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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Bioética y universidad: el hospital universitario, ¿público o privado?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Bioethics and University: The University Hospital, Private or Public Institution?]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Fundación Santa Fe de Bogotá Departamento de Urgencias y Servicio de Trauma ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In order to acquire a real and useful knowledge of medicine, the practice in the hospital setting is indispensable. Public, former charity hospitals have been the scenary for student practice. In a paternalistic model of medicine this was understandable. Nevertheless now that the model has changed to a more respectful of autonomy and justice this discrimination appears as unethical. There are no real reasons to discriminate education in such a way. Medical education should happen in both the public and private sector.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Bio&eacute;tica y universidad: el hospital universitario, &iquest;p&uacute;blico o privado?</b></p></font>
<font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b><i>Bioethics and University: The University Hospital, Private or Public Institution?</i></b></p>     <p>Jos&eacute; Nel Carre&ntilde;o R., MD, esp.<sup>1</sup></p>     <p>1. Jefe del Departamento de Urgencias y Servicio de Trauma de la Fundaci&oacute;n Santa Fe de Bogot&aacute;. Magistrado del Tribunal de &Eacute;tica M&eacute;dica de Bogot&aacute;. Correspondencia: Jos&eacute; Nel Carre&ntilde;o R. Fundaci&oacute;n Santa F&eacute; de Bogot&aacute;. Calle 119 No. 9-33, Bogot&aacute;, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:famcarrematiz@gmail.com">famcarrematiz@gmail.com</a></p>     <p>Recibido: 18 de mayo de 2007 Aceptado: 1 de junio de 2007</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Para el aprendizaje de la medicina, la pr&aacute;ctica directa con el paciente es fundamental, con el fin de poder aplicar de manera adecuada los conocimientos te&oacute;ricos. De hecho, sin esta pr&aacute;ctica, el aprendizaje de la medicina no se consolida. Por lo tanto, el <i>hospital</i> se convierte en el aula docente m&aacute;s importante durante el entrenamiento del m&eacute;dico. Ancestralmente han sido los hospitales p&uacute;blicos, anta&ntilde;o de caridad, los que acog&iacute;an a las facultades de medicina, concepto inherente al modelo paternalista de la medicina. Sin embargo, con el cambio de paradigma hacia una medicina respetuosa de la justicia y la autonom&iacute;a, es indispensable replantearse si esta educaci&oacute;n en sitios donde se atienden primordialmente pacientes del r&eacute;gimen contributivo o subsidiado es &eacute;tico. Esta discriminaci&oacute;n atenta contra la justicia, la dignidad de las personas y su autonom&iacute;a. No existen criterios reales que permitan discriminar de esta manera la educaci&oacute;n, y &eacute;sta debe desarrollarse en todos los &aacute;mbitos: p&uacute;blicos y privados.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> hospital, educaci&oacute;n m&eacute;dica, &eacute;tica.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>In order to acquire a real and useful knowledge of medicine, the practice in the hospital setting is indispensable. Public, former charity hospitals have been the scenary for student practice. In a paternalistic model of medicine this was understandable. Nevertheless now that the model has changed to a more respectful of autonomy and justice this discrimination appears as unethical. There are no real reasons to discriminate education in such a way. Medical education should happen in both the public and private sector.</p>     <p><b>Keywords:</b> Hospital, medical education, ethics.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>El <i>Diccionario</i> de la Real Academia Espa&ntilde;ola, en su versi&oacute;n en l&iacute;nea, define <i>hospital</i> como: “Establecimiento destinado al diagn&oacute;stico y tratamiento de enfermos, donde se practican tambi&eacute;n la investigaci&oacute;n y la ense&ntilde;anza.”</p>     <p>As&iacute;, en el criterio de los ling&uuml;istas puros, connatural al hospital es la docencia. Por lo tanto,sonar&iacute;a a pleonasmo hablar de “hospitales universitarios”, pues en todas las instituciones de salud la ense&ntilde;anza deber&iacute;a darse de manera espont&aacute;nea. Sin embargo, el desarrollo de los hospitales, desde su concepci&oacute;n medieval como sitios de caridad a donde iban a morir los pobres (1), hasta la figura moderna de instituciones prestadoras de servicios, ha hecho que algunas instituciones privilegien el acto asistencial y busquen un lucro econ&oacute;mico, mientras que otras, aqu&eacute;llas generalmente estatales y encargadas de proveer servicios de salud para los m&aacute;s pobres, se han convertido en centros docentes.</p>     <p>Acad&eacute;micamente hablando, como lo propone Eslava, los hospitales universitarios deber&iacute;an caracterizarse, adem&aacute;s de la asistencia, por seis elementos primordiales:</p>     <p>1. Construcci&oacute;n del conocimiento.    <br> 2. Generaci&oacute;n de pensamiento cr&iacute;tico.    <br> 3. Formaci&oacute;n profesional.    <br> 4. Reflexi&oacute;n pedag&oacute;gica.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 5. Cualificaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica.    <br> 6. Formulaci&oacute;n de soluciones a problemas prioritarios (1).</p>     <p>Es decir que en medio de aquello que define al hospital como tal (la asistencia de enfermos en busca de su alivio o curaci&oacute;n), el <i>hospital universitario</i> debe propender por la g&eacute;nesis de un pensamiento cr&iacute;tico, fuertemente cient&iacute;fico y con hondo compromiso social, que le permita enfrentar como prioritarios los problemas de salud de la comunidad a la que atiende. Pero el compromiso no termina ah&iacute;. El hospital universitario se beneficia de sus relaciones contractualescon una universidad, al ofrecerle un campo de pr&aacute;ctica para sus estudiantes. Ese campo de pr&aacute;ctica se hace fecundo gracias a la comunidad que asiste al hospital en busca de soluciones de salud. En retribuci&oacute;n, el hospital universitario no s&oacute;lo busca curar las enfermedades de sus usuarios, sino que se compromete con la formaci&oacute;n integral en lo cient&iacute;fico, t&eacute;cnico y human&iacute;stico de nuevas generaciones de m&eacute;dicos, que, con su trabajo, habr&aacute;n de atender a esta comunidad en el futuro.</p>     <p>Este es un contrato bidireccional: el hospital se beneficia, econ&oacute;mica y asistencialmente con los estudiantes, quienes prestan parte de los servicios de salud atendiendo a las personasque acuden a &eacute;l, mientras que las personas se benefician inmediatamente con la atenci&oacute;n a sus quebrantos y, a largo plazo, con nuevos m&eacute;dicosbien entrenados que se har&aacute;n cargo de su atenci&oacute;n. De ning&uacute;n lado de esta definici&oacute;n se colige que son exclusivamente universitarios los hospitales p&uacute;blicos y que esta funci&oacute;n no pueda llevarse a cabo en centros privados que atienden poblaciones privilegiadas.</p>     <p>El modelo de hospital p&uacute;blico como centro docente asistencial se deriva de los hospitales de caridad de principios del siglo XX, signados por un paradigma paternalista de la medicina. En ellos, el “buen doctor” donaba parte de su tiempo en atender a los m&aacute;s pobres y necesitados, mientras, de forma muy tutorial, ense&ntilde;aba a sus disc&iacute;pulos el arte de curar. Con ello cumpl&iacute;a con todos los preceptos del Juramento Hipocr&aacute;tico, pues no s&oacute;lo ense&ntilde;aba la medicina a quien se lo solicitaba, sino que prestaba atenci&oacute;n a todo aquel que se lo solicitara, sin distingo de raza, credo o clase social.</p>     <p>Pero las cosas han cambiado dr&aacute;sticamente en el siglo XXI. Ya no existen m&aacute;s los hospitales de caridad.</p>     <p>Desde la introducci&oacute;n de la Ley 100 de 1993, todos los hospitales deben ser autosuficientesy, por ende, la venta de servicios y el lucro dejaron de ser objeto de unos pocos hospitales o cl&iacute;nicas privados y se convirtieron en la necesidad de todas las instituciones de salud. Ya no hay pobres desamparados que claman por su vida y salud ante las puertas misericordiosas de ciertas instituciones, sino usuarios del sistema que, de una u otra manera, tienen un cubrimiento en salud que les permite exigir la compensaci&oacute;n al “prepago” que han hecho de estos servicios que ahora demandan.</p>     <p>Aunque unos paguen m&aacute;s que otros, aunque unos puedan costearse servicios m&aacute;s lujosos, todosson ahora contratistas del sistema y tienen el derecho econ&oacute;mico a exigir la atenci&oacute;n en igualdad de condiciones. Ya no hay pacientes en condici&oacute;n total de indefensi&oacute;n econ&oacute;mica que los obligue a aceptar estoicamente la atenci&oacute;n del estudiante de medicina. Se acab&oacute; la “medicina de caridad”.</p>     <p>Este ejercicio hegem&oacute;nico de la profesi&oacute;n durante a&ntilde;os viol&oacute; sistem&aacute;ticamente la autonom&iacute;a del paciente, al desconocer que: “La relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente implica obligaciones especiales para el m&eacute;dico de atender el inter&eacute;s del paciente debido al conocimiento especializado que tienen los m&eacute;dicos y al desequilibrio de poder entre los m&eacute;dicos y sus pacientes” (2). Es decir que esta relaci&oacute;n se daba entre dos personas iguales en dignidad, pero desiguales en conocimiento, lo que obliga a quien atiende a poner sus conocimientos al servicio del doliente. No es ni ha sido v&aacute;lido que el m&eacute;dico entienda el desconocimiento del enfermo como una autorizaci&oacute;n t&aacute;cita para ignorar su derecho a ser informado y, con esa informaci&oacute;n, a tomar las decisiones que mejor se ajusten a sus principios y valores.</p>     <p>Los rezagos de esta visi&oacute;n paternalista est&aacute;n en el modelo del hospital p&uacute;blico como hospital universitario. Esta dicotom&iacute;a plantea serios problemas &eacute;ticos:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. &iquest;Existen pacientes de diferentes categor&iacute;as?</p>     <p>2. &iquest;S&oacute;lo los pobres est&aacute;n obligados al “contrato social” con la medicina?</p>     <p>3. &iquest;En raz&oacute;n a su estatus econ&oacute;mico, los m&aacute;s privilegiados tienen el derecho a recibir atenci&oacute;n por parte de personal muy bien entrenado, que logr&oacute; ese entrenamiento trabajando precisamente con los menos privilegiados?</p>     <p>4. &iquest;Ense&ntilde;ar medicina en los hospitales p&uacute;blicos ense&ntilde;a a su vez a discriminar?</p>     <p>5. Por &uacute;ltimo, &iquest;se crea una selecci&oacute;n adversa en las instituciones privadas, donde el paciente que cree estar m&aacute;s protegido realmente est&aacute; m&aacute;s expuesto?</p>     <p>Por lo tanto, es indispensable preguntarse si es &eacute;tico proponer s&oacute;lo a los hospitales p&uacute;blicos como hospitales universitarios.</p>     <p><b>ALGUNAS DEFINICIONES B&Aacute;SICAS QUE ALIMENTAN LA DISCUSI&Oacute;N</b></p>     <p>Para podernos adentrar en la discusi&oacute;n sobre las “calidades de enfermos” es necesario ponernos de acuerdo en algunos t&eacute;rminos, que, si bien coloquiales, no siempre se entienden en el sentido extenso de su definici&oacute;n.</p>     <p>La <i>salud</i> fue definida por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) como el completo estado de bienestar f&iacute;sico, ps&iacute;quico y social, y no s&oacute;lo como la ausencia de enfermedad. Esta definici&oacute;n, que contempla la mayor&iacute;a de las dimensiones del ser humano, fue un gran avance en el concepto de salud-enfermedad, al considerar que no basta con la homeostasis corporal para sentirse sano, sino que reconoce la importancia de la interrelaci&oacute;n de las diferentes esferas del ser humano en su sensaci&oacute;n de bienestar. Sin embargo, como lo plantea Miguel &Aacute;ngel Monge en el libro <i>Medicina pastoral</i> (3), esta definici&oacute;n corre el riesgo de producir una sensaci&oacute;n de inconformidad, en la medida en que un estado total de bienestar en estas tres esferas es ut&oacute;pico. Presuponer que un ser humano es completamente feliz en sus esferas social, f&iacute;sica y emocional no es posible y, por ende, siempre se sentir&aacute; enfermo.</p>     <p>Por contraposici&oacute;n a esta definici&oacute;n, se entiende la <i>enfermedad</i> como una ausencia de bienestar en cualquiera de estas dimensiones. La <i>enfermedad</i>, desde la &oacute;ptica cl&iacute;nica (3), se entender&iacute;a como la alteraci&oacute;n en la <i>integralidad</i> o el funcionamiento f&iacute;sico y/o ps&iacute;quico de un individuo. Dadas estas condiciones, el enfermo es una persona que no puede desarrollar todas sus potencialidades humanas y espirituales, como consecuencia de una noxa que desequilibra la normal interrelaci&oacute;n de las tres esferas (ps&iacute;quica, f&iacute;sica y social). Aunque parezca obvio, es indispensable para los objetivos de este ensayo puntualizar un hecho trascendente: la enfermedad ocurre en el enfermo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Podr&iacute;amos definir al <i>enfermo</i> como una persona aquejada por una alteraci&oacute;n de la homeostasis, que conlleva sensaciones displacenteras. Es, en &uacute;ltimas, un “doliente”. Esta definici&oacute;n trae impl&iacute;citos dos conceptos fundamentales:</p>     <blockquote>       <p>1. <b>El de persona:</b> hay una gran cantidad de definiciones de <i>persona</i>, y &eacute;stas han cambiado con el desarrollo del pensamiento. De hecho, lo que para los griegos era una representaci&oacute;n de lo relevante (4), adquiri&oacute; un verdadero sentido trascendente con la aparici&oacute;n de los pensadores cristianos. Tom&aacute;s de Aquino reconocer&iacute;a como propiedad caracterizadora del individuo su peculiar dignidad o grandeza y equip&oacute; a la persona con el nombre de dignidad (<i>nomen dignitatis</i>). Esta persona, seg&uacute;n Yepes Strork (5), tiene tres notas que la definen:</p>       <p>a. La inmanencia o intimidad.    <br> b. La manifestaci&oacute;n de la intimidad o capacidad de dar.    <br> c. La libertad.</p>       <p>As&iacute;, la visi&oacute;n cristiana de la persona reconoce en el individuo de la especie humana (definici&oacute;n escueta y simplista del <i>Diccionario</i> de la Real Academia Espa&ntilde;ola) el concepto de la individualidad irrepetible, pues todos los hombres son creados a imagen y semejanza de Dios. Es, precisamente, de ese origen de donde emana su grandiosa dignidad y su ejercicio de la libertad. Quiero llamar la atenci&oacute;n sobre el concepto de <i>inmanencia</i>, no s&oacute;lo porque implica la existencia de un espacio interior donde ocurren cosas privadas que tocan su cognici&oacute;n y su alma, sino porque tambi&eacute;n implica que todo aquello que afecta al ser humano en su corporeidad crea un “engrama” inmodificable en su intimidad. Por eso, cuando yo como m&eacute;dico interact&uacute;o con esa persona-enfermo, creo en &eacute;l recuerdos, experiencias y sensaciones que se guardan en su intimidad. Pero, ateni&eacute;ndonos a las leyes de la f&iacute;sica (que no por materiales dejan de ser inaplicables en la metaf&iacute;sica), toda acci&oacute;n tiene una reacci&oacute;n; as&iacute; que, al dejar en su intimidad experiencias, &eacute;stas modificar&aacute;n de alguna manera a la persona. Por lo tanto, el maltrato que como m&eacute;dico puedo causar sobre la dignidad de la persona generar&aacute; en &eacute;sta sensaciones displacenteras, que m&aacute;s tarde terminar&aacute;n expres&aacute;ndose como maltrato al m&eacute;dico maltratador o, lo que es peor, a otros. De ah&iacute; probablemente deriva la racionalidad del concepto de que “la violencia s&oacute;lo engendra violencia”. Igualmente, es importante reconocer que la intimidad se “da” a otros por medio del di&aacute;logo, capacidad exclusiva del ser humano que le permite comunicar su intimidad a la intimidad del otro. En una relaci&oacute;n de iguales, el di&aacute;logo es imagen viva del respeto a la dignidad del interlocutor; por lo tanto, negarse al di&aacute;logo con el enfermo es una contravenci&oacute;n &eacute;tica, no porque est&eacute; codificada en la ley la obligaci&oacute;n de dar informaci&oacute;n, sino porque es un desconocimiento de la dignidad del enfermo,quien s&oacute;lo mediante el di&aacute;logo es capaz de dar de su intimidad, a la vez que recibe de la nuestra. Desconocer a la “persona” en el enfermo es desconocerlo como sujeto. Kant nos motiva a considerar al hombre como fin en s&iacute; mismo. Negarle su derecho al di&aacute;logo, y, por ende, a la informaci&oacute;n que con &eacute;l viene, es utilizarlo como un medio: el medio para vencer la muerte o la enfermedad, el medio para conseguir la subsistencia del m&eacute;dico o el medio para buscar un mayor reconocimiento acad&eacute;mico o prestigio social.</p>       <p>2. <b>El de doliente:</b> el doliente sufre tanto en lo f&iacute;sico (corporal y psicol&oacute;gicamente) como en lo espiritual; por lo tanto, la enfermedad no s&oacute;lo produce sensaciones perceptiblemente desagradables como el dolor, la fiebre o la astenia, sino que impacta su percepci&oacute;n de la justicia, le obliga a cuestionarse sobre sus culpas y le hace sospechar un castigo por sus culpas morales (6).</p> </blockquote>     <p>El enfermo busca ayuda del m&eacute;dico para paliar sus males. &Eacute;ste se define como el agente sanitario entrenado espec&iacute;ficamente en el arte y la ciencia de prevenir y curar las enfermedades. Independientemente de sus conocimientos, el m&eacute;dico es tambi&eacute;n una persona con las caracter&iacute;sticas ya descritas y cuya &uacute;nica diferencia con el paciente es su conocimiento sobre los procesos m&oacute;rbidos que lo aquejan. Ni siquiera puede decirse que la diferencia entre m&eacute;dico y paciente radique en que el uno est&aacute; sano y el otro enfermo, pues, al ser humano, el m&eacute;dico est&aacute; tan expuesto como cualquiera a las noxas. No, la &uacute;nica y real diferencia entre paciente y m&eacute;dico es el conocimiento. Este conocimiento del m&eacute;dico y, por ant&iacute;tesis, la ignorancia del paciente pone a este &uacute;ltimo en un estado de indefensi&oacute;n que obliga al m&eacute;dico a poner todos sus conocimientos y cualidades &eacute;ticas a su servicio (3), pues: “El ejercicio de la medicina en el &aacute;mbito de la bio&eacute;tica no puede justificarse como un ejercicio de poder del hombre sobre el hombre, sino como un servicio de respeto a la vida y dignidad de los hombres y mujeres invadidos por el dolor o la enfermedad” (7).</p>     <p>Debido a que en el ejercicio del dar se comunican libremente dos intimidades, el acto m&eacute;dico implica la creaci&oacute;n de un lazo interpersonal, lo cual, en &uacute;ltimas, configura la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente. Seg&uacute;n la Ley 23 de 1981, esta relaci&oacute;n: “Es elemento primordial en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica. Para que dicha relaci&oacute;n tenga pleno &eacute;xito debe fundarse en un compromiso responsable, leal y aut&eacute;ntico, el cual impone la m&aacute;s estricta reserva profesional” (8). M&aacute;s adelante, en la misma ley, claramente se establece:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Art&iacute;culo 5. La relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente se cumple en los siguientes casos:    <br> 1. Por decisi&oacute;n voluntaria y espont&aacute;nea de ambas partes.    <br> 2. Por acci&oacute;n unilateral del m&eacute;dico, en caso de emergencia.    <br> 3. Por solicitud de terceras personas.    <br> 4. Por haber adquirido el compromiso de atender a personas que est&aacute;n a cargo de una entidad privada o p&uacute;blica.</p> </blockquote>     <p>Por lo tanto, sin importar en qu&eacute; ambiente se desarrolle la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente (el hospital p&uacute;blico o el privado), la norma y, lo m&aacute;s importante, los principios filos&oacute;ficos establecen claramente que siempre que un enfermo solicite la ayuda de un m&eacute;dico, ya sea de manera voluntaria o por razones de la vinculaci&oacute;n laboral del galeno, &eacute;ste deber&aacute; prestar sus servicios profesionales sin ning&uacute;n tipo de discriminaci&oacute;n (“Art&iacute;culo 3. El m&eacute;dico dispensar&aacute; los beneficios de la medicina a toda persona que los necesite, sin m&aacute;s limitaciones que las expresamente se&ntilde;aladas en esta Ley”). En consecuencia, ya se vislumbra con claridad que no existen diferentes categor&iacute;as de pacientes.</p>     <p>Dentro de este ac&aacute;pite de las definiciones es fundamental definir los conceptos de <i>hospital universitario</i> y <i>educaci&oacute;n m&eacute;dica</i>. Como ya se dijo en un principio, el hospital ha sido concebido no s&oacute;lo como un centro asistencial, sino como un &aacute;mbito docente por excelencia. As&iacute; que, amalgamando el concepto de <i>hospital</i> y la definici&oacute;n de <i>universidad</i> (instituci&oacute;n de ense&ntilde;anza superior que comprende diversas facultades y que confiere los grados acad&eacute;micos correspondientes), en el hospital universitario no s&oacute;lo se da la docencia en medicina, sino que confluyen las diferentes disciplinas que propenden por una visi&oacute;n amplia del hombre en sus dimensiones f&iacute;sicas, ps&iacute;quicas, sociales y espirituales. Esta confluencia de saberes debe producir una integralidad en el abordaje terap&eacute;utico del enfermo y no promueve la jerarquizaci&oacute;n de saberes, sino la colaboraci&oacute;n de todos en busca del mejor resultado posible.</p>     <p>A diferencia de la pr&aacute;ctica privada, donde el lucro honesto y la soluci&oacute;n de los motivos de consulta son los fines &uacute;ltimos de la atenci&oacute;n<sup><a href="#n1">1</a><a name="1"></a></sup>, en el hospital universitario prima la generaci&oacute;n y transmisi&oacute;n del conocimiento en un marco de universalidad, transdisciplinariedad e interdisciplinariedad. Pareciera, por esta definici&oacute;n, que en el hospital universitario primara el inter&eacute;s por el conocimiento m&aacute;s que por el enfermo; por lo tanto, la supervisi&oacute;n de los docentes, especialmente en la pr&aacute;ctica (lo cual incluye las pr&aacute;cticas de anatom&iacute;a, histolog&iacute;a y patolog&iacute;a, donde debe ense&ntilde;arse que aun el cad&aacute;ver debe ser respetado como la morada del alma), no s&oacute;lo debe orientarse hacia la preparaci&oacute;n en las competencias espec&iacute;ficas, sino en la formaci&oacute;n de principios &eacute;ticos y conductas respetuosas por parte de los estudiantes.</p>     <p>La educaci&oacute;n m&eacute;dica desde el pregrado hasta la continuada, allende el posgrado, es un derecho del m&eacute;dico. Como tal ha sido consagrado por la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial en la ‘Declaraci&oacute;n sobre la ense&ntilde;anza m&eacute;dica':</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Todo m&eacute;dico debe estudiar durante toda su vida. Los programas educacionales son indispensables si el m&eacute;dico desea estar al corriente del progreso de la medicina y si desea mantener los conocimientos y la experiencia necesaria para prestar una atenci&oacute;n de alta calidad. Los avances cient&iacute;ficos son esenciales para una atenci&oacute;n m&eacute;dica adecuada. Las escuelas de medicina, los hospitales y las sociedades profesionales comparten la responsabilidad de desarrollar programas de educaci&oacute;n m&eacute;dica continua y de ponerlos a disposici&oacute;n de todos los m&eacute;dicos. (9)</p> </blockquote>     <p>Sin embargo, el motivo de este estudio es el perfeccionamiento de competencias, no con miras al progreso individual, sino con miras al beneficio de los enfermos (10):</p>     <blockquote>       <p>La ense&ntilde;anza m&eacute;dica es un aprendizaje continuo que comienza con la admisi&oacute;n en la escuela de medicina y termina con el retiro del ejercicio activo. Su objetivo es preparar a los estudiantes de medicina, a los m&eacute;dicos residentes y a los m&eacute;dicos en ejercicio a aplicar los &uacute;ltimos descubrimientos cient&iacute;ficos en la prevenci&oacute;n y tratamiento de enfermedades que afectan al ser humano, y en el alivio de enfermedades actualmente incurables. La formaci&oacute;n m&eacute;dica inculca tambi&eacute;n en los m&eacute;dicos normas &eacute;ticas de pensamiento y conducta que ponen &eacute;nfasis en el servicio al pr&oacute;jimo m&aacute;s que en el lucro personal. (10)</p> </blockquote>     <p>Pero, adem&aacute;s del derecho que tiene el m&eacute;dico a su propia autoformaci&oacute;n, hay un compromiso de la medicina como profesi&oacute;n en el aseguramiento de la continuidad en la formaci&oacute;n de nuevos m&eacute;dicos para la sociedad. De hecho, el mismo Juramento Hipocr&aacute;tico contempla la educaci&oacute;n como un deber del m&eacute;dico:</p>     <blockquote>       <p>Art&iacute;culo 2. Para los efectos de la presente ley, ad&oacute;ptense los t&eacute;rminos contenidos en el juramento aprobado por la Convenci&oacute;n de Ginebra de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial, con la adici&oacute;n consagrada en el presente texto. El m&eacute;dico deber&aacute; conocer y jurar cumplir con lealtad y honor el siguiente Juramento m&eacute;dico: [...] Ense&ntilde;ar mis conocimientos m&eacute;dicos con estricta sujeci&oacute;n a la verdad cient&iacute;fica y a los m&aacute;s puros dictados de la &eacute;tica.</p> </blockquote>     <p>Sin embargo, el compromiso no s&oacute;lo es de la profesi&oacute;n para con la comunidad. En vista de que en &uacute;ltimas la beneficiada con la formaci&oacute;n de m&aacute;s y mejores m&eacute;dicos es la comunidad misma, la contraprestaci&oacute;n m&iacute;nima que se espera de ella es su participaci&oacute;n como sujeto de estudio en la formaci&oacute;n de estos m&eacute;dicos. V&eacute;ase que adrede se utiliza el t&eacute;rmino sujeto y no objeto de estudio, como es m&aacute;s coloquial. La raz&oacute;n es sencilla: no s&oacute;lo se espera de un joven estudiante de medicina que aprenda las competencias del saber y del saber hacer, sino que se espera que tambi&eacute;n se forme en el ser. Por lo tanto, el aprendizaje del comportamiento &eacute;tico y profesional hace parte de su formaci&oacute;n, y dentro de &eacute;sta es menester recalcarle al estudiante el riesgo que corre de “cosificar” al enfermo.</p>     <p>En un mundo signado por la filosof&iacute;a utilitarista, el ser humano puede ser desconfigurado como sujeto de derecho y <i>nomen dignitatis</i> y convertido en un listado de s&iacute;ntomas, una patolog&iacute;a o un n&uacute;mero de habitaci&oacute;n. De ah&iacute; el calificativo tan frecuentemente o&iacute;do de “la apendicitis de la cama 3026”. Si se pretende que la medicina siga persiguiendo, en las nuevas generaciones, los principios de no maleficencia y beneficencia se debe insistir en una formaci&oacute;n personalista que rescate la dignidad, el derecho a la vida y la libertad de los individuos (este &uacute;ltimo t&eacute;rmino tambi&eacute;n usado <i>ex profeso</i>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tal y como lo enfatiza Eslava, en este momento hist&oacute;rico de la salud en Colombia hay un claro conflicto entre los intereses de la <i>universidad</i> y los del <i>hospital</i>. Desde la introducci&oacute;n de la Ley 100 de 1993, el concepto de autosuficiencia y garant&iacute;a de la calidad presion&oacute; a los hospitales para generar ingresos que les permitieran la subsistencia, y, en este proceso, todo aquello que disminuya el volumen de pacientes (usuarios en la nueva terminolog&iacute;a), que incremente el tiempo de atenci&oacute;n y, por ende, que disminuya la eficiencia o aumente los costos de atenci&oacute;n atenta contra la econom&iacute;a de guerra en la que viven las IPS (1).</p>     <p>As&iacute;, la educaci&oacute;n m&eacute;dica, que requiere tiempo para asegurar que cada uno de los dicentes ha adquirido las competencias en el saber y en el saber hacer, que m&aacute;s adelante les permita un ejercicio libre de su profesi&oacute;n y que, indefectiblemente, es m&aacute;s proclive al error, no es un buen aliado del tema de la eficiencia y la competitividad econ&oacute;mica. Los estudiantes, indudablemente, disminuyenla velocidad de los procesos y esto puede percibirse como un atentado contra la econom&iacute;a de la instituci&oacute;n. Por otro lado, la inexperiencia del estudiante podr&iacute;a poner en riesgo a los enfermos. Parad&oacute;jicamente, como lo demuestra el estudio de Kupersmith (11), en todos los indicadores de calidad los hospitales universitarios norteamericanos demostraron un mejor cuidado que los privados. Aunque en su estudio no hay razones que expliquen esta diferencia, puede, <i>a priori</i>, presuponerse que se trata de un efecto de supervisi&oacute;n; simplemente hay m&aacute;s ojos pendientes del mismo enfermo.</p>     <p>En el marco de nuestra legislaci&oacute;n y forma de operaci&oacute;n de las instituciones de salud el factor de supervisi&oacute;n por parte del docente sobre las actividadesdel dicente puede ser la tuerca floja. Claramente, al haber m&aacute;s personas encargadas, por razones asistenciales o acad&eacute;micas,de un mismo paciente, son mayores las oportunidadesde que alguien identifique tempranamente una complicaci&oacute;n. Sin embargo, si no existe la adecuada supervisi&oacute;n de un docente con m&aacute;s experiencia,incluso signos evidentes de descompensaci&oacute;npueden ser pasados por alto o desestimados y confundidos, lo que incrementa el riesgo del enfermo. Debido a las presiones por la productividad, la sobrecarga de trabajo de los m&eacute;dicos tratantes y la reducci&oacute;n sistem&aacute;tica en la planta laboral de los hospitales, los m&eacute;dicos que tratan de compaginar su actividad asistencial con su actividad docente suelen sacrificar la segunda en aras de la asistencia. Esto favorece que el estudiante est&eacute; m&aacute;s tiempo solo y que, en ese tiempo, si no ha sido formado adecuadamente en la virtud de la responsabilidad, pueda ejecutar acciones m&eacute;dicas no supervisadas que pongan en riesgo injustificado al enfermo. Por lo tanto, atreverse a afirmar que los estudios de Kupersmith son replicables en nuestro medio sin haber reproducido la investigaci&oacute;n es una ligereza, que puede llevar a la toma de decisiones inadecuadas a prestadores y pagadores.</p>     <p>Es indispensable que tanto universidades como hospitales universitarios protejan un tiempo docente de sus m&eacute;dicos institucionales, con el fin de asegurar una supervisi&oacute;n adecuada de los practicantes. He aqu&iacute; otra responsabilidad que cae directamente sobre las universidades: los grupos de estudiantes, para que sean adecuadamente supervisados, deben, obligatoriamente, ser peque&ntilde;os. Luego, si las facultades, que han visto un negocio interesante en la “venta de matr&iacute;culas”, no se autorregulan en el n&uacute;mero de aspirantes que aceptan por semestre, r&aacute;pidamente vamos a tener una sobrepoblaci&oacute;n de estudiantes que ser&aacute; imposible supervisar.</p>     <p>En consecuencia, no son despreciables los dilemas &eacute;ticos que se enfrentan en los hospitales universitarios cuando se delega parte del cuidado a los estudiantes (10). Los pacientes, en estos casos, pueden ser sometidos a demoras injustificadas, a la espera de que su caso haya servido como ejemplo a diferentes grupos de estudiantes; los procedimientos pueden tardarse o exponerse m&aacute;s de lo necesario, simplemente mientras el profesor ense&ntilde;a la t&eacute;cnica a un estudiante inexperto, o los pacientes pueden ser sometidos a procedimientos dolorosos o vergonzosos, mientras los estudiantes aprenden.</p>     <p>Claramente, se puede atentar contra el principio de la autonom&iacute;a y el respeto a la dignidad del enfermo al convertirlos en “conejillos de indias”. Igualmente, la seguridad, tema que d&iacute;a a d&iacute;a se vuelve m&aacute;s candente en la pol&iacute;tica de salud en el mundo (basta recordar que en el 2006, por primera vez en la historia del <i>New England Journal of Medicine</i>, el editorial no fue escrito por un m&eacute;dico; lo escribi&oacute; Hillary Clinton, quien expuso sus ideas sobre el MedicBill y la iniciativa de la conciliaci&oacute;n y la exposici&oacute;n p&uacute;blica del error, como herramientas para la disminuci&oacute;n del error m&eacute;dico, que produce un n&uacute;mero ingente de muertes al a&ntilde;o en Estados Unidos), y que parece estar sobreprotegida en estos hospitales universitarios, como lo demuestra el estudio de Kupersmith, depende, exclusivamente, de la dedicaci&oacute;n del docente a la vigilancia de sus pupilos.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, varios estudios demuestran c&oacute;mo la tendencia a la sofisticaci&oacute;n del hospital universitario, que, en su af&aacute;n docente e investigativo, puede traicionar su esencia de instituci&oacute;n prestadora de servicios de salud e hipertrofiar la alta tecnolog&iacute;a, ha desviado la atenci&oacute;n de los estudiantes hacia patolog&iacute;as infrecuentes, priv&aacute;ndolos de adquirir las competencias necesarias en lo que ser&aacute; el d&iacute;a a d&iacute;a de la consulta en su comunidad. Tanto es as&iacute; que en el Reino Unido, preocupados por este fen&oacute;meno de <i>hipertrofia acad&eacute;mica</i>, se han fomentado los <i>hospitales universitarios rurales</i>, donde la adquisici&oacute;n de competencias en el saber y saber hacer por el estudiante en la realidad diaria de la comunidad objeto de atenci&oacute;n produce mejores resultados acad&eacute;micos a la hora de la calificaci&oacute;n de los ex&aacute;menes de certificaci&oacute;n, que los grupos de estudiantes que pasan todo el tiempo de su formaci&oacute;n en un hospital universitario (12).</p>     <p>Como se puede deducir de toda la discusi&oacute;n precedente, la caracterizaci&oacute;n de los enfermos, de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica en los hospitales y del derecho a la educaci&oacute;n m&eacute;dica y el contrato social que hace la comunidad con la profesi&oacute;n no genera ninguna incompatibilidad entre la educaci&oacute;n y la pr&aacute;ctica m&eacute;dica p&uacute;blica o privada.</p>     <p><b>&iquest;ESTAMOS ENSE&Ntilde;ANDO A DISCRIMINAR?</b></p>     <p>Detr&aacute;s de esta separaci&oacute;n artificial entre hospitales p&uacute;blicos-universitarios y hospitales privados no hay ninguna teor&iacute;a pedag&oacute;gica; lo que hay es un inter&eacute;s econ&oacute;mico. La pr&aacute;ctica p&uacute;blica es un procedimiento regulado, donde el ingreso est&aacute; claramente establecido a manera de salario, mientras que en la pr&aacute;ctica privada las tarifas son establecidas por el mismo profesional y esto la hace m&aacute;s rentable. Por lo tanto, el m&eacute;dico prefiere dedicar la mayor parte de su tiempo, si no todo, a la pr&aacute;ctica privada que a la institucional. Adem&aacute;s, unir las dos pr&aacute;cticas en una misma instituci&oacute;n genera una serie de tensiones sociales que hacen que el paciente particular, en un ejercicio discriminatorio de su poder econ&oacute;mico, matizado por una filosof&iacute;a individualista, exija un trato preferencial y busque aislarse del com&uacute;n para hacer valer su capacidad econ&oacute;mica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Si nos percat&aacute;ramos de que el deber y el m&eacute;rito son lo “primero”, el presunto “derecho” a ser feliz, a obtener un puesto de trabajo, a una remuneraci&oacute;n adecuada... no se reclamar&iacute;an de forma absoluta y con total independencia del propio modo de obrar y la capacitaci&oacute;n consiguiente. (5)</p> </blockquote>     <p>Esta tendencia genera, indiscutiblemente, un mensaje subliminal de discriminaci&oacute;n: los solventes econ&oacute;micamente tienen derecho a atenci&oacute;n de primera y los pobres no. Existen pacientes VIP y pacientes de clase turista.</p>     <p>&iquest;Existe alguna raz&oacute;n que no sea econ&oacute;mica y por ende v&aacute;lida para dividir en clases a los pacientes? La respuesta obvia tras las disertaciones precedentes es <i>no</i>. No, porque:</p>     <p>1. Independiente de la clase social a la que pertenezca el enfermo, es un ser humano &uacute;nico e irrepetible, revestido de grandeza por su dignidad intr&iacute;nseca a su naturaleza de criatura humana.</p>     <p>2. En la calidad de doliente, todo ser humano es el reflejo del dolor salv&iacute;fico y, por ende, corredentor.</p>     <p>3. A pesar de las limitaciones f&iacute;sicas que le imponga su enfermedad, mientras est&eacute; consciente tiene la facultad de ejercer su libertad.</p>     <p>4. La libertad, bien que ha sido privilegiado en nuestra sociedad cualific&aacute;ndolo por encima de la vida misma, tiene l&iacute;mites y no puede considerarse el principio &eacute;tico universal. As&iacute;, nadie puede reclamar sus “derechos” pisoteando la libertad de otros.</p>     <p>5. El principio &eacute;tico universal es la vida y debe ser privilegiada sin distingos de clase, religi&oacute;n, sexo o estrato social, desde el momento de la concepci&oacute;n hasta la muerte. En cuanto la vida es caracter&iacute;stica del ser humano, no hay vidas m&aacute;s valiosas que otras y, por lo tanto, no es l&iacute;cito moralmente diferenciarlas.</p>     <p>6. Toda la sociedad se beneficia, sin distingos econ&oacute;micos, de la formaci&oacute;n de nuevos y mejores m&eacute;dicos. Con el fin de que esta formaci&oacute;n sea posible se requieren sujetos de estudio, para que, supervisados de cerca, aprendan lo suficiente para poder ejercer su profesi&oacute;n m&aacute;s tarde, de manera libre y en beneficio de la misma sociedad. Al ser un contrato bidireccional entre la profesi&oacute;n m&eacute;dica y la sociedad, todos los m&eacute;dicos est&aacute;n en la obligaci&oacute;n de atender a todos los pacientes, como retribuci&oacute;n a la sociedad que le aport&oacute; en su formaci&oacute;n, y toda la sociedad est&aacute; en la obligaci&oacute;n de ayudarle al m&eacute;dico en formaci&oacute;n, para que sea id&oacute;neo a la hora de hacerse cargo del relevo generacional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por lo tanto, y a manera de conclusi&oacute;n, no existe ning&uacute;n criterio v&aacute;lido para suponer que son s&oacute;lo los hospitales del Estado los que pueden ser universitarios; persistir en esta pr&aacute;ctica es discriminatorio.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#1">1</a><a name="n1"></a>. En la pr&aacute;ctica privada, el m&eacute;dico ejerce una labor docente con su enfermo, al ense&ntilde;arle las medidas preventivas b&aacute;sicas y promover los estilos de vida saludable que lo protejan de las enfermedades; sin embargo, no es objeto de la consulta particular la promoci&oacute;n y prevenci&oacute;n en el marco de la salud p&uacute;blica. De hecho, aunque suene duro, la salud p&uacute;blica atenta contra el ejercicio lucrativo de la actividad sanitaria.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Eslava JC. Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia. Rev Gerencia Pol Sal 2002;2:41-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1692-7273200700030001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. American College of Physicians. Manual de &eacute;tica. 4th Ed. [en l&iacute;nea]. Consultado: 31 de noviembre de 2007. Disponible en <a href="http://www.acponline.org/ethics/ethicman_sp.htm" target="_blank">http://www.acponline.org/ethics/ethicman_sp.htm</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1692-7273200700030001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Monge MA. Salud, dolor y enfermedad. En: Monge MA. Medicina pastoral. 3th Ed. Pamplona: EUNSA; 2003. p. 169-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1692-7273200700030001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Melendo T. Introducci&oacute;n a la antropolog&iacute;a: la persona. Barcelona: Ediciones Internacionales Universitarias; 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1692-7273200700030001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Yepes Stork R. Fundamentos de antropolog&iacute;a. Un ideal de la excelencia humana. Pamplona: EUNSA; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1692-7273200700030001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Juan Pablo II. Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <i>salvifici doloris</i> [en l&iacute;nea]. URL disponible en: <a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jpi_apl_11021984_salvifici-doloris_sp.html" target="_blank">http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jpi_apl_11021984_salvifici-doloris_sp.html</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1692-7273200700030001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Bl&aacute;zquez N. Bio&eacute;tica fundamental. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1692-7273200700030001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Ley 23 de 1981. Tribunal Nacional de &Eacute;tica M&eacute;dica; 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1692-7273200700030001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial Declaraci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial Sobre la Ense&ntilde;anza M&eacute;dica [en l&iacute;nea]. Consultado: 31 de noviembre de 2007. Disponible en <a href="http://www.unav.es/cdb/ammmadrid2.html" target="_blank">http://www.unav.es/cdb/ammmadrid2.html</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1692-7273200700030001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Sethuraman KR. Ethics of patient care by trainee-doctors in teaching hospitals. J Postgrad Med 2003;49(2):160-2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1692-7273200700030001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Kupersmith J. Quality of care in teaching hospitals: a literature review. Acad Med 2005;80(5):458-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1692-7273200700030001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Morrison J. Learning in teaching hospitals and the community: time to get the balance right. Med Educ 2006:40:92-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-7273200700030001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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<label>2</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>American College of Physicians</collab>
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