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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La salud y la promoción de la salud: una aproximación a su desarrollo histórico y social]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The health-disease concept can be considered from different theoretical perspectives. This paper presents an overview of the principal focuses that have been developed around it, with the intention of identifying its scope. The objective is to clarify the conceptual perspectives of both, health and health promotion, as historical facts, circumscribed and affected by a social reality, and therefore, builders of not only a knowledge but also of an institutional practice that determines the different movements from which the communities direct the understanding and management of their health. These statements do not imply that persons and collectives, like historical and active beings, do not exercise in an autonomous way its own convictions and decisions regarding their lives.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>La salud y la promoci&oacute;n de la salud: una aproximaci&oacute;n a su desarrollo hist&oacute;rico y social</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b><i>Health and Health Promotion: an Approximation to Its Historical and Social Development</i></b></p>     <p>Luz Dary Carmona Moreno*, Claudia Marcela Rozo Reyes†, Amparo Susana Mogoll&oacute;n P&eacute;rez&Dagger;</p>     <p>* Fil&oacute;sofa de la Universidad Nacional, candidata a Mag&iacute;ster en Desarrollo Educativo y Social Universidad Pedag&oacute;gica Nacional.    <br> &dagger; Terapeuta ocupacional, especialista en Docencia Universitaria de la Universidad del Rosario, profesora de la Facultad de Rehabilitaci&oacute;n y Desarrollo Humano de la Universidad del Rosario.    <br> &Dagger; Fisioterapeuta de la Universidad del Rosario. Doctora en Salud P&uacute;blica e Investigaci&oacute;n Biom&eacute;dica de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, profesora Facultad de Rehabilitaci&oacute;n y Desarrollo Humano de la Universidad. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:amogollo@urosario.edu.co">amogollo@urosario.edu.co</a></p>     <p>Recibido: diciembre de 2004. Aceptado: marzo de 2005.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Dado que el concepto de salud-enfermedad puede ser abordado desde diversas perspectivas te&oacute;ricas, en este apartado se presentan de manera sucinta los principales enfoques que se han desarrollado en torno a &eacute;ste, con la intenci&oacute;n de identificar sus alcances. Se busca evidenciar las perspectivas conceptuales de la salud y la promoci&oacute;n de la salud, como un hecho hist&oacute;rico circunscrito y afectado por una realidad social, y en esa medida constructoras no s&oacute;lo de un saber, sino tambi&eacute;n de una pr&aacute;ctica institucional, que determina los diferentes movimientos desde los cuales las comunidades se dirigen hacia modos de entender y manejar su salud, lo cual no quiere decir que los individuos y colectivos, como seres hist&oacute;ricos y activos, no ejerzan de manera aut&oacute;noma sus propias convicciones y decisiones frente al curso de su vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> salud, promoci&oacute;n de la salud, educaci&oacute;n en salud.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>The health-disease concept can be considered from different theoretical perspectives. This paper presents an overview of the principal focuses that have been developed around it, with the intention of identifying its scope. The objective is to clarify the conceptual perspectives of both, health and health promotion, as historical facts, circumscribed and affected by a social reality, and therefore, builders of not only a knowledge but also of an institutional practice that determines the different movements from which the communities direct the understanding and management of their health. These statements do not imply that persons and collectives, like historical and active beings, do not exercise in an autonomous way its own convictions and decisions regarding their lives.</p>     <p><b>Key words:</b> Health, health promotion, heatlth education.</p> <hr size="1">     <p><b>LA SALUD Y LA ENFERMEDAD ENTENDIDOS COMO EQUILIBRIO-DESEQUILIBRIO</b></p>     <p>Dentro de las aproximaciones que se han desarrollado en torno a la salud y a la enfermedad se destacan tres grandes enfoques: el primero, relacionado con la visi&oacute;n biologista, que asume el cuerpo desde una dimensi&oacute;n eminentemente f&iacute;sica; el segundo, que aborda estos procesos desde una perspectiva psicol&oacute;gica, y, finalmente, el tercero, que describe una visi&oacute;n sociol&oacute;gica, que es quiz&aacute; una de las que mayor integralidad ha brindado.</p>     <p><b>Enfoque biologista: el cuerpo como recept&aacute;culo f&iacute;sico</b></p>     <p>En la &eacute;poca de los griegos, la enfermedad adquir&iacute;a un cuerpo de conocimiento a trav&eacute;s del signo y del s&iacute;ntoma. Estos dos elementos constitu&iacute;an el lenguaje del cuerpo y el objeto de estudio de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica. El hombre de la sociedad antigua sent&iacute;a una gran correlaci&oacute;n con la naturaleza, por ello somet&iacute;a su vida a su ritmo. En ese entonces, las escuelas m&eacute;dicas planteaban la teor&iacute;a de los cuatro elementos: aire, tierra, fuego y agua (lo caliente, lo fr&iacute;o, lo h&uacute;medo y lo seco), a partir de cuya asociaci&oacute;n o disociaci&oacute;n explicaban los estados de salud o enfermedad del individuo (1).</p>     <p>Estas posturas de los griegos marcar&iacute;an el devenir de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica durante muchos siglos y se unir&iacute;an posteriormente con las ideas del cristianismo, para dar lugar al modelo m&eacute;dico cl&aacute;sico. De ese modo, de los griegos se retomaron las ideas de la salud como una pr&aacute;ctica individualizada y muy circunscrita hacia determinados grupos sociales, en tanto que del cristianismo se tom&oacute; la influencia de lo divino en el desarrollo de la enfermedad —asociada con el pecado y con el castigo— y de la curaci&oacute;n, como el perd&oacute;n y la redenci&oacute;n. Esta situaci&oacute;n favoreci&oacute; la disociaci&oacute;n del cuidar como una pr&aacute;ctica curativa, que correspond&iacute;a al hombre, y la curaci&oacute;n, que ten&iacute;a una procedencia divina (2). Este modelo, que se configur&oacute; a partir de los siglos IV y V, tendr&iacute;a una notable influencia durante la Edad Media, pero su decadencia se dar&iacute;a con el surgimiento de una visi&oacute;n higienista de la enfermedad, que sustituir&iacute;a a la religiosa.</p>     <p>La visi&oacute;n higienista tuvo como principio orientador la b&uacute;squeda del equilibrio entre el individuo y el medio ambiente, lo que exig&iacute;a la adopci&oacute;n de un determinado modo de vida, a fin de garantizar de esta manera el equilibrio de la <i>physis</i> corporal con el propio sujeto y con la naturaleza (3). Para este momento las normas de la higiene buscaban el <i>meson</i> o t&eacute;rmino medio, es decir, un equilibrio en el que era importante regular y ordenar todos los aspectos de la vida (aire-ambiente, comida-bebida, sue&ntilde;o-vigilia, etc.), centrando sus preceptos en una visi&oacute;n individualista de la salud.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Posteriormente, en el siglo XVI en Europa, el proceso salud-enfermedad se bas&oacute; en el empirismo anatomopatol&oacute;gico, en el cual la lesi&oacute;n se convert&iacute;a en el fundamento del conocimiento cient&iacute;fico y cl&iacute;nico de la enfermedad, y a partir de la pr&aacute;ctica de la autopsia era posible reconocer el diagn&oacute;stico y comprobar la causa de muerte. En la segunda mitad del siglo XIX, el pensamiento fisiopatol&oacute;gico concibe la enfermedad como un trastorno en el peculiar flujo energ&eacute;tico–material, que es la vida org&aacute;nica, y ve en la enfermedad un modo t&iacute;pico de tal trastorno, en contraposici&oacute;n a la salud como un equilibrio. Hacia finales del siglo XIX surgen los revolucionarios conceptos te&oacute;rico- metodol&oacute;gicos sobre la etiopatolog&iacute;a, que en t&eacute;rminos generales estudia la realidad concreta de la sustancia, del germen viviente o del agente f&iacute;sico que determina la enfermedad, producto de la acci&oacute;n de agentes qu&iacute;micos, biol&oacute;gicos o f&iacute;sicos (3).</p>     <p>Los enfoques anteriores develan una posici&oacute;n de las profesiones de la salud frente al concepto de salud-enfermedad, que est&aacute; circunscrito al cuerpo como organismo biol&oacute;gico y que delimita la funcionalidad a la interacci&oacute;n de un conjunto &oacute;rganos con el medio ambiente, el cual se convierte en un reservorio de agentes pat&oacute;genos causantes de la enfermedad.</p>     <p>Estos planteamientos consideraron al cuerpo como un aparato mec&aacute;nico, un ente recept&aacute;culo de acciones y sustancias que pueden modificar su estado de salud o enfermedad, de acuerdo con las acciones externas que se realicen, y que redujeron al ser humano a la suma de sus partes (&oacute;rganos). En consecuencia, la pr&aacute;ctica profesional se caracteriz&oacute; por una concepci&oacute;n cl&iacute;nica basada en el examen (interpretar las dolencias del cuerpo y evidenciar la lesi&oacute;n), en el diagn&oacute;stico (clasificar el signo y el s&iacute;ntoma) y en la terap&eacute;utica individual.</p>     <p>De igual manera, el surgimiento de otras profesiones del &aacute;rea de la salud, que en un inicio sustentaron su quehacer en el enfoque biologista, llevaron a plantear intervenciones eminentemente cl&iacute;nicas, que respond&iacute;an a la detecci&oacute;n del da&ntilde;o estructural y al desarrollo de programas dirigidos al restablecimiento funcional, lo cual reduc&iacute;a al individuo a un plano estructuralista que limit&oacute; su visi&oacute;n de la salud como concepto social.</p>     <p>Ello trajo como consecuencia el abandono de visiones como el humanismo y el humanitarismo, que se hab&iacute;an propuesto para la consideraci&oacute;n de las personas v&iacute;ctimas de una enfermedad. Tales concepciones ve&iacute;an al sujeto como dotado de dignidad y de potencial para su desarrollo personal y social. As&iacute;, se hizo un cambio en las nociones fundamentales de las profesiones y se trat&oacute; de adquirir un car&aacute;cter m&aacute;s cient&iacute;fico e implementar un modelo reduccionista.</p>     <p>Por ello estos cuatro momentos hist&oacute;ricos evidencian que pese a la evoluci&oacute;n de los m&eacute;todos de exploraci&oacute;n y, en consecuencia, a la redefinici&oacute;n de algunos marcos para su estudio, la comprensi&oacute;n de la salud y la enfermedad denota la presencia de un hilo conductor que define el equilibrio (como equivalente a la salud) frente al desequilibrio (equivalente a la enfermedad).</p>     <p>Lo anterior hace pensar que este marco interpretativo no da cuenta de la complejidad del ser humano en cuanto ser social, como se construye consigo mismo y con otros en un proceso din&aacute;mico, no acabado, afectado por las relaciones sociales y las condiciones de vida. Muestra, en cambio, la permanencia de una clasificaci&oacute;n anat&oacute;mica de la enfermedad, basada en las lesiones o manifestaciones del cuerpo (signos y s&iacute;ntomas), que obliga a pensarla como realidad que existe s&oacute;lo desde el momento en que aparece la lesi&oacute;n y en que &eacute;sta se manifiesta por medio de los signos. La salud se entendi&oacute; como la ausencia de lesiones y, por lo tanto, la ausencia de signos (4).</p>     <p>Esta concepci&oacute;n limita la existencia de la enfermedad al estrecho marco del cuerpo y convierte al paciente en un conjunto de &oacute;rganos susceptibles de cambios estructurales que dieron lugar a los procesos de observaci&oacute;n-experimentaci&oacute;n, propios de un modelo biologista de la salud.</p>     <p><b>Enfoque psicol&oacute;gico. El cuerpo y la mente</b></p>     <p> El hecho de que se hubiera considerado la integraci&oacute;n entre la mente y el cuerpo en los estados de salud aparece a partir de dos momentos hist&oacute;ricos en el desarrollo de las profesiones de la salud: el tratamiento moral, el cual aparece como reacci&oacute;n ante el maltrato que sufr&iacute;a el enfermo mental, y el movimiento de artes y oficios, desde el cual se cre&iacute;a en la posibilidad de un estado de salud colectivo, que iba m&aacute;s all&aacute; del trata- miento de enfermedades espec&iacute;ficas, a trav&eacute;s del mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo. Estos dos movimientos desaparecieron con el aumento de la poblaci&oacute;n y las limitaciones en la prestaci&oacute;n de los servicios de salud de mediados del siglo XX (5).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A la perspectiva de la individualidad biol&oacute;gica (cuerpo f&iacute;sico), donde el ser humano es visto como un organismo tipificado seg&uacute;n edad, sexo, raza, biotipo, se suma un enfoque en el cual la dimensi&oacute;n ps&iacute;quica del individuo cobra un papel importante en la explicaci&oacute;n de la enfermedad. Este enfoque, que represent&oacute; una fisura con el modelo biologista de la salud y la enfermedad, tuvo origen a finales siglo XIX con los trabajos de Freud, quien demostr&oacute; a trav&eacute;s de un “Estudio comparativo de las par&aacute;lisis motrices org&aacute;nicas e hist&eacute;ricas” que la lesi&oacute;n que explica este cuadro no se expresaba en un &oacute;rgano, ni en una lesi&oacute;n funcional. Freud encontr&oacute; que la explicaci&oacute;n de la par&aacute;lisis hist&eacute;rica se ubicaba en el campo del lenguaje y de los conceptos, es decir, una lesi&oacute;n en el concepto mismo que el paciente ten&iacute;a de su propio cuerpo (4).</p>     <p>Este enfoque introduce la psicolog&iacute;a en la medicina para explicar la salud y la enfermedad, lo cual posibilita la comprensi&oacute;n del sujeto; integra otras esferas, adem&aacute;s de la biol&oacute;gica (psiquis), y reconoce la existencia de estructuras como el yo, el supery&oacute; y el ello. Lo anterior implic&oacute; entender la enfermedad no como una realidad ligada solamente a la anatom&iacute;a y a la fisiolog&iacute;a (cuerpo f&iacute;sico), sino en relaci&oacute;n con una dimensi&oacute;n ps&iacute;quica, susceptible de enfermar y que tiene caracter&iacute;sticas propias y diferentes de las biol&oacute;gicas y que, por lo tanto, requiere un manejo semiol&oacute;gico y terap&eacute;utico.</p>     <p>Al igual que los otros enfoques, &eacute;ste presenta un problema, en cuanto centr&oacute; la comprensi&oacute;n de la enfermedad a una realidad biogr&aacute;fica, que se bas&oacute; en la historia personal del sujeto, que dio lugar al surgimiento de la antropolog&iacute;a de la medicina. En consecuencia, si bien estos planteamientos se constituyeron en un avance en la concepci&oacute;n de hombre, desconocieron c&oacute;mo la historia personal est&aacute; enmarcada dentro de la historia social de un grupo y c&oacute;mo la psique humana es consecuencia de las interacciones del individuo con su cultura. De igual manera, se evidencia la polarizaci&oacute;n de la salud (en cuanto equilibrio mental, normalidad) y la enfermedad (desequilibrio mental, anormalidad).</p>     <p><b>Enfoque sociol&oacute;gico</b></p>     <p>La revoluci&oacute;n industrial fue el inicio de una serie de transformaciones tanto en lo productivo como en los cambios de vida que conllev&oacute; al nacimiento de grandes empresas; pero, de igual manera, al incremento de una clase trabajadora que fue sometida a condiciones de explotaci&oacute;n y marginaci&oacute;n en medios ambientes no saludables. As&iacute;, con el surgimiento del Estado burgu&eacute;s y con el crecimiento de las desigualdades sociales, la higiene personal —muy relacionada con los factores de limpieza— se constituy&oacute; en uno de los referentes para que las clases dominantes culparan a los pobres de muchas de las enfermedades que padec&iacute;an, ya que las asociaban con sus ‘h&aacute;bitos antihigi&eacute;nicos' y a su ‘modo de vida' y al desarrollo cada vez m&aacute;s marcado de las clases sociales.</p>     <p>Por su parte, los movimientos obreros, cada vez m&aacute;s, fueron tomando m&aacute;s importancia, al denunciar las injusticias que en diversos &aacute;mbitos se presentaron con la imposici&oacute;n de un nuevo sistema econ&oacute;mico, lo que conllev&oacute; a que las instituciones de salud abandonaran su tradicional enfoque de la beneficencia sanitaria, para dar lugar a un papel m&aacute;s cr&iacute;tico frente al reconocimiento de los problemas derivados de los &aacute;mbitos laborales (6).</p>     <p>Durante el siglo XIX aparece una dimensi&oacute;n que hasta ese momento no hab&iacute;a sido relevante, la vida social del individuo, la cual adquiere un papel importante en el origen de la enfermedad. Esta visi&oacute;n surge b&aacute;sicamente de los cambios sociales producidos en Europa a partir del impacto de la industria sobre la sociedad y sus implicaciones en el surgimiento de las enfermedades profesionales, as&iacute; como la intensificaci&oacute;n de la conciencia de clase. De igual manera, el posicionamiento de la sociolog&iacute;a como disciplina cient&iacute;fica y su influencia en la medicina ayudaron a consolidar esta perspectiva. En 1847, el m&eacute;dico berlin&eacute;s Salom&oacute;n Neumann escrib&iacute;a:</p>     <blockquote>       <p>La mayor parte de las enfermedades que perturban el pleno goce de la vida o acaban con una considerable parte de los hombres antes de su t&eacute;rmino natural, no dependen de condiciones naturales, sino de condiciones sociales; nada m&aacute;s evidente. La ciencia m&eacute;dica es en su n&uacute;cleo y en su ser m&aacute;s intimo ciencia social, y mientras esta significaci&oacute;n de su realidad no le sea reconocida, no llegaremos a gozar de sus frutos, y habremos de contentarnos con su c&aacute;scara. La naturaleza social de la medicina est&aacute; fuera de cualquier duda (7).</p> </blockquote>     <p>En esta misma corriente A. Grotjahn, en 1911, con su publicaci&oacute;n Patolog&iacute;a social (8), desarrolla la subjetividad social como determinante de la enfermedad y a partir de ah&iacute; establece seis criterios:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Observaci&oacute;n de la incidencia de las enfermedades seg&uacute;n clases y grupos sociales.</li>     <li>Establecimiento de la relaci&oacute;n entre las formas cl&iacute;nicas de cada enfermedad y los campos de la sociedad en que aparece.</li>     <li>Circunstancias sociales que determinan una enfermedad.</li>     <li>Consecuencias de la enfermedad sobre el ser humano, su entorno y su socializaci&oacute;n.</li>     <li>Impacto social del tratamiento m&eacute;dico.</li>     <li>Prevenci&oacute;n de la enfermedad a trav&eacute;s de medidas de orden social,</li>     <p>Desde estos postulados, la comprensi&oacute;n de la salud y la enfermedad estaba determinada por la situaci&oacute;n social general: alimentaci&oacute;n, vivienda, vestido, trabajo, goce de la vida, crianza y educaci&oacute;n (9); sin embargo, esta nueva explicaci&oacute;n de la salud y la enfermedad, ligada a la comprensi&oacute;n de las condiciones generales de la vida de la poblaci&oacute;n, fue limitada por la epidemiolog&iacute;a, en la medida en que &eacute;sta centr&oacute; su an&aacute;lisis en las condiciones individuales que determinan la aparici&oacute;n de la enfermedad.</p>     <p>La coyuntura social del momento exig&iacute;a el crecimiento econ&oacute;mico de los pa&iacute;ses, fundamentado en el principio del aumento del ahorro interno, para con &eacute;ste crear un acervo de capital, que implicaba el mejoramiento en la calidad de la mano de obra, asignaci&oacute;n de recursos, progreso t&eacute;cnico y acumulaci&oacute;n de capital (10). Esto condujo a la b&uacute;squeda de una explicaci&oacute;n de la enfermedad que dio cuenta de los cambios del momento, ya que las teor&iacute;as anteriores no permitieron abordar los elementos sociales implicados en su etiolog&iacute;a. As&iacute;, los l&iacute;mites de la medicina unicausalista y curativa quedaron reducidos a la pr&aacute;ctica privada y al hospital, pero las nuevas pol&iacute;ticas y su intervenci&oacute;n social exigieron un nuevo modelo acerca de la enfermedad y la salud que permitieran, adem&aacute;s de resolver los problemas de salud del momento, garantizar individuos sanos y productivos.</p>     <p>Se elaboraron entonces las concepciones multicausales de la enfermedad, con una visi&oacute;n m&aacute;s amplia del concepto etiol&oacute;gico (causa y origen). En este sentido, los eventos causales o etiol&oacute;gicos se consideraron m&uacute;ltiples y de varios tipos: biol&oacute;gicos, hereditarios, sociales o culturales; aparte de que se reconoci&oacute; que el origen de la enfermedad debe ser estudiado a partir de su identificaci&oacute;n y de sus asociaciones en la aparici&oacute;n del trastorno.</p>     <p>Esta concepci&oacute;n mantiene el hilo conductor con las teor&iacute;as anteriores, al concebir la enfermedad como un desequilibrio resultante de la interacci&oacute;n de aspectos relacionados con el agente, el hu&eacute;sped y el medio ambiente. A estos factores se les ha denominado <i>tr&iacute;ada ecol&oacute;gica</i> (4). Este enfoque se ampl&iacute;a cuando se retoman aspectos de orden social, cultural y de comportamiento en la conceptualizaci&oacute;n de la salud y la enfermedad, pero entendidos nuevamente como elementos etiol&oacute;gicos de &eacute;sta.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre aquellos quienes postularon este enfoque se encuentra Sigerist (1941), quien formul&oacute; el equilibrio corporal como la base para la salud de los sujetos y consider&oacute; que en la medida en que el sujeto se encontrara sano, podr&iacute;a controlar sus facultades f&iacute;sicas y mentales, y estar&iacute;a en condici&oacute;n de responder a las exigencias medioambientales. Para este autor “la salud no es sencillamente la ausencia de enfermedad; es algo positivo, una actitud alegre hacia la vida y la aceptaci&oacute;n entusiasta de las responsabilidades que la vida impone a la persona” (10).</p>     <p>A partir de estos elementos, la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) considerar&iacute;a, en 1947, que la salud corresponde al “completo estado de bienestar f&iacute;sico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad” (11). Esta definici&oacute;n, sin embargo, muestra debilidades en dos sentidos: en primer lugar, la concepci&oacute;n de bienestar es tautol&oacute;gica, ideal y ut&oacute;pica; en segundo lugar, la visi&oacute;n de estado tiene una connotaci&oacute;n est&aacute;tica sobre la salud y la enfermedad y, por lo tanto, es de car&aacute;cter ahist&oacute;rico. De igual manera, su acepci&oacute;n sigue centrada en los individuos y no en el problema de la salud de los colectivos.</p>     <p>En este abordaje conceptual se incluye lo social como parte del ambiente y se confunde la especificidad de lo social con factores ambientales. Es decir, se concibe lo social como parte del ambiente global que circunda a una persona, lo cual implica una deformaci&oacute;n naturalista de la interpretaci&oacute;n del proceso social y humano.</p>     <p>El surgimiento de la teor&iacute;a microbiana y el descubrimiento del papel de los agentes externos en la producci&oacute;n de la enfermedad impuls&oacute; el modelo higienista, que analiz&oacute; la exposici&oacute;n del individuo a condiciones ambientales inadecuadas como causa directa de la enfermedad y que propuso la higiene y el saneamiento como estrategias para su soluci&oacute;n. Esto permiti&oacute; que en el caso particular de Colombia se tomaran decisiones gubernamentales en relaci&oacute;n con el mejoramiento de la infraestructura de los servicios p&uacute;blicos, como el alcantarillado, el manejo del agua potable, la manipulaci&oacute;n de los alimentos y el mejoramiento de las &aacute;reas de esparcimiento (12). De igual manera, se implement&oacute; el control epidemiol&oacute;gico de todas las enfermedades producidas por agentes externos microbianos, como el c&oacute;lera, la peste y la fiebre amarilla, lo que llev&oacute; a establecer medidas de vigilancia para los puertos y plazas que manipulaban mercanc&iacute;as.</p>     <p>Esta breve descripci&oacute;n del modelo higienista en nuestro pa&iacute;s permite identificar la misma l&iacute;nea de pensamiento desarrollada hasta el momento, en relaci&oacute;n con la explicaci&oacute;n de la salud y la enfermedad como la ausencia o no de lesiones causadas por agentes microbianos, f&iacute;sicos, t&oacute;xicos, ambientales y comportamentales.</p>     <p><b>LA SALUD-ENFERMEDAD COMO PROCESO VITAL HUMANO</b></p>     <p>En los planteamientos anteriores se trabaj&oacute; la idea de salud y de enfermedad como expresiones antag&oacute;nicas que van de lo normal a lo anormal, del equilibrio al desequilibrio y de l&oacute;gicas metodol&oacute;gicas para su estudio que pri- vilegiaron una perspectiva positivista. En contraposici&oacute;n con esta idea, surge una concepci&oacute;n de salud-enfermedad centrada en una perspectiva social.</p>     <p>Este punto de vista parte de la necesidad que tiene el hombre de construir y mantener v&iacute;nculos sociales, los cuales se inician a partir de su red primaria (la familia) y que continuar&aacute; potenciando a lo largo de su ciclo vital. En este sentido, las condiciones a partir de las cuales se desarrolla su vida dependen directamente de sus relaciones sociales y de los medios a los que puede acceder (13). En la actualidad, los enfoques que analizan el proceso vital humano destacan como elementos fundamentales los siguientes:</p>     <li>La salud-enfermedad no como una expresi&oacute;n antag&oacute;nica, sino como la manifestaci&oacute;n de unos determinantes que influyen en el sujeto a lo largo de su vida.</li>     <li>La salud-enfermedad como un proceso contin&uacute;o de actualizaci&oacute;n de las necesidades y posibilidades de desarrollo de los sujetos en un contexto espec&iacute;fico. Este proceso connota una noci&oacute;n de movimiento y de permanente cambio, por lo que se define como din&aacute;mico.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>La salud-enfermedad, al estar en relaci&oacute;n con las condiciones de vida de los sujetos, se teje en lugares y tiempos espec&iacute;ficos, acorde con los valores del conjunto social, es decir, tiene un car&aacute;cter hist&oacute;rico.</li>     <li>El reconocimiento de la influencia del medio ambiente, la falta de soluci&oacute;n de las necesidades b&aacute;sicas, la calidad del trabajo, el aislamiento, la marginalidad y la pobreza se constituyen en determinantes de la enfermedad. En un intento por superar esta visi&oacute;n ambientalista, la enfermedad se asume como el resultado de ‘la civilizaci&oacute;n', es decir, como un proceso colectivo y no individual, donde la esfera biol&oacute;gica est&aacute; condicionada por lo social.</li>     <li>Esta visi&oacute;n de la salud y la enfermedad considera al sujeto integral, en cuanto se asume que las expresiones de dicho proceso reconocen los planos biol&oacute;gico, psicol&oacute;gico y social en relaci&oacute;n permanente. De esta forma, valida las percepciones, las representaciones y los conceptos de los sujetos de su propio cuerpo en un intento por romper la l&oacute;gica de las leyes universales.</li>     <p>Precisamente, los anteriores elementos pueden alimentar una construcci&oacute;n que apunte a superar los l&iacute;mites impuestos por la concepci&oacute;n hegem&oacute;nica de la salud y la enfermedad. En s&iacute;ntesis, la salud no puede ser asumida como un fin en s&iacute; misma, sino como un recurso para la vida cotidiana, que capacita al individuo para cumplir sus aspiraciones individuales y sus necesidades estrat&eacute;gicas y para cambiar su ambiente (14). De ah&iacute; que al abordar el fen&oacute;meno social de la salud, no se pueda desconocer el papel que cumple la cultura en su desarrollo, ya que “la cultura se construye y sirve de cimiento para la organizaci&oacute;n de la sociedad” (13). Desde esta perspectiva, la salud es la actualizaci&oacute;n permanente de los procesos vitales humanos, donde el bienestar o la enfermedad operan como momentos de dicho proceso y su coexistencia est&aacute; determinada por las condiciones de vida de las personas y las sociedades en las cuales se desarrollan.</p>     <p><b>ENTENDIENDO LA PROMOCI&Oacute;N DE LA SALUD</b></p>     <p>Una vez analizado el concepto de salud, es necesario abordar los paradigmas que han surgido sobre la promoci&oacute;n de la salud y establecer los enfoques que se han aplicado en los &aacute;mbitos nacional e internacional, y de esta manera visualizar las posibles estrategias que pueden implementarse, al entenderlas como un elemento en el que es necesario la participaci&oacute;n efectiva de los distintos actores.</p>     <p><b>Versi&oacute;n estilos de vida saludables</b></p>     <p>Para desarrollar los conceptos de promoci&oacute;n de la salud es necesario ubicarse dentro de los enfoques o abordajes del proceso salud-enfermedad, en la medida en que como fen&oacute;menos sociales el primero se encuentra afectado por la filosof&iacute;a y la pr&aacute;ctica del segundo. Con Galeno, m&eacute;dico griego de la Roma imperial, la higiene toma significado como promotora de la salud, la cual estaba centrada en el cultivo y el cuidado del cuerpo, que en t&eacute;rminos modernos se podr&iacute;a asociar con estilos de vida saludables.</p>     <p>Muchos siglos despu&eacute;s, con el paradigma microbiano, en el cual la enfermedad era producto de los microbios, la salud p&uacute;blica (salud de las colectividades) y la promoci&oacute;n de la salud quedaron supeditadas a la pr&aacute;ctica m&eacute;dica, en consecuencia, la lucha por la salud ser&iacute;a de ahora en adelante tarea de los ‘cazadores de microbios'. El agente causal de la enfermedad deber&iacute;a ser controlado o eliminado por acciones p&uacute;blicas (15) —claro ejemplo de esta tendencia se present&oacute; en los anteriores apartados—. De esta manera, el simult&aacute;neo desarrollo de la farmacolog&iacute;a, los procedimientos diagn&oacute;sticos instrumentales, as&iacute; como de la biolog&iacute;a celular y la bioqu&iacute;mica contribuyeron a reafirmar esta idea.</p>     <p>Esta perspectiva se ubica dentro del modelo unicausal que, aunque tuvo &eacute;xito en un principio, result&oacute; insuficiente para explicar la totalidad de los fen&oacute;menos relacionados con la salud humana, en especial con aquellos asociados con el origen de las enfermedades cr&oacute;nico-degenerativas y, en general, con las no transmisibles (hipertensi&oacute;n arterial, diabetes, trombosis, etc.) (15).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, a partir del concepto de medicina preventiva se identifica la promoci&oacute;n de la salud como la esfera m&aacute;s general de la prevenci&oacute;n de la enfermedad; el paradigma que subyace en tal propuesta es el higi&eacute;nico-preventivista. La enfermedad es la ruptura del equilibrio existente entre el hu&eacute;sped, un agente etiol&oacute;gico y el medio con el que interact&uacute;an. La promoci&oacute;n de la salud, de acuerdo con esta visi&oacute;n, ten&iacute;a que ver con el fortalecimiento de la resistencia del hu&eacute;sped hacia los agentes de enfermedad, con la disminuci&oacute;n o eliminaci&oacute;n del contacto con el agente y con acciones generales sobre el ambiente (el ambiente incluye lo social).</p>     <p>En este contexto surge la segunda revoluci&oacute;n epidemiol&oacute;gica, que se refiere a la intenci&oacute;n de dominar las patolog&iacute;as no infecciosas con la propuesta de controlar los factores de riesgo (16). Dichos factores fueron agrupados en dos grandes categor&iacute;as, aqu&eacute;llos provenientes del entorno f&iacute;sico y los derivados del entorno social. Los primeros se asociaron con aspectos como las radiaciones, las sustancias qu&iacute;micas t&oacute;xicas, los agentes cancer&iacute;genos, entre otros, y los factores del entorno social, con ciertos h&aacute;bitos, por ejemplo, fumar, dietas ricas en grasa, consumo de alcohol y falta de ejercicio f&iacute;sico. Se evidencia que estos &uacute;ltimos factores est&aacute;n asociados con los estilos de vida, y en esa medida las personas pueden tomar decisiones que influyen en su exposici&oacute;n a esos agentes.</p>     <p>Desde esta perspectiva, los factores de riesgo est&aacute;n asociados m&aacute;s que a las condiciones de vida, a la formas de vida, a los comportamientos y a las actitudes de los individuos frente a su salud. En consecuencia, se pas&oacute; de evaluar el papel de las instituciones en su compromiso con la salud de los sujetos a culpar a estos &uacute;ltimos de su proceso salud-enfermedad y, por ende, a promover estilos de vida saludables con el fin de eliminar o controlar factores de riesgo.</p>     <p>Si bien es cierto que este enfoque centr&oacute; sus acciones en el plano individual, tuvo como aspecto positivo el transformar la medicina preventiva, centrada en el papel asistencial de las instituciones, a un an&aacute;lisis social y cultural de la salud, que exigi&oacute; volver a medir las acciones de planificaci&oacute;n en salud que se hab&iacute;an desarrollado hasta ese momento. De este contexto de b&uacute;squeda de la salud por parte de los individuos en la pr&aacute;ctica de estilos de vida saludables surge una nuevo concepto: el autocuidado, definido como:</p>     <blockquote>       <p>Las actividades de salud no organizadas y las decisiones sobre la salud tomadas por individuos, familias, vecinos, amigos, colegas, compa&ntilde;eros de trabajo, etc.; comprende la automedicaci&oacute;n, el autotratamiento, el respaldo social en la enfermedad, es decir, en el contexto normal de la vida cotidiana de las personas. El autocuidado es, definitivamente, el recurso sanitario fundamental del sistema de atenci&oacute;n de salud. (17)</p> </blockquote>     <p>Este enfoque del autocuidado se inserta dentro de la perspectiva de promoci&oacute;n de la salud como promoci&oacute;n de estilos de vida saludable, en la medida en que se define estilo de vida como la relaci&oacute;n con las experiencias colectivas e individuales y con las circunstancias vitales, al igual que patrones de elecci&oacute;n o patrones de conducta hechas a partir de las alternativas de que disponen las personas, seg&uacute;n sus circunstancias socioecon&oacute;micas y la facilidad con la que pueden elegir unas y otras.</p>     <p>Desde esta perspectiva, el concepto de autocuidado era “la adopci&oacute;n de estilos de vida saludables, lo que implica que el individuo contribuya a su propia salud evitando los factores de riesgo, adoptando comportamientos de salud positivos y vigil&aacute;ndose a s&iacute; mismo” (17). As&iacute;, el enfoque se centra en modificaci&oacute;n de la conducta por motivos de salud.</p>     <p>Dado lo anterior, la promoci&oacute;n de la salud trae consigo el concepto de la salud-enfermedad en t&eacute;rminos de equilibrio y desequilibrio. Aqu&iacute; se identifican tres aspectos importantes que es necesario resaltar: en primer lugar, el proceso de salud-enfermedad carece de una dimensi&oacute;n social, esto si se entiende lo social como la esfera del ser humano en la cual &eacute;l se interrelaciona no con un medio ambiente (presencia o no de factores de riesgo), sino con una sociedad que lo construye y que &eacute;l construye. &Eacute;sta es una sociedad en la cual desempe&ntilde;a m&uacute;ltiples relaciones en escenarios distintos de lo p&uacute;blico y lo privado (en el primero de ellos el trabajo, la escuela y la ciudad y, en el segundo, la familia). Relaciones en t&eacute;rminos de lo econ&oacute;mico, de lo productivo, de lo pol&iacute;tico, de lo cultural y de lo socializante.</p>     <p>El segundo aspecto alude a la relaci&oacute;n lineal y est&aacute;tica del proceso salud-enfermedad, en cuanto la salud se considera como un equilibrio de lo f&iacute;sico, lo psicol&oacute;gico y lo social y la enfermedad se asume como su contrasentido. As&iacute;, el individuo deja de ser sujeto social para convertirse en un cuerpo que si bien es reconocido desde su condici&oacute;n biol&oacute;gica y psicol&oacute;gica, es un cuerpo estructuralmente susceptible de ser afectado por una serie de riesgos que est&aacute;n presentes en su entorno, pero sin ninguna posibilidad de modificar su condici&oacute;n de ser social. Esta condici&oacute;n de ser social hace referencia al desarrollo del sujeto humano desde su historia y desde la construcci&oacute;n colectiva de una red de significados elaborados a partir de la experiencia intersubjetiva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un tercer aspecto es el car&aacute;cter instrumental que adquiere la promoci&oacute;n de la salud, al asign&aacute;rsele el control de una serie de factores de riesgo y agentes causales de enfermedad, a trav&eacute;s del manejo de epidemias, el ejercicio de estilos de vida saludables por parte de los sujetos y pol&iacute;ticas gubernamentales de mejoramiento de servicios p&uacute;blicos.</p>     <p><b>La promoci&oacute;n de la salud entendida como la capacidad de potenciar el desarrollo humano</b></p>     <p>En 1945, Henry Sigerist fue el primero en diferenciar la salud de la enfermedad, al definir que la medicina deb&iacute;a desarrollar cuatro grandes tareas: la promoci&oacute;n de la salud, la prevenci&oacute;n de la enfermedad, el tratamiento del enfermo y la rehabilitaci&oacute;n. En su momento plante&oacute; que se hace promoci&oacute;n si se facilita un nivel de vida decente; buenas condiciones de trabajo, educaci&oacute;n y ejercicio f&iacute;sico, y medios de descanso y recreaci&oacute;n (15).</p>     <p>A partir de los a&ntilde;os setenta comienza a darse una transformaci&oacute;n de la salud p&uacute;blica, centrada ahora en la prevenci&oacute;n y en el desarrollo de estrategias en el plano individual, para dar paso a una visi&oacute;n cr&iacute;tica de los modelos m&eacute;dicos imperantes. El trabajo de Blum ser&iacute;a uno de los m&aacute;s significativos, al proponer la promoci&oacute;n de la salud como un esfuerzo intersectorial, que deber&iacute;a tener como fundamentos la participaci&oacute;n y el desarrollo comunitario.</p>     <p>De manera coincidente, los cambios en la estructura de poder de muchas naciones, la mayor participaci&oacute;n de los pa&iacute;ses no alineados, el reconocimiento del impacto de la pobreza como uno de los factores generadores de desigualdades sociales en salud, pero no desde la mirada cl&aacute;sica de la epidemiolog&iacute;a y la crisis de los servicios de salud, llevaron al replanteamiento de muchas de la pol&iacute;ticas p&uacute;blicas internacionales, que hasta ese momento hab&iacute;an hecho hincapi&eacute; en lo medicalizante, para dar lugar a un modelo de promoci&oacute;n de la salud centrado en el favorecimiento de la equidad, de la participaci&oacute;n comunitaria y del trabajo intersectorial, como lo hab&iacute;a propuesto Blum.</p>     <p>Con el informe de Lalonde (perspectiva canadiense) la promoci&oacute;n de la salud se convierte en una estrategia institucionalizada que pretende enfrentar los desaf&iacute;os de reducir la inequidad, incrementar la prevenci&oacute;n y fortalecer la capacidad de la personas de hacer frente a los problemas. El nuevo enfoque de la promoci&oacute;n de la salud representa un proceso que habilita a los sujetos en el mejoramiento o control sobre su salud, fortaleciendo el autocuidado, la mutua ayuda, su capacidad de elecci&oacute;n sobre las maneras m&aacute;s saludables de vivir y la creaci&oacute;n de ambientes favorables para la salud (18).</p>     <p>En una de las m&aacute;s recientes conferencias internacionales de Promoci&oacute;n de la Salud, celebrada en julio de 1997, en Yakarta, Indonesia, se elabor&oacute; la Declaraci&oacute;n de Yakarta sobre Promoci&oacute;n de la Salud en el siglo XXI (19), en la cual se retomaron las estrategias de la carta de Ottawa, que concibi&oacute; la promoci&oacute;n de la salud como ”el proceso de proporcionar a los pueblos los medios necesarios para que puedan mejorar su salud y ejercer un mayor control sobre la misma” (20), para ello, la Declaraci&oacute;n de Yakarta propuso:</p>     <li>Construir pol&iacute;tica p&uacute;blica saludable.</li>     <li>Crear ambientes favorables de apoyo.</li>     <li>Fortalecer la acci&oacute;n comunitaria.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Desarrollar habilidades personales.</li>     <li>Reorientar los servicios de salud.</li>     <p>En este sentido, la promoci&oacute;n de la salud se constituye en un proceso pol&iacute;tico y social que busca incidir en las condiciones sociales, ambientales y econ&oacute;micas, a fin de disminuir el efecto que estos factores pueden tener en el &aacute;mbito p&uacute;blico e individual. Desde este punto de vista, las prioridades expuestas para la promoci&oacute;n de la salud son:</p>     <li>Promover la responsabilidad social por la salud.</li>     <li>Incrementar las inversiones para el desarrollo de la salud.</li>     <li>Consolidar y expandir nuevas alianzas para la salud.</li>     <li>Aumentar la capacidad de la comunidad y crear poder en los individuos (empoderamiento social).</li>     <li>Asegurar una infraestructura para la promoci&oacute;n de la salud.</li>     <p>Los anteriores postulados se comparten en la Declaraci&oacute;n de Bogot&aacute; de 1992 (19), (21), con los conceptos b&aacute;sicos que resumen el mensaje de dicha declaraci&oacute;n: el derecho a la vida digna, el bienestar colectivo, la redistribuci&oacute;n equitativa de los recursos y la paz como elemento importante de la salud p&uacute;blica.</p>     <p>El desarrollo anterior presenta una postura institucional en la que se evidencia c&oacute;mo sus orientaciones est&aacute;n sujetas a una pol&iacute;tica econ&oacute;mica de reducci&oacute;n del papel del Estado, as&iacute; como de los intereses de una clase pol&iacute;tica y dominante que va en contraposici&oacute;n de la b&uacute;squeda de mejores condiciones de vida y bienestar para la poblaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este sentido, la participaci&oacute;n del Estado como garante de condiciones de vida que permiten el desarrollo del ser humano se ve limitada por la falta de inversi&oacute;n social, y pese al esfuerzo por generar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas saludables, en la pr&aacute;ctica la promoci&oacute;n de la salud centra su atenci&oacute;n en el papel de los individuos en la modificaci&oacute;n de sus conductas personales para mejorar su estado de salud; sin embargo, tambi&eacute;n se recoge desde lo conceptual una mirada totalmente distinta a la anterior, en cuanto concibe la promoci&oacute;n de la salud como un conjunto de acciones que hacen los individuos y las instituciones para lograr que la salud y el bienestar se conviertan en la tarea social m&aacute;s importante. Posterior a la promulgaci&oacute;n de la Ley 100 de 1993, &eacute;sta se considerar&iacute;a como el “conjunto de acciones que buscan el &oacute;ptimo desarrollo de las capacidades individuales y colectivas” (22).</p>     <p>Por ello, s&oacute;lo en la medida en que se concibe la salud como un construcci&oacute;n colectiva, podr&aacute;n controlarse las consecuencias de la globalizaci&oacute;n, de la inequidad, de la explotaci&oacute;n en el trabajo, de las desigualdades de clase y de g&eacute;nero, entre otros aspectos, a partir de una toma de conciencia del papel que le corresponde al Estado, en cabeza de sus instituciones y de sus ciudadanos.</p>     <p>La promoci&oacute;n de la salud, m&aacute;s que el control de enfermedades espec&iacute;ficas, pretende desarrollar potencialidades, conciliar intereses diversos y gestar la voluntad y el compromiso de una colectividad para movilizarse y destinar recursos, en funci&oacute;n de dos prop&oacute;sitos principales: forjar los medios y condiciones que permitan a los ciudadanos ejercer mayor control sobre sus procesos de salud y eliminar las diferencias innecesarias, evitables e injustas que restringen las oportunidades para acceder al bienestar (23) (24).</p>     <p>Esta mirada brinda la posibilidad de construir, desde esta nueva perspectiva, mecanismos de movilizaci&oacute;n social que busquen, a trav&eacute;s de la conciliaci&oacute;n de intereses y motivaciones, posibilidades de desarrollo humano.</p>     <p>Los anteriores planteamientos tambi&eacute;n conllevan a un an&aacute;lisis de las tendencias que pueden marcar las pol&iacute;ticas en salud para un pa&iacute;s, ya que &eacute;stas reflejan las concepciones que prevalecen, as&iacute; como el reconocimiento que se establezca de los factores que inciden de manera positiva o negativa sobre la salud. Es decir, para el logro de un cambio de pol&iacute;ticas sanitarias se requiere, en primera instancia, un cambio en los paradigmas existentes en torno a la salud.</p>     <p>Por lo tanto, los cambios de paradigma que sean construidos no s&oacute;lo pueden influir en las comunidades acad&eacute;micas, sino que, en palabras de Sabatier (25) y Lomas (26), el conocimiento general y las creencias compartidas por la mayor&iacute;a de los ciudadanos ser&aacute;n el pilar para el desarrollo de un cambio de pol&iacute;tica social en salud, lo que exige volver a evaluar el papel que vienen cumpliendo los distintos sectores y profesionales que trabajan en pos de la salud.</p>     <p><b>El papel que ha cumplido la educaci&oacute;n en salud</b></p>     <p>A medida que se conocen las relaciones entre los comportamientos individuales, las condiciones del entorno y los factores de riesgo existentes, desempe&ntilde;a un papel fundamental la educaci&oacute;n en salud, en la medida en que busca proveer oportunidades de aprendizaje orientadas a modificar los comportamientos que pueden afectarla o favorecer aquellos que resultan saludables (27).</p>     <p>Este enfoque se ha proyectado y fundamentado en dos acciones: la primera de ellas, centrada en la implementaci&oacute;n de metodolog&iacute;as educativas que le permitan a la persona apropiarse de conocimientos, actitudes y t&eacute;cnicas que apunten a mejorar sus condiciones de vida y al mantenimiento de su salud. La segunda est&aacute; enfocada en el desarrollo de estrategias masivas de informaci&oacute;n, que buscan disminuir comportamientos no saludables en la sociedad, como el fumar, el consumo de bebidas alcoh&oacute;licas, el sedentarismo, entre otros aspectos.</p>     <p>El rol asumido por los profesionales de la salud en este enfoque fue el paternalista/asistencial, que clasifica de manera jer&aacute;rquica a los sujetos y desconoce su contexto sociocultural. Ejemplo de ello son los atributos que confieren a determinados grupos sociales como ‘organizados'/‘no organizados', ‘j&oacute;venes'/‘adultos', ‘l&iacute;deres/no l&iacute;deres', a los cuales les designan conductas y formas de pensar espec&iacute;ficas (28). Este proceder da lugar a que se activen lazos que refuerzan las distinciones y divisiones sociales que no reconocen la especificidad de la cultura. Se sustituye entonces el an&aacute;lisis de contexto, por teor&iacute;as aprendidas que conciben la comunidad como un ente carente de historia y saber, sobre la cual depositan sus conocimientos en nombre de sus intereses y necesidades. Esto la convierte en receptora de decisiones y conocimientos que en la mayor&iacute;a de las ocasiones no tienen correspondencia con sus formas de ver y construir el mundo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como respuesta a ello surge una nueva visi&oacute;n de la educaci&oacute;n en salud, que reivindica el papel que cumplen los sujetos en relaci&oacute;n con el autocuidado, as&iacute; como la funci&oacute;n de las redes sociales y del trabajo comunitario, no s&oacute;lo en la identificaci&oacute;n de sus principales necesidades en salud, sino tambi&eacute;n en la formulaci&oacute;n de alternativas de soluci&oacute;n. Esta nueva perspectiva de educaci&oacute;n en salud va m&aacute;s all&aacute; de la simple transmisi&oacute;n de conocimientos en torno a los factores de riesgo que afectan la salud.</p>     <p>En este sentido, orienta sus acciones hacia los grupos, las organizaciones y la comunidades, en busca de concienciar a los sujetos sobre las causas sociales, econ&oacute;micas y ambientales de la salud y enfermedad en un contexto pol&iacute;tico, a fin de generar un tejido social que se movilice y participe de manera activa en las decisiones pol&iacute;ticas que le competen. Es decir, se trata de la b&uacute;squeda de la autonom&iacute;a personal, mediante el desarrollo y utilizaci&oacute;n de habilidades que favorezcan la salud: esto es, una estrategia de empoderamiento personal y social. Por ello un trabajo de participaci&oacute;n social en salud debe, por una parte, identificar las necesidades de la poblaci&oacute;n, sus expectativas y el potencial de salud que posea, y, por otra, favorecer el mejoramiento de la prestaci&oacute;n de los servicios de salud (29).</p>     <p>Los anteriores aspectos hicieron que a partir de los a&ntilde;os ochenta se volviera a pensar en la dimensi&oacute;n de la promoci&oacute;n de la salud, al introducirse el concepto del trabajo en ‘entornos', no en el sentido exclusivo de espacios donde se pueden desarrollar acciones de salud, sino como entes sociales que por s&iacute; mismos dinamizan procesos y que, por lo tanto, pueden contribuir a la promoci&oacute;n de la salud. De all&iacute; que en el &aacute;mbito internacional no resulte extra&ntilde;o encontrar experiencias de “municipios saludables”, “hospitales saludables”, “lugares de trabajo saludables” y “escuela saludables”, que han propiciado acciones no s&oacute;lo en las personas, sino tambi&eacute;n en las estructuras y patrones sociales, que han implicado una movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica, el desarrollo de estrategias de participaci&oacute;n ciudadana y un mayor empoderamiento de sus miembros frente a la responsabilidad social que les compete. No obstante, tambi&eacute;n es necesario reevaluar el papel de los profesionales de la salud, estableciendo una acci&oacute;n comunicativa que permita el encuentro de conocimientos, la identificaci&oacute;n de necesidades colectivas, la intersubjetividad de saberes en torno al proceso salud-enfermedad y un di&aacute;logo de intereses consensuados entre individuos y comunidad.</p>     <p><b>RETOS DE LA SALUD DESDE UN CONTEXTO GLOBALIZADO</b></p>     <p>La globalizaci&oacute;n conlleva una serie de beneficios desde el punto de vista del desarrollo y crecimiento econ&oacute;mico para algunas naciones, pero de igual manera se constituye en el origen de las grandes desigualdades sociales, en la medida en que propicia mayores condiciones de pobreza para algunos pa&iacute;ses.</p>     <p>En lo que respecta a la poblaci&oacute;n, las precarias condiciones socioecon&oacute;micas, asociadas con el bajo nivel educativo, con las dificultades para la alimentaci&oacute;n y con el acceso a los servicios sociales, as&iacute; como la influencia de los factores medioambientales, propician no s&oacute;lo el deterioro de sus condiciones de salud, sino que de igual manera se constituyen en favorecedores de su exclusi&oacute;n social. La situaci&oacute;n de pobreza incide directamente en el sector salud, en la medida en que conlleva a dificultades para que los gobiernos generen otras fuentes de ingreso y garanticen adecuadas condiciones medioambientales y de infraestructura, lo cual hace que cada vez se tengan menos recursos para financiar la atenci&oacute;n en salud y que de esta manera se aumenten las inequidades frente a su acceso (30).</p>     <p>Las desigualdades sociales no s&oacute;lo se dan en el interior de las comunidades, sino entre los diversos pa&iacute;ses, lo cual evidencia que la inadecuada distribuci&oacute;n de la riqueza influye directamente en las posibilidades de educaci&oacute;n, en la calidad de vida, en las condiciones de trabajo y en las posibilidades de desarrollo econ&oacute;mico que puedan tener los individuos. De all&iacute; que sea entendible que la salud de la poblaci&oacute;n se vea afectada por diversas situaciones, no s&oacute;lo por las relacionadas con la pobreza, sino tambi&eacute;n por el impacto de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, el rol que cumplen los prestadores de servicios, as&iacute; como por el papel que ejerce el ambiente social y las redes comunitarias (31).</p>     <p>El estudio de las desigualdades sociales en salud tom&oacute; gran importancia a partir de las d&eacute;cadas de los setenta y de los ochenta, y una de sus acciones m&aacute;s recordadas es la Conferencia Internacional de Atenci&oacute;n Primaria en Salud, desarrollada en 1978, en Alma Alta (32), que postul&oacute; la necesidad de promover la “Salud para todos”. Este movimiento tuvo una gran aceptaci&oacute;n en muchos pa&iacute;ses; sin embargo, a pesar de las estrategias que han sido promulgadas en todo el mundo, despu&eacute;s de casi tres d&eacute;cadas los resultados siguen siendo desalentadores, ya que la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de muchos pa&iacute;ses se ha deteriorado y en otros tantos se acogieron disposiciones de organismos internacionales, para adelantar reformas a los sistemas de salud, que en muchos casos conllevaron a una mayor dificultad para la provisi&oacute;n de los servicios y a una mercantilizaci&oacute;n de la salud.</p>     <p>Frente a esta perspectiva, la salud para todos en el siglo XXI, propuesta por la OMS, da un giro en sus orientaciones y centra sus principios en el respeto por los valores individuales y colectivos, en la equidad de los sistemas de salud, en el favorecimiento del desarrollo de la mujer y del ni&ntilde;o, en el soporte a los derechos humanos, en el respeto por la dignidad del hombre y la mujer y en la creaci&oacute;n de oportunidades para la participaci&oacute;n de los individuos en la toma de decisiones a diferente &aacute;mbito (33).</p>     <p>Todas las situaciones anteriores evidencian un nuevo reto para la salud p&uacute;blica, como es generar un mayor compromiso frente al reconocimiento de la desigualdades sociales, en busca de alternativas para el logro de la equidad en salud (34). El favorecimiento de mejores condiciones de vida para los grupos m&aacute;s vulnerables debe intentar reducir las inequidades a trav&eacute;s de acciones, como la apropiaci&oacute;n del concepto de promoci&oacute;n de la salud, el compromiso de los planificadores para mejorar la provisi&oacute;n de los servicios y la concienciaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n frente a su responsabilidad social en salud.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A partir de estos referentes se entiende que la equidad en salud requiere eliminar las inequidades en los determinantes de la salud, no s&oacute;lo aquellos que se derivan de la prestaci&oacute;n de los servicios de salud (35),(36). De ah&iacute; que dentro de los programas de promoci&oacute;n de la salud y prevenci&oacute;n de la enfermedad tome importancia la visi&oacute;n de salud, que la considera como el potencial individual que contribuye al mejoramiento de la calidad de vida de las personas y, por lo tanto, favorecedora del desarrollo humano (33). Sin embargo, estos elementos s&oacute;lo podr&aacute;n darse en la medida en que se busque que dentro de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y las estrategias de salud se provea una base para el desarrollo de las personas, desde una visi&oacute;n positiva de la salud, que les posibilite hacer uso de sus capacidades f&iacute;sicas, mentales y sociales. De esta manera, pensar en una visi&oacute;n positiva de la salud implica no s&oacute;lo procurar las condiciones para el aumento en los a&ntilde;os de vida y en los a&ntilde;os libres de enfermedad, en la minimizaci&oacute;n de los efectos adversos de la enfermedad y la discapacidad, sino de igual manera en el incremento de la calidad de vida, a trav&eacute;s de un ambiente f&iacute;sico, social y ecol&oacute;gicamente saludable (33).</p>     <p>Sin embargo, el avance de la promoci&oacute;n de la salud depender&aacute; en gran medida del empoderamiento social que se logre con diversos colectivos: por un lado, del impacto de la informaci&oacute;n, de la autonom&iacute;a que se logre en los sujetos, y, por otra, del trabajo en equipo que se logre en el desarrollo de las distintas propuestas (37). Debe tenerse en cuenta, en relaci&oacute;n con este &uacute;ltimo referente, que se logre tanto una transformaci&oacute;n en la forma de pensar y actuar que tengan las disciplinas, para as&iacute; eliminar las pr&aacute;cticas excluyentes y orientar sus acciones hacia el desarrollo de saberes transdisciplinarios (38), como un compromiso, adquirido &eacute;ste por los colectivos frente a la detecci&oacute;n de sus necesidades y la formulaci&oacute;n de alternativas consensuadas de soluci&oacute;n, que permitan una participaci&oacute;n real en la toma de decisiones pol&iacute;ticas relacionadas con la salud.</p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p>El concepto de salud estuvo dominado durante muchas d&eacute;cadas por un enfoque biologista que centr&oacute; sus acciones en el desarrollo de estrategias individuales, que desconocieron en gran medida la influencia de lo social. No obstante, conferencias internacionales como las de Alma Ata, la Conferencia de Ottawa, la de Yakarta, entre otras, reivindicaron el papel que deben cumplir tanto el Estado como los colectivos en el mejoramiento de las condiciones de vida y en la b&uacute;squeda de alter- nativas de soluci&oacute;n para sus principales necesidades de salud. De esta manera, surge un concepto de empoderamiento ciudadano, que dirige sus esfuerzos hacia estrategias de participaci&oacute;n social y de trabajo intersectorial como alternativa para la resoluci&oacute;n de las principales inequidades en salud.</p> <hr size="1">     <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <!-- ref --><p>1. Entralgo P. El diagn&oacute;stico m&eacute;dico: historia y teor&iacute;a. Barcelona: Salvat; 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1692-7273200500010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Comelles J. Atenci&oacute;n primaria de salud: el dif&iacute;cil maridaje entre atenci&oacute;n integral y atenci&oacute;n institucional. JANO. 1994;46(1073):80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1692-7273200500010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Arrizabalaga J, Mart&iacute;nez A, Pardo J. La salut en la hist&oacute;ria d&acute;Europa. Barcelona: Resid&eacute;ncia d&acute;Investigadors, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1692-7273200500010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Quevedo E. El proceso salud-enfermedad: hacia una cl&iacute;nica y una epidemiolog&iacute;a no positivista. Bogot&aacute;; Zeus Asesores Ltda; 1992. p. 18, 24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1692-7273200500010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Reed K. Los comienzos de la terapia ocupacional. En: Hopkins H, Smith H. Terapia ocupacional. Philadelphia. Editorial M&eacute;dica Panamericana. 1993. p. 27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1692-7273200500010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Molero, J. Dinero para la cruz de la vida: tuberculosis, beneficencia y clase obrera en el Madrid de la Restauraci&oacute;n. Historia Social. 2001;39:31-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1692-7273200500010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Rosen G. An&aacute;lisis hist&oacute;rico del concepto medicina social. En: Lesky E. Medicina Social. Estudios y testimonios hist&oacute;ricos. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo;1984. p. 21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1692-7273200500010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. L&oacute;pez, JM. Antolog&iacute;a de cl&aacute;sicos m&eacute;dicos. Madrid: Editorial Triacastela; 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1692-7273200500010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Niveau M. Historia de los Hechos Econ&oacute;micos Contempor&aacute;neos. Barcelona: Ariel; 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1692-7273200500010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Sigerist HE. Medicine and human welfare. New Haven: Yale University Press; 1941.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1692-7273200500010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> En: Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud. Promoci&oacute;n de la salud en las Am&eacute;ricas. Informe Anual del Director-2001. Documento Oficial 302. Washington: OPS; 2001.</p>     <!-- ref --><p>11. World Health Organization: Constitution. Ginebra: World Health Organization; 1947.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1692-7273200500010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Le&oacute;n G. El higienismo: antecedente hist&oacute;rico de la seguridad social en Medell&iacute;n 1886-1946. En: Guerrero J. Medicina y salud en la historia de Colombia. Tunja: Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia- Asociaci&oacute;n Colombiana de Historiadores; 1995. p. 121-2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1692-7273200500010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Barona N, &Aacute;lvarez L. Salud y sociedad. Cali: Formas Precisas Impresores; 1999. p. 100.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1692-7273200500010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. World Health Organization. The World Health Report 1998. Life in the 21st century: a vision for all. Geneva: World Health Organization; 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1692-7273200500010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Esteban J. Marcos conceptuales de la promoci&oacute;n de la salud, reflexiones para la pr&aacute;ctica. En: Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social. OPS Manos a la salud. M&eacute;xico: OPS; 1998. p. 34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1692-7273200500010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Secretar&iacute;a Distrital de Salud-Grupo Guillermo Fergusson. Modelo de promoci&oacute;n de la salud para la Localidad de Kennedy. Bogot&aacute;: Secretar&iacute;a Distrital de Salud; 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1692-7273200500010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Hatch S, Kickbusch I. Self-help and health in Europe. WHO. Regional Office for Europe, Copenhagen 1983. En: Kickbusch I. El autocuidado en la promoci&oacute;n de la salud. Promoci&oacute;n de la salud: una antolog&iacute;a. Washington: Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud; 1996. p. 235.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1692-7273200500010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Jake E. Lograr la salud para todos: un marco para la promoci&oacute;n de la salud. En: Promoci&oacute;n de la salud: una antolog&iacute;a. Washington: Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1692-7273200500010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Restrepo H, M&aacute;laga L. Promoci&oacute;n de la salud: como construir vida saludable. Bogot&aacute;: Editorial M&eacute;dica Panamericana; 2001. p. 27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1692-7273200500010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Ottawa Charter for Health Promotion. Ottawa: Canadian Public Health Association; 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1692-7273200500010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Ministerio de Salud. Promoci&oacute;n de la salud y la equidad. Declaraci&oacute;n de la Conferencia Internacional de Promoci&oacute;n de la Salud. Bogot&aacute;: OPS/OMS; 1992. p. 3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1692-7273200500010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Decreto 1891 del 03 de agosto de 1994, por el cual se reglamentan parcialmente los art&iacute;culos 2&ordm;, 3&ordm; 4&ordm; 10, 21 y 22 de la Ley 60 de 1993; y parcialmente el art&iacute;culo 160 del Decreto-ley 1298 de 1994, en cuanto a fomento de la salud y prevenci&oacute;n de la enfermedad (Diario Oficial, n&uacute;mero 41.480, de 05-08-94).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1692-7273200500010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Ministerio de Salud. Promoci&oacute;n de la salud y prevenci&oacute;n de la enfermedad en el Sistema General de Seguridad Social en salud. Bogot&aacute;: Ministerio de Salud de Colombia; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1692-7273200500010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. V&eacute;lez AL. Marco pol&iacute;tico y legal de la promoci&oacute;n de la salud. Colombia Med. 2000;31:86-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1692-7273200500010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Sabatier P. Knowledge, Policy-Oriented Learning, and Policy Change: An Advocacy Coalition Framework. Knowledge: Creation, Diffusion, Innovation. 8 (June 1987): 649-692.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1692-7273200500010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Lomas J. Finding audiences, changing beliefs: the structure of research use in Canadian Health Policy. J Health Polit Policy Law. 1990;15(3):525-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1692-7273200500010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Nutdeam D, Smith C, Murphy S, Catford J. La evaluaci&oacute;n en la educaci&oacute;n para la salud: una revisi&oacute;n de sus progresos, posibilidades y problemas. En: Promoci&oacute;n de la salud: una antolog&iacute;a. Washington: Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud; 1996. p. 183.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1692-7273200500010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Cardaci D. Educaci&oacute;n para la participaci&oacute;n en promoci&oacute;n de la salud. En: Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social. OPS. Manos a la salud. 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Declaration of Alma-Ata International Conference on Primary Health Care, Alma-Ata, USSR, 6-12 September 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1692-7273200500010000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. World Health Organization. Document A51/5. Health for all in the twenty-first century. Pan Am J Public Health. 1998;4(2):132-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1692-7273200500010000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Gwatkin D. Health inequalities and the health of the poor: what do we know? What can we do? 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WHO/CHS/HSS/98.3, Equity initiative;5(18).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1692-7273200500010000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Blanchard K, Carlos J, Randolph A. The 3 keys to empowerment. San Francisco: Berret-Koehler Publishers; 1999. p. 286.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1692-7273200500010000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Franco S, Ochoa D, Hern&aacute;ndez M. La promoci&oacute;n de la salud y la seguridad social. Foros sobre promoci&oacute;n de la salud en la seguridad social. 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