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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Autism is a syndrome that affects the life’s quality of the patient and his relatives. It difficult the social relationships, the learning and the patient future. This papers reviews the historical aspects and the state of the art relating with etiology, physiopatology, symptoms, diagnostic and treatment of autism.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[autismo]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Autismo: estado del arte</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b><i>Autism: State of the Art</i></b></p>     <p><i>Claudia Talero* Luis E. Mart&iacute;nez, Mario Mercado**, Juan Pablo Ovalle**, Alejandro Vel&aacute;squez** y Juan Guillermo Zarruk**</i></p>     <p>* Especialista en Foniatr&iacute;a. Profesora Asociada de Neurociencias, Grupo de Neurociencias (NEUROS), Facultad de Medicina, Universidad del Rosario. Bogot&aacute;.    <br> ** Estudiantes de VIII semestre de Medicina, Facultad de Medicina, Universidad del Rosario.</p>     <p>Recibido: diciembre de 2002 Aceptado: diciembre de 2002</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>El autismo es un s&iacute;ndrome que compromete la calidad de vida de quien lo sufre y de su familia, dificulta la relaci&oacute;n social y el aprendizaje y hace incierto el futuro en cuanto a independencia, autocuidado y vida productiva del paciente.</p>     <p>A pesar de los esfuerzos orientados a la compresi&oacute;n y desarrollo de t&eacute;cnicas terap&eacute;uticas, s&oacute;lo se ha logrado una respuesta parcial de mejor&iacute;a de algunos s&iacute;ntomas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la &uacute;ltima d&eacute;cada, la investigaci&oacute;n relacionada con esta entidad se multiplic&oacute; en forma importante y con esto se inici&oacute; un camino del cual todav&iacute;a queda mucho por recorrer, pero que ya empieza a dar luces en cuanto a la etiolog&iacute;a y a los mecanismos que subyacen en las dificultades del autista.</p>     <p>En el presente art&iacute;culo se revisan los datos hist&oacute;ricos y el estado actual en relaci&oacute;n con su etiolog&iacute;a, fisiopatolog&iacute;a, sintomatolog&iacute;a, diagn&oacute;stico y tratamiento.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> autismo, gen&eacute;tica, fisiopatolog&iacute;a, psicofarmacolog&iacute;a.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>Autism is a syndrome that affects the life’s quality of the patient and his relatives. It difficult the social relationships, the learning and the patient future. This papers reviews the historical aspects and the state of the art relating with etiology, physiopatology, symptoms, diagnostic and treatment of autism.</p> <hr>     <p><b>ANTECEDENTES HIST&Oacute;RICOS</b></p>     <p>E. Bleuler introdujo el t&eacute;rmino autismo, en 1911, como sin&oacute;nimo de la p&eacute;rdida del contacto con la realidad, que se produce en el proceso de pensamiento en el s&iacute;ndrome esquizofr&eacute;nico del adolescente y el adulto (1).</p>     <p>El t&eacute;rmino autista se deriva de la palabra griega <i>autos</i>, que significa “a s&iacute; mismo”, “propio”. Este t&eacute;rmino inicialmente fue usado para definir personas retra&iacute;das o encerradas en s&iacute; mismas, y era aplicado a cualquier persona que tuviera estas caracter&iacute;sticas, pero principalmente para referirse a adultos esquizofr&eacute;nicos, que manifestaban retraimiento tal como lo describi&oacute; Bleuler (1).</p>     <p>L. Kanner public&oacute;, en 1943, en un trabajo titulado <i>Perturbaciones aut&iacute;sticas del contacto afectivo</i>. En &eacute;ste utiliz&oacute; el t&eacute;rmino <i>la soledad autista</i> para definir la caracter&iacute;stica de conducta m&aacute;s notable en los primeros a&ntilde;os de vida de estos ni&ntilde;os, acompa&ntilde;ada de severas dificultades para relacionarse con la gente y el retraso y perturbaci&oacute;n en el desarrollo del lenguaje rituales y frecuentes angustias producidas por cambios medioambientales. Este conjunto de sintomatolog&iacute;as conductuales an&oacute;malas lo defini&oacute; como “ <i>autismo infantil precoz</i> ” (2).</p>     <p>Asperger (1944) describe el <i>s&iacute;ndrome de psicopat&iacute;a aut&iacute;stica</i>, que aparece hacia los cuatro o cinco a&ntilde;os y se caracteriza por un contacto muy perturbado, pero en forma superficial en ni&ntilde;os en buen estado intelectual; adem&aacute;s, ausencia de progresividad, trastornos del pensamiento y disociaci&oacute;n afectiva (3).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>J. Anthony (1958) diferencia entre el autismo idiop&aacute;tico primario y el autismo secundario. El primero corresponde a un retraimiento neonatal por lesi&oacute;n cerebral o deprivaciones sensoriales. El autismo secundario aparece en ni&ntilde;os con un desarrollo aparentemente normal hasta la edad de a&ntilde;o y medio y un posterior retraimiento psic&oacute;tico (1).</p>     <p>En 1971 el autismo fue diferenciado de la esquizofrenia por Kolvin y, en 1998, Rutter reconoce una base gen&eacute;tica y biol&oacute;gica en el autismo (4).</p>     <p>Las investigaciones recientes han demostrado que muchos ni&ntilde;os autistas pueden lograr el funcionamiento de una vida normal y otros pueden mejorar sustancialmente su calidad de vida, independencia, intercambio social y comunicaci&oacute;n.</p>     <p><b>EPIDEMIOLOG&Iacute;A</b></p>     <p>Los estudios epidemiol&oacute;gicos realizados, desde 1985 hasta la fecha, coinciden en demostrar que el promedio global del desorden autista es de cuatro casos por cada mil ni&ntilde;os entre los tres y los diez a&ntilde;os de edad, con una relaci&oacute;n de 2,2 hombres por cada mujer (5), (6), (7),(8).</p>     <p>Estos datos son obtenidos de investigaciones realizadas en poblaciones de Estados Unidos, Reino Unido y Jap&oacute;n (7). Es de anotar que no existe informaci&oacute;n sobre la epidemiolog&iacute;a del autismo en Colombia.</p>     <p><b>ETIOLOG&Iacute;A</b></p>     <p>El autismo se puede considerar como una entidad multifactorial que tiene muchos desencadenantes. Se ha asociado a dificultades perinatales, a la rub&eacute;ola cong&eacute;nita, al S&iacute;ndrome de Down y a otras alteraciones (5), (9), (10),(11).</p>     <p><b>FACTORES GEN&Eacute;TICOS</b></p>     <p>La influencia gen&eacute;tica se ha considerado un factor importante. Se han descrito grupos familiares en los cuales son frecuentes el autismo, as&iacute; como des&oacute;rdenes afectivos mayores familiares (12). Los trastornos m&aacute;s observados son la depresi&oacute;n, el trastorno afectivo bipolar y el trastorno obsesivo compulsivo (13).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las investigaciones han confirmado, en grupos familiares con alta incidencia de autismo, alteraciones en regiones de los cromosomas 7q y 16p(14) y tambi&eacute;n la duplicaci&oacute;n 15q11-13(15). La regi&oacute;n de la subunidad del gen del receptor del &aacute;cido _ -aminobut&iacute;rico (GABRA) tipo A, ubicado en 15q11-13 ha sido propuesto como un candidato funcional y posicional dentro de la etiolog&iacute;a del autismo(16). Adem&aacute;s el gen de la subunidad, GABRA5, del receptor del &aacute;cido g-aminobut&iacute;rico ha sido asociado al trastorno afectivo bipolar(17) y a depresi&oacute;n mayor(18). Adicionalmente la deleci&oacute;n 18q21- 23 se asocia al fenotipo autista(19). Sin embargo, la mayor&iacute;a de estudios que proponen una causa gen&eacute;tica, encuentran igualmente una alta importancia de factores no gen&eacute;ticos(20). El riesgo de tener un segundo hijo con autismo cuando el primero ha sido diagnosticado es del 5% (21).</p>     <p><b>VARIACIONES ESTRUCTURALES Y FUNCIONALES</b></p>     <p>Se han demostrado diferencias estructurales y funcionales en el sistema nervioso central entre autistas y grupos control mediante estudios de anatom&iacute;a patol&oacute;gica, resonancia magn&eacute;tica nuclear (RMN) y tomograf&iacute;a de emisi&oacute;n de positrones (PET).</p>     <p>Al comparar el volumen cerebral de ni&ntilde;os autistas con ni&ntilde;os normales y ni&ntilde;os con retraso del desarrollo, teniendo en cuenta los rangos de edad, se reporta un incremento del volumen total cerebral y en forma particular de la am&iacute;gdala, cerebelo e hipocampo en la primera y segunda infancia en los ni&ntilde;os autistas, comparados con los ni&ntilde;os normales. Por el contrario, es evidente una disminuci&oacute;n de dichos vol&uacute;menes en los ni&ntilde;os con retrasos del desarrollo(22). Estos aumentos no permanecen despu&eacute;s de la adolescencia, ya que se presenta un estancamiento del crecimiento acelerado de las estructuras cerebrales en los ni&ntilde;os autistas. De esta manera, al comparar adultos o adolescentes autistas con grupos de adultos y adolescentes normales, se aprecian vol&uacute;menes disminuidos en cuanto a las estructuras cerebrales o en muchos casos no existe una diferencia significativa entre el tama&ntilde;o del cerebro y sus estructuras entre estos dos grupos (23).</p>     <p>Hay estudios funcionales (PET) en ni&ntilde;os autistas que muestran alteraci&oacute;n unilateral del flujo sangu&iacute;neo y disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n de serotonina (5-HT) en los l&oacute;bulos temporal izquierdo (24),(25) y cerebeloso derecho (26). Adicionalmente, se ha demostrado que en los cerebelos de los ni&ntilde;os autistas hay una disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de las c&eacute;lulas de Purkinje entre el 35% al 50% (27),(28) y las c&eacute;lulas granulosas de la corteza cerebelosa son m&aacute;s peque&ntilde;as que las normales (29).</p>     <p>El giro fusiforme y las am&iacute;gdalas cerebrales se encuentran disminuidas de tama&ntilde;o en los autistas. Esta variaci&oacute;n en estas estructuras consideradas importantes en el procesamiento de caras, podr&iacute;an relacionarse con el d&eacute;ficit que presentan los autistas en la respuesta social a las caras y la comunicaci&oacute;n (25),(30),(31),(32).</p>     <p>Con la medici&oacute;n del flujo sangu&iacute;neo, por medio de PET, se ha observado que las &aacute;reas del cuerpo calloso son m&aacute;s peque&ntilde;as en los ni&ntilde;os autistas que en el grupo de ni&ntilde;os que no padecen esta entidad (33).</p>     <p><b>NEUROTRASMISIONES Y AUTISMO</b></p>     <p>Las investigaciones, tanto gen&eacute;ticas como anatomopatol&oacute;gicas y funcionales, coinciden en que el metabolismo de uno o varios neurotrasmisores est&aacute; involucrado en la patog&eacute;nesis del autismo.</p>     <p>En los pacientes autistas se ha documentado hiperserotoninemia (34),(35), fen&oacute;meno que ha sido explicado por aumento del volumen plaquetario, de la captaci&oacute;n y del almacenamiento de la serotonina por las plaquetas y de la s&iacute;ntesis de 5-HT, y por la disminuci&oacute;n de su catabolismo (36). Sin embargo, hay estudios que niegan un aumento de las plaquetas y de la serotonina en pacientes autistas (37).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se han deducido disfunciones serotonin&eacute;rgicas en autismo derivadas de la mejor&iacute;a con inhibidores de la recaptaci&oacute;n de serotonina, sean o no espec&iacute;ficos (36). La clomipramina que afecta la recaptaci&oacute;n de adrenalina y dopamina, pero con predominio en la recaptaci&oacute;n de la 5-HT, reduce la hiperactividad, los movimientos estereotipados y los comportamientos compulsivos y repetitivos (38).</p>     <p>El &aacute;cido homovan&iacute;lico, principal metabolito de la dopamina, se encuentra elevado en el l&iacute;quido cefalorraqu&iacute;deo de ni&ntilde;os autistas con esterotipias severas y gran actividad locomotriz (36). El uso de agonistas de la dopamina causa un empeoramiento de los s&iacute;ntomas mencionados en ni&ntilde;os autistas (39). Sin embargo, algunos investigadores no han encontrado diferencia en los niveles de este metabolito, entre ni&ntilde;os autistas y ni&ntilde;os control (40),(41).</p>     <p>La acetilcolina, neurotransmisor fundamental en el desarrollo de estructuras encef&aacute;licas durante la embriog&eacute;nesis, tambi&eacute;n se ha encontrado alterada en el autismo (42). Las diferencias en el n&uacute;mero y en el tama&ntilde;o de c&eacute;lulas cerebelosas entre autistas y personas normales sugieren alteraciones en los receptores nicot&iacute;nicos y muscar&iacute;nicos relacionados con este neurotrasmisor (43),(44). La adrenalina y noradrenalina se han estudiado en ni&ntilde;os autistas y grupo control sin arrojar diferencias importantes (39),(45).</p>     <p><b>SIGNOS Y S&Iacute;NTOMAS</b></p>     <p>Los principales s&iacute;ntomas de autismo son d&eacute;ficit de sociabilidad, de comunicaci&oacute;n rec&iacute;proca verbal y no verbal, as&iacute; como la limitaci&oacute;n de actividades e intereses del ni&ntilde;o (5),(46).</p>     <p>Puede ser detectado en edades tempranas, incluso antes de los ocho meses (47); sin embargo, se evidencia claramente en ni&ntilde;os de 18 a 30 meses de edad, en los cuales son notorios los problemas del v&iacute;nculo. Los padres notan la ausencia o retraso en el habla y la carencia del inter&eacute;s normal por otras personas o la regresi&oacute;n de su lenguaje y sociabilidad temprana (48), (49), (50), (51), (52), (53), (54), (55), (56). Los ni&ntilde;os autistas pueden verse afectados emocionalmente sin expresar respuestas ni reciprocidad adecuadas. En ni&ntilde;os mayores o en adultos puede haber alg&uacute;n contacto interpersonal y del lenguaje, pero el individuo permanece aplanado, remoto, torpe y forzado en las relaciones (12),(57).</p>     <p>Robert DeLong hipotetiza sobre dos formas distintas de autismo. La primera, caracterizada por un da&ntilde;o bilateral cerebral en edad temprana, generalmente en los l&oacute;bulos temporales, cuyo cuadro cl&iacute;nico se caracteriza por un bajo funcionamiento universal (12). A este grupo pertenece el autismo con esclerosis temporomedial bilateral postepil&eacute;ptica (57), encefalitis herp&eacute;tica (57), espasmos infantiles (58), esclerosis tuberosa (59) y rub&eacute;ola cong&eacute;nita (60). La segunda es la forma idiop&aacute;tica, m&aacute;s com&uacute;n, y que parece tener ra&iacute;ces familiares. La pre- sentaci&oacute;n es diferente, con regresi&oacute;n de las habilidades sociales y de comunicaci&oacute;n en el segundo a&ntilde;o de edad, mayor funcionalidad y alg&uacute;n desarrollo del lenguaje con habilidades especiales o islas de funci&oacute;n normal, s&iacute;ntomas afectivos prominentes y un mejor pron&oacute;stico (61).</p>     <p><i>Comunicaci&oacute;n</i></p>     <p>Los ni&ntilde;os autistas se caracterizan por deficiencia de la comprensi&oacute;n y del uso comunicativo del di&aacute;logo y los gestos (7). Un compromiso en la habilidad de decodificar r&aacute;pidamente un est&iacute;mulo ac&uacute;stico resulta en el m&aacute;s devastador desorden del lenguaje del autismo: agnosia verbal auditiva y sordera de palabras (62). Estos ni&ntilde;os entienden poco o nada del lenguaje, fallan en el di&aacute;logo y permanecen no verbales.</p>     <p>Por otro lado, los ni&ntilde;os autistas con des&oacute;rdenes mixtos receptivos-expresivos tienen mejor comprensi&oacute;n que expresi&oacute;n, su articulaci&oacute;n verbal es deficiente, son agramaticales y sus discursos son dispersos (7). Otros ni&ntilde;os autistas hablan tarde, progresan a oraciones fluidas, claras y bien formadas (63), pero su discurso se puede volver repetitivo, literal, ecol&aacute;lico sobreaprendidos (7). En la <a href="#t1">Tabla 1</a> se especifican los des&oacute;rdenes de comunicaci&oacute;n (64).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><a name="t1"></a>Tabla 1. </b>Des&oacute;rdenes de comunicaci&oacute;n en autismo</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a7t1.jpg"></p>     <p><i>Juego</i></p>     <p>Los ni&ntilde;os con autismo no saben jugar, manipulan los juguetes sin tener conciencia de lo que estos representan, no se comprometen en pretender jugar, actividad que desarrolla un ni&ntilde;o de dos a&ntilde;os normalmente (7).</p>     <p><b>ATENCI&Oacute;N Y ACTIVIDADES</b></p>     <p>La atenci&oacute;n y las actividades diarias de los ni&ntilde;os autistas tambi&eacute;n presentan caracter&iacute;sticas particulares. En las autoiniciadas, el periodo de atenci&oacute;n se extiende considerablemente (65). Al contrario, son incapaces de concentrarse en actividades compartidas (66). El estado de atenci&oacute;n tambi&eacute;n se ve perturbado por las esterotipias intrusas, como el aleteo de manos, que impiden una buena concentraci&oacute;n del menor. Cuando realizan alguna actividad y &eacute;sta es interrumpida, desarrollan rabietas y estados de agresividad; adem&aacute;s, pueden tener escasa necesidad de dormir o frecuentes despertares nocturnos (7).</p>     <p><i>Cognitivo</i></p>     <p>El 75% de los individuos autistas presentan retardo mental (5),(46). Su gravedad, as&iacute; como su nivel cognitivo est&aacute;n directamente asociados a la gravedad de sus s&iacute;ntomas autistas (67). Muchos individuos autistas muestran un patr&oacute;n particular en las pruebas de inteligencia, donde el coeficiente intelectual de su desempe&ntilde;o manipulativo es superior al verbal. Por otra parte, se puede encontrar una peque&ntilde;a minor&iacute;a con habilidades sorprendentes de m&uacute;sica, matem&aacute;ticas o visoespaciales, a pesar de sus deficiencias en otros dominios (12),(68),(69).</p>     <p><b>S&Iacute;NTOMAS SENSORIOMOTORES</b></p>     <p>Con frecuencia se reportan fallas en motricidad gruesa y fina, como hipoton&iacute;a, apraxia de los miembros o estereotipias. De estas &uacute;ltimas las m&aacute;s observadas son aleteo de manos, marcha impaciente, rotaci&oacute;n sobre s&iacute; mismos o en c&iacute;rculos, enroscamiento de una pita, rasgado de papel, golpeteo, prendido y apagado de interruptores, tarareo o preguntas incesantes (7). Tambi&eacute;n se ha observado laxitud articular aumentada, torpeza y marcha en puntillas (5),(46),(70),(71). Las deficiencias motrices son m&aacute;s frecuentes en ni&ntilde;os con puntajes bajos de coeficiente intelectual (47).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>DIAGN&Oacute;STICO Y CLASIFICACI&Oacute;N</b></p>     <p>El autismo se clasifica como uno de los des&oacute;rdenes desintegrativos del desarrollo. Var&iacute;a en su gravedad y s&iacute;ntomas. Los investigadores y terapeutas han desarrollado varios conjuntos de criterios para su diagn&oacute;stico. En la <a href="#t2">Tabla 2</a> se enumeran los criterios diagn&oacute;sticos definidos por el DSM-IV – <i>Diagnosis and Statistical Manual of Mental Disorders</i> – (64).</p>     <p><b><a name="t2"></a>Tabla 2. </b>Criterios para el desorden autista</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a7t2.jpg"></p>     <p>La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) propone par&aacute;metros diagn&oacute;sticos en el CIE-10 –Clasificaci&oacute;n Internacional de Enfermedades– (72). Asimismo, se utilizan series de diagn&oacute;stico como <i>Autism Diagnosis Interview</i> (73); <i>Autism Diagnosis Observation Schedule</i> (74); <i>Handicaps y Behavior and Skills Questionnaire</i> (75), y <i>Checklist for Autism in Toddlers</i> –CHAT <i>–</i> (53), que identifica prospectivamente el autismo a los 18 meses de edad, y est&aacute; basada en preguntar a los padres sobre los juegos e intereses de su hijo, m&aacute;s la observaci&oacute;n de su comportamiento al realizar &oacute;rdenes espec&iacute;ficas. En Jap&oacute;n se elabor&oacute; otra lista de s&iacute;ntomas tempranos del autismo –de Takahashi e Ishii– (76).</p>     <p>El diagn&oacute;stico del autismo se basa en la cl&iacute;nica. Para realizarlo se necesita un abordaje multidisciplinario, debido a la variedad de problemas de comportamiento y de desarrollo que presentan estos ni&ntilde;os. El equipo debe incluir m&eacute;dicos, terapeutas de lenguaje, terapeutas ocupacionales, psic&oacute;logos y fisioterapeutas.</p>     <p>Desde la perspectiva cl&iacute;nica es dif&iacute;cil diferenciar el autismo de otros des&oacute;rdenes desintegrativos del desarrollo, ya que puede no ser reconocido f&aacute;cilmente en individuos levemente afectados o en aqu&eacute;llos con impedimentos m&uacute;ltiples, por la presencia de retraso grave o profundo del desarrollo, alteraciones del lenguaje y des&oacute;rdenes hiperquin&eacute;ticos y de atenci&oacute;n (53).</p>     <p>Seg&uacute;n la Academia Americana de Neurolog&iacute;a (47), identificar un ni&ntilde;o con autismo requiere dos planos de investigaci&oacute;n, cada uno dirigido a un tratamiento diferente. Uno, de vigilancia de rutina sobre el desarrollo, que debe ser realizado a todos los ni&ntilde;os e involucra la identificaci&oacute;n primaria de cualquier ni&ntilde;o con desarrollo at&iacute;pico, seguida de la identificaci&oacute;n de aquellos en riesgo de autismo. Otro, de diagn&oacute;stico y evaluaci&oacute;n del autismo, que involucra una investigaci&oacute;n m&aacute;s profunda de los ni&ntilde;os identificados y diferencia el autismo de otros des&oacute;rdenes del desarrollo (<a href="#f1">Figura 1</a>).</p>     <p><b><a name="f1"></a>Figura 1 </b>/ Tamizaje y diagn&oacute;stico del autismo (47)</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a7f1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>TRATAMIENTO</b></p>     <p>La aproximaci&oacute;n terap&eacute;utica al autismo y a los des&oacute;rdenes desintegrativos del desarrollo ha sido bastante controvertida. El hecho de no haber podido identificar un marcador biol&oacute;gico espec&iacute;fico como causa absoluta del autismo (36) explica la b&uacute;squeda de alternativas terap&eacute;uticas. Se han dise&ntilde;ado diferentes modalidades de tratamiento y se han propuesto diferentes y variados esquemas terap&eacute;uticos para lograr alguna mejor&iacute;a de los s&iacute;ntomas. La aproximaci&oacute;n terap&eacute;utica integral con equipos multidisciplinarios, que incluye terapia a los padres, modificaci&oacute;n del comportamiento, educaci&oacute;n especial en un ambiente altamente estructurado, entrenamiento en integraci&oacute;n sensorial, terapia del habla y comunicaci&oacute;n y entrenamiento en destrezas sociales, ha mostrado ser &uacute;til en algunos ni&ntilde;os con trastorno autista (36).</p>     <p>En el desarrollo de las habilidades de comunicaci&oacute;n y de relaci&oacute;n, el apoyo a los padres y el entrenamiento en el comportamiento puede mejorar el seguimiento de instrucciones, el aprendizaje, la imitaci&oacute;n y el manejo de vocabulario, as&iacute; como algunas conductas de tipo social (77).</p>     <p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha iniciado el uso de psicof&aacute;rmacos como alternativa terap&eacute;utica en autismo. De Long, en un estudio de 37 ni&ntilde;os con autismo idiop&aacute;tico, observ&oacute; una clara mejor&iacute;a en s&iacute;ntomas relacionados con el aprendizaje y la memoria con el uso de fluoxetina en 22 de ellos, sobre todo en aqu&eacute;llos con antecedentes familiares de trastorno bipolar (78). Sin embargo, los efectos adversos son importantes e incluyen agitaci&oacute;n, insomnio, apetito disminuido, hiperactividad y cansancio (79).</p>     <p>La adrenalina y la noradrenalina han sido mencionadas en diferentes trabajos, pues han demostrado tener efectividad en la disminuci&oacute;n de la sintomatolog&iacute;a del autismo al igual que la desimipramina, los betabloqueadores y la clonidina (36).</p>     <p>El haloperidol, un agente bloqueador de la dopamina, con dosis de 0,25 a 4,0 mg/d, mejora la coordinaci&oacute;n, el autocuidado y el comportamiento de exploraci&oacute;n; reduce los movimientos estereotipados; incrementa las relaciones sociales, y facilita el aprendizaje, sin cambiar los s&iacute;ntomas b&aacute;sicos del autismo (80). En un estudio con 60 pacientes, Perry (81) estudiaron los efectos del haloperidol, utilizado durante seis meses, y confirmando su utilidad, pero encontrando que 59% tuvieron una regresi&oacute;n de los s&iacute;ntomas al retiro de la medicaci&oacute;n y cambio por placebo.</p>     <p>Por otro lado, se realiz&oacute; un estudio doble ciego, aleatorizado, controlado, en 101 ni&ntilde;os con un promedio de edad de 8,8 a&ntilde;os, con diagn&oacute;stico de autismo confirmado por criterios del DSM-IV. Se pretend&iacute;a medir la capacidad de la risperidona para disminuir s&iacute;ntomas como la agresividad, autoagresi&oacute;n e irritabilidad. Se demostr&oacute; un efecto positivo significativo en la reducci&oacute;n de estos s&iacute;ntomas en comparaci&oacute;n con el placebo. En el estudio se observaron efectos adversos como aumento del apetito, mareos, fatiga, pero el poco tiempo de la investigaci&oacute;n limita a poder presenciar efectos secundarios tales como una discinesia tard&iacute;a (82).</p>     <p>La venlafaxina, un potente inhibidor de la recaptaci&oacute;n de serotonina y norepinefrina, y que en menor grado inhibe la recaptaci&oacute;n de dopamina, fue utilizada en diez autistas y mostr&oacute; una disminuci&oacute;n en comportamientos repetitivos, as&iacute; como menores s&iacute;ntomas obsesivos, mejor&iacute;a en el contacto visual y en la complejidad de los juegos (83).</p>     <p>Adem&aacute;s de las anteriores pruebas, se han hecho otras aproximaciones terap&eacute;uticas de tipo farmacol&oacute;gico, encaminadas a la mejor&iacute;a de s&iacute;ntomas acompa&ntilde;antes del autismo. Dentro de los diferentes f&aacute;rmacos usados est&aacute;n antagonistas opioides, an&aacute;logos de la hormona adrenocorticotropa, anfetaminas, metilfenidato, clozapina, imipramina, tetrahidrobiopterina, vitamina B6 y magnesio, vitamina B12 y &aacute;cido f&oacute;lico, melatonina, litio y naltrexona (36). Sin embargo, los resultados obtenidos hasta el momento no han sido concluyentes. En la <a href="#t3">Tabla 3</a> se muestra los s&iacute;ntomas que pueden ser manejados por diferentes f&aacute;rmacos.</p>     <p><b><a name="t3"></a>Tabla 3. </b>Psicofarmacolog&iacute;a del autismo</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a7t3.jpg"></p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p>La adecuada estandarizaci&oacute;n de m&eacute;todos diagn&oacute;sticos y una mejor observaci&oacute;n por parte de los profesionales de la salud puede permitir una detecci&oacute;n y una intervenci&oacute;n m&aacute;s temprana que redunde en la disminuci&oacute;n de los efectos delet&eacute;reos de la enfermedad.</p>     <p>Con respecto a la etiolog&iacute;a y a la fisiopatolog&iacute;a, los hallazgos en la investigaci&oacute;n han permitido identificar algunos de los factores implicados con el desarrollo del autismo. La enfermedad tiene un origen multifactorial, en el cual las anormalidades gen&eacute;ticas, las alteraciones morfol&oacute;gicas y de la funci&oacute;n de los neurotrasmisores, as&iacute; como los factores ambientales influyen en la generaci&oacute;n de este cuadro cl&iacute;nico. Las diferentes aproximaciones terap&eacute;uticas se han orientado en el mejoramiento espec&iacute;fico de los s&iacute;ntomas por medio del control de los neurotransmisores implicados en la fisiopatolog&iacute;a del autismo. Para esto se han dise&ntilde;ado diferentes estudios farmacol&oacute;gicos, con los cuales se han obtenido resultados tanto positivos como negativos. Sin embargo, no se ha logrado una remisi&oacute;n completa de los s&iacute;ntomas ni una mejor calidad de vida para el paciente y su familia.</p>     <p><b>AGRADECIMIENTOS</b></p>     <p>Los autores agradecen la revisi&oacute;n y valiosos comentarios de los doctores Carlos Moreno Benavides y Alberto V&eacute;lez van Meerbeke.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Lien M. El autismo: enfoque fonoaudiol&oacute;gico. Panamericana; 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1692-7273200300010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Kanner L. Psiquiatr&iacute;a infantil. Buenos Aires: Paid&oacute;s; 1971.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1692-7273200300010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Asperger H. Pedagog&iacute;a curativa. Barcelona: Luis Miracle; 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1692-7273200300010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Berney TP. Autism: an evolving concept. British Journal Psychiatry 2000;176:20-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1692-7273200300010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Gillberg C, Coleman M. The biology of the autistic syndromes. 2nd ed. Londres: Mackeith Press; 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1692-7273200300010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Ritvo ER, Freeman BJ, Pingree C et al. The UCLA university of Utah epidemiologic survery of autism: prevalence. Am J Psychiatry 1989;146;194-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1692-7273200300010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Rapin I. Autism. The New Journal of Medicine 1997;337(2):97-104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1692-7273200300010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Bertrand J, Mars A et al. Prevalence of autism in a United States population: the brick township. Pediatrics 2001 Nov; 108(5).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1692-7273200300010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Cohen DJ, Volkmar FR, editors. Autism and pervasive developmental disorders: a handbook. New York: John Wiley; 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1692-7273200300010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Gillberg C, Coleman M. Autism and medical disorders: a review of the literature. Dev Med Child Neurol 1996;38:191-202.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1692-7273200300010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Nelson KB. Prenatal and perinatal factors in the etiology of autism. Pediatrics 1991; 87:761-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1692-7273200300010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. DeLong GR. Autism: new data suggest a new hypothesis. Neurology 1999;52: 911-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1692-7273200300010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. DeLong GR, Nohria C. Psychiatry familiy history and neurological disease in autistic spectrum disorders. Dev Med Child Neurol 1994;36:441-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1692-7273200300010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. International Molecular Genetic Study of Autism Consortium: a full genome screen for autism with evidence for linkage to a region on chromosome7q. J. Molecular Genetics; 7:571-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1692-7273200300010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Cook EH Jr, Lindgren V, Leventhal BL et al. Autism or a atypical autism in maternally but not paternally derived proximal 15q duplication. Am J Human Genet 1997; 60:928-34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1692-7273200300010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Cook EH Jr, Courchesne RY, Cox NJ et al. Linkage-desequilibrium mapping of autistic disorder, with15q11-13 markers. Am J Human Genet 1998;62:1077-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1692-7273200300010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Papadimitriou GN, Dikeos DG, Karadima G et al. Association between the GABA(A) receptor alpha5 subunit gene locus (GABRA5) and bipolar affective disorder. Am J Med Genet 1998;81:73-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1692-7273200300010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Oruc L, Verheyen GR, Furac I et al. Positive association between the GABRA5 gene and unipolar recurrent major depression. Neuropsychobiology 1997; 36:62-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1692-7273200300010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Gay CT, Hardies LJ, Rauch RA et al. Magnetic resonance imaging demostrates incomplete myelination in 18q syndrome: evidence for myelin basic protein haploinsufficiency. Am J Med Genet 1997; 74: 422 31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-7273200300010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Bailey A, Le Couteur A, Gottesman I et al. Autism as a strongly genetic disorder: evidence from a British twin study. Psychlol Med 1995;25:63-77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1692-7273200300010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Bolton P, Macdonald H, Pickles A et al. A case-control family history study of au tism. J Child Psychol Psychiatry 1994; 35:877-900.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1692-7273200300010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Sparks BF, Friedman SD, Shaw DW et al. Brain Structural Abnormalities in Young Children with Autism Spectrum Disorder. Neurology 2002;59:184-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1692-7273200300010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Aylward EH, Minshew NJ, Field K, Sparks BF, Singh N. Effects of age on brain volume and head circumference in autism. Neurology 2002;59:175-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1692-7273200300010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Zilbobicius M et al. Temporal lobe dysfunction in chilhood autism: a PET study. Am J Psychiatry 2000; 157: 1988-93.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1692-7273200300010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Bauman ML, Kemper TM. Neuroanatomical observations of the brain in autism, in the Neurobiology of the autism. Baltimore: John Hopkins University Press; 1994. p. 119-145.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1692-7273200300010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Metcalfe JA, Funnell M, Gazzaniga M. Right hemispehere memory superiority: studies of a split-brain patient. Gerontol B Pssychol Sci Soc Sci 1995;6:157-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1692-7273200300010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Hashimoto T. Taiama M, Murakawa K et al. Development of the branstem and cerebellum in autistic patiens. J Autis Dev Disor 1995;25:1-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1692-7273200300010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Kingsbury AE, Foster OJF, Nisbet AP et al. Tissue pH as indicator of RNAm. Presservation in human postmortem brain. Mol Brain Res 1995;28:311-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1692-7273200300010000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Bauman ML, Kemper TL et al. The neurobiology of autism. Baltimore: John Hopnkins Universitiy press; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1692-7273200300010000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Hazdenar MM, Buchsbaum M, Wei T et al. Limbic circuity in patiens with autistm spectrum disorders with positron emission tomography and magnetic resonance imaging. Am J Psychiatry 2001;157:1994- 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1692-7273200300010000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Hazdenar MM, Buchsbaum M, Metzger M et al. Anterior cingulate gyrus volume and glucose metabolism in autistic disorder. Am J Psychiatry 1997;154:1047-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1692-7273200300010000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Pierce et al. Face processing occurs outside the fusiform face area in autism: evidence from functional MRI. Brain 2001; 124: 2059-73.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1692-7273200300010000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Hardan AY, Minshew NJ, Keshavan MS. Corpues Caloosum size in autism. Neurology 2000;55:1033-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1692-7273200300010000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Anderson GM, Freedman DX, Cohen DJ, Volkmar FR, Hoder WL, McPhedran P et al. Whole blood serotonin in autistic and normal subjects. J Child Psychol Psychiatry 1987; 28:885-900.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1692-7273200300010000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Cook EH, Arora RC, Anderson GM, Berry-Kravis EM, Yan SY, Yeoh HC et al. Platelet serotonin studies in hyperserotonemic relatives of children with autistic disorder. Life Sci 1993;52:2005-15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1692-7273200300010000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Tsaid LY. Psychopharmacology in autism. Psychosomatic medicine 1991;61:651-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1692-7273200300010000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Geller E, Yuwiler A, Freeman BJ, Ritvo E. Platelet size, number and serotonine content in blood of autistic, childhood schizophrenic, and normal children. J autism Dev Disord 1988;18:119-26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1692-7273200300010000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Gordon CT, State RC, Nelson JE, Hamburger SD, Rapoport JI. A double-blind comparison of clomipramine, desipramine and placebo in the treatment of autistic disorder. Arch Gen Psychiatry 1993; 50:441-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1692-7273200300010000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Young JG, Kavanagh ME, Anderosn GM, Shaywitz BA, Cohen DJ. Clinical neurochemistry of autism and associated disorders. J Autism Dev Disor 1982; 12: 147-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1692-7273200300010000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Narayan M, Srinath S, Anderosn GM, Meundi DB. Cerebrospinal fluid levels of homovanilic acid and 5-hydroxyindoleaceticn acid in autism. Biol Psychiatry 1993; 33:630-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1692-7273200300010000700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Leckman JF, Cohen DJ, Shaywitz BA, Caparulo BK, Heninger GR, Bowers MB Jr. CSF monoamine metabolites in child and adult psychiatric patients. Arc Gen Psychiatry 1980;37:677-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1692-7273200300010000700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Court JA; Perry EK Johnson M, Piggot MA, Kerwin JA Perry RH et al. Regional paterns of cholinergic and glutamate activity in the developing and aging human brain. Brain res Dev 1993;74:73-82&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1692-7273200300010000700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Perry E, Lee M, Martin Ruiz C et al. Cholinergic activity in autism: abnormalities in the cerebral cortex and basal forebrain. Am j Psychiatry 2001; 158: 1058-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1692-7273200300010000700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Lee M, Martin Ruiz C, Graham A et al. Nicotinic receptor abnormalities in the cerebellar cortex in autism. Brain 2002 125:1483-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1692-7273200300010000700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Minderaa RB, Anderson GM, Volkmar FR, Akkerhuris GW, Cohen DJ. Noradrenergic and adrenergic functioning in autism. Biol Psychiatry 1994;36:237-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1692-7273200300010000700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Rapin I, editor. Preschool children with inadequate communication: developmental language disorders, autism, low IQ. No. 139 of Clinics in developmental medicine. London: Mac Keith Press; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1692-7273200300010000700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Filipek PA., Accardo PJ et al. Practice parameter: screening and diagnosis of autism. report of quality standars subcomitee of the American Academy of Neurology and the Child Neurology Society. Neurology 2000, 55: 468-79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1692-7273200300010000700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Tuchman RF, Rapin I. Regression in pervasive developmental disorders: seizures and epileptiform electroencephalogram correlates. Pediatrics 1997; 99: 560-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1692-7273200300010000700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Howlin P, Moore A. Diagnosis in autism: a survey of over 1200 patients in the UK. Autism: International Journal of Research Practice1997;1:135-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1692-7273200300010000700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Charman T. Theory of mind and the early diagnosis of autism. In: Baron-Cohen S, Tager-Flusberg H, Cohen D, editors. Understanding other minds: perspectives from autism and developmental cognitive neuroscience. 2nd ed. Oxford: Oxford University Press; 2000, p. 427-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1692-7273200300010000700050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Stone WL. Autism in infancy and early childhood. In: Cohen DJ, Volkmar FR, editors. Handbook of autism and pervasive developmental disorders. 2nd ed. New York: Wiley; 1997. p. &iexcl;266-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1692-7273200300010000700051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Wing L. The handicaps of autistic children. A comparative study. J Child Psychol Psychiatry 1969;10:1-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1692-7273200300010000700052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Baird G, Charman T. Screening and surveillance for autism and pervasive developmental disorders. Arch Dis Child 2001; 84:468-75.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1692-7273200300010000700053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Baranek GT. Autism during infancy: a retrospective video analysis ofsensorymotor and social behaviours at 9-12 months of age. J Autism Dev Disord 1999; 25:355-79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1692-7273200300010000700054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Sigman M. The Emanuel Miller lecture 1997: change and continuity in the development of children with autism. J Child Psychol Psychiatry 1998;37:89-126.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1692-7273200300010000700055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. Mundy P. Joint attention andsocial-emotional approach behavior in children with autism. Dev Psychopathol 1995;7:63-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1692-7273200300010000700056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. DeLong GR, Dean SC, Brown FR. Acquired reversible autistic syndrome in acute encephalitic illness in children. Arch Neurol 1981;38:191-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1692-7273200300010000700057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Chugani HT, Da Silva E, Chugani DC. Infantile spasm. III: prognostic implications of bitemporal hypometabolism in positron emition tomography. Ann Neurol 1996; 39:643-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1692-7273200300010000700058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. Bolton PF, Griffiths PD. Association of tuberous sclerosis of temporal lobes with autism. Lancet 1997;349:392-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1692-7273200300010000700059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. Chess S. Autism in children with congenital rubeolla. J Autism and Chilhood Schizophrenia 1971;1:33-47.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1692-7273200300010000700060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. Kanner L. Autistic disturbances of affective contact. Nervous Child 1943;2:217-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1692-7273200300010000700061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. Klein SK, Kurtzberg D, Brattson A et al. Electrophysiologic manifestations of impaired temporal lobe auditory processing in verbal auditory agnosia. Brain Lang 1995; 51:383-405.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1692-7273200300010000700062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. Tager-Flusberg H. Dissociations in form and function in the acquisition of language by autistic children. In: Tager-Flusberg H, editor. Constraints on language acquisition: studies of atypical children. Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum; 1994. p. 175-94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1692-7273200300010000700063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental disorders. 4th ed. Washington; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1692-7273200300010000700064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. Kinsbourne M. Overfocusing: an apparent subtype of attention deficit-hyperactivity disorder. In: Amir N, Rapin I, Branski D, editors. Pediatric neurology: behavior and cognition of the child with brain dysfunction. Basel (Switzerland): Karger; 1991. p. 18-35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1692-7273200300010000700065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>66. Mundy P, Sigman M, Kasari C. The theory of mind and joint-attention deficits in autism. In: Baron-Cohen S, Tager-Flusberg H, Cohen DJ, editors. Understanding other minds: perspectives from autism. Oxford: Oxford University Press; 1993. p. 181-203.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1692-7273200300010000700066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>67. Waterhouse L, Morris R, Allen DA et al. Diagnosis and classification in autism. J Autism Dev Disord 1996; 26:59-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1692-7273200300010000700067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>68. Obler LK, Fein D, editors. The exceptional brain: neuropsychology of talent and special abilities. New York: Guilford Press; 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1692-7273200300010000700068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>69. Treffert DA. Extraordinary people: understanding “idiot savants”. New York: Harper &amp; Row; 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1692-7273200300010000700069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>70. Bauman ML. Motor dysfunction in autism. In: Joseph AB, Young RR, editors. Movement disorders in neurology and neuropsychiatry. Boston: Blackwell Scientific; 1992. p. 658- 61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1692-7273200300010000700070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>71. Tuchman RF, Rapin I, Shinnar S. Autistic and dysphasic children. Pediatrics 1991; 88: 1211-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1692-7273200300010000700071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>72. World Health Organization. The tenth revision of the international clasification of disease and related health problems (ICD- 10). Geneva: WI IO; 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1692-7273200300010000700072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>73. Le Counter A, Rutter M, Lord C et al. Autism diagnostic interview: a standardized investigatos-based instrument. Journal of Autism and Developmental Disorders 1989; 19:363-87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1692-7273200300010000700073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>74. Lord C, Rutter ML, Goode S et al. Autism diagnosis observation schedule: a standar diseased observation of communicative and social behavior. Journal of Autism and Developmental Disorders 1989;19:185-212.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1692-7273200300010000700074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>75. Wing L. Wing schedule of handicaps, behavior and skills (HBS), in preschool children with innadecuate communication. In: Rapin I. Clinics in developmental medicine. London: MacKeith Press; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1692-7273200300010000700075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>76. Ishii T, Takahashi O. The epidemiology of autistic children in Toyata Japan. Japanese Journal of Child and Adolescence Psychiatry 1983;24:311-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1692-7273200300010000700076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>77. Stokstad E. New hints into the biological basis of autism. Science 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1692-7273200300010000700077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>78. DeLong GR, Teague LA, Kaniran MMc. Effects of fluoxetine treatment in young children with idiopathic autism. Develomental Med &amp; Child Neurology 1998; 40:551-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1692-7273200300010000700078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>79. Cook EH, Rowlett R, Jaselskis C, Leventhal BL. Fluoxetine treatment of children and adults with autistic disorder and mental retardation. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1992;31:739-45.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1692-7273200300010000700079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>80. Anderson L, Campbell M. The effects of haloperidol on discrimination learning and behavioral symptoms in autistic children. J Autism Dev Disord 1989;19:227-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1692-7273200300010000700080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>81. Perry R, Campbell M, Adams P, Lynch N, Spencer EK, Curren EL et al. Long-term efficacy of of haloperidol in autistic children: continuous versus discontinuous drug administration. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1989;28:87-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1692-7273200300010000700081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>82. McCracken J, McGough J et al. Risperidone in Children with Autism and Serious Behavioral Problems. N Engl J Med 2002 Aug; 347(5).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1692-7273200300010000700082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>83. Hollander E, Kaplan A, Cartwright Ch, Reichman D. Venlafaxine in children, adolescents, and young adults with autism spectrum disorders: an open retrospective clinical report. Journal of Child Neurology 2000;15(2):132-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1692-7273200300010000700083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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