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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><font size="4"><b>Presentaci&oacute;n de Walter Benjamin<a name="n_*"></a><a href="#n*"><sup>*</sup></a> </b></font>     <p>Rafael Guti&eacute;rrez Girardot    <br> Traducci&oacute;n del alem&aacute;n por Juan Guillermo G&oacute;mez Garc&iacute;a</p>     <p>Uno de los libros aparentemente m&aacute;s desordenados de Walter Benjamin, <i>Calle de una sola v&iacute;a (Einbahnstrasse, </i>1928), lleva esta dedicatoria:</p>     <p>Esta calle se llama     <br>Calle Asja Lacis,     <br>seg&uacute;n la que     <br>como ingeniero     <br>la abri&oacute; en el autor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n la intenci&oacute;n de quien la abri&oacute;, la calle deber&iacute;a conducir al comunismo. En un apunte retrospectivo, Asja Lacis -la creadora del <i>teatro infantil proletario </i>y promotora de la &quot;Revoluci&oacute;n de Octubre en el teatro en Mosc&uacute;&quot;- cuenta c&oacute;mo, tras largas e intensas discusiones -que tuvieron tras su primer encuentro en Capri (1924)-, Benjamin replic&oacute; a los argumentos con que ella quer&iacute;a lograr su inmediata conversi&oacute;n al comunismo. &quot;Eres culto -cuenta la Lacis que dijo a Benjamin- , tienes una cabeza inteligente, tienes una especialidad, y no tienes ninguna base material para tu existencia... &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute;s t&uacute;, Maestro de la cultura? Tu hermano est&aacute; en el Partido Comunista. &iquest;Por qu&eacute; no lo est&aacute;s t&uacute;?&quot;. Benjamin respondi&oacute;: &quot;Para ti es muy f&aacute;cil. A ti te ocurre lo que a un caballo con anteojeras. Siempre ve derecho, el camino le parece recto. Para m&iacute; es m&aacute;s dif&iacute;cil, yo tengo que pensar en muchas cosas&quot;.</p>     <p>Benjamin nunca ingres&oacute; al Partido comunista. En su complejo y diferenciado proceso de &quot;marxistizaci&oacute;n&quot;, que lleg&oacute; a convertirlo en el m&aacute;s hondo y avanzado te&oacute;rico de una est&eacute;tica marxista, nunca sigui&oacute; ni pudo seguir el simple camino que le trazaba el fervor de Asja Lacis, quien m&aacute;s tarde, y entre l&iacute;neas, comprendi&oacute; la imposibilidad objetiva y personal de Benjamin, de entregarse al marxismo ortodoxo para sacrificar al marxismo. En su propio camino, no solo confluyeron las tradiciones de la teolog&iacute;a hebrea y del neokantismo de Hermann Cohen (quien en su libro p&oacute;stumo hab&iacute;a asimilado el mundo intelectual jud&iacute;o), sino muchas cosas laterales como Baudelaire y Proust, a quienes &eacute;l tradujo; heterodoxias marxistas -como la de Karl Korsch, asimilado por Bert Brecht-; curiosidades eruditas como el teatro barroco alem&aacute;n o algunos poetas y escritores olvidados del siglo XIX; y Goethe.</p>     <p>Como Bloch y Luk&aacute;cs, Benjamin no pod&iacute;a echar por la borda la cultura de la gran burgues&iacute;a decimon&oacute;nica en beneficio de un provisional &quot;mao&iacute;smo&quot; <i>avant-la-lettre, </i>que ya entonces ocultaban el naciente estalinismo y el resentimiento peque&ntilde;o-burgu&eacute;s de toda burocracia y de todo esp&iacute;ritu burocr&aacute;tico contra la inteligencia. El camino recto hacia el marxismo resultaba por aquellas fechas, espectacularmente sinuoso y arbitrario. Las obras m&aacute;s importantes del marxismo de entonces, justamente aquellas que tras la Segunda Guerra Mundial demostraron la vitalidad y la actualidad del marxismo -como <i>Historia y conciencia de clase, </i>de Luk&aacute;cs, <i>Marxismo y filosof&iacute;a, </i>de Karl Korsch (el maestro de Brecht) o <i>Esp&iacute;ritu de la Utop&iacute;a, </i>de Ernst Bloch- provocaron una violenta reacci&oacute;n contra sus autores. Luk&aacute;cs fue obligado a retractarse y Korsch fue expulsado del Partido. Benjamin mismo experiment&oacute; la rectitud te&oacute;rica de ese camino: por mediaci&oacute;n de la Lacis recibi&oacute; el encargo de escribir el art&iacute;culo sobre Goethe para la <i>Gran enciclopedia sovi&eacute;tica. </i>Benjamin, quien hab&iacute;a publicado uno de los m&aacute;s profundos trabajos sobre <i>Las afinidades electivas </i>de Goethe, envi&oacute; a los redactores de la <i>Gran enciclopedia </i>un <i>expos&eacute; </i>general sobre Goethe, que le fue devuelto con la observaci&oacute;n de que era demasiado &quot;radical&quot;. La <i>Gran enciclopedia </i>quer&iacute;a algo m&aacute;s &quot;burgu&eacute;s&quot;.</p>     <p>La importancia de Benjamin dentro del marxismo radica justamente en el hecho de que &eacute;l no sigui&oacute; el camino oficial que representaba entonces Asja Lacis, para quien todo se reduc&iacute;a a la praxis revolucionaria en la vida del teatro, inspirada por la atm&oacute;sfera de euforia revolucionaria de los a&ntilde;os 18, y con un m&iacute;nimo de reflexi&oacute;n te&oacute;rica. Las reservas con que Benjamin contemplaba esa ortodoxia se mantuvieron toda su vida, y aunque &eacute;l nunca las articul&oacute; cr&iacute;ticamente, ni se ocup&oacute; en detalle con ellas, las expres&oacute; concisamente en su conferencia-ensayo <i>El autor como productor </i>(1934), en el que recoge los resultados de trabajos anteriores -ante todo, de <i>La obra de arte en la &eacute;poca de su reproducibilidad t&eacute;cnica </i>y algunos de sus primeros escritos sobre Baudelaire- y da un paso m&aacute;s decisivo. A prop&oacute;sito de la entonces muy debatida cuesti&oacute;n sobre tendencia pol&iacute;tica y cualidad literaria de una obra, cuesti&oacute;n que Benjamin considera est&eacute;ril en la forma en que se ha planteado, asegura:</p>     <blockquote>    <p>El tratamiento dial&eacute;ctico de esta cuesti&oacute;n &#91;...&#93; no puede operar con cosas aisladas: obra, novela, libro. Debe colocarla en el contexto social viviente. Con raz&oacute;n aseguran Ustedes que esto se ha emprendido ya en el c&iacute;rculo de nuestros amigos. Ciertamente. Pero al hacerlo se ha entrado inmediatamente y de modo necesario al &aacute;mbito de lo grande y de lo vago. Las relaciones sociales est&aacute;n determinadas, como sabemos, por las relaciones de producci&oacute;n. Y cuando la cr&iacute;tica materialista se aproxim&oacute; a una obra, acostumbr&oacute; preguntar por las relaciones en que &eacute;sta obra est&aacute; con las relaciones sociales de producci&oacute;n de la &eacute;poca. Esa es una cuesti&oacute;n importante. Pero es una cuesti&oacute;n muy dif&iacute;cil. Y su respuesta no es siempre inequ&iacute;voca. Y ahora quiero proponer una cuesti&oacute;n m&aacute;s pr&oacute;xima. Una pregunta que es m&aacute;s modesta, apunta m&aacute;s cortamente, pero que seg&uacute;n me parece da m&aacute;s posibilidades de una respuesta. En vez de preguntar en qu&eacute; relaci&oacute;n se encuentra una obra con la relaciones de producci&oacute;n de una &eacute;poca, est&aacute; de acuerdo con ellas, es reaccionaria o tiende a una transformaci&oacute;n, es revolucionaria - en vez de esta pregunta o en todo caso antes de esta pregunta quiero proponer otra. As&iacute; pues antes de preguntar: en qu&eacute; relaci&oacute;n se encuentra una obra de creaci&oacute;n <i>con </i>las relaciones de producci&oacute;n de la &eacute;poca quiero preguntar: &iquest;c&oacute;mo est&aacute; esta obra <i>en </i>ellas? Esta pregunta tiende inmediatamente a la funci&oacute;n que tiene una obra dentro de las relaciones literarias de producci&oacute;n de una &eacute;poca. Con otras palabras, la pregunta tiende inmediatamente a la <i>t&eacute;cnica </i>literaria de las obras. Con el concepto de t&eacute;cnica he mencionado el concepto que hace accesibles los productos literarios a un an&aacute;lisis inmediato social, y con ello materialista. Al mismo tiempo constituye el concepto de t&eacute;cnica del punto de partida dial&eacute;ctico, a partir del cual se puede superar la est&eacute;ril contraposici&oacute;n entre forma y contenido.</p></blockquote>     <p>Evidente en su formulaci&oacute;n, la teor&iacute;a supone la soluci&oacute;n de diversos problemas fundamentales que la teor&iacute;a marxista del arte solo ha enunciado y que, en muchos casos sin embargo, ni siquiera ha percibido, y sin cuyo esclarecimiento la praxis del an&aacute;lisis lleva a simplificaciones que la historia misma refuta. En el p&aacute;rrafo citado, Benjamin apunta a dos de estos problemas fundamentales, &iacute;ntimamente ligados entre s&iacute;. Uno de ellos es, por simple que parezca, el nervio mismo de la teor&iacute;a marxista de la literatura y el arte, esto es, el de la dial&eacute;ctica, es decir, un problema de m&eacute;todo. El otro, consecuencia del anterior, es el del modo como se transponen y traducen relaciones y experiencias sociales, que dependen de relaciones de producci&oacute;n en la literatura y en el arte.</p>     <p>Una cr&iacute;tica indirecta a la forma en que se hab&iacute;a interpretado la tesis de Marx sobre la relaci&oacute;n entre estructura y superestructura, se encuentra en la afirmaci&oacute;n de que hasta ahora se ha preguntado por las relaciones entre la obra literaria y las relaciones de producci&oacute;n. Esta pregunta suele responderse o bien recurriendo al an&aacute;lisis del contenido de una obra - en el que se reflejan la realidad y las posiciones ideol&oacute;gicas- o bien buscando en la obra &quot;aquel punto en el que la exposici&oacute;n objetiva pasa a ser sujeto, en la que lo expuesto y el expositor constituyen una unidad org&aacute;nica&quot; (Valerijan F. Pereverzev, en un texto de 1928). Se pueden agregar m&aacute;s textos del marxismo sovi&eacute;tico que, como el citado, se distinguen por una claridad simplista ya cercana a la confusi&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; significa en la teor&iacute;a y en la praxis del an&aacute;lisis concreto este punto de vista? En la teor&iacute;a, y m&aacute;s concretamente en la historia de la ciencia, la interpretaci&oacute;n del esquema &quot;base-superestructura&quot; -esbozado por Marx- obliga a la comprobaci&oacute;n de que los enunciados no han superado a&uacute;n, pese a todo el aparato hist&oacute;rico con que suelen ilustrarse, la tesis de la entusiasta Madame de Sta&eacute;l, quien no solo subray&oacute; las relaciones de la literatura con las &quot;instituciones sociales&quot; en su famoso ensayo de 1800, sino que adem&aacute;s sac&oacute; las conclusiones de ese enunciado y traz&oacute;, en forma rudimentaria y postulativa, un programa de sociolog&iacute;a de los g&eacute;neros literarios, que aunque m&aacute;s tarde fue desarrollado en la <i>Est&eacute;tica </i>por Hegel (en su diferenciaci&oacute;n hist&oacute;rica y social de poes&iacute;a y prosa), tan solo fue desarrollado parcialmente por Georg Luk&aacute;cs en su <i>Teor&iacute;a de la novela. </i>M&aacute;s a&uacute;n, esta interpretaci&oacute;n sovi&eacute;tica del esquema marxista &quot;base-superestructura&quot;, debida sobre todo a Plej&aacute;nov, no solo signific&oacute; un estancamiento, sino que impidi&oacute; la ocupaci&oacute;n y el an&aacute;lisis de problemas de la sociolog&iacute;a literaria como el del p&uacute;blico o el de la fabricaci&oacute;n y difusi&oacute;n de la literatura, que ya hab&iacute;a planteado el agudo observador Alexis de Tocqueville en sus obras <i>La democracia en Am&eacute;rica </i>y <i>El Antiguo R&eacute;gimen y la Revoluci&oacute;n. </i>Esta interpretaci&oacute;n, que suele llamarse &quot;marxismo vulgar&quot;, es el resultado de un largo proceso pol&iacute;tico y te&oacute;rico dentro de las discusiones te&oacute;ricas del marxismo, que se inicia ya en Engels (especialmente en su <i>Dial&eacute;ctica de la naturaleza), </i>y encuentra su primera formulaci&oacute;n en Lenin (en su cr&iacute;tica del empiriocriticismo y sobre todo en su interpretaci&oacute;n de Hegel) y culmina precisamente en Plej&aacute;nov: esto es, el proceso de &quot;desdialectizaci&oacute;n&quot; de la dial&eacute;ctica. Lo que en la praxis del an&aacute;lisis de mucho marxista se encuentra no es el establecimiento de una relaci&oacute;n dial&eacute;ctica entre la base y la superestructura, entre literatura y sociedad, sino una relaci&oacute;n causal, que es la negaci&oacute;n de toda dial&eacute;ctica. Por este aspecto peca uno de los cl&aacute;sicos de la sociolog&iacute;a marxista de la literatura -Franz Mehring- , en su excelente trabajo sobre Lessing: su fundamento est&eacute;tico es la noci&oacute;n kantiana de belleza, incompatible con cualquier dial&eacute;ctica, compatible empero con una concepci&oacute;n causal de las relaciones entre literatura y sociedad.</p>     <p>Tal es la situaci&oacute;n te&oacute;rica del marxismo que encuentra Benjamin y a la que se refiere en el p&aacute;rrafo m&aacute;s arriba citado.</p>     <p>El instrumetario conceptual que le ofrece ese &quot;marxismo vulgar&quot; no es adecuado para comprender los fen&oacute;menos literarios con los que hasta entonces se hab&iacute;a ocupado: el teatro barroco alem&aacute;n, la cr&iacute;tica de arte en el romanticismo alem&aacute;n, Goethe, Proust, Baudelaire y el nuevo arte y la nueva literatura. Su mirada microsc&oacute;pica y precisa, su erudici&oacute;n hist&oacute;rica y literaria y su pensamiento prism&aacute;tico, le impiden seguir por el camino recto y simple que hace caso omiso, justamente, de las muchas cosas que &eacute;l encuentra a los lados y que de por s&iacute;, ponen en tela de juicio la elemental certidumbre con que el marxismo vulgar establece la relaci&oacute;n causal entre la base y la superestructura. Efecto de las relaciones de producci&oacute;n no es primariamente la determinada obra de arte como ideolog&iacute;a, como justificaci&oacute;n de un determinado estado social sino, antes que eso, la radical transformaci&oacute;n de los conceptos con que se describe y se entiende la obra de arte. As&iacute; como Hegel aseguraba que con el aparecimiento de la sociedad burguesa se hab&iacute;a entrado en la &quot;era mundial de la prosa&quot; y que el &quot;arte ya no corresponde a las m&aacute;s altas necesidades del esp&iacute;ritu&quot;, que el &quot;arte es hoy para nosotros algo pasado&quot; y que &quot;la poes&iacute;a del coraz&oacute;n&quot; ser&aacute; superada por la &quot;epopeya burguesa&quot; -esto es la novela moderna- y la &quot;reflexi&oacute;n&quot; -es decir, el sistema cient&iacute;fico del saber-, as&iacute; tambi&eacute;n comprueba Benjamin que la obra de arte ha perdido su &quot;aura&quot;, su unicidad, lo que afecta necesariamente la substancia misma de las formas. Pero la comprobaci&oacute;n exige su esclarecimiento y su fundamentaci&oacute;n. Y ellas son posibles solo con ayuda de la dial&eacute;ctica. Que los cambios no son explicables por la causalidad, que es unilineal, es un hecho que exige la colocaci&oacute;n de la obra en otra relaci&oacute;n distinta: no la relaci&oacute;n frente a la sociedad -esto es, a su motor en las relaciones de producci&oacute;n- sino la relaci&oacute;n de la obra <i>en </i>esas fuerzas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Perdida el &quot;aura&quot;, reproducible t&eacute;cnicamente, la obra es un &quot;producto&quot; m&aacute;s y el escritor consecuentemente es un &quot;productor&quot;, no, como hasta entonces, el &quot;visionario&quot; o el &quot;conductor&quot; del clasicismo y del romanticismo, concepci&oacute;n adoptada naturalmente por el marxismo (sobre todo por Mehring) y dotada de un signo contrario. Aceptada la posici&oacute;n directiva del escritor y de la obra literaria, uno y otro deben ponerse al servicio de la revoluci&oacute;n, en abstracto, que en concreto significa al servicio de los revolucionarios en el poder. &iquest;Pero qu&eacute; fueron esos revolucionarios en el poder? La teor&iacute;a general -si es que cabe llamarla teor&iacute;a-, y que corrientemente ha sido argüida por la contrarrevoluci&oacute;n, afirma que el revolucionario deja de ser tal cuando asume el poder. La teor&iacute;a no ha podido ni ha querido diferenciar entre revolucionario inconscientemente oportunista (el que soluciona sus problemas &iacute;ntimos y personales gracias a una coyuntura revolucionaria que promete un &quot;nuevo comienzo&quot;) -tipo Danton- , el revolucionario por convicci&oacute;n racional y que act&uacute;a racionalmente, aun cuando se ha realizado el primer cambio -tipo Babeuf- , y aquel para quien el cambio revolucionario significa una continuidad bajo un signo tradicional, pero formal y burocr&aacute;ticamente distinto -el bur&oacute;crata- , y suele interpretar los efectos contrarrevolucionarios de esta composici&oacute;n personal de la revoluci&oacute;n como una &quot;dial&eacute;ctica&quot; de la revoluci&oacute;n. No deja de ser curioso que la concepci&oacute;n &quot;vulgar-marxista&quot; de la dial&eacute;ctica, la causalidad trinitaria de tesis-ant&iacute;tesis-s&iacute;ntesis, es el mejor argumento contra y anti-revolucionario con que puede contar toda reacci&oacute;n. Y la historia del intento de la revoluci&oacute;n mundial, que estall&oacute; en el Octubre Ruso, ha mostrado que es la reacci&oacute;n y no la revoluci&oacute;n la que ha tenido raz&oacute;n (que es la sinraz&oacute;n de los dial&eacute;cticos que han desdialectizado la dial&eacute;ctica): desde Stalin, pasando por el papel de los comunistas en la Guerra Civil Espa&ntilde;ola hasta la teor&iacute;a de la coexistencia en el presente. &iquest;Qu&eacute; fueron, pues, los revolucionarios de la &eacute;poca en que Benjamin pens&oacute; y escribi&oacute;? En el fondo -al menos en lo que toca a la literatura- fueron peque&ntilde;os-burgueses en el sentido de que, en contra de todo pensamiento de Marx, aceptaron la situaci&oacute;n tal como ella era, es decir, siguieron dando validez a las concepciones est&eacute;ticas de la tradici&oacute;n e invirtieron solamente la tendencia, d&aacute;ndole car&aacute;cter normativo, de lo que hasta entonces hab&iacute;a sido modelo de la literatura: no se percataron del &quot;aura&quot; perdida, sino que quisieron obligar a la literatura a que diera &quot;aura&quot; a sus programas inmediatos. De ello result&oacute; el &quot;realismo socialista&quot;, esto es, el intento de glorificar con el &quot;aura&quot; de que hab&iacute;a gozado la literatura en la &eacute;poca prerrevolucionaria, una situaci&oacute;n, que no correspond&iacute;a en ning&uacute;n aspecto a la nueva realidad, creada por ellos mismos y justamente por el capitalismo. &quot;Lo grande y lo vago&quot; llama Benjamin a interpretaciones causales y simplistas, que por su inter&eacute;s en programas revolucionarios abstractos -aunque llenos de entusiasmo- olvidan que m&aacute;s de un periodo de la literatura y del arte, considerados como justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica de situaciones sociales determinadas, son despreciables porque no proclamaron la revoluci&oacute;n. De Marx suele citarse, muchas veces mal traducido y siempre arrancado del contexto de su pensamiento, la famosa tesis de sus <i>Tesis sobre Feuerbach: </i>&quot;Los fil&oacute;sofos han interpretado diferentemente el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo&quot;. Quede de lado el contexto filos&oacute;fico hegeliano en que Marx dijo esta frase genial (es una consecuencia de la filosof&iacute;a hegeliana, insinuada por Hegel mismo en una de sus cartas antes de su muerte). Lo cierto es que solo un ignorante de Hegel y Marx puede callar esta otra frase de Marx: &quot;Una vez que se haya revolucionado la representaci&oacute;n del mundo, se habr&aacute; revolucionado ya el mundo&quot;. Por representaci&oacute;n entiende Marx simplemente la interpretaci&oacute;n del mundo, los conceptos con que se entiende el mundo, lo que un marxista y materialista vulgar llamar&iacute;a la concepci&oacute;n idealista del mundo. De paso cabe apuntar, que no hay teor&iacute;a o doctrina que apoye con mayor eficacia los intereses del capitalismo, esto es, los de convertir a la humanidad en una maquinaria productora, que el &quot;marxismo sovi&eacute;tico&quot;, que, seg&uacute;n ha demostrado un jesuita, Gustav Wetter, representa posiciones filos&oacute;ficas que en lo fundamental sostiene el realismo escol&aacute;stico-tomista, es decir, una filosof&iacute;a medieval cuyo nombre de realismo &quot;ingenuo&quot; no es solo did&aacute;ctico, sino pol&iacute;tico, manifiesto en toda &quot;democracia&quot; cristiana (la m&aacute;s sorprendente apoteosis de una <i>contradictio in adjecto).</i></p>     <p>La &quot;buena&quot; literatura es por esencia una revoluci&oacute;n de la representaci&oacute;n del mundo. Lo ha sido, hist&oacute;ricamente y lo seguir&aacute; siendo: revoluci&oacute;n de la representaci&oacute;n del mundo fue la obra de Proust, siempre y cuando no se la lea y se la interprete a partir de la biograf&iacute;a de su autor y de las preferencias aristocr&aacute;tico-morbosas (?) que &eacute;l describe. En un mundo como el moderno, en el que justamente el capitalismo y sus intereses opresivos e inhumanos con medios refinados (que el marxismo vulgar consecuentemente acepta y afirma) subyuga al hombre, es el descubrimiento de un recuerdo un inconsciente acto de protesta, que, objetivado -y eso es la novela de Proust- , constituye un refugio frente a la violencia social que ejerce el capitalismo para poner a todo hombre a su servicio incondicional: el de un &quot;presentismo&quot; correspondiente a la carrera, esto es, a la presi&oacute;n del rol social en las relaciones de producci&oacute;n. El recuerdo de la infancia se convierte as&iacute; en una utopia humana, la de un mundo libre de dominaci&oacute;n, la de un mundo en el que la libertad se entiende literalmente, como exigencia de ser lo que se quiere, de tenerse en propiedad, o como dijo Marx de la sociedad sin clases, de poder ser pescador, obrero, etc., esto es, de ser lo que se es en s&iacute;. Semejante interpretaci&oacute;n exige finura intelectual, exige al menos un manejo de la dial&eacute;ctica materialista y sobre todo de la teor&iacute;a marxista de la historia. Su realidad es tan convincente, que ella deja de ser una teor&iacute;a entre otras m&aacute;s para ser la &uacute;nica capaz de explicar el presente.</p>     <p>Dial&eacute;ctica no es pues la que juzga una obra literaria por su tendencia -a veces o casi siempre- agresivamente manifiesta: <i>Huasipungo, </i>de Jorge Icaza, por ejemplo, es una novela manifiestamente revolucionaria, pero de muy mediocre cualidad literaria. Dial&eacute;ctica es la teor&iacute;a capaz de enfrentarse y explicar, comprender hist&oacute;ricamente una obra literaria independientemente de la tendencia. La tendencia no hace la calidad de la obra. Pero esta exigencia te&oacute;rica de Benjamin plantea no solo problemas, sino que es de consecuencias pr&aacute;cticas aut&eacute;nticamente revolucionarias. Consecuencias, primeramente, en lo que se refiere al an&aacute;lisis de la literatura: &eacute;sta es objeto de an&aacute;lisis independientemente de si su tendencia es revolucionaria o reaccionaria, esto es, &eacute;sta no est&aacute; sujeta al filtro previo de una valoraci&oacute;n ideol&oacute;gica que rechaza, t&aacute;citamente a veces, expresamente casi siempre una serie de obras por su carencia de relaci&oacute;n inmediata con el proceso revolucionario postulado o real, sin examinarlas en su significaci&oacute;n hist&oacute;rico-social. Dicho con otras palabras: Mallarm&eacute; no es menos importante que Anna Seghers. Sus an&aacute;lisis de Baudelaire y de Proust muestran concretamente lo que Benjamin encuentra en ellos. La obra literaria es un producto como otro cualquiera, ella <i>est&aacute; </i>-para usar el t&eacute;rmino de Benjamin- dentro de las relaciones de producci&oacute;n. El autor es un productor, y lo que importa no es trazar normas sobre c&oacute;mo debe escribirse una obra que sirva al proceso revolucionario - la obediencia de una norma literaria no hace del escritor un revolucionario- sino que el escritor tome conciencia de su situaci&oacute;n como productor, saque las consecuencias de ello y por ese camino encuentre el contacto directo, la solidaridad con los productores, es decir, los trabajadores -en &uacute;ltima instancia, el proletariado- . La norma es solo una preceptiva diferente que permite al autor seguir manteniendo la situaci&oacute;n ambigua de privilegio de que goza en una sociedad burguesa y capitalista. A trav&eacute;s de la norma, de la est&eacute;tica preceptiva, se desliza otra vez la concepci&oacute;n burguesa de la literatura; es, hist&oacute;ricamente, la reactualizaci&oacute;n de un fenecido &quot;clasicismo&quot; burgu&eacute;s: lo demuestran convincentemente la est&eacute;tica de Mehring y tambi&eacute;n la de Luk&aacute;cs.</p>     <p>Los problemas te&oacute;ricos que plantea la concepci&oacute;n de Benjamin apuntan centralmente al rescate de la dial&eacute;ctica. Partiendo del conocimiento de que la dial&eacute;ctica no es la trinidad de tesis-ant&iacute;tesis-s&iacute;ntesis, sino un movimiento de posiciones y negaciones de las posiciones y de que este movimiento supone un eslab&oacute;n entre las posiciones y las negaciones, que suele llamarse &quot;intermediaci&oacute;n&quot;, Benjamin busc&oacute; el lugar en el que acontece esta intermediaci&oacute;n. La relaci&oacute;n entre base y superestructura es solo nominalmente una relaci&oacute;n, realmente es la &quot;intermediaci&oacute;n&quot;. La relaci&oacute;n entre base y superestructura permite concebirla, como Lenin, en t&eacute;rminos externos al proceso, esto es, como una reproducci&oacute;n de la base en la superestructura. Lo que busc&oacute; Benjamin fue el hilo interno, la relaci&oacute;n inmanente entre ellas, la &quot;intermediaci&oacute;n&quot;.</p>     <p>Para Benjamin el lugar en el que ocurre esta intermediaci&oacute;n es la experiencia, que &eacute;l llama la &quot;percepci&oacute;n&quot;. Los t&eacute;rminos tienen en castellano una carga equ&iacute;voca, carecen de significaciones dife-renciables. Percepci&oacute;n no es en Benjamin un acto de captaci&oacute;n de un determinado objeto, sino padecimiento y conocimiento de la realidad, de una determinada realidad total. Por eso habla &eacute;l del &quot;choque&quot; de la percepci&oacute;n. Pero la percepci&oacute;n no es global. Ella se refracta en m&uacute;ltiples elementos. En un poema de Baudelaire encuentra Benjamin, por encima de la met&aacute;fora, el pulso de la masa, y en Proust una peculiar concepci&oacute;n del tiempo total humano, que no solo es propio de Proust -ni menos de la clase a que perteneci&oacute;- sino de la &eacute;poca, de la realidad social, y que en cuanto tiempo recobrado apunta a la infancia, esto es a una utopia: la del mundo sin dominaci&oacute;n, sin las presiones sociales del rol. Como Ernst Bloch, Benjamin ve en la literatura una expresi&oacute;n filos&oacute;fico-hist&oacute;rica de la sociedad, de la humanidad: la aspiraci&oacute;n natural del ser humano hacia una existencia pacificada, feliz. Es la dial&eacute;ctica del progreso. Sin duda estos enunciados son ya haber com&uacute;n de la cultura y del marxismo originario, en aquel entonces, en la &eacute;poca en que Benjamin los expuso, no lo eran. Y de todos modos, aparte ya de la recuperaci&oacute;n de la literatura llamada reaccionaria por el marxismo (cabe recordar que Mari&aacute;tegui, por ejemplo, en una elogiosa rese&ntilde;a de una novela de Waldo Frank asegur&oacute; que &eacute;ste era mejor que Proust porque sus personajes no eran burgueses altos), sigue esperando un tratamiento m&aacute;s detallado la interpretaci&oacute;n filos&oacute;fico-hist&oacute;rica que hizo Benjamin de Proust, incorporada en su concepto del progreso y de su dial&eacute;ctica. Benjamin, a quien se debe el m&aacute;s fino y preciso tratado sobre la alegor&iacute;a (su trabajo sobre el teatro barroco alem&aacute;n), se sirvi&oacute; del cuadro de Paul Klee <i>Angelus Novus </i>para ilustrar aleg&oacute;ricamente esa dial&eacute;ctica. En las famosas <i>Tesis filos&oacute;fico-hist&oacute;ricas </i>dice:</p>     <blockquote>    <p>Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Es un &aacute;ngel que parece como si estuviera a punto de alejarse de algo, a lo que &eacute;l mira con fijeza. Sus ojos est&aacute;n abiertos abismalmente, su boca est&aacute; abierta y sus alas en tensi&oacute;n. As&iacute; debe ser el &aacute;ngel de la historia. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. All&iacute; donde se nos aparece una cadena de acontecimientos, ve &eacute;l una &uacute;nica cat&aacute;strofe, que incesantemente amontona escombros tras escombros y se los arroja a sus pies. El &aacute;ngel quisiera detenerse, despertar a los muertos y reconstituir los retazos. Pero desde el para&iacute;so sopla una tormenta, que se ha enredado en sus alas y es tan fuerte que el &aacute;ngel ya no puede cerrarlas. Esta tormenta lo impulsa irresistiblemente hacia el futuro, al que &eacute;l vuelve las espaldas, mientras el mont&oacute;n de escombros ante &eacute;l crece hasta llegar al cielo. Lo que llamamos progreso es esta tormenta.</p></blockquote>     <p>En esta concepci&oacute;n de la dial&eacute;ctica del progreso, que el mismo Benjamin llam&oacute; parad&oacute;jicamente &quot;dial&eacute;ctica en quietud&quot;, se encuentra asimilada su interpretaci&oacute;n del tiempo de Proust.</p>     <p>La lectura de Benjamin ofrece especiales dificultades: su pensamiento es prism&aacute;tico, su lenguaje es frecuentemente aleg&oacute;rico, la substancia te&oacute;rica es hist&oacute;rico-materialista, su af&aacute;n fue el de reconstruir lo que &eacute;l llama la &quot;prehistoria de la modernidad&quot;. Todo ello produce aparentes contradicciones, cuando se lo mide con los c&aacute;nones del marxismo vulgar. Pero justamente son estos elementos los que le permiten realizar en concreto el an&aacute;lisis hist&oacute;rico-mate-rialista y rescatar la dial&eacute;ctica. Para precisar el modo como opera la intermediaci&oacute;n entre base y superestructura, que es sin duda el problema m&aacute;s complejo, la mirada microsc&oacute;pica y prism&aacute;tica de Benjamin busca reconstituir los escombros. Ello solo es posible cediendo al positivismo su derecho, esto es, el que tiene en todo trabajo cient&iacute;fico, el derecho de lo emp&iacute;rico. En Benjamin no es solamente la recolecci&oacute;n de un inmenso material hist&oacute;rico, sino la observaci&oacute;n del detalle, la salvaci&oacute;n de lo perdido en un olvido injusto pero que en su &eacute;poca tuvo el valor de ser lo m&aacute;s inmediato de la experiencia. En esto opera Benjamin como un coleccionista. Él era un coleccionista de libros raros, de libros infantiles por ejemplo, pero no por el amor a lo raro, sino porque en ello se hab&iacute;a cristalizado y depositado experiencia, porque en ello encontraba &eacute;l el <i>d&eacute;j&aacute; vu </i>del tiempo recuperado. Su libro sobre Baudelaire, que qued&oacute; en fragmento, es un ejemplo de lo que hubiera podido cumplir con ese m&eacute;todo. Cierto es que la lectura del libro, tal como ha sido editado, conduce a un equ&iacute;voco: el de creer que tambi&eacute;n Benjamin cae en el pecado habitual del marxismo vulgar. Para comprender el libro en su significaci&oacute;n metodol&oacute;gica es preciso tener en cuenta que se trata, primeramente, de piezas fragmentarias y que, en segundo lugar, en esos fragmentos no se transluce el sustento te&oacute;rico, formulado en otros trabajos, como por ejemplo, <i>Infancia en Berl&iacute;n hacia 1900 </i>o en su ensayo sobre el gran historiador marxista de la cultura <i>Eduard Fuchs, coleccionista e historiador </i>o en las ya citadas, <i>Tesis filos&oacute;fico-hist&oacute;ricas. </i>Pese a ello, los fragmentos permiten percibir el procedimiento de Benjamin: la reconstrucci&oacute;n del &aacute;mbito social y la forma como fue percibido ese &aacute;mbito. As&iacute;, lo que m&aacute;s importa a Benjamin no es primariamente, por ejemplo, una exposici&oacute;n de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de una determinada &eacute;poca, sino la expresi&oacute;n arquitect&oacute;nica y urbana de esa situaci&oacute;n. Pues es en esa expresi&oacute;n -la disposici&oacute;n del <i>Int&eacute;rieur </i>de una casa, su diferencia con el despacho, o los pasajes de Par&iacute;s- , en donde se da inmediatamente la experiencia, la intermediaci&oacute;n entre base y superestructura. Pero no basta el partir de esa expresi&oacute;n, sino que es preciso analizarla, darle sentido, interpretarla. Y &eacute;sta requiere el an&aacute;lisis de detalle. De Haussmann, por ejemplo, escribe concisamente:</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ideal urban&iacute;stico de Haussmann eran los entreveros perspec-tivicos a trav&eacute;s de largas hileras de calles. Esto corresponde a la tendencia, siempre comprobable, en el siglo XIX, de ennoblecer las necesidades t&eacute;cnicas mediante fines art&iacute;sticos. Las instituciones mundanas y espirituales de la dominaci&oacute;n burguesa, enmarcadas en los pasajes de las calles, deber&iacute;an encontrar su apoteosis. Antes de su conclusi&oacute;n, los pasajes fueron cubiertos con una lona y descubiertos como un monumento. El efecto de Haussmann se compagina con el idealismo de Napole&oacute;n. Este favoreci&oacute; el capital financiero. Par&iacute;s experiment&oacute; un florecimiento culminante de la especulaci&oacute;n. El juego de la bolsa desplaza las formas tradicionales en la sociedad feudal del juego de suerte. A las fantasmagor&iacute;as del espacio, a las que se entrega el <i>fl&aacute;neur, </i>corresponden las fantasmagor&iacute;as de la &eacute;poca, de las que depende el jugador. El juego convierte a la &eacute;poca en una droga...</p></blockquote>     <p>Largos pasajes del libro sobre Baudelaire est&aacute;n dedicados a explicar con material hist&oacute;rico esta tesis. Pero esto no es otra cosa que la traducci&oacute;n del m&eacute;todo de Marx a la literatura y a la cultura. El m&eacute;todo, no entendido de modo puramente te&oacute;rico, que luego se desvirt&uacute;a en la praxis. Como Marx, tiende Benjamin a elaborar y a reconstruir configuraciones que permitan interpretar objetivamente contextos objetivos, que permitan, pues, interpretar a partir de las propias condiciones de esos fen&oacute;menos. La elaboraci&oacute;n de esas configuraciones obedece a un principio constructivo: el dial&eacute;ctico del materialismo hist&oacute;rico, que piensa los extremos de las configuraciones hist&oacute;ricas en relaci&oacute;n a un punto de referencia. Para diferenciar este principio constructivo del historicismo, asegura Benjamin: &quot;El historicismo repone la imagen 'eterna' del pasado, el materialismo hist&oacute;rico constituye una experiencia de y con ella. El materialismo hist&oacute;rico deja al cuidado de los otros el darse &eacute;l la prostituta 'Érase una vez' en el burdel del historicismo. El materialismo hist&oacute;rico es consciente de sus fuerzas: es suficientemente viril para romper el continuum de la historia&quot;. Con ello traza Benjamin el camino de la revoluci&oacute;n. Pero al mismo tiempo explica su m&eacute;todo: la reconstrucci&oacute;n del pasado no se queda en explicaci&oacute;n de lo que fue, sino que es una experiencia con el pasado, que tiende a la utopia. De ah&iacute; la necesidad de reconstituir ese pasado, de rehacer la experiencia, esto es, de encontrar el lugar en el que sucede la intermediaci&oacute;n entre base y superestructura.</p>     <p>La explicaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n objetiva de los fen&oacute;menos significa el comprenderlos a partir de sus propios condicionamientos. Ello exige una nueva relaci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico con la tradici&oacute;n: &quot;Al materialismo hist&oacute;rico le importa fijar una imagen del pasado tal como se present&oacute; al sujeto hist&oacute;rico s&uacute;bitamente en el momento del peligro. El peligro amenaza tanto a la permanencia de la tradici&oacute;n como a sus receptores. Para los dos la tradici&oacute;n es uno y lo mismo: convertirse en instrumento de la clase dominante. En cada &eacute;poca hay que intentar de nuevo el rescatar a la tradici&oacute;n del conformismo, que est&aacute; en camino de violarla&quot;. El marxismo vulgar, expresi&oacute;n de una peque&ntilde;a burgues&iacute;a buro-cratizada, renuncia a esa tradici&oacute;n o la acepta en la figura que ha sido legada por la burgues&iacute;a. El marxismo originario, la rescata. La rescata de modo igual a como Marx y Benjamin asimilaron la teolog&iacute;a -que &quot;seg&uacute;n se sabe es peque&ntilde;a y fea y no puede dejarse ver&quot;- : secularizada, es el arquetipo de lo Ut&oacute;pico, esto es, de la felicidad, de la redenci&oacute;n.</p>      <p><b>Pie de Pagina</b></p>     <p><a name="n*"></a><a href="#n_*"><sup>*</sup></a> Este texto, es in&eacute;dito y su original se encuentra en el archivo donado por su hija, Dra. Bettina Guti&eacute;rrez Girardot, a la Universidad Nacional de Colombia. Este incluye el poema de Bertold Brecht y la traducci&oacute;n de curriculum de Benjamin. No debe confundirse con el publicado con el ensayo del mismo t&iacute;tulo en el libro El fin de la filosof&iacute;a y otros ensayos (Medell&iacute;n, Ediciones Papel Sobrante, 1968). El original lleva una anotaci&oacute;n con pu&ntilde;o y letra de Guti&eacute;rrez Girardot: &quot;Marcha, Montevideo, 25, 31.3.73&quot;. La motivaci&oacute;n de su redacci&oacute;n proviene de una petici&oacute;n del cr&iacute;tico uruguayo Ángel Rama en carta fechada en Caracas, 7 de marzo de 1973: &quot;Creo que de Montevideo te escribir&aacute;n para pedirte colaboraciones para Marcha y pienso que ser&aacute;n &uacute;tiles algunas notas breves sobre la renovaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica de la cr&iacute;tica: aunque sean las mismas que mand&aacute;s a Espa&ntilde;a. En un reciente conato pol&eacute;mico de Marta (se refiere a Marta Traba, su esposa) con Benedetti, en las p&aacute;ginas de Marcha, este demostr&oacute; que no solo no conoce a Benjamin sino que cree que toda la Escuela de Francfort es un hato de se&ntilde;ores utopistas de tipo reaccionario, casi como los rom&aacute;nticos del XIX en la peor versi&oacute;n divulgada en nuestras tierras. No creo que se trate de un caso &uacute;nico de ignorancia. Y me parece muy &uacute;til que t&uacute;, desde el lugar en que est&aacute;s y con la autoridad que te presta tu conocimiento serio de los temas, hagas algunas notas casi divulgativas sobre puntos de cr&iacute;tica literaria, alemana o inglesa. Las ignorancias son tan inconmensurables, que pueden empezar con la obra de Benjamin, aprovechando su incorporaci&oacute;n al espa&ntilde;ol, antes de tocar puntos m&aacute;s cercanos y de debate contempor&aacute;neo&quot;. (N. del E.).</p>      <p><b>Referencias</b></p>     <p>Hay cuatro excelentes antolog&iacute;as de Benjamin:</p>     <p><i>Oeuvres choisies </i>(trad. M. de Gandillac), Julliard, Par&iacute;s, 1959. </p>     <p><i>Angelus Novus: saggi eframmenti </i>(Trad. Solmi), Einaudi, Tur&iacute;n, 1962.</p>     <p> <i>Ensayos escogidos </i>(Trad. Murena), Col. Estudios alemanes, Sur, Bs. As.,1967. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Illuminations </i>(Trad. y ed. H. Arendt), Harcourt Brace, New York, 1968.</p>     <p><i>Iluminaciones </i>y <i>Baudelaire </i>han aparecido recientemente en la ed. Taurus de Madrid.</p>     <p>Sobre la obra p&oacute;stuma y el archivo de Benjamin se desat&oacute; hace tres a&ntilde;os una pol&eacute;mica entre Adorno y la revista <i>Alternative, </i>de Berl&iacute;n, la que sobre la base del archivo personal de Benjamin (decomisado por los nazis en Par&iacute;s, luego llevado por los rusos desde Berl&iacute;n y devuelto por estos al Archivo Brecht de Berl&iacute;n oriental) reproch&oacute; a Adorno el haber obrado arbitrariamente tanto en la selecci&oacute;n como en la redacci&oacute;n de los escritos en poder del Archivo Benjamin de propiedad de Adorno. La pol&eacute;mica ha conducido a la edici&oacute;n de la obra completa de Benjamin, que ser&aacute; en diez tomos, de los cuales han aparecido dos en 1972: el III (Cr&iacute;ticas y recensiones) y el IV (Prosas breves y las traducciones de Baudelaire). La edici&oacute;n est&aacute; al cuidado del disc&iacute;pulo de Adorno, Rolf Tiedemann, autor a su vez de la m&aacute;s completa bibliograf&iacute;a de Benjamin y del trabajo m&aacute;s amplio sobre su pensamiento: <i>Studien zur Philosophie Walter Benjamins, </i>Frankfurt/M., 1965.</p>     <p>Bertolt Brecht</p>     <p><b>Sobre el suicidio de W. B.</b></p>     <p>Oigo que has levantado la mano contra ti     <br> adelant&aacute;ndote al carnicero.    <br> Ocho a&ntilde;os desterrado, observando el ascenso del enemigo    <br> llevado al final a una frontera insuperable    <br> t&uacute; has, se dice, superado una superable.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los Reinos caen. Los jefes de bandidos    <br> marchan como hombres de Estado. A los pueblos     <br>ya no se los ve bajo los armamentos.</p>     <p>As&iacute; est&aacute; el futuro en tinieblas, y las buenas fuerzas    <br> son d&eacute;biles. Todo esto lo viste    <br> cuando destruiste tu cuerpo atormentable.</p>     <p><i>A Walter Benjamin que se descorpor&oacute;    <br> en el camino de huida de Hitler</i></p>     <p>T&aacute;ctica de cansancio era lo que te agradaba    <br> sentado ante la mesa de ajedrez, a la sombra del peral.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El enemigo que te ahuyent&oacute; de tus libros    <br> no se deja cansar por nosotros.</p>     <p><b><i>Curriculum vitae </i></b><b>del Dr. Walter Benjamin</b></p>     <p>Nac&iacute; el 15 de julio de 1892, en Berl&iacute;n, hijo del comerciante Emil Benjamin. Recib&iacute; mi educaci&oacute;n en un gimnasio human&iacute;stico, del que egres&eacute; con examen final en 1912. Estudi&eacute; en las universidades de Friburgo de Brisgovia, Munich y Berl&iacute;n filosof&iacute;a, literatura alemana y sicolog&iacute;a. En 1917 viaj&eacute; a Suiza, en donde continu&eacute; mis estudios en la Universidad de Berna.</p>     <p>Suscitaciones decisivas recib&iacute; durante mi &eacute;poca de estudio de una serie de escritos que se hallaban en parte lejos de mi campo de estudios. Cito el <i>Die Sp&aacute;tr&oacute;mische Kunstindustrie </i>de Alois Riegl, <i>Villa </i>de Rudolf Borchardt y el an&aacute;lisis de <i>Pan y vino </i>de H&oacute;lderlin por Ernst Petzold. Una impresi&oacute;n permanente dejaron en m&iacute; los cursos del fil&oacute;sofo muniqu&eacute;s Moritz Geiger, as&iacute; como la del profesor de fino-ugricense en Berl&iacute;n, Ernst Lewy. Los ejercicios que hizo &eacute;ste sobre el escrito de Humboldt <i>Sobre la estructura del lenguaje de los pueblos, </i>as&iacute; como las ideas que &eacute;l desarroll&oacute; en su escrito <i>Sobre el lenguaje del Goethe maduro, </i>despertaron mis intereses de filosof&iacute;a del lenguaje. En el a&ntilde;o de 1919 aprob&eacute; mi examen de doctorado con la nota <i>summa cum laude. </i>Mi tesis apareci&oacute; en forma de libro bajo el t&iacute;tulo <i>El concepto de la cr&iacute;tica de arte en el romanticismo alem&aacute;n </i>(1920).</p>     <p>Despu&eacute;s de mi regreso a Alemania apareci&oacute; mi primera publicaci&oacute;n all&iacute;, una traducci&oacute;n de los <i>Tableaux Parisiens </i>de Baudelaire (Heidelberg, 1923). El libro contiene un pr&oacute;logo sobre &quot;la tarea del traductor&quot;, que constituye el primer resultado de mis reflexiones sobre teor&iacute;a del lenguaje. Desde el principio, el inter&eacute;s en la filosof&iacute;a del lenguaje ha sido, junto con el inter&eacute;s en teor&iacute;a del arte, dominante en m&iacute;. Me dio ocasi&oacute;n de ocuparme durante mi &eacute;poca de estudios en Munich con cuestiones mexicanas -una decisi&oacute;n, a la que debo mi conocimiento con Rilke, quien en 1915 estudiaba igualmente lenguas mexicanas- . El inter&eacute;s en la filosof&iacute;a del lenguaje tuvo su parte en mi creciente inter&eacute;s por la literatura francesa. Aqu&iacute; me atrajo primeramente la teor&iacute;a del lenguaje tal como surge de las obras de St&eacute;phane Mallarm&eacute;.</p>     <p>En los primeros a&ntilde;os despu&eacute;s de la paz domin&oacute; a&uacute;n mi ocupaci&oacute;n con la literatura alemana. Como primero de los trabajos correspondientes apareci&oacute; mi ensayo <i>Las afinidades electivas de Goethe </i>(Munich, 1924). Este trabajo me dio la amistad con Hugo von Hofmannsthal, quien lo public&oacute; en su colecci&oacute;n <i>Nuevas Contribuciones alemanas. </i>Hofmannsthal particip&oacute; vivamente tambi&eacute;n con su atenci&oacute;n dada a mi siguiente trabajo, el <i>Origen del teatro &quot;barroco alem&aacute;n&quot; </i>(Berl&iacute;n, 1928). Este libro se propuso exponer una nueva visi&oacute;n del drama alem&aacute;n del siglo XVII. Se propone como tarea deslindar la forma del &quot;Trauerspiel&quot; de la tragedia y se esfuerza en mostrar el parentesco que existe entre la forma literaria del &quot;Trauerspiel&quot; y la forma art&iacute;stica de la alegor&iacute;a. En 1927 una gran editorial alemana me hizo la solicitud de traducir la gran novela de Marcel Proust. Yo hab&iacute;a le&iacute;do con apasionado inter&eacute;s los primeros tomos de esta obra en Suiza en 1919 y acept&eacute; el encargo. El trabajo me impuls&oacute; a pasar largas temporadas en Francia. Mi primera estancia en Par&iacute;s data de 1913; volv&iacute; en 1923; desde 1927 hasta 1933 no pas&oacute; un a&ntilde;o sin que yo pasara varios meses en Par&iacute;s. En el curso del tiempo entr&eacute; en contacto con una serie de importantes escritores franceses: con Andr&eacute; Gide, Jules Romains, Pierre Jean Jouve, Julien Green, Jean Cassou, Marcel Jouhandeau, Louis Aragon. En Par&iacute;s tropec&eacute; con las huellas de Rilke y me acerqu&eacute; al c&iacute;rculo de Maurice Betz, su traductor. Al mismo tiempo me di a la tarea de informar al p&uacute;blico alem&aacute;n sobre la vida intelectual francesa con informes regulares que aparecieron en la <i>Frankfurter Zeitung </i>y en la <i>Die Literarische Welt. </i>De mi traducci&oacute;n de Proust pudieron aparecer cuatro tomos (Berl&iacute;n 1928 y Munich 1931) antes de la toma del poder por Hitler.</p>     <p>La &eacute;poca entre las dos guerras se divide para m&iacute; naturalmente en dos periodos, antes y despu&eacute;s de 1933. Durante el primer periodo conoc&iacute; en largos viajes Italia, los pa&iacute;ses escandinavos, Rusia y Espa&ntilde;a. La cosecha de trabajo de este periodo se encuentra, haciendo caso omiso de los escritos citados, en una serie de caracter&iacute;sticas de las obras de significativos poetas y escritores. Aqu&iacute; se cuentan amplios estudios sobre Karl Kraus, Franz Kafka, Bertolt Brecht lo mismo que sobre Marcel Proust, Julien Green y los surrealistas. Al mismo periodo pertenece un libro de aforismos, <i>Calle de una v&iacute;a </i>(Berl&iacute;n, 1928). Al mismo tiempo me ocup&eacute; con trabajos bibliogr&aacute;ficos. Por encargo hice una bibliograf&iacute;a completa de los escritos de y sobre G. Chr. Lichtenberg, que no fue publicada.</p>     <p>Abandon&eacute; a Alemania en marzo de 1933. Desde entonces mis estudios mayores han aparecido todos en la revista del lnstitute for Social Research. Mi art&iacute;culo &quot;Problemas de sociolog&iacute;a del lenguaje&quot; <i>(Zeitschrift für Sozialforschung, </i>a&ntilde;o 1935) presenta un panorama cr&iacute;tico del estado actual de las teor&iacute;as de filosof&iacute;a del lenguaje. El ensayo <i>Carl Gustav Joch-mann </i>(loc. cit. a&ntilde;o 1939) constituye un eco de mis investigaciones sobre historia de la literatura alemana. (En el mismo c&iacute;rculo cabe mencionar una colecci&oacute;n de cartas alemanas del siglo XIX, que he publicado en Lucerna, en 1937). Un resultado de mis estudios sobre literatura francesa moderna se encuentra en mi trabajo sobre <i>La situaci&oacute;n social de los escritores franceses de hoy </i>(loc. cit. a&ntilde;o1934). Los trabajos sobre <i>Eduard Fuchs, coleccionista e historiador </i>(loc. cit. a&ntilde;o 1937) y sobre <i>La obra de arte en la &eacute;poca de su reproducibilidad t&eacute;cnica </i>(loc. cit. a&ntilde;o 1936) son contribuciones a la sociolog&iacute;a de las artes pl&aacute;sticas. El &uacute;ltimo de estos busca entender determinadas formas art&iacute;sticas, en especial el cine, a partir del cambio de funci&oacute;n a que est&aacute; sometido el arte en general en el curso de la evoluci&oacute;n social. (Una problem&aacute;tica an&aacute;loga en el campo literario trata mi art&iacute;culo,&quot;Novelista y narrador&quot;, que ha aparecido en una revista suiza). Mi m&aacute;s reciente trabajo <i>Sobre algunos motivos en Baudelaire </i>(loc. cit. a&ntilde;o 1939) es un fragmento de una serie de investigaciones que se proponen como tarea el hacer de la poes&iacute;a del siglo XIX el medio de su conocimiento cr&iacute;tico.</p>         <p>(Este <i>curriculum vitae </i>de Benjamin fue escrito con el fin de solicitar la visa de inmigraci&oacute;n a Estados Unidos. Traducci&oacute;n de Rafael Guti&eacute;rrez Girardot).</p> <img src="img\Revistas\eidos\n19\n19a09-1.jpg" alt="" style=" width:277.49pt; height:388.56pt;"> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
