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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA ARMONIZACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS CON EL DERECHO PENAL COLOMBIANO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[THE HARMONIZATION OF INTERNATIONAL LAW OF HUMAN RIGHTS AND THE COLOMBIAN CRIMINAL LAW]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This text explores the coordination of internal law of fundamental rights to international law of human rights; the incomprehension and difficulties that have emerged in this process and the current level of synchronization methods and purposes of both regulatory bodies. The first part points out that the Second World War, and more specifically the last quarter century has been the historical time in which they have established ties and deepening dependency through an increased harmonization of these two systems. These ties have been strengthened in Colombia through the constitutional jurisprudence and the issue of "bloque de constitucionalidad". The second part reviews this question in the internal criminal justice, emphasizing the difficulty that has faced the constitutional jurisprudence.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>    <center><font size="4" face="verdana"><b>LA ARMONIZACI&Oacute;N DEL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS CON EL DERECHO PENAL COLOMBIANO</b></font></center></p>      <p>    <center><font size="3" face=""verdana"">THE HARMONIZATION OF INTERNATIONAL LAW OF HUMAN RIGHTS AND THE COLOMBIAN CRIMINAL LAW</font></center></p>      <p>    <center><font size=2 face="verdana">Diego Eduardo L&oacute;pez-Medina*    <br> Astrid Liliana S&aacute;nchez-Mej&iacute;a**</font></center></p>       <p><font size="2" face="verdana">*Maestr&iacute;a y doctorado en derecho, Universidad de Harvard. Docente e investigador de la Universidad de los Andes y Universidad Nacional de Colombia. Contacto: <a href="mailto:dlopez@uniandes.edu.co.">dlopez@uniandes.edu.co.  </a>    <br>** Abogada de la Pontificia Universidad Javeriana. Docente Investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana. Contacto: <a href="mailto:astrid.sanchez@javeriana.edu.co.">astrid.sanchez@javeriana.edu.co </a></p>       <p>Fecha de recepci&oacute;n: 10 de agosto de 2008. Fecha de aceptaci&oacute;n: 10 de septiembre de 2008</font></p>   <hr>  <font size="3" face="verdana">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>       <p>El texto estudia el problema de la articulaci&oacute;n entre el derecho nacional de los derechos fundamentales y el derecho internacional de los derechos humanos, las incomprensiones y dificultades que han surgido en este proceso y el nivel actual de sincronizaci&oacute;n de los m&eacute;todos y prop&oacute;sitos de ambos cuerpos normativos. En la primera parte, se se&ntilde;ala que la segunda posguerra, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente, el &uacute;ltimo cuarto de siglo, ha sido el tiempo hist&oacute;rico en el que se han creado los lazos de dependencia y profundizaci&oacute;n mediante una creciente armonizaci&oacute;n de estos dos ordenamientos. Estos lazos se han fortalecido, en el caso colombiano, a trav&eacute;s de la doctrina jurisprudencial del bloque de constitucionalidad. En la segunda parte, se revisa en particular la cuesti&oacute;n del bloque de constitucionalidad en la justicia penal colombiana.</p>      <p><b>Palabras clave:</b>:bloque de constitucionalidad; justicia penal; derecho internacional de los derechos humanos.</p><hr>      <p><b><i>Abstract</i></b></p>       <p><i>This text explores the coordination of internal law of fundamental rights to international law of human rights; the incomprehension and difficulties that have emerged in this process and the current level of synchronization methods and purposes of both regulatory bodies. The first part points out that the Second World War, and more specifically the last quarter century has been the historical time in which they have established ties and deepening dependency through an increased harmonization of these two systems. These ties have been strengthened in Colombia through the constitutional jurisprudence and the issue of "bloque de constitucionalidad". The second part reviews this question in the internal criminal justice, emphasizing the difficulty that has faced the constitutional jurisprudence.</i></p>       <p><b>Key words:</b>: <i>international human rights, criminal justice, internal law</i></p><hr>       <p><b>Sumario</b>: Introducci&oacute;n.- I. La armonizaci&oacute;n del DIDH con el derecho interno colombiano. La cuesti&oacute;n del bloque de constitucionalidad.- II. El Bloque de Constitucionalidad en la justicia penal colombiana.- A. El largo camino de la incorporaci&oacute;n de los TIDH en materia penal.- B. Derecho blando o <i>soft law</i>.- C. Fuentes del derecho internacional relevantes como criterio hermen&eacute;utico: la jurisprudencia y la doctrina de los organismos internacionales.- A manera de conclusi&oacute;n.- Bibliograf&iacute;a.</p>   <hr>      <p><b>I. Introducci&oacute;n</b></p>       <p>La articulaci&oacute;n entre el derecho nacional de los derechos fundamentales (DNDF) y el derecho internacional de los derechos humanos (DIDH) ha sido clave en el lento proceso de consolidaci&oacute;n de los derechos fundamentales y los derechos humanos en Colombia, en particular en el escenario de la justicia penal. La creciente armonizaci&oacute;n de estos dos cuerpos normativos ha tenido un impacto particular en el proceso penal interno, hasta el punto que la transformaci&oacute;n del sistema de procedimiento penal adelantada a trav&eacute;s de la reforma constitucional del 2002 y el C&oacute;digo de Procedimiento Penal de 2004 se fundament&oacute; en la necesidad de satisfacer los est&aacute;ndares internacionales de derechos humanos. Importa aclarar que este proceso de armonizaci&oacute;n no ha sido lineal, en torno a &eacute;l se han generado inquietudes y obst&aacute;culos que se pretenden explorar en las dos partes de este art&iacute;culo.</p>      <p>En la primera, se examinan algunas f&oacute;rmulas utilizadas por ordenamientos dom&eacute;sticos para definir los t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n entre el derecho internacional y el derecho interno; haciendo &eacute;nfasis en la colombiana: la doctrina jurisprudencial del bloque de constitucionalidad, la cual se fundamenta en las cl&aacute;usulas de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 que hacen remisi&oacute;n expresa a instrumentos internacionales de protecci&oacute;n de derechos humanos. En la segunda parte, se revisa la cuesti&oacute;n del bloque de constitucionalidad en la justicia penal colombiana, haciendo &eacute;nfasis en los usos concretos de los derechos y las dificultades que ha afrontado la jurisprudencia constitucional al definir las fuentes del DIDH que se incorporan al bloque en materia penal; con el prop&oacute;sito de brindar herramientas a los operadores jur&iacute;dicos para que en sus pr&aacute;cticas puedan usar el contenido del bloque de constitucionalidad de manera m&aacute;s sistem&aacute;tica y precisa.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>I. La armonizaci&oacute;n del DIDH con el derecho interno colombiano. La cuesti&oacute;n del bloque de constitucionalidad</b></p>        <p>La efectividad dom&eacute;stica de los sistemas internacionales de protecci&oacute;n de derechos humanos depende crucialmente de la recepci&oacute;n de sus fuentes en el derecho interno. Las condiciones de esta recepci&oacute;n son definidas aut&oacute;nomamente por los Estados, en donde cada uno determina el mecanismo a trav&eacute;s del cual implementa a nivel local sus compromisos internacionales y la jerarqu&iacute;a que les otorga en el sistema de fuentes del derecho.    <p>      <p>En el escenario de la segunda posguerra algunos Estados, con fundamento en dos principios ideol&oacute;gicos: internacionalismo y pacifismo<sup><a name=nu1></a><a  href="#num1">1</a></sup>, optaron en sus procesos de reforma constitucional por mecanismos internacionalistas de implementaci&oacute;n del derecho internacional<sup><a name=nu2></a><a  href="#num2">2</a></sup>. Esta movida de globalizaci&oacute;n de los sistemas jur&iacute;dicos locales en punto de los derechos humanos la han seguido otros Estados en el marco de procesos de transici&oacute;n o de consolidaci&oacute;n de reg&iacute;menes democr&aacute;ticos, as&iacute; Espa&ntilde;a y Portugal al finalizar las dictaduras<sup><a name=nu3></a><a  href="#num3">3</a></sup>, los Estados del Este de Europa en su renovaci&oacute;n constitucional luego de la Guerra Fr&iacute;a<sup><a name=nu4></a><a  href="#num4">4</a></sup>, y varios Estados de Am&eacute;rica Latina en la apertura democr&aacute;tica de la d&eacute;cada de los noventa<sup><a name=nu5></a><a  href="#num5">5</a></sup>.    <p>      <p>Dicha internacionalizaci&oacute;n de las constituciones nacionales ha estado relacionada con varios factores: en primer lugar, con la esperanza de que el cumplimiento del derecho internacional pueda servir como garant&iacute;a pacifista contra la repetici&oacute;n de los horrores de la guerra, o como mecanismo para impedir la consolidaci&oacute;n de Estados por fuera del marco de la legalidad internacional<sup><a name=nu6></a><a  href="#num6">6</a></sup>; en segundo lugar, se pretende que la incorporaci&oacute;n del DIDH al derecho interno aumente los niveles de respeto a los mismos<sup><a name=nu7></a><a  href="#num7">7</a></sup>, y, por &uacute;ltimo, es evidente que los procesos de interdependencia desarrollados en las relaciones internacionales, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han llevado a los tratados internacionales de derechos humanos (TIDH) a ser uno de sus principales componentes a nivel diplom&aacute;tico, pol&iacute;tico y jur&iacute;dico<sup><a name=nu8></a><a  href="#num8">8</a></sup></p>      <p>Los mecanismos de reenv&iacute;o establecidos, para estos efectos, han sido diversos: el otorgamiento de un rango especial en el ordenamiento interno a las normas del DIDH y del derecho internacional humanitario (DIH)<sup><a name=nu9></a><a  href="#num9">9</a></sup>, la previsi&oacute;n de estas normas como herramientas hermen&eacute;uticas de los derechos y deberes constitucionales<sup><a name=nu10></a><a  href="#num10">10</a></sup>, y la mayor utilizaci&oacute;n de dichas fuentes en las cortes locales<sup><a name=nu8></a><a  href="#num11">11</a></sup>. Este nuevo estilo de armonizaci&oacute;n horizontal ha tenido enorme relevancia en el desarrollo dom&eacute;stico del discurso de los derechos, al expandir el sistema de fuentes aplicables, a nivel local, a casos concretos y establecer l&iacute;mites a los poderes del Estado.</p>      <p>Podr&iacute;a decirse que la efectividad de los derechos humanos se ha logrado, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, gracias a un fen&oacute;meno de "refuerzo normativo" a manera de espiral en que el DIDH y el DNDF se complementan mutuamente. Esta espiral normativa virtuosa parece funcionar de la siguiente manera<sup><a name=nu12></a><a  href="#num12">12</a></sup>: en primer lugar, aparece en el horizonte un movimiento, tanto nacional como internacional, de derechos humanos que sirve como audiencia interesada en el avance normativo y pr&aacute;ctico del respeto a los mismos. Estos grupos logran, primero, la adopci&oacute;n formal interna de documentos internacionales, incluso cuando los derechos humanos no sirven todav&iacute;a como variante relevante en la configuraci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas o en el comportamiento del Estado; luego, avanzan en la direcci&oacute;n de lograr la adopci&oacute;n de normas internas operativas o secundarias que multipliquen el acceso y aplicabilidad de los tratados internacionales, ofreciendo a los jueces referentes de derecho nacional que faciliten la aplicabilidad de las obligaciones convencionales.</p>      <p>Se crean, de esta manera, "cascadas normativas" en que el derecho interno se armoniza con el internacional, las diferentes trayectorias hist&oacute;ricas y pol&iacute;ticas del DNDF y del DIDH se articulan y, finalmente, aparecen h&aacute;bitos sociales repetitivos de exigencia y cumplimiento de los derechos humanos y los derechos fundamentales a nivel interno. De esta forma se "rutiniza" la aplicaci&oacute;n de este corpus normativo que arranc&oacute; siendo, tan s&oacute;lo, una declaraci&oacute;n formal de ajuste a convenios internacionales, sin mayor contenido, precisi&oacute;n o justiciabilidad.</p>      <p>La segunda mitad del siglo XX constituye, sin duda, el per&iacute;odo de institucionalizaci&oacute;n de los derechos humanos en la esfera internacional. La cat&aacute;strofe humanitaria de la Segunda Guerra Mundial llev&oacute; a la consagraci&oacute;n convencional en tratados internacionales de obligaciones estatales de respeto y garant&iacute;a de los derechos humanos, incluyendo una preocupaci&oacute;n muy marcada por el n&uacute;cleo de derechos individuales relacionados con el sistema penal: libertad y seguridad personales, debido proceso y protecci&oacute;n a la intimidad entendida como inviolabilidad de comunicaciones y de domicilio. Aunque estas normas constitu&iacute;an verdaderas obligaciones jur&iacute;dicas desde el momento en que los Estados adhirieron a los respectivos documentos internacionales, lo cierto es que la eficacia pr&aacute;ctica de las mismas fue muy baja.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Debe recordarse, en general, que los niveles de constitucionalizaci&oacute;n del derecho en Colombia (y Am&eacute;rica Latina, en general) fueron muy bajos por razones estructurales, de cultura jur&iacute;dica, desde el siglo XIX. En la cultura jur&iacute;dica del XIX y del XX el principio de legalidad impidi&oacute; que el Estado de derecho latinoamericano fuera pensado desde la Constituci&oacute;n: desde esta concepci&oacute;n legocentrista la Constituci&oacute;n nunca abandon&oacute; un car&aacute;cter meramente pol&iacute;tico, sin poder ser directamente alegada en la resoluci&oacute;n de conflictos espec&iacute;ficos de derechos. Por esta raz&oacute;n, y como ya se ha visto suficientemente, los derechos fundamentales establecidos en la propia Constituci&oacute;n "pol&iacute;tica" no llegaron a exhibir mayor valor jur&iacute;dico. A estas razones estructurales se suma, en las d&eacute;cadas de los setenta y ochenta, una particularmente cuestionable: en la experiencia pol&iacute;tica latinoamericana, de hecho, ning&uacute;n elemento de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica (ni siquiera la separaci&oacute;n de poderes o la subordinaci&oacute;n del poder militar al civil) parec&iacute;a imponer l&iacute;mites cre&iacute;bles al ejercicio del poder, por lo que reg&iacute;menes total o parcialmente inconstitucionales florecieron con relativa facilidad.</p>      <p>Si esto ocurr&iacute;a con la Constituci&oacute;n Nacional, la consagraci&oacute;n internacional de derechos humanos contaba a&uacute;n con menores posibilidades de ser considerada como derecho rutinario y eficaz ante las instituciones nacionales. Si bien es cierto que la Constituci&oacute;n a&uacute;n obraba como documento de papel, los derechos humanos exhib&iacute;an una versi&oacute;n todav&iacute;a m&aacute;s potente de esa misma enfermedad de ineficacia jur&iacute;dica concreta.</p>       <p>En Colombia, s&oacute;lo a finales del siglo XX los derechos humanos empezaron a ser considerados como un derecho rutinario y eficaz ante las instituciones nacionales. En el sistema de fuentes del derecho anterior a 1991, los TIDH que Colombia hab&iacute;a ratificado eran considerados formalmente como manifestaciones ordinarias del legislador y, por tanto, ubicados debajo de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica, junto con muchos otros tratados internacionales, sin consideraci&oacute;n alguna a su importancia o impacto estructural. Debe igualmente recordarse que la Constituci&oacute;n de 1886, e incluso sus reformas a lo largo del siglo XX, fueron en general altamente "nacionalistas" en su tratamiento de los derechos individuales, por la sencilla raz&oacute;n de que en la &eacute;poca de su redacci&oacute;n original el movimiento internacional de los derechos humanos no era a&uacute;n una fuerza pol&iacute;tica o jur&iacute;dica del peso que luego adquirir&iacute;a. Incluso en los a&ntilde;os de la segunda posguerra, el constitucionalismo colombiano no hizo ning&uacute;n esfuerzo significativo por armonizar su estructura de derechos con la nueva arquitectura internacional que ya aparec&iacute;a bien delineada en el horizonte.</p>      <p>Por tanto, en el texto cambiante de la longeva Constituci&oacute;n de 1886 no hubo nunca trazas significativas del desarrollo del discurso de los derechos humanos<sup><a name=nu13></a><a  href="#num13">13</a></sup>. La incorporaci&oacute;n de los tratados matrices de los sistemas universal y regional de derechos humanos, al derecho interno colombiano, ocurri&oacute;, de hecho, en una &eacute;poca donde el respeto por dichos derechos, en el pa&iacute;s, era particularmente cr&iacute;tico. De esta manera, la ratificaci&oacute;n de estos instrumentos sirvi&oacute; a un prop&oacute;sito m&aacute;s bien ret&oacute;rico, ya que las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y de seguridad, al igual que la jurisprudencia nacional, todav&iacute;a se mostraban incompatibles con los compromisos internacionales reci&eacute;n aceptados. Lo anterior significa que la incorporaci&oacute;n formal de los tratados no favoreci&oacute;, por s&iacute; sola, la protecci&oacute;n de los derechos. En un arco hist&oacute;rico que arranca con la Ley 74 de 1968 (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos) y pasa por las leyes 16 de 1972 (Convenci&oacute;n Americana de Derechos Humanos o Pacto de San Jos&eacute; de Costa Rica), 22 de 1981 (Convenci&oacute;n Internacional sobre la eliminaci&oacute;n de todas las formas de discriminaci&oacute;n racial), 51 de 1981 (Convenci&oacute;n sobre la eliminaci&oacute;n de todas las formas de discriminaci&oacute;n contra la mujer) y 70 de 1986 (Convenci&oacute;n contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes), la situaci&oacute;n de derechos humanos, en Colombia, parad&oacute;jicamente empeor&oacute;.</p>      <p>En los a&ntilde;os noventa el escenario internacional se modific&oacute; propiciando un escenario de mayor respeto por los DDHH. La ca&iacute;da del Bloque Socialista redujo la ansiedad de las pol&iacute;ticas de seguridad nacionales. La apertura democr&aacute;tica en Am&eacute;rica Latina, de la misma manera, gener&oacute; el incentivo para que los Estados, al menos de forma ret&oacute;rica, empezaran a mostrarse m&aacute;s receptivos al discurso del DIDH. En este contexto se expide la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 en Colombia, en donde proceso de armonizaci&oacute;n normativa se hace expl&iacute;cito: en ella se incluyeron cl&aacute;usulas de remisi&oacute;n expresa a instrumentos internacionales de protecci&oacute;n de derechos humanos, las cuales han propiciado la internacionalizaci&oacute;n del ordenamiento colombiano, iniciando as&iacute; una fase de armonizaci&oacute;n decidida entre el DNDF y el DIDH.</p>      <p>Por eso puede afirmarse que s&oacute;lo en el a&ntilde;o de 1991 el constitucionalismo colombiano respondi&oacute; a la creciente necesidad pol&iacute;tica de armonizar los derechos constitucionales internos con los derechos humanos forjados en el plano internacional:</p>  <ol><i>"Esa evoluci&oacute;n representa un avance notable en la consolidaci&oacute;n de una cultura jur&iacute;dica de los derechos humanos en el pa&iacute;s, sobre todo si comparamos la actual situaci&oacute;n con la pr&aacute;ctica jur&iacute;dica existente antes de 1991, cuando los jueces negaban cualquiera fuerza jur&iacute;dica a los tratados en la materia. Y es que antes de la entrada en vigor de la Constituci&oacute;n de 1991, las normas internacionales de derechos humanos no ten&iacute;an ninguna aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica en nuestro pa&iacute;s. Con contadas y notables excepciones, los jueces colombianos no conoc&iacute;an ni aplicaban esas normas, como lo mostr&oacute; una investigaci&oacute;n emp&iacute;rica de un grupo de jueces y de la Comisi&oacute;n Andina de Juristas Seccional Colombiana"</i><sup><a name=nu14></a><a  href="#num14">14</a></sup>.    </ol>      <p>La apertura de la Constituci&oacute;n colombiana de 1991 al DIDH se encuentra expl&iacute;citamente en varias normas, como respuesta a la constante preocupaci&oacute;n que el movimiento internacional manifest&oacute; ante la apelaci&oacute;n excesiva al excepcionalismo en el sistema pol&iacute;tico colombiano a trav&eacute;s del estado de sitio. No sorprende, entonces, que la Constituci&oacute;n hubiese incorporado l&iacute;mites al poder de excepci&oacute;n al establecer, en su art&iacute;culo 214, numeral 2, que ni en estado de guerra exterior ni en estado de conmoci&oacute;n interior puede el Ejecutivo</p>  <ol><i>"suspender (…) los derechos humanos ni las libertades fundamentales. En todo caso se respetar&aacute;n las reglas del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Una ley estatutaria regular&aacute; las facultades del Gobierno durante los estados de excepci&oacute;n y establecer&aacute; los controles judiciales y las garant&iacute;as para proteger los derechos, de conformidad con los tratados internacionales. Las medidas que se adopten deber&aacute;n ser proporcionales a la gravedad de los hechos"</i>. (Resaltado fuera de texto).    </ol>      <p>Una vez armonizado el poder legisfaciente del Ejecutivo, en estados de excepci&oacute;n<sup><a name=nu15></a><a  href="#num15">15</a></sup>, la Constituci&oacute;n de 1991 intent&oacute; una armonizaci&oacute;n a&uacute;n mucho m&aacute;s profunda: se busc&oacute; acompasar la Carta Nacional de derechos constitucionales con los instrumentos internacionales de derechos humanos. Este esfuerzo amplio de armonizaci&oacute;n se consagr&oacute; en una cl&aacute;usula general (art. 93)<sup><a name=nu16></a><a  href="#num16">16</a></sup> y en una cl&aacute;usula especializada de armonizaci&oacute;n, en el &aacute;mbito del derecho constitucional del trabajo (art. 53)<sup><a name=nu17></a><a  href="#num17">17</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es evidente que la Constituci&oacute;n colombiana se abri&oacute;, generosamente, en su texto al DIDH. A pesar de ello, la armonizaci&oacute;n entre derecho constitucional y derecho internacional no fue tan evidente ni tan sencilla. El primer problema hermen&eacute;utico, de trascendencia, que se enfrent&oacute; fue el siguiente: la Constituci&oacute;n colombiana, de hecho, tiene una regla de reconocimiento expl&iacute;cito en su art&iacute;culo 4.&deg; en la que se fija la supremac&iacute;a de su propio texto, sin que all&iacute; el constituyente hubiese incorporado normas de reenv&iacute;o externo como las que s&iacute; aparecen luego en el art&iacute;culo 93. As&iacute; interpretado el art&iacute;culo 4.&deg;, la supremac&iacute;a constitucional era un concepto sumamente nacionalista que inclu&iacute;a tan s&oacute;lo el texto de la Constituci&oacute;n colombiana y, por tanto, obligaba a disminuir el valor de las declaraciones contenidas en los art&iacute;culos 53, 93 y 214. La primera dificultad consisti&oacute; en armonizar el principio de supremac&iacute;a del texto constituyente (art. 4.&deg;) con la menos clara noci&oacute;n de "prevalencia en el derecho interno" de los TIDH ratificados por Colombia de la que se hablaba en el canon 93. En 1995, como ya hemos dicho, la Corte Constitucional en su sentencia C-225 se enfrent&oacute; precisamente a este problema. La soluci&oacute;n consisti&oacute; en afirmar que los TIDH y de DIH previstos en los art&iacute;culos 93 y 214 forman, con el resto del texto constitucional, un "Bloque de Constitucionalidad"<sup><a name=nu18></a><a  href="#num18">18</a></sup>, el cual, seg&uacute;n la Corte:</p>      <p><i>"est&aacute; compuesto por aquellas normas y principios que, sin aparecer formalmente en el articulado del texto constitucional, son utilizados como par&aacute;metros del control de constitucionalidad de las leyes, por cuanto han sido normativamente integrados a la Constituci&oacute;n, por diversas v&iacute;as y por mandato de la propia Constituci&oacute;n. Son pues verdaderos principios y reglas de valor constitucional, esto es, son normas situadas en el nivel constitucional, a pesar de que puedan a veces contener mecanismos de reforma diversos al de las normas del articulado constitucional stricto sensu"</i>.</p>      <p>Esta soluci&oacute;n implicaba evidentemente que el art&iacute;culo 4.&deg; quedaba abierto a las normas de reenv&iacute;o del art&iacute;culo 93. Para el caso colombiano, la armonizaci&oacute;n entre los dos ordenamientos jur&iacute;dicos (DIDH y DFDN) aument&oacute; notoriamente de intensidad cuando la Corte Constitucional empez&oacute;, no s&oacute;lo a utilizar DIDH en sus propios pronunciamientos, sino a crear una dogm&aacute;tica sencilla (pero tremendamente valiosa) de remitir al DIDH, con fundamento en la doctrina francesa, que empez&oacute; a hablar, en los a&ntilde;os setenta, de la existencia de un <i>"bloc de constitutionnalit&eacute;"</i><sup><a name=nu19></a><a  href="#num19">19</a></sup>. Esta doctrina cumpli&oacute; el papel de recibir el DIDH, al nivel de una alta Corte, con lo cual se aument&oacute; la legitimidad de su utilizaci&oacute;n rutinaria dentro del sistema.</p>      <p>El problema jur&iacute;dico consist&iacute;a en armonizar el derecho nacional con el internacional, en una &eacute;poca de creciente influencia del movimiento internacional de derechos humanos en el seguimiento y monitoreo de la situaci&oacute;n colombiana. Para realizar este objetivo, la Corte ha pasado por tres etapas<sup><a name=nu20></a><a  href="#num20">20</a></sup>: en la primera (1992-1995), la Corte empez&oacute; a citar elementos de DIDH en su interpretaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n colombiana; en una segunda, a partir de la sentencia C-225 de 1995, la Corte empieza a hablar expl&iacute;citamente del "Bloque de Constitucionalidad" para referirse al valor supralegal que tienen, en derecho colombiano, los TIDH, el DIH, las leyes org&aacute;nicas y la ley estatutaria de estados de excepci&oacute;n<sup><a name=nu21></a><a  href="#num21">21</a></sup>, precisando, de esa manera, el conjunto de normas a las que debe remitirse el operador judicial y utiliz&aacute;ndolas, de forma mucho m&aacute;s frecuente. Finalmente, en el tercer per&iacute;odo, la Corte ha terminado por decantar con mayor precisi&oacute;n el conjunto de normas que conforman el Bloque de Constitucionalidad, distinguiendo, por ejemplo, entre bloque en sentido estricto y en sentido lato, y precisando el contenido de estos conceptos<sup><a name=nu22></a><a  href="#num22">22</a></sup>.</p>      <p>El esfuerzo de armonizaci&oacute;n del derecho internacional con el derecho interno presentaba (y presenta todav&iacute;a hoy) obst&aacute;culos formidables: tanto cultural como t&eacute;cnicamente puede ser dif&iacute;cil que los operadores jur&iacute;dicos de un pa&iacute;s (en este caso Colombia) apliquen un ordenamiento internacional de manera directa. Se trata de crear, no solamente <i>de iure</i> sino tambi&eacute;n <i>de facto</i>, un r&eacute;gimen jur&iacute;dico armonizado horizontalmente que permita la utilizaci&oacute;n paralela y arm&oacute;nica de derecho nacional y de derecho internacional que, de contera, aumente los niveles de respeto efectivo de los derechos humanos de la poblaci&oacute;n. Pero las oposiciones y dificultades a tal empresa son m&uacute;ltiples: pueden darse, por ejemplo, i) fuertes reservas nacionalistas en los actores jur&iacute;dicos especializados, frente a la armonizaci&oacute;n normativa; ii) incomprensi&oacute;n frente al papel de principios abstractos de derechos humanos, en los procesos de individualizaci&oacute;n judicial; iii) dificultades de consulta y comprensi&oacute;n de las fuentes y de la compleja red de instituciones internacionales y, finalmente, iv) un aumento desmedido del nivel de complejidad del derecho vigente, por parte de jueces sometidos a importantes cargas rutinarias de trabajo, que genera, as&iacute;, excesiva incertidumbre sobre fuentes aplicables y argumentos permisibles. La armonizaci&oacute;n horizontal, pues, es una apuesta por la maximizaci&oacute;n de la protecci&oacute;n de los derechos de las personas; sin embargo, al mismo tiempo, genera complejidades evidentes, en el an&aacute;lisis jur&iacute;dico, que pueden terminar siendo contraproducentes.</p>       <p><b>II . El Bloque de Constitucionalidad en la justicia penal colombiana</b></p>      <p>El Bloque de Constitucionalidad adquiri&oacute; enorme relevancia en todas las ramas del derecho, pero, particularmente, en el proceso penal, en tanto los derechos que asisten a los procesados y a las v&iacute;ctimas se encuentran profusamente incorporados en diversos instrumentos jur&iacute;dicos internacionales. Podr&iacute;a decirse que el sistema penal ha sido una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional precisamente por los niveles de violencia y deshumanizaci&oacute;n que pueden expresarse dentro del mismo. Entre 1995 y el 2004, la Corte Constitucional expidi&oacute; varias sentencias en materia penal en las que utilizaba el Bloque de Constitucionalidad.</p>      <p>El pa&iacute;s, sin embargo, se encontraba lejos de tener un sistema penal garantista; se diagnosticaban, adem&aacute;s, masivos niveles de ineficacia en el sistema que amenazaban con desacreditar al conjunto de las instituciones colombianas. Con estas preocupaciones en la cabeza, el Estado inici&oacute; la m&aacute;s ambiciosa reforma del sistema penal que se haya dado en el pa&iacute;s en su vida republicana. Esta reforma implic&oacute;, no solamente cambios en la normatividad constitucional y procesal, sino un nuevo compromiso institucional del Estado a nivel de presupuesto, equipamiento y visibilidad pol&iacute;tica.</p>      <p>El Acto Legislativo 03 de 2002 y la Ley 906 de 2004, por tanto, buscaban avances tanto en eficiencia persecutoria como en garant&iacute;as iusfundamentales<sup><a name=nu23></a><a  href="#num23">23</a></sup>. Para conseguir este &uacute;ltimo objetivo puede decirse que la Ley 906 de 2004 es el producto legislativo que consagra con mayor vigor la dogm&aacute;tica de armonizaci&oacute;n entre derecho nacional e internacional que hab&iacute;a intentado la Corte por v&iacute;a de jurisprudencia. El nuevo C&oacute;digo de Procedimiento Penal (CPP), por decirlo de alguna manera, "positiviza" la dogm&aacute;tica del Bloque de Constitucionalidad, d&aacute;ndole con ello una nueva legitimidad pol&iacute;tica que no hab&iacute;a tenido hasta entonces. En el nuevo CPP es evidente que el legislador acepta el concepto de "Bloque de Constitucionalidad" como mecanismo de armonizaci&oacute;n entre el derecho interno y el internacional. En efecto, varias disposiciones del C&oacute;digo hacen referencia a la aplicabilidad de las normas que forman parte del Bloque de Constitucionalidad, adoptando as&iacute; los criterios de armonizaci&oacute;n que hab&iacute;a postulado la interpretaci&oacute;n judicial: as&iacute;, en el C&oacute;digo: i) se establece en el art&iacute;culo 3<sup><a name=nu24></a><a  href="#num24">24</a></sup>, una de sus normas rectoras, la prelaci&oacute;n de estos instrumentos internacionales en el marco de las actuaciones penales; ii) se prev&eacute; como causal espec&iacute;fica de casaci&oacute;n la <i>"falta de aplicaci&oacute;n, interpretaci&oacute;n err&oacute;nea o aplicaci&oacute;n indebida de una norma del Bloque de Constitucionalidad"</i><sup><a name=nu25></a><a  href="#num25">25</a></sup>, lanzando as&iacute; a la Corte Suprema de Justicia al tipo de "transjudicialismo"<sup><a name=nu26></a><a  href="#num26">26</a></sup> que hasta ahora hab&iacute;a sido privativo de la Corte Constitucional; y, finalmente, iii) se hacen remisiones expresas que imponen la integraci&oacute;n de las normas que forman parte del Bloque de Constitucionalidad en torno a los derechos de la defensa<sup><a name=nu27></a><a  href="#num27">27</a></sup> y los derechos del imputado<sup><a name=nu28></a><a  href="#num28">28</a></sup>.      <p>En este contexto, bien vale la pena examinar los usos concretos que ha tenido el Bloque de Constitucionalidad en materia penal, especialmente desde que se acepta, en el derecho colombiano, la integraci&oacute;n horizontal total de los ordenamientos. En particular, la Corte Constitucional lo ha utilizado en la interpretaci&oacute;n de los derechos al debido proceso<sup><a name=nu29></a><a  href="#num29">29</a></sup>, la presunci&oacute;n de inocencia<sup><a name=nu30></a><a  href="#num30">30</a></sup>, el principio de favorabilidad<sup><a name=nu31></a><a  href="#num31">31</a></sup>, el derecho a un recurso judicial efectivo de las v&iacute;ctimas<sup><a name=nu32></a><a  href="#num32">32</a></sup> y en conexi&oacute;n con la garant&iacute;a judicial de <i>habeas corpus</i><sup><a name=nu33></a><a  href="#num33">33</a></sup>. En relaci&oacute;n, ya no con los derechos, sino con las fuentes internacionales, la Corte ha utilizado profusamente el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos (PIDCP), la Convenci&oacute;n Americana de Derechos Humanos (CADH), la Convenci&oacute;n Interamericana sobre Desaparici&oacute;n Forzada de Personas<sup><a name=nu34></a><a  href="#num34">34</a></sup>, la Convenci&oacute;n Interamericana contra la Tortura<sup><a name=nu35></a><a  href="#num35">35</a></sup> y el <i>corpus</i> jur&iacute;dico del DIH, espec&iacute;ficamente, el Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra. Establecido este marco de an&aacute;lisis, ¿cu&aacute;les son las principales normas que componen el Bloque de Constitucionalidad en materia penal?       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>A. El largo camino de la incorporaci&oacute;n de los TIDH en materia penal</b></p>      <p>En la jurisprudencia de la Corte Constitucional se ha presentado un debate, m&aacute;s te&oacute;rico que pr&aacute;ctico, en torno a la incorporaci&oacute;n de los TIDH al bloque, debido a conflictos interpretativos en relaci&oacute;n con el art&iacute;culo 93<sup><a name=nu36></a><a  href="#num36">36</a></sup>. De un lado, se manifiesta una cierta posici&oacute;n restrictiva, como resultado de una interpretaci&oacute;n textualista del art&iacute;culo 93 inciso 1, conforme a la cual s&oacute;lo forman parte del Bloque de Constitucionalidad los derechos que han sido declarados expresamente como intangibles, durante estados de excepci&oacute;n. Tales derechos estar&iacute;an taxativamente se&ntilde;alados, por ejemplo, en los art&iacute;culos 4.1. y 4.2 PIDCP y 27 CADH. Por lo tanto, el Bloque de Constitucionalidad s&oacute;lo permitir&iacute;a la utilizaci&oacute;n directa de textos de derecho internacional relacionados, por ejemplo, con la prohibici&oacute;n de esclavitud y servidumbre, prohibici&oacute;n de encarcelamiento por deudas, principio de legalidad en materia penal y las libertades de conciencia, pensamiento y religi&oacute;n.</p>      <p>Seg&uacute;n la anterior posici&oacute;n, el DIDH tendr&iacute;a un n&uacute;cleo duro de derechos y la responsabilidad del Estado colombiano ser&iacute;a, exclusivamente, la de armonizar su ordenamiento interno frente a este n&uacute;cleo duro. Esta lectura, se insiste, est&aacute; sugerida en el inciso 1.&deg; del art&iacute;culo 93 y ha sido defendida, algunas veces, pero sin mayor efecto pr&aacute;ctico. De acuerdo con esta interpretaci&oacute;n, los dem&aacute;s derechos consagrados en los tratados internacionales no formar&iacute;an parte del bloque.</p>      <p>Seg&uacute;n la anterior posici&oacute;n, el DIDH tendr&iacute;a un n&uacute;cleo duro de derechos y la responsabilidad del Estado colombiano ser&iacute;a, exclusivamente, la de armonizar su ordenamiento interno frente a este n&uacute;cleo duro. Esta lectura, se insiste, est&aacute; sugerida en el inciso 1.&deg; del art&iacute;culo 93 y ha sido defendida, algunas veces, pero sin mayor efecto pr&aacute;ctico. De acuerdo con esta interpretaci&oacute;n, los dem&aacute;s derechos consagrados en los tratados internacionales no formar&iacute;an parte del bloque.</p>      <p>Por otro lado, la interpretaci&oacute;n anterior se empieza a desvanecer cuando se considera que el inciso 2.&deg; del art&iacute;culo 93 ordena que los otros derechos (los que presumiblemente estar&iacute;an por fuera del n&uacute;cleo duro del DIDH) deben ser, en todo caso, utilizados como "criterio de interpretaci&oacute;n" de los derechos constitucionales<sup><a name=nu37></a><a  href="#num37">37</a></sup>. La hip&oacute;tesis de interpretaci&oacute;n restrictiva se desvanece porque, en la pr&aacute;ctica, la Corte nunca ha adscrito consecuencias, marcadamente diferentes, entre aquellos derechos "que prevalecen en el orden interno" (inc. 1.&deg;) y aquellos otros que tan s&oacute;lo deber&iacute;an ser utilizados como "criterio de interpretaci&oacute;n". Si las dos categor&iacute;as en realidad no se diferencian por sus consecuencias, la discusi&oacute;n resulta m&aacute;s bien te&oacute;rica.</p>      <p>Es m&aacute;s: la Corte parece haberse decantado, expl&iacute;citamente, por una lectura m&aacute;s abierta del art&iacute;culo 93. Seg&uacute;n Uprimny, por ejemplo, <i>"la Corte progresivamente desarroll&oacute; la tesis de que todos los Tratados de Derechos Humanos tienen rango constitucional y hacen parte del Bloque de Constitucionalidad (...) Conforme a la jurisprudencia de la Corte, todos los Tratados de Derechos Humanos, ratificados por Colombia, aunque con algunas diferencias sutiles, hacen parte del Bloque de Constitucionalidad en sentido estricto"</i><sup><a name=nu38></a><a  href="#num38">38</a></sup>.</p>       <p>Esta interpretaci&oacute;n amplia del art&iacute;culo 93 se sustenta en dos razones principales: la primera es que &eacute;sta se ajusta a un principio hermen&eacute;utico fundamental del DIDH, espec&iacute;ficamente al principio pro homine o cl&aacute;usula de favorabilidad en la interpretaci&oacute;n de los derechos<sup><a name=nu39></a><a  href="#num39">39</a></sup>, seg&uacute;n la cual debe darse prioridad a la norma o interpretaci&oacute;n de derechos humanos, m&aacute;s protectora de la posici&oacute;n jur&iacute;dica concernida. La segunda sostiene que el art&iacute;culo 93 inciso 1.&deg; de la Constituci&oacute;n se expidi&oacute; originalmente en concordancia con los art&iacute;culos 4 PIDCP y 27 CADH que autorizan a los Estados parte a suspender, temporalmente, algunas de las obligaciones previstas en estos instrumentos convencionales ante situaciones de car&aacute;cter excepcional <i>"que pongan en peligro la vida de la naci&oacute;n" (PIDCP), o "en caso de guerra, de peligro p&uacute;blico o de otra emergencia que amenace la independencia o seguridad del Estado parte"</i> (CADH).</p>      <p>Importa resaltar que estos tratados fueron negociados y adoptados en un contexto pol&iacute;tico espec&iacute;fico, en plena vigencia de la Guerra Fr&iacute;a<sup><a name=nu40></a><a  href="#num40">40</a></sup>, del Estado de Seguridad Nacional de Estados Unidos<sup><a name=nu41></a><a  href="#num41">41</a></sup> y de la Doctrina de Seguridad Nacional suramericana y poco despu&eacute;s del triunfo de la Revoluci&oacute;n Cubana y la crisis de los misiles sovi&eacute;ticos en Cuba en 1962. En ese momento hist&oacute;rico, en concepto de algunos, <i>"la guerra revolucionaria se concret&oacute; como estrategia del comunismo y el enemigo interno se constituy&oacute; en la amenaza principal"</i><sup><a name=nu42></a><a  href="#num42">42</a></sup>. Y, en efecto, los Estados ve&iacute;an con preocupaci&oacute;n el surgimiento de movimientos revolucionarios populares, por influencia de la Revoluci&oacute;n Cubana. Una excesiva intangilidad de los derechos humanos, en este contexto, se consideraba como obst&aacute;culo a la gobernabilidad de los Estados. Por esta raz&oacute;n los textos originales del sistema internacional (tanto el PIDCP como la CADH) buscaron limitar, de la menor manera posible, la futura adopci&oacute;n de medidas de seguridad nacional, catalogando como "intangibles" a tan s&oacute;lo unos pocos derechos que, adem&aacute;s, si se leen atentamente, no parec&iacute;an interferir directamente en las posibilidades de una estrategia antisubversiva.</p>      <p>Despu&eacute;s de finalizada la Guerra Fr&iacute;a y debido a los cambios en las prioridades y actores relevantes en el contexto internacional, estos l&iacute;mites jur&iacute;dicos han sido notoriamente revisados y reinterpretados en el DIDH. As&iacute;, por ejemplo, el Comit&eacute; de Derechos Humanos en su Observaci&oacute;n General N.&deg; 29 del 31 de agosto de 2001 se&ntilde;al&oacute; en relaci&oacute;n con la suspensi&oacute;n de los derechos humanos prevista en el art&iacute;culo 4 PIDCP, entre otras cosas, que el listado de los derechos intangibles del art&iacute;culo 4 PIDCP no era taxativo y que, en consecuencia, otros derechos no pod&iacute;an ser objeto de suspensi&oacute;n leg&iacute;tima como, por ejemplo, las garant&iacute;as de las personas privadas de la libertad. De igual forma aclar&oacute; que, con fundamento en el art&iacute;culo 4, los Estados no pod&iacute;an justificar actos que implicaran la violaci&oacute;n del DIH o de normas imperativas del derecho internacional como, verbigracia, la privaci&oacute;n arbitraria de la libertad. La limitaci&oacute;n del &aacute;mbito del art&iacute;culo 4, en la doctrina internacional, permite, de contera, la ampliaci&oacute;n interpretativa a&uacute;n m&aacute;s profunda del art&iacute;culo 93 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica tal y como lo ha venido sosteniendo la Corte colombiana.</p>      <p>Sin embargo, la armonizaci&oacute;n horizontal ha presentado obst&aacute;culos particulares frente a la libertad personal, derecho que se encuentra en el centro de un modelo garantista de proceso penal, ya que los art&iacute;culos 4 PIDCP y 27 CAHD <i>no incluyen</i> la libertad personal dentro de los derechos intangibles en estados de excepci&oacute;n. Y si ello es cierto podr&iacute;a concluirse, de otro lado, que el derecho penal no debe ser <i>intensamente</i> armonizado con el DIDH porque la Constituci&oacute;n colombiana no lo ordena as&iacute;, ya que la noci&oacute;n de Bloque de Constitucionalidad no tendr&iacute;a aplicaci&oacute;n en la garant&iacute;a de libertad personal, que resulta siendo la regla estructural del derecho penal. De hecho, esta fue la conclusi&oacute;n que, de forma algo dram&aacute;tica, extrajo la Corte Constitucional en la sentencia C-327 de 1997, cuando se acus&oacute; la inconstitucionalidad del art&iacute;culo 388 del Decreto 2700 de 1991. El C&oacute;digo ordenaba que en los delitos de competencia de los jueces regionales s&oacute;lo proced&iacute;a una &uacute;nica forma de medida de aseguramiento: la detenci&oacute;n preventiva.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ante esta acci&oacute;n la Corte Constitucional se encontraba en un dilema pol&iacute;tico fuerte: las normas de la justicia regional eran percibidas, por la opini&oacute;n, como la respuesta en&eacute;rgica y <i>necesaria</i> a una delincuencia socialmente muy alarmante; al mismo tiempo, el legislador hab&iacute;a respondido con cierto exceso, como, por ejemplo, en el art&iacute;culo 388 que se acaba de citar. Esta regla, en concreto, parec&iacute;a violar derechos humanos consagrados en el p&aacute;rrafo 5.&deg; del art&iacute;culo 7 CADH. En todo caso podr&iacute;a argumentarse que la norma era m&aacute;s d&eacute;bil (y por tanto m&aacute;s susceptible de ser declarada inexequible) si se la comparaba con la CADH que si el par&aacute;metro de comparaci&oacute;n eran los textos de la Constituci&oacute;n de 1991, la cual no dispon&iacute;an nada, expl&iacute;citamente, sobre la detenci&oacute;n preventiva. La Corte, en este caso, se decant&oacute; por la interpretaci&oacute;n exeg&eacute;tica del art&iacute;culo 93, para salvar la constitucionalidad de la norma y as&iacute; hacer un gui&ntilde;o judicial al combate contra la criminalidad grave que la poblaci&oacute;n apoyaba y exig&iacute;a. El resultado fue, obviamente, la constitucionalidad del decreto.</p>      <p>Aunque la exclusi&oacute;n original del bloque, en materia penal, pudiera tener alg&uacute;n asidero en las necesidades de seguridad del Estado y en la percepci&oacute;n p&uacute;blica de lucha contra la impunidad, lo cierto es que el camino estaba servido para que la jurisprudencia hiciera una integraci&oacute;n mucho m&aacute;s profunda entre derechos fundamentales y derechos humanos. Es preciso resaltar que los grandes debates en los &uacute;ltimos a&ntilde;os sobre la aplicaci&oacute;n del Bloque de Constitucionalidad en materia penal se han dado en torno a la expedici&oacute;n de la Ley 600 de 2000 y luego de la Ley 906 de 2004, y que en tales debates la posici&oacute;n de la Corte del a&ntilde;o 1997 parece estar superada. La sentencia C-327 de 1997 debe, pues, considerarse un precedente estrictamente limitado a la naturaleza de la norma jur&iacute;dica all&iacute; revisada.</p>      <p>En el control de la Ley 600 de 2000, la Corte todav&iacute;a reconoce que la libertad personal no es un derecho intangible en el DIDH, pero extrae de ello consecuencias muy diferentes. En la sentencia C-774 de 2001 el cargo de inconstitucionalidad que formula el demandante es mucho menos amenazante para la pol&iacute;tica criminal del Estado que lo que hab&iacute;a ocurrido en la revisi&oacute;n de la justicia regional: se afirma que <i>toda</i> la instituci&oacute;n de la detenci&oacute;n preventiva es violatoria de derechos humanos porque niega, de entrada, la presunci&oacute;n de inocencia y el derecho de defensa. De otra forma: que la detenci&oacute;n preventiva es <i>necesariamente</i> pena y, en tanto tal, deber&iacute;a ser abolida de los sistemas procesales penales. Cualquiera que sea la importancia filos&oacute;fica de este argumento, el lector apreciar&aacute; que, dentro de las convicciones contempor&aacute;neas, es pol&iacute;tica y jur&iacute;dicamente insostenible. En esta sentencia, por tanto, la utilizaci&oacute;n del Bloque de Constitucionalidad no genera una posible disonancia con el derecho interno como hab&iacute;a pasado en la revisi&oacute;n de la justicia regional; por el contrario: aqu&iacute; el Bloque de Constitucionalidad muestra <i>con toda claridad</i> que la detenci&oacute;n preventiva est&aacute; consagrada y es ampliamente aceptada (con l&iacute;mites, por supuesto) en el DIDH. El DIDH, en este sentido, no ha pasado a ser abolicionista de las penas de prisi&oacute;n ni de las medidas cautelares privativas de la libertad<sup><a name=nu43></a><a href="#num43">43</a></sup>.      <p>Estas sentencias muestran que la Corte acepta con mayor facilidad la configuraci&oacute;n del Bloque de Constitucionalidad cuando los ordenamientos internos y externos se complementan <i>prima facie</i>. En el a&ntilde;o de 1997, de otra parte, la integraci&oacute;n del bloque se dificult&oacute; evidentemente por las disonancias que exist&iacute;an en la aplicaci&oacute;n conjunta de las normas nacionales e internacionales. As&iacute;, la lectura restrictiva del inciso 1.&deg; del art&iacute;culo 93 le permiti&oacute; a la Corte, al menos en algunos casos, hacer una incorporaci&oacute;n selectiva del DIDH, evitando as&iacute; la inconstitucionalidad de algunas pol&iacute;ticas criminales que contaban con amplio respaldo social, a pesar de su cuestionabilidad jur&iacute;dica.</p>      <p>A partir del a&ntilde;o 2001, en cambio, la Corte elimina este factor de relativa discrecionalidad en la integraci&oacute;n del Bloque de Constitucionalidad y, en ese sentido, parece aceptar una integraci&oacute;n vertical integral del DIDH con el derecho constitucional colombiano. En los p&aacute;rrafos de la sentencia C-774 de 2001 que se acaban de citar, la Corte ya anuncia con claridad el fen&oacute;meno que se advirti&oacute; antes: la Corte est&aacute; diluyendo (antes el punto a eliminar) la diferencia entre el reenv&iacute;o del inciso 1.&deg; y el reenv&iacute;o del inciso 2&deg;. del art&iacute;culo 93. En este caso, por ejemplo, la Corte dice que la libertad personal no es un derecho intangible en estados de excepci&oacute;n, pero no por ello puede desconocerse el derecho humano a la libertad personal en la interpretaci&oacute;n del derecho colombiano.</p>      <p>Esta posici&oacute;n crecientemente monista se estabiliza dogm&aacute;ticamente en la sentencia T-1319 de 2001 donde la Corte termina por <i>aceptar</i> que todos los tratados de derechos humanos son parte del Bloque de Constitucionalidad. En esta sentencia, un ciudadano se queja de que un periodista deportivo le hace se&ntilde;alamientos reiterados que incitan a la hinchada a poner en peligro su seguridad personal. Para analizar este caso la Corte arranca examinando las normas relevantes de la Constituci&oacute;n colombiana y encuentra que en ellas se consagra la libertad de expresi&oacute;n, opini&oacute;n y comunicaci&oacute;n de manera m&aacute;s o menos absoluta, sin ofrecer pista alguna entre la ponderaci&oacute;n que se debe hacer entre tales derechos y el buen nombre potencialmente afectado. Como el texto nacional es abierto al respecto, la Corte utiliza dos fuentes para dar contenido concreto a su fallo: en primer lugar, utiliza su propia jurisprudencia previa, para encontrar ah&iacute; sub-reglas que decidan este choque de derechos; pero, en segundo lugar, encuentra que la libertad de expresi&oacute;n consagrada en la CADH es m&aacute;s espec&iacute;fica sobre el punto y contiene una norma particular sobre la difusi&oacute;n de informaci&oacute;n que constituye "incitaci&oacute;n a la violencia".<sup><a name=nu44></a><a href="#num44">44</a></sup>  La "libertad de expresi&oacute;n", recu&eacute;rdese, al igual que la "libertad personal", no son parte de los "derechos intangibles" de los instrumentos de DIDH. Para salvar esta restricci&oacute;n, la Sentencia T-1319 de 2001 explica el contenido del art&iacute;culo 93 de la siguiente manera:</p>  <ol><i>"En ese contexto, la Corte concluye que el art&iacute;culo 93-2 constitucionaliza todos los tratados de derechos humanos ratificados por Colombia y referidos a derechos que ya aparecen en la Carta y, en virtud de la regla hermen&eacute;utica sobre favorabilidad, el int&eacute;rprete debe escoger y aplicar la regulaci&oacute;n que sea m&aacute;s favorable a la vigencia de los derechos humanos".</i>    </ol>      <p>Esta posici&oacute;n se refuerza, finalmente, y en lo que concierne al tema penal, en la revisi&oacute;n constitucional de la Ley 906 de 2004. En esta &uacute;ltima la Corte utiliza con cada vez m&aacute;s frecuencia los documentos internacionales para evaluar la conformidad del nuevo CPP con los est&aacute;ndares internacionales. Si la posici&oacute;n de 1997 estuviera vigente, el proceso penal estar&iacute;a, en general, eximido de cumplir con los par&aacute;metros planteados por el Bloque de Constitucionalidad. Obs&eacute;rvese, a guisa de ejemplo, la sentencia C-456 de 2006 donde aparece un lenguaje mucho m&aacute;s monista del que se observaba en 1997, o incluso en el a&ntilde;o 2001.</p>      <p>En esta sentencia, como hab&iacute;a ocurrido en la C-805 de 2002, la Corte afirma que la detenci&oacute;n preventiva, como instituci&oacute;n, s&oacute;lo puede imponerse en aquellos casos expl&iacute;citamente permitidos en la Constituci&oacute;n, en la ley y en el <i>Bloque de Constitucionalidad</i>. Esta afirmaci&oacute;n muestra, con toda claridad, c&oacute;mo la libertad personal ha pasado de la periferia al centro mismo del bloque, en la misma medida en que se ha venido extendiendo el &aacute;mbito normativo del art&iacute;culo 93, tal y como hemos explicado. En este juicio concurre tambi&eacute;n la doctrina m&aacute;s autorizada<sup><a name=nu45></a><a href="#num45">45</a></sup>.</p>       <p><b>B. Derecho blando o "soft law"</b></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Debido a la evoluci&oacute;n de sus organizaciones e instituciones, han surgido en el derecho internacional fuentes de derecho <i>"que se encuentran en una zona gris entre la proclamaci&oacute;n sin fuerza vinculante y la determinaci&oacute;n con efectos vinculantes"</i> (Herdegen 2005, 164). A las mismas se les conoce como soft law o derecho blando. Este derecho blando sirve para evidenciar una costumbre internacional<sup><a name=nu46></a><a href="#num46">46</a></sup> y como gu&iacute;a interpretativa de los instrumentos convencionales, y en cuanto tal es muy &uacute;til ya que su contenido es m&aacute;s preciso, especializado y detallado que el de los TIDH. Por esta raz&oacute;n, el derecho blando a veces tiene mayor utilidad en el derecho interno porque da sub-reglas precisas al int&eacute;rprete que los TIDH no proporcionan.</p>      <p>Como lo ha notado la misma Corte colombiana, el Bloque de Constitucionalidad a veces resulta algo reiterativo, porque no es posible interpretar normas abiertas de la Constituci&oacute;n colombiana con normas iguales o m&aacute;s abiertas del sistema internacional. Este derecho blando a veces presenta un nivel t&eacute;cnico de elaboraci&oacute;n al consagrar protocolos de trabajo muy detallados que no podr&iacute;an ser recogidas en normas convencionales.</p>      <p>Una de las caracter&iacute;sticas del derecho blando es su car&aacute;cter no vinculante; sin embargo, <i>"una vez el soft law empieza a interactuar con los tratados, este car&aacute;cter puede perderse o alterarse"</i> (Boyle 1999, 901), ello debido a: i) que algunos tratados hacen reenv&iacute;os a instrumentos de derecho blando <i>(soft law)</i>, otorg&aacute;ndoles, as&iacute;, fuerza vinculante (Convenci&oacute;n de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982) (Boyle 1999, 906), y ii) el uso que se puede dar a los instrumentos de derecho blando en relaci&oacute;n con los tratados; esto es, como mecanismos para la interpretaci&oacute;n autorizada o la amplificaci&oacute;n de los t&eacute;rminos de un tratado, o como cat&aacute;logos de reglas detalladas y est&aacute;ndares t&eacute;cnicos, requeridos para la implementaci&oacute;n de los mismos (Boyle 1999, 905).</p>      <p>La Corte Constitucional ha usado este derecho blando (<i>soft law</i>) de dos maneras: en primer lugar, como herramienta interpretativa en varios de sus pronunciamientos<sup><a name=nu47></a><a href="#num47">47</a></sup>; en segundo lugar,incorporando al Bloque de Constitucionalidad los apartes de estos instrumentos que desarrollan normas de los TIDH y del DIH que forman parte del bloque, convirtiendo instrumentos de derecho blando (<i>soft law</i>) del derecho internacional en derecho duro (<i>hard law</i>) en el orden interno<sup><a name=nu48></a><a href="#num48">48</a></sup>.</p>       <p>As&iacute; mismo, la relevancia y vinculatoriedad de estos instrumentos de derecho blando, para los operadores jur&iacute;dicos, en el nivel interno, se evidencia en su uso por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) al realizar la interpretaci&oacute;n de las obligaciones de los Estados derivadas de la CADH. En algunos casos<sup><a name=nu49></a><a href="#num49">49</a></sup>, esta Corte ha determinado la responsabilidad del Estado por el desconocimiento de la CADH, teniendo en cuenta las directrices de derecho blando en tanto &eacute;stas permiten precisar el contenido de las disposiciones de la Convenci&oacute;n. Por ende, la contravenci&oacute;n del derecho blando por las autoridades del Estado es parte del an&aacute;lisis con el cual la Corte llega, posteriormente, a derivar el incumplimiento de los compromisos adquiridos en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH).</p>      <p><b>C. Fuentes del derecho internacional relevantes como criterio hermen&eacute;utico: la jurisprudencia y la doctrina de los organismos internacionales</b></p>      <p>La doctrina del derecho internacional y las decisiones de los tribunales internacionales y nacionales tienen el car&aacute;cter de fuentes interpretativas, para precisar el alcance y contenido que se le ha dado a una regla del derecho internacional (art. 38 Estatuto de la Corte Internacional de Justicia). Teniendo en cuenta que los organismos y tribunales internacionales son los encargados de la interpretaci&oacute;n autorizada de los TIDH, la Corte Constitucional ha se&ntilde;alado que estas fuentes del derecho son criterio hermen&eacute;utico relevante para la interpretaci&oacute;n de las normas constitucionales sobre derechos fundamentales, de acuerdo con el inciso 2.&deg; del art&iacute;culo 93 constitucional<sup><a name=nu50></a><a href="#num1">50</a></sup>.</p>  <ol><i>"La Constituci&oacute;n dispone que la incorporaci&oacute;n se realiza por v&iacute;a de interpretaci&oacute;n: '...se interpretar&aacute;n de conformidad con los tratados internacionales sobre derechos humanos ratificados por Colombia'. Ello obliga a indagar sobre lo que realmente se incorpora por esta v&iacute;a, pues no puede interpretarse una norma positiva de textura abierta (como las que definen derechos constitucionales) con otra norma que reviste las mismas caracter&iacute;sticas. S&oacute;lo es posible (i), fundir ambas normas (la nacional y la internacional) y (ii), acoger la interpretaci&oacute;n que las autoridades competentes hacen de las normas internacionales e integrar dicha interpretaci&oacute;n al ejercicio hermen&eacute;utico de la Corte. Por ello esta Corte ha se&ntilde;alado, en varias oportunidades, que la jurisprudencia de las instancias internacionales de derechos humanos constituye una pauta relevante para interpretar el alcance de esos tratados y por ende de los propios derechos constitucionales"<sup><a name=nu51></a><a href="#num51">51</a></sup>.</i>    </ol>      <p>En el mismo sentido, la Corte IDH se ha referido a la obligaci&oacute;n que tienen las autoridades estatales, espec&iacute;ficamente los servidores del poder judicial, de observar los tratados que han sido ratificados por el Estado teniendo en cuenta la jurisprudencia y doctrina de la Corte IDH como int&eacute;rprete &uacute;ltimo de la Convenci&oacute;n Americana.</p>  <ol><i>"124. La Corte es consciente de que los jueces y tribunales internos est&aacute;n sujetos al imperio de la ley y, por ello, est&aacute;n obligados a aplicar las disposiciones vigentes en el ordenamiento jur&iacute;dico. Pero cuando un Estado ha ratificado un tratado internacional como la Convenci&oacute;n Americana, sus jueces, como parte del aparato del Estado, tambi&eacute;n est&aacute;n sometidos a ella, lo que les obliga a velar por que los efectos de las disposiciones de la Convenci&oacute;n no se vean mermados por la aplicaci&oacute;n de leyes contrarias a su objeto y fin, y que desde un inicio carecen de efectos jur&iacute;dicos. En otras palabras, el Poder Judicial debe ejercer una especie de 'control de convencionalidad' entre las normas jur&iacute;dicas internas que aplican en los casos concretos y la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos. En esta tarea, el Poder Judicial debe tener en cuenta no solamente el tratado, sino tambi&eacute;n la interpretaci&oacute;n que del mismo ha hecho la Corte Interamericana, int&eacute;rprete &uacute;ltima de la Convenci&oacute;n Americana"<sup><a name=nu52></a><a href="#num52">52</a></sup>.</i>    </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, los operadores jur&iacute;dicos tienen la obligaci&oacute;n de incorporar la doctrina y la jurisprudencia<sup><a name=nu53></a><a href="#num53">53</a></sup> de organismos y tribunales internacionales en su labor hermen&eacute;utica, debido a que ser&iacute;a in&uacute;til utilizar normas de textura abierta del nivel internacional para interpretar reglas constitucionales de las mismas caracter&iacute;sticas que incluso usualmente tienen contenidos id&eacute;nticos. Se requiere el uso de estas fuentes del derecho internacional para la construcci&oacute;n de argumentos s&oacute;lidos en la pr&aacute;ctica jur&iacute;dica y para garantizar que las actuaciones judiciales internas sean consideradas respetuosas del DIDH en los sistemas internacionales de protecci&oacute;n.</p>      <p>La armonizaci&oacute;n del DIDH con el derecho interno tiene enorme relevancia debido a dos razones: i) la efectividad dom&eacute;stica de los sistemas internacionales de protecci&oacute;n de derechos humanos depende de su recepci&oacute;n local, y ii) el DNDF y el DIDH tienen una dependencia rec&iacute;proca, en t&eacute;rminos de lograr su consolidaci&oacute;n institucional y normativa.</p>      <p>Hemos visto c&oacute;mo este fen&oacute;meno se evidencia claramente en el proceso de consolidaci&oacute;n del discurso de los derechos en Colombia, proceso lento y dif&iacute;cil que inici&oacute; en la rep&uacute;blica temprana en el siglo XIX con la recepci&oacute;n de la ideolog&iacute;a liberal en el ordenamiento constitucional. Mucho tiempo transcurri&oacute; antes de que a finales del siglo XX los derechos fundamentales empezaran a ser derecho rutinario y eficaz, en el contexto de una comunidad internacional que ya hab&iacute;a dado impulso decisivo (pol&iacute;tico y jur&iacute;dico) al DIDH, lo cual tuvo incidencia directa en la opci&oacute;n internacionalista en materia de derechos humanos de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991.</p>      <p>Sin embargo, esta armonizaci&oacute;n formal no ha logrado la materializaci&oacute;n efectiva de los derechos humanos en Colombia. Existe una gran brecha entre las normas y su aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica, permanentemente los organismos internacionales de los sistemas de derechos humanos realizan fuertes cr&iacute;ticas frente a la situaci&oacute;n en Colombia, en particular, frente a las pr&aacute;cticas penales. Para cerrar esta brecha es indispensable un compromiso real de todos los operadores jur&iacute;dicos con la protecci&oacute;n de los derechos en el proceso penal.</p>   <hr>       <p><b>Conclusi&oacute;n</b></p>      <p>La armonizaci&oacute;n del DIDH con el derecho interno tiene enorme relevancia debido a dos razones: i) la efectividad dom&eacute;stica de los sistemas internacionales de protecci&oacute;n de derechos humanos depende de su recepci&oacute;n local, y ii) el DNDF y el DIDH tienen una dependencia rec&iacute;proca, en t&eacute;rminos de lograr su consolidaci&oacute;n institucional y normativa.</p>      <p>Hemos visto c&oacute;mo este fen&oacute;meno se evidencia claramente en el proceso de consolidaci&oacute;n del discurso de los derechos en Colombia, proceso lento y dif&iacute;cil que inici&oacute; en la rep&uacute;blica temprana en el siglo XIX con la recepci&oacute;n de la ideolog&iacute;a liberal en el ordenamiento constitucional. Mucho tiempo transcurri&oacute; antes de que a finales del siglo XX los derechos fundamentales empezaran a ser derecho rutinario y eficaz, en el contexto de una comunidad internacional que ya hab&iacute;a dado impulso decisivo (pol&iacute;tico y jur&iacute;dico) al DIDH, lo cual tuvo incidencia directa en la opci&oacute;n internacionalista en materia de derechos humanos de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991.</p>      <p>Sin embargo, esta armonizaci&oacute;n formal no ha logrado la materializaci&oacute;n efectiva de los derechos humanos en Colombia. Existe una gran brecha entre las normas y su aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica, permanentemente los organismos internacionales de los sistemas de derechos humanos realizan fuertes cr&iacute;ticas frente a la situaci&oacute;n en Colombia, en particular, frente a las pr&aacute;cticas penales. Para cerrar esta brecha es indispensable un compromiso real de todos los operadores jur&iacute;dicos con la protecci&oacute;n de los derechos en el proceso penal.</p>  <hr>   <font face=""verdana"" size="2">      <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> Antonio Cassese, <i>International Law</i>, 216 (Oxford University Press, New York, 2005).    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Cfr., p. ej., arts. 10 de la Constituci&oacute;n de Italia de 1947 y 55 de la Constituci&oacute;n de Francia de 1958.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> Arts. 10.2 de la Constituci&oacute;n de Espa&ntilde;a de 1978 y 16 de la Constituci&oacute;n de Portugal de 1976       <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> Vladlen S. Vereshchetin, <i>New Constitutions and the Old Problem of the Relationship between Internacional Law and Nacional Law</i>, 1 European Journal of International Law, 1 (1996).        <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup> P. ej., art. 75 num. 22 de la Constituci&oacute;n de Argentina de 1994, art. 17 de la Constituci&oacute;n de Ecuador de 1998, art. 23 de la Constituci&oacute;n de Venezuela de 1999, cuarta disposici&oacute;n final y transitoria de la Constituci&oacute;n de Per&uacute; de 1993, art. 93 de la Constituci&oacute;n de Colombia.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup> Vladlen S. Vereshchetin, <i>New Constitutions and the Old Problem of the Relationship between Internacional Law and Nacional Law, 1 European Journal of International Law</i>, 2 (1996).    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup> Vladlen S. Vereshchetin, <i>New Constitutions and the Old Problem of the Relationship between Internacional Law and Nacional Law, 1 European Journal of International Law</i>, 2 (1996).    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup> Vladlen S. Vereshchetin, <i>New Constitutions and the Old Problem of the Relationship between Internacional Law and Nacional Law, 1 European Journal of International Law</i>, 3 (1996).    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup> Cfr. art. 75 num. 22 de la Constituci&oacute;n de Argentina, art. 5 de la Constituci&oacute;n de Chile, art. 17 de la Constituci&oacute;n de Ecuador, art. 23 de la Constituci&oacute;n de Venezuela, art. 93 inc. 1 de la Constituci&oacute;n de Colombia, art. 10 de la Constituci&oacute;n de Italia.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup> Cfr., p. ej., art. 10.2 de la Constituci&oacute;n de Espa&ntilde;a, cuarta disposici&oacute;n final y transitoria de la Constituci&oacute;n de Per&uacute;, art. 93 inc. 2 de la Constituci&oacute;n de Colombia.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup> Cfr. <i>Case of Pinochet</i>, House of Lords on 24 March 1999, United Kingdom. <i>Supreme Court of the United States. Hamdan v. Rumsfeld</i>, 126 S. Ct. 2749 (2006). Determina la aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 3 com&uacute;n de los Convenios de Ginebra es aplicable frente a los combatientes ilegales detenidos en Guant&aacute;namo. <i>Supreme Court of the United States. Roper v. Simmons</i>, 543 U.S. 551, 554 (2005). Caso sobre pena de muerte en el que la Corte Suprema cit&oacute; la CADH, la cual no ha sido ratificada por el Senado.    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup> Laurence R. Helfer, <i>Overlegalizing Human Rights: International Relations Theory and the Commonwealth Caribbean Backlash Against Human Rights Regimes</i>, 102, <i>Columbia Law Review</i>, 1832-1911, 1832 (2002).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup> Seg&uacute;n Uprimny, <i>"la Corte Suprema se neg&oacute; siempre a considerar que la violaci&oacute;n de los tratados de derechos humanos ratificados por Colombia pudiera ser una causa de inexequibilidad, con lo cual rechaz&oacute; toda posibilidad de incorporar esos tratados en el Bloque de Constitucionalidad. Esto fue desafortunado, ya que la carta de derechos de la Constituci&oacute;n de 1886 era bastante pobre, pero al mismo tiempo, en los a&ntilde;os sesenta y setenta, Colombia hab&iacute;a ratificado numerosos pactos de derechos humanos, como varios Convenios de la OIT, los Pactos de Naciones Unidas y la Convenci&oacute;n Interamericana. En esa &eacute;poca hubiera sido entonces muy interesante haber aceptado una cierta noci&oacute;n de Bloque de Constitucionalidad, que incluyera los tratados de derechos humanos, a fin de fortalecer la fuerza jur&iacute;dica de estos valores en el ordenamiento interno"</i>. Rodrigo Uprimny, <i>Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal</i>, 6-7 (Dejusticia, Bogot&aacute;, 2006).    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup> Uprimny, <i>Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal</i>, cit. supra nota 15, 32.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup> Armonizaci&oacute;n en todo caso parcial y conflictiva porque el problema termin&oacute; traspas&aacute;ndose al contenido de la Ley Estatutaria de Estados de Excepci&oacute;n ordenada tanto en el art&iacute;culo 214 como en el 152 C.P. El Estatuto, finalmente adoptado mediante Ley 137 de 1994, no termin&oacute; siendo tan garantista como quiz&aacute; aspiraba el Constituyente porque en el mismo se volvieron a incluir las competencias exclusivamente administrativas que el Estado siempre ha reclamado para el ejercicio m&aacute;s agresivo de sus pol&iacute;ticas de seguridad interna. Entre estas facultades se encuentra la posibilidad, en sede administrativa y sin control judicial independiente, de proceder a capturas preventivas o a la intervenci&oacute;n de la inviolabilidad de domicilio o de comunicaciones, o incluso de limitaci&oacute;n de la libertad de prensa y comunicaciones. En la sentencia C-179 de 1994 (M.P.: Carlos Gaviria D&iacute;az) la Corte revis&oacute; el proyecto de Ley Estatutaria antes de su expedici&oacute;n y declar&oacute; inexequibles algunas de las atribuciones que el Ejecutivo se hab&iacute;a reservado.     <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup> Dice as&iacute; el art&iacute;culo 93 original: <i>"Los tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que proh&iacute;ben su limitaci&oacute;n en los estados de excepci&oacute;n, prevalecen en el orden interno. Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se interpretar&aacute;n de conformidad con los tratados internacionales sobre derechos humanos ratificados por Colombia"</i>. Esta norma fue posteriormente adicionada para constitucionalizar la adhesi&oacute;n de Colombia a la Corte Penal Internacional que se constituy&oacute; en otro paso fundamental de internacionalizaci&oacute;n de la protecci&oacute;n de los derechos humanos. Mediante Acto Legislativo 02 de 2001 se introdujo el siguiente texto: <i>"El Estado Colombiano puede reconocer la jurisdicci&oacute;n de la Corte Penal Internacional en los t&eacute;rminos previstos en el Estatuto de Roma adoptado el 17 de julio de 1998 por la Conferencia de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas y, consecuentemente, ratificar este tratado de conformidad con el procedimiento establecido en esta Constituci&oacute;n. La admisi&oacute;n de un tratamiento diferente en materias sustanciales por parte del Estatuto de Roma con respecto a las garant&iacute;as contenidas en la Constituci&oacute;n tendr&aacute; efectos exclusivamente dentro del &aacute;mbito de la materia regulada en &eacute;l"</i>.     <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup> Para un desarrollo jurisprudencial reciente sobre la construcci&oacute;n del bloque en materia laboral cfr. la sentencia C-401de 2005, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa.     <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup> Cfr. una exposici&oacute;n acerca de la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica y el desarrollo jurisprudencial de la doctrina del Bloque de Constitucionalidad en Rodrigo Uprimny, <i>El Bloque de Constitucionalidad en Colombia. Un an&aacute;lisis jurisprudencial y un ensayo de sistematizaci&oacute;n doctrinal</i> (en: http://www.dejusticia.org/interna. php?id_tipo_publicacion=7&id_publicacion=72).      <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup> Es preciso anotar, sin embargo, que el problema del Consejo Constitucional franc&eacute;s era tan s&oacute;lo funcionalmente an&aacute;logo al que luego enfrentar&iacute;a la Corte colombiana: la Constituci&oacute;n francesa de 1958 no contiene, para todos los efectos pr&aacute;cticos, una carta de derechos. Tan s&oacute;lo en su pre&aacute;mbulo se hace una menci&oacute;n a ellos cuando se afirma: <i>"El pueblo franc&eacute;s proclama solemnemente su adhesi&oacute;n a los Derechos Humanos y a los principios de la soberan&iacute;a nacional tal y como fueron definidos por la Declaraci&oacute;n de 1789, confirmada y completada por el Pre&aacute;mbulo de la Constituci&oacute;n de 1946"</i>.    <br> A partir de 1971, y de ah&iacute; en adelante en forma creciente, el Consejo Constitucional franc&eacute;s requer&iacute;a utilizar los derechos y las libertades (no expl&iacute;citamente enunciadas en la Constituci&oacute;n) como par&aacute;metro de control de constitucionalidad de las leyes. En efecto, una ley de 1901 permit&iacute;a en Francia la creaci&oacute;n libre de asociaciones civiles sin control administrativo previo. En el a&ntilde;o de 1971, el gobierno derechista de la &eacute;poca propuso un proyecto de ley aditivo de la ley de 1901 para imponer permisos administrativos previos, con el prop&oacute;sito (impl&iacute;cito, por supuesto) de limitar la formaci&oacute;n de asociaciones civiles pro-comunistas. El tribunal resuelve entonces utilizar, por primera vez, los derechos y libertades de la tradici&oacute;n constitucional francesa contra el Parlamento, y declara inconstitucional la norma, protegiendo as&iacute; la libertad de asociaci&oacute;n y de expresi&oacute;n de una ciudadan&iacute;a ideol&oacute;gicamente dividida entre izquierda y derecha. Con esta sentencia el Consejo Constitucional abandona su papel tradicional de &aacute;rbitro de conflictos entre el Presidente y el Parlamento e inicia una labor, algo espasm&oacute;dica, de protecci&oacute;n de derechos individuales.    <br> Esta es una utilizaci&oacute;n atrevida de los derechos para efectos de control constitucional en un pa&iacute;s como Francia, donde la soberan&iacute;a del legislador es un principio jur&iacute;dico muy arraigado. El valor de la sentencia de 1971 s&oacute;lo se puede apreciar, adecuadamente, dentro de este contexto. Sin embargo, la sentencia tiene un punto fundamental, que a veces se omite por los comentaristas: en alg&uacute;n sentido el proyecto de ley de 1971 (recu&eacute;rdese que en Francia el control constitucional es siempre previo, art. 61 de la Constituci&oacute;n de 1958), es declarado inconstitucional por violar <i>"[les] principes fondamentaux reconnus par les lois de la R&eacute;publique"</i> (los principios fundamentales reconocidos por las leyes de la Rep&uacute;blica). En ese sentido, el proyecto de ley de 1971 viola, en primer lugar, los principios fundamentales de libertad de asociaci&oacute;n <i>establecidos por la ley</i> y, derivativamente, la libertad de asociaci&oacute;n de la tradici&oacute;n constitucional francesa expresada, primero, en el documento de la Revoluci&oacute;n y, segundo, en la Constituci&oacute;n de la IV Rep&uacute;blica, adoptada una vez se dio fin a la ocupaci&oacute;n alemana y a la Segunda Guerra Mundial. Las libertades constitucionales, pues, dependen de los principios jur&iacute;dicos emanados en las leyes que los configuran.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup> Uprimny, <i>Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal</i>, cit. supra nota 15.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup> Corte Constitucional, sentencias C-179 de 1994, M.P.: Carlos Gaviria D&iacute;az, C-191 de 1998, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-578 de 1995, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-708 de 1999, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, C-200 de 2002, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, C-1001 de 2005.     <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup> As&iacute;, la Corte ha se&ntilde;alado que forman parte del Bloque de Constitucionalidad en sentido estricto:    <br> El pre&aacute;mbulo (Corte Constitucional, sentencia C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero). El articulado de la Constituci&oacute;n (Corte Constitucional, sentencia C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero).    <br> Las disposiciones de los tratados internacionales sobre derechos humanos ratificados por Colombia, con fundamento en el art&iacute;culo 93 (Corte Constitucional, sentencias C-225 de 1995, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-358 de 1997, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-191 de 1998, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-200 de 2002, M.P.: &aacute;lvaro Tafur Galvis). El derecho internacional humanitario, de acuerdo con el art&iacute;culo 214 (Corte Constitucional, sentencias C-225 de 1995, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-578 de 1995, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-135 de 1996, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz y Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero).    <br> Tratados de l&iacute;mites Territoriales, seg&uacute;n el art&iacute;culo 102 (Corte Constitucional, sentencias C-191 de 1998, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-1022 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero).    <br> Algunos convenios de la OIT ratificados por Colombia, a trav&eacute;s de la interpretaci&oacute;n arm&oacute;nica de los art&iacute;culos 53 y 93 inciso 2 (Corte Constitucional, sentencia C-280 de 2007).    <br> A su vez, de acuerdo con la jurisprudencia constitucional el Bloque de Constitucionalidad en sentido lato es integrado adicionalmente por:    <br> Las leyes org&aacute;nicas, con base en el art&iacute;culo 151 (Corte Constitucional, sentencias C-191 de 1998, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero).    <br> La Ley Estatutaria de Estados de Excepci&oacute;n, teniendo en cuenta los art&iacute;culos 152, 153 y 214 (Corte Constitucional, sentencias C-179 de 1994, M.P.: Carlos Gaviria     <br> D&iacute;az, C-191 de 1998, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-578 de 1995, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-708 de 1999, M.P.: &Aacute;lvaro Tafur Galvis).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup> <i>Reforma Constitucional de la Justicia Penal - Actas de la Comisi&oacute;n Preparatoria y Documentos de Tr&aacute;mite Legislativo</i>, I (Corporaci&oacute;n Excelencia en la Justicia, Bogot&aacute;, 2002). <i>Reforma Constitucional de la Justicia Penal - Texto del Acto Legislativo 03 de 2002 y Documentos de Tr&aacute;mite</i>, II (Corporaci&oacute;n Excelencia en la Justicia, Bogot&aacute;, 2003).     <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup> <i>"Art&iacute;culo 3</i>. Prelaci&oacute;n de los Tratados Internacionales. <i>En la actuaci&oacute;n prevalecer&aacute; lo establecido en los tratados y convenios internacionales ratificados por Colombia que traten sobre derechos humanos y que proh&iacute;ban su limitaci&oacute;n durante los estados de excepci&oacute;n, por formar Bloque de Constitucionalidad"</i>.     <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup> <i>"Art&iacute;culo 181</i>. Procedencia. <i>El recurso como control constitucional y legal procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia en los procesos adelantados por delitos, cuando afectan derechos o garant&iacute;as fundamentales por: 1. Falta de aplicaci&oacute;n, interpretaci&oacute;n err&oacute;nea, o aplicaci&oacute;n indebida de una norma del Bloque de Constitucionalidad, constitucional o legal, llamada a regular el caso (...)</i>". Es de aclarar que estas violaciones en el C&oacute;digo de Procedimiento Penal anterior (Ley 600 de 2000) eran previstas en la causal primera: "Violaci&oacute;n de una norma de derecho sustancial"; sin embargo, la previsi&oacute;n expresa del Bloque de Constitucionalidad en el art&iacute;culo 181 de la Ley 906 denota el inter&eacute;s del legislador en reafirmar la relevancia y obligatoriedad del Bloque de Constitucionalidad.     <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup> Anne-Marie Slaughter, <i>Judicial Globalization</i>, 40, <i>Virginia Journal of International Law</i>, 1103 (2000).     <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup> <i>"Art&iacute;culo 124</i>. Derechos y Facultades. <i>La defensa podr&aacute; ejercer todos los derechos y facultades que los Tratados Internacionales relativos a Derechos Humanos que forman parte del Bloque de Constitucionalidad, la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica y la ley reconocen en favor del imputado"</i>.     <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup> <i>"Art&iacute;culo 130</i>. Atribuciones. <i>Adem&aacute;s de los derechos reconocidos en los Tratados Internacionales de Derechos Humanos ratificados por Colombia y que forman parte del Bloque de Constitucionalidad, de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica y de la ley, en especial de los previstos en el art&iacute;culo 8 de este c&oacute;digo, el imputado o procesado, seg&uacute;n el caso, dispondr&aacute; de las mismas atribuciones asignadas a la defensa que resultan compatibles con su condici&oacute;n. En todo caso, de mediar conflicto entre las peticiones o actuaciones de la defensa con las del imputado o procesado prevalecen las de aquella"</i>.     <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup> Art&iacute;culo 8 CADH. Corte Constitucional, sentencias C-200 de 2002, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, C-1001 de 2005, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, C-370 de 2006, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.    <br> Art&iacute;culos 14 y 15 PIDCP. Corte Constitucional, sentencias C-200 de 2002, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, C-1001 de 2005, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, C-370 de 2006, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.     <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup> Corte Constitucional, sentencia C-774 de 2001, M.P.: Rodrigo Escobar Gil.     <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup> Corte Constitucional, sentencia C-592 de 2005, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis.       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup> Art&iacute;culo 25 CADH, que fundamenta los derechos a la verdad, a la justicia y a la reparaci&oacute;n. Corte Constitucional, sentencia C-370 de 2006, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.       <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup> Corte Constitucional, sentencia C-187 de 2006, M.P.: Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.       <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup> Corte Constitucional, sentencia C-370 de 2006, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.       <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup> Corte Constitucional, sentencia C-370 de 2006, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.      <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup> <i>"Art&iacute;culo 93. Los tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que proh&iacute;ben su limitaci&oacute;n en los estados de excepci&oacute;n, prevalecen en el orden interno.    <br> Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se interpretar&aacute;n de conformidad con los tratados internacionales sobre derechos humanos ratificados por Colombia (...)"</i>.     <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup> Cfr. al respecto, Corte Constitucional, sentencias C-327 de 1997, C-774 de 2001, M.P.: Rodrigo Escobar Gil, C-1001 de 2005, M.P.: &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis.     <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup> Uprimny, <i>Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal</i>, cit. supra nota 15.     <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup> Los operadores jur&iacute;dicos en su labor hermen&eacute;utica del DIDH deben llevar a cabo una interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica del <i>corpus iuris</i> que incluya todas las fuentes que lo conforman, teniendo en cuenta los criterios hermen&eacute;uticos espec&iacute;ficos del DIDH, derivados de su finalidad de proteger los derechos y libertades esenciales, el principio <i>pro homine</i> o cl&aacute;usula de favorabilidad en la interpretaci&oacute;n de los derechos, conforme al cual entre varias normas aplicables se debe escoger la m&aacute;s amplia o protectora sin importar la jerarqu&iacute;a o la temporalidad, la interpretaci&oacute;n de las normas debe ser a favor del individuo buscando la protecci&oacute;n m&aacute;s extensiva, y las limitaciones a los derechos se deben interpretar de manera restrictiva.    <br> Cfr. CorteIDH, Opini&oacute;n Consultiva OC- 4/84, 19 de enero de 1984, p&aacute;rr. 20. Opini&oacute;n Consultiva OC-5/85, 13 de noviembre de 1985, p&aacute;rr. 46.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Corte Constitucional, sentencias C-148 de 2005, M.P. &aacute;&aacute;lvaro Tafur Galvis, C-251 de 1997, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-251 de 2002, M.P.: Eduardo Montealegre Lynett y Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.     <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup> Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX, 238 (Cr&iacute;tica, Barcelona, 1995).      <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup> El principal instrumento que desarroll&oacute; el Estado de Seguridad Nacional fue el Acta de Seguridad Nacional de 1947, en la que <i>"se identificaba a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica como el enemigo principal y a la contenci&oacute;n como el medio fundamental para su control, adem&aacute;s de que las guerras anticoloniales y los procesos de cambio social del momento se ve&iacute;an como provocados por esa potencia"</i>. Francisco Le&oacute;n Buitrago, <i>El oficio de la guerra. La seguridad nacional en Colombia</i>, 20 (TM Editores y IEPRI, Bogot&aacute;, 1994).     <br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup> Ib&iacute;d.     <br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup> Los abolicionistas precisamente piensan que esta es una exigencia de la raz&oacute;n, de la decencia y de la dignidad m&iacute;nimas debidas a las personas: en suma, piensan que se trata de un derecho humano abstracto. Los Estados, por supuesto, no le creen a los abolicionistas y nadie, hasta donde conozco, ha positivizado este argumento de derecho natural.     <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup> En efecto, el art&iacute;culo 13.5 CAHD afirma lo siguiente: <i>"Estar&aacute; prohibida por la ley toda propaganda en favor de la guerra y toda apolog&iacute;a del odio nacional, racial o religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acci&oacute;n ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, por ning&uacute;n motivo, inclusive los de raza, color, religi&oacute;n, idioma u origen nacional"</i>. La Corte entiende que la norma es aplicable al caso concreto porque proh&iacute;be la incitaci&oacute;n de violencia <i>por cualquier motivo</i>.     <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup> Aunque la explicaci&oacute;n all&iacute; ofrecida por Uprimny no deja de ser algo confusa. Seg&uacute;n Uprimny, se mantendr&iacute;a una peque&ntilde;a diferencia entre el inciso 1.&deg; y el 2.&deg; del art&iacute;culo 93: <i>Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal</i>, cit. supra nota 15.     <br>  <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup> Los instrumentos de <i>soft law</i> son &uacute;tiles para generar una amplia y consistente pr&aacute;ctica de los Estados y/o evidenciar <i>opinio iuris</i> en apoyo de una costumbre internacional. Hay buenos ejemplos del uso de Resoluciones de NU con este efecto: en el fallo del caso relativo a las actividades militares y paramilitares de Nicaragua (CIJ, 27 de junio de 1986), en la opini&oacute;n consultiva sobre la legalidad de la amenaza o de empleo de armas nucleares (CIJ, 8 de julio 1996), en el fallo del caso relativo al proyecto Gabcikovo-Nagymaros Dam (CIJ, 25 de septiembre de 1997) (Boyle 1999, 903, 904).     <br>  <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup> Por ejemplo, en relaci&oacute;n con los derechos de las v&iacute;ctimas cita la "Declaraci&oacute;n sobre los principios fundamentales de justicia para las v&iacute;ctimas de delitos y del abuso de poder" y los "Principios y directrices b&aacute;sicos sobre el derecho de las v&iacute;ctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del Derecho Internacional Humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones". Corte Constitucional, sentencia C-228 de 2002, C-531 de 2006, M.P.: Marco Gerardo Monroy Cabra, C-370 de 2006.    <br>   <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup> En la sentencia SU-1150 de 2000 aclar&oacute; que los "Principios rectores relativos al desplazamiento forzado" no son un TIDH, pero que en la medida en que algunos de sus preceptos reiteran normas incluidas en TIDH y DIH que forman parte del bloque, &eacute;stos se incorporan tambi&eacute;n al texto constitucional. En la sentencia T-327 de 2001 advierte de manera general que este instrumento forma parte del Bloque de Constitucionalidad.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup> CorteIDH. Caso <i>Ni&ntilde;os de la Calle (Villagr&aacute;n Morales y otros)</i>, sentencia de 19 de noviembre de 1999, p&aacute;rr. 197 y 198. La Corte utiliz&oacute; las Directrices de RIAD (Directrices de las Naciones Unidas para la prevenci&oacute;n de la delincuencia juvenil. Adoptadas y proclamadas por la Asamblea General de la ONU en su Res. 45/112 de 4 de diciembre de 1990, p&aacute;rr. 9) y las Reglas de Beijing (Reglas m&iacute;nimas de las Naciones Unidas para la administraci&oacute;n de la justicia de menores, adoptadas por la Asamblea General de Naciones Unidas en su Res. 40/33, de 29 de noviembre de 1985, p&aacute;rr. 26.1).     <br>  <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup> Corte Constitucional, sentencias C-010 de 2000, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, C-1001 de 2005, M.P.: &aacute;lvaro Tafur Galvis, C-370 de 2006, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, &aacute;lvaro Tafur Galvis, Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.     <br>  <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup> Corte Constitucional, sentencia T-1319 de 2001, M.P.: Rodrigo Uprimny Yepes.     <br>  <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup> Corte IDH, caso <i>Almonacid Arellano y otros vs. Chile</i>, sentencia del 16 de septiembre de 2006.     <br>  <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup> Para el manejo de la doctrina y de la jurisprudencia de los organismos internacionales cfr. el m&eacute;todo para el an&aacute;lisis de sentencias y l&iacute;neas jurisprudenciales propuesto por Diego L&oacute;pez Medina, <i>El derecho de los jueces. Obligatoriedad del precedente constitucional, an&aacute;lisis de sentencias y l&iacute;neas jurisprudenciales y teor&iacute;a del derecho judicial</i> (Legis, Bogot&aacute;, 2006).     <br>   <hr>      <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>      <!-- ref --><p>Aoi, Hideo, Significance and Limits of Principle-Oriented Legal Thinking, Archiv für rechts- und sozialphilosophie (2007). Boyle, Alan E., Some Reflections on the Relationship of Treaties and Soft Law, 48 The International and Comparative Law Quarterly No. 4 (1999).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1692-8156200800010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1692-8156200800010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Cassese, Antonio, International Law, 216 (Oxford University Press, New York, 2005).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1692-8156200800010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Garc&iacute;a, Alfonso, The Pseudo-problem of Legal Theory and the Rise of Neo-Constitutionalism, ARSP (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1692-8156200800010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Helfer, Laurence R., Overlegalizing Human Rights: International Relations Theory and the Commonwealth Caribbean Backlash Against Human Rights Regimes, 102, Columbia Law Review, 1832 (2002).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1692-8156200800010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Herdegen, Matthias, Derecho internacional p&uacute;blico (Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, M&eacute;xico, 2005).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1692-8156200800010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Hobsbawm, Eric, Historia del Siglo XX, 238 (Cr&iacute;tica, Barcelona, 1995).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1692-8156200800010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Le&oacute;n Buitrago, Francisco Le&oacute;n, El oficio de la guerra. La seguridad nacional en Colombia (TM Editores y IEPRI, Bogot&aacute;, 1994).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1692-8156200800010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Orozco Abad, Iv&aacute;n y Juan Gabriel G&oacute;mez, Los peligros del constitucionalismo en materia criminal (Temis y IEPRI, Bogot&aacute;, 1999).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1692-8156200800010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Reforma Constitucional de la Justicia Penal - Actas de la Comisi&oacute;n Preparatoria y Documentos de Tr&aacute;mite Legislativo, I (Corporaci&oacute;n Excelencia en la Justicia, Bogot&aacute;, 2002).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1692-8156200800010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Reforma Constitucional de la Justicia Penal - Texto del Acto Legislativo 03 de 2002 y Documentos de Tr&aacute;mite, II (Corporaci&oacute;n Excelencia en la Justicia, Bogot&aacute;, 2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1692-8156200800010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Slaughter, Anne-Marie, Judicial Globalization, 40, Virginia Journal of International Law, 1103 (2000).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1692-8156200800010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Uprimny, Rodrigo, Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal (Dejusticia, Bogot&aacute;, 2006).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1692-8156200800010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Uprimny, Rodrigo, El Bloque de Constitucionalidad en Colombia. Un an&aacute;lisis jurisprudencial y un ensayo de sistematizaci&oacute;n doctrinal (en: <a href="http://www.dejusticia.org/interna.php?id_tipo_publicacion=7&id_publicacion=72" target="_blank">http://www.dejusticia.org/interna.php&#63;id_tipo_publicacion=7&amp;id_publicacion=72)</a>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1692-8156200800010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Vereshchetin, Vladlen S., New Constitutions and the Old Problem of the Relationship between Internacional Law and Nacional Law, 1 European Journal of International Law (1996).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1692-8156200800010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Wilson, Robert, International Law in New National Constitutions, 58, The American Journal of International Law No. 2 (1964).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1692-8156200800010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Zagrebelski, Gustavo, El derecho d&uacute;ctil: ley, derechos, justicia (Trotta, Madrid, 2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1692-8156200800010001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Jurisprudencia Corte Constitucional</b></p>      <!-- ref --><p>Sentencia C-179 de 1994, M.P.: Carlos Gaviria D&iacute;az.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1692-8156200800010001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-225 de 1995, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S1692-8156200800010001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-578 de 1995, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1692-8156200800010001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-135 de 1996, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz y Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S1692-8156200800010001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-251 de 1997, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1692-8156200800010001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-327 de 1997, M.P.: Fabio Mor&oacute;n D&iacute;az.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S1692-8156200800010001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-191 de 1998, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S1692-8156200800010001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-582 de 1999, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S1692-8156200800010001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-708 de 1999, M.P.: &aacute;lvaro Tafur Galvis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1692-8156200800010001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-010 de 2000, M.P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1692-8156200800010001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia SU-1150 de 2000, M.P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1692-8156200800010001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia T-327 de 2001, M.P.: Marco Gerardo Monroy Cabra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S1692-8156200800010001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia T-1319 de 2001, M.P.: Rodrigo Uprimny Yepes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S1692-8156200800010001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-774 de 2001, M.P.: Rodrigo Escobar Gil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S1692-8156200800010001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-200 de 2002, M.P.: &aacute;lvaro Tafur Galvis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S1692-8156200800010001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-228 de 2002, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda y Eduardo Montealegre Lynett.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S1692-8156200800010001200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-251 de 2002, M.P.: Eduardo Montealegre Lynett y Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S1692-8156200800010001200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-401 de 2005, M.P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S1692-8156200800010001200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-592 de 2005, M.P.: &aacute;lvaro Tafur Galvis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S1692-8156200800010001200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-1001 de 2005, M.P.: &aacute;lvaro Tafur Galvis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S1692-8156200800010001200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-148 de 2005, M.P.: &aacute;lvaro Tafur Galvis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S1692-8156200800010001200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Sentencia C-187 de 2006, M.P.: Clara In&eacute;s Vargas Hern&aacute;ndez.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: 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window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S1692-8156200800010001200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Corte Interamericana de Derechos Humanos</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Caso Ni&ntilde;os de la Calle (Villagr&aacute;n Morales y otros), sentencia del 19 de noviembre de 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S1692-8156200800010001200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Caso Almonacid Arellano y otros vs. Chile, sentencia del 16 de septiembre de 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S1692-8156200800010001200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Corte Internacional de Justicia</b></p>      <!-- ref --><p>Caso relativo a las actividades militares y paramilitares en Nicaragua y contra Nicaragua (Nicaragua vs. Estados Unidos de Am&eacute;rica), fallo del 27 de junio de 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S1692-8156200800010001200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Caso relativo al proyecto Gabcikovo-Nagymaros (Hungr&iacute;a vs. Eslovaquia), fallo del 25 de septiembre de 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S1692-8156200800010001200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>House of Lords, United Kingdom</b></p>      <!-- ref --><p>Case of Pinochet, 24 March 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S1692-8156200800010001200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Supreme Court of the United States</b></p>      <!-- ref --><p>Hamdan v. Rumsfeld, 126 S. Ct. 2749 (2006).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S1692-8156200800010001200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Roper v. Simmons, 543 U.S. 551, 554 (2005).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S1692-8156200800010001200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Doctrina    <br> Corte Interamericana de Derechos Humanos</b></p>      <!-- ref --><p>Opini&oacute;n Consultiva OC-4/84, 19 de enero de 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S1692-8156200800010001200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Opini&oacute;n Consultiva OC-5/85, 13 de noviembre de 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S1692-8156200800010001200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Comit&eacute; de Derechos Humanos</b></p>      <!-- ref --><p>Observaci&oacute;n General N.&deg; 29 del 31 de agosto de 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S1692-8156200800010001200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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