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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this paper the aim is to reconstruct the rationale of moral autonomy in Hermann Cohens ethics. In order to achieve this aim, I consider the complexity of the concept of moral autonomy at its four levels. Mi hypothesis is that Cohens argumentation goes from the formal abstraction of the self-legislation to the concrete moment of the self-preservation. I analyze then Eggert Winters critic of Cohens concept of moral autonomy, who questions the integration of the levels of the particularity and the universality in this fundamental moment of the theory. Against Winter I argue that Cohens process of argumentation succeeds in connecting the different levels of the concept of moral autonomy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>La idea de la autonom&iacute;a moral en la &eacute;tica de Hermann Cohen</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="3">The idea of moral autonomy in the ethics of Hermann Cohen</font></b></p>     <p>H&eacute;ctor Arrese Igor*    <br>   Universidad Nacional de La Plata (Argentina)</p>     <p>* <a href="mailto:harreseigor@gmail.com"><i>harreseigor@gmail.com</i></a><i>.</i>    <br>     <i>Direcci&oacute;n: </i>Calle 46 N.&deg; 674 VV, primer piso, departamento &quot;F&quot;, CP (1900). La Plata (Argentina)</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: febrero 22 de 2010    <br>   Fecha de aceptaci&oacute;n: marzo 25 de 2010</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este trabajo busco reconstruir la fundamentaci&oacute;n de la autonom&iacute;a moral en la &eacute;tica de Hermann Cohen. Para lograr este objetivo considero la complejidad del concepto de autonom&iacute;a moral en sus cuatro niveles. Mi hip&oacute;tesis es que la argumentaci&oacute;n de Cohen va desde la abstracci&oacute;n formal de la autolegislaci&oacute;n hasta el momento concreto de la autoconservaci&oacute;n. Luego analizo la cr&iacute;tica de Eggert Winter a la teor&iacute;a de la autonom&iacute;a moral de Cohen, quien cuestiona la integraci&oacute;n de los niveles de la particularidad y la universalidad en este momento fundamental de la teor&iacute;a. Contra Winter argumento que el proceso de la argumentaci&oacute;n de Cohen logra conectar los diferentes niveles del concepto de autonom&iacute;a moral.</p>     <p>Palabras  Clave    <br>     <i>Autonom&iacute;a &eacute;tica, Cohen, neokantismo</i></p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>In this paper the aim is to reconstruct the rationale of moral autonomy in Hermann Cohens ethics. In order to achieve this aim, I consider the complexity of the concept of moral autonomy at its four levels. Mi hypothesis is that Cohens argumentation goes from the formal abstraction of the self-legislation to the concrete moment of the self-preservation. I analyze then Eggert Winters critic of Cohens concept of moral autonomy, who questions the integration of the levels of the particularity and the universality in this fundamental moment of the theory. Against Winter I argue that Cohens process of argumentation succeeds in connecting the different levels of the concept of moral autonomy.</p>     <p>Keywords    <br>     <i>Autonomy ethics, Cohen, neokantism</i></p> <hr>     <p>El neokantismo de Hermann Cohen constituy&oacute; una reacci&oacute;n frente al positivismo dominante en la Alemania de la segunda mitad del siglo XIX, luego del abandono generalizado de la dial&eacute;ctica hegeliana. Pero la posici&oacute;n de Cohen no consisti&oacute; en la ruptura de todo v&iacute;nculo con las ciencias positivas, sino m&aacute;s bien en un cambio en la actitud que la filosof&iacute;a ven&iacute;a tomando frente a ellas. Ya no se trataba de que la filosof&iacute;a estuviera subordinada a las ciencias matem&aacute;tico-naturales; por el contrario, la funci&oacute;n de la filosof&iacute;a volv&iacute;a a ser, como en tiempos de Kant, la de fundamentar las categor&iacute;as y conceptos b&aacute;sicos, as&iacute; como la metodolog&iacute;a con la que operan las diferentes ciencias.</p>     <p>De este modo, Cohen sosten&iacute;a que la filosof&iacute;a se construye a partir de los corpus de conocimiento cient&iacute;fico disponibles. Cohen eligi&oacute; a la ciencia matem&aacute;tico-natural como punto de partida para su filosof&iacute;a te&oacute;rica y a la ciencia del derecho para su filosof&iacute;a pr&aacute;ctica, en virtud de su universalidad y necesidad. Cohen dedicar&aacute; su <i>&Eacute;tica de la voluntadpura </i>al desarrollo de las l&iacute;neas fundamentales de su filosof&iacute;a moral.<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a> La &eacute;tica se convierte, en el sistema de Cohen, en una disciplina que fundamenta al derecho y, por lo tanto, al Estado, en tanto que la totalidad del sistema legal. Dicho de otro modo, la &eacute;tica se transforma en una filosof&iacute;a del derecho. Por esta raz&oacute;n, el concepto de autonom&iacute;a moral, de raigambre kantiana, adquiere un contenido diferente en esta teor&iacute;a. Esta resignificaci&oacute;n tiene sentido en el contexto de la idea de autoconciencia moral que fundamenta toda la &eacute;tica de Cohen.</p>     <p>La autoconciencia moral es una forma de subjetividad que pone en relaci&oacute;n a cada individuo con la universalidad de la humanidad, por medio de la autolegislaci&oacute;n de los ciudadanos en la persona de sus representantes en el parlamento. Cada ciudadano podr&aacute; participar entonces en la realizaci&oacute;n hist&oacute;rica de la autoconciencia moral s&oacute;lo en un Estado democr&aacute;tico de derecho, donde pueda elegir a sus representantes gracias al sufragio universal. En este contexto, la autonom&iacute;a moral es el conjunto de condiciones que hacen posible la participaci&oacute;n de los ciudadanos en la constituci&oacute;n de la autoconciencia. La primera de ellas es necesariamente la autolegislaci&oacute;n, sin la cual no puede darse un Estado leg&iacute;timo. Dicho de otro modo, si los ciudadanos no saben que ellos son los autores de las leyes a las que luego deber&aacute;n someterse, pierde sentido la idea de una voluntad estatal universal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, si se interpretara a la autonom&iacute;a moral solamente en t&eacute;rminos de autolegislaci&oacute;n, se caer&iacute;a en un mero formalismo. La &eacute;tica kantiana ha sido objeto de esta acusaci&oacute;n de formalismo que, en opini&oacute;n de Cohen, es un malentendido que es necesario despejar. En la teor&iacute;a de Cohen, el ciudadano adquiere realidad gracias a su corporalidad. Reci&eacute;n cuando el ciudadano est&aacute; en condiciones de conservar su existencia por s&iacute; mismo, se convierte en un individuo de carne y hueso. La autoconciencia es una subjetividad ficticia y universal que se realiza solamente cuando los individuos concretos pueden actuar y participar de la actividad estatal. La idea de la autonom&iacute;a en la forma de autoconservaci&oacute;n es un punto central de la teor&iacute;a, porque implica la entrada efectiva de los sujetos en la historia. Sin embargo, el concepto de la autoconservaci&oacute;n solo tiene sentido si se lo coloca en un plexo de relaciones con los dem&aacute;s aspectos de la autonom&iacute;a. A continuaci&oacute;n reconstruir&eacute; el proceder argumentativo que sigue Cohen para fundamentar la corporalidad de los ciudadanos como una exigencia para la realizaci&oacute;n de su autonom&iacute;a.</p>     <p>Para lograr este objetivo, considerar&eacute; los cuatro niveles en los cuales Cohen va determinando el concepto de autonom&iacute;a, desde la autolegislaci&oacute;n, pasando por la autodeterminaci&oacute;n y la auto-rresponsabilidad, hasta llegar a la autoconservaci&oacute;n. Finalmente, examinar&eacute; la cr&iacute;tica de Eggert Winter al concepto de autonom&iacute;a de Cohen, en especial a su idoneidad para integrar la individualidad y la universalidad. Dicho de otro modo, Eggert Winter cuestiona la posibilidad misma de que la &eacute;tica de Cohen pueda superar el mero formalismo.</p>     <p><b>1. La libertad como autonom&iacute;a</b></p>     <p>Una vez que Cohen ha demostrado que la autoconciencia es la tarea de la voluntad pura en el Estado, queda por establecer qu&eacute; reglas pautan las condiciones que debe cumplir la legislaci&oacute;n y la aplicaci&oacute;n de la ley para realizar la autoconciencia en el Estado. La actividad de la legislaci&oacute;n presupone el ejercicio de ciertos derechos. Los ciudadanos, en tanto que legisladores, fundan todos sus derechos en el derecho a la libertad. &Eacute;sta se realiza bajo la forma de la autonom&iacute;a en sus cuatro aspectos: la autolegislaci&oacute;n, la autodeterminaci&oacute;n, la autorresponsabilidad y la autoconservaci&oacute;n. Las reglas que debe seguir la legislaci&oacute;n para realizar la autoconciencia consisten en la puesta en pr&aacute;ctica de la autonom&iacute;a en sus cuatro formas. Dado que los ciudadanos s&oacute;lo son aut&oacute;nomos cuando, adem&aacute;s, son libres, es necesario en primer lugar explorar la idea misma de la libertad.</p>     <p>Ante todo el concepto de la libertad debe ser pensado en relaci&oacute;n con el ideal del Estado socialista, que Cohen fundamenta por medio de la deducci&oacute;n de la autoconciencia. Sin embargo, no parece ser una tarea f&aacute;cil porque el socialismo ha sido entendido hist&oacute;ricamente como una forma de materialismo. Es decir, como una respuesta a la <i>Magenfrage (problema del est&oacute;mago), </i>al problema de la mera satisfacci&oacute;n de las necesidades biol&oacute;gicas del hombre. El materialismo hist&oacute;rico, desde el punto de vista de Cohen, supone que el hombre est&aacute; condicionado por su entorno material y econ&oacute;mico, de modo tal que el cambio de sus condiciones materiales es la &uacute;nica manera de mejorar la situaci&oacute;n social y pol&iacute;tica de los trabajadores.</p>     <p>Contra el materialismo, Cohen afirma:</p>     <blockquote>       <p>Puede comenzarse con el problema del est&oacute;mago; pero el centro debe estar constituido desde el comienzo por el problema del esp&iacute;ritu; el problema de la libertad espiritual y, por lo tanto, moral. <a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a></p> </blockquote>     <p>Dicho de otro modo, si el hombre es el producto de las relaciones econ&oacute;micas, en las que entra para transformar la naturaleza por medio del trabajo, entonces no tiene sentido mejorar su situaci&oacute;n cultural. Contra el materialismo hist&oacute;rico, Cohen sostiene que no es posible fomentar el progreso moral de la humanidad por medio de la mera transformaci&oacute;n de las relaciones econ&oacute;micas porque en realidad la moralidad es producto de la conciencia cultural del derecho, y no se funda en el modo de producci&oacute;n vigente en cada sociedad.</p>     <p>Si esto &uacute;ltimo fuese verdadero, argumenta Cohen, entonces el derecho no tendr&iacute;a cientificidad alguna, toda vez que el sistema legal se funda en la persona jur&iacute;dica del Estado, que se realiza gracias a la deliberaci&oacute;n y al acuerdo permanente de los ciudadanos. Esto es, el derecho ya no ser&iacute;a producto de la acci&oacute;n de los hombres que produce contenidos culturales y es, por lo tanto, una realidad humana aut&oacute;noma. Por el contrario, el derecho ser&iacute;a una sublimaci&oacute;n de procesos de &iacute;ndole econ&oacute;mica. De este modo, junto con el concepto del derecho caer&iacute;a el de acci&oacute;n y, en &uacute;ltima instancia, la idea misma de la autoconciencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si Marx convierte al hombre en un producto de su entorno, entonces le ha quitado la autor&iacute;a de sus actos y la responsabilidad, por lo que resulta contradictorio su llamado a los obreros a transformar la historia. Por esa raz&oacute;n Cohen afirma que &quot;cuando el socialismo de un Marx quiere, desde su puesto elevado de observaci&oacute;n, volver influyente al poder coactivo de las relaciones materiales, se convierte de pronto en un sat&iacute;rico&quot;.<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a> De este modo, el materialismo supone que la idea moral de la libertad no ser&iacute;a realizable en la historia, porque no tendr&iacute;a poder alguno para mover a los hombres a actuar de acuerdo con su contenido. Por lo tanto, la fuerza motora del comportamiento humano ser&iacute;a de &iacute;ndole puramente material y quedar&iacute;a despojada de todo contenido moral.</p>     <p>Cohen sostiene que el idealismo ha sido frecuentemente malinterpretado por el materialismo, dado que &eacute;ste le ha atribuido una idea de la libertad que en realidad no le corresponde. De acuerdo con esta interpretaci&oacute;n, la libertad no ser&iacute;a una idea moral, sino m&aacute;s bien una fuerza o un poder inteligible con repercusiones en el mundo f&aacute;ctico, en el sentido de la causalidad por espontaneidad de Kant. Contra esto, Cohen aclara que la idea de la libertad como causalidad por espontaneidad es propia del espiritualismo, que defiende la existencia de una fuerza de orden inmaterial, como la causa de cambios efectivos en la serie de procesos causales mec&aacute;nicos de la naturaleza.</p>     <p>Este es el error que Cohen se&ntilde;ala en el tratamiento kantiano del problema de la libertad. Kant ha fundamentado, desde el punto de vista de Cohen, la idea moral de la libertad en la legalidad del car&aacute;cter inteligible de la persona moral. De este modo, la idea de la libertad deja de ser una regla para la acci&oacute;n y se convierte en la manifestaci&oacute;n de la causalidad espont&aacute;nea de la persona, que influye de este modo en los procesos causados mec&aacute;nicamente en el mundo sensible (ErW, 1907, p. 317). En &uacute;ltima instancia, la idea del car&aacute;cter inteligible no ser&iacute;a otra cosa que un residuo de la metaf&iacute;sica dogm&aacute;tica de la cosa en-s&iacute;.</p>     <p>Pero Kant ha rechazado expl&iacute;citamente la psicolog&iacute;a racional en los paralogismos de la raz&oacute;n pura. Cohen afirma que esta consecuencia se debe a una ambig&uuml;edad en su pensamiento. Al deslizarse inadvertidamente el concepto del <i>homo noumenon, </i>la idea de la libertad pierde su car&aacute;cter puro y trascendental y queda atada al concepto de un yo dado de antemano a la acci&oacute;n. De este modo la acci&oacute;n ser&iacute;a un mero desarrollo del <i>homo noumenon. </i>Pero entonces el nivel del ser y el del deber se confundir&iacute;an, y con ello el &aacute;mbito de la l&oacute;gica y el de la &eacute;tica. De all&iacute; concluye Cohen que:</p>     <blockquote>       <p>La libertad no debe estar vinculada con el car&aacute;cter. Aqu&iacute; se muestra la repercusi&oacute;n negativa de la explicaci&oacute;n err&oacute;nea de la cosa en s&iacute;. El homo noumenon hab&iacute;a sido fijado en una cierta cosidad en el car&aacute;cter.<a href="#4" name="s4"><sup>4</sup></a></p> </blockquote>     <p>Pero Kant considera a la libertad no solo en relaci&oacute;n con el origen de la acci&oacute;n, sino tambi&eacute;n como la causa de la ley. Esto convierte al problema de la libertad en el problema de la autonom&iacute;a. En la filosof&iacute;a te&oacute;rica se explica el origen absoluto de la acci&oacute;n por medio de la causalidad espont&aacute;nea de la libertad. En la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica, por otro lado, la libertad aparece tematizada en conexi&oacute;n con el problema de la ley moral. Cohen considera que el tratamiento kantiano del problema de la libertad reci&eacute;n aqu&iacute; gana en cientificidad, porque el problema de la legalidad es la cuesti&oacute;n capital de la ciencia.</p>     <p>La libertad se convierte entonces en la autonom&iacute;a, entendida como la autolegislaci&oacute;n. Cohen encuentra en las formulaciones del imperativo categ&oacute;rico la clave del socialismo &eacute;tico, porque su principio fundamental es el tratamiento de la humanidad en cada ciudadano siempre como un fin en s&iacute; mismo; de all&iacute; la exigencia de la co-legislaci&oacute;n en todas las instituciones.</p>     <p>Cohen aplic&oacute; el imperativo categ&oacute;rico tanto al an&aacute;lisis de la estructura de la persona jur&iacute;dica de la cooperativa como a la cr&iacute;tica del capitalismo. Pero tambi&eacute;n lo aplic&oacute; a la persona jur&iacute;dica del Estado, como una comunidad de legisladores. Por eso afirma enf&aacute;ticamente Cohen: &quot;Con estas palabras se ha expresado el sentido m&aacute;s profundo y poderoso del imperativo categ&oacute;rico; ellas contienen el programa moral del nuevo tiempo y todo el futuro de la historia mundial&quot;<a href="#5" name="s5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p>Cohen ha hecho el mismo movimiento que, <i>de acuerdo con su interpretaci&oacute;n, </i>es caracter&iacute;stico de la &eacute;tica de Kant. Se trata de un desplazamiento en el planteo del problema de la libertad desde la b&uacute;squeda inicial de una causa absoluta del movimiento espont&aacute;neo, hasta la pregunta por el &uacute;ltimo objetivo de la acci&oacute;n humana, que es la humanidad como fin en s&iacute; mismo. De acuerdo con esto, la libertad es la meta de todas las acciones del Estado. Dicho de otro modo, la libertad es el contenido de la tarea de la autoconciencia. Pero el concepto de la libertad solo podr&aacute; determinarse luego de haber investigado el concepto de autonom&iacute;a en sus cuatro dimensiones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>2. La autonom&iacute;a como autolegislaci&oacute;n </b><b><i>(</i></b><b><i>Selbstcesetzcebunc</i></b><b><i>)</i></b></p>     <p>La autoconciencia se realiza por medio de la tarea de la legislaci&oacute;n en el parlamento, siempre y cuando la legislaci&oacute;n cumpla con ciertos requisitos. En primer lugar, los ciudadanos deben autolegislarse, es decir, dictarse a s&iacute; mismos las leyes que se promulgan en el poder legislativo. En caso contrario, no se realizar&iacute;a la autoconciencia por medio de la voluntad estatal porque faltar&iacute;an las voluntades individuales que deben acordar las normas p&uacute;blicas.</p>     <p>Cohen recrea la oposici&oacute;n kantiana entre autonom&iacute;a y heteronom&iacute;a, a partir de los resultados de la investigaci&oacute;n en la <i>LrE.</i></p>     <p>En este sentido, interpreta el concepto de heteronom&iacute;a a partir de la categor&iacute;a de la sensaci&oacute;n, que tiene una funci&oacute;n meramente metodol&oacute;gica. Se trata del juicio de la realidad efectiva cuya aplicaci&oacute;n supone que previamente el objeto de conocimiento ya ha sido constituido por el pensamiento.</p>     <p>En la <i>LrE </i>la sensaci&oacute;n no tiene ninguna funci&oacute;n trascendental o constitutiva, sino m&aacute;s bien meramente instrumental. Cohen critica el concepto de comunidad mostrando que supone el prejuicio de la particularidad. Es decir, que la idea de comunidad se funda en la creencia de que el conocimiento se origina en la sensaci&oacute;n y no en el pensamiento. En este sentido, la heteronom&iacute;a es an&aacute;loga a la sensaci&oacute;n. La heteronom&iacute;a, en tanto que pone el origen de la acci&oacute;n en un objeto exterior a la voluntad y no en la fuerza creadora de la voluntad misma, tampoco puede ser justificada desde el punto de vista trascendental. Veamos la argumentaci&oacute;n detenidamente.</p>     <p>Cohen sostiene en su <i>LrE </i>que los contenidos de la ciencia s&oacute;lo pueden ser fundamentados con base en las leyes y categor&iacute;as fundamentales de la ciencia misma, pero nunca a partir de objetos externos que est&eacute;n dados de antemano a la actividad cient&iacute;fica y la condicionen. En caso contrario, se tratar&iacute;a de una forma de dogmatismo. An&aacute;logamente, Cohen denomina a la heteronom&iacute;a como patolog&iacute;a porque <i>fundamenta la acci&oacute;n de la voluntad en el afecto, y no ya en la voluntad misma. </i>Este aspecto de la heteronom&iacute;a no puede ser rechazado de plano porque el afecto cumple un rol en la actividad de la voluntad, si bien subordinado a la fuerza creadora de esta &uacute;ltima.</p>     <p>En analog&iacute;a con el concepto de la sensaci&oacute;n en la filosof&iacute;a te&oacute;rica, el afecto entra en juego s&oacute;lo una vez que la voluntad se ha puesto el motivo de la acci&oacute;n, que es la tarea. De este modo el afecto pasa a ser un mero motor de la acci&oacute;n. De all&iacute; su car&aacute;cter meramente instrumental, aunque indispensable, an&aacute;logo al car&aacute;cter subsidiario de la sensaci&oacute;n en la LrE. De all&iacute; la afirmaci&oacute;n de Cohen: <i>&quot;El afecto es un elemento de la voluntad, pero &eacute;l mismo no es la voluntad&quot;.</i><a href="#6" name="s6"><i><sup>6</sup></i></a></p>     <p>El concepto de heteronom&iacute;a tampoco permite responder el problema fundamental de la &eacute;tica, que es el de la correlaci&oacute;n entre el individuo y la universalidad. La heteronom&iacute;a no puede superar el punto de vista del individuo aislado de los dem&aacute;s, porque se funda en la exigencia de satisfacer los deseos sensibles del sujeto. De este modo, no puede realizarse la autoconciencia por medio de un concepto como el de la heteronom&iacute;a porque no puede fundar la legalidad universal que esta requiere.</p>     <p>La heteronom&iacute;a significa en &uacute;ltima instancia la idolatr&iacute;a de la naturaleza, es decir, la creencia de que las fuerzas exteriores a la voluntad tienen m&aacute;s poder sobre ella que ella misma. Esto significa la sacralizaci&oacute;n de las relaciones sociales tal como se presentan, porque son consideradas como si fueran naturales. La heteronom&iacute;a es entonces reaccionaria e impide la cr&iacute;tica y la transformaci&oacute;n de las instituciones porque no est&aacute; en condiciones de proponer un criterio racional y trascendente a ellas. En este sentido, Cohen valora el trabajo pionero de Rousseau, quien separ&oacute; a la historia de la naturaleza e impugn&oacute; a la inhumanidad y a la injusticia de la civilizaci&oacute;n y la t&eacute;cnica, tomando como herramienta al criterio de lo natural (ErW, 1907, p. 329).</p>     <p>Otra forma de heteronom&iacute;a es aquella que parte de la relaci&oacute;n metaf&iacute;sica entre el sujeto y el mundo. Este es el caso de la metaf&iacute;sica de Spinoza, donde la ley de la voluntad se deriva de la relaci&oacute;n entre el esp&iacute;ritu humano y la substancia de la cual aquel es un atributo. De este modo, este tipo de teor&iacute;as le niegan al sujeto el car&aacute;cter de principio de la legislaci&oacute;n. De aqu&iacute; deriva Cohen su cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a del derecho de Hegel, sobre todo en relaci&oacute;n a su principio &quot;lo que es real, es racional&quot; <i>(was wirklich ist, das ist vern&uuml;nftig). </i>Se trata tambi&eacute;n de la idolatrizaci&oacute;n de la historia. Por lo tanto, la realidad hist&oacute;rica pasa a ser el criterio de la raz&oacute;n moral. Pero esto es la negaci&oacute;n misma de la moralidad, que no se funda en el ser sino en el deber ser. Por eso Cohen reformula el principio hegeliano de la siguiente manera: &quot;&#91;...&#93; lo que es racional, no es real, sino que debe ser realizado&quot; .<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a> Es decir, las instituciones del derecho positivo vigentes no deben dictar a la raz&oacute;n pr&aacute;ctica los contenidos de sus juicios morales; por el contrario, la raz&oacute;n moral debe recuperar su trono perdido y enjuiciar con soberan&iacute;a al <i>statu quo.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La teolog&iacute;a tambi&eacute;n es otra forma de heteronom&iacute;a porque el fundamento de la ley tampoco es el sujeto, sino m&aacute;s bien la voluntad de Dios expresada por medio de su palabra. El punto de partida de la teolog&iacute;a puede formularse como sigue: dado que Dios trasciende el pensamiento humano, su voluntad no puede ser demostrada ni fundamentada por la raz&oacute;n. El &uacute;nico camino que queda es el estudio de la revelaci&oacute;n que Dios hizo de su pensamiento en los textos sagrados. Cuando Dios se ha manifestado por medio de la precisi&oacute;n de su pensamiento en palabras, la teolog&iacute;a se ha convertido en la ciencia rectora de la &eacute;tica.</p>     <p>Se trata de una actitud arrogante que ahoga la originalidad y espontaneidad del esp&iacute;ritu humano. Cohen la considera como una blasfemia contra la aut&eacute;ntica religi&oacute;n que predica la inefabilidad de Dios. Esta forma de fundamentalismo aparece cuando la religi&oacute;n es reemplazada por la teolog&iacute;a.</p>     <blockquote>       <p>No se habr&iacute;a permitido nunca que quedara un resto de libertad religiosa de esp&iacute;ritu, que pudiera reconocer en esta pretensi&oacute;n a una forma de autotiranizaci&oacute;n; la gente se hubiera escandalizado ante la blasfemia que subyace a esto, dado que la teolog&iacute;a no marchar&iacute;a junto con la religi&oacute;n. Pero esto se retrotrae especialmente al mito. La revelaci&oacute;n, la emanaci&oacute;n, y todas las expresiones del autodesarrollo del absoluto, permanecen en el fondo como algo que no es para nada extra&ntilde;o ni escandaloso, porque se exige el autodesarrollo y la autorrepresentaci&oacute;n del absoluto. &#91;...&#93; Pero el car&aacute;cter compulsivo de la heteronom&iacute;a no yace todav&iacute;a en ello. Este surge por primera vez por medio de la precisi&oacute;n del pensamiento en palabras. La palabra de Dios se convierte en el documento del pensamiento de Dios.<a href="#8" name="s8"><sup>8</sup></a></p> </blockquote>     <p>Por esta raz&oacute;n, en la heteronom&iacute;a, bajo la forma de la teonom&iacute;a, se desemboca siempre en alguna forma de fundamentalismo. Dado que los te&oacute;logos sostienen que la palabra de Dios debe ser coherente e inalterable, se ven obligados a forzar los textos sagrados, corrigiendo aquello que no encaje en su interpretaci&oacute;n unilateral del mensaje divino. Cohen condena a la teonom&iacute;a como una forma de intolerancia que acarrea graves consecuencias para la vida comunitaria. Por ejemplo, la religi&oacute;n suele ser una de las causas determinantes en la constituci&oacute;n de las literaturas nacionales y, por lo tanto, de la cerraz&oacute;n de los Estados sobre s&iacute; mismos, en una actitud de hostilidad creciente hacia el exterior.</p>     <p>Frente a la parcialidad del cultivo unilateral de la literatura nacional, Cohen rescata el desarrollo que ha tenido la ciencia de las literaturas comparadas a partir de Herder. El cultivo de esta disciplina ha abierto, constata Cohen (1907, p. 334), la mentalidad cerrada de los nacionalismos hacia un creciente multiculturalismo y ha despertado la simpat&iacute;a por los dem&aacute;s pueblos. Gracias a la literatura comparada se ha fomentado, a su vez, la ciencia de las religiones comparadas, que ha abierto las puertas al di&aacute;logo interreligioso. Cohen otorga mucha importancia a estos esfuerzos por desarrollar la tolerancia entre las diferentes culturas y religiones porque la autoconciencia es una comunidad espiritual que une a todos los ciudadanos por los lazos de las leyes universales promulgadas por ellos mismos. De lo argumentado hasta aqu&iacute;, Cohen concluye que la religi&oacute;n, en su forma de nacionalismo, es un obst&aacute;culo insalvable para la realizaci&oacute;n de la autoconciencia porque resiente el imperio de la ley entre los ciudadanos.</p>     <p>Otra forma que adquiere la teonom&iacute;a es el pante&iacute;smo, que Cohen encuentra ejemplarmente representado en Schiller. Se trata de la elevaci&oacute;n de la voluntad por medio de la recepci&oacute;n de la divinidad en el interior del hombre. El camino para la elevaci&oacute;n del alma es la educaci&oacute;n est&eacute;tica, entendida como el desarrollo de deseos nobles. Sin embargo, no quedan claros en esta teor&iacute;a los l&iacute;mites entre la divinidad y la humanidad porque se funden en una sola substancia; ni tampoco entre la humanidad y la animalidad, a causa de la ambig&uuml;edad del concepto de deseo que Schiller utiliza. De acuerdo con lo dicho en los cap&iacute;tulos anteriores, no puede fundamentarse la voluntad pura ni, por lo tanto, la autonom&iacute;a, a partir del concepto del deseo, por noble que sea este deseo, porque de este modo se atar&iacute;a la voluntad a un elemento dado de antemano y perder&iacute;a en pureza trascendental.</p>     <p>La voluntad pura no es entonces la voluntad sublime que defiende Schiller. Pero tambi&eacute;n es necesario tomar recaudos respecto de otra forma de educaci&oacute;n est&eacute;tica, que consiste en el desarrollo de la autonom&iacute;a moral a partir del estudio de obras literarias. En esta propuesta pedag&oacute;gica, se acent&uacute;a la importancia de aquellos textos literarios donde pueden encontrarse ejemplos de comportamientos moralmente edificantes. Cohen encuentra sobre la base de esta propuesta la idea socr&aacute;tica de que la virtud es aprendible y que, por lo tanto, es ense&ntilde;able. El problema que plantea este tipo de educaci&oacute;n moral a partir del arte es que no logra trascender el nivel de los ejemplos de comportamientos morales, y no llega nunca a considerar sistem&aacute;ticamente el problema filos&oacute;fico de la autonom&iacute;a moral.<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a></p>     <p>M&aacute;s bien, dice Cohen, esta propuesta consiste usualmente en una b&uacute;squeda vana de originalidad y novedad que deja intactos los prejuicios del alumno y las contradicciones morales que afectan su vida cotidiana. Con otras palabras:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De este modo ser&iacute;amos llevados por ella &#91;la b&uacute;squeda de novedades&#93; hacia el camino de la obstinaci&oacute;n y la oscuridad, en orden a la elucubraci&oacute;n de una ley moral solamente propia; o, en la medida en que esto fuera dif&iacute;cilmente realizable, a la conformaci&oacute;n de algunas (leyes morales) antiguas con base en una nueva. En nuestro tiempo no faltan ejemplos de esta falsa originalidad, que conduce a una &eacute;tica falsa, vac&iacute;a e &iacute;ntimamente errada en cuanto a su contenido porque contradice todas las l&iacute;neas rectoras naturales e hist&oacute;ricas de la moral.<a href="#10" name="s10"><sup>10</sup></a></p> </blockquote>     <p>Esta idea de educaci&oacute;n moral apunta al desarrollo de la convicci&oacute;n interior en el individuo, pero no toma en consideraci&oacute;n la dimensi&oacute;n social de la subjetividad. Este es el problema que Cohen se&ntilde;ala tambi&eacute;n en el pietismo, el cual lleva a una exaltaci&oacute;n unilateral de la individualidad a expensas de la vida com&uacute;n en el Estado. Se trata de la b&uacute;squeda de alguna forma de iluminaci&oacute;n interior, que puede llegar a entrar en conflicto con los derechos y las exigencias de los dem&aacute;s ciudadanos. Pero la autolegislaci&oacute;n es la realizaci&oacute;n de la autoconciencia como la comunidad espiritual de los ciudadanos en torno al imperio de la ley. Por lo tanto, es necesario despojarse de toda forma de individualismo que pueda estar latente en el concepto de la autonom&iacute;a.</p>     <p>La idea de la autonom&iacute;a como mero desarrollo de la individualidad sin considerar la dimensi&oacute;n social del individuo no puede ser sometida a cr&iacute;tica adecuadamente si antes no se considera un supuesto b&aacute;sico con el que opera. Se trata de la idea del yo como un objeto dado de antemano a la acci&oacute;n. Si se exige el desarrollo de la autonom&iacute;a en t&eacute;rminos de educaci&oacute;n de las capacidades morales de un yo dado previamente, entonces la autonom&iacute;a pierde su relaci&oacute;n constitutiva con la voluntad pura, que exige el concepto de un sujeto puramente legal y, por lo tanto, constituido solo por la acci&oacute;n y en tanto que act&uacute;a. Es decir:</p>     <blockquote>       <p>El s&iacute; mismo de ning&uacute;n modo est&aacute; dado de antemano y ni en ninguna estructura tan ideal antes de que se exponga; y no tiene solo que exponerse, sino que tiene m&aacute;s bien que producirse. Y solo puede producirse en la legislaci&oacute;n.<a href="#11" name="s11"><sup>11</sup></a></p> </blockquote>     <p>La autolegislaci&oacute;n por medio de la actividad parlamentaria permite la superaci&oacute;n de la perspectiva ego&iacute;sta e individualista de la heteronom&iacute;a fundada en el deseo, porque cada ciudadano construye de este modo la voluntad com&uacute;n que se expresa en la ley y, entonces, entra en la comunidad espiritual de la autoconciencia. As&iacute; quedan excluidas del &aacute;mbito de la autonom&iacute;a la apelaci&oacute;n a Dios, la naturaleza o la historia como las fuentes profundas de la subjetividad. Si cada ciudadano no se autolegisla por medio de su participaci&oacute;n en la actividad parlamentaria, no puede realizarse la autoconciencia de la voluntad pura en el Estado; por lo tanto, tampoco puede fundamentarse la &eacute;tica a partir del derecho. Pero la legislaci&oacute;n es siempre una acci&oacute;n particular que tiene un contenido espec&iacute;fico seg&uacute;n cada caso. Por esta raz&oacute;n, Cohen agrega a la autolegislaci&oacute;n el momento de la autodeterminaci&oacute;n.</p>     <p><b>3. La autonom&iacute;a como autodeterminaci&oacute;n <i>(Selbstbestimmunc)</i></b></p>     <p>La autodeterminaci&oacute;n es la exigencia de que los ciudadanos se autolegislen sin sufrir ning&uacute;n tipo de coacci&oacute;n, ya sea externa, es decir, por parte de otros ciudadanos o grupos de poder o del partido gobernante mismo; o interna, o sea, proveniente de los propios afectos y prejuicios. La autodeterminaci&oacute;n <i>(Selbstbestimmung) </i>se presenta como un concepto opuesto a la determinaci&oacute;n <i>(Bestimmung), </i>que significa que el sujeto no puede generar la acci&oacute;n a partir de s&iacute; mismo. El agente puede estar determinado por ciertas disposiciones afectivas o por el destino y la fatalidad. Por el contrario, la autodeterminaci&oacute;n es una forma de la autonom&iacute;a porque, a diferencia de la determinaci&oacute;n, pone el destino en manos del sujeto que act&uacute;a. Dicho de otro modo, la autodeterminaci&oacute;n convierte al hombre en due&ntilde;o de su propia historia (ErW, 1907, p. 345).</p>     <p>Si bien el concepto de autodeterminaci&oacute;n est&aacute; vinculado con el de autolegislaci&oacute;n, no es compatible con la idea de un yo dado de antemano a la actividad de la legislaci&oacute;n, que se desarrollar&iacute;a y realizar&iacute;a por medio de ella. La raz&oacute;n de esto es que si el yo se diera de antemano a su actividad, como una substancia fija y permanente, entonces la actividad, misma estar&iacute;a condicionada por un elemento exterior a ella. Dicho de otro modo:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#91;...&#93; Debe tenerse por seguro que no existe ning&uacute;n s&iacute; mismo como algo dado, ni en la conciencia moral ni en la religiosa; y asi mismo tampoco en la jur&iacute;dico-estatal; m&aacute;s bien hay por todos lados s&oacute;lo principios que deben surgir y a los cuales debe estar unida; en los cuales se establece la tarea.<a href="#12" name="s12"><sup>12</sup></a></p> </blockquote>     <p>En caso contrario, la voluntad del Estado dejar&iacute;a de ser una voluntad jur&iacute;dica, o sea una voluntad que surgiera a partir de s&iacute; misma o una voluntad trascendental. Cada ciudadano debe realizar la acci&oacute;n de autolegislarse &uacute;nicamente a partir de s&iacute; mismo, de sus propias decisiones, intereses y apreciaciones.</p>     <p>Dado que la autonom&iacute;a como autodeterminaci&oacute;n est&aacute; orientada a explicar la realizaci&oacute;n de la acci&oacute;n particular, plantea problemas metodol&oacute;gicos diferentes de los de la autonom&iacute;a como autolegislaci&oacute;n. La raz&oacute;n de esto radica en que la autolegislaci&oacute;n hace referencia m&aacute;s bien a las condiciones formales de la legislaci&oacute;n en el Estado. Por eso est&aacute; en &iacute;ntima relaci&oacute;n con el concepto de autoconciencia. Pero en la autodeterminaci&oacute;n es el individuo particular quien pasa a primer plano, o sea el sujeto que realiza esta o aquella acci&oacute;n concreta. Esto exige la consideraci&oacute;n de la categor&iacute;a de la particularidad, propia de los juicios metodol&oacute;gicos de la <i>LrE. </i>Cohen trata la cuesti&oacute;n de la particularidad en la acci&oacute;n a partir del concepto de la determinabilidad <i>(Bestimmtheit).</i></p>     <blockquote>       <p>La determinabilidad no es solo la condici&oacute;n de la particularidad, sino que al mismo tiempo significa la precisi&oacute;n, la claridad y la seguridad que son los signos caracter&iacute;sticos, infalibles y seguros de la acci&oacute;n pura. All&iacute; no permanece ninguna vacilaci&oacute;n, de la cual pendiera la acci&oacute;n. All&iacute; no permanece ninguna elecci&oacute;n inquieta; sino que la determinabilidad de la acci&oacute;n surge de la precisi&oacute;n de la elecci&oacute;n.<a href="#13" name="s13"><sup>13</sup></a></p> </blockquote>     <p>Dicho de otro modo, la determinabilidad de la acci&oacute;n depende de la claridad de la intenci&oacute;n del agente. La intenci&oacute;n es la anticipaci&oacute;n del resultado de la acci&oacute;n en la conciencia individual del agente. Por lo tanto, la acci&oacute;n ser&aacute; realizada con m&aacute;s precisi&oacute;n cuanto mejor definido est&eacute; el concepto de la meta a lograr. Se trata del concepto de la tarea, o sea del motivo de la acci&oacute;n.</p>     <p>La particularidad es el contenido concreto de la acci&oacute;n de producir esta o aquella ley individual. Entonces la particularidad no puede desligarse del concepto de la autoconciencia, porque el contenido de la acci&oacute;n de la legislaci&oacute;n es siempre la realizaci&oacute;n de la voluntad pura en el Estado. Esta es la tarea de la voluntad pura, y es el &uacute;ltimo objetivo de la autodeterminaci&oacute;n. De este modo la autodeterminaci&oacute;n logra una s&iacute;ntesis entre la particularidad de la acci&oacute;n realizada y la universalidad de la autoconciencia. Este es el aporte de la autodeterminaci&oacute;n a la autonom&iacute;a de la voluntad pura. La autodeterminaci&oacute;n dota de realidad por primera vez a la autoconciencia al producirla en el mundo sensible por medio de la acci&oacute;n concreta de la legislaci&oacute;n.</p>     <p>La determinabilidad evita entonces que la acci&oacute;n y, por lo tanto, la voluntad pura y la autoconciencia acaben siendo una pura ilusi&oacute;n. La apelaci&oacute;n a la autodeterminaci&oacute;n le permite a Cohen disipar el malentendido que ha sufrido el concepto kantiano de autonom&iacute;a, interpretado frecuentemente como un formalismo vac&iacute;o. Esta malinterpretaci&oacute;n de la &eacute;tica de Kant se funda en la idea de que la autolegislaci&oacute;n es la producci&oacute;n de una ley universal, pero ayuna de todo contenido particular. Cohen arguye en defensa de la &eacute;tica kantiana, en el Cap&iacute;tulo Quinto de la <i>ErW, </i>que en realidad la ley universal no excluye los contenidos particulares de cada ley, sino que m&aacute;s bien los contiene en s&iacute; como virtualidades que pueden deducirse de ella misma. El contenido particular es derivable de la ley universal por medio del silogismo deductivo que aplica la ley a cada caso.</p>     <p>Pero la mediaci&oacute;n entre la ley universal y el contenido particular no solo es pertinente en orden a la aplicaci&oacute;n de ley, sino tambi&eacute;n a la elaboraci&oacute;n de la ley, que constituye el problema espec&iacute;fico de la autonom&iacute;a. A la hora de explicar el proceso de la legislaci&oacute;n Cohen recurre a otro tipo de mediaci&oacute;n entre la universalidad y la particularidad, que consiste en la relaci&oacute;n entre la ley general establecida en la Constituci&oacute;n, respecto del modo en que debe legislarse y su mediaci&oacute;n por las leyes concretas y particulares que son promulgadas por los legisladores en cada caso. Por eso dice Cohen:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La autodeterminaci&oacute;n representa esta relaci&oacute;n de la tarea del s&iacute; mismo con la tarea de la legislaci&oacute;n en relaci&oacute;n con la ley particular, y en relaci&oacute;n con el desarrollo del s&iacute; mismo en la acci&oacute;n particular. Ella conduce a la libertad frente a la elecci&oacute;n de la determinabilidad. En la determinabilidad se realiza el s&iacute; mismo.<a href="#14" name="s14"><sup>14</sup></a></p> </blockquote>     <p>La autodeterminaci&oacute;n implica que el sujeto realiza en cada acci&oacute;n un nuevo contenido, una nueva tarea. De este modo queda garantizada la realizaci&oacute;n ininterrumpida de la autoconciencia por medio de la autolegislaci&oacute;n. La autoconciencia no es otra cosa que esta actividad incesante de la promulgaci&oacute;n y de la aplicaci&oacute;n de la ley. Es decir, que la autoconciencia est&aacute; condicionada por la actividad siempre concreta de la autonom&iacute;a como autodeterminaci&oacute;n.</p>     <p>El concepto de autodeterminaci&oacute;n est&aacute; en relaci&oacute;n tambi&eacute;n con el concepto de causalidad. La determinabilidad de la acci&oacute;n es imposible sin el conocimiento causal de los medios que conducen a la realizaci&oacute;n del fin que el agente se ha propuesto llevar a cabo. Por lo tanto, la libertad como tarea a realizar necesita del conocimiento cient&iacute;fico. El concepto jur&iacute;dico de la acci&oacute;n supone necesariamente que el agente conoce el fin de su acci&oacute;n y los medios que conducen a este fin. Esta condici&oacute;n debe cumplirse necesariamente, por ejemplo, en la acci&oacute;n de celebrar un contrato, o en la comisi&oacute;n de alg&uacute;n delito porque, en caso contrario, la acci&oacute;n no podr&aacute; ser imputable. Pero, a pesar de que Cohen le otorga un lugar fundamental al pensamiento causal en la autodeterminaci&oacute;n, rechaza el intelectualismo jur&iacute;dico, que considera que el pensamiento causal es el elemento m&aacute;s importante de la acci&oacute;n.</p>     <p>Supongamos que alguien fuera imputado por haber accionado un aparato que produjo luego una explosi&oacute;n. Esta acusaci&oacute;n tiene sentido solo si el imputado ten&iacute;a un conocimiento claro de la relaci&oacute;n causal que existe entre la presi&oacute;n de la mano sobre el aparato y el desencadenamiento de la explosi&oacute;n.</p>     <p>Pero no es suficiente para imputarle a un sujeto una explosi&oacute;n por medio de un aparato, con invocar el hecho de que haya conocido la relaci&oacute;n causal que existe entre la presi&oacute;n sobre el aparato y la explosi&oacute;n, sino que adem&aacute;s tiene que haber decidido llevarla a cabo. Esto es independiente de que &eacute;l mismo haya provocado la explosi&oacute;n, o se lo haya encargado a otra persona, o lo haya delegado en un dispositivo mec&aacute;nico. En los tres casos, su intenci&oacute;n unifica a la acci&oacute;n, integrando el conocimiento causal de los medios para lograr el fin propuesto con la toma de decisi&oacute;n y las acciones posteriores que culminan con el desencadenamiento final de la explosi&oacute;n (Cohen, 1907, pp. 354-355).</p>     <p>Pero la autodeterminaci&oacute;n no es simplemente la condici&oacute;n de la acci&oacute;n individual, sino que, adem&aacute;s, est&aacute; referida necesariamente a los otros sujetos, toda vez que la acci&oacute;n legal supone la pluralidad de la comunidad estatal. Volviendo al ejemplo de la explosi&oacute;n, si el sujeto acciona el aparato con la finalidad de matar a otra persona, la conciencia de la v&iacute;ctima queda incluida de alguna manera en la conciencia del agente de la acci&oacute;n. La autodeterminaci&oacute;n tiene lugar siempre en la esfera intersubjetiva que constituye la autoconciencia. Por eso agrega Cohen:</p>     <blockquote>       <p>Tampoco se querr&aacute; discutir a nivel psicol&oacute;gico que, en la intenci&oacute;n de esta autodeterminaci&oacute;n, el hombre que se busca matar por medio de la explosi&oacute;n late junto con la propia conciencia; se oir&aacute; su respiraci&oacute;n; se presentir&aacute; su grito de muerte.<a href="#15" name="s15"><sup>15</sup></a></p> </blockquote>     <p>Este fragmento de Cohen pone en primer plano la cuesti&oacute;n de la responsabilidad que tiene el delincuente por el sufrimiento de la v&iacute;ctima. Pero la autorresponsabilidad que debe asumir todo agente frente a los dem&aacute;s cuando se autodetermina a la acci&oacute;n, nos conduce al tercer aspecto de la autonom&iacute;a.</p>     <p><b>4. La autonom&iacute;a como autorresponsabilidad</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <b><i>(s</i></b><b><i>elbstverantwurtunc)</i></b></p>     <p>La autodeterminaci&oacute;n dej&oacute; abierta la cuesti&oacute;n de la autorresponsabilidad, es decir, de la atribuci&oacute;n del sujeto a s&iacute; mismo de la autor&iacute;a de la acci&oacute;n legal. No se trata entonces simplemente de que el sujeto sea el autor f&aacute;ctico de la acci&oacute;n de la autolegislaci&oacute;n, sino, adem&aacute;s, de que pueda reconocerse a s&iacute; mismo como tal. La cuesti&oacute;n de la autorresponsabilidad tiene diversos aspectos, seg&uacute;n se considere su dimensi&oacute;n afectiva o cognitiva. Cohen dirige sus cr&iacute;ticas, en primer lugar, contra quienes intentan explicar solo en t&eacute;rminos cognitivos aquellas situaciones en las que el agente se ve <i>imposibilitado de actuar. </i>Seg&uacute;n esta posici&oacute;n, la causa de que el sujeto no pueda actuar reside en que ha deliberado durante demasiado tiempo antes de decidirse a llevar a cabo la acci&oacute;n y, por lo tanto, ha anulado la fuerza y el impulso espont&aacute;neo de la voluntad.</p>     <p>Contra esta hip&oacute;tesis, Cohen argumenta que si la deliberaci&oacute;n es demasiado r&aacute;pida y precipitada, puede ocurrir que el sujeto no haya podido madurar su decisi&oacute;n y <i>tambi&eacute;n </i>se vea imposibilitado de actuar. Aunque una deliberaci&oacute;n r&aacute;pida no necesariamente obstaculiza la acci&oacute;n, que muchas veces surge de una intuici&oacute;n r&aacute;pida y acertada del agente. Pero Cohen encuentra problemas tambi&eacute;n en la tesis fundamental del intelectualismo, que consiste en que el afecto no juega ning&uacute;n rol en el desencadenamiento de la acci&oacute;n porque esta depende &uacute;nicamente del conocimiento adecuado de las circunstancias que la rodean.</p>     <p>Es decir, el intelectualismo parte del supuesto de que una vez que el sujeto disponga del conocimiento causal pertinente para la acci&oacute;n, ser&aacute; inevitable que el afecto coopere para su realizaci&oacute;n. Cohen (1907, p. 359) argumenta contra el intelectualismo a partir de ejemplos en los que el afecto es demasiado d&eacute;bil para realizar el fin propuesto o tan fuerte que se desv&iacute;a de los mandatos del pensamiento y sigue su propio camino. Sin embargo, el afecto suele cooperar con el pensamiento en la acci&oacute;n, salvo en excepciones.</p>     <p>Cohen considera que tambi&eacute;n es necesario despejar la objeci&oacute;n esc&eacute;ptica de que el pensamiento causal no ser&iacute;a el producto de la acci&oacute;n libre del sujeto, sino que m&aacute;s bien ser&iacute;a &eacute;l mismo el resultado de alguna fuerza mec&aacute;nica, que obliga al sujeto a desarrollar el conocimiento cient&iacute;fico. Si esta objeci&oacute;n estuviera en lo cierto, entonces no podr&iacute;a explicarse la acci&oacute;n bas&aacute;ndose en el concurso del pensamiento causal, porque &eacute;l mismo no ser&iacute;a producto de la autodeterminaci&oacute;n del sujeto.</p>     <blockquote>       <p>Si la precisi&oacute;n, la exactitud y la claridad del pensamiento causal son solo una ilusi&oacute;n de la actividad propia, si fueran solo la obra de un reloj de m&uacute;sica en nosotros, entonces las fundamentaciones que crea la l&oacute;gica a fin de asegurar su cuerpo doctrinal, ser&iacute;an en los hechos solo intentos de esbozar y proyectar el fundamento objetivo incognoscible de su superestructura.<a href="#16" name="s16"><sup>16</sup></a></p> </blockquote>     <p>Es decir, si el pensamiento causal no es producto de la acci&oacute;n libre del sujeto, pierden cientificidad tanto la l&oacute;gica cuanto la &eacute;tica, porque en realidad lo que es puesto en cuesti&oacute;n es la ciencia misma como producto cultural. Cohen se apoya en los resultados de su investigaci&oacute;n en la <i>LrE </i>para rechazar de plano el escepticismo. Apela fundamentalmente a la tesis de que todo conocimiento tiene su origen en la espontaneidad originaria del pensamiento. Una vez que ha quedado fuera de duda la libertad del pensamiento causal, Cohen decide dar otro paso m&aacute;s y preguntarse por las consecuencias que acarrea esta conclusi&oacute;n para la autodeterminaci&oacute;n a la acci&oacute;n y, por lo tanto, para la autonom&iacute;a como autorresponsabilidad.</p>     <p>Pero Cohen considera primero la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo debe formularse la pregunta acerca de la influencia de la libertad del pensamiento causal en la autodeterminaci&oacute;n a la acci&oacute;n. En primer lugar, rechaza la formulaci&oacute;n de la pregunta a partir de las acciones malas, es decir, de las acciones que transgreden la ley. La pregunta debe ser formulada de modo positivo porque debe investigarse el papel que juega la libertad del pensamiento en las acciones que dan lugar a la ley o que la ponen en cumplimiento. En realidad, la pregunta por la producci&oacute;n del mal es la pregunta por las excepciones a la ley, que no puede conducir nunca a la fundamentaci&oacute;n de la legalidad jur&iacute;dica y moral <i>(ErW, </i>1907, p. 361).</p>     <p>De acuerdo con el an&aacute;lisis de Cohen, el pensamiento m&iacute;tico ha tenido hist&oacute;ricamente un inter&eacute;s especial en la explicaci&oacute;n del origen del mal y ha contribuido mucho a desviar la correcta formulaci&oacute;n del problema de la autorresponsabilidad. El pensamiento m&iacute;tico es m&aacute;s propenso a las ideas conmovedoras que a la meditaci&oacute;n serena de los grandes problemas te&oacute;ricos. Por eso el pensamiento m&iacute;tico no suele ser movilizado por el problema del bien, dado que el bien es lo natural, resulta del orden y el encadenamiento arm&oacute;nico del cosmos y de las acciones humanas. El mal, en cambio, es la irrupci&oacute;n del caos en el ordenamiento arm&oacute;nico y coherente del bien, una ruptura de la legalidad que funda la cultura y la vida humana. El surgimiento del mal pone al pensamiento m&iacute;tico frente a la dif&iacute;cil pregunta de c&oacute;mo a partir de este ordenamiento originario puede proceder el desorden y la ilegalidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El pensamiento m&iacute;tico griego encontr&oacute; la respuesta en el concepto del destino tr&aacute;gico. Se trata de la idea de la culpa, pero no de la culpa del pecador como individuo, sino m&aacute;s bien de la culpa heredada de padres a hijos. Dicho con m&aacute;s precisi&oacute;n, es la culpa que reciben todos los seres humanos cuando nacen por el mero hecho de pertenecer al mismo g&eacute;nero. La tragedia griega ech&oacute; alguna luz sobre este concepto ciego de la culpa, en la medida en que permite al h&eacute;roe liberarse de la culpa cuando enfrenta al destino con su propia virtud. El espectador, a su vez se libera tambi&eacute;n del miedo al destino por medio de la catarsis y accede a una comprensi&oacute;n de la realidad en la que el individuo empieza poco a poco a dibujarse sobre el trasfondo del determinismo natural.</p>     <p>Cohen ve a la segunda ruptura con el pensamiento m&iacute;tico en el surgimiento de la religi&oacute;n monote&iacute;sta. Los textos sagrados del juda&iacute;smo ya reconoc&iacute;an dos formas de mal: una, que no es responsabilidad del individuo, porque se trata de una culpa ontol&oacute;gica que causa inevitablemente el mal en el sujeto. Esta forma del mal moral es remediable solo por medio de las ofrendas a Dios en el templo. Junto a esta noci&oacute;n est&aacute; la concepci&oacute;n de una forma del mal que es producto de la debilidad humana y, por lo tanto, debe ser juzgada por el juez en lo criminal. Se trata de un asunto puramente humano y est&aacute; en manos del hombre el acabar con ella.</p>     <blockquote>       <p>Puede verse que la religi&oacute;n recorre un camino inverso al de la poes&iacute;a. La tragedia produce al individuo en el h&eacute;roe, en el semidios; y ella produce y transfigura su culpa por medio de su sufrimiento heroico. En cambio, la religi&oacute;n produce al individuo en el alma humana y en sus pecados. Pero ella trae la redenci&oacute;n en el conocimiento de la debilidad humana; la debilidad se convierte en el atributo de la moralidad humana.<a href="#17" name="s17"><sup>17</sup></a></p> </blockquote>     <p>Pero reci&eacute;n con la aparici&oacute;n de la ciencia emerge en la historia humana la libertad del pensamiento, y se pone sobre el tapete la cuesti&oacute;n de la responsabilidad. En particular, es el derecho el que ha planteado con claridad cient&iacute;fica este problema y ha liberado definitivamente al individuo de todo residuo de los conceptos m&iacute;ticos de la culpa y el destino. Dicho de otro modo, es el derecho el que puede plantear y tratar la pregunta por el rol del pensamiento en la autorresponsabilidad de un modo positivo y no ya negativo.</p>     <p>El derecho retrotrae toda la cuesti&oacute;n de la responsabilidad al concepto de imputaci&oacute;n y, por su intermedio, al de autodeterminaci&oacute;n.</p>     <p>La discusi&oacute;n en torno a los conceptos de <i>dolo </i>y <i>culpa </i>pone de relieve la complejidad de la acci&oacute;n legal y la interrelaci&oacute;n del afecto y el conocimiento causal en la acci&oacute;n. Es decir, por un lado se trata de la cuesti&oacute;n relativa, a si el sujeto se propuso cometer el crimen de modo conciente y de si ten&iacute;a un conocimiento claro de las circunstancias conducentes a la realizaci&oacute;n de este fin. Si el sujeto se ha propuesto la meta de cometer el crimen, se puede hablar de <i>dolo. </i>Si el agente persigue otro fin y el crimen ocurre contra sus previsiones, entonces se trata de la categor&iacute;a legal de la <i>culpa. </i>Tambi&eacute;n puede hablarse de <i>culpa </i>cuando el sujeto no ten&iacute;a un conocimiento claro de las circunstancias y cre&iacute;a que el crimen no tendr&iacute;a &eacute;xito, si bien se hab&iacute;a propuesto llevarlo a cabo. Si la acci&oacute;n tuvo lugar a pesar de las estimaciones previas del sujeto, se trata de un caso de <i>culpa conciente.</i></p>     <p>El <i>dolo </i>conlleva una imputaci&oacute;n plena del crimen al delincuente, puesto que integra las tres dimensiones caracter&iacute;sticas de la acci&oacute;n jur&iacute;dica: la intencionalidad del acto, el conocimiento claro de los medios para llevarlo a cabo y, finalmente, la decisi&oacute;n y ejecuci&oacute;n del mismo a causa de la fuerza motriz del afecto. Por eso Cohen se opuso al intelectualismo de Franz von Liszt, quien reduce la intencionalidad del criminal al conocimiento causal de las circunstancias del crimen, dejando afuera la dimensi&oacute;n afectiva. Seg&uacute;n von Liszt, el juez entonces podr&iacute;a imputar al acusado s&oacute;lo cuando ha podido comprobar que ten&iacute;a una clara conciencia de los medios necesarios para realizar la acci&oacute;n.</p>     <p>Pero de este modo el derecho quedar&iacute;a desconectado de la &eacute;tica, y ya no tendr&iacute;a la finalidad de reformar moralmente al criminal e integrarlo de nuevo a la vida social y estatal (Cohen, 1907, p. 368). El crimen consistir&iacute;a entonces en un mero error del pensamiento causal; por lo tanto, la &eacute;tica se diluir&iacute;a en la l&oacute;gica. Cohen rechaza de plano la estrategia argumentativa del intelectualismo, ante todo porque atenta contra la ley fundamental de la verdad, que exige la independencia y autonom&iacute;a de los &aacute;mbitos de la l&oacute;gica y la &eacute;tica. De este modo, la acci&oacute;n moral ser&iacute;a id&eacute;ntica a la acci&oacute;n de conocer la naturaleza, lo que choca contra las conclusiones de la investigaci&oacute;n de Cohen en la <i>LrE.</i></p>     <p>Pero el intelectualismo jur&iacute;dico acarrea tambi&eacute;n otra consecuencia decisiva: niega la cualidad moral misma del ciudadano. Al quitar toda relevancia al afecto para la producci&oacute;n de la acci&oacute;n, el agente queda despose&iacute;do de voluntad y, en &uacute;ltima instancia, de toda capacidad de decisi&oacute;n libre. Se convertir&iacute;a en una &quot;m&aacute;quina de pensar&quot; <i>(Denkmaschine), </i>lo que significa la negaci&oacute;n misma de la autonom&iacute;a (Cohen, 1907, p. 369).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Contra el punto de vista intelectualista, Cohen argumenta que la <i>culpa </i>tiene que ser pensada necesariamente como una forma de <i>dolo. </i>Dicho de otro modo, si el sujeto actu&oacute; a pesar de su ignorancia respecto de las consecuencias de la propia acci&oacute;n, su crimen debe ser catalogado como una forma de negligencia. La <i>culpa </i>es el resultado de una acci&oacute;n que debe ser explicada haciendo apelaci&oacute;n no solo al pensamiento, es decir, a la ignorancia del agente, sino que debe incluir necesariamente tambi&eacute;n a la dimensi&oacute;n afectiva, es el motor de toda acci&oacute;n.</p>     <p>De todos modos, el criminal debe cargar con la responsabilidad tanto en el caso de que haya realizado una acci&oacute;n dolosa cuanto una culposa. La pregunta por la responsabilidad, es decir, la cuesti&oacute;n de si el sujeto puede reconocerse a s&iacute; mismo o no como el autor de sus acciones, atraviesa y fundamenta todos los &aacute;mbitos de la cultura humana en la medida en que la cultura es el producto de las acciones del hombre.</p>     <p>El veredicto del juez acerca de la culpabilidad del imputado no puede agotar todo el proceso de asunci&oacute;n de la propia responsabilidad, que debe recorrer el criminal mismo. La sentencia del Estado no puede reemplazar la imputaci&oacute;n que cada criminal debe hacerse a s&iacute; mismo porque, en caso contrario, el concepto mismo de autonom&iacute;a carecer&iacute;a de sentido. Si el ciudadano no se hiciera responsable de su transgresi&oacute;n de la ley, entonces no se habr&iacute;a autolegislado y no habr&iacute;a participado en la actividad de la legislaci&oacute;n parlamentaria por medio de sus representantes. La autoconciencia, como el sujeto de la voluntad com&uacute;n de los ciudadanos, implica necesariamente la identificaci&oacute;n del autor y el destinatario de la ley. Por lo tanto, cada ciudadano queda sujeto a la misma ley que ha acordado. En este sentido, el contrato es la forma de toda relaci&oacute;n legal y el fundamento del Estado.</p>     <p>De este modo, la &eacute;tica puede liberarse del resabio m&iacute;tico de la culpa y el pecado original gracias al concepto de autonom&iacute;a. Por lo tanto, la categor&iacute;a de la autorresponsabilidad permite el desprendimiento absoluto de la &eacute;tica respecto de la religi&oacute;n. De all&iacute; Cohen concluye:</p>     <blockquote>       <p>El s&iacute; mismo se carga con la conciencia de la culpa porque reconoce que en caso contrario deber&iacute;a renunciar a s&iacute; mismo. &Eacute;l no puede recurrir a los medios para interpretar a su infracci&oacute;n como una equivocaci&oacute;n y, en virtud de esta interpretaci&oacute;n, liberarse de esta conciencia de culpa por medio de la ofrenda. No puede tampoco ser reconocida como purificaci&oacute;n moral la liberaci&oacute;n de la culpa por medio de la creencia en un Dios, que se ha ofrecido &eacute;l mismo por mis pecados. S&oacute;lo puedo buscar y querer encontrar mi salvaci&oacute;n en el juicio del conocimiento moral. Y no puedo dispensarme de este juicio del conocimiento moral por ning&uacute;n medio del cielo o el infierno. En caso contrario, perder&iacute;a mi punto medio y mi peso moral.<a href="#18" name="s18"><sup>18</sup></a></p> </blockquote>     <p>Las teor&iacute;as deterministas, que entienden a la criminalidad como una forma de enfermedad psicol&oacute;gica, son en realidad otra forma m&aacute;s de intelectualismo. El criminal, sin embargo, no debe abandonar la autorresponsabilidad bajo el pretexto de que ha cometido el crimen por causas que est&aacute;n fuera de su control: esto significar&iacute;a el abandono de su humanidad. M&aacute;s a&uacute;n, la aceptaci&oacute;n de esta forma de determinismo atenta contra el concepto mismo de Estado y de autolegislaci&oacute;n, como ya se dijo m&aacute;s arriba. Por lo tanto, se trata en &uacute;ltima instancia de una forma de suicidio moral. Este es el sentido de las afirmaciones siguientes de Cohen:</p>     <blockquote>       <p>Y cuando la culpa se vuelve una ilusi&oacute;n, no ocurre menos con la virtud; porque el enfermo seguramente puede hacer el esfuerzo que es necesario para el trabajo de lentejuelas de la virtud; tal como puede medirse con hombres normales en el juego de la sagacidad y la gracia.<a href="#19" name="s19"><sup>19</sup></a></p> </blockquote>     <p>Pero el juez no debe ni puede entrar en el santuario de la conciencia moral del criminal, sino que m&aacute;s bien debe limitarse a emitir un juicio sobre la autor&iacute;a objetiva del crimen. La autorresponsabilidad queda en manos del criminal, de su autoconocimiento y sus deseos de superaci&oacute;n. Se trata de la propiedad m&aacute;s &iacute;ntima del ciudadano, que no puede nunca serle arrebatada por nadie en un Estado democr&aacute;tico de derecho. Cohen pone entonces al individuo en primer plano, tanto en la autonom&iacute;a cuanto en autodeterminaci&oacute;n, cuanto como en autorresponsabilidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>5. La autonom&iacute;a como autoconservaci&oacute;n <i>(Selbsterhaltunc)</i></b></p>     <p>El problema de la autoconservaci&oacute;n es el &uacute;ltimo momento de un proceso que comienza con el sujeto abstracto que tiene s&oacute;lo la competencia de autolegislarse, y que poco a poco se va concretizando e individualizando hasta ser capaz de identificarse con la acci&oacute;n que ha realizado. Pero, a pesar de que el sujeto autorresponsable tiene un sentido de la identidad personal y capacidad de identificarse con las leyes y cumplirlas, o de asumir sus transgresiones, no es todav&iacute;a un individuo de carne y hueso.</p>     <p>Dicho de otro modo, para que el sujeto pueda actuar a partir de sus propias decisiones y, por lo tanto, hacerse cargo de ellas, debe tener necesariamente un cuerpo. El sujeto podr&aacute; realizar su autonom&iacute;a solo en la medida en que simult&aacute;neamente lleve a cabo una serie de acciones para mantenerse en la existencia, tales como alimentarse o hidratarse. De all&iacute; deriva Cohen la exigencia de la autoconservaci&oacute;n. Sin embargo, su argumentaci&oacute;n es m&aacute;s compleja, porque est&aacute; &iacute;ntimamente entrelazada con los resultados obtenidos en su investigaci&oacute;n sobre la autorresponsabilidad. Veamos c&oacute;mo procede Cohen en su demostraci&oacute;n de la dimensi&oacute;n moral de la corporalidad.</p>     <p>Cohen trata la cuesti&oacute;n de la autonom&iacute;a como autoconservaci&oacute;n a partir de la respuesta a una objeci&oacute;n que puede surgir frente al concepto de autorresponsabilidad. Este argumento parte del an&aacute;lisis del proceso de individualizaci&oacute;n, que le permite al sujeto atribuirse a s&iacute; mismo el crimen y, finalmente, decida resocializarse. La objeci&oacute;n plantea que este proceso de individualizaci&oacute;n estar&iacute;a en contradicci&oacute;n con la universalidad de la autoconciencia, a la que debe servir la autorresponsabilidad. Es decir, dado que la au-torresponsabilidad debe descansar en el conocimiento de s&iacute; mismo y exige la reflexi&oacute;n del criminal sobre los motivos de su acci&oacute;n, llevar&iacute;a al abandono de la perspectiva de la intersubjetividad e implicar&iacute;a una reca&iacute;da en la perspectiva individualista, que Cohen (1907, p. 373) intent&oacute; superar en su teor&iacute;a del derecho estatal.</p>     <p>Por el contrario, a pesar de que la sentencia del juez no puede suplantar a la autorreflexi&oacute;n del individuo, tiene un aspecto objetivo e insoslayable desde el punto de vista legal, que es el de la condena y la determinaci&oacute;n de la pena. La necesidad de establecer un castigo para el criminal es una refutaci&oacute;n clara del intelectualismo porque supone que el crimen es algo m&aacute;s que un mero error del pensamiento. Si el crimen fuera el resultado de un mero error cognitivo, ser&iacute;a suficiente entonces con una compensaci&oacute;n por los da&ntilde;os y perjuicios objetivos que resultaron de la acci&oacute;n delictiva. Sin embargo, la ley prev&eacute; una serie de normas que apuntan a la transformaci&oacute;n y modelaci&oacute;n del car&aacute;cter y de la constelaci&oacute;n de valores que orientan la acci&oacute;n del sujeto.</p>     <p>Es decir, la sentencia supone una relaci&oacute;n l&oacute;gica entre el concepto del crimen y el de la pena, porque ambos est&aacute;n tipificados y definidos en el <i>C&oacute;digo Penal. </i>Toda vez que el derecho solo puede ser comprendido bajo la forma del contrato, debe contener necesariamente tambi&eacute;n el momento de la reparaci&oacute;n o del resarcimiento, para la eventualidad de que uno de los contrayentes no haya cumplido con las normas contra&iacute;das. Con otras palabras:</p>     <blockquote>       <p>Su culpa legal es su culpabilidad, que &eacute;l no s&oacute;lo debe sentir, sino tambi&eacute;n reparar. El juicio del juez sobre el hecho objetivo de un crimen es, de acuerdo con esto, al mismo tiempo un juicio sobre el criminal, gracias a la necesidad l&oacute;gica de la restricci&oacute;n deducida. Y este juicio sobre el criminal se convierte, en virtud de la necesidad l&oacute;gica, en un juicio sobre su culpabilidad; este es su pena.<a href="#20" name="s20"><sup>20</sup></a></p> </blockquote>     <p>La determinaci&oacute;n de la pena es el resultado de la aplicaci&oacute;n del silogismo deductivo por parte del juez, quien interpreta la ley y establece su vigencia para el caso particular. Pero la ley es la expresi&oacute;n de la voluntad pura y la autoconciencia. Por lo tanto, el concepto de la pena pone en relaci&oacute;n &iacute;ntima al sujeto individual de la acci&oacute;n con la comunidad de los co-legisladores. Es decir, que el concepto de la pena hace posible la relaci&oacute;n objetiva que existe entre la autorresponsabilidad del individuo y la universalidad de la autoconciencia. Esta conclusi&oacute;n arroja luz sobre otro error, que consiste en separar a la pena de la culpa en el sentido moral, y rechazar a esta &uacute;ltima del &aacute;mbito del derecho. Esta es la concepci&oacute;n de la responsabilidad propia de quienes piensan al derecho como una mera t&eacute;cnica y lo desvinculan de la &eacute;tica. Contra la reducci&oacute;n de la responsabilidad al cumplimiento exterior de la pena, Cohen exige que el criminal restaure su relaci&oacute;n con la comunidad legal, a fin de que pueda volver a ser un co-legislador en el Estado.</p>     <p>Sin embargo, esto es posible solo una vez que haya cumplido con la pena objetiva que se le ha fijado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>La pena lo eleva sobre la culpa. La culpa le da solo el medio de liberaci&oacute;n de la penitencia. Pero est&aacute; la pregunta de si la penitencia en sentido moral puede liberarlo de la culpa. Probablemente su arrepentimiento se vuelva tan amargo que &eacute;l permanezca fijado a la autoacusaci&oacute;n, la compunci&oacute;n, la desesperaci&oacute;n. Debemos dejar aqu&iacute; fuera de consideraci&oacute;n a otros pensamientos, tales como los de la religi&oacute;n, que podr&iacute;an proporcionar un complemento a la penitencia, porque se trata solo de la autoconciencia con base en la autolegislaci&oacute;n y sus desarrollos.<a href="#21" name="s21"><sup>21</sup></a></p> </blockquote>     <p>Como sostiene Cohen en este fragmento, el concepto de pena, como determinaci&oacute;n objetiva de la compensaci&oacute;n que el criminal debe pagar por el da&ntilde;o producido, consuma la liberaci&oacute;n de la &eacute;tica respecto de la religi&oacute;n porque supera al concepto de la penitencia como la expiaci&oacute;n por los pecados y a la idea consiguiente de purificaci&oacute;n moral.</p>     <p>Hay quienes afirman que el criminal, una vez sentenciado, dejar&iacute;a de ser un ciudadano, y se convertir&iacute;a de nuevo en un colegislador solo una vez cumplida su pena. Pero esta afirmaci&oacute;n es incorrecta porque, en la medida en que el criminal acepta sobre s&iacute; la pena y la cumple, se encuentra en continuidad con su actividad previa de legislaci&oacute;n y promulgaci&oacute;n de la ley. Este es el sentido de las siguientes palabras de Cohen:</p>     <blockquote>       <p>Cuando luego de la expiaci&oacute;n puede lograrse la restituci&oacute;n de un hombre &iacute;ntegro, all&iacute; debe dominar el presupuesto de que este resultado no aparece luego de la expiaci&oacute;n conseguida, sino que ya se establece durante la expiaci&oacute;n y con la toma de posesi&oacute;n de la pena.<a href="#22" name="s22"><sup>22</sup></a></p> </blockquote>     <p>La legislaci&oacute;n solo tiene sentido si el autor de la ley es el mismo sujeto que luego se somete a ella, lo que implica el cumplimiento de las sanciones que ha consentido de antemano para los casos de desviaci&oacute;n de la ley. En el caso del delito de hurto, la compensaci&oacute;n que debe garantizar la pena puede ser determinada de muchas maneras. Sin embargo, el asesinato presenta el problema insalvable de que no hay compensaci&oacute;n posible para quien ha perdido la vida por culpa del criminal. Para resolver este problema, Cohen debe, en primer lugar, considerar la legitimidad de la pena de muerte como compensaci&oacute;n proporcional al delito de homicidio.</p>     <p>En este caso, parecer&iacute;a razonable la sanci&oacute;n con la pena de muerte porque quien ha destruido intencionalmente a otro ciudadano no puede pensarse de ninguna manera como un posible cooperador y co-legislador en el Estado. Por lo tanto, no tendr&iacute;a ning&uacute;n sentido la aplicaci&oacute;n de una pena con el objetivo de devolver al criminal al ejercicio pleno de la ciudadan&iacute;a. Sin embargo, la gravedad de la pena de muerte exigir&iacute;a que el juez pueda emitir un juicio exhaustivo e infalible acerca de las intenciones del criminal. Pero s&oacute;lo el criminal puede saber si efectivamente ha querido matar o no, porque unicamente &eacute;l tiene acceso a su conciencia moral.</p>     <p>Por lo tanto, la aplicaci&oacute;n de la pena capital significar&iacute;a en la pr&aacute;ctica la extralimitaci&oacute;n de las atribuciones del juez. Dada la imposibilidad de dictaminar concluyentemente sobre la culpa del delincuente, implicar&iacute;a tambi&eacute;n la instauraci&oacute;n del derecho de la venganza o de la compensaci&oacute;n sim&eacute;trica de un asesinato con otro. La &uacute;nica alternativa que quedar&iacute;a para poder aplicar la pena correspondiente a este delito, sin violar la autorresponsabilidad del criminal, es dejar en sus manos la decisi&oacute;n de suicidarse en el caso de que el delincuente mismo considere que tuvo la intenci&oacute;n firme y clara de cometer el homicidio. Pero puede verse claramente lo absurdo de una tal pena y, por lo tanto, su inaplicabilidad (Cohen, 1907, p. 380).</p>     <p>Cohen esgrime aun un argumento adicional para rechazar la pena de muerte, que surge de la ftindamentari&oacute;n misma de su teor&iacute;a. El Estado consiste en la realizaci&oacute;n de la tarea de la autoconciencia moral, lo que no es posible si todas las voluntades individuales de los ciudadanos no participan en la constituci&oacute;n de la voluntad com&uacute;n de la ley. Se trata entonces de la tarea de la legislaci&oacute;n, que nunca debe darse por concluida, porque constituye la esencia misma del Estado como persona jur&iacute;dica. Es una tarea infinita, porque siempre est&aacute; abierta al futuro. Pero si la pena de muerte se aplicara sobre cualquier ciudadano, entonces su voluntad particular dejar&iacute;a de participar en la tarea de la autoconciencia, lo que contradice el concepto mismo del Estado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, en la medida en que la tarea es infinita, nunca se puede dar a un ciudadano por perdido o etiquetarlo como un ciudadano ejemplar, ya que la ciudadan&iacute;a es una tarea que se construye d&iacute;a a d&iacute;a. Es decir:</p>     <blockquote>       <p>La tarea no puede nunca lograr su soluci&oacute;n adecuada; pero tampoco puede ser arrancada del coraz&oacute;n de un hombre. De all&iacute; se sigue que, como ning&uacute;n hombre es bueno, tampoco ning&uacute;n hombre es malo.<a href="#23" name="s23"><sup>23</sup></a></p> </blockquote>     <p>Por lo tanto, debe renunciarse a pronunciar cualquier tipo de juicio moral definitivo sobre los ciudadanos, lo que deja sin fundamento la aplicaci&oacute;n de la pena de muerte. La autonom&iacute;a como autorresponsabilidad no puede realizarse sin el cuidado por la autoconservaci&oacute;n porque si el ciudadano muere, desaparecen con ello todas las condiciones para la realizaci&oacute;n de la autoconciencia. De all&iacute; que Cohen afirme de modo concluyente:</p>     <blockquote>       <p>La autoconservaci&oacute;n tiene como supuesto indeleble ante todo al individuo natural &#91;...&#93;. Con el alma del ser humano no puede comenzarse legalmente nada, ni conseguir nada, cuando ella es el alma del hombre asesinado. El alma puede tener un sentido &eacute;tico, desde el punto de vista legal, solo como el alma de un hombre vivo.<a href="#24" name="s24"><sup>24</sup></a></p> </blockquote>     <p>La objeci&oacute;n religiosa a favor de la pena de muerte, que sostiene que la existencia m&aacute;s all&aacute; de la muerte permite al individuo continuar con su progreso moral, no tiene sustento alguno en la teor&iacute;a de Cohen porque la &eacute;tica no puede realizarse fuera del Estado. Por lo tanto, la autoconservaci&oacute;n es la forma fundamental de la autonom&iacute;a, como condici&oacute;n <i>sine qua non </i>del progreso moral. Pero, dado que la &eacute;tica es una forma central de la conciencia cultural, y la cultura es el producto de la acci&oacute;n humana, la autoconservaci&oacute;n es en realidad la condici&oacute;n y el supuesto b&aacute;sico de la cultura humana. Por eso Cohen afirma:</p>     <blockquote>       <p>La autoconservaci&oacute;n, este es el A y el O. El aseguramiento de la cultura, es decir, la elevaci&oacute;n de la cultura tiene como supuesto imprescindible a la autoconservaci&oacute;n realizada sin excepciones.<a href="#25" name="s25"><sup>25</sup></a></p> </blockquote>     <p>De este modo Cohen concluye que la existencia de los ciudadanos debe ser preservada celosamente por el Estado democr&aacute;tico de derecho para garantizar su universalidad moral. Cohen da respuesta a lo que considera como el problema fundamental de la &eacute;tica, esto es la correlaci&oacute;n entre el individuo y la universalidad. Esta es posible solo cuando cada ciudadano, sin excepciones, puede participar en la elaboraci&oacute;n de la ley. Si cada ciudadano es el autor de la ley, entonces la ley se aplicar&aacute; del mismo modo para todos. Si la universalidad de la ley se realiza en la autoconciencia del Estado, el otro t&eacute;rmino de la relaci&oacute;n, es decir, el individuo, existe cuando se garantizan las condiciones de la autonom&iacute;a. Por lo tanto, el individuo puede relacionarse con la universalidad solo cuando su existencia corporal es un asunto de Estado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Eggert Winter ha objetado el proceder argumentativo de Cohen que se ha seguido hasta aqu&iacute;. En especial ha cuestionado el intento de Cohen de integrar los planos de la individualidad y la universalidad en su concepto complejo de autonom&iacute;a, como se ve en la siguiente secci&oacute;n.</p>     <p><b>6. La cr&iacute;tica de Eggert Winter a la teor&iacute;a de la autonom&iacute;a moral de la ErW</b></p>     <p>Eggert Winter ha intentado mostrar que el concepto de autonom&iacute;a de Cohen es inconsistente con su teor&iacute;a de la autoconciencia. La raz&oacute;n de ello reside, seg&uacute;n Winter, en que Cohen retoma en su teor&iacute;a de la autonom&iacute;a el punto de vista del sujeto en su individualidad, lo que entra en tensi&oacute;n con el punto de vista de la universalidad, propio de la autoconciencia. Winter considera que este error es evidente en el tratamiento del problema de la autodeterminaci&oacute;n, donde ya no se trata de la producci&oacute;n de la ley particular, sino de cualquier acci&oacute;n como un fen&oacute;meno real.</p>     <p>Cohen somete a cr&iacute;tica al concepto metaf&iacute;sico de la libertad, es decir, que cuestiona la idea del origen absoluto de la acci&oacute;n en las facultades del sujeto individual, y propone en su lugar el de autonom&iacute;a como la producci&oacute;n de la ley. Sin embargo, argumenta Winter (1980), Cohen no explica la autodeterminaci&oacute;n a partir de la acci&oacute;n de la legislaci&oacute;n, sino m&aacute;s bien de la intencionalidad como fen&oacute;meno psicol&oacute;gico del agente. De este modo, Cohen confunde a la persona moral con el individuo natural, de manera tal que ya no ser&iacute;a posible establecer de qu&eacute; modo aquella ejerce una influencia sobre este &uacute;ltimo.</p>     <p>De acuerdo con Winter, Cohen se saldr&iacute;a del punto de vista moral e ingresar&iacute;a inesperadamente en el de las determinaciones cient&iacute;fico-naturales y emp&iacute;ricas porque simplemente se limitar&iacute;a a explicar y describir c&oacute;mo es que la acci&oacute;n particular tiene lugar. Pero este es un salto ileg&iacute;timo de la &eacute;tica a la l&oacute;gica que va contra la ley fundamental de la verdad, que es el eje del sistema de Cohen y prescribe el respeto por la autonom&iacute;a de los &aacute;mbitos de la filosof&iacute;a te&oacute;rica y la pr&aacute;ctica. Por otro lado, Cohen explica la libertad del agente con base en su capacidad para el conocimiento cient&iacute;fico o pensamiento causal, lo que, desde el punto de vista de Winter, tendr&iacute;a poco que ver con la determinaci&oacute;n a la acci&oacute;n de la legislaci&oacute;n.</p>     <p>Winter (1980, p. 410) se&ntilde;ala un problema an&aacute;logo en la investigaci&oacute;n de Cohen sobre la autorresponsabilidad. Winter considera que en vez de analizar los supuestos normativos de la acci&oacute;n de legislar, Cohen se adentrar&iacute;a en investigaciones fenomenol&oacute;gicas acerca del surgimiento del sentimiento de culpa como resultado del autoconocimiento del criminal. Dicho de otro modo, Winter afirma que Cohen se mantiene en el plano de la introspecci&oacute;n fenomenol&oacute;gica, donde concibe a la autorresponsabilidad como dada de antemano en el sujeto concreto. Por lo tanto, Winter (1980, p. 424) considera que Cohen se habr&iacute;a alejado de su &eacute;tica jur&iacute;dica y se acercar&iacute;a a una &eacute;tica fenomenol&oacute;gica del tipo de la de Max Scheler.</p>     <p>Al final de esta investigaci&oacute;n sobre el concepto de autonom&iacute;a estamos en condiciones de refutar la tesis de Winter, ya que ha quedado claro que Cohen no fundamenta el concepto de autonom&iacute;a en ninguna teor&iacute;a del individuo que sea independiente de la idea de autoconciencia del Estado. Por el contrario, Cohen deriva los diferentes momentos de la autonom&iacute;a de las condiciones que debe cumplir la acci&oacute;n de la legislaci&oacute;n en el Estado para realizar la autoconciencia. Como ya se dijo, en primer lugar debe tratarse de una forma de autolegislaci&oacute;n porque, en caso contrario, el individuo no entrar&iacute;a en relaci&oacute;n con la universalidad de la autoconciencia y no tendr&iacute;a sentido la teor&iacute;a moral de la ErW. En segundo lugar, la autolegislaci&oacute;n es siempre la producci&oacute;n concreta de tal o cual ley, lo que supone la capacidad del individuo para autodeterminarse.</p>     <p>Pero la autodeterminaci&oacute;n no tiene sentido si el individuo no puede hacerse cargo de las consecuencias de la promulgaci&oacute;n de la ley, lo que constituye el momento de la autorresponsabilidad. Por otro lado, la cuarta dimensi&oacute;n del concepto de autonom&iacute;a, que tiene que ver con la autoconservaci&oacute;n del individuo, es la &uacute;ltima condici&oacute;n de la autolegislaci&oacute;n y la participaci&oacute;n en la tarea de la autoconciencia. Por lo tanto, no es necesario apelar a ninguna fenomenolog&iacute;a de la conciencia individual, o a ninguna teor&iacute;a psicol&oacute;gica, como sugiere Winter, para explicar el concepto de autonom&iacute;a moral.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Cohen, H., (1907), <i>Ethik des reinen Willens, </i>en: (2002), <i>Herman Cohen. Werke. </i>Hildesheim-Zurich-Nueva York. Nachdruck der 2. revidierten Auflage, (Berlin: Bruno Cassirer, 1907). De aqu&iacute; en adelante citar&eacute; esta obra con la abreviatura ErW.</p>     <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> &quot;Mit der Magenfrage soll man anfangen d&uuml;rfen; aber das Zentrum muss von allem Anfang an die Frage des Geistes bilden; die Frage der geistigen, also der sittlichen Freiheit.&quot; <i>(ErW, </i>1907, p. 311).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> &quot;Wenn der Sozialismus eines Marx von seiner hohen geschichtlichen Warte aus die zwingende Macht der materiellen Verh&auml;ltnisse eindringlich machen will, so wird er unversehens zum Satyriker.&quot; (ErW, 1907, p. 312).</p>     <p><a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> &quot;Die Freiheit darf nicht mit dem Charakter in Verbindung gebracht werden. Hier zeigt sich die ung&uuml;nstige Nachwirkung der mangelhaften Kl&auml;rung des Ding an sich. Im Charakter war der homo noumenon doch in einer gewissen Dinglichkeit festgehalten&quot;(ErW, 1907, p. 317).</p>     <p><a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> &quot;In diesen Worten ist der tiefste und m&auml;chtigste Sinn des kategorischen Imperativs ausgesprochen; sie enthalten das sittliche Programm der neuen Zeit und aller Zukunft der Weltgeschichte&quot; (ErW, 1907, p. 320).</p>     <p><a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> &quot;Der Affekt bildet ein Element des Willens; aber er ist nicht Wille&quot;(ErW, 326).</p>     <p><a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> &quot;&#91;...&#93; was vern&uuml;nftig ist, das ist nicht wirklich; sonder es soll wirklich werden.&quot;(ErW, 1907, p. 331).</p>     <p><a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> &quot;Es w&auml;re niemals der religi&ouml;sen Freigeisterei &uuml;berlassen geblieben, in dieser Anmassung die Selbstironisierung zu erkennen; man w&uuml;rde an der Blasphemie, die darin liegt, Anstoss genommen haben, wenn hier nicht die Theologie mit der Religion zusammenginge. Diese aber geht hier besonders auf den Mythos zur&uuml;ck. Offenbarung, Emanation und alle die Ausdr&uuml;cke der Selbstentfaltung des Absoluten bleiben innerlich unbefremdlich und unanst&otilde;ssig; denn man fordert die Selbstentfaltung, die Selbstdarstellung des Absoluten. &#91;...&#93; Darin liegt in der Tat noch nicht der Zwang der Heteronomie. Dieser entsteht erst durch die Pr&auml;zisierung des Denkens zum Worte. Das Wort Gottes wird zum Urkunde vom Denken Gottes&quot; <i>(ErW, </i>1907, p. 333).</p>     <p><a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> En este punto Cohen se hace eco del rechazo de Kant de la idea de la educaci&oacute;n moral por medio de ejemplos (Kant, I., <i>Die Metaphysik der Sitten. </i>Cito por la edici&oacute;n de la Academia de Berl&iacute;n, a cargo de Paul Natorp; AA, VI, 479-480).</p>     <p><a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> &quot;Dann w&uuml;rde man auf die Bahn des Eigensinns und des D&uuml;nkels durch sie geleitet werden, ein eigenes Sittengesetz sich auszut&uuml;fteln; oder aber, wofern dies doch eben schwerlich auszuf&uuml;hren ist, eines der vielen alten mit einem neuen, soweit es angeht, auszustattten. An Beispielen fehlt es gerade unserer Zeit am wenigsten f&uuml;r diese falsche Originalit&atilde;t, welche inhaltlich zu einer falschen, hohlen, innerlich unwahren, weil allen nat&uuml;rlichen und geschichtlichen Leitungslinien der Moral widersprechenden, angeblichen Ethik f&uuml;hrt&quot; (ErW, 1907, p. 338).</p>     <p><a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> &quot;Das Selbst ist keineswegs und in keiner noch so idealen Gestalt vorher vorhanden, bevor es sich darlegt, und es hat sich keineswegs nur darzulegen; sondern es hat sich erst zu erzeugen, Und es kann sich nur erzeugen in der Gesetzgebung&quot; <i>(ErW, </i>1907, p. 339).</p>     <p><a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> &quot;&#91;...&#93; ist festzuhalten, dass es kein Selbst als ein vorhandenes gibt, weder im sittlichen, noch im religiosen Bewusstsein; und allerdings ebenso auch nicht im rechtlich-staatlichen; &uuml;berall vielmehr sind es nur Ans&auml;tze, welche voraufgehen m&uuml;ssen, am welche angekn&uuml;pft werden muss; an welchen die Aufgabe einsetzt&quot;(ErW, 1907, p. 351).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> &quot;Die Bestimmtheit ist nicht nur die Bedingung der Einzelheit; sondern sie bedeutet zugleich die Pr&auml;zision und die Klarheit und die Sicherheit, welche die Kennzeichen, die unfehlbaren und untr&uuml;glichen der reinen Handlung sind. Da bleibt kein Schwanken, in dem die Handlung h&auml;ngen bliebe. Da bleibt keine bange Wahl; sondern aus der Pr&auml;zision der Wahl geht die Bestimmtheit der Handlung hervor&quot; (ErW, 1907, p. 346).</p>     <p><a href="#s14" name="14"><sup>14</sup></a> &quot;Diesen Zusammenhang der Aufgabe des Selbst mit der Aufgabe der Gesetzgebung in Bezug auf das einzelne Gesetz, und in Bezug auf die Entfaltung des Selbst in der einzelnen Handlung stellt die Selbstbestimmung dar. Sie f&uuml;hrt die Freiheit vor die Wahl der Bestimmtheit. In der Bestimmtheit realisiert sich das Selbst&quot;(ErW, 1907, p. 348).</p>     <p><a href="#s15" name="15"><sup>15</sup></a> &quot;Auch psychologisch wird man es nicht bestreiten wollen, dass in dem Vorsatze dieser Selbstbestimmung der durch die Explosion zu t&ouml;tende Mensch in dem eigenen Bewusstsein mitpulsiert; man wird seinen Atem h&otilde;ren; seinen Todesschrei vorausvernehmen&quot;(ErW, 1907, p. 356).</p>     <p><a href="#s16" name="16"><sup>16</sup></a> &quot;Wenn die Genauigkeit, die Gr&uuml;ndlichkeit und die Klarheit des kausalen Den-kens nur eine Illusion selbsteigener T&auml;tigkeit, wenn sie vielmehr nur das Werk einer Spieluhr in uns w&auml;re, dann w&auml;ren die Grundlegungen, welche die Logik sich aus-denkt, um ihr Lehrgeb&auml;ude zu sichern, in der Tat nur subjektive Nachversuche, das unerkennbare objektive Fundament aus seinem &Uuml;berbau heraus zu zeichnen und abzubilden&quot;(ErW, 1907, p. 360).</p>     <p><a href="#s17" name="17"><sup>17</sup></a> &quot;Man sieht, der Religion geht den umgekehrten Weg von dem der Poesie. Die TragOdie erzeugt das Individuum im Helden, im Halbgott; und sie erzeugt und verkl&auml;rt seine Schuld durch sein heroisches Leiden. Die Religion dagegen erzeugt das Individuum in der Menschenseele und in deren S&uuml;nde. Aber sie bringt die ErlOsung in der Erkenntnis der Menschenschw&auml;che; die Schwachheit wird das Attribut der menschlichen Sittlichkeit&quot;(ErW, 1907, p. 366).</p>     <p><a href="#s18" name="18"><sup>18</sup></a> &quot;Das Selbst belastet sich mit dem Bewusstsein der Schuld, weil es erkennt, dass es sonst sich aufgeben m&uuml;sste. Es kann nicht mehr zu dem Mittel greifen, sein Vergehen als ein Versehen zu deuten, und durch das Opfer auf Grund dieser Deu-tung von diesem Schuldbewusstsein sich zu befreien. Es kann auch nicht als sittliche Reinigung anerkannt werden, durch den Glauben an einen Gott, der sich selbst f&uuml;r meine S&uuml;nde geopfert habe, meine ErlOsung von der Schuld zu erlangen. Nur im Urteil der sittlichen Erkenntnis kann ich mein Heil suchen und finden wollen. Und dieses Urteil der sittlichen Erkenntnis darf ich durch kein Mittel des Himmels oder der HOlle mich entheben lassen. Ich w&uuml;rde sonst meinen Mittelpunkt verlieren und mein sittliches Gewicht&quot;(ErW, 1907, pp. 370-371).</p>     <p><a href="#s20" name="20"><sup>20</sup></a> &quot;Seine juristische Schuld ist seine Schuldigkeit, die er nicht allein zu f&uuml;hlen, sondern einzurichten hat. Das Urteil des Richters &uuml;ber den Tatbestand eines Verbrechers ist demnach kraft logischer Notwendigkeit in der gezogenen Einschr&auml;nkung zugleich ein Urteil &uuml;ber den Verbrecher. Und dieses Urteil &uuml;ber den Verbrecher wird daher kraft logischer Notwendigkeit zu einem Urteil &uuml;ber seine Schuldigkeit; diese ist seine Strafe&quot;(&pound;rW, 1907, p. 374).</p>     <p><a href="#s21" name="21"><sup>21</sup></a> &quot;Die Strafe hebt ihn dann sogleich &uuml;ber die Schuld hinaus. Die Schuld gibt ihm nur das Befreiungsmittel der Busse. Aber es ist die Frage, ob die Busse im ethischen Sinne ihn von der Schuld zu befreien vermag. Vielleicht wird seine Reue so bitter, dass er in der Selbstanklage, in der Zerknirschung, in der Verzweiflung h&auml;ngen bleibt. Andere Gedanken, etwa die der Religion, die ihm eine Erg&auml;nzung der Busse verschaffen mOchten, m&uuml;ssen hier ausser Betracht bleiben, wo es sich nur um das Selbstbewusstsein auf dem Grunde der Selbstgesetzgebung und ihrer Entwickelungen handelt&quot;(&pound;rW, 1907, p. 377).</p>     <p><a href="#s22" name="22"><sup>22</sup></a> &quot;Wenn nun aber nach der Abb&uuml;ssung die Restitution zu einem integern Men-schen erfolgen kann, so muss dabei die Voraussetzung obwalten, dass diese Wirkung nicht erst nach erfolgter Abb&uuml;ssung eintritt, sondern w&auml;hrend der Abb&uuml;ssung und mit dem Antritt der Strafe bereits einsetzt&quot;(&pound;rW, 1907, p. 378).</p>     <p><a href="#s23" name="23"><sup>23</sup></a> &quot;Die Aufgabe kann niemals zur ad&auml;quaten LOsung kommen; aber sie kann auch niemals aus dem Herzen eines Menschen herausgerissen werden. Daraus folgt; dass, wie kein Mensch gut ist, auch kein Mensch bOse ist&quot;(ErW, 1907, p. 381).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s24" name="24"><sup>24</sup></a> &quot;Die Selbsterhaltung hat aber, wie das Selbst &uuml;berhaupt, das nat&uuml;rliche Individuum zur unauslOschlichen Voraussetzung. Mit der Seele des Menschen ist rechtlich nichts anzufangen, und nichts auszurichten, wenn sie die des getOteten Menschen ist. Die Seele kann einen ethischen Sinn rechtlich nur haben, als die Seele des lebendigen Menschen.&quot; (ErW, 1907, p. 382).</p>     <p><a href="#s25" name="25"><sup>25</sup></a> &quot;Selbsterhaltung, das ist das A und das O. Die Sicherung der Kultur, das ist die ErhOhung der Kultur, sie hat zur unerl&auml;sslichen Voraussetzung die ausnahmslos durchgef&uuml;hrte Selbsterhaltung&quot;(ErW, 1907, p. 387).</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Alexy, R. Meyer, L. Paulson, S., Sprenger, G., (Eds.). (2002). <i>Neu kantianismus und Rechtsphilosophie. Mit einerEinleitung von Stanley Paulson, </i>Baden-Baden, Nomos Verlagsgesellschaft.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1692-8857201000010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cassirer, E. (1912). Hermann Cohen und die Erneuerung der Kantischen Philosophie, <i>Kant-Studien, </i>17, 252-273.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1692-8857201000010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cohen, H., (1907), <i>Ethik des reinen Willens. </i>Hildesheim-Zurich-Nueva York. Nachdruck der 2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1692-8857201000010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&ouml;rland, A. (1912). Hermann Cohens systematische Arbeit im Dienste des kritischen Idealismus, <i>Kant-Studien, </i>17, 222-251.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S1692-8857201000010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kant, I. (1797). <i>Die Metaphysik der Sitten. </i>Cito por la edici&oacute;n de la Academia de Berl&iacute;n, a cargo de Paul Natorp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S1692-8857201000010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>K&ouml;hnke, K.Ch. (1986). <i>Entstehung und Aufstieg des Neukantianismus. Die deutsche Unversit&aacute;tsphilosophie zwischen Idealismus und Positivismus. </i>Frankfurt am Main: Suhrkamp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S1692-8857201000010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Meyer, T. (1993). Eine unzeitgem&auml;fte Intervention, die an der Zeit war. Hermann Cohens neukantianischer Sozialismus und die sozialde-mokratische Ideologie im Kaiserreich. En R. Brandt &amp; F. Orlik, (Eds.), <i>PhilosophischesDenken - Politisches Wirken. Hermann CohensKolloquium Marburg 1992 </i>(pp. 257-269). Hildesheim-Z&uuml;rich-New York: Georg Olms Verlag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S1692-8857201000010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>M&uuml;ller, C. (1994). <i>Die Rechtsphilosophie des Marburguer Neukantianismus. Naturrecht und Rechtpositivismus in der Auseinandersetzung zwischen Hermann Cohen, Rudolf Stammler und Paul Natorp. </i>T&uuml;bingen: J.C.B.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S1692-8857201000010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mohr (Paul Siebeck). Natorp, P. (1912). Kant und die Marburger Schule. <i>Kant-Studien, </i>XVII, pp. 193-221.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S1692-8857201000010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Natorp, P. (1918). Hermann Cohens philophische Leistung unter dem Gesichtspunkte des Systems, Berlin, Philophische Vortr&auml;ge der Kant-Gesellschaft, Nr. 21. En H. Holzhey (Ed.), <i>Auslegungen. Band 4. Hermann Cohen </i>(pp. 75-103). Frankfurt am Main-Berlin-Bern-New York-Paris-Wien: Peter Lang. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S1692-8857201000010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schmid, P. (1993). <i>EthikalsHermeneutik. Systematische Untersuchungen zu Hermann Cohens Rechts und Tugendlehre. </i>W&uuml;rzburg: K&ouml;nighausen &amp; Neumann. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S1692-8857201000010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sieg, U. (1994). <i>Aufstieg undNiedergang des Marburger Neukantianismus. Die Geschichte einer philosophischen Schulgemeinschaft. </i>W&uuml;rzburg: K&ouml;nighausen &amp; Neumann.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S1692-8857201000010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Willey, T. (1978). <i>Back to Kant. The Revival of Kantianism in German Social and Historical Thought, 1860-1914. </i>Detroit: Wayne State University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S1692-8857201000010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Winter, E. (1980). <i>Ethik undRechtswissenschaft. Einehistorisch-systematische Untersuchungzur Ethik-Konzeption des Marburger Neukantismus im Werke Hermann Cohens. </i>Berlin: Duncker &amp; Humblot.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S1692-8857201000010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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