en funci&oacute;n a lo mejor y m&aacute;s valioso de cada uno de los &aacute;mbitos espaciales (universal, occidental, latinoamericano, nacional y local), e incorporando a la vez los aportes m&aacute;s significativos del pasado, del presente y de los proyectos a futuro." (p. 14). Anota que es poco frecuente que los curr&iacute;culos capten "&hellip; las pautas de socializaci&oacute;n familiar y comunitaria, que valoricen la cotidianeidad, los estilos de vida &hellip;" (p. 14, con referencia a A. Magendzo). Analiza la pertinencia desde el punto de vista del ni&ntilde;o, la cultura y el curr&iacute;culo. Anota que buscar la pertinencia no es la mera "folclorizaci&oacute;n" del curr&iacute;culo. Es importante destacar aqu&iacute; que la definici&oacute;n de pertinencia incorpora la idea de diversidad.</p></li>    </ul>     <p>Otros autores o grupos incluyen en esta categor&iacute; a lo apropiado a la edad o, mejor dicho, a la etapa de desarrollo del ni&ntilde;o.</p>     <p>He discutido en cierto detalle la conceptualizaci&oacute;n de Peralta porque me parece amplia, consistente, basada en hallazgos de investigaciones y representativa de una corriente muy extendida entre los expertos en la materia. Al mismo tiempo, como lo se&ntilde;al&eacute;  arriba, me parece que se puede fortalecer su tratamiento del papel de los padres y la comunidad en la discusi&oacute;n, tanto acerca del lugar asignado a sus necesidades en la definici&oacute;n de los criterios de calidad, como acerca de la idea de que la calidad de un programa debe producir resultados en todos los participantes, no solamente en los ni&ntilde;os. Regresar&eacute;  a este punto en la discusi&oacute;n de los agentes educativos.</p>     <p>2.<i>National Childcare Accreditation Council, Inc. (Australia)</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En muchos pa&iacute;ses existen organizaciones cuyo prop&oacute;sito principal es certificar que los programas de educaci&oacute;n inicial y preescolar son de calidad (por lo menos de una calidad m&iacute;nima suficientemente alta para seguir funcionando). Estas organizaciones crean normas e instrumentos para fundamentar su juicio. Un ejemplo de la definici&oacute;n de calidad desde esta perspectiva viene de Australia, en donde el Consejo Nacional para la Acreditaci&oacute;n de Programas Preescolares ha formulado una Escala para el Mejoramiento y Acreditaci&oacute;n de Calidad. Las categor&iacute;as o dimensiones de calidad son distintas de las de Peralta y son las siguientes:</p> <ol>       <lI> Relaciones con los ni&ntilde;os</lI>         <li>Respeto a los ni&ntilde;os</li>         <li>Participaci&oacute;n de los padres</li>         <li>Intervenciones de los agentes educativos</li>        <li>Planeaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n</li>         <lI>Aprendizaje y desarrollo</lI>       <lI> Protecci&oacute;n</lI>        <li> Salud</li>        <li> Seguridad</li>         ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Administraci&oacute;n.</li>     </ol>     <p>En este caso, cada uno de las categor&iacute;as est&aacute;   acompa&ntilde;ada por una descripci&oacute;n de los conceptos considerados m&aacute;s pertinentes a la categor&iacute;a. En cada caso, el Consejo ha especificado lo que se espera observar en un centro para que sea certificable y lo que adicionalmente se requiere para que sea declarado de alta calidad. Para ilustrar, presento en los <a href="#cua2">Cuadros 2</a> y <a href="#cua3">3</a> la manera de tratar solamente una de las diez dimensiones, la sexta: aprendizaje y desarrollo. En el <a href="#cua2">Cuadros 2</a>  se presentan los principios y conceptos clave que precisan c&oacute;mo debe considerarse la calidad respecto a esta sexta dimensi&oacute;n.</p>     <p>    <center><a name="cua2"><img src="img/revistas/rlcs/v1n1/v1n1a03cua2.jpg"></a></center></p>     <p>    <center><a name="cua3"><img src="img/revistas/rlcs/v1n1/v1n1a03cua3.jpg"></a></center></p>       <p>Estos principios y conceptos clave fijan el marco te&oacute;rico en el que deben interpretarse los indicadores observables b&aacute;sicos de atenci&oacute;n de calidad necesarios para la acreditaci&oacute;n o certificaci&oacute;n de calidad m&iacute;nima para el funcionamiento de la instituci&oacute;n y los indicadores adicionales que se requieren para considerarla como instituci&oacute;n de alta calidad.</p>     <p><b>Comentario</b></p> </p>Es interesante notar, a pesar de la diferencia en la forma de acercarse al problema, la cercan&iacute;a entre Peralta y la Comisi&oacute;n Nacional de Australia con relaci&oacute;n al concepto de curr&iacute;culo activo. Si fuera posible presentar en m&aacute;s detalle otras categor&iacute;as, ser&iacute;a posible ver un alto nivel de acuerdo tambi&eacute;n en cuanto a los principios de integralidad, participaci&oacute;n y pertinencia.</p>     <p><i>3.</i> Comisi&oacute;n Europea: Peter Moss    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Con el reconocimiento de que cualquier presentaci&oacute;n de objetivos y criterios es relativa e influida por los valores de los que hacen la presentaci&oacute;n, la Comisi&oacute;n Europea dice que, para que un programa sea de calidad, los ni&ntilde;os en el programa deben gozar de:</p> <ul>       <li>Una vida sana</li>          <li>Expresi&oacute;n espont&aacute;nea</li>         <lI>Reconocimiento como individuos</lI>         <li>Dignidad y autonom&iacute;a</li>         <lI>Autoconfianza y placer en su aprendizaje</lI>        <lI>Un ambiente estable de aprendizaje y atenci&oacute;n cari&ntilde;osa</lI>        <lI>Sociabilidad, amistad y cooperaci&oacute;n con otros</lI>         <li>Oportunidades iguales, sin tomar en cuenta g&eacute;nero, raza o discapacidad</li>         <lI>Diversidad cultural</lI>         ]]></body>
<body><![CDATA[<lI>Apoyo como miembro de una familia y comunidad</lI>         <li>Felicidad</li>     </ul>     <p>La Comisi&oacute;n, en vez de empezar con el proceso o la calidad de las caracter&iacute;sticas de los programas, parte de lo que se quiere lograr como resultado del programa. Llama la atenci&oacute;n que, en este caso, los objetivos no est&aacute;n formulados en t&eacute;rminos de un cierto nivel de desarrollo ni en t&eacute;rminos de la preparaci&oacute;n para la escuela.</p>     <p>Estos resultados esperados orienten la b&uacute;squeda de calidad de los programas con relaci&oacute;n a sus dimensiones de:</p> <ol>       <lI> Acceso y uso</lI>        <li> Entorno f&iacute;sico</li>         <li> Actividades de aprendizaje</li>         <LI>Relaciones</LI>         <lI>Opiniones y participaci&oacute;n de padres</lI>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Sensibilidad a, y participaci&oacute;n en la vida de la comunidad</li>        <lI>El valor de diversidad</lI>         <lI>Evaluaci&oacute;n de ni&ntilde;os y medidas de sus logros</lI>       <lI>Costos con relaci&oacute;n a los beneficios</lI>         <lI>Ethos (si los objetivos est&aacute;n acordados y propiciados).</lI>    </ol> 	     <p>En cada una de estas categor&iacute;as se presenta una lista de preguntas para ayudar a definir lo que se espera encontrar en un programa de calidad. Como ejemplo, presentamos las preguntas desplegadas para una categor&iacute;a que se parece a los anteriores ejemplos, la de actividades de aprendizaje:</p> <ul>   &iquest;Existe un rango completo de actividades para los ni&ntilde;os?<br />   &iquest;Hay oportunidades para desarrollar habilidades? En particular:   &iquest;Habilidades ling&uuml;&iacute; sticas, tanto orales como escritas?<br />   &iquest;Habilidades biling&uuml;es?<br />   &iquest;Conceptos b&aacute;sicos matem&aacute;ticos?<br />   &iquest;Coordinaci&oacute;n muscular y control del cuerpo?<br />   &iquest;Promueven expresi&oacute;n musical y habilidades musicales?<br />   &iquest;Tienen los ni&ntilde;os tiempo para expresarse por medio del juego, drama, t&iacute; teres y mimos?<br />  &iquest;Se promueve inter&eacute;s en conceptos biol&oacute;gicos y cient&iacute;ficos?<br />  &iquest;Los ni&ntilde;os entienden conceptos de salud e higiene?<br />  &iquest;Los ni&ntilde;os tienen un entendimiento de su comunidad local y de las actividades de la comunidad?<br />   &iquest;Est&aacute; el centro bien equipado con una variedad de experiencias y actividades que promuevan el aprendizaje?<br />   &iquest;Es posible para los ni&ntilde;os negociar control parcial sobre la estructura y el ritmo de las actividades?     </ul> <ul>       <P><i>4.Algunas semejanzas y una mirada m&aacute;s all&aacute;  de los tres ejemplos</i> Aunque la perspectiva presentada por la Comisi&oacute;n es diferente e introduce algunos elementos distintos, es obvio que su posici&oacute;n tambi&eacute; n tiene puntos de concordancia con los presentados por Peralta y por la Comisi&oacute;n de Acreditaci&oacute;n. El principio de un curr&iacute;culo activo e integral, con participaci&oacute;n de los padres y la comunidad, est&aacute; muy presente. La pertinencia, conceptualizada para incluir la diversidad y no solamente el apego a una cultura local, est&aacute; presente tambi&eacute;n (y en el caso de la Comisi&oacute;n, se destaca la "diversidad" como principio aparte). Adem&aacute;s, empezamos a ver que se repiten ciertas categor&iacute;as de insumos y procesos que se debe examinar en relaci&oacute;n con principios tales como: los objetivos de un programa; sus espacios y ambientes f&iacute;sicos; los materiales; los agentes educativos (en cuanto al n&uacute;mero y a su relaci&oacute;n con la formaci&oacute;n); las estrategias y m&eacute;todos aplicados y la manera de interactuar entre agentes educativos y ni&ntilde;os; capacitaci&oacute;n, supervisi&oacute;n y evaluaci&oacute;n.</p>    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Existen, por supuesto, muchos otros esfuerzos de definir la calidad de los programas en t&eacute;rminos de su contenido esencial y de sus procesos. Una revisi&oacute;n de los tres ejemplos presentados y de varios otros autores revela principios y categor&iacute;as similares a los planteados por Peralta, pero tambi&eacute;n nos sugiere algunos otros para tomar en consideraci&oacute;n al definir y evaluar la calidad de programas. Adem&aacute;s, es posible extraer de las descripciones de Peralta otros principios. Por ejemplo, en m&aacute;s de un caso, los autores destacan la importancia de crear un ambiente "amoroso", algo mencionado por Peralta como una caracter&iacute; stica esencial de la relaci&oacute;n educador-ni&ntilde;o, pero no como un principio general que debe guiar el programa.</p>     <p>Varios de los autores incluyen el principio de "seguridad" como algo clave: un programa de calidad debe ofrecer a los ni&ntilde;os protecci&oacute;n f&iacute;sica.</p>     <p>Otro principio que aparece en otros trabajos es el de "continuidad", vista por lo menos en tres dimensiones:</p> <ol>   - la continuidad del financiamiento de servicios, que permite su propio ajuste y mejoramiento en el tiempo;<br />   - la continuidad del personal, especialmente durante el a&ntilde;o para no tener que romper y restablecer relaciones entre adultos y ni&ntilde;os; y,<br />   - la continuidad del contenido de los programas, entre niveles de atenci&oacute;n durante los a&ntilde;os preescolares y con la escuela primaria.     </ol>     <p>Relacionados con este concepto est&aacute;n los principios de consistencia, mencionado por Peralta, y de estabilidad, que aparece como principio en el caso de la Comisi&oacute;n.</p>       <p> Algunos autores mencionan que un programa de calidad debe incorporar grupos especiales, algo que puede ser incorporado en el principio de diversidad o como parte de la idea de una atenci&oacute;n "integral".</p>     <p>Dicho en forma breve, parece posible a&ntilde;adir otros principios a los cuatro propuestos por Peralta. En la secci&oacute;n final haremos un primer esfuerzo de sistematizar los principios y dimensiones.</p>     <p>Ahora pasamos a una tercera respuesta que se puede dar a la pregunta, "&iquest;C&oacute;mo se sabe si un programa de atenci&oacute;n a la primera infancia es de calidad?"</p>     <p>   <i>Respuesta 3. "Un programa es de calidad cuando la manera de atender a los ni&ntilde;os produce los resultados esperados."</i></p>     <p>Aqu&iacute; , el &eacute;nfasis est&aacute; en lograr objetivos definidos con claridad y no en un proceso especial. En teor&iacute;a, varios m&eacute;todos y contenidos curriculares pueden conducir a los mismos resultados, y si logramos estos resultados, no importa cu&aacute;l fue el curr&iacute;culo escogido y aplicado en un programa. Los objetivos o resultados esperados pueden definirse, por ejemplo, en t&eacute;rminos de:</p> <ul>   - Avances en el desarrollo integral<br />   - Adquisici&oacute;n de competencias b&aacute;sicas<br />   - Preparaci&oacute;n del ni&ntilde;o para la escuela<br />   - Socializaci&oacute;n en un conjunto de valores.<br />   </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>En el ejemplo de la Comisi&oacute;n Europea, la definici&oacute;n se daba en t&eacute;rminos de varias condiciones del ni&ntilde;o y del entorno que deben resultar y de las que el ni&ntilde;o debe gozar.</p>     <p>En cada programa ser&iacute; a necesario especificar con m&aacute;s detalle lo que quiere decir cada objetivo y buscar instrumentos para evaluar los ni&ntilde;os con respecto al logro de los objetivos concretos. En la pr&aacute;ctica ha sido muy dif&iacute;cil llegar a un consenso sobre c&oacute;mo medir el desarrollo integral o las competencias b&aacute;sicas. Esto ha sido muy dif&iacute;cil, no solamente porque el desarrollo tiene una dimensi&oacute;n cultural, sino porque cada persona dentro del gremio que inventa una escala, o una lista de cotejo, u otra herramienta, piensa que su instrumento es el mejor y debe ser adoptado universalmente.</p>     <p>En algunos programas y pa&iacute;ses ha sido posible acordar (o imponer) un sistema de evaluaci&oacute;n peri&oacute;dica de los ni&ntilde;os. Algunos de estos sistemas sirven para ajustar las actividades en el nivel del aula. En Chile, por ejemplo, ayudan el proceso de hacer seguimiento al bienestar de los ni&ntilde;os a nivel nacional, algo que es sumamente &uacute;til y ha aportado al proceso de cabildeo (lobbying).</p>     <p>Pero a&uacute;n si fuera posible llegar a un acuerdo sobre c&oacute;mo medir competencias b&aacute;sicas, la pregunta clave ser&iacute;a: "&iquest;Se debe tomar esto como una definici&oacute;n de calidad?" Para responderla, es &uacute;til buscar la respuesta a esta otra pregunta: "&iquest;Ser&iacute;a posible montar un programa de calidad sin lograr los resultados esperados?" Me parece que se puede responder que "S&iacute; ", porque las condiciones externas al programa pueden interferir con el potencial que tenga el programa para lograr sus objetivos.</p>     <p>Los que argumentan que los resultados deben ser la medida de calidad de programas dirigidos a mejorar la condici&oacute;n de la primera infancia presentan una visi&oacute;n de la atenci&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute;a de los servicios de atenci&oacute;n directa al ni&ntilde;o y que incluye programas dirigidos a cambiar los ambientes o condiciones externas que afectan el bienestar de ni&ntilde;os. Esta visi&oacute;n requiere un ajuste en la manera de concebir los programas de atenci&oacute;n a nivel del sistema. Destaca que se debe prestar atenci&oacute;n no solamente al desarrollo o educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, sino a las condiciones que ponen en riesgo los resultados del proceso educativo. Implica trabajar con las familias y las comunidades para cambiar las condiciones. adem&aacute;s los objetivos deben redefinirse para incorporar cambios, por lo menos en los ambientes de la familia y la comunidad, no solamente cambios en los ni&ntilde;os.</p>     <p>Desde esta perspectiva<a name="4"></a><a href="#(4)"><sup>4</sup></a> , los programas deben considerar la incorporaci&oacute;n de nuevas estrategias tales como:</p> <ol>      <p>- La educaci&oacute;n de madres y padres y otros cuidadores para fortalecer o buscar cambios en las pautas de crianza.</p>       <p>- Sistemas de atenci&oacute;n que tomen en cuenta las dificultades causadas por la ausencia de uno o m&aacute;s padres de familia. </p>       <p>- Ajustes a las necesidades de trabajo de las madres y padres de familia, en t&eacute; rminos de horarios.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- Actividades con miembros de las familias y comunidades, dirigidas a mejorar las condiciones de salud y saneamiento. </p>       <p>- La formaci&oacute;n de grupos de mujeres para ayudar a combatir el desempleo, la depresi&oacute;n o para promover su desarrollo personal.</p>    </ol>     <p><font size="2"><b>    <center>Conclusiones</center></b></font></p>     <p>La discusi&oacute;n anterior apoya algunas conclusiones de Alejandro Tiana (1999), quien sugiere que en cualquier discusi&oacute;n de calidad debemos:</p> <ul>      <lI> Aceptar su complejidad; distinguir lo individual de lo social (que no tiene que ser lo mismo) y lo micro de lo macro. Debemos anticipar que, aunque podemos lograr a nivel general cierto acuerdo entre interlocutores, al descender al detalle aparecen discrepancias</lI>       <li>Reconocer su multidimensionalidad.</li>       <lI>Negociar el significado de la calidad: los objetivos y principios de actuaci&oacute;n de una comunidad educativa relevantes para el cumplimiento de sus fines educativos.</lI>    </ul>   <ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el mismo tono, hemos visto que la calidad es un concepto relativo y din&aacute;mico.    <br> En la discusi&oacute;n hemos destacado tambi&eacute;n que:</p>    </ol> <ol>      <lI>El proceso de buscar consenso sobre la calidad puede ser tan importante como las definiciones que resultan; lleva a discusiones fundamentales sobre diferencias de perspectivas entre profesionales, padres y entidades financiadoras, que se deben tratar de resolver al llevar a cabo los programas.</lI>       <li>Un juicio sobre la calidad de un programa debe considerar no solamente la disponibilidad y calidad de recursos, sino la calidad de los procesos educativos y la de los resultados logrados.</li>       <li> Hay que ampliar nuestra visi&oacute;n de calidad para incorporar no solamente objetivos de programas de educaci&oacute;n inicial dirigidos a los ni&ntilde;os; debemos incorporar beneficios potenciales de programas para todos los participantes, incluso para los mismos agentes educativos.</li>       <lI> Es m&aacute;s f&aacute;cil buscar acuerdos sobre los criterios y las categor&iacute; as generales de calidad que sobre las formas concretas de observarlos en acci&oacute;n. Tenemos un reto de llevar al nivel nacional, en forma sistem&aacute;tica, las observaciones cualitativas de la calidad del proceso educativo que se hacen en el nivel de los centros individuales, para incorporarlas as&iacute; en el sistema de indicadores utilizado para el seguimiento del sistema educativo y presentarlas en los informes ofrecidos al p&uacute;blico.</lI>     </ol>     <p>La exploraci&oacute;n de los tres ejemplos, junto con una lectura de otros trabajos, nos conduce a construir una matriz de dimensiones y principios o criterios, inspirada en gran parte por Peralta y por la <a href="#cua1">Cuadro 1</a>. La sistematizaci&oacute;n presentada en la <a href="#cua4">Cuadro 4</a> pretende ayudarnos a recordar y a aplicar cada uno de los principios o criterios que pensamos que son importantes en cada una de las dimensiones de un programa. En la figura hemos extendido un poco los principios identificados por Peralta, reconociendo que ser&iacute; a posible incluir otros principios tales como el de consistencia (o coherencia) y el de respeto (o relaciones horizontales). Adem&aacute;s, hemos organizado las dimensiones en tres grandes rubros: objetivos, insumos y procesos.</p>     <p>Falta un ejercicio de caracterizar cada una de las dimensiones en t&eacute;rminos de cada uno de los principios a la manera del <a href="#cua4">Cuadro 4</a>, ejercicio que dejo a los lectores de este art&iacute;culo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="cua4"><img src="img/revistas/rlcs/v1n1/v1n1a03cua4.jpg"></a></center></p>  <hr>     <p><b>Notas</b></p>       <p><a name="(1)"></a><a href="#1"><sup>1</sup></a>Por ejemplo, la Cumbre sobre la Educaci&oacute;n B&aacute;sica en Am&eacute;rica Latina (7-8 de marzo de 2001) tom&oacute; como uno de los pilares de la reforma educativa "Educaci&oacute;n de calidad para todos." En M&eacute;xico, las dos l&iacute;neas m&aacute;s importantes de la pol&iacute;tica educativa del gobierno actual son "calidad"y "equidad".</p>     <p><a name="(2)"></a><a href="#2"><sup>2</sup></a>Nuestro sesgo ser&iacute;a hacia la evaluaci&oacute;n de calidad en programas de atenci&oacute;n fuera del hogar, aunque la pregunta es general y puede aplicarse a la atenci&oacute;n en el hogar o en un centro de atenci&oacute;n.<br />   <br />   <a name="(3)"></a><a href="#3"><sup>3</sup></a>Pocas organizaciones van a admitir que &eacute;sta es su definici&oacute;n de calidad, a&uacute;n si sus planes o informes toman como indicadores de calidad el n&uacute;mero de libros entregados a los centros de atenci&oacute;n o el n&uacute;mero de cursos de capacitaci&oacute;n llevados a cabo, sin incorporar indicadores de la calidad del proceso o de los resultados.</p> <a name="(4)"></a><a href="#4"><sup>4</sup></a>Las personas que conocen lo que he escrito con anterioridad pueden apreciar que tengo cierta simpat&iacute;a con este replanteamiento de la manera de orientar los programas de atenci&oacute;n a la primera infancia, una perspectiva en que se busca concertar acciones a nivel comunitario para mejorar el desarrollo integral del ni&ntilde;o y para lograr cambios en los contextos de la familia y la comunidad.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>    <center>Bibliograf&iacute;a</center></b></font></p>     <!-- ref --><p>Amornvivat, S. et al. (1989). Thai Ways of Child Rearing Practices: An Ethnographic Study. Bangkok: Chulalongkorn University, Faculty of Education.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1692-715X200300010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cochran, E. &amp; Cochran, M. (1997). Child Care that Works: A Parent's Guide to Finding Quality Child Care. New York: Houghton Mifflin Co.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1692-715X200300010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Dahlberg, G., Moss, P. &amp; Pence, A. (1999). Beyond quality in early childhood education and care: Postmodern perspectives. London: Falmer Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1692-715X200300010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Moss, P. (1990). Quality in Services for Young Children. A Discussion Paper. Brussels: European Commission Childcare Network, Mimeo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1692-715X200300010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y Desarrollo Econ&oacute;mico. (1991). Escuelas y calidad de la ense&ntilde;anza. Informe internacional. Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1692-715X200300010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Pence, A. &amp; Moss, P. (1994). Towards an Inclusionary Approach in Defining Quality. En Moss, P. &amp; Pence, A. (Eds.), Valuing Quality in Early Childhood Services: New Approaches to Defining Quality. New York: Teachers College Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1692-715X200300010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Peralta, M. V. (1992). Criterios de Calidad Curricular para una Educaci&oacute;n Inicial Latinoamericana. Santiago de Chile: Junta Nacional de Jardines Infantiles. Mimeo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1692-715X200300010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Real Academia Espa&ntilde;ola. (1992). Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola (21&ordf; ed.). Madrid: Autor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1692-715X200300010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schweinhart, et al. (1993). Significant Benefits: The High/Scope Perry Preschool Study Through Age 27. Ypsilanti, Michigan: High/Scope Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1692-715X200300010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smith, A. B. &amp; Taylor, N. J. (1996). Assessing and improving quality in early childhood centers. National Seminar Proceedings. Dunedin, New Zealand: University of Otago, Children's Issue Centre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1692-715X200300010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tiana, F. A. (1999). La Evaluaci&oacute;n y la Calidad: Dos Cuestiones de Discusi&oacute;n. En Secretar&iacute; a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica, Seminario Internacional de Evaluaci&oacute;n de la Calidad de la Educaci&oacute;n B&aacute;sica. (pp. 3-22). M&eacute;xico, D. F.: SEP, Direcci&oacute;n General de Evaluaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1692-715X200300010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vedder, P., Bouwer, E. &amp; Pels, T. (1996). Multicultural ChildCare. Adelaide: Multilingual Matters, Ltd.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1692-715X200300010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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