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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p><font size="4"><b>La l&iacute;rica de Quevedo<a name="n_*"></a><a href="#n*"><sup>*</sup></a> </b></font></p> Rafael Guti&eacute;rrez Girardot     <br> Traducci&oacute;n del alem&aacute;n por Juan Guillermo G&oacute;mez Garc&iacute;a</p> <hr>     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>&iquest;Qui&eacute;n fue Quevedo? El lenguaje popular conoce como caracter&iacute;stico un marco especial de gafas, quevedos, que cuelgan del tabique de la nariz, y que Francisco de Quevedo y Villegas hizo presumiblemente popular. Poes&iacute;as obscenas, cuyas im&aacute;genes efectivas llegaron a ser bienes culturales del pueblo, le otorgaron la paternidad de todos los chistes que sobrepasaban la barrera de lo contable. La historiograf&iacute;a literaria espa&ntilde;ola parece no saber servirse de &eacute;l. Ella lo considera como uno de los grandes autores del Siglo de Oro, lo que de hecho fue, pero hasta ahora no hay una monograf&iacute;a exhaustiva que aclare todos los aspectos como lo han realizado las abundantes investigaciones sobre Cervantes, Calder&oacute;n o Lope de Vega. La investigaci&oacute;n sobre Quevedo se ha consagrado casi preferentemente a su novela picaresca, <i>La vida del busc&oacute;n llamado don Pablos </i>y <i>Los sue&ntilde;os. </i>Muchos trabajos se dedican a la b&uacute;squeda de las fuentes literarias de su l&iacute;rica. Un escrito, que hasta ahora hab&iacute;a despertado escasa atenci&oacute;n, recientemente encontr&oacute; el inter&eacute;s de gran descubrimiento de un hispanista de cu&ntilde;o vulgar-marxista, Bernhard Schmidt, que con la penetraci&oacute;n que le es caracter&iacute;stica de esta corriente cr&iacute;tica, crey&oacute; distinguir en <i>La Espa&ntilde;a defendida y los tiempos de ahora </i>(1609) un precursor del moderno fascismo.</p>      <p>El desgraciado Quevedo, que fue perseguido en su vida por enemigos perversos, se confronta no solo contra el especialista ignorante de la historia y la literatura espa&ntilde;ola, es decir, un hispanista alem&aacute;n ejemplar, que lo hace corresponsable luego de tres siglos de historia de Franco. El desgraciado Quevedo se confronta no menos con los especialistas, quienes -en virtud de su plaza est&aacute;n en obligaci&oacute;n de comprender a autores de la talla de Quevedo-, no lo han comprendido. Ello quiz&aacute; descansa en la circunstancia que la plaza, en todo caso la plaza de profesor de filolog&iacute;a rom&aacute;nica -franc&eacute;s, italiano, espa&ntilde;ol, portugu&eacute;s, catal&aacute;n, rumano- sobre-exige al funcionario, es decir, que se le obliga a dominar lenguas y literatura y sus contextos hist&oacute;ricos, que una persona no est&aacute; en condiciones de dominar en toda una vida. Es solo entendible que, para cumplir su obligaci&oacute;n a plenitud, el funcionario, sobre-exigido romanista -en virtud de su plaza es por s&iacute; mismo hispanista-, se ocupa solo con lo que otros antes de &eacute;l se han ocupado.</p>     <p>Quevedo era un extra&ntilde;o para esta disciplina. En su libro <i>Literatura europea y Edad Media latina, </i>en el que Ernst Robert Curtius trata de aportar la prueba, que esclarece la tradici&oacute;n de los <i>topoi </i>latinos como continuidad de la historia cultural europea, no aparece el nombre de Quevedo, pese a que precisamente &eacute;l fue un importante eslab&oacute;n entre el humanismo europeo y Espa&ntilde;a, un eslab&oacute;n es m&aacute;s concluyente en la tesis de Curtius que Calder&oacute;n, al que Curtius, siguiendo la rutina de la roman&iacute;stica, pone en primer plano -lo que no prueba por qu&eacute;. En los historiadores de la literatura, en los romanistas, en hispanistas de tradicional porte que se enmascaran en ademanes progresistas, en los fil&oacute;logos apoltronados, Quevedo no ha gozado de especial aprecio, de modo que &eacute;l puede celebrar la circunstancia que sean escritores y poetas quienes le hayan pagado el tributo que los bur&oacute;cratas de la literatura le han rehusado. La m&aacute;s petrificada investigaci&oacute;n calderoniana no ha podido hacer vivo a Calder&oacute;n a la posteridad, salvarlo del admirado abogado Goethe de la alianza del trono y el altar para el presente. La roman&iacute;stica alemana lo tiene m&aacute;s bien como pretexto de la m&aacute;s sorprendente autoafirmaci&oacute;n de los investigadores de Calder&oacute;n como investigadores, quienes pretextando saber m&aacute;s sobre Calder&oacute;n, sobre la lengua y la literatura espa&ntilde;ola, que los espa&ntilde;oles mismos, incluso que los investigadores espa&ntilde;oles de Calder&oacute;n.</p>     <p>Quevedo pone a todos ellos en cuesti&oacute;n, no da nada por ellos. &iquest;En d&oacute;nde podr&iacute;a radicar esto? Presumiblemente en que &eacute;l es un &quot;escritor para escritores&quot;, como afirm&oacute; de Quevedo Jorge Luis Borges. Presumiblemente tambi&eacute;n en que, Quevedo &quot;fue el abuelo de los terroristas&quot;, como lo llam&oacute; C&eacute;sar Vallejo. &iquest;Fue &eacute;l eso? Lo fue de hecho, pero fue m&aacute;s que eso. &iquest;Lo que fue, es lo que fue realmente? En un ensayo que siempre cita la m&aacute;s reciente investigaci&oacute;n de Quevedo, escribi&oacute; Borges: &quot;Trescientos a&ntilde;os ha cumplido la muerte corporal de Quevedo, pero este sigue siendo el primer art&iacute;fice de las letras hisp&aacute;nicas. Como Joyce, como Goethe, como Shakespeare, como Dante, como ning&uacute;n otro escritor, Francisco de Quevedo es menos un hombre que una dilatada y compleja literatura&quot;.</p>     <p>El juicio de Borges sobre Quevedo sorprende. No Cervantes, como se acepta siempre, es para Borges el m&aacute;s grande autor de la lengua espa&ntilde;ola. Quevedo es para &eacute;l m&aacute;s que un nombre de la historia literaria, uno entre otros. Él es m&aacute;s que eso: una literatura completa. Borges, cuyo ensayo literario sobre Quevedo es lo mejor que hasta ahora se ha escrito sobre &eacute;l, y que es lo contrario a la exageraci&oacute;n espa&ntilde;ola, nos plantea un problema que es dif&iacute;cil solucionar: por una calculada omisi&oacute;n -en la serie de los grandes no menciona ni a Cervantes ni a Calder&oacute;n- se pregunta si Quevedo es el &uacute;nico autor de la literatura espa&ntilde;ola que, desde la perspectiva del presente, tiene un rango en la literatura universal. La pregunta no es ociosa. Pero ella no apunta a una valoraci&oacute;n que revierte la imagen que hasta ahora se tiene del Siglo de Oro. El sentido de esta pregunta puede ser resuelto si se examina m&aacute;s de cerca la frase de Borges: &quot;Escritor para escritores y una completa y compleja literatura&quot;.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; quiso decir Borges con que Quevedo era un escritor para escritores? &iquest;Quiere decir esto que solo los escritores est&aacute;n en condiciones de entender y disfrutar a Quevedo? &quot;La grandeza de Quevedo -dice Borges en otro aparte- es una grandeza verbal&quot;, y ello significa que la grandeza de Quevedo descansa en la maestr&iacute;a con la que &eacute;l trata el lenguaje. Él domina la lengua espa&ntilde;ola en el sentido que la hace un medio para describir las cosas, que parecen una imagen ante los ojos y al mismo tiempo apelan al entendimiento como una conclusi&oacute;n l&oacute;gica. Este tratamiento del lenguaje -volveremos a ello con ejemplos- es lo que precisamente hace a Quevedo interesante para un escritor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; significa una completa y compleja literatura? Quevedo trat&oacute; con gran &eacute;xito en todos los g&eacute;neros literarios, excepto en la dramaturgia. Escribi&oacute; una novela picaresca, <i>La vida del busc&oacute;n llamado don Pablos, </i>que sobresale por encima de las otras novelas picarescas. Produjo escritos sat&iacute;ricos como <i>Los sue&ntilde;os, </i>que parecen social-cr&iacute;ticos y morales, pero otros como <i>La genealog&iacute;a de los modorros </i>u <i>Origen y definiciones de la necedad, </i>que podr&iacute;an ser considerados como cr&iacute;tica del lenguaje, lo toman como pretexto para una cr&iacute;tica social. Escritos pol&iacute;ticos como <i>Espa&ntilde;a defendida y los tiempos de ahora </i>y <i>Pol&iacute;tica de Dios y Gobierno de Cristo </i>dedicados a temas hist&oacute;ricos que trata como un marginado, pero por lo cual enriquecen los g&eacute;neros de los tratados pol&iacute;ticos. Quevedo no fue un te&oacute;logo, pero ello no le imped&iacute;a escribir sobre el Nuevo Testamento o sobre la vida de Jes&uacute;s ni abordar problemas teol&oacute;gicos como la trinidad. No fue un fil&oacute;sofo, pero produjo una contribuci&oacute;n filos&oacute;fica sobre la Stoa. Tradujo la <i>Introducci&oacute;n a la vida devota de San Francis de Sales, </i>pero tambi&eacute;n de autores latinos como S&eacute;neca y Martial. Su obra l&iacute;rica no es menos vers&aacute;til que su prosa. Finalmente, Quevedo edit&oacute; la obra l&iacute;rica de fray Luis de Le&oacute;n.</p>     <p>De hecho, Quevedo fue, como dice Borges, menos que un hombre una completa y compleja literatura. En cualquier, el juicio de Borges debe ser corregido en un sentido: Quevedo no fue solo esa literatura que deja su vida en un segundo plano. Su vida fue no menos compleja, si cabe decir, que su literatura. La pregunta que propone el juicio de Borges sobre Quevedo puede ser contestada de este modo: a diferencia de Cervantes o Calder&oacute;n, que representaron un mundo cerrado, Quevedo representa un mundo que permanece siempre abierto. Este mundo est&aacute; siempre abierto, presumiblemente quedar&aacute; abierto, porque Quevedo fue un marginal, un <i>franc-tireur, </i>un partisano que se sustrajo de los guardianes del orden y administradores de la literatura, puesto que su obra pon&iacute;a en tela de juicio toda clasificaci&oacute;n.</p>     <p>Pero ello no significa que Quevedo sea incomprensible. Su obra no es clasificable, pero tiene una unidad. Es una obra compleja, pero tiene una clave. Si nosotros intentamos buscar esa clave, basta leer tres poes&iacute;as de Quevedo que interrogan y se relacionan con otras poes&iacute;as, con su obra y su &eacute;poca. Las poes&iacute;as son: &quot;¡Ah de la vida!&quot;, &quot;Érase un hombre a una nariz pegado&quot; y &quot;Flor con voz&quot;.</p>     <p>No vamos a comentar hoy estas poes&iacute;as. Solo queremos constatar que el primer poema es un soneto dedicado al tema de la brevedad de la vida. Este poema se ha caracterizado como un ejemplo de la l&iacute;rica metaf&iacute;sica de Quevedo. La caracter&iacute;stica &quot;metaf&iacute;sica&quot; no es adecuada, pero ella indica que la tem&aacute;tica de esta l&iacute;rica tiene por objeto las cosas &uacute;ltimas. La segunda poes&iacute;a es la s&aacute;tira m&aacute;s conocida de Quevedo. Es la s&aacute;tira un hombre con una nariz larga. La tercera poes&iacute;a, finalmente, una d&eacute;cima, puede ser caracterizada como un ejercicio l&iacute;rico porque es una de las escasas poes&iacute;as gong&oacute;ricas de Quevedo, es decir, una poes&iacute;a que sigue el modelo de G&oacute;ngora, pese a que Quevedo rechaz&oacute; en&eacute;rgicamente el gongorismo, vale decir, el culteranismo, y atac&oacute; aun m&aacute;s violentamente a G&oacute;ngora.</p>     <p>Si tomamos otros ejemplos de estos grupos po&eacute;ticos, del grupo de la l&iacute;rica metaf&iacute;sica, de las poes&iacute;as sat&iacute;ricas y de los simples ejercicios po&eacute;ticos, y agregamos las poes&iacute;as amorosas, cabe preguntarnos &iquest;qu&eacute; une pues la meditaci&oacute;n l&iacute;rica sobre la brevedad de la vida con la s&aacute;tira c&aacute;ustica, esta con los juegos l&iacute;ricos y con las amorosas? &iquest;Hay algo poderoso que vincule estas poes&iacute;as aparte de la persona del autor, que d&eacute; unidad a la complejidad y multiplicidad de la l&iacute;rica de Quevedo? &iquest;O fue la l&iacute;rica para Quevedo solo una creaci&oacute;n ocasional que obedec&iacute;a al humor del momento y que produc&iacute;a tan diversos materiales como lo ped&iacute;a el &aacute;nimo del instante? Si para responder estas preguntas se parte del sentido que confer&iacute;a a su poes&iacute;a, se debe llegar al resultado que Quevedo comprend&iacute;a su l&iacute;rica como una creaci&oacute;n ocasional y no construy&oacute; una unidad.</p>     <p>Quevedo nunca public&oacute; su l&iacute;rica en forma de libro, como lo hizo, por ejemplo, G&oacute;ngora. Sus poes&iacute;as aparec&iacute;an en antolog&iacute;as, almanaques, para decirlo m&aacute;s precisamente, al lado de otras poes&iacute;as. Su primer libro de poes&iacute;as apareci&oacute; en 1604. Pero ya era famoso como poeta, pues un a&ntilde;o m&aacute;s tarde tom&oacute; muchas poes&iacute;as de Quevedo en su antolog&iacute;a <i>Flores de poetas ilustres de Espa&ntilde;a, </i>y muchas colecciones de poes&iacute;as, como <i>Romancero general </i>de Miguel de Madrigal, conten&iacute;an romances de Quevedo. En el a&ntilde;o 1648 el humanista Jos&eacute; Gonz&aacute;lez de Salas public&oacute; su <i>Parnaso espa&ntilde;ol, monte de dos cumbres dividido, con las nueve musas castellanas, </i>que hizo conocer las dos terceras partes de la poes&iacute;a de Quevedo. En el pr&oacute;logo Gonz&aacute;lez de Salas hace saber que Quevedo ten&iacute;a la intenci&oacute;n de reunir y publicar su poes&iacute;a, cuando tuviera tiempo. Es claro que Quevedo nunca tuvo el tiempo para ello. El sobrino de Quevedo, Pedro Aldrete, que hered&oacute; el legado de Quevedo y Gonz&aacute;lez de Salas, public&oacute; una antolog&iacute;a que conten&iacute;a como complemento los poemas desconocidos hasta ahora de la edici&oacute;n de Gonz&aacute;lez de Salas.</p>     <p>Las ediciones de Aldrete y Gonz&aacute;lez de Salas eran problem&aacute;ticas. Ellas conten&iacute;an poemas que por error hab&iacute;an sido atribuidos a Quevedo y otros que el editor Gonz&aacute;lez de Salas hab&iacute;a corregido. Luis Astrana Mar&iacute;n emprendi&oacute; una nueva edici&oacute;n de la poes&iacute;a de Quevedo en el siglo XX. La obra completa de la l&iacute;rica de Quevedo (que apareci&oacute; en la tercera edici&oacute;n ampliada y complementada en 1953) era m&aacute;s completa que la de Gonz&aacute;lez de Salas, pero tambi&eacute;n era problem&aacute;tica. Ya en el a&ntilde;o 1962 apareci&oacute; la edici&oacute;n hasta ahora m&aacute;s confiable de la l&iacute;rica de Quevedo que debemos a Jos&eacute; Manuel Blecua. Esta breve historia del texto de la l&iacute;rica de Quevedo muestra que este le concedi&oacute; poca importancia a su l&iacute;rica. Hay otros versos que se editaron, y &eacute;l mismo no hall&oacute; tiempo para compilarlos. Presumiblemente estuvimos ante un problema que ocup&oacute; a los editores para darle a su l&iacute;rica un denominador o lograr una selecci&oacute;n. Pero esta presunci&oacute;n es, como otras que se pueden plantear, pura especulaci&oacute;n que no puede sustentarse en prueba alguna.</p>     <p>Para responder a la pregunta por la unidad de la l&iacute;rica de Quevedo, nos guiaremos por los textos. Antes de introducirnos en ellos, es pertinente conocer algunos aspectos de la vida y el tiempo de Quevedo. Pues los textos no reposan en un espacio vac&iacute;o, ellos remiten a otras relaciones continuas con la historia y la sociedad. Francisco de Quevedo y Villegas naci&oacute; en Madrid en 1580. Su padre, Pedro G&oacute;mez de Quevedo, era secretario privado de la princesa Mar&iacute;a, la hija de Carlos V. Su madre, Mar&iacute;a de San-tib&aacute;&ntilde;ez, era dama de corte de la reina Ana. Sus padres murieron cuando &eacute;l ten&iacute;a seis a&ntilde;os. Sobre la ni&ntilde;ez y juventud de Quevedo se sabe poco. Se educ&oacute; en el Colegio Imperial de Madrid, que regentaba la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s. Estudi&oacute; en la Universidad de Alcal&aacute; y asisti&oacute; a cursos de l&oacute;gica, f&iacute;sica y matem&aacute;ticas; filolog&iacute;a cl&aacute;sica, literatura francesa e italiana. En el a&ntilde;o 1600, cuando ten&iacute;a 20 a&ntilde;os, concluy&oacute; sus estudios y obtuvo el t&iacute;tulo de bachiller. En Alcal&aacute; continu&oacute; con clases de teolog&iacute;a, pero despu&eacute;s de un a&ntilde;o, por razones desconocidas, abandon&oacute; los estudios. Su vida de estudiante la retrat&oacute; m&aacute;s tarde en su novela <i>El busc&oacute;n, </i>que contiene rasgos autobiogr&aacute;ficos.</p>     <p>Caracter&iacute;stico de la vida de Quevedo, es decir, de su biograf&iacute;a, es que los cap&iacute;tulos oscuros dieron ocasi&oacute;n a la formaci&oacute;n legendaria. De esta manera se afirma que Quevedo tuvo que interrumpir sus estudios de teolog&iacute;a porque se bati&oacute; en duelo por el honor de una dama. Quevedo se radic&oacute; en Valladolid, donde resid&iacute;a la corte. All&iacute; prosigui&oacute; los estudios de teolog&iacute;a que nuevamente interrumpi&oacute; para consagrarse a la l&iacute;rica y a la literatura. Fue una &eacute;poca de esplendor para Quevedo: trab&oacute; amistad con Cervantes, Lope de Vega lo elogi&oacute;, y entr&oacute; en contacto con el humanista belga Justus Lipsius, que lo llam&oacute; uno de los m&aacute;s grandes esp&iacute;ritus de Espa&ntilde;a. En Valladolid entabl&oacute; su primera guerra privada, si se puede as&iacute; llamar, contra Luis de G&oacute;ngora, quien repeli&oacute; el ataque de Quevedo con poes&iacute;as ca&uacute;sticas.</p>     <p>En el a&ntilde;o 1606 la corte retorn&oacute; a Madrid y con ella Quevedo. Empez&oacute; a escribir <i>Los sue&ntilde;os </i>y esboz&oacute; la novela <i>El busc&oacute;n. </i>Quevedo busc&oacute; y logr&oacute; la amistad de influyentes personalidades de la corte: el conde de Lemos, a quien dedic&oacute; el <i>Primer sue&ntilde;o; </i>el marqu&eacute;s de Villanueva del Fresno, a quien dedic&oacute; el <i>Segundo sue&ntilde;o; </i>y el duque de Osuna, a quien dedic&oacute; la traducci&oacute;n de Anacreonte. Precisamente esta traducci&oacute;n vuelve a G&oacute;ngora objeto de sus burlas. Entre 1609 y 1613 Quevedo culmin&oacute; <i>Los Sue&ntilde;os, </i>escribi&oacute; poes&iacute;a sat&iacute;rica y tradujo la Biblia. En 1609 escribi&oacute; su <i>Espa&ntilde;a defendida y los tiempos de ahora. </i>En Madrid y por esa &eacute;poca gener&oacute; su segunda guerra privada: contra el maestro de esgrima Luis Pacheco de Narv&aacute;ez. Pero Quevedo no conduce su hostilidad al campo de las armas. Pint&oacute; a Pacheco de Narv&aacute;ez como una figura rid&iacute;cula que topa con Pablos. En 1609 tuvo lugar la tercera guerra privada, que lleg&oacute; a ser intrincada, oscura y muy larga, a saber, la disputa jur&iacute;dica en torno al peque&ntilde;o poblado Torre de Juan Abad. La madre de Quevedo hab&iacute;a puesto a disposici&oacute;n una suma considerable que esta no deseaba pagar. Quevedo inco&oacute; varios procesos contra Torre de Juan Abad que nunca llegaron a aclararse. Sus s&aacute;tiras a abogados, jueces, notarios, funcionarios judiciales y dependientes tienen un fundamento evidente en esta disputa judicial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El a&ntilde;o 1613 fue para Quevedo decisivo. Su amigo, Pedro T&eacute;llez Gir&oacute;n, conde de Osuna y virrey de Sicilia, tom&oacute; como consejero a Quevedo en la isla italiana. Él fue m&aacute;s que un consejero, un confidente y un leal y discreto agente. En 1615 el conde envi&oacute; a Quevedo a Madrid con una misi&oacute;n pol&iacute;tica: Quevedo deb&iacute;a convencer al rey y a sus ministros que el conde de Osuna era un virrey indispensable en Sicilia y, por consecuencia, el gabinete deb&iacute;a ratificarlo en ese cargo. Quevedo logr&oacute; que el conde de Osuna fuera ratificado como virrey, pero no de Sicilia, sino de N&aacute;poles. A finales del verano de 1616 Quevedo retorn&oacute; a Italia. Por encargo de Osuna y para satisfacci&oacute;n de los italianos, que sab&iacute;an apreciar su tacto diplom&aacute;tico, Quevedo llev&oacute; a cabo con &eacute;xito diversas negociaciones.</p>     <p>Se afirma que Quevedo fue recibido por el papa Pablo V y que, por encargo del conde de Osuna, pidi&oacute; apoyo del Vaticano para destruir el poder de Venecia sobre el Mar Adri&aacute;tico. Quevedo regres&oacute; a Espa&ntilde;a en 1617. Pudo llevar a cabo con &eacute;xito muchos otros encargos del conde. Pero, no pudo defender al conde de Osuna contra los reproches que le hac&iacute;an sus enemigos en la corte, contra la inculpaci&oacute;n de que Osuna fue uno de los propiciadores de la conspiraci&oacute;n contra la Rep&uacute;blica de Venecia. Osuna cay&oacute; en desgracia, fue removido de su cargo de virrey en N&aacute;poles y encarcelado. Quevedo comparti&oacute; la desgracia de su protector, hecho prisionero durante seis meses y desterrado. Dos de las m&aacute;s c&eacute;lebres poes&iacute;as de Quevedo -la dedicada al conde de Osuna despu&eacute;s de su muerte y &quot;Desde la Torre&quot;- proceden de esta &eacute;poca y est&aacute;n ligadas estrechamente a estos acontecimientos.</p>     <p>Escribi&oacute; -en Torre de Juan Abad- &quot;El mundo caduco&quot; y &quot;Grandes anales de quince d&iacute;as&quot; -sobre los acontecimientos de Italia-, complet&oacute; y mejor&oacute; su <i>Pol&iacute;tica de Dios y Gobierno de Cristo. </i>En el a&ntilde;o de 1621 muri&oacute; el rey Felipe III. Quevedo intent&oacute; rehacer su suerte pol&iacute;tica, solicit&oacute; el favor del hombre fuerte de la corte, el protegido del nuevo rey Felipe IV, Gaspar de Guzm&aacute;n, conde duque de Olivares. A &eacute;l dedic&oacute; Quevedo su larga poes&iacute;a &quot;Ep&iacute;stola sat&iacute;rica y censoria&quot;, en la que elogiaba el programa de gobierno de Olivares y profetizaba una nueva &eacute;poca en la historia espa&ntilde;ola, una &eacute;poca feliz. Al conde duque de Olivares dedic&oacute; tambi&eacute;n su edici&oacute;n de la l&iacute;rica de fray Luis de Le&oacute;n. En &quot;El chi-t&oacute;n de la tarabillas&quot; Quevedo defendi&oacute; la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de Olivares. Entre 1626 y 1627 Quevedo experiment&oacute; su plenitud como escritor. <i>La Pol&iacute;tica de Dios </i>cont&oacute; con nueve ediciones, un n&uacute;mero inusual para aquella &eacute;poca. Entre 1627 y 1628 Quevedo entabl&oacute; una nueva guerra privada contra santa Teresa y a favor de Santiago. Se trataba de la pregunta si santa Teresa deb&iacute;a ser declarada la protectora de Espa&ntilde;a o el honor le correspond&iacute;a al ap&oacute;stol Santiago. Los ataques a los partidarios de santa Teresa le obligaron abandonar Madrid y retirarse a Torre de Juan Abad. All&iacute; escribi&oacute; el <i>Memorial por el patronato de Santiago, </i>en el que expon&iacute;a sus puntos de vista y se favorec&iacute;a abiertamente la designaci&oacute;n por Santiago.</p>     <p>Paso por alto el episodio del matrimonio de Quevedo con la cincuentona dama Esperanza de Mendoza, que lo acompa&ntilde;&oacute; solo tres meses. No es improbable que muchas s&aacute;tiras de Queve-do sobre mujeres mayores est&eacute;n enlazadas con este suceso. De 1635 a 1638 Quevedo vivi&oacute; nuevamente en Torre de Juan de Abad, pobre, solitario, en donde ley&oacute; obras filos&oacute;ficas y religiosas y escribi&oacute; <i>La hora de todos, </i>una s&aacute;tira sobre los enemigos de Espa&ntilde;a, pero tambi&eacute;n una cr&iacute;tica de las costumbres espa&ntilde;olas y, muy particularmente, de la pol&iacute;tica del conde duque de Olivares, que lo hab&iacute;a decepcionado. Juan de J&aacute;uregui atac&oacute; a Quevedo: en un memorial al rey Felipe IV critic&oacute; los consejos de Quevedo en materia de pol&iacute;tica internacional y el escrito de Quevedo <i>La cuna y la sepultura. </i>En el mismo a&ntilde;o 1634 apareci&oacute; el m&aacute;s duro y pol&eacute;mico escrito contra Quevedo, <i>El tribunal de la justa venganza, </i>que lo llamaba: &quot;Maestro de errores, doctor en desvergüenzas, licenciado en bufoner&iacute;as, bachiller en suciedades, catedr&aacute;tico de vicios y proto-diablo entre los hombres&quot;. El autor del escrito, que se escond&iacute;a bajo el pseud&oacute;nimo de Licenciado Arnaldo Fr&aacute;ncfort, era el maestro de esgrima Luis Pacheco de Narv&aacute;ez.</p>     <p>En 1639 Quevedo fue acusado de haber escrito un soneto que ha llegado a ser famoso, en el que criticaba sat&iacute;ricamente la pol&iacute;tica de Felipe IV. El rey encontr&oacute; ese soneto bajo su servilleta. Él no fue el autor del soneto pero el rey pareci&oacute; haber cre&iacute;do que Quevedo lo hab&iacute;a compuesto. Quevedo fue aprendido, sin poderse vestir (era en medio de la noche y en tinieblas), y encarcelado. En el a&ntilde;o 1642 Quevedo escribi&oacute; &quot;La constancia y paciencia del santo Job&quot;, donde describ&iacute;a sus dos a&ntilde;os de encarcelamiento. Relat&oacute; que no hab&iacute;a procurado ning&uacute;n medio para satisfacer las m&aacute;s elementales necesidades, que hab&iacute;a padecido f&iacute;sica y ps&iacute;quicamente y afirm&oacute; haber escuchado una voz que le dec&iacute;a que Quevedo estaba decapitado. En octubre de 1641 Quevedo envi&oacute; un memorial a Olivares y le pidi&oacute; clemencia. Cit&oacute; en este escrito a S&eacute;neca, Plinio el Joven, pero no le vali&oacute; de nada. En una carta que le escribi&oacute; al conde duque para pedirle piedad, le dijo: &quot;Ciego del ojo izquierdo, tullido y cancerado, ya no es vida la m&iacute;a, sino prolijidad de la muerte&quot;. En julio de 1643, poco antes de la ca&iacute;da de Olivares, Quevedo fue liberado de la prisi&oacute;n. All&iacute; escribi&oacute; obras asc&eacute;ticas como <i>La vida de San Pablo </i>y <i>La providencia de Dios. </i>En Madrid prepar&oacute; la edici&oacute;n de <i>Marco Bruto, </i>una traducci&oacute;n y comentario de Plutarco, que hab&iacute;a escrito en 1632. Pero no permaneci&oacute; mucho en Madrid. Los nuevos hombres de poder no lo tomaban en cuenta. Hacia finales de 1644 se traslad&oacute; nuevamente a Torre de Juan de Abad. Estaba enfermo y el invierno lo obligaba a buscar clima m&aacute;s caliente. En enero de 1645 se radic&oacute; en Villanueva de los Infantes. Muri&oacute; unos meses m&aacute;s tarde, en septiembre. Unos meses antes hab&iacute;a muerto Olivares.</p>     <p>Intrigas, persecuciones, disputas, peque&ntilde;os instantes de felicidad, favores y desgracias de los poderosos, todo ello conoci&oacute; la vida de Quevedo, que su primer bi&oacute;grafo, Pablo Antonio de Tarsia, enriqueci&oacute; con leyendas. En una corrida de toros -cuenta Tarsia- un caballero de Villanueva de los Infantes, donde Quevedo estaba enterrado, acarici&oacute; el deseo de lucir las espuelas doradas que se hab&iacute;an dado a la tumba de Quevedo. Era tan amigo del sacrist&aacute;n que lo convenci&oacute; para robarlas. El primer toro que sali&oacute; lo embisti&oacute;, de modo que tuvo que correr hasta la tumba, con lo cual el fallecido recuper&oacute; las espuelas. Adem&aacute;s Tarsia informa que 10 a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Quevedo algunos caballeros abrieron su tumba para ver el cad&aacute;ver. Quedaron estupefactos al corroborar que el cad&aacute;ver de Quevedo estaba intacto. Un siglo y medio m&aacute;s tarde, Luis Astrana Mar&iacute;n agreg&oacute; al informe de Tarsia: se encontr&oacute; un documento que dec&iacute;a que el cad&aacute;ver de Quevedo estaba desintegrado y que los restos estaban perdidos definitivamente.</p>     <p>Las leyendas rodean la biograf&iacute;a de Quevedo, quien fue llamado &quot;hombre del diablo&quot;, &quot;hombre de Dios&quot;. &iquest;Qu&eacute; significa ello? Volvemos a nuestras preguntas. Si recordamos las l&iacute;neas de la carta citada al conde duque de Olivares, tenemos: &quot;Ciego del ojo izquierdo, tullido, cancerado, ya no es vida la m&iacute;a, sino prolijidad de la muerte&quot;. Y leemos nuevamente el soneto que lleva por t&iacute;tulo &quot;Repres&eacute;ntase la brevedad...&quot;</p> <hr>     <p><b>Pie de Pagina</b></p>     <p><a name="n*"></a><a href="#n_*"><sup>*</sup></a> Ensayo in&eacute;dito, original en el Archivo de Rafael Guti&eacute;rrez Girardot en la Hemeroteca de la Universidad Nacional de Colombia (Bogot&aacute;).</p>  </font>      ]]></body>
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