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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[La soberanía de los Estados modernos y el reto de la realización de los Derechos Humanos]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article is focused on the consideration and critique of some of the ideas exposed by the contemporary reflection on the normative models for a new international order. First, it discuses Rawls argumentative strategies, in which it is exposed the cosmopolitan idea of the transformation of the world order, beginning from the global economic justice requirement. Second, it demonstrates that the approach of Pogge's global justice is insufficient because although he formulates a global redistributive proposal, it does not touch the problem concerning the transformation of the relational power system within the current capitalist order. Lastly, it presents Cristina Lafont's proposal for a human rights pluralist model, and considers, critically, her perspective for a regulatory-oriented world economic politics, within the new discourse on human rights.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2"> <font size="4">    <p align="center"><b>La soberan&iacute;a de los Estados modernos y el reto     <br> de la realizaci&oacute;n de los Derechos Humanos <a name="no_*"></a><a href="#no*">*</a></a></b></p></font>      <p><b>Francisco Cort&eacute;s Rodas</b>    <br> Universidad de Antioquia    <br> <a href="mailto:franciscocortes2007@gmail.com" target="_blank"><i>franciscocortes2007@gmail.com</i></a></p>      <p><b>Fecha de recepci&oacute;n:</b> abril 11 de 2012.     <br> <b>Fecha de aceptaci&oacute;n:</b> mayo 16 de 2012.</p>  <hr>  <font size="3">    <p><b>Resumen</b></p></font>      <p>En este art&iacute;culo se consideran y critican algunas de las propuestas planteadas en la discusi&oacute;n contempor&aacute;nea sobre los modelos normativos para un nuevo orden internacional. Primero, se discute la estrategia argumentativa de Rawls, en la cual se opone a la idea cosmopolita de una transformaci&oacute;n del orden internacional a partir de las exigencias de justicia econ&oacute;mica global. Segundo, se muestra que la propuesta de justicia global planteada por Pogge es insuficiente, porque aunque formula una propuesta redistributiva global, no plantea el problema de la transformaci&oacute;n del sistema de relaciones de poder en el orden capitalista actual. En tercer lugar es presentada la propuesta de Cristina Lafont de un modelo pluralista de los derechos humanos y considerada cr&iacute;ticamente su perspectiva de construcci&oacute;n de una pol&iacute;tica que se oriente a la regulaci&oacute;n del orden econ&oacute;mico mundial, enmarcada en un nuevo discurso de los derechos humanos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> <i>Justicia global, derechos humanos, soberan&iacute;a estatal, democracia. </i></p>  <hr>  <font size="3">    <p><b>Abstract</b></p></font>      <p>This article is focused on the consideration and critique of some of the ideas exposed by the contemporary reflection on the normative models for a new international order. First, it discuses Rawls argumentative strategies, in which it is exposed the cosmopolitan idea of the transformation of the world order, beginning from the global economic justice requirement. Second, it demonstrates that the approach of Pogge's global justice is insufficient because although he formulates a global redistributive proposal, it does not touch the problem concerning the transformation of the relational power system within the current capitalist order. Lastly, it presents Cristina Lafont's proposal for a human rights pluralist model, and considers, critically, her perspective for a regulatory-oriented world economic politics, within the new discourse on human rights.</p>     <p><b>Keywords:</b> <i>Global justice, human rights, state sovereignty, democracy.</i></p>  <hr>  <font size="3">    <p><b>Introducci&oacute;n</b></p></font>      <p>En un escrito anterior plante&eacute; que las alternativas de justicia global y de derechos humanos propuestas por el liberalismo contempor&aacute;neo para superar los agudos problemas de pobreza mundial y de aumento de las desigualdades son insuficientes, en la medida en que reducen el problema de la justicia a un asunto meramente redistributivo (Cort&eacute;s &amp; Piedrahita, 2011). Al restringir el problema de la justicia al aseguramiento de unos bienes b&aacute;sicos, como es propuesto en el proyecto cosmopolita por David Held, Thomas Pogge y Charles Beitz, o a la de unos derechos humanos m&iacute;nimos, como lo hacen John Rawls y Jürgen Haber-mas, o al aseguramiento de unas capacidades humanas b&aacute;sicas al estilo de Martha Nussbaum y Amartya Sen, sin considerar las causas que determinan las desigualdades sociales y las asimetr&iacute;as estructurales en las relaciones de poder del orden capitalista actual, las teor&iacute;as de justicia global y de los derechos humanos terminan afirmando y defendiendo los principios b&aacute;sicos del orden internacional dominante.</p>     <p>Con el fin de considerar cr&iacute;ticamente algunas de las propuestas planteadas en la discusi&oacute;n contempor&aacute;nea sobre los modelos normativos para un nuevo orden internacional, voy a comenzar exponiendo la situaci&oacute;n hist&oacute;rica y contextual en el que se enmarcan estos problemas; en segundo lugar presentar&eacute; la estrategia argumentativa de Rawls, en la cual se opone a la idea cosmopolita de una transformaci&oacute;n del orden internacional a partir de las exigencias de justicia econ&oacute;mica global. En la tercera parte quiero mostrar que la propuesta de justicia global planteada por Pogge es insuficiente, porque aunque formula una propuesta re-distributiva global, no plantea el problema de la transformaci&oacute;n del sistema de relaciones de poder en el orden capitalista actual.</p>     <p>En la cuarta parte quiero presentar y discutir la propuesta de Cristina Lafont de un modelo pluralista de los derechos humanos. Las preguntas a partir de las cuales voy a reconstruir cr&iacute;ticamente a los mencionados autores son: qu&eacute; causas son las que determinan las desigualdades sociales y las asimetr&iacute;as estructurales en las relaciones de poder del orden capitalista actual y c&oacute;mo el discurso de los derechos humanos debe ser articulado, a fin de que pueda servir como una herramienta &uacute;til para enfrentar aquellas amenazas a los derechos humanos que se producen como una consecuencia de la globalizaci&oacute;n.</p>  <font size="3">    <p><b>Contexto hist&oacute;rico: los retos del discurso de los derechos humanos</b></p></font>      <p>Proponer el asunto de la justicia econ&oacute;mica global y del respeto de los derechos humanos en el marco del orden internacional actual es no solo posible, sino tambi&eacute;n normativamente necesario si se considera que el orden econ&oacute;mico internacional actual est&aacute;en evidente contradicci&oacute;n con los requerimientos de justicia. Est&aacute;en contradicci&oacute;n con los requerimientos de justicia porque afecta de forma negativa a los m&aacute;s pobres. Afecta de forma negativa a los m&aacute;s pobres porque los trata injustamente. Los trata injustamente porque les viola los derechos humanos. Les viola los derechos humanos porque sostiene un orden institucional global, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, que ha generado y mantenido las condiciones de extrema pobreza y desigualdad. En este sentido, lo que se impone como una exigencia de justicia y de respeto de los derechos humanos es el asunto de la transformaci&oacute;n de las relaciones de poder en el orden econ&oacute;mico y pol&iacute;tico internacional entre las sociedades m&aacute;s ricas y las m&aacute;s pobres. El orden econ&oacute;mico y pol&iacute;tico internacional que se construy&oacute; a partir del Consenso de Washington ha fracasado y, entonces, lo que hay que plantear es c&oacute;mo se deben dise&ntilde;ar nuevamente las relaciones de poder en este orden. El asunto de la transformaci&oacute;n de las relaciones de poder entre las sociedades m&aacute;s ricas y las m&aacute;s pobres, que es exigido por razones de justicia, implica proponer reformas que permitan corregir el curso de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si la primera oleada de la globalizaci&oacute;n, respaldada por los intereses de un capitalismo depredador, condujo a una globa-lizaci&oacute;n desequilibrada en la que los Estados Unidos, el Reino Unido, Jap&oacute;n y algunos pa&iacute;ses de la Zona del Euro impulsaron la liberalizaci&oacute;n del comercio como una nueva manera para que los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos y poderosos explotaran a los m&aacute;s pobres; una segunda globalizaci&oacute;n tiene que exigir una redefinici&oacute;n de las reglas de financiaci&oacute;n de la inversi&oacute;n extranjera, de las reglas de negociaci&oacute;n comercial, de las normas que definen los derechos de propiedad intelectual como las patentes y <i>copyrights, </i>de las reglas para definir una nueva pol&iacute;tica de empleo a nivel mundial, de las normas de la pol&iacute;tica monetaria internacional y de las normas para articular el crecimiento de la econom&iacute;a con el desarrollo sos-tenible del conjunto del planeta.</p>     <p>Los Estados Unidos y sus m&aacute;s poderosos aliados europeos abrieron con la Ronda de Uruguay &aacute;reas completamente nuevas de liberalizaci&oacute;n en la industria y los servicios, pero lo hicieron de forma desequilibrada. Empujaron a otros pa&iacute;ses a abrir sus mercados a &aacute;reas en las que eran fuertes como los servicios financieros, pero resistieron con &eacute;xito los esfuerzos para que actuaran de manera rec&iacute;proca. La agricultura fue otro ejemplo del doble rasero inherente a la agenda de liberalizaci&oacute;n que promovieron los estadounidenses y europeos. Aunque insistieron en que otros pa&iacute;ses redujeran sus barreras ante sus productos y eliminaran las subvenciones a los productos que les compet&iacute;an, Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania y Francia mantuvieron las barreras a los productos de los pa&iacute;ses emergentes, adem&aacute;s de continuar con sus subvenciones masivas. Estados Unidos insisti&oacute;, a instancias de las empresas farmac&eacute;uticas estadounidenses, en que las protecciones de la propiedad intelectual fueran lo m&aacute;s fuertes posibles. Esto hizo que se definieran los derechos de propiedad intelectual en el sistema de patentes en funci&oacute;n de los intereses de las empresas farmac&eacute;uticas, determinando que se diera una subida de los precios de los medicamentos en los pa&iacute;ses emergentes, privando a los pobres y a los enfermos de los pa&iacute;ses pobres de las medicinas que tanto necesitaban. El comercio internacional se ha concentrado entre los pa&iacute;ses del primer mundo y aunque los mercados mundiales se han abierto y las transacciones entre los Estados se han incrementado, las desigualdades entre los pa&iacute;ses pobres y ricos han aumentado (Stiglitz, 2003).</p>     <p>En suma, si se habla de la posibilidad de una segunda globali-zaci&oacute;n, se trata ahora de que en la agenda pol&iacute;tica internacional se establezcan sus lineamientos. En esta se debe exigir, por razones de justicia global y respeto a los derechos humanos, que se d&eacute; una m&aacute;s razonable e incluyente formulaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas que determinan el funcionamiento de las instituciones de gobernanza global como el FMI, la OMC, el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de la ONU.</p>     <p>Respondiendo a estos problemas han sido desarrolladas en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas una serie de propuestas sobre un orden internacional enmarcado por el respeto a unos m&iacute;nimos de justicia y derechos humanos. John Rawls, Jürgen Habermas, Thomas Pogge, Cristina Lafont, Regina Kreide, Allen Buchanan, Charles Beitz, David Held y Robert Keohane, entre otros, han propuesto desde diferentes perspectivas la construcci&oacute;n de una pol&iacute;tica que se oriente a la regulaci&oacute;n del orden econ&oacute;mico mundial, enmarcada en un nuevo discurso de los derechos humanos.</p>  <font size="3">    <p><b>El modelo estado-c&eacute;ntrico de los derechos humanos</b></p></font>      <p>Rawls discuti&oacute; sobre una teor&iacute;a de los derechos humanos para el &aacute;mbito internacional casi al final de su vida, la cual public&oacute; poco antes de morir en el libro <i>El derecho de gentes, </i>que bosqueja una filosof&iacute;a normativa de las relaciones internacionales. Rawls est&aacute;en desacuerdo con aquellas posiciones que plantean la necesidad de una reforma del orden internacional en consonancia con las demandas de justicia global. Para Rawls la justicia y el respeto a los derechos humanos es algo que debemos, a trav&eacute;s de nuestras instituciones compartidas, solo a aquellos con quienes estamos en una relaci&oacute;n pol&iacute;tica estrecha (Rawls, 1999, p. 12).</p>     <p>El componente igualitario de justicia que determina las relaciones entre los ciudadanos, no aplica a las relaciones entre una sociedad y otra, o entre los miembros de diferentes sociedades. Los requerimientos liberales e igualitarios de justicia no pueden ser extrapolados a otros contextos de justicia, como el contexto internacional, el cual requiere de otros est&aacute;ndares. Seg&uacute;n Rawls, los principios b&aacute;sicos de justicia en el nivel interno son el principio de libertad, el de igualdad pol&iacute;tica y el de equidad social (Rawls, 1971). Los principios b&aacute;sicos externos son: el principio de la soberan&iacute;a absoluta de los Estados, el de autodeterminaci&oacute;n pol&iacute;tica, el de no-intromisi&oacute;n en los asuntos internos, el del respeto a los derechos humanos b&aacute;sicos y el principio de la solidaridad humanitaria, por el cual se define que los Estados afluentes tienen el deber positivo de apoyar a los Estados m&aacute;s pobres en t&eacute;rminos de una pol&iacute;tica de asistencia social (Rawls, 1999, p. 37).<a name="no_1"></a><a href="#no1"><sup>1</sup></a></p>     <p>Rawls opta por una interpretaci&oacute;n minimalista de los derechos humanos b&aacute;sicos y establece que la funci&oacute;n de la comunidad internacional de protegerlos consiste &uacute;nicamente en el deber negativo de prevenir violaciones masivas de los derechos humanos. Rawls considera que es necesario tener solamente una lista m&iacute;nima de los derechos humanos para as&iacute; poder acomodar a los pueblos decentes, que niegan o ignoran muchos de los derechos liberales e igualitarios, pero que no son tan opresivos y peligrosos como los llamados estados criminales. Rawls piensa que tales pa&iacute;ses (las sociedades decentes) son lo suficientemente justos como para merecerse el respeto de los pa&iacute;ses que son democr&aacute;ticos, liberales e igualitarios.</p>     <p>En la perspectiva pol&iacute;tica de Rawls, la ausencia de justicia global no constituye un problema pol&iacute;tico en el actual orden internacional. La justicia global es una ficci&oacute;n. No existen obligaciones de justicia a nivel global. Lo que nosotros le debemos, afirma Rawls, a otros habitantes del globo a trav&eacute;s del respeto de nuestras sociedades por otras sociedades de las cuales ellos son ciudadanos, es diferente de lo que le debemos a nuestros conciudadanos.</p>     <p>El liberalismo de Rawls limitado a asegurar solo un m&iacute;nimo fijo mediante los deberes de prevenir violaciones masivas de los derechos humanos y de asistencia, deja sin ninguna protecci&oacute;n a las sociedades pobres ante las formas de dominaci&oacute;n que el orden econ&oacute;mico internacional sostiene y que son impuestas a trav&eacute;s del poder de las instituciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas globales (Pogge, 2004a, p. 39). Aunque Rawls considera que las sociedades m&aacute;s ricas deben contribuir al problema de la reducci&oacute;n de la pobreza mundial mediante la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de asistencia social, desconoce la existencia de los factores estructurales de poder que determinan las asimetr&iacute;as en las relaciones de poder entre pa&iacute;ses ricos y pobres. Este desconocimiento determina que su propuesta normativa de un nuevo orden internacional sea funcional al sistema normativo que actualmente regula el orden econ&oacute;mico mundial.</p>  <font size="3">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El cosmopolitismo y los derechos humanos</b></p></font>      <p>Pogge hace en su libro <i>La pobreza en el mundo y los derechos humanos </i>y en otros ensayos posteriores un muy agudo diagn&oacute;stico del orden mundial contempor&aacute;neo, en la medida en que muestra que la pobreza existente en el mundo es el efecto de instituciones comunes como el mercado, que con la creciente globalizaci&oacute;n ha generado una mayor desigualdad y pobreza a nivel global. Muestra tambi&eacute;n de qu&eacute; forma las instituciones de gobernanza global han servido b&aacute;sicamente para fortalecer la posici&oacute;n de dominio de los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos y poderosos, y de las &eacute;lites de los pa&iacute;ses pobres. Se&ntilde;ala que es falsa la tesis defendida por Rawls, Nagel y Miller, seg&uacute;n la cual las situaciones de pobreza propias del mundo subdesarrollado no son un problema de justicia econ&oacute;mica global (Pogge, 2002, p. &#91;cap. IV&#93;). Considera que el problema del aseguramiento y protecci&oacute;n de los derechos humanos por parte de la comunidad internacional, debe incluir tanto los deberes negativos de salvaguardar la paz e imponer los derechos humanos, como los deberes positivos de protecci&oacute;n de los derechos humanos de origen econ&oacute;mico (Pogge, 2002, p. 129 ss.).</p>     <p>Pogge argumenta a favor de una amplia transformaci&oacute;n de la actual &quot;estructura b&aacute;sica global&quot;, la cual considera est&aacute;en evidente contradicci&oacute;n con los requerimientos de justicia (Pogge, 2002).<a name="no_2"></a><a href="#no2"><sup>2</sup></a> Para determinar la responsabilidad que los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados tienen en la implementaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas que han generado un aumento de la desigualdad y la pobreza en el mundo, muestra que los primeros est&aacute;n implicados en el destino de la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre de los pa&iacute;ses del mundo subdesarro-llado, en la medida en que: a) los han obligado a la pertenencia a un orden mundial en el que se produce regularmente pobreza, b)&nbsp;han contribuido a excluirlos del usufructo de materias primas, c)&nbsp;han defendido una desigualdad radical que es resultado de un proceso hist&oacute;rico atravesado por violencia, d) han generado un sistema que aumenta la desigualdad a trav&eacute;s de la transformaci&oacute;n radical de los vol&uacute;menes globales de ocupaci&oacute;n y de la composici&oacute;n del trabajo en la producci&oacute;n de bienes y servicios, y e) han hecho cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles las posibilidades de participaci&oacute;n de las empresas de los pa&iacute;ses en desarrollo en los mercados a trav&eacute;s de medidas proteccionistas y de pol&iacute;ticas de subsidios para los productores de los pa&iacute;ses ricos.<a name="no_3"></a><a href="#no3"><sup>3</sup></a></p>     <p>De este modo, Pogge se&ntilde;ala la relaci&oacute;n causal entre la pobreza existente en muchas regiones del mundo con el beneficio que han obtenido los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos, las grandes corporaciones econ&oacute;micas y las multinacionales, y los grupos m&aacute;s poderosos de los pa&iacute;ses pobres. Mediante el establecimiento de esta relaci&oacute;n da las razones para afirmar que el actual orden econ&oacute;mico mundial es injusto. Por esto se requiere, como alternativa pol&iacute;tica para superar esta situaci&oacute;n, plantear tanto una reforma de aquellas instituciones de gobernanza global como el Banco Mundial, el FMI, la OMC, as&iacute; como implementar una propuesta de justicia redistributiva de bienes a nivel mundial. El planteamiento de un dividendo global de los recursos (DRG) es la propuesta de justicia redistributiva que Pogge ha propuesto para hacer efectivas las reparaciones por los da&ntilde;os producidos por el sistema econ&oacute;mico mundial. &Eacute;l piensa, sin embargo, que este modelo redistributivo debe ser construido de manera tal que no altere de forma radical el sistema econ&oacute;mico global (Pogge, 2002, p. 204 ss.).</p>     <p>La alternativa redistributiva propuesta por el fil&oacute;sofo alem&aacute;n es d&eacute;bil si esta se considera a la luz del discurso de los derechos humanos. La consecuencia de optar por un proyecto redistribu-tivo minimalista, es que reduce las obligaciones de justicia que se le atribuyen a la comunidad internacional. Esto genera una forma muy especial de d&eacute;ficit de responsabilidad. Si hay factores estructurales que determinan las asimetr&iacute;as en las relaciones de poder entre pa&iacute;ses ricos y pobres, y si hay actores identificados como responsables del aumento de la pobreza y de violaciones de derechos humanos, entonces, &iquest;por qu&eacute; Pogge propone como alternativa un programa minimalista de justicia global y de derechos humanos?</p>  <font size="3">    <p><b>&iquest;Puede una concepci&oacute;n pluralista de los derechos humanos ofrecer una alternativa al proyecto de los derechos humanos?</b></p></font>      <p>Consideradas estas limitaciones de la propuesta de Pogge se hace necesario formular de otra manera el discurso de los derechos humanos a fin de que pueda servir realmente para enfrentar aquellas amenazas a los derechos humanos que se producen como consecuencia de la globalizaci&oacute;n. As&iacute;, la pregunta b&aacute;sica es: &iquest;Es posible en el marco del orden internacional actual hablar de justicia econ&oacute;mica global y de respeto y cumplimiento de los derechos humanos?</p>     <p>Con el fin de poder responder esta pregunta voy a reconstruir la propuesta de la fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola Cristina Lafont, para mirar si esta da cuenta de las demandas de justicia global y respeto a los derechos humanos, se&ntilde;aladas en el punto anterior.</p>     <p>La tesis central de Lafont afirma que el discurso dominante en el siglo veinte sobre los derechos humanos establece que los Estados tienen la responsabilidad de proteger los derechos humanos de sus propios ciudadanos, pero no tienen responsabilidades frente a ciudadanos de otros Estados o frente a sus propios ciudadanos como participantes en las instituciones de gobernanza global. Esta brecha en la atribuci&oacute;n de responsabilidades se ha manifestado de forma radical con la globalizaci&oacute;n, que como proceso mundial de transformaci&oacute;n de las estructuras econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, ha producido un peculiar mal emparejamiento entre el concepto de los derechos humanos y la asignaci&oacute;n de las obligaciones de derechos humanos que se hab&iacute;an considerado aseguradas a lo largo del siglo veinte.</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De un lado, los derechos humanos son calificados como universales. La universalidad inherente a los derechos humanos expresa un ideal cosmopolita de igual respeto para todos los seres humanos. De otro lado, de acuerdo con la interpretaci&oacute;n est&aacute;ndar de las obligaciones de derechos humanos, los Estados tienen la primera responsabilidad en la protecci&oacute;n de los derechos humanos de sus propios ciudadanos (Lafont, 2011a, p. 1).</p> </blockquote>     <p>La interpretaci&oacute;n estado-c&eacute;ntrica de las responsabilidades frente a los derechos humanos deja una brecha con respecto a algunas responsabilidades que los Estados pueden tener en el tratamiento de sus ciudadanos o de ciudadanos de otros Estados, ya sea a trav&eacute;s de acci&oacute;n directa, por ejemplo, por la pol&iacute;tica exterior, o indirectamente a trav&eacute;s de sus acciones como participantes en instituciones de gobernanza global como el FMI, la OMC y el Banco Mundial. Esto quiere decir que los Estados deben proteger los derechos humanos de sus propios ciudadanos, pero est&aacute;n libres de responsabilidad en el tratamiento de aquellos que est&aacute;n fuera de su frontera o jurisdicci&oacute;n.</p>     <p>En la argumentaci&oacute;n estado-c&eacute;ntrica se muestra que al pasar del orden dom&eacute;stico de la justicia al orden internacional, no se pueden hacer valer en este &uacute;ltimo las exigencias de justicia vinculadas a los derechos constitucionales reconocidos a los ciudadanos. Veamos con m&aacute;s detalle a aquellos que como Habermas y Rawls defienden una concepci&oacute;n estado-c&eacute;ntrica de los derechos humanos. Para Habermas, las exigencias de justicia est&aacute;n conectadas a los derechos civiles y pol&iacute;ticos reconocidos a los ciudadanos de cada Estado particular (Habermas, 1997, pp. 61-90).<a name="no_4"></a><a href="#no4"><sup>4</sup></a> Estas exigencias de justicia comprenden una relaci&oacute;n igualitaria entre ciudadanos, que como demanda de justicia social solo puede realizarse en el contexto dom&eacute;stico de un Estado naci&oacute;n. Este componente de justicia igualitaria, que se realiza mediante la adopci&oacute;n de medidas redistributivas, no puede extenderse a las relaciones entre una sociedad y otra, o entre los miembros de diferentes sociedades. Para Habermas, las obligaciones de justicia econ&oacute;mica y social solamente aplican a las relaciones en las que las personas est&aacute;n en una comunidad nacional unidas a trav&eacute;s de la aceptaci&oacute;n com&uacute;n de una concepci&oacute;n de justicia. Por esta raz&oacute;n piensa el autor alem&aacute;n que las obligaciones dom&eacute;sticas de justicia econ&oacute;mica y social deben separarse de las obligaciones de justicia de la comunidad internacional e interpretarse estas &uacute;ltimas no como demandas de realizaci&oacute;n de los derechos humanos, sino como aspiraciones pol&iacute;ticas, &quot;que en cuanto tales reflejan diferentes orientaciones valorativas y, por tanto, su orientaci&oacute;n debe depender de los compromisos negociados entre los valores e intereses encontrados de los diferentes poderes transnacionales&quot; (Lafont, 2008, p. 142).</p>     <p>Rawls expresa de forma muy clara su posici&oacute;n afirmando, primero, en su <i>Teor&iacute;a de la justicia, </i>que los requerimientos liberales de justicia aplican solamente a la estructura b&aacute;sica de un Estado naci&oacute;n unificado; y segundo, en <i>El derecho de gentes, </i>dice que los requerimientos liberales e igualitarios de justicia no pueden ser extrapolados a otros contextos de justicia, como el internacional, el cual requiere de otros est&aacute;ndares. La tesis central de Rawls es que la justicia y el respeto a los derechos humanos es algo que debemos, a trav&eacute;s de nuestras instituciones compartidas, solo a aquellos con quienes estamos en una relaci&oacute;n pol&iacute;tica estrecha, es decir a los ciudadanos de nuestro pa&iacute;s. Los requerimientos liberales de justicia incluyen un componente fuerte de igualdad entre ciudadanos. Este componente igualitario no aplica a las relaciones entre una sociedad y otra, o entre los miembros de diferentes sociedades. Rawls limita as&iacute; las obligaciones de justicia a las relaciones en las que las personas est&aacute;n en una comunidad nacional unidas a trav&eacute;s de la aceptaci&oacute;n com&uacute;n de una concepci&oacute;n de justicia y excluye de estas relaciones a las personas que viven en sociedades nacionales diferentes. Un orden normativo solamente puede existir al interior de un Estado que tenga la autoridad de hacer cumplir las leyes en nombre de todos los sujetos jur&iacute;dicos. M&aacute;s all&aacute;del Estado no hay justicia, sino solamente el reino amoral de la pol&iacute;tica internacional, como se puede afirmar a partir de Hobbes.</p>     <p>Rawls propone una interpretaci&oacute;n minimalista de los derechos humanos b&aacute;sicos y afirma que la comunidad internacional solamente debe encauzarse hacia la prevenci&oacute;n de violaciones masivas de los derechos humanos. Los derechos a la participaci&oacute;n pol&iacute;tica, a la igualdad, y los derechos sociales est&aacute;n ausentes de manera notoria. Seg&uacute;n la divisi&oacute;n de tareas propuesta en el modelo rawlsiano, que resulta de establecer esta diferenciaci&oacute;n de est&aacute;ndares de justicia y tipos de deberes, la funci&oacute;n que tiene la comunidad internacional de proteger los derechos humanos consiste &uacute;nicamente en salvaguardar la paz e imponer una lista muy reducida de los derechos humanos a escala global.</p>     <p>As&iacute; Rawls, en el sentido del realismo pol&iacute;tico, afirma que la justicia puede ser una virtud dentro de la sociedad, pero es completamente irrelevante para definir las relaciones entre los Estados, puesto que cada uno de ellos persigue de forma leg&iacute;tima su propio inter&eacute;s, independientemente de los intereses de los otros y de consideraciones de justicia. El realismo contempor&aacute;neo busca superar la idea hobbesiana del orden internacional como una situaci&oacute;n de guerra entre los Estados; para esto introduce el concepto de sociedad internacional y propone una concepci&oacute;n de justicia aplicable a las relaciones entre Estados, a saber, la justicia interestatal o internacional (Bull, 2005). Rawls, siguiendo estas tesis del realismo sostiene, de un lado, que la funci&oacute;n principal del derecho internacional ha consistido en identificar la idea com&uacute;n de una sociedad de Estados soberanos como el principio normativo supremo de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica de la humanidad, y, de otro lado, que las demandas de justicia global relacionadas con la transferencia de recursos de los pa&iacute;ses ricos a los pobres son irrealizables en el orden internacional del presente (Rasmus-sen, 2009, p. 351 ss.).</p>     <p>&iquest;Pero por qu&eacute; Rawls asume esto? Su argumentaci&oacute;n est&aacute;basada en una cierta idea de que la legitimaci&oacute;n est&aacute;determinada por la justicia. Parece que es claro para Rawls que la justicia y la soberan&iacute;a est&aacute;n estrechamente relacionadas: sin justicia no puede haber un orden pol&iacute;tico soberano, y sin soberan&iacute;a, no puede ser creada la condici&oacute;n necesaria para la justicia pol&iacute;tica (Nagel, 2010, p. 398). La justicia pol&iacute;tica est&aacute;basada en las obligaciones &quot;asociativas&quot;, las cuales suponen relaciones legales compartidas. &quot;Se supone que el gobierno es responsable por los intereses y las preferencias del 'pueblo soberano', no de toda la humanidad ni de todas las personas cuyos intereses leg&iacute;timos pueden ser afectados seriamente por las acciones del gobierno&quot; (Buchanan, 2010, pp. 1700-1703). &iquest;Qu&eacute; consecuencias tiene esto en las relaciones internacionales y en las obligaciones de los actores no estatales?</p>     <p>En la concepci&oacute;n estado-c&eacute;ntrica, los representantes de los Estados democr&aacute;ticos son pol&iacute;ticamente responsables frente a sus propios ciudadanos por la prioridad que ellos deben darle a los intereses y derechos de sus ciudadanos frente a los ciudadanos de otros pa&iacute;ses. Esto no ser&iacute;a un problema si los Estados se ocuparan solamente de sus propios asuntos, pero es un problema una vez que los representantes de los Estados participan en instituciones de gobernanza global - como el FMI, la OMC, el Banco Mundial, instituciones ambientalistas, el Consejo de Seguridad de la ONU y la Corte Penal Internacional-, &quot;pues en este contexto ellos son responsables frente a sus propios ciudadanos y deben darles prioridad a sus intereses a la vez que toman decisiones sobre regulaciones globales a las cuales los ciudadanos de otros pa&iacute;ses est&aacute;n sujetos, pero frente a las cuales ellos no son responsables de ninguna manera. Esto produce un d&eacute;ficit de responsabilidad&quot; (Lafont, 2011a, p. 1).</p>     <p>Las instituciones de gobernanza global son responsables internamente frente a sus Estados debido al soporte econ&oacute;mico y a la autorizaci&oacute;n que reciben de ellos. Ahora bien, estas organizaciones producen efectos negativos hacia el exterior y al no actuar en concordancia con el respeto a los derechos humanos se produce el ya mencionado d&eacute;ficit de responsabilidad. Este se da tambi&eacute;n porque muchas personas pobres afectadas por las pol&iacute;ticas del FMI, OMC y el Banco Mundial no tienen ninguna habilidad, ni capacidad para exigir a estas organizaciones que act&uacute;en de forma responsable.</p>     <p>Hay que considerar tambi&eacute;n la responsabilidad que tienen las corporaciones transnacionales o multinacionales, que se han convertido en uno de los m&aacute;s importantes actores internacionales durante la segunda parte del siglo XX. Los ingresos de algunas corporaciones transnacionales exceden el producto interno bruto de algunos de los m&aacute;s ricos Estados de Europa. M&aacute;s de 54 millones de personas est&aacute;n empleadas en las corporaciones transnacionales y esta cifra es mucho m&aacute;s alta si uno incluye relaciones no equitativas de trabajo como la sub-contrataci&oacute;n y los contratos de prestaci&oacute;n de servicios. &quot;Una investigaci&oacute;n realizada en 2003 muestra que 1.39 billones de personas tienen trabajos muy pesados, sin embargo, no reciben unos ingresos suficientes que les permita llevar un est&aacute;ndar decente de vida&quot; (Kreide, 2011, p. 1). La pobreza a nivel mundial es a menudo pobreza a pesar de tener trabajo. Esta no es necesariamente causada por las corporaciones transnacionales, pero sucede a menudo que estas corporaciones pagan tan poco que por eso sus trabajadores pasan necesidades. El problema que esto plantea es el de la obligaci&oacute;n de las corporaciones transnacionales de respetar los derechos humanos b&aacute;sicos. &iquest;Tienen estas corporaciones y las instituciones de gobernanza global obligaciones de derechos humanos? y si los tienen, &iquest;son estos diferentes, de un lado, de las obligaciones de derechos humanos individuales y, de otro lado, de las obligaciones del Estado?</p>  <font size="3">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El contenido de las obligaciones individuales y colectivas</b></p></font>      <p>Hemos visto que los pa&iacute;ses m&aacute;s poderosos pueden imponer regulaciones econ&oacute;micas globales que tienen efectos devastadores para muchos habitantes de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres sujetos a estas normas. La tesis de Lafont es que esto ocurre no porque los delegados de estos pa&iacute;ses en las instituciones de gobernanza global eviten la responsabilidad, sino al contrario, lo hacen de forma responsable, pero en funci&oacute;n de proteger los intereses y derechos de sus propios ciudadanos. Las tarifas y subsidios agr&iacute;colas permitidas por la OMC han restringido seriamente la posibilidad de que los productores agr&iacute;colas de los pa&iacute;ses menos desarrollados encuentren mercados para sus bienes. Los acuerdos sobre los derechos de propiedad intelectual establecidos en la Ronda de Uruguay, bajo los auspicios de la OMC, aumentaron el tiempo de vigencia de las patentes y otros derechos de propiedad, determinando que la transferencia tecnol&oacute;gica fuera m&aacute;s dif&iacute;cil y costosa para los pa&iacute;ses del tercer mundo, y haciendo que bienes tan importantes como los medicamentos se convirtieran en absolutamente costosos para sus ciudadanos en necesidad.<a name="no_5"></a><a href="#no5"><sup>5</sup></a></p>     <p>Un ejemplo que da Lafont permite ilustrar esto de forma m&aacute;s clara. Las recientes disculpas p&uacute;blicas hechas por el ex-presidente Bill Clinton por haber presionado durante su gobierno por un dr&aacute;stico recorte en las tarifas de los precios de importaci&oacute;n en los Estados Unidos del arroz proveniente de Hait&iacute;. Clinton justific&oacute; su acci&oacute;n en el hecho de que como representante de los Estados Unidos ten&iacute;a que defender los intereses de los ciudadanos de su pa&iacute;s, pero al darse cuenta mucho m&aacute;s tarde de las consecuencias negativas de su acci&oacute;n decidi&oacute; pedir disculpas y aceptar que &eacute;l era el &uacute;nico responsable.<a name="no_6"></a><a href="#no6"><sup>6</sup></a></p>     <blockquote>    <p>Este ejemplo muestra de forma muy clara que el presidente Clinton defendiendo los intereses econ&oacute;micos de los agricultores de Arkansas se asume a s&iacute; mismo cumpliendo con su obligaci&oacute;n de proteger o promover los derechos de los ciudadanos de su propio pa&iacute;s. Pero a la luz de la cat&aacute;strofe humanitaria que sigui&oacute; al colapso de la producci&oacute;n del arroz en Hait&iacute;, &eacute;l reconoce su responsabilidad directa en obstaculizar el derecho humano a la alimentaci&oacute;n de los ciudadanos de Hait&iacute; (Lafont, 2011a, p. 2).</p> </blockquote>     <p>El problema que tenemos aqu&iacute; es que de acuerdo con la actual distribuci&oacute;n de las obligaciones de derechos humanos es muy dif&iacute;cil enmarcar la demanda de responsabilidad que est&aacute;en el n&uacute;cleo de sus disculpas. Desde la perspectiva de la ley internacional de los derechos humanos, no hay una obligaci&oacute;n legal espec&iacute;fica que el Presidente Clinton hubiera fallado en cumplir. En tanto que &eacute;l no es un representante de los ciudadanos haitianos, &eacute;l no es responsable por la protecci&oacute;n de sus intereses y derechos. Desde un punto de vista pol&iacute;tico sus excusas son muy extra&ntilde;as en tanto que &eacute;l se limit&oacute; a cumplir como presidente con su obligaci&oacute;n de defender y proteger los intereses y derechos de los ciudadanos de su propio pa&iacute;s.</p>     <p>Clinton ejecut&oacute; sus obligaciones en el marco de los par&aacute;metros legales de los principios del libre intercambio establecidos por la OMC, principios que apelan a la eliminaci&oacute;n de las tarifas en las importaciones y en otras barreras para el comercio. Con sus disculpas Clinton reconoce que hizo algo mal y que &eacute;l es el &uacute;nico responsable, pero sus excusas no tienen sentido en el marco del sistema de adscripci&oacute;n de responsabilidades para la protecci&oacute;n de los derechos humanos reconocido actualmente por la comunidad internacional. De acuerdo con la concepci&oacute;n estado-c&eacute;ntrica ni el gobierno de los Estados Unidos ni la OMC tienen una obligaci&oacute;n legal para proteger los derechos humanos de los ciudadanos haitianos. Esta la tienen los representantes pol&iacute;ticos de Hait&iacute;. &iquest;Pero son ellos responsables de la cat&aacute;strofe humanitaria? &iquest;Pod&iacute;an resistirse a las exigencias impuestas por la OMC en tanto miembros de esta organizaci&oacute;n, y a las demandas de ajuste estructural impuestas por el FMI y el Banco Mundial? No lo pod&iacute;an hacer; los representantes pol&iacute;ticos del Estado haitiano en las mesas de decisi&oacute;n de las mencionadas instituciones de go-bernanza global no tienen ninguna posibilidad de que sus quejas sean atendidas y sus demandas contestadas.</p>     <p>Seg&uacute;n esto, se puede afirmar, entonces, que la actual distribuci&oacute;n de las obligaciones de respeto a los derechos humanos impide la efectiva protecci&oacute;n de estos derechos, pues aquellos actores que tienen la obligaci&oacute;n de proteger los derechos humanos de sus ciudadanos, -los gobernantes de los Estados m&aacute;s pobres- no tienen la efectiva capacidad para hacerlo y los actores que tienen la efectiva capacidad - el FMI, el Banco Mundial, la OMC - no tienen ninguna obligaci&oacute;n (Lafont, 2011b, p. 3).</p>     <p>La alternativa institucional a estos problemas, planteada por Lafont, es extender la responsabilidad hacia los Estados poderosos, las instituciones de gobernanza global y los actores no-estatales. La extensi&oacute;n de alg&uacute;n grado de responsabilidad hacia los Estados poderosos, por medio de transformaciones estructurales de las instituciones de gobernanza global, ofrece una luz de esperanza; pero es importante tener un ajustado grado de escepticismo respecto a los Estados poderosos ya que estos no aceptan la responsabilidad en aras de s&iacute; misma, sino b&aacute;sicamente porque ellos obtienen beneficios para ellos mismos de esas instituciones.</p>     <p>La propuesta es pues, extender el c&iacute;rculo de actores cuya conducta est&eacute; regulada por las normas del derecho internacional m&aacute;s all&aacute;de los Estados, hacia aquellos actores no estatales que tienen la capacidad de impedir la protecci&oacute;n de los derechos humanos y plantear las obligaciones de los actores colectivos. &quot;Implemen-tar esta extensi&oacute;n supone crear mecanismos institucionales de gobernanza global que reconozcan legalmente su obligaci&oacute;n de respetar los derechos humanos a trav&eacute;s de crear mecanismos asociativos para asegurar que las pol&iacute;ticas y regulaciones que ellos imponen no impidan la protecci&oacute;n de los derechos humanos&quot; (Lafont, 2011b, p. 20).</p>  <font size="3">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Conclusi&oacute;n: argumentos para una concepci&oacute;n pluralista de los derechos humanos</b></p></font>      <p>El paso para enfrentar el d&eacute;ficit de responsabilidad que se da en el actual orden internacional es extender el c&iacute;rculo de actores cuya conducta es regulada por las normas internacionales de los derechos humanos hacia los actores no estatales que tengan la capacidad de obstaculizar la protecci&oacute;n de los derechos humanos. Esta extensi&oacute;n requiere de instituciones de gobernanza global que reconozcan legalmente su obligaci&oacute;n de respetar los derechos humanos, a trav&eacute;s de crear mecanismos institucionales para asegurar que las pol&iacute;ticas y regulaciones que ellas hacen valer no obstaculicen la protecci&oacute;n de los derechos humanos. (Lafont, 2011b, p. 21). Las instituciones de gobernanza global, al igual que todas las instituciones en general, no deben persistir en cometer serias injusticias.</p>     <p>La concepci&oacute;n pluralista de derechos humanos que Lafont defiende no es ni cosmopolita ni Estado-c&eacute;ntrica. A la fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola le interesa proponer un proyecto que se pueda llevar adelante aqu&iacute; y ahora, dada la situaci&oacute;n dram&aacute;tica de pobreza y desigualdad a nivel global por falta de aseguramiento de los derechos humanos. En este sentido, esta reforma de las instituciones de gobernanza global y de vinculaci&oacute;n de los actores no-estatales al derecho, que Lafont formula, es compatible con el actual sistema internacional de Estados.</p>     <p>La concepci&oacute;n pluralista de los derechos humanos propone respetar los derechos humanos de todas las personas y no simplemente de los propios ciudadanos. &quot;Los derechos humanos establecen unos est&aacute;ndares m&iacute;nimos; ellos no pretenden describir un ideal social y un mundo pol&iacute;tico&quot; (Nickel, 2007, 132-133). Los derechos humanos se focalizan en &aacute;reas de gran injusticia. Como est&aacute;ndares m&iacute;nimos ellos esperan ser respaldados por medio de razones muy bien fundamentadas de apelaci&oacute;n universal para ser considerados como de alta prioridad y para resistir las pretensiones de autonom&iacute;a nacional y cultural. Sin embargo, seg&uacute;n La-font, la pretensi&oacute;n de respeto de los derechos humanos de todas las personas no conduce a un Estado mundial.</p>     <p>En la medida en que las instituciones de gobernanza global son afectadas, la diferencia relevante entre promover y respetar los derechos humanos no es simplemente una diferencia entre acci&oacute;n y omisi&oacute;n.</p>     <blockquote>    <p>Es la diferencia entre tomar el cumplimiento y la realizaci&oacute;n de los derechos humanos a nivel mundial como su propio fin (convertirse en una organizaci&oacute;n de derechos humanos); o aceptar la obligaci&oacute;n de asegurar que las regulaciones que ellas implementan en la b&uacute;squeda de sus propios fines (liberalizaci&oacute;n del comercio, estabilidad financiera, crecimiento econ&oacute;mico, etc.) no impidan la protecci&oacute;n de los derechos humanos en el mundo (Lafont, 2011b, p. 9).</p> </blockquote>     <p>Con las instituciones de gobernanza global se trata de que sus representantes defiendan los intereses de sus ciudadanos, pero no al costo de violar los derechos humanos b&aacute;sicos de los otros ciudadanos.</p>     <p>As&iacute;, la propuesta de Lafont est&aacute;en un punto intermedio entre aquellos autores que plantean la necesidad de un Estado mundial, cuyos representantes pudieran tener la responsabilidad colectiva de proteger de forma igual los intereses y los derechos de todos los ciudadanos en el mundo, y el sistema internacional de Estados en el que sus representantes tienen la primera responsabilidad de proteger los intereses y derechos de sus propios ciudadanos. En la medida en que su planteamiento no es ni cosmopolita ni estatista, plantea como posible alternativa que los ciudadanos que representan los intereses de sus respectivos pa&iacute;ses en instituciones de gobernanza global defiendan esos intereses y a la vez sigan las orientaciones de la concepci&oacute;n pluralista de los derechos humanos. De este modo escribe: &quot;Afianzar las obligaciones de derechos humanos en las instituciones de gobernanza global actuales como el FMI, la OMC y el Banco Mundial de ninguna manera socava las obligaciones especiales que ellas tienen con sus propios ciudadanos&quot; (Lafont, 2011b, p. 2).</p>     <p>Finalmente voy a considerar el problema que propuse al inicio: &iquest;es posible la transformaci&oacute;n del orden internacional a partir de una rearticulaci&oacute;n del discurso de los derechos humanos? Se trata en esta propuesta de una transformaci&oacute;n radical de las estructuras econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas tanto a nivel nacional como global. As&iacute;, mediante una transformaci&oacute;n, en el sentido planteado por Lafont, de las instituciones de gobernanza global, de las corporaciones multinacionales y de los actores no-estatales, ser&iacute;a posible, entonces, superar la profunda dificultad del discurso de los derechos humanos determinado por la imposibilidad de atribuir responsabilidades a los representantes de los Estados, a las instituciones de gobernanza global y a los actores no-estatales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La brecha que se produce en la concepci&oacute;n Estado-c&eacute;ntrica de los derechos humanos en la atribuci&oacute;n de las responsabilidades, que consiste en la prioridad que tienen los Estados en la protecci&oacute;n de los derechos humanos de sus propios ciudadanos y en el consiguiente descuido frente a los derechos de los dem&aacute;s ciudadanos, es superada en el planteamiento de Lafont. En la medida en que ella construye un modelo diferenciado para establecer las responsabilidades de los diferentes agentes estatales, supranacionales y globales, puede dar una respuesta al problema fundamental que se produce en la concepci&oacute;n Estado-c&eacute;ntrica de los derechos humanos.</p>     <p>En este punto juega un papel fundamental el papel de los ciudadanos y de la esfera p&uacute;blica y con esto la cuesti&oacute;n de la debida asignaci&oacute;n de tareas entre las instituciones de gobernanza global y la pol&iacute;tica hecha por una sociedad civil activa y cooperante. Es solamente a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n de aquellos afectados por violaciones de los derechos humanos que podemos conseguir reglas leg&iacute;timas internacionales que vinculen a actores colectivos. A trav&eacute;s de esta presi&oacute;n externa los ciudadanos se convierten en participantes mucho m&aacute;s serios en el proceso de realizar los derechos humanos en su espec&iacute;fico campo de competencia.</p>  <hr>      <p><b>Notas</b></p>      <p><a name="no*"></a><a href="#no_*"><sup>*</sup></a> Este art&iacute;culo hace parte del proyecto de investigaci&oacute;n: &quot;Los fundamentos normativos de la democracia y el problema de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica&quot;, aprobado por el Centro de Investigaci&oacute;n de la Universidad de Antioquia CODI.</p>     <p><a name="no1"></a><a href="#no_1"><sup>1</sup></a> Los ocho principios del derecho de los pueblos son: la autonom&iacute;a pol&iacute;tica, la igualdad jur&iacute;dica de los Estados, el respeto a los tratados, la defensa propia, el deber de no intervenci&oacute;n, el respeto a los derechos humanos en el interior, los deberes en la conducci&oacute;n de la guerra, el deber de asistencia a otros pueblos que vivan bajo condiciones no favorables (Rawls, 1999, p. 37).</p>      <p><a name="no2"></a><a href="#no_2"><sup>2</sup></a>De Thomas Pogge v&eacute;ase tambi&eacute;n: 2004b, 2005 y 2007.</p>      <p><a name="no3"></a><a href="#no_3"><sup>3</sup></a>Estos elementos han sido desarrollados a partir de los an&aacute;lisis de la injusticia global de Thomas Pogge (Cf. 2002, p. 196 ss.).</p>      <p><a name="no4"></a><a href="#no_4"><sup>4</sup></a> De Habermas v&eacute;ase tambi&eacute;n 2000, 2004 y 2006.</p>      <p><a name="no5"></a><a href="#no_5"><sup>5</sup></a>Acerca de las consecuencias negativas de la globalizaci&oacute;n v&eacute;ase: Stiglitz (2002); Pogge (2002), cap. 4 y 5; Ocampo (2004); Beck (2000) y Bauman (2001).</p>      <p><a name="no6"></a><a href="#no_6"><sup>6</sup></a>Tomado del art&iacute;culo de Lafont: &quot;Al dar testimonio en el Comit&eacute; de Relaciones Exteriores del Congreso Clinton declar&oacute; que: 'Esto pudo haber sido muy bueno para algunos de mis agricultores en Arkansas, pero esto no funcion&oacute;. Esto fue un error... Tengo que vivir cada d&iacute;a con las consecuencias que se dieron en Hait&iacute; al perderse la capacidad para producir una cosecha de arroz para alimentar a esa gente, debido a lo que yo hice; nadie m&aacute;s es responsable&quot; (Lafont, 2011b, p. 4).</p>  <hr>  <font size="3">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias</b></p></font>      <!-- ref --><p>Bauman, Z. (2001). <i>La posmodernidad y sus descontentos. </i>M. Malo, C. Pi&ntilde;a (trad.). Madrid: Akal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1692-8857201200020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Beck, U. (2000). <i>Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalizaci&oacute;n. </i>B. Moreno (Trad.). Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1692-8857201200020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Buchanan, A. (2010). <i>Human Rights, Legitimacy, and The Use of Force. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1692-8857201200020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bull, H. (2005). <i>La sociedad an&aacute;rquica. Un estudio sobre el orden en la pol&iacute;tica mundial. </i>I. Mart&iacute;n (Trad.). Madrid: Catarata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1692-8857201200020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Cort&eacute;s, F. &amp; Piedrahita, F. (2011). <i>De Westfalia a Cosm&oacute;polis. Soberan&iacute;a, ciudadan&iacute;a, derechos humanos y justicia econ&oacute;mica global. </i>Bogot&aacute;: Siglo del Hombre Editores/Instituto de Filosof&iacute;a de la Universidad de Antioquia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1692-8857201200020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Habermas, J. (1997). La idea kantiana de paz perpetua. Desde la distancia hist&oacute;rica de doscientos a&ntilde;os. J.C. Velasco, G. Vilar (trad.). <i>Isegor&iacute;a. Revista de Filosof&iacute;a Moral y Pol&iacute;tica, 16, </i>147-188.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1692-8857201200020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Habermas, J. (2000). <i>La Constelaci&oacute;n Posnacional. Ensayos Pol&iacute;ticos. P. Fabra et al. (Trad.). </i>Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1692-8857201200020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>    <!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">Habermas, J. (2004). Hat die Konstitutionalisierung del V&ouml;lkerrechts noch eine Chance? En J. Habermas, <i>Der gespaltene Westen </i>(pp. 11-40).Frankfurt am Main: Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1692-8857201200020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>  <font face="verdana" size="2">     <!-- ref --><p>Habermas, J. (2006). Una constituci&oacute;n pol&iacute;tica para una sociedad mundial pluralista. En J. Habermas, <i>Entre naturalismo y religi&oacute;n </i>(pp. 324-366). F. Gil, et. al. (Trads.). Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1692-8857201200020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Kreide, R. (2011). The Responsibility of Non-State Actors. Transnational Corporations and Human Rights Obligations. Manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1692-8857201200020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Lafont, C. (2008). Justicia global en una sociedad mundial pluralista. <i>Estudios </i><i>de filosof&iacute;a </i>(n&uacute;mero especial), 139-162.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1692-8857201200020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Lafont, C. (2011a). &quot;Global Governance and Human Rights (1) Can a practical conception of human rights offer any guidance to the human rights project?&quot;. Manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1692-8857201200020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Lafont, C. (2011b). Global Governance and Human Rights (2): Challenging the state-centric conception of human rights without endorsing the ideal of a world state. Manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-8857201200020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Nagel, T. (2010). The Problem of Global Justice. En, G. Wallece &amp; D. Held (Eds.), <i>The Cosmopolitan Reader </i>(pp. 393-413). 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Globalizaci&oacute;n, desarrollo y democracia </i><i>en Am&eacute;rica Latina. </i>Bogot&aacute;: Norma.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1692-8857201200020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Pogge, T. (2002). <i>World Poverty and Human Rights. </i>Cambridge: Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1692-8857201200020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Pogge, T. (2004a). La incoherencia entre las teor&iacute;as de la justicia de Rawls. D. Alvarez (Trad.). <i>Revista Internacional de Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica, 23, </i>28-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1692-8857201200020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Pogge, T. (2004b). Assisting' the Global Poor. En D. K. Chatterjee (Ed.), <i>The </i><i>Ethics of Assistance: Morality and the Distant Needy </i>(pp. 26-88). Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1692-8857201200020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Pogge, T. (2005). Severe Poverty as a Violation of Negative Duties. <i>Ethics and</i><i>International Affairs, 19 </i>(1), 55-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1692-8857201200020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Pogge, T. (2007). Severe Poverty as a Human Rights Violation. En T. Pogge (Ed.), <i>Freedom From Poverty as a Human Right </i>(pp. 11-53). Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1692-8857201200020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rawls, J. (1971). <i>A theory of justice. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1692-8857201200020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Rawls, J. (1999). <i>The Law of Peoples. </i>Cambridge, MA: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1692-8857201200020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>    <!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">Rasmussen, D. M. (2009). Die M&ouml;glichkeit globaler Gerechtigkeit. En R. Forst, M. Hartmann, R. Jaeggi &amp; M. Saar (Eds.), <i>Sozialphilosophie und Kritik </i>(pp. 339-358). Frankfurt am Main: Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1692-8857201200020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  <font face="verdana" size="2">    <!-- ref --><p>Stiglitz, J. E. (2002). <i>El malestar en la globalizaci&oacute;n. </i>C. Rodr&iacute;guez (Trad.). Madrid: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1692-8857201200020000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Stiglitz, J. E. (2003). <i>Los felices 90. La semilla de la destrucci&oacute;n. </i>V. Gordo (Trad.). Bogot&aacute;: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1692-8857201200020000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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