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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><font size="4"><b>Friedrich Schlegel: sobre una edici&oacute;n de sus escritos<a name="n_*"></a><a href="#n*"><sup>*</sup></a> </b></font></p>     <p>Rafael Guti&eacute;rrez Girardot    <br> Traducci&oacute;n del alem&aacute;n por Juan Guillermo G&oacute;mez Garc&iacute;a</p>     <p>&iquest; Qui&eacute;n fue, o m&aacute;s precisamente: qu&eacute; fue Friedrich Schlegel?</p>     <p>Desde la &eacute;poca de Goethe hasta nuestros d&iacute;as son muchas las transformaciones que ha sufrido el concepto del romanticismo, y hoy resulta dif&iacute;cil suponer que fueron Schlegel y Novalis quienes lo formularon. Ya Dilthey en su ensayo sobre Novalis <i>(Das Erlebnis und die Dichtung, </i>ed. de 1956) hac&iacute;a notar el abuso con que se aplica este concepto y propon&iacute;a ponerle fin haci&eacute;ndole desaparecer del vocabulario cient&iacute;fico-literario. Él, y m&aacute;s tarde, Hans A. Korff se decidieron por el m&aacute;s amplio de &quot;&eacute;poca de Goethe&quot;, privando as&iacute; a la Historia del esp&iacute;ritu de adherencias in&uacute;tiles y de etiquetas perjudiciales. Novalis, Schlegel, Schleiermacher, Hegel, A. von Humboldt, Schelling, etc., forman esa constelaci&oacute;n que sigue a Goethe, Kant y Fichte, y que en sentido amplio se llam&oacute; originariamente el romanticismo. Friedrich Schlegel fue, pues, un rom&aacute;ntico y, si se quiere, un disc&iacute;pulo de Fichte, no de Kant, a quien parad&oacute;jicamente sol&iacute;a atacar en cada escrito. La respuesta es, sin embargo, insuficiente. Es cierto que fue Fichte quien dio a Schlegel el fundamento filos&oacute;fico: el descubrimiento del Yo, del que dedujo su idea de la poes&iacute;a rom&aacute;ntica como una poes&iacute;a universal progresiva, del sacerdocio del artista, de la iron&iacute;a, de la combinaci&oacute;n de poes&iacute;a y filosof&iacute;a y, en fin, de un arte combinatorio que no fue otra cosa que una teor&iacute;a de la interpretaci&oacute;n literaria. Pero estas &quot;deducciones&quot;, para decirlo con una palabra favorita de esa &eacute;poca, no son en realidad el contenido de la obra de Schlegel, y la pregunta por &eacute;l y por su obra se queda a mitad de camino cuando se la responde con semejante enumeraci&oacute;n.</p>     <p>Schlegel fue algo m&aacute;s que un disc&iacute;pulo de Fichte. Hegel, en sus Conferencias sobre Est&eacute;tica, en el cap&iacute;tulo dedicado a la Iron&iacute;a lo llama con desprecio &quot;una naturaleza esencialmente cr&iacute;tica y no precisamente filos&oacute;fica&quot;, y en uno de los informes rendidos al Ministerio de educaci&oacute;n de Prusia insiste en la incapacidad de Schlegel para la filosof&iacute;a. Schlegel mismo, en carta a Jacobi, explica la causa del reproche de Hegel, sin haberlo conocido y sin propon&eacute;rselo. Dice Schlegel que ha aplazado cada vez m&aacute;s el momento de hablar de filosof&iacute;a, que es su preocupaci&oacute;n central desde la &eacute;poca en que, a los 19 a&ntilde;os, ley&oacute; todas las obras de Plat&oacute;n. Ha escrito, contin&uacute;a, sobre literatura y arte, y no pudo evitar que en todo ello saliera a relucir algo o mucho de su preocupaci&oacute;n filos&oacute;fica. Schlegel fue, efectivamente, un cr&iacute;tico, pero no con el sentido que ten&iacute;a entonces y que m&aacute;s o menos sigue teniendo hoy. Precisamente esa preocupaci&oacute;n fundamental por la filosof&iacute;a penetr&oacute; toda su actividad cr&iacute;tica y dio los instrumentos para hacer de ella una ciencia cuyos alcances sobrepasan el juicio literario y la recensi&oacute;n. Schlegel fund&oacute; la hermen&eacute;utica, un arte combinatorio de metaf&iacute;sica, poes&iacute;a, religi&oacute;n y filosof&iacute;a, y que puede resumirse con el t&iacute;tulo de uno de sus cuadernos de apuntes: filosof&iacute;a de la filolog&iacute;a.</p>     <p>Sin embargo, no es Schlegel a quien Dilthey cita en su exposici&oacute;n de la hermen&eacute;utica, sino a Schleiermacher, y esta errata hist&oacute;rica la han venido repitiendo Wach y Bultmann. El desprecio con que Hegel hablaba de Schlegel se transmiti&oacute; a Rudolf Haym, Dilthey, en fin, al resto de historiadores literarios, y solo la excepci&oacute;n de Josef K&oacute;rner ha vuelto a despertar un relativo inter&eacute;s por el inspirador de Novalis. Bien puede explicarse la causa de este desprecio, tanto en Hegel como en sus m&iacute;nimos ep&iacute;gonos y divulgadores, el m&aacute;s famoso entre ellos Dilthey. Schlegel aseguraba, en una &eacute;poca en que se consideraba como elemento &uacute;nico de la verdad el sistema cient&iacute;fico de la misma (Hegel, <i>Phanome-nologie des Geistes, </i>Pr&oacute;logo), que para el esp&iacute;ritu es mortal tener un sistema y no tener ninguno. Y que este debe optar por unir lo sistem&aacute;tico y lo asistem&aacute;tico. La uni&oacute;n de estos dos polos es m&aacute;s que un simple juego de palabras. Para Schlegel es el &quot;Fragmento&quot;. Un fragmento es, dec&iacute;a, el n&uacute;cleo subjetivo de un objeto en devenir. No solo formalmente se opon&iacute;a Schlegel al sistema. Para &eacute;l la naturaleza misma del pensamiento es fragmentaria. Muchos pensamientos, escribi&oacute;, son solo el perfil de pensamientos. Fiel a esta convicci&oacute;n leg&oacute; Schlegel su pensamiento en una serie de fragmentos y de proyectos, en una novela inconclusa, en apuntes que fueron eternos objetos en devenir. Y quienes aprovecharon la riqueza de este desorden: Fr. Schleiermacher, August Boeckh y Fr. Ast, cosecharon la gloria que le correspond&iacute;a a Friedrich Schlegel. Pero el reconocimiento de una deuda es cosa que no tiene sentido si con ello se pretende cumplir un acto de justicia o correr el acento una s&iacute;laba m&aacute;s atr&aacute;s. Basta apuntar, pues, que Schlegel fue un cr&iacute;tico y un fil&oacute;logo, y que el romanticismo de la &eacute;poca inicial, que estuvo dominado totalmente por su influencia, no fue, ni su aut&eacute;ntica continuaci&oacute;n ha sido nunca el desencadenamiento de una dudosa sentimentalidad, responsable de la bohemia rom&aacute;ntica y de las formas morbosas que llenaron los finales del siglo XIX, y que Mario Praz ha analizado con finura psicoanal&iacute;tica en su famoso libro <i>La agon&iacute;a rom&aacute;ntica. </i>No, el romanticismo no fue nunca ag&oacute;nico, al menos en Schlegel, y ni siquiera en Nova-lis, pese a su &quot;voluntad de morir&quot;. La f&oacute;rmula de que la poes&iacute;a rom&aacute;ntica es una poes&iacute;a universal progresiva da ya el tono del verdadero romanticismo. Este fue una filolog&iacute;a, entendida en su sentido amplio y en su sentido propio. Como <i>philia </i>del logos, y como arte de la interpretaci&oacute;n del texto.</p>     <p>Los dos sentidos no se contradicen, ni corren paralelamente y separados, sino que se complementan. La universalidad y la progresividad de la poes&iacute;a rom&aacute;ntica no han de confundirse con cosmopolitismo y progresismo. La poes&iacute;a rom&aacute;ntica es universal porque se extiende a todas las ramas del saber, especialmente a la ciencia por excelencia: la filosof&iacute;a; y es progresiva porque esa extensi&oacute;n es penetraci&oacute;n mutua que va desde el primer contacto hasta la identificaci&oacute;n en progresi&oacute;n dial&eacute;ctica. Es universal porque ha de convertirse en &quot;literatura mundial&quot;, pero no solo desde el punto de vista de la historia literaria sino en cuanto que la literatura mundial ha de ser el logos del mundo. Y esta, la poes&iacute;a o m&aacute;s justamente, la creaci&oacute;n po&eacute;tica, que abarca no solo la l&iacute;rica sino en general toda la literatura, aun el drama, ha de ser el logos del mundo porque entre la poes&iacute;a y la filosof&iacute;a existe esa comunicaci&oacute;n que hace que el fil&oacute;sofo hable de s&iacute; mismo como el fil&oacute;sofo, es decir, porque una y otra tienen su origen en el Yo. Lo mismo que la poes&iacute;a es la filosof&iacute;a fragmentaria y est&aacute; en constante devenir. Y en virtud de esa compenetraci&oacute;n, que Schlegel llamaba &quot;symphilosoph&iacute;a y sympoes&iacute;a&quot;, es la poes&iacute;a &quot;un comentario al texto de la filosof&iacute;a&quot; y la filosof&iacute;a una verdadera filolog&iacute;a: raz&oacute;n de amor. Cuando Schlegel dec&iacute;a que el arte -y este es para los rom&aacute;nticos fundamental y casi exclusivamente la poes&iacute;a- deb&iacute;a volverse ciencia, no quer&iacute;a asegurar con ello que el arte adquiera la precisi&oacute;n de la ciencia, ni proclamaba por adelantado un curioso naturalismo, sino que dec&iacute;a simplemente que el arte, esto es, la poes&iacute;a, debe compenetrarse con la filosof&iacute;a, con la ciencia por excelencia.</p>     <p>&iquest;Y qu&eacute; tiene que ver todo esto con la filolog&iacute;a que conocemos, con ese trabajo manual que manejan los herederos del positivismo? En un famoso Fragmento del <i>Ateneo </i>(seg&uacute;n la edici&oacute;n de Minor, el N. 404. Este Fragmento es la reelaboraci&oacute;n de una serie de apuntes in&eacute;ditos que Josef K&oacute;rner edit&oacute; en <i>Logos </i>XVII, 1928, con el t&iacute;tulo &quot;Filosof&iacute;a de la filolog&iacute;a&quot;) escribi&oacute; Schlegel: &quot;La filolog&iacute;a es un afecto l&oacute;gico, la contraparte de la filosof&iacute;a, entusiasmo por el conocimiento qu&iacute;mico: pues la gram&aacute;tica es solo la parte filos&oacute;fica del arte universal de dividir y unir&quot;. Ininteligible resulta a primera vista la determinaci&oacute;n de la filolog&iacute;a como &quot;afecto l&oacute;gico&quot;, pues &iquest;no resulta acaso una contradicci&oacute;n la uni&oacute;n de los afectos y de la l&oacute;gica? Solo en sentido figurado suele hablarse de una l&oacute;gica del coraz&oacute;n, es decir, de los afectos, pero a&uacute;n en este sentido sigue siendo oscura la relaci&oacute;n entre l&oacute;gica y afecci&oacute;n, y en &uacute;ltima instancia, la paradoja no explica, sino acent&uacute;a la oscuridad que domina los inexplicables actos del coraz&oacute;n. &iquest;Es pues, seg&uacute;n esto, el afecto l&oacute;gico en que consiste la filolog&iacute;a un modo de hablar, o si se quiere, un juego de palabras, un rasgo de ingenio o una forma de dar a entender que la filolog&iacute;a es una especie de corazonada, lo mismo que los inexplicables motivos de las acciones impulsadas por el coraz&oacute;n? De este modo ser&iacute;a la filolog&iacute;a una intuici&oacute;n, y quienes aseguran que el primer contacto con un texto est&aacute; fundado o es una intuici&oacute;n no har&iacute;an otra cosa que darle derecho a esta sibilina frase de Schlegel. En verdad, no deja de ser cierto que un elemento intuitivo se encuentra contenido en esta determinaci&oacute;n. Pero ese elemento, que hoy por ejemplo llama Staiger el &quot;sentimiento&quot; (y que con m&aacute;s palabras y m&aacute;s clamores suelen llamar &quot;primer contacto con la obra po&eacute;tica&quot;) no est&aacute; librado al arbitrio de la corazonada. En otro Fragmento de la misma serie del <i>Athenaum </i>(el N. 433 en la edici&oacute;n de Minor) escribe Schlegel: &quot;La esencia del sentimiento po&eacute;tico consiste tal vez en dejarse afectar desde s&iacute; mismo, en no caer en afecto por causa de algo y en poder fantasear sin motivo&quot;. Afecto es pues, para Schlegel, la esencia del sentimiento po&eacute;tico, pero el afecto tiene aqu&iacute; un sentido, que Schlegel toma de la gram&aacute;tica: tiene el sentido del acusativo. Por eso agrega en el mismo fragmento, de modo muy parad&oacute;jico, no solo que este afecto debe partir desde s&iacute; mismo, sino que este afecto no debe caer en afecto a nada. La afecci&oacute;n ser&iacute;a pues una afecci&oacute;n absoluta, un afecto que se produce a s&iacute; mismo. Importante es de todos modos no perder de vista el sentido de afecci&oacute;n como acusativo, o como un sentimiento de dependencia o como una afecci&oacute;n cordial. Pero en este sentido de la palabra &quot;afectar&quot; hay un significado que es notorio: la afecci&oacute;n debe ser desde s&iacute; mismo. El Yo que pone el mundo y el centro del universo es el origen de esta afecci&oacute;n. En otro fragmento (391) apunta Schlegel, y este pone m&aacute;s claridad al sentido de la palabra &quot;afectar&quot;: &quot;Leer es satisfacer el impulso filol&oacute;gico, afectarse a s&iacute; mismo literariamente&quot;. Se explica, un poco m&aacute;s, esta determinaci&oacute;n de la filolog&iacute;a como afecto l&oacute;gico si pensamos el sentido que tiene la palabra l&oacute;gico en este contexto. En el Fragmento 92 escribe: &quot;Mientras los fil&oacute;sofos no se vuelvan gram&aacute;ticos o los gram&aacute;ticos fil&oacute;sofos, la gram&aacute;tica no llegar&aacute; a ser lo que fue en la Antigüedad: una ciencia pragm&aacute;tica y una parte de la l&oacute;gica &#91;...&#93;&quot;. La compenetraci&oacute;n de la gram&aacute;tica y de la filosof&iacute;a es para la gram&aacute;tica la condici&oacute;n para que pueda volver a ser parte de la l&oacute;gica, como si la l&oacute;gica jugara aqu&iacute; el papel de una m&aacute;s alta ciencia, a la que se llega por medio de la progresividad. Y efectivamente, la gram&aacute;tica como parte de la l&oacute;gica no es una gram&aacute;tica como un sistema que forma parte de la ciencia del pensar, sino como parte del logos, o mejor a&uacute;n: de lo l&oacute;gico. Por eso dec&iacute;a Schlegel en el Fragmento arriba citado (el 404) que la gram&aacute;tica es solo la parte filos&oacute;fica del arte <i>universal </i>de unir y separar: es decir, del conocimiento. La filolog&iacute;a como afecci&oacute;n l&oacute;gica no ser&iacute;a otra cosa que el conocimiento de lo producido por el Yo. M&aacute;s tarde repiti&oacute; August Boeckh la misma idea en su Enciclopedia de las ciencias filol&oacute;gicas: &quot;La filolog&iacute;a es el conocimiento de lo producido por el esp&iacute;ritu humano&quot;, y m&aacute;s adelante: &quot;Filolog&iacute;a es conocimiento de lo conocido&quot; (cit. en la antolog&iacute;a de Wegner, <i>Altertumskunde, </i>Freiburg/Munchen, 1951, p. 195). El exigente Wilamowitz coment&oacute;: &quot;Hoy no podr&iacute;amos satisfacernos con esto&quot;, pero quiz&aacute; la insatisfacci&oacute;n sentida por Wilamowitz proven&iacute;a de que ya en Boeckh la huella de Schlegel iba perdiendo el color originario. Boeckh no fue como Schlegel &quot;fil&oacute;sofo y fil&oacute;logo&quot; a la vez. Su especulaci&oacute;n te&oacute;rica sobre la filolog&iacute;a no ten&iacute;a el mismo apoyo que ten&iacute;a en Schlegel, quien, despu&eacute;s de todo, fue tambi&eacute;n un maestro de la t&eacute;cnica filol&oacute;gica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo producido por el Yo es, sin embargo, mucho. Pero para Schlegel es algo muy concreto. El Yo es un individuo activo, cuya vida consiste en expresarse (Hegel dir&iacute;a extra&ntilde;arse) y en hacer aparecer su individualidad. Pero la vida y esta expresi&oacute;n son tambi&eacute;n devenir, formaci&oacute;n, en una palabra: cultura (Bildung). Por eso escrib&iacute;a Schlegel que todo hombre inculto, es decir, sin formaci&oacute;n es una caricatura de s&iacute; mismo, y agregaba en otro lugar que ser hombre es formarse, y esto quiere decir convertirse en Dios. Mal comprendi&oacute; este pensamiento el mentor de Eliot y Ezra Pound, T. H. Hulme (&quot;el Nietzsche de Picadilly&quot;) cuando en sus invectivas contra el romanticismo asegur&oacute; que uno de los grandes pecados de este hab&iacute;a sido la divinizaci&oacute;n del hombre, el conocimiento de que el hombre se produce a s&iacute; mismo. Porque ni Schlegel ni los rom&aacute;nticos alemanes pensaron en convertir al hombre en dios, ellos pensaban, cuando hablaban del devenir del hombre hacia dios, en un mundo centrado en el artista, como el prototipo del <i>homo humanus. </i>Ellos pensaban, pues, en un humanismo, y no es extra&ntilde;o ni casual que Schlegel haya querido buscar las medidas y arquetipos de la poes&iacute;a eterna y del arte en la poes&iacute;a y en el arte de los griegos. En este sistema, pues, el artista, en cuanto es el m&aacute;s formado entre los hombres, es una especie de &quot;presbyteros&quot;, de &quot;clerk&quot;, de sacerdote. Por eso dec&iacute;a Schlegel que &quot;la religi&oacute;n no es solo una parte de la formaci&oacute;n, un miembro de la humanidad, sino el centro de todos los dem&aacute;s, lo primero y lo m&aacute;s alto, lo originario por excelencia&quot; (Ideas, ed. Minor,14). Lo producido por el Yo y que es el objeto de la filolog&iacute;a es, pues, esa formaci&oacute;n o ese devenir que hace que el hombre sea hombre, y esto quiere decir, que lo acerca o lo convierte en artista. &quot;La plenitud de la formaci&oacute;n (Bildung) la encontrar&aacute;s en la m&aacute;s alta poes&iacute;a&quot; (Ideas, Minor, 57). Y en otro Fragmento dice: &quot;Por medio de los artistas la humanidad llegar&aacute; a ser un Individuo &#91;...&#93;&quot; (Ideas, Minor, 64). Lo producido por el Yo es entonces en primer lugar la poes&iacute;a, o en el lenguaje de los rom&aacute;nticos: el arte, y por otro lado, la cultura en cuanto es formaci&oacute;n. Y este es el objeto de la Filolog&iacute;a. Pero la poes&iacute;a y la cultura, en cuanto son dos actividades del Yo, son igualmente dos aspectos de la realidad. La poes&iacute;a crea el mundo, la cultura es la humanizaci&oacute;n del mundo. Creaci&oacute;n del mundo y humanizaci&oacute;n de este son lo producido por el Yo: son el objeto de la filolog&iacute;a, o m&aacute;s bien, de la filosof&iacute;a-filolog&iacute;a. La Filolog&iacute;a, pues, como raz&oacute;n del mundo, pero tambi&eacute;n como <i>philia </i>del logos.</p>     <p>En el segundo sentido es para Schlegel la filolog&iacute;a una hermen&eacute;utica del universo e igualmente de los textos. La una y la otra se complementan, forman ese &quot;arte combinatorio&quot; del que habla Schlegel en sus fragmentos y configuran la base de una &quot;enciclopedia&quot; universal proyectada por Novalis. Ciertamente, el solo hecho de considerar la hermen&eacute;utica como una raz&oacute;n del mundo -o como Schlegel bautiz&oacute; m&aacute;s tarde algunos de sus escritos filos&oacute;ficos: ontolog&iacute;a <i>universalis-, </i>no sirve para dar una base rigurosa a la hermen&eacute;utica literaria. Pero hay que recordar que en la determinaci&oacute;n que &eacute;l da de la filolog&iacute;a, escribe: conocimiento qu&iacute;mico, lo que equivale a decir: anal&iacute;tico. &iquest;C&oacute;mo procede ese an&aacute;lisis? Por medio del &quot;sentimiento&quot;, por medio del afecto; para decirlo con un neologismo, por medio de la <i>intransici&oacute;n (Einfühlung, </i>que se puede traducir por &quot;empat&iacute;a&quot;). Un cr&iacute;tico, dec&iacute;a, debe tener dos est&oacute;magos, debe leer con dos est&oacute;magos, y leer es, como ya se apunt&oacute;, satisfacer el impulso filol&oacute;gico, hacerse o dejarse afectar literariamente. Y al an&aacute;lisis lo llama &quot;descomposici&oacute;n&quot; qu&iacute;mica, para indicar con ello que es la descomposici&oacute;n de un individuo en sus &uacute;ltimos elementos. No es, necesariamente, un an&aacute;lisis al estilo del gramatical que se conoce en los colegios y escuelas, o al modo de los estilistas. Un principio valorativo lo precede: an&aacute;lisis de un individuo, esto es, de algo ya formado, de algo tambi&eacute;n en devenir. Este an&aacute;lisis debe estar a la altura de la obra que se ha de analizar, pero como esta es igualmente un devenir, solo cabe la adivinaci&oacute;n, el arte adivinatorio. No porque se presuma lo que ha de venir o se quiera sospechar lo que se encuentra tras la obra. El adivinatorio es tal porque repite y reproduce el proceso de la creaci&oacute;n po&eacute;tica, y lo repite en cuanto el primer paso del an&aacute;lisis es la intransici&oacute;n o empat&iacute;a. Tal empat&iacute;a es, pues, la repetici&oacute;n o reproducci&oacute;n del sentimiento po&eacute;tico, cuya esencia es la producci&oacute;n de tal empat&iacute;a, pero tambi&eacute;n el ejercicio inmotivado de la fantas&iacute;a, esto es, de la adivinaci&oacute;n. Tal es, en breves l&iacute;neas, la hermen&eacute;utica literaria de Schlegel. Pero en sus complejas conexiones con la filosof&iacute;a es la filolog&iacute;a para Schlegel, poes&iacute;a, metaf&iacute;sica, <i>physiologia. </i>Pero no se puede olvidar que estos son los fundamentos de una ciencia, y que mientras ella suele considerarlos vana especulaci&oacute;n, siguen fructificando, quiz&aacute; inconscientemente, sus principios y sus m&eacute;todos. Curtius invoc&oacute; a Schlegel como a su precursor (si bien esta invocaci&oacute;n m&aacute;s bien parece la glorificaci&oacute;n de su espejo), y hoy se hace cada vez m&aacute;s general la tendencia de la filolog&iacute;a de convertirse en hermen&eacute;utica con prop&oacute;sitos m&aacute;s amplios, que en &uacute;ltima instancia no est&aacute;n lejanos del pensamiento de Schlegel. Pues el fervor con que se suele ejercer hoy la estil&iacute;stica (entre nosotros la caricatura de la estil&iacute;stica alemana) y el deseo de encontrar en la poes&iacute;a justamente una raz&oacute;n del mundo, una raz&oacute;n que deje entrever el horizonte de la situaci&oacute;n espiritual, son la comprobaci&oacute;n de la certeza con que Schlegel fundament&oacute; su filolog&iacute;a, o de que, a pesar de todos los movimientos anti-rom&aacute;nticos, el romanticismo como filolog&iacute;a, es decir, como amor a la palabra, sigue siendo la disposici&oacute;n fundamental del estado actual del esp&iacute;ritu. No es casual el cuidado con que Mallarm&eacute; planeaba su libro: el libro, raz&oacute;n del universo. Tampoco es casual que Nietzsche, el fil&oacute;logo, fuera el anunciador del presente, y en fin, no es casual que casi todos los grandes escritores del presente se sientan obsesionados por la palabra, m&aacute;s que en otras &eacute;pocas. La palabra, el logos como raz&oacute;n de amor y raz&oacute;n del universo. </p>     <p align="right">Bonn, octubre de 1957.</p>     <p><b>Nota. </b>El pretexto de estas p&aacute;ginas es la publicaci&oacute;n de dos selecciones de las obras de Schlegel: Friedrich Schlegel, <i>Kritische Fragmente, </i>editados por W. Rasch, Hanser, Munchen, 1956. Esta selecci&oacute;n recoge los escritos de juventud. F. Schlegel, <i>Schriften und Fragmente, </i>editados por E. Behler, Stuttgart y Kroner 1957. Esta selecci&oacute;n prefiere dar a conocer los escritos de la vejez de Schlegel, pero incluye muchos in&eacute;ditos.</p> <hr>     <p><b>Pie de Pagina</b></p>     <p><a name="n*"></a><a href="#n_*"><sup>*</sup></a> Ensayo in&eacute;dito, original en el Archivo de Rafael Guti&eacute;rrez Girardot en la Hemeroteca de la Universidad Nacional de Colombia (Bogot&aacute;).</p> </font>      ]]></body>
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