<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1692-8857</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Eidos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Eidos]]></abbrev-journal-title>
<issn>1692-8857</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Fundación Universidad del Norte]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1692-88572010000200006</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El desplazamiento del paradigma de la producción hacia el paradigma del lenguaje en la teoría crítica de la sociedad de Jürgen Habermas]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The movement from the paradigm of production to the paradigm of language in Habermas&#39;s critical theory of society]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Suárez González]]></surname>
<given-names><![CDATA[Javier Roberto]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Norte  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Barranquilla ]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<numero>13</numero>
<fpage>96</fpage>
<lpage>129</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1692-88572010000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1692-88572010000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1692-88572010000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Lo que me propongo en este artículo es, en primera instancia, desarrollar la pregunta habermasiana sobre las posibilidades de una filosofía de la historia con intención práctica. Esto permitirá ver la conexión interna que hay entre teoría y praxis en el marco de una concepción materialista de la filosofía. En segunda instancia, mostraré cómo esta pregunta, en el marco del análisis que se hace sobre los procesos que caracterizan a las transformaciones sociales, deviene en una reconstrucción del materialismo histórico. En este contexto Habermas hace el desplazamiento del paradigma de la producción hacia el paradigma del lenguaje, con la intención de buscar un fundamento y un principio de legitimación para su Teoría de la Acción Comunicativa.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[My aim in this paper is first to develop the question raised by Habermas concerning the possibilities of a history of philosophy oriented to praxis. This line ofanalysis will let see the internal connection between theory and praxis within the framework of a materialistic understanding of philosophy. Secondly, I will show how this question becomes a reconstruction of historical materialism in the context of an analysis of the processes which characterise social transformations. With this background Habermas moves from the paradigm of production to that of language seeking a foundation and a principle of legitimacy for his Theory of Communicative Action.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Reconstrucción]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[materialismo histórico]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[interacción sistémica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[interacción social]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[paradigma de la producción]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[paradigma del lenguaje]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Reconstruction]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[historical materialism]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[systemic interaction]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[social interaction]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[production paradigm]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[language paradigm]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>El desplazamiento del paradigma de la producci&oacute;n hacia el paradigma del lenguaje en la teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad de J&uuml;rgen Habermas</b></font></p>     <p>Javier Roberto Suarez Gonzalez*    <br>   Universidad del Norte</p>     <p><i>* </i><a href="mailto:jrsuarez@uninorte.edu.co"><i>jrsuarez@uninorte.edu.co</i></a>    <br>     <i> Direcci&oacute;n: </i>Universidad del Norte, Km 5. V&iacute;a Puerto Colombia, Barranquilla (Colombia).</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: agosto 13 de 2010    <br>   Fecha de aceptaci&oacute;n: septiembre 13 de 2010</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Lo que me propongo en este art&iacute;culo es, en primera instancia, desarrollar la pregunta habermasiana sobre las posibilidades de una filosof&iacute;a de la historia con intenci&oacute;n pr&aacute;ctica. Esto permitir&aacute; ver la conexi&oacute;n interna que hay entre teor&iacute;a y praxis en el marco de una concepci&oacute;n materialista de la filosof&iacute;a. En segunda instancia, mostrar&eacute; c&oacute;mo esta pregunta, en el marco del an&aacute;lisis que se hace sobre los procesos que caracterizan a las transformaciones sociales, deviene en una reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico. En este contexto Habermas hace el desplazamiento del paradigma de la producci&oacute;n hacia el paradigma del lenguaje, con la intenci&oacute;n de buscar un fundamento y un principio de legitimaci&oacute;n para su Teor&iacute;a de la Acci&oacute;n Comunicativa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PALABRAS  CLAVE</b>    <br>     <i>Reconstrucci&oacute;n, materialismo hist&oacute;rico, interacci&oacute;n sist&eacute;mica, interacci&oacute;n social, paradigma de la producci&oacute;n, paradigma del lenguaje.</i></p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>My aim in this paper is first to develop the question raised by Habermas concerning the possibilities of a history of philosophy oriented to praxis. This line ofanalysis will let see the internal connection between theory and praxis within the framework of a materialistic understanding of philosophy. Secondly, I will show how this question becomes a reconstruction of historical materialism in the context of an analysis of the processes which characterise social transformations. With this background Habermas moves from the paradigm of production to that of language seeking a foundation and a principle of legitimacy for his Theory of Communicative Action.</p>     <p><b>KEYWORDS</b>    <br>     <i>Reconstruction, historical materialism, systemic interaction, social interaction, production paradigm, language paradigm.</i></p> <hr>     <p>Habermas es conocido en la actualidad por su teor&iacute;a del derecho y su planteamiento de una &eacute;tica del discurso. Sin embargo, no se puede olvidar que sus aportes sobre la sociedad civil se estructuraron desde la idea de teor&iacute;a cr&iacute;tica que el joven Habermas plante&oacute; entre 1958 y 1981 sobre la discusi&oacute;n filos&oacute;fica entre Marx y el marxismo en <i>Teor&iacute;a y praxis </i>y, el esbozo de una teor&iacute;a de la modernidad en di&aacute;logo con Marx, Weber, Mead, Durkheim y Parsons en <i>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa.</i></p>     <p>Durante este per&iacute;odo a Habermas le preocup&oacute; la idea de la reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico. Este concepto no es propiamente de Marx sino de Engels, quien lo present&oacute; como una ciencia encargada de dilucidar las leyes que rigen el movimiento de la historia. Partiendo de esta concepci&oacute;n, Marx asumi&oacute; la historia como un proceso de auto-constituci&oacute;n de dichas leyes, lo que le permiti&oacute; dar el paso para asumir una cr&iacute;tica de la historia desde la cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica.</p>     <p>Marx asumi&oacute; una postura desde la filosof&iacute;a de la historia con el prop&oacute;sito de desarrollar un estudio sobre el ser humano en cuanto sujeto de conocimiento y cuya meta es auto-desplegarse para tratar de encontrar la materializaci&oacute;n de los ideales del proyecto de la modernidad. A prop&oacute;sito de esta idea se pueden rastrear las fuentes de las cuales se vali&oacute; Habermas para desarrollar su propuesta en la perspectiva de reconstruir el materialismo hist&oacute;rico.</p>     <p><b>Fuentes del trabajo de Habermas entre 1958 y 1981</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El concepto de historia en Marx</b></p>     <p>En Hegel (1973) el sujeto que se auto-despliega es el Esp&iacute;ritu Absoluto. Se trata de un Dios inmanente que toma conciencia de s&iacute; en la historia del hombre, gracias a un proceso dial&eacute;ctico que incluye la contradicci&oacute;n, la lucha y el conflicto, como mecanismos para comprender c&oacute;mo, en la historia, la humanidad va creciendo.</p>     <p>Se puede afirmar que en el paradigma de la conciencia la esencia de lo humano es lo racional y se conceptualiza como filosof&iacute;a. El proceso de constituci&oacute;n del hombre depende de la constituci&oacute;n de la conciencia y ello corresponde a la formaci&oacute;n de las formas de vida. En Hegel (1973) la vida social no tiene vida propia, el sujeto de la historia no es el ser humano sino que es Dios, en cuanto es la esencia que mueve la realidad desde la figura del Esp&iacute;ritu Absoluto. El sujeto, en la medida que va corriendo la historia, va tomando conciencia de lo Absoluto dentro de un proceso que se caracteriza por ser conflictivo y contradictorio.</p>     <p>Si bien Marx toma de Hegel los conceptos de <i>auto-despliegue </i>y <i>lucha </i>como motores de la historia, critica el hecho de que el sujeto hegeliano se inscribe dentro de una concepci&oacute;n idealista de la historia y por tanto es un sujeto netamente metaf&iacute;sico. Para Marx (1995), el sujeto, dentro de una concepci&oacute;n materialista de la historia, es el hombre que, metido en unas circunstancias hist&oacute;ricas concretas, tiene necesidades y sufre. Desde esta perspectiva, el paradigma de la conciencia es sustituido por el paradigma de la producci&oacute;n. A la concepci&oacute;n hegeliana del sujeto metaf&iacute;sico que corresponde a una postura idealista del hombre en la historia, Marx contrapone la idea de un sujeto dotado de corporalidad que tiene que <i>luchar </i>para subsistir dentro de una organizaci&oacute;n social. As&iacute;, el paradigma de la producci&oacute;n es definido como <i>ciencia real y positiva </i>porque la producci&oacute;n y el intercambio de productos constituyen la base de todo orden social presente en la historia. Por tanto, todas las luchas sociales, las subversiones pol&iacute;ticas y la comprensi&oacute;n del devenir hist&oacute;rico no deben buscarse en la comprensi&oacute;n que los sujetos tengan de la justicia y la verdad eterna, sino en la econom&iacute;a de la &eacute;poca que se trate.</p>     <p>El ser humano, como sujeto hist&oacute;rico, es visto por Marx &amp; Engels (1970) en la perspectiva de tres categor&iacute;as (ver <a href="#t1">tabla 1</a>):</p>     <p align="center"><a name="t1"><img src="img/revistas/eidos/n13/n13a06i1.jpg">    <br>     <img src="img/revistas/eidos/n13/n13a06i2.jpg"></a></p>     <p>A partir de la conceptualizaci&oacute;n anterior, se puede inferir que desde la teor&iacute;a marxista es posible preguntar lo siguiente: c&oacute;mo se da cient&iacute;ficamente esa lucha o, en otras palabras, c&oacute;mo es posible el conflicto del hombre como hacedor de la historia. Para responder a ello Marx recurre a la ciencia econ&oacute;mica porque por medio de ella se puede mostrar c&oacute;mo el desarrollo dial&eacute;ctico no se da con las ideas (dial&eacute;ctica propuesta por el sistema hegeliano), sino dentro de los procesos sociales mismos.</p>     <p>El prop&oacute;sito de Marx, con su concepto de historia, es tratar de hacer s&iacute;ntesis entre <i>econom&iacute;a </i>y <i>filosof&iacute;a de la historia. </i>Para ello la teor&iacute;a marxista indaga sobre c&oacute;mo las leyes de la econom&iacute;a se encuentran arraigadas y expresadas en la historia. Esto da lugar a una nueva ciencia denominada <i>cr&iacute;tica de la Econom&iacute;a pol&iacute;tica, </i>que es tanto postfilosof&iacute;a (al aterrizar la filosof&iacute;a de la historia con la econom&iacute;a), como post-econom&iacute;a (al historizar las leyes de la econom&iacute;a). Habermas pretendi&oacute; darle estatuto cient&iacute;fico a esta <i>nueva ciencia, </i>cuando propuso la reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico.</p>     <p><b>La Escuela de Frankfurt: de la teor&iacute;a tradicional a la teor&iacute;a cr&iacute;tica</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los proyectos de la primera generaci&oacute;n de la Escuela de Frankfurt consisti&oacute; en realizar una conexi&oacute;n entre filosof&iacute;a y an&aacute;lisis emp&iacute;rico. Sus fundadores hicieron una cr&iacute;tica a la ideolog&iacute;a alemana encaminada a replantear la idea seg&uacute;n la cual la filosof&iacute;a era simplemente especulaci&oacute;n sobre la realidad. Amparados en las tesis de Marx y Engels, su prop&oacute;sito fue hacer de la filosof&iacute;a una ciencia pr&aacute;ctica. La demanda versaba sobre la necesidad de darle un suelo cient&iacute;fico a la filosof&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de su car&aacute;cter abstracto. Esta propuesta nunca signific&oacute; para la filosof&iacute;a una renuncia a la idea de totalidad. Por el contrario, fue vital mantenerla, pero ya no desde su dimensi&oacute;n ontol&oacute;gica sino en la perspectiva de <i>totalidad social, </i>vinculando la vida ps&iacute;quica, la vida econ&oacute;mica y la vida cultural.</p>     <p>La dimensi&oacute;n que adquiri&oacute; este proyecto fue la de un trabajo colegiado de car&aacute;cter interdisciplinario (Su&aacute;rez, 2009, p. 145). A partir de 1931 la teor&iacute;a de la sociedad fue cr&iacute;tica en dos sentidos: el primero fue el kantiano, en tanto la teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad se estableci&oacute; como un examen sobre las condiciones sociales de posibilidad de la producci&oacute;n. En este sentido, los primeros francfortianos, en particular Luk&aacute;cs (1975) y Horkheimer (1998), buscaron comprender c&oacute;mo son producidas las teor&iacute;as y para qu&eacute; sirven. Para responder a esta pregunta los te&oacute;ricos de la naciente teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad no se limitaron a la descripci&oacute;n de ese proceso, sino que propusieron cu&aacute;les deb&iacute;an ser las funciones que las teor&iacute;as deb&iacute;an tener dentro del mundo social. Esto se define como el segundo sentido cr&iacute;tico de la teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad.</p>     <p>Horkheimer (1998) busc&oacute; la reconciliaci&oacute;n entre <i>teor&iacute;a y praxis, </i>entre individuo y sociedad, entre fuerzas productivas y trabajo. Si esto era posible, entonces la sociedad podr&iacute;a ser plenamente racional si las condiciones de posibilidad de la mayor&iacute;a de edad eran traducidas a la b&uacute;squeda de la felicidad como idea regulativa y normativa de la raz&oacute;n. Sin embargo, dicha sociedad no puede producirse en el capitalismo, ya que la ganancia del due&ntilde;o de los medios de producci&oacute;n iba en detrimento de las condiciones del proletariado. En este sentido, la pretensi&oacute;n de la teor&iacute;a cr&iacute;tica fue ut&oacute;pica y se constituy&oacute; en una idea regulativa para el presente.</p>     <p>El joven Habermas, apunt&aacute;ndole a esta combinaci&oacute;n entre lo epistemol&oacute;gico y lo social, y desde ese inter&eacute;s emancipatorio e interdisciplinario propuesto por la teor&iacute;a cr&iacute;tica, quiso que el materialismo hist&oacute;rico de Marx tuviese estatuto cient&iacute;fico de verificabilidad en el &aacute;mbito de las ciencias reconstructivas como la psicolog&iacute;a (Piaget y Kohlberg) y la ling&uuml;&iacute;stica (Chomsky &amp; Saussure). Sin embargo, como se mostrar&aacute; m&aacute;s adelante, ese prop&oacute;sito de reconstruir el Materialismo hist&oacute;rico, desde el &aacute;mbito de la teor&iacute;a cr&iacute;tica, no tuvo &eacute;xito; pues la evoluci&oacute;n social mostro que hab&iacute;a un <i>envejecimiento del paradigma de la producci&oacute;n </i>dado por los siguientes factores:</p>     <blockquote>       <p>1. Se present&oacute; un agotamiento del proletariado como sujeto de la historia.</p>       <p>2. La experiencia del Stalinismo en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica que, dentro de un r&eacute;gimen del terror, priv&oacute; de la libertad a los disidentes del sistema.</p>       <p>3. La barbarie nazi, como reflejo de que la historia no iba hacia un proceso de emancipaci&oacute;n, sino de extrema inhumanidad.</p> </blockquote>     <p><b>El materialismo hist&oacute;rico como teor&iacute;a cr&iacute;tica</b></p>     <p>Retomando la primera teor&iacute;a cr&iacute;tica de Horkheimer y Adorno (1998), Habermas pone al descubierto las transformaciones del capitalismo avanzado que condujeron a la eliminaci&oacute;n del sujeto de la revoluci&oacute;n identificado con el proletariado. La alienaci&oacute;n se ha sofisticado y el proletariado ha dejado de ser exterior al sistema en la medida en que ha perdido <i>su conciencia de clase oprimida </i>(Habermas, 1997, p. 216). Habermas va a se&ntilde;alar que en el capitalismo de los pa&iacute;ses industrializados se han transformado las relaciones de producci&oacute;n, de tal forma que la condici&oacute;n del proletariado no tiene como consecuencia la privaci&oacute;n de compensaciones econ&oacute;micas y sociales como la educaci&oacute;n, la vivienda y la salud, entre otras.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La consolidaci&oacute;n del <i>Estado de bienestar </i>trajo consigo importantes transformaciones en la sociedad capitalista. El mejoramiento de las condiciones de vida del proletariado y, en general, las progresivas conquistas de los grupos sindicales, dieron un nuevo matiz a la enajenaci&oacute;n. Si bien el proletariado hab&iacute;a conseguido seguridades y garant&iacute;as sociales que le permitieron integrarse al sistema como consumidores, la enajenaci&oacute;n no hab&iacute;a sido superada, pues el trabajo segu&iacute;a siendo alienado.</p>     <p>La transformaci&oacute;n del proletariado y su consecuente vinculaci&oacute;n en el sistema, ha hecho que de modo efectivo se eliminen las pretensiones de transformaci&oacute;n. Cuando el proletariado deja de sentirse excluido del sistema, de la misma manera se niegan sus posibilidades de ser sujeto de la revoluci&oacute;n. Habermas, criticando el marxismo, expresar&aacute; que la teor&iacute;a ya no es una fuerza material cuando llega a las masas, pues ya no existe esa masa oprimida despojada de beneficios econ&oacute;micos y sociales. La consideraci&oacute;n del proletariado como sujeto de la revoluci&oacute;n ya no es acertada, pues la primera generaci&oacute;n de la Escuela de Frankfurt y luego Habermas, demostraron que tal sujeto hab&iacute;a perdido su referencia en la forma como lo hab&iacute;a propuesto y concebido Marx.</p>     <p>Esto llev&oacute; a Habermas a plantearse la validez del materialismo hist&oacute;rico con el fin de consolidar una teor&iacute;a cr&iacute;tica capaz de diagnosticar las formas del capitalismo avanzado, en donde <i>Estado y sociedad</i> mediaban en busca de un beneficio rec&iacute;proco. Esto llev&oacute; a Habermas a pensar que &laquo;cualquier teor&iacute;a revolucionaria carece de sus destinatarios&raquo; (Habermas, 1997, p. 217) cuando la masa siente gusto con la alienaci&oacute;n.</p>     <p><b>Conocimiento e inter&eacute;s: nueva proyecci&oacute;n de la teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad</b></p>     <p>En su momento, el Partido Comunista, en la ideolog&iacute;a de la Segunda y Tercera Internacional, entendi&oacute; el materialismo hist&oacute;rico como una ciencia universal que pretend&iacute;a poner al descubierto las leyes que rigen la historia. Este conocimiento universal de la historia les permit&iacute;a, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, identificar las condiciones subjetivas y objetivas en las que ser&iacute;a posible llevar a cabo la revoluci&oacute;n. Por condiciones objetivas el Partido Comunista entendi&oacute; los momentos de la historia en los que el capitalismo entra en contradicci&oacute;n consigo mismo. Por condiciones subjetivas se hizo referencia a la disposici&oacute;n del proletariado, desde el punto de vista de su conciencia de clase, para convertirse en actor de la revoluci&oacute;n.</p>     <p>Para Habermas el socialismo sovi&eacute;tico fue un proceso de degeneraci&oacute;n de la teor&iacute;a marxista y su fracaso de alguna manera invalid&oacute; la capacidad del marxismo para diagnosticar y cuestionar el sistema capitalista. Esto llev&oacute; al joven acad&eacute;mico de la Escuela de Frankfurt a proponer un examen novedoso de la teor&iacute;a inicial de Marx. Precisamente desde la transformaci&oacute;n y el refinamiento de las formas de alienaci&oacute;n dadas en el capitalismo, se plantea la necesidad de realizar una cr&iacute;tica de la sociedad. En su intento de recuperar el materialismo hist&oacute;rico como herramienta cr&iacute;tica, Habermas plantea ciertas aclaraciones sobre la interpretaci&oacute;n que la sociolog&iacute;a ha hecho de la teor&iacute;a marxista. Si bien la sociolog&iacute;a hab&iacute;a recuperado elementos de la investigaci&oacute;n de Marx, se hab&iacute;a olvidado de lo esencial: de una parte, hab&iacute;a abandonado la concepci&oacute;n de la sociedad como totalidad que se desarrolla dial&eacute;cticamente. De otra parte, la relaci&oacute;n entre teor&iacute;a y praxis se hab&iacute;a desconocido y en consecuencia se negaba el papel que ten&iacute;a la filosof&iacute;a de la historia como momento de una investigaci&oacute;n con fines pol&iacute;ticos pr&aacute;cticos.</p>     <p>La sociolog&iacute;a restringi&oacute; la teor&iacute;a marxista a ciencia pura (Habermas, 1997, p. 217) y ello es inadmisible en el an&aacute;lisis social. En contraparte, Habermas propone un modo de hacer ciencia social que salvaguarde la relaci&oacute;n entre teor&iacute;a y praxis en la perspectiva del materialismo hist&oacute;rico. En este sentido, postula que la filosof&iacute;a debe constituirse en una filosof&iacute;a emp&iacute;rica de la historia con intenci&oacute;n pr&aacute;ctica (Habermas, 1997).</p>     <p>Este proyecto se construye a partir de la articulaci&oacute;n de los siguientes elementos:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/eidos/n13/n13a06i3.jpg"></p>     <p>En su estudio del materialismo hist&oacute;rico, Habermas ve en el proyecto de Marx una teor&iacute;a de la crisis. La cr&iacute;tica al capitalismo no es simplemente una aproximaci&oacute;n conceptual exterior al sistema, sino que se constituye en una parte de la crisis, en una consecuencia del estado mismo de la crisis en la que se encuentra el capitalismo. La cr&iacute;tica, para Habermas, se introduce como un momento de la dial&eacute;ctica y en consecuencia es un momento que debe ser superado en la historia a partir de la revoluci&oacute;n. Se trata de un actuar con voluntad y conciencia del ser humano en perspectiva de su auto-constituci&oacute;n. El papel de la filosof&iacute;a en el proyecto de Habermas se perfila no como un intento te&oacute;rico en el que se pretende dilucidar lo correcto, sino que es un intento de transformaci&oacute;n pol&iacute;tica, en donde la cr&iacute;tica misma se hace posible en la medida en que se produzca una transformaci&oacute;n en la praxis (Habermas, 1997, p. 233).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este punto de su propuesta, Habermas retoma la distinci&oacute;n entre teor&iacute;a tradicional y teor&iacute;a cr&iacute;tica hecha por Horkheimer (1998), pero remiti&eacute;ndose a Husserl y no a Descartes. A su juicio, la teor&iacute;a tradicional es <i>especular </i>en tanto refleja c&oacute;mo son las cosas. Esta idea se conserva porque desde la teor&iacute;a se apologiza una neutralidad en relaci&oacute;n con los valores. Dice Habermas:</p>     <blockquote>       <p>La conexi&oacute;n instaurada desde Plat&oacute;n a Husserl, de <i>teor&iacute;a y cosmos, </i>de <i>mimesis y bios theoretik&oacute;s </i>se ha perdido. Lo que anta&ntilde;o deb&iacute;a constituir la eficiencia pr&aacute;ctica de la teor&iacute;a queda ahora sujeto a la prescripci&oacute;n de la metodolog&iacute;a. La concepci&oacute;n de la teor&iacute;a como un proceso educativo se torna ap&oacute;crifa. Aquella asimilaci&oacute;n mim&eacute;tica del alma a las aparentemente contempladas proporciones del universo no hab&iacute;a hecho m&aacute;s que poner el conocimiento te&oacute;rico al servicio de la internalizaci&oacute;n de normas. (Habermas, 1994, p. 163).</p> </blockquote>     <p>Husserl (1982) quiso devolverle la significaci&oacute;n vital a las ciencias, renov&aacute;ndolas como teor&iacute;a pura desde perspectivas te&oacute;ricas absolutas desde las cuales deb&iacute;a fundarse y capacitarse la humanidad para una auto-responsabilidad absoluta. Las ciencias objetivas reclaman para s&iacute; el t&iacute;tulo de teor&iacute;a pura. Lo cierto es que &laquo;en nuestra penuria vital esta ciencia no tiene nada que decirnos&raquo; (Habermas, 1994, p. 161). Ahora bien, la fenomenolog&iacute;a es la verdadera teor&iacute;a pura que, por estar liberada de la red de intereses de la vida, constituye una cultura que orienta la acci&oacute;n. Si se ejercita la fenomenolog&iacute;a, la actitud te&oacute;rica se deja reconciliar con la pr&aacute;ctica. Desde esta perspectiva, el te&oacute;rico adquiere el derecho de decir algo &eacute;tico, se reconcilian conocimiento y pr&aacute;ctica de la virtud y se constituye en una concepci&oacute;n elitista e individualista.</p>     <p>As&iacute;, Habermas sigue a Husserl cuando se suscribe a la cr&iacute;tica de la ilusi&oacute;n objetivista. Esta es una actitud ingenua porque los enunciados se refieren a un estado de cosas y &laquo;proyectan en las ciencias la imagen de un en-s&iacute; de hechos estructurados conforme a leyes&raquo; (Habermas, 1994, p. 165). Esto se hace dejando de lado el marco trascendental, de car&aacute;cter subjetivo, que posibilita el sentido de tales enunciados. Se desconoce que &laquo;los posibles objetos de an&aacute;lisis cient&iacute;fico se constituyen de antemano en las autocomprensiones de nuestro mundo vital primero&raquo; (Habermas, 1994, p. 164). En este sentido, Habermas va a ser m&aacute;s radical cuando afirme que las decisiones metodol&oacute;gicas b&aacute;sicas en la ciencia est&aacute;n determinadas por una &laquo;necesidad metal&oacute;gica de intereses&raquo; (Habermas, 1994, p. 174).</p>     <p>Cuando se evidencia la relaci&oacute;n entre conocimiento e inter&eacute;s, los dos fil&oacute;sofos se distancian: Husserl, afirma Habermas, sostiene que &laquo;s&oacute;lo la fenomenolog&iacute;a rompe con la actitud ingenua a favor de una actitud contemplativa rigurosa y libera, en definitiva, al conocimiento respecto al inter&eacute;s&raquo; (Habermas, 1994, p. 164). Habermas, por su parte, considera que la fenomenolog&iacute;a, como teor&iacute;a pura, no tiene eficacia pr&aacute;ctica porque se considera ajena a los intereses, cuando en realidad lo que hace es esconderlos. Pretende ser un espejo de lo eterno para copiar relaciones imperecederas y en ese sentido tiene una fuerza pseudonormativa.</p>     <p>La ciencia moderna ha compartido con la filosof&iacute;a griega un compromiso incondicional con la teor&iacute;a, su separaci&oacute;n del conocimiento con el inter&eacute;s y su ontolog&iacute;a independiente del sujeto. Sin embargo, el objetivismo acarrea una ventaja incuestionable: tiene una funci&oacute;n protectora de la ciencia, en la medida que se excusa de tener que afrontar el riesgo de la relaci&oacute;n entre conocimiento e inter&eacute;s. Esto niega el impedimento de su intervenci&oacute;n en la vida pr&aacute;ctica, pero &laquo;no desarrolla eficacia pr&aacute;ctica en el sentido de una creciente racionalidad de la acci&oacute;n&raquo; (Habermas, 1994, p. 178). En este sentido, Habermas habla de la ilusi&oacute;n del objetivismo como un factor que hubiese podido inmunizar contra todos los peligrosos encantamientos de una reflexi&oacute;n mal conducida. En este punto, el joven Habermas est&aacute; haciendo referencia, por ejemplo, a la estrategia fascista o a la gen&eacute;tica sovi&eacute;tico-marxista.</p>     <p>A partir de lo anterior es claro que en la historia individual y colectiva del g&eacute;nero humano se evidencia c&oacute;mo el sujeto va afinando y sistematizando sus instrumentos de trabajo, su relaci&oacute;n simb&oacute;lica con el mundo, sus semejanzas y su comprensi&oacute;n de la relaci&oacute;n con el otro. Seg&uacute;n Guillermo Hoyos:</p>     <blockquote>       <p>Las ciencias surgen como posibilidad de refinamiento y de acrecentamiento de un saber en torno a los instrumentos de manejo e interpretaci&oacute;n de la realidad. Por ello, las ciencias responden en su g&eacute;nesis a un nivel de inter&eacute;s general del ser humano de independencia y emancipaci&oacute;n, cuyo resultado es dominio y apropiaci&oacute;n de la naturaleza. Esto por supuesto no est&aacute; muy lejano del sentido de ciencia manifiesto en los or&iacute;genes de la ciencia moderna y en los fil&oacute;sofos de la ilustraci&oacute;n (1986, p. 77).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin lugar a duda el conocimiento cient&iacute;fico est&aacute; orientado, guiado y determinado por un inter&eacute;s material que sobrepasa el inter&eacute;s de buscar sin m&aacute;s la verdad. Dicho inter&eacute;s material se apoya en la relaci&oacute;n de la actividad cient&iacute;fica con la actividad humana cotidiana, caracterizada por la triple dial&eacute;ctica que implica el inter&eacute;s t&eacute;cnico, pr&aacute;ctico y eman-cipatorio. Esta trilog&iacute;a sobre el inter&eacute;s se ve representada, respectivamente, en tres modos de hacer ciencia: las ciencias emp&iacute;rico anal&iacute;ticas, las ciencias hist&oacute;rico hermen&eacute;uticas y las ciencias cr&iacute;tico sociales.</p>     <p>En la siguiente tabla (ver <a href="#t3">tabla 3</a>), se presenta una descripci&oacute;n de los intereses humanos en relaci&oacute;n con la clasificaci&oacute;n de las ciencias que propone Habermas (1994, pp. 169 - 172):</p>     <p align="center"><a name="t3"><img src="img/revistas/eidos/n13/n13a06i4.jpg">    <br>     <img src="img/revistas/eidos/n13/n13a06i5.jpg"></a></p>     <p>A partir del inter&eacute;s emancipatorio se puede realizar una aut&eacute;ntica cr&iacute;tica sobre las instituciones y la dominaci&oacute;n en general, pues se logra descongelar el espacio de comunicaci&oacute;n donde se legitiman las ideolog&iacute;as de la dominaci&oacute;n. En este ambiente de trabajo la historia y las ciencias de la cultura aportan al proceso emancipatorio su interpretaci&oacute;n cr&iacute;tica de las tradiciones y de los procesos de productividad, los cuales carecen de legitimidad por s&iacute; mismos, en perspectiva pol&iacute;tica, dentro de los l&iacute;mites de una evaluaci&oacute;n cr&iacute;tica. Por tanto, las ciencias cr&iacute;tico sociales se constituyen en la base de todo conocimiento cient&iacute;fico que pretenda ser de car&aacute;cter social (Cf. Hoyos, 1986, p. 80).</p>     <p>Esta iniciativa muestra su oposici&oacute;n a una concepci&oacute;n de la filosof&iacute;a entendida como teor&iacute;a pura, constituida al margen de las ciencias y sin relaci&oacute;n directa con ellas. Habermas propone que tanto Husserl como el positivismo malinterpretaron el <i>aparente </i>car&aacute;cter contemplativo y desligado de intereses de la teor&iacute;a tradicional. Seg&uacute;n Habermas, la filosof&iacute;a siempre ha estado motivada por un inter&eacute;s emancipatorio que aunque asum&iacute;a una actitud cosmol&oacute;gica en concordancia con una apariencia de teor&iacute;a pura; lo hac&iacute;a porque &laquo;la conciencia emancipada de poderes originales m&iacute;ticos s&oacute;lo puede encontrar su soporte en la unidad de un cosmos que descansa en s&iacute; mismo y en la identidad de su ser inmutable &#91;...&#93;. El que se rechazara el inter&eacute;s pertenec&iacute;a al inter&eacute;s mismo por la identidad del yo&raquo; (Habermas, 1982, p. 66).</p>     <p>En esta perspectiva la filosof&iacute;a asume la funci&oacute;n, junto con otras ciencias enmarcadas como cr&iacute;tico sociales, de criticar las ideolog&iacute;as motivada por su naturaleza autorreflexiva que se circunscribe dentro del inter&eacute;s emancipatorio. Esta naturaleza permite liberar al sujeto de formas de dominio sedimentadas ideol&oacute;gicamente. Al respecto Habermas afirma:</p>     <blockquote>       <p>S&oacute;lo cuando la filosof&iacute;a vuelva contra la apariencia de teor&iacute;a pura, teor&iacute;a que pretenda ser ella misma, la cr&iacute;tica contra el objetivismo de las ciencias; s&oacute;lo entonces puede ganar la filosof&iacute;a, desde esta dependencia reconocida de un inter&eacute;s determinante, la fuerza que, como filosof&iacute;a aparentemente sin supuestos, pretenda reivindicar in&uacute;tilmente (Habermas, 1982, p. 70).</p> </blockquote>     <p>La auto-reflexi&oacute;n recupera el inter&eacute;s. Los dem&aacute;s procesos de conocimiento necesitan una consideraci&oacute;n cr&iacute;tica para que se pueda ver cu&aacute;l es el inter&eacute;s que flota en ellos. Pero el inter&eacute;s emancipatorio puede ser vislumbrado <i>a priori </i>(Cf. Habermas, 1994, p. 177). Seg&uacute;n Habermas:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Aquello que nos saca de la naturaleza es cabalmente la &uacute;nica realidad que podemos conocer seg&uacute;n su naturaleza: el lenguaje. Con la estructura del lenguaje es puesta en escena la emancipaci&oacute;n.</p>       <p>Con la primera proposici&oacute;n es expresada inequ&iacute;vocamente la intenci&oacute;n de un consenso com&uacute;n y sin restricciones. &#91;...&#93; En la auto-reflexi&oacute;n, el conocimiento por mor del conocimiento viene a coincidir con el inter&eacute;s por la autonom&iacute;a. &#91;...&#93; <i>En la fuerza de la autoreflexi&oacute;n el conocimiento y el inter&eacute;s son uno </i>(Habermas, 1994, p. 177).</p> </blockquote>     <p><b>Reconstrucci&oacute;n de la crisis del paradigma de la producci&oacute;n</b></p>     <p>Habermas, en el primer cap&iacute;tulo de <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>(1982), titulado &quot;La crisis de la cr&iacute;tica del conocimiento&quot;, propone una cr&iacute;tica al cientificismo, al positivismo y a las ciencias anal&iacute;ticas. &Eacute;stas han aprovechado la separaci&oacute;n entre filosof&iacute;a y ciencia para convertirse en ciencias irreflexivas que desconocen, dada su insuficiencia para tratar asuntos sociales, el inter&eacute;s emancipatorio. Precisamente en el trasfondo de la cr&iacute;tica sobre el positivismo est&aacute; la pregunta por las condiciones de posibilidad de la emancipaci&oacute;n. As&iacute; mismo, esta cr&iacute;tica se valida cuando se comprende que la reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico se define en t&eacute;rminos de una teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad. Para entender la crisis de la cr&iacute;tica del conocimiento, Habermas tiene en cuenta los desplazamientos que la filosof&iacute;a tuvo en relaci&oacute;n con la ciencia. Por eso, desde un ejercicio cr&iacute;tico que recoge los fundamentos del concepto de <i>cr&iacute;tica, </i>se evidencia el d&eacute;ficit epistemol&oacute;gico del positivismo en su intenci&oacute;n de ser teor&iacute;a cr&iacute;tica, en particular cuando pretende reencaminarse hacia la cr&iacute;tica del conocimiento. Este camino se constituye en el pre&aacute;mbulo hacia la pregunta por la posibilidad de la reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico como ejercicio propiamente cr&iacute;tico.</p>     <p>Habermas propone recuperar los elementos de la cr&iacute;tica propuesta por Kant, Hegel y Marx con el &aacute;nimo de establecer una teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad como cr&iacute;tica radical del conocimiento. La empresa habermasiana busca plantear el concepto de reconstrucci&oacute;n como camino para determinar lo objetivo de la cr&iacute;tica kantiana (cu&aacute;les son las condiciones de posibilidad de la ciencia), de la cr&iacute;tica hegeliana (cu&aacute;l es el proceso de autoconstrucci&oacute;n el g&eacute;nero humano) y de la cr&iacute;tica marxista (recuperar la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica del trabajo como cr&iacute;tica del capitalismo). Aqu&iacute; se plantea la dimensi&oacute;n de inter&eacute;s para descubrir c&oacute;mo el g&eacute;nero humano se ha ido emancipando hacia la b&uacute;squeda de una libertad hist&oacute;ricamente situada y expresada en un conjunto de intereses: el t&eacute;cnico, el pr&aacute;ctico y el emancipatorio.</p>     <p>Habermas plantea la pregunta sobre la reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico en el contexto donde el capitalismo adopta una nueva forma de producci&oacute;n denominada <i>el capitalismo tard&iacute;o. </i>En ese contexto, ciencia y t&eacute;cnica se constituyeron en factores legitimadores del sistema, pues, aunque los conflictos sociales estuviesen en el presente, estos expresamente hab&iacute;an desaparecido de la conciencia de los sujetos. Este asunto se constituy&oacute; en un tema problem&aacute;tico para Habermas y fue lo que lo llev&oacute; a incorporar en su investigaci&oacute;n el per&iacute;odo vivido por Europa durante su reconstrucci&oacute;n despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. La pregunta orientadora de su an&aacute;lisis fue la siguiente: <i>si la filosof&iacute;a hace parte de un inter&eacute;s emancipatorio, qu&eacute; tarea le corresponde frente a esta situaci&oacute;n.</i></p>     <p>Para comenzar a tratarla, Habermas propuso que la filosof&iacute;a deb&iacute;a constituirse en una herramienta cr&iacute;tica y constructiva de la sociedad, capaz de vincular lo emp&iacute;rico y lo pr&aacute;ctico. En este punto retoma la idea del programa originario del <i>Institut F&uuml;r Sozialforschung </i>de Frankfurt en los a&ntilde;os 30 del siglo pasado, cuando Horkheimer plantea como m&eacute;todo particular y propio de la filosof&iacute;a social el materialismo interdisciplinario (Horkheimer, 1972). La introducci&oacute;n de esta propuesta se constituye, a juicio de Horkheimer, en la puerta de salvaci&oacute;n para la filosof&iacute;a por la v&iacute;a de la teor&iacute;a social, entendida como la transformaci&oacute;n del pensamiento filos&oacute;fico en ciencia social cr&iacute;tica. Se trata de que la filosof&iacute;a se integre con las ciencias sociales de un modo renovado y distinto, es decir, como teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad. Indudablemente, en este sentido, la propuesta metodol&oacute;gica de la <i>reconstrucci&oacute;n </i>en Habermas es una nueva arista del materialismo interdisciplinario planteado por Horkheimer.</p>     <p>En el proyecto habermasiano es imprescindible que la filosof&iacute;a restablezca un di&aacute;logo cr&iacute;tico con la ciencia, especialmente con las ciencias sociales. El m&eacute;todo que permitir&aacute; este encuentro cr&iacute;tico-dial&eacute;ctico es el de la reconstrucci&oacute;n, cuyo primer paso consiste en preguntarse por los condicionamientos del presente, pues de este modo se indaga sobre las condiciones de posibilidad de constituci&oacute;n del g&eacute;nero humano.</p>     <p>La primera v&iacute;a de auto-constituci&oacute;n del ser humano es el <i>trabajo. </i>Es el medio por el cual el sujeto puede relacionarse con la naturaleza, con las herramientas de la ciencia y de la t&eacute;cnica desde una acci&oacute;n <i>t&eacute;cnico-instrumental. </i>Este es el &aacute;mbito de las ciencias emp&iacute;rico-anal&iacute;ticas y del sistema donde se da la integraci&oacute;n sist&eacute;mica regida por reglas (Cf. Ure&ntilde;a, 1998, p. 149).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la teor&iacute;a de sistemas de Luhmann (1997) se afirma que los sistemas son mecanismos de relaci&oacute;n que incorpora una sociedad para desarrollarse con la naturaleza, sin pasar por la conciencia de los sujetos. Son autopoi&eacute;ticos, es decir, generan sus propias formas de reproducci&oacute;n. A su vez, el sistema para sobrevivir en raz&oacute;n de la especificidad de sus funciones, crea subsistemas. Cuando el principio organizativo del sistema entra en crisis, todos los subsistemas tambi&eacute;n. Desde esta perspectiva se concibe la sociedad humana como un sistema definido a partir de la noci&oacute;n de integraci&oacute;n sist&eacute;mica, la cual consiste en rendimientos de autogobierno espec&iacute;ficos de un sistema autorregulado. Aqu&iacute; aparecen los sistemas de sociedad con capacidad para conservar sus l&iacute;mites y su patrimonio para dominar la complejidad de un ambiente que es inestable.</p>     <p>La segunda v&iacute;a de auto-constituci&oacute;n de ser humano es la <i>interacci&oacute;n </i>como forma de relacionarse con otros hombres a partir de una acci&oacute;n comunicativa mediada por el lenguaje. Este es el &aacute;mbito de las ciencias hist&oacute;rico-hermen&eacute;uticas, del mundo de la vida, de la comunicaci&oacute;n, de las normas sociales, de la cultura, como posibilitadores de la integraci&oacute;n social (Cf. Ure&ntilde;a, 1998, p. 149).</p>     <p>La integraci&oacute;n social se refiere a los sistemas de instituciones donde se socializan sujetos hablantes y actuantes, pues en el sistema de la sociedad aparece el mundo-de-la vida, el cual est&aacute; estructurado por medio de s&iacute;mbolos en los que domina la acci&oacute;n comunicativa que posee un sustrato de reproducci&oacute;n material que discurre a trav&eacute;s de la acci&oacute;n t&eacute;cnica. Cuando la integraci&oacute;n sist&eacute;mica absorbe la integraci&oacute;n social, se habla de un proceso de colonizaci&oacute;n interna como lugar de colonizaci&oacute;n del mundo de la vida, lo cual deviene, tal como se mostrar&aacute; m&aacute;s adelante, en la crisis inminente del paradigma de la producci&oacute;n.</p>     <p>Sin embargo, en el proceso de auto-constituci&oacute;n del g&eacute;nero humano, ha habido formas de organizaci&oacute;n social a partir del trabajo y de la interacci&oacute;n social que han entrado en crisis. Para analizar esta situaci&oacute;n, la dial&eacute;ctica hegeliana y la teor&iacute;a de crisis propuesta por Marx no son suficientes para pensar los problemas gestados a partir del capitalismo tard&iacute;o.</p>     <p>Habermas, recurriendo a la teor&iacute;a de Sistemas de Luhmann (1998), analiza en qu&eacute; medida las estructuras sociales han entrado en crisis. En su estudio problematiza el hecho de que Luhmann reduzca todo a una din&aacute;mica sist&eacute;mica, dejando por fuera categor&iacute;as como el mundo de la vida, de las normas, de la cultura, propias de la integraci&oacute;n social y consecuentemente claves para la coordinaci&oacute;n de una sociedad. Habermas le propone al discurso filos&oacute;fico que por medio de su reflexi&oacute;n revitalice y repolitice la dimensi&oacute;n del mundo de la vida frente al sistema, de modo que, en una din&aacute;mica de democracia radical, se pueda integrar el sistema dentro de los intereses y necesidades de los sujetos.</p>     <p>La intenci&oacute;n de Habermas es esbozada desde el concepto de evoluci&oacute;n social, cuyo mecanismo de sustentaci&oacute;n es el aprendizaje: la humanidad en un camino de progresiva emancipaci&oacute;n ha aprendido a resolver problemas de orden t&eacute;cnico y normativo a trav&eacute;s de las instituciones (Cf. Habermas, 1973, p. 33). La evoluci&oacute;n social es un proceso acumulativo cuyo <i>telos </i>es la plena realizaci&oacute;n de la raz&oacute;n contenida en la naturaleza humana en el &aacute;mbito del lenguaje, que se presenta como elemento transformador evolutivo que hace que el hombre sea hombre. En este sentido, Habermas llama la atenci&oacute;n, afirmando que el g&eacute;nero humano est&aacute; dotado de competencias comunicativas cuya perfomancia da cuenta de la evoluci&oacute;n de las sociedades concretas.</p>     <p>En este sentido, &iquest;qu&eacute; se propone Habermas con la reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico? En primera instancia, se entiende por reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico lo siguiente: &laquo;Reconstrucci&oacute;n significa, en nuestro contexto, que se procede a desmontar una teor&iacute;a y luego a recomponerla en forma nueva con el &uacute;nico objeto de alcanzar mejor la meta que ella misma se hab&iacute;a impuesto&raquo; (Habermas, 1981, p. 9). Habermas, en su intento por recomponer el materialismo hist&oacute;rico, pretende establecer los nexos que existen entre la teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n y la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n. De igual manera, intenta mostrar que el Derecho y la Moral son mecanismos que, al apelar a la resoluci&oacute;n de conflictos a trav&eacute;s de regulaciones consensuales, hacen patente la l&oacute;gica estructural de funcionamiento de la conciencia. Es as&iacute; como la investigaci&oacute;n habermasiana busca, a su vez, hacer manifiesto el papel protag&oacute;nico que desempe&ntilde;a la acci&oacute;n comunicativa en la evoluci&oacute;n social y en el correspondiente ascenso en las etapas de la conciencia moral (Cf. Habermas, 1981, p. 13).</p>     <p>Para ello Habermas toma los conceptos de <i>trabajo social, historia del g&eacute;nero humano </i>y <i>modos de producci&oacute;n </i>de la teor&iacute;a marxista, para explicar los procesos de las transformaciones sociales. En relaci&oacute;n con el concepto de <i>trabajo social, </i>Marx dice que los sujetos humanos se diferencian de los animales dada su capacidad para producir medios de vida a partir de un trabajo socialmente organizado. Desde esta perspectiva, es la <i>racionalidad instrumental </i>la que permite la organizaci&oacute;n de las <i>fuerzas productivas </i>como medio para configurar la situaci&oacute;n social de los seres humanos. Este proceso de auto-constituci&oacute;n en interacci&oacute;n con la naturaleza y de cooperaci&oacute;n con otros individuos, requiere del desarrollo de una normatividad que regule la distribuci&oacute;n de los productos del trabajo social organizado. Aqu&iacute; espec&iacute;ficamente se hace referencia a las reglas de la acci&oacute;n estrat&eacute;gica (Cf. Habermas, 1981, p. 131).</p>     <p>Habermas, desde la perspectiva de una investigaci&oacute;n de car&aacute;cter evolutivo, quiere ver &laquo;si el concepto de trabajo social caracteriza <i>suficientemente </i>la forma de reproducci&oacute;n de la vida humana&raquo; (1981, p. 134) y a su vez si es posible, desde esta categor&iacute;a, explicar la complejidad de las estructuras sociales. Para iniciar su investigaci&oacute;n, recurre a estudios de tipo antropol&oacute;gico, con el fin de esclarecer <i>qu&eacute; es lo que se entiende </i>por forma humana de vida o en otro sentido <i>qu&eacute; es eso que precisamente constituye lo humano. </i>Esta investigaci&oacute;n le permiti&oacute; a Habermas proponer el concepto de transformaci&oacute;n social, teniendo en cuenta la articulaci&oacute;n de tres elementos fundamentales: desarrollo de tipo t&eacute;cnico; organizaci&oacute;n operativa entre los integrantes de un grupo social; y unas reglas de distribuci&oacute;n de la producci&oacute;n.</p>     <p>Sin embargo, el concepto de trabajo social presenta una limitaci&oacute;n de tipo explicativo en relaci&oacute;n con las etapas evolutivas que se dan en el &aacute;mbito de la comunicaci&oacute;n. Para Habermas, &laquo;tenemos que suponer la existencia de un proto-lenguaje que fue abriendo camino hacia la unificaci&oacute;n sist&eacute;mica &#91;...&#93; entre las realizaciones cognoscitivas, las manifestaciones afectivas y las relaciones interpersonales&raquo; (1981, p. 135). De acuerdo con lo anterior, se deduce que el concepto de trabajo social permite explicar de modo suficiente las transformaciones de la integraci&oacute;n sist&eacute;mica, pero no puede dar cuenta de las transformaciones de tipo simb&oacute;lico en el &aacute;mbito comunicativo o de la integraci&oacute;n social. A su vez las reglas de la actuaci&oacute;n comunicativa, esto es, las normas de la acci&oacute;n con validez intersubjetiva y aseguradas de modo ritual, no se pueden remitir a las reglas de la actuaci&oacute;n instrumental o estrat&eacute;gica. Por eso es imprescindible preguntarse por una estructura social que se oriente hacia la integraci&oacute;n tanto de la naturaleza exterior como de la interior (Cf. Habermas, 1981, p. 139).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde el punto de vista de la reconstrucci&oacute;n del concepto de historia del g&eacute;nero humano y del modo de producci&oacute;n, Habermas destaca su importancia para el materialismo hist&oacute;rico y su relaci&oacute;n con el concepto de trabajo social. Como ya se ha indicado, el trabajo social implica una determinaci&oacute;n de la manera en que una sociedad se desenvuelve hist&oacute;ricamente y as&iacute; es como se debe entender el concepto de modo de producci&oacute;n, en tanto clave interpretativa de la evoluci&oacute;n social. En este sentido, Habermas intenta realizar un replanteamiento cr&iacute;tico que se constituye en versi&oacute;n moderada del modelo de historia propuesto por la interpretaci&oacute;n dogm&aacute;tica del materialismo hist&oacute;rico, cuya tesis fundamental se sintetiza en los siguientes t&eacute;rminos: &laquo;el curso mundial hasta la actualidad, que muestra una sucesi&oacute;n de cinco o seis modos de producci&oacute;n, determina un desarrollo unilineal, necesario, ininterrumpido y ascendente de un macro sujeto&raquo; (Habermas, 1981, p. 141). El mismo Habermas presenta algunas objeciones en relaci&oacute;n con esta tesis:</p>     <blockquote>       <p>1. El materialismo hist&oacute;rico no tiene por qu&eacute; aceptar ning&uacute;n sujeto gen&eacute;rico en el que se realice la evoluci&oacute;n. Hay que concretizar al macro sujeto e identificarlo con las sociedades y los sujetos de acci&oacute;n que en ella est&aacute;n integrados.</p>       <p>2. El desarrollo hist&oacute;rico no debe entenderse como un proceso ininterrumpido, necesario y continuo. Puede haber momentos en los cuales una sociedad se detenga en su productividad o que incluso las sociedades entren en procesos de involuci&oacute;n.</p>       <p>3. Finalmente, es problem&aacute;tico entender los procesos evolutivos desde un car&aacute;cter teleol&oacute;gico como proceso paulatino de intensificaci&oacute;n de la complejidad. Se debe entender, a partir del car&aacute;cter multidimensional de las sociedades complejas, que el proceso de evoluci&oacute;n de la historia es como una &laquo;extensi&oacute;n de las fuerzas productivas&raquo; (Habermas, 1981, p. 144).</p> </blockquote>     <p>Hablar de una reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico implica indagar por unos supuestos que den raz&oacute;n de la manera como se presenta la evoluci&oacute;n social. Para ello, Habermas introduce dos supuestos del materialismo hist&oacute;rico:</p>     <blockquote>       <p><i>1. El teorema de la estructura. </i>El teorema versa as&iacute;: &laquo;el modo de producci&oacute;n de la vida material condiciona la totalidad del proceso vital, pol&iacute;tica y socialmente. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social es el que determina su conciencia&raquo; (Habermas, 1981, p. 141). Seg&uacute;n Marx, la conciencia de los individuos es consecuencia del entramado de relaciones de producci&oacute;n que devienen hist&oacute;ricamente en un proceso eminentemente econ&oacute;mico. As&iacute;, la evoluci&oacute;n es entendida por el materialismo hist&oacute;rico como un proceso de innovaciones sociales que se produce a partir de la necesidad de resolver problemas que han surgido en la <i>base </i>de una sociedad determinada. Es claro para Habermas que la igualaci&oacute;n entre <i>base </i>y estructura econ&oacute;mica s&oacute;lo es v&aacute;lida para las sociedades capitalistas en las que el mercado se apropia de la funci&oacute;n de regular las relaciones de clase (Cf. Habermas, 1981, p. 146). </p>       <p><i>2. Dial&eacute;ctica entre fuerzas productivas y relaciones de producci&oacute;n. </i>La evoluci&oacute;n social est&aacute; mediada por la contradicci&oacute;n entre fuerzas productivas y relaciones de producci&oacute;n presentes en el desarrollo de una sociedad.</p> </blockquote>     <p>Estos supuestos dejan al descubierto la pertinencia del materialismo hist&oacute;rico para diagnosticar y explicar las transformaciones sociales en las que se presentan estrategias, desarrollos tecnol&oacute;gicos y crecimiento del potencial cognoscitivo; aspectos que permiten incrementar la productividad de una sociedad. Igualmente, la reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico deja entrever c&oacute;mo la teor&iacute;a marxista tiene grandes limitaciones a la hora de elaborar una teor&iacute;a social, pues aunque permite explicar las innovaciones sociales desde un punto de vista estrat&eacute;gico-instrumental, deja a un lado el &aacute;mbito de la actuaci&oacute;n comunicativa. Para dar cuenta de la evoluci&oacute;n social, Habermas propone introducir, paralelamente a la concepci&oacute;n materialista, una l&iacute;nea de an&aacute;lisis que hable de un conocimiento de car&aacute;cter pr&aacute;ctico-moral constituido por las relaciones sociales:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>La respuesta que propongo —dice Habermas— implica que el g&eacute;nero humano en cuanto tal no aprende solamente en la dimensi&oacute;n del conocimiento t&eacute;cnicamente valorable —decisivo para la expansi&oacute;n de las fuerzas productivas— sino que tambi&eacute;n en la dimensi&oacute;n de la conciencia pr&aacute;ctico-moral-fundamental para las estructuras interactivas (Habermas, 1981, p. 149).</p> </blockquote>     <p>A partir de algunas objeciones sobre el concepto de modo de producci&oacute;n, Habermas reconstruye los aspectos fundamentales de la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n Social. Las diferentes objeciones y controversias a prop&oacute;sito del concepto de modo de producci&oacute;n llevaron a Habermas a plantear que este concepto deb&iacute;a tender hacia una generalizaci&oacute;n, orientada a definir principios sociales de organizaci&oacute;n de elevada abstracci&oacute;n. Se han de entender por principios sociales de organizaci&oacute;n las innovaciones alcanzadas mediante etapas de aprendizaje de una sociedad que se constituyen en estados sociales de evoluci&oacute;n, en la medida en que son institucionalizados. Este horizonte en la propuesta habermasiana llev&oacute; a proponer dos esferas anal&iacute;ticas en su investigaci&oacute;n: una que se dirige hacia un examen de los modos de producci&oacute;n establecidos en una sociedad (siguiendo los criterios del materialismo hist&oacute;rico) y otra que indaga por las formaciones sociales generadas a partir del modo de producci&oacute;n dominante.</p>     <p>En Habermas uno de los pilares de la evoluci&oacute;n social es el concepto de conciencia moral. Seg&uacute;n &eacute;l la evoluci&oacute;n de los individuos es un requisito para hablar del proceso evolutivo de aprendizaje de las sociedades (Cf. Habermas, 1981, p. 156). De otra parte, una teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n social no puede constituirse si no se tiene como punto de partida el estudio de los procesos biol&oacute;gicos y simb&oacute;licos que constituyen las capacidades de aprendizaje de los individuos. Para ello Habermas introduce la actuaci&oacute;n comunicativa, con el fin de explicar la manera como los individuos alcanzan dichas habilidades: la formaci&oacute;n y la educaci&oacute;n dentro de estructuras simb&oacute;licas de comunicaci&oacute;n resultan ser determinantes para los procesos de aprendizaje. Habermas considera que en el proceso comunicativo se proponen tres etapas (Cf. Habermas, 1981): la etapa de integraci&oacute;n simb&oacute;lica; la etapa del discurso prepositivo diferenciado; y la etapa del discurso argumentativo<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p>Habermas, retomando a Kolhberg, muestra c&oacute;mo las diferentes etapas de la comunicaci&oacute;n representan, simult&aacute;neamente, un ascenso en las etapas de desarrollo de la conciencia moral. Estas etapas son manifestaci&oacute;n de la evoluci&oacute;n social de los conglomerados sociales que resuelven sus conflictos mediante el consenso. Las etapas del desarrollo de la conciencia moral, en la perspectiva kolhbergiana (Cf. Kolhberg, 1976, pp. 34-35), se pueden sintetizar de la siguiente manera:</p>     <blockquote>       <p><i>Etapa preconvencional. </i>Los motivos de las acciones de los sujetos se forman a partir de una valoraci&oacute;n de las consecuencias de la acci&oacute;n.</p>       <p><i>Etapa convencional. </i>Los motivos se independizan de las consecuencias de la acci&oacute;n, de modo que la acci&oacute;n se realiza en concordancia con unas normas establecidas socialmente.</p>       <p><i>Etapa postconvencional. </i>Las sociedades modernas se caracterizan por fundamentar su acci&oacute;n en elementos de tipo formal y racional, tales como la democracia, la libertad, la justicia, el bienestar, la seguridad y la dignidad.</p> </blockquote>     <p><b>Abandono del paradigma de la producci&oacute;n y el planteamiento del paradigma del lenguaje: hacia la formulaci&oacute;n de la Teor&iacute;a de la Acci&oacute;n Comunicativa</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El giro ling&uuml;&iacute;stico, que caracteriza el cambio de paradigma de la filosof&iacute;a de la conciencia a la Teor&iacute;a de la Acci&oacute;n Comunicativa, se efect&uacute;a sobre el eje que representa el mundo de la vida en complementariedad con la acci&oacute;n comunicativa. Lo m&aacute;s importante de esta noci&oacute;n para Habermas consiste en su estructura de horizonte universal que se constituye en fundamento de sentido, no s&oacute;lo para la esfera del conocimiento, sino tambi&eacute;n para la esfera de la voluntad y el sentimiento (Cf. Gait&aacute;n, 1992, p. 71). A partir de esta noci&oacute;n la racionalidad comunicativa invoca, frente a las tendencias de corte solipsista de la filosof&iacute;a de la conciencia, la fuerza del discurso argumentativo que justifica din&aacute;micas de acuerdo y consenso. Gracias a esta propuesta se pueden superar las perspectivas puramente individuales para asumir un marco intersubjetivo que se encuentra presente en el contexto de lo vital.</p>     <p>Habermas, desde la noci&oacute;n de mundo de la vida, realiza una reconstrucci&oacute;n gen&eacute;tica del desarrollo de la cultura, la ciencia y la sociedad. En tal sentido propone distinguir entre el mundo de la vida como tema y el mundo de la vida como horizonte; lo primero designa aquello sobre lo cual intentan ponerse de acuerdo los participantes en un proceso comunicativo y lo segundo aquello a partir de lo cual defienden sus interpretaciones. De este modo, las tematizaciones surgidas a partir del mundo de la vida se sedimentan de nuevo en la cotidianidad:</p>     <blockquote>       <p>El mundo de la vida constituye un horizonte y ofrece a la vez una provisi&oacute;n de autoevidencias culturales; de las cuales los participantes en la interacci&oacute;n toman para sus tareas interpretativas patrones de interpretaci&oacute;n, a los que asiste el consenso de todos y tambi&eacute;n las solidaridades de los grupos integrados a trav&eacute;s de valores y las competencias de los individuos socializados —as&iacute; como los supuestos de fondo imbuidos por la cultura— pertenecen a los componentes del mundo de la vida (Habermas, 1989, p. 356).</p> </blockquote>     <p>Los diversos componentes del mundo de la vida se reproducen mediante la acci&oacute;n comunicativa, permitiendo la prosecuci&oacute;n de las tradiciones culturales, la integraci&oacute;n de los grupos y la socializaci&oacute;n de cada generaci&oacute;n. As&iacute;, la reproducci&oacute;n del mundo de la vida se logra mediante procesos de comunicaci&oacute;n, cuyos resultados son la diferenciaci&oacute;n de las dimensiones de la cultura, la sociedad y la persona (Cf. Gait&aacute;n, 1992, p. 72).</p>     <p>Habermas propone pensar, desde el concepto de mundo de la vida, el envejecimiento del paradigma de la producci&oacute;n. Husserl (1991) entendi&oacute; el mundo de la vida como el &aacute;mbito prete&oacute;rico donde adquiere su fundamento todo tipo de racionalidad te&oacute;rica, pues el mundo de la vida sintetiza las vivencias de la conciencia del sujeto y eso hace que el mundo de la vida (como mundo prete&oacute;rico) ancle sobre s&iacute; el mundo de la teor&iacute;a. Sch&uuml;tz &amp; Luckmann (1973) agregan una caracter&iacute;stica m&aacute;s a esta categor&iacute;a del mundo de la vida al afirmar que &eacute;ste es intersubjetivo. De este modo el mundo de la vida se constituye en el horizonte a trav&eacute;s del cual <i>nos abrimos </i>al mundo y, al ser horizonte de horizontes, no puede ser sometido a la cr&iacute;tica total. Por su parte, Habermas comprende que desde la intersubjetividad, el mundo de la vida ha evolucionado a nivel social, pues los valores est&aacute;n incrustados en una conciencia moral que se ha ido desplegando dentro de un &aacute;mbito complejo de la sociedad, tanto en su integraci&oacute;n sist&eacute;mica como en la racionalidad del mundo de la vida.</p>     <p>Con Luhmann (1998) se vio que los elementos fundamentales para entender la sociedad eran el sistema y su entorno. Seg&uacute;n la teor&iacute;a de sistemas, el sistema recoge informaci&oacute;n del entorno para transformarlo y devolverlo nuevamente a &eacute;ste, tratando de reducir en esta relaci&oacute;n cualquier signo de complejidad que altere el equilibrio interno del sistema. En este sentido, Luhmann (1997) introduce el concepto de <i>autopoiesis </i>para mostrar c&oacute;mo el sistema genera su propia estructura con el fin de crear sus propios mecanismos de autoreferencia y autoproducci&oacute;n. De este modo, el sistema, generando sus propios subsistemas o esferas de valor, no requiere del hombre para su regulaci&oacute;n y determinaci&oacute;n, sino que produce los actores sociales y les confiere unos roles para que los individuos funcionen al interior del todo sist&eacute;mico. Habermas acepta que la sociedad puede ser vista como un sistema; sin embargo, la sociedad se mueve dentro de dos &aacute;mbitos que le dan su constituci&oacute;n: el sist&eacute;mico y el mundo-vital. Al primero corresponden el Estado y la econom&iacute;a, mientras que al segundo se anclan la familia, las comunidades y la sociedad civil, entre otros. El entorno que sustenta al &aacute;mbito sist&eacute;mico no tiene sujeto ni pasa por la comunicaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, pues sus mecanismos de control son el poder y el dinero. Por su parte, el mundo de la vida tiene como presupuesto de sentido la comunicaci&oacute;n y su mecanismo particular de acci&oacute;n: el lenguaje. De este modo, la integraci&oacute;n sist&eacute;mica se rige por reglas y la integraci&oacute;n social es coordinada por normas.</p>     <p>Esta reflexi&oacute;n llev&oacute; a Habermas a repensar la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n Social, cuando devel&oacute; unas patolog&iacute;as en el engranaje que representaba el paradigma de la producci&oacute;n como modelo te&oacute;rico para mirar las transformaciones de la sociedad:</p>     <blockquote>       <p>1. El paradigma de la producci&oacute;n delimita el concepto de praxis, de tal manera que cabe preguntarse por cu&aacute;l es la relaci&oacute;n que existe entre el tipo paradigm&aacute;tico de actividad que representa el trabajo y la totalidad de todas las dem&aacute;s formas de manifestaci&oacute;n cultural de los sujetos capaces de lenguaje y de acci&oacute;n.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. El paradigma de la producci&oacute;n define el concepto de praxis en t&eacute;rminos naturalistas; por eso cabe preguntarse si del proceso de metabolismo entre la sociedad y la naturaleza pueden obtenerse contenidos normativos.</p>       <p>3. El paradigma de la producci&oacute;n da al concepto de praxis un claro significado emp&iacute;rico; por eso se plantea la cuesti&oacute;n de si no pierde su plausibilidad con el fin de la sociedad del trabajo.</p> </blockquote>     <p>Con esta serie de argumentos, Habermas evidenci&oacute; c&oacute;mo el mercado, al cumplir funciones de coordinaci&oacute;n social, invad&iacute;a espacios del mundo de la vida hasta el punto de generar una din&aacute;mica de colonizaci&oacute;n del mundo de la vida por parte del sistema (Cf. Habermas, 1987b, p. 262). Sin duda, el logro alcanzado por Habermas a partir de su reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico fue el planteamiento de la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n Social. Sin embargo, cabe preguntarse qu&eacute; hacer, te&oacute;ricamente hablando, cuando el sistema ha invadido el mundo de la vida.</p>     <p>Seg&uacute;n Habermas, los imperativos sist&eacute;micos est&aacute;n sustituyendo a los imperativos sociales, es decir, el sistema est&aacute; colonizando el mundo de la vida y la integraci&oacute;n social est&aacute; siendo desplazada por la integraci&oacute;n sist&eacute;mica. En &uacute;ltimas, el lenguaje ha sido sustituido por el poder y el dinero hasta el punto de olvidar que el mundo de la vida se reproduce de forma material y simb&oacute;lica. Sin lugar a duda, el paradigma de la producci&oacute;n dio cuenta de la reproducci&oacute;n material seg&uacute;n la herramienta conceptual del valor.</p>     <p>No obstante, ha sido insuficiente porque no explica la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n Social y no ayuda a criticar el proceso de colonizaci&oacute;n del mundo de la vida realizado por la racionalidad estrat&eacute;gica de la integraci&oacute;n sist&eacute;mica. Por esta raz&oacute;n, Habermas decide abandonar el paradigma de la producci&oacute;n y con &eacute;l su empresa de reconstruir el materialismo hist&oacute;rico. Ahora toma el paradigma del lenguaje para indagar, por un lado, por la evoluci&oacute;n de la sociedad en su dimensi&oacute;n material y simb&oacute;lica, y por otro lado, ver en perspectiva cr&iacute;tica c&oacute;mo el poder y el dinero han ido desplazando el papel del lenguaje en la constituci&oacute;n de las expectativas sociales. Esto le permiti&oacute; mostrar c&oacute;mo la reproducci&oacute;n simb&oacute;lica condiciona la producci&oacute;n material. Esta novedosa tarea en la visi&oacute;n habermasiana de la teor&iacute;a cr&iacute;tica se sintetiza en los siguientes puntos (Cf. Mc Carthy, 1992, p. 165):</p>     <blockquote>       <p>1. Romper con la filosof&iacute;a de la conciencia a favor de una teor&iacute;a de la racionalidad comunicativa, que ya no est&eacute; ligada y limitada a las premisas subjetivistas e individualistas de la filosof&iacute;a y la teor&iacute;a social modernas.</p>       <p>2. Ir m&aacute;s all&aacute;, en primer lugar, de la conceptualizaci&oacute;n de la racionalizaci&oacute;n de Weber y de sus herederos marxistas y volver a Marx para reaprehender la dimensi&oacute;n de teor&iacute;a de sistemas de su an&aacute;lisis de la sociedad capitalista, aunque en t&eacute;rminos menos hist&oacute;ricos, para reconectar de este modo la teor&iacute;a de la acci&oacute;n con la teor&iacute;a de sistemas mediante la construcci&oacute;n de un concepto de sociedad a dos niveles que integre el mundo de la vida y los paradigmas sist&eacute;micos.</p>       <p>3. Construir sobre esta base una teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad moderna que reconceptualice la reificaci&oacute;n como colonizaci&oacute;n del mundo de la vida por fuerzas dimanantes de los subsistemas econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. Se trata de una teor&iacute;a que retrotraiga las deformaciones socioculturales fundamentales de la creciente subordinaci&oacute;n del mundo de la vida a los imperativos sist&eacute;micos de la reproducci&oacute;n material.</p> </blockquote>     <p>En este punto de la reflexi&oacute;n, cabe preguntarse lo siguiente: &iquest;qu&eacute; concepto de racionalidad legitima la apuesta de Habermas por el paradigma del lenguaje? Definir el concepto de racionalidad en perspectiva de justificar la construcci&oacute;n y el planteamiento de la <i>racionalidad comunicativa </i>parte de la concepci&oacute;n pragm&aacute;tica y procedimental de lo racional. En tal sentido, &laquo;no puede valer como racional el orden de las cosas con que el sujeto da en el mundo, o que el propio sujeto proyecta, o que nace del propio proceso de formaci&oacute;n del esp&iacute;ritu, sino la soluci&oacute;n de problemas que logramos en nuestro trato con la realidad, atenido a procedimientos&raquo; (Habermas, 1990, p. 48). De aqu&iacute; se deriva que la racionalidad es reconocida en los procedimientos mediante los cuales se busca resolver problemas de &iacute;ndole te&oacute;rico y pr&aacute;ctico. Por eso la racionalidad puede entenderse como &laquo;una disposici&oacute;n de los sujetos capaces de lenguaje y acci&oacute;n. Se manifiesta en formas de comportamiento para las que existen en cada caso buenas razones&raquo; (Habermas, 1987a, pp. 42-43). En definitiva, se trata de una racionalidad centrada en los procesos justificados por motivos y razones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La racionalidad, como concepto, se inscribe dentro de un proceso de evoluci&oacute;n social donde todo est&aacute; abierto a la cr&iacute;tica, la correcci&oacute;n, la innovaci&oacute;n y la interpretaci&oacute;n. Esto significa que si la racionalidad hace parte de una din&aacute;mica de evoluci&oacute;n, entonces evaluar su progreso depende de mirar el grado de racionalizaci&oacute;n alcanzado. Este aspecto se puede mirar desde una doble perspectiva: el desarrollo de las sociedades se puede medir, por un lado, a partir de la relaci&oacute;n del hombre con la naturaleza (reproducci&oacute;n material) y, por otro lado, a partir de la relaci&oacute;n de los seres humanos entre s&iacute; (reproducci&oacute;n simb&oacute;lica). Para los efectos y prop&oacute;sitos de esta discusi&oacute;n interesa de modo particular la racionalizaci&oacute;n en la dimensi&oacute;n simb&oacute;lica.</p>     <p>Desde la perspectiva simb&oacute;lica el progreso en la racionalizaci&oacute;n se plasma en las formas normativas de integraci&oacute;n social, en los mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos, en las im&aacute;genes del mundo a partir de las cuales un sujeto se reconoce como miembro de una sociedad y reconoce su identidad en ella. Esto quiere decir que siempre y cuando el sujeto manifieste verazmente sus intenciones y pueda plantear razones para avalar la pretensi&oacute;n de validez de las normas de acci&oacute;n, entonces es posible plantear que la racionalizaci&oacute;n no sea otra cosa que &laquo;la cancelaci&oacute;n de aquellas relaciones de violencia que se han acomodado inadvertidamente en las estructuras comunicacionales y que, vali&eacute;ndose de barreras, tanto intraps&iacute;quicas como interpersonales, impiden dirimir conscientemente y regular de modo consensual los conflictos&raquo; (Habermas, 1981, p. 34). En consecuencia, se llama racionales a los sujetos que sean capaces de realizar un plan de acci&oacute;n con &eacute;xito con el fin de establecer un nuevo estado de cosas en el mundo, de acuerdo a un saber que soporta y fundamenta dicho plan; y coordinar acciones mutuas o resolver conflictos intersubjetivos con el garante y la mediaci&oacute;n del lenguaje en tanto es el modo de expresi&oacute;n de las razones y motivos que sustentan las propuestas.</p>     <p>Para explicitar el proceso que va de la racionalidad monol&oacute;gica (el sujeto pensando desde s&iacute; mismo la realidad entendida como un objeto ajeno a &eacute;l) hacia la racionalidad comunicativa (el sujeto entendido en interrelaci&oacute;n con otros sujetos), Habermas recurre al m&eacute;todo de la reconstrucci&oacute;n. La propuesta metodol&oacute;gica se sustenta en los siguientes presupuestos: en primer lugar, se parte de un saber prete&oacute;rico, intuitivo, de sujetos que hablan, act&uacute;an y juzgan de modo competente. En segundo lugar, se presentan expl&iacute;citamente los elementos y las estructuras que caracterizan la acci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n entre los sujetos. De este modo, el m&eacute;todo reconstructivo &laquo;vuelve la mirada hacia la espesura del mundo de la vida, y descubre una raz&oacute;n que opera ya en la pr&aacute;ctica comunicativa misma&raquo; (Habermas, 1990, p. 61).</p>     <p>Este m&eacute;todo permite evidenciar el <i>uso de un saber </i>y explicitar conscientemente las deformaciones en el ejercicio de la racionalidad, dado que se hipostasia en una estructura cr&iacute;tica sobre los usos y las formas de la raz&oacute;n. En tal sentido, la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica deja de constituirse en la teor&iacute;a afirmativa y edificante de la vida correcta y feliz, y se propone como tarea la b&uacute;squeda de la racionalidad presente en la <i>praxis </i>de soluci&oacute;n de problemas. Se trata de dirigir la racionalidad hacia un saber tematizado.</p>     <p>Esta manera de ver la racionalidad implica un cambio de paradigma: se trata de pasar de la racionalidad monol&oacute;gica, propia de la filosof&iacute;a de la conciencia, hacia la racionalidad comunicativa, propia de la filosof&iacute;a del lenguaje. Esta nueva perspectiva se constituye en la as&iacute;ntota del paradigma del entendimiento, donde &laquo;los sujetos capaces de lenguaje y acci&oacute;n, sobre el trasfondo de un mundo de la vida com&uacute;n, se entienden entre s&iacute; sobre algo en el mundo&raquo; (Habermas, 1990, p. 53).</p>     <p>En el paradigma del lenguaje subyace el modo de entender la racionalidad comunicativa, pues la relaci&oacute;n sujeto-objeto es sustituida por la relaci&oacute;n sujeto-sujeto en la que media un intercambio discursivo. Lo particular de la propuesta habermasiana (1987a; 1987b) es que el lenguaje es considerado en su dimensi&oacute;n <i>pragm&aacute;tica, </i>es decir, como <i>habla </i>y <i>uso </i>y no como sistema sint&aacute;ctico-sem&aacute;ntico. Esta visi&oacute;n de la estructura comunicativa de la acci&oacute;n plantea que lo racional, en &uacute;ltima instancia, no viene dado por la estructura misma de los intereses, sino por la posibilidad intersubjetiva de ponerse de acuerdo con respecto a ellos. La adopci&oacute;n del paradigma del lenguaje para sustentar una propuesta te&oacute;rica de la acci&oacute;n comunicativa es, por sobre todo, una posibilidad de pensar en diversas perspectivas el desarrollo social.</p>     <p>M&aacute;s adelante, Habermas afirmar&aacute; la necesidad de una &eacute;tica comunicativa de corte kantiano, capaz de recoger, en cuanto lenguaje, los contenidos materiales que se le escapan al formalismo &eacute;tico (Cf. Habermas, 1985, p. 88). Se trata por tanto de dar un voto de confianza a la raz&oacute;n que se articula en el discurso argumentativo, en referencia permanente a la cotidianidad pero simult&aacute;neamente a los otros sujetos, cuya pertenencia es relativamente distinta y en cuanto tal tiene que poder ser incorporada tambi&eacute;n en los discursos te&oacute;ricos. En este sentido, el paradigma del lenguaje se constituye en una nueva manera de plantear el problema de la comprensi&oacute;n, desde la perspectiva de consolidar una nueva forma para el lenguaje &eacute;tico como <i>&eacute;tica discursiva </i>y para el lenguaje pol&iacute;tico como <i>democracia deliberativa.</i></p> <hr>     <p><a href="#s1" name="s1"><sup>1</sup></a> En la primera etapa, las acciones, los motivos y los sujetos actuantes se perciben en una sola esfera. En la segunda etapa se separan las normas de las acciones. En la tercera etapa los principios que sirven para establecer normas de acci&oacute;n se separan de estas mismas normas.</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Gait&aacute;n, C. (1992). La racionalidad comunicativa y la 'praxis' filos&oacute;fica actual. <i>Universitas Philosophica, 19, </i>63-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1692-8857201000020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1997). <i>Teor&iacute;a y praxis. </i>En Mas Torres S. &amp; Moya C. (Trad.). Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1692-8857201000020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1994). <i>Ciencia y t&eacute;cnica como ideolog&iacute;a. </i>En Jim&eacute;nez Redondo, M. (Trad.). Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1692-8857201000020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1990). <i>Pensamientopostmetaf&iacute;sico. </i>En Jim&eacute;nez Redondo, M. (Trad.). Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1692-8857201000020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1989). <i>El discurso filos&oacute;fico de la modernidad. </i>En Jim&eacute;nez Redondo, M. (Trad.). Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1692-8857201000020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1987a). <i>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa I. </i>En Jim&eacute;nez Redondo, M. (Trad.). Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1692-8857201000020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1987b). <i>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa II. </i>En Jim&eacute;nez Redondo, M. (Trad.). Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1692-8857201000020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1985). <i>Conciencia moral y acci&oacute;n comunicativa. </i>En Garc&iacute;a, R. (Trad.): Barcelona: Pen&iacute;nsula.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1692-8857201000020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1982). <i>Conocimiento e inter&eacute;s. </i>En Jim&eacute;nez Redondo, M., Ivars, J. &amp; Mart&iacute;n <i>S&aacute;nchez, </i>L. (Trad.). Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1692-8857201000020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1981). <i>La reconstrucci&oacute;n del Materialismo hist&oacute;rico. </i>En Nicol&aacute;s Mu&ntilde;iz, J. &amp; Garc&iacute;a Corratelo, R. (Trad.). Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1692-8857201000020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1973). <i>Problemas de legitimaci&oacute;n en el capitalismo tard&iacute;o. </i>En Luis Echeverry, J. (Trad.). Buenos Aires: Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1692-8857201000020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hegel, G.W.F. (1973). <i>La fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu. </i>En Roces, W. &amp; Guerra, R. (Trad.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1692-8857201000020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Horkheimer, M. &amp; Adorno, Th. (1998). <i>Dial&eacute;ctica de la Ilustraci&oacute;n: fragmentos filos&oacute;ficos. </i>En S&aacute;nchez, J. (Trad.). Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1692-8857201000020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Horkheimer, M. (1998). Teor&iacute;a Tradicional y Teor&iacute;a Cr&iacute;tica. (1937). En Horkheimer, M., <i>Teor&iacute;a Cr&iacute;tica. </i>Buenos Aires: Amorrortu Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1692-8857201000020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Horkheimer, M. (1972). Die Gegenw&auml;rtige Lage der Sozialphilosophie und die Aufgaben Eines Instituts F&uuml;r Sozialforschung (1931). En Brede, W. (Ed). <i>Sozialphilosophische Studien. Aufs&auml;tze, Reden und Vortr&auml;ge 1930-1972. </i>Frankfurt: Fischer Taschenbuch Verlag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1692-8857201000020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hoyos, G. (1986). <i>Los intereses de la vida cotidiana y las ciencias. </i>Bogot&aacute;: Editorial Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1692-8857201000020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Husserl, E. (1991). <i>Crisis de las ciencias europeasy la fenomenolog&iacute;a trascendental: una introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a fenomenol&oacute;gica. </i>En Munoz, J. &amp; Mas, S. (Trad.). Barcelona: Cr&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1692-8857201000020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Husserl, E. (1982). <i>Investigaciones l&oacute;gicas. </i>En Morente, M. &amp; Gaos, J. (Trad.). Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1692-8857201000020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kolhberg, L. (1976). &quot;Moral Stages and Moralization: The Cognitive Developmental Approach&quot;. En <i>Moral Development andBehavior: Theory, Research and Social Issues. </i>Nueva York: Holt, Rinehart and Winston.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1692-8857201000020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luck&aacute;cs, G. (1975). <i>Historia y conciencia de clase. </i>En Sacrist&aacute;n, M. (Trad.). Barcelona: Grijalbo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1692-8857201000020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luhmann, N. (1998). <i>Sistemas sociales: lineamientos para una teor&iacute;a general.</i> En Pappe, S. &amp; Erker, B. (Trad.). Barcelona: Anthropos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1692-8857201000020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luhmann, N. (1997). <i>Sociedady sistema: la ambici&oacute;n de la teor&iacute;a. </i>En L&oacute;pez, S. &amp; Schmitz, D. (Trad.). Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1692-8857201000020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Marx, K. (1995). <i>El Capital: cr&iacute;tica de la Econom&iacute;a Pol&iacute;tica. </i>En Roces, W. (Trad.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1692-8857201000020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Marx, K. &amp; Engels, F. (1970). <i>La ideolog&iacute;a alemana. </i>En Roces, W. (Trad). Barcelona: Grijalbo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1692-8857201000020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mc. Carthy, Th. (1992). <i>Ideales e ilusiones: Reconstrucci&oacute;n y deconstrucci&oacute;n en la Teor&iacute;a Cr&iacute;tica contempor&aacute;nea. </i>En Rivero Rodr&iacute;guez, A. (Trad.). Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1692-8857201000020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Requejo, F. (1991). <i>Neokantismoy socialdemocracia en J. Habermas. </i>Barcelona: Anthropos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1692-8857201000020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schutz, A. &amp; Luckmann, Th. (1973). <i>Las estructuras del mundo de la vida. </i>En M&iacute;guez, N. (Trad.). Buenos Aires: Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1692-8857201000020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Su&aacute;rez, J. (2009). Compasi&oacute;n y solidaridad pol&iacute;tica, sentimientos morales propios para superar una &eacute;poca en estado de indigencia: perspectiva vista desde Max Horkheimer. En <i>Eidos. Revista de Filosof&iacute;a de la Universidad del Norte, 11, </i>144-169.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1692-8857201000020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ure&ntilde;a, E. (1998). <i>La Teor&iacute;a Cr&iacute;tica de la sociedad de Habermas. </i>Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1692-8857201000020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gaitán]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La racionalidad comunicativa y la 'praxis' filosófica actual]]></article-title>
<source><![CDATA[Universitas Philosophica]]></source>
<year>1992</year>
<volume>19</volume>
<page-range>63-76</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Teoría y praxis]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Mas Torres]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Moya]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ciencia y técnica como ideología]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Redondo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[nsamientopostmetafísico]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Redondo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El discurso filosófico de la modernida]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Redondo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1989</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Teoría de la acción comunicativa I]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Redondo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1987</year>
<month>a</month>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Teoría de la acción comunicativa II]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Redondo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1987</year>
<month>b</month>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Conciencia moral y acción comunicativa]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[García]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Península]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Conocimiento e interés]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Redondo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ivars]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Martín Sánchez]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1982</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La reconstrucción del Materialismo histórico]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Nicolás Muñiz]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[García Corratelo]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1981</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Problemas de legitimación en el capitalismo tardío]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Luis Echeverry]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1973</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Amorrortu]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hegel]]></surname>
<given-names><![CDATA[G.W.F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La fenomenología del espíritu]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Roces]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Guerra]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1973</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Horkheimer]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Adorno]]></surname>
<given-names><![CDATA[Th]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Dialéctica de la Ilustración: fragmentos filosóficos]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Sánchez]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Trotta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Horkheimer]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Teoría Tradicional y Teoría Crítica. (1937)]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Horkheimer]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría Crítica]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Amorrortu Editores]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Horkheimer]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="de"><![CDATA[Die Gegenwärtige Lage der Sozialphilosophie und die Aufgaben Eines Instituts Für Sozialforschung (1931)]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Brede]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Sozialphilosophische Studien. Aufsätze, Reden und Vorträge 1930-1972]]></source>
<year>1972</year>
<publisher-loc><![CDATA[Frankfurt ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fischer Taschenbuch Verlag]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hoyos]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los intereses de la vida cotidiana y las ciencias]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Husserl]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Crisis de las ciencias europeasy la fenomenología trascendental: una introducción a la filosofía fenomenológica]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Munoz]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mas]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Crítica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Husserl]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Investigaciones lógicas]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Morente]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Gaos]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1982</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kolhberg]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Moral Stages and Moralization: The Cognitive Developmental Approach]]></article-title>
<source><![CDATA[Moral Development andBehavior: Theory, Research and Social Issues]]></source>
<year>1976</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Holt, Rinehart and Winston]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Luckács]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Historia y conciencia de clase]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Sacristán]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1975</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Grijalbo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Luhmann]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sistemas sociales: lineamientos para una teoría general]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Pappe]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Erker]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Anthropos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Luhmann]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sociedady sistema: la ambición de la teoría]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[López]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Schmitz]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marx]]></surname>
<given-names><![CDATA[K]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Capital: crítica de la Economía Política]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Roces]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marx]]></surname>
<given-names><![CDATA[K]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Engels]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La ideología alemana]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Roces]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1970</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Grijalbo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mc. Carthy]]></surname>
<given-names><![CDATA[Th]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ideales e ilusiones: Reconstrucción y deconstrucción en la Teoría Crítica contemporánea]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Rivero Rodríguez,]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Requejo]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Neokantismoy socialdemocracia en J. Habermas]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Anthropos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schutz]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Luckmann]]></surname>
<given-names><![CDATA[Th]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las estructuras del mundo de la vida]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Míguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1973</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Amorrortu]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Suárez]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Compasión y solidaridad política, sentimientos morales propios para superar una época en estado de indigencia: perspectiva vista desde Max Horkheimer]]></article-title>
<source><![CDATA[Eidos. Revista de Filosofía de la Universidad del Norte]]></source>
<year>2009</year>
<volume>11</volume>
<page-range>144-169</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ureña]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La Teoría Crítica de la sociedad de Habermas]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
