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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[UBICACIÓN DE LA PRAXIS EN LAS CATEGORÍAS CONCEPTUALES DE ELLACURÍA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper approaches the concept of "praxis" as stated by Ignacio Ellacuria, examining it in relation with the main concepts that Ellacuria presents in his work. This concept of "Praxis", fundamental at the moment of approaching the topic of historical reality, last and absolute object of the philosophy, needs to be supported by a series of elements that are rescued in this paper. For doing that we will consider some components of this "praxis", its conditions and its place.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>UBICACI&Oacute;N DE LA PRAXIS EN LAS CATEGOR&Iacute;AS CONCEPTUALES DE ELLACUR&Iacute;A</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>PRAXIS IN ELLACURIA’S CONCEPTUAL CATEGORIES</b></font></p>     <p><b>Pedro Pablo Serna*</b></p>     <p>* Universidad del Norte. <a href="mailto:pserna@uninorte.edu.co"><i>pserna@uninorte.edu.co</i></a></p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: mayo 13 de 2009     <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: septiembre 4 de2009</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El presente trabajo hace un acercamiento al concepto de praxis en Ignacio Ellacur&iacute;a, relacionando la praxis con los principales conceptos que Ellacur&iacute;a presenta en su obra. La praxis, ejercicio fundamental a la hora de abordar el tema de la realidad hist&oacute;rica, objeto &uacute;ltimo y absoluto de la filosof&iacute;a, requiere ser sustentada en una serie de elementos que se rescatan en el presente ensayo. Por ello, haremos referencia a algunos componentes propios de la praxis, las condiciones y el lugar para ella.</p>     <p>PALABRAS  CLAVE    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <i>Praxis, realidad, realidad hist&oacute;rica, filiaci&oacute;n, dar de s&iacute;.</i></p> <hr>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>This paper approaches the concept of &quot;praxis&quot; as stated by Ignacio Ellacuria, examining it in relation with the main concepts that Ellacuria presents in his work. This concept of &quot;Praxis&quot;, fundamental at the moment of approaching the topic of historical reality, last and absolute object of the philosophy, needs to be supported by a series of elements that are rescued in this paper. For doing that we will consider some components of this &quot;praxis&quot;, its conditions and its place.</p>     <p>KEY WORDS    <br> <i>Praxis, reality, historic reality, filiation, giving from oneself.</i></p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Ignacio Ellacur&iacute;a es un fil&oacute;sofo y te&oacute;logo latinoamericano, nacido en el pa&iacute;s Vasco. Tuvo como gran maestro a Xavier Zubiri, quien enriqueci&oacute; su reflexi&oacute;n filos&oacute;fica, desde la que abord&oacute; la realidad latinoamericana hasta ser asesinado en el Salvador en 1989.</p>     <p>La concepci&oacute;n de praxis es central en la obra de Ellacur&iacute;a. Este concepto es como una columna vertebral, desde la cual &eacute;l va ubicando todas las categor&iacute;as propias de su filosof&iacute;a. Est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con el concepto de realidad en la medida en que esta &uacute;ltima se est&aacute; completando continuamente y la praxis cumple un papel fundamental en ese proceso evolutivo de la realidad que es una y din&aacute;mica.</p>     <p>En la historia ha habido un proceso creacional real. &Eacute;ste es el que permite concebir la realidad como una estructura integrada por diferentes dinamismos, procesos y realidades conformadas por diferentes notas. Estas notas referidas unas a otras en completa respectividad.</p>     <p>Se habla de un proceso porque la realidad no ha sido siempre as&iacute; y no seguir&aacute; siendo lo que es en este momento, sino que se ha venido haciendo y se har&aacute; m&aacute;s realidad en la medida en que el dinamismo propio de esta estructura como realidad ha venido ofreciendo y generando notas y por lo tanto realidades diferentes desde lo que es; es decir, ha venido dando de s&iacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todo este proceso ha generado la vida y con ello la vida humana desde la materia, y as&iacute; ha posibilitado todos los procesos sociales que se conocen, entonces as&iacute;, se puede concebir que en la historia ha habido un proceso creacional real; que este proceso puede ser percibido y continuado por el ser humano, que es una realidad abierta a otras realidades por medio de la inteligencia sentiente y que por ser inteligente las puede transformar.</p>     <p>Este ser humano recibe, por medio de la transmisi&oacute;n tradente, una realidad ya hecha y un modo, humano e inteligente, de enfrentarse a esa realidad y cuando interviene en ella se habla de la praxis con toda propiedad.</p>     <p>Pero esta realidad hist&oacute;rica que recibe el hombre es fruto de todo un proceso din&aacute;mico del que ha hecho parte un n&uacute;mero determinado de fuerzas, necesidades y azar. Todo esto ha logrado mover la naturaleza y la historia. Las fuerzas que intervienen obedecen a dinamismos propios de la realidad, que posibilitan el cambio de una situaci&oacute;n a otra. Es importante tenerlas en cuenta y ver en ellas la posibilidad de intervenci&oacute;n de la persona en la historia (Ellacur&iacute;a, 1991a, pp. 450-454).</p>     <p><b>1. COMPONENTES PROPIOS DE LA PRAXIS</b></p>     <p>Ellacur&iacute;a tiene claro que todos los componentes de la historia son tambi&eacute;n elementos fundamentales de la praxis. Estos son los que posibilitan la realizaci&oacute;n de la historia como tal. Estos elementos son los que se retoman a continuaci&oacute;n:</p>     <p><b>1.1. Lo natural en la praxis</b></p>     <p>Es necesario establecer una diferenciaci&oacute;n entre el dinamismo propiamente natural que tiene la realidad desde s&iacute; misma y el dinamismo propio originado por la intervenci&oacute;n de la persona en esa realidad natural. Esta intervenci&oacute;n del ser humano en lo natural la concibe Ellacur&iacute;a como praxis.</p>     <p>El ser humano se enfrenta con la realidad desde lo que es &eacute;l mismo como parte integrante de la naturaleza. El &uacute;ltimo resultado del proceso es para Ellacur&iacute;a la historia; pero lo primero y lo que est&aacute; a la base de todo y en ning&uacute;n momento deja de estarlo, es la naturaleza. &Eacute;sta se concibe como todo lo material y biol&oacute;gico que hace parte de la historia.</p>     <p>Es lo natural lo que posibilita la interacci&oacute;n del hombre con todo lo que se llama mundo. Todo, absolutamente todo aquello con lo que la persona se enfrenta, tiene alg&uacute;n fundamento natural.</p>     <p>La aprehensi&oacute;n humana es sentiente y por ser sentiente es natural; tiene que ver con la materia. El propio cuerpo del hombre se convierte en v&iacute;nculo esencial y modo especial de comunicaci&oacute;n con su entorno.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todos somos fruto de la naturaleza y por eso estamos ligados a ella: hacemos parte de ella, nos comunicamos, la transformamos, la ayudamos a dar m&aacute;s de s&iacute; o la destruimos y al hacerlo tambi&eacute;n nos destruimos a nosotros; por esto todo aquello que como personas realizamos tiene fundamento e incidencia en lo natural y en lo social.</p>     <p>Como se afirm&oacute; anteriormente, los seres humanos ya no son s&oacute;lo materia; ni tampoco cualquier tipo de vida, sino que son una vida con un modo muy particular de enfrentarnos a la realidad, en el que las cosas no son mero est&iacute;mulo sino cosas-sentido, realidad.</p>     <p>De todas maneras, el modo que permite tener contacto con las cosas es absolutamente natural, por la estructura biol&oacute;gica que constituye al ser humano. Con relaci&oacute;n a este punto, Ellacur&iacute;a se expresa de la siguiente manera:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">Por decirlo en t&eacute;rminos concretos, la inteligencia humana es sentiente, la voluntad humana es tendente y el sentimiento humano es afectante. Afirmaciones que tambi&eacute;n pueden formularse m&aacute;s biol&oacute;gicamente diciendo que la sensibilidad humana es intelectiva, la tendencialidad humana es volitiva y la afectividad humana es sentimental. Esto significa que no hay inteligencia humana sin sensibilidad, pero significa tambi&eacute;n que la animalidad humana no es viable sin la inteligencia. Dicho en t&eacute;rminos m&aacute;s &eacute;ticos: ni la persona humana, ni el sujeto humano pueden ser persona ni sujeto m&aacute;s que de un modo constitutivamente biol&oacute;gico. Y si la dimensi&oacute;n &eacute;tica tiene que ver con el ser persona y ser sujeto, es claro que no puede dejar fuera de ella la constitutiva animalidad del sujeto y de la persona humana. (Ellacur&iacute;a, 1979, p. 420).</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p><b>1.2. Lo humano en la praxis</b></p>     <p>Es natural que la persona act&uacute;e. El modo de actuar propio de la persona no puede desligarse de lo natural, porque es la naturaleza como tal la que ha ido desenvolvi&eacute;ndose de tal manera que ha hecho que la persona tenga las capacidades que ahora posee. Pero de todas maneras, el modo como la naturaleza da de s&iacute;, el modo como los dem&aacute;s animales se enfrentan con la realidad, es diferente al de la persona.</p>     <p>Hay varias caracter&iacute;sticas propiamente humanas que permiten que las acciones humanas tengan consecuencias a nivel natural, personal y social y, por lo tanto, hist&oacute;rico.</p>     <p>1.2.1. <b><i>Inteligencia sentiente</i></b></p>     <p>La inteligencia sentiente es una de las categor&iacute;as tomadas de Zubiri y que Ellacur&iacute;a necesita para fundamentar la praxis humana. Este concepto es relevante para entender qu&eacute; es la realidad por cuanto se constituye en un elemento para ubicarse en la realidad, pues es lo que permite que el est&iacute;mulo no s&oacute;lo sea est&iacute;mulo, sino tambi&eacute;n cosa-sentido para el ser humano. La inteligencia sentiente es la que posibilita hablar de realidad para la persona humana y por esto mismo de praxis. En este sentido, se puede enfatizar que <i>no hay praxis sin realidad y no hay realidad sin inteligencia. </i>La inteligencia, en &uacute;ltimas, es la que permite hablar de historia porque la inteligencia es pr&aacute;xica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La inteligencia a su vez es afectada por la historia. Es por esta afecci&oacute;n por lo que Ellacur&iacute;a pretende que la inteligencia sea realmente situada; se habla de una inteligencia hist&oacute;rica, que s&oacute;lo es posible porque es sentiente y que s&oacute;lo, situadamente, puede pretender llegar al fondo de lo que representa para ella la realidad personal, social e hist&oacute;rica. As&iacute; el objeto de la filosof&iacute;a es la realidad hist&oacute;rica como realidad total (Ver Gonzalez, 1990; Ellacur&iacute;a, 1991a).</p>     <p>La inteligencia a la que se hace referencia aqu&iacute; tiene funciones, l&iacute;mites y posibilidades en una situaci&oacute;n social e hist&oacute;rica concreta. Este grado de vinculaci&oacute;n con la historia es constitutivo de la inteligencia.</p>     <p>Es por todo esto por lo que cualquier saber humano, para Ellacur&iacute;a, debe estar suficientemente situado con el fin de tener conciencia real de su vinculaci&oacute;n consciente o inconsciente con la praxis social en la que se mueve y a la que sirve.</p>     <p>Esto es hacerse cargo inteligentemente de la realidad: un hacerse cargo sensible y motrizmente (Zubiri, 1986); en el que ciencia y t&eacute;cnica est&aacute;n unidas en el hombre desde su praxis, desde su capacidad primariamente t&eacute;cnica para enfrentar la realidad que le permite adaptarse al mundo f&iacute;sico y/o transformarlo.</p>     <p>Pero todo esto es posible porque es la inteligencia la que tambi&eacute;n le posibilita a la persona la libertad de elegir, de saber y de hacer, confirmando as&iacute; que el reino humano es el reino de la libertad. En &eacute;ste el determinismo puro no existe, aunque s&iacute; hay una referencia absoluta a lo natural, y lo nuevo se desprende de lo que inteligentemente se recibe de las posibilidades de la realidad.</p>     <p>1.2.2. <b><i>Apertura humana</i></b></p>     <p>Cuando se habla de la transmisi&oacute;n tradente se pone como condici&oacute;n el que el ser humano sea una realidad abierta, porque es la &uacute;nica manera como se puede recibir tradici&oacute;n y se puede hacer parte de una sociedad que tiene un modo de estar en la realidad. Es as&iacute; como el ser humano tiene un modo de apropiarse de la realidad, que parte de la inteligencia sentiente, para crear nuevas situaciones y realidades.</p>     <p>Ellacur&iacute;a presenta a la persona como:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">Una esencia abierta, intelectivamente abierta, volitivamente abierta, sentimentalmente abierta, pr&aacute;xicamente abierta; abierta a todo su propio car&aacute;cter de realidad y al car&aacute;cter de realidad de todo lo dem&aacute;s... Esta apertura es en el hombre una apertura sentiente, porque el hombre es una realidad abierta, pero sentientemente abierta en raz&oacute;n de su animalidad; el hombre es un animal de realidades. (Ellacur&iacute;a, 1991a, p. 159)</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Frente a la realidad que lo circunda y lo afecta, el hombre puede optar; pero la opci&oacute;n es solamente el final del camino que a la persona le toca recorrer; es as&iacute; como se propone en primera instancia la vivencia de la realidad, la afecci&oacute;n, la apropiaci&oacute;n que constituye la muestra m&aacute;s concreta de la autoposesi&oacute;n humana. En este camino que debe recorrer la persona se ha de contar con ciertas condiciones que le permitan vivenciar esa apertura pr&aacute;xica. A estas condiciones se refiere Ellacur&iacute;a cuando habla de las facultades y dotes, de las posibilidades, del proceso de capacitaci&oacute;n, etc.</p>     <p>Tambi&eacute;n, es necesario hacer referencia al deseo como condici&oacute;n necesaria para poder llegar a la futurici&oacute;n que ser&iacute;a la capacidad propia del ser humano de crear imaginariamente y poder llegar as&iacute; a tomar las decisiones necesarias frente a varias alternativas con las que se puede enfrentar.</p>     <p>La opci&oacute;n de la persona es el reflejo m&aacute;s concreto de la libertad con la que el ser humano elige, pero la elecci&oacute;n de alguna de las alternativas ofrecidas a &eacute;l no puede hacerse real si no se cuenta con la apertura sentiente, con la apertura intelectiva, con la apertura volitiva, con la apertura pr&aacute;xica. Todas &eacute;stas constituyen la capacidad del ser humano para sentir, inteligir, querer y, finalmente, hacer; pero un hacer consciente, creativo y transformante; que obedezca a una opci&oacute;n concreta de la persona frente a toda su realidad estimulante.</p>     <p>La opci&oacute;n refleja la estrecha relaci&oacute;n entre el poder creativo de la persona y el grado de libertad. Es all&iacute; donde podemos ubicar la praxis. Para Ellacur&iacute;a, inspirado en Zubiri, la apertura humana es desde su propia sustantividad. El ser humano no s&oacute;lo realiza, sino que se realiza en el realizar; es una apertura a la propia realidad humana que est&aacute; abierta al todo de lo real. Es una especie de &quot;reconocimiento&quot; en el que el ser humano no s&oacute;lo &quot;hace&quot;, sino que &quot;se hace&quot;; no s&oacute;lo &quot;realiza&quot; sino que &quot;se realiza&quot;.</p>     <p>El ser humano se reconoce como &quot;de suyo&quot;. Hay autoposesi&oacute;n. Esta autoposesi&oacute;n le posibilita a la persona situarse en la realidad; ubicarse realmente en ella, haciendo parte de ella y por eso no la mira como un objeto de sus acciones, sino como la posibilidad de ser ella misma; por eso el hacerse cargo de la realidad es el modo como la persona va a estar en la realidad; es realizaci&oacute;n (Zubiri, 1986, p. 71).</p>     <p>En todas las acciones humanas, la persona se realiza como humana, porque lo fundamental para ella es &quot;estar realmente&quot;; el actuar del ser humano es solamente uno, aunque las acciones son variadas. En esas variadas acciones el ser humano se va autoconfigurando como tal; como animal de realidades. En esta realizaci&oacute;n hay una confirmaci&oacute;n de la persona como inconclusa; como haci&eacute;ndose. La persona est&aacute; lanzada a seguir realiz&aacute;ndose; en esa medida descubre que eso es constitutivamente humano, que es su propia realidad y por eso se realiza realizando. Al hacerse cargo de la realidad realiza su car&aacute;cter abierto a ella y por eso la siente, la piensa y act&uacute;a en ella y puede crear desde ella.</p>     <p>1.2.3. <b><i>Lo personal y lo social</i></b></p>     <p>Es en el dinamismo de la persona donde se inserta la praxis propiamente dicha. La realidad, lo circundante provoca una reacci&oacute;n previsible en los animales, pero imprevisible en las personas. S&oacute;lo se puede aludir a la praxis desde la capacidad que tiene el ser humano de asumir intelectivamente la naturaleza, la realidad total que lo afecta. Este componente humano es esencial para poder interpretar efectivamente la praxis humana. Su olvido posibilita una concepci&oacute;n determinista y naturalizada de la historia.</p>     <p>Con lo anterior, quiero decir que la persona cuando opta, lo hace es porque ha hecho consciente el tipo de influencia que la realidad tiene sobre ella misma; y sus acciones tienden, de alguna manera, a la sustentaci&oacute;n o transformaci&oacute;n de la realidad que le ha tocado vivir. Pero cualquier elecci&oacute;n y acci&oacute;n del ser humano frente a la realidad debe tener en cuenta que su accionar no es un accionar aislado del dinamismo propio de toda la realidad que lo afecta; porque &eacute;l no est&aacute; s&oacute;lo; no es &uacute;nico y por lo tanto sus acciones no se pueden concebir como neutras. Las decisiones de la persona, sea cual sea su opci&oacute;n, afectan la realidad, bien para lograr su desarrollo, bien para retrazar o detener la verdadera realizaci&oacute;n de la humanidad.</p>     <p>Existe una necesaria convergencia entre la persona como individuo y la sociedad: entre &eacute;l y las instituciones de las que necesariamente participa, en las que se realiza como persona, como animal de realidades y como ser abierto. Este es el modo que se le da para ser parte de la sociedad: el modo humano que ha recibido de enfrentarse con la realidad es un modo social. En este marco natural y social es en el que el ser humano establece una relaci&oacute;n transformadora (consciente o inconsciente) con su realidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es en este accionar biogr&aacute;fico que tiene influencia en lo social, donde se va constituyendo realmente lo hist&oacute;rico. Lo que la sociedad reclama del individuo es todo lo que &eacute;l puede realizar en lo hist&oacute;rico. En esta medida el cuerpo social como tal no anula al individuo, sino que le posibilita su actuar &eacute;tico.</p>     <p>Las consecuencias sociales de la intervenci&oacute;n del individuo son la muestra concreta de la filiaci&oacute;n social <i>(Phylum) </i>de &eacute;ste; por ello siempre que interviene en la historia lo hace como parte del cuerpo social, es decir, desde su filiaci&oacute;n. Es as&iacute; como la intervenci&oacute;n se hace fil&eacute;tica y socialmente.</p>     <p>En la obra filos&oacute;fica de Ellacur&iacute;a se insiste en lo impersonal como una realidad propia de lo social; entendido lo social no como anulaci&oacute;n del individuo, sino como participaci&oacute;n en un cuerpo social. La &uacute;nica manera de construir historia es desde lo social, que es el reino de lo impersonal y es all&iacute; donde se ubica la praxis. En este sentido, Antonio Gonz&aacute;lez, conocedor, int&eacute;rprete y seguidor de la obra de Ellacur&iacute;a, dice lo siguiente:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">Lo primero del hombre no es su individualidad, sino su socialidad. Y la individualidad no es un car&aacute;cter abstracto del hombre, sino que surge de su realidad espec&iacute;fica y social. La praxis humana es constitutivamente social porque toda actividad del hombre est&aacute; socialmente articulada. El haber humano con que el hombre se encuentra por el hecho de haber nacido en una sociedad no es, en principio, otra cosa que la configuraci&oacute;n de su actividad por los dem&aacute;s hombres...Sin embargo, los hombres, al realizar su vida en sociedad, no son meros repetidores mec&aacute;nicos de los modos de actuar y de pensar que la sociedad les ha transmitido, sino que, con mayor o menor radicalidad pueden cuestionarlos, traicionarlos e incluso proponer alternativas. La actividad humana en una sociedad, por tanto, tiene que enfrentrarse a lo que, de un modo gen&eacute;rico, podemos denominar problemas morales (Gonzalez, 1987, p. 76).</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p>Es en este ambiente de lo personal y social donde el profesor Dom&iacute;nguez ubica lo que entiende Ellacur&iacute;a por praxis. En este sentido, afirma:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">Podr&iacute;a decirse que en t&eacute;rminos generales este fil&oacute;sofo entiende por praxis el juego o la estructura de actividades mediante las cuales un sujeto humano, personal o impersonal, transforma su entorno vital y se transforma a s&iacute; mismo buscando en &uacute;ltima instancia, aunque no siempre conscientemente, el acrecentamiento y la realizaci&oacute;n de nuevas posibilidades de vida para toda la humanidad (Dom&iacute;nguez, 1993, p. 52).</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p><b>2. CAPACITACI&Oacute;N Y POSIBILITACION DE LA PRAXIS</b></p>     <p>En el concepto de realidad, se encuentran los dinamismos que hacen capaz a la naturaleza de ir dando cada vez m&aacute;s de s&iacute;, originando posibilidades, capacidades nuevas y nuevas maneras de estar en la realidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las posibilidades son originadas en la realidad misma; pero s&oacute;lo pueden ser consideradas como posibilidades desde una inteligencia sentiente que asume las riquezas de la realidad y frente a ellas opta; porque &eacute;stas no son actos, son posibilidades. Son aquello con lo que la vida humana se hace, se realiza.</p>     <p>La realizaci&oacute;n de la persona humana como ser abierto se realiza desde las posibilidades que la realidad le brinda.</p>     <p>Este optar frente a la realidad denota una capacidad que hist&oacute;ricamente s&oacute;lo se ha descubierto en el ser humano, porque ha habido un proceso de capacitaci&oacute;n y por esto, la opci&oacute;n inteligente es la que va constituyendo propiamente la historia, porque es la praxis como tal. Es toda la realidad humana; todo el animal de realidades puesto a disposici&oacute;n de la realidad de las cosas. La justificaci&oacute;n de ello, Ellacur&iacute;a la presenta en los siguientes t&eacute;rminos:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; Y esto es as&iacute;, porque el hombre, en virtud de su apertura a la realidad, responde a las necesidades de la naturaleza, mediante la interposici&oacute;n de posibilidades. Consiguientemente, el hombre est&aacute; sujeto a apropiarse posibilidades, que al ser s&oacute;lo posibilidades tienen que actualizarse por decisi&oacute;n, por opci&oacute;n. Esta sujeci&oacute;n a tener que apropiarse posibilidades por decisi&oacute;n para poder seguir viviendo y para poder dar respuesta a las situaciones en que est&aacute; inmerso naturalmente, biol&oacute;gicamente, hace del hombre una realidad moral o, m&aacute;s exactamente, un animal de realidades, moral. (Ellacur&iacute;a, 1979, p. 421)</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p>La persona es realidad moral y se descubre como tal en las opciones que toma frente a las posibilidades de lo real. Es as&iacute; como la persona va muy por encima de cualquier condicionamiento natural; por esto, reacciona frente al est&iacute;mulo de una manera muy diferente a la de un animal cualquiera. La opci&oacute;n del hombre frente a la realidad se constituye en el comienzo de la vida social humana; porque el modo como &quot;yo&quot; opte tiene incidencias positivas o negativas, constructivas o destructivas en la realidad.</p>     <p>El poder de posibilitaci&oacute;n se realiza en el uso humano que las personas hacen de sus potencias y facultades. La historia cada vez va presentando m&aacute;s posibilidades, por el constante enriquecimiento de la realidad que va generando situaciones nuevas con posibilidades nuevas y le va dando a la persona humana unas capacidades que antes no ten&iacute;a. Estas capacidades son tambi&eacute;n fruto de la realizaci&oacute;n de las diferentes posibilidades que la humanidad ha tenido. Hoy, por ejemplo, puede hacerse un escrito mucho m&aacute;s r&aacute;pido por el uso del computador; pero el uso del computador da la posibilidad de desarrollar nuevos instrumentos de trabajo, con los que se puede acceder a ciertas posibilidades que antes eran inviables.</p>     <p>La humanidad entera se ha visto enriquecida con nuevas capacidades y por lo tanto ha accedido a nuevas realidades que plantean nuevos retos. Es as&iacute; como se afirma la existencia de un proceso hist&oacute;rico, en que aquello dado no pudo ser sino en la medida en que hubo posibilidades para que fuera y en que efectivamente fue realizado. Esta idea la Ilustra Ellacur&iacute;a con las siguientes palabras:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; es lo que se &quot;produce&quot; en la historia en tanto que historia? &#91;...&#93; La respuesta es que hay verdadera producci&oacute;n no s&oacute;lo de las cosas hist&oacute;ricas, sino en la historia misma. Se van creando posibilidades nuevas, que no eran tales ni germinal ni veladamente, pues no eran ni siquiera &quot;posibles&quot; realmente. Pero, m&aacute;s a&uacute;n, se van creando capacidades nuevas...En el caso de la historia tomada en su conjunto, la totalidad de capacidades proviene del proceso hist&oacute;rico que va haciendo cada vez m&aacute;s capaz al cuerpo social y a la humanidad entera, que hoy puede, desde s&iacute; misma, hacer cosas cualitativamente distintas de las que pod&iacute;a hacer la humanidad hace miles de a&ntilde;os &#91;...&#93; (Ellacur&iacute;a, 1991a, p. 437)</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La realidad, en resumidas cuentas, no va produciendo desde la nada, sino desde las posibilidades que la historia le presenta. Esto se constituye en un reto para la persona humana en la medida en que encuentra en su situaci&oacute;n personal, social e hist&oacute;rica, una gran cantidad de posibilidades de construir, de saber, de descubrir y al mismo tiempo de destruir, de ignorar y de velar.</p>     <p><b>3. </b><b>LA HISTORIA COMO LUGAR DE LA PRAXIS</b></p>     <p>De acuerdo con lo planteado hasta el momento, se ha comprendido que la presencia de lo humano es lo que marca realmente la historia, porque la historia es el espacio de realizaci&oacute;n de la persona como persona, como animal de realidades. La historia es el espacio de encuentro entre una inteligencia y las cosas; pero lo que realmente pesa en esta historia no es el acto personal, desde y para su individualidad, sino el acto social como acto impersonal que incide realmente en el cuerpo social y por lo tanto en la historia.</p>     <p>Esta historia incluye en s&iacute; misma tanto lo espec&iacute;fico y las posibilidades propias de la persona individual como las del colectivo social. Lo propio de la historia no se puede desligar en ning&uacute;n momento de estos componentes. La historia es la que le facilita al hombre todas las posibilidades para crear desde ella; pero tambi&eacute;n lo limita, en cuanto no le puede ofrecer m&aacute;s que aquello que tiene.</p>     <p>Desde esta perspectiva, la historia es el espacio &uacute;nico de la praxis. Ella se convierte as&iacute; en un dinamismo de posibilitaci&oacute;n, que adem&aacute;s le entrega al hombre, por medio de la transmisi&oacute;n tradente, modos de estar en la realidad.</p>     <p><b>3.1. La historia como proceso</b></p>     <p>Lo que actualmente ofrece la historia, demuestra que ha habido todo un proceso de realizaci&oacute;n de la naturaleza, de posibilitaci&oacute;n y de capacitaci&oacute;n.</p>     <p>El cuerpo social, como <i>phylum, </i>se ha encargado de transmitir de generaci&oacute;n a generaci&oacute;n un modo humano, y por lo tanto inteligente, de abordar la realidad y unas capacidades propias. Esta posibilidad de enfrentar la realidad tambi&eacute;n se ha ido enriqueciendo en la medida en que encuentra nuevos instrumentos para transformarla e interpretarla.</p>     <p>Pero esta transmisi&oacute;n es tambi&eacute;n transmisi&oacute;n de sentido. El ser humano necesita tener sentido, y la b&uacute;squeda de sentido es parte de la realidad de ser persona y del contacto inteligente con las diferentes realidades. La tradici&oacute;n social presenta esta necesidad de sentido tambi&eacute;n como forma de estar en la realidad. 'Entonces se podr&iacute;a pensar que la historia consiste formalmente en la entrega de estar realmente en la realidad.&quot; (Ellacur&iacute;a, 1991a, p. 410).</p>     <p>Para Ellacur&iacute;a en este proceso es donde se da propiamente lo hist&oacute;rico; en &eacute;l se parte de una realidad concreta que no puede negarse en un estadio posterior, sino que se parte de ella para enriquecerla. Esto es &quot;una sucesi&oacute;n no azarosa ni arbitraria, sino tal que el paso posterior se da apoyado en el anterior...&quot; (Ellacur&iacute;a, 1991a, p. 438).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por esto lo hist&oacute;rico es el fruto de lo que ha surgido como actualizaci&oacute;n de posibilidades, como ejecuci&oacute;n humana y como reconocimiento de procesos creativos. Lo hist&oacute;rico est&aacute; constituido por la relaci&oacute;n y realizaci&oacute;n de posibilidades, pero no como mera continuidad de hechos.</p>     <p>Lo hist&oacute;rico abarca todo aquello que puede considerarse impersonal y que puede convertirse en posibilidades. Mientras haya posibilidades, puede haber proceso y mientras haya proceso, hay historia. Aqu&iacute; cabe absolutamente todo aquello que se presenta a la humanidad d&aacute;ndole alternativas de opci&oacute;n frente a la realidad y convirti&eacute;ndose en posibilidad, y que le lleva a hacerse cargo de tal realidad para transformar y enriquecer: la naturaleza, las instituciones, la cultura, las ideolog&iacute;as, las coyunturas, los problemas, los grupos humanos, entre otras perspectivas que hacen parte de &quot;lo humano&quot;.</p>     <p><b>3.2. La historia como proceso abierto</b></p>     <p>La historia como proceso lleva a pensarla como proceso abierto, ya que va enriqueciendo el cuerpo social y la humanidad entera por el modo de posibilitaci&oacute;n que le es propio. El proceso hist&oacute;rico, es un proceso abierto del cual participa la sociedad compuesta de personas abiertas totalmente a la realidad y que, como personas y como cuerpo social, asumen las posibilidades enriqueci&eacute;ndolas, enriqueciendo la historia y enriqueci&eacute;ndose ellas mismas.</p>     <p>En esto consiste la realizaci&oacute;n de la historia como historia. Es propio de la historia el realizarse y realizarse como proceso de posibilitaci&oacute;n. En la medida en que se origina aquello que la historia es, la historia misma se va constituyendo; se va plenificando, porque la realidad como tal est&aacute; dando m&aacute;s de s&iacute;. As&iacute; confirmamos que lo formalmente hist&oacute;rico comienza cuando los momentos y los dinamismos de la sociedad y de la naturaleza se convierten en posibilidades para el ser humano y para la misma sociedad.</p>     <p>Se origina as&iacute; un nuevo sistema de posibilidades, nuevos modos de intercambio de la persona con el mundo; nuevos modos de interacci&oacute;n de la persona y la sociedad, de la sociedad y el mundo. Por eso la apertura es absolutamente pr&aacute;xica; completamente transformativa; obedece a la necesidad de realizaci&oacute;n de la persona y no del hacer por hacer, sino del constituirse como realizadora. Se hace realizando.</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">La apertura de la historia tiene igual sentido, aunque m&aacute;s abarcante, porque es la historia la que le da a la persona las posibilidades de ser haciendo, aunque la historia no puede ser sin la acci&oacute;n creadora de la persona. La persona, para esto, se apoya en todo lo que le ha sido transmitido y en todas las posibilidades que otros han enriquecido para ella y que ella a su vez va a enriquecer para otros; porque el proceso debe seguir enriqueciendo a&uacute;n m&aacute;s sus capacidades y poderes. El hombre recibe as&iacute; una perspectiva que debe desarrollar en la medida en que se encarga de la realidad.</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p>Este apartado de la presentaci&oacute;n, se puede concluir con la siguiente cita de Ellacur&iacute;a:</p>     <p>La apertura de la historia es as&iacute; un desaf&iacute;o para el hombre: puede avanzarse indefinidamente hasta que la naturaleza no soporte ya m&aacute;s la carga de la historia. Y esto es una posibilidad real con la cual ha de contar la historia (Ellacur&iacute;a, 1991a, p. 446).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>3.3. Lugar de la praxis</b></p>     <p>Esta realidad de la historia, tal como se ha planteado, es absolutamente din&aacute;mica; es un dinamismo interno, propio y constitutivo de la historia como tal. No son separables el individuo, la sociedad, y la historia; y en ellos, como realidades abiertas necesariamente, se da la praxis. El enriquecimiento, el proceso, la realidad de la historia s&oacute;lo es posible porque hay en ella una capacitaci&oacute;n y una posibilitaci&oacute;n.</p>     <p>Todo esto se da porque hay un sujeto, la humanidad, para quien la historia tiene un sentido y desde ese sentido se realiza realizando. Al hacer, se hace. Esto es la praxis. Por eso praxis es el dinamismo entero de la realidad hist&oacute;rica; su actividad propia (Cfr. Ibid, p. 55), en la que se enfrentan hombre y mundo, no como contrarios sino como capacidades y posibilidades complementarias; por esto para Ellacur&iacute;a lo m&aacute;s importante no es lo que est&aacute; hecho, sino lo que est&aacute; por hacerse: la verdad y la realidad que est&aacute;n por descubrirse y realizarse.</p>     <p>Por ende, se puede afirmar que nada de esto es posible si el ser humano no tiene la capacidad de hacerse cargo de la realidad, porque &eacute;l, despu&eacute;s de ser estimulado, ha de enfrentarse con las cosas y consigo mismo como realidad. Para Ellacur&iacute;a, hacerse cargo de la realidad consiste en que el hombre cargue con la realidad. Esto es, cargue con cosas-realidad; asumi&eacute;ndolas responsablemente. Aqu&iacute; el hombre tiene que hacer y hacerse y de esta manera la persona asume la realidad como un encargo que se le ha dado. Por esto dice Ellacur&iacute;a:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">El esencial car&aacute;cter pr&aacute;xico del hombre y de la vida humana se presenta &eacute;ticamente como necesidad de encargarse de una realidad, suya y plena, que ha de ir realiz&aacute;ndose y cuya realizaci&oacute;n le compete. (Ellacur&iacute;a, 1979, p. 421)</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p>Para concluir esta presentaci&oacute;n de la praxis dentro del marco categorial desarrollado por Ellacur&iacute;a en su propuesta filos&oacute;fica, cito las ideas de dos comentadores de la filosof&iacute;a de este pensador. Por un lado, Manuel Dom&iacute;nguez resume lo que es la praxis seg&uacute;n Ellacur&iacute;a:</p> </font>     <blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">La praxis en su significado primario y m&aacute;s comprensivo, es &quot;el dinamismo entero de la realidad hist&oacute;rica&quot;. Esto significa ante todo que la praxis es un dinamismo y que es el dinamismo que engloba a todos los dem&aacute;s dinamismos, es un dinamismo de posibilitaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n. ..Quiere igualmente decir que la praxis es el hacerse de la historia misma, que tiene como resultado el crecimiento incesante de toda la realidad (Dominguez, 1993, p. 50).</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p>Por su parte, Antonio Gonz&aacute;lez, afirma sobre la praxis las siguientes ideas:</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p><font face="verdana" size="2">Praxis no es, estrictamente hablando, un mero sin&oacute;nimo de acto o de actividad...Ahora bien, esta actividad no es ni exclusiva ni primariamente individual, sino espec&iacute;fica y socialmente determinada. Tampoco es un mero resultante de la acci&oacute;n de una sociedad que se impone como un macrosujeto a los hombres. Se trata de una acci&oacute;n constituida ciertamente de modo social, pero siempre en respectividad a lo socialmente institucionalizado en cuanto aprehensible como real: es la acci&oacute;n hist&oacute;rica meramente receptiva, transformadora o, <i>in casu, </i>revolucionaria. Pues bien, la intr&iacute;nseca actividad del hombre, constitutivamente moral en cuanto que socialmente determinada, no s&oacute;lo como resultante institucional, sino como dirigida a la transformaci&oacute;n de esa sociedad, sea en la direcci&oacute;n que sea y con el grado de &quot;conciencia&quot; expl&iacute;cita que sea, es lo que denominamos <i>praxis </i>(Gonzalez, 1987, p. 85).</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Acevedo, C. (1993). El legado filos&oacute;fico-pol&iacute;tico de Ignacio Ellacur&iacute;a. <i>ECA 541-542, </i>1088-1107. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1692-8857200900020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cardenal, R. (s.f.). Ser jesuita hoy en el Salvador. <i>ECA 493-494,</i> 1013-1021.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1692-8857200900020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Conill, J. (1988). Por la fenomenolog&iacute;a a la metaf&iacute;sica. En J. Conill, <i>El crep&uacute;sculo de la metaf&iacute;sica </i>(pp. 219-238). Barcelona: Anthropos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1692-8857200900020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dom&iacute;nguez, M. (1989). Ignacio Ellacur&iacute;a, fil&oacute;sofo de la realidad latinoamericana. <i>Universitas philosophica, 13, </i>69-88.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1692-8857200900020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dom&iacute;nguez, M. ( 1993). Aproximaciones al concepto de praxis en Ignacio Ellacur&iacute;a. <i>Universitas philosophica, 21.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1692-8857200900020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1972). Filosof&iacute;a y pol&iacute;tica. <i>ECA, 284.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1692-8857200900020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1975). Hacia una fundamentaci&oacute;n del m&eacute;todo teol&oacute;gico latinoamericano. <i>ECA, 322 -323, </i>409-425.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1692-8857200900020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1976). La historizaci&oacute;n del concepto de propiedad como principio de desideologizaci&ograve;n. <i>ECA, 335-336, </i>425-449.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1692-8857200900020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1976). Funci&oacute;n liberadora de la filosof&iacute;a. <i>ABRA, 2, </i>42-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1692-8857200900020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1979). El concepto filos&oacute;fico de tecnolog&iacute;a apropiada. <i>ECA 366, </i>213 -223.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1692-8857200900020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1979). Fundamentaci&oacute;n biol&oacute;gica de la &eacute;tica. <i>ECA, 368, </i>419-428.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1692-8857200900020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1980). Universidad y pol&iacute;tica. <i>ECA, 383, </i>807-824. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1692-8857200900020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1985). Funci&oacute;n liberadora de la filosof&iacute;a. <i>ECA, 433-436,</i> 45-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1692-8857200900020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. ( 1988). La superaci&oacute;n del reduccionismo idealista en Zubiri. <i>ECA, 477, </i>633-650.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1692-8857200900020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1990). <i>Filosof&iacute;a de la realidad hist&oacute;rica. </i>San Salvador: UCA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1692-8857200900020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1991). Escritos pol&iacute;ticos. En I. Ellacur&iacute;a, <i>Veinte a&ntilde;os de historia en El Salvador. 1969-1989 </i>(p. 47-61). San Salvador: UCA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1692-8857200900020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ellacur&iacute;a, I. (1991a). <i>Filosof&iacute;a de la realidad hist&oacute;rica. </i>Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1692-8857200900020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, A. (1987). El hombre en el horizonte de la praxis. <i>ECA, 459-460, </i>57-87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1692-8857200900020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, A. (1990). Aproximaci&oacute;n a la obra filos&oacute;fica de Ignacio El-lacur&iacute;a. <i>ECA </i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1692-8857200900020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grac&iacute;a, D. (1986). <i>Voluntad de verdad. </i>Barcelona: Labor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1692-8857200900020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zubiri, X. (1986). <i>Sobre el hombre. </i>Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1692-8857200900020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zubiri, X. (1989). <i>Estructura din&aacute;mica de la realidad. </i>Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1692-8857200900020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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