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<institution><![CDATA[,Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario Facultad de Medicina Grupo de Investigación en Neurociencias (NEUROS)]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Breve historia de las clasificaciones de las cefaleas</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b><i>Brief history of classification of headache</i></b></p>     <p>Leonardo Palacios S&aacute;nchez*</p>     <p>* M&eacute;dico cirujano, especialista en Neurolog&iacute;a y en Docencia Universitaria de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario. “Ancien Assistant &Eacute;tranger”, Facultad de Medicina de Par&iacute;s V-Ren&eacute; Descartes Decano. Profesor asociado de Neurolog&iacute;a y miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n en Neurociencias (NEUROS) de la Facultad de Medicina Universidad Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario.</p>     <p>Recibido: enero de 2004 Aceptado: febrero de 2004</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Al evaluar un paciente con cefalea, utilizamos hoy en d&iacute;a la <i>Clasificaci&oacute;n de cefaleas, neuralgias craneales y dolor facial</i>, de la Sociedad Internacional de Cefaleas (International Headache Society), publicada en 1988 (1). La revisi&oacute;n de textos sobre cefaleas menciona a esta clasificaci&oacute;n en la actualidad como la m&aacute;s completa y mejor detallada que se ha producido. En &eacute;sta se reconocen cerca de 300 causas de dolor de cabeza, que son cuidadosamente clasificadas en doce grupos que se basan en criterios muy estrictos. Los cuatro primeros (migra&ntilde;a, cefalea de tipo tensional, cefalea en salvas y cefaleas miscel&aacute;neas) se denominan <i>cefaleas primarias</i>, y las dem&aacute;s se consideran secundarias a diferentes situaciones patol&oacute;gicas.</p>     <p>Aunque extensa, dicha clasificaci&oacute;n es de un valor enorme en la pr&aacute;ctica cotidiana, en la forma de comunicarnos entre profesionales de la salud, e indispensable para establecer pautas de diagn&oacute;stico, de tratamiento y protocolos de investigaci&oacute;n (2). Conocer c&oacute;mo se ha llegado a este punto es muy interesante, y parte del inter&eacute;s mismo de los m&eacute;dicos en clasificar diferentes entidades.</p>     <p>‘Clasificar’, en medicina, ha sido siempre de gran importancia. De hecho, casi para cualquier grupo de enfermedades hay clasificaciones que parecer&iacute;an a aquel que se interesa en un tema determinado y empieza a estudiarlo ‘naturales’, ‘evidentes’, pero detr&aacute;s de ellas suele haber un largo camino, tortuoso, empinado y dif&iacute;cil, previamente recorrido por nuestros predecesores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las siguientes l&iacute;neas pretenden acercar al lector a la forma de pensar y de ver las entidades en el pasado, situaci&oacute;n que ha permitido, a trav&eacute;s del tiempo, organizar los diferentes tipos de cefalea en una o m&aacute;s clasificaciones. Adem&aacute;s, se se&ntilde;alar&aacute;n, en algunos casos, &eacute;pocas y nombres de quienes descubrieron entidades neurol&oacute;gicas que hoy son plenamente reconocidas. El haberlas identificado, descrito y estudiado a lo largo de los siglos, es lo que permite hoy en d&iacute;a tener clasificaciones que nos parecen v&aacute;lidas. Sin el trabajo previo de los grandes pioneros de la neurolog&iacute;a que mencionaremos en este art&iacute;culo, no ser&iacute;a posible entender qu&eacute; hacemos hoy.</p>     <p><b>MEDICINA PRIMITIVA</b></p>     <p>Para el conocimiento de la primera y m&aacute;s larga etapa de la historia de la medicina no disponemos de fuentes escritas, por lo tanto, para reconstruir la lucha del hombre contra la enfermedad durante los miles de a&ntilde;os que comprenden los tiempos prehist&oacute;ricos es necesario orientarse con la informaci&oacute;n que proporcionan los restos humanos y otras fuentes materiales (3).</p>     <p>No tenemos duda sobre el hecho de que la cefalea es tan frecuente —podr&iacute;amos decir inherente al hombre—, que en tiempos prehist&oacute;ricos los seres humanos han debido padecerla; sin embargo, por lo anotado en el p&aacute;rrafo anterior, es imposible hacer alg&uacute;n tipo de menci&oacute;n a sus definiciones o clasificaciones</p>     <p><b>LA ANTIG&Uuml;EDAD</b></p>     <p>Los primeros relatos sobre medicina antigua provienen de los pueblos en los que fue inventada la escritura. As&iacute;, los pueblos de Mesopotamia y Egipto permiten conocer qu&eacute; pensaban y c&oacute;mo proced&iacute;an con las diferentes enfermedades. Hay relatos en poemas babilonios, que datan de tres mil a&ntilde;os a. C., que relatan situaciones que podr&iacute;an corresponder a migra&ntilde;a con aura. Tambi&eacute;n se conservan documentos escritos por los sumerios, de la misma &eacute;poca mencionada, que tratan sobre esta entidad (4-6).</p>     <p>La medicina egipcia tiene importantes testimonios sobre esto. El papiro de Ebers, que data de aproximadamente 1.200 a. C., menciona cuadros de dolor de cabeza, neuralgias, migra&ntilde;a, y al parecer se basa en documentos m&eacute;dicos de aproximadamente 1.550 a&ntilde;os a. C. (Silberstein). Los egipcios, al igual que la mayor&iacute;a de las civilizaciones antiguas, pensaban que los dioses pod&iacute;an curarlos, y segu&iacute;an las instrucciones de los papiros (3).</p>     <p>Por otra parte, el papiro de Leyden relata el caso de un hombre que, sufriendo de un dolor de cabeza muy intenso, hemicraneano, pide auxilio al dios Horus, que a su vez sufr&iacute;a de cefaleas, para que reemplace su cabeza por otra, pues la enfermedad se hace insoportable (4).</p>     <p>En la antigua Grecia hay relatos mitol&oacute;gicos relacionados con esta entidad. As&iacute;, Zeus, l&iacute;der de todos los dioses del Olimpo, sufr&iacute;a de fuertes dolores de cabeza y en una ocasi&oacute;n hubo de recurrir a Hefesto para que con su hacha le abriera el cr&aacute;neo para aliviarlo. El resultado de esta intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica fue el nacimiento de Pallas Atenea, diosa del derecho y de la sabidur&iacute;a (6-7).</p>     <p>Por otra parte, Plat&oacute;n, en su di&aacute;logo sobre la templanza, habla sobre el dolor de cabeza. Su protagonista, C&aacute;rmides, debe creer primero que ha tratado su alma, y en ese momento, no antes, tomar la droga para aliviar sus dolores de cabeza, esto es, restablecer la armon&iacute;a entre el cuerpo y el alma, antes de medicarse (3, 7).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hip&oacute;crates (460-375 a. C.), el gran m&eacute;dico de la isla Cos, se opuso a las creencias de la &eacute;poca sobre el origen de las enfermedades, y trat&oacute; de darles una explicaci&oacute;n cient&iacute;fica. No cre&iacute;a en los templos de Esculapio como la forma de tratar a los pacientes, y busc&oacute; explicaciones y tratamientos completamente diferentes (8). Sus escritos con frecuencia aluden a dolores de cabeza, algunos de los cuales podr&iacute;an corresponder a migra&ntilde;a, y otros a diferentes entidades que cursan con cefaleas.</p>     <p>Uno de sus relatos dice: &laquo;parece que ve algo delante de &eacute;l, como si fuera una luz, generalmente en el ojo derecho; al cabo de un rato sobreviene un dolor violento en el lado derecho del cr&aacute;neo, despu&eacute;s en toda la cabeza y cuello [...] Tras el v&oacute;mito el dolor se alivia&raquo; (7). Aunque no nos dej&oacute; mucho m&aacute;s en aspectos concretos de la entidad, el camino hacia el conocimiento cient&iacute;fico de la entidad fue marcado por este gran hombre. En lo relacionado con clasificaci&oacute;n, si bien menciona diferentes tipos de dolor de cabeza, no hay un concepto que permita brindar los elementos necesarios para plantear una clasificaci&oacute;n.</p>     <p>La primera descripci&oacute;n confiable de migra&ntilde;a proviene de Arateo de Capadocia, quien vivi&oacute; entre los siglos I y II de nuestra era, en Capadocia, regi&oacute;n que hoy en d&iacute;a corresponde a Turqu&iacute;a. Utiliz&oacute; el t&eacute;rmino <i>heterocrania</i> para referirse a dolores de cabeza que se localizaban en una hemicr&aacute;nea (4, 7). Sus descripciones permiten aseverar que distingu&iacute;a tres tipos de dolores de cabeza: (1) la heterocrania, que corresponde a la migra&ntilde;a; (2) la cefalalgia, de menor intensidad y sin la recurrencia de la anterior, y (3) la cefalea, que corresponde a lo que hoy denominamos cefalea cr&oacute;nica diaria. Esta clasificaci&oacute;n fue de gran importancia, y permaneci&oacute; sin mayores cambios hasta el siglo XVII.</p>     <p>Galeno de P&eacute;rgamo (129-201) introdujo el t&eacute;rmino <i>hemicr&aacute;nea</i> como sin&oacute;nimo de la entidad, palabra que posteriormente derivar&iacute;a en <i>migra&ntilde;a</i> (4, 5, 7). Por otra parte, a la antigua medicina china debemos la probable descripci&oacute;n del primer caso de neuralgia del trig&eacute;mino. En efecto, hay relatos que se&ntilde;alan que en la dinast&iacute;a Han (220 a. C.), el m&eacute;dico Hu&aacute; To fue decapitado porque se atrevi&oacute; a recomendar curaci&oacute;n por medio de la apertu ra del cr&aacute;neo de un alto dirigente militar que probablemente sufr&iacute;a de una neuralgia del trig&eacute;mino (5).</p>     <p>Si bien son abundantes las referencias a diferentes tipos de cefalea, aparte de la planteada por Arateo de Capadocia, ning&uacute;n otro autor de este per&iacute;odo hace una aproximaci&oacute;n a una clasificaci&oacute;n.</p>     <p><b>LA EDAD MEDIA</b></p>     <p>Con la ca&iacute;da del imperio romano, un vasto cuerpo de conocimiento fue destruido. Sin embargo, una buena parte de &eacute;ste se salv&oacute; gracias a cient&iacute;ficos &aacute;rabes o jud&iacute;os. Avicena, llamado &laquo;el Pr&iacute;ncipe de la medicina persa&raquo;, fue un l&iacute;der de la resurrecci&oacute;n de la medicina gal&eacute;nica en el siglo X. Sosten&iacute;a que hab&iacute;a formas de dolor de cabeza en las que la causa no era la obstrucci&oacute;n de los sentidos a trav&eacute;s de una sustancia, sino, por el contrario, que hab&iacute;a algunas en las que los sentidos funcionaban mejor que en condiciones normales, citando como ejemplo situaciones que pod&iacute;an empeorar al paciente, como olores, ruidos y luz (4).</p>     <p>En la Europa cristiana, la medicina pastoral y mon&aacute;stica tomaba rumbos diferentes a la medicina &aacute;rabe. La abadesa Hildegard von Bingen (1098-1180), quien sufr&iacute;a de fuertes dolores de cabeza, realiz&oacute; bell&iacute;simas ilustraciones en las que algunos creen reconocer im&aacute;genes sugestivas de aura visual, y sosten&iacute;a que nadie que padeciera dolores de cabeza como los de ella podr&iacute;a permanecer de pie si fueran a ambos lados de la cabeza. Sus relatos oscilan entre lo m&iacute;stico y lo apocal&iacute;ptico (4, 7, 9). No hemos encontrado referencias de clasificaciones de cefalea en esta larga etapa de la historia de la humanidad.</p>     <p><b>EL RENACIMIENTO</b></p>     <p>En lo relativo a la migra&ntilde;a, el Renacimiento no aport&oacute; cambios sustanciales a las teor&iacute;as ya conocidas. Si bien en algunas disciplinas, como la anatom&iacute;a, se produc&iacute;a una verdadera revoluci&oacute;n a trav&eacute;s de la obra de Vesalio, el campo de la cefalea segu&iacute;a los mismos conceptos de la bilis, que a trav&eacute;s de vapores invad&iacute;a el cr&aacute;neo y produc&iacute;a la hemicr&aacute;nea (7).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De esta &eacute;poca provienen, en cambio, las m&aacute;s precisas descripciones de la neuralgia del trig&eacute;mino. As&iacute;, de Alemania, en 1671, procede la descripci&oacute;n de Fehr y Schmidt y, m&aacute;s tarde, en 1681, Ludwig la describe como “ <i>dolor superciliaris acut&iacute;simus periodicus</i> ”. El cirujano Nicolaus Andr&eacute; de Versalles impuso la denominaci&oacute;n de <i>tic doloureux</i>, que se ha mantenido como un cl&aacute;sico hasta hoy (6).</p>     <p>Es claro que estaba identificada la migra&ntilde;a, incluso, con la palabra que seguimos empleando en nuestros d&iacute;as, y la neuralgia del trig&eacute;mino, con otra terminolog&iacute;a, pero evidentemente se describ&iacute;a con precisi&oacute;n la entidad. Referencias a otros tipos de dolores de cabeza son virtualmente inexistentes en las fuentes consultadas.</p>     <p><b>EL SIGLO XVII Y LOS FUNDADORES DE LA NEUROLOG&Iacute;A</b></p>     <p>Tres hombres hicieron importantes aportes en el conocimiento de las cefaleas: en primer lugar, Charles le Pois (1563-1633), quien describ&iacute;a en forma precisa en los primeros a&ntilde;os del siglo XVII la migra&ntilde;a con aura: &laquo;v&eacute;rtigo, luego parestesia en la mano izquierda, que se extiende del quinto dedo hacia los dem&aacute;s, luego hacia todo el brazo, hemicr&aacute;nea izquierda y v&oacute;mito&raquo;. Denomin&oacute; esta situaci&oacute;n <i>hemicraniae insultus</i> (6-7).</p>     <p>En segundo lugar, Johan Jakob Wepfer de Shaffhausen (1620-1695), quien hizo la primera descripci&oacute;n del infarto migra&ntilde;oso y de la migra&ntilde;a basilar, y la atribuy&oacute; a disfunci&oacute;n del tronco cerebral. En 1669 describi&oacute; cuidadosamente los s&iacute;ntomas visuales del aura, pero su publicaci&oacute;n se hizo en forma p&oacute;stuma en 1727. Vater, sin embargo, hizo una publicaci&oacute;n sobre el escotoma migra&ntilde;oso y a &eacute;l se atribuye la primera publicaci&oacute;n sobre el aura visual (9).</p>     <p>Por &uacute;ltimo, el otro personaje que nos interesa en esta historia es ni m&aacute;s ni menos que <i>sir</i> Thomas Willis (1621-1675), quien entre otras cosas utiliz&oacute; por primera vez los t&eacute;rminos <i>neurolog&iacute;a</i> y <i>acci&oacute;n refleja</i>. Realiz&oacute; numerosos aportes en neuroanatom&iacute;a, y escribi&oacute; el primer libro sobre neurolog&iacute;a cl&iacute;nica, en 1672. Dedica un cap&iacute;tulo de su libro a la cefalea. Sus descripciones en particular se refieren a la migra&ntilde;a (4, 7); sin embargo, describe otros tipos de cefalea y se aproxima a una clasificaci&oacute;n en la que es llamativa la presencia de contrarios:</p>     <li>Cefaleas de origen intracraneal frente a cefaleas de origen extracraneal.</li>     <li>Cefaleas de origen universal frente a cefaleas de origen particular.</li>     <li>Cefalea ocasional frente a cefalea habitual.</li>     <li>Cefalea continuada frente a cefalea intermitente.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Describe cefaleas epis&oacute;dicas que se presentan diariamente y en horas fijas. Tambi&eacute;n anota que el hambre puede ser un s&iacute;ntoma premonitorio, as&iacute; como el ascenso en forma de espasmos de los s&iacute;ntomas del aura y la emisi&oacute;n de copiosas cantidades de orina l&iacute;mpida como s&iacute;ntoma de la migra&ntilde;a.</p>     <p>Al final del cap&iacute;tulo ocho incluye casos cl&iacute;nicos de pacientes con cefaleas de diversas causas, entre ellas tumores cerebrales, jaquecas, y el caso de un enfermo con una cefalea hemicraneal izquierda, en el que la autopsia revel&oacute; una obstrucci&oacute;n de la arteria car&oacute;tida derecha. Willis interpret&oacute; la cefalea como secundaria a una dilataci&oacute;n compensadora de la arteria car&oacute;tida izquierda, lo cual confirmaba la funci&oacute;n anastom&oacute;tica del c&iacute;rculo arterial que lleva su nombre (7).</p>     <p>A la luz de las clasificaciones actuales, se puede mencionar que para este momento estaba descrita la migra&ntilde;a, con aura y sin aura, la migra&ntilde;a basilar, la neuralgia del trig&eacute;mino y varios tipos de cefalea secundaria.</p>     <p><b>LA ERA DE LA ILUMINACI&Oacute;N</b></p>     <p>Karl von Linneo fue un m&eacute;dico que padec&iacute;a de una terrible migra&ntilde;a, y a &eacute;l debemos la clasificaci&oacute;n bot&aacute;nica que a&uacute;n utilizamos. El asunto es que este prestigioso cient&iacute;fico decidi&oacute; extenderla en 1735, adem&aacute;s, a los animales y a las enfermedades, y el resultado fue que se volvi&oacute; extremadamente compleja y dif&iacute;cil de manejar. Sin embargo, su clasificaci&oacute;n fue discreta para la que propusiera en 1763 Fran&ccedil;ois Boissier de Sauvages de Montpellier: diez tipos de migra&ntilde;a entre las que figuran la migra&ntilde;a lunar y las migra&ntilde;as <i>ab insectis</i>, causadas por cucarrones que se arrastran sobre el cr&aacute;neo (5, 9).</p>     <p>En 1790 habr&iacute;a otra clasificaci&oacute;n mucho m&aacute;s impresionante que la anterior. La propuso Baur in T&uuml;bingem y organizaba la cefalea en cuatro secciones que conten&iacute;an 72 clases, numeradas en cinco categor&iacute;as. Algunos de los t&eacute;rminos para definirlas eran muy complejos, pues mezclaban neologismos grecolatinos. Esta clasificaci&oacute;n no tuvo ninguna resonancia y no volvi&oacute; a hablarse de ella despu&eacute;s de 1793 (5, 9).</p>     <p>De Boissier de Sauvages debe rescatarse que tuvo un muy distinguido y aventajado alumno, Simon Andr&eacute; Tissot de Laussanne (1728-1797), quien escribi&oacute; un libro en 1780 titulado <i>Trait&eacute; des nerfs</i> (tratado de los nervios), que incluye la m&aacute;s completa descripci&oacute;n de migra&ntilde;a que se tuviera hasta esa &eacute;poca. Sus opiniones sobre la enfermedad dar&iacute;an las bases para el trabajo cl&iacute;nico que se desarrollar&iacute;a en el siglo XIX (7).</p>     <p>Data de esa &eacute;poca la primera descripci&oacute;n de la cefalea en salvas. La debemos a Gerhard van Swieten (1700-1772), fundador de la escuela m&eacute;dica vienesa, quien en su obra <i>Comentaria</i> describe muy bien la entidad: &laquo;Sent&iacute;a que su ojo era lentamente empujado fuera de la &oacute;rbita, con tanto dolor que estuvo cerca de enloquecer &raquo; (4, 9).</p>     <p>En 1641, Nicolaus Tulp (1593-1674), un conocido m&eacute;dico de &Aacute;msterdam, public&oacute; su obra <i>Observaciones medicae</i>, en la cual describe los conocimientos y la pr&aacute;ctica de la medicina de la &eacute;poca en m&aacute;s de 200 casos cl&iacute;nicos. En lo relativo a cefalea, describe dos tipos diferentes de acuerdo con los hallazgos cl&iacute;nicos y con la respuesta terap&eacute;utica: migra&ntilde;a y probablemente cefalea en salvas (10).</p>     <p>Autores como Sjaastad y Dale, en una tesis presentada en 1747, se refieren a la cefalea en salvas y, un poco m&aacute;s tarde, M&uuml;ller, en 1813, public&oacute; una serie de casos. Sin embargo, la expresi&oacute;n <i>cefalea en salvas</i> (<i>cluster headache</i>, en la literatura m&eacute;dica anglosajona) se lo debemos a Kunkle, en 1952 (4-5).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>EL SIGLO XIX</b></p>     <p>Entre los diferentes tipos de cefalea descritos en dicho siglo vale la pena mencionar la migra&ntilde;a oftalmopl&eacute;jica, descrita por Jean Martin Charcot (1825-1893). Desde el punto de vista fisiopatol&oacute;gico, se avanz&oacute; de manera importante y se generaron interesantes y apasionadas discusiones en torno al papel que pod&iacute;a desempe&ntilde;ar el sistema nervioso aut&oacute;nomo en la g&eacute;nesis de la entidad. Se hablaba de migra&ntilde;a p&aacute;lida y de migra&ntilde;a roja, y se reconoc&iacute;a el efecto ben&eacute;fico de la ergotamina para el tratamiento de la entidad (11).</p>     <p>Posteriormente se demostrar&iacute;a que la migra&ntilde;a roja correspond&iacute;a a pacientes que padec&iacute;an cefalea en salvas. Hacia 1873 surgi&oacute; una discusi&oacute;n en cuanto a la g&eacute;nesis de la migra&ntilde;a, en la que Edward Lievening la compar&oacute; a una &laquo;tormenta nerviosa&raquo;. El inter&eacute;s por la epilepsia en ese entonces era muy grande, y no dejaron de compararse con frecuencia las dos entidades; incluso se lleg&oacute; a pensar que la g&eacute;nesis podr&iacute;a ser en ambos casos, una disfunci&oacute;n el&eacute;ctrica del cerebro. Desde 1857 se estaba utilizando el bromuro de potasio para el tratamiento de la epilepsia y tambi&eacute;n se utiliz&oacute; para la migra&ntilde;a. En este ambiente, Lievening utiliz&oacute; la expresi&oacute;n <i>migra&ntilde;a epileptiformis</i> para referirse a pacientes con migra&ntilde;a que presentaban, adem&aacute;s, crisis de epilepsia (9).</p>     <p>En 1888, John Huglins Jackson (1835- 1911), padre de la epileptolog&iacute;a moderna, intervino en estas discusiones y admiti&oacute; que ambas entidades tienen una serie de factores en com&uacute;n, como su mayor frecuencia en la juventud, alta tendencia familiar, pero tambi&eacute;n una gran cantidad de diferencias: es como animales que pueden ser tan distintos como las ballenas, los murci&eacute;lagos y los puercoespines, aunque son todos mam&iacute;feros (4, 7).</p>     <p><i>Sir</i> William Gowers, disc&iacute;pulo de Jackson en el Hospital de Queen Square, dedic&oacute; gran parte de su tiempo al estudio y fina descripci&oacute;n de la migra&ntilde;a y la epilepsia. En los dos vol&uacute;menes de su obra, <i>Diseases of Nervous System</i> (1880), dedic&oacute; un cap&iacute;tulo a la migra&ntilde;a, en el que describe detalladamente todos sus aspectos, pero hace hincapi&eacute; en el aura visual, de la cual hizo unas extraordinarias descripciones (9).</p>     <p>Hacia el final del siglo, el neur&oacute;logo alem&aacute;n P. J. Moebius, famoso migra&ntilde;oso, quien describir&iacute;a el s&iacute;ndrome que lleva su nombre, tuvo una acalorada discusi&oacute;n con Jean Martin Charcot, gigante de la neurolog&iacute;a francesa, en cuanto a la etiolog&iacute;a de la migra&ntilde;a oftalmopl&eacute;jica. Para Moebius, la entidad no era una forma de migra&ntilde;a, sino s&iacute;ntoma de una lesi&oacute;n del tallo cerebral. El tiempo dar&iacute;a la raz&oacute;n a Charcot. Debemos, sin embargo, a Moebius haber utilizado por primera vez la expre si&oacute;n <i>estatus migra&ntilde;oso</i>, como analog&iacute;a del estatus epil&eacute;ptico (4, 9, 11).</p>     <p>El doctor Dom&iacute;nguez y colaboradores, en la hermosa obra titulada <i>El m&eacute;dico pr&aacute;ctico dom&eacute;stico y enciclopedia de medicina</i> se&ntilde;alan en 1890 que &laquo;hay casi tantas causas de dolor de cabeza como estados morbosos del cuerpo; es imposible detallarlas todas&raquo; (12). Es evidente que el n&uacute;mero de entidades nosol&oacute;gicas definidas para ese entonces era muy grande, pero no exist&iacute;a una clasificaci&oacute;n que permitiera agruparlas en forma l&oacute;gica, coherente y con impacto en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica.</p>     <p>En el texto, que es una enciclopedia m&eacute;dica general, se limitan a describir la migra&ntilde;a y una situaci&oacute;n denominada <i>dolor de cabeza nervioso</i> (hoy lo incluir&iacute;amos en la cefalea de origen psic&oacute;geno) en los siguientes t&eacute;rminos: &laquo;dolor fuerte de cabeza sin n&aacute;useas ni v&oacute;mito. No parece estar asociado con la condici&oacute;n biliosa (a diferencia de la migra&ntilde;a) pero es casi siempre el resultado del aniquilamiento f&iacute;sico o mental. Suele ocurrir en mujeres que est&aacute;n sujetas a enfermedades del &uacute;tero&raquo; (12).</p>     <p><b>EL SIGLO XX</b></p>     <p>En 1912, Edward Flatau public&oacute; su libro <i>Die Migr&auml;ne</i>, con la m&aacute;s completa descripci&oacute;n sobre migra&ntilde;a para su &eacute;poca. Sus medidas terap&eacute;uticas merecen, sin embargo, algunos comentarios: por ejemplo, recomendaba la aplicaci&oacute;n de ars&eacute;nico por v&iacute;a subcut&aacute;nea en series de hasta treinta inyecciones por a&ntilde;o. Otros de los tratamientos recomendados por el gran neur&oacute;logo polaco incluyen el ac&oacute;nito, el nitrato de plata, la quinina con nicotina e, incluso, el elemento radiactivo torio (9).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El profesor y director de Cl&iacute;nica M&eacute;dica de la Universidad de Leipzig, Adolph Str&uuml;mpell, se&ntilde;ala en su libro <i>Tratado de patolog&iacute;a especial y de terap&eacute;utica</i>, publicado en 1914, que hay una cefalea de tipo primario (o idiop&aacute;tico) y otras secundarias (el mismo concepto de la clasificaci&oacute;n que utilizamos en la actualidad). En relaci&oacute;n con la cefalea primaria, la define tambi&eacute;n como &laquo;dolor de cabeza habitual&raquo;. Se&ntilde;ala que es muy frecuente en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, pero que con los conocimientos disponibles en ese entonces es una situaci&oacute;n cl&iacute;nica que deja muchas lagunas. Considera que el sustrato anat&oacute;mico de la entidad es desconocido, y que podr&iacute;a atribuirse a trastornos circulatorios o a trastornos &laquo;&iacute;ntimos de la nutrici&oacute;n&raquo;, con un componente hereditario importante. Menciona como lugares anat&oacute;micos donde podr&iacute;a generarse el dolor, la duramadre y los m&uacute;sculos epicraneales (14). Quien escribe estas letras considera que lo m&aacute;s probable es que dichas descripciones obedezcan a la situaci&oacute;n que hoy denominamos cefalea de tipo tensional.</p>     <p>Str&uuml;mpell realiza una descripci&oacute;n muy precisa de la migra&ntilde;a (<i>hemicranie, migraine</i>) y de las neuralgias del trig&eacute;mino y del occipital. En relaci&oacute;n con las cefaleas secundarias, advierte que la etiolog&iacute;a puede ser muy amplia y variable, dado que es uno de los s&iacute;ntomas que acompa&ntilde;an diferentes entidades y menciona entre sus causas (14):</p>     <li>Cefalea hiper&eacute;mica o an&eacute;mica.</li>     <li>Cefalea neurast&eacute;nica.</li>     <li><i>A frigore</i> o reum&aacute;tica.</li>     <li>T&oacute;xica (alcohol, plomo, nicotina, etc.).</li>     <li>Enfermedades cr&oacute;nicas de los &oacute;rganos vecinos del cerebro (nasofaringe y o&iacute;do).</li>     <li>De origen ‘general’: est&oacute;mago, ri&ntilde;ones, coraz&oacute;n etc.</li>     <p>En 1937, John Graham y Harold G. Wolff demostraron el efecto vasoconstrictor de la ergotamina en arterias temporales dilatadas durante una crisis de migra&ntilde;a. Esto marc&oacute; el inicio de una era de ensayos farmacol&oacute;gicos controlados. El libro <i>Cefalea y otras formas de dolor de cabeza</i>, publicado en 1949 por Wolff, se ha convertido en un cl&aacute;sico de la literatura m&eacute;dica del siglo XX. Wolff fue el inspirador de otros investigadores que formaron el comit&eacute; ad hoc para la clasificaci&oacute;n de la cefalea, que crear&iacute;a la primera clasificaci&oacute;n de las cefaleas en 1956 (2).</p>     <p>En el libro <i>La Douleur et les Douleurs</i>  (el dolor y los dolores), publicado en Francia, en 1957, hay un extenso cap&iacute;tulo dedicado a la cefalea, escrito por el doctor Nick. En &eacute;ste describe algunos tipos de cefalea, y en lo relativo a clasificaci&oacute;n el autor se&ntilde;ala (14):</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Cefaleas de origen mec&aacute;nico: tumores cerebrales y pospunci&oacute;n lumbar.</li>     <li>Cefalea de origen vascular: migra&ntilde;a y cefalea histam&iacute;nica (hoy en d&iacute;a denominada en salvas).</li>     <li>Por irritaci&oacute;n o compresi&oacute;n directa de nervios sensitivos: irritaci&oacute;n de nervios cervicales (malformaciones de la uni&oacute;n craneocervical), traumatismos, discopat&iacute;as y artrosis cervical.</li>     <li>Cefaleas de origen muscular.</li>     <li>Neuralgias craneanas.</li>     <li>Cefaleas de origen sist&eacute;mico: hipertensi&oacute;n arterial, cefalea secundaria a esfuerzos, cefalea en el s&iacute;ndrome de Morgagni- Morel (obesidad, hiperostosis frontal y trastornos ps&iacute;quicos).</li>     <li>Cefalea de origen ps&iacute;quico.</li>     <p>Con frecuencia cita los trabajos de Harold Wolff, que en ese momento eran, de lejos, los que mayores aportes hac&iacute;an al conocimiento de esta situaci&oacute;n. En 1962, un comit&eacute; ad hoc del Instituto Nacional de Des&oacute;rdenes Neurol&oacute;gicos y de la Comunicaci&oacute;n de los Estados Unidos realiz&oacute; una clasificaci&oacute;n sobre diferentes s&iacute;ndromes. Aunque ten&iacute;a elementos muy &uacute;tiles, y sirvi&oacute; de base para varias investigaciones, gener&oacute; dificultades, ya que las definiciones eran demasiado amplias y se prestaban para confusi&oacute;n (2).</p>     <p>La Sociedad Internacional de Cefaleas (International Headache Society) se cre&oacute; en 1983, y esta situaci&oacute;n se modific&oacute;. En 1985 se cre&oacute; un Comit&eacute; de Clasificaci&oacute;n conformado por m&aacute;s de cien expertos de diferentes nacionalidades que despu&eacute;s de tres a&ntilde;os de intenso trabajo publicaron un extenso documento sobre el tema, en 1988. El documento, titulado <i>Clasificaci&oacute;n de las cefaleas, neuralgias craneanas y dolor facial</i>, es utilizado en la Clasificaci&oacute;n Internacional de las enfermedades (CIE-10) de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) y ha sido soportado por la Federaci&oacute;n Mundial de Neu- rolog&iacute;a, por grupos de investigadores en migra&ntilde;a y por la Asociaci&oacute;n Estadounidense para el Estudio de la Cefalea (2).</p>     <p>Dicho texto es, sin duda, el instrumento que m&aacute;s utilizamos en la actualidad. Vendr&aacute;n por supuesto nuevos s&iacute;ndromes, nuevos conocimientos sobre el tema y nuevas clasificaciones. Disfrutemos entre tanto de &eacute;sta, la m&aacute;s completa producida hasta la fecha, antes de que se torne obsoleta, y en unos a&ntilde;os figure en un art&iacute;culo similar a &eacute;ste, como una curiosidad de la historia de la medicina.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <!-- ref --><p>1. Headache Classification Committee of the International Headache Society. Classification and diagnostic criteria for headache disorders, cranial neuralgias and facial pain. Cephalagia 1988;7(Suppl 8): 1-96.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1692-7273200400010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Olesen J. The classification and diagnosis of headache disorders. En: Mathew Ninan T, editor. Headache, neurologic clinics. Philadelphia: W. B. Saunders; 1990. p. 793-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1692-7273200400010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Shott H, editor. Cr&oacute;nica de la medicina. Barcelona: Plaza y Jan&eacute;s; 1993. p. 2-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1692-7273200400010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Silberstein SD, Lipton MB, Goadsby PJ. Headache in clinical practice. Historical introduction. Oxford (UK): Isis Medical Media; 1998. p. 1-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1692-7273200400010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Lance JW, Goadsby P. The history of headache. En: Lance JW, Goadsby P. Headache. Woburn: Butterworth Heinemann; 1999. p. 1-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1692-7273200400010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Palacios L. Historia de la cefalea y el dolor craneofacial. En: Sanin LC, Takeuchi Y. Cefalea y dolor craneofacial. Bogot&aacute;: McGraw Hill Editor; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1692-7273200400010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Garc&iacute;a-Albea E. Historia de la jaqueca. Barcelona: Masson; 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1692-7273200400010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Palacios L, Palacios E. Epilepsia: pasado y presente. Bogot&aacute;: Land de Colombia; 1992. p. 3-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1692-7273200400010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Isler H. Historical background. En: Olesen J, Tfelt Hansen P, Welch MA, editores. The headaches. Nueva York: Raven Press; 1993. p. 1-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1692-7273200400010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Khoeler PJ. Prevalence of headache in Tulp&acute;s Observationes Medicae with a description of cluster headache. Cephalalgia 1993;13(5):2597-602.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1692-7273200400010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Palacios L. Evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de la Migra&ntilde;a. En: Uribe B, Ram&iacute;rez S, editores. T&oacute;picos de inter&eacute;s en cefalea. Bogot&aacute;: Exlibris; 2001. p. 1-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1692-7273200400010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Dom&iacute;nguez S, Pe&oacute;n y Contreras J, Orva&ntilde;anos D, Bord&aacute;s B, Atkinson WB, Lyman HM et al. El m&eacute;dico pr&aacute;ctico dom&eacute;stico y enciclopedia de medicina. Ontario: World Publishing Coy; 1890. p. 450-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1692-7273200400010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Str&uuml;mpell A. Trait&eacute; de pathologie speciale et de th&eacute;rapeutique des maladies Internes. Par&iacute;s: A Maloine; 1914. p. 59-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1692-7273200400010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Nick J. A propos de quelques types de douleurs c&eacute;phaliques. En: Alajouanine TH. La douleur et les douleurs. Par&iacute;s: Masson et Cie; 1957. p. 215-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1692-7273200400010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
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