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<journal-title><![CDATA[Revista Ciencias de la Salud]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Editorial Universidad del Rosario]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El reconocimiento como propuesta metodológica de calidad en el aprendizaje]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Rosario Facultad de Rehabilitación y Desarrollo Humano ]]></institution>
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<institution><![CDATA[,Universidad Central Facultad de Rehabilitación y Desarrollo Humano ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the education field, the question for the holistic formation is continuous and controversial. Moreover, with the obvious changes in the global knowledge production, apprehension and transmission, is crucial asking for the role of the education in the changes of the individual toward autonomy and take decisions in relationship with the educational process and the responsibility like a person sharing with knowledge like an issue of social development. In this context, this paper, presents results of an in- vestigation made on 1995, about the recognition value like a methodology proposal of learning quality, for consider their propositions to be in force into an educational structure.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>El reconocimiento como propuesta metodol&oacute;gica de calidad en el aprendizaje</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b><i>The Recognition as a Quality Methodology Proposal in the Learning Process</i></b></p>     <p>Lilia Virginia Garc&iacute;a S&aacute;nchez*, Miguel &Aacute;ngel C&oacute;rdoba Barbosa**</p>     <p>* Fisioterapeuta, Universidad Nacional de Colombia. Profesora de la Facultad de Rehabilitaci&oacute;n y Desarrollo Humano. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:vgarcia@urosario.edu.co">vgarcia@urosario.edu.co</a>    <br> **Fil&oacute;sofo, Universidad Santo Tom&aacute;s. Profesor de la Facultad de Rehabilitaci&oacute;n y Desarrollo Humano. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mcordobab@ucentral.edu.co">mcordobab@ucentral.edu.co</a></p>     <p>Recibido: Abril 3 de 2006. Aceptado: Junio 2 de 2006.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>En el terreno de la educaci&oacute;n, la pregunta por la formaci&oacute;n es permanente y controvertida. Adicionalmente, con los evidentes cambios en la producci&oacute;n, apropiaci&oacute;n y transmisi&oacute;n del conocimiento global, contin&uacute;a siendo pertinente cuestionar el papel de la educaci&oacute;n en la transformaci&oacute;n del sujeto, en la v&iacute;a de la autonom&iacute;a y la toma de decisiones frente a su proceso educativo y a su responsabilidad como persona comprometida con el conocimiento como factor de desarrollo social. En este contexto, se rescatan los resultados de una investigaci&oacute;n realizada en 1995 sobre el reconocimiento como propuesta metodol&oacute;gica de calidad en el aprendizaje, por considerar que sus planteamientos mantienen vigencia frente a los actuales cambios en la estructura educativa.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> Educaci&oacute;n, formaci&oacute;n humana, reconocimiento, debate, consenso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b></p>     <p>In the education field, the question for the holistic formation is continuous and controversial. Moreover, with the obvious changes in the global knowledge production, apprehension and transmission, is crucial asking for the role of the education in the changes of the individual toward autonomy and take decisions in relationship with the educational process and the responsibility like a person sharing with knowledge like an issue of social development. In this context, this paper, presents results of an in- vestigation made on 1995, about the recognition value like a methodology proposal of learning quality, for consider their propositions to be in force into an educational structure.</p>     <p><b>Key words:</b> Education, Human Formation, Recognition, Debate, Consensus.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Asumir un compromiso con la educaci&oacute;n en el contexto universitario es, a la vez, asumirlo con una investigaci&oacute;n que d&eacute; sentido a la praxis del maestro y que se constituya en reflexi&oacute;n permanente de los procesos de aprendizaje.</p>     <p>Uno de los elementos centrales de la vida universitaria, y en particular de la Universidad del Rosario, es una formaci&oacute;n que se traduzca en el egreso de profesionales capaces de ejercer un liderazgo que propicie transformaciones sociales. Pensar en ello exige del profesor universitario la reflexi&oacute;n acerca de la importancia de enfatizar, entre otros aspectos, en los valores como pilares de la formaci&oacute;n.</p>     <p>No hay duda de que el espacio educativo es un potente escenario para producir cambios en su propia estructura y para incidir en los procesos sociales, lo que le da un lugar de privilegio como motor de transformaciones (Franco, 1990). En este mismo sentido, el informe de la Comisi&oacute;n Internacional sobre la Educaci&oacute;n para el Siglo XXI de la UNESCO (1996) se&ntilde;ala que la educaci&oacute;n debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Es sorprendente que estos cuatro aprendizajes contin&uacute;en teniendo un profundo sentido humanizador y transformador, lo que significa que la Universidad debe potencializar en sus estudiantes el cultivo de los valores de la persona humana, que le permitan comprender los procesos sociales de su realidad local, regional y nacional, con el fin de construir colectivamente un saber pertinente para su desarrollo.</p>     <p>Este peque&ntilde;o marco de referencia nos permite plantear que un problema como el de la formaci&oacute;n mantiene su vigencia en el &aacute;mbito educativo a pesar del transcurso de los a&ntilde;os. Trabajar por la formaci&oacute;n en valores ser&aacute; siempre un reto para quienes hemos optado por la docencia como proyecto de vida.</p>     <p>Por lo anterior nos resulta tan revelador constatar la vigencia del tema en menci&oacute;n, a prop&oacute;sito de una investigaci&oacute;n que realizamos hace diez a&ntilde;os con nuestros estudiantes de fisioterapia y quisimos recuperar como elemento central de este art&iacute;culo, por considerar pertinentes sus planteamientos y hallazgos en este momento de transformaciones curriculares en nuestra universidad y muy oportunos en la din&aacute;mica que hoy exigen los modelos pedag&oacute;gicos y las pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas vigentes.</p>     <p>Es necesario tener en cuenta que el escenario de la educaci&oacute;n ha sufrido importantes transformaciones en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, por lo cual algunas afirmaciones relacionadas con los modelos pedag&oacute;gicos vigentes a mediados de la d&eacute;cada del 90 pueden resultar descontextualizadas en la actualidad. Sin embargo, con el presente art&iacute;culo quisimos se&ntilde;alar de manera particular la vigencia de la formaci&oacute;n del estudiante universitario, como epicentro de la futura acci&oacute;n profesional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA</b></p>     <p>El proyecto surgi&oacute; en el contexto de la Especializaci&oacute;n en Docencia Universitaria, que curs&aacute;bamos en 1995 y que coincid&iacute;a con nuestros primeros pinitos en investigaci&oacute;n educativa.</p>     <p>En esta d&eacute;cada estaba en el centro del debate pedag&oacute;gico la urgencia de superar los modelos tradicionales de la educaci&oacute;n, caracterizados por una cultura dependiente, donde el saber era comprendido como sin&oacute;nimo de autoridad y poder y se pon&iacute;a al Otro en inferioridad de condiciones y se subvaloraba en su ser de persona (Gil, 1996).</p>     <p>En t&eacute;rminos de Habermas (1987), una educaci&oacute;n donde predominaba la comunicaci&oacute;n monol&oacute;gica instrumental, centrada en procesos mec&aacute;nicos y memor&iacute;sticos, donde el papel protag&oacute;nico era el saber erudito del profesor. Aqu&iacute; se privilegiaba la acumulaci&oacute;n de informaci&oacute;n, frente a la creatividad y elaboraci&oacute;n conceptual, herencia de esa visi&oacute;n de conocimiento como acumulaci&oacute;n y estrategia de poder y autoridad, que lejos de posibilitar desarrollos conduc&iacute;a a rupturas y negaciones. La p&eacute;rdida del horizonte de lo humano, nos ubicaba ante una sociedad competitiva, cimentada en el pragmatismo, donde los procesos formativos universitarios ced&iacute;an ante el ‘profesionismo', como una de las expresiones de la simplificaci&oacute;n en la visi&oacute;n, comprensi&oacute;n y transformaci&oacute;n del mundo.</p>     <p>Coombs (1986) se&ntilde;alaba que “el mundo de la educaci&oacute;n tal como lo vemos se ha vuelto tan complejo y se halla en un estado tan grave que ning&uacute;n vocabulario (ni siquiera el de la pedagog&iacute;a) puede describirlo completamente”. Ello pon&iacute;a de manifiesto la crisis por la que atravesaba la educaci&oacute;n y, por ende, la universidad.</p>     <p>Entonces, asumir el ser maestro implicaba la recuperaci&oacute;n misma de la <i>universitas</i>, de su compromiso con la producci&oacute;n de conocimiento de la mano de la formaci&oacute;n humana, para comprender que “el saber cient&iacute;fico y la cultura no son ornamentos sino el instrumento &uacute;nico para clarificar la vida misma del individuo y su sociedad” (Jaramillo, 1992). Por eso, “la universidad debe buscar la autonom&iacute;a cultural, es decir la b&uacute;squeda de una cultura propia, la posibilidad de autodeterminarse, de ejercer la libertad en el &aacute;mbito de la cultura, es decir en el &aacute;mbito de toda relaci&oacute;n humana” (Orozco, 1988).</p>     <p>Por todo esto resultaba fundamental propender por el reconocimiento de los actores dentro del proceso formativo, puesto que s&oacute;lo valor&aacute;ndonos y humaniz&aacute;ndonos en nuestras pr&aacute;cticas educativas, a trav&eacute;s del ejercicio de una comunicaci&oacute;n dial&oacute;gica participativa, ser&iacute;amos capaces de aceptar la diversidad y propiciar la transformaci&oacute;n, construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n del conocimiento (Hoyos y Vargas, 1996).</p>     <p>Con estos precedentes, quisimos sistematizar nuestras experiencias en el aula con los estudiantes de Salud Comunitaria y de &Eacute;tica General de la Facultad de Fisioterapia, por ser espacios de reflexi&oacute;n acerca de la actuaci&oacute;n profesional con comunidades y de su responsabilidad social como futuros fisioterapeutas. Se puso de manifiesto el sentido humanizador del proyecto, en torno a temas espec&iacute;ficos del quehacer profesional en el &aacute;mbito de la salud, con los cuales se buscaba articular una praxis profesional coherente, renovadora, creativa, en fin, transformadora.</p>     <p><b>OBJETIVOS Y METODOLOG&Iacute;A</b></p>     <p>Optamos por un proyecto investigativo orientado a la recuperaci&oacute;n del valor del reconocimiento, como eje central posibilitador de las elaboraciones conceptuales y las transformaciones pr&aacute;cticas en el aula de clase, donde se ubica en primer plano la persona humana en su contexto social. Esta perspectiva permit&iacute;a la ‘dimensionalizaci&oacute;n' del acontecer educativo desde lo humano y, en consecuencia, se convert&iacute;a en una propuesta metodol&oacute;gica cuyos caminos (estrategias did&aacute;cticas) procuraban una formaci&oacute;n intelectiva, social y afectiva, que lejos de ser asumida como uni&oacute;n o agregado de elementos, respond&iacute;a a una b&uacute;squeda de unidad en la diversidad, a ese construir desde la parte el todo sin dividir parte y todo. Por eso fue indispensable involucrar a los estudiantes en el proyecto, mediante la propuesta metodol&oacute;gica de investigaci&oacute;n-acci&oacute;n (Fals Borda, 1986), lo que implic&oacute; una primera discusi&oacute;n de orden te&oacute;rico-pr&aacute;ctico para consensuar c&oacute;mo &iacute;bamos a entender el valor del reconocimiento y cu&aacute;les ser&iacute;an las responsabilidades y compromisos de cada uno dentro del proyecto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Asumimos el reconocimiento como valor, en tanto implica el respeto, que no es otra cosa que tomarse en serio a s&iacute; mismo y al Otro, es la comprensi&oacute;n que reconoce a la persona humana en su condici&oacute;n de inacabada, con posibilidades de desarrollo intelectuales, f&iacute;sicas, afectivas, sociales, pol&iacute;ticas (Zuleta, 1995). A partir de un cuestionamiento permanente a dicho valor, centrado en la calidez, capacidad de escucha, interpelaci&oacute;n, disentimiento, debate y consenso<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a>, se buscaba una relaci&oacute;n comunicativa que permitiera una ganancia en cuanto a valores, actitudes, elaboraci&oacute;n conceptual y toma de decisiones. Desde este primer momento te&oacute;rico, se avanz&oacute; en la reflexi&oacute;n de sus experiencias, pues aparecieron las primeras dificultades de llevar a la realidad lo que en el papel parec&iacute;a tan f&aacute;cil y result&oacute; muy exigente a la hora de practicarlo, particularmente lo relacionado con la capacidad de escucha.</p>     <p>Elegimos como estrategia metodol&oacute;gica central para el desarrollo de las tem&aacute;ticas de las asignaturas de Salud Comunitaria y &Eacute;tica General, el seminario investigativo, que se complement&oacute; con el panel, el cine-foro y la elaboraci&oacute;n de ensayos.</p>     <p>En cuanto a la recolecci&oacute;n de la informaci&oacute;n, como instrumento recurrimos al diario de campo, donde llev&aacute;bamos un registro semanal pormenorizado, describiendo la manera como se presentaba la calidez en las relaciones interpersonales, la capacidad de escucha, el debate y el consenso. Los estudiantes contrastaron su experiencia en las asignaturas de Salud Comunitaria y &Eacute;tica General con los trabajos en grupo realizados en otras asignaturas y en la vida cotidiana institucional, mientras que nosotros hicimos el contraste con las dem&aacute;s asignaturas a nuestro cargo. Paralelamente, contrast&aacute;bamos la informaci&oacute;n en una matriz, para observar los cambios de ambos grupos.</p>     <p>Adicionalmente, una vez al mes se realiz&oacute; un trabajo de discusi&oacute;n (grupo focal) con cinco estudiantes diferentes. En las sesiones de clase cinco y diez se realiz&oacute; el an&aacute;lisis del proceso con todos lo participantes, del cual se entreg&oacute; un informe por grupo.</p>     <p><b>RESULTADOS Y DISCUSI&Oacute;N</b></p>     <p>Una vez iniciado el proyecto, cada estudiante avanz&oacute; de acuerdo con su propia din&aacute;mica y grado de compromiso. Se observ&oacute; cierta mecanizaci&oacute;n en las respuestas en el diligenciamiento de los diarios de campo de un grupo de estudiantes, lo cual dej&oacute; la impresi&oacute;n de que &eacute;stas se elaboraron por cumplir, pero sin un an&aacute;lisis que los sustentara.</p>     <p>Con el pasar de las semanas y luego de las discusiones en los grupos focales, se logr&oacute; pasar paulatinamente de la opini&oacute;n a la argumentaci&oacute;n y se evidenci&oacute; el esfuerzo por fundamentar las posiciones personales asumidas frente al desarrollo de un tema determinado.</p>     <p>Como resultado de la evaluaci&oacute;n de proceso, un grupo de estudiantes encontr&oacute; que la calidez en las relaciones del grupo eran “buenas”, y las cualific&oacute; con actitudes como la franqueza, sinceridad y amabilidad, producto del reencuentro al inicio del semestre. Otro grupo manifest&oacute; que las relaciones al interior del grupo eran “malas”, pues no hab&iacute;an superado tensiones presentadas el semestre anterior.</p>     <p>Como docentes investigadores pudimos observar que si bien el inicio del semestre era un ambiente propicio para unas relaciones c&aacute;lidas producto del reencuentro, se sent&iacute;a tensi&oacute;n por la presencia de subgrupos muy bien determinados, entre los cuales se apreciaba una t&aacute;cita rivalidad, manifestada en gestos y actitudes de desaprobaci&oacute;n ante la intervenci&oacute;n de algunos compa&ntilde;eros. La identificaci&oacute;n y an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n llev&oacute; al grupo a establecer acuerdos para superar esta situaci&oacute;n, que seg&uacute;n su propia evaluaci&oacute;n les trajo resultados acad&eacute;micos adversos el semestre anterior. Se propuso intentar el trabajo cooperativo entre subgrupos para superar este problema.</p>     <p>Con relaci&oacute;n a la capacidad de escucha, la mayor&iacute;a de estudiantes la calificaron “buena”, pues prestaban atenci&oacute;n a las intervenciones de sus compa&ntilde;eros; un 25% reconoci&oacute; que estaban en proceso de aprender a escuchar y que a&uacute;n hab&iacute;a muchas interrupciones en la presentaci&oacute;n argumentativa de las personas. Con relaci&oacute;n a este tema pudimos constatar que en las sesiones plenarias se respetaba el uso de la palabra, pero buena parte del grupo se encontraba distra&iacute;do. Esto mostraba que a pesar del silencio del grupo durante la intervenci&oacute;n de un estudiante, no hab&iacute;a una actitud de escucha, pues no se segu&iacute;a la argumentaci&oacute;n presentada, sino simplemente se esperaba turno para expresar una idea, pero sin retomar (la mayor&iacute;a de las veces) argumentos de los compa&ntilde;eros que ya hab&iacute;an intervenido, esto no facilitaba el debate, pues era obvio que no pod&iacute;a darse en estas circunstancias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de esta situaci&oacute;n, el grupo evalu&oacute; que cuando se ‘conectaron' con los planteamientos de sus compa&ntilde;eros, se presentaron disentimientos frente al tema y se dio un debate bueno y respetuoso; adem&aacute;s, reconocieron que el aspecto emocional interfiri&oacute;, pues algunas veces no tomaban en consideraci&oacute;n puntos de vista, dependiendo de qui&eacute;n los manifestara, producto de la rivalidad entre subgrupos.</p>     <p>El grupo de estudiantes coincidi&oacute; en que cuando lograron dar un debate, &eacute;ste fue argumentado, pero que la baja participaci&oacute;n no facilit&oacute; el proceso y, adicionalmente, quienes participaban eran siempre los mismos. Atribuyeron la baja participaci&oacute;n a la inseguridad por falta de dominio del tema, lo cual los llev&oacute; a asumir una actitud de escucha antes que de disentimiento; no obstante, consideraron muy importante esta fase, pues los enriqueci&oacute; y les permiti&oacute; una mejor comprensi&oacute;n de los temas tratados. Con relaci&oacute;n a este aspecto, concluimos que el debate no se dio en ninguna de las sesiones de clase, por la escasa o nula argumentaci&oacute;n, pues las intervenciones fueron dispersas, no siguieron un hilo conductor y constantemente esto produjo dispersi&oacute;n y confusi&oacute;n.</p>     <p>En consecuencia, sin disentimiento ni debate no se pudo llegar a consensos. Sin embargo, se realizaron acuerdos, en t&eacute;rminos de aceptar los enunciados generales y conceptos trabajados en clase, lo que les permiti&oacute; un ordenamiento de ideas y la formaci&oacute;n de un criterio en torno ellos.</p>     <p>Como observaciones generales se&ntilde;alaron que la distribuci&oacute;n de grupos de trabajo al azar contribuy&oacute; a superar diferencias, y expresaron como parad&oacute;jico que la participaci&oacute;n al interior de los grupos fue muy alta en comparaci&oacute;n con la de las plenarias, lo que atribuyeron al temor a expresarse en p&uacute;blico y someterse al juicio de sus compa&ntilde;eros y del profesor (miedo a ser objeto de burla por una equivocaci&oacute;n).</p>     <p><b>LECCIONES APRENDIDAS</b></p>     <p>Los horarios de clase incidieron en la actitud de los estudiantes, lo que se tradujo en un menor entusiasmo y capacidad de respuesta a las actividades propuestas en la asignatura. Adicionalmente, dentro de la cultura pragm&aacute;tica vigente, la prioridad de los estudiantes estaba en las asignaturas disciplinares, por lo cual las del &aacute;rea social human&iacute;stica pasaron a un segundo plano. Esta situaci&oacute;n corresponde al inter&eacute;s profesionalizante de la educaci&oacute;n dentro de una visi&oacute;n centrada en la ruptura del ser y el hacer de la reflexi&oacute;n en la acci&oacute;n y que es interiorizado por los estudiantes.</p>     <p>El trabajo en torno al valor del reconocimiento y la construcci&oacute;n personal y grupal de conceptos result&oacute; atractivo para los estudiantes; sin embargo, no lograron la ruptura en cuanto a asumir las responsabilidades requeridas para su desarrollo. Ante la toma de decisiones (exigente y compleja), los estudiantes a&ntilde;oraban la posici&oacute;n pasiva, repetitiva y memor&iacute;stica tradicional de la clase magistral. Le otorgaron mayor importancia a las directrices impartidas por la autoridad del profesor que a los acuerdos construidos en conjunto con el grupo, lo cual indic&oacute; un predominio de la heteronom&iacute;a, incluso reclamada por un sector de los estudiantes.</p>     <p>Acostumbrados a una relaci&oacute;n monol&oacute;gica, instrumental y heter&oacute;noma, la posibilidad de los estudiantes de ejercer la autonom&iacute;a en su aprendizaje se comprendi&oacute; en t&eacute;rminos de relajamiento, falta de exigencia y p&eacute;rdida del rigor acad&eacute;mico, y en el dejar hacer, dejar pasar, escudados en el respeto a la libertad individual y grupal. Siguieron reclamando la autoridad del profesor para poner orden (comprendido en una visi&oacute;n unidimensional y de garant&iacute;a en el cumplimiento de unas leyes que favorecen el saber y, por tanto, el conocer) y se&ntilde;alar los caminos a seguir.</p>     <p>La participaci&oacute;n estuvo determinada por la subjetividad: todo depende del tema, los estados de &aacute;nimo, el interlocutor, la disposici&oacute;n, el horario, la metodolog&iacute;a, la carga de trabajo (una subjetividad centrada en la circunstancia individual que rompe la dimensi&oacute;n subjetiva comprendida como elemento propiciador de intersubjetividad y procesos conjuntos, pero diferentes). Sin embargo, la din&aacute;mica de peque&ntilde;os grupos produjo siempre mejores resultados, pues permiti&oacute; mayores niveles de confianza y franqueza a la hora de disentir y debatir, sin producir reacciones defensivas o de rechazo (el grupo peque&ntilde;o reconoce las diferencias, pero las coloca al servicio de la construcci&oacute;n conjunta). Las caracter&iacute;sticas de los integrantes del grupo en ocasiones facilitaron la participaci&oacute;n a estudiantes con dificultades de comunicaci&oacute;n y en otros casos la limitaron. Aunque el estilo individualista de algunos estudiantes se ‘neutraliz&oacute;' con esta modalidad del trabajo, se observ&oacute; la tendencia a imponer los puntos de vista de quienes ejercen mayor liderazgo dentro del grupo, situaci&oacute;n intensificada en per&iacute;odos de parciales, donde exist&iacute;a gran preocupaci&oacute;n por los resultados antes que por los procesos.</p>     <p>La interpelaci&oacute;n se vio seriamente interferida por sentimientos de temor a expresar los desacuerdos, lo que explicit&oacute; una interpretaci&oacute;n err&oacute;nea de lo que significa el disentir. El temor sirvi&oacute; para ocultar la falta de compromiso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La participaci&oacute;n en el proyecto gener&oacute; un cambio en la rutina del trabajo de aprendizaje, pues la construcci&oacute;n del conocimiento, ligado a condiciones mediadas por intereses compartidos m&aacute;s all&aacute; de la sesi&oacute;n de clase, transform&oacute; las actitudes y posibilit&oacute; una motivaci&oacute;n diferente, representada en un mayor compromiso frente a sus procesos formativos. En este sentido, se logr&oacute; una actitud de an&aacute;lisis y cuestionamiento de la realidad a partir de los referentes te&oacute;ricos trabajados, que tuvieron sentido y posibilidad de aplicaci&oacute;n durante el desarrollo de su pr&aacute;ctica cl&iacute;nica.</p>     <p>El proceso investigativo permiti&oacute; avanzar en la comprensi&oacute;n del mundo de los dem&aacute;s compa&ntilde;eros a trav&eacute;s del trabajo cooperativo. Se inici&oacute; la comprensi&oacute;n y acci&oacute;n de descentraci&oacute;n y, por ende, se empez&oacute; a valorar la palabra del otro, a trav&eacute;s de la capacidad de escucha, pregunta y discusi&oacute;n.</p>     <p>Se identific&oacute; el reconocimiento, como elemento esencial para romper con la mecanizaci&oacute;n en los procesos de aprendizaje y como un camino exigente de relaci&oacute;n interpersonal, que repercute en la calidad de vida y en la cualificaci&oacute;n humana de las personas. Se pudo replantear la forma de pensar, sentir y actuar dentro de los grupos, se rescat&oacute; la diversidad y se hicieron esfuerzos por construir en la unidad.</p>     <p>Trabajar el reconocimiento como propuesta metodol&oacute;gica fue exigente para todos los participantes y se constituy&oacute; en un elemento diferenciador con otras actividades acad&eacute;micas, donde se reafirm&oacute; el valor de la comunicaci&oacute;n dial&oacute;gica en la ganancia de seguridad y confianza de los estudiantes en s&iacute; mismos y en sus compa&ntilde;eros.</p>     <p>Con esta metodolog&iacute;a se busc&oacute; iniciar un proceso de desarrollo en cada uno de los participantes, que evolucion&oacute; en la medida de su compromiso y capacidades en respuesta a su proyecto profesional de vida.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">1</a>. Para el grupo, la calidez se relaciona con las actitudes de confianza y respeto al relacionarse con los compa&ntilde;eros; la capacidad de escucha significa atender la argumentaci&oacute;n de los otros sin interrumpir; la interpelaci&oacute;n se refiere a la capacidad de pregunta, con relaci&oacute;n a la argumentaci&oacute;n del otro; el disentimiento es la expresi&oacute;n respetuosa de las divergencias de criterio frente a una tem&aacute;tica; el debate es el planteamiento argumentado de criterios, que enriquecen la discusi&oacute;n, y el consenso, el acuerdo l&oacute;gico, coherente y consecuente, producto de todo el proceso.</p> <hr size="1">     <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <!-- ref --><p>1. Coombs, P. Visi&oacute;n general de la crisis mundial en la educaci&oacute;n superior. Bogot&aacute;: FES;1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1692-7273200600020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Fals Borda, O. y Rodr&iacute;guez Brand&acirc;o, C. Investigaci&oacute;n participativa. Montevideo: Instituto del Hombre y Ediciones de la Banda Oriental;1986: 15-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1692-7273200600020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Franco De Machado, C. I. Pensar y actuar: Un enfoque curricular para la educaci&oacute;n integral. Bogot&aacute;: Magisterio, Colecci&oacute;n Mesa Redonda;1990: 15-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1692-7273200600020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Gil Villa, F. Teor&iacute;a sociol&oacute;gica de la educaci&oacute;n. Bogot&aacute;: Nueva Am&eacute;rica;1996: 27-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S1692-7273200600020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Habermas, J. Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa I: Racionalidad de la acci&oacute;n y racionalidad social. Madrid: Taurus;1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1692-7273200600020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Hoyos V&aacute;squez, G. y Vargas Guill&eacute;n, G. La teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa como nuevo paradigma de investigaci&oacute;n en ciencias sociales: las ciencias de la discusi&oacute;n. Bogot&aacute;: ICFES-ASCUN;1995: 191-212.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S1692-7273200600020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Jaramillo V&eacute;lez, R. Colombia: La Modernidad postergada. Bogot&aacute;: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica;1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1692-7273200600020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Orozco, L. E. Universidad y cultura. Bogot&aacute;: Universidad de los Andes. Serie Textos;1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S1692-7273200600020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Parra, R. La calidad en la educaci&oacute;n. Bogot&aacute;: Tercer Mundo;1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1692-7273200600020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. UNESCO. Informe de la Comisi&oacute;n Internacional sobre la Educaci&oacute;n para el Siglo XXI;1996: 62-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S1692-7273200600020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Universidad del Rosario. Maestros investigadores y curr&iacute;culo. M&oacute;dulo de “Curr&iacute;culo, pedagog&iacute;a y did&aacute;ctica universitaria” del Posgrado en Docencia Universitaria. Bogot&aacute;;1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1692-7273200600020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Varios Autores. &iquest;Qu&eacute; universidad para qu&eacute; sociedad? Bogot&aacute;: Fondo de Publicaciones Francisco Jos&eacute; de Caldas. Colecci&oacute;n Investigaciones N.&deg; 1;1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S1692-7273200600020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Zuleta, E. Educaci&oacute;n y democracia. Un campo de combate. Bogot&aacute;: Corporaci&oacute;n Tercer Milenio. Educaci&oacute;n para la nueva &eacute;poca. Fundaci&oacute;n Estanislao Zuleta;1995: 15-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1692-7273200600020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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